jueves, 11 de octubre de 2018

El tapiz de Bayeux y sus enigmáticos penes

El tapiz de Bayeux del s.XI es uno de los documentos medivales más importantes de la historia, y en él se narra la conquista de Inglaterra por parte de los normados, encabezados por su lider Guillermo el Conquistador. Entre otros hechos, el tapiz refleja la famosa batalla de Hastings de 1066.

Este tapiz es un documento único, ya que ha permitido estudiar a los investigadores toda clase de aspectos relacionados con la vida en aquella época, ya que este hermoso tapiz alcanza los 70 metros de largo, y en él, vienen representados 626 personas, 190 caballos, 35 perros, 41 navíos y embarcaciones, 37 edificios y fortalezas...

El tapiz de Bayeux es un fuente documental única sobre el modo de vida y costumbres, la arquitectura militar y civil, el arte militar, la navegación o la agricultura de la sociedad normanda e inglesa de la Edad Media.


A pesar que el tapiz ha sido sometido a toda clase de estudios, hasta ahora nadie se había parado en estudiar con detalle otra  representación muy abundante en el tapiz... sus ¡¡93 penes!!

Sólo 5 penes de los representados en el tapiz están asociados a hombres.
El resto están vinculados a los caballos que aparecen (© Museo Bayeux)


Aunque se desconoce quién lo bordó o lo mandó realizar (se especula que la Reina Matilda o el Arzobispo Odo), nos podemos imaginar los chascarillos y las risas de las tejedoras encargadas de coser el tapiz, especialmente cuando les tocaba ponerse a representar los numerosos genitales representados o alguna de las escenas de desnudos que hay en los bordes del tapiz.

Y es que, aunque la mayoría de estos falos están asociados a los caballos, no faltan representaciones de varios genitales masculinos. ¿el por qué de esta sobreabundancia de penes? Hay investigadores que no dudan en señalar que esto sólo puede ser obra de un hombre, con cierta fijación por estos asuntos, por lo que se cree que su diseño respone a los designios del Arzobispo.


El principal motivo esgrimido para esta proliferación de penes es representar una lucha de virilidades. 



Los penes de los caballos


Por este motivo, los mayores atributos vienen representados en el caballo de Guillermo el Conquistador, y según la importancia del personaje, los atributos de su caballo van en correspondencia.

Al ser esta representación una lucha entre masculinidades, quedaría feo ponerle al enemigo un caballo poco dotado, así que para magnificar la victoria de Guillermo, había que representar el caballo de su principal enemigo, el rey anglosajón Haroldo II, con unos buenos atributos también.

En esta escena vemos como le hacen entrega de su montura a Guillermo el Conquistador antes de la Batalla de Hastings.
Apréciese el tamaño del falo del equino, un detalle nada casual.
 (© Museo Bayeux)





En total son 88 los penes representados en caballos, todos ellos relacionados con la batalla de Hastings, y curiosamente ningún otro animal aparece mostrando los genitales. Por lo que parece evidente que estos penes se enmarcan dentro de un contexto de lucha, de hombría

Otro de los personajes destacados en la batalla de Hastings, como bien atestiguan los genitales de su montura, fue Odón de Bayeux, estrecho colaborador de Guillermo. Según nos relata el tapiz tuvo un papel muy importante en la batalla, ya que en un momento crítico del combate logró reunir a las fuerzas normandas dispersas y coordinar un contraataque vital para el desarrollo de la batalla. Aunque como vemos el tamaño de los genitales de su montura no tiene ni punto de comparación con los del futuro rey de Inglaterra.

Aquí vemos como Odón de Bayeux carga contra el enemigo. (© Museo Bayeux)
¡Eso sí! El falo de su caballo no llega a la altura de los genitales de la montura de su lider.


La representación de los genitales masculinos


Las representaciones de los genitales masculinos están confitados en los bordes superiores o inferiores del tapiz, e históricamente la representación de un guerrero desnudo es un símbolo de su derrota y de su humillación.

Pero en este caso, el profesor Steve White, ha ido mucho más allá, entendiendo estas desnudos humanos como representaciones literarias de alguna de las fabulas latinas de Fedro.

¿Escena de violación?

El primer desnudo que destacamos es esta imagen donde se puede ver un hombre con los brazos extendidos hacia una mujer y el pene en erección. La mujer que está desnuda y en posición de lamento, miedo o vergüenza, parece estar tapándose sus genitales.

Aunque tradicionalmente se ha interpretado como una escena de violación, tan propia de cualquier conflicto bélico. El investigador británico cree que se trata de una alusión a algún relato de la época, donde un padre violaba a su propia hija, queriendo representar un acto de traición, seguramente el acto de traición más sucio e inmoral posible.



Escena donde se ve a un hombre desnudo con una erección que se extiende hacia una mujer desnuda,
que se cubre ambas manos con la cara y el pudenda.
(© Museo Bayeux)

Los peligros del sexo

Si seguimos avanzado en el relato,  cuando la imagen central nos narra el avance de las fuerzas normandas hacia la batalla de Hasting, vemos otras dos representaciones de desnudos en la franja superior.

En la primera se ve un hombre desnudo, sujetando un gran hacha que apenas le tapa sus vergüenzas. El hombre parece estar entregándole un objeto a una mujer desnuda. La otra escena "erótica" es la representación de un hombre desnudo con bigote y una mujer, de la que destaca la profusión de su vello púbico representado, identificada como una prostituta.

Ambas representaciones se han interpretado como fábulas donde nos hablan del peligro del sexo, donde el engaño o la traición están presentes.



En esta representación se ve una pareja desnuda (franja superior) que segurmante represente una fábula donde una prostitua profesa su amor por un cliente, ante la incredulidad de éste. (© Museo Bayeux)


¿Infidelidad?

Una de las escenas más enigmáticas del tapiz es la formada por la imagen central de un sacerdote ¿hostigando? a una mujer llamada Ælfgyfa, y la representación del obsceno desnudo que se ve justo debajo. Donde aparece un hombre en cuclillas, vello púbico, testílos y un gran pene erecto en un signiticativo primer plano, apuntando hacia el suelo.



Se ha especulado mucho sobre quién era esta mujer y que representa esta escena, aunque todo parece indicar que el conjunto alude a algún escándalo sexual de la época, muy conocido por las gentes del momento, pero desconocido por nosotros.

 


Conclusión


En resumen, podemos decir que esta prolíferación de penes no tiene nada de casual. Los penes de los equinos vendría a representar la valía en combate de los guerreros representados o su importancia en el campo de batalla. Otro asunto son las escenas de humanos desnudos, que parecen alertar a los espectadores del tapiz sobre tramas de traición y engaño, muy presentes a lo largo del relato de la conquista normada de Inglaterra.

No podemos dejar de reseñar que en posteriores réplicas del tapiz todas estos penes fueron censurados, y los hombres que aparecen desnudos fueron cubiertos con pantalones. Todo ello nos hablaría de como fue variando la moral sexual respecto a la representación de desnudos y escenas eróticas a lo largo de la Edad Media.

Por lo que si en Plena Edad Media era normal ver representaciones de desnudos, vaginas, penes (sólo hay que fijarse en ciertas esculturas del romámico), aunque fuese para alertar a los feligreses de los peligros del sexo; la Iglesia con el paso de los siglos fue tomando una actitud cada vez más estricta y severa sobre el desnudo y la sexualidad humana.






Bibliografía

https://www.historyextra.com/period/medieval/bayeux-tapestry-penis-why-norman-conquest-battle-hastings-william-conqueror/

Uribarri, F.;  'El tapiz de los 93 penes', Revista XL Semanal, 5 de Agosto de 2018.




lunes, 8 de octubre de 2018

Mitos y verdades sobre el sexo en Roma

Sin duda alguna, la cultura romana ha sido la cultura que mayor admiración y asombro ha despertado entre los historiadores de toda índole, todo ello ha contribuido a que a su alrededor se forje una idealización de su cultura.

 Estudiosos de todo signo buscaron entre sus restos arqueológicos y sus fuentes escritas argumentos con los que defender su visión del mundo.


Si a este panorama añadimos el elemento "sexo", tenemos como resultado la construcción de una serie de mitos que, ya sea por el choque con nuestra visión del mundo cristiana; o actualmente, por la contribución de la literatura o el cine; se han venido agrandando. Dando como resultado, la creencia que los romanos eran poco más que pervertidos sexuales que estaban todo el día celebrando orgías.

Pintura pompeyana.

Pero antes de analizar los principales mitos sobre el sexo en Roma, vamos a trazar unas pocas pinceladas que nos permitan comprender cómo y por qué nacieron algunos de estos mitos:

- Sobre la construcción del discurso histórico: En todos mis años de investigación he llegado a una conclusión que en la historia NO EXISTE UNA VERDAD ABSOLUTA, y es que son innumerables los ejemplos de cómo a través de la historia se han querido legitimar ciertas posturas o argumentos, incluso ideas contrarias partiendo desde una misma base. Por lo que muchos (malos) estudios pueden variar enormemente según a las conclusiones que previamente quiera llegar el investigador.

- Sobre la influencia de la moral sexual cristiana: La nueva moral cristiana que surgió tras las crisis del Imperio, una moral de las más estrictas sexualmente hablando de todos los tiempos, quiso representarse como una antítesis de la moral "pagana" anterior, por lo que numerosos autores cristianos la retrataron de forma peyorativa o degenerada.

- Sobre el impacto de la arqueología: Los descubrimientos de Pompeya y Herculano, y toda la cultura erótica allí oculta, causó honda impresión a nuestras generaciones pasadas: falos por doquier, desnudos, un sátiro copulando con una cabra,...  Podemos imaginar como se disparó la mente de los investigadores que durante los siglos XVIII y XIX fueron desenterrando dichos tesoros y la imagen que tuvieron de ambas ciudades del Vesubio.

- Sobre el tiempo histórico: Un error muy frecuente en historia es coger una foto fija de una época determinada, o de las costumbres de una élite social o lo que pasaba en la capital del Tíber y trasladarlo al resto de la sociedad y de la cultura romana.

La cultura romana se extendió durante un período de 1000 años.
Sus costumbres, su moral sexual, su ética, su escala de valores, fue variando a lo largo de los siglos.



I.- ¿Eran los romanos homosexuales?


Cuando la gente te pregunta sobre sexo en Roma lo primero que te suelen preguntar es sobre si es verdad que los romanos eran gays. Y lo primero que pienso es a ver cómo respondo esto si parecer petulante, o si aburrirle explicándole un contexto de 10 minutos.

Así que la respuesta más corta sería... ¡¡NO!! No eran gays, como mucho, bisexuales, y no todos.

Primero, porque hay que recordar que el concepto homosexual o heterosexual es un concepto contemporáneo. Y segundo, porque los romanos no entendían la homosexualidad como la entendemos nosotros, sino más bien bajo los binomios activo/pasivo, amo/esclavo y adulto/joven. Cualquier otra relación homoerótica fuera de esas reglas sí que estaba mal vista, y podía conllevar era motivo de oprobio, vergüenza o incluso penas como la pérdida de la ciudadanía.

Fresco de las Termas Suburbanas de Pompeya, con escena homosexual.

Aunque sobra decir, que en un marco social ciertamente permisivo, era fácil trasgredir estas reglas, siempre que se hiciese en la intimidad del hogar y el ciudadano romano no hiciese público tales gustos.

Como ejemplo citar que de los primeros 12 emperadores, sólo Claudio tuvo un interés exclusivo en las mujeres, por lo que parece claro, que la bisexualidad estuvo muy presente en la sociedad romana, especialmente durante los primeros siglos del Imperio.


II.- ¿Eran los romanos unos salidos?


Se podría hacer la pregunta al revés ¿somos nosotros unos mojigatos? ¿por qué nos ruborizamos si vemos un cuerpo desnudo? ¿por qué a mucha gente le da vergüenza desnudarse en un gimnasio? ¿por qué cambiamos de canal si sale un pecho o un pene y estamos delante de nuestros hijos? ¿es acaso esto más normal?

Por lo que primero habría que entender de donde venimos nosotros. Y venimos de una moral sexual muy restrictiva impuesta por la Iglesia Católica, que no sólo ha visto el placer sexual como algo negativo, sino que durante mucho tiempo a concebido el sexo bajo un fin únicamente reproductivo.

Así que ¡No! La cultura romana tenía una moral sexual bastante estricta, pero concebían el sexo, la desnudez o el placer sexual como algo natural, por lo que, si se disfrutaba de ellos con moderación y mesura, y dentro de sus propias normas morales, no había nada malo en ellos.

Además, como en casi cualquier cultura agrícola, existían numerosos rituales y festividades donde los conceptos de fertilidad, fecundidad, sexualidad, desnudos, falos, sangre, muerte, etc... estaban íntimamente ligados. Por lo que eran habituales los ritos y festividades donde la sexualidad humana se representase de forma bastante explícita para favorecer el ciclo regenerativo de la naturaleza.

Fiesta romana de Las Floralia


III.- ¿Entonces por qué hay tantas representaciones eróticas o pornográficas?


Tintinnabulum.
Porque para los romanos estas imágenes no eran vistas como obscenas, los falos o las imágenes de carga erótica para los romanos tenían un valor protector, para atraer la prosperidad o un valor catártico.

No existen imágenes pornográficas de por sí, sino es la mirada de quien las observa, quien le otorga ese valor.


Fue con la aparición del cristianismo, cuando estas imágenes empezaron a adquirir un valor negativo, estas esculturas, pinturas, cerámicas,... que cantaban a la vida, a la felicidad, a la naturaleza, se tornaron imágenes ofensivas a los nuevos valores cristianos.

Un ejemplo de esto son las tintinábulas, es decir, penes de los que colgaban campanillas y se colocaban en las puertas para alejar el mal de ojo o los maleficios. Resulta por tanto muy curioso pensar que lo que para aquella mentalidad parecería algo muy normal, la sociedad actual lo vería como algo obsceno

IV.- ¿Las mujeres romanas eran tan infieles como sus maridos?


Cualquiera que haya visto alguna de las series ambientadas en Roma, habrá visto como las tramas de seducción e infidelidad son bastantes recurrentes, implicando tanto a hombres como mujeres.

Se puede decir que en este caso el mito es un 50% cierto. Ya que la fidelidad dentro del matrimonio sólo era obligatoria para la mujer. Como ya explicamos en este post sobre la moral sexual romana, el hombre era libre de satisfacer su deseo sexual fuera del hogar, y la sociedad no veía nada malo en ello, ya que su mujer, la matrona romana, estaba para aportar hijos al matrimonio y a la sociedad, no para saciar las pasiones de su marido.

Si una mujer era infiel el castigo podía muy severo. No sólo ponía en riesgo su reputación, y la de su familia, sino que también había manchado la sangre de sus descendientes.


Pero aquí es importante tomar nota sobre la importancia del tiempo histórico donde queremos detenernos, ya que aunque durante la mayor parte de la historia de la cultura romana, la infidelidad de la mujer estuvo severamente castigada, todo parece indicar que durante el primer siglo del Imperio las mujeres romanas fueron adquiriendo mayor independencia y libertad.

Por lo que sus infidelidades aumentaron considerablemente, sino por qué el refinado Ovidio se vanagloriaba de que su mujer nunca le hubiese engañado, o el poeta Horacio, que también proclamaba orgulloso que su difunta esposa nunca le hubiese sido infiel.

Las mujeres se volvieron más desinhibidas y no dudaron en buscar satisfacer sus necesidades sexuales fuera del matrimonio, como bien nos muestra los numerosos testimonios literarios de muy diversos autores.


Podemos destacar el relato que nos hace Juvenal en una de sus sátiras donde narra como la esposa de un senador, llamada Epia, se fuga con su amante, un gladiador, a las playas de Egipto.

"Epia, casada con un senador, acompañó a un gladiador hasta la isla de Faros y el Nilo y las famosas murallas de Alejandría.  Sin tener en cuenta su casa, su esposo ni su hermana; sin importársele nada de su patria, abandonó despiadadamente a sus hijos llorosos".

Pero para que veamos como entienden los romanos la infidelidad de la mujer, a Juvenal no sólo le preocupa que Epia fuese la mujer de todo un senador, y que haya manchado el nombre de su familia, sino lo que más le preocupa es que este acto de impudicia es una afrenta para la dignidad de la misma Roma.

Pintura erótica pompeyana.

V.- ¿Realmente existieron las orgías?


Ya dedicamos una entrada sobre este tema, Orgías en la historia IV: Roma ¿mito o realidad?, y a la conclusión que llegamos es que tuvo que ser un fenómeno muy minoritario, de unas élites sociales muy exclusivas, y dentro un momento histórico muy concreto.

También habría que pensar ¿qué entendemos por orgía?: ¿sexo en grupo? ¿cuerpos desnudos retozando unos con otros? Porque si es esa la idea, aunque seguramente las hubo, fueron muy minoritarias. Si en cambio, entendemos como orgía un tipo de fiesta exclusivamente de hombres, sin la participación de matronas romanas, pero repletas de esclavas y esclavos traídos para estos menesteres, pues seguramente, sí que hubo bastantes orgías.



Estas "orgías" serían fiestas muy subidas de tono, con vino, bailarinas, música o incluso prostitutas traídas para la ocasión, pero más que una orgía de sexo en grupo, lo que se daría es un ambiente erótico muy cargado, pero después cada hombre se retiraría a alguna habitación apartada para satisfacer sus deseos. Ya que por raro que nos pueda parecer, si los hombres romanos ya eran bastante pudorosos para exhibir sus cuerpos desnudos, imaginaos para una sesión de sexo en grupo.


VI.- ¿Eran los emperadores unos depravados?


Este quizá sea un de los mitos más difíciles de desentrañar, porque se mezclan política, poder absoluto, sexo, y un cambio fundamental para el devenir de la cultura romana: el paso de la República al Imperio. Aunque estos nos pueda parecer un simple cambio político, como ya explicamos en este post sobre 'Poder, moral y sexualidad en Roma', supuso mucho más.

Por lo que muchas de las críticas a los emperadores, no sólo es una crítica a su persona, sino a la propia institución imperial que ellos mismos representan o al cómo han accedido a ella. 


Ahora, ya no es una república entre iguales, ahora hay un princeps, el primero de todos los ciudadanos, que acumula todo el poder político, económico y también social.

Por lo que cuando la figura del princeps se torna en tirano resulta sencillo retratarlo como un depravado. Los propios historiadores latinos a la hora de describir a estos emperadores tiranos los retrataban bajo una serie de rasgos compartidos, donde el elemento sexual siempre estaba presente.



La lujuria y la falta de control de sus pasiones son rasgos propios de Nerón, Calígula o Tiberio, emperadores que dieron rienda suelta a todos sus instintos sexuales, y que a sus despóticas medidas políticas hay que sumar una transgresión de todas las leyes morales: incesto, violación, sexo pasivo, fellatios, cunnilingus, pederastia, transexualidad, incluso bestialismo.

Como bien señala la doctora Elena Torregaray: "No se trata de juzgar los comportamientos sexuales en sí, sino la posición social en la que el Emperador pone a las personas que humilla sexualmente. La perversión sexual se utiliza más bien como metáfora de un régimen político que se pretende corrupto y tiránico y que sólo se mantiene gracias al uso de la fuerza."

Otro tanto pasa con las mujeres que tuvieron un importante papel político, los mitos y habladurías sobre la promiscuidad de Julia o Mesalina ¿eran ciertos o buscaban desacreditar el linaje imperial e impedir que sus hijos fueron los siguientes emperadores?

Aunque, quizás, para saber que hay de cierto tras este mito lo mejor sería preguntaros a vosotros ¿qué harías tú en su caso? Es decir, imagínate que está normalizado en la sociedad tener esclavos para uso sexual, súmale que eres casi un dios en la tierra, y ponle que hastiado de las intrigas políticas prefieres dedicarte a una vida de placer y hedonismo rodeado de absolutas riquezas...

¿Serías un ejemplo de conducta moral para el resto de tus ciudadanos? ¿satisfarías tus deseos y fantasías más ocultas? Tal vez, ahora, ya no los veas como unos depravados.... sino simplemente como seres humanos liberados de las barreras morales que la sociedad nos impone.

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¡¡SI TENÉIS CUALQUIER OTRA DUDA SOBRE CUALQUIER ASPECTO RELACIONADO CON LA SEXUALIDAD DE LOS ROMANOS, NO DUDÉIS EN DEJARLA REFLEJADA EN LOS COMENTARIOS, Y SEGUIREMOS AMPLIANDO ESTA SECCIÓN DE MITOS!!

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BIBLIOGRAFÍA


https://www.diariovasco.com/bidasoa/201407/19/sexo-imperio-romano-libre-20140719000521-v.html


https://nmas1.org/news/2018/08/26/sexo-romanos-ciencia




jueves, 27 de septiembre de 2018

Los roles de los eunucos en Bizancio

Eunucos en Bizancio
Parte II: Los roles de los eunucos en Bizancio.

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Libro 'The perfect servant'
Los eunucos eran considerados esclavos muy exóticos, apreciados por su piel suave, sus voces agudas y sus cuerpos sin pelo, pero eran especialmente valorados al considerarlo sirvientes eficaces, leales y muy seguros. Ya que su incapacidad sexual y de producir herederos les hacía los perfectos cuidadores de los asuntos del hogar o de la corte.

Por lo que aquellos eunucos con las destrezas, habilidades e inteligencia suficientes fueron capaces de acaparar puestos de enorme responsabilidad dentro de la sociedad bizantina.




Sirvientes en hogares ricos


En muchos hogares ricos los eunucos se auparon como las personas de máxima confianza de sus señores, principalmente porque al estar incapacitados para formar familias, su única familia era en realidad la familia de su señor. Además, su formación e inteligencia los convertía en personas muy válidas, ya fuese para administrar las rentas de su señor o como tutores de sus hijos.

Además, su (supuesta) incapacidad sexual les convertía en los mejores guardianes de la virtud de las mujeres de la casa. Por no hablar de su papel como esclavos sexuales tanto masculinos como femeninos.

Ilustración que representa las diferentes capas sociales.


Eunucos cortesanos


Uno de las mayores preocupaciones de todos los emperadores bizantinos era que cualquier otro familiar o militar le intentase arrebatar el trono imperial para fundar su propio linaje imperial. Por todo ello, los eunucos se convirtieron en personas de máxima confianza dentro de los círculos palaciegos, convirtiéndose en muchos casos en sus más cercanos consejeros, ya que su lealtad era a veces mayor que la de los propios familiares del emperador.

Por lo que numerosas funciones de palacio quedaron bajo sus órdenes, siendo de las pocas personas que tenían libre acceso a las estancias privadas de la familia imperial. Así tenemos al "parakoimomenos", que dormía junto a la habitación del emperador, el "protovestiarios", encargado del guardarropa, y después, todo un "ejército" de eunucos encargados del buen funcionamiento del Palacio: comida, bodegas.

Hasta aspectos tan importantes como la educación de los hijos del emperador o su propia seguridad personal quedaba en manos de estos eunucos.



Por otro lado, también era habitual que fuesen los encargados de las cuestiones ceremoniales y de etiqueta, muy importantes dentro de la jerarquizada corte bizantina. Incluso, no era raro que los mismos eunucos facilitasen la transición entre un gobernante y otro, conservando ellos su misma posición.

Los eunucos encargados de los actos de protocolo recibían el nombre de "praipositos" y eran los 
encargados de instruir a la gente sobre cómo vestir, dónde situarse en los actos ceremoniales o cómo  comportarse ante el Emperador; y a la cabeza de todos estos eunucos estaba el "klarissimos", que actuaba como chambelán y portavoz del emperador.

Por último, destacar a aquellos eunucos empleados como funcionarios de alto rango, que realizaban labores muy específicas como mensajeros, mediadores, embajadores o secretarios privados.


Estos eunucos de corte se convirtieron en personajes de enorme poder e influencia, despertando pasiones e envidias a partes iguales.


Ese acercamiento a la figura del soberano les otorgaba gran poder, por lo que no era raro que familias poderosas castrasen a alguno de sus hijos menores con la esperanza que alcanzase un puesto de alto rango en la corte.

Recreación trono de Bizancio
Pero al mismo tiempo eran personajes temidos y envidiados a partes iguales, ya que la suerte de cualquier importante familia dependía de los antojos o los intereses de un eunuco. En su mano estaba, muchas veces, que la causa o petición de cualquier noble llegase a oídos del emperador.

Por lo que era normal que sobre ellos circulasen toda clase de rumores y habladurías, especialmente significativo es el retrato que se tiene de ellos como personas de enorme avaricia, y es que, sin descendencia, su único afán era vivir una vida plena de placeres y riquezas. Los propios historiadores bizantinos denunciaban el poder que acumulaban estos eunucos de palacio, influyendo muchas veces de forma directa en las decisiones que tomaba el emperador, acusándoles de intentar ostentar el poder en la sombra.

Añadir, que la soledad a la que estaban condenados los eunucos hizo que formasen una especie de lobby palaciego, a menudo trabajando (y conspirando)  para su propio provecho, lo que ayudó a incrementar su fama de ambiciosos e intrigantes.


Eunucos y el ejército.


Mosaico con
representación de Narses
Los eunucos también sirvieron en el ejército o como guardia personal del emperador. No parece que existiese ningún tipo de discriminación hacia su persona, ya que muchos de ellos sobresalieron en el campo de batalla, incluso algunos eunucos encabezaron ejércitos y flotas militares.

Uno de los motivos que explican este hecho es que no había riesgo que estos generales se alzasen contra el emperador vigente para intentar usurpar su puesto, ya que al ser eunucos estaban incapacitados para acceder al trono, por lo que se les presuponía una mayor fidelidad a su gobernante.

Entre los eunucos más famosos por sus hazañas militares podemos citar al general Narses, de origen armenio, quién lideró la conquista de la península itálica en tiempos del emperador Justiniano. Pero como decimos, éste no fue un caso aislado, a lo largo de la historia del Imperio Bizantino, podemos encontrar otros comandantes militares castrados.

Otro nombre famoso fue Pedro Focas que destacó por su bravura y arrojo contra los rusos, por lo que rápidamente fue ascendido a jefe de la Guardia Imperial bajo el reinado de Nicéfoto II (936-969) y posteriormente fue nombrado comandante del frente oriental.

Las fuentes también nos relatan como a finales del siglo X, Basilio II encargó a un eunuco de nombre Nicolás la dirección del ataque y asedio a Alepo, ciudad que cayó en manos bizantinas en el 995.

El Imperio bizantino hacia el año 1000. Desde el siglo VII, con la ascensión del Islam, el imperio perdió gran parte de sus territorios viéndose reducido a Anatolia y los Balcanes.

Eunucos y la Iglesia

Para entender la aceptación que tuvieron los eunucos dentro de la Iglesia Bizantina hay que sumergirse un poco en su visión del sexo, y especialmente su condena al placer sexual. Ya que los primeros padres de la Iglesia condenaron el placer sexual, y veían la ausencia de impulsos sexuales un hándicap para alcanzar la perfección espiritual.

Consideraban a los eunucos como seres puros y de alta estima,
casi comparables a los ángeles celestiales.


Por todo ello, la Iglesia bizantina fue muy permisiva con los eunucos, y no tuvo ningún problema en aceptarlos en su seno, no sólo en los escalafones más bajos, como monjes, sino que también les permitió ascender a puestos de gran poder, llegando a tener eunucos que ocuparon el cargo de patriarca de Constantinopla, la más alta dignidad dentro de la Iglesia Bizantina.

Santa Sofía de Constantinopla


Y aunque la Iglesia, casi desde su nacimiento prohibió la práctica de la castración (S.IV d.C), hubo numerosos religiosos que no dudaron en autocastrarse para así apaciguar sus apetencias sexuales, tal y como nos relata San Mateo: "eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos", en contra de los mandamientos de la Iglesia que ordenaba apaciguar la lujuria por otros medios menos drásticos.

Pero era tal el número de clérigos y monjes eunucos que existieron monasterios reservados sólo para ellos, como el erigido por San Sabas, en pleno desierto, camino de Tierra Santa; incluso sabemos la existencia de una secta cristiana, los monjes valesianos (siglo IV d.C) asentado en la zona de transjordania, que en su anhelo de alcanzar la perfección divina buscaban privarse de cualquier tentación de la Naturaleza, por lo que no dudaban es aplicarse la castración, tanto a ellos mismo, como a cualquier incauto peregrino que pillaran in fraganti, para intentar salvar su alma.

Monje eremita.

Esta peculiar sexualidad de los eunucos fue bien aprovechada por la Iglesia, ya que a los sacerdotes y monjes eunucos les solían encomendar funciones dentro de las comunidades religiosas femeninas, como la consagración de la eucaristía de los domingos.

Aunque esa misma peculiaridad sexual hacía que muchos monasterios de monjes prohibiesen el ingreso de eunucos, ya que los consideraban una fuente de tentación sexual para el resto de la comunidad.

Por otro lado, los eunucos empleados en los coros, los famosos "castrati", eran muy apreciados por su tono de voz único y especial, ya que al ser castrados antes de la pubertad conservaban ese rango de voz casi angelical. Por lo que no había coro eclesiástico que se preciase que no contase entre sus filas con algún castrati para deleite de los fieles.

Castrati


Eunucos y el sexo


Y no podemos hablar de eunucos y dejar de hablar de sexo, ya que uno de los mayores atractivos de los eunucos era en ser utilizados como esclavos sexuales. Ya que aquellos eunucos sometidos a la castración antes de llegar a la pubertad mantenían esos rasgos juveniles que tanto atraían a los hombres de la Antigüedad clásica, por lo que para muchos de ellos el sexo implicaba la sodomía, pecado terrible que la Iglesia prohibía, pero su voluntad estaba al servicio de sus amos.

Por otro lado, aunque está muy extendida la creencia que los eunucos eran incapaces sexualmente, muchos de ellos eran activos sexualmente, tanto con hombres como con mujeres. Pero debían andarse con mucho ojo en estos casos, ya que si tenemos en cuenta que la Iglesia sólo permitía tener sexo bajo fines reproductivos, si los eunucos fornicaban sólo podía ser por vicio y placer.

Aunque estos efebos no sólo eran una tentación para sus amos, sino también para otros hombres libres, por ello en muchos monasterios se prohibió la entrada de eunucos, ya que temían que su belleza juvenil desatase la pasión de otros monjes.

Los espadones era un tipo de eunuco muy solicitado.
Y si hablamos de eunucos y el sexo no podemos dejar mencionar a los eunucos denominados "espadones", no por conservar su "espada" en pleno funcionamiento , que también, sino por provenir de la ciudad persa de Spada, donde los eunucos también eran habituales.  Pues como decimos estos eunucos estaban parcialmente castrados, ya que el proceso de castrado no había sido completo, y aunque eran estériles, su miembro viril funcionaba a la perfección.

 Por lo que este tipo de eunucos eran muy apreciados entre las mujeres, ya que les garantizaba una infidelidad libre de sorpresas. Así que no puedo sorprendernos la presencia de algún buen "espadón" dentro del servicio de las mujeres de más alta cuna.

Eunucos como castigo

Aunque aquí hemos hablado de algunos de los aspectos "positivos" de ser eunuco, no nos engañemos, la castración era un terrible castigo no sólo aplicado a esclavos y prisioneros de guerra.  La propia legislación bizantina sancionaba con la castración algunos delitos, que en muchos casos podía suponer casi una sentencia de muerte, debido a la alta tasa de mortalidad de la intervención.

También era muy habitual aplicar la castración en medios cortesanos, especialmente a rebeldes, usurpadores al trono o familiares con demasiadas ansias de poder, ya fuese bajo hechos probados o como medida de precaución. Ya que si una persona no podía engendrar, nunca podría ser emperador, por lo que era un medio bastante eficaz para eliminar a peligrosos enemigos políticos.

Y aunque estas mutilaciones, bastante habituales en el código penal, nos pueden parecer una práctica bárbara, ellos la veían como un mal menor, si lo comparamos con la pena de muerte.




Bibliografía

Herrin, Judith. Bizancio: la vida sorprendente de un imperio medieval . Inglaterra: Penguin Books, 2008.

Herrin, Judith; Bizancio: El Imperio que hizo posible la Europa moderna, Editorial Debate, 2009.
 
Rautman, Marcus; La vida cotidiana en el Imperio Bizantino, Connecticut: Greenwood Press, 2006.

[En Internet]

La cruel historia de ser eunuco, en https://franciscojaviertostado.com/2014/12/01/la-cruel-historia-de-ser-eunuco/

Eunucos de Bizancio. Castración y vileza en el Imperio Romano de Oriente, en http://www.lacasamundo.com/2014/04/el-imperio-bizantino-eunucos-de.html

El tercer género en Bizancio, los eunucos, en http://elocasodebizancio.blogspot.com/2011/02/el-tercer-genero-en-bizancio-los.html

Eunucos en Bizancio

Eunucos en Bizancio
Parte I:  Historia de los eunucos en Bizancio.

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 "Su rostro era el de una rosa; la piel de su cuerpo, blanca como la nieve, era bien formado, rubio, estaba dotado de una suavidad poco habitual y desde lejos se percibía su olor a almizcle"
- Vida de san Andrés el Necio (s.X)

El imperio bizantino representa la fusión entre varios mundos: Oriente y Occidente,  el esplendor de la antigua cultura romana y el nacimiento de una nueva cultura medieval, creando una cultura fascinante donde sobreviven aspectos de la Antigüedad clásica, fusionados con la ferviente religiosidad impulsada por la rigurosa Iglesia Ortodoxa, y uno de esos elementos que mejor caracterizan ese contraste entre esos dos mundos es la figura de los eunucos.

Ocuparon puestos de importancia en el gobierno, en la Iglesia, en el Palacio, en las casas de las grandes familias aristocráticas, incluso en el ejército. Los cruzados de Occidente cuando llegaron a la capital Bizantina quedaron asombrados al descubrir los numerosos eunucos existentes en su sociedad, y más aún, cuando se dieron cuenta que éstos no eran simples esclavos, sino que muchos de ellos tenían cargos de enorme poder.

¿Cómo es posible que los eunucos, considerados seres inferiores en época romana, ahora hubiesen alcanzado tanto poder? ¿cómo se convertía una persona en un eunuco? ¿de dónde venían?


En el siguiente artículo intentaremos descubrir qué se esconde tras la enigmática vida de estas personas...

Mosaico Bizantino en la Basílica de San Vital de Rávena.
Representa a la Emperatriz Teodora flanqueada por un capellán (eunuco) y una mujer de la corte.


Admiración y envidia


La presencia de eunucos en sociedad bizantina fue muy numerosa, sobre todo porque al no poder tener descendencia, se consideraba que sus funciones, tanto en el gobierno como en el cuidado del hogar, iban a ser mucho más eficientes. Primero, porque al no tener familia, automáticamente sus señores se convertían en la única familia posible; y dentro de los ambientes palaciegos, esta incapacidad les imposibilitaba acceder al trono, por lo que se les suponía más fieles que otros posibles colaboradores.

A esto se sumaba la creencia que eran el mejor tipo de sirviente existente, ya que suponía que estaban exentos de sucumbir a una de las más peligrosas pasiones: el sexo y el amor, volcando todo su ímpetu e inteligencia en cumplir las tareas encomendadas.

Por lo que pronto encontramos sirvientes eunucos en la mayoría de las casas de las grandes familias.


Atendían las necesidades de la señora de la casa, educaban a sus niños, manejaban la economía familiar o actuaban como intermediarios en los negocios de su señor.

Mosaico de Teodora en San Vital.
A su derecha, un eunuco.
Todo esto los convertía en personajes con numerosas responsabilidades y poder, por lo que también levantaron envidias y recelos, sobre todo porque muchos de estos eunucos lograron amasar enormes fortunas, como el caso de los eunucos Antíoco y Calopodo, que donaron todas sus riquezas a la Iglesia Ortodoxa.

Muchos nobles consideraban indigno que estos eunucos tuviesen más poder que ellos mismos y que muchas veces su fortuna dependiese de la voluntad de un eunuco que había hecho carrera en la administración del reino.

Los clérigos también miraban con envidia a estos eunucos, que podían hacer carrera dentro de la Iglesia, incluso sabemos de eunucos que alcanzaron el cargo de obispo o fueron santificados. Su peculiar sexualidad les suponía libres de caer en los pecados de la carne, por lo que muchas veces eran los encargados de atender las congregaciones femeninas. Aunque esa misma ambigüedad sexual les cerraba la puerta de muchos monasterios, ya que los veían como una tentación para el resto de hombres.

No nos puede extrañar que la literatura nos haya transmitido una imagen bastante peyorativa de los eunucos, presentándolos como individuos avariciosos, glotones y bebedores. Personajes volubles, caprichosos, irascibles, charlatanes y maquiavélicos. Con modales y formas propias de gente afeminada, con risas exageradas y sin mirar nunca a sus interlocutores a los ojos.

Castración:


Si buscamos el motivo inicial que impulsó a los hombres a castrar a otros hombres, imagino que habría que buscar la respuesta en su naturaleza más cercana. ¿por qué los hombres castran a los animales? La respuesta es para aplacar su agresividad y volverlos más mansos.

Por este mismo motivo se empezó a castrar a los prisioneros de guerra, la falta de testosterona les convertía en seres más serviles y dóciles. 


Por lo que pronto, numerosas culturas, desde la Antigua Sumeria hasta la Italia del siglo XVIII, recurrieron a la castración para obtener esclavos, cuidadores de harenes, prostitutos, e incluso motivos tan superfluos como cantantes de ópera.



Por lo tanto, las técnicas de castración fueron variando a lo largo de la historia, pero normalmente se emplearon métodos brutales y sin muchas contemplaciones, lo que conllevaba un porcentaje altísimo de mortandad.  Esto hecho explica el elevado precio que alcanzaron los eunucos en el tráfico de esclavos, ya que muy pocos sobrevivían a la intervención.

Los romanos aplicaron distintos tipos de técnicas según la edad o la condición social del futuro eunuco. El aplastamiento de testículos se solía realizar en niños de corta edad, se les sumergía en bañeras de agua caliente para relajar los testículos, y luego se los machacaban con los dedos o con piedras destinadas a estos menesteres.

La técnica de la torsión también era muy utilizada, y como la palabra indica se trataba de retorcer los testículos y atarlos en una cuerda hasta atrofiarlos.

Por último, estaba la opción quirúrgica, que consistía en una pequeña incisión para quitar los testículos del saco escrotal. Este tipo de intervenciones se realizaban normalmente a partir de los 7 años.

Aunque dentro del imperio la castración estaba prohibida, muchos padres lo realizaban con sus propios hijos ilegalmente porque sabían que, si sobrevivía, tenía muchas opciones de entrar en la corte y, de ese modo, garantizar el sustento para toda la familia.

Representación de la castración de Uranus.

Tipos de eunucos:


A grandes rasgos se puede hablar de dos tipos de eunucos, según la edad de la intervención. El primer tipo de eunuco, y más apreciado, era el sometido al procedimiento antes de su pubertad, ya que debido a la falta de testosterona durante su desarrollo como persona, hacía que este tipo de eunuco destacase por sus rasgos efébicos o "femeninos".

Entre los principales cambios físicos destacaban el tono de voz, algunos de ellos conseguían conservar una extraordinaria voz angelical que los convertían en objeto de deseo para los mejores coros. Pero también solían ganar bastante obesidad en la zona abdominal y caderas, aumento del pecho, alargamiento de las extremidades, estrechamiento de la pelvis, fragilidad en los huesos y ausencia de vello facial.

Y aunque muchas veces se nos relata la belleza angelical de los efebos, también eran frecuentes los eunucos de cuerpos orondos, de voces afeminadas, convirtiéndose en objeto de mofa y burla.


Eunuco en un harén, pintura de Jean-Léon Gérôme, siglo XIX. Óleo sobre lienzo de 73,5 × 62 cm.
Actualmente en el Museo del Hermitage (St. Petersburgo).

El segundo tipo era sometido al procedimiento después de la pubertad, por lo que cómo ya habían desarrollado sus rasgos masculinos, los mantenían el resto de su vida.

Por otro lado, según el tipo de intervención realizada también podríamos diferenciar dos tipos de eunucos, ya que la amputación podía ser parcial, sólo testículos, o total, pene y testículos. Estos últimos eran mucho más codiciados, ya que su supervivencia a la operación era aún más complicada.



El auge de los eunucos

De la infamia...


Aunque en muchas civilizaciones antiguas ya existieron los eunucos, fue en Bizancio cuando su figura se puso realmente en alza. ¿cómo es posible que pasasen de simples esclavos a ocupar los cargos más importantes de la vida política y religiosa bizantina?

Empecemos por el principio, la Antigua Roma, donde eran considerados casi una aberración, y no nos puede extrañar, ya que en una sociedad tan "viril" y falocéntrica como la romana, la castración era un gran deshonor, sólo aplicable a seres inferiores como los esclavos o prisioneros de guerra, por lo que estaba completamente prohibido castrar a ningún ciudadano romano.
Relieve de un sacerdote de Cibeles.

Pero a pesar de la vergonzosa opinión que se tenía sobre los eunucos, su eficiencia como esclavos esta fuera de toda duda.  Poco a poco, fueron ocupando cargos más importantes en la sociedad romana, hasta convertirse en un elemento vital para el buen funcionamiento de la corte imperial romana, pasando a ser esclavos cada vez más solicitados, especialmente en la parte Oriental del Imperio.

Y aunque hubo emperadores, como Adriano o Constantino, que intentaron detener esta espantosa tradición, dictando severas leyes contra estas prácticas, la castración siguió vigente durante todo el Imperio Romano hasta que eclosionó definitivamente en el mundo bizantino.

Incluso, el mismísimo Justiniano llegó a prohibir la castración de esclavos dentro de los límites de su Imperio, pero siguieron siendo considerados esclavos de alto nivel y por lo tanto muy apreciados. ¿La solución a la prohibición del emperador? Tan sencilla como castrarlos en las regiones situadas en los limes del Imperio y después venderlos dentro de las ciudades romanas.

Y si hablamos de castración durante el Imperio Romano no podemos dejar de mencionar a los "galli", los sacerdotes del culto a Cibeles a los cuáles se les exigía como prueba de fe la castración.

De esta forma estos eunucos fueron ocupando puestos notables como intermediarios, consejeros o confidentes de muchos emperadores, especialmente en los últimos siglos del Imperio. Emperadores, como Diocleciano, no dudaron en rodearse de una corte de serviles eunucos dispuestos a satisfacer los caprichos del emperador. Incluso no han faltado historiadores modernos que culparon a los eunucos de la decadencia del Imperio.

La presencia de los eunucos en la Corte Bizantina puede ser herencia de los últimos monarcas absolutos tardorromanos.


Pero habrá que esperar a la división del Imperio, para que estos eunucos se alcen como auténticos protagonistas históricos, al auparse a los principales puestos de poder, ya fuesen políticos, religiosos e incluso militares; Primero, en el Imperio romano de Oriente, y posteriormentr, durante el Imperio Bizantino.



... a la gloria

 Aunque si queremos buscar las causas de su auge, hay que ir más allá de la simple eficiencia que pudieran tener como esclavos, o del extra de "confianza" que suponía a sus dueños el que estuviesen privados de sus atributos masculinos.


Algunos historiadores han apuntado que este auge de los eunucos sólo pudo darse en el Imperio Bizantino por su particular y estricta cosmovisión de su propia sociedad. Una sociedad fuertemente jerarquizada y con roles muy definidos para todas las personas: hombres y mujeres, nobles y plebeyos, emperador y súbditos, religiosos y laicos, ...

Este rígido sistema necesitaba de un elemento que pudiese actuar de engranaje entre estas separaciones tan estrictas, y estos intermediarios fueron los eunucos. 


No eran ni hombres, ni mujeres, no tenían herederos, no estaban sometidos a las pasiones más comunes del resto de hombres, todo ello les permitió ser vistos como elementos prácticos y muy útiles en múltiples aspectos de las vida política, religiosa y económica de Bizancio. Su polivalencia en la sociedad era tan amplia que podían ocupar cargos tan prestigiosos como generales, doctores o maestros, pero al mismo tiempo desempeñar las profesiones más infames como actores, cantantes o prostitutos.

El emperador bizantino Justiniano y parte de su corte.


En resumen, su importancia radica en que la misma cultura Bizantina fue otorgándoles cada vez funciones más exclusivas y específicas, por lo que muchos puestos en la corte imperial solo podían ser ocupados por eunucos. De esta manera, lo que en un principio fue simple moda o conveniencia, pronto se transformó en una tradición, tornándose la figura del eunuco esencial para el buen funcionamiento de la administración imperial.

Es por ello, que muchos romanos bizantinos empezaron a cambiar la consideración que se tenía sobre los eunucos, ya que observaron como la carrera de eunuco podía ser muy beneficiosa para los intereses familiares, por lo que no dudaron en castrar a algunos de sus hijos para que iniciasen una carrera como eunuco en la corte imperial o en la Iglesia, con la esperanza que alcanzase un futuro prometedor, por lo que pronto se pudieron encontrar eunucos provenientes de regiones locales del Imperio.

Uno de estos eunucos locales fue Nicetas el Paflagonio, que sirvió en la corte de la emperatriz Irene en el siglo VIII. Estos eunucos a diferencia del resto, eran hombres libres y de lengua griega.

La existencia de estos eunucos locales nos indica a las claras el éxito de estos eunucos, por lo que su presencia cada vez era más numerosa dentro de la sociedad bizantina. Tal es así, que el cronista francés Foucher de Chrartres, que visitó Constantinopla en tiempos de la I Cruzada (1096-1099), narraba sorprendido que en la ciudad había más de 20.000 eunucos.

Emperador Nikephoros III y su corte.
Se cree que el hombre sin barba situado a la derecha sería un eunuco importante de su corte.



Tráfico de esclavos. Los eunucos


Con la consolidación del Imperio Bizantino y la posterior expansión del Islam, la consideración de los eunucos varió enormemente, convirtiéndose en un tipo de esclavos cada vez más demandado, tanto en la cultura bizantina como en la cultura musulmana.

Y a pesar que la Iglesia se posicionó claramente en contra de este tráfico de esclavos, los eunucos que sobrevivían a la castración se convertían en un bien muy caro y que proporcionaba enormes beneficios. Así comenzó el lucrativo negocio del tráfico de esclavos eunucos y todo lo que ello implicaba: incursiones en otros territorios, quema de aldeas y raptos de los menores para después castrarlos, con más o menos habilidad, y los afortunados que sobrevivían pasaban al mercado de esclavos.

Mapa del Imperio Bizantino en tiempos de Justiniano.


El historiador bizantino, Procopio de Cesarea, nos relata que muchos de estos eunucos procedían de los territorios del Cáucaso, especialmente famosos eran los de la región de Abjasia, situada cerca del Mar Negro, pero también los traían de los Balcanes, Asia e incluso de las regiones bajo influencia árabe.

Y este dato es importante, ya que con la expansión del Islam, los mercados de esclavos comenzaron a resurgir en numerosas ciudades de Europa, y con ellos la demanda de eunucos. El obispo de Cremona, de nombre Liutprando, nos relata como funcionaba el mercado de esclavos allá por el siglo X: "eunucos a quienes se les ha quitado tanto los dos testículos como el pene...  la realizan los comerciantes de Verdún, que se llevan a los muchachos a Hispania y obtienen un enorme beneficio". 

Este mercado de Verdún, situado en el norte de Francia, se había especializado en proporcionar eunucos a los territorios bajo dominación islámica, como el Califato Omeya de Córdoba, donde este tipo de esclavos era muy apreciado.

Por último, añadir que estos eunucos de alto rango eran tan apreciados que muchas veces se enviaban como regalos en embajadas o en presentes para el emperador, ya que el valor de un eunuco bien formado podía equiparse al precio de las joyas o de caballos pura sangre.


Tráfico de esclavos en el campamento de los eslavos orientales, pintura de Serguéi Ivanov.

En contra del eunuquismo:


Como podemos intuir esta terrible práctica chocaba de pleno con la moral de la Iglesia que nunca vio con buenos ojos este tipo de intervenciones, por lo que numerosas voces se alzaron contra esta cruel práctica. Ya vimos como Justiniano trató de prohibir la castración dentro de los límites de su Imperio, e incluso mandó a un embajador (eunuco él) a la región de Abjasia para intentar frenar esta costumbre.

Por lo que no es raro encontrar testimonios a lo largo de toda la historia rechazando esta inhumana práctica. 


Desde el médico del siglo VII, Pablo de Egina, que se quejaba amargamente de estar obligado a realizar esta intervención por los deseos de sus ricos clientes: "Nuestro arte tiene por objeto restituir el cuerpo del hombre a su estado natural cuando de él se ha separado; la castración no puede negarse que tiene un fin opuesto; pero por mandatos superiores, es preciso indicar sumariamente el modo de verificarla"


Hasta el cirujano italiano del siglo XIII, Bruno de Longobucco, que criticaba a los señores de su época de querer esclavos mansos y fieles por medio del eunuquismo, y como buen profesional que era, quejándose del escaso instrumental médico que poseía para ese tipo de operaciones, contando sólo, con una navaja y un hierro candente para cauterizar la herida.


En el siglo X, León VI, introdujo dos nuevas leyes que abordaban el tema de los eunucos. Y aunque la primera de ellas prohibía a los eunucos contraer matrimonio (ya que el fin del matrimonio es la procreación), la segunda ley si que articulaba una visión más humana sobre la figura de los eunucos, al permitirles adoptar niños, pudiendo transmitir sus bienes y riquezas a estos hijos. 


Incluso no faltó un "Trado en defensa de los eunucos", redactado por Teofilacto de Ohrid, donde se relata el desprecio que sentía el pueblo de Constatinopla hacia los eunucos, a los que consideraba individuos crueles, avariciosos, perversos y repletos de vicios. Pero el autor, hermano de un eunuco de nombre Demetrio, presenta una serie de hechos que ensalzan la entrega y la virtud de numerosos eunucos a lo largo de la historia de Bizancio.




Parte II: Los roles de los eunucos en Bizancio.


Bibliografía

Herrin, Judith. Bizancio: la vida sorprendente de un imperio medieval . Inglaterra: Penguin Books, 2008.

Herrin, Judith; Bizancio: El Imperio que hizo posible la Europa moderna, Editorial Debate, 2009.
 
Rautman, Marcus; La vida cotidiana en el Imperio Bizantino, Connecticut: Greenwood Press, 2006.

[En Internet]

La cruel historia de ser eunuco, en https://franciscojaviertostado.com/2014/12/01/la-cruel-historia-de-ser-eunuco/

Eunucos de Bizancio. Castración y vileza en el Imperio Romano de Oriente, en http://www.lacasamundo.com/2014/04/el-imperio-bizantino-eunucos-de.html

El tercer género en Bizancio, los eunucos, en http://elocasodebizancio.blogspot.com/2011/02/el-tercer-genero-en-bizancio-los.html





domingo, 24 de junio de 2018

Matrimonio, divorcio y adulterio en Bizancio

Estamos en el año 615 d.C.; en la ciudad de Éfeso, Leoncio, un artesano de 25 años trabaja en el taller de un importante alfarero de la ciudad. Sus amigos y compañeros de trabajo le apremian a que busque pronto una esposa y tenga hijos ¿quién sino va a cuidar de él cuando sea anciano? Como es un joven perteneciente a las clases populares, su padre le arregla el matrimonio con la tercera hija de un comerciante de la ciudad. Tras un par de reuniones entre los padres de familia, pronto se cierran los acuerdos matrimoniales y la composición de las dotes respectivas.

Recreación de Bizancio.
Su futura esposa, de nombre Elia, acaba de cumplir los 15 años, la edad ideal para empezar a buscar marido. Los padres conciertan una reunión y los jóvenes se conocen, ambos jóvenes están contentos con la elección de sus padres; él es un joven bastante trabajador y con buena fama en el taller; ella es bastante guapa, tímida y su padre un próspero comerciante heleno. Por lo que en tan sólo unos meses ambos jóvenes se casan en una modesta iglesia de la ciudad por el rito cristiano.

El matrimonio es feliz y pronto llegan los hijos al matrimonio; en total tuvieron hasta 5 hijos, de los cuales, sólo tres lograron sobrevivir hasta la edad adulta. Después del quinto hijo, y tras un parto muy sufrido, Elia decide "vivir como hermano" con su marido, y no arriesgarse a tener más hijos.

Elia se convierte en una eficiente ama de casa, los modestos ingresos de su marido son suficientes para que ella no se vea obligada a trabajar, aunque como se le da bien la costura, consigue unos ingresos extras confeccionando vestidos para sus vecinas. Normalmente sólo sale de casa para ir al mercado o ir a la iglesia a rezar, aunque una vez al mes suele ir al baño de mujeres a disfrutar de un rato de ocio.

A pesar de la fortaleza física de su marido, unas fiebres se llevan a Leoncio en el año 640 d.C., Elia, como cualquier mujer bizantina, tiene el derecho a heredar el dinero y las posesiones de su marido y a administrarlo como a ella le plazca. Aunque por suerte, su primogénito, de nombre Nicéfolo, que cuenta ya con 24 años ha demostrado ser un joven respetuoso y buen trabajador, que se gana la vida en el puerto como estibador. Elia descansa tranquila todas las noches, sabe que cuando ya no pueda valerse por sí misma, sus hijos cuidarán de ella.

Recreación ideal de Bizancio.
Este podría ser el retrato de un matrimonio común de cualquier familia que hubiese vivido en época del Imperio Bizantino. Hemos mencionado algunos de los grandes rasgos que definirán el concepto del matrimonio es esta cultura: el intercambio de dotes económicas, la independencia económica de la mujer, el papel social de la mujer, el componente religioso en el matrimonio, ...

Por lo que a lo largo de este post iremos desgranando algunas de estas características, pero empecemos por un ligero esbozo de quizá el punto más importante: la imagen de la mujer en el mundo bizantino.


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Ser mujer en Bizancio


La sociedad del imperio Bizantino fue eminentemente patriarcal, ya que las mujeres no podían ocupar ningún cargo importante en el conjunto de la sociedad.  Y aunque dedicaremos una entrada aparte sobre la vida la mujer en bizancio, a grandes rasgos se puede decir que el papel de la mujer ideal estaba constituido por cuatro "etapas": La primera es la virgen, una joven que debe permanecer fiel a su padre y familia. La segunda, sería la etapa de esposa, para posteriormente ser madre y finalmente, viuda.

El papel de la mujer estaba enfocado al matrimonio como objetivo final para una mujer de respeto, siendo sus principales ocupaciones el cuidado del hogar y de los hijos.



Aunque en el caso de la sociedad bizantina, encontramos una gran diferencia respecto a otras sociedades de la época, ya que aunque la ley discriminaba a las mujeres, al menos les permitía gozar de un alto grado de independencia económica no visto hasta prácticamente nuestros días.

Mosaico bizantino.

Las mujeres podían heredar las propiedades de sus padres y marido, las mujeres casadas podían gestionar sus dotes e incluso comprar o invertir en propiedades, tiendas o negocios sin necesitar el consentimiento de su marido. Las mujeres, además, también podían gozar de cierta educación cuando eran pequeñas, por lo que no era raro encontrar mujeres que supiesen leer o escribir, y no sólo mujeres de clases altas, cuyo acceso a la educación era mucho más sencilla, a través de turores personales.

Las leyes, en ausencia del marido, convertían a las mujeres en dueñas del hogar, con un control total de las propiedades y los intereses de los hijos.



 

Evolución del concepto de matrimonio


El concepto de matrimonio sufrió una mutación según se iba instalando el cristianismo en el Imperio Bizantino, especialmente entre las clases populares. En el mundo antiguo romano existían varias formas de plasmar un matrimonio, la más sencilla era que ambos cónyuges hiciesen una vida en común, sin ser necesario ningún tipo de rito o celebración oficial. 

Pero según fue ganando peso la Iglesia, el matrimonio fue adquiriendo mayor importancia en la sociedad y por lo tanto en la legislación.  


Roma, Santa Maria in Trastevere.
Mosaico. S.XIII
Este cambio de religión, Bizancio se convirtió al cristianismo en el 380 d.C.; trajo importantes cambios sociales. La principal preocupación de la Iglesia era cómo vivían las parejas bizantinas, por lo que empezaran a surgir numerosas reglamentaciones matrimoniales, tanto desde la legislación religiosa como civil. En sus inicios impidiendo los matrimonios mixtos religiosos, regulando los matrimonios consanguíneos , o la cantidad de matrimonios permitidos para una misma persona, buscando preservar la idea de la santidad del matrimonio cristiano.

Pero hay que tener en cuenta que esta tradición romana laxa del matrimonio se perpetuó durante buena parte de la Edad Media, así por ejemplo, la imposición de sacralizar un matrimonio con la presencia de un sacerdote que lo bendiga no se instauró hasta casi finales del primer milenio.

En conclusión, podemos decir que progresivamente la institución del matrimonio pasó de ser un hecho privado entre dos personas o dos familias a un acto oficial, un sacramento religioso, que se oficializa mediante una celebración religiosa, la escrituración u otras medidas externas como la transferencia de bienes.

Por último, añadir que, a grandes rasgos, y para no aburrir con tecnicismos, se pueden diferenciar dos tipos de matrimonios en el derecho bizantino: el matrimonio escrito y no escrito; y aquel que incluye transferencia de bienes o el que no.

Legislación y matrimonio


Hemos visto como el concepto de matrimonio fue ganando peso paulatinamente en la sociedad romana con la llegada del cristianismo, esto tuvo su reflejo en el mundo del derecho y la legislación.

Por lo que veremos como desde época imperial tardía se pone especial hincapié en legislar sobre aquellas cuestiones más imprescindibles para mantener este nuevo orden social, por lo que las cuestiones matrimoniales ocuparán un lugar preferente en la legislación medieval europea.

Hasta llegar a la situación en la que el matrimonio debía darse dentro de las leyes religiosas y legislativas del Imperio Bizantino, que regulaban de forma bastante específica como debía ser.


Edad del Matrimonio


La edad del matrimonio como en casi cualquier sociedad preindustrial era muy temprana. La legislación bizantina permitía que una niña se prometiera a la edad de 7 años, y aunque posteriormente se retrasó la edad a los 12 años, sabemos que hubo casos de niñas prometidas con tan sólo 5 años. 

La edad mínima para el matrimonio eran los 12 años para las chicas y 14 para los chicos. Por lo que normalmente todas las mujeres estaban casadas antes de cumplir los 18 años. 


Vestidos de mujer. Siglo VI d.C.
El motivo para que las parejas contrajesen matrimonio en edades tan tempranas responde a diversas necesidades: La primera, asegurar la virginidad de la novia, en una sociedad donde el máximo valor de una mujer era su virginidad, cuanto antes se casase menos riesgo a que la perdiese. El segundo gran motivo, era la alta tasa de mortalidad infantil que, sumada a la baja esperanza de vida de las personas, hacía necesario aprovechar al máximo los años más fértiles de una mujer, para que pudiese aportar el mayor número de hijos posibles al matrimonio.

Estos matrimonios a edades tan tempranas podían acarrear numerosos problemas para las mujeres, especialmente si se casaban con hombres ya adultos. Así sabemos, por ejemplo, que la hija de Andrónico II, con tan sólo 5 años se comprometió con el rey de Serbia, y debido a las prematuras relaciones sexuales sufrió lesiones irreversibles que le impidieron engendrar hijos.

Como era habitual el matrimonio no era cosa de amor, normalmente eran las familias las que acordaban el enlace, atendiendo más bien a cuestiones económicas o hacendísticas que a la opinión que pudiesen tener los futuros esponsales. Hay que pensar que era dífícil que una simple niña se opusiese a la opinión de su familia sobre el matrimonio concertado, aunque en caso de negarse siempre podía optar por entregarse a Dios.

¿Matrimonios por amor?


Aunque existe cierta idea general que esto de casarse por amor es un concepto relativamente contemporáneo, hemos visto en nuestro ejemplo como en la mayoría de familias humildes, aunque los matrimonios los organizasen los padres, sí que se tenía en cuenta que existiese cierta compatibilidad entre los futuros esposos, o al menos se podía tener en cuenta su opinión. También si los jóvenes habían crecido juntos en un mismo pueblo o barrio y se conocían y se llevaban bien, era probable que las madres, siempre conocedoras de todo lo que les pasa a sus hijos, intentasen arreglar ese matrimonio a través de sus maridos.

Pero en una sociedad tan patriarcal como la bizantina, donde las mujeres, incluso antes de dar sus primeros signos de madurez sexual, eran estrechamente vigiladas y controladas, es difícil imaginar un matrimonio por amor, como lo conocemos actualmente.


Otro caso distinto eran los matrimonios entre familias ricas y poderosas, donde primaban mucho más  intereses económicos o hacendísticos a la hora de programar el matrimonio de los hijos.

A todo esto, hay que sumar la edad de los futuros esposos, y analizar que capacidad de crítica o de rebeldía podía tener una niña, apenas entrada en la adolescencia, para oponerse a la opinión de sus progenitores.

 


Aunque seguramente la mejor idea sobre el amor en el matrimonio nos los traslada el arzobispo de Constantinopla Juan Crisóstomo, cuando decía que "El amor mutuo y la dedicación de los esposos era una realidad atesorada, un remanente de la existencia paradisíaca original de la primera pareja", es decir, la gente no se casaba por el amor, sino que el amor surgía cuando la gente se casaba.

Para aquellas personas de corazón más romántico decirles que sabemos que, incluso entre las clases sociales más altas, existieron historias de amor románticas, como bien refleja su literatura. Relatos de amor cuyos protagonistas solían ser un hombre común o un caballero torturados de amor al ver que su amada ingresaba en un convento.



Acuerdos Matrimoniales


Durante la ceremonia de los esponsales, y para garantizar el cumplimiento del compromiso, la familia del novio se comprometía con los "arra sponsalicia", un regalo que en caso de romper el compromiso se quedaba la familia de la novia; en el caso contrario, si era la novia la que rompía el compromiso tenía que devolver los arra, más una suma económica equivalente.

Por contra, la familia de la novia era la encargada de aportar un elemento esencial para cerrar el acuerdo matrimonial: la dote. Y aunque el marido tenía derecho a administrar la dote, ésta seguía perteneciendo a la mujer de por vida. Así, si el marido fallecía o si había divorcio la dote volvía a la mujer, o en caso de que muriese la mujer y ésta no hubiese aportado hijos, la dote volvía a la familia de la mujer.

Anillo de boda

En el contrato matrimonial también se le solía exigir al marido una donación para la esposa, denominada "donatio propter nuptias" o "hipóbolon", equivalente a la mitad o a la tercera parte de la dote. En los documentos posteriores al siglo X se menciona otra donación matrimonial por parte del hombre denominada "theóretron". Estas cuotas pasaban a manos de la mujer o de los hijos en casa de fallecimiento del marido. 


Ritual del matrimonio


La celebración del matrimonio implicaba un complejo ritual con numerosos actos simbólicos y ceremonias. Se iniciaba con un baño ritual donde la novia se purificaba, después se dirigía a la novia vestida de blanco, dónde el novio la esperaba. Después del típico sermón, la pareja era bendecida por el sacerdote encargado de conducir la ceremonia y los coronaba con unas coronas matrimoniales. La ceremonia terminaba con el intercambio de anillos y bebiendo la sangre de cristo del mismo cáliz.

Una vez terminada la ceremonia oficial la pareja se dirigía a casa del novio seguida de toda la comitiva nupcial que entonaba canciones nupciales llamadas "epithalamia", de claro carácter jocoso y algo subidas de tono, para animar a los novios a consumar el matrimonio en la habitación, mientras el resto de invitados seguía de celebración.

Mosaico religioso.


Divorcio


A pesar de la libertad absoluta que existió en el derecho romano para la disolución unilateral del matrimonio, bajo el gobierno de los emperadores cristianos, se empezó a cuestionar el divorcio, por el carácter sagrado que adquiría el matrimonio. 


Por lo que, tras numerosas regulaciones, finalmente fue Justiniano el que sentó las bases sobre el derecho al divorcio en el mundo bizantino.

Las causas de divorcio para el varón eran:
- Que la mujer conociese un crimen de alta traición y no lo revelase.
- Que la mujer fuese adúltera
- Intento de asesinato contra el marido.
- Actos moralmente sospechosos contra la voluntad del marido (pasar la noche fuera del hogar, participar en banquetes o baños colectivos con otros hombres, etc)

Las causas de divorcio para la mujer eran:
- La participación del marido en crímenes de alta traición.
- Atentado contra la vida de la mujer.
- Atentado contra el honor de la mujer (ser acusada falsamente de adulterio).
- Relación extraconyugal estable del marido.

Después existían otros motivos como podían ser la impotencia o la esterilidad de alguno de los miembros del matrimonio, la elección de la vida monástica o un cautiverio de larga duración. Pero como vemos el divorcio sólo podía darse por causas muy graves dentro del matrimonio, siendo un estigma social para la mujer divorciada, lo que provocaría que su vida se volviese aún más difícil. Así que la única solución para cualquier mujer que se divorciase era ingresar en un convento.



Adulterio


Se daba por hecho que una mujer debía obedecer siempre a su marido y serle fiel, por lo que el adulterio era un delito bastante grave, especialmente si la infiel era la mujer. 


Mosaico de la emperatriz
Teodora de Bizancio
Aunque en los primeros siglos las penas podían contemplar la muerte de los adúlteros, con el paso de los siglos, se fue suavizando la legislación a penas de mutilación (se les cortaba la nariz), destierro, penas económicas o encierros en conventos. El marido, sólo era sancionado, si cometía adulterio con otra mujer casada. El derecho canónico también contemplaba graves penas para las adúlteras como podía ser la excomunión o penitencias.

Pero si a alguien hay que agraedecer el aumento de los derechos de las mujeres en la cultura bizantina es a la emperatriz Teodora, quién se involucró personales en las reformas legales y espirituales de Justiniano, sobre todo en aquellas que otorgaban mayores derechos a las mujeres, especialmente los de las mujeres de más baja extracción social.

Así entre sus logros podemos destacar la prohibición de la prostitución forzosa, el aumento de derechos para la mujer en los casos de divorcio y en los referentes a sus derechos de propiedad, y fue quien promulgó la prohibición de asesinato sobre las mujeres que habían cometido adulterio.


Bibliografía


Guiglielmo CAVALLO y OTROS: El Hombre bizantino; Alianza Ed. Madrid, 1994.
Alice‑Mary TALBOT: La Mujer en Bizancio Medieval; 153‑184


Women and marriage in Early Byzantium
https://globalconnections.champlain.edu/2015/04/17/women-and-marriage-in-early-byzantium/

Spyros Troianos, EL DIVORCIO EN EL DERECHO BIZANTINO
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