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domingo, 24 de junio de 2018

Matrimonio, divorcio y adulterio en Bizancio

Estamos en el año 615 d.C.; en la ciudad de Éfeso, Leoncio, un artesano de 25 años trabaja en el taller de un importante alfarero de la ciudad. Sus amigos y compañeros de trabajo le apremian a que busque pronto una esposa y tenga hijos ¿quién sino va a cuidar de él cuando sea anciano? Como es un joven perteneciente a las clases populares, su padre le arregla el matrimonio con la tercera hija de un comerciante de la ciudad. Tras un par de reuniones entre los padres de familia, pronto se cierran los acuerdos matrimoniales y la composición de las dotes respectivas.

Recreación de Bizancio.
Su futura esposa, de nombre Elia, acaba de cumplir los 15 años, la edad ideal para empezar a buscar marido. Los padres conciertan una reunión y los jóvenes se conocen, ambos jóvenes están contentos con la elección de sus padres; él es un joven bastante trabajador y con buena fama en el taller; ella es bastante guapa, tímida y su padre un próspero comerciante heleno. Por lo que en tan sólo unos meses ambos jóvenes se casan en una modesta iglesia de la ciudad por el rito cristiano.

El matrimonio es feliz y pronto llegan los hijos al matrimonio; en total tuvieron hasta 5 hijos, de los cuales, sólo tres lograron sobrevivir hasta la edad adulta. Después del quinto hijo, y tras un parto muy sufrido, Elia decide "vivir como hermano" con su marido, y no arriesgarse a tener más hijos.

Elia se convierte en una eficiente ama de casa, los modestos ingresos de su marido son suficientes para que ella no se vea obligada a trabajar, aunque como se le da bien la costura, consigue unos ingresos extras confeccionando vestidos para sus vecinas. Normalmente sólo sale de casa para ir al mercado o ir a la iglesia a rezar, aunque una vez al mes suele ir al baño de mujeres a disfrutar de un rato de ocio.

A pesar de la fortaleza física de su marido, unas fiebres se llevan a Leoncio en el año 640 d.C., Elia, como cualquier mujer bizantina, tiene el derecho a heredar el dinero y las posesiones de su marido y a administrarlo como a ella le plazca. Aunque por suerte, su primogénito, de nombre Nicéfolo, que cuenta ya con 24 años ha demostrado ser un joven respetuoso y buen trabajador, que se gana la vida en el puerto como estibador. Elia descansa tranquila todas las noches, sabe que cuando ya no pueda valerse por sí misma, sus hijos cuidarán de ella.

Recreación ideal de Bizancio.
Este podría ser el retrato de un matrimonio común de cualquier familia que hubiese vivido en época del Imperio Bizantino. Hemos mencionado algunos de los grandes rasgos que definirán el concepto del matrimonio es esta cultura: el intercambio de dotes económicas, la independencia económica de la mujer, el papel social de la mujer, el componente religioso en el matrimonio, ...

Por lo que a lo largo de este post iremos desgranando algunas de estas características, pero empecemos por un ligero esbozo de quizá el punto más importante: la imagen de la mujer en el mundo bizantino.


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Ser mujer en Bizancio


La sociedad del imperio Bizantino fue eminentemente patriarcal, ya que las mujeres no podían ocupar ningún cargo importante en el conjunto de la sociedad.  Y aunque dedicaremos una entrada aparte sobre la vida la mujer en bizancio, a grandes rasgos se puede decir que el papel de la mujer ideal estaba constituido por cuatro "etapas": La primera es la virgen, una joven que debe permanecer fiel a su padre y familia. La segunda, sería la etapa de esposa, para posteriormente ser madre y finalmente, viuda.

El papel de la mujer estaba enfocado al matrimonio como objetivo final para una mujer de respeto, siendo sus principales ocupaciones el cuidado del hogar y de los hijos.



Aunque en el caso de la sociedad bizantina, encontramos una gran diferencia respecto a otras sociedades de la época, ya que aunque la ley discriminaba a las mujeres, al menos les permitía gozar de un alto grado de independencia económica no visto hasta prácticamente nuestros días.

Mosaico bizantino.

Las mujeres podían heredar las propiedades de sus padres y marido, las mujeres casadas podían gestionar sus dotes e incluso comprar o invertir en propiedades, tiendas o negocios sin necesitar el consentimiento de su marido. Las mujeres, además, también podían gozar de cierta educación cuando eran pequeñas, por lo que no era raro encontrar mujeres que supiesen leer o escribir, y no sólo mujeres de clases altas, cuyo acceso a la educación era mucho más sencilla, a través de turores personales.

Las leyes, en ausencia del marido, convertían a las mujeres en dueñas del hogar, con un control total de las propiedades y los intereses de los hijos.



 

Evolución del concepto de matrimonio


El concepto de matrimonio sufrió una mutación según se iba instalando el cristianismo en el Imperio Bizantino, especialmente entre las clases populares. En el mundo antiguo romano existían varias formas de plasmar un matrimonio, la más sencilla era que ambos cónyuges hiciesen una vida en común, sin ser necesario ningún tipo de rito o celebración oficial. 

Pero según fue ganando peso la Iglesia, el matrimonio fue adquiriendo mayor importancia en la sociedad y por lo tanto en la legislación.  


Roma, Santa Maria in Trastevere.
Mosaico. S.XIII
Este cambio de religión, Bizancio se convirtió al cristianismo en el 380 d.C.; trajo importantes cambios sociales. La principal preocupación de la Iglesia era cómo vivían las parejas bizantinas, por lo que empezaran a surgir numerosas reglamentaciones matrimoniales, tanto desde la legislación religiosa como civil. En sus inicios impidiendo los matrimonios mixtos religiosos, regulando los matrimonios consanguíneos , o la cantidad de matrimonios permitidos para una misma persona, buscando preservar la idea de la santidad del matrimonio cristiano.

Pero hay que tener en cuenta que esta tradición romana laxa del matrimonio se perpetuó durante buena parte de la Edad Media, así por ejemplo, la imposición de sacralizar un matrimonio con la presencia de un sacerdote que lo bendiga no se instauró hasta casi finales del primer milenio.

En conclusión, podemos decir que progresivamente la institución del matrimonio pasó de ser un hecho privado entre dos personas o dos familias a un acto oficial, un sacramento religioso, que se oficializa mediante una celebración religiosa, la escrituración u otras medidas externas como la transferencia de bienes.

Por último, añadir que, a grandes rasgos, y para no aburrir con tecnicismos, se pueden diferenciar dos tipos de matrimonios en el derecho bizantino: el matrimonio escrito y no escrito; y aquel que incluye transferencia de bienes o el que no.

Legislación y matrimonio


Hemos visto como el concepto de matrimonio fue ganando peso paulatinamente en la sociedad romana con la llegada del cristianismo, esto tuvo su reflejo en el mundo del derecho y la legislación.

Por lo que veremos como desde época imperial tardía se pone especial hincapié en legislar sobre aquellas cuestiones más imprescindibles para mantener este nuevo orden social, por lo que las cuestiones matrimoniales ocuparán un lugar preferente en la legislación medieval europea.

Hasta llegar a la situación en la que el matrimonio debía darse dentro de las leyes religiosas y legislativas del Imperio Bizantino, que regulaban de forma bastante específica como debía ser.


Edad del Matrimonio


La edad del matrimonio como en casi cualquier sociedad preindustrial era muy temprana. La legislación bizantina permitía que una niña se prometiera a la edad de 7 años, y aunque posteriormente se retrasó la edad a los 12 años, sabemos que hubo casos de niñas prometidas con tan sólo 5 años. 

La edad mínima para el matrimonio eran los 12 años para las chicas y 14 para los chicos. Por lo que normalmente todas las mujeres estaban casadas antes de cumplir los 18 años. 


Vestidos de mujer. Siglo VI d.C.
El motivo para que las parejas contrajesen matrimonio en edades tan tempranas responde a diversas necesidades: La primera, asegurar la virginidad de la novia, en una sociedad donde el máximo valor de una mujer era su virginidad, cuanto antes se casase menos riesgo a que la perdiese. El segundo gran motivo, era la alta tasa de mortalidad infantil que, sumada a la baja esperanza de vida de las personas, hacía necesario aprovechar al máximo los años más fértiles de una mujer, para que pudiese aportar el mayor número de hijos posibles al matrimonio.

Estos matrimonios a edades tan tempranas podían acarrear numerosos problemas para las mujeres, especialmente si se casaban con hombres ya adultos. Así sabemos, por ejemplo, que la hija de Andrónico II, con tan sólo 5 años se comprometió con el rey de Serbia, y debido a las prematuras relaciones sexuales sufrió lesiones irreversibles que le impidieron engendrar hijos.

Como era habitual el matrimonio no era cosa de amor, normalmente eran las familias las que acordaban el enlace, atendiendo más bien a cuestiones económicas o hacendísticas que a la opinión que pudiesen tener los futuros esponsales. Hay que pensar que era dífícil que una simple niña se opusiese a la opinión de su familia sobre el matrimonio concertado, aunque en caso de negarse siempre podía optar por entregarse a Dios.

¿Matrimonios por amor?


Aunque existe cierta idea general que esto de casarse por amor es un concepto relativamente contemporáneo, hemos visto en nuestro ejemplo como en la mayoría de familias humildes, aunque los matrimonios los organizasen los padres, sí que se tenía en cuenta que existiese cierta compatibilidad entre los futuros esposos, o al menos se podía tener en cuenta su opinión. También si los jóvenes habían crecido juntos en un mismo pueblo o barrio y se conocían y se llevaban bien, era probable que las madres, siempre conocedoras de todo lo que les pasa a sus hijos, intentasen arreglar ese matrimonio a través de sus maridos.

Pero en una sociedad tan patriarcal como la bizantina, donde las mujeres, incluso antes de dar sus primeros signos de madurez sexual, eran estrechamente vigiladas y controladas, es difícil imaginar un matrimonio por amor, como lo conocemos actualmente.


Otro caso distinto eran los matrimonios entre familias ricas y poderosas, donde primaban mucho más  intereses económicos o hacendísticos a la hora de programar el matrimonio de los hijos.

A todo esto, hay que sumar la edad de los futuros esposos, y analizar que capacidad de crítica o de rebeldía podía tener una niña, apenas entrada en la adolescencia, para oponerse a la opinión de sus progenitores.

 


Aunque seguramente la mejor idea sobre el amor en el matrimonio nos los traslada el arzobispo de Constantinopla Juan Crisóstomo, cuando decía que "El amor mutuo y la dedicación de los esposos era una realidad atesorada, un remanente de la existencia paradisíaca original de la primera pareja", es decir, la gente no se casaba por el amor, sino que el amor surgía cuando la gente se casaba.

Para aquellas personas de corazón más romántico decirles que sabemos que, incluso entre las clases sociales más altas, existieron historias de amor románticas, como bien refleja su literatura. Relatos de amor cuyos protagonistas solían ser un hombre común o un caballero torturados de amor al ver que su amada ingresaba en un convento.



Acuerdos Matrimoniales


Durante la ceremonia de los esponsales, y para garantizar el cumplimiento del compromiso, la familia del novio se comprometía con los "arra sponsalicia", un regalo que en caso de romper el compromiso se quedaba la familia de la novia; en el caso contrario, si era la novia la que rompía el compromiso tenía que devolver los arra, más una suma económica equivalente.

Por contra, la familia de la novia era la encargada de aportar un elemento esencial para cerrar el acuerdo matrimonial: la dote. Y aunque el marido tenía derecho a administrar la dote, ésta seguía perteneciendo a la mujer de por vida. Así, si el marido fallecía o si había divorcio la dote volvía a la mujer, o en caso de que muriese la mujer y ésta no hubiese aportado hijos, la dote volvía a la familia de la mujer.

Anillo de boda

En el contrato matrimonial también se le solía exigir al marido una donación para la esposa, denominada "donatio propter nuptias" o "hipóbolon", equivalente a la mitad o a la tercera parte de la dote. En los documentos posteriores al siglo X se menciona otra donación matrimonial por parte del hombre denominada "theóretron". Estas cuotas pasaban a manos de la mujer o de los hijos en casa de fallecimiento del marido. 


Ritual del matrimonio


La celebración del matrimonio implicaba un complejo ritual con numerosos actos simbólicos y ceremonias. Se iniciaba con un baño ritual donde la novia se purificaba, después se dirigía a la novia vestida de blanco, dónde el novio la esperaba. Después del típico sermón, la pareja era bendecida por el sacerdote encargado de conducir la ceremonia y los coronaba con unas coronas matrimoniales. La ceremonia terminaba con el intercambio de anillos y bebiendo la sangre de cristo del mismo cáliz.

Una vez terminada la ceremonia oficial la pareja se dirigía a casa del novio seguida de toda la comitiva nupcial que entonaba canciones nupciales llamadas "epithalamia", de claro carácter jocoso y algo subidas de tono, para animar a los novios a consumar el matrimonio en la habitación, mientras el resto de invitados seguía de celebración.

Mosaico religioso.


Divorcio


A pesar de la libertad absoluta que existió en el derecho romano para la disolución unilateral del matrimonio, bajo el gobierno de los emperadores cristianos, se empezó a cuestionar el divorcio, por el carácter sagrado que adquiría el matrimonio. 


Por lo que, tras numerosas regulaciones, finalmente fue Justiniano el que sentó las bases sobre el derecho al divorcio en el mundo bizantino.

Las causas de divorcio para el varón eran:
- Que la mujer conociese un crimen de alta traición y no lo revelase.
- Que la mujer fuese adúltera
- Intento de asesinato contra el marido.
- Actos moralmente sospechosos contra la voluntad del marido (pasar la noche fuera del hogar, participar en banquetes o baños colectivos con otros hombres, etc)

Las causas de divorcio para la mujer eran:
- La participación del marido en crímenes de alta traición.
- Atentado contra la vida de la mujer.
- Atentado contra el honor de la mujer (ser acusada falsamente de adulterio).
- Relación extraconyugal estable del marido.

Después existían otros motivos como podían ser la impotencia o la esterilidad de alguno de los miembros del matrimonio, la elección de la vida monástica o un cautiverio de larga duración. Pero como vemos el divorcio sólo podía darse por causas muy graves dentro del matrimonio, siendo un estigma social para la mujer divorciada, lo que provocaría que su vida se volviese aún más difícil. Así que la única solución para cualquier mujer que se divorciase era ingresar en un convento.



Adulterio


Se daba por hecho que una mujer debía obedecer siempre a su marido y serle fiel, por lo que el adulterio era un delito bastante grave, especialmente si la infiel era la mujer. 


Mosaico de la emperatriz
Teodora de Bizancio
Aunque en los primeros siglos las penas podían contemplar la muerte de los adúlteros, con el paso de los siglos, se fue suavizando la legislación a penas de mutilación (se les cortaba la nariz), destierro, penas económicas o encierros en conventos. El marido, sólo era sancionado, si cometía adulterio con otra mujer casada. El derecho canónico también contemplaba graves penas para las adúlteras como podía ser la excomunión o penitencias.

Pero si a alguien hay que agraedecer el aumento de los derechos de las mujeres en la cultura bizantina es a la emperatriz Teodora, quién se involucró personales en las reformas legales y espirituales de Justiniano, sobre todo en aquellas que otorgaban mayores derechos a las mujeres, especialmente los de las mujeres de más baja extracción social.

Así entre sus logros podemos destacar la prohibición de la prostitución forzosa, el aumento de derechos para la mujer en los casos de divorcio y en los referentes a sus derechos de propiedad, y fue quien promulgó la prohibición de asesinato sobre las mujeres que habían cometido adulterio.


Bibliografía


Guiglielmo CAVALLO y OTROS: El Hombre bizantino; Alianza Ed. Madrid, 1994.
Alice‑Mary TALBOT: La Mujer en Bizancio Medieval; 153‑184


Women and marriage in Early Byzantium
https://globalconnections.champlain.edu/2015/04/17/women-and-marriage-in-early-byzantium/

Spyros Troianos, EL DIVORCIO EN EL DERECHO BIZANTINO
Y POSBIZANTINO, Ivs Fvgit, 20, 2017, pp. 443-448, Universidad de Atena



domingo, 18 de diciembre de 2016

El matrimonio en el Antiguo Egipto

Para entender el concepto de matrimonio en el Antiguo Egipto debemos desprendernos de nuestra idea de matrimonio, ya que para los egipcios el matrimonio era un acto privado sin ningún tipo de connotación religiosa o civil detrás de él.

Aunque más bien se puede decir que lo extraño a lo largo de la historia ha sido el concepto sagrado del matrimonio que nos ha transmitido nuestra tradición judeo-cristiana.

Así pues el matrimonio en el Antiguo Egipto era un acto privado, donde no intervenía ningún tipo de autoridad religiosa o civil para refrendar dicho acuerdo. Simplemente bastaba el mutuo acuerdo de la pareja y el acto simbólico de convivir bajo un mismo techo, siendo normalmente la mujer la que se trasladaba a la casa del hombre. Esta concepción se plasma clarísimamente es su lenguaje donde el acto del matrimonio se puede traducir como "fundar una casa" o "entrar en casa de la pareja".

Este concepto laico del matrimonio no significa que no tuviese importancia, ya que el matrimonio era una institución básica en el mundo egipcio, además como en cualquier acto importante en la vida de una persona este matrimonio sería celebrado por ambas familias mediante una fiesta, y conociendo el gusto de los egipcios por la cerveza, podemos afirmar que sería una celebración bastante animada.

También, y como ha sucedido hasta tiempos bien recientes, es bastante probable que fuesen los padres quienes se preocupaban de buscar la pareja adecuada para sus hijos o hijas, atendiendo a motivos económicos, patrimoniales o sociales, pero aquellos padres más comprensivos podían atender también a razones sentimentales.

The Family of Neferherenptah from the Mastaba of Neferherenptah at Giza


Matrimonio por amor

Aunque retrocedamos varios milenios atrás en el tiempo parece evidente que el amor es uno de las fuerzas más poderosas del ser humano, por lo que los egipcios no fueron ajenos a este sentimiento y también nos hablaron del amor, de parejas de enamorados, de jóvenes atrapados en las llamas de la pasión que sólo desean estar el uno con el otro hasta el final de los tiempos...

Los testimonios sobre el amor en el matrimonio son enormemente variados: desde poemas  a canciones amorosas, ya sea escrito en papiro o esculpido en la roca, ya fuese mediante hermosos y sensibles versos, o a través de frías instrucciones:

"Si eres sabio, guarda tu casa, ama a tu mujer sin restricción. Llena su estómago, viste su espalda, esos son los cuidados que hay que proporcionar a su cuerpo, acaríciala, satisface sus deseos durante todo el tiempo de su existencia, se trata de un bien que honra al señor de la casa".
- Máximas de Ptahhotep


Todo esto es fácilmente comprobable visitando cualquier museo que albergue arte egipcio, no será muy difícil encontrar en estas colecciones estatuas o pinturas que muestren signos de amor entre parejas: maridos y mujeres con sus brazos alrededor de su cintura, sujetándose las manos u ofreciéndose mutuamente flores o comida. Por lo que podemos concluir que el amor y el afecto era una parte importante en el matrimonio Egipto.

Meryt, mujer de Sennefer, se presenta ante él con flores de loto.
También sabemos por textos egipcios que una mujer era libre de escoger a su futuro marido, por lo que en cualquier caso, y aun contradiciendo la opinión de su familia siempre se podía negar a aceptar a un cónyuge impuesto. Aunque esto último sólo se daría en casos muy aislados, principalmente porque las mujeres se casaban a edades muy tempranas, por lo que dudamos que se atreviesen a ir en contra de la opinión familiar.

Que mejor forma de terminar este apartado que con este bonito texto inscrito en una estatua, el cual es un claro reflejo de ese amor dentro del matrimonio:

"Deseamos reposar juntos
Dios no puede separarnos.
Tan cierto como vives, no te abandonaré
Antes de que de mí te canses.

No queremos más que estar sentados, cada día, en paz,
Sin que ocurra nada malo.
Juntos hemos ido al País de la Eternidad,
Para que nuestros nombres no sean olvidados.

Cuan bello es el momento
En el que se ve la luz del sol,
Eternamente,
Como Señor de la necrópolis."

Pintura de una tumba donde se muestra el reencuentro de matrimonio en la otra vida.
Los evidentes gestos de afecto nos hablarían de que el matrimonio por amor tenía gran importancia en la cultura egipcia.


Institución básica de la sociedad.

Y aunque este primer acercamiento al concepto de matrimonio egipcio nos pueda parecer que se tratase de un asunto trivial y sin importancia, no hay que engañarse, el matrimonio era de vital importancia en la sociedad egipcia, ya que su principal finalidad era aportar hijos a una sociedad siempre necesitada de excedentes demográficos.

 “Toma esposa cuando seas joven, para que te dé un hijo. Debe engendrar para ti mientras eres joven, el mundo debe ser poblado. El hombre con una gran familia es feliz, se le admira por su descendencia”.

Además los hijos como bien explica Parra Ortiz en su libro 'Vida amorosa en el Antiguo Egipto' "eran básicos en el pensamiento egipcio porque de ellos dependía, no sólo el bienestar de los padres durante la vejez, sino el mantenimiento del culto funerario de los progenitores, sin el cual su existencia eterna quedaba comprometida".

Edad

Como en todas las sociedades antiguas la edad para contraer matrimonio era muy temprana, especialmente en el caso de las mujeres.

La edad adecuada para que un joven contrajese matrimonio estaría entre los 17 y 20 años, una vez que había demostrado que era capaz de mantenerse por sí mismo. Dependiendo de la profesión del joven se casaría a una edad más temprana o tardía, así podemos suponer que un agricultor se casaría mucho antes que un escriba, cuya formación llevaba más años.

En las 'Máximas de Ankhsheshonq' podemos leer: "Toma una mujer cuando tengas veinte años, para que puedas tener un hijo cuando todavía seas joven".

Por contra a las mujeres se les buscaría matrimonio una vez alcanzada la pubertad, a los 14 o 15 años, la mayoría de las veces sin tener muy en cuenta la diferencia de edad, ya que su futuro marido podía ser mucho más mayor que ella.

Senedyem y su esposa, ante una mesa de senet en su tumba de Deir el-Medina (dinastía XIX).


La ceremonia

Uno de los misterios más curiosos sobre la civilización egipcia es la completa ausencia de información sobre el acto de casarse. La mayor parte de información que nos ha llegado sobre las bodas en el Antiguo Egipto son del período ptolemaico, donde sí que se nos habla de su carácter festivo y de su ceremonia, pero apenas sabemos nada sobre la ceremonia del matrimonio durante el Imperio Antiguo, si es que hubo alguna.

Podemos concluir que antes de la boda ambas familias se reunían para acordar los términos del matrimonio. Normalmente este trámite en sus primeros pasos se dejaba en manos de las mujeres de ambas familias, y cuando ellas daban el visto bueno sobre el futuro cónyuge entraban los hombres a negociar un acuerdo matrimonial.

Este tipo de acuerdos giraban en torno a la dote que recibiría la novia, normalmente una suma de dinero y algún que otro regalo lujoso como compensación de la pérdida de la virginidad de la mujer.

Una sirvienta coloca el cabello de su señora.
Tumba de Djeser, dinastía XVIII.
Y aunque hemos dicho que el matrimonio era un acto sencillo, la importancia de este paso en la vida de los cónyuges era celebrado mediante una pequeña fiesta. Y sabiendo el gusto de los egipcios por la cerveza y su preocupación por la belleza podemos suponer que todos lucirían sus mejores galas y se maquillarían con sus cosméticos más caros.

Los testimonios más recientes nos hablan de que el día previo a la boda las mujeres de la familia del novio visitaban a la futura esposa, donde imaginamos que aparte de vestirla y maquillarla con pinturas corporales le darían importantes consejos para la noche de bodas. Los hombres también se reunían en un ambiente festivo donde la música y la cerveza estarían muy presentes.

El día de la boda la novia era conducida a casa del marido, podemos suponer que rodeada de una comitiva y acompañada de música, cantos y algún que otro chascarrillo de carácter obsceno, ya hemos hablado en otros post como era muy habitual en numerosas culturas antiguas la presencia de símbolos fálicos durante los festejos de matrimonio así como cánticos subidos de tonos como elementos propiciatorios de la fertilidad.

Una vez que la novia se trasladaba a casa de su futuro marido se oficializaba el matrimonio mediante la firma de un contrato matrimonial (los primero datan del siglo IX a.C.) donde se registraba la fecha, los nombres de los contrayentes así como el de sus familiares más cercanos, al profesión del marido y el nombre de algún otro testigo. Este documento era firmado en presencia de alguna autoridad religiosa que era el encargado de registrar dicho contrato.

Una vez finalizadas todas estas formalidades y actos simbólicos se iniciaría un banquete que se prolongaría, a buen seguro, hasta altas horas de la madrugada.

Músicas y bailarinas. Tumba de Nakht en Tebas (dinastía XVIII).

Igualdad de la mujer

Uno de los aspectos más llamativos de la cultura egipcia era la posición que ocupaba la mujer en su sociedad, y es que la igualdad entre hombres y mujeres alcanzó cuotas sorprendentes. La mujer tenía total libertad de acción, era dueña de sus propias tierras y dote, podía dirigir negocios de toda clase así como recibir y dar herencias a su libre voluntad.

La ley también contemplaba esta igualdad por lo que las mujeres podían presentarse ante un tribunal ya fuese como querellante, defensora o testigo, por lo que también eran juzgadas con la misma severidad que los hombres.

Un claro reflejo de todo esto son los contratos matrimoniales, y aunque éstos no eran necesarios sí que existen un gran número de ellos, por lo que parece que a partir del siglo IX a.C. fue una práctica cada vez más extendida entre clases acomodadas.

Lógicamente las clases más pobres no firmarían este tipo de acuerdos, primero por que el escaso valor de sus posesiones no requerían de tales acuerdos, y por otro lado, por que la firma de un documento de este tipo suponía un desembolso demasiado elevado para estas clases populares, ya que el coste del papiro y de un escriba sería prohibitivo.

El objetivo de estos contratos prenupciales era establecer los derechos y posesiones de cada miembro de la pareja durante el matrimonio y su reparto en caso de divorcio. Era tal la igualdad entre hombres y mujeres que los cónyuges se unían en régimen de separación de bienes, y por lo tanto, ¡la mujer podía disponer de sus bienes cómo a ella se le antojase sin contar con el permiso del marido!



Divorcio

El enano Seneb y su familia. Dinastía VI.
Museo de El Cairo
A pesar de que el matrimonio se entendía como un contrato para toda la vida, al no estar ungido por imposiciones religiosas, tanto la mujer como el hombre, podían divorciarse simplemente abandonando el hogar familiar. Por lo que podían casarse de nuevo si así lo deseaban.

Aunque bajo esta aparente sencillez se esconden algunos escollos económicos y sociales que dificultaban en realidad este hecho, por lo que realmente el número de divorcios no fue muy numeroso. Como curiosidad apuntar que como en la actualidad se podían firmar contratos de divorcio o ruptura, muy importantes éstos para las mujeres, ya que se aseguraban de no ser acusadas de infidelidad si iniciaban una nueva relación.

Con todo ello, el principal problema de un divorcio era el económico, ya que la justicia egipcia protegía especialmente a la mujer para evitar casos de repudio o de abandono. Por lo que la cuantía a pagar por el hombre era bastante abultada, ya que debía devolver la dote de la mujer más un tercio del total de los bienes gananciales.

Incluso se conocen contratos prematrimoniales aún más onerosos para el marido para evitar estos casos de abandono, ya que la mujer, sino contaba con protección familiar, podía quedar en una situación bastante desamparada.

Los motivos más esgrimidos para el divorcio eran los malos tratos, el adulterio (de la mujer) y la falta de hijos, aunque también se han encontrado documentos donde se aferran a motivos algo más terrenales como la presencia de una suegra malvada o los chismorreos del vecindario.


Matrimonios múltiples, poligamia y concubinato:

Debido a la facilidad con la que un egipcio podía divorciarse, de forma llana y somera, cogiendo sus bártulos e yéndose a otra casa, es muy probable que existiesen personas que se casaran dos y tres veces a lo largo de su vida sin existir un divorcio "oficial" entre ellos.

Por otro lado, si tenemos en cuanta la baja esperanza de vida en el Antiguo Egipto, especialmente entre las mujeres que daban a luz, es fácil comprender la existencia de numerosos monumentos donde se reflejan estos matrimonios múltiples, es decir, esculturas donde aparece el marido sentado con las esposas que tuvo en vida.


Wekhotpe (propietario de la tumba C.1 en Meir) con sus dos esposas, Khnemhotpe y Nebkau (reinado se Sesotris II óIII) Museo de Boston.

Y es que en el antiguo Egipto no había ninguna ley que censurase el concubinato ni la poligamia, y aunque parece claro que la mayoría de los egipcios eran monógamos, un hombre era libre de casarse con cuantas mujeres quisiese, eso sí! siempre que su economía se lo permitiese.

Además normalmente estas segundas mujeres solían ser concubinas o esclavas, por lo que sólo las clases más elevadas podían permitirse el lujo de mantener varias esclavas y acarrear los posibles gastos generados de mantener a más de una familia.

Uno de los testimonios más conocidos sobre poligamia es la de un ladrón de tumbas de Tebas que durante la dinastía XX fue capturado y juzgado. Durante su juicio se hace mención a que tenía cuatro esposas, dos de ellas estaban vivas en el momento del juicio ya que en el papiro se puede leer:

"la ciudadana Herer, esposa del vigilante del tesoro del faraón, Paaemtawemet y la ciudadana Tanefrery, su otra esposa, siendo ésta la segunda.” y también dice: “soy una de sus cuatro esposas, dos murieron, pero otra aún vive”.


Aunque una cosa es la poligamia y otra el concubinato, ya que parece fuera de toda duda que las relaciones sexuales con sirvientas o esclavas de clase inferior fueron bastante frecuentes entre las clases adineradas. Así en numerosas tumbas aparecen mujeres, que no son la esposa oficial, acompañadas de sus hijos, por lo que suponemos que eran los hijos que el señor había tenido con sus concubinas o esclavas.

El hecho de aparecer retratados en estas tumbas nos hablaría que estos niños eran aceptados dentro la familia, ya fuese manteniendo su condición de esclavos o bien siendo adoptados por el matrimonio y pasar a ser considerado hijo legítimo.

Algo similar ocurría con las propias concubinas que a ojos de la burocracia seguían siendo simples esclavas, sólo mediante la comprar de su libertad o su adopción por parte de otro pariente estas mujeres podían alcanzar el rango de esposa y legitimar su matrimonio.

Con todo ello, podemos deducir que aunque la poligamia estaba socialmente permitida fueron muy pocos los hombres que se permitieron tal lujo, a excepción clara de los faraones y sus famosos harenes, aunque ese tema es harina de otro costal.



Bibliografía:

Parra Ortiz, J.M.; La vida amorosa en el Antiguo Egipto, Aldebarán, 2013.

http://amigosdelantiguoegipto.com/?p=687

http://elcajondeherramientas.blogspot.com.es/2013/03/el-matrimonio-en-el-antiguo-egipto-i.html


sábado, 18 de junio de 2016

El amor en la Edad Media I: Un mundo sin romanticismo

El amor en la Edad media:

Parte I.- Un mundo sin romanticismo
Parte II.- El renacer del amor romántico (próximamente)

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Introducción

Esta entrada sobre el concepto del amor en la Edad Media tiene que estar obligatoriamente dividida en dos partes, ya que podemos decir que a partir del siglo XII el occidente europeo se verá sometido a una serie de profundas transformaciones (económicas, sociales, políticas, ideológicas) que eclosionarán en el llamado Humanismo y el Renacimiento, y donde hasta un tema en apariecia tan "universal" como el concepto del amor también se verá sacudido por importantes cambios.

Master E.S. Kissing Couple. 1450/1466.
Staatliche Kunstsammlungen Dresden
Por lo que de manera algo general podemos hacer una distinción entre la Antigüedad Tardía o Alta Edad Media (s. V-X) y la Baja Edad Media (s.XII-XIV), ya que durante la Alta Edad Media la mayor parte de las instituciones, como el matrimonio, estuvieron inspiradas en el derecho germánico, teniendo una concepción más civil que sacramental. Ya hablamos en este post sobre la visión de la sexualidad en la Alta Edad Media y como la Iglesia fue paulatinamente imponiendo sus dogmas morales en la Europa occidental

Así pues, a partir del siglo XII, el peso ideológico de la Iglesia Católica ya estará instalado en todos los ámbitos de la sociedad, por lo que el concepto del amor o del matrimonio, con la introducción del rito romano, adquirirán un carácter mucho más sagrado.

Por lo que a lo largo de estos posts vamos a adentrarnos en el estudio de un tema en aparencia tan sencillo pero en realidad tan complejo como el concepto del amor. Primero porque nos toca recorrer el apasionante mundo de la historia de las mentalidades, es decir, ¿qué pensaban? o ¿qué sentían nuestros antepasados? ¿Qué era para ellos el amor? o ¿qué significaba para ellos el matrimonio?

Y es que como venimos repitiendo a lo largo de este blog, el primer reto que debemos superar es evitar caer en analogías o comparaciones que sólo nos pueden llevar a error, ya que solemos trasladar nuestros sistemas de creencias o valores al pasado y dar por sentado que nuestras más arraigados creencias siempre han estado ahí.

Por lo que parece necesario aclarar que nuestro concepto de "amor" es un arquetipo contemporáneo muy diferente al que se podía tener en la Edad Media.  

 

Matrimonio de Enrique I el Barbudo con Hedwig de Andechs

El problema de las fuentes escritas

A esto hay que añadir la dificultad de saber realmente qué concepto tenía sobre el amor en la sociedad feudal, ya que los pocos textos que se aproximan al concepto del amor están protagonizados por la minoría más poderosa de la sociedad: nobles, príncipes y reyes. Por lo que sus motivaciones e intereses estaban muy alejados (¿o no?) del resto de clases populares.

De esta forma los testimonios directos que nos permiten acercarnos al concepto del amor están escritos por y para esa minoría de la población. Además suelen ser textos con una clara intención política, por lo que suelen cantar las miserias o las virtudes de tal o cual familia, por lo que la posible idea de amor que nos trasladan no tiene término medio: o elogian la honestidad, la virtud o la fidelidad de tal o cual familia; o nos muestran su peor cara con casos de infidelidad, depravación o crueldad.

Así pues, apenas nada sabemos sobre el concepto del amor que podían albergar la otra inmensa parte de la sociedad: el campesinado y las incipientes clases urbanas.

En esta dirección, creemos que es necesario reseñar la condición social de ese campesinado, ya que en muchas regiones de Europa, donde los mecanismo feudales estaban más arraigados, eran considerados siervos de un señor y adscritos a un pedazo de tierra, por lo que gran parte de sus libertades estaban bastante coaccionadas por los poderes feudales.

Campesinos de celebración.

De esta forma, una vez planteados todos estos problemas la mejor forma de enfrertarnos a ellos sea analizar a sus principales protagonistas: al hombre y a la mujer medieval, y la plasmación más clara y evidente ante nuestros ojos de ese supuesto "amor": el marco conyugal.


La mujer, como ser imperfecto.

San Justo de Segovia.
"El pecado original"
Los primeros padres de la Iglesia nos transmitieron una imagen de la mujer muy negativa. La mujer era un ser débil, de naturaleza caprichosa, incluso perversa, fuente de todos los pecados. Por lo que era obligación del hombre someter a la mujer y era obligación de la mujer servir al hombre y cumplir con su voluntad.

Así pues, la mujer como ser imperfecto que es no puede alcanzar el verdadero sentimiento elevado del "amor", ya que éste como expresión máxima de amistad sólo puede darse entre iguales, es decir, entre hombres, los únicos capaces de comprender este elevado concepto.

Aunque poco a poco, y gracias al éxito que alcanzaron los cultos marianos, la idea de mujer se fue dulcificando, equiparando los dones de la mujer ideal con los de la Virgen María, a saber: la virtud y la maternidad. Y estableciendo paralelismo de la imagen de la mujer con la de Maria Magdalena, una mujer mucho más terrenal, que aunque pecadora es capaz de redimirse de sus pecados.

Por lo que no es casual que esos grandes cambios mentales que se produjeron a partir del siglo XII, entre los que podemos incluir la concepción del matrimonio o de la idea amor, coincidan en el tiempo con la extensión de estos cultos marianos por todo el occidente europeo.


El concepto de matrimonio durante la Alta Edad Media

El  matrimonio es la base donde se fundamente el orden social, basado en el concepto latino de la 'charitas coniugalis' más cercana a la acepción de ternura, amistad o gracia conyugal que a la de amor. Otra expresión utilizada es 'dilectio', que vendría a significar algo así como amor de preferencia y de respeto. Jonás de Orleams, en el siglo IX, utiliza la palabra "caritas" para referirse al amor conyugal,  y dentro del matrimonio sólo podía darse una 'honesta copulatio', es decir, el sexo dentro del matrimonio sólo estaba permitido con fines reproductivo.

Todo esto nos indica que no existía el matrimonio por amor. Todos los matrimonios eran concertados. El matrimonio era un asunto de hombres, que se trataba entre iguales y dónde la opinión de la mujer no contaba para nada. Normalmente eran los representantes masculinos de ambos cónyuges quienes concertaban el matrimonio, guiándose casi siempre por cuestiones económicos o hacendísticas.

Hay que recordar que uno de los grandes avances logrados por la Iglesia  fue extender la idea del consentimiento mutuo en el matrimonio, aunque debieron ser escasísimos los casos donde una mujer se negase a obedecer la decisión adoptada por su pater familias.

Spiegel des menschlichen Lebens, 1475-76
A esto hay que sumar que la edad de matrimonio de una mujer solía ser muy baja, siendo casi niñas o adolescentes cuando se cerraban estos acuerdos prematrimoniales, por lo que su opinión aún tendría menos valor que si fuese una mujer adulta.

Es decir, tanto los sponsalia, ceremonia por la cual se concluía el pacto entre las dos familias, como las nupcias, se contraían a edades muy tempranas para la mujer. Era socialmente aceptado que a partir de los 12 años una mujer pudiese ser entregada a otro hombre. Por lo que la mujer pasaba directamente de su entorno familiar exclusivamente femenino, reservado celosamente, a la cama de su futuro esposo.

Por todo ello, y como muchas fuentes nos han relatado, a lo largo de la historia, estos primeros encuentros podían acabar siendo bastante traumáticos para la mujer, por lo que para ellas el sexo no tenía nada de pasional, ni de romántico, ni de amoroso... por lo que se puede decir que ese primer paso hacia el amor conyugal no era nada satisfactorio.

Por lo que no nos deben extrañar los numerosos relatos de hombres que una vez cumplido con sus deberes conyugales, es decir, quedar embarazada a su mujer, preferían acudir a las artes amatorias de cortesanas y prostitutas.

A todo ello, hay que sumar el mensaje de la Iglesia, a veces único consuelo de estas desdichadas mujeres, a las que recomendaba siempre el sometimiento a los deseos del marido. Y es que según las leyes maritales impulsadas por la propia iglesia y bajo un régimen de derecho feudal, el matrimonio concede al esposo el derecho de disfrute sobre el cuerpo de su mujer, es decir se convierte en su propietario.

  Para la mentalidad eclesiástica de la época, mientras el cuerpo de la mujer debe ser entregado a su marido, su alma, es decir su "pasión amorosa", debe ser entregada a Dios.


La situación anversa se traslada al hombre, el hombre enamorado de su esposa, es un hombre débil y motivo de burla, un hombre debe ser pasional y entregarse a la libertad lúdica.

Un ejemplo nos lo ofrece un capitel esculpido en la Iglesia de Civaux (Poitou), donde vemos la representación de dos cónyuges juntos, pero a pesar de estar uno en frente de otro, no se miran, ella mira al cielo, hacia Dios, y él hacia el suelo, hacia el amor terrenal.

Capitel de la Iglesia de Civauz, Poitou.
Cambios fundamentales

Aunque finalmente veremos como, a lo largo de todo el medievo, las distintas disposiciones emanadas desde las autoridades eclesiásticas y civiles para el control de la sexualidad y el matrimonio, producirán una transición entre los modelos de sistemas de parentescos horizontales a sistema verticales, imponiéndose finalmente el sistema de primogenitura y la familia nuclear.

Donde la normativa eclesiástica, con el apoyo de los poderes seculares, irá cobrando cada vez más protagonismo en dos frentes fundamentales:

- Cuestiones relativas a la moral sexual, endureciendo sus normas morales, reduciendo drásticamente las formas de sexualidad toleradas, y prohibiendo prácticas hasta entonces toleradas, como el incesto o el concubinato.

- La importancia en la configuración del matrimonio monógamo: prohibiendo como hemos dicho el concubinato y estableciendo la indisolubilidad del matrimonio, así como, el reconocimiento de la prioridad de los derechos de la descendencia legítima, todo ello como herramientas para la revalorización de la vida conyugal monógama.


El concepto del amor

Y por fin llegamos a intentar definir el concepto de amor. Se puede decir que en la Europa cristiana medieval se han venido arrastrando dos concepciones distintas, aunque no necesariamente contrarias, de lo que es el amor: por un lado, el "Eros", el amor físico; por otro, el "Agapé", el amor espiritual.

Con todo lo visto hasta ahora parece claro que la visión que predominó, o más bien, la visión que se trató de imponer desde los círculos intelectuales y religiosos fue esa segunda concepción del amor, el amor hacia Dios. Por lo que no nos puede sorprender descubrir que en casi ningún texto medieval se utiliza la palabra 'amor' en sentido positivo.

El amor es un sentimiento irracional, que arratra a los hombres y mujeres hacia la pasión, la destrucción y el pecado. Por lo que el matrimonio ideal debe tener 'affectio dilectio', pero sin amor.


Imagen cortesía de la British Library

Y es cómo bien señalan algunos investigadores como P. Ariès o J.L. Flandrin el matrimonio era una institución tan fundamental para el mantenimiento de la sociedad y el orden establecido que no debía caer en el peligroso juego del amor, la pasión, o el placer, ya que estos sentimientos podían hacer tambalear esta sagrada institución, y por ende, a todo la sociedad.

Pero no nos engañemos, ya que puede parecer por todo lo que hemos contado hasta ahora que en la Edad Media la gente no se enamoraba perdidamente, o que no se cometían locuras de amor, sería una necedad negar la existencia de un sentimiento tan poderoso e irracional como el amor apasionado...

Ya contamos en este post, "El rapto de mujeres: de la Antigüedad a la Edad Media", como una de las maneras más prácticas para que una pareja de enamorados contrajesen nupcias en contra de la opinión familiar era el secuestro de la novia por parte de su enamorado, ya que una vez puesta en duda la honra de la mujer, la mejor salida era casarla con su captor.

Incluso contamos con algunos estudios, como el de la historiadora Otis-Court, donde se defiende la existencia durante todo el medievo de una concepción del matrimonio, basado en el amor y la atracción mutua, muy similar a nuestros conceptos contemporáneos.


Parte II: El descubrimiento del amor romántico...

A partir del siglo XII se dará un cambio en la concepción del amor de pareja que se venía arrastrando durante toda la Edad Media, cuyo máximo reflejo es el amor cortés cantado por juglares y trovadores; quiénes a través de historias de pasión amorosa, como la de Tristán e Isolda, nos transmitirán las inquietudes y los cambios en la mentalidad de una época.

Un cambio, al menos en apariencia, en la forma de concebir las relaciones de parejas, mucho más cercano a nuestro concepto moderno de ideal de amor, donde la mujer adopta un rol más activo en la relación amorosa, y donde se producirá un refinamiento en estas relaciones, apareciendo un nuevo y noble sentimiento de respeto y afecto mutúo, llamado ahora sí... AMOR.

Un llama de esperanza... Abelardo y Eloisa:

Seguramente, la historia que mejor refleje este cambio de actitudes sea la trágica historia de amor de Aberlardo y Eloisa, una historia situada en ese siglo XII, y que es el mejor ejemplo de los dos conceptos aquí mostrados: el matrimonio como una mero asunto económico frente al matrimonio por amor (y sus terribles consecuencias).

Abelardo y Eloisa
Por un lado tenemos el amor pasional, romántico y verdadero de nuestros protagonistas. Abelardo un famoso teólogo e intelectual de la época que se enamoró perdidamente de su pupila Eloisa, sobrina de un importante clérigo. Su apasionado amor les llevó a fugarse y a contraer matrimonio en secreto, de donde nacería su único hijo.

Por otro, se encuentra el poderoso tío de Eloisa, quien pretendía casar a su sobrina con un personaje importante. Por lo que acusa a Abelardo de haber seducido con malas artes a su jóven sobrina y como venganza, contrata a un grupo de matones que asaltan la casa de Abelardo y le castran a sangre fría.

La pareja después de este traumático suceso se siguió prometiendo amor eterno, pero Abelardo sumido en una gran depresión, decidió meterse a monje. Y es aquí donde da comienzo la inmortal historia de amor de Abelardo y Elosia, ya que aunque ella también ingresó como novicia en un convento, la llamo de su amor duró hasta el fin de sus días, escribiéndose apasionadas cartas de amor durante más de 25 años.

Una bella, pero trágica historia de amor que nos anticipa "la revolución del amor" que se producirá en las siguientes centurias, pero todo esto lo veremos en nuestra segunda parte de 'El amor en la Edad Media': El renacimiento del amor romántico', una viaje que iniciaremos en las tierras occitanas para escuchar cantar a los más famosos trovadores, y donde pronto se nos unirán dos grandes genios de la literatura universal: Dante y Petrarca. ¡Os esperamos!


Bibliografía

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DUBY, G.; El caballero, la mujer y el cura: El matrimonio en la Francia feudal

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MA CÁTEDRA, P., Amor y pedagogía en la Edad Media: estudios de doctrina amorosa y práctica literaria, Salamanca: Universidad de Salamanca, Servicio de Publicaciones, 1989.

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[En Internet]

http://www.medievalists.net/tag/marriage/

https://es.scribd.com/doc/64011557/Georges-Duby-El-Amor-en-La-Edad-Media

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https://morweneledhwen.wordpress.com/2009/05/09/del-amor-y-la-sexualidad-en-la-edad-media/