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martes, 1 de agosto de 2023

El Salón Kitty: Un prostíbulo de lujo al servicio del espionaje nazi

Sexo y espionaje:
- Una larga y sórdida historia
- Capítulo I: El salón Kitty
- Capítulo II: El caso John Prófumo
- Capítulo III: Mata Hari
- Capítulo IV:Virginia Oldoini
- Capítulo V: Markus Wolff y los Romeo de la Stasi
- Capítulo VI: Gerda Musinger en Canadá

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El Salón Kitty fue un burdel utilizado por los jerarcas nazis para tejer una red de espionaje sobre extranjeros y otros mandatarios nazis, sospechosos de traidores o tibios con la causa.


Sabedores de la debilidad de los hombres ante las pasiones mundanas, la Gestapo creó un mundo de vicios donde sus hombres pudiesen relajarse, emborracharse con los mejores alcoholes, hablar con damas cultas y sofisticadas, y sobre todo, cumplir sus fantasías más ocultas con las más bellas mujeres... y al final, una vez rendidos a todos los placeres, susurrar sus miedos, contar sus pasiones, confesar sus odios, en definitiva, desvelar los secretos que habían jurado guardar.

Al mismo tiempo, en un oscuro sótano, algunos de los hombres más siniestros y peligrosos del régimen nazi registraban con un frío silencio cada palabra... ¡¡Bienvenidos al Salón Kitty!!


El Salón Kitty


Este prostíbulo, fue creado a inicios de los años 30, por Katharina Zammit, más conocida por el apodo de Kitty Schmidt. Este burdel, uno de los más populares de la ciudad, estaba situado en uno de los distritos más ricos de Berlín. Entre sus clientes habituales estaba lo más granado de la sociedad berlinesa: diplomáticos, industriales de primer nivel, dignatarios extranjeros, políticos y, como no, miembros de alto rango del partido nazi.

Kitty Schmidt, de joven.

Con la llegada de Hitler al poder, el prostíbulo siguió incrementando su fama, como uno de los burdeles más exclusivos de la ciudad. Aunque Kitty Schimdt, sabedora del peligro del ascenso nazi, no dudó en apoyar a los judíos que huían del país. Cuando el ambiente en Alemania se volvió irrespirable, Kitty intentó huir del pais, aunque agentes del servicio secreto nazi (SD) la detuvieron en los Países Bajos y fue enviada a la sede de la Gestapo.

En el cuartel de la Gestapo fue interrogada por Schellenberg y el general de las SS Reinhard Heydrich, ideólogos del plan de espionaje, quienes le dieron un ultimátum: cooperar con los nazis o ser enviada a un campo de concentración.


Las condiciones eran claras, ella volvería con normalidad a dirigir el Salón Kitty, con sus chicas de siempre, pero trabajaría bajo las órdenes de las SS y la Gestapo.

Daba comienzo la "Operación Kitty".

Operación Kitty

Pusieron micrófonos por todo el burdel, habilitando una sala de escuchas en el sótano, reclutaron a las prostitutas más bellas de Berlín y las adiestraron para la causa. 


Pero no sólo reclutaron a prostitutas, sino que emitieron una orden secreta para buscar "chicas inteligentes, que hablasen varios idiomas y, sobre todo, que fuesen fieles al partido", y como no, arias. En total seleccionaron un grupo de 20 mujeres que actuarían al servicio de la temible Gestapo, se sabe que entre las mujeres seleccionadas hubo damas de la alta sociedad berlinesa, quienes incluso estando casadas fueron forzadas a "colaborar" con el régimen.

Fotograma de la película 'Salon Kitty'


Estas mujeres fueron entrenadas durante siete semanas, no sólo para convertirse en refinadas meretrices, sino también para reconocer uniformes militares y rostros importantes, así como en técnicas para extraer información sensible a sus clientes. Y entre estas chicas no faltaban aquellas dispuestas a satisfacer las necesidades más exigentes, a cumplir los caprichos más exóticos, las más retorcidas perversiones...

Las propias mujeres desconocían la existencia de los micrófonos, ya que se creían que la información se obtenía de los informes que redactaban después de cada encuentro. A principios de 1940 ya tenían todo el operativo en funcionamiento.

El matrimonio Heydrich


Alguno investigadores han apuntado que detrás de la operación Kitty estuvo Lina Heydrich, esposa de Reinhard Heydrich, el todopoderoso director de la Gestapo, que fue ella quien ideó toda la trama de espionaje.

Por todo ello, muchos de los oficiales nazis, sabedores de lo que ocurría en el famoso burdel berlinés, rehuyeron el contacto con el matrimonio Heydrich, ya que consideraban que por su culpa muchos buenos oficiales habían sido defenestrados.

El siniestro matrimonio Heydrich.
Reinhard fue uno de los ideólogos de la "solución final" nazi.

Muchos de los clientes del Salón Kitty acabaron sufriendo los duros y despiadados interrogatorios de la Gestapo.

 Una broma de mal gusto, un comentario fuera de lugar, una insinuación maliciosa, unas palabras malinterpretadas... podían hacer que acabases en el lúgubre edificio de la Gestapo.


El asesinato de Heydrich, en 1942, no supuso el fin de las escuchas, su puesto lo ocupó, primero, su lugarteniente Walter Schellenberg, y posteriormente, el jefe de la Policía Criminal, Arthur Nebe.

Las escuchas



Es una pena que casi todos los informes de estas operaciones hayan desaparecido, ya que por el Salón Kitty pasaron numerosos dirigentes nazis de la época, así como alguno de sus más estrechos aliados.

Numerosos diplomáticos extranjeros fueron invitados a disfrutar de los placeres del Salón Kitty. Entre ellos estuvo Serrano Suñer, ministro de asunto exteriores del régimen franquista, o una comisión italiana, encabezada por el yerno de Mussolini y su ministro de exteriores, quienes se mofaron de Hitler, llamándolo "pequeño payaso ridículo".


Nadie estaba a salvo de ser espiado. Muchos dirigentes nazis acudieron al prostíbulo bajo el rumor de tener un trato especial si acudían al Salón Kitty y pronunciaban la frase en clave "Vengo de Rothenburg". A todos ellos, se les mostraba el catálogo de las mejores chicas disponibles, pudiendo seleccionar a cualquiera de ellas. Incluso a varias, sabemos que el general de las SS Sepp Dietrich, quiso tener a las 20 chicas especiales para montar una orgía.

Fotograma película 'Salón Kitty'

Incluso se grabó al todopoderoso Josep Goebbels, ministro de propaganda nazi, que por lo visto disfrutaba en secretos de "espectáculos lésbicos". 



Pero como en cualquier buena película de espías no puede faltar la parte de contraespionaje. El agente británico Roger Wilson, bajo la identidad encubierta de secretario de prensa rumano "Ljubo Kolchev", descubrió el cableado de los micrófonos ocultos , por lo que se convirtió en un cliente habitual del prostíbulo hasta que tuvo acceso a una de las habitaciones especiales, donde logró pinchar uno de los micrófonos.

Aunque los británicos no lograron extraer información muy valiosa, ya que las escuchas estaban más dirigidas a depurar facciosos dentro del partido, que a sacar información militar.


Algunos de estos informes también recogen que los propios encargados de las escuchas se aprovecharon frecuentemente de los servicios de estas damas, donde se remarca el trato cruel y vejatorio que el propio Heydrich tenía hacia las mujeres.

La Stasi, el servicio de inteligencia de la Alemania Oriental, calculó que la operación Kitty les proporcionó a la Gestapo más de 25.000 grabaciones, aunque la mayoría de las cintas fueron destruidas, por lo que se cree que no lograron extraer información vital para el transcurso de la guerra. 

Fin de la Operación Kitty

Cartel de la película de Tinto Brass.

El operativo finalizó de forma abrupta, ya que, durante un ataque aéreo británico, en julio de 1942, el edificio que albergaba el Salón Kitty fue destruido. Las autoridades nazis viendo los escasos resultados de la operación no pusieron mayor interés en retomar el asunto.

Gracias a los servicios prestados, las SS permitieron a la señora Schmidt abrir un nuevo burdel en otra dirección, que siguió funcionando después de la guerra, bajo la dirección de los hijos de la señora Schmidt.

Como podéis imaginar esta historia, tan peliculera, ha sido llevada al cine varias veces, aunque todas ellas sin demasiada fortuna. Su versión más conocida es la polémica película de Tinto Brass, Salon Kitty.







sábado, 21 de septiembre de 2019

Los amantes de Isabel II de España

La vida amorosa de Isabel II de España:
- Parte I: Regencia, matrimonio y un bastardo real
- Parte II: Los amantes de Isabel II
- Parte III: Los Borbones en pelota

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Parte II: Los amantes de Isabel II


En la anterior entrada ya vimos como Isabel II se adentró desde muy joven en el terreno de la sensualidad y el erotismo, y aquelló que probó le gustó. Si a eso sumamos su carácter fogoso, apasionado, inquieto y caprichoso tenemos a una mujer rebosante de ardor sexual.

Y para colmo de males, por el otro lado tenemos un marido incapaz, ya fuese por un problema médico o por su orientación sexual, lo que convirtió el matrimonio en un problema de estado, ya que la "cuestión de Palacio" amenazaba con convertirse en un sonado escándalo. La reina, insatisfecha sexualmente, amenaza con el divorcio, y sugiere que la noche de bodas nunca se consumó el matrimonio. Francisco de Asís, humillado ante las continúas infidelidades de su mujer, amenaza con abandonar el Palacio Real.

Este cóctel explosivo sólo se pudo detener con la herramienta que mejor soluciona cualquier problema... ¡el dinero! Se rumorea que Francisco resignado a la situación de rey consorte (y cornudo) optó por chantajear a la reina por sus continuas infidelidades, exigiendo dotes económicas cada vez que el protocolo le obligaba a reconocer a un nuevo hijo o cada vez que pillaba in fraganti a la reina en una de sus infidelidades.

Y como veremos a continuación, sus amantes no fueron, ni uno, ni dos, sino que fueron pasando y alternándose durante toda su vida, desde su infancia hasta su vejez...

Retrato de Isabel II de España.

El general bonito


Su primer gran amor fue el general Francisco Serrano, poco después de casarse encontró consuelo en este gallardo militar, 20 años mayor que ella, y que rápidamente se convirtió en su favorito, en una relación que duró un par de años.

En ese tiempo Serrano, que ya era un militar de enorme prestigio, empezó su fulgurante ascenso político, convirtiéndose en el favorito de Isabel, dándole una gran influencia dentro de la política del país.


El general Serrano.
Su romance, tan apasionado como cada vez más público, se convirtió en un grave problema político y todo un escándalo, por lo que se decidió cortar por lo sano y cesar al general en todas sus funciones y trasladarlo fuera de Madrid.

El encargado de tomar esa decisión fue Narváez, otro militar, que como el propio Serrano, siempre estuvieron obsesionados con el poder político, que resolvió esta crisis institucional en 1848, reconciliando a la reina con su esposo (o al menos consiguiendo que guardasen las formas de manera pública, conviviendo conjuntamente) y apartando de la vida pública a Serrano varios años.

Francisco Serrano fue su primer gran amor, la reina con tal sólo 16 años cayó rendida ante aquel impetuoso y valeroso militar, de tan buena planta, que Isabel le llamaba "el general bonito". Serrano le enseñó el camino del deseo, la pasión y el sexo, fue el primer hombre que le rompe el corazón y volverá a la política posteriormente, hasta que finalmente, 20 años después de su romance, el propio Serrano encabezará la revolución del 68 "La Gloriosa", que terminará con el exilio de la propia Isabel... cosas del amor y el poder....


Manuel Lorenzo de Acuña y Devite, marqués de Bedmar


Se quedó la reina sin su "general bonito" y Francisco de Asis volvió a Palacio como signo de reconciliación, pero Isabel, joven y enamoradiza, rebosante de ardor juvenil, pronto quedó prendada de un joven y atractivo marqués. El marqués de Bedmar, un grande de España, con el que compartía la afición por los bailes, teatros y casinos.

Aunque casado, el marqués se deja querer, y la reina, arrebatada de deseo, le envía tórridas cartas de amor: "yo te adoro con una locura y un frenesí que no te puedo explicar".  El carácter fogoso, caprichoso e inmaduro de la reina hacen que los amantes vayan pasando por la alcoba real, con cada vez menos recato.


El "pollo Arana"


Isabel II  y su hija "la Araneja"
por Winterhalter, 1852
Después de dos partos, de dudosa parternidad, donde los niños nacieron muertos, al tercer parto por fin Isabel dio a luz a un niña sana, que llamaron María Isabel. Fue inmediatamente proclamada princesa de Asturias y de esta forma la Corona se aseguraba su ansiado heredero.

Pero el escándalo estaba servido, ya que por todos era sabido que no era hija natural del rey consorte, sino de José Ruiz de Arana y Saavedra,  conocido como "el Pollo Arana", un noble guapo y valiente, que cautivó a la reina en uno de esas fiestas de baile que tanto gustaban a Isabel. Por eso, la princesa siempre llevó consigo el sobrenombre de "La Araneja", ya que nadie dudaba de la paternidad de Arana.

Su romance que se alargó entre los años 1850-1856 era considerado tan escandaloso que muchos Grandes de España se excusaron de asistir al bautizo de la niña alegando los más diversos motivos, un desplante ante la vida disoluta que vivía Isabel II.


Miguel Tenorio de Castilla

Miguel Tenorio de Castilla.

Otro de sus grandes amores fue Miguel Tenorio de Castilla, un brillante intelecutal de la época. Estuvo licenciado en leyes, fue poeta y periodista, siendo nombrado varias veces gobernador civil y diplomático, hasta que acabó como Secretario particular de Isabel desde 1859 hasta 1864, momento en que 0'Donnell le apartó de la corte.


Algunos historiadores sospechan que tuvo que ser el padre de las hijas nacidas por esas fechas: María del Pilar, María de la Paz y/o María Eulalia. Y es que tras la proclamación de "La Gloriosa" y el exilio forzado de los Borbones, Miguel Tenorio se exilió junto a ¿su hija? la infanta María de la Paz de Borbón, falleciendo ambos en el exilio en Alemania.


Una larga lista de amantes


Estos primeros escarceos amorosos le abrieron las puertas a mundo de placeres ocultos y sensualidad desbordante que ya no pudo, ni quiso, refrenar... 


El día a día de la reina Isabel se convirtió en un carrusel de sus principales vicios: Iba de fiesta en fiesta y a menudo se acostaba a altas horas de la madrugada para despertar a media tarde. Se vestía ayudada por sus cámaras y devoraba con glotonería todo lo que pusieran por delante sus camareras. Por la tarde, despachaba rápidamente los asuntos de estado que concerniesen ya que prefería dedicar las tardes a juegos y paseos. Cuando llegaba la noche volvía a lucir sus mejores galas y se iba al teatro o a algún baile, sin importarle las habladurías sobre su nuevo amante de turno.

¡Eso sí! Todo ello lo compensaba acudiendo a diario a la Iglesia, era muy beata y siempre le gustó estar rodeada de curas y monjas, tan es así que cuando el padre Claret renunció a su puesto ante la vida disoluta de su pupila y los oídos sordos que hacía de sus castas recomendaciones, la propia Isabel pidió al Papa que intercediese para que el clérigo volviese a Palacio.

Un papa, Pío IX, que cuando le concedió la Rosa de Oro de la cristiandad a Isabel II, dicen que justificó dicho reconocimiento diciendo: "Es puta, pero pía". Y tan pía, ya que donaba una generosa dote anual para las arcas papales por lo que Pío IX le correspondía otorgándole toda clase de bendiciones.

Aparte de esta dote anual, y como bien critica la siguiente ilustración de "Los Borbones en pelota", una información aparecida en la época hablaba sobre el pago de una enorme fortuna a Pío IX por la compra de una bula papal para el perdón de sus pecados carnales.

Isabel II, con un rosario en la mano, abrazada en la cama a Carlos Marfori. El papa Pío IX inciensa a la pareja, flanqueado por Luís Gnzalz Bravo y por Fco de Asís. Al fondo, sor Patrocinio en actitud servicial.
- Ilustración de "Los Borbones en pelota"

Entre la larga lista de amantes que tuvo la reina figuran numerosos hombres relacionados con las artes como José Mirall, cantante catalán; Tirso de Obregón, famoso barítono o Temístocles Solera, poeta y libretista de óperas italianas. La afición de la reina por el teatro y la música hizo que entablara amistad con numerosos compositores y cantantes, por lo que los mentideros madrileños se especulaba que estas amistades iban mucho más allá de simples paseos por las arboledas del Retiro.

El marido de Isabel, aunque cornudo, callaba y aguantaba las continuas infidelidades de la reina,  incluso no tuvo problemas en reconocer a los bastardos reales, siempre y cuando la Corona le asignase una nueva dote económica.


El otro prototipo de varón que encandilaba a la reina era el militar, de buena planta, varonil, vigoroso... es decir, el prototipo de hombre contrario a su marido. Así entre los principales amantes de este corte se le cuentan a los ya citados general Serrano, el marqués de Bedmar o José Santos de la Hera y de la Puente, nombrado conde Valmaseda por la propia Isabel II,


Entre sus romances más peculiares algunos autores citan a un dentista estadounidense llamado McKeon, incluso el toque exótico lo puso un amante turco-albanés, llamado Jorge, al que escribió encendidas cartas de amor:

"Sí, alma mía; sí, mi vida; sí, mi Jorge adorado, tú me enseñarás el albanés y el inglés y todos los idiomas, y yo te enseñaré a ti el lenguaje de mi alma, que es la tuya misma y que te adora infinito, infinito… Quiero que tú reposes de tus fatigas en mi pecho, que se abrasa de amor por ti…"

El apetito sexual de la reina era tan insaciable y su corazón tan caprichoso que no dudó en flirtear con su primo Carlos Luis de Borbón, infante de España y duque de Palma, que le doblaba la edad y encima era ¡¡un carlista convencido!!, que apoyaba públicamente a su rival en la disputa por la Corona.

Y ni el exilio en Francia logró aplacar su fuego amoroso, ya que los amantes siguieron alternándose y pasando por el palacio Basilewski (hoy en día el actual hotel Majestic de París), lugar que se conviritió en la residencia oficial de Isabel II en el exilio, por lo que durante muchos años se conoció como el Palacio de Castilla (recordar que la reina Isabel estuvo más años en el exilio que gobernando).

Palacio Basilewsky, comprado por Isabel II durante su exilio, fue renombrado con el nombre de Palacio de Castilla, convirtiéndose en la residencia oficial de la reina hasta su muerte,

Entre sus amantes más destacados en el exilio caben destacar al capitán José Ramiro de la Puente, 
Hattman, un judío; o su queridísimo Carlos Marfori, quien le acompañó en los días más duros de su exilio.

Carlos Marfori


El último gran amante de Isabel II como reina de España fue Carlos Marfori, un antiguo panadero, pariente de Narváez, que por su vertiginoso ascenso social fue el que más críticas desató entre los enemigos de la Corona, ya que se le consideró un simple buscavidas que supo ganarse el corazón de la reina e ir acumulando cargos hasta alcanzar el rango de ministro de Ultramar en 1867.

Este nuevo amante reunía todos los encantos físicos que atraían a nuestra reina: era alto y fornido, moreno, y con bigote y patillas generosos. Así nos los describía Manuel del Palacio:

"Hombre vestido a lo jaque, con chaquetilla corta o marsellés abrochado, según las estaciones, amén de sombrero gacho, polainas y demás adornos y arrequives. Su rostro, en armonía con su traje, ostentaba unas enormes patillas de las llamadas de «boca de jacha»".

Marfori, era valeroso y arrogante, con aires chulescos y gran mujeriego, ya había quedado embarazada a una sobrina de Narváez, por lo que se vio obligado a casarlo con ella, para salvaguardar la honra familiar.

Francisco de Asís, con los ojos vendados, alumbra una escena que transcurre en la alcoba real. En ella, el padre Claret bendice a la reina y a Carlos Marfori, vestido de pastelero.
- Los Borbones en pelota

Por su carácter, de hábil político y hombre decidido, supo ganarse la confianza de Isabel y conquistarla, acumulando más títulos y rangos. Acompañó a la reina al destierro, instalándose con ella en un hotel parisino, conocido como Palacio de Castilla.

Se guarda una carta de despedida de la reina Isabel a Marfori, fechada en París, en enero de 1875, escrita cuando la reina supo que Marfori había sido apresado y encarcelado en su vuelta a España, ya que los viejos rencores seguía latentes a pesar de la restauración de la monarquía en la figura de Alfonso XII.

"Quiero que estas palabras mías se graben en una medalla que lleves como testigo de mi eterna gratitud por la lealtad, abnegación y ejemplar desinterés con que me has acompañado en mi desgracia, (...) Tú, que has sido el más fiel cortesano de mi dolor, cuando la soledad y los desengaños me agobiaban, y que al lucir para mí mejores días decides contra mi voluntad separarte de mi lado, recibe al menos, como única recompensa, que quieras aceptar la expresión indeleble del reconocimiento y del cariño que te conservará siempre el corazón de tu buena amiga, la reina Isabel".

José Ramiro de la Puente


Pero a rey muerto, rey puesto, y caído en desgracia Marfori, la reina no tardó en olvidar su historia de amor con nuevos e impetuosos amantes, el más conocido de todos ellos, por lo escandaloso de esta nueva relación fue José Ramiro de la Puente y González Adín, marqués de Altavilla.

Caricatura de Isabel II marchando, junto sus retoños, hacia el exilio francés.

Esta descripción del cronista Pedro de Répide nos da una idea de la catadura moral de este nuevo amante, al que, a pesar de estar casado, le gustaba degustar la vida nocturna de París:

"Aquel farolón comprometía a la ex reina con sus jactancias, y después de separado de ella no ponía en sus palabras el recato que todo hombre debe usar al referirse a sus triunfos amorosos. Hasta cuando no hablaba dejaba conocer el mudo y elocuente testimonio de un reloj de oro que le suscitaba demasiado frecuentes deseos de conocer la hora, y en el cual se veía grabada esta inscripción: «A mi Ramiro, su Isabel»."


Llegó al Palacio de Castilla en noviembre de 1875 y rápidamente la reina lo designó como secretario personal. Su carácter alegre, desenfadado, fanfarrón y canallesco conquistó el corazón de la reina, que vio rejuvencer su corazón y logró olvidar sus penas con el carácter divertido de este militar.

Esta relación preocupaba, y mucho, a los políticos de la época, que veían con consternación la pésima influencia que ejercía este caballero sobre Isabel II. 


Ésto escribió el embajador español de París a Cánovas:

"La Reina, cada vez peor. Va a todas partes… con el amigo. Pero lo que no creerá usted es que fue a comulgar el día de la Concepción en la parroquia de Saint Pierre de Chaillot con él y con la señora; cuando la Reina Cristina me lo contaba, le saltaban las lágrimas de rabia. Quien esto hace, ¿cómo quiere usted que pueda respetar ni sus palabras ni sus escritos?"

El duque de Miranda también informaba a Cánovas sobre la vida disoluta de este sujeto, su mujer y la reina, y el desprestigio que suponía la actitud de la reina para la institución monárquica:

"Ahora le da por ir a todas partes, de día al bulevar y de visitas, de noche a los salones de los particulares… Pero lo que da al caso trascendencia mayor y le reviste de circunstancias que se prestan al ludibrio es que la señora va a todos estos sitios acompañada de Puente y su mujer. Ésta llama la atención por su enorme corpulencia; todos preguntan quién es y cuando le dicen el nombre llueven las pullas y las burlas más sangrientas (...) y todos padecemos al ver a la que es reina madre arrastrando por los suelos el decoro de una monarquía tan penosamente restaurada y tan rodeada aún de enemigos y peligros". 

Y como a todos sus amantes lo cubrió de títulos y condecoraciones: Placa del Mérito Militar, Encomiendas de Isabel la Católica y de Carlos III, cruces de San Gregorio y del Sol de Persia por doquier…

El último amante


Isabel II.
Con el paso de los años y la proclamación de Alfonso XII como rey, los últimos años de la reina en el exilio se van convirtiendo en soledad. Las antiguas visitas de políticos, militares, nobles y buscavidas en general, que buscaban el favor de la reina van desapareciendo, sus antiguos amigos van muriendo, y el silencio y la soledad se van instalando en el Palacio de Castilla. Le acompañan en estos últimos años de exilio la duquesa de Almodóvar y el conde de Parcent, que residen con ella en el hotel.

Pero su más fiel compañero será un enigmático húngaro de ascendencia judía, Josep Haltmann, de pelo negro y rizado y largos bigotes. Haltmann fue nombrado secretario de la reina, administrando con eficiencia la tesorería real, convirtiéndose en su último compañero de viaje hasta la muerte de Isabel II un 9 de abril de 1904.

Y como cuentan las malas lenguas, cuando Haltmann aparecía en los aposentos de la reina, sus servidores debían retirarse, quedándose a solas "charlando" hasta altas horas de la madrugada.


Una familia de bastardos reales


No nos puede extrañar que tras una vida sexual tan agitada Isabel lograse formar una familia bastante numerosa, a pesar de los abortos que tuvo y los nacimientos que no lograron alcanzar la edad adulta.

Oficialmente la reina tuvo doce embarazos, 2 abortos y 10 partos, de los que sólo cinco hijos lograron alzanzar la mayoría de edad.


Se ha especulado mucho que los dos primeros embarazos que tuvo, que acabaron en aborto, fueron posiblemente los únicos hijos legítimos de su marido, y nacieron muertos por la alta endogamia existente entre los cónyuges. Por ello, al resto de hijos alumbrados se les considera fruto de las relaciones extramatrimoniales de la reina.

De los infantes supervivientes tenemos:

- Isabel, nacida el 20 de diciembre de 1851, conocida como "La Araneja", y más tarde, como "La chata", hija de José Ruiz de Arana.
- Alfonso, futuro Alfonso XII, nacido el 28 de noviembre de 1857,  y apodado "El Puigmoltejo", por ser hijo de Enrqieu Puigmoltó.
- Pilar, Paz y Eulalia, naciadas en 1861, 1862 y 1864, consideradas hijas de Miguel de Tenorio, viviendo una de ellas junto a su padre en el exilio en Alemania.


Caricatura de la lucha por la Corona española entre la familia de los Borbones
"Una familia modelo", revista "La Flaca"




Bibliografía:


Zavala, J.M.; Bastardos y Borbones: Los hijos desconocidos de la dinastía

Fontana, J. y Millares, R.; Historia de España.

Ríos Mazcarelle, M.; Diccionario de los Reyes de España.

http://www.tiempodehoy.com/cultura/historia/el-nacimiento-escandaloso-de-alfonso-xii

https://blogs.larioja.com/historias/2014/04/16/la-atribulada-vida-sexual-de-la-reina-isabel-ii-y-su-ginecologo-riojano/

 https://blogs.larioja.com/historias/2016/12/22/forzo-salustiano-olozaga-a-la-reina-isabel-ii/

http://www.elespiadigital.org/images/stories/Documentos7/CR%C3%93NICAS%20REALES;%20ISABEL%20II.pdf

https://desdelaterraza-viajaralahistoria.blogspot.com/2014/09/isabel-ii-amante-y-madre.html

https://www.megustaleerenespanol.com/libros/bastardos-y-borbones/MES-016584/fragmento



martes, 6 de agosto de 2019

La vida amorosa de Isabel II: Un matrimonio desastroso y un bastardo real

La vida amorosa de Isabel II de España:
- Parte I: Regencia, insatisfacción matrimonial y un bastardo real
- Parte II: Los amantes de Isabel II
- Parte III: Los Borbones en pelota

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Parte I: Regencia, insatisfacción matrimonial
y un bastardo real


La vida amorosa de Isabel II fue tan variada y tan llena de sobresaltos como su propio reinado: guerra civil entre carlistas e isabelinos, pronunciamientos militares, exilio político, ...

Dos aspectos fundamentales marcaron su vida, condicionando su personalidad y posteriores acciones políticas: la ausencia de un ambiente familiar afectivo y la inadecuada formación cultural y política para una mujer destinada a regir los destinos de una nación.

- Huérfana de padre, con apenas tres años de edad, su madre, encargada de la regencia, se interesó más en su rehacer su vida al lado de su amante que en su propia hija. Por lo que el único interés que mostró en su hija era como poder controlarla y manipularla para sus propios fines e intereses.

- La ausencia de un núcleo familiar que le sirviese de protección hizo que su educación cayese en manos de las familias políticas de la época, y ni progresistas ni moderados mostraron el menor interés en preparar a Isabel II para el gobierno, sabiendo que cuanto más ignorante fuese, más fácil sería servirse de ella y manipularla a su antojo.

 El conde de Romanones dio de ella una descripción bastante ilustrativa en cuanto a su personalidad: “A los diez años Isabel resultaba una retrasada; apenas si sabía leer con rapidez; la forma de su letra no era elegante, sino la propia de las muchachas del pueblo; (...)Odiaba la lectura; no había libros, por atrayentes que fueran que la llamaran la atención; su único entretenimiento eran los juguetes y los perritos;  (...). De este ambiente nada selecto y aun netamente ordinario, se resintió toda su vida”.

En cuanto al carácter de Isabel II, sus contemporáneos la definieron como una mujer de carácter alegre y generoso, pero también caprichoso y excesivamente apasionado y temperamental, que se tradujo en una vida sexual igual de impulsiva.

No sólo utilizó el sexo como una forma de escapar de un matrimonio roto desde el principio, satisfaciendo sus pasiones amorosas con guardias, nobles o militares, sino que utilizó su arrolladora sexualidad como herramienta para ejercer un poder político que se le negaba continuamente desde las instituciones políticas.


Como última pincelada a su personalidad, y como suele ser habitual en nuestros muy católicos monarcas, tuvieron que convivir con esa contradicción entre una sexualidad desbordante y un ferviente catolicismo. Una vez satisfechas sus pasiones corría a confesar sus pecados ante la camarilla de curas y monjas beatas que siempre la rodeó, como el padre Claret o Sor Patrocinio, que tuvieron una poderosa influencia en la vida de la reina.

El padre Claret tira de una soga sujeta al cuello del cornudo Francisco de Asís mientras sor Patrocinio le apremia con un látigo, en su huida al exilio francés.
- Ilustración de "Los Borbones en pelota"



De casta le viene al galgo... La regencia de María Cristina


Isabel II no tuvo una infancia fácil, su padre Fernando VII, el "peor rey que tuvo esta nación de pésimos reyes", murió cuando ella sólo tenía 3 años. Por lo que tuvo que ser su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, quién ejerció la regencia durante la minoría de edad de Isabel (1833-1840)

Aunque esa regencia no fue nada fácil de sostener, no sólo por cuestiones políticas (guerras carlistas) sino también por cuestiones morales... Y es que la reina no tardó mucho tiempo en olvidar a su difunto marido, ya que a los dos meses ya paseaba con su primer amante oficial. El agraciado era un sargento de la Guardia Real, llamado Fernando Muñoz.

La reina regente María Cristina de Borbón y Dos Sicilias.

Y a pesar de querer acallar los rumores sobre la vida amorosa de la reina regente, había algo que era imposible ocultar... los continuos embarazos de María Cristina, por lo que os podéis imaginar el papelón público al que se enfrentaba la reina, que lejos de cumplir su papel de mujer viuda y guardar el debido, y muy católico, luto a su marido, paseaba amantes y embarazos.

Los españoles, que de siempre hemos sido muy tercos y cerrados para unas cosas, pero para asuntos del cachondeo, la mofa y el escarnio público no nos gana nadie... Pronto aireamos todos estos asuntos de palacio: "La regente es una dama casada en secreto y embarazada en público" se comentaba con fina ironía en las tabernas del país.

Más ahínco pusieron sus enemigos carlistas en difamar a la reina popularizando coplas y canciones como esa que decía:
Clamaban los liberales
Que la reina no paría
¡Y ha parido más muñecones
Que liberales había!


Una niña como reina de España


Retrato de Isabel II.
Todos estos escándalos de la Corte, que al ser protagonizados por una mujer alcanzaban un matiz mucho más grave, provocó que la regencia se apartara de María Cristina y cayera en manos del general Espartero, y finalmente se adelantase la mayoría de edad de Isabel II a trece años, para que pudiese reinar.

Pero a los 13 años, siendo una niña, nadie puede reinar, y eso lo sabía, su madre, pero también todos los políticos, militares y servidores palaciegos, que buscaron de cualquier forma y a cualquier precio acceder a esa niña, sin apenas protección familiar, y muy fácilmente manipulable, para así satisfacer sus intereses políticos.

De su madre, Isabel heredó un temperamento caprichoso, impulsivo y una ardiente sensualidad que manifestó desde edad muy temprana, con reiteradas e insolentes preguntas sobre el sexo que puso en más de un apuro a sus sirvientes y a sus ayas.

Muchos historiadores han querido ver en la agitada vida sexual que llevó la reina una consecuencia de los traumas que sufrió de pequeña, no sólo por un continúo estado emocional de desamparo, sino también por diversas situaciones de índole sexual que vivió siendo una niña, con una acusación de violación de por medio...


La ¿violación? de la reina Isabel II


Con apenas 14 años de edad la reina ya se vio inmersa en un escándalo de índole sexual... Un posible caso de violación o abuso sexual por parte de uno de sus preceptores, el político progresista Salustiano de Olózaga.

La versión oficial nos relata que Salustiano, nombrado presidente del Consejo de Ministros, trató de presionar a la reina para obtener la disolución de las Cámaras, de mayoría conservadora, y la forzó a firmar el documento bajo el uso de la violencia e intimidación de la joven reina.

Un joven Salustiano de Olózaga dando un discurso político en el café Lorenzini de Madrid.
La estafeta de Palacio.

Todo ello pasó en la noche del 28 de noviembre de 1843, en la alcoba del Palacio Real de la propia Isabel II, según la propia declaración que hizo la reina ante las Cortes, mediante un escrito leído por el moderado González Bravo, unos días después:

"Olózaga se interpuso y echó el cerrojo de esta puerta. Me agarró del vestido y me obligó a sentarme. Me agarró la mano hasta obligarme a rubricar. Enseguida Olózaga se fue, y yo me retiré a mi aposento. Antes de marcharse Olózaga me preguntó si le daba mi palabra de no decir a nadie lo ocurrido, y yo le respondí que no se lo prometía".

Esa carta, dictada a viva voz por la reina, provocó tal escándalo que convulsionó el panoroma político español, y es aquí donde entran toda clase de teorías:


Teoría conspirativa:


Todo fue un montaje por parte de la facción más conservadora para hacerse con el control del país, tal y como sucedió. Es decir, un golpe de Estado encubierto con el que los moderados se hicieron con el poder. 


Retrato de Narváez.
Y es que no sólo Salustiano Olózaga cayó en desgracia, teniendo que huir del país ante el temor de ser fusilado ante las acusaciones que se estaban levantando contra su persona. Sino, que con él, cayó todo el ala progresista, lo que permitió al partido moderado, ocupar el poder durante 10 años, en la conocida como "década moderada", con Narváez como líder, y aprobando la Constitución de 1845, una nueva constitución bastante conservadora y restrictiva con los nuevos avances sociales que la población exigía.

Según esta teoría, la facción conservadora sabedores de las intenciones de Olózaga, mandaron a la marquesa de Santa Cruz, aya de la reina, a espiar los movimientos en los despachos reales, por lo que cuando la marquesa informó a Narváez y González Bravo de la firma de tal documento, corrieron a toda prisa a Palacio a intentar frenar dicho documento.

Por lo que entre unos y otros, alarmaron de tal modo a la reina, presionándola sobre el documento que había firmado, que buscaron una excusa para justificar el porqué la reina había firmado dicho decreto. Como argumenta el académico García Nieto en su ensayo "Los sucesos de Palacio del 28 de noviembre de 1843", no se sabe si fue cosa solo de la reina excusarse bajo el tema de la violencia o fue un plan urdido entre todos para desacreditar al líder de la oposición y asegurarse el poder.


Teoría amorosa:


Portada del ensayo:
"Un drama político"
Algunos historiadores, con Ricardo de la Cierva a la cabeza y su novela "El triángulo: alumna de la libertad", afirmaban que don Salustiano había sido en realidad el primer amante de la reina, encargado de desflorarla y que mantuvieron una relación amorosa, gracias a la arrolladora personalidad del político, con fama de galán y conquistador.

Álvaro Figueroa, conde de Romanones, en su ensayo "Un drama político, Isabel II y Olózaga" también apunta en ese sentido, y cree que lo sucedido fue un arrebato amoroso de una noche, Isabel impresionada por el carácter del político se dejó hacer, y Olózaga, por esa vanidad masculina, de atribuirse el desvirgamiento de una mujer, ¡y qué mujer!, nada más y nada menos que la reina de España, la sedujo sin más contemplaciones.


Al día siguiente, Isabel II arrepentida por haberse dejado llevar por la pasión amorosa y al estar tan presionada por sus más directos colaboradores,  intentó revocar la firma del decreto argumentando la utilización de la fuerza física.


No puedo dejar de recoger otra teoría aún más conspirativa, que nos habla que Olózaga formaba parte de la orden masónica y que le fue encomendada la misión de seducir a la reina niña por encargo de la Orden para manipularla en favor de sus intereses.

Retrato de Olózaga
Nunca sabremos que ocurrió realmente aquella noche en la habitación de la reina entre Olózaga e Isabel II. Por todos es sabido, que ambos mantenían una excelente amistad, ya que durante meses el político riojano fue su mentor. También resulta extraño que una reina reciba en solitario y en sus aposentos privados a un ministro a altas horas de la noche.

¿Qué pasó en aquella cámara real? Nunca lo podremos saber, lo único cierto es que aquel incidente marcó el inicio del reinado de Isabel II, y las consecuencias de todo lo ocurrido aquella noche, empezó a forjar su exilio y sus "tristes destinos".




Desastroso matrimonio:


Como a toda reina soltera, lo primero que se le trató de buscar fue un marido, y no era asunto baladí, ya que un matrimonio real era una cuestión de estado que afectaba al equilibrio de la política internacional europea.

Así que tras mucho discutir, y con apenas 16 años, tomaron la decisión de casarlo con su primo Francisco de Asís. Era la opción que menos molestaba a cualquier otra facción política, pero seguramente fue la peor decisión para la joven Isabel, que cuando se enteró de la designación final exclamó: "¡No! Con paquita, no!"

Y es que Francisco de Asís era un hombre muy afeminado, sobre el que corrían infinidad de rumores sobre su sexualidad: una malformación en el pene le impedía mear de pie, y una más que evidente homosexualidad hizo que se le conociese por los motes de Doña Paquita y Paco Natillas.

Grabado de los reyes Isabel II y Francisco de Asís


Así definió el historiador Pierre de Luz al monarca:

“Pequeño, delgado, de gesto amanerado, de voz atiplada y andares de muñeca mecánica. En la intimidad lo llamaba el pueblo Paquita, Doña Paquita, Paquita Natillas o Paquito Mariquito. Le gustaban los baños, los perfumes, las joyas y las telas finas”.

Cuenta la leyenda que la propia reina comentó sobre la noche de bodas:
"¿Qué podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo?". 


Incluso el carácter de ambos contrayentes era totalmente dispar: Francisco de Asís era culto, refinado, presumido, tranquilo, incluso sumiso, le gustaba la soledad y vivir en tranquilidad. Isabel era todo lo contrario: inculta, extrovertida, amante de fiestas, pasional, le gustaba el trato con el pueblo y tenía un gran sentido del humor.

No nos puede extrañar que el pueblo popularizase esta letrilla durante la celebración de la boda:

Isabel tan frescachona y
Don Paquito tan mariquito

La desastrosa noche de bodas, sumado a la exuberante sensualidad de la reina, y al descaro con el que paseaba Isabel a sus amantes hizo que el matrimonio pronto empezara a resquebrajarse. Además, Francisco de Asís harto que su suegra, su mujer, los políticos, le ninguneasen y no le permitiesen tomar ninguna decisión política, pronto abandonó el lecho conyugal, trasladando primero sus pertenencias a otra ala del palacio, y más tarde, marchándose a vivir al Pardo, como signo de protesta ante el descarado romance que mantenía la reina con el general Serrano.

Ilustración caricaturesca del rey consorte como cornudo mayor del Reino.
Los Borbones en Pelota.
El rey consorte no pedía que la reina no tuviese amantes, sino que fuera más discreta de cara al público, y que sus amantes al menos le tratasen con el debido respeto. Y es que Francisco de Asís también tuvo sus propios amantes masculinos, aunque sus relaciones siempre fueron muy discretas y menos fogosas, ya que durante toda su vida siempre estuvo acompañado de un apuesto y joven aristócrata llamado Antonio Ramón Meneses, que incluso le siguió en sus años en el exilio. 


A pesar de todos estos rumores, el matrimonio real tuvo varios hijos, aunque siempre bajo la sospecha de ser fruto de las infidelidades de la reina, ya que hay historiadores que creen que el matrimonio jamás se llegó a consumar.


Fotografía del matrimonio real.
Casi era más preocupante que tuvieran hijos legítimos que ilegítimos, ya que el grado de consanguineidad era demasiado alto, incluso para un enlace real, eran primos hermanos ¡¡por partida doble!! por lo que los hijos de ambos sumaban hasta ocho veces el apellido Borbón.

Pero la reina, no tuvo suerte ni con su matrimonio ni con sus hijos, ya que aunque se les reconocen 12 embarazos oficiales, varios de ellos terminaron en  abortos o los neonatos fallecieron al cabo de muy poco tiempo, por lo que sólo cinco sobrevivieron a la edad adulta.

En definitiva, fue un matrimonio abocado al fracaso desde el primer momento, con un marido incapaz de satisfacer las necesidades amorosas de Isabel, por lo que siendo como era una mujer fogosa y temperamental, no dudó en llenar ese vacío con numerosos amantes.


La discutible paternidad del futuro rey de España


En una España que tuvo que sufrir tres guerras civiles en el siglo XIX por la falta de heredero varón de Fernando VII, el nacimiento de hijo varón sano (1857) hizo que todo el pueblo de Madrid estallase de júbilo cuando se anunció desde Palacio que la reina Isabel había tenido un varón.

Con este nacimiento se evitaba entrar en una nueva guerra carlista y el joven príncipe, Alfonso de Borbón, terminaría ciñéndose la corona de España bajo el nombre de Alfonso XII (1874-1885).


Se celebró en toda la capital del reino, y en las tabernas y calles pronto empezaron a tronar las salves al "Puigmoltejo", y es que con ese apodó se conoció a Alfonso XII, ya que toda la historiografía oficial parece reconocer que el padre no fue el rey consorte, sino un gallardo militar, llamado Enrique Puigmoltó, un capitán de Ingenieros, cuya cercanía a la reina, ya había dado mucho que hablar meses antes del nacimiento del ansiado príncipe de Asturias.

Pero si ese recién nacido evitaba otra guerra carlista,
¿qué importaba quién fuera el padre?


Isabel II con su hijo Alfonso XII.
El romance de Puigmoltó con la reina se alargó durante tres años, tiempo durante el cual consiguió toda clase de condecoraciones y prebendas: fue nombrado Vizconde de Miranda cuando la reina se enteró del embarazo, le fue otorgada la Gran Cruz de San Fernando,...

Sólo tras el nacimiento del bastardo real, y tras las presiones de políticos, amigos y hasta el mismo Papa, se consiguió mantener las apariencias y forzaron a Puigmoltó a alejarse de la Corte y volver a su Valencia natal, donde siguió con su fulgurante carrera y cobrándose sus favores reales.

Una carta de 1857, escrita por Giovanni Simeoni, representante de los Negocios de la Santa Sede en la capital parece confirmar la presunta paternidad de Puigmoltó:

"...que el general Narváez había hablado fuertemente con Isabel II de la obligación de acabar con el escándalo (el romance con el militar valenciano), que habiéndose sido en estos últimos meses tan enérgicas las expresiones, que la misma Reina, llorando, le repuso: "¿Es que deseas que aborte?”.






Bibliografía:


Zavala, J.M.; Bastardos y Borbones: Los hijos desconocidos de la dinastía

Fontana, J. y Millares, R.; Historia de España.

Ríos Mazcarelle, M.; Diccionario de los Reyes de España.

http://www.tiempodehoy.com/cultura/historia/el-nacimiento-escandaloso-de-alfonso-xii

https://blogs.larioja.com/historias/2014/04/16/la-atribulada-vida-sexual-de-la-reina-isabel-ii-y-su-ginecologo-riojano/

 https://blogs.larioja.com/historias/2016/12/22/forzo-salustiano-olozaga-a-la-reina-isabel-ii/

http://www.elespiadigital.org/images/stories/Documentos7/CR%C3%93NICAS%20REALES;%20ISABEL%20II.pdf

https://desdelaterraza-viajaralahistoria.blogspot.com/2014/09/isabel-ii-amante-y-madre.html

https://www.megustaleerenespanol.com/libros/bastardos-y-borbones/MES-016584/fragmento

miércoles, 17 de julio de 2019

Frases y Expresiones: Llevar al huerto

 Frases y Expresiones:

I.- Te pongo mirando a Cuenca
II.- Echar un polvo
III.- Mujer de bandera
IV.- Espaguetis a la Puttanesca
V.- Irse de picos pardos
VI.- Llevar al huerto
VII.- Poner los cuernos (próximamente)

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LLEVAR AL HUERTO

 
Retomamos nuestra sección de frases y expresiones sexuales buscando el origen de una expresión tan popular como "llevar al huerto" que según la R.A.E. puede tener dos significados:

- Seducir a alguien sexualmente
- Lograr convencer a alguien.

En ambas definiciones, se sobreentiende que se trata de convencer a la otra persona a través de triquiñuelas, engaños y mucha persuasión, por lo que la definición engloba un toque de malicia.

Investigando sobre el porqué de esta expresión, resulta muy curioso descubrir que los dos significados que tiene parecen coincidir a la perfección con las teorías etimológicas que nos hablan sobre el origen de popular expresión.




ORIGEN SEXUAL DE LA EXPRESIÓN: CALISTO Y MELIBEA

Entrada al huerto de
Calixto y Melibea
La teoría más aceptada es que el nacimiento de esta expresión tiene un origen literario, nada más y nada menos, que en uno de las obras cumbres de la literatura universal, "La tragicomedia de Calisto y Melibea", ¿qué te suena pero no sabes de qué? Es que no es otra obra que la universal 'La Celestina' de Fernando de Rojas.

Aiiinnssss que recuerdos del instituto ¿verdad? Y es que no hay estudiante que no haya tenido que estudiar esta obra cumbre que da inicio al Siglo de Oro de la literatura española. Pues en esta novela "el huerto" adquiere un gran protagonismo...

En es un huerta, donde por primera vez Calisto, un joven de la nobleza, que persigue a un halcón huido se encuentra con Melibea, de la que se enamora perdidamente. Y aunque le tira los tejos, con las más tiernas palabras de amor, sólo consigue el rechazo de la muy honrada Melibea.

Calisto,  lleno de dolor, regresa a su hogar, pero su criado, al ver el estado de ánimo de su señor, le recomienda los servicios de Celestina, una alcahueta, que puede conseguir que Melibea caiga rendida a sus pies. Calisto, desesperado, acepta el ofrecimiento.

Y es así, como la Celestina, a través argucias, engaños y un poco de hechicería, consigue que Melibea acepte un encuentro con Calisto, a través de la valla del huerto.

En los siguientes encuentros, Melibea deja entrar en su huerto al impulsivo Calisto, y consuman su amor... con erótico (y trágico ) resultado.



EL HUERTO DE CALISTO Y MELIBEA

Como curiosidad, añadir que este famoso huerto de Melibea se puede visitar, ya que está situado en el casco antiguo de Salamanca, y se halla en el lugar donde se cree que Fernando de Rojas ubicó el lugar de encuentro de los protagonistas y escenario del trágico desenlace de la célebre novela.

Es un pequeño espacio ajardinado sobre la muralla de la ciudad con unas hermosas vistas de las Catedrales y de la ribera del Tormes. En la entrada del jardín, os recibirá un busto de bronce de la famosa Celestina, y os recomendamos daros un romántico paseo por este rincón escondido de la ciudad salmantina.


El Huerto de Calisto y Melibea, con la escultura de La Celestina, obra de Agustín Casillas, al fondo.
Foto: Pablo de la Peña. Origen: La Crónica de Salamanca



ORIGEN TRÁGICO DE LA EXPRESIÓN:  LOS CRIMENES DEL HUERTO

El otro posible origen de esta expresión es mucho más reciente y tiene que ver con unos trágicos asesinatos que acapararon las portadas de la prensa nacional.


Estamos en el año de 1904, en el pueblo cordobés de Peñaflor, allí vivían los dos delincuentes protagonistas de nuestra historia, Juan Aldije, apodado "el francés", y su socio José Muñoz Lopera. Ambos trabaron amistad y se hicieron compinches en sus primeras fechorías: robos y estafas varias relacionadas con el mundo del juego.

Pronto idearon un plan para robar y asaltar a incautos forasteros... Lopera, que era habitual de las timbas de cartas que se realizaban por la zona, era el que estudiaba a la futura víctima, buscando algún comerciante o forastero que estuviese de paso y con pinta de llevar con él unos buenos cuartos.
Trababa amistad con ellos en alguna taberna o posada, y les comentaba que si querían participar en un lucrativo "negocio".



El negocio que les proponía era compincharse para desplumar a un adinerado francés muy aficionado a las cartas que vivían en una finca a las afueras de Peñaflor. Por lo que, gracias a la labia y el poder de persuasión de Lopera, más de un incauto le acompañaba hasta la casa del "francés".

La casa estaba situada a las afueras del pueblo, contaba con cuadras, corrales y, como no podía ser de otra forma, un gran huerto. La finca había adquirido cierta fama por la organización clandestinas de timbas de cartas.  Así que, el "francés" les recibía a la entrada de la finca, y con muy buenas formas y modales, les daba la bienvenida a su hogar y les apremiaba a que entrasen en la casa por un camino muy estrecho que dividía el huerto en dos partes.

'Por favor, ustedes primero' les decía el "francés", y cuando se encaminaban hacia la casa, aprovechaba para partirles la cabeza, atacándoles por detrás con una barra de hierro. Allí mismo, les despojaban de todas sus pertenencias y lo enterraban rápidamente en el huerto de la finca.



Finalmente serán descubiertos, gracias a la investigación impulsada a raíz de la desaparición de Miguel Rejano, la última de sus víctimas, ya que el primo del fallecido, Juan Mohedano, atendiendo a las súplicas de la viuda, inició una investigación por su cuenta, y con la ayuda del ex-policía Laureano Rodríguez, reconstruyeron sus últimos pasos hasta dar con la fonda donde se hospedó por última vez. Una vez allí empezaron a surgir los nombres de los sospechosos, y un tercer socio, un tal Borrego, que también era asiduo a las timbas que se organizaban en la zona, y testimonio clave en la investigación, ya que parece que fue él, quién soltó el chivatazo sobre los cadáveres ocultos en el huerto.

Una vez presos, ambos confesaron un total de 6 crímenes, cometidos entre los años 1898 y 1904, acusándose mutuamente de ser los autores materiales de los asesinatos. Y detallando el modo de asesinar a sus incautas víctimas:  


En su declaración detallaron con les hacían caminar por un estrecho camino de acceso a la finca, y cuando el gancho les distraía diciendo la frase: "cuidado con la cañería", el francés aprovechaba que miraban hacia el suelo para propinarles un fuerte golpe en la cabeza y rematarlos en el suelo con un martillo.



La prensa nacional siguió con mucha atención todo lo relativo a este caso: los progresos en la investigación de los hechos, la fuga (y posterior entrega) de "el francés", y  ¡cómo no! el juicio sumarísimo al que fueron sometidos, y su condena a pena capital. Ambos fueron sentenciados a garrote vil y ajusticiados en la cárcel sevillana del Pópulo, el 13 de octubre de 1906.

Este caso fue portada en todos los periódicos del país, por lo que rápidamente se popularizó la frase "llevar al huerto" como expresión de convencer a alguien con engaños y triquiñuelas, y salir mal parado.  


Incluso tenemos película sobre este suceso, ya que en los años 70 el director Paul Naschy llevó al cine esta truculenta historia bajo el título de "El huerto del francés"





Bibliografía:


https://confilegal.com/20180823-llevar-al-huerto-es-una-frase-que-se-origino-por-un-suceso-famosisimo/

 https://proyectonaschy.com/2012/03/25/el-huerto-del-frances-de-la-realidad-a-la-ficcion/



martes, 2 de julio de 2019

La agitada vida amorosa de Alfonso XIII


Alfonso XIII tiene el dudoso honor de encabezar la lista de ser el Borbón más mujeriego y juerguista de todos los que han sentado sus posaderas en el trono español. Como a todos los borbones anteriores (y posteriores a él), le volvían loco las mujeres, y mantuvo relaciones extramatrimoniales con un gran número de mujeres, teniendo una especial predilección por cupleteras y artistas de la época.

Fueron tantos sus escarceos amorosos que se le han reconocido oficialmente hasta cuatro hijos ilegítimos, nunca sabremos cuántos quedaron fuera de ese reconocimiento formal. De todos estos bastardos, seguramente haya uno que ustedes conozcan, ya que no dudó en recorrer los platós televisivos de España reclamando su linaje real... el ínclito Leandro de Borbón.

Retrato de Alfonso XIII.

Pero no sólo sus amoríos fueron motivos de escándalo, sus juergas, fiestas y correrías nocturnas en clubes y domicilios particulares fueron muy sonados en la década de los 20. 


Siempre manteniendo un elevado tren de vida, repleto de lujos y caprichos: yates, coches deportivos, viajes por todo el mundo... Un rey que supo amasar un gran fortuna gracias a sus contactos y que le permitió seguir con ese tren de vida, incluso estando en el exilio.


Un poco de contexto histórico...


Aunque todos estamos aquí por conocer un poco más los entresijos de la vida amorosa de Alfonso XIII, no está de más conocer la época que le tocó vivir.

Fue educado para ser un rey liberal y muy católico. Le tocó vivir una época apasionante, donde España buscaba recuperar su prestigio internacional después del desastre del 98. Los mayores problemas durante su reinado fueron las guerras de Marruecos, los movimientos nacionalistas vascos y catalán (tal vez no hemos cambiado tanto en 100 años) y el incipiente movimiento obrero, fruto de que España se habría definitivamente a la modernidad.

La política española estuvo bajo ese particular turnismo entre conservadores (Cánovas y Maura) y liberales (Sagasta  y Canalejas) que ya fuese por separado o en gobiernos de coalición, fueron incapaces de dar solución a todo este hervidero de problemas y pasiones que hervía esa olla a presión que era España. La primera válvula de escape fue la dictadura de Primo de Rivera que consiguió liberar presiones y mantener la temperatura dentro de unos límites estables...

Primo de Rivera, un dictador apoyado por el rey.

Una vez desgastada la fórmula de esta llamada "dictablanda" se intentó restaurar el orden constitucional, aunque la victoria de socialistas y republicanos en las elecciones de 1931 , provocó que el monarca, para evitar males mayores, se exiliase del país, proclamándose la II República.

En el anterior post dedicado a la figura de este monarca ya hablamos también de la ajetreada vida social y nocturna de la España de esa época, donde empezaban a popularizarse el ocio moderno: cabarets, revistas de variedades, el cine,  la pornografía, la prensa rosa, las drogas....

Su matrimonio con Victoria Eugenia


Alfonso XIII conoció a su futura mujer, Victoria Eugenia, en un banquete celebrado en el palacio de Buckingham por el rey Eduardo VII. Era muy habitual en aquellos tiempos, ya que asegurar la línea dinástica con un heredero era primordial, que se preparasen viajes, fiestas y banquetes entre las diferentes monarquías europeas para dar a conocer a futuras candidatas.

Una vez limpiado el expediente de la futura reina (convertirse al catolicismo, elevar la posición de su familia,...) y bajo el permiso de la familia real inglesa se produjo el esperado enlace en la Iglesia de San Jerónimo el Real el 1906.

Un jovencísimo Alfonso XIII y su mujer, Victoria Eugenia.

Aunque se casaron muy enamorados y tuvieron unos primeros años de matrimonio felices, muy pronto la reina descubrió el carácter mujeriego y frívolo de su marido, donde las amantes fueron multiplicándose.


Incluso las amantes oficiales, como la actriz Carmen Ruiz Moragas, con la que el monarca mantuvo una relación estable y duradera, manteniendo una familia paralela.

La escritora Pilar Eyre ha sido quién más se ha acercado a la figura de esta desdichada mujer en la novela que escribió sobre su vida y como nos relata de forma descarnada en su novela "Ena":

"Fue una mujer despreciada por su marido, anulada por su suegra —la reina madre María Cristina—, ridiculizada por la corte, ignorada por sus súbditos y castigada por sus hijos, a la que nadie quiso y que jamás fue feliz".


Pero como suele ocurrir en estos casos, "Ena" como era conocida familiarmente, siempre amó con fidelidad y pasión a su marido, al que siempre perdonaba sus continuas infidelidades. Además, durante todos los años de reinado siempre supo mantener la compostura, y cumplió con el papel que se esperaba de ella, esposas fiel y sumisa, por lo que nunca montó una escena y llevó con resignación la vida libertina de su marido.

Aunque lo que peor llevó fueron los reproches públicos que le hacía Alfonso XIII , culpándola de las enfermedades y discapacidades de sus hijos.


Y es que a pesar de los numerosos hijos que tuvo el matrimonio, hasta siete, tuvieron bastante problemas para dar con un varón sano que asegurase la línea de sucesión. Su primer hijo, Alfonso, nacido un año después de su matrimonio, fue hemofílico, enfermedad heredada por parte de la abuela de ella, la reina inglesa Victoria.

Su segundo hijo, Jaime, nació sordo y renunció de forma voluntaria al trono por su discapacidad. Su tercer hijo varón, nació muerto. Por lo que no fue hasta 1913, cuando nació el infante Don Juan, conde Barcelona y abuelo de nuestro actual Felipe VI cuando por fín aseguraron la línea dinástica directa.

Las amantes


Como casi todos los borbones, Alfonso XIII heredó la lujuria desenfrenada de sus antepasados. El número de amantes que tuvo es incontable, ya que mantuvo relaciones con mujeres de toda clase y condición, con una especial predilección por las artistas y cantantes (tal vez no hemos cambiado tanto en estos 100 años).

Entre sus conquistas se encuentran a grandes artistas de la época como la Chelito, Raquel Meller, Pastora Imperio o incluso la mismísima Mata Hari. 


En sus viajes y escapadas amorosas por las grandes ciudades europeas solía viajar de incógnito presentándose como Duque de Toledo, identidad que le permitía sumergirse tanto en los bajos fondos de las ciudades, como en las fiestas de más alta alcurnia.

Sus primeros escarceos amorosos...


Su primer amorío conocido, fue nada más acceder al trono, con una famosa cantante del teatro Eslava, conocida como Julia Fons. Aunque en esos primeros años de fogosa juventud, su relación más polémica la tuvo con una de las mujeres más bellas de Europa, la francesa Melanie de Vilmorin, mujer casada, con la que tuvo un hijo ilegítimo. Aunque ella siempre adujo que jamás había engañado a su marido, ya que los reyes no contaban.

Beatriz Noon, la niñera.

Otro de sus amoríos más sonados fue con la institutriz irlandesa de los infantes, Beatriz Noon, con la que tuvo una hija ilegítima, Juana Alfonsa Milán y Quiñones. Esta infidelidad, tan cercana al círculo de la reina, hizo que la reina siempre comedida, estallase de ira e hizo expulsar a la niñera de la corte.

Pero esta hija gozó de una especial predilección por parte del monarca, no sabemos si fue por el gran parecido físico que compartía con su padre, pero siempre contó con su protección, encargando su educación a un íntimo amigo suyo. Fue tan estrecha la relación padre e hija, especialmente en sus años de exilio en Ginebra, donde se les podía ver pasear juntos del brazo, que la prensa confundió a esta hija con la nueva amante del rey, a pesar de su gran parecido físico.

Los infantes Alfonso y Beatriz en la
boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia.
Baby Bee, la mejor amiga de la reina.

Una de las comidillas más sonadas de la época, fue el lío amoroso que implicaba a la infanta Beatriz Leopoldina, conocida como Baby Bee, íntima amiga de la reina, y esposa de Alfonso de Orleans y Borbón, primo del rey. Este affaire pone en evidencia el carácter libidinoso del monarca, ya que ninguna mujer estaba a salvo de sus caprichos amorosos, ni siquiera esta infanta, íntima amiga de la reina, que siempre rechazó de pleno los intentos de acercamiento del monarca.


El matrimonio finalmente fue expulsado de la Corte y obligado a residir en Suiza, bajo acusaciones de que Baby Bee era una mala influencia para la reina, por su estilo de vida demasiado moderno. Aunque por todos era sabido que este exilio se debía al rencor y la ira del monarca, que no soportaba el rechazo de la infanta y veía con envidia a este feliz matrimonio, con numerosos hijos sanos, siendo su primo Alfonso de Orleans, un militar de mucha popularidad dentro del ejército.


Carmen Moragas, la amante que pudo ser reina.


Pero de todas las amantes de Alfonso XIII, sólo una llegó a ocupar un lugar importante en su corazón, su nombre, Carmen Ruiz de Moragas, a la que el rey apodaba cariñosamente "Neneta", ya que su relación, aunque con altibajos, se prolongó durante más de tres décadas.

Alfonso XIII estuvo tan locamente enamorado de ella que buscó anular su matrimonio con Victoria Eugenia para convertirla en su reina.


Carmen Ruiz de Moragas fue una mujer de noble cuna, bella, inteligente, feminista, pasional... despertando por igual envidias y devociones. Su vida repleta de escándalos, sexo, lujos y fama fue comidilla de la prensa rosa de la época. Se codeó entre las más altas esferas, despertando elogios y admiración por parte de los maridos, y envidias y rencores por parte de sus mujeres.

Alfonso XIII y la actriz Carmen Moragas.


Ella era la típica mujer que todo hombre quería tener de amante, pero nunca de esposa. Y al mismo tiempo, gozaba de la libertad y descaro que toda mujer aspiraba a tener, pero que la encorsetada sociedad de la época les prohibía ser.


Por lo que no es de extrañar los numerosos percances que tuvo con otras grandes mujeres de la época: la duquesa de Dúrcal logró que la expulsaran del hipódromo, la condesa de Romanones la llamó puta  a la cara, y se cuenta que la reina escupía sobre su rostro, cada vez que lo veía en la prensa de la época.

Pero todo ello, no nos debe hacer olvidar que desde muy joven destacó como una portentosa actriz  dentro de la compañía del María Guerrero y que pronto se convirtió en la primera actriz del Teatro Español. Por lo que desde la primera vez que el monarca la vio actuar quedó prendado del carácter y la belleza de esta mujer.

Su relación se prolongó varias décadas, y de ella, nacieron dos hijos: María Teresa, que murió muy joven, y el famoso Leandro de Borbón, personaje muy popular de nuestra televisión, ya que nunca dejó de pelear por que reconociesen su linaje real. Con ellos, formó una familia paralela, a la que siempre amó, siendo de los pocos bastardos reales a los que quiso reconocer.  Se cuenta que hasta la propia reina espiaba el jardín de la lujosa villa donde residían para ver a esos dos bastardos reales a los que tanto amaba su marido.

Nadie puede negar el evidente parecido físico de Leandro de Borbón con su padre Alfonso XIII.


Su predilección por las artistas de la época

La bella Chelito

Pero este sátiro monarca no sólo fijó sus ojos en su Carmen, sus libidinosos ojos también se posaron sobre la flor y nata del artisteo patrio: la chelito, Raquel Meller, Pastora Imperio. Se cuenta que Raquel Meller, famosa cupletista de la época y mujer de fuerte carácter, reclinó una y otra vez, los acercamientos amorosos del monarca.


No así otras numerosas artistas, como la soprano Geneviéve Vix, la contraalto Gabriella Besanzoni, la Bella Otero, la famosa artista de variedades Celia Gámez o la cupletista conocida como la bella chelito, que según rumores de la época, perdió su virginidad a manos de Alfonso XIII.

Exilio y muerte

Su vida en el exilió continuó viviendo, y nunca mejor dicho, a cuerpo de rey,  gastando una enorme fortuna en viajes, viviendo en hoteles de lujo y viviendo como un auténtico playboy gastando su fortuna en toda clase de caprichos y lujos. Falleció el 28 de febrero de 1941 en el Gran Hotel de Roma a causa de una angina de pecho.







Bibliografía



La real jodienda no tiene enmienda, en http://www.elcanario.net/Benchomo/realjodienda8.htm

Sobre Carmen Ruiz,  https://www.elespanol.com/corazon/famosos/20180210/carmen-ruiz-amante-alfonso-xiii-reina-espana/283722179_0.html

Sobre Beatriz de Orleans, https://elretohistorico.com/beatriz-orleans-de-sajonia-coburgo-gotha/