domingo, 24 de enero de 2016

Orgías en la Historia V: Edad Media. Sectas cristianas

  Orgías en la Historia:
- Grecia
- Edad Media I: Sectas heréticas cristianas
- Edad Media II: Orgías papales
- Edad Contemporánea (en preparación)

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 ¿Cómo es posible que los cristianos, que saben, gracias a una revelación, que hay que renunciar a los vicios para ser felices eternamente y para no ser eternamente infelices, que mantienen a predicadores tan excelentes (...), que tienen a su disposición a tantos confesores llenos de celo (religioso) y tantos libros de devoción, con todo esto, cómo es posible, digo, que los cristianos lleven una vida de descomunal libertinaje, como de hecho hacen?
- Pierre Bayle


La Edad Media, sin duda alguna, ha venido marcada por la configuración y extensión del cristianismo, un camino largo y tortuoso, que hasta bien entrada la Edad Moderna no acabó por configurar un cuerpo doctrinal sólido y universal, y es que la influencia del paganismo, especialmente en zonas no romanizadas, siguió estando muy presente durante muchos siglos.

Por lo que la Iglesia durante el largo período de transición entre la caída del Imperio Romano y el Concilio de Trento vivió una de sus épocas más oscuras, no sólo por las numerosas herejías que surgieron dentro de su seno, sino más bien, porque sus integrantes fueron, muchas veces, ejemplos de vida desordenada y disoluta, sin apenas formación y muy propensos en recaer en numerosos pecados, con especial devoción en aquellos relacionados con la lujuria.

Especialmente grave eran los escándalos y la corruptela  que se movía en torno al trono de San Pedro, ya vimos en este post 'La pornocracia: el papado bajo el dominio de dos mujeres', como el Vaticano fue una fuente inagotable de excesos de todo tipo: desde asesinatos hasta orgías. Por lo que por motivo de tiempo y espacio, dedicaremos este primer post sólo a las sectas heréticas acusadas de practicar orgías, dejando para otro post los testimonios sobre fiestas orgiásticas realizadas dentro de los muros del Vaticano.

Partiendo desde este punto de vista, la evolución de la Iglesia católica nos servirá de eje conductor para analizar el fenómeno de las orgías en la Edad Media, ya la mayor parte de los casos documentados están íntimamente ligados a miembros de la Iglesia.

Aunque antes de adentrarnos en el tema, hay que reconocer que muchos de los testimonios, que a continuación expondremos, están más cercanos a la rumorología interesada, a la difamación, que a la realidad histórica, por lo que hay que tomarse con cierta precaución los hechos aquí narrados. Por ese mismo motivo hemos decidido no incluir dentro de esta categoría a otros movimientos como cátaros o templarios, que aunque también fueron acusados de todo tipo de crímenes (orgías incluidas), estas acusaciones no parecen tener ningún tipo de fundamento o rigor histórico.

El Jardín de las Delicias, el Bosco.

Sexo y Herejías:

Por todo lo dicho hasta ahora, creemos conveniente iniciar nuestro viaje en los primeros siglos del Imperio Romano, cuando las primeras comunidades de cristianos aún se estaban formando bajo un cuerpo ideológico y doctrinal nada claro, lo que dio pie a la aparición de numerosos círculos gnósticos con una cierto componente libertino.

Ya mencionamos en el anterior post de esta serie, como los romanos paradójicamente acusaron a estas primeras comunidades cristianas de realizar orgías en la oscuridad de sus catacumbas. Ya que se preguntaban por qué ocultaban con tanto celo sus celebraciones y sus adoraciones, ya que "la honradez desea obrar a la luz del día, pero el crimen busca las tinieblas".

Así el romano Minucio Félix en su obra 'Octavius' definía de esta forma a las primeras sectas cristianas: "Se reconocen por marcas y signos sceretos y se aman recíprocamente casi antes de haberse conocido; además, por todas partes se mezclan entre ellos practicando una especie de culto a la lujuria; y se llaman indistintamente hermanos y hermanas para que unas relaciones culpables, sin más, se conviertan en incesto por mediación del sagrado nombre".

Martirio de Jan Hus
(Spiezer Schilling, 1485).
Aunque la Iglesia muy pronto adoptó este mismo mensaje contra sus antiguos enemigos y acusó a los paganos de realizar prácticas sexuales inmorales:

«La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la  inmoralidad sexual;  que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios»
- Tesalonicenses   4:3-5.

Pero curiosamente fueron principalmente las distintas comunidades cristianas o judías las que se acusaban mutuamente de cometer las peores infamias inimaginables, y es que cada comunidad guardaba celosamente la celebración de sus misterios como signo de identidad.

Y es como bien indica Juana M. Torres Prieto en su artículo de 'Sexo y herejía en el mundo antiguo', la noción de herejía siempre ha estado estrechamente vinculada con la debilidad moral e intelectual, es decir, cualquier corriente distinta a la doctrina oficial era automaticamente calificada como herética; y para que esa condena se formalizase debían aducirse una serie de razones, que aparte de las meramente doctrinales, solían incluir toda una serie de acusaciones sobre su supuesta inmoralidad, permisividad sexual e incluso promiscuidad.

De esta forma, los primeros santos padres de la Iglesia católica fueron los primeros en arremeter contra los movimientos gnósticos más alejados de la doctrina central, especialmente aquellos que ponían en duda la moral sexual establecida por las autoridades eclesiásticas. Así San Basilio, se escandalizaba de que algunas de estas celebraciones, acabasen con frecuencia en excesos sexuales. Otro de los padres de la Iglesia, como fue Clemente de Alejandría también acusó de libertinaje a numerosas sectas heréticas.


Orgías en las primeras comunidades cristianas:

Entre estas primeras sectas heréticas acusadas de celebrar actos de sexo en grupo estaban:

Antitactos: En los comienzos del cristianismo, allá por el siglo I d.C., entre las muchas herejías que empezaron a surgir en esa época de crisis de valores, una de las más originales fue ésta. Creían que Dios, creador del universo, era bueno y justo, pero que una de sus criaturas había sembrado el mal en la mente de los hombres, y de ese mal primigenio derivaban los conceptos de vergüenza y pecado.

Esta extraña herejía renegaba de los mandamientos, ya que estaban regidos bajo el concepto del mal, por lo que al quebrantar dichos mandamientos, en verdad, estaban sirviendo a Dios, por lo que estaban permitidas todo tipo de acciones como el robo, el insulto y como no! todo aquello relacionado con la lujuria y la depravación.

Adamitas
Adamitas: Fue una doctrina surgida en el siglo II en el norte de África, su nombre proviene de Adán, ya que esta doctrina defendía la pureza originaria del Edén, y donde la ropa era un símbolo del pecado, por lo que estas comunidades eran firmes defensoras del nudismo. Además el matrimonio también lo veían como una consecuencia relacionada con el pecado original por lo que sus miembros no se casaban.

A partir de este punto de partida, es lógico que los rumores sobre su moral sexual fuesen de todo tipo: mientras algunos ven en su doctrina una defensa al ascepticismo y a la abstinencia sexual; la mayoría en cambio, creen que practicaban el amor libre, celebrando sus cultos en grutas y parajes naturales considerados como representaciones del Paraíso celestial, por lo que sus reuniones acababan en auténticas orgías.

Este movimiento aunque desapareció en el siglo IV volverá a surgir muchos siglos después en diversas zonas de Austria, Bohemia y Flandes, manteniéndose con cierto arraigo desde el siglo XII hasta finales del XV, hasta que la mano dura de la Iglesia la hizo desaparecer.

El propio papa Pío II (1458-1463) escribió sobre las actividades sexuales de un grupo de adanistas instalados en tierras checas:

"Ellos se entregaron a las relaciones sexuales promiscuas pero ninguno podía tener relaciones sin el consentimiento de Adam, su anciano jefe. Cuando uno de esos hermanos deseaba ardientemente a una hermana él la cogía de la mano y la llevaba ante el anciano jefe diciendo: mi alma está ardiendo de amor por esta mujer. A lo cual el anciano respondería: ve, sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra."

El Jardín de las Delicias, El Bosco.
Algunos autores defienden que el Bosco fue adepto a alguna de estas secta heréticas (adamitas, Hermanos Libre Espíritu) y este cuadro representa una clara defensa del modo de vida de estas comunidades.

Carpocracianos: Este movimiento surgido en el siglo II gracias a la figura de Carpócrates, mezclaba la doctrina cristiana con algunos aspectos de la filosofía pagana, especialmente cercano a las figuras de Platón y Pitágoras. Para los carpocracianos "el desenfreno, el libertinaje y la voluptuosidad es lo que libera al alma de este mundo corrupto de materia" ya que como bien se señala en el blog 'La barba de Hegel' "el pecado acumula negatividad que, una vez desbordada, saturada por las faltas, deviene en salvación"

Nuevamente Clemente de Alejandría se alza como portavoz ante las costumbres licenciosas de esta secta, acusándolos de realizar orgías: "Una funesta costumbre reina entre los carpocratianos, pues tan pronto hay un banquete, los hombres y las mujeres deben excitar sus apetitos, apagar luego las luces y aparearse a su gusto. A esto lo llaman satisfacción del espíritu".

El mensaje subversivo de Carpocrates también se extendía a su concepción de la sociedad, ya que era un ferviente defensor de un cierto comunismo primitivo, abogando por la abolición de la propiedad privada. Esta desvinculación a las posesiones materiales también afectaba a las parejas, ya que ambos miembros formaban parte de una comunidad, por lo que la organización de orgías colectivas formaba parte de sus prácticas espirituales.

Nicolaitas:  Secta pre-gnóstica de los primeros siglos que fue acusada de falta de valores morales, libre desahogo de las pasiones, desórdenes sexuales, etc.. Así un obispo de la Iglesia del siglo II los definió como «hombres falsos y turbadores que ministrando bajo el nombre de Nicolás crearon para ellos una herejía diciendo que las viandas ofrecidas a los ídolos podían ser exorcizadas y luego comidas, y que cualquiera que cometiere fornicación podía recibir la paz al octavo día».

Por todo ello, se les acusó de defender el comercio sexual sin restricciones y de realizar orgías rituales. La herejía sobrevivió hasta finales del siglo II, cuando fue absorbida por la primitiva herejía gnóstica, la ofita, extinguida.

La sociedad de los anabaptistas, por Heinrich Aldegraver
Agapetas: Este movimiento herético fue fundado por Agapia durante el siglo III, y era un movimiento fundamentalmente femenino. Este movimiento consideraba que para una conciencia pura, todo lo demás era puro. Por lo que una vez hecho los votos de castidad, y al ser almas puras, estas vírgenes podían convivir y dormir conjuntamente con otros eclesiásticos, que las aceptaban en sus conventos como ayuda. Pero, poco a poco, y como no podía ser de otra forma este movimiento fue cayendo en el más abierto libertinaje hasta su definitiva prohibición.

Jovinianos: Este movimiento hereje surge de la figura de Joviniano entre finales del IV y principios del V, ya que este monje tras padecer varios años el estilo de vida monacal más rigurosos y severo, bajo las órdenes de San Ambrosio en Milán, se hartó de esto modo de vida austero y se marchó a Roma por "preferir la libertad y los deleites del siglo a la santidad y recogimiento del claustro".

Proclamó que la sensualidad y el disfrute sexual no eran pecado, que la virginidad no era un estado más perfecto que el matrimonio y que la frugalidad en la comida y en la bebida tenían el mismo peso que una buena comilona, siempre que se diese las gracias al señor.

Con todo ello, no nos puede extrañar que sus tesis fueran rápidamente seguidas por numerosos fieles que habían vivido gran parte de su vida en la continencia y la mortificación. Por lo que pronto se entregaron a todo tipo de placeres.

Fibionistas y barbeliotas también fueron acusados de practicar la promiscuidad y el desenfreno sexual (espermatogafia, prostitución sagrada, aborto, orgías..) como método de elevación espiritual por medio de la degradación del cuerpo. 

Así San Epifanio acusaba a los fibionistas de derramar semen unos en manos de otros y ofrecerlos a dios en sus misterios para después acto seguido tragárselo, como transmutación del cuerpo de
 cristo. Al igual que las mujeres se llenaban sus manos de su propia menstruación proclamando: 'esta es la sangre de cristo'.


Sectas heréticas de la Edad Media

Alrededor del año 1000 se produce la plenitud del orden feudal, un período donde los poderes laicos se habían apoderado de casi todos los aparatos de poder de la Iglesia. Esta situación hizo surgir un gran movimiento reformista dentro de la Iglesia, visibilizado en la Reforma Gregoriana, que buscaba abolir los vicios de la sociedad cristiana, pero especialmente, los vicios dentro del seno de la Iglesia: como la compra-venta de cargos y dominios eclesiásticos y la poca ejemplaridad de los propios miembros de la Iglesia, muchas veces con nula formación teológica. Así por ejemplo, hasta el Concilio de Letrán (siglo XII) no se prohibió tajantemente el matrimonio o el amancebamiento de los propios clérigos. Es decir, el objetivo último de esta Reforma era realizar una profunda renovación espiritual de toda la Iglesia.

Explicamos todo esto, porque a partir de esta Reforma surgirán numerosas sectas heréticas por todo el occidente europeo, al apropiarse del discurso de renovación espiritual e interpretando bajo su propio prisma el Nuevo Testamento y rechazando algunos de los principios de la Iglesia oficial.


Entre las principales sectas acusadas de practicar orgías podemos citar:

Begardos: Oficialmente fue un movimiento herético cristiano que apareció en Alemania alrededor del siglo XIII, extendiéndose rápidamente por Francia, Países Bajos y España. Han recibido distintos nombres según época y lugar, por lo que la confusión entre historiadores para trazar sus orígenes y sus dogmas es muy habitual.

Sus fieles llevaban una vida austera y sencilla, de fuerte componente comunitario. Eran hombres devotos que hacían vida religiosa en común sin estar sometidos a regla alguna, y sin reconocer la disciplina eclesiástica y su jerarquía. Algunos de estos begardos estaban muy próximos al estilo de vida eremita o ermitaño.

Aunque pronto fueron acusados de herejía y duramente perseguidos  ya que consideraban que una vez alcanzada la perfección del alma, al ser almas puras, ya no podían pecar, por lo que podían satisfacer sus necesidades más terrenales.

Por lo que extraoficialmente se les acusó de entregarse a toda clase de vicios, especialmente aquellos relacionados con el sexo. Ya que consideraban que los impulsos naturales del hombre eran creación de Dios, por lo que ir en contra de estos impulsos era ir en contra de Dios. Esta acusación la vemos reflejada en la obra  'Planctu Ecclesiae' del franciscano Álvaro Pelagio (siglo XIV) acusando a los begardos de "que el acto carnal completo no es pecado, por tender a él la naturaleza, pero sí, por la razón contraria, otras acciones menos lascivas".

Detalle de 'El Jardín de las delicias',
el Bosco.
Es decir, mientras la fornicación no era pecado por ser un acto natural, los besos o las caricias sí que eran considerados pecados porque no son actos naturales sino lascivos, por lo que rápidamente la sospecha de la realización de orgías cayó sobre este tipo de grupos.

A pesar de la persecución a la que fueron sometidos estos grupos, su doctrina no se extinguió del todo, reapareciendo herejías similares de forma periódica: en el siglo XIV, los begardos ocuparon una isla en el río Nezarka en Bohemia para poder vivir libremente, en el siglo XV reaparece este movimiento con las herejías de Durango, en el XVI con los alumbrados y en el XVII con los molinosistas.



Hermanos del Libre Espíritu: Fue una herejía surgida en 1250 en las regiones de Flandes y Renania perviviendo hasta bien entrado el siglo XVI. Sus líderes son los teólogos Amaury de Bene (+ 1206), David de Dinant (+1215) y Otlieb de Estrasburgo (+1215)
 
Su presencia siempre percibida por las autoridades como un peligroso foco de rebelión social, ya que su predicaban un subversivo mensaje de tintes "anarquistas", ya que rechazaban la propiedad privada, por lo que fueron protagonistas de numerosos hurtos y asaltos.

El cuerpo doctrinal de esta secta está basado en las corrientes adamitas del siglo II d.C., cultivando ideas panteístas y negando la existencia del pecado, por lo que rechazaban tanto los sacramentos como las Sagradas Escrituras, incluso creían que la jerarquía eclesiástica era un obstáculo para la salvación, por lo que no reconocían ningún tipo de autoridad.

Al igual que otros grupos espirituales de la época, consideraban que una vez alcanzada la perfección del alma ya no podían pecar, por lo que rechazaban la mayor parte de normas morales impuestas por la Iglesia, especialmente aquellas relativas a la castidad sexual.

Uno de sus rasgos más característicos fueron sus proclamas a favor de la desnudez, ya que consideraban que era un estado natural y era el mejor reflejo de la pureza de sus almas. A partir de este punto, los relatos sobre sus ritos y sacramentos son de todo tipo: se les acusó de satisfacer sin ningún tapujo moral sus instintos más primitivos, por lo que se les acusó de celebrar orgías en cuevas y recintos subterráneos, incluso de practicar todo tipo de perversiones sexuales: incesto, masturbación grupal, voyerismo, necrofilia, zoofilia, ...

Este grupo supo aglutinar no sólo a los tejedores de Flandes, sino también atrajo a miembros respetables de la sociedad flamenca: como artistas, intelectuales e importantes personajes de la política local, atraídos por los rumores y las promesas de nuevas vivencias sexuales.


Conclusión

Lo primero que podemos decir es que nunca sabremos hasta que punto las acusaciones aquí vertidas son ciertas, y es que, parece que acusar al rival de depravado y libertino siempre fue una excelente arma para desprestigiarlo, cuando no para arrojarle directamente a las llamas de la hoguera.

Por lo que la Iglesia (y los poderes centrales) frecuentemente recurrieron a este tipo de acusaciones para eliminar o silenciar cualquier movimiento que cuestionase de alguna forma el orden establecido.

Por lo que el gran número de herejías y movimientos heréticos surgidos a lo largo de la Edad Media parecen demostrar que fueron unas magníficas catalizadoras de focos de descontento e insurrección social, no sólo en materia religiosa, sino también, en el plano política, social e incluso sexual.



Bibliografía


Carrasco Manchado, A.I.; Rabade Obrador, M.del P.; Pecar en la edad Media, Silex Ediciones, 2008.
 
García de Cortázar y Ruiz de Aguirre (coord.); Cristianismo marginado : rebeldes, excluidos, perseguidos. II. Del año 1000 al año 1500, Fundación Santa María La Real, Centro de Estudios del Románico, 1999

Torres Prieto, J.M.; Sexo y herejía en el mundo antiguo, Edades: revista de historia, págs. 137-144.

Herejías en Occidente en:
http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/cultura/hereje/index%282%29.html

http://ramirofeijoo.com/gabinete-de-curiosidades/?p=243

http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_antinomianismo

sábado, 16 de enero de 2016

Historia de los Azotes y el Spanking

Historias de los Azotes:
- Los azotes en la historia
- El vicio inglés

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La entrada de esta semana está realizada en colaboración con el blog de la Tienda erótica Pussycat Boutique Erótica, ya que nos pidió ayuda para investigar sobre los orígenes de una modalidad sexual bastante curiosa... el spanking, también conocido como disciplina inglesa.

¿Pero qué es el Spanking?

Es una parafilia sexual basada en una flagelación de carácter erótico, un acto sexual de gran componente fetichista que consiste en dar azotes en el culo, ya sea mediante la mano o cualquier otro instrumento, como una fusta o una pala. Aunque muchas veces se le ha vinculado al mundo del BDSM, puede disfrutarse de manera independiente, ya que la práctica de azotar las nalgas de tu pareja en una relación sexual, no se puede considerar un comportamiento extraño, ya que un cachete en el culo puede ser bastante estimulante y erótico.

Una historia del azote y la nalgada.

Por motivos de tiempo y espacio nos centraremos en realizar un breve repaso a la historia del azote o la nalgada, dejando esbozadas algunas líneas de investigación que nos permitirán en el futuro realizar una investigación más exhaustiva sobre la historia de las flagelaciones en general, que nos lleven a hablar del sadomasoquismo, la dominación o la sumisión en la historia.

Investigar sobre sus orígenes y su recorrido histórico no ha sido una labor sencilla ya que, al ser una modalidad sexual tan concreta, apenas hemos encontrado testimonios directos, por lo que haremos un breve repaso a la historia de los azotainas y las nalgadas hasta llegar a la Francia del siglo XVIII, cuando gracias al testimonio de los libertinos franceses nos encontramos las primeras fuentes que nos hablan directamente del placer obtenido en recibir este tipo de "castigos" en las posaderas.

Venus y Cupido, de Hans Zatzka.
A pesar de ello, y como veremos a continuación, podemos suponer que obtener placer de recibir azotes en el culo se ha podido dar desde tiempos inmemoriales. Incluso, no nos debería extrañar que con el alto grado de sofisticación que alcanzaron los burdeles en la Roma Antigua existiese alguno especializado en sadomasoquismo.

Y aunque no tengamos ningún testimonio de la existencia de ese tipo de burdeles, algunos investigadores han querido interpretar bajo ese prisma una serie de epigramas recogidos en el Libro V de la 'Antología Palatina'. En uno de estos epigramas de carácter votivo se puede leer como tres prostitutas ofrecen a la diosa Venus unos exvotos representativos de sus habilidades eróticas. Estos exvotos serían una fusta, unas bridas y unas espuelas. Y aunque la mayoría de los autores defienden que son simples metáforas relacionadas con la acción de "cabalgar" al amante, otros han querido preguntarse si realmente no serían objetos utilizados en algún tipo de sesión sadomasoquista.

"Lisídice, a ti, Cipris, dedica esta espuela ecuestre,
aguijón de oro de su bello pie, con el que a tantos
corceles domó bajo su monta; pero jamás sus muslos
se ensangrentaron, pues liviano era su meneo
y hasta la meta llegaba sin falta de picar con espuela
Así en la puerta central te cuelga el arreo de oro
."

Pero aunque no exista ningún testimonio directo sobre el placer obtenido al ser azotado en las nalgas antes del siglo XVIII, sí que hemos encontrado numerosos ejemplos de nalgadas a lo largo de toda la historia de la humanidad...


Azotes y Educación

Siguiendo algunas tesis sobre la sexualidad humana podemos afirmar que la sexualidad está muy ligada a la conducta observada en la infancia, por lo que algunos casos de condicionamiento entre violencia y excitación sexual se han podido desarrollar por factores acaecidos durante la infancia.

Por lo que a pesar de la ausencia de testimonios directos imaginamos que los orígenes de esta parafilia se remontan al mismo origen del hombre... y de su educación. Y es que parece evidente que hay una estrecha relación entre culo y azote, ¿a quién no le han pegado sus padres algún cachete en el culo? Es más, si hay una parte de nuestro cuerpo diseñada para ser azotada ese parece ser nuestro trasero, ya que no alberga ningún órgano vital y viene protegido por una abundante grasa corporal, que hace que, aunque la azotaina nos pique, no nos duela por mucho tiempo.

De esta forma podemos asegurar que las azotainas han formado parte de la educación del ser humano desde tiempos muy remotos, ya en la misma Biblia se aconseja en varios pasajes azotar a los hijos con una vara para educarlos correctamente:  Así en Proverbios podemos leer: "El que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia" (13:24), y unos versículos más adelante vuelve a decir: "No escatimes la disciplina del niño; aunque lo castigues con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol" (23:13-14).

Con todo ello, podemos deducir que la inmensa mayoría de culturas de la humanidad han permitido y aprobado el uso de la violencia en la educación de los hijos. Uno de los primeros testimonios gráficos de una azotaina lo encontramos en el Antiguo Egipto, en el interior de la Mastaba de Akhet-hetep-her donde podemos ver la imagen de un adulto azotando a un joven en las nalgas con una especie de objeto plano.

Adulto pegando a un niño. Mastaba de Akhet-hetep-her. Reino Antiguo.
Ilustración extraída del libro 'Vida amorosa en el Antiguo Egipto'

Pero si queremos encontrar los mejores ejemplos de azotainas en el mundo antiguo vinculados con el mundo de la educación tenemos que viajar a la Antigua Roma. Y es que su sistema educativo, ya desde la escuela primaria, estaba regido bajo una férrea disciplina, donde los castigos corporales estaban bien vistos, ya que se seguía la máxima de que "la letra con sangre entra".

Por eso no nos debe extrañar los numerosos relatos donde diversos autores latinos aluden a la severidad de los maestros, y al uso frecuente que hacían de la férula (pequeña vara de madera) para 'corregir' los errores de sus alumnos, tanto por las faltas cometidas en clase como por las gamberradas realizadas fuera de la escuela. Incluso contamos con varias representaciones artísticas de estas nalgadas, tanto en pinturas murales como en objetos de arte mueble.

Reproducción de un fresco pompeyano en un grabado del siglo XIX.
Maestro castigando a un alumno con azotes en posición catomus (sobre los hombros) en una clase en el foro. 

Pero aunque el método de disciplina más habitual y aceptado en las scholae fuese el castigo físico, ya fuese con la scutica, la ferula o las virgae, hubo algunos intelectuales como Séneca, Juvenal o Quintiliano que se opusieron a estos métodos. Unos, por considerar el recibir azotes una pena más propia de esclavos que de ciudadanos libres, otros como Quintiliano por considerar que era un método cruel y poco efectivo, advirtiendo de las terribles secuelas que podía acarrear.

"A esto añade que por dolor o por miedo ocurre con frecuencia a los vapuleados muchas cosas feas de mencionar y que luego serán cosa de avergonzamiento: esta vergüenza quebranta y abate el ánimo, y ordena huir de la misma luz del día y el hastío"   [Quint. I, 3, 16.]

Una advertencia que, según como se lea, puede advertir sobre los peligros de la excitación sexual bajo este tipo de práctica.


Espejo de bronce. Roma. Siglo I. Probablemente de Asia Menor.
Representación de un castigo escolar mediante azote en las nalgas.

A pesar de las recomendaciones de algunos pedagogos latinos, los azotes en la educación siguieron siendo cosa habitual durante todo el Medievo, así numerosos autores renacentistas como Erasmo o Roger Ascham nos trasladaron una visión muy negativa de la educación durante la Edad Media, denunciando sus altas dosis de brutalidad y violencia.

No nos podemos resistir a incluir el magnífico grabado del artista alemán Hans Holbein, el joven, que ilustra esta visión negativa del medievo, a través de una azotaina en el culo de niño. Una visión, seguramente bastante exagerada, como contraposición a las nuevas formas de educación que estaban surgiendo en la Europa Renacentista de la mano de humanistas como Erasmo o Luis Vives.

Grabado de Hans Holbein, el joven, para Elogio de la locura (1511), de Erasmo de Rotterdam


La magia de los azotes.

Aparte de su función punitiva, los azotes también tuvieron desde tiempos muy temprano un componente mágico o ritual. Especialmente famosos fueron los ritos de fertilidad y purificación del mundo antiguo, donde las mujeres estériles eran azotadas por sacerdotes. Entre todos estos ritos podemos destacar la Fiesta romana de las Lupercales, donde unos adolescentes vestidos con simples pieles de animales corrían por la ciudad azotando con tiras de cuero a todo aquel que encontrasen a su paso, sobre todo a las mujeres. Y es que las Lupercales era una fiesta de purificación colectiva, donde se usa la flagelación como símbolo para transmitir las energía fecundadora y la virilidad del macho cabrío, personificado en los jóvenes Lupercos, como portadores de una vitalidad relacionada con la naturaleza salvaje.

Representación de la festividad romana de las Lupercales.

Aunque si queremos rescatar uno de los testimonios iconográficos más evidentes de la relación entre sexo y fustigamiento tenemos que viajar al mundo etrusco, donde existen varios ejemplos muy explícitos en diferentes soportes, y cuyo ejemplo más extraordinario es la llamada Tumba de los Fustigamientos, una rica tumba del siglo V a.C., donde una mujer es penetrada por un hombre al mismo tiempo que es azotada con una vara.

Detalle de la Tumba de los Fustigamientos.

Este carácter mágico de la flagelación vendría confirmado en algunos textos de Juvenal o Petronio que nos relatan como los azotes eran recomendados como tratamiento para curar la impotencia... Así en el 'Satiricón' (Capítulo 131) de Petronio nos relata como el joven Encolpio, aquejado de impotencia recurre a los servicios de una sacerdotisa, cuya solución es flagelarlo con ramas de ortiga.

La vinculación entre azotes y sexualidad siguió vigente hasta bien entrada la Edad Moderna, ya que alrededor del 1600 el médico alemán Meibom escribió un tratado denominado "Del uso de la vara en la cosa venérea y en el oficio de los lomos y de la riñonada", donde se sigue manteniendo vigente la idea que aplicar azotes en las nalgas, transmite calor a las zonas productoras de semen, aumentando la fertilidad y la virilidad.


Azotes cristianos.

Ya vimos al principio como en algunos pasajes de la Biblia se recomendaba azotar a los hijos, por lo que no nos puede extrañar que tanto los azotes como las flagelaciones hayan tenido un importante peso a lo largo de la historia de la Iglesia Católica. Más aún, si tenemos en cuenta el gran componente sadomasoquista que, en el fondo, albergan casi todas las religiones monoteístas.

Por lo que algunos expertos no han dudado en equiparar ciertos ritos de flagelación con la búsqueda no sólo de un éxtasis espiritual sino también carnal. Y es que la flagelación en las nalgas o muslos provoca la acumulación de sangre en zonas cercanas a los órganos sexuales, pudiendo provocar erecciones e incluso orgasmos.

Adam Johann Braun (1748-1827)
Por otro lado, es conocida la afición que tomaron muchos confesores por aplicar ellos personalmente el castigo de la flagelación sobre sus feligresas, a las que hacían descubrir sus vestiduras para después azotarlas por sus pecados cometidos. Este tipo de penitencias despertaban tantas sospechas entre el clero romano, que muy pronto se prohibió a los sacerdotes castigar personalmente a los penitentes.

Por todo ello, no nos puede extrañar que la Inquisición pusiese especial ahínco en perseguir a los curas que, al imponer la flagelación como penitencia, la aplicaban ellos personalmente u obligaban a una mujer a que los azotase. Como si el Santo Oficio ya intuyese una especial asociación entre la flagelación religiosa y ciertas sensaciones sexuales 'pervertidas'.

De esta forma , y por motivos similares, el Papa Clemente VI, en el siglo XIV, prohibió los grupos y las procesiones de flagelantes, ya que estas procesiones podían terminar en arrebatos místicos creando un ambiente de fuerte erotismo. Aunque lo que de verdad preocupaba al Papa era que estos grupos empezaban a cuestionar el papel de la Iglesia como única intermediaria para la salvación de las almas.

Una procesión de flagelantes, de Francisco Goya y Lucientes (1812–1819)

Pero a pesar de estas prohibiciones algunos elementos de tintes sadomasoquistas han seguido estando muy vigentes hasta prácticamente la actualidad, sólo hay que ver las automortificaciones realizadas por los miembros del Opus Dei con el cilicio, o la larga y extendida tradición de la azotaina y la nalgada en numerosas escuelas religiosas. Una forma de educación donde algunos investigadores advierten ciertos tintes sádicos y de autosatisfacción sexual a través de juegos de sumisión y dominación.

Ilustración del cómic
'Los infortunios de Janice'

Los Libertinos franceses

Pero habrá que esperar a los llamados 'libertinos franceses' provenientes de los ambientes Ilustrados de la Francia prerrevolucionaria para encontrar los primeros testimonios literarios que nos hablen abiertamente del placer obtenido al recibir unos azotes, y es que estos hombres no dudaron en plasmar con su pluma algunas vivencias personales con gran componente sexual.

Entre todos estos testimonios destacar el de filósofo ilustrado Rousseau, quién nos relata en primera persona el placer obtenido al ser azotado cuando era pequeño por su cuidadora y cómo ese hecho marcó para siempre sus gustos sexuales:

"¿Quién creería que este castigo de chiquillo, recibido a la edad de ocho años, por mano de una
mujer de treinta, fue lo que decidió mis inclinaciones, gustos y pasiones por todos los días de
mi vida y precisamente en sentido contrario del que podría naturalmente imaginarse? Mientras
por una parte se despertaron mis sentidos, tomaron tal giro mis deseos que se limitaron a lo
que había experimentado."
- Confesiones I, Rousseau.

Así corría el año de 1723, el joven Rousseau vivía en Bossey, una pequeña localidad a los pies de los Alpes, acogido en la casa de un pastor calvinista y donde su hija hacía las funciones de madre:

"El cariño, propio de una madre, que la señorita Lambercier nos profesaba, la revestía de la autoridad de tal, y algunas veces usaba de ella imponiéndonos castigos merecidos. Durante mucho tiempo se concretó a la amenaza, pareciéndome espantosa la prometida pena, nueva enteramente para mí; pero desde que la sufrí me pareció mucho menos terrible de lo imaginado. Y lo más particular es que aquel castigo aun me aficionó más a lo que me lo había impuesto, de modo que fue necesaria mi natural dulzura y toda la verdad del afecto que le profesaba para que no tratara de conocer la repetición del mismo, mereciéndolo, porque encontré una mezcla de sensualismo en el deber y en la vergüenza del castigo, que me hacía desear recibirlo otra vez de la misma mano. Es verdad que había en ello cierta precocidad instintiva de sexo y, por lo tanto, el mismo tratamiento practicado por su hermano no me habría parecido tan gustoso."
- Confesiones I, Rousseau.

Poco años después, con el estallido de la Revolución Francesa, se dieron numerosos espectáculos públicos de azotamientos y flagelaciones, donde la gente acudía para “regodearse e incluso para hacer el obsceno inventario de todos los culos acumulados".


El vicio inglés

Pero sin duda alguna, si hay un país y una época donde la práctica del spanking ha alcanzado mayor extensión ese ha sido la Inglaterra victoriana. Tal es así, que incluso sus liberales vecinos franceses no dudaron en tildar esta práctica como "el vicio inglés".

Fue una práctica, la del azote o la nalgada, tan recurrente en todas las capas de la casta y puritana sociedad victoriana, que convirtieron al Reino Unido en el país por antonomasia del spanking y la flagelación. Como bien resume Ian Gibson en su obra "El vicio inglés":

"A mi juicio, ninguna discusión sobre la sexualidad británica es posible sin tener en cuenta el sistema de azotes que, originándose en las public schools, se extendió a todas partes. Impotentes sin recurrir a los azotes, real o imaginariamente, las innumerables víctimas del sistema no sólo se vieron abocadas a una vida de deseos avergonzados e inconfesables, que hacía difícil, si no imposible, una relación matrimonial satisfactoria, sino que su condición dio origen a un auténtico océano de pornografía en la cual se recreaban ad-infinitum las añoradas escenas juveniles y sus ramificaciones".
Por todo ello, hemos decidido dividir nuestra breve historia de los azotes en dos partes y dedicarle un capítulo en exclusiva al conocido como 'vicio inglés'.

Así que no seáis malos y os esperamos en el próximo capítulo....



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Bibliografía

Gibson, Ian; El vicio Inglés, Editorial Planeta, 1980.

Jiménez Salcedo, J.R.; Las "Cartas" de Cabarrús (1808) y la tradición reglamentarista europea en materia de prostitución, Anales de filología francesa, Nº. 16, 2008 (Ejemplar dedicado a: 1808), págs. 129-140

Luc Hennig, J.; Breve historia del culo, Principal de los Libros, 2010.

Montgomery Hyde, H.; Historia de la Pornografía, Editorial Pleyade, 1969.

Moro Ipola, M.; Quintiliano de Calahorra: didáctica y estrategias educativas en la antigua Roma, Foro de Educación, Nº. 9, 2007, págs. 125-132

Ruben Solís, K.; La cultura de Eros: Antologia Ilustrada Del Libertinaje, Robinbook, 2008

La imagen literario del Eros en la Antalogía Palatina:
https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero23/im_eros.html


Sobre la flagelación:

http://www.mercaba.org/FICHAS/Enciclopedia/F/flagelacion.htm

http://www.angelfire.com/ex/ecstagony/info/artinst/birch.htm


http://www.spurcitia.com/tag/en-roma/
http://alfonsodelavega.com/?p=15230
http://bdewm.blogspot.com.es/2013/05/arte-bdsm-bdsm-art-gaston-noury.html
http://ramirofeijoo.com/gabinete-de-curiosidades/?p=178

domingo, 10 de enero de 2016

Moral sexual romana IV: El desnudo

Moral sexual romana:
- Parte I: Los besos
- Parte II: La virginidad
- Parte III: La infidelidad
- Parte IV: El desnudo

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En este capítulo nos adentraremos en el significado del desnudo físico para los ciudadanos romanos  ¿Qué actitud tenían ante el desnudo? ¿Una mujer se podía mostrar desnuda delante de su marido? ¿Cómo fue evolucionando el concepto de desnudez dentro de la moral romana?

Por cuestión de tiempo y espacio dejaremos aparte el análisis de las representaciones artísticas del desnudo, aunque lógicamente realizaremos algunas menciones específicas que nos ayuden a comprender algunos de los aspectos comentados.

Lo primero que hay que apuntar, que en el caso de la sociedad romana, estamos hablando de una cultura que pervivirá durante más de un milenio, por lo que sus conceptos morales variarán a lo largo del tiempo. Así aunque parezca una obviedad es importante señalar que la mentalidad (y la moralidad) del ciudadano romano variará enormemente a lo largo de todos estos siglos, por lo que hemos decidido hacer una división por períodos, algo genéricos, pero donde pretendemos que queden bien reflejados estos cambios en la moral de los habitantes de la ciudad del Tíber.

Nuestro primer apunte sobre la moral sexual romana relativa a la desnudez nos servirá para romper algún tópico... aunque los romanos no mostrasen ningún tipo de vergüenza ante un cuerpo desnudo, esto no quiere decir que se exhibiesen públicamente.

Además la sociedad romana tuvo unas normas morales muy estrictas en la esfera pública, ya vimos en el post dedicados a los besos, como una muestra de cariño hacia su mujer en un lugar público le costó el puesto a un senador. Pero en cambio, en la esfera privada el ciudadano romano gozó de gran libertad, por lo que pudo dar rienda suelta a los vicios, modas o gustos más atrevidos.

Mural de Pompeya de Venus Anadiomena

En cuanto a las representaciones artísticas, simplemente apuntar que desde tiempos prehistóricos casi todas las sociedades y culturas han proyectado su visión del hombre a través de la representación del cuerpo humano, una visión muy vinculada a su propia cosmovisión del universo y la posición del hombre en él.

Por lo que la creación de las imágenes artísticas, desnudos incluidos, responden a una serie de relaciones de poder, donde las clases gobernantes reflejan su ideología imperante. Es decir, la representación del desnudo en el arte tiene un claro componente ideológico, que puede albergar tanto un componente positivo (representación de héroes o dioses míticos) como negativos (esclavos o guerreros vencidos).

En este caso, también nos gustaría extirpar otro falso tópico, ya que aunque existió cierta permisividad respecto a la representación de desnudos, la mayoría de las veces, éstos no tenían por qué tener una carga erótica, simplemente representan un elemento ornamental más o estaban asociados a una serie de valores.

Como bien señala Luz Neira en su estudio sobre los desnudos en los mosaicos romanos, por regla general, el desnudo femenino exaltará la belleza, la carnalidad y el erotismo; mientras que el desnudo masculino se asocia a ideas como la determinación, la fuerza y el poder.


Parte I: La pudicitia romana: Los valores de la antigua República.

Claudio como Júpiter.
Cubierto por  una toga
El desnudo masculino

Una de las principales diferencias de la cultura romana frente a la griega fue que los latinos conservaron un sentido más estricto del carácter sagrado de la desnudez. Este hecho queda reflejado en la representación de los desnudos masculinos en el arte. Mientras que el arte griego está repleto de ejemplos de esculturas de jóvenes atletas o héroes desnudos, el arte romano mucho más sobrio y pudoroso cubría los cuerpos de sus ciudadanos más ilustres con uno de sus símbolos más representativos... la toga.

Por otro lado, la Roma republicana siempre rechazó la introducción de los juegos atléticos griegos, ya que consideraban que era un culto al cuerpo gratuito, una exhibición innecesaria, que además incitaba a la pederastia. Roma prefería entrenar soldados para la guerra que púgiles para espurias exhibiciones, así Tácito se preguntaba ¿Qué ventaja había en quedarse desnudo para luchar en combates estériles sobre el servicio de las armas?

Este pudor itálico parece provenir de tiempos antiguos, Plutarco nos dice que para los primeros romanos era vergonzoso exponer sus cuerpos a los más jóvenes, este hecho parece quedar demostrado en que desde los etruscos la práctica de ejercicios se realizaba cubriendo genitales y nalgas mediante una especie de calzón, denominado subligaculum.

El calzoncillo romano era una especie de pañal que cubría los genitales
y parte del vientre, siendo sujetado por un cinturón.
Esta prenda utilizada en principio sólo entre las clases populares (esclavos y plebeyos) por motivos prácticos a la hora de trabajar, pronto fue adoptada por soldados y gladiadores, hasta acabar extendiéndose al resto de la sociedad.

Por lo que parece probable que desde muy pronto la representación de la desnudez tuvo connotaciones negativas en la sociedad romana, imágenes asociadas a los guerreros vencidos y a la esclavitud, ya que normalmente los esclavos eran vendidos completamente desnudos.

Este concepto quedó reflejado en la opinión de algunos filósofos y escritores así Quinto Ennio pensaba que "la exposición de cuerpos desnudos de los ciudadanos es el principio de la vergüenza pública", incluso Catón se avergonzaba de bañarse en presencia de su hijo, la misma idea que refleja el escritor Valerio Máximo que dijo que la moral romana prohibía a los hombres de la misma familia bañarse juntos ya que "ha de concederse tanto respeto a los vínculos de sangre y de parentesco como a los mismos dioses inmortales".

El desnudo femenino

Mosaico 'Triunfo de Neptuno'
Museo del Bardo. Túnez.
En cuanto a la consideración del cuerpo desnudo de la mujer, hay que diferenciar entre las distintos tipos de mujeres existentes en la sociedad romana: por un lado, tenemos a las matronas romanas, mujeres cuyo virtud era sagrada y por lo tanto su desnudez siempre estuvo marcado bajo la idea de la "pudicitia". Por otro lado, tenemos a las esclavas o las libertas, cuyo cuerpo no dejaba de ser un objeto propiedad de su amo, por lo que su cuerpo, desnudo o no, no tenía mayor consideración.

Así vemos como una moral estricta protegía la desnudez de la mujer romana, tal era así, que durante este período se mantuvo la prohibición de hacerle el amor a tu mujer a la luz del día (con la única excepción del día posterior a la boda) así como iluminar el acto sexual mediante el uso de candiles o lucernas.

Plutarco defiende esta hecho debido al profundo respeto que un marido dispensa a su esposa, respetando el pudor y no tratándola como a una cortesana.


Parte II: El descubrimiento del cuerpo. Roma conquista el mundo.

Pero todo esto no nos debe hacer olvidar que la presencia de cuerpos desnudos o semidesnudos en la sociedad romana era habitual y aceptada, especialmente a partir del dominio mediterráneo de Roma, que traerá la llegada de las corrientes filosóficas y morales griegas.

El triunfo de Roma trajo consigo un cambio en la moralidad de la sociedad romana, los antiguos romanos se entregan al culto a la belleza, al cuerpo y al erotismo.

Pintura mural.
Villa de los Misterios, Pompeya.
Así durante el primer siglo del Imperio encontraremos  los mejores ejemplos de este cambio de moralidad y esta nueva concepción del cuerpo desnudo. Incluso se puede hablar de una abundancia de imágenes erotizadas, sólo hay que darse un paseo por las calles y casas de Pompeya para descubrir la naturalidad del desnudo y del erotismo en la sociedad romana del siglo I d.C.

Además hay que apuntar que este tipo de imágenes no sólo estaban en lugares públicos como termas o prostíbulos, sino que también las encontramos dentro de las villas, en estancias abiertas a la recepción de visitantes. Tal vez el mejor ejemplo sean los frescos de la Villa de los Misterios que nos hablan por un lado, de la pasión por retratar los cuerpos semidesnudos; y por otro, de la naturalidad con la que estos temas se representaban.

Otro ejemplo lo encontramos en las termas, donde acudían y se entremezclaban gente de toda clase y condición. Este nuevo culto al cuerpo queda muy bien reflejado en algunos de los Epigramas de Marcial que permiten intuir el ambiente reinante en estos baños públicos, cargado de miradas lascivas y deseos eróticos, un ambiente donde incluso se podían mezclar hombres y mujeres (se conoce la existencia de termas mixtas en Roma), y donde aquellos mejores dotados presumirían de su virilidad y donde el flirteo sería la principal diversión dentro de estos baños.

Ten cuidado, curioso
Nos miras fijamente, Filomuso cuando nos bañamos y luego preguntas que por qué tengo unos esclavos imberbes que la tienen como Príapo. Contestaré sin rodeos a tu pregunta: Les dan por culo a los curiosos, Filomuso.
- Marcial XI, 63


Los honores de rigor
Cuantas veces, Flaco, oigas en los baños públicos un aplauso, has de saber que la verga de Marón está presente.
- Marcial IX, 33

Como apunta Jean-Noel Röbert esta abundancia de imágenes mantenía "el fantasma erótico en la mente de los romanos". El descubrimiento del cuerpo fue sin duda una de los ritos amorosos que más anhelaban los romanos, posiblemente porque fue una de sus más interiorizadas prohibiciones de época republicana. Así el gran poeta Ovidio aconsejaba a la mujer no dejar que la luz de la luna entrase por la ventana y donde el poeta Propecio se lamentaba amargamente que su mujer le obligase a "entregarse a sus arrebatos entre tinieblas (ya que) sería profanar a Venus"

El desnudo femenino

A pesar de esta abierta sexualidad de la sociedad romana imperial e incluso con su tolerancia en exhibir la desnudez en público hay un tabú que paradójicamente se mantiene en este época... una mujer honrada nunca debía mostrarse completamente desnuda ante su pareja.

Mosaico. Leda y el Cisne.
La causa de este tabú puede tener diferentes explicaciones, aunque seguramente tenga un poco de cada una de ellas: por un lado, se especula que se deba a un pudor ancestral muy arraigado en la sociedad latina, aunque también es probable que el motivo sea algo más fútil como ocultar a la vista del amante algún 'defecto' físico, también están aquellos que lo achacan a una cuestión de estatus social, ya que es más propio de las meretrices quedarse completamente desnuda ante un hombre. Por último, también podemos apuntar que esa actitud de ver y esconder, no deja de ser un juego para envolver al encuentro de un halo de misterio y sensualidad añadida.

A pesar de lo dicho, es importante señalar que en esta época las mujeres van a lograr emanciparse de la rígida tutela masculina, que irá acompañada de una conquista de su propia sexualidad y donde la desnudez de la mujer se convierte en un avance más para sus libertades.

Esta nueva moralidad de la mujer romana queda muy bien reflejado en este pasaje de Ovidio:

La Siesta

 “He aquí que llega Corina, vestida con una túnica sin ceñir, su cabellera peinada en dos mitades cubriéndole el blanco cuello (…)

Le arranqué la túnica, aunque por lo fina que era apenas suponía estorbo; ella sin embargo luchaba por taparse con la túnica; y luchando como si no quisiera vencer, fue vencida, más sin dolerse de su rendición. Cuando quedó erguida sin vestiduras frente a mis ojos, en ninguna parte de todo su cuerpo encontré defecto alguno; ¡qué hombros!, ¡qué brazos tan hermosos vi y toqué!, ¡cuán a propósito era la forma de sus senos para apretarlos!, ¡qué liso su vientre bajo el terso pecho!, ¡qué anchas y estupendas sus caderas!, ¡qué juvenil su muslo!

¿Para qué contarlo todo minuciosamente?: nada vi que no fuera digno de elogio, y desnuda la estreché contra mi cuerpo. ¿Quién no adivina lo demás? Fatigados luego, estuvimos descansando los dos.
¡Ojalá tenga yo muchos mediodías como éste!”
- Ovidio, Amores, I, 5


Pintura erótica pompeyana.

A pesar de todo ello, la moralidad sobre la desnudez femenina imperaba de tal modo en la sociedad romana que en sus representaciones artísticas son escasos los ejemplos donde encontramos desnudos integrales.

Por regla general, tanto pubis como los senos aparecen tapados, aunque a veces de forma tan sutil y elegante que pasa casi inadvertido, un brazo, un velo o una mano tapan la visión del sexo, otras veces es la perspectiva la que impide la visión de sus partes más íntimas.

Mamillare, el sujetador de las romanas.
Incluso en las atrevidas pinturas eróticas pompeyanas, las prostitutas siempre llevan alguna prenda que impiden ver a la mujer completamente desnuda, ya sea llevando, la faja-sujetador denominada strophium o mamillare o un simple velo que les cubre el sexo.

Como bien señala Alberto Angela en su obra 'Amor y sexo en la antigua Roma' estas representaciones se pueden comparar a nuestras actuales fotos de modelos que aunque la mayoría de las veces aparecen casi desnudas son fotos más elegantes que obscenas, muy alejadas de las fotografías que podemos observar en una revista pornográfica.


Parte III: Estoicismo. Una nueva moral para un Imperio

Pero a partir del siglo II, con la difusión de la nueva moral estoica (Séneca, Plutarco,...) se pondrán en alza una serie de valores como la templanza, el autocontrol, el desprecio de las pasiones, el amor conyugal, la fidelidad e incluso la castidad... donde ya no habrá cabida para las pasiones que habían dominado los siglos anteriores... el placer y el erotismo quedarán relegados como vicios pasados.

El nuevo hombre romano aunque aún no se avergüenza del cuerpo desnudo, sí que impone una nueva concepción del cuerpo desnudo como una peligrosa fuente de corrupción moral, que ponían en peligro la integridad moral de las personas. Así por ejemplo, a partir de Adriano se prohibieron los baños mixtos en las termas, regulando la entrada de hombres y mujeres a través de diferentes horarios.
Mosaico.

No nos extenderemos mucho sobre estos trascendentales cambios, puesto que ya hemos dedicados algunos post sobre este tema. Simplemente apuntar que el hombre romano fue perdiendo algunas costumbres que naturalizaban el concepto de desnudez. La fidelidad a la esposa y la idea del amor romántico, dejaron atrás el concubinato, por lo que el marido se acostumbró a tener sexo con sólo una mujer, su esposa.  A esto hay que sumar ideas como la templanza o el autocontrol que ayudaron a difundir el concepto de la procreación sólo para concebir.

Todo esto hizo que progresivamente la aristocracia romana se autoimpusiese un cierto pudor sobre la desnudez, una vuelta a los valores tradiciones republicanos pero con una gran diferencia, el hombre había dejado de ser un pater familias que gozaba libremente de su sexualidad, ahora había escogido vivir en igualdad con su esposa y entregarse a la idea de amor familiar y la fidelidad.


Parte IV: Cristianismo. El pecado del cuerpo

Los cristianos aprovecharon estas doctrinas paganas (estoicismo, gnósticos) para articular su moral sexual. La Iglesia según se va afianzando en las estructuras del poder regulará y legislará muchos de estos componentes morales, añadiendo algunos conceptos novedosos como los sentimientos de miedo, culpa o pecado, y criminalizando algunas costumbres como la homosexualidad, el adulterio, la prostitución o el divorcio.

Adán y Eva. Catacumba de Priscila.
Así los padres de la Iglesia de los siglos IV y V como Jerónimo, Gregorio, Niseno, Juan Crisóstomo o Agustín de Hipona impondrán una moral basada en dos principios básicos: lo puro y lo impuro, sancionado de manera radical todas aquellas costumbres catalogadas como impuras.

Bajo estas premisas, el cuerpo humano, se convirtió en algo impuro, en comparación con la pureza del alma, por lo que la carnalidad pasó a ser considerada un símbolo de pecado, algo rechazable, ya que era fuente de tentaciones y deleite de los sentidos.

La representación del cuerpo en el arte paleocristiano adquirirá formas más sencillas, menos realistas, más abstractas, buscando transmitir un mensaje pedagógico, huyendo de la transmisión del deleite visual.

Esta nueva moral será difundida y amplificada porsteriormente por los nuevos representantes del Cristianismo, tales como Alberto Magno o Tomás de Aquino.






Bibliografía

Luz Neira. Desnudo y Cultura: "La construcción del cuerpo en los mosaicos romanos" (coordinación y edición). Creaciones Vincent Gabrielle (CVG), Madrid, 2013.

https://elcuerpoylaimagenenlahistoriadelarte.wordpress.com

https://menearte.wordpress.com/2015/02/03/el-desnudo-masculino-en-la-escultura-clasica-muy-diferentes-los-romanos-de-los-griegos/





domingo, 3 de enero de 2016

Mussolini y el sexo

Dictadores: Sexo y Poder
1.- Mussolini
2.- Stalin
3.- Hitler
4.- Mao
5.- Franco
6.- Leónidas Trujillo

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Mussolini, 1938.
Para hablar de la sexualidad de Benito Mussolini, no hay nada mejor que observar un video de uno de sus discursos, y es que esa misma pasión y fuerza que irradiaba durante sus proclamas públicas también la mostró en el plano sexual.

Su personalidad así como su sexualidad se caracterizó por sus excesos, Mussolini desprendía una sexualidad desbordante, que se plasmó en la especial relación que tuvo con las mujeres, ya que fue un mujeriego empedernido con decenas de amantes, sin importarle su condición social o su belleza.

Incluso, es sabido que hubo veces que desatendió sus obligaciones de estado por estar con alguna de sus amantes. Mussolini no se avergonzaba de sus conquistas, se dejaba ver en público con sus amantes, ya que le gustaba que las masas le viesen como un conquistador, y no sólo de mujeres, sino también como un hombre de Estado, capaz de conducir a la nueva Italia hacia la gloria.

Mussolini también se exhibía realizando todo tipo de actividades físicas o deportivas: nadando, esquiando o montando a caballo, y es que para el fascismo el culto al cuerpo era uno de sus pilares básicos, y Mussolini encarnaba la juventud y la energía de la nueva Italia fascista que estaba construyendo.

Por eso una de sus obsesiones en los últimos años de su gobierno fue su crepitud, obsesión que también trasladó al plano sexual, por lo que no dudó en tomar una píldora afrodisíaca, inventada por los alemanes y denominada Hormovin, para poder seguir rindiendo plenamente con sus jóvenes amantes.

Y es que Mussolini tenía que mostrarse como un hombre viril en todo momento y lugar, muchas veces rozando lo caricaturesco, pero que supo fascinar al pueblo italiano, representando al modelo de hombre que todo italiano aspiraba a ser: carismático, conquistador, viril...

Por lo que el mito de hombre desbordante de testosterona, de mujeriego, que se forjó Mussolini era bien vista por la mayoría de sus compatriotas, causando furor y admiración entre muchas mujeres italianas. Incluso tuvo una oficina encargada de cribar las cartas de sus numerosas admiradoras y seleccionar entre ellas a aquellas a las que se les concedería una "audiencia privada".

Dicen las malas lenguas, que desde que llegó al poder, Mussolini siempre que se encontraba en su palacio de Venecia, recibía, durante la hora de la siesta, a alguna de sus admiradoras.

El papel de la mujer

Todo esto no nos debe hacer olvidar el papel de la mujer dentro de los movimientos fascistas, ya que Mussolini durante su gobierno convirtió a Italia, ya de por sí bastante machista, en un país misógino y de férrea exaltación machista.

Sólo hay que recordar los ideales que pregonaba la propaganda fascista respecto a los roles del hombre y la mujer dentro de la sociedad.  Ideología que incluso llegaba a justificar el maltrato y la violencia machista:

Hitler decía: "El hombre debe ser instruido para la guerra y la mujer para la procreación y descanso del guerrero. Si vas con la mujer...¡¡no olvides el látigo!!".  El propio Mussolini recordaba el papel de la mujer dentro del nuevo estado fascista y proclamaba: “A las mujeres, bastonazos e hijos”.


Las amantes de Mussolini

La vida del Duce siempre estuvo marcada por las mujeres, conquistador insaciable, alguna de sus numerosas amantes serán fundamentales en su configuración ideológica, convirtiéndose en un permanente apoyo para su carrera política. Y es que siguiendo el rastro de sus numerosas amantes podemos trazar un paralelismo de su evolución ideológica: desde sus inicios en el socialismo más radical a su progresiva radicalización dentro del fascismo.

Esta búsqueda de nuevas y constantes amantes ha sido justificada bajo la excusa de su naturaleza impulsiva y volcánica, pero también fue una medida pensada para reforzar su imagen de hombre carismático. El propio Mussolini defendió esta visión del amor al proclamar: “A una mujer no se la puede amar profundamente más de tres meses”.

Y aunque el testimonio de algunas de sus amantes nos ha dejado el retrato de un hombre siempre apasionado y vigoroso, sabemos que también se comportó de forma brutal y despiadada con algunas de las mujeres a las que amó.


Las amantes revolucionarias:

Entre sus primeras amantes podemos destacar aquellas vinculadas al Partido Socialista Italiano y que ayudaron al Mussolini a ascender dentro del partido y a configurar su ideología:

Angelica Balabanov: 1902-1914, fue una política de origen ruso, que le inculcó a Mussolini sus ideas políticas e impulsó la carrera de Mussolini dentro del Partido Socialista Italiano hasta que sus desavenencias por el intervencionismo de Italia en la I Guerra Mundial hizo que ésta proclamase su expulsión del partido.

Ana Kulischoff: Fue otra de sus amantes de sus primero tiempos dentro del partido socialista y que favorecerá su ascenso dentro del partido, ya que esta mujer fue una de las principales exponentes y fundadoras del Partido Socialista Italiano.

Leda Rafanelli: El gusto por el exotismo de Mussolini se confirma con su affair con esta anarquista árabe conocida con el sobrenombre de la "gitana anarquista", durante su período dentro del partido socialista revolucionario mantuvo una relación erótica-política.

Su primera y olvidada esposa:

Ida Dalser: La relación con esta mujer es el mejor ejemplo del carácter despiadado de este dictador. No están claras las circunstancias de cuando y donde esta esteticién conoció al joven Mussolini, aunque todo parece indicar que se casaron en 1914, dándole un hijo al dictador al que no dudó en llamar Benito.

Pero tras la vuelta de Mussolini de la guerra en 1917 y la fundación del Partido Fascista su ascenso político fue fulgurante, por lo que pronto Ida Dalser se convirtió en un estorbo para su carrera, por lo que tanto ella, como su hijo, fueron vigilados estrechamente por la policía.

Cartel de la película
italiana 'Vincere'.
Benito Mussolini no dudó en utilizar todos los mecanismos del estado para borrar toda huella de este matrimonio, haciendo desaparecer los comprobantes de esta unión matrimonial. Pero ante la insistencia de Ida por hacerse reconocer públicamente como la mujer del Duce, éste no dudó en recurrir a un médico para que la declarase demente, siendo internada en un manicomio de Verona, donde moriría sospechosamente años después.

Por suerte para nosotros se han conservado algunas de las cartas que Ida Dalser envió a las más altas autoridades italianas, incluyendo al mismísimo Papa, para que se reconociese legalmente a su hijo. Algunas de las misivas más desgarradoras van dirigidas directamente a Benito Mussolini y son el mejor reflejo de la vil personalidad del dictador:

"Lo que te pido es muy poco: mi hijo y mi inmediata liberación de este pútrido manicomio, de este hospital para enfermos de tuberculosis donde no tienes derecho a enterrarme […] mis posesiones […] mis muebles y todo el mobiliario de mi apartamento en Milán para que se le entreguen a mi hijo. Haz que se deje de insultar a la madre de tu hijo, al menos para calmar tu conciencia y al fantasma que te visitará cada noche […] Benito, escucha llorar a mi corazón, nos amábamos, nos adorábamos apasionadamente, tuvimos un hijo en común, y por ti, estoy ahogándome en un mundo lleno de calamidades, tú has matado mi querida y saludable juventud."
- Fragmento de una carta de Ida Dalser dirigida a Benito Mussolini.

Su hijo secreto corrió similar suerte, vigilado por la policía secreta fascista fue apadrinado por un alto cargo del partido y rápidamente enrolado en la marina, pero ante la insistencia de proclamar que era hijo del Duce, pronto fue internado en un asilo donde murió en 1942 a la edad de 26 años, según algunas fuentes por desnutrición.

Esta trágica historia se cuenta de manera magistral en la premiada película italiana 'Vincere', la cual se asoma a la lucha de esta mujer por recuperar su vida..

Su esposa oficial:

Familia Mussolini, 1923.
Rachele Guidi: Si por algo destacó este matrimonio fue por la mutua admiración que los dos se tuvieron hasta el fin de sus días. Sorprende saber que a pesar de sus continuas aventuras extramatrimoniales, el dictador siempre veneró a su esposa, tal vez por la actitud sumisa y silenciosa de ésta,  que nunca protestó ante tal situación, asumiendo su papel de mujer oficial del Duce, alejada de todos los asuntos oficiales y resignándose a un único rol... el de madre y esposa silenciosa.

Circula una anécdota de cómo se conocieron y qué muestra muy a las claras el carácter temperamental, incluso violento, de Benito Mussolini. Según algunas fuentes a la hora de pedir su mano acudió a la casa familiar de Raquel donde, delante de todos sus familiares, sacó una pistola del bolsillo y proclamó: “Si Raquel no me quiere, aquí hay seis balas: una para ella y las otras para mí”.

Su matrimonio civil se produjo a la vuelta de Mussolini de la I Guerra Mundial, poco después del abandono de su primera esposa Ida Dalser,  y a pesar de sus conocidas y públicas infidelidades renovaron sus votos, esta vez, en un acto religioso en 1925, cuando Mussolini ya se alzaba como el hombre más poderoso de Italia.

Durante el régimen fascista, la figura de Rachele fue presentada como la de madre y ama de casa fascista ejemplar, dándole al dictador hasta cinco hijos, y viviendo siempre a la sombra de su marido.


Las grandes amantes de Mussolini:

No podemos despedir esta entrada sin hablar de las dos mujeres (y amantes) más influyentes en la vida de Mussolini, y gracias a las cuales podemos conocer mejor la vida sexual del dictador: estas son Margueritta Sarfatti y Clara Petacci:

Margueritta Sarfatti
Margueritta Sarfatti, la amante judía de Mussolini: Esta fascinante mujer nacida en el seno de una rica familia judía italiana y casada con un rico industrial milanés siempre estuvo vinculada al mundo del arte. Activista del Partido Socialista Italiano su acercamiento a la corriente crítica encabezada por Benito Mussolini hizo que pronto surgiese una mutua simpatía entre ellos, convirtiéndose en una de sus más fieles colaboradoras, financiando su definitivo ascenso al poder y convirtiéndose en la principal portavoz internacional del movimiento fascista.

Incluso en 1925 escribió una biografía sobre Mussolini, titulada 'Dux' que se convirtió en todo un éxito de ventas, y donde pretendía enseñar la cara amable del nuevo régimen fascista que se estaba alzando en Italia.
 
Aunque gracias a esta relación amorosa los modales del Duce se volvieron algo más refinados y sofisticados, su aventura amorosa no durará mucho, distanciándose definitivamente ante la adopción por parte del gobierno de políticas antisemitas de inspiración nazi, huyendo poco tiempo después a Sudamérica para evitar convertirse en una víctima más del régimen fascista.


Clara Petacci: Junto a su esposa fue la mujer más importante en la vida de Mussolini convirtiéndose en la amante oficial de Mussolini hasta su trágico final. Hija de una rica familia romana, desde muy jovencita se convirtió en una admiradora del Duce, al más estilo fenómeno fan, ya que su habitación estaba llena de retratos del Dictador.

Clara Petacci.
Se conocieron en una playa de Ostia en 1933 y a partir de ahí comenzaron una relación amorosa que durará hasta su muerte en 1945. Su mujer Rachele, consciente de que esta no era una aventura más, procuró acabar con esta relación, sin conseguirlo nunca. Y es que ella era una bellísima joven de 20 años, mientras el Duce contaba ya con 49 años.

La propia Clara demostró su amor incondicional hacia el Duce aguantando a su lado incluso en los peores momentos, aunque antes vivieron una apasionada e intensa relación amorosa. Una vez que Clara abandonó a su marido, un teniente de aviación italiano, Mussolini, loco de amor y de celos, la recluyó en una mansión en uno de los barrios más exclusivos de la capital italiana.

Los diarios íntimos de Clara Petacci

Fue en esta jaula dorada, donde Clara, hastiada de su encierro, empezó a escribir unos diarios íntimos, donde narra con todo lujo de detalles sus encuentros sexuales con el Duce, permitiéndonos conocer más en profundidad a este oscuro personaje, sus manías y sus obsesiones.

En estos diarios se recogen todo tipo de intimidades y nos permiten confirmar algunos de los datos antes ofrecidos. Así en un pasaje de su diario Petacci recoge la confesión del dictador que le aseguró haber tenido 14 amantes y haberse acostado con cuatro mujeres distintas en una misma noche.

Libro 'Mussolini secreto',
donde se recogen los diarios
secretos de Clara Petacci.
Por otro lado, estos diarios nos viene a confirmar el carácter fogoso y pasional de esta relación: ”Hacemos el amor y grita como un animal herido”; “lo hacemos con violencia”, son algunos de los fragmentos de estos diarios, que nos vendrían a confirmar que la personalidad visceral que el Duce ofrecía en sus comparecencias públicas también se trasladaba a la intimidad de su dormitorio.

En estos pasajes se puede apreciar la mutua pasión que ambos amantes sentían el uno por el otro, sacando incluso en lecho amatorio su lado más salvaje y violento: "pierdo el control: si no fuese así, los nuestro serían coitos maritales, aburridos", pudiendo intuir un cierta inclinación hacia el sexo duro: "Sois agresivo como un león, violento y majestuoso".

Esta pasión por el sexo y por su fogosa amante se recoge en otro de sus pasajes: “No quiero hacer el amor una vez a la semana como los buenos palurdos; te he acostumbrado y me he acostumbrado a un amor frecuente y espero que no quieras cambiarlo”. 

Incluso estos diarios nos permite hurgar en determinadas filias del dictador: "Soy esclavo de tu carne. Tiemblo mientras lo digo, siento fiebre al pensar en tu cuerpecito delicioso  que me quiero comer entero a besos. Y tú tienes que adorar mi cuerpo, el de tu gigante. Te deseo como un loco".

La publicación de estos diarios han venido a confirmar la verdadera personalidad del dictador: pasional y caprichosa, guiada por un erotismo desenfrenado, que rozaba muchas veces la obsesión sexual y es que algunos pasajes de estos diarios son más propios de un libro de relatos eróticos:

"Su rostro está rígido, sus ojos centellean. Yo estoy sentada en el suelo. Él se desliza del sillón y se echa sobre mí, curvo. Siento que todos sus nervios están tensos. Lo aprieto contra mí. Lo beso y hacemos el amor con tanta furia que sus gritos parecen los de un animal herido. Después, agotado, se deja caer sobre la cama. Incluso cuando descansa es fuerte".


La muerte del Dictador

El amor que sentía Mussolini, por las dos mujeres de su vida, su esposa Rachele y su amante Clara, se manifestó en los momentos finales de su vida, cuando consciente de que el régimen fascista italiano se estaba desmoronando trató de poner a ambas a salvo, lejos de la represalia de sus compatriotas.

Por ello, decidió cortar su relación con Claretta y trató por todos los medios que huyera a España, alentando a los oficiales alemanes que lo vigilaban a trasladar a su amante al aeropuerto de Milán. Pero Claretta estaba decidida a no abandonar al amor de su vida y mientras toda su familia huía de Italia ella decidió permanecer cerca de su amado líder.

A finales de abril de 1945 Mussolini huía de Milán saliendo apresuradamente camino a Suiza, pero el convoy alemán que le escoltaba fue asaltado por una patrulla de partisanos, que identificaron a Mussolini llevándole preso a la cercana localidad de Dongo.

Claretta enterada de este suceso no dudó ni un instante en acercarse al presidio donde retenían a su amado Duce, ya que sabía que los partisanos lo iban a fusilar. Ella era consciente de que este acto supondría su propia muerte, ya que los partisanos no tendrían piedad de la "puta del dictador". Pero ella estaba a decidida a compartir la suerte de su amor.

Aun así, una vez trasladados los prisioneros a la localidad de Bonzanigo, a ella se le dio una última oportunidad de abandonar al Duce, pero ella se negó, por lo que la mañana del día 28 de abril fueron trasladados hacia una cercana granja para ejecutar la sentencia de muerte.

Cadáveres de Mussolini y Clara Petacci colgados en Milán.

Según cuentan las crónicas hasta el último momento Clara dio muestras de la devoción absoluta que sentía por Mussolini, ya que cuando un soldado levantó su ametralladora para darles muerte, ella se abrazó a Mussolini e intentó interponerse, cayendo muerta al instante. El dictador aún indemne abrió su chaqueta y gritó «¡Dispareme en el pecho!». Una nueva ráfaga de disparos cayó sobre Mussolini aunque, fuerte como era, necesitó un tiro de gracia en el corazón.

Sus cadáveres fueron trasladados a Milán, donde fueron golpeados, apaleados y finalmente colgados  cabeza abajo en una gasolinera de Plaza Loreto, donde sus cuerpos siguieron siendo sometidos a toda clase de ultrajes. Pero incluso después de muertos el destino de estos dos amantes siguió unido, siendo ahorcados conjuntamente y fotografiados juntos posteriormente en la morgue.





Bibliografía


Pieroni, Alfredo; El hijo secreto del Duce, Garzanti, Milán, 2006

Ducret, Diane; Las Mujeres de los dictadores, Aguilar, 2011.

Gasparini, Juan; Mujeres de Dictadores, Península, 2002.

Montero, Rosa; Dictadoras: Las mujeres de los hombres más despiadados de la historia, Lumen, 2013.

Suttora, Mauro; Mussolini secreto: Los diarios de Claretta Petacci (1932-1938), Crítica, 2010.


http://dinastias.forogratis.es/el-affaire-de-la-ultima-reina-de-italia-con-mussolini-t2508.html


http://www.elmanifiesto.com/articulos_imprimir.asp?idarticulo=677









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