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martes, 1 de mayo de 2018

Remendadoras de virgos: Devolver la virginidad a las doncellas

En esta entrada vamos a intentar desentrañar los secretos de uno de los oficios más desconocidos y raros del mundo, un oficio que se mueve entre la leyenda y la realidad, estamos hablando de la "remendadora de virgos", mujeres encargadas de "devolver" la virginidad a sus clientas.

Su figura se envuelve en un halo de misterio, no sólo por la propia naturaleza de su trabajo, mujeres que vivían al borde de la legalidad, que sobrevivían haciendo toda clase de trabajos como alcahuetas, curanderas, brujas o incluso prostitutas. Sino, sobre todo, porque las plumas de nuestros más ilustres literatos han contribuido a magnificar su leyenda, apareciendo estas "zurcidoras de virginidades" en obras de Fernando de Rojas, Cervantes, Quevedo o Lope de Vega, convirtiéndose en una figura recurrente dentro de la novela picaresca española, por lo que no sabemos si fue un trabajo realmente tan extendido como nos hacen suponer en sus obras o fue un personaje literario fruto del imaginario colectivo de aquellos tiempos.

En la Celestina de Fernando Rojas se cuenta la historia de la más famosa alcahueta, maestra de “facer virgos”, que rehizo, según propia expresión miles de ellos, y que llegó a vender, como virgen hasta en tres ocasiones a una sirvienta suya, para satisfacer los caprichos de un embajador francés. 


También nos ha llegado a través de escritos, la historia de una famosa prostituta, que llegó a engañar, a incautos clientes, vendiendo hasta en nueve ocasiones su supuesta virginidad. Por lo que comprobamos como expresiones como remenda virgos, zurcidora de virginidades o reedificar doncellas, fueron habituales en la literatura picaresca española.

La alcahueta, de Gerard van Honthorst, 1625.

La importancia de la virginidad

La virginidad de las mujeres ha representado históricamente uno de los bienes más preciados que podía tener una familia, no sólo por una cuestión de honor y honra familiar, sino también en su versión más materialista, ya que durante muchos siglos el matrimonio ha sido una mera cuestión económica entre familias, donde los sentimientos de los esponsales poco o nada importaban.

Por lo que la virginidad de la casadera era fundamental para negociar un buen acuerdo económico o para ampliar los bienes o el patrimonio de su familia. Por todo ello, la presencia de un himen intacto se creía (muy erróneamente) que era signo definitivo de virginidad (incluso hoy en día ese mito sexual sigue estando bastante extendido, asociando virginidad a la presencia de un himen intacto).

Todo ello fue conformando una mitología en torno a la virginidad de la mujer y la pureza de espíritu de la mujer virgen. 


Maja y Celestina,
de Goya.
Por lo que no nos puede extrañar que numerosas leyendas nos hablen del carácter sagrado de la virginidad frente a la magia negra o los seres mágicos (una leyenda muy extendida era que sólo una virgen era capaz de acercarse a un unicornio).

Tan extendida estaba la creencia del "estado de gracia" de la mujer virgen que numerosos tratados médicos aseguraban que la orina de virgen era capaz de curar ciertas enfermedades o incluso que los mordidos por una serpiente venenosa debían yacer rápidamente con una mujer virgen para expulsar su veneno.

Con todo ello, no nos puede extrañar que hayan existido testimonios notariales de pérdida accidental del virgo o actas notariales donde se certificaba la virginidad de tal o cual doncella. Y nos podemos imaginar la importancia que ha tenido el concepto de virginidad en nuestra cultura, ya que este tipo de testimonios se extienden desde la Edad Media hasta prácticamente el siglo XX.

Como ejemplo citamos este testimonio notarial de 1495:
"Pidió  testimonio  Juan  Gómez  dorador  y  María Rodríguez su mujer como estando María su hija de seis años poco más o menos jugando con otra su hija de 4 años  y  vimos  saltando  sobre  un  tinajón  y  subiendo  y descendiendo en el tinajón se le abrieron las piernas y le corrió sangre y le corrompio parte de su virginidad y la llevaron luego a la partera de Montilla y para guarda de su derecho pidieron a (varios testigos) que viven en la dicha casa y lo vieran". 

Esta obsesión por la virginidad hizo que se extendiesen toda clase de teorías absurdas sobre las características que tenía que presentar una mujer virgen, tanto en su aspecto externo, como durante su primera relación sexual.


Así, ciertas características físicas, como la aparición de pequeñas venas en el ojo o holluelos en la nariz eran identificados como muestras seguras de virginidad. Otros signos claros, más relacionados con la pubertad que con la virginidad, eran tener un vello púbico largo y liso, o tener los pechos pequeños y firmes o que el capuchón recubriese todo el clítoris.

Y ¡cómo no! no podía faltar la (falsa) prueba más certera e inequívoca de todos los tiempos para certificar la supuesta virginidad de una doncella, que hubiese sangrado durante el desfloramiento. Por lo que fue una prueba habitual entre la nobleza y la realeza que se exhibiera públicamente el pañuelo manchado de sangre de la noche de bodas.

Las mujeres de los mil y un oficios: Celestinas, brujas, alcahuetas, curanderas, prostitutas...

Describir a estas mujeres nos daría para un post aparte, por lo que dejaremos que sea Sempronio, uno de los personajes de 'La Celestina' quien nos de una idea de cómo la sociedad veía a estas mujeres:

" ¡Yo te lo diré! Días ha grandes que conozco en fin desta vecindad una vieja  barbuda  que  se  dice  Celestina,  hechicera,  astuta,  sagaz en cuantas maldades hay. Entiendo que pasan de cinco mil virgos los que se han hecho y deshecho por su autoridad en esta ciudad. A las duras peñas promoverá y provocará a lujuria, si quisiese."


Unas páginas más adelante es Pármeno quien le presenta a Calisto a la famosa Celestina, quién nos explica cómo se ganaban la vida este tipo de mujeres:

"Ella tenía seis oficios, conviene a saber: labrandera, perfumera, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera. Era el primero oficio cobertura de los otros, so color del cual muchas mozas destas sirvientes entraban en su casa a labrarse y a labrar camisas y  gorgueras  y  otras  muchas  cosas..."

Y aunque la literatura siempre nos ha transmitido una imagen negativa de estas curanderas, sin lugar a dudas:

Tuvieron una gran importancia social, especialmente en ambientes plebeyos y pobres, donde las múltiples habilidades y conocimientos de estas mujeres fueron de gran utilidad para la mayor parte de la población, especialmente para las mujeres.


Entre otras, para aquellas que necesitaban restituir su virtud, perdida en algún momento de pasión juvenil. Aunque en esta España de la picaresca no faltó quién vendía y remendaba varias veces la virginidad de la misma moza o prostituta, como una fuente de ganar dinero.

" Hacía con esto maravillas: que cuando vino por aquí el embajador francés, tres veces vendió por virgen una criada que tenía".
- La Celestina.

Eran tan hábiles en este oficio, que no sólo eran capaces de engañar a ingenuos suegros y maridos, sino incluso a los más expertos en artes amatorias, ya que aplicaban técnicas de todo tipo, incluso utilizando elementos que simulaban la pérdida de sangre.


Técnicas para remendar virgos

Todo esto hizo que se tirase de inventiva y picaresca para desarrollar toda clase de argucias para simular virginidades o asegurarse unos resultados que no dejasen ninguna sombra de duda sobre la honradez de la doncella. Existiendo métodos tanto para asegurar el sangrado de la mujer como para restituir el himen de la doncella.

La mejor referencia al uso de ambas técnicas nos la proporciona Pármeno cuando habla de los utensilios de trabajo de la Celestina: 

"Esto  de  los  virgos,  unos  hacía  de  vejiga  y  otros  curaba  a punto. Tenía en un tabladillo, en una cajuela pintada, unas agujas delgadas de pellejeros, e hilos de seda encerados y colgadas allí raíces de hojaplasma y fuste sanguino, cebolla albarrana y cepacaballo".
- La Celestina.

De aquí se deduce con claridad que la Celestina empleaba dos técnicas distintas: una era la introducción en la vagina de una pequeña vejiga con sangre que se rompía en el coito, simulando la desfloración; y otra el recosido del virgo con agujas de pellejero e hilos propios de cirujanos. Además tenía reserva de plantas medicinales para restañar la sangre en caso de hemorragia.

Aunque quizá uno de los mejores métodos para convencer al incauto marido o amantes de la virginidad de una mujer fuesen sus dotes de interpretación, cerrar mucho los muslos, hacer fuerza con los músculos del suelo pélvico, y fingir cierto dolor y desconocimiento sobre las artes amatorias.

a.- Técnicas para simular sangrados

En aquellas uniones de mayor importancia, donde se realizaba in situ la famosa prueba del pañuelo, lo más sencillo era contar con la complicidad de la comadrona. El truco más sencillo, que ella misma, al explorar la vagina, rasgase con sus uñas la pared vaginal de la doncella hasta hacerla sangrar.

Pero había toda clase de métodos para simular sangrados, desde aquellos más peligrosos, como introducir una pequeña sanguijuela en el interior de la vagina de la mujer, o algunos más sencillos como colocar en el fondo de la vagina, vísceras de animales mezcladas con sangre, como vejigas de pescados rellenas de sangre.


Sanguijuelas para uso medicinal.


b.- Técnicas para simular virginidad

Trotula de Salerno.
Pero las habilidades de estas alcahuetas iban mucho más allá, ya que eran inclusos capaces de restaurar hímenes desaparecidos. La técnica más empleada era zurcir, con pequeñísimas agujas, finos pellejos de vejiga a los restos de la membrana desgarrada, si el himen ya había desaparecido por completo, éste se sustituía por pequeñas y finas hojas, colocadas y sujetas hábilmente.

Otros métodos se basaban en la aplicación de ciertos cataplasmas que introducidos en el interior de la vagina simulaban una especie de membrana. Uno de los más famosos fue el elaborado por una de las primeras mujeres ginecólogas de la historia, Trotula de Salerno, que vivió allá por el siglo XII, y que en su compendio sobre medicina de la mujer, el famoso "Passionibus Mulierum", ofrecía una fórmula para estrechar la vulva y simular la virginidad:

 "Toma sangre de serpiente, tierra de Armenia, corteza de granada, clara de huevo, masilla y agallas - una onza de cada cosa o tanto como se quiera. Redúcelo a polvo y hiérvelo todo junto en agua calentada. Introduce en la vagina una parte de esta combinación. O bien toma agallas, zumaque, llantén, brionia, alumbre y aceitunas enanas; cuécelo en agua de lluvia y con este cocimiento aplica fomentos a las partes privadas".

La crema de la condesa

Uno de los remedios más famosos fue el llamado "crema de la condesa", un remedio recogido en la "Farmacopea Matritense" (1823), que se elaboraba con base de agallas de encina o roble y otras plantas astringentes que se usaban "para constringir los orificios muy dilatados". El famoso médico Andrés Laguna decía de esta crema: “aprieta y cierra las partes bajas que, sentándose sobre el preparado, se pueden vender mil veces por vírgenes las que desean más parecer que ser doncellas”.

Sobre el curioso nombre de esta leyenda se cuenta que una joven criada vivía con una condesa ya entrada en años. La criada preocupada porque ya había perdido su virginidad y quería casarse fue a visitar a la curandera del pueblo. La anciana celestina le recetó que se preparase un baño con esta receta y que esperase hasta que el remedio hiciese efecto. La joven criada preparó el baño y cuando ya tenía todo listo entró la condesa en la habitación, quién creyendo que la criada le había preparado el baño para ella, se sumergió en la bañera. Cuenta la leyenda que el marido de la condesa fue el máximo beneficiario de esta confusión, ya que esa noche comprobó lo milagroso, y placentero, de esta receta.

Imagen extraída de:
http://www.esenciasdeliebana.es/wpcproduct/pomada-virginal-o-de-la-condesa/

Existieron infinidad de remedios de este tipo, hecho que nos hablaría de la preocupación real de las mujeres por este tipo de problemas: baños de consuelda, espolvorear la vulva con una serie de preparados que incluían productos de toda clase, desde talco o almidón hasta llegar al uso de la cal viva.

Y aunque hoy en día esto nos puede parecer muy anacrónico, la himenorrafia, es decir, la técnica de sutura del himen, se siguen practicando en numerosas culturas del mundo, conociéndose aquí en España bajo el nombre de zurcido japonés, ya que en el mudo gitano y musulmán se sigue practicando.


Fuentes escritas:

Todas estas técnicas y remedios no eran algo nuevo, empleándose desde la antigüedad como bien atestigua Galeno, quién ya recomendaba el uso de plantas astringentes para que la vagina de la mujer se estrechase y pareciese virgen.

Todos estos conocimientos se fueron transmitiendo por tradición oral entre comadronas y curanderas, hasta acabar recogidos durante la Edad Media en libros de carácter médico, donde se compilaron todos estos saberes ginecológicos, como el conocido libro del siglo XII, de Trotula de Salerno, donde se recogían varias recetas constringentes de la vulva usando elementos como el alumbre, las gallae o el nitrum; o el popular uso de sanguijuelas en el interior de la vagina, para que creasen costras y que éstas se rompiesen durante la penetración para asegurar el sangrado de la mujer.

La literatura del Siglo de Oro:

Pero no sólo en tratados médicos se recogieron todos estos saberes, la literatura popular también nos ha hablado de todo esto, especialmente los escritores del Siglo de Oro.

Una de las novelas que mejor retrata el mundo donde vivían estas remendadoras de virgos es la obra de Francisco Delicado, "La lozana andaluza", texto que describe la vida de los bajos fondos, durante el siglo XVI, de una ciudad tan populosa como pecaminosa como la ciudad eterna de Roma, y es que esta novela recoge muy bien la vida de prostitutas y celestinas. Durante una conversación entre la Lozana y un despensero, este último dice:

"Espera un poco y tal seréis como ella. Mas sobre mí que no compréis vos casa, como ella, de solamente quitar cejas y componer novias. Fue muy querida de romanas. Esta fue la que hacía la esponja llena de sangre de pichón para los virgos".

En esta misma novela, la Lozana experta en esta clase de remedios, le ofrece a una mujer conocida como la Napolitana, sus servicios como remendadora de virgos, y nos habla de "sellar" la vagina:

"Yo, señora, vengo de Levante y traigo secretos maravillosos que, máxime en Grecia, se usan mucho las mujeres, que no son hermosas, procurar de sello y, porque lo veáis, póngase aquesto vuestra hija, la más morena".



Para finalizar nuestro artículo que mejor que acabar con uno de los satíricos poemas de Francisco de Quevedo donde nos describe con mucha mala leche a una de estas celestinas:




Bibliografía

Montero Cartelle, E. y  Herrero Ingelmo, M.C., La ‘renovación de novias’ en La Celestina y otros autores,  Celestinesca, 36 (2012): 179-208., Universidad de Valladolid.

http://parnaseo.uv.es/Celestinesca/Celestinesca36/07_Monterno_Enrique.pdf

http://cuitasmedicas.blogspot.com.es/

http://idd0073h.eresmas.net/casas4u5.htm


domingo, 9 de octubre de 2016

Sexo en el Lejano Oeste

Cuando hablamos del Lejano Oeste a todos se nos viene a la mente las típicas imágenes de hombres duros y rudos, polvorientas ciudades y un saloon amenizado con la presencia de unas cuantas meretrices, pero aparte de los típicos clichés alguna vez se ha preguntado cómo se vivía la sexualidad en esa época.

Prostituta del Farwest
Lo primero que podemos destacar es la doble moralidad que imperaba en cuanto al mundo del sexo: por un lado tenemos el puritanismo anglosajón de los primeros colonos americanos, puritanismo que censuraba todo lo relativo al sexo fuera de matrimonio, recayendo especialmente sobre las mujeres honradas, ya que éstas quedaban relegadas a las labores del hogar y debían comportarse y vestirse decentemente, es decir, cuanto más tapadas mejor.

Pero por otro lado, estamos hablando del salvaje Farwest, unas tierras sin ley donde proliferaron todo tipo de pecados: asesinatos, robos, violaciones, drogadicción (opio, cocaína, morfina, marihuana).

Aunque, sin duda alguna, los dos pecados más extendidos fueron el consumo masivo de alcohol y la prostitución. 


Y es que, en el lejano Oeste, ante la falta de mujeres, recordar que durante las primeras décadas de colonización el número de mujeres no superaba el 10% de la población total, la sociedad tuvo que adaptarse a esa circunstancia mediante la proliferación de prostíbulos y a través de una ¡¡cierta relajación en las consideraciones de género!!

Roles de género algo flexibles...

Así cuando pensamos en el viejo Oeste sólo podemos evocar las tradicionales escenas que Hollywood ha inculcado en nuestro subconsciente colectivo: hombres rudos, hechos a sí mismo, encarnando siempre valores y rasgos masculinos... muy masculinos. Ese tipo de hombre que escupe en el suelo y maldice en voz alta, que se quita el sombrero cuando pasa por delante una dama, pero que al mismo tiempo es capaz de propinarle un cachete en el culo si se la encuentra en la taberna, ese tipo de hombre que no dudará en sujetarla con firmeza para robarle un beso ante los fingidos forcejeos de ella por escaparse de tan descarado hombre...

Fotograma de la película "La dama que conquistó el oeste" (1949)
Con todo ello podríamos presuponer que en esta época se rechazaría cualquier conducta sexual fuera de este varonil comportamiento.

Ante el acuciante problema de la falta de mujeres, veremos, como en esta sociedad los comportamientos homoeróticos fueron bastante más habituales de lo que nos suponemos


Tan es así, que el profesor de la Universidad de Colorado, Peter Boag, en una entrevista titulada "Homos on the Range: How gay was the West?" y autor del libro "Same Sex Affairs" nos habla de una cierta flexibilidad a la hora de imponer los roles de género, y es que muchos de los hombres que mantuvieron relaciones de carácter homoerótico no eran vistos propiamente como homosexuales

Este dato no nos debe extrañar, primero porque esta división entre homosexuales y heterosexuales es un concepto más propio del siglo XX, ya que no es hasta la pasada centuria cuando se habla abiertamente de estos conceptos y se cristalizan las diferentes identidades sexuales.

Así en aquellas grandes comunidades donde la presencia de mujeres fue escasísima, como los campamentos mineros, los primeros poblados de colonización o grandes ranchos aislados del mundo, los hombres adoptaron los roles domésticos y sexuales "reservado tradicionalmente a las mujeres".

 La falta de mujeres hizo que muchos hombres adoptasen
roles de géneros femeninos.


Y es que sin la presencia de mujeres, la línea siempre inestable que divide el homosocial del homosexual, es aún más borrosa, es decir, aquellos hombres que sólo conviven con hombres durante largos períodos de tiempo (marinos, prisiones, soldados,...) no dudan en traspasar las nociones de género "normales" y empezar a adoptar otros roles de género, así como a establecer sutiles conexiones eróticas.

Por ejemplo, sabemos que en algunos campamentos mineros cuando se llevaban a cabo los bailes, a la mitad de los hombres les tocaba adoptar el rol de la mujer en el baile,  identificándose a través de un parche en la entrepierna como símbolo de su papel "femenino".


Creo que es conveniente apuntar como los salvajes indios tenían un sentido más práctico y sensato sobre esta realidad que el civilizado mundo occidental. La mayor parte de tribus indias reconocían sin ningún pudor a aquellos individuos que preferían vestir y dedicarse a actividades propias del otro género, tanto hombres dedicados a las labores de artesanía propias de mujeres, así como mujeres habilidosas en actividades tradicionalmente masculinas como la caza o la guerra, siendo integrados y valorados como miembros de pleno derecho en sus comunidades.

Los "salvajes" indios aceptaban con normalidad el cambio de roles de género que hombres o mujeres pudiesen tener.


Homosexualidad, violación y esclavos sexuales.

Otros estudios que se han adentrado en este polémico tema nos han mostrado la cara más agria y dura de esta realidad, ya que aunque hoy en día tenemos una imagen idílica de los cowboys, estos estudios nos recuerdan que muchos de ellos eran prácticamente adolescentes sin recursos: huérfanos, inmigrantes, indios, mestizos o jornaleros en condiciones de casi esclavitud, jóvenes sin apenas ningún estudio ni preparación, nacidos en una sociedad dura y sin apenas leyes efectivas que los protegieran en estos salvajes territorios.

Estos cowboys no sólo fueron utilizados como mano de obra barata y desechable, sino que también fueron utilizados como esclavos sexuales por parte de terratenientes y ganaderos que, ante la falta de mujeres, no dudaron en forzar a estos jóvenes a mantener relaciones de carácter homosexual, en una situación comparable a la vivida en numerosas prisiones.

Y aunque esta situación puede considerarse uno de los grandes secretos del Salvaje Oeste, no es por falta de pruebas, ya que existen testimonios de todo tipo sobre estos hechos: desde relatos de la época, hasta grabados en madera de hombres bailando con mozos, incluso letras de viejas canciones donde a los jóvenes se les da nombre de mujeres.

A pesar de todo lo dicho, la homosexualidad activa estuvo penada en casi todos los estados del lejano Oeste, con castigos y penas bastante severas.


La prostitución

No hay película del Oeste que se precie que no cuente con la presencia de una prostituta, y es que ante esa falta de mujeres la prostitución fue un elemento básico de cualquier poblado o ciudad del lejano Oeste. Se las conocía por los eufemísticos apodos de "palomas heridas" o "mujeres de la hermandad" y aunque el cine nos hace rememorar esos grandes burdeles dirigidos por una madame, normalmente de gran corazón, en realidad el mundo de la prostitución fue un mundo sórdido, sucio y mísero.

Prostitutas de la película 'Sin perdón' (1992)
Desde la más baja prostitución, de mujeres que paseaban por la calle con una simple manta para satisfacer a sus clientes en el mismo suelo de algún callejón oscuro, a prostitutas que operaban en pequeñas casas de una sola habitación, hasta aquellas que convivían en los más grandes y lujosos burdeles regentados por prestigiosas madames. Famoso son los casos de Julia Bulette y Rosa May.

Julia Bulette fue una de las primeras mujeres en pisar la ciudad de Virginia, y que regentó el primer prostíbulo de la ciudad, ganándose el respeto de toda la comunidad ante sus gestos caritativos con los enfermos de la ciudad. Una historia similar vivió Rosa May famosa prostituta de finales del siglo XIX que también vivió en Virginia City, su leyenda nace por sus labores caritativas cuidando a los mineros enfermos de una terrible epidemia que estaba asolando la región y a la que pronto ella también sucumbiría.


Julia Bulette, izq. y Rosa May, dch.


Así el nacimiento de esta nación fue acompañado de una proliferación de prostíbulos, desde los barrios de luces rojas de San Francisco hasta los grandes burdeles surgidos en Virginia City (NV) pasando por los vagones-móviles de Fort Dodge.

Todo ello era un claro reflejo de la nueva sociedad que se estaba forjando en el viejo Oeste, la mayoría de prostitutas eran mujeres jóvenes, sin apenas educación y, en muchos casos, analfabetas. Su precio variaba según su belleza, pero también según su nacionalidad y origen étnico.

Y aunque como hemos visto estas mujeres cumplieron un papel fundamental para el buen funcionamiento de estas primeras comunidades, incluso su actividad fue un claro estímulo para la dinamización de su economía, su papel en la historia y sus miserias siempre han quedado relegadas al olvido.

Mucha ciudades de los EE.UU fueron conocidas por sus barrios rojos y por sus burdeles de lujo, de todo ello hablamos en esta entrada dedicada al mundo de los burdeles y zonas de prostitución en el Farwest.

 Delincuencia, ETS, abortos e infanticidios

Aunque como bien nos recuerda Anne Butler, en su libro "Daughters of Joy, Sisters of Misery" el mundo de la prostitución casi siempre está ligado a la marginación social y a la delincuencia, por lo que los índices de suicidios, drogadicción, violación y episodios de violencia alcanzaron índices realmente alarmantes, especialmente en los burdeles de estas ciudades fronterizas. Convirtiéndose estos prostíbulos en jaulas de pobreza y miseria, donde caían las mujeres más pobres de la sociedad, muchas veces vendidas por sus propias familias y compitiendo ferozmente entre ellas, sin ninguna esperanza de escapar de estos nidos de conflictividad y marginación.

Fotografía de prostituta.
Finales siglo XIX.
A todo esto hay que sumar otro de los grandes silencios que envuelven el mundo de la prostitución: las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados. Ya que en una sociedad como la del antiguo Oeste con carencias enormes en cuestiones de higiene y salubridad, las ETS fueron un mal frecuente en este submundo, ya que aunque se conocían los condones, su precio era prohibitivo y su acceso difícil. Por lo que las autoridades sólo actuaban, forzando a las mujeres a pasar revisiones médicas periódicas, cuando los brotes alcanzaban cifras alarmantes.

Del mismo modo, los partos siempre implicaban un alto porcentaje de mortandad entre las mujeres, por lo que los remedios abortivos de origen vegetal fueron el remedio más habitual para prevenir cualquier embarazo. Aunque algunas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en burdeles del Nueva York del siglo XIX ("Babies in the Privy: Prostitution, Infanticide, and Abortion in New York City's Five Points District") nos han mostrado otra triste realidad muy frecuente en el mundo de la prostitución el infanticidio.

Las mujeres ocultaban su embarazo a los clientes hasta casi el momento del parto, ya que su única fuente de ingresos eran sus servicios sexuales, y sólo cuando el embarazo era demasiado evidente se le apartaba de sus funciones hasta el nacimiento del bebé, siendo éste arrojado sin más contemplaciones a las letrinas del burdel.

Prostitutas trabajando en un prostíbulo móvil.


Travestismo y Transexualidad 

Charlie Parkhust.
Ya hemos visto en otros post como fue algo habitual que muchas mujeres, ante la pérdida de derechos por su condición de mujer, optaron por vivir una vida de hombres, adoptando los ropajes y las maneras de éstos para conservar sus riquezas y herencias o simplemente para conservar su libertad individual.

Otras muchas seguramente vivieron como hombres porque así se sintieron, quizá el caso de 'One-Eyed Charlie' sea el más famoso de todo el lejano Oeste, Charlie el tuerto trabajó durante toda su vida en la California Stage Co., convirtiéndose en uno de los mejores conductores de diligencia entre Oregón y California, a pesar de su fama de gatillo fácil y borrachuzo. Pero a su muerte, en 1879, cuando se preparó su cuerpo para el entierro se descubrió su secreto, Charlie el tuerto era en realidad una mujer.

Pero uno de los elementos que más fascinó al investigador Peter Boag fue el alto número de casos de hombres que se travistieron y vivieron como mujeres, otro dato que viene a confirmar la flexibilidad en cuanto a los roles de género que existieron en el Salvaje Oeste.


Para cerrar este artículo os ofrecemos un poema anónimo escrito en Texas en a finales del XIX y recogido por un cowboy de la época llamado Charlie Siringo.

THE GOOD, THE BAD AND THE UNSPOKEN

My lover is a cowboy
He’s kind, he’s brave, he’s true
He rides the Spanish pony
and throws the lasso, too
And when he comes to see me
And our vows we have redeemed
He puts his arms around me
And then begins to sing:
Oh, I am a jolly cowboy,
From Texas now I hail,
Give me my saddle and pony
And I’m ready for the trail.
I love the rolling prairie
Where we are free from care and strife,
And behind a herd of long-horns,
I will journey all my life.



Bibliografía

Thomas A. Crist; Babies in the Privy: Prostitution, Infanticide, and Abortion in New York City's Five Points District, Historical Archaeology, Vol. 39, No. 1, Sin City (2005), pp. 19-46

Chad Heap; Slumming: Sexual and Racial Encounters in American Nightlife, 1885-1940, Historical Studies of Urban America, 2009.

Ken Fogelberg, The Soiled Doves of Tombstone - A Historic Look at Prostitution in the Old West Unknown Binding , 2010.

 Paradise of Bachelors: The Social World of Men in Nineteenth-Century America.” 

http://www.sharkonline.org/index.php/rodeo-family-values/751-the-true-history-of-cowboys-as-sex-slaves

http://www.ranker.com/list/wild-west-sex-facts/jacobybancroft

 http://scienceofhumansexuality.blogspot.co.uk/2013/06/the-history-of-sex-education-1800s-to.html

miércoles, 16 de abril de 2014

El Aborto en Roma

Aborto, infanticidio y abandono de niños.


El aborto en la antigüedad pagana no era considerado ni un delito, ni un crimen, ya que el derecho penal ignoraba esta práctica. No es hasta el siglo III d.C., cuando la moral precristiana empieza a instalarse en la sociedad cuando empieza a ser sancionado.

Es importante señalar que hasta que no se instaló el cristianismo, tanto las leyes como la moral sexual variaba según el estatus social y político de cada individuo: cada grupo social mantenía sus propios códigos de conducta y de moralidad, ya que un patricio romano tenía una escala de valores y unas obligaciones morales completamente distintas a la de un esclavo... no es hasta la consolidación del cristianismo cuando la moralidad se iguala para todos los miembros de la sociedad.

Así antes del siglo III a.C, no había barrera penal contraria al aborto, y la barrera moral era una opción individual, propia de algunas sectas religiosas o corrientes filosóficas que también se oponían a la pederastia. Aunque en momentos puntuales se promulgaron leyes para fomentar la natalidad, como la Ley Cornelia promulgada por el dictador Sila en el 81 a.C. donde prohibía las prácticas abortivas. Al igual que Augusto que promulgó medidas para obligar a los jóvenes romanos a contraer matrimonio, y prohibiendo el uso de anticonceptivos y del aborto.

Hay que remarcar que el aborto no era una práctica tan extendida como se puede pensar, primero porque era una medida que ponía en peligro la vida de la madre; y segundo, porque, por sorprendente que parezca, existían otros medios para deshacerte del niño una vez nacido: el infanticidio y la exposición de niños.

- El infanticidio era una práctica bastante habitual y aceptada, además era la única forma en que la gente podía controlar el tamaño de sus familias en una época donde el uso de anticonceptivos no era muy fiable.

La matanza de los Inocentes
- Nicolas Poussin

De esta forma el infanticidio tuvo que ser una práctica bastante extendida: los hijos de las esclavas, familias con poca capacidad económica para mantener otro miembro, incluso, entre las prostitutas parece ser que fue una práctica bastante común, ya que hay documentados varios casos, Ashkelon (Israel) o Yewden Villa (Inglaterra) donde se han encontrado numerosos esqueletos de niños acumulados, donde se ha sugerido que fuesen debido a la cercanía de algún burdel en la zona.

En Roma el infanticidio no fue declarado punible con la pena capital hasta el año 374, aunque esto, no puso fin a su práctica, ya que era fácilmente atribuible a un accidente, enfermedad o algún tipo de muerte súbita.


- Por otro lado, también estaba la exposición de niños. El abandono de niños fue una práctica común tanto en ricos como en pobres. Recordar que los fundadores de Roma, fueron dos bebés abandonados, y amamantados por una loba. Y es que el abandono de niños era el principal recurso de los comerciantes de esclavos. En las familias ricas también se daban estos casos cuando se sospechaba de la infidelidad de la mujer, o en casos, donde un nuevo miembro familiar, pudiese alterar el testamento o la herencia familiar.

Rómulo y Remo (detalle)
- Rubens


En cuanto a los métodos anticonceptivos, el principal método utilizado era el agua fría, es decir, lavarse rápidamente con agua fría, por eso a las mujeres que hacían el amor se les llamaba mujeres lavadas (puella lauta), aunque como a este tema le dedicaremos proximamente un tratamiento más individual, sólo diremos que existían numerosos métodos, desde ungüentos y pomadas, hasta métodos algo más "científicos" como tapar la entrada del útero, pasando por el uso de amuletos mágicos.