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viernes, 18 de mayo de 2018

Stalin y el Sexo

 Dictadores: Sexo y Poder
1.- Mussolini
2.- Stalin
3.- Hitler
4.- Mao
5.- Franco
6.- Leónidas Trujillo

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Descudriñar la vida íntima de un personaje tan odiado como Stalin no es una tarea fácil, ya que normalmente estas grandes figuras de la historia están rodeadas tanto de silencios significativos como de falsedades históricas, hecho que complica sobremanera descubrir su verdadera personalidad, más aún, cuando tratamos de adentrarnos en un terreno tan íntimo como el de la sexualidad.

Toda su vida estuvo sumergida en un secretismo total, donde la manipulación y la propaganda se encargó de ocultar los rasgos más humanos del dictador soviético, presentándolo ante el pueblo ruso casi como un dios en vida, el gran padre de la patria soviética.


Y es que según que fuentes consultes podemos leer de Stalin todo tipo de testimonios, desde casos de violación o de pederastía, !incluso de incesto! o por contra aquellos relatos que han querido convertir la figura del tirano en un auténtico Casanova...  Por lo que a pesar de que recientes libros, como 'La corte del zar rojo' o 'Las mujeres de los dictadores' han contribuido a difundir algunos de estos rumores, nosotros preferimos rebajar alguno de estos testimonios tan impactantes y aferrarnos a relatos menos llamativos, pero en nuestra opinión, más acordes con la personalidad del dictador.

Una pasión desmedida... aunque por la política y el poder.


De manera resumida podemos decir que oficialmente Stalin tuvo dos esposas, un par de amantes reconocidas y probablemente algunas aventuras y flirteos en su época de juventud.

A diferencia de otros dictadores podemos afirmar que no era un mujeriego, ya que su única pasión, incluso su obsesión. fue la política y el poder.


Stalin, 1902
Por lo que las mujeres y el sexo fueron algo secundario en su vida. Esto no quiere decir, que no quisiese a las mujeres o hijos que tuvo pero siempre estuvieron supeditados a su acción política. Por lo que si analizasemos su figura desde una perspectiva freudiana se podría afirmar que invirtió toda su energía sexual en el ejercicio del poder.

Esto marcará a todas sus relaciones, ya que Stalin será una persona paranoica, que desconfiará de todo y de todos, sólo hace falta analizar alguna de sus purgas, donde no dudaba en mandar detener o asesinar a algunos de sus más estrechos y fieles colaboradores, incluso a algunos familiares directos de sus esposas. Esto hizo que la principal cualidad que buscase en una mujer fuese la confianza, es decir, poder confiar en ella, buscando ser confortado.

Sobre sus rasgos y gustos sexuales apenas conocemos nada, sólo podemos especular sobre algunos aspectos de su sexualidad.

Por su origen y carácter algunos autores le han definido como un 'macho georgiano', es decir, un hombre duro, frío, de hábitos rutinarios y aldeanos, con cierta indiferencia hacia las mujeres. 


Tal es así, que su segunda esposa se suicidó supuestamente por un ataque de celos, ya que llevaba años bajo una depresión por la actitud distante de su marido. Una muestra más de la frialdad de Stalin es el epitafio que se puede leer en la tumba de su segunda mujer donde reza: “Nadezhda Alliluyeva Stalin (1901-1932), miembro del Partido Comunista, de parte de Stalin”.

Analizando su figura desde un punto de vista psicológico, y compartiendo los rasgos de muchos psicópatas, se le ha considerado un hombre incapaz de sentir empatía por los demás, pero terriblemente sensible con sus propios sentimientos. Por lo que cuando su mujer se suicidó la primera pregunta que se hizo Stalin fue ¿cómo le podía haber hecho eso a él?, en vez de preguntarse sobre los sentimientos que llevaron a su mujer al suicidio.

Como buen psicópata Stalin va a utilizar su sexualidad con otros fines, ya que como todo dictador acabará utilizando el sexo con fines políticos, seduciendo a las mujeres de sus ministros y altos cargos para estrechar su control sobre ellos y poder conseguir ciertas informaciones que después resultasen útiles políticamente.

En cuanto a la proyección de su imagen pública, Stalin tomó un camino completamente diferente al de Mussolini, mientras el dictador italiano buscó siempre proyectar una imagen de conquistador, seductor, de hombre vigoroso y activo; Stalin quiso reflejar una imagen más sosegada, como un hombre tranquilo, padre de la patria y de todos los soviéticos, hasta convertirse casi en un dios viviente.

Una vez analizados a grandes rasgos algunos aspectos de su sexualidad pasaremos a ver la relación de Stalin con las mujeres que marcaron su vida, hecho que nos permitirá conocer con más profundidad algunos rasgos de su personalidad....

LAS MUJERES DE STALIN


Correrías de juventud


Para comprender mejor las primeras experiencias amorosas de Stalin hay que recordar algunas costumbres muy extendidas entre los revolucionarios soviéticos, ya que debido a su clandestinidad solían mantener relaciones exclusivamente con otros camaradas de lucha, es por ello que Stalin siempre se casó con mujeres cuyas familias estaban vinculadas a la acción revolucionaria. Además la infidelidad, tanto de hombres como de mujeres, no estaba mal vista, por lo que no eran nada raras las relaciones abiertas.

Stalin en sus primeros años de juventud se convirtió en un activo bandolero al servicio del partido comunista, dedicándose al robo de bancos y llevando una vida de fugitivo.

Todo esto sumado a su carácter fogoso y aventurero y cierta fachada de tipo duro le hizo merecedor de la admiración de numerosas mujeres.


Por lo que el número de amantes que se le atribuyen en esta etapa de juventud son bastante numerosas, manteniendo algunas aventuras amorosas en sus destierros por tierras siberianas. Fruto de estas relaciones, más o menos esporádicas, se le atribuyen un par de hijos ilegítimos a los que nunca quiso reconocer.

Ficha policial de Stalin realizada por la policía de Petrogrado.

Su primera mujer: amor a la fuga


Su primera esposa fue Ekaterina Svanidza, con quién se casó cuando aún era un jóven bandolero, por lo que ambos tuvieron que llevar una vida de fugitivos. Él debía estar locamente enamorado de ella, ya que aceptó casarse por la Iglesia a pesar de que detestaba dicha institución, ya que ella era profundamente religiosa.

Muy pronto su jóven esposa comprendió que la principal motivación de Stalin sería la política, incluso por delante de su familia.


Ekaterina Svanidze, 1904
Durante estos primeros años la pareja se ve obligada a vivir escondida y siempre alerta ante los agentes del zar. Ella sufrirá muy pronto la amargura de la soledad, ya que 'Soso', el apodo con el que se conocerá a Stalin, estará siempre en constante movimiento, de un lado para otro, conspirando para derrocar al régimen del zar. A pesar d ello la pareja parece que fue feliz y tuvo un hijo llamado Yakov.

Pero esta breve felicidad pronto se tornará en dolor y muerte. En 1907 su mujer caerá gravemente enferma, ante la falta de dinero para pagarle un tratamiento, la pareja decide que ella vuelva al hogar familiar en la capital Georgiana. Pero el duro viaje y las altas fiebres provocadas por el tifus provocarán, al poco de llegar a Tiflis, la muerte de su mujer el 25 de noviembre de 1907. Esta muerte repercutirá en el carácter de Stalin, que no dudó en culpar al estado zarista de la muerte de su mujer por la paupérrima situación de la sociedad rusa.

Incluso algunos historiadores han apuntado que el carácter despiadado de Stalin se forjó a partir de este momento, ya que según cuenta la leyenda, en el funeral de su esposa le confesó a uno de sus camaradas que todo sentimiento humano se había desvanecido de su corazón: "... Esta criatura podía suavizar mi corazón de piedra. Ahora está muerta, y con ella mis últimos sentimientos calurosos para los humanos."

El mejor remedio para superar el dolor de la muerte de su mujer fue su inmersión total en el mundo de la política, aunque esto no hizo que se olvidase del sexo femenino; ya que según cuentan algunas fuentes Stalin tuvo algunas aventuras amorosas, siendo la más sonora, la que mantuvo en 1911 con una joven viuda, llamada Maria Prokopievna Kuzakova, con la que tendría un hijo, que no dudó en condenar al obstracismo total, al igual que a su madre..


Nadia: una relación de amor-odio


El otro gran amor de su vida le llegó con su madurez, ya que en 1919 y con 41 años se casó con una jovencísima Nadezhda Alilúyeva, hija de conocido revolucionario soviético, y que apenas contaba con 16 años de edad.


Fruto de este matrimonio nacerían dos hijos: Vasili y Svetlana. Aunque como sus anteriores relaciones, ésta también estuvo marcada por el abandono y la desidia, ya que su joven esposa muy pronto cayó en depresión por las constantes ausencias de su marido, depresión acompañada de ataques de histeria y manía persecutoria, ya que sospechaba que parte de sus ausencias eran debidos a flirteros y aventuras amorosas con nuevas amantes.

Stalin, su mujer Nadezhda Alliúyeva, K.E. Voroshilov,
descansando a principios de los años 20
Por lo que el matrimonio derivó en una apasionada, intensa e incluso violenta relación amor-odio, donde se mezclaban el amor conyugal y celos, y donde Nadezhda pasó de la admiración personal hacia la figura de su marido, a un cada vez más y profundo desprecio a medida que iba siendo consciente de las terribles secuelas que iban provocando las políticas de su marido.

Nadezhda Sergeyevna Alliluyeva
(1901–1932)
El distanciamiento fue tal que Nadia en 1929 optó por abandonar el hogar conyugal, aunque lógicamente el regimen no iba a permitir tal escándalo, por lo que muy pronto fue 'obligada' a regresar, sumiendo a Nadia en un estado de depresión continuo.

La relación se fue tornando insoportable hasta su estallido final en 1932, cuando en un cena oficial del partido, conmemorando el aniversario de la Revolución, se produjo una nueva discusión delante de todos los asistentes. Aunque hay varias versiones sobre lo sucedido, la realidad es que hubo un sólo y triste final...

Para algunos la discusión empezó cuando Nadia echó en cara a su marido que flitearse delante de ella con otras mujeres, otra versión alude que Nadia recriminó a Stalin la forma vulgar de tratarla, ya que "!eh, tú!" no eran formas de tratar a una mujer... de cualquier forma parece ser que Stalin le arrojó un puro encendido a su mujer.

Nadia, humillada públicamante, abandonó en silencio la fiesta y se fue a su dormitorio, donde se suició con una pistola Walter.


Sobre su muerte ha habido todo tipo de especulaciones, el regimen comunista anunció oficialmente que había muerto de apendicitis, aunque también ha habido quien a afirmado que fue el propio Stalin quien la asesinó en un arrebato de ira.

A pesar de su aparente frialdad, este hecho tuvo que marcar profundamente a Stalin, ya que nunca comprendió los motivos que llevaron a su mujer a suicidarse. Ella fue una mujer muy competente, que había trabajado por y para la causa comunista, primero bajo el mando de Lenin y después al lado de Stalin. Era una mujer que representaba el modelo de la nueva mujer soviética, una mujer que estudió en la universidad, trabajadora incesante y firmemente defensora del ideal bolchevique.

Por lo que algunos investigadores han apuntado que la causa real de su suicidio fue descubrir con qué clase de hombre se había casado, ya que había convertido el sueño bolchevique en una pesadilla, al descubrir como todos los antiguos compañeros de Lenin eran eliminados sistemáticamente, al descubrir los campos de trabajo y las terribles secuelas de las hambrunas en Ucrania.

Stalin y su hija Svetlana.

Una especial atracción hacia las artistas


A pesar de los numerosos rumores sobre las amantes secretas de Stalin, nunca sabremos hasta que punto estos rumores son ciertos, aunque parece evidente que para Stalin sería difícil rechazar a todas las mujeres que se le ofrecían.

Por lo que si parece probable que mantuviese distintos affairs amorosos, antes y después del fallecimiento de su esposa.


Quizá el romance más sonado lo mantuvo con la cantante de ópera rusa, Vera Davídora, relación que se inició en 1932 estando aún casado con Nadia y que lanzó al definitivo estrellato a la diva del Teatro Bolshói que desde aquel momento no dejó de recibir premios y ostentosos regalos.

Vera Davídora.
Este romance vendría confirmado por la propia Deva que en 1985 publicó un libro titulado 'Yo fui la amante de Stalin' y donde nos narra el largo romance que mantuvo con el dictador soviético cuando éste contaba con 54 años de edad.

Pero no sólo Davídora contó con los favores del Zar Rojo, otras grandes artistas también se vieron colmadas de regalos y premios, como la bailarina Olga Lepeshínskaya o la cantante Valeria Bársova, aunque nos parece algo atrevido afirmar que mantuviese relaciones con cada una de ellas.

Una truculenta historia...


Una de las historias de más dudosa credibilidad acerca de la vida íntima de Stalin es el supuesto affair que mantuvo con la hermana de su difunta mujer, ponemos en duda esta historia ya que parece estar diseñada perfectamente para confirmar el carácter paranoico, cruel y despótico de Stalin.

De esta forma y según algunas fuentes, poco después del entierro de su mujer, Stalin se encaprichó de Ana Genia, la hermana de su difunta esposa. Al mismo tiempo y dentro de las purgas políticas de Stalin, el marido de Genia muere en extrañas circunstancias, propiciando el acercamiento del dictador hacia ella.

Hasta que le proponen convertirse en la nueva "ama de llaves" personal de Stalin, puesto que ella rechazaría horrorizada conociendo la terrible e irascible personalidad del dictador, por lo que rápidamente buscará un matrimonio de conveniencia que le libre de tal 'honor'.

Este hecho, sumado a las acusaciones veladas hacia Stalin de haber envenenado a su anterior marido provocará las iras de Stalin que le costará a Genia su deportación, siendo encarcelada bajo horribles condiciones, y siendo liberada años después sufriendo terribles secuelas psicológicas.

Valentina Vasilevna Istomina: su último gran amor


Valentina Istomina
Aunque, sin duda alguna, la mujer más importante en la vida de Stalin en sus últimos años de vida fue su ama de llaves, Valentina Vasilevna Istomina. Es bastante curioso que apenas conozcamos nada de esta mujer que convivió con uno de los mayores dictadores del siglo y que formó parte de su círculo más íntimo, compartiendo con él intimidades y secretos durante más de 20 años.

Valentina era una mujer de belleza sencilla, origen humilde, discreta, trabajadora, de buen carácter y de cuerpo generoso, en suma, una mujer que encarnaba los ideales de la mujer campesina soviética.

Aunque el rasgo que sin duda más cautivó a Stalin fue la absoluta lealtad que ella le profesaba así como su discrección, ya que siendo una mujer de carácter sumiso u algo simplista nunca trató de implicarse en asuntos de política.

Una mujer a los que muchos han calificado como esposa secreta, ya que incluso le acompañó en muchos de sus viajes más importantes, estando presente en citas tan históricas como Yalta o Postdam. 


Aunque ella se hacía cargo de sus ropas, sus comidas y sus habitaciones privadas, no sabemos si realmente hubo algún tipo de relación sexual entre ellos. Siendo más una compañera que una amante, ya que como bien sentencia Reyes Blanc:

" A Stalin le gustaba físicamente, pero además él va teniendo sus años y ella lo cuida... Los hombres, cuanto más mayores somos, más nos importa que nos tengan la sopa caliente... y la ropa preparada".

El amor inquebrantable de esta mujer por Stalin salió a relucir el día de su entierro, la pobre Valechka cayó de rodillas ante su ataud y lloró desconsoladamente sobre el pecho del tirano muerto durante largo tiempo, sin que nadie se atreviese a apartarla.

Esta mujer, aunque nos parezca difícil de creer, representaba el sentimiento de millones de soviéticos que lamentaban sinceramente la muerte de amado lider..



Bibliografía

Ducret, Diane; Las mujeres de los dictadores, Aguilar, 2011.

Montero, Rosa; Dictadoras: Las mujeres de los hombres más despiadados de la historia, Lumen, 2013.

Sebag Montefiore, S.; La corte del zar rojo, Crítica, 2010.


http://es.rbth.com/blogs/2014/10/20/las_mujeres_de_stalin_44463

domingo, 3 de enero de 2016

Mussolini y el sexo

Dictadores: Sexo y Poder
1.- Mussolini
2.- Stalin
3.- Hitler
4.- Mao
5.- Franco
6.- Leónidas Trujillo

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Para hablar de la sexualidad de Benito Mussolini, no hay nada mejor que observar un video de uno de sus discursos, y es que esa misma pasión y fuerza que irradiaba durante sus proclamas públicas también la mostró en el plano sexual.

Su personalidad, así como su sexualidad, se caracterizó por sus excesos, Mussolini desprendía una sexualidad desbordante, que se plasmó en la especial relación que tuvo con las mujeres, ya que fue un mujeriego empedernido con decenas de amantes, sin importarle su condición social o su belleza.

Mussolini, 1938.

Incluso, es sabido que hubo veces que desatendió sus obligaciones de estado por estar con alguna de sus amantes. Mussolini no se avergonzaba de sus conquistas, se dejaba ver en público con sus amantes, ya que le gustaba que las masas le viesen como un conquistador, y no sólo de mujeres, sino también como un hombre de Estado, capaz de conducir a la nueva Italia hacia la gloria.

Mussolini también se exhibía realizando todo tipo de actividades físicas o deportivas: nadando, esquiando o montando a caballo, y es que para el fascismo el culto al cuerpo era uno de sus pilares básicos, y Mussolini encarnaba la juventud y la energía de la nueva Italia fascista que estaba construyendo.

Por eso una de sus obsesiones en los últimos años de su gobierno fue su crepitud, obsesión que también trasladó al plano sexual, por lo que no dudó en tomar una píldora afrodisíaca, inventada por los alemanes y denominada Hormovin, para poder seguir rindiendo plenamente con sus jóvenes amantes.

Y es que Mussolini tenía que mostrarse como un hombre viril en todo momento y lugar, muchas veces rozando lo caricaturesco, pero que supo fascinar al pueblo italiano, representando al modelo de hombre que todo italiano aspiraba a ser: carismático, conquistador, viril...

Por lo que el mito de hombre desbordante de testosterona, de mujeriego, que se forjó Mussolini era bien vista por la mayoría de sus compatriotas, causando furor y admiración entre muchas mujeres italianas. 


Incluso tuvo una oficina encargada de cribar las cartas de sus numerosas admiradoras y seleccionar entre ellas a aquellas a las que se les concedería una "audiencia privada".

Dicen las malas lenguas, que desde que llegó al poder, Mussolini siempre que se encontraba en su palacio de Venecia, recibía, durante la hora de la siesta, a alguna de sus admiradoras.

El papel de la mujer


Todo esto no nos debe hacer olvidar el papel de la mujer dentro de los movimientos fascistas, ya que Mussolini durante su gobierno convirtió a Italia, ya de por sí bastante machista, en un país misógino y de férrea exaltación machista.

Sólo hay que recordar los ideales que pregonaba la propaganda fascista respecto a los roles del hombre y la mujer dentro de la sociedad.  Ideología que incluso llegaba a justificar el maltrato y la violencia machista:

Hitler decía: "El hombre debe ser instruido para la guerra y la mujer para la procreación y descanso del guerrero. Si vas con la mujer...¡¡no olvides el látigo!!".  El propio Mussolini recordaba el papel de la mujer dentro del nuevo estado fascista y proclamaba: “A las mujeres, bastonazos e hijos”.


Las amantes de Mussolini


La vida del Duce siempre estuvo marcada por las mujeres, conquistador insaciable, alguna de sus numerosas amantes serán fundamentales en su configuración ideológica, convirtiéndose en un permanente apoyo para su carrera política.

Y es que siguiendo el rastro de sus numerosas amantes podemos trazar un paralelismo de su evolución ideológica: desde sus inicios en el socialismo más radical a su progresiva radicalización dentro del fascismo.


Esta búsqueda de nuevas y constantes amantes ha sido justificada bajo la excusa de su naturaleza impulsiva y volcánica, pero también fue una medida pensada para reforzar su imagen de hombre carismático. El propio Mussolini defendió esta visión del amor al proclamar: “A una mujer no se la puede amar profundamente más de tres meses”.

Y aunque el testimonio de algunas de sus amantes nos ha dejado el retrato de un hombre siempre apasionado y vigoroso, sabemos que también se comportó de forma brutal y despiadada con algunas de las mujeres a las que amó.


Las amantes revolucionarias:


Entre sus primeras amantes podemos destacar aquellas vinculadas al Partido Socialista Italiano y que ayudaron al Mussolini a ascender dentro del partido y a configurar su ideología:

Angelica Balabanov: 1902-1914, fue una política de origen ruso, que le inculcó a Mussolini sus ideas políticas e impulsó la carrera de Mussolini dentro del Partido Socialista Italiano hasta que sus desavenencias por el intervencionismo de Italia en la I Guerra Mundial hizo que ésta proclamase su expulsión del partido.

Ana Kulischoff: Fue otra de sus amantes de sus primero tiempos dentro del partido socialista y que favorecerá su ascenso dentro del partido, ya que esta mujer fue una de las principales exponentes y fundadoras del Partido Socialista Italiano.

Leda Rafanelli: El gusto por el exotismo de Mussolini se confirma con su affair con esta anarquista árabe conocida con el sobrenombre de la "gitana anarquista", durante su período dentro del partido socialista revolucionario mantuvo una relación erótica-política.

Su primera y olvidada esposa:


Ida Dalser: La relación con esta mujer es el mejor ejemplo del carácter despiadado de este dictador. No están claras las circunstancias de cuando y donde esta esteticién conoció al joven Mussolini, aunque todo parece indicar que se casaron en 1914, dándole un hijo al dictador al que no dudó en llamar Benito.

Pero tras la vuelta de Mussolini de la guerra en 1917 y la fundación del Partido Fascista su ascenso político fue fulgurante, por lo que pronto Ida Dalser se convirtió en un estorbo para su carrera, por lo que tanto ella, como su hijo, fueron vigilados estrechamente por la policía.

Benito Mussolini no dudó en utilizar todos los mecanismos del estado para borrar toda huella de este matrimonio, haciendo desaparecer los comprobantes de esta unión matrimonial.


 Pero ante la insistencia de Ida por hacerse reconocer públicamente como la mujer del Duce, éste no dudó en recurrir a un médico para que la declarase demente, siendo internada en un manicomio de Verona, donde moriría sospechosamente años después.

Cartel de la película
italiana 'Vincere'.
Por suerte para nosotros se han conservado algunas de las cartas que Ida Dalser envió a las más altas autoridades italianas, incluyendo al mismísimo Papa, para que se reconociese legalmente a su hijo. Algunas de las misivas más desgarradoras van dirigidas directamente a Benito Mussolini y son el mejor reflejo de la vil personalidad del dictador:

"Lo que te pido es muy poco: mi hijo y mi inmediata liberación de este pútrido manicomio, de este hospital para enfermos de tuberculosis donde no tienes derecho a enterrarme […] mis posesiones […] mis muebles y todo el mobiliario de mi apartamento en Milán para que se le entreguen a mi hijo. Haz que se deje de insultar a la madre de tu hijo, al menos para calmar tu conciencia y al fantasma que te visitará cada noche […] Benito, escucha llorar a mi corazón, nos amábamos, nos adorábamos apasionadamente, tuvimos un hijo en común, y por ti, estoy ahogándome en un mundo lleno de calamidades, tú has matado mi querida y saludable juventud."
- Fragmento de una carta de Ida Dalser dirigida a Benito Mussolini.

Su hijo secreto corrió similar suerte, vigilado por la policía secreta fascista fue apadrinado por un alto cargo del partido y rápidamente enrolado en la marina, pero ante la insistencia de proclamar que era hijo del Duce, pronto fue internado en un asilo donde murió en 1942 a la edad de 26 años, según algunas fuentes por desnutrición.

Esta trágica historia se cuenta de manera magistral en la premiada película italiana 'Vincere', la cual se asoma a la lucha de esta mujer por recuperar su vida..


Su esposa oficial:


Familia Mussolini, 1923.
Rachele Guidi: Si por algo destacó este matrimonio fue por la mutua admiración que los dos se tuvieron hasta el fin de sus días. Sorprende saber que a pesar de sus continuas aventuras extramatrimoniales, el dictador siempre veneró a su esposa, tal vez por la actitud sumisa y silenciosa de ésta,  que nunca protestó ante tal situación, asumiendo su papel de mujer oficial del Duce, alejada de todos los asuntos oficiales y resignándose a un único rol... el de madre y esposa silenciosa.

Circula una anécdota de cómo se conocieron y qué muestra muy a las claras el carácter temperamental, incluso violento, de Benito Mussolini. Según algunas fuentes a la hora de pedir su mano acudió a la casa familiar de Raquel donde, delante de todos sus familiares, sacó una pistola del bolsillo y proclamó: “Si Raquel no me quiere, aquí hay seis balas: una para ella y las otras para mí”.

Su matrimonio civil se produjo a la vuelta de Mussolini de la I Guerra Mundial, poco después del abandono de su primera esposa Ida Dalser,  y a pesar de sus conocidas y públicas infidelidades renovaron sus votos, esta vez, en un acto religioso en 1925, cuando Mussolini ya se alzaba como el hombre más poderoso de Italia.

Durante el régimen fascista, la figura de Rachele fue presentada como la de madre y ama de casa fascista ejemplar, dándole al dictador hasta cinco hijos, y viviendo siempre a la sombra de su marido.



Las grandes amantes de Mussolini:


No podemos despedir esta entrada sin hablar de las dos mujeres (y amantes) más influyentes en la vida de Mussolini, y gracias a las cuales podemos conocer mejor la vida sexual del dictador: estas son Margueritta Sarfatti y Clara Petacci:

Margueritta Sarfatti
Margueritta Sarfatti, la amante judía de Mussolini: Esta fascinante mujer nacida en el seno de una rica familia judía italiana y casada con un rico industrial milanés siempre estuvo vinculada al mundo del arte. Activista del Partido Socialista Italiano su acercamiento a la corriente crítica encabezada por Benito Mussolini hizo que pronto surgiese una mutua simpatía entre ellos, convirtiéndose en una de sus más fieles colaboradoras, financiando su definitivo ascenso al poder y convirtiéndose en la principal portavoz internacional del movimiento fascista.

Incluso en 1925 escribió una biografía sobre Mussolini, titulada 'Dux' que se convirtió en todo un éxito de ventas, y donde pretendía enseñar la cara amable del nuevo régimen fascista que se estaba alzando en Italia.
 
Aunque gracias a esta relación amorosa los modales del Duce se volvieron algo más refinados y sofisticados, su aventura amorosa no durará mucho, distanciándose definitivamente ante la adopción por parte del gobierno de políticas antisemitas de inspiración nazi, huyendo poco tiempo después a Sudamérica para evitar convertirse en una víctima más del régimen fascista.


Clara Petacci: Junto a su esposa fue la mujer más importante en la vida de Mussolini convirtiéndose en la amante oficial de Mussolini hasta su trágico final. Hija de una rica familia romana, desde muy jovencita se convirtió en una admiradora del Duce, al más estilo fenómeno fan, ya que su habitación estaba llena de retratos del Dictador.

Clara Petacci.
Se conocieron en una playa de Ostia en 1933 y a partir de ahí comenzaron una relación amorosa que durará hasta su muerte en 1945. Su mujer Rachele, consciente de que esta no era una aventura más, procuró acabar con esta relación, sin conseguirlo nunca. Y es que ella era una bellísima joven de 20 años, mientras el Duce contaba ya con 49 años.

La propia Clara demostró su amor incondicional hacia el Duce aguantando a su lado incluso en los peores momentos, aunque antes vivieron una apasionada e intensa relación amorosa. Una vez que Clara abandonó a su marido, un teniente de aviación italiano, Mussolini, loco de amor y de celos, la recluyó en una mansión en uno de los barrios más exclusivos de la capital italiana.

Los diarios íntimos de Clara Petacci


Fue en esta jaula dorada, donde Clara, hastiada de su encierro, empezó a escribir unos diarios íntimos, donde narra con todo lujo de detalles sus encuentros sexuales con el Duce, permitiéndonos conocer más en profundidad a este oscuro personaje, sus manías y sus obsesiones.

En estos diarios se recogen todo tipo de intimidades y nos permiten confirmar algunos de los datos antes ofrecidos. Así en un pasaje de su diario Petacci recoge la confesión del dictador que le aseguró haber tenido 14 amantes y haberse acostado con cuatro mujeres distintas en una misma noche.

Libro 'Mussolini secreto',
donde se recogen los diarios
secretos de Clara Petacci.
Por otro lado, estos diarios nos viene a confirmar el carácter fogoso y pasional de esta relación: ”Hacemos el amor y grita como un animal herido”; “lo hacemos con violencia”, son algunos de los fragmentos de estos diarios, que nos vendrían a confirmar que la personalidad visceral que el Duce ofrecía en sus comparecencias públicas también se trasladaba a la intimidad de su dormitorio.

En estos pasajes se puede apreciar la mutua pasión que ambos amantes sentían el uno por el otro, sacando incluso en lecho amatorio su lado más salvaje y violento: "pierdo el control: si no fuese así, los nuestro serían coitos maritales, aburridos", pudiendo intuir un cierta inclinación hacia el sexo duro: "Sois agresivo como un león, violento y majestuoso".

Esta pasión por el sexo y por su fogosa amante se recoge en otro de sus pasajes: “No quiero hacer el amor una vez a la semana como los buenos palurdos; te he acostumbrado y me he acostumbrado a un amor frecuente y espero que no quieras cambiarlo”. 

Incluso estos diarios nos permite hurgar en determinadas filias del dictador: "Soy esclavo de tu carne. Tiemblo mientras lo digo, siento fiebre al pensar en tu cuerpecito delicioso  que me quiero comer entero a besos. Y tú tienes que adorar mi cuerpo, el de tu gigante. Te deseo como un loco".

La publicación de estos diarios han venido a confirmar la verdadera personalidad del dictador: pasional y caprichosa, guiada por un erotismo desenfrenado, que rozaba muchas veces la obsesión sexual.


Y es que algunos pasajes de estos diarios son más propios de un libro de relatos eróticos:

"Su rostro está rígido, sus ojos centellean. Yo estoy sentada en el suelo. Él se desliza del sillón y se echa sobre mí, curvo. Siento que todos sus nervios están tensos. Lo aprieto contra mí. Lo beso y hacemos el amor con tanta furia que sus gritos parecen los de un animal herido. Después, agotado, se deja caer sobre la cama. Incluso cuando descansa es fuerte".


La muerte del Dictador


El amor que sentía Mussolini, por las dos mujeres de su vida, su esposa Rachele y su amante Clara, se manifestó en los momentos finales de su vida, cuando consciente de que el régimen fascista italiano se estaba desmoronando trató de poner a ambas a salvo, lejos de la represalia de sus compatriotas.

Por ello, decidió cortar su relación con Claretta y trató por todos los medios que huyera a España, alentando a los oficiales alemanes que lo vigilaban a trasladar a su amante al aeropuerto de Milán. Pero Claretta estaba decidida a no abandonar al amor de su vida y mientras toda su familia huía de Italia ella decidió permanecer cerca de su amado líder.

A finales de abril de 1945 Mussolini huía de Milán saliendo apresuradamente camino a Suiza, pero el convoy alemán que le escoltaba fue asaltado por una patrulla de partisanos, que identificaron a Mussolini llevándole preso a la cercana localidad de Dongo.

Claretta enterada de este suceso no dudó ni un instante en acercarse al presidio donde retenían a su amado Duce, ya que sabía que los partisanos lo iban a fusilar.

 Ella era consciente de que este acto supondría su propia muerte, ya que los partisanos no tendrían piedad de la "puta del dictador". Pero ella estaba a decidida a compartir la suerte de su amor.


Aun así, una vez trasladados los prisioneros a la localidad de Bonzanigo, a ella se le dio una última oportunidad de abandonar al Duce, pero ella se negó, por lo que la mañana del día 28 de abril fueron trasladados hacia una cercana granja para ejecutar la sentencia de muerte.

Cadáveres de Mussolini y Clara Petacci colgados en Milán.

Según cuentan las crónicas hasta el último momento Clara dio muestras de la devoción absoluta que sentía por Mussolini, ya que cuando un soldado levantó su ametralladora para darles muerte, ella se abrazó a Mussolini e intentó interponerse, cayendo muerta al instante. El dictador aún indemne abrió su chaqueta y gritó «¡Dispareme en el pecho!». Una nueva ráfaga de disparos cayó sobre Mussolini aunque, fuerte como era, necesitó un tiro de gracia en el corazón.

Sus cadáveres fueron trasladados a Milán, donde fueron golpeados, apaleados y finalmente colgados  cabeza abajo en una gasolinera de Plaza Loreto, donde sus cuerpos siguieron siendo sometidos a toda clase de ultrajes. Pero incluso después de muertos el destino de estos dos amantes siguió unido, siendo ahorcados conjuntamente y fotografiados juntos posteriormente en la morgue.





Bibliografía


Pieroni, Alfredo; El hijo secreto del Duce, Garzanti, Milán, 2006

Ducret, Diane; Las Mujeres de los dictadores, Aguilar, 2011.

Gasparini, Juan; Mujeres de Dictadores, Península, 2002.

Montero, Rosa; Dictadoras: Las mujeres de los hombres más despiadados de la historia, Lumen, 2013.

Suttora, Mauro; Mussolini secreto: Los diarios de Claretta Petacci (1932-1938), Crítica, 2010.


http://dinastias.forogratis.es/el-affaire-de-la-ultima-reina-de-italia-con-mussolini-t2508.html


http://www.elmanifiesto.com/articulos_imprimir.asp?idarticulo=677









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martes, 29 de diciembre de 2015

Dictadores: sexo y poder


 El sexo es una de las formas primarias del poder
- Ernesto Sábato


Inauguramos una nueva sección donde analizando la figura de diversos dictadores queremos buscar qué relación existe entre sexo y poder. Y es que tras los muchos post publicados en este blog parece claro que el sexo es un ingrediente fundamental en el devenir de la historia, no sólo ha condicionado la personalidad y la acción política de diversos gobernantes, sino que también ha sido causa y motivo de guerras.

Además, como llevamos viendo desde la creación de este blog, muchas de las grandes figuras de la humanidad que han ostentado un poder absoluto no les ha dado ningún reparo en satisfacer sus más íntimas fantasías sexuales, dando igual época, credo o condición.

Y es que parece evidente que existe una estrecha conexión entre sexo y poder, infinidad son los ejemplos de hombres poderosos que han sido incapaces de refrenar sus apetitos sexuales, entrando en una espiral desenfrenada de conquistas sexuales. Por lo que podemos afirmar que, salvo escasas excepciones, como nuestro mojigato dictador Franco, el poder absoluto dota a los hombres de un apetito sexual casi compulsivo, los cuales se creen con total impunidad de satisfacer sus deseos.

Sienten que el mundo depende de ellos, y que por lo tanto son dueños de los cuerpos (y de las mentes) de los demás, desarrollando un fuerte deseo de sumisión del otro.

 
Stalin - Mao - Hitler
Con todo ello, podemos preguntarnos: ¿Existe alguna relación entre dictadura y sexualidad? ¿la sexualidad de los tiranos condiciona su forma de ejercer el poder? ¿tienen los dictadores unas características sexuales específicas?

A lo largo de los siguientes post veremos como la mayoría de los dictadores del pasado siglo fueron muy mujeriegos, incluso a la gran mayoría de ellos se les puede catalogar como desenfrenados sexuales, no dudando en utilizar su posición de poder para acceder a cientos de mujeres.

Y aunque nos cueste creer, el culto a la personalidad daba sus frutos, ya que muchas de estas mujeres se entregaban con gran regocijo a estos hombres, produciéndose un fenómeno fan muy similar al que padecen muchas estrellas del cine o de la música.

Miles de mujeres suspiraron por estos dictadores, acumulándose en sus despachos cientos de cartas de amor, por lo que el acceso al sexo femenino siempre les fue bastante sencillo.


Pero si algo define a estos hombres es su enfermiza personalidad, presentando la mayor parte de ellos rasgos claros de psicopatía, es decir, son personas que sólo piensan en sus intereses y sólo les importan sus sentimientos, siendo incapaces de sentir empatía por los sentimientos de los demás, y esto no sólo se refleja en sus terrible políticas de represión, castigo o incluso exterminio, sino también en el trato que dieron a las mujeres a lo largo de sus vidas.

Aunque no nos gustaría presentar a estas mujeres como simples e ignorantes víctimas, algunas de estas mujeres de dictadores fueron conscientes de los crímenes cometidos por sus crueles maridos y no dudaron en apoyar sus siniestras políticas, incluso influenciando en sus decisiones políticas, siendo el caso más representativo el de la cuarta mujer de Mao, quién fue fiel ejecutora de sus represivas políticas de adoctrinamiento.

Hitler.

Pero esto no quita otro rasgo común de todos estos dictadores, el menosprecio total a la mujer. No sólo utilizaron a sus amantes como simples mujeres con las de satisfacer sus deseos más básicos, sino que incluso las mujeres que les acompañaron a lo largo de sus vidas padecieron trágicos destinos, ya que la mayoría de ellas acabarían asesinadas o suicidándose.

Por último, aunque creemos que se trata más de propaganda de sus enemigos que hechos probados, ciertas biografías han apuntado que muchos de estos dictadores han tenido ciertas tendencias pedófilas, siendo acusados de mantener relaciones con chicas menores de edad.

En definitiva a lo largo de los siguientes post intentaremos ahondar en la psicología de estos siniestros personajes, y es que no hay nada mejor que adentrarnos en la sexualidad de estos sanguinarios caudillos para intentar comprender algunos de sus comportamientos.

1.- Mussolini
2.- Stalin
3.- Hitler
4.- Mao
5.- Franco
6.- Leónidas Trujillo
7.- Fidel

Para abrir boca, y antes de adentrarnos en la vida sexual de los siguientes personajes, os dejamos el documental 'Dictadores:Sexo y Poder' emitido en 'La noche temática' y que fue quién nos inspiró para iniciar esta serie de post: 





Bibliografía

Ducret, Diane; Las Mujeres de los dictadores, Aguilar, 2011.

Gasparini, Juan; Mujeres de Dictadores, Península, 2002.

Montero, Rosa; Dictadoras: Las mujeres de los hombres más despiadados de la historia, Lumen, 2013.

Suttora, Mauro; Mussolini secreto: Los diarios de Claretta Petacci (1932-1938), Crítica, 2010.


[En Internet]

Las aberraciones sexuales en la Alemania Nazi ---> http://www.filosofia.org/aut/001/1949relg.htm

 http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/Cultura/primeras-paginas-mujeres-dictadores.pdf

http://www.elplural.com/2013/12/26/la-vida-intima-de-los-dictadores-franco-cero-mujeriego-y-un-meapilas-a-diferencia-de-hitler-mussolinni-o-stalin/

http://elpais.com/elpais/2015/09/14/icon/1442246548_000555.html

http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/lnt-dictadores-poder-230515-2330/3139201/

 http://www.semana.com/gente/articulo/tiranos-cama/255042-3