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jueves, 24 de octubre de 2019

El Concilio de Constanza: Prostitutas, cortesanas y una estatua.


Parte I: El Concilio de Constanza: prostitutas, cortesanas y una estatua.
Parte II: Imperia, la primera cortesana.

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Quién tenga la suerte de poder viajar al lago Constanza, una maravilla de la naturaleza, por algo es llamado la "costa azul alemana", podrá descubrir con asombro, si se acerca a la ciudad del mismo nombre, cómo a la entrada de su puerto les recibirá la enorme escultura de una provocativa mujer .

La mujer va vestida con unas finas gasas transparentes, que se abren para mostrarnos sus larguísimas piernas y su ropa interior. El vestido, abrochado con un cinturón, apenas cubre sus prominentes y redondeados pechos.

Escultura de Imperia.

Pero que la belleza de su figura no os impida ver lo que sostienen sus manos: la figura de dos personajes desnudos, una ataviado como un rey, y el otro, como un Papa, son la representación del emperador Segismundo y el Papa Martín V, dos de los hombres más poderosos de su época, y como bien simboliza la escultura, a pesar de todo su poder, sus corazones estuvieron en manos de esta hermosa mujer.

¿Quién es esta misteriosa mujer? Imperia Cocagna, era su nombre, y según relatan las fuentes, era la cortesana más bella que hubo en su época. ¿Queréis conocer la historia que se esconde tras esta estatua? Pues acompáñanos a una de las épocas más convulsas para la cristiandad y os mostraremos como el sexo y el poder siempre han mantenido un estrecho vínculo, y la importancia histórica que tuvo Imperia, considerada como la primera cortesana de la historia.


La estatua


Esta singular escultura fue inaugurada en 1993, mide 9 metros y es obra de Peter Lenk. Como podrán suponer su inauguración fue todo un escándalo en la localidad, y es que ese puritanismo calvinista tan frecuente en estas tierras sigue muy vigente en la actualidad. Por suerte, la estatua se erigió sobre los terrenos privados pertenecientes a una compañía ferroviaria, por lo que la campaña pública para censurarla tuvo poco efecto. Además, poco a poco, se fue ganando el corazón de sus habitantes, convirtiéndose en uno de sus principales valores turísticos.

Para los más voyeristas podemos añadir que la estatua está situada sobre un pedestal que gira sobre su eje, por lo que cada cuatro minutos, la bellísima Imperia da una vuelta sobre sí misma, para que podamos admirar sus atributos sin problemas.

Como decíamos sobre sus manos sostiene dos personajes caricaturescos que personifican el poder terrenal y el poder espiritual... En su mano derecha se posa la figura del Emperador Segismundo que sostiene el globo imperial, en su mano izquierda se asienta el Papa cubierto por la tiara papal. Ambos poderes sucumben a la tentación, no sólo de la lujuria, sino también de la riqueza, del poder, de la ambición...

Aunque tal como dijo su creador: "Las personas de la bella Imperia no son ni el papa ni el emperador, sino saltimbanquis que se apoderaron de insignias del poder secular y espiritual. Libre a la interpretación histórica del observador decidir en qué medida los verdaderos papas y emperadores han sido, también, unos saltimbanquis."


Constanza


Nos situamos, estamos a las orillas de la ciudad de Constanza, ciudad que da nombre a este lago que hace frontera con tres países: Alemania, Suiza y Austria. Como podéis suponer esta maravilla natural ha sido un enclave histórico desde tiempos inmemoriales, tanto por su posición estratégica como puente sobre el Rin, como por ser un punto de cruce comercial de toda Europa,  por lo que numerosas culturas han dejado su huella en este territorio.

La pequeña ciudad de Constanza se convirtió en un importante paso comercial y durante los siglos X al XV ganó enorme protagonismo, tanto que allí se celebró el Concilio de Constanza, un intento de poner orden dentro de una Iglesia Católica dividida, corrupta, analfabeta y pecaminosa. Sus objetivos: finalizar con el Gran Cisma de Occidente, un hecho insólito, ya que hubo varios Papas gobernando simultáneamente y, por otro lado, intentar reformar la Iglesia.

Escultura en la entrada del puerto con el lago Constanza de fondo.


Marco histórico


La Iglesia, que durante todo el medievo había ido sufriendo diversas herejías y descontentos, entró en el siglo XIV en plena crisis institucional y de valores, desde su cabeza hasta sus pies. 


El cuerpo sacerdotal estaba formado por hombres analfabetos, sin apenas formación espiritual, muchos de ellos vivían abiertamente con su concubina, cuando no tenían familia directamente, a la gran mayoría se les acusaba de ser poco menos que borrachuzos y de abusar de su posición de poder para intimar con mujeres.

Su jerarquía era incluso peor, ya que a los vicios antes descritos sumaban una ostentación del lujo y de riqueza insultante, y una desmedida ansia por el poder. Los Papas no eran muy diferentes, hijos de poderosas familias que se aferraban al peligroso trono de San Pedro y ejercían su poder como cualquier otro noble.

A todo ello hay que sumar el desconcierto que suponía para los fieles el Cisma de Occidente, con la existencia de varios Papas al mismo tiempo, con sus propias cortes. En tiempos del Concilio de Constanza hubo hasta tres Papas gobernando al mismo tiempo.

En el momento de la proclamación del Concilio coexistían 3 Papas que se disputaban la silla de San Pedro


Si a este panorama de crisis espiritual sumamos la difícil situación social que vivieron los reinos medievales durante el siglo XIV tenemos el caldo de cultivo para el surgimiento de toda clase de movimientos religiosos que hicieron tambalear los cimientos de la Iglesia Católica. 


Entre las causas de este malestar social tenemos la llegada de la Peste Negra a Europa, así como un período de hambrunas generalizadas debidas a la concatenación de una serie de malas cosechas por un cambio climático que enfrió varios grados el clima de Europa; sin olvidar la siempre inquietante sombra acechante del poder musulmán, encabezado por el Imperio Otomano.

Retrato del emperador Segismundo.
Por lo que no nos puede extrañar que en una sociedad profundamente religiosa, y bajo este clima de inseguridad y zozobra, surgiesen toda clase de individuos, desde profetas que proclamaban el fin del mundo, visionarios que profetizaban el advenimiento de cristo, pasando por intelectuales reformistas que exigían la reforma de la Iglesia y aireaban la corrupción del trono de San Pedro.

Por todo ello, Segismundo de Hungría, el Emperador del Sacro Imperio Germánico, única persona con poder para proclamar un concilio ecuménico en lugar del Papa, intentó poner orden en la Iglesia convocando el Concilio de Constanza, el único celebrado en territorio alemán, y que se
alargó durante más de 4 años, entre 1414 y 1418.  Un período en el que la pequeña ciudad de Constanza vivió una eclosión económica con la llegada de más de 70.000 personas, entre ellos, las inmensas cortes que arrastraban tanto el Papa, como el propio emperador, como los embajadore de todos los países allí convocados.



Las cortesanas del concilio


Con la llegada del Concilio la ciudad prosperó rápidamente, y ante el gran número de visitantes pronto empezaron a eclosionar nuevas viviendas, mercados, fondas y hostales, ¡y como no! prostíbulos. A la ciudad llegaron monarcas, cardenales, nobles, eclesiásticos, soldados y toda clase de sirvientes, y tras el sonido de sus tintineantes monedas también se instalaron mercaderes, ladrones y sobre todo prostitutas.

Algunos historiadores apuntan que apaciguar los ánimos de los asistentes y contentar a los allí reunidos se hizo llegar de todas las ciudades próximas más de 700 mujeres públicas. Y que el propio emperador Segismundo escribió una misiva desde Constanza requiriendo los servicios de 1500 prostitutas más.

Panorámica de la ciudad de Constanza

Por muy devoto cristiano que fuese el Emperador esto de la castidad y la fidelidad conyugal no iba con él. Ya que aunque a su llegada a Constanza vino acompañado de su segunda esposa, Bárbara de Celje, viendo el ambiente que iba adquiriendo el concilio no dudó en enviarla rápidamente de vuelta a Hungría.

Y es que la afición del emperador por las mujeres de vida licenciosa era por todos sabidos. Por ejemplo, sabemos que en su visita a la ciudad de Berna en 1434, las autoridades de la ciudad abrieron las puertas de las casas de prostitución de forma gratuita tanto para él como para su ejército. Un detalle, que el emperador agradeció públicamente en su discurso a las autoridades locales, destacando su calurosa hospitalidad y que hubieran puesto a su disposición, y de su séquito, las casas de mujeres públicas durante tres días seguidos.

Prostíbulo medieval.

Otro testimonio sobre la vida licenciosa del Emperador nos lo ofrece el Papa Pío II, que en su novela erótica "Historia de los dos amantes", ¡sí! habéis leído bien... una novela erótica, aunque la escribió antes de ser Papa, y ¡claro está!, después tuvo decir que se arrepentía mucho de haberla escrito.

Pues en esta novela también nos habla del gusto de Segismundo por las mujeres, especialmente aquellas mujeres de alto rango, inteligentes y bellas, por lo tanto no es de extrañar que quedase prendado de nuestra Imperia:

"Por muchas partes se ha difundido con cuántos honores se recibió al Emperador Segismundo al entrar en la ciudad de Siena, de donde somos tú y yo.(...)  Una vez acabadas las ceremonias, cuando Segismundo se acercó a este palacio se encontró por el camino con cuatro mujeres casadas, casi idénticas en nobleza, belleza, edad y elegancia (...) Segismundo, aunque viejo, era proclive al deseo y le deleitaban especialmente las palabras de las mujeres, disfrutaba con sus encantos femeninos y nada le parecía más agradable que el aspecto de aquellas ilustres mujeres".

 

Recordar que durante la Edad Media las mujeres públicas estaban agrupadas como cualquier otro gremio, con sus propios derechos y deberes dentro de la ciudad, al igual que cualquier otra profesión.


Normalmente estas casas de prostitución estaban agrupadas en torno a un barrio, y es que, por aquella época, la prostitución, aunque mal vista, estaba tolerada, siendo una práctica pública y visible. Aunque las mujeres que caían en el mundo de la prostitución solían ocupar una posición social baja y despreciable, muchas veces obligadas a lucir algún tipo de prenda distinguible (cintas amarillas en los brazos).

 

Pero de todas las prostitutas llegadas a la ciudad destacaron especialmente las cortesanas venidas de Roma, encabezadas por Imperia Cognati, que acompañaban al séquito de nobles y eclesiásticos provenientes de la ciudad eterna. 

 

 


Fotograma de la película "La ramera errante"
Vemos a las prostitutas con sus lazos amarillo como signo de diferenciación social.

Cortesanas italianas: el surgimiento de una nueva clase de prostitución


Tintoretto. 1576. Retrato de Veronica Franco.
Worcester Art Museum, Massachsetts.
Este grupo de cortesanas causaron admiración no sólo por su físico, sino sobre todo por sus habilidades en tan diversas artes como la poesía, la música, la pintura. Eran mujeres sofisticadas, cultas, refinadas, osadas y muy inteligentes, expertas en el arte de la seducción, muy alejadas del resto de prostitutas que se habían congregado en la ciudad alemana.

Algunos historiadores apuntan que el surgimiento de este tipo de "mujer de compañía" de lujo se debió precisamente a la postura cada vez más intransigente de la Iglesia sobre el amancebamiento de sus clérigos. Al prohibirles vivir con una mujer de manera estable y pública se dedicaron a disfrutar de la compañía de este otro tipo de mujeres: prostitutas que hacían las veces de amantes, pero también de compañeras de conversación, juegos y entretenimiento.

Por lo que muy pronto surgió en torno a la corte Papal un buen número de mujeres especializadas en tratar el ambiente distinguido y educado de la corte romana. Estas mujeres acompañaban a sus amantes en sus viajes, y en casos excepcionales como el Concilio de Constanza, se asentaban en la ciudad con ellos. Y es aquí, precisamente, en este Concilio, cuando la fama de estas cortesanas se extendió por toda Europa, ya que los nobles y príncipes llegados de todos los rincones de Europa se quedaron anonadados ante la belleza, la etiqueta, la conversación y las habilidades de estas mujeres.

Estas mujeres, sabedoras que su fortuna era tan efímera como su belleza, supieron acumular grandes fortunas jugando con las pasiones y sentimientos de sus numerosos amantes. Por lo que solían mantener una relación estable con algún cliente poderoso, al tiempo que flirteaban con otros hombres. 
Imperia retratada por Rafael como la poetisa griega Safo.

Para saber más sobre estas famosas cortesanas del renacimiento podéis visitar nuestra entrada de "Cortesanas poetisas: la prostitución en el Renacimiento", donde analizamos más profundamente la figura de estas mujeres

La celebración del Concilio supuso una conmoción para la comunidad católica de la época, ya que a pesar que uno de los objetivos de este concilio era regenerar el cuerpo de la Iglesia y ofrecer una imagen menos pecaminosa, en realidad supuso todo lo contrario. Convirtiéndose la ciudad en una nueva Babilonia del pecado, con la presencia de cientos de prostitutas y meretrices que convivieron públicamente con los eclesiásticos, nobles y caballeros allí reunidos.

No nos puede extrañar que una de las medidas tomadas en este Concilio fuese condenar a la hoguera por herejía al pobre Jan Huss (precursor de la reforma protestante), a pesar de haberle prometido salvoconducto si se presentaba allí a explicar sus postulados.  Y es que Huss pregonaba la desobediencia a la Roma, ya que vivía sumida en el pecado y no tenía ninguna autoridad moral sobre el resto de fieles. Imaginamos que todas sus ideas se vieron reforzadas al llegar a la ciudad y ver la vida depravada de las altas jerarquías eclesiásticas allí presentes.

Jan Huss, en el Concilio de Constanza.


Imperia: La primera de las cortesanas


Retrato de Imperia.
Aunque poco sabemos de los avatares de Imperia en su estancia en Constanza, su leyenda como mujer fatal en ese Concilio nace gracias a la pluma del escritor francés Balzac quien la inmortalizó en un texto denominado "La Bella Imperia", su biografía resulta tan interesante que hemos decidido realizarle un post sólo para ella, y es que pocas mujeres han tenido el honor de servir de musa para uno de los grandes artistas del renacimiento como Rafael.

No podemos despedir este post sin recordar que existe otra novela que utiliza el trasfondo de este concilio como parte de su trama, titulada "La ramera errante" de Iny Lorentz, donde una honrada doncella es arrojada por engaños al mundo de la prostitución. Esta novela ha sido llevada a la televisión con un telefilm de escasa calidad del mismo nombre, tendré que hacer el esfuerzo de ver la película para terminar de documentar el post.




Bibliografía


https://www.laviajeraempedernida.com/constanza-el-lago-y-las-cortesanas-del-concilio/

 https://www.opinion.com.bo/articulo/ramona/el-concilio-de-constanza/20140511235000666898.html

https://periodicoirreverentes.org/2012/11/08/ciertos-lugares-imperia/
https://www.opinion.com.bo/articulo/ramona/el-concilio-de-constanza/20140511235000666898.html

sábado, 21 de septiembre de 2019

Los amantes de Isabel II de España

La vida amorosa de Isabel II de España:
- Parte I: Regencia, matrimonio y un bastardo real
- Parte II: Los amantes de Isabel II
- Parte III: Los Borbones en pelota

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Parte II: Los amantes de Isabel II


En la anterior entrada ya vimos como Isabel II se adentró desde muy joven en el terreno de la sensualidad y el erotismo, y aquelló que probó le gustó. Si a eso sumamos su carácter fogoso, apasionado, inquieto y caprichoso tenemos a una mujer rebosante de ardor sexual.

Y para colmo de males, por el otro lado tenemos un marido incapaz, ya fuese por un problema médico o por su orientación sexual, lo que convirtió el matrimonio en un problema de estado, ya que la "cuestión de Palacio" amenazaba con convertirse en un sonado escándalo. La reina, insatisfecha sexualmente, amenaza con el divorcio, y sugiere que la noche de bodas nunca se consumó el matrimonio. Francisco de Asís, humillado ante las continúas infidelidades de su mujer, amenaza con abandonar el Palacio Real.

Este cóctel explosivo sólo se pudo detener con la herramienta que mejor soluciona cualquier problema... ¡el dinero! Se rumorea que Francisco resignado a la situación de rey consorte (y cornudo) optó por chantajear a la reina por sus continuas infidelidades, exigiendo dotes económicas cada vez que el protocolo le obligaba a reconocer a un nuevo hijo o cada vez que pillaba in fraganti a la reina en una de sus infidelidades.

Y como veremos a continuación, sus amantes no fueron, ni uno, ni dos, sino que fueron pasando y alternándose durante toda su vida, desde su infancia hasta su vejez...

Retrato de Isabel II de España.

El general bonito


Su primer gran amor fue el general Francisco Serrano, poco después de casarse encontró consuelo en este gallardo militar, 20 años mayor que ella, y que rápidamente se convirtió en su favorito, en una relación que duró un par de años.

En ese tiempo Serrano, que ya era un militar de enorme prestigio, empezó su fulgurante ascenso político, convirtiéndose en el favorito de Isabel, dándole una gran influencia dentro de la política del país.


El general Serrano.
Su romance, tan apasionado como cada vez más público, se convirtió en un grave problema político y todo un escándalo, por lo que se decidió cortar por lo sano y cesar al general en todas sus funciones y trasladarlo fuera de Madrid.

El encargado de tomar esa decisión fue Narváez, otro militar, que como el propio Serrano, siempre estuvieron obsesionados con el poder político, que resolvió esta crisis institucional en 1848, reconciliando a la reina con su esposo (o al menos consiguiendo que guardasen las formas de manera pública, conviviendo conjuntamente) y apartando de la vida pública a Serrano varios años.

Francisco Serrano fue su primer gran amor, la reina con tal sólo 16 años cayó rendida ante aquel impetuoso y valeroso militar, de tan buena planta, que Isabel le llamaba "el general bonito". Serrano le enseñó el camino del deseo, la pasión y el sexo, fue el primer hombre que le rompe el corazón y volverá a la política posteriormente, hasta que finalmente, 20 años después de su romance, el propio Serrano encabezará la revolución del 68 "La Gloriosa", que terminará con el exilio de la propia Isabel... cosas del amor y el poder....


Manuel Lorenzo de Acuña y Devite, marqués de Bedmar


Se quedó la reina sin su "general bonito" y Francisco de Asis volvió a Palacio como signo de reconciliación, pero Isabel, joven y enamoradiza, rebosante de ardor juvenil, pronto quedó prendada de un joven y atractivo marqués. El marqués de Bedmar, un grande de España, con el que compartía la afición por los bailes, teatros y casinos.

Aunque casado, el marqués se deja querer, y la reina, arrebatada de deseo, le envía tórridas cartas de amor: "yo te adoro con una locura y un frenesí que no te puedo explicar".  El carácter fogoso, caprichoso e inmaduro de la reina hacen que los amantes vayan pasando por la alcoba real, con cada vez menos recato.


El "pollo Arana"


Isabel II  y su hija "la Araneja"
por Winterhalter, 1852
Después de dos partos, de dudosa parternidad, donde los niños nacieron muertos, al tercer parto por fin Isabel dio a luz a un niña sana, que llamaron María Isabel. Fue inmediatamente proclamada princesa de Asturias y de esta forma la Corona se aseguraba su ansiado heredero.

Pero el escándalo estaba servido, ya que por todos era sabido que no era hija natural del rey consorte, sino de José Ruiz de Arana y Saavedra,  conocido como "el Pollo Arana", un noble guapo y valiente, que cautivó a la reina en uno de esas fiestas de baile que tanto gustaban a Isabel. Por eso, la princesa siempre llevó consigo el sobrenombre de "La Araneja", ya que nadie dudaba de la paternidad de Arana.

Su romance que se alargó entre los años 1850-1856 era considerado tan escandaloso que muchos Grandes de España se excusaron de asistir al bautizo de la niña alegando los más diversos motivos, un desplante ante la vida disoluta que vivía Isabel II.


Miguel Tenorio de Castilla

Miguel Tenorio de Castilla.

Otro de sus grandes amores fue Miguel Tenorio de Castilla, un brillante intelecutal de la época. Estuvo licenciado en leyes, fue poeta y periodista, siendo nombrado varias veces gobernador civil y diplomático, hasta que acabó como Secretario particular de Isabel desde 1859 hasta 1864, momento en que 0'Donnell le apartó de la corte.


Algunos historiadores sospechan que tuvo que ser el padre de las hijas nacidas por esas fechas: María del Pilar, María de la Paz y/o María Eulalia. Y es que tras la proclamación de "La Gloriosa" y el exilio forzado de los Borbones, Miguel Tenorio se exilió junto a ¿su hija? la infanta María de la Paz de Borbón, falleciendo ambos en el exilio en Alemania.


Una larga lista de amantes


Estos primeros escarceos amorosos le abrieron las puertas a mundo de placeres ocultos y sensualidad desbordante que ya no pudo, ni quiso, refrenar... 


El día a día de la reina Isabel se convirtió en un carrusel de sus principales vicios: Iba de fiesta en fiesta y a menudo se acostaba a altas horas de la madrugada para despertar a media tarde. Se vestía ayudada por sus cámaras y devoraba con glotonería todo lo que pusieran por delante sus camareras. Por la tarde, despachaba rápidamente los asuntos de estado que concerniesen ya que prefería dedicar las tardes a juegos y paseos. Cuando llegaba la noche volvía a lucir sus mejores galas y se iba al teatro o a algún baile, sin importarle las habladurías sobre su nuevo amante de turno.

¡Eso sí! Todo ello lo compensaba acudiendo a diario a la Iglesia, era muy beata y siempre le gustó estar rodeada de curas y monjas, tan es así que cuando el padre Claret renunció a su puesto ante la vida disoluta de su pupila y los oídos sordos que hacía de sus castas recomendaciones, la propia Isabel pidió al Papa que intercediese para que el clérigo volviese a Palacio.

Un papa, Pío IX, que cuando le concedió la Rosa de Oro de la cristiandad a Isabel II, dicen que justificó dicho reconocimiento diciendo: "Es puta, pero pía". Y tan pía, ya que donaba una generosa dote anual para las arcas papales por lo que Pío IX le correspondía otorgándole toda clase de bendiciones.

Aparte de esta dote anual, y como bien critica la siguiente ilustración de "Los Borbones en pelota", una información aparecida en la época hablaba sobre el pago de una enorme fortuna a Pío IX por la compra de una bula papal para el perdón de sus pecados carnales.

Isabel II, con un rosario en la mano, abrazada en la cama a Carlos Marfori. El papa Pío IX inciensa a la pareja, flanqueado por Luís Gnzalz Bravo y por Fco de Asís. Al fondo, sor Patrocinio en actitud servicial.
- Ilustración de "Los Borbones en pelota"

Entre la larga lista de amantes que tuvo la reina figuran numerosos hombres relacionados con las artes como José Mirall, cantante catalán; Tirso de Obregón, famoso barítono o Temístocles Solera, poeta y libretista de óperas italianas. La afición de la reina por el teatro y la música hizo que entablara amistad con numerosos compositores y cantantes, por lo que los mentideros madrileños se especulaba que estas amistades iban mucho más allá de simples paseos por las arboledas del Retiro.

El marido de Isabel, aunque cornudo, callaba y aguantaba las continuas infidelidades de la reina,  incluso no tuvo problemas en reconocer a los bastardos reales, siempre y cuando la Corona le asignase una nueva dote económica.


El otro prototipo de varón que encandilaba a la reina era el militar, de buena planta, varonil, vigoroso... es decir, el prototipo de hombre contrario a su marido. Así entre los principales amantes de este corte se le cuentan a los ya citados general Serrano, el marqués de Bedmar o José Santos de la Hera y de la Puente, nombrado conde Valmaseda por la propia Isabel II,


Entre sus romances más peculiares algunos autores citan a un dentista estadounidense llamado McKeon, incluso el toque exótico lo puso un amante turco-albanés, llamado Jorge, al que escribió encendidas cartas de amor:

"Sí, alma mía; sí, mi vida; sí, mi Jorge adorado, tú me enseñarás el albanés y el inglés y todos los idiomas, y yo te enseñaré a ti el lenguaje de mi alma, que es la tuya misma y que te adora infinito, infinito… Quiero que tú reposes de tus fatigas en mi pecho, que se abrasa de amor por ti…"

El apetito sexual de la reina era tan insaciable y su corazón tan caprichoso que no dudó en flirtear con su primo Carlos Luis de Borbón, infante de España y duque de Palma, que le doblaba la edad y encima era ¡¡un carlista convencido!!, que apoyaba públicamente a su rival en la disputa por la Corona.

Y ni el exilio en Francia logró aplacar su fuego amoroso, ya que los amantes siguieron alternándose y pasando por el palacio Basilewski (hoy en día el actual hotel Majestic de París), lugar que se conviritió en la residencia oficial de Isabel II en el exilio, por lo que durante muchos años se conoció como el Palacio de Castilla (recordar que la reina Isabel estuvo más años en el exilio que gobernando).

Palacio Basilewsky, comprado por Isabel II durante su exilio, fue renombrado con el nombre de Palacio de Castilla, convirtiéndose en la residencia oficial de la reina hasta su muerte,

Entre sus amantes más destacados en el exilio caben destacar al capitán José Ramiro de la Puente, 
Hattman, un judío; o su queridísimo Carlos Marfori, quien le acompañó en los días más duros de su exilio.

Carlos Marfori


El último gran amante de Isabel II como reina de España fue Carlos Marfori, un antiguo panadero, pariente de Narváez, que por su vertiginoso ascenso social fue el que más críticas desató entre los enemigos de la Corona, ya que se le consideró un simple buscavidas que supo ganarse el corazón de la reina e ir acumulando cargos hasta alcanzar el rango de ministro de Ultramar en 1867.

Este nuevo amante reunía todos los encantos físicos que atraían a nuestra reina: era alto y fornido, moreno, y con bigote y patillas generosos. Así nos los describía Manuel del Palacio:

"Hombre vestido a lo jaque, con chaquetilla corta o marsellés abrochado, según las estaciones, amén de sombrero gacho, polainas y demás adornos y arrequives. Su rostro, en armonía con su traje, ostentaba unas enormes patillas de las llamadas de «boca de jacha»".

Marfori, era valeroso y arrogante, con aires chulescos y gran mujeriego, ya había quedado embarazada a una sobrina de Narváez, por lo que se vio obligado a casarlo con ella, para salvaguardar la honra familiar.

Francisco de Asís, con los ojos vendados, alumbra una escena que transcurre en la alcoba real. En ella, el padre Claret bendice a la reina y a Carlos Marfori, vestido de pastelero.
- Los Borbones en pelota

Por su carácter, de hábil político y hombre decidido, supo ganarse la confianza de Isabel y conquistarla, acumulando más títulos y rangos. Acompañó a la reina al destierro, instalándose con ella en un hotel parisino, conocido como Palacio de Castilla.

Se guarda una carta de despedida de la reina Isabel a Marfori, fechada en París, en enero de 1875, escrita cuando la reina supo que Marfori había sido apresado y encarcelado en su vuelta a España, ya que los viejos rencores seguía latentes a pesar de la restauración de la monarquía en la figura de Alfonso XII.

"Quiero que estas palabras mías se graben en una medalla que lleves como testigo de mi eterna gratitud por la lealtad, abnegación y ejemplar desinterés con que me has acompañado en mi desgracia, (...) Tú, que has sido el más fiel cortesano de mi dolor, cuando la soledad y los desengaños me agobiaban, y que al lucir para mí mejores días decides contra mi voluntad separarte de mi lado, recibe al menos, como única recompensa, que quieras aceptar la expresión indeleble del reconocimiento y del cariño que te conservará siempre el corazón de tu buena amiga, la reina Isabel".

José Ramiro de la Puente


Pero a rey muerto, rey puesto, y caído en desgracia Marfori, la reina no tardó en olvidar su historia de amor con nuevos e impetuosos amantes, el más conocido de todos ellos, por lo escandaloso de esta nueva relación fue José Ramiro de la Puente y González Adín, marqués de Altavilla.

Caricatura de Isabel II marchando, junto sus retoños, hacia el exilio francés.

Esta descripción del cronista Pedro de Répide nos da una idea de la catadura moral de este nuevo amante, al que, a pesar de estar casado, le gustaba degustar la vida nocturna de París:

"Aquel farolón comprometía a la ex reina con sus jactancias, y después de separado de ella no ponía en sus palabras el recato que todo hombre debe usar al referirse a sus triunfos amorosos. Hasta cuando no hablaba dejaba conocer el mudo y elocuente testimonio de un reloj de oro que le suscitaba demasiado frecuentes deseos de conocer la hora, y en el cual se veía grabada esta inscripción: «A mi Ramiro, su Isabel»."


Llegó al Palacio de Castilla en noviembre de 1875 y rápidamente la reina lo designó como secretario personal. Su carácter alegre, desenfadado, fanfarrón y canallesco conquistó el corazón de la reina, que vio rejuvencer su corazón y logró olvidar sus penas con el carácter divertido de este militar.

Esta relación preocupaba, y mucho, a los políticos de la época, que veían con consternación la pésima influencia que ejercía este caballero sobre Isabel II. 


Ésto escribió el embajador español de París a Cánovas:

"La Reina, cada vez peor. Va a todas partes… con el amigo. Pero lo que no creerá usted es que fue a comulgar el día de la Concepción en la parroquia de Saint Pierre de Chaillot con él y con la señora; cuando la Reina Cristina me lo contaba, le saltaban las lágrimas de rabia. Quien esto hace, ¿cómo quiere usted que pueda respetar ni sus palabras ni sus escritos?"

El duque de Miranda también informaba a Cánovas sobre la vida disoluta de este sujeto, su mujer y la reina, y el desprestigio que suponía la actitud de la reina para la institución monárquica:

"Ahora le da por ir a todas partes, de día al bulevar y de visitas, de noche a los salones de los particulares… Pero lo que da al caso trascendencia mayor y le reviste de circunstancias que se prestan al ludibrio es que la señora va a todos estos sitios acompañada de Puente y su mujer. Ésta llama la atención por su enorme corpulencia; todos preguntan quién es y cuando le dicen el nombre llueven las pullas y las burlas más sangrientas (...) y todos padecemos al ver a la que es reina madre arrastrando por los suelos el decoro de una monarquía tan penosamente restaurada y tan rodeada aún de enemigos y peligros". 

Y como a todos sus amantes lo cubrió de títulos y condecoraciones: Placa del Mérito Militar, Encomiendas de Isabel la Católica y de Carlos III, cruces de San Gregorio y del Sol de Persia por doquier…

El último amante


Isabel II.
Con el paso de los años y la proclamación de Alfonso XII como rey, los últimos años de la reina en el exilio se van convirtiendo en soledad. Las antiguas visitas de políticos, militares, nobles y buscavidas en general, que buscaban el favor de la reina van desapareciendo, sus antiguos amigos van muriendo, y el silencio y la soledad se van instalando en el Palacio de Castilla. Le acompañan en estos últimos años de exilio la duquesa de Almodóvar y el conde de Parcent, que residen con ella en el hotel.

Pero su más fiel compañero será un enigmático húngaro de ascendencia judía, Josep Haltmann, de pelo negro y rizado y largos bigotes. Haltmann fue nombrado secretario de la reina, administrando con eficiencia la tesorería real, convirtiéndose en su último compañero de viaje hasta la muerte de Isabel II un 9 de abril de 1904.

Y como cuentan las malas lenguas, cuando Haltmann aparecía en los aposentos de la reina, sus servidores debían retirarse, quedándose a solas "charlando" hasta altas horas de la madrugada.


Una familia de bastardos reales


No nos puede extrañar que tras una vida sexual tan agitada Isabel lograse formar una familia bastante numerosa, a pesar de los abortos que tuvo y los nacimientos que no lograron alcanzar la edad adulta.

Oficialmente la reina tuvo doce embarazos, 2 abortos y 10 partos, de los que sólo cinco hijos lograron alzanzar la mayoría de edad.


Se ha especulado mucho que los dos primeros embarazos que tuvo, que acabaron en aborto, fueron posiblemente los únicos hijos legítimos de su marido, y nacieron muertos por la alta endogamia existente entre los cónyuges. Por ello, al resto de hijos alumbrados se les considera fruto de las relaciones extramatrimoniales de la reina.

De los infantes supervivientes tenemos:

- Isabel, nacida el 20 de diciembre de 1851, conocida como "La Araneja", y más tarde, como "La chata", hija de José Ruiz de Arana.
- Alfonso, futuro Alfonso XII, nacido el 28 de noviembre de 1857,  y apodado "El Puigmoltejo", por ser hijo de Enrqieu Puigmoltó.
- Pilar, Paz y Eulalia, naciadas en 1861, 1862 y 1864, consideradas hijas de Miguel de Tenorio, viviendo una de ellas junto a su padre en el exilio en Alemania.


Caricatura de la lucha por la Corona española entre la familia de los Borbones
"Una familia modelo", revista "La Flaca"




Bibliografía:


Zavala, J.M.; Bastardos y Borbones: Los hijos desconocidos de la dinastía

Fontana, J. y Millares, R.; Historia de España.

Ríos Mazcarelle, M.; Diccionario de los Reyes de España.

http://www.tiempodehoy.com/cultura/historia/el-nacimiento-escandaloso-de-alfonso-xii

https://blogs.larioja.com/historias/2014/04/16/la-atribulada-vida-sexual-de-la-reina-isabel-ii-y-su-ginecologo-riojano/

 https://blogs.larioja.com/historias/2016/12/22/forzo-salustiano-olozaga-a-la-reina-isabel-ii/

http://www.elespiadigital.org/images/stories/Documentos7/CR%C3%93NICAS%20REALES;%20ISABEL%20II.pdf

https://desdelaterraza-viajaralahistoria.blogspot.com/2014/09/isabel-ii-amante-y-madre.html

https://www.megustaleerenespanol.com/libros/bastardos-y-borbones/MES-016584/fragmento



martes, 13 de agosto de 2019

Muerte por sexo: Personajes históricos que murieron por sus excesos sexuales

El sexo es vida, es alegría, es placer, es diversión... pero algunas veces también el sexo significa muerte. Por ello, en la entrada de hoy vamos a ver algunas muertes de personajes históricos relacionadas con el sexo, ya sea por un exceso de sexo, un marido celoso, o por algún bochornoso accidente.
 

Una mamada de muerte

Empezamos con una de esas muertes que te convierte en escarnio para la historia, y es que no hay nada más denigrante, que morir con los pantalones y los calzoncillos bajados, y esto es lo que le pasó al presidente de Francia (1895-1899) Félix Faure, que murió de apoplejía mientras le estaban realizando una felación en su despacho presidencial.

Su amante, la señorita Marguerite Steinheil, salió despavorida del despacho, con los pelos revueltos y gritando que el presidente se estaba muriendo. Os podéis imaginar la escena cuando entraron su secretario y demás personal de Palacio: el desdichado Félix Faure tirado en un sofá, con el miembro aún erecto por fuera del pantalón, convulsionando en sus últimos segundos de vida, la señorita Steinheil sollozando y colocándose los ropajes contemplando toda la escena en pleno ataque de histeria, y un personal de Palacio que poco pudo hacer ante la rápida muerte del presidente.

Ilustración de un periódico de la época donde se recrea la muerte de Félix Faure


Como podrán intuir, la causa de su muerte fue motivo de burlas y chanzas entre sus adversarios políticos. La señora Steinheil fue apodada "La Pompadour de la III República", por el juego de palabras existente en francés entre 'pompa fúnebre' y el verbo 'pompier' que se podría traducir como 'mamada'.

Incluso George Clemenceu, que años después alcanzaría también la presidencia de la República declaró sobre Félix Faure: "Deseó ser como César, pero terminó como Pompeyo".

Fernando de Aragón, muerte por viagra

Quizá la muerte más relevante para nuestra historia relacionada con el sexo sea la que protagonizó Fernando de Aragón, es decir, el mismísimo marido de Isabel "La Católica". Y aunque no murió en pleno actual sexual, su muerte se vincula al abuso que hizo de un potente afrodisíaco que le provocó una hemorragia cerebral.

Casado de segundas nupcias con una fogosa y joven mujer, Germana de Foix, Fernando intentó cumplir con sus deberes maritales, pero la cosa no debía funcionar tan bien como cuando era joven, por lo que decidió recurrir a un brebaje afrodisíaco preparado con cantárida, un insecto de un llamativo color verde, del que se extrae un producto vasodilatador, muy parecido a la actual viagra, pero también muy peligroso para la salud.

Lytta Vesicatoria, insecto conocido como cantárida o mosca española.

Por lo que Fernando no soportó la alta dosis que le estaban preparando y fue agravándose la enfermedad hasta que falleció a la edad de 63 años, en la localidad extremeña de Madrigalejo, cuando iba de camino al Monasterio de Guadalupe.

El propio cronista del Reino de Aragón, Jerónimo Zurita, no dudó en escribir que el Rey sufrió una grave enfermedad producida por un "feo potaje que la Reina le hizo dar para habilitarle", agravándose el estado de salud del monarca, con cada vez más frecuentes desmayos, y "mal de corazón".

Y decimos que esta muerte cambió el curso de nuestra historia porque de haber tenido un hijo con Germana de Foix, los reinos de Castilla y Aragón se hubiesen desvinculado y nuestra historia, y nuestro país, seguramente fuesen muy diferentes.

Papa Juan XII, "el fornicario"

Pero no sólo de reyes y presidentes se nutre esta entrada, los Papas también tienen un hueco en esta sección de muertes por sexo. Y sí, nos estamos refiriendo a los Papas de Roma, de los cuáles muchos pasaron a la historia por sus hazañas en el terreno sexual más que por sus logros espirituales.

Ya hablamos en este blog de la lujuria excesiva de muchos de ellos, pero quizá el que se lleva la palma es Juan XII, que pasó a la historia como "el fornicario", poco más se puede añadir después de recibir este apodo.

Juan XII es considerado uno de los peores papas que ha dado la historia, y con la dura competencia que ha tenido, ya nos da una idea de la catadura moral de este personaje. Un hombre apasionado de los juegos de azar y que no dudó en satisfacer sus más bajas pasiones, convirtiendo la residencia papal en poco más que un lupanar, con la continua presencia de prostitutas, eunucos y camorristas de toda condición y pelaje.

Su fama de mujeriego y sátiro hizo que se difundiese la advertencia entre las mujeres de no acudir a la Iglesia de San Juan Laureano, cercana al Palacio de Letrán, donde estableció su residencia pontificia, ya que corrían el riesgo de ser violadas por el mismísimo Papa. Sus propios coetáneos le definieron como "un calígula cristiano" o que "le gusta tener una colección de mujeres".

Por ello, no nos puede sorprender la noticia de su muerte, ya que la noche del 14 de mayo del año 964, Juan XII fue asesinado de un martillazo en la cabeza por un marido celoso que lo encontró en la cama con su mujer. Una muerte que hizo honor al estilo de vida que llevó.

Otros Papas demasiado terrenales...

Aunque Juan XII no es el único Papa muerto en circunstancias de este estilo, otros Papas como León VII, Juan VII o Paulo II, también murieron con ataques al corazón mientras practicaban sexo.  Quizá el caso más relevante de éstos, por su proximidad histórica sea el de Paulo II (1464-1471), coetáneo de los Reyes Católicos, y de cuya muerte se dice que sobrevino mientras estaba siendo sodomizado por un paje.

Aunque dicho así, con la palabra SODOMÍA de por medio, parece que estuviese cometiendo un pecado mortal. Simplemente, Paulo II era homosexual, ya que algunos comportamientos del pontífice fomentaron esas murmuraciones en su época, ya que era muy presumido y le gustaba vestir suntuosamente, haciéndose llamar el "Formoso", el hermoso, ya que se consideraba muy bello.

Muertes en la cama

Atila, ¡¡vaya noche de bodas!!

No son los únicos personajes históricos muertos en la cama. Tenemos unos cuantos ejemplos de hombres que al menos murieron felices y la muerte les sorprendió en pleno acto sexual.

Del que corren más rumores es de Atila (395-453 d.C.), el rey de los hunos, ya que nunca quedará claro si fue envenenado o fue por los excesos cometidos en su noche de bodas. No es que le pillases de nuevas, pero sí mayor, era su duodécima esposa y Atila contaba con más de 50 años. Y podemos imaginar que la celebración de una boda al estilo huno podría acabar con cualquiera: alcohol a raudales, banquete pantagruélico, rondas de vasos a un trago, ... y una joven y bellísima esposa goda llamada Ildico esperando con temor la noche de bodas.

Muerte de Atila
 Todo parece indicar, que extasiado por el vino y cansado por el sexo, Atila se durmió y sufrió una hemorragia mortal mientras dormía, ahogándose en su propia sangre. Que paradoja del destino que este rey que combatió en tantas batallas encontrase la muerte en un combate mucho más placentero.

Demasiada marcha para el cuerpo


Pero este tipo de muertes no sólo le ocurren a guerreros poderosos y salvajes, sino dos de los personajes más influyentes y poderosos de EE.UU tuvieron una muerte similar: un presidente como Franklin D. Roosevelt, y el poderoso magnate Nelson Rockefeller.

Aunque en ambos casos sorprende que no fallecieran en el lecho conyugal junto a sus esposas, sino en las camas con sus secretarias, por lo que cuidado si ya has pasado los 50 y quieres satisfacer a tu amante con la pasión amorosa de un chaval de 20... por que seguramente tu corazón diga: hasta aquí hemos llegado.

Roosevelt murió, un 12 de abril de 1945, en los brazos de su amante, Lucy Mercer, quien había sido secretaria de su esposa. Rockefeller también murió de un infarto mientras yacía con su secretaria Megan Marshak, un 26 de enero de 1979 en su casa de Maine.

Carta de amor de Roosevelt a Lucy Rutherfurd.


Asfixia erótica

En este recorrido de muertes sexuales en la historia no podemos dejar de reseñar algunas relacionadas con prácticas sexuales no convencionales como la asfixia erótica.  Y aunque a todos nos suenan algunos casos recientes de celebrities muertas a causa de esta peligrosa práctica sexual, nosotros vamos a remontarnos al primer caso documentado de muerte por asfixia erótica de un personaje público.

Para ello hay que viajar al Londres de 1791, donde el compositor checo Frantisek Kotzwara protagonizó la primera muerte documentada por asfixia erótica, y aunque el registro judicial del caso fue destruido para evitar un escándalo público, la sórdida historia de este caso merece la pena aparecer aquí.

La noche del 2 de septiembre Kotwara deambuló por Vine Street en el distrito de Westminster buscando los servicios de una prostituta que hiciese trabajos especiales. Finalmente dio con una meretriz llamada Susannah Hill quién accedió a irse con él a su apartamento y hacer ese trabajo especial después de cenar.

Según el informe policial, aparecido muchos años después, Kotzwara le pidió a la prostituta que le atase los testículos, ante la negativa de ésta, Kotzwara se decantó por la autoasfixia erótica, así que ató un extremo de la cuerda alrededor del picaporte de la puerta, y con el otro extremo se rodeó el cuello, iniciando las relaciones sexuales con la sorprendida prostituta.

Aunque algo tuvo que salir mal, porque Susannah Hill fue apresada poco días después acusada del asesinato del compositor, cuyo cuerpo se encontró a los dos días con la cuerda atada al cuello. Durante el juicio, la acusada fue absuelta ya que el jurado creyó su testimonio sobre las extrañas filias sexuales del músico checo.





viernes, 1 de junio de 2018

El escándalo sexual de Felipe IV con una monja

Felipe IV podría pasar a la historia bajo las palabras del historiador alemán Pfandle: "Un Hércules para el placer y un impotente para el gobierno", y es que, este monarca no sólo tenía fama de promiscuo, como otros muchos reyes, sino de ser un auténtico adicto al sexo. Por su cama pasaron todo tipo de mujeres, de toda clase y condición, y como buena muestra de ello están los más de 40 hijos bastardos que dejó.

Estábamos preparando una entrada sobre su azarosa vida sexual pero, como podéis imaginar, circulan tantas anécdotas sobre los devaneos amorosos de Felipe IV, y hay historias tan jugosas, que merecen un post aparte; como la que nos trae aquí; quizá, la más escandalosa, la que tuvo lugar en el recién fundado convento madrileño de San Plácido.

Cuentan las crónicas que el convento de San Plácido, situado en el barrio de Malasaña, fue testigo del insaciable apetito sexual de Felipe IV, que protagonizó un escandaloso hecho al intentar conquistar a una monja llamada Margarita de la Cruz.


Según se relata en un manuscrito anónimo el fundador del convento, un tal Jerónimo de Villanueva, protegido del Conde-Duque de Olivares, y buen conocedor de los gustos del monarca, informó a ambos de la presencia de una novicia de extraordinaria belleza de nombre Margarita de la Cruz.

Retrato de Felipe IV, por Diego Velázquez.

El rey, ávido de nuevas conquistas, no dudó en utilizar todos sus recursos para lograr colarse en secreto en el convento, utilizando para ello un pasadizo oculto que conectaba la casa de don Jerónimo con la carbonera del convento, y comprobar con sus propios ojos si eran reales las afirmaciones sobre su belleza. Y en efecto, la hermosura de Margarita era tal que el rey cayó rendidamente enamorado de esta mujer. Por lo que, tras unas primeras visitas de cortesía, el ardor del monarca le hizo solicitar a su nueva conquista sus primeros favores sexuales.

La pobre monja, asustada por el gravísimo pecado que estaba a punto de cometer, confesó los planes de su majestad a la priora Teresa del Valle, que planeó una estrategia para intentar frenar la libido incontrolable de Felipe IV.


Catafalco.
Así, llegado el día donde el monarca esperaba culminar su nueva conquista entró por el monasterio a través de la entrada secreta y cuando accedió a la celda se encontró una puesta en escena perfecta para hacer caer la pasión a cualquier buen cristiano. La monja estaba tendida sobre un improvisado catafalco (sepulcro cubierto con una tela negra) con la habitación repleta de flores e iluminada por cirios para que se viesen bien el crucifijo que sostenía, la falsa muerta, entre sus manos.

Como se pueden imaginar, este falso velatorio cumplió a la perfección su cometido y conmocionó a su muy católica majestad, que creía muerta a su prometedora amante. Pero pronto llegaron a oídos del monarca que todo había sido una treta de la abadesa, por lo que, como buen cazador, esto le espoleó aún más sus ganas de conseguir su ansiado "trofeo" y siguió con insistencia reclamando una visita a solas con Sor Margarita.

El asunto empezó a ser tan escandaloso que la propia Inquisición tuvo que intervenir.


Conde-Duque de Olivares, la persona más poderosa del mundo en su época.

 

Con la Iglesia hemos topado...


Fue el propio confesor personal de Felipe IV, el Inquisidor General Antonio de Sotomayor, quién inició el proceso para frenar definitivamente este sacrilegio. Como las figuras del Rey y de Olivares eran intocables, el proceso se centró contra el menos poderosos de todos los cómplices, el desdichado de Jerónimo de Villanueva, que acabó con sus huesos en la cárcel inquisitorial de Toledo el 30 de agosto de 1644. 

Para comprobar el poder que tenía el Santo Oficio, comentar que a pesar de ser amigo personal del Rey y del todopoderoso Conde-Duque, estuvo en la cárcel durante más de dos años, y sólo gracias a estos contactos pudo conseguir la absolución, pero pagando un alto coste: ya que no podía volver a pisar el convento de San Plácido, ni ponerse en contacto con sus monjas, también le impusieron una multa de 2.000 ducados, y lo peor de todo, tuvo que abandonar la Corte y pasar sus últimos días en la ciudad de Zaragoza.

Con la Iglesia hemos topado.

El asunto estaba siendo tan molesto para la Corona, que dicen las malas lenguas, que el mismísimo Conde-Duque de Olivares se presentó ante el inquisidor general que estaba instruyendo el caso y le espetó que tenía en sus manos dos decretos reales: Uno de los decretos era su renuncia al cargo y un retiro de oro a su ciudad natal con una abundante renta. El otro decreto era una orden de destierro en el plazo de 24 horas. No hace falta añadir que el inquisidor vivió el resto de sus días muy feliz en su Córdoba natal.

¿Por qué acabó una obra de arte del calibre del Cristo crucificado de Velázquez en este sencillo convento?


 A pecado nuevo, penitencia nueva.



Cristo crucificado, de Velázquez.
Aunque existe otra versión más plausible de lo que sucedió después del hecho del falso velatorio, y ahora vendría bien preguntarse ¿cómo es posible que en convento recién fundado tuviese obras de arte como un Niño Jesús de Montañés, un Cristo Yacente de Gregorio Hernández, un cuadro de 'La Anunciación' de Claudio Coello en su altar mayor o el mismísimo Cristo crucificado de Velázquez?

En esta otra versión se cuenta que el monarca se quedó bastante traumatizado al ver a la pobre monja tendida sobre el féretro, ¡¡hasta ese punto tuvo que llegar para escapar de sus insaciables apetitos sexuales!!, por lo que el rey arrastró enormes remordimientos de conciencia durante toda su vida. Recordar que, Felipe IV, fue un ferviente católico, por lo que no tendría que ser fácil vivir consigo mismo y sus continuos arrebatos amorosos.

Eran tan grande la culpa que sentía por todo lo acontecido que, para limpiar su conciencia, realizó importantes regalos a la congregación, el más sonado fue el incunable cuadro de Velázquez.

Pero según un manuscrito anónimo del finales del siglo XVII, titulado 'Relación de todo lo suzedido en el casso del Convento de la Encarnazión Benita' se nos narra que el monarca también incluyó otro regalo. Un fabuloso reloj que en los cuartos tocaba difuntos, en recuerdo del lúgubre episodio que había ocurrido en el interior del convento, y que así siguió sonando hasta la muerte de la pobre Sor María.

Una de espías...


La Anunciación de Claudio Coello
Y por si esta historia fuera poco rocambolesca, aún guarda una sorprendente historia de espías...  El Papa, Urbano VIII, interesado siempre en guardar documentos comprometedores pidió que le enviaran una copia del proceso abierto por la Inquisición. Por lo que el Consejo de la Inquisición envió a su notario, Alfonso de Paredes, a Roma con una valija diplomática con toda la documentación.

Olivares trató de borrar todo rastro de este proceso, y por supuesto, evitar que ese informe llegase a manos del Papa, pero el mensajero ya había partido hacia el Vaticano, por lo que movilizó a toda su red de espionaje y embajadores españoles de Nápoles, Sicilia, Génova y Roma para que atrapasen al molesto mensajero e interceptasen los informes, se cuenta que incluso mandó un retrato robot del tal Alfonso de Paredes.

Los servicios secretos españoles, que por aquel entonces eran los mejores del mundo, lograron prender al mensajero antes que llegase a Roma, y la arquilla sellada fue devuelta a Madrid intacta, vía Nápoles. El Conde-Duque nada más recibir ese peligroso informe lo quemó en la chimenea de la cámara real, en presencia del mismo rey.

Como recomendación final os invitamos a visitar la iglesia y el convento de San Plácido, situadas en el populoso barrio madrileño de Malasaña. 


El convento ha sido restaurado hace pocos años, y en él aún vive una comunidad de monjas, por lo que si solicitáis hora seguramente os puedan hacer una visita guiada por el edificio, y contaros éste, y otros muchos secretos que guarda el convento.

Convento de San Plácido. Madrid.


Bibliografía



Huerta MAC. El convento de San Plácido: Historia, arte y leyenda en el corazón de Madrid. La librería; 2003. 95 p.

Puyol Buil, Carlos (1993). Inquisición y política en el reinado de Felipe IV. Los procesos de Jerónimo de Villanueva y las monjas de San Plácido, 1628-1660. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

https://www.somosmalasana.com/conociendo-san-placido-unos-muros-con-historia-y-leyenda/

 https://bayucablog.wordpress.com/2011/04/15/felipe-iv-el-pasmado/



sábado, 20 de mayo de 2017

Escándalos sexuales de la Edad Media: El matrimonio de Felipe Augusto e Ingeborg

Escándalos sexuales en la Edad Media:
- Sexo y lujuria en la Torre de Nesle
- El matrimonio de Felipe Augusto e Igeberg 

Felipe II Augusto de Francia (1165-1223) es uno de los reyes medivales franceses más interesantes, ya que su vida estuvo plagada de todo tipo de aventuras, luchó al lado de Ricardo Corazón de León contra Saladino, impulsó la Cruzada contra los cátaros y batalló contra la poderosa familia de los Plantagenet al norte de Francia...  pero también destacó por sus azarosas aventuras en el terreno amoroso.

Nacido en el año de nuestro Señor de 1165 fue el hijo primogénito de Luis VII, y desde su más tierna infancia dio muestras de su impulsivo carácter, y es que criado desde su nacimiento para ser rey de Francia no nos puede extrañar que desarrollase unos modales bruscos y hoscos, especialmente con los miembros de su séquito.

Durante su educación como príncipe cuentan las crónicas que nunca le gustó aplicarse en sus estudios, aunque estas carencias intelectuales la supo suplir con una arrolladora personalidad, con la que supo atraerse a nobles de todo condición, hecho que le permitió asegurar el poder real frente a los grandes señores feudales.

Felipe Augusto, rey de Francia
A la edad de 14 años fue coronado rey, el séptimo rey de la dinastía de los Capetos, un 1 de noviembre de 1179, en la catedral de Reims, por lo que inmediatamente se le buscó una esposa para asegurar el linaje real. Pero el fatídico destino quiso que su joven esposa, Isabela, muriera durante el parto.

Así que se le buscó una nueva esposa en las frías tierras danesas, la joven doncella Isambur, Igeberg o Ingeborg (por lo visto los nombres escandinavos son de difícil traducción a los idiomas latinos), la hermana del todopoderoso rey de Dinamarca Canuto VI, por lo que rápidamente se preparó el nuevo contrato matrimonial y en el año de 1193 todo estaba preparado para la gran boda.

Todo parecía perfecto, así que los esposos se casaron en la Catedral de Amiens un 14 de Agosto de 1193, la ceremonia transcurrió sin ningún problema hasta que llegó la hora de consumar el matrimonio. Algó pasó en esa fatídica noche de bodas que causó uno de los mayores escándalos sexuales de la Edad Media.

¿Qué pasó en la noche de bodas entre Felipe Augusto e Igeberg?

Nada sabemos a ciencia cierta que fue lo que sucedió en el interior de la alcoba real aquella noche, lo único cierto es que Felipe Ausgusto salió de aquel cuarto espantado, pálido y tembloroso, gritando que no quería volver a tocar a aquella mujer en su vida, y que no pensaba compartir lecho con ella nunca jamás.

A partir de este hecho han surgido teorías de lo más variopintas: Desde que Ingeborg era una inocente y atemorizada dama que ante el pavor que le despertaba perder su virginidad se lo hizo todo encima (como ya ocurrió con Fernando VII y su desdichada esposa) hasta el caso contrario, que Ingeborg sabía demasiado sobre sexo, hecho que alarmó al rey sobre su supuesta virginidad.

Aunque la teoría más extendida es que Ingeborg sufría algún tipo de hermafroditismo, o alguna deformidad física interna, por lo que el rey quedó espantado al ver unos genitales anormalmente grandes, por lo que salió corriendo de la alcoba repudiando a su mujer en el acto, y lo que era más grave aún, sin consumar el matrimonio.

Ilustración del repudio de Felipe Augusto a Ingeborg

A partir de aquí todo fue de mal en peor para el rey de Francia.

Felipe Augusto aplazó la ceremonia de coronación de la reina que debía celebrarse al día siguiente, y mandó encerrar a su desdichada esposa en el convento de Saint-Maur-des-Fossés de por vida, para así olvidarla cuanto antes.

Por lo que pronto se consideró libre para volverse a casar, y la verdad que no esperó mucho, ya que a los pocos años se enamoró de Agnes de Meran y contrajo matrimonio con ella.

Todo esto supuso un lío de enormes dimensiones, ya que el Rey de Francia seguía casado a ojos de Dios con la princesa danesa, por lo que este nuevo matrimonio era considerado por la Iglesia como bigamia. Al negarse a dar marcha atrás en su nuevo matrimonio, el Papa, Inocencio III, muy presionado por la Corona danesa y deseando afirmar su autoridad, excomulgó al rey de Francia, y como podrán comprender nuestros lectores, que un Papa excomulgase a un rey (y por ende a todo su reino) en plena Edad Media, como diría algún ilustre político español,  "no es cosa menor, dicho de otra manera, es cosa mayor", ya que durante todo un año en Francia no se pudo comulgar, celebrar misas, bodas ni bautismos.

Pintura mural del Papa Inocencio III.

Así que ante cualquier mal que asolase una región, el pueblo tenía claro quién era el responsable... su rey y su maldición al estar excomulgado: que había revueltas, culpa del rey, que había malas cosechas, culpa del rey, que la guerra contra los Platagenet se recrudecía, culpa del rey, que los daneses conspiraban para derrocar al rey que les había humillado, culpa del rey... bueno esto último sí que era culpa del rey.

Por todo ello nos podemos imaginar el estado de ansiedad con el que vivía Felipe Augusto, presionando por su pueblo, sus obispos, el propio Papa y enfrascado en miles de batallas con enemigos internos y externos... y cuya principal obsesión era obtener la anulación de su matrimonio y asegurar la línea de sucesión al trono francés mediante nuevos hijos.

Tras mucho pleitear con el Papa y obtener un acuerdo de reconciliación, por la cual, la orden de excomunión fue revocada, la solución se le presentó de la manera más cruel, ya que en julio de 1201, Inés de Méran murió al dar a luz a un segundo heredero: Felipe. Por lo que se solucionaban dos problemas en uno: por un lado, el rey obtenía un segundo heredero directo a la corona, ya que su primogénito siempre había tenido una salud bastante enfermiza, y por otro lado, al morir su actual esposa, la acusación de bigamia quedaba resuelta.

Castillo de Étampes, donde Ingeborg vivió recluída bajo durísimas condiciones.

Con todo ello a Felipe Augusto no le quedó más remedio que aceptar que Isambur regresase a la Corte francesa, aunque el rey se siguió negando a tener contacto alguno con ella, incluso siguió insistiendo en obtener su anulación matrimonial para poder casarse por tercera vez libremente. Aunque esta anulación nunca llegó a producirse, por lo que Felipe Augusto tuvo que aguantar durante años la presencia de su mujer en la corte, eso sí, evitando cualquier acercamiento con su maldita Isambur hasta la definitiva muerte del rey en una fecha tan significativa como un 14 de julio, aunque de 1223.

Pero este escándalo no fue el único que salpicó a Felipe Augusto, ya que las malas lenguas dicen que tuvo una extraña relación amor-odio con el rey inglés Ricardo Corazón de León, y que en su juventud había vertido "demasiadas" lágrimas por la muerte de un fiel amigo... rumores, imaginamos que malintencionados, que apuntaban a cierta inclinación homosexual del rey, pero esto ya es otra historia...



La terrible vida de Ingeborg de Dinamarca

Ingeborg, según su
lápida sepulcral.
Antes de finalizar, me gustaría que nos metiésemos en el papel de la mujer protagonista de la historia, ya que nos habla del carácter, la fortaleza y el orgullo que tuvo que tener Ingeborg de Dinamarca para soportar su terrible y humillante situación, y como nunca dio su brazo a torcer ante las presiones a las que buen seguro se vio sometida.

Ya que desde casi el mismo momento de su matrimonio estuvo encarcelada, sin fondos y obligada a vivir una existencia austera y solitaria, casi 20 años vivió recluida por órdenes directas de su marido, entre fríos conventos y austeros castillos franceses.

A esto hay que sumar que cuando Felipe consiguió que la excomunión fuera perdonada, fingiendo una supuesta reconciliación con su mujer, la reina de Francia, al negarse a aceptar esta pantonimia, fue encarcelada en condiciones aún más humillantes y estrictas.

Felipe Augusto intentó quebrar por todos los medios la voluntad de esta mujer, persuadiéndola a que renunciase a sus derechos e ingresase como monja en un convento o con promesas de libertad y riquezas si abandonaba el reino de Francia y volvía a la corte dansesa. Pero nada pudo romper su espíritu, ni tan siquiera su encierro en el castillo de Étampes donde tuvo que soportar circunstaciones horrorosas, como ella misma describe en una carta que hizo llegar al Papa Inocencio III en 1203:

    "Que se sepa, Santo Padre, que no tengo alivio aquí en mi prisión, sino que sufro bajo innumerables e insoportables insultos. Porque nadie se atreve a visitarme aquí, ni ningún eclesiástico me ofrece consuelo, ni se me permite escuchar la Palabra de Dios de parte de nadie para fortalecer mi alma o confesar mis pecados a un sacerdote. A menudo me ayudo involuntariamente, pero diariamente disfruto del pan de dolor y de la bebida del deseo. No me ofrecen ninguna medicina para la enfermedad de mi cuerpo y no se me permite bañarme. Si deseo ser sangrado no puedo y por lo tanto temo por mi vista y por la debilidad de mi cuerpo. No hay mucha ropa, y las que se pueden encontrar no son aptas para una reina. No puedo contar mis problemas en detalle, porque esas cosas que no deben ser negadas a ninguna mujer cristiana me son denegadas. Debido a estas y otras cosas que no puedo hacerme revelar a usted, Santo Padre, estoy en tal estado, que ahora estoy disgustado con la vida."

Sólo tras la muerte de su marido, que siempre le guardó un rencor y un odio bastante palpable, Ingenborg fue tratada con la dignidad que se merecía por parte de su hijastros Luis VIII y Luis IX, otrogándole ciertos honores para una reina viuda. Vivió retirada en Orleans, lo que le valió el título de 'la reina de Orleans', ya que siempre vivió bajo un limbo jurídico bastante ambigüo, ya que al no ser nunca consagrada como reina, la Iglesia no le otorgó ese reconocimiento oficial como reina de Francia, por lo que también se le negó la potestad de ser enterrada en la Basílica de Saint-Denis tal como exigía en su testamento.

Ingeborg tras una vida repleta de sufrimiento y angustia dedicó el resto de sus días a obras de caridad, muriendo un 29 de junio de 1236 en Corbeil-Essonnes, siendo enterrada en Saint-Jean-en-l’Isle, cerca de Corbeil-Essonnes. Una mujer, que merece ser recordada por su inquebrantable fuerza y su obstinación en ser tratada y reconocida como lo que era ... la Reina de Francia.


Bibliografía

https://epistolae.ccnmtl.columbia.edu/letter/24140.html