domingo, 9 de octubre de 2016

Sexo en el Lejano Oeste

Cuando hablamos del Lejano Oeste a todos se nos viene a la mente las típicas imágenes de hombres duros y rudos, polvorientas ciudades y un saloon amenizado con la presencia de unas cuantas meretrices, pero aparte de los típicos clichés alguna vez se ha preguntado cómo se vivía la sexualidad en esa época.

Prostituta del Farwest
Lo primero que podemos destacar es la doble moralidad que imperaba en cuanto al mundo del sexo: por un lado tenemos el puritanismo anglosajón de los primeros colonos americanos, puritanismo que censuraba todo lo relativo al sexo fuera de matrimonio, recayendo especialmente sobre las mujeres honradas, ya que éstas quedaban relegadas a las labores del hogar y debían comportarse y vestirse decentemente, es decir, cuanto más tapadas mejor.

Pero por otro lado, estamos hablando del salvaje Farwest, unas tierras sin ley donde proliferaron todo tipo de pecados: asesinatos, robos, violaciones, drogadicción (opio, cocaína, morfina, marihuana). Aunque, sin duda alguna, los dos pecados más extendidos fueron el consumo masivo de alcohol y la prostitución. Y es que, en el lejano Oeste, ante la falta de mujeres, recordar que durante las primeras décadas de colonización el número de mujeres no superaba el 10% de la población total, la sociedad tuvo que adaptarse a esa circunstancia mediante la proliferación de prostíbulos y a través de una cierta relajación en las consideraciones de género...

Roles de género algo flexibles...

Así cuando pensamos en el viejo Oeste sólo podemos evocar las tradicionales escenas que Hollywood ha inculcado en nuestro subconsciente colectivo: hombres rudos, hechos a sí mismo, encarnando siempre valores y rasgos masculinos... muy masculinos. Ese tipo de hombre que escupe en el suelo y maldice en voz alta, que se quita el sombrero cuando pasa por delante una dama, pero que al mismo tiempo es capaz de propinarle un cachete en el culo si se la encuentra en la taberna, ese tipo de hombre que no dudará en sujetarla con firmeza para robarle un beso ante los fingidos forcejeos de ella por escaparse de tan descarado hombre...

Fotograma de la película "La dama que conquistó el oeste" (1949)
Con todo ello podríamos presuponer que en esta época se rechazaría cualquier conducta sexual fuera de este varonil comportamiento, aunque ante el acuciante problema de la falta de mujeres veremos como en esta sociedad los comportamientos homoeróticos fueron bastante más habituales de lo que nos suponemos. Tan es así, que el profesor de la Universidad de Colorado, Peter Boag, en una entrevista titulada "Homos on the Range: How gay was the West?" y autor del libro "Same Sex Affairs" nos habla de una cierta flexibilidad a la hora de imponer los roles de género, y es que muchos de los hombres que mantuvieron relaciones de carácter homoerótico no eran vistos propiamente como homosexuales. 

Este dato no nos debe extrañar, primero porque esta división entre homosexuales y heterosexuales es un concepto más propio del siglo XX, ya que no es hasta la pasada centuria cuando se habla abiertamente de estos conceptos y se cristalizan las diferentes identidades sexuales.

Así en aquellas grandes comunidades donde la presencia de mujeres fue escasísima, como los campamentos mineros, los primeros poblados de colonización o grandes ranchos aislados del mundo, los hombres adoptaron los roles domésticos y sexuales "reservado tradicionalmente a las mujeres"

Y es que sin la presencia de mujeres, la línea siempre inestable que divide el homosocial del homosexual, es aún más borrosa, es decir, aquellos hombres que sólo conviven con hombres durante largos períodos de tiempo (marinos, prisiones, soldados,...) no dudan en traspasar las nociones de género "normales" y empezar a adoptar otros roles de género así como a establecer sutiles conexiones eróticas. Por ejemplo, sabemos que en algunos campamentos mineros cuando se llevaban a cabo los bailes, a la mitad de los hombres les tocaba adoptar el rol de la mujer en el baile,  identificándose a través de un parche en la entrepierna como símbolo de su papel "femenino".


Creo que es conveniente apuntar como los salvajes indios tenían un sentido más práctico y sensato sobre esta realidad que el civilizado mundo occidental. La mayor parte de tribus indias reconocían sin ningún pudor a aquellos individuos que preferían vestir y dedicarse a actividades propias del otro género, tanto hombres dedicados a las labores de artesanía propias de mujeres, así como mujeres habilidosas en actividades tradicionalmente masculinas como la caza o la guerra, siendo integrados y valorados como miembros de pleno derecho en sus comunidades.

Homosexualidad, violación y esclavos sexuales.

Otros estudios que se han adentrado en este polémico tema nos han mostrado la cara más agria y dura de esta realidad, ya que aunque hoy en día tenemos una imagen idílica de los cowboys, estos estudios nos recuerdan que muchos de ellos eran prácticamente adolescentes sin recursos: huérfanos, inmigrantes, indios, mestizos o jornaleros en condiciones de casi esclavitud, jóvenes sin apenas ningún estudio ni preparación, nacidos en una sociedad dura y sin apenas leyes efectivas que los protegieran en estos salvajes territorios.

Estos cowboys no sólo fueron utilizados como mano de obra barata y desechable, sino que también fueron utilizados como esclavos sexuales por parte de terratenientes y ganaderos que, ante la falta de mujeres, no dudaron en forzar a estos jóvenes a mantener relaciones de carácter homosexual, en una situación comparable a la vivida en numerosas prisiones.

Y aunque esta situación puede considerarse uno de los grandes secretos del Salvaje Oeste, no es por falta de pruebas, ya que existen testimonios de todo tipo sobre estos hechos: desde relatos de la época, hasta grabados en madera de hombres bailando con mozos, incluso letras de viejas canciones donde a los jóvenes se les da nombre de mujeres.

A pesar de todo lo dicho, la homosexualidad activa estuvo penada en casi todos los estados del lejano Oeste, con castigos y penas bastante severas.


La prostitución

No hay película del Oeste que se precie que no cuente con la presencia de una prostituta, y es que ante esa falta de mujeres la prostitución fue un elemento básico de cualquier poblado o ciudad del lejano Oeste. Se las conocía por los eufemísticos apodos de "palomas heridas" o "mujeres de la hermandad" y aunque el cine nos hace rememorar esos grandes burdeles dirigidos por una madame, normalmente de gran corazón, en realidad el mundo de la prostitución fue un mundo sórdido, sucio y mísero.

Prostitutas de la película 'Sin perdón' (1992)
Desde la más baja prostitución, de mujeres que paseaban por la calle con una simple manta para satisfacer a sus clientes en el mismo suelo de algún callejón oscuro, a prostitutas que operaban en pequeñas casas de una sola habitación, hasta aquellas que convivían en los más grandes y lujosos burdeles regentados por prestigiosas madames. Famoso son los casos de Julia Bulette y Rosa May.

Julia Bulette fue una de las primeras mujeres en pisar la ciudad de Virginia, y que regentó el primer prostíbulo de la ciudad, ganándose el respeto de toda la comunidad ante sus gestos caritativos con los enfermos de la ciudad. Una historia similar vivió Rosa May famosa prostituta de finales del siglo XIX que también vivió en Virginia City, su leyenda nace por sus labores caritativas cuidando a los mineros enfermos de una terrible epidemia que estaba asolando la región y a la que pronto ella también sucumbiría.


Julia Bulette, izq. y Rosa May, dch.

Así el nacimiento de esta nación fue acompañado de una proliferación de prostíbulos, desde los barrios de luces rojas de San Francisco hasta los grandes burdeles surgidos en Virginia City (NV) pasando por los vagones-móviles de Fort Dodge.

Todo ello era un claro reflejo de la nueva sociedad que se estaba forjando en el viejo Oeste, la mayoría de prostitutas eran mujeres jóvenes, sin apenas educación y, en muchos casos, analfabetas. Su precio variaba según su belleza, pero también según su nacionalidad y origen étnico. Y aunque como hemos visto estas mujeres cumplieron un papel fundamental para el buen funcionamiento de estas primeras comunidades, incluso su actividad fue un claro estímulo para la dinamización de su economía, su papel en la historia y sus miserias siempre han quedado relegadas al olvido.

 Delincuencia, ETS, abortos e infanticidios

Aunque como bien nos recuerda Anne Butler, en su libro "Daughters of Joy, Sisters of Misery" el mundo de la prostitución casi siempre está ligado a la marginación social y a la delincuencia, por lo que los índices de suicidios, drogadicción, violación y episodios de violencia alcanzaron índices realmente alarmantes, especialmente en los burdeles de estas ciudades fronterizas. Convirtiéndose estos prostíbulos en jaulas de pobreza y miseria, donde caían las mujeres más pobres de la sociedad, muchas veces vendidas por sus propias familias y compitiendo ferozmente entre ellas, sin ninguna esperanza de escapar de estos nidos de conflictividad y marginación.

Fotografía de prostituta.
Finales siglo XIX.
A todo esto hay que sumar otro de los grandes silencios que envuelven el mundo de la prostitución: las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados. Ya que en una sociedad como la del antiguo Oeste con carencias enormes en cuestiones de higiene y salubridad, las ETS fueron un mal frecuente en este submundo, ya que aunque se conocían los condones, su precio era prohibitivo y su acceso difícil. Por lo que las autoridades sólo actuaban, forzando a las mujeres a pasar revisiones médicas periódicas, cuando los brotes alcanzaban cifras alarmantes.

Del mismo modo, los partos siempre implicaban un alto porcentaje de mortandad entre las mujeres, por lo que los remedios abortivos de origen vegetal fueron el remedio más habitual para prevenir cualquier embarazo. Aunque algunas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en burdeles del Nueva York del siglo XIX ("Babies in the Privy: Prostitution, Infanticide, and Abortion in New York City's Five Points District") nos han mostrado otra triste realidad muy frecuente en el mundo de la prostitución el infanticidio. Las mujeres ocultaban su embarazo a los clientes hasta casi el momento del parto, ya que su única fuente de ingresos eran sus servicios sexuales, y sólo cuando el embarazo era demasiado evidente se le apartaba de sus funciones hasta el nacimiento del bebé, siendo éste arrojado sin más contemplaciones a las letrinas del burdel.

Prostitutas trabajando en un prostíbulo móvil.


Travestismo y Transexualidad 

Charlie Parkhust.
Ya hemos visto en otros post como fue algo habitual que muchas mujeres, ante la pérdida de derechos por su condición de mujer, optaron por vivir una vida de hombres, adoptando los ropajes y las maneras de éstos para conservar sus riquezas y herencias o simplemente para conservar su libertad individual.

Otras muchas seguramente vivieron como hombres porque así se sintieron, quizá el caso de 'One-Eyed Charlie' sea el más famoso de todo el lejano Oeste, Charlie el tuerto trabajó durante toda su vida en la California Stage Co., convirtiéndose en uno de los mejores conductores de diligencia entre Oregón y California, a pesar de su fama de gatillo fácil y borrachuzo. Pero a su muerte, en 1879, cuando se preparó su cuerpo para el entierro se descubrió su secreto, Charlie el tuerto era en realidad una mujer.

Pero uno de los elementos que más fascinó al investigador Peter Boag fue el alto número de casos de hombres que se travistieron y vivieron como mujeres, otro dato que viene a confirmar la flexibilidad en cuanto a los roles de género que existieron en el Salvaje Oeste.


Para cerrar este artículo os ofrecemos un poema anónimo escrito en Texas en a finales del XIX y recogido por un cowboy de la época llamado Charlie Siringo.

THE GOOD, THE BAD AND THE UNSPOKEN

My lover is a cowboy
He’s kind, he’s brave, he’s true
He rides the Spanish pony
and throws the lasso, too
And when he comes to see me
And our vows we have redeemed
He puts his arms around me
And then begins to sing:
Oh, I am a jolly cowboy,
From Texas now I hail,
Give me my saddle and pony
And I’m ready for the trail.
I love the rolling prairie
Where we are free from care and strife,
And behind a herd of long-horns,
I will journey all my life.



Bibliografía

Thomas A. Crist; Babies in the Privy: Prostitution, Infanticide, and Abortion in New York City's Five Points District, Historical Archaeology, Vol. 39, No. 1, Sin City (2005), pp. 19-46

Chad Heap; Slumming: Sexual and Racial Encounters in American Nightlife, 1885-1940, Historical Studies of Urban America, 2009.

Ken Fogelberg, The Soiled Doves of Tombstone - A Historic Look at Prostitution in the Old West Unknown Binding , 2010.

 Paradise of Bachelors: The Social World of Men in Nineteenth-Century America.” 

http://www.sharkonline.org/index.php/rodeo-family-values/751-the-true-history-of-cowboys-as-sex-slaves

http://www.ranker.com/list/wild-west-sex-facts/jacobybancroft

 http://scienceofhumansexuality.blogspot.co.uk/2013/06/the-history-of-sex-education-1800s-to.html

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