sábado, 13 de agosto de 2016

Juguetes sexuales y Manuales de amor en el Japón histórico


a) La sexualidad en el Japón histórico:
     - Juguetes eróticos y manuales de amor.

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'Harigatas'
Los símbolos fálicos han sido una constante en todas las religiones y cultos a lo largo y ancho del mundo, aunque según fueron avanzando las grandes religiones monoteístas estas símbolos fueron desapareciendo en casi todas las grandes culturas, asociando este tipo de representaciones como algo pecaminoso, maligno o vergonzoso.

Pero Japón, a pesar del puritanismo extendido por el confucionismo, en aquellas regiones donde la religión sintoísta sigue teniendo gran arraigo continúan estando vigentes ritos relacionados con la naturaleza y la fertilidad, perviviendo fiestas y ritos de culto al sexo, tanto masculino como femenino.

Así, hoy en día, existen santuarios sintoístas que celebran ritos de fertilidad y donde las mujeres portan figuras en forma de pene como ofrendas. Además en algunos festivales rurales se da una curiosa tradición, ya que los feligreses portan "en procesión" un objeto fálico por las calles hasta unirse con la vulva sagrada procedentes de otro santuario.

Todo este contexto nos sirve para entender la naturalidad con la que los japoneses se enfrentaron a la sexualidad, no viéndola como algo pecaminoso y vergonzante, sino como un don más de la naturaleza y por tanto lícito de disfrutar de él.

 Treasure book for Women on the Way of Love, Day and Night (Bido nichiya johoki)c. 1764
Mujer masturbándose en diferentes posturas.

Además varios estudios sobre las celebraciones populares en el período Edo, basados en el análisis de las imágenes shunga, recogen costumbres, ritos y celebraciones donde se atestigua la presencia de elementos fálicos (harigatas), casi siempre relacionados con ritos de fertilidad y fecundidad. Así sabemos la existencia de ritos donde se arrojaba un falo flotante al mar para que fuese arrastrado por la corriente, o la ancestral tradición de realizar una plegaria ante un elemento fálico cuando una mujer iba a contraer matrimonio.

Harigata tallado
en madera.
S.XVIII
Incluso algunas imágenes shunga recogen la tradición de colocar un 'harigata' en el 'tokonama', un habitáculo de la alcoba destinado a albergar objetos de arte o de carácter religioso. Por lo que aparte del uso de los harikata como juguete sexual, o precisamente por su presencia en rituales de la vida doméstica también fue utilizado como elemento humorístico entre los pintores shunga.

Con todo esto, no nos puede extrañar la existencia de diversos juguetes sexuales que permitiesen disfrutar del sexo, aunque su uso seguramente sea mucho anterior al documentado, es a partir del Período Edo donde estos objetos empiezan a ser muy populares, apareciendo en numerosas imágenes shunga.

Y es que en muchas de estas ilustraciones se aprecia la preocupación de dar placer al hacer el amor, con consejos y recomendaciones de todo tipo, por lo que será en el período Edo (1600-1868) cuando proliferen en los barrios del placer ('Mundos Flotantes') los vendedores de libros eróticos, de medicamentos afrodisíacos, así como de juguetes sexuales ('Warai Do-Gu', algo que podríamos traducir como "dispositivos de la risa").



Los juguetes sexuales en el Japón de época Edo.

Entre todos ellos, el más representado es sin duda alguna el harigata, un dildo (o consolador) hecho, principalmente, de cuero, aunque también podían estar realizados en otros muchos materiales como hueso, fibras vegetales, incluso aprovechando el caparazón de una tortuga. Su uso tuvo que estar muy extendido en el período Edo, tanto en los prostíbulos como en los harenes, ya que aparece reflejado en numerosas pinturas shungas. Estos harigata solían ser de gran tamaño y estaban realizados con un exquisito nivel de realismo.

Los harigatas comúnmente se sujetaban con la mano , aunque está documentada la existencia de otros modelos que se fijaban al talón o aquellos destinados a relaciones lésbicas que se ataban a la cintura

Mujer usando  'harigata' con el talón.
Su uso también ha estado relacionado con los harenes que mantenían los grandes shogun, ya que en Japón la poligamia estaba muy extendida; los hombres podían tener hasta 4 o 5 esposas y varias concubinas; por lo que es probable que las mujeres excluidas de las atenciones del shogun se entretuviesen con otros juegos.  También es probable que las meretrices en los prostíbulos jugasen con este tipo de objetos para despertar la libido de sus clientes.


Imagen shunga de mujer con 'harigata'

Hombre estimulando a su compañera mediante un dildo.

Se conoce la existencia de otro modelo de juguete sexual masculino realizado de manera mucho más artesanal, denominado 'higo zuiki', consistente en largas hebras de hilo extraídas del tallo de una planta llamada "oreja de elefante", muy apreciada por sus propiedades afrodisíacas. Cuando se remojaba en agua caliente, su textura cambiaba volviéndose suaves y resbaladizas, y los samuráis las usaban enrollando estas fibras alrededor de su miembro, lo que provocaba una prolongación en la erección al retener la sangre y un mayor estímulo a las mujeres.


Imagen Shunga con hombre utilizando un 'higo zuiki'


Explicación del funcionamiento de un 'higo zuiki'

Juguetes sexuales para el placer de la mujer en el dormitorio

Incluso existen ilustraciones que aconsejan que tipo de juguete sexual es necesario utilizar en cada época del año. Así el Brisith Museum alberga un conjunto de cuatro grabados en madera, realizados en torno a 1820,  titulados "Juguetes sexuales para el placer de la mujer en el dormitorio", donde se representan los juguetes sexuales, tanto para hombres como para mujeres, que pueden ser usados en las distintas estaciones del año para aumentar el placer de las relaciones sexuales.

Estas ilustraciones vienen acompañadas de textos cómicos, que describen los juguetes, y textos de asesoramiento, de carácter pseudo-médico, sobre cómo y cuándo debían de usarse.

El autor de estas ilustraciones fue Eisen un prolífico artista de libros eróticos y libros de almohada ('Makura Bunko'), libros especializados en sexología, donde se ofrecen todo tipo de consejos y explicaciones sobre la sexualidad y el erotismo.

Esta clasificaión en estaciones del año es un claro guiño cómico, ya que las antologías poéticas clásicas también era divididas por estaciones. Además en los textos que acompañan a las ilustraciones se nos aconseja sobre el número de relaciones que debemos tener en cada estación para mantenerse en buena salud. Aunque tradicionalmente existía un dicho de "tres en primavera, seis en verano, uno en otoño, ninguno en invierno", es decir, sexo cada tres días en primavera, cada seis en verano, todos los días de otoño y abstinencia total en invierno; en estos textos parecen que hacen un juego de palabras para terminar aconsejado esas mismas cifras pero !al día!, como claro elemento humorístico, incluso en el invierno, aconsejan un "no del todo".

Y como podemos ver a continuación la versatilidad de juguetes eróticos es sorprendente, es más, se podría decir que casi todos los juguetes eróticos que podemos comprar hoy en día en nuestros sex-shops existían ya en época Edo: dildos, extensores de pene, anillos para el pene, bolas chinas, ... todo esto hace más de !200 años!

Juguetes sexuales para el placer de la mujer en la cama, de Keisai Eisen, 1822.
British Museum.


Primavera: Vemos un par de artículos para los hombres se trata de unos rudimentarios extensores de pene, es decir una especia de casco (kabuto-gata) que se colocaría sobre el glande y una armadura (yoroi-gata) que se colocaría alrededor del pene. Ambos objetos están pensados tanto para aumentar el tamaño del pene como para que el miembro pierda sensibilidad y riego sanguíneo, por lo que le permite al hombre prolongar su erección.

Verano: Muestra un anillo para el pene realizado con unas algas marinas (namako) que se colocarían en torno al glande para aumentar su tamaño y prolongar la erección. También podemos ver las famosas 'bolas chinas'(rin no tama), bolas que se introducen en la vagina y que sirven para el fortalecimiento del suelo pélvico, por lo que la mujer al controlar mejor sus músculos vaginales alcanzará mejores orgasmos y además de otorgar mayor placer al varón al poderle realizar el mítico "abrazo de cleopatra". Y el último juguete para el verano es un pequeño dildo (harigata)

Otoño: Podemos ver un condón de cuero (kawa-gata) que podría hacer la función también de extensor de pene, ya que al reducir la sensibilidad aumentaría el tiempo de relación sexual. También podemos ver un dispositivo denominado "anillo de los celos" (rinki no wa), una dispositivo de castidad para los hombres. Su mecanismo es simple pero efectivo, se coloca alrededor del pene flácido y enmarañado con el vello púbico, por lo que si el hombre sufre una erección delante de otra mujer el artilugio se expande tirando del vello púbico, sufriendo el hombre un dolor insoportable.

Invierno: En estas fechas, como es época de abstinencia sexual (para el hombre), se recomienda a la mujer el uso de un gran consolador.

Imagen shunga con hombre utilizando un extensor de pene.


Un sex-shop en pleno siglo XVII

Muchos de los juguetes aquí mostrados tienen un claro componente artesanal, es decir, eran productos que uno mismo podía realizarlos utilizando para ellos diferentes elementos de la naturaleza como algas u hojas de planta. Pero también hemos visto otras piezas de gran lujo y detallismo, que sólo podían ser construidas por las manos de hábiles artesanos como los dildos o las armaduras para el pene.

Así que si te preguntas ¿cómo podían conseguir uno de estos juguetes? La respuesta es sencilla... en un !sex-shop! Bueno en realidad se trataría de una especie de farmacia o botica. Y es que sabemos que existió un local, denominado Yotsumeya, especializado en la ventas de estos objetos, abierto nada más y nada menos que en el año 1626. Estaba situado cerca del barrio del placer de Yoshiwara en la antigua ciudad de Edo (actual Tokio) y se mantuvo abierto hasta que con la llegada del período Meiji (finales del XIX) una ola de censura y puritanismo invadió Japón al calor de las ideas de modernización y occidentalización que se impulsaron desde esta nueva dinastía.

Y aunque la existencia de este local se mueve entre la neblina de la verdad histórica y la leyenda, parece que su existencia fue cierta ya que se cita en varias actuaciones de "rakugo" (monólogos humorísticos del siglo XVII)

La unión del pene - Utagawa Kuniyoshi - c.1835.
Una mujer enrolla sobre el pene de su marido el juguete sexual "higozuiki".


Lubricantes

No podemos hablar de juguetes eróticos sin mencionar quizá el más fundamental de todos... !un buen lubricante! ya que al hacer las relaciones más cómodas y placenteras se le puede catalogar de "juguete erótico". Y sin duda alguna fue el primer estimulante erótico que tuvo que utilizar el ser humano, ya que se conocen ejemplos de su utilización en casi todas las culturas del mundo.

Lógicamente cada cultura extraería sus propios aceites y lubricantes de la naturaleza existente a su alrededor, así los japoneses parecen que utilizaban como lubricante dos productos básicos: la batata y las algas.

Puré de batata:  Uno de los lubricantes más utilizados en el Japón del período Edo fue una sustancia llamada "tororo-Jiru", que en realidad se trataba de un sustancia resbaladiza extraída del ñame rallado , es decir, una especia de puré de batata, que proporcionaba una lubricación perfecta durante las relaciones sexuales. Además sabemos que también era utilizado para lubricar los condones realizados en cuero o tripas de animal o los famosos dildos.

Aunque si van al Japón y se encuentra un "tororo-Jiru" en la carta de un restaurante no se preocupen es en realidad una sopa muy popular en las islas niponas.

Algas: En su artículo "Usos medicinales de algas marinas" Ryan Drum revela que, de camino de regreso, observó como en los pueblos de China, Corea y Japón hervían algas rojas para producir un líquido espeso y pegajoso llamado carragenano o carragenina. Ese líquido, que ya era utilizado como eficaz remedio para hidratar tejidos, escribe también era utilizado como un lubricante sexual.

Por lo que no nos puede sorprender descubrir que a día de hoy se sigue utilizando en productos de industrias alimentarias, de salud y belleza, incluso el carragenano se utiliza como espesante en algunos lubricantes sexuales disponibles en el mercado y los condones lubricados, ya que se ha investigado que puede prevenir ciertas infecciones genitales.


Manuales de amor

Todas estas ilustraciones solían estar recogidas en una especia de manuales de amor, conocidos en Japón como  'Imágenes de almohada' (makura-e), 'Imágenes de la risa' (warai-e) o el más conocido término de 'Imágenes de primavera' (Shunga).

Réplica de un libro de almohada.
Los distintos nombres con los que se conocen este tipo de publicaciones depende en parte del uso al que estaban destinado, así los libros de almohada tenían una fuerte carga de educación sexual, ya que solían formar parte del ajuar de boda de la novia. Reciben este curioso nombre ya que se solían guardar bajo la almohada para así tenerlo siempre a mano ante los juegos amatorios.

También estaban aquellos de carácter más humorístico que se consumían como fuente de escapismo y estimulación, y hasta simples estampas eróticas, de gran consumo popular, como las antiguas postales eróticas de la España de principios de siglo XX. Aunque al final, unos y otros, fueron utilizados tanto por hombres como por mujeres en muy diferentes ámbitos de la vida.

News from the Bedroom: The Pillow Library vol. 2 de Keisai Eisen, 1823, Honolulu Museum of Art.    


Estos manuales fueron muy apreciados, no sólo por su contenido erótico, sino también por su alto componente artístico, ya que los principales artistas del país colaboraron en este tipo de publicaciones, realizando algunos de sus mejores trabajos precisamente en este campo. Y es que su éxito era tal que los editores siempre ponían a su disposición las técnicas de producción más lujosas.

Por lo que la producción de este tipo de ilustraciones tuvo un claro sentido comercial, ya que durante el período Edo se vivió un increíble auge de la demanda de materiales impresos entre las clases populares que disfrutaban de la lectura de estas obras de manera similar al consumo existente hoy en día de revistas porno, libros de historias eróticas o postales de suvenir. Así sabemos que en los barrios del placer ('Mundos Flotantes') se vendían retratos de las cortesanas más famosas o detallados libros donde se explicaban el funcionamiento de un prostíbulo.

Recopilación de juguetes eróticos de época Edo.


Imágenes y ¡textos! eróticos

Aunque para comprender del todo la naturaleza de estas imágenes vale la pena detenernos un momento en una de ellas, y ver lo explícitos que podían llegar a ser sus textos también:

Fumi No Kiyogaki,  Neat Version of a Love Letter (or Pure Drawings of Female Beauty)
Imagen Shunga con dos mujeres utilizando un 'harigata' y un frasco con lubricante.
 En la imagen vemos a dos mujeres en plena relación sexual, una de ellas lleva un enorme falo atado a su cintura mientras sujeta un pequeño frasco de lubricante. La otra mujer agarra el dildo con su mano para guiarlo durante la penetración. El texto que acompaña a la ilustración viene a decir algo así:
 La mujer que asume el rol "masculino" le dice a su compañera:
- "En vista de que vamos hacerlo de esta manera voy a poner una gran cantidad de crema en él, para que te puedas correr. Sin la crema es demasiado grande y no quiere entrar".
- Ella responde: "Date prisa y ponla. Me quiero correr. Quiero correrme cinco o seis veces sin parar".

Set para la satisfacción sexual de la mujer

Para finalizar este post traemos este kit que, aunque sea de principios del siglo XX, es un ejemplo real del tipo de juguete sexual que hemos visto representados en las ilustraciones shunga. Está catalogado en el British Museum con el bonito nombre de 'Conjunto de implementos de aseo de mujer para su satisfacción sexual' y consiste en un kit de seis consoladores, dos anillos y una bola de metal.

Conjunto de implementos de 'aseo' de mujer para su satisfacción sexual, consistente en: seis consoladores (harikata, kujiri, Kabuto, yoroigata, himenakigata), dos anillos (rin-no-wa, namako-no-wa) y una bola de metal (rin -no-tama). Materiales: cuerno, metal. En caja de madera (tapa desaparecida). Principios siglo XX.
British Museum.
Los dildos están realizados en diferentes materiales: uno en cuerno de búfalo (conocido como ushizo-), otro de caparazón de tortuga (Kamezo) y contamos con otro de madera (mokuzo). El consolador hueco, en el centro de la foto, podría ser rellenado mediante un algodón empapado en agua caliente haciendo la sensación del vibrador más cálida y suave.

Otro tipo de juguete son las fundas para el pene formados por armadura y casco, denominados en este caso 'Do-kyo-s' en honor a un monje del mismo nombre de quien se dice fue amante de la emperatriz Ko-ken (s. VIII) y probablemente el inventor de tal artilugio. En este set hay de dos tipos: en uno  En este juego hay dos tipos: en uno, la armadura y el casco están separados (izquierda); en la otra, forman una sola pieza (derecha).

También hay dos ejemplos de anillos para el pene, conocidos también con el poético nombre de "anillos secretos para hacer llorar a las mujeres '(himenaki-wa).



Conclusión

Toda esta cultura oriental orientada al sexo y el placer, aunque pueda resultar sorprendente para nuestra mentalidad occidental, debe ser comprendida dentro de los parámetros culturales, filosóficos y religiosos que Japón vivíó hasta prácticamente la entrada del siglo XX.

Aunque el confucionismo sembró un semilla de puritanismo en torno a la sexualidad, el sexo seguía siendo considerando una parte natural del ser humano, donde la fuerza milenaria de las tradiciones sintoístas mantenía intactos los ancestrales vínculos entre sexualidad y fertilidad. El sexo, como aspecto positivo de la vida, podía ser explorado, por lo que la búsqueda del placer, tanto masculino como femenino, era considerado un paso más del conocimiento de la naturaleza humana.

  “A collection of sex toys", Keisai Eisen, 1839.
Si a esta concepción abierta de la sexualidad le añadimos un período, el período Edo, donde la diversión, el placer y el hedonismo fue la única válvula de escape de una sociedad asfixiada por el rígido sistema de castas sociales, obtenemos como resultado una explosión cultural en torno a la sexualidad y el placer como pocas veces hemos visto antes en la historia de la humanidad: barrios del placer, proliferación de imágenes eróticos, literatura de carácter erótico... y todo ello con un naturalismo, y belleza que siempre ha fascinado al mundo occidental.

Aunque paradójicamente, cuando Japón rompió su aislamiento, entrando ya en el siglo XX,  una nueva corriente de puritanismo asoló la isla, el occidente europeo no sólo trajo consigo la modernización de Japón, sino también su visión restrictiva de la sexualidad humano, sus ideas de vergüenza, decoro y pecado se instalaron en Japón finiquitando con ello ese mundo abierto y naturista de la sexualidad humana.




Bibliografía:

 https://www.academia.edu/19935873/The_Women_in_Edo_Shunga_Passive_Object_or_Active_Subject

 Shunga: Sex and Pleasure in Japanese

En la intimidad del harén en http://elpais.com/diario/2008/05/18/eps/1211092011_850215.html

Juguetes sexuales en el Japón en http://jugueteseros.blogspot.com.es/2009/07/juguetes-sexuales-en-el-japon-medieval.html

https://chatarreranordica.wordpress.com/tag/juguetes-eroticos/page/2/                 




sábado, 6 de agosto de 2016

Los Mundos Flotantes: Placer y hedonismo en el período Edo


a) La sexualidad en el Japón histórico:
     - Los mundos flotates: Placer y hedonismo en el período Edo.
     - Juguetes eróticos y manuales de amor.

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"Sólo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce. Gozamos del día excitados por el vino, sin que nos desilusione la pobreza mirándonos fijamente a los ojos. Nos dejamos llevar, como una calabaza arrastrada por la corriente del río, sin perder el ánimo ni por un instante. Esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero”. 
- Narraciones sobre el mundo de las diversiones, Asai Ryoi, 1661.

Uno de los aspectos más llamativos y conocidos de la cultura japonesa son las increíbles y bellísimas imágenes shunga, delicadas ilustraciones que van desde la sensualidad y el erotismo más refinado a la pornografía más jocosa, y que nos dan una visión algo distorsionada de la cultura sexual japonesa.

"Cortesana en su gabinete", de U. Toyokuni.
Una mujer se arregla después
de un encuentro sexual.
Y es que Japón es un país de fuertes contrastes, donde modernidad y tradición se dan de la mano, y donde el respeto y el puritanismo conviven con ese lado más excéntrico y lujurioso del sexo. Por lo que estas famosísimas imágenes shunga, de gran consumo popular, ya en el siglo XVII, puede transmitir un concepto algo erróneo sobre la sexualidad en el Japón histórico, y es que, aunque sí existía una cierta promiscuidad y  relajación de costumbres en cuestiones relativas al sexo por influencias del budismo y el sintoísmo, el confucionismo fue un filosofía que impregnó Japón de una moral bastante conservadora.

Por lo que, como explicaremos en este post, esa aparente relajación moral que permitió la proliferación de estas imágenes shunga, así como de todo tipo de juguetes eróticos, es sólo un reflejo, un espejismo de un mundo de ensueño, los llamados "mundos flotantes". Un universo de placeres, ocio y diversión surgido en el propio seno de la férrea moral confuciana.

Y es que Japón contemplaba como las nuevas y pujantes clases urbanas estaban siendo ahogadas por el estricto control social de su aristocracia militar, por lo que se refugiaron en el vida hedonista que estos barrios del placer les ofrecían, convirtiéndose en la única válvula de escape ante sus anhelos de mayor libertad.

Por lo que esta incipiente burguesía urbana denominó con este poético nombre a esos lugares de placer 'Ukiyo' ('Uki', flotante; 'yo', mundo), pudiendo asociarse su significado a nuestro occidental 'carpe diem', es decir, a lo efímero, a lo transitorio, pero también al disfrute del momento y de los placeres de la vida.

Nada mejor que recoger las palabras de Ukiyo Monogatari, quién sin duda, fue capaz de realizar la mejor síntesis del significado de este 'Ukiyo':

"Debemos suprimir todos los pensamientos tristes sobre nuestra existencia terrena y disfrutar sólo de los placeres y deleites que nos ofrece la vida. Y así, seguir el camino de nuestras vidas como una calabaza sigue el curso del río, siempre flotando, aunque a veces parezca que se vaya a hundir. Este es el mundo flotante".
- Ukiyo Monogatari  (1665).

¿Quieres descubrir que se esconde tras los muros de estos 'Mundos flotantes'? Pues adelante, traspasa el umbral de esta puerta y adéntrate en uno de estos populosos barrios del placer, donde cualquier deseo puede ser realizado, siempre que tengas el dinero suficiente para pagarlo...

Cerezos en flor a la luz de la luna en el barrio norte, Utagawa Kunisada.
Puerta de entrada al 'Mundo Flotante' de Edo.

Un poco de historia... el período Edo.

El período Edo es una época de la historia del Japón, que se inicia con el shogunato Tokugawa en el año de 1603 (por lo que también es conocido como época Tokugawa) y finaliza con la restauración del emperador Meiji en el año 1868. Edo también es el nombre con el que se conocía a la antigua ciudad de Tokio, que recuperó ese nombre con el cambio de dinastía, y el establecimiento de la nueva corte imperial Meiji en la ciudad.

Durante estos dos siglos y medio Japón estará bajo un gobierno militar, cuyos principales rasgos serán un fuerte aislacionismo en política exterior, que prohibirá mantener casi cualquier tipo de contacto con elementos externos a las islas. Mientras que en política nacional este período vendrá caracterizado por su gran estabilidad interna.

Hosoda Eishi - Retrato de una prostituta.
Serie 'Seis selectas flores'
La sociedad de la época estaba fuertemente estratificada, pudiendo distinguir cuatro clases fundamentales que eran el sostén económico del país: samurais, campesinos, artesanos y comerciantes. A estas clases se pueden sumar dos más, una en cada extremo, por un lado la nobleza y la familia imperial; por otro, ocupando el estrato social más bajo, los parias, los marginados.

Aunque de especial relevancia para nuestro tema serán artesanos y comerciantes, ya que a pesar de estar situados en el rango más inferior de esta pirámide jugaron un papel fundamental en el desarrollo del arte y la cultura japonesa.

Ya vimos en anteriores post, como el confucionismo marcó profundamente la sociedad japonesa, instaurando un fuerte patriarcalismo, donde la mujer quedaba relegada al plano doméstico y familiar, al menos en apariencia, ya que como veremos a continuación, el papel de la mujer, tanto en el campo como en los barrios de placer alcanzó mucho más protagonismo.

El surgimiento de los mundos flotantes

La férrea estructura social y política impuesta por la nobleza, y apoyada en el confucionismo, coincidió con un período de explosión cultural y económica (período Genroku, 1688-1704), por lo que estos ricos comerciantes financiaron la creación de un mundo totalmente aparte del resto de la sociedad, un mundo dedicado exclusivamente al lujo, al arte, al placer y a la diversión.

Interior de la Casa del Té Gankiro,
por Utagawa Hiroshige, 1860
- Harvard Art Museum
Para los guerreros samurais el fin de las luchas nobiliarias y la prolongada paz interior supuso una pérdida de su identidad, ya que a pesar de ser una casta privilegiada en la pirámide social, su función social era irrelevante, perdiendo cada vez más protagonismo y poder adquisitivo.

Los comerciantes tenían exactamente el problema opuesto, ya que durante este período vieron como sus fortunas se multiplicaban y como al calor de su riqueza exigían más influencia en la sociedad. Pero dentro de esta arraigada jerarquía feudal, ellos eran los que ocupaban el escalafón más bajo por lo que se les prohibía acceder a cualquier tipo de poder político.

 Ante el tedio, la frustración y el aburrimiento de su estilo de vida, todas estas personas, encontraron en los distritos del placer un lugar donde hacer frente a esta situación y ahogar sus penas, disfrutando del teatro y actuaciones musicales, participando en debates filosóficos o en concursos de poesía, asistiendo a sus ceremonias de té, y por supuesto, recreándose en los placeres más mundanos de la vida: el sexo y el erotismo.

Como bien lo define Olga García en su estudio sobre la sociedad Edo, crearon "una contra-cultura civil accesible a todas las clases sociales como vía de escape a la severidad vigente en la sociedad", por lo que pronto surgieron en las principales ciudades del país barrios dedicados a estos menesteres, distritos del placer, normalmente situados en las afueras de la ciudad, donde abundaban teatros kabukis, casas de té, prostíbulos, pero también locales de luchas de sumo, de música y danza... Un mundo donde las diferencias sociales se diluían, ya que sólo el poder del dinero marcaba el acceso a los diferentes servicios prestados.

Las autoridades, aunque a regañadientes, admitieron como mal menor la existencia de estos 'lugares malos' ('akubasho'), ya que las florecientes tensiones sociales ante la falta de libertad quedaban adormecidas en estos lugares de evasión en el espacio y en el tiempo. Por lo que en 1618 el gobierno, en un intento de controlar las actividades vinculadas a la prostitución y el ocio, optó por desarrollar barrios específicos cerrados en las principales ciudades niponas que albergasen dichas actividades.

Curiosamente estos mundos flotantes nos recuerdan muchos a las grandes mancebías que aparecieron en el la Europa medieval, coincidiendo con el resurgir económico de las ciudades, como vimos en este post donde viajamos a Valencia, ciudad que albergó probablemente uno de los prostíbulos más grande del occidente europeo.

Así sabemos que el mundo flotante de Edo era un distrito completamente amurallado y rodeado por un foso, sólo existía una única entrada y los samurais estaban obligados a dejar sus armas en la entrada, una amplia y alargada avenida, cubierta de cerezos, daba la bienvenida a los visitantes de estos mundos del placer y el libertinaje.

Vistas del cerezo en flor en la calle Nakanocho en el barrio de Yoshiwara, Hiroshige.
Los mundos flotantes

De esta forma, las tres principales ciudades de Japón contaron con sus correspondientes distritos de placer: fundándose entre finales del XVI y principios del XVII tres de estos barrios en Kioto, Osaka y Edo. Los tres grandes distritos del placer fueron: Yoshiwara吉原 (Edo), Shimabara島原 (Kioto) y Shinmachi新町(Osaka)

Sus protagonistas eran, por un lado las mujeres que servían y trabajaban en estos barrios, especialmente las cortesanas, niñas y mujeres víctimas de las hambrunas o vendidas directamente por sus familias, a las que les esperaba una dura vida de servidumbre y prostitución, con la única esperanza de enamorar a algún rico cliente para que comprase su libertad, ya que incluso su salida de estos barrios estaba bastante restringida.

Pero aquí también se congregaron geishas, músicos, pintores, actores, poetas, grabadores... todo un barrio de la bohemia donde floreció una de las expresiones culturales más innovadoras y atractivas de todos los tiempos.

Por el otro lado tenemos a los asistentes a estos distritos de placer, un grupo bastante heterogéneo de los nuevos y dinámicos grupos sociales surgidos con el crecimiento económico, especialmente miembros de la floreciente burguesía urbana y de la aristocracia quienes financiaron y apoyaron fervientemente todas estas nuevas actividades culturales.

Y a pesar de que cortesanas y actores eran marginados sociales, despreciados dentro del rígido sistema social, dentro de estos mundos flotantes fueron admirados tanto por su belleza como por sus elegantes ropajes o por sus habilidades artísticas, convirtiéndose en creadores de tendencias y siendo muchos de ellos aclamados como nuestros actuales ídolos de masas, por lo que llegaban a cobrar enormes fortunas a cambio de sus servicios.

Interior de un prostíbulo, por Yoshitoshi Taiso, 1839-1892.


Manifestaciones culturales de los mundos flotantes

Esta contra-cultura civil refleja los intereses de unos grupos sociales deseosos de libertad, por lo que sus manifestaciones culturales serán un claro reflejo de ello, como los distritos de placer, el teatro kabuki o las famosas manifestaciones artísticas de estampas y libros ilustrados.


Teatro Kabuki

El teatro kabuki causó furor en la sociedad, su libertad expresiva rompía con el modelo tradicional anterior, por lo que fue motivo de frecuentes altercados de orden público. A esto hay que sumar que sus bailarinas solían ser también meretrices, por lo que después de cada función ofrecían sus servicios. Las autoridades, preocupadas por la estrecha relación que se estaba forjando entre teatro y prostitución prohibieron la participación de las mujeres en las obras.

Teatro Kabuki de la ciudad de Edo, por Masanobu Okumura (1686–1764).

Pero, como fiel reflejo del ambiente liberal y relajado que se respiraba en estos distritos, el problema persistió, ya que los jóvenes actores que interpretaban ahora los papeles femeninos, no sólo actuaban en el teatro sino que también ofrecían sus servicios como prostitutos. Por lo que las autoridades decidieron finalmente que sólo hombres maduros pudiesen actuar en este tipo de representaciones, aunque esto no frenó en fenómeno de la prostitución en torno al teatro Kabuki.

Prostitución

Pero sin duda, la actividad más lucrativas de estos mundos flotantes fue el negocio de las casas de té y la prostitución, ya que en un mundo dedicado al placer hedonista no podían faltar el servicio de damas (y caballeros) entregados a la causa del placer y el ocio. Así se sabemos que al final del siglo XVIII, más  de 4000 prostitutas ofrecían sus servicios en el distrito de Yoshiwara.


Ya hemos mencionado que el mundo de la prostitución se surtía de niñas vendidas por sus propias familias, obligadas a trabajar en los burdeles en virtud de contratos de 10 años. O también entre mujeres que arrastradas por la miseria y el hambre buscaban un futuro mejor en el mundo de la prostitución.

'Visita a Yoshiwara' de Hishikawa Moronobu, 1680.
Escena de un prostíbulo.


Por regla general se iniciaban a muy temprana edad, entre los 7 u 8 años, encargándose de las tareas cotidianas del burdel y sirviendo de asistentes de las cortesanas mayores, mientras aprendían gradualmente las diversas artes del oficio. A la edad de 11 o 12 años, si la niña destacaba por su belleza o por sus habilidades artísticas se le ofrecía una estricta formación encaminada a convertirse en cortesana de lujo.

Por otro lado, hay que recordar que para estas mujeres era muy difícil poder saldar la deuda con el prostíbulo, primero porque parte de sus ganancias se descontaban del dinero que había pagado el proxeneta a sus familias, así como los gastos de su propia manutención. Aunque el principal motivo por el que la deuda con el prostíbulo siempre iba en aumento era el lujoso nivel de vida que una meretriz debía llevar, ya que la competencia entre ellas era feroz, por lo que para conseguir o mantener a sus clientes debía vestir siempre a la moda, financiándose lujosos kimonos y embadurnándose en los más caros perfumes y maquillajes. Incluso, aquellas que se lo podían permitir pagaban el sueldo de sus propias asistentes personales.


Prostitutas viejas "yotakas" del distrito de Yoshiwara en Edo

Lógicamente estos barrios ofrecían servicios a todos los bolsillos, por lo que dentro del fenómeno de la prostitución podíamos encontrar sus dos extremos: desde las prostitutas de más bajo rango, que ejercían servicios rápidos y económicos en la clandestinidad, en hogares pobres situados en la zona extramuros, o en tabernas de mala fama; hasta aquellas más sofisticadas y al alcance de unos pocos hombres, como eran las denominadas Oiran y Tayu. Aunque por regla general, las prostitutas servían en prostíbulos especializados o en casas de té, donde esperaban sentadas en una sala de exhibición donde el cliente, a través de un entramado de celosías, podían contemplar a las mujeres ofrecidas.

Las Oiran y las Tayu eran las meretrices de lujo, mujeres que no sólo sobresalían por su belleza física, sino también por su talento en las artes y en la cultura. Eran mujeres inteligentes y dinámicas, versadas en toda tipo de actividades: la danza, el canto, la música, la ceremonia del té, juegos... pero también en temas mucho más sofisticados como la poesía o la caligrafía, pero quizá el talento más buscado era una buena conversación. Y es que por extraño que pueda parecer los clientes buscaban más, una cálida y entretenida compañía o un prolongado juego amoroso vía epistolar que la simple satisfacción sexual.

"Lectura de carta de amor" 
de Katsukawa Shunsho, 1784.
Así el escritor Fujimoto Kizan (1626-1702) escribió: "Es lamentable para cualquiera persona no ser capaz de escribir, pero para una cortesana es un desastre . Dicen que tocar el shamisen [instrumento musical de tres cuerdas] es el más importante de los logros artísticos de una cortesana, pero en realidad la escritura es lo primero, y el shamisen sólo después." Así en la ilustración de Shunsho vemos como el artista nos ofrece la visión provocadora de la ropa interior de una cortesana, de color rojo, mientras lee absorta la carta de amor de un amante.

El acceso a estas meretrices de lujo sólo era posible a través de estrictos protocolos, que incluían la entrega de enormes cantidades de dinero pero también la existencia de varias reuniones preliminares.

Pero no nos podemos dejar engañar por la visión idílica y de fantasía que nos ofrecen las estampas e ilustraciones ekiyo-e, la cruda realidad es que siempre que hablamos de prostitución, aunque sea de lujo, estamos hablando de un sistema de prostitución forzado y estrictamente controlados por proxenetas.

Y aunque este oficio les garantizaba una serie de lujos, que en sus aldeas natales no tendrían, como comidas diarias, ropas limpias, una educación esmerada y algún que otro pequeño capricho, esta mujeres vivían en condiciones de semi-esclavitud y sin ningún tipo de derecho, obligadas a cumplir con sus cuotas diarias de clientes y sometidas a todo tipo de enfermedades venéreas, malos tratos, abusos y embarazos no deseados, incluyendo la prostitución infantil, ya que una de las mayores ganancias para los prostíbulos era cuando se vendía la virginidad de la adolescente al mejor postor.

Para finalizar el tema de la prostitución volver a recordar la existencia de una prostitución masculina, no sólo en relación al teatro Kabuki, dónde jóvenes aprendices de actores ofrecerían sus servicios, sino que las propias casas de té ofrecían dichos servicios, alcanzando muchos de ellos precios incluso tan elevados como el de las cortesanas de élite.

Estampas y Libros Ilustrados


Tanto las casas editoriales como los talleres de grabados fueron uno de los sectores más beneficiados por esta nueva cultura del disfrute, ya que se produjo un auténtico fenómeno de masas en el consumo de estampas y libros ilustrados, tan es así, que incluso los más renombrados pintores del país, no dudaron en poner sus pinceles al servicio de este nuevo mercado, pintando los famosos Ukiyo-e (imágenes del mundo flotante), recreando paisajes de una gran belleza evocadora, siendo la ilustración de 'La Ola' de Kanawaga, su ejemplo más conocido.


Pero también reproduciendo imágenes de esta vida alegre y urbana: hermosos paisajes urbanos, sensuales retratos de famosas cortesanas o actores (que se coleccionaban como nuestros actuales posters de estrellas del cine o del deporte), hasta llegar al subgénero más famoso y codiciado como fueron las famosas imágenes eróticas shunga.

Artesanos (grupo de mujeres en un taller editorial), de Utagawa Kunisada.
De la serie: Parodia de las cuatro clases sociales.

Es famosa la anécdota de un editor de Ukiyo-e que amasó una enorme fortuna al colocar su tienda de grabados en la única puerta de entrada al recinto, vendiendo planos del barrio del placer donde se indicaba la situación de las principales casas de té y prostíbulos.
 
 

Geishas

Por último nos gustaría recalcar el papel de las geishas, que aunque asimiladas en el mundo occidental con el mundo de la prostitución, estas mujeres no ofrecían servicios sexuales. Eran mujeres de compañía, adiestradas y versadas en todo tipo de artes para entretener y divertir a todo tipo de audiencia, ya fuese bailando, cantando, tocando algún instrumento, contando historias o inventándose juegos para entretener a sus invitados.

La criada Nui y la Geisha Tomino,
de Eishosai Choki.
Museum de Bellas Artes de Boston
Por lo que no era extraño que las hijas de familias pudientes entrasen al servicio de alguna casa de té como geishas, ya que además de ser un escuela de aprendizaje, les permitía adquirir cierta independencia económica, así como aumentar la posibilidad de encontrar un buen marido.

De esta forma, la popularidad de estas geishas fue en aumento, por lo que sus servicios, con el paso de los siglos, acabó siendo más solicitado que el que ofrecían las cortesanas de lujo, incluso su apariencia y ropajes, más recatados y sobrios, llegaron a ser considerados más modernos y elegantes que los exuberantes kimonos que lucían las meretrices.

Muchos han querido ver este auge de la figura de la geisha en el concepto filosófico existente en Japón del placer agridulce que proporciona el deseo no consumado, ya que gran parte del atractivo de estas geishas radicaba en que eran mujeres de compañía pero sexualmente inalcanzables.


Conclusión


Aunque en posteriores post nos gustaría pararnos a analizar en mayor profundidad el papel de la mujer en el Japón del período Edo, no podemos concluir este artículo sin destacar un par de reflexiones necesarias sobre la sexualidad en el período Edo y especialmente sobre el papel de la mujer.

Lo primero que hay que recordar es que todas estas bellísimas estampas e ilustraciones que nos han llegado de estos mundos flotantes son imágenes filtradas por la mirada evocadora y romántica de artistas masculinos, es decir, son el reflejo de un arte hecho por los hombres y para los hombres. Es más, muchas de estas imágenes se pueden entender como encargos publicitarios realizados a los mayores artistas del país para promocionar estos 'Mundos Flotantes', ya que estas estampas se vendieron por todo el país, incitando a los hombres a visitar estos barrios y así seguir impulsando su economía.

Por lo que hay que entender que estos barrios del placer fueron diseñados, hasta en sus más mínimos detalles, para saciar los caprichos y los gustos, no sólo sexuales sino también intelectuales, de los hombres que allí accedían.

Por otro lado, aunque estos mundos flotantes brindaron a la mujer japonesa una oportunidad de romper con el fuerte patriarcado existente, ofreciéndoles cierta independencia económica y el disfrute de ciertos privilegios que antes no tenían, ésta era una falsa libertad, ya que vivían sólo por y para servir los deseos de una clientela masculina.

De la misma manera podemos analizar las famosas ilustraciones y estampas de estos mundos flotantes, ya que aunque nos transmitan la idea de cierta libertad de la sexualidad de la mujer, en realidad se trata de una sexualización de la figura mujer, que es vista únicamente como una proyección de las fantasías y los sueños eróticos de los hombres, siendo únicamente considerada un objeto de contemplación y de exaltación de un determinado canon de belleza.

En definitiva, estos mundos flotantes fueron la única válvula de escape de una rígida sociedad feudal donde imperaban los valores confucionistas de moderación y templanza, pero este mundo de evasión y difrute, de lujo y exceso, se construyó sobre las espaldas del sector más débil de la sociedad... las mujeres sin recursos.


Bibliografía


García de las Hijas Peña, R.; El cambio de rol de la mujer desde Edo hasta Meiji. Historia de Japón II. 2014

García Jiménez, O.; El período Edo. Sociedad y cultura popular urbana,  Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Timon Screech, Sex and the Floating World: Erotic Images in Japan, 1700-1820, University of Hawai'i Press, 1999

[En Internet]
http://compasscultura.com/japan-history-sex-and-suffering/
http://karyukai.jimdo.com/
http://glessnicolas.wixsite.com/japon-nicolas-gless/9--geishas-y-sedas
http://consentidoscomunes.blogspot.co.uk/2015/12/bijinga-bellas-del-mundo-flotante-v.html

sábado, 30 de julio de 2016

Museos con mucho sexo: Ashmolean Museum, Oxford

Museos con mucho sexo:
- Ashmolean Museum (Oxford)
- British Museum (Londres)
- Museo del Prado (Madrid)

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Esta nueva sección nace por una anécdota que me pasó este fin de semana visitando el Ashmolean Museum de Oxford. Se puede decir que por defecto "profesional", cada vez que visito un museo me es imposible no buscar y detenerme en aquellas obras, que nuestra moral y educación, considera de claro carácter erótico o sensual.

Y claro, cualquier museo que exponga cerámicas griegas y romanas, te propone un divertido juego de buscar y encontrar aquellas cerámicas de carácter más "pornográfico", porque haberlas, haylas! Así que descubro un kylix griego (una copa), con una representación de un sympossio griego, es decir, de un gran banquete: hombres tumbados en sus divanes, bebiendo vino y escuchando música, el tono festivo de la copa viene resaltado por la representación de una Gorgona con actitud burlesca, mostrando con descaro su lengua al espectador... Y cual es mi sorpresa cuando me dispongo a observar la copa por detrás y descubro que la base donde se apoya este kylix son unos testículos y un falo.

Cámara en mano, me dispongo a efectuar la foto de rigor, cuando escucho detrás de mí, el típico soniquete de negación, me giro y me veo a un señor mayor, negando con la cabeza y reprochándome casi con la misma cara burlona de la Gorgona que sacase esa foto...

Kylix de figuras negras, Atenas. 550-500 BC.
Ashmolean Museum, Oxford.
Así que decidí, no sólo sacar la foto, sino publicar todas aquellas piezas de carácter erótico que se exponen (o se esconden) en aquellos museos que voy visitando, para que así nuestros lectores, cuando visiten algunos de estos museos, se animen a buscar estas eróticas piezas.

Lógicamente esta nueva sección 'Museos con mucho sexo' está íntimamente hermanada a la sección 'Las salas secretas de los Museos', ya que a pesar de nuestra aparente modernidad, aún seguimos arrastrando algunos de la tabúes y clichés sobre la sexualidad que marcaron el nacimiento de estas salas secretas.

Porque a pesar de que ya no existen estas salas reservadas, ya que estas piezas han sido repartidas por las diferentes secciones de los museos, diluyendo el efecto provocador que guardaban todas en conjunto, sí que podemos asegurar que un gran número de museos aún "esconde" en sus almacenes numerosas piezas de claro carácter pornográfico.

Y aunque algunos museos, expongan abiertamente algunas de las piezas eróticas más llamativas, como puede ser el caso de la 'Copa Warren' en el British Museum, la mayor parte de estas piezas suelen estar camufladas entre otras colecciones, por lo que sólo el visitante más pausado podrá deleitarse con tan magníficas obras.

Cara 'B' de la Copa Warren. British Museum.

Es más, creemos que la más clara muestra de la mojigatería de la mayor parte de museos es que ninguno dedica una sección en particular a la sexualidad y al erotismo (a excepción de contadas exposiciones temporales). Así por ejemplo, podemos ver secciones dedicadas a aspectos tan concretos como la música, los oficios, los espectáculos, las divinidades, la muerte, la vida cotidiana o las mujeres... pero nunca, una sección destinada a algo tan importante y fundamental en vida de un ser humano como es el SEXO.

Por último, invitar a nuestro lector que colabore activamente con esta sección, ya sea proponiéndonos otros museos, o señalándonos otras piezas destacadas por su erotismo...


Ashmolean Museum of Art and Archaeology, University of Oxford.

Este museo, situado en Beaumont Street, en pleno centro histórico de Oxford, se caracteriza por ser el primer museo universitario del mundo, ya que se creó a finales del siglo XVII para albergar la colección de curiosidades que Elias Ashmole donó a la Universidad de Oxford.

Por lo que este pequeño, aunque coqueto, museo aún mantiene cierto aire de gabinete de curiosidades que, mezclado con su carácter de museo moderno, le confiere una atmósfera especial, convirtiéndolo en una parada obligatoria si visitas esta prestigiosa ciudad universitaria.

Entrada al Ashmoleam Museum.


Egipto

Nuestro recorrido erótico no puede tener un mejor inicio, ya que nada más entrar al museo, a mano izquierda, dos colosales estatuas de Min, dios de la fertilidad egipcio, nos dan la bienvenida (agarrándose con su mano a un erecto aunque desaparecido falo) a las colecciones del mundo antiguo.

Esculturas del dios egipcio de la fertilidad Min


Templo de Min, Koptos
Y es que, como le ha pasado a muchas otras esculturas de la Antigüedad, sus falos fueron destruidos casi en el mismo momento de su descubrimiento para salvaguardar la moral de su posible público.

Ambas estatuas son del período predinástico (3300 a.C), y provienen del Templo de Min en Koptos, destacando por su tamaño, unos 4 metros, y por la llamativa oquedad que queda, dónde en su día tuvo que haber un enorme y erecto falo de piedra caliza. Este culto al dios de la fertilidad fue de gran importancia en el antiguo Egipto, ya que el museo nos muestra un relieve del mismo Templo, realizado más de 1500 años después, bajo el reinado del Faraón Intef V, donde también podemos observar la figura itifálica del dios Min.

Chipre

Entre las colecciones más destacadas del museo están las piezas pertenecientes a la cultura chipriota y su amplia colección de cerámica griega y minoica. Entre las piezas más llamativas de estas culturas mediterráneas antiguas están los pequeños ídolos de diosas de la fertilidad, asociados a cultos primigenios a Afrodita, o a la diosa egipcia Hathor, o la babilónica Astarté.

Estatuillas de diosas de la fertilidad-amor.
Izquierda: Placa de la región de Canaán, Astarté, con atributos de Hathor.
Derecha: Escultura de Afrodita-Astarté de Chipre.

Estas figurillas de diosas desnudas con  atributos sexuales marcados tienen una larga tradición por todas las culturas mediterráneas, por lo que es bastante habitual encontrarlas expuestas en las vitrinas de muchos museos: algunas más arcaicas, otras más realistas, y aunque mucho se ha discutido sobre su significado y funcionalidad, muchas comparten una evidente carga erótica o sexual.

Grecia

Y así llegamos a las sugerentes y sorprendentes salas de cerámica griega y romana, dónde siempre nos encontramos alguna sorpresa escondida entre el resto de piezas expuestas. Por lo que animo al visitante a localizar estas dos cerámicas griegas del Asmolean tan representativas de la sexualidad griega:

- Por un lado tenemos una cerámica ateniense de figuras rojas, atribuida al pintor Byrgos y hallada en la ciudad de Vulci, en Italia. En ella podemos encontrar una clara representación de un tema tan controvertido y polémico como la pederastia griega. Aunque como queda bien patente en la imagen es un tema polémico pero innegable, fundamental en la educación formativa de la juventud aristocrática griega.

Cerámica de figuras rojas, con escena de pederastia.

En ella, podemos ver la imagen de un adulto que acerca su mano a la zona genital de un joven que a cambio de estos "favores sexuales" recibe un regalo.

- Y finalmente llegamos a la cerámica causante de esta entrada, un cerámica, esta vez de figuras negras, fechada en torno al 550-500 a.C y que representa una escena de un famoso banquete griego, aunque para descubrir la sorpresa hay que asomarse (aunque discretamente) por detrás de la vitrina...

Kylix de figuras negras.

Roma

Y para finalizar este paseo por el occidente del mundo antiguo nada mejor que localizar dos de las piezas más explícitas expuestas en el museo, como no! se tratan de dos fragmentos de cerámica romana, dos fragmentos de terra sigillata del siglo I y que representan a una pareja copulando en diferentes posiciones.

Sigillatas romanas con escenas de copulación.

India

Seguimos nuestro recorrido por el mundo antiguo pero ahora viajamos al siempre exótico y sensual oriente, a la sala dedicada a la India, a ojos de un occidental todo aquí rezuma sensualidad: y es que su concepción abierta y positiva del sexo y de la sexualidad hace que cualquier sala dedicada a la India contenga imágenes que hasta prácticamente el siglo pasado estuvieron censuradas en todo tipo de museos: diosas de exuberantes formas, bailarinas de sinuantes caderas, y escenas donde se celebra el amor, el sexo y la pasión amorosa...

Así podemos encontrar objetos tan maravillosos como la sensualidad contenida de esta bailarina, o la ternura de una pareja de amantes abrazados...

Aunque también podemos contemplar obras mucho más explícitas como esta placa de marfil con una representación de una pareja copulando:

Este de la India, S. I- II a.C
© Ashmolean Museum, University of Oxford
Jack of Hilton

Y llegamos a la que sin duda es la estrella de este recorrido erótico por el Asmolean Museum, tanto por su peculiaridad como por dónde y cuándo fue fabricado, siendo toda una celebridad en el mundo del arte erótico inglés, estamos hablando ni más ni menos que del famosísimo 'Jack of Hilton'.

Para encontrarlo debemos descender a la planta baja, a la sala número 8 dedicada al nacimiento de este museo, ya que esta figura descansa en este museo desde el mismo momento de su fundación.


Jack of Hilton, Ashmolean Museum, Oxford.

Esta inusual escultura de bronce es un aeolipile o un avivador. Su funcionamiento era bastante básico, se rellenaba de agua y se colocaba cerca de la chimenea, ya que al calentarse, el vapor de agua surgía a través de un pequeño orificio que servía para avivar las llamas.

Esta figura conocida con el nombre de Jack de Hilton fue hallada en Hilton Hall, en el condado de Staffordshire y causó un gran revuelo en el siglo XVII, ya que parece ser que toda Inglaterra había oído hablar de ella, no sólo por ser una de las mejores obras de orfebrería del siglo XIII, sino también por la extraña ceremonia que se celebraba cada Año Nuevo en torno a esta figura.

Su atrevida fisionomía y el espectacular silbido que emitía cuando entraba en ebullición atrajo a toda clase de curiosos, científicos y anticuarios. Entre ellos estaba incluido el Dr. Plot, naturalista y el primer profesor de Química de la Universidad de Oxford.

La sorpresa de encontrarnos con esta original pieza, nos ha obligado a investigar más sobre ella, por lo que muy pronto ampliaremos los datos sobre este Jack of Hilton, y otras eolípilas, aparecidas en Inglaterra. Además os explicaremos en qué consistía el curioso y estrafalario ritual que se daba en presencia de Jack of Hilton...

¡Os esperamos!













domingo, 10 de julio de 2016

El Banquete de las Castañas: Una orgía en el Vaticano

No existe en toda la historia una familia que acumule más rumores y difamaciones sobre sus miembros que la poderosa familia de los Borgia,  y lo peor de todo es que, durante siglos, muchos de estos rumores se han dado como ciertos.  Sólo la historiografía actual, y con mucho trabajo, está logrando desterrar algunos de estos bulos y esclarecer algunos de los mitos existentes sobre esta poderosa familia.

Aunque la verdad sea dicha, los Borgia, se ganaron a pulso buena parte de su leyenda negra, ya que la ambición y las ansias de poder guiaron siempre sus pasos, no dudando en utilizar todos los medios a su disposición (sexo, corrupción, asesinatos) para conseguir sus fines... como bien aseveró su contemporáneo Maquiavelo.

Retrato atribuído (falsamente)
a Lucrecia Borgia,
por Bartolomeo Veneto.
Y como en toda buena leyenda negra, si aparte de asesinatos, conspiraciones o traiciones, le añades un poco de sexo, la historia gana muchos enteros, y la crónica de los Borgia está repleta de escándalos de índole sexual: lujuria desenfrenada, incesto y hasta orgías.

Aunque como es habitual en estos casos la figura que sale peor parada es la de una mujer: Lucrecia Borgia, que fue acusada de todo tipo excesos sexuales, siendo acusada de mantener relaciones con su hermano y hasta con su padre, el papa Alejandro VI, por lo que era apodada entre sus enemigos como 'la puta del Papa'.

Pero el caso que nos trae hoy aquí es quizá la orgía más famosa de todos los tiempos, y lo es, por que está "excelentemente" documentada, teniendo día y hora de cuándo y cómo se produjo... adelante pónganse cómodos y les invitamos a participar en el famoso 'Banquete de las Castañas'.

El Banquete de las Castañas

Este suceso viene recogido en dos textos de dudosa veracidad, por un lado contamos con una misiva anónima que fue enviada a un noble de la corte austríaca, conocida como 'Carta a Savelli', donde se narran toda una serie de fechorías realizadas por la familia Borgia. Más interesante es la reseña que hace de este famoso banquete Johann Burchard, en su 'Liber Notarum', un enigmático texto aparecido en América y donde el propio Burchard, secretario del Papa, narra lo sucedido aquella noche.


Viñeta del cómic 'Los Borgia' de Milo Manara
Así pues, por lo que se desprende de estos dos textos, en la noche del 30 de octubre de 1501 se organizó una fastuosa velada en el Palacio Apostólico Vaticano, una fiesta que pasaría a conocerse como 'El Banquete o el Baile de las Castañas', y donde estaban invitados los prohombres más importantes de la ciudad de Roma, entre ellos, varios ministros de Dios.

El banquete organizado por el poderoso César Borgia y su padre, el papa Alejandro VI, no escatimó en gastos, sirviéndose distintas comidas y bebidas. Pero la sorpresa final se guardaba para los postres, después de la cena se recogieron las mesas y se dispusieron varios candelabros por el suelo ante la mirada atónita de los invitados. A una orden de César, cincuenta cortesanas aparecieron en la sala, que empezaron a bailar sensualmente en torno a los candiles, desnudándose poco a poco y proyectando sus exuberantes sombras hacia las paredes del salón.

"El Pecado" de Heinrich Lossow, 1880.
Obra inspirada en el 'Banquete de las castañas'
Pero el juego no había hecho más que empezar, César manda arrojar castañas entre los candiles y las cortesanas, con las manos atadas, debían recogerlas con la boca, aumentando considerablemente el ambiente erótico del banquete, ya que a la desnudez de las meretrices había que sumar las posturas lascivas que debían adoptar para alcanzar las castañas, exhibiendo sus grupas a su fascinada audiencia.

Por lo que los más lascivos no pudieron frenar sus impulsos, iniciándose acto seguido una gran orgía, donde hasta los miembros del clero participaron sin ningún reparo. Pero los Borgia guardaban una sorpresa más, para aquellos tres hombres capaces de yacer con más número de damas, les aguardaban fastuosos premios en joyas y lujosos ropajes, por lo que un grupo de criados llevaba la cuenta del número de veces que eyaculaba cada invitado.

De esta forma condenaba la famosa 'Carta a Silvio Savello' los excesos cometidos en aquella jornada dentro de los palacios Vaticanos:

 "¿Quién no se escandaliza al escuchar los relatos de la monstruosa lujuria que se practica abiertamente en el Vaticano, desafiando a Dios y a toda la decencia humana? ¿Quién no siente rechazo por la perversión, el incesto y la obscenidad del hijo y la hija del Papa y de las hordas de cortesanas que hay en el palacio de San Pedro? No existe casa de perversión o burdel que no sea menos respetable. El 1ro de noviembre, la Fiesta de Todos los Santos, cincuenta cortesanas fueron invitadas a un banquete en el palacio pontificio y su actuación ahí fue de lo más repugnante. Rodrigo Borgia es un abismo de vicios y un destructor de toda justicia, humana o divina".


El festín se prolongó hasta tan altas horas de la madrugada, que el propio Papa se ausentó al día siguiente de una de las más importantes ceremonias cristianas, como la festividad de Todos los Santos, hecho que escandalizó casi tanto como la orgía celebrada la noche anterior.

Un poco de historia...

Aunque no dudamos que los Borgia cometieron todo tipo de excesos sexuales, e incluso si nos atenemos a la definición de la RAE de la palabra orgía: "Fiesta desenfrenada donde se come, bebe y mantienen relaciones sexuales inmoderadamente" es probable que también participasen en alguna orgía.

Los hechos aquí narrados, son tan descarados e irreverentes, que su veracidad hay que ponerla en cuarentena, más aún, sí se analiza históricamente la "Carta a Savelli", un documento anónimo, aparecido en Tarento y conocido también con el nombre de 'lettera antiborgiana' (la carta antiborgiana), y es que en ella, no sólo se narra esta orgía, sino que carga contra los Borgia acusándolos de todo tipo de crímenes, comparándolos con los mismísimos Calígula o Nerón.

Aunque este no es, ni mucho menos, el único texto de estas características, ya que los ataques a los Borgia se redoblaron en Italia al calor de su fulgurante ascenso político, apareciendo todo tipo de libelos y panfletos, a cada cual, más feroz e iracundo. Siendo considerada esta "Carta a Savelli" uno de los ataques más furibundos contra la familia Borgia.

Orgia romana en tiempos de los césares, Henryk Siemiradzki, 1872.
Óleo sobre tela. Museo de San Pietroburgo, Russia.
Por lo que la intención política de esta misiva, parece clara, exagerar los escándalos de los Borgia para desprestigiarlos ante la Corte Austriaca, ya que el destinatario de esta carta era un noble austríaco llamado Silvio Savelli; y de esta forma, alejar a la poderosa familia romana de una posible alianza con el Emperador Maximiliano I.

Además si analizamos las fechas y los hechos narrados aparecen claras anacronías, ya que a pesar de que el documento está datado a 15 de noviembre de 1501, en la misma misiva se narran sucesos que sucedieron al año siguiente como la marcha de Lucrecia a Ferrara en enero de 1502 o la conquista de Nepi y Camerino por César Borgia.

Por lo que parece evidente que este documento fue escrito por un enemigo declarado de los Borgia, tal vez uno de los barones vaticanos condenados al exilio por alta traición.

Al engrandecimiento de su leyenda negra también contribuyó Johann Burkhardt, maestro de ceremonias vaticano, y uno de los mayores enemigos de Alejandro VI, que no dudó en difamar a la familia Borgia con acusaciones de todo tipo en su texto de 'Liber Notarum', incluyendo truculentas descripciones de sus peores fechorías y las más detallada descripción de este famoso 'Banquete de las Castañas'.

Conclusión

Aunque difícilmente podremos descubrir qué pasó realmente aquella noche dentro de los palacios Vaticanos, podemos aventurar que la "verdad" se encuentre en un término medio. Por lo que sí que es probable que se celebrase un suntuoso festín dentro de las estancias vaticanas, incluso es bastante probable la presencia de varias cortesanas, diestras en varias artes tales como la danza o el canto, para amenizar la velada. Por lo que el ambiente, con la presencia de estas mujeres y al calor del vino, es posible que se fuese erotizando en exceso...

Pero pasar de una celebración subida de tono, imaginamos que nada rara en los ambientes palaciegos de la época, a la orgía antes descrita hay un buen trecho, y es que cómo hemos demostrado, el análisis de los documentos históricos evidencia que la descripción de esta famosa orgía obedece a una campaña de desprestigio lanzada por los numerosos enemigos de la familia Borgia.









sábado, 2 de julio de 2016

Salas secretas y pinacotecas eróticas en la España Moderna

Las 'Salas Secretas' de los Museos:
1.- Gabinete de Objetos Obscenos de Nápoles
2.- British Secretum, el armario 55
3.- Salas secretas y pinacotecas eróticas en la España Moderna
3.1.- La Sala Secreta del Museo del Prado  (próximamente)
3.2.- Los gabinetes reservados de los nobles  (en preparación)
4.- El Infierno de la Biblioteca Nacional Francesa
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  Salas secretas y pinacotecas eróticas en la España Moderna:

Para facilitar la lectura de este tema y no hacer una entrada demasiado extensa hemos decidido dividirla en varios capítulos:
- Este primer capítulo se puede considerar como una gran introducción general, donde a grandes rasgos veremos la conformación de las distintas salas reservadas.
- En una segunda parte explicaremos con más detalle el surgimiento y las vicisitudes de la gran pinacoteca de carácter erótico que mantuvo la Monarquía Hispánica, y que a la postre fue el germen fundacional de la Sala Secreta del Museo del Prado.
- Por último, en el tercer capítulo cerraremos este tema analizando los principales gabinetes reservados de la aristocracia española, unas colecciones que aunque de carácter privado, no tuvieron nada que envidiar a la de la casa real, ya que albergaron grandes obras de la pintura universal como 'La Venus del espejo' de Velázquez, o las 'Las Majas' de Francisco de Goya.

Introducción

Ya hemos visto en este blog como, a lo largo de la historia, los mayores consumidores de obras eróticas o pornográficas han sido precisamente aquellos representantes del pueblo a los que se les estimaba una más alta consideración moral, ya fuese por su dignitas o por su condición social.

Es decir, normalmente han sido los personajes más ricos y poderosos de la sociedad los que se han podido permitir atesorar obras y colecciones de lo más atrevidas. Ya vimos como en la Antigua Roma ricos patricios romanos decoraban sus lujosas villas con todo tipo de frescos o esculturas de carácter erótico, y es bien sabido el carácter lascivo de muchos de los emperadores romanos que no dudaron en crear auténticos palacios de la perversión y el vicio.

Venus del Espejo, Diego Velázquez.
National Gallery, Londres.


Un vicio muy real....

Pero esta moda no sólo fue cosa de los depravados romanos, en esta entrada veremos como en la muy cristiana y devota España de la Contrarreforma, algunos de sus principales personajes, precisamente aquellos encargados de velar por la integridad moral de sus súbditos y lacayos, también cultivaron ciertos placeres ocultos.

Encabezaron esta moda los grandes monarcas de la cristiandad, que crearon salas íntimas de descanso, donde guardaban algunas de sus más preciadas pinturas. Posteriormente, cuando las colecciones reales empezaron a mostrarse al público, estas mismas obras se custodiaron en salas reservadas sólo aptas para ciertos estudiosos o personas de moral íntegra.

Por lo que casi todos nuestros reyes, a excepción de Carlos III, que quiso quemar gran parte de los desnudos eróticos de la colección real, fueron grandes coleccionistas de arte erótico... Empezando por el muy devoto Felipe II, o el promiscuo Felipe IV, que engrandeció la colección real con las pinturas más sensuales de Rubens, hasta llegar a nuestra Edad Contemporánea con el también lascivo Fernando VII.

Así es bien sabido que la primera gran colección de obras de arte de marcado carácter erótico fue creada por el piadoso y católico Felipe II, quién no dudó en encargar al maestro del erotismo, Tiziano, sus famosas "poesías": Un conjunto de obras mitológicas (Danea, Venus y Adonis, Perseo y Andrómeda, Diana y Acteón, Diana y Calisto y El Rapto de Europa) realizadas para ser vistas en conjunto, casi desde la perspectiva de un voyeur, y que formaron una de las más formidable colección de desnudos de la época.

Danae recibiendo la lluvia de oro, Tiziano.
Museo del Prado.
Por lo que suponemos que los rumores sobre la existencia de esta privada colección real despertó la admiración y la envidia del resto de nobles y burócratas reales, queriendo ellos mismo emular estos gustos reales y decorar sus propios palacios con las últimas modas llegadas de los muy humanistas y refinados estados italianos.

Así que desde muy pronto algunos miembros de las más altas casas nobiliarias, cuyas fortunas y posición social les permitían saltarse ciertos escollos morales (y legales), también crearon sus propios gabinetes secretos, iniciándose una tradición de pinacotecas eróticas que podemos rastrear desde la segunda mitad del siglo XVI hasta prácticamente nuestros días.


Las pinacotecas eróticas de los nobles.
La escuela del amor, Correggio.
National Gallery (Londres).

A pesar del férreo control que quiso imponer la Iglesia Católica sobre la creación y posesión de obras de arte de carácter erótico, es evidente que muchos nobles, ya fuese por un placer personal, por cierto esnobismo, o por emular ciertas modas de las grandes monarquías europeas, atesoraron un gran número de obras pictóricas, donde los desnudos, a pesar de su supuesto trasfondo bíblico o mitológico, podían ser considerados bastante atrevidos para la época, ya que realmente el desnudo era el gran protagonista de la obra.

Y es que como venimos insinuando desde el inicio de esta entrada, la posesión de ciertas obras de carácter erótico, va más allá del mero placer personal y hedonista, es una forma de mostrar y exhibir cierto poder social, ya que sólo los personajes más poderosos pueden saltarse ciertas convenciones sociales y transgredir unas normas impuestas al resto de la sociedad. Por lo que la creación de estos gabinetes secretos son una muestra más de cómo, desde siempre, han existido diferentes normas morales según la posición social del individuo.

Así pues, las colecciones de temas mitológicos, donde los desnudos ocupaban un lugar central, fueron muy habituales entre las familias aristocráticas, especialmente entre aquellos nobles que habían estado en contacto con las culturas flamencas o italianas, territorios mucho más abiertos y permisivos en todo lo relativo a la moral, por lo que la moda de los desnudos pictóricos pronto se expandió entre las principales familias nobiliarias, despertando el fuerte rechazo de algunos de los principales moralistas de la época.

Iglesia y censura

A pesar de todo lo descrito hasta ahora, no hay que olvidar que estamos en la España de la Contrarreforma, Europa se desangra en guerras de religión, por lo que el poder y la influencia de la Iglesia crece de manera exponencial justamente en estas centurias, creándose su temible y poderoso brazo armado... la Inquisición. 

Por lo que la presencia de la sombra de la Inquisición estuvo siempre muy presente, especialmente en todo lo relativo a las artes, y especialmente sobre el mundo de la pintura, ya que al ser una de las artes con más "libertad expresiva" fue vigilada estrechamente.
Lot embriago por sus hijas, Francesco Furinni.
Museo Nacional del Prado.
Y es que en el siglo XVI, los desnudos aún eran una rara avis en el mundo del arte, por lo que estos primeros desnudos fueron duramente criticados tanto desde el ámbito artístico como desde posiciones teológicas y moralistas.

Para que nos hagamos una idea señalar que la mayor parte de los artistas, para realizar pinturas de cuerpos femeninos, tenían que recurrir a copias de esculturas romanas, ya que la visión de un cuerpo real femenino para su plasmación en un lienzo podía acarrear funestas consecuencias tanto para el artista como para la modelo.

Y es que la Iglesia consideraba estas obras auténticos pecados mortales. Incluso se escucharon voces, como la de Bernardino de Villegas que denunciaba expresamente que algunos se permitieran «las indecencias de pinturas profanas […] por adorno de sus galerías y recreo de sus sentidos». Más allá iba el poeta fray Hortensio Félix Paravicino que proponía la destrucción de todas aquellas obras pictóricas con representaciones de desnudos.
Y como apuntamos en la introducción tenemos suerte de conservar algunas de estas grandes joyas universales, ya que en 1762, el muy ilustrado Carlos III por influencia de su confesor el padre Eleta estuvo a punto de condenar a la hoguera muchas de las obras de su colección real, ya que estos lascivos cuadros sólo servían para excitar las mentes y eran contrarios a la moral pública. Sólo la intervención del pintor Meng y el Marqués de Esquilache lograron evitar tal desastre, ya que aludiendo valores artísticos, lograron convencer al monarca de salvar las obras.

Así vemos como la relación entre el desnudo y la censura era objeto de continúas polémicas, por lo que una de las formas de sortear la censura era encargar las obras a artistas extranjeros, ya que podían trabajar en sus estudios, sin temer una inoportuna visita de los inquisidores. Por todo ello, estos cuadros sólo se exponían en aquellas salas y salones de carácter más reservado de palacios y villas, lejos de inoportunas e indiscretas miradas de visitantes o empleados de menor confianza. Ya que a pesar de pertenecer a familias nobles y poderosas, cualquier sospecha o rumor podía ser utilizado para hacer caer en desgracia a rivales políticos incómodos.

Como mero apunte del prolongado poder de la Iglesia y la Inquisición, señalar que en fechas tan tardías como principios del siglo XIX, cuando en Europa aún retumbaban los ecos de la Revolución Francesa, en  España, la Inquisición fue la encargada de confiscar los desnudos que, el ahora caído en desgracia, Godoy acopiaba en su fabulosa pinacoteca.

Venus dormida, de Giorgone y Tiziano. 1510.
Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos, Dresde (Alemania)


Conclusión

Todo ello no impidió que los mayores artistas de la época, bajo el amparo de monarcas y nobles, pusieran sus pinceles al servicio del erotismo y la sensualidad. Tiziano, Velázquez, Correggio, Rubens,... todos retrataron algunos de los más hermosos y sensuales desnudos de la historia del arte.

Así sabemos, por ejemplo, que Velázquez pintó hasta tres cuadros de este temática, aunque desgraciadamente el único que se ha conservado es la famosísima  'Venus del espejo', cuadro que decoró villas y palacios de los nobles más ilustres de nuestra sociedad. En 1651 fue inventariada entre los bienes de Gaspar de Haro y Guzmán, hijo de un ministro de Felipe IV, pasó después a la casa de Alba, para terminar decorando una de las pinacotecas nobiliarias más importantes de todos los tiempos, la del 'Príncipe de la Paz', Manuel Godoy.

Otra obra que ha pasado a la posteridad por su elevada sensualidad es la 'Danae' de Tiziano, una obra que desprende tanto erotismo que ha pasado su existencia siendo encerrada de una habitación a otra, y alberga el dudoso honor de ser la última obra que salió de la Sala secreta del Museo del Prado para su exhibición pública.

Por todo ello podemos deducir que durante la Edad Moderna el hombre redescubrió la sensualidad y el erotismo en las artes, por lo que la alta aristocracia cortesana no dudó en encargar obras de evidente carácter erótico para su disfrute personal, lienzos que sin duda ayudaron a canalizar los estímulos sexuales de sus propietarios, convirtiéndose en auténticas liberadoras de la pasión sexual.


¡Os esperamos en los próximos capítulos!






BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA CUETO, D.; La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII, Visiones de pasión y perversidad / coord. por Víctor Manuel Mínguez Cornelles, Inmaculada Rodríguez Moya, 2014, págs. 40-57

PORTUS, J.; Los cuadros secretos del Prado, Revista Katharsis, Nº 2. Abril 2004/Revista Electrónica Cuatrimestral. en  http://www.revistakatharsis.com/rev_abr_04_sm_pint_02.html

GEORGE, B., Las lágrimas de Eros, Barcelona, Tusquets, 1997.
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MORÁN, M. y CHECA, F., El coleccionismo en España, Madrid, Cátedra, 1985.
PORTÚS, J. La Sala Reservada del Museo del Prado y el coleccionismo de pintura de desnudo en la Corte española, 1554-1838, Madrid, Museo del Prado, 1998.
VV. AA., El desnudo en el Museo del Prado, Madrid y Barcelona, Fundación Amigos del Museo del Prado y Círculo de Lectores, 1998.


[En Internet]

La colección de arte de Godoy en
https://art-y-cultura.blogspot.co.uk/2015/06/la-coleccion-de-arte-de-godoy-digna-de.html