sábado, 21 de septiembre de 2019

Los amantes de Isabel II de España

La vida amorosa de Isabel II de España:
- Parte I: Regencia, matrimonio y un bastardo real
- Parte II: Los amantes de Isabel II
- Parte III: Los Borbones en pelota

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Parte II: Los amantes de Isabel II


En la anterior entrada ya vimos como Isabel II se adentró desde muy joven en el terreno de la sensualidad y el erotismo, y aquelló que probó le gustó. Si a eso sumamos su carácter fogoso, apasionado, inquieto y caprichoso tenemos a una mujer rebosante de ardor sexual.

Y para colmo de males, por el otro lado tenemos un marido incapaz, ya fuese por un problema médico o por su orientación sexual, lo que convirtió el matrimonio en un problema de estado, ya que la "cuestión de Palacio" amenazaba con convertirse en un sonado escándalo. La reina, insatisfecha sexualmente, amenaza con el divorcio, y sugiere que la noche de bodas nunca se consumó el matrimonio. Francisco de Asís, humillado ante las continúas infidelidades de su mujer, amenaza con abandonar el Palacio Real.

Este cóctel explosivo sólo se pudo detener con la herramienta que mejor soluciona cualquier problema... ¡el dinero! Se rumorea que Francisco resignado a la situación de rey consorte (y cornudo) optó por chantajear a la reina por sus continuas infidelidades, exigiendo dotes económicas cada vez que el protocolo le obligaba a reconocer a un nuevo hijo o cada vez que pillaba in fraganti a la reina en una de sus infidelidades.

Y como veremos a continuación, sus amantes no fueron, ni uno, ni dos, sino que fueron pasando y alternándose durante toda su vida, desde su infancia hasta su vejez...

Retrato de Isabel II de España.

El general bonito


Su primer gran amor fue el general Francisco Serrano, poco después de casarse encontró consuelo en este gallardo militar, 20 años mayor que ella, y que rápidamente se convirtió en su favorito, en una relación que duró un par de años.

En ese tiempo Serrano, que ya era un militar de enorme prestigio, empezó su fulgurante ascenso político, convirtiéndose en el favorito de Isabel, dándole una gran influencia dentro de la política del país.


El general Serrano.
Su romance, tan apasionado como cada vez más público, se convirtió en un grave problema político y todo un escándalo, por lo que se decidió cortar por lo sano y cesar al general en todas sus funciones y trasladarlo fuera de Madrid.

El encargado de tomar esa decisión fue Narváez, otro militar, que como el propio Serrano, siempre estuvieron obsesionados con el poder político, que resolvió esta crisis institucional en 1848, reconciliando a la reina con su esposo (o al menos consiguiendo que guardasen las formas de manera pública, conviviendo conjuntamente) y apartando de la vida pública a Serrano varios años.

Francisco Serrano fue su primer gran amor, la reina con tal sólo 16 años cayó rendida ante aquel impetuoso y valeroso militar, de tan buena planta, que Isabel le llamaba "el general bonito". Serrano le enseñó el camino del deseo, la pasión y el sexo, fue el primer hombre que le rompe el corazón y volverá a la política posteriormente, hasta que finalmente, 20 años después de su romance, el propio Serrano encabezará la revolución del 68 "La Gloriosa", que terminará con el exilio de la propia Isabel... cosas del amor y el poder....


Manuel Lorenzo de Acuña y Devite, marqués de Bedmar


Se quedó la reina sin su "general bonito" y Francisco de Asis volvió a Palacio como signo de reconciliación, pero Isabel, joven y enamoradiza, rebosante de ardor juvenil, pronto quedó prendada de un joven y atractivo marqués. El marqués de Bedmar, un grande de España, con el que compartía la afición por los bailes, teatros y casinos.

Aunque casado, el marqués se deja querer, y la reina, arrebatada de deseo, le envía tórridas cartas de amor: "yo te adoro con una locura y un frenesí que no te puedo explicar".  El carácter fogoso, caprichoso e inmaduro de la reina hacen que los amantes vayan pasando por la alcoba real, con cada vez menos recato.


El "pollo Arana"


Isabel II  y su hija "la Araneja"
por Winterhalter, 1852
Después de dos partos, de dudosa parternidad, donde los niños nacieron muertos, al tercer parto por fin Isabel dio a luz a un niña sana, que llamaron María Isabel. Fue inmediatamente proclamada princesa de Asturias y de esta forma la Corona se aseguraba su ansiado heredero.

Pero el escándalo estaba servido, ya que por todos era sabido que no era hija natural del rey consorte, sino de José Ruiz de Arana y Saavedra,  conocido como "el Pollo Arana", un noble guapo y valiente, que cautivó a la reina en uno de esas fiestas de baile que tanto gustaban a Isabel. Por eso, la princesa siempre llevó consigo el sobrenombre de "La Araneja", ya que nadie dudaba de la paternidad de Arana.

Su romance que se alargó entre los años 1850-1856 era considerado tan escandaloso que muchos Grandes de España se excusaron de asistir al bautizo de la niña alegando los más diversos motivos, un desplante ante la vida disoluta que vivía Isabel II.


Miguel Tenorio de Castilla

Miguel Tenorio de Castilla.

Otro de sus grandes amores fue Miguel Tenorio de Castilla, un brillante intelecutal de la época. Estuvo licenciado en leyes, fue poeta y periodista, siendo nombrado varias veces gobernador civil y diplomático, hasta que acabó como Secretario particular de Isabel desde 1859 hasta 1864, momento en que 0'Donnell le apartó de la corte.


Algunos historiadores sospechan que tuvo que ser el padre de las hijas nacidas por esas fechas: María del Pilar, María de la Paz y/o María Eulalia. Y es que tras la proclamación de "La Gloriosa" y el exilio forzado de los Borbones, Miguel Tenorio se exilió junto a ¿su hija? la infanta María de la Paz de Borbón, falleciendo ambos en el exilio en Alemania.


Una larga lista de amantes


Estos primeros escarceos amorosos le abrieron las puertas a mundo de placeres ocultos y sensualidad desbordante que ya no pudo, ni quiso, refrenar... 


El día a día de la reina Isabel se convirtió en un carrusel de sus principales vicios: Iba de fiesta en fiesta y a menudo se acostaba a altas horas de la madrugada para despertar a media tarde. Se vestía ayudada por sus cámaras y devoraba con glotonería todo lo que pusieran por delante sus camareras. Por la tarde, despachaba rápidamente los asuntos de estado que concerniesen ya que prefería dedicar las tardes a juegos y paseos. Cuando llegaba la noche volvía a lucir sus mejores galas y se iba al teatro o a algún baile, sin importarle las habladurías sobre su nuevo amante de turno.

¡Eso sí! Todo ello lo compensaba acudiendo a diario a la Iglesia, era muy beata y siempre le gustó estar rodeada de curas y monjas, tan es así que cuando el padre Claret renunció a su puesto ante la vida disoluta de su pupila y los oídos sordos que hacía de sus castas recomendaciones, la propia Isabel pidió al Papa que intercediese para que el clérigo volviese a Palacio.

Un papa, Pío IX, que cuando le concedió la Rosa de Oro de la cristiandad a Isabel II, dicen que justificó dicho reconocimiento diciendo: "Es puta, pero pía". Y tan pía, ya que donaba una generosa dote anual para las arcas papales por lo que Pío IX le correspondía otorgándole toda clase de bendiciones.

Aparte de esta dote anual, y como bien critica la siguiente ilustración de "Los Borbones en pelota", una información aparecida en la época hablaba sobre el pago de una enorme fortuna a Pío IX por la compra de una bula papal para el perdón de sus pecados carnales.

Isabel II, con un rosario en la mano, abrazada en la cama a Carlos Marfori. El papa Pío IX inciensa a la pareja, flanqueado por Luís Gnzalz Bravo y por Fco de Asís. Al fondo, sor Patrocinio en actitud servicial.
- Ilustración de "Los Borbones en pelota"

Entre la larga lista de amantes que tuvo la reina figuran numerosos hombres relacionados con las artes como José Mirall, cantante catalán; Tirso de Obregón, famoso barítono o Temístocles Solera, poeta y libretista de óperas italianas. La afición de la reina por el teatro y la música hizo que entablara amistad con numerosos compositores y cantantes, por lo que los mentideros madrileños se especulaba que estas amistades iban mucho más allá de simples paseos por las arboledas del Retiro.

El marido de Isabel, aunque cornudo, callaba y aguantaba las continuas infidelidades de la reina,  incluso no tuvo problemas en reconocer a los bastardos reales, siempre y cuando la Corona le asignase una nueva dote económica.


El otro prototipo de varón que encandilaba a la reina era el militar, de buena planta, varonil, vigoroso... es decir, el prototipo de hombre contrario a su marido. Así entre los principales amantes de este corte se le cuentan a los ya citados general Serrano, el marqués de Bedmar o José Santos de la Hera y de la Puente, nombrado conde Valmaseda por la propia Isabel II,


Entre sus romances más peculiares algunos autores citan a un dentista estadounidense llamado McKeon, incluso el toque exótico lo puso un amante turco-albanés, llamado Jorge, al que escribió encendidas cartas de amor:

"Sí, alma mía; sí, mi vida; sí, mi Jorge adorado, tú me enseñarás el albanés y el inglés y todos los idiomas, y yo te enseñaré a ti el lenguaje de mi alma, que es la tuya misma y que te adora infinito, infinito… Quiero que tú reposes de tus fatigas en mi pecho, que se abrasa de amor por ti…"

El apetito sexual de la reina era tan insaciable y su corazón tan caprichoso que no dudó en flirtear con su primo Carlos Luis de Borbón, infante de España y duque de Palma, que le doblaba la edad y encima era ¡¡un carlista convencido!!, que apoyaba públicamente a su rival en la disputa por la Corona.

Y ni el exilio en Francia logró aplacar su fuego amoroso, ya que los amantes siguieron alternándose y pasando por el palacio Basilewski (hoy en día el actual hotel Majestic de París), lugar que se conviritió en la residencia oficial de Isabel II en el exilio, por lo que durante muchos años se conoció como el Palacio de Castilla (recordar que la reina Isabel estuvo más años en el exilio que gobernando).

Palacio Basilewsky, comprado por Isabel II durante su exilio, fue renombrado con el nombre de Palacio de Castilla, convirtiéndose en la residencia oficial de la reina hasta su muerte,

Entre sus amantes más destacados en el exilio caben destacar al capitán José Ramiro de la Puente, 
Hattman, un judío; o su queridísimo Carlos Marfori, quien le acompañó en los días más duros de su exilio.

Carlos Marfori


El último gran amante de Isabel II como reina de España fue Carlos Marfori, un antiguo panadero, pariente de Narváez, que por su vertiginoso ascenso social fue el que más críticas desató entre los enemigos de la Corona, ya que se le consideró un simple buscavidas que supo ganarse el corazón de la reina e ir acumulando cargos hasta alcanzar el rango de ministro de Ultramar en 1867.

Este nuevo amante reunía todos los encantos físicos que atraían a nuestra reina: era alto y fornido, moreno, y con bigote y patillas generosos. Así nos los describía Manuel del Palacio:

"Hombre vestido a lo jaque, con chaquetilla corta o marsellés abrochado, según las estaciones, amén de sombrero gacho, polainas y demás adornos y arrequives. Su rostro, en armonía con su traje, ostentaba unas enormes patillas de las llamadas de «boca de jacha»".

Marfori, era valeroso y arrogante, con aires chulescos y gran mujeriego, ya había quedado embarazada a una sobrina de Narváez, por lo que se vio obligado a casarlo con ella, para salvaguardar la honra familiar.

Francisco de Asís, con los ojos vendados, alumbra una escena que transcurre en la alcoba real. En ella, el padre Claret bendice a la reina y a Carlos Marfori, vestido de pastelero.
- Los Borbones en pelota

Por su carácter, de hábil político y hombre decidido, supo ganarse la confianza de Isabel y conquistarla, acumulando más títulos y rangos. Acompañó a la reina al destierro, instalándose con ella en un hotel parisino, conocido como Palacio de Castilla.

Se guarda una carta de despedida de la reina Isabel a Marfori, fechada en París, en enero de 1875, escrita cuando la reina supo que Marfori había sido apresado y encarcelado en su vuelta a España, ya que los viejos rencores seguía latentes a pesar de la restauración de la monarquía en la figura de Alfonso XII.

"Quiero que estas palabras mías se graben en una medalla que lleves como testigo de mi eterna gratitud por la lealtad, abnegación y ejemplar desinterés con que me has acompañado en mi desgracia, (...) Tú, que has sido el más fiel cortesano de mi dolor, cuando la soledad y los desengaños me agobiaban, y que al lucir para mí mejores días decides contra mi voluntad separarte de mi lado, recibe al menos, como única recompensa, que quieras aceptar la expresión indeleble del reconocimiento y del cariño que te conservará siempre el corazón de tu buena amiga, la reina Isabel".

José Ramiro de la Puente


Pero a rey muerto, rey puesto, y caído en desgracia Marfori, la reina no tardó en olvidar su historia de amor con nuevos e impetuosos amantes, el más conocido de todos ellos, por lo escandaloso de esta nueva relación fue José Ramiro de la Puente y González Adín, marqués de Altavilla.

Caricatura de Isabel II marchando, junto sus retoños, hacia el exilio francés.

Esta descripción del cronista Pedro de Répide nos da una idea de la catadura moral de este nuevo amante, al que, a pesar de estar casado, le gustaba degustar la vida nocturna de París:

"Aquel farolón comprometía a la ex reina con sus jactancias, y después de separado de ella no ponía en sus palabras el recato que todo hombre debe usar al referirse a sus triunfos amorosos. Hasta cuando no hablaba dejaba conocer el mudo y elocuente testimonio de un reloj de oro que le suscitaba demasiado frecuentes deseos de conocer la hora, y en el cual se veía grabada esta inscripción: «A mi Ramiro, su Isabel»."


Llegó al Palacio de Castilla en noviembre de 1875 y rápidamente la reina lo designó como secretario personal. Su carácter alegre, desenfadado, fanfarrón y canallesco conquistó el corazón de la reina, que vio rejuvencer su corazón y logró olvidar sus penas con el carácter divertido de este militar.

Esta relación preocupaba, y mucho, a los políticos de la época, que veían con consternación la pésima influencia que ejercía este caballero sobre Isabel II. 


Ésto escribió el embajador español de París a Cánovas:

"La Reina, cada vez peor. Va a todas partes… con el amigo. Pero lo que no creerá usted es que fue a comulgar el día de la Concepción en la parroquia de Saint Pierre de Chaillot con él y con la señora; cuando la Reina Cristina me lo contaba, le saltaban las lágrimas de rabia. Quien esto hace, ¿cómo quiere usted que pueda respetar ni sus palabras ni sus escritos?"

El duque de Miranda también informaba a Cánovas sobre la vida disoluta de este sujeto, su mujer y la reina, y el desprestigio que suponía la actitud de la reina para la institución monárquica:

"Ahora le da por ir a todas partes, de día al bulevar y de visitas, de noche a los salones de los particulares… Pero lo que da al caso trascendencia mayor y le reviste de circunstancias que se prestan al ludibrio es que la señora va a todos estos sitios acompañada de Puente y su mujer. Ésta llama la atención por su enorme corpulencia; todos preguntan quién es y cuando le dicen el nombre llueven las pullas y las burlas más sangrientas (...) y todos padecemos al ver a la que es reina madre arrastrando por los suelos el decoro de una monarquía tan penosamente restaurada y tan rodeada aún de enemigos y peligros". 

Y como a todos sus amantes lo cubrió de títulos y condecoraciones: Placa del Mérito Militar, Encomiendas de Isabel la Católica y de Carlos III, cruces de San Gregorio y del Sol de Persia por doquier…

El último amante


Isabel II.
Con el paso de los años y la proclamación de Alfonso XII como rey, los últimos años de la reina en el exilio se van convirtiendo en soledad. Las antiguas visitas de políticos, militares, nobles y buscavidas en general, que buscaban el favor de la reina van desapareciendo, sus antiguos amigos van muriendo, y el silencio y la soledad se van instalando en el Palacio de Castilla. Le acompañan en estos últimos años de exilio la duquesa de Almodóvar y el conde de Parcent, que residen con ella en el hotel.

Pero su más fiel compañero será un enigmático húngaro de ascendencia judía, Josep Haltmann, de pelo negro y rizado y largos bigotes. Haltmann fue nombrado secretario de la reina, administrando con eficiencia la tesorería real, convirtiéndose en su último compañero de viaje hasta la muerte de Isabel II un 9 de abril de 1904.

Y como cuentan las malas lenguas, cuando Haltmann aparecía en los aposentos de la reina, sus servidores debían retirarse, quedándose a solas "charlando" hasta altas horas de la madrugada.


Una familia de bastardos reales


No nos puede extrañar que tras una vida sexual tan agitada Isabel lograse formar una familia bastante numerosa, a pesar de los abortos que tuvo y los nacimientos que no lograron alcanzar la edad adulta.

Oficialmente la reina tuvo doce embarazos, 2 abortos y 10 partos, de los que sólo cinco hijos lograron alzanzar la mayoría de edad.


Se ha especulado mucho que los dos primeros embarazos que tuvo, que acabaron en aborto, fueron posiblemente los únicos hijos legítimos de su marido, y nacieron muertos por la alta endogamia existente entre los cónyuges. Por ello, al resto de hijos alumbrados se les considera fruto de las relaciones extramatrimoniales de la reina.

De los infantes supervivientes tenemos:

- Isabel, nacida el 20 de diciembre de 1851, conocida como "La Araneja", y más tarde, como "La chata", hija de José Ruiz de Arana.
- Alfonso, futuro Alfonso XII, nacido el 28 de noviembre de 1857,  y apodado "El Puigmoltejo", por ser hijo de Enrqieu Puigmoltó.
- Pilar, Paz y Eulalia, naciadas en 1861, 1862 y 1864, consideradas hijas de Miguel de Tenorio, viviendo una de ellas junto a su padre en el exilio en Alemania.


Caricatura de la lucha por la Corona española entre la familia de los Borbones
"Una familia modelo", revista "La Flaca"




Bibliografía:


Zavala, J.M.; Bastardos y Borbones: Los hijos desconocidos de la dinastía

Fontana, J. y Millares, R.; Historia de España.

Ríos Mazcarelle, M.; Diccionario de los Reyes de España.

http://www.tiempodehoy.com/cultura/historia/el-nacimiento-escandaloso-de-alfonso-xii

https://blogs.larioja.com/historias/2014/04/16/la-atribulada-vida-sexual-de-la-reina-isabel-ii-y-su-ginecologo-riojano/

 https://blogs.larioja.com/historias/2016/12/22/forzo-salustiano-olozaga-a-la-reina-isabel-ii/

http://www.elespiadigital.org/images/stories/Documentos7/CR%C3%93NICAS%20REALES;%20ISABEL%20II.pdf

https://desdelaterraza-viajaralahistoria.blogspot.com/2014/09/isabel-ii-amante-y-madre.html

https://www.megustaleerenespanol.com/libros/bastardos-y-borbones/MES-016584/fragmento



martes, 3 de septiembre de 2019

Reyes medievales españoles y el sexo

Durante todo el verano hemos estado hablando de sexo e historia en Canal Extremadura Radio, por lo que cada semana hemos dedicado un especial a nuestros monarcas más recientes, empezamos hablando de los Borbones hasta llegar a los Austrias, adentrándonos sin tabúes en su personalidad, sus pasiones, sus vicios y sobre todo en sus amores.

Pero se acaba el verano, y con él, nuestra sección veraniega, y para concluir este repaso a la sexualidad de nuestros reyes hispánicos, hemos decidido finalizar la sección haciendo un repaso rápido a algunas cuestiones sexuales relativas a nuestros monarcas visigodos, astures, leones o castellanos.

Y es que la importancia del sexo en la historia está fuera de toda duda y las historias aquí contadas son un buen ejemplo de todo ello.


La Cava saliendo del baño
por Isidoro Lozano.

RODRIGO, LA PÉRDIDA DE UN REINO POR UNA VIOLACIÓN


¿Quién dijo que el sexo no es importante en la historia? Un hecho fundamental en el devenir de la historia de la península ibérica viene precedido por un desafortunado encuentro sexual. Y es que según cuenta la leyenda, Don Rodrigo (710-711), rey visigodo violó a la hija de Don Julián, conde de Ceuta. Don Julián clama venganza o al menos restaurar la honra de su hija casándola con el rey. Pero antes los oídos sordos del rey visigodo, se decidió a cobrar su merecida venganza permitiendo y ayudando a las huestes musulmanas a cruzar el estrecho.

Seguramente la invasión musulmana se hubiese producido, con o sin la ayuda del gobernador de Ceuta, ya que la fractura del reino visigodo era evidente, y el auge del imperio musulmán imparable, aunque, tal vez, si la invasión se hubiese retrasado unos años hubiese surgido alguna figura capaz de aglutinar a todas las facciones visigodas y poder hacer frente a las tropas musulmanas.

ALFONSO II DE ASTURIAS "EL CASTO"


Alfonso II protagonizó un largo y próspero reinado del 791 al 842, expandiendo las fronteras de su reino, y no menos importante, descubrió la tumba del apóstol Santiago. Pero si lo traemos aquí es por su apodo, que como bien indica, nos hace ver que no era una persona muy lujuriosa. Y es que como nos informan las crónicas de la época, parece que ser no mantuvo ningún tipo de relación sexual, ni siquiera con su esposa, por lo que fue un rey sin herederos.

Y que un rey no trate de asegurar su dinastía con algún heredero parece bastante extraño, por lo que parece evidente que tuvo que tener o algún problema fisiológico (impotencia, esterilidad) o era una persona asexual o homosexual al que no atraían las mujeres. Nunca lo sabremos, pero la Iglesia supo vender esta castidad como una virtud y de ahí su buen reinado.

Estatua de Alfonso II el casto.


ALFONSO VIII DE CASTILLA y SU AMOR PROHIBIDO


La mayoría de reyes en cambio fueron mucho más mujeriegos, y realmente no importaba el número de amantes o bastardos que tuviese siempre que todo se encuadrase dentro de las normas sociales de la época.

Alfonso VIII.
Y aquí está el problema de Alfonso VIII (1158-1214) que se enamoró de Doña Fermosa, aunque su nombre real era Raquel, y el problema, como pueden adivinar por su nombre, es que era una judía toledana. Así que, si eres mujer, y encima de otra religión, prepárate porque te van a cargar de las culpas de todos los males acaecidos durante su reinado.

Y es que las crónicas nos cuentan que la pasión amorosa vivida entre el monarca y su bella amante fue tal que durante siete meses (o siete años, según la versión) se entregaron a los placeres del amor encerrados dentro de los lujos del palacio real, olvidándose el rey de cumplir con sus obligaciones reales, la más importantes de todas, dar guerra al musulmán.

Por lo que tras la derrota de las tropas cristianas en Alarcos frente a los musulmanes muchos no dudaron en culpar al rey, por su retiro amoroso, de la derrota. Incluso no faltó quién lo achacó a un castigo divino ante la afrenta de aquel amor heterodoxo.

Por lo que los nobles y buena parte del Consejo Real conspiraron para deshacerse de la amante del rey, origen de muchas de las desavenencias familiares y nobiliarias del reino, que veían con recelo el ascenso de varios judíos en la corte real. Para tal fin, organizaron una cacería real, alejando durante varias jornadas al rey de su queridísima amada, por lo que sin la protección del poderoso monarca, la joven fue degollada sin más contemplaciones.

A la vuelta de la cacería la furia del rey fue aplacada bajo argumentos de todo tipo: nobles, clérigos, familiares, adujeron toda clase de excusas para llevar a cabo tal acto. Tan es así, que el rey arrepentido de su impuro amor se retiró en penitencia a la Iglesia de Illescas.




LOS SANTOS: Fernando III de Castilla y León (1217-1252) y Luis IX de Francia (1226-1270)



Teniendo en cuenta que la Iglesia prohibía practicar sexo la mayor parte del año, algunos reyes obtuvieron su apodo por seguir fervientemente las recomendaciones de la iglesia en materia sexual, es decir, por fornicar sólo los días que estaban permitidos... y si nos ponemos a echar cuentas estos días eran los justitos:

El sexo estaba prohibido los miércoles, viernes y domingos, y sólo se podía practicar por la noche o en la oscuridad. Después, lógicamente, había temporadas donde un buen cristiano no podía tener el cuerpo para alegrías, sino sólo para pensar en su pobre alma: estas temporadas eran toda la Cuaresma (lo de no comer carne era algo más que una obligación culinaria), pero tampoco 40 días antes de Navidad o los 40 días previos a la fiesta del Pentecostés.

Después estaban las prohibiciones más del día a día, prohibido también estaba fornicar la semana antes de comulgar, así como los días donde se celebrase alguna santidad. En definitiva, que para fornicar sin pecar un buen cristiano sólo tenía un tercio de los días del año.


Por lo que no parece nada raro, que si algún soberano era capaz de cumplir con todos estos requisitos sexuales se le canonizase como santo...


Y así fue el caso de Fernando III de Castilla y León (San Fernando) o el de su primo Luis IX de Francia (San Luís).

Ambos monarcas cumplían fielmente estas recomendaciones de la Iglesia, aunque el caso de Luis era más llamativo, porque a este monarca sí que le apasionaba el sexo, por lo que cuando llegaba un día permitido, se ponía a la faena a lo loco, en cualquier lugar y varias veces al día. Tan es así, que su madre, Blanca de Castilla, dio órdenes que se organizase una red de vigilancia para no pillar al rey y su esposa en plena faena en cualquier lugar.

Luis IX de Francia, San Luís.




ALFONSO XI DE CASTILLA, UNA GUERRA CIVIL POR UNA MUJER


Otro ejemplo de como el sexo puede configurar alianzas entre países, provocar guerras e incluso una guerra civil lo tenemos en el caso de Alfonso XI de Castilla. Se casó en 1328 con la princesa María de Portugal, hija del rey portugués, con la que tuvo dos hijos, uno de ellos Pedro I "el cruel'.

Pero pocos años después se enamoró perdidamente de Leonor de Guzmán, que rápidamente pasó de ser "la favorita", instalándola con toda clase de lujos en Sevilla, a reina cooficial, ya que le dio más de 10 hijos al monarca, entre ellos, Enrique II, viviendo ambos como marido y mujer.

Como nos podemos imaginar, más pronto que tarde, María, despechada y humillada, volvió a la corte portuguesa, aunque a pesar de su exilio de más de 20 años, siempre se consideró la reina legítima de Castilla, y sus hijos herederos de pleno derecho al trono.

Este hecho fue tan escandaloso que hasta el propio Papa Benedicto XII escribió al monarca para que recapacitase, incluso no dudó en culparle de la derrota de sus tropas ante los musulmanes por su relación pecaminosa. Decía la misiva:

"Examina tu conciencia y mira si no te habla nada acerca de esa concubina a que hace tanto tiempo estás demoniadamente apegado en detrimento a tu salvación y de tu gloria"

Así que a la muerte de Alfonso XI tenemos un cóctel explosivo que llevará a los reinos hispánicos a una larga y cruenta guerra civil que se extendió durante varios años, con suerte cambiante para ambas facciones... 


Por un lado tenemos, a Pedro I "el cruel" o el "justiciero" según el cronista de turno, hijo de María de Portugal y por otro a Enrique II de Trastámara, hijo de Leonor.  Y aunque en un primer momento, la familia de Leonor juró lealtad a Pedro, y se prometieron obediencia y esas bonitas cosas que se prometen en el momento de la coronación. Tanto unos como otros no tardaron en conspirar para eliminar a tan peligrosos enemigos.

La última despedida, de Antonio Amorós y Botella. 1887. Museo del Prado.
La obra representa el momento en que Fadrique Alfonso se despidió de su madre Leonor en presencia de la reina María de Portugal.

María, lo primero que pidió a su hijo Pedro fue la cabeza de su antigua rival amorosa, la reina Leonor, que fue hecha prisionera en el mismo cortejo fúnebre y posteriormente ejecutada. Pedro "el cruel" fue asesinado a todos los hermanastros que le caían a mano, menos a Enrique II, que casado con la hija del más poderoso noble de la época, le disputó la corona en una guerra fratricida que se alargó durante años, con vaivrnes en ambas facciones e implicaciones de las demás potencias europeas.

Finalmente, Pedro I tras una derrota ante Enrique II se vio obligado a refugiarse en una pequeña fortaleza de Montiel, de la que le convencieron salir para tratar con su eterno rival. Y aquí cuenta la leyenda, que nada más verse en la tienda, se abalanzaron uno contra otro, daga en mano, la lucha debió ser encarnizada, aunque un tal Duguesclín, viendo que Pedro estaba a punto de asesinar a su señor, lo empujó, hecho que aprovechó Enrique para asesinarlo y ganarse su apodo del "fratricida".

Para la posteridad quedará la célebre frase de Diguesclín que, según la tradición, pronunció aquello de "Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor"

Momento en el cual Duguesclín sujeta a Pedro I para permitir que Enrique lo apuñalase,
cuadro de Arturo Montero y Calvo.


JUAN II, EL HOMOSEXUAL


No podíamos acabar esta sección sin los rumores sobre la homosexualidad de algún monarca. Y aquí surgen los nombres de los últimos representantes de la casa Trastámara, ya que tanto Juan II como su hijo Enrique IV fueron acusados de sodomitas y de beneficiar a sus nobles "más queridos y cercanos".

Genelaogía de los Trastámara.


A Juan II se le acusa de tener como amante a su valido, Álvaro de Luna, hombre encargado de su formación y consejero íntimo del rey, al que siempre tuvo en alta estima. Sólo la mano firme de Isabel de Portugal, segunda esposa de Juan y madre de la futura Isabel "La Católica" logró acabar con su influencia, ejecutándolo, bajo el beneplácito de gran parte de la nobleza.

De aquella época contamos con el testimonio del historiador Fernán Pérez de Guzmán que en sus crónicas "Generaciones y semblanzas" escribió:

El rey Juan ni de noche ni de día quería estar sin don Álvaro de Luna, y lo aventajaba sobre los otros, y no quería que otro alguno lo vistiese ni tratase”.


ENRIQUE IV, "EL IMPOTENTE"


Acabamos este repaso con Enrique IV, "el impotente" al que ya dedicamos una entrada en nuestro blog, ya se le acusó de prácticamente de todo lo acusable: Enrique IV: impotente, homosexual y vouyerista.

Y aunque más de uno de estos rumores, seguramente, fuera cierto, es importante señalar que Enrique IV tiene el dudoso honor de ser el primer monarca de nuestra historia patria que sufrió una campaña orquestada de desprestigio por parte de sus enemigos, al verter sobre su persona una serie de continuos rumores malintencionados sobre su sexualidad.

Los rumores sobre su impotencia vienen desde su primera noche de bodas, ya que por lo visto fue incapaz de mantener la erección para consumar con la reina. Con el paso de los años, y como la Reina no quedaba embarazada, los rumores sobre su sexualidad se fueron incrementando, ya que muchos aseguraban que la impotencia del rey era debido a una homosexualidad aletargada, ya que detestaba el trato carnal con mujeres y tuvo una larga lista de amantes masculinos, a los que benefició con toda clase de nombramientos y prebendas.


Es más, su única hija fue apodada "la Beltraneja" ya que por todos era sabido que Enrique había consentido la relación entre la reina y su hombre de confianza Beltrán de la Cueva, para así poder tener su ansiado heredero al trono.

Pero de todos los rumores que circularon en torno a Enrique IV el que más daño le hizo fue, sin duda alguna, el de ser un cornudo consentido, ya que esto fue lo que a la postre le costó el trono a su hija.




BIBLIOGRAFÍA:

 Gracias especialmente a la web www.sexomedieval.com y su entrada http://www.sexomedieval.com/reyes-versus-sexo-santos-y-reinos-perdidos/ que nos ha servido, en una semana de feria y vacaciones, de guión de inicio para este post.

 https://www.monografias.com/trabajos57/alfonsoxi-leonor-guzman/alfonsoxi-leonor-guzman2.shtml

sábado, 31 de agosto de 2019

Fernando VII : Juergas nocturnas, prostitutas y una conspiración para derrecarlo

Fernando VII como buena parte de nuestros monarcas fue un consumado putero. Una vez iniciado en los secretos del sexo, se fue aficionando cada vez con más frecuencia a visitar los burdeles madrileños, tan es así que incluso se ideó una conspiración para asesinar al rey aprovechando una de sus habituales visitas a un famoso prostíbulo de la capital.

Mucho podemos debatir aquí el porqué de esa afición, algunos argumentarán que esa obsesión casi enfermiza por el sexo era propia de los Borbones. Su propia madre, la reina María Luisa de Parma, gozó de una vida repleta de placeres y supuesto libertinaje sexual, a costa de los disgustos de su cornudo marido, el rey Carlos IV.

La educación moral de la reina, muy alejada del puritanismo católico de la corte hispánica, causó gran escándalo en su época, ya que venía influenciada por las costumbres de las cortes de Francia e Italia, mucho más permisivas en esto de la sensualidad y el erotismo.

María Luisa de Parma

Otros dirán que estas visitas continúas a los prostíbulos eran debidas a sus traumas sexuales y su nefasta y casi nula actividad sexual conyugal. Ya vimos en este post, Fernando VII y sus gran sable,  como el enorme falo que tenía el rey, derivado de una enfermedad genital, tuvo que complicar muchos sus relaciones conyugales, por lo que sólo mujeres muy instruidas en el placer de amar pudieron satisfacer sus impulsos sexuales.


El rey putero

Pero a diferencia de otros reyes que acudían a los prostíbulos a escondidas y sin querer levantar mucho revuelo, el Rey felón no tuvo problemas en acudir a sus escapadas nocturnas acompañado de todo su séquito y vestido con toda la pomposidad propia de un rey.

Fueron tan habituales sus escapadas nocturnas del Palacio de Oriente que la discreta escalera que era utilizada para salir de palacio de forma anónima pasó a ser conocida como "La Fernandida".

Aguador de Madrid, 1802.
Entre sus camaradas de juerga se encontraban el incondicional duque de Alagón, conocido como Paquito de Córdoba, el jefe de la Guardia de Corps de Fernando VII, así como un buen número de nobles y advenedizos de todo pelaje y condición.

Otro de sus compañeros habituales era un tal Perico Chamorro, un antiguo aguador de la Fuente del Berro, que gracias a sus contactos en la noche madrileña y su carácter campechano y desvergonzado, pronto hizo buenas migas con el monarca, al conseguir con facilidad cualquier capricho del monarca, ya fuesen mujeres, vino o locales nocturnos donde seguir de fiesta.

En una época repleta de intrigas políticas, donde Fernando VII aplicó una política de terror político, donde la delación y el chivatazo era moneda frecuente en el pago de antiguas afrentas. Este Chamorro entró al servicio del rey, bajo el nombre de Pedro Collado, con el único fin de espiar a sus sirvientes y dar debido informe al monarca.

Hubo una época que estas salidas nocturnas fueron casi diarias, tan es así, que se rumorea que su segunda esposa, la portuguesa María Isabel de Braganza, sabedora de las continuas escapadas nocturnas de su marido, una noche le esperó en Palacio vestida como las rameras de la capital.

Este trío recorrió todos los cafés, tabernas y prostíbulos de moda de la época... Por la tarde visitaban elegantes cafés como el Lorenzini o el Cruz de Malta, al anochecer se desviaban a las tabernas del Arco de Cuchilleros y tugurios flamencos del barrio de Lavapiés, como el Cuclillo o el Traganiños, y finalmente, de madrugada visitaban algún prostíbulo, el más famoso de todos ellos fue el burdel de Pepa la Malagueña.

Para que veamos en qué ambientes se movían el rey y su troupe se rumorea que una noche tuvo un encontronazo con un famoso bandolero de la época, llamado Luis Candelas, y es que el rey en su visita a un prostíbulo se encaprichó de la amante del bandolero, una tal Lola "La naranjera". Pero ante los deseos de un rey, poco se puede hacer, y el orgulloso y bravucón bandolero tuvo que tragarse su orgullo, y hacerse a un lado durante el romance del rey.

Por suerte, este romance duró poco tiempo, ya que el rey sólo estuvo enamorado realmente de una sola mujer... la famosa prostituta Pepa la Malagueña.



El burdel de Pepa la Malagueña.


Este burdel, situado en la calle Ave María, cerca de la puerta de Alcalá, era el más frecuentado por el monarca, no sólo por el vino y el ambiente festivo del local, sino porqué acabó enamorado de la regente del popular burdel. Como narra Vidal Sales en su "Crónica íntima de las reinas de España": "le servían el buen vino a palo seco que tanto le complace tomar en la laxitud posterior a su jaraneo y lascivo rebullir con la Malagueña o sus opulentas pupilas..."

Algunas fuentes interesadas en presentarnos al monarca como un lascivo sátiro sexual nos hablan que Pepa la Malagueña era la encargada de suministrar al rey nuevas y jóvenes conquistas con las que calmar su insaciable apetito sexual.

Otros historiadores se inclinan más a pensar que sus continuas visitas a este burdel era por su historia de amor con la meretriz Pepa la Malagueña.


La prueba de todo ello serían la protección que el rey otorgó a la Malagueña, ya que la instaló en una casa cercana a Palacio, y finalmente, para guardar las formas, la casó con un militar llamado Francisco Marzo Sánchez, que casualmente siempre estaba destinado fuera de Madrid, y con el que nunca llegó a vivir.

Majas en el balcón (1808-1814), de Francisco de Goya.

Se supone que de este matrimonio nacieron dos hijos: Manuela, nacida en 1817 y Francisco, nacido dos años después. Aunque las habladurías otorgan esta paternidad a Fernando VII, que ante los problemas de concebir un varón heredero al trono, buscó de todas las formas posibles reconocer a este tal Francisco como su hijo y heredero al trono.

Pero con la Iglesia y las instituciones hemos topado, porque por muy rey absolutista que seas, no se puede, de la noche a la mañana, coger a un bastardo real y convertirlo en heredero a la Corona.

Este apasionado romance terminó, y nuestra protagonista, Pepa la Malagueña, ya conocida como Josefa de Montenegro, se convirtió en la amante oficial del duque del Infantado, Pedro Alcántara de Toledo.


La conspiración del Triángulo 



Fueron tan habituales sus escapadas a los prostíbulos madrileños que incluso se urdió un plan para derrocar al rey absolutista aprovechando una de sus correrías nocturnas.


Esta conspiración encabezada por el general liberal valenciano Vicente Richart buscó en un principio secuestrar al rey en un burdel para obligarle a proclamar la Constitución de 1812. Aunque visto lo difícil de la empresa, se decantaron por asesinarlo en las inmediaciones de la Puerta de Alcalá o hacerlo en el interior del famoso prostíbulo de Pepa la Malagueña.

Finalmente, la conspiración fue descubierta, ante el chivatazo de dos soldados implicados en el asunto, ya que una cosa es secuestrar al rey y obligarle a proclamar una constitución, y otra muy distinta participar en un regicidio.

Tras la caída de la conspiración, supuestamente dirigida por un grupo masón, fueron apresados más de cincuenta personas, es decir, todos los liberales que aún andaban por la capital, aunque ante la falta de pruebas sólo se puedo juzgar y condenar a horca a sus principales cabecillas, el general Richart y el barbero Baltasar Gutiérrez

En el patíbulo.












martes, 13 de agosto de 2019

Muerte por sexo: Personajes históricos que murieron por sus excesos sexuales

El sexo es vida, es alegría, es placer, es diversión... pero algunas veces también el sexo significa muerte. Por ello, en la entrada de hoy vamos a ver algunas muertes de personajes históricos relacionadas con el sexo, ya sea por un exceso de sexo, un marido celoso, o por algún bochornoso accidente.
 

Una mamada de muerte

Empezamos con una de esas muertes que te convierte en escarnio para la historia, y es que no hay nada más denigrante, que morir con los pantalones y los calzoncillos bajados, y esto es lo que le pasó al presidente de Francia (1895-1899) Félix Faure, que murió de apoplejía mientras le estaban realizando una felación en su despacho presidencial.

Su amante, la señorita Marguerite Steinheil, salió despavorida del despacho, con los pelos revueltos y gritando que el presidente se estaba muriendo. Os podéis imaginar la escena cuando entraron su secretario y demás personal de Palacio: el desdichado Félix Faure tirado en un sofá, con el miembro aún erecto por fuera del pantalón, convulsionando en sus últimos segundos de vida, la señorita Steinheil sollozando y colocándose los ropajes contemplando toda la escena en pleno ataque de histeria, y un personal de Palacio que poco pudo hacer ante la rápida muerte del presidente.

Ilustración de un periódico de la época donde se recrea la muerte de Félix Faure


Como podrán intuir, la causa de su muerte fue motivo de burlas y chanzas entre sus adversarios políticos. La señora Steinheil fue apodada "La Pompadour de la III República", por el juego de palabras existente en francés entre 'pompa fúnebre' y el verbo 'pompier' que se podría traducir como 'mamada'.

Incluso George Clemenceu, que años después alcanzaría también la presidencia de la República declaró sobre Félix Faure: "Deseó ser como César, pero terminó como Pompeyo".

Fernando de Aragón, muerte por viagra

Quizá la muerte más relevante para nuestra historia relacionada con el sexo sea la que protagonizó Fernando de Aragón, es decir, el mismísimo marido de Isabel "La Católica". Y aunque no murió en pleno actual sexual, su muerte se vincula al abuso que hizo de un potente afrodisíaco que le provocó una hemorragia cerebral.

Casado de segundas nupcias con una fogosa y joven mujer, Germana de Foix, Fernando intentó cumplir con sus deberes maritales, pero la cosa no debía funcionar tan bien como cuando era joven, por lo que decidió recurrir a un brebaje afrodisíaco preparado con cantárida, un insecto de un llamativo color verde, del que se extrae un producto vasodilatador, muy parecido a la actual viagra, pero también muy peligroso para la salud.

Lytta Vesicatoria, insecto conocido como cantárida o mosca española.

Por lo que Fernando no soportó la alta dosis que le estaban preparando y fue agravándose la enfermedad hasta que falleció a la edad de 63 años, en la localidad extremeña de Madrigalejo, cuando iba de camino al Monasterio de Guadalupe.

El propio cronista del Reino de Aragón, Jerónimo Zurita, no dudó en escribir que el Rey sufrió una grave enfermedad producida por un "feo potaje que la Reina le hizo dar para habilitarle", agravándose el estado de salud del monarca, con cada vez más frecuentes desmayos, y "mal de corazón".

Y decimos que esta muerte cambió el curso de nuestra historia porque de haber tenido un hijo con Germana de Foix, los reinos de Castilla y Aragón se hubiesen desvinculado y nuestra historia, y nuestro país, seguramente fuesen muy diferentes.

Papa Juan XII, "el fornicario"

Pero no sólo de reyes y presidentes se nutre esta entrada, los Papas también tienen un hueco en esta sección de muertes por sexo. Y sí, nos estamos refiriendo a los Papas de Roma, de los cuáles muchos pasaron a la historia por sus hazañas en el terreno sexual más que por sus logros espirituales.

Ya hablamos en este blog de la lujuria excesiva de muchos de ellos, pero quizá el que se lleva la palma es Juan XII, que pasó a la historia como "el fornicario", poco más se puede añadir después de recibir este apodo.

Juan XII es considerado uno de los peores papas que ha dado la historia, y con la dura competencia que ha tenido, ya nos da una idea de la catadura moral de este personaje. Un hombre apasionado de los juegos de azar y que no dudó en satisfacer sus más bajas pasiones, convirtiendo la residencia papal en poco más que un lupanar, con la continua presencia de prostitutas, eunucos y camorristas de toda condición y pelaje.

Su fama de mujeriego y sátiro hizo que se difundiese la advertencia entre las mujeres de no acudir a la Iglesia de San Juan Laureano, cercana al Palacio de Letrán, donde estableció su residencia pontificia, ya que corrían el riesgo de ser violadas por el mismísimo Papa. Sus propios coetáneos le definieron como "un calígula cristiano" o que "le gusta tener una colección de mujeres".

Por ello, no nos puede sorprender la noticia de su muerte, ya que la noche del 14 de mayo del año 964, Juan XII fue asesinado de un martillazo en la cabeza por un marido celoso que lo encontró en la cama con su mujer. Una muerte que hizo honor al estilo de vida que llevó.

Otros Papas demasiado terrenales...

Aunque Juan XII no es el único Papa muerto en circunstancias de este estilo, otros Papas como León VII, Juan VII o Paulo II, también murieron con ataques al corazón mientras practicaban sexo.  Quizá el caso más relevante de éstos, por su proximidad histórica sea el de Paulo II (1464-1471), coetáneo de los Reyes Católicos, y de cuya muerte se dice que sobrevino mientras estaba siendo sodomizado por un paje.

Aunque dicho así, con la palabra SODOMÍA de por medio, parece que estuviese cometiendo un pecado mortal. Simplemente, Paulo II era homosexual, ya que algunos comportamientos del pontífice fomentaron esas murmuraciones en su época, ya que era muy presumido y le gustaba vestir suntuosamente, haciéndose llamar el "Formoso", el hermoso, ya que se consideraba muy bello.

Muertes en la cama

Atila, ¡¡vaya noche de bodas!!

No son los únicos personajes históricos muertos en la cama. Tenemos unos cuantos ejemplos de hombres que al menos murieron felices y la muerte les sorprendió en pleno acto sexual.

Del que corren más rumores es de Atila (395-453 d.C.), el rey de los hunos, ya que nunca quedará claro si fue envenenado o fue por los excesos cometidos en su noche de bodas. No es que le pillases de nuevas, pero sí mayor, era su duodécima esposa y Atila contaba con más de 50 años. Y podemos imaginar que la celebración de una boda al estilo huno podría acabar con cualquiera: alcohol a raudales, banquete pantagruélico, rondas de vasos a un trago, ... y una joven y bellísima esposa goda llamada Ildico esperando con temor la noche de bodas.

Muerte de Atila
 Todo parece indicar, que extasiado por el vino y cansado por el sexo, Atila se durmió y sufrió una hemorragia mortal mientras dormía, ahogándose en su propia sangre. Que paradoja del destino que este rey que combatió en tantas batallas encontrase la muerte en un combate mucho más placentero.

Demasiada marcha para el cuerpo


Pero este tipo de muertes no sólo le ocurren a guerreros poderosos y salvajes, sino dos de los personajes más influyentes y poderosos de EE.UU tuvieron una muerte similar: un presidente como Franklin D. Roosevelt, y el poderoso magnate Nelson Rockefeller.

Aunque en ambos casos sorprende que no fallecieran en el lecho conyugal junto a sus esposas, sino en las camas con sus secretarias, por lo que cuidado si ya has pasado los 50 y quieres satisfacer a tu amante con la pasión amorosa de un chaval de 20... por que seguramente tu corazón diga: hasta aquí hemos llegado.

Roosevelt murió, un 12 de abril de 1945, en los brazos de su amante, Lucy Mercer, quien había sido secretaria de su esposa. Rockefeller también murió de un infarto mientras yacía con su secretaria Megan Marshak, un 26 de enero de 1979 en su casa de Maine.

Carta de amor de Roosevelt a Lucy Rutherfurd.


Asfixia erótica

En este recorrido de muertes sexuales en la historia no podemos dejar de reseñar algunas relacionadas con prácticas sexuales no convencionales como la asfixia erótica.  Y aunque a todos nos suenan algunos casos recientes de celebrities muertas a causa de esta peligrosa práctica sexual, nosotros vamos a remontarnos al primer caso documentado de muerte por asfixia erótica de un personaje público.

Para ello hay que viajar al Londres de 1791, donde el compositor checo Frantisek Kotzwara protagonizó la primera muerte documentada por asfixia erótica, y aunque el registro judicial del caso fue destruido para evitar un escándalo público, la sórdida historia de este caso merece la pena aparecer aquí.

La noche del 2 de septiembre Kotwara deambuló por Vine Street en el distrito de Westminster buscando los servicios de una prostituta que hiciese trabajos especiales. Finalmente dio con una meretriz llamada Susannah Hill quién accedió a irse con él a su apartamento y hacer ese trabajo especial después de cenar.

Según el informe policial, aparecido muchos años después, Kotzwara le pidió a la prostituta que le atase los testículos, ante la negativa de ésta, Kotzwara se decantó por la autoasfixia erótica, así que ató un extremo de la cuerda alrededor del picaporte de la puerta, y con el otro extremo se rodeó el cuello, iniciando las relaciones sexuales con la sorprendida prostituta.

Aunque algo tuvo que salir mal, porque Susannah Hill fue apresada poco días después acusada del asesinato del compositor, cuyo cuerpo se encontró a los dos días con la cuerda atada al cuello. Durante el juicio, la acusada fue absuelta ya que el jurado creyó su testimonio sobre las extrañas filias sexuales del músico checo.





martes, 6 de agosto de 2019

La vida amorosa de Isabel II: Un matrimonio desastroso y un bastardo real

La vida amorosa de Isabel II de España:
- Parte I: Regencia, insatisfacción matrimonial y un bastardo real
- Parte II: Los amantes de Isabel II
- Parte III: Los Borbones en pelota

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Parte I: Regencia, insatisfacción matrimonial
y un bastardo real


La vida amorosa de Isabel II fue tan variada y tan llena de sobresaltos como su propio reinado: guerra civil entre carlistas e isabelinos, pronunciamientos militares, exilio político, ...

Dos aspectos fundamentales marcaron su vida, condicionando su personalidad y posteriores acciones políticas: la ausencia de un ambiente familiar afectivo y la inadecuada formación cultural y política para una mujer destinada a regir los destinos de una nación.

- Huérfana de padre, con apenas tres años de edad, su madre, encargada de la regencia, se interesó más en su rehacer su vida al lado de su amante que en su propia hija. Por lo que el único interés que mostró en su hija era como poder controlarla y manipularla para sus propios fines e intereses.

- La ausencia de un núcleo familiar que le sirviese de protección hizo que su educación cayese en manos de las familias políticas de la época, y ni progresistas ni moderados mostraron el menor interés en preparar a Isabel II para el gobierno, sabiendo que cuanto más ignorante fuese, más fácil sería servirse de ella y manipularla a su antojo.

 El conde de Romanones dio de ella una descripción bastante ilustrativa en cuanto a su personalidad: “A los diez años Isabel resultaba una retrasada; apenas si sabía leer con rapidez; la forma de su letra no era elegante, sino la propia de las muchachas del pueblo; (...)Odiaba la lectura; no había libros, por atrayentes que fueran que la llamaran la atención; su único entretenimiento eran los juguetes y los perritos;  (...). De este ambiente nada selecto y aun netamente ordinario, se resintió toda su vida”.

En cuanto al carácter de Isabel II, sus contemporáneos la definieron como una mujer de carácter alegre y generoso, pero también caprichoso y excesivamente apasionado y temperamental, que se tradujo en una vida sexual igual de impulsiva.

No sólo utilizó el sexo como una forma de escapar de un matrimonio roto desde el principio, satisfaciendo sus pasiones amorosas con guardias, nobles o militares, sino que utilizó su arrolladora sexualidad como herramienta para ejercer un poder político que se le negaba continuamente desde las instituciones políticas.


Como última pincelada a su personalidad, y como suele ser habitual en nuestros muy católicos monarcas, tuvieron que convivir con esa contradicción entre una sexualidad desbordante y un ferviente catolicismo. Una vez satisfechas sus pasiones corría a confesar sus pecados ante la camarilla de curas y monjas beatas que siempre la rodeó, como el padre Claret o Sor Patrocinio, que tuvieron una poderosa influencia en la vida de la reina.

El padre Claret tira de una soga sujeta al cuello del cornudo Francisco de Asís mientras sor Patrocinio le apremia con un látigo, en su huida al exilio francés.
- Ilustración de "Los Borbones en pelota"



De casta le viene al galgo... La regencia de María Cristina


Isabel II no tuvo una infancia fácil, su padre Fernando VII, el "peor rey que tuvo esta nación de pésimos reyes", murió cuando ella sólo tenía 3 años. Por lo que tuvo que ser su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, quién ejerció la regencia durante la minoría de edad de Isabel (1833-1840)

Aunque esa regencia no fue nada fácil de sostener, no sólo por cuestiones políticas (guerras carlistas) sino también por cuestiones morales... Y es que la reina no tardó mucho tiempo en olvidar a su difunto marido, ya que a los dos meses ya paseaba con su primer amante oficial. El agraciado era un sargento de la Guardia Real, llamado Fernando Muñoz.

La reina regente María Cristina de Borbón y Dos Sicilias.

Y a pesar de querer acallar los rumores sobre la vida amorosa de la reina regente, había algo que era imposible ocultar... los continuos embarazos de María Cristina, por lo que os podéis imaginar el papelón público al que se enfrentaba la reina, que lejos de cumplir su papel de mujer viuda y guardar el debido, y muy católico, luto a su marido, paseaba amantes y embarazos.

Los españoles, que de siempre hemos sido muy tercos y cerrados para unas cosas, pero para asuntos del cachondeo, la mofa y el escarnio público no nos gana nadie... Pronto aireamos todos estos asuntos de palacio: "La regente es una dama casada en secreto y embarazada en público" se comentaba con fina ironía en las tabernas del país.

Más ahínco pusieron sus enemigos carlistas en difamar a la reina popularizando coplas y canciones como esa que decía:
Clamaban los liberales
Que la reina no paría
¡Y ha parido más muñecones
Que liberales había!


Una niña como reina de España


Retrato de Isabel II.
Todos estos escándalos de la Corte, que al ser protagonizados por una mujer alcanzaban un matiz mucho más grave, provocó que la regencia se apartara de María Cristina y cayera en manos del general Espartero, y finalmente se adelantase la mayoría de edad de Isabel II a trece años, para que pudiese reinar.

Pero a los 13 años, siendo una niña, nadie puede reinar, y eso lo sabía, su madre, pero también todos los políticos, militares y servidores palaciegos, que buscaron de cualquier forma y a cualquier precio acceder a esa niña, sin apenas protección familiar, y muy fácilmente manipulable, para así satisfacer sus intereses políticos.

De su madre, Isabel heredó un temperamento caprichoso, impulsivo y una ardiente sensualidad que manifestó desde edad muy temprana, con reiteradas e insolentes preguntas sobre el sexo que puso en más de un apuro a sus sirvientes y a sus ayas.

Muchos historiadores han querido ver en la agitada vida sexual que llevó la reina una consecuencia de los traumas que sufrió de pequeña, no sólo por un continúo estado emocional de desamparo, sino también por diversas situaciones de índole sexual que vivió siendo una niña, con una acusación de violación de por medio...


La ¿violación? de la reina Isabel II


Con apenas 14 años de edad la reina ya se vio inmersa en un escándalo de índole sexual... Un posible caso de violación o abuso sexual por parte de uno de sus preceptores, el político progresista Salustiano de Olózaga.

La versión oficial nos relata que Salustiano, nombrado presidente del Consejo de Ministros, trató de presionar a la reina para obtener la disolución de las Cámaras, de mayoría conservadora, y la forzó a firmar el documento bajo el uso de la violencia e intimidación de la joven reina.

Un joven Salustiano de Olózaga dando un discurso político en el café Lorenzini de Madrid.
La estafeta de Palacio.

Todo ello pasó en la noche del 28 de noviembre de 1843, en la alcoba del Palacio Real de la propia Isabel II, según la propia declaración que hizo la reina ante las Cortes, mediante un escrito leído por el moderado González Bravo, unos días después:

"Olózaga se interpuso y echó el cerrojo de esta puerta. Me agarró del vestido y me obligó a sentarme. Me agarró la mano hasta obligarme a rubricar. Enseguida Olózaga se fue, y yo me retiré a mi aposento. Antes de marcharse Olózaga me preguntó si le daba mi palabra de no decir a nadie lo ocurrido, y yo le respondí que no se lo prometía".

Esa carta, dictada a viva voz por la reina, provocó tal escándalo que convulsionó el panoroma político español, y es aquí donde entran toda clase de teorías:


Teoría conspirativa:


Todo fue un montaje por parte de la facción más conservadora para hacerse con el control del país, tal y como sucedió. Es decir, un golpe de Estado encubierto con el que los moderados se hicieron con el poder. 


Retrato de Narváez.
Y es que no sólo Salustiano Olózaga cayó en desgracia, teniendo que huir del país ante el temor de ser fusilado ante las acusaciones que se estaban levantando contra su persona. Sino, que con él, cayó todo el ala progresista, lo que permitió al partido moderado, ocupar el poder durante 10 años, en la conocida como "década moderada", con Narváez como líder, y aprobando la Constitución de 1845, una nueva constitución bastante conservadora y restrictiva con los nuevos avances sociales que la población exigía.

Según esta teoría, la facción conservadora sabedores de las intenciones de Olózaga, mandaron a la marquesa de Santa Cruz, aya de la reina, a espiar los movimientos en los despachos reales, por lo que cuando la marquesa informó a Narváez y González Bravo de la firma de tal documento, corrieron a toda prisa a Palacio a intentar frenar dicho documento.

Por lo que entre unos y otros, alarmaron de tal modo a la reina, presionándola sobre el documento que había firmado, que buscaron una excusa para justificar el porqué la reina había firmado dicho decreto. Como argumenta el académico García Nieto en su ensayo "Los sucesos de Palacio del 28 de noviembre de 1843", no se sabe si fue cosa solo de la reina excusarse bajo el tema de la violencia o fue un plan urdido entre todos para desacreditar al líder de la oposición y asegurarse el poder.


Teoría amorosa:


Portada del ensayo:
"Un drama político"
Algunos historiadores, con Ricardo de la Cierva a la cabeza y su novela "El triángulo: alumna de la libertad", afirmaban que don Salustiano había sido en realidad el primer amante de la reina, encargado de desflorarla y que mantuvieron una relación amorosa, gracias a la arrolladora personalidad del político, con fama de galán y conquistador.

Álvaro Figueroa, conde de Romanones, en su ensayo "Un drama político, Isabel II y Olózaga" también apunta en ese sentido, y cree que lo sucedido fue un arrebato amoroso de una noche, Isabel impresionada por el carácter del político se dejó hacer, y Olózaga, por esa vanidad masculina, de atribuirse el desvirgamiento de una mujer, ¡y qué mujer!, nada más y nada menos que la reina de España, la sedujo sin más contemplaciones.


Al día siguiente, Isabel II arrepentida por haberse dejado llevar por la pasión amorosa y al estar tan presionada por sus más directos colaboradores,  intentó revocar la firma del decreto argumentando la utilización de la fuerza física.


No puedo dejar de recoger otra teoría aún más conspirativa, que nos habla que Olózaga formaba parte de la orden masónica y que le fue encomendada la misión de seducir a la reina niña por encargo de la Orden para manipularla en favor de sus intereses.

Retrato de Olózaga
Nunca sabremos que ocurrió realmente aquella noche en la habitación de la reina entre Olózaga e Isabel II. Por todos es sabido, que ambos mantenían una excelente amistad, ya que durante meses el político riojano fue su mentor. También resulta extraño que una reina reciba en solitario y en sus aposentos privados a un ministro a altas horas de la noche.

¿Qué pasó en aquella cámara real? Nunca lo podremos saber, lo único cierto es que aquel incidente marcó el inicio del reinado de Isabel II, y las consecuencias de todo lo ocurrido aquella noche, empezó a forjar su exilio y sus "tristes destinos".




Desastroso matrimonio:


Como a toda reina soltera, lo primero que se le trató de buscar fue un marido, y no era asunto baladí, ya que un matrimonio real era una cuestión de estado que afectaba al equilibrio de la política internacional europea.

Así que tras mucho discutir, y con apenas 16 años, tomaron la decisión de casarlo con su primo Francisco de Asís. Era la opción que menos molestaba a cualquier otra facción política, pero seguramente fue la peor decisión para la joven Isabel, que cuando se enteró de la designación final exclamó: "¡No! Con paquita, no!"

Y es que Francisco de Asís era un hombre muy afeminado, sobre el que corrían infinidad de rumores sobre su sexualidad: una malformación en el pene le impedía mear de pie, y una más que evidente homosexualidad hizo que se le conociese por los motes de Doña Paquita y Paco Natillas.

Grabado de los reyes Isabel II y Francisco de Asís


Así definió el historiador Pierre de Luz al monarca:

“Pequeño, delgado, de gesto amanerado, de voz atiplada y andares de muñeca mecánica. En la intimidad lo llamaba el pueblo Paquita, Doña Paquita, Paquita Natillas o Paquito Mariquito. Le gustaban los baños, los perfumes, las joyas y las telas finas”.

Cuenta la leyenda que la propia reina comentó sobre la noche de bodas:
"¿Qué podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo?". 


Incluso el carácter de ambos contrayentes era totalmente dispar: Francisco de Asís era culto, refinado, presumido, tranquilo, incluso sumiso, le gustaba la soledad y vivir en tranquilidad. Isabel era todo lo contrario: inculta, extrovertida, amante de fiestas, pasional, le gustaba el trato con el pueblo y tenía un gran sentido del humor.

No nos puede extrañar que el pueblo popularizase esta letrilla durante la celebración de la boda:

Isabel tan frescachona y
Don Paquito tan mariquito

La desastrosa noche de bodas, sumado a la exuberante sensualidad de la reina, y al descaro con el que paseaba Isabel a sus amantes hizo que el matrimonio pronto empezara a resquebrajarse. Además, Francisco de Asís harto que su suegra, su mujer, los políticos, le ninguneasen y no le permitiesen tomar ninguna decisión política, pronto abandonó el lecho conyugal, trasladando primero sus pertenencias a otra ala del palacio, y más tarde, marchándose a vivir al Pardo, como signo de protesta ante el descarado romance que mantenía la reina con el general Serrano.

Ilustración caricaturesca del rey consorte como cornudo mayor del Reino.
Los Borbones en Pelota.
El rey consorte no pedía que la reina no tuviese amantes, sino que fuera más discreta de cara al público, y que sus amantes al menos le tratasen con el debido respeto. Y es que Francisco de Asís también tuvo sus propios amantes masculinos, aunque sus relaciones siempre fueron muy discretas y menos fogosas, ya que durante toda su vida siempre estuvo acompañado de un apuesto y joven aristócrata llamado Antonio Ramón Meneses, que incluso le siguió en sus años en el exilio. 


A pesar de todos estos rumores, el matrimonio real tuvo varios hijos, aunque siempre bajo la sospecha de ser fruto de las infidelidades de la reina, ya que hay historiadores que creen que el matrimonio jamás se llegó a consumar.


Fotografía del matrimonio real.
Casi era más preocupante que tuvieran hijos legítimos que ilegítimos, ya que el grado de consanguineidad era demasiado alto, incluso para un enlace real, eran primos hermanos ¡¡por partida doble!! por lo que los hijos de ambos sumaban hasta ocho veces el apellido Borbón.

Pero la reina, no tuvo suerte ni con su matrimonio ni con sus hijos, ya que aunque se les reconocen 12 embarazos oficiales, varios de ellos terminaron en  abortos o los neonatos fallecieron al cabo de muy poco tiempo, por lo que sólo cinco sobrevivieron a la edad adulta.

En definitiva, fue un matrimonio abocado al fracaso desde el primer momento, con un marido incapaz de satisfacer las necesidades amorosas de Isabel, por lo que siendo como era una mujer fogosa y temperamental, no dudó en llenar ese vacío con numerosos amantes.


La discutible paternidad del futuro rey de España


En una España que tuvo que sufrir tres guerras civiles en el siglo XIX por la falta de heredero varón de Fernando VII, el nacimiento de hijo varón sano (1857) hizo que todo el pueblo de Madrid estallase de júbilo cuando se anunció desde Palacio que la reina Isabel había tenido un varón.

Con este nacimiento se evitaba entrar en una nueva guerra carlista y el joven príncipe, Alfonso de Borbón, terminaría ciñéndose la corona de España bajo el nombre de Alfonso XII (1874-1885).


Se celebró en toda la capital del reino, y en las tabernas y calles pronto empezaron a tronar las salves al "Puigmoltejo", y es que con ese apodó se conoció a Alfonso XII, ya que toda la historiografía oficial parece reconocer que el padre no fue el rey consorte, sino un gallardo militar, llamado Enrique Puigmoltó, un capitán de Ingenieros, cuya cercanía a la reina, ya había dado mucho que hablar meses antes del nacimiento del ansiado príncipe de Asturias.

Pero si ese recién nacido evitaba otra guerra carlista,
¿qué importaba quién fuera el padre?


Isabel II con su hijo Alfonso XII.
El romance de Puigmoltó con la reina se alargó durante tres años, tiempo durante el cual consiguió toda clase de condecoraciones y prebendas: fue nombrado Vizconde de Miranda cuando la reina se enteró del embarazo, le fue otorgada la Gran Cruz de San Fernando,...

Sólo tras el nacimiento del bastardo real, y tras las presiones de políticos, amigos y hasta el mismo Papa, se consiguió mantener las apariencias y forzaron a Puigmoltó a alejarse de la Corte y volver a su Valencia natal, donde siguió con su fulgurante carrera y cobrándose sus favores reales.

Una carta de 1857, escrita por Giovanni Simeoni, representante de los Negocios de la Santa Sede en la capital parece confirmar la presunta paternidad de Puigmoltó:

"...que el general Narváez había hablado fuertemente con Isabel II de la obligación de acabar con el escándalo (el romance con el militar valenciano), que habiéndose sido en estos últimos meses tan enérgicas las expresiones, que la misma Reina, llorando, le repuso: "¿Es que deseas que aborte?”.






Bibliografía:


Zavala, J.M.; Bastardos y Borbones: Los hijos desconocidos de la dinastía

Fontana, J. y Millares, R.; Historia de España.

Ríos Mazcarelle, M.; Diccionario de los Reyes de España.

http://www.tiempodehoy.com/cultura/historia/el-nacimiento-escandaloso-de-alfonso-xii

https://blogs.larioja.com/historias/2014/04/16/la-atribulada-vida-sexual-de-la-reina-isabel-ii-y-su-ginecologo-riojano/

 https://blogs.larioja.com/historias/2016/12/22/forzo-salustiano-olozaga-a-la-reina-isabel-ii/

http://www.elespiadigital.org/images/stories/Documentos7/CR%C3%93NICAS%20REALES;%20ISABEL%20II.pdf

https://desdelaterraza-viajaralahistoria.blogspot.com/2014/09/isabel-ii-amante-y-madre.html

https://www.megustaleerenespanol.com/libros/bastardos-y-borbones/MES-016584/fragmento