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viernes, 15 de septiembre de 2023

Merkins o Pelucas Púbicas: ¡ponte la peluca ahí abajo!

A lo largo de la historia se han utilizado muchos tipos de pelucas y por diferentes motivos (modas, motivos estéticos, como distintivo social, ...), especialmente fueron populares en los reinos de Francia e Inglaterra, sobre todo cuando algunos de sus reyes las empezaron a utilizar para tapar sus tempranas alopecias, imponiendo la moda al resto de la corte. 

Sabemos que en la corte de Versalles se tuvieron que contratar hasta 48 artesanos de pelucas para abastecer la creciente demanda de la nobleza parisina. Así las pelucas se convirtieron progresivamente en un distintivo profesional de algunas de las profesiones más nobles como abogados, jueces, escribas o profesores.

Aunque si hablamos de pelucas en este blog es para hablar de una de las más sorprendentes... ¡¡las pelucas púbicas! pelucas que se ponían sobre la vulva de la mujer, por cuestiones estéticas pero sobre todo de salud sexual, bueno más bien, para fingir buena salud sexual. 

 

Y es que en los siglos XVI y XVII, cuando se popularizó su uso, se consideraba que un pubis cubierto de vello era síntoma de buena salud y por lo tanto deseable. ¿el motivo? que muchas mujeres, especialmente aquellas dedicadas a la prostitución, solían tener el vello afeitado para evitar enfermedades como los piojos.

Y aunque nos parezca que el uso de estas pelucas es algo del pasado, hoy en día se siguen utilizando, especialmente en el mundo del cine, cuando actrices depiladas con láser o con ciertos reparos por enseñar un desnudo completo prefieren recurrir al uso de estas pelucas púbicas para tapar o disimular su vulva.

Vendedor de pelucas púbicas, 1860

 

EL ORIGEN DE LAS PELUCAS PÚBICAS

Algunos historiadores han conseguido rastrear el origen de estas pelucas para el pubis hacia mediados del siglo XV, época donde las prostitutas empezaron a rasurarse el vello púbico por cuestiones de higiene y evitar el problema de los piojos o liendres en sus zonas íntimas. Además, muchas de ellas recurrían a estas pelucas para tapar los síntomas de algunas enfermedades sexuales como la sífilis que provocaban llamativas llagas genitales, denominadas chancros, que podían contagiar la infección.

Incluso uno de los cronistas más famosos sobre los bajos fondos londinenses y su vida nocturna, el político y funcionario naval, Samuel Pepys, dejó anotado en su diario de 1667 la poca higiene que estas pelucas púbicas tenían:

“Fui al Swan; y mandé llamar a Jervas, mi viejo fabricante de merkins, y él me trajo un merkin; pero estaba lleno de liendres, así que me preocupé al verlo y lo envié a limpiarlo”.

Hay quien le ha buscado un origen más teatral a la aparición, o al menos a la popularización, de estas pelucas púbicas. Y es que, en época Isabelina, entre 1550 y 1600, las compañías de teatro inglesas no permitían que actuasen mujeres, por lo que el papel de dama estaba reservado para jóvenes varones imberbes, que en algunas escenas y para aclarar la situación al público empezaron a lucir estas pelucas para goce y diversión de los asistentes.

Sobre el origen etimológico de este curioso nombre de "merkin" existen varias teorías: una de ellas es que sería un nombre utilizado en el inglés antiguo para referirse a las mujeres jóvenes de clase baja; otra teoría sostiene que proviene de la palabra "Marykin", una forma cariñosa para referirse al nombre femenino de Mary.

Sea como fuere, las pelucas púbicas se siguieron utilizando hasta prácticamente el siglo XX, y es que una vulva peluda siempre se ha considerado un símbolo de salud y prosperidad. De hecho, sabemos que los merkins siguieron siendo populares durante todo el siglo XVIII, y algunos, en particular los que usaban las mujeres más ricas, estaban decorados con cintas, joyas, flores y otros adornos, para embellecerlos.

Dibujo de una posible peluca púbica adornada con lacito.

 

Incluso dieron el salto al charco, llegando a EE.UU., ya que a principios de siglo XX era ilegal que una mujer se desnudara por completo en los shows eróticos, por lo que recurrían a estas pelucas para esquivar la ley, y en caso de ser condenadas por indecencia, les servía de atenuante al no estar completamente desnudas.

Sólo con la llegada del bikini a mediados del siglo XX y la popularización de las revistas eróticas las mujeres empezaron a recortar su vello púbico, y eso que en los años 70 y 80 se volvió a poner de moda el vello púbico frondoso. Habrá que esperar a la "invención" de la cera brasileña y la llegada de los 90 cuando definitivamente la moda de ir con poco pelo o completamente rasuradas se ha instaurado en el imaginario erótico de occidente como símbolo de belleza.

Sobre los materiales con los que estaban hechas se puede decir que se realizaban con lo que más a mano se tenía en cada región: las había realizadas con fibras naturales, pero más realistas eran las diseñadas con pelos de animales, como crin de caballo, pelo de cabra o piel de castor (por ello uno de los apodos que tiene la vagina en inglés es "beaver", castor en inglés), hasta llegar a las más lujosas que se fabricaban con vello púbico humano.


Merken o peluca púbica


Pelucas púbicas en Hollywood

Para finalizar, si tenéis curiosidad en saber en qué películas se pueden ver actrices lucir pelucas púbicas, aquí os dejamos algunas donde las propias actrices han confesado que cubrieron sus partes íntimas con un merkin:

Probablemente el ejemplo más evidente lo tenemos en la película "El Séquito" (2015) donde la ex actriz porno Sasha Grey luce una evidente peluca púbica. Otras actrices famosas que han lucidad pelucas han sido Kate Winslet en "El lector" (2008), Heidi Klum en "Blow Dry" (2001) o Evan Rachel Wood en la serie de tv de "Mildred Pierce" (2011). Pero no sólo las mujeres han recurrido a este tipo de recursos, el conocido actor Jake Gyllenhaal también disimuló sus genitales en las escenas más íntimas en "Amor y otras drogas" con un tipo de peluca para hombres.



sábado, 12 de agosto de 2023

Los gabinetes secretos de la Nobleza española

4.- El Infierno de la Biblioteca Nacional Francesa
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  Los gabinetes reservados de la nobleza hispánica:

Esta temprana afición de la nobleza por los gabinetes secretos se confirma con la colección que creó el polémico secretario de Felipe II, Antonio Pérez, que en muy poco tiempo fue capaz de acumular una gran fortuna e invertir parte de ella en decorar una sala reservada, de claro carácter erótico, en su residencia urbana cerca de Atocha, donde se podían contemplar joyas de la pintura universal como el 'Adán y Eva' de Tiziano o varios de los famosos 'Amores de Júpiter' de Correggio.

Adán y Eva, de Tiziano.
Museo Nacional del Prado.

Por otro lado, algunos de los nobles enviados por la Corona a los distintos territorios europeos aprovecharon su estancia en el extranjero, lejos de la mirada inquisitorial, para formar sus propias pinacotecas.

Sabemos que el VI conde de Monterrey, embajador en Roma y virrey de Nápoles, o el I Marqués de Leganés, gobernador en Flandes, fueron grandes coleccionista de arte, existiendo entre sus posesiones destacados desnudos femeninos. El susodicho Marqués de Leganés, logró reunir una colección de más de 1000 lienzos, reservando una sala de su palacio de Morata de Tajuña exclusivamente a aquellos cuadros con representaciones de mujeres desnudas.

Contamos además con el excelente trabajo del profesor García Cueto, "La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII", donde se nos desvelan tres pinacotecas nobiliarias en el Madrid del siglo XVII con un alto componente erótico, como fueron la del marqués del Carpio, la del almirante de Castilla y la del marqués de Castel Rodrigo.

Gracias al inventario realizado en su momento a estas colecciones, sabemos que los Almirante de Castilla, tanto padre como hijo, cultivaron un gusto muy desarrollado por las obras de arte, manteniendo una inmensa pinacoteca ordenada en diferentes estancias y habitaciones de manera temática, por lo que sabemos que existieron dos habitaciones destinadas a albergar únicamente obras de desnudos, tanto mitológicos como bíblicos, entre los que destacaban una Diana desnuda, un rapto de Proserpina, una Bacanal, una Betsabé en el baño y alguna que otra Venus.

Pero si hay que destacar dos gabinetes reservados estos son el del Marqués del Carpio y el de Manuel Godoy, ya que ambos parecen tener una clara intencionalidad erótica, es decir, su pasión por las pinturas de desnudos iba mucho más allá de un mero placer coleccionista o de una simple moda pasajera.

Sus gabinetes fueron creados para deleitar los sentidos y cargar esas estancias de un ambiente erótico para desatar la pasión amorosa de sus visitantes.



El palacete del amor del Marqués del Carpio


El marqués del Carpio, más conocido como don Gaspar de Haro y Guzmán fue uno de los más destacados coleccionistas de arte de su tiempo, logrando atesorar más de 3.000 lienzos. A esto hay que sumar una vida personal algo libertina y disipada, salpicada por escándalos de índole sexual.

Por lo que el marqués contaba con todos los ingredientes para formar una de los gabinetes secretos más importantes de todos los tiempos, más aún, si sabemos que la joya de su corona, era nada más y nada menos que la excepcional y trasgresora 'Venus del espejo' de Velázquez.

Venus del espejo, de Diego Velázquez.
National Gallery, Londres.

Además, también sabemos que el marqués acondicionó un pequeño palacete en Huerta de Sora, para instalar allí a sus diferentes amantes y convertir ese espacio en su refugio para sus aventuras extraconyugales, por lo que no dudó en decorarlo con evidentes motivos sensuales, tal y como sugieren las descripciones de varios de sus techos pintados al temple, por lo que algunas de sus estancias tuvieron que ser toda una "exaltación visual del amor".


El gabinete de Manuel Godoy


Aunque, sin duda, el gabinete nobiliario más famoso de todos los tiempos fue el del extremeño Manuel Godoy, válido de Carlos IV, y uno de los personajes más poderosos su época. Quien gracias a su creciente fortuna, su influencia y su desmedido poder fue capaz de atesorar en su colección privada más de 1000 pinturas, repartida entre sus numerosos palacios y mansiones.

Pero si lo traemos a este blog es porque en unos de sus palacetes de Madrid, el conocido como Palacio de Godoy, albergó uno de los mejores gabinetes de desnudos de la historia del arte. 
 
Sabemos que adquirió de manos de la XIII duquesa de Alba dos de los desnudos más controvertidos de su época: 'La Venus del espejo' de Velázquez y 'La escuela del amor' de Correggio.
 
LA MAJA DESNUDA

Pero su fascinación por la pintura de carácter erótico iba mucho más allá, ya que no dudó en encargar uno de los cuadros más polémicos de todos los tiempos a otro genio de la pintura. Estamos hablando de 'La maja desnuda' de Francisco de Goya, un cuadro envuelto en continúas polémicas y debates: ¿quién lo encargó?, ¿quién es la mujer representada? ¿cuándo se pintó?. Nosotros nos sumamos a la teoría de que el lienzo fue un encargo de Godoy a su protegido Francisco de Goya, un cuadro sólo para su disfrute personal, ya que la mujer retratada era su joven amante Pepita Tudó.

Las Majas de Goya.

 

Pero este lienzo va mucho más allá de cualquier representación anterior, ya vimos en anteriores post, cómo aquellos cuadros con desnudos de mujeres habían despertado cierto rechazo por parte de las autoridades oficiales, pero artistas y mecenas escudándose en la representación de temas mitológicos o bíblicos habían podido explorar la sensualidad del cuerpo femenino.

Pero es ahora, la primera vez en la historia del arte, donde se representa una mujer desnuda mostrando el vello púbico, sin más, sin ningún tipo de trasfondo bíblico o mitológico, una mujer, sensual, altiva y desafiando con la mirada al espectador, haciendo de este cuadro una de las obras más eróticas y sensuales de todos los tiempos.

¡Hay que imaginarse el asombro que tuvo que causar dicha representación en su tiempo!


Así pues la existencia de su gabinete privado vendría confirmado por las numerosas visitas que por allí pasaron, como la del grabador Pedro González de Sepúlveda de quién obtenemos la primera referencia sobre la existencia de 'La maja desnuda': "colgaba allí en un «gavinete interior» junto con otras Venus, una desnuda de Goya pero sin divujo ni gracia en el colorido".

Por lo que Godoy, siendo el personaje más poderoso de su tiempo, no tuvo ningún reparo en mostrar abiertamente este comprometido gabinete a amigos y conocidos, decorado con algunas de las más hermosas y sensuales Venus realizadas por pintores de la talla de Velázquez o Tiziano. 

Además todo parece indicar que Godoy se guardaba una sorpresa final para sus visitantes...

Es muy probable que 'La maja vestida' estuviese sobrepuesta sobre 'La maja desnuda', y mediante la activación de algún mecanismo de poleas, la primera maja se deslizase para descubrir a la maja desnuda.


Pero en 1808, tras el desastre de Trafalgar y la invasión de las tropas napoleónicas, estalla el Motín de Aranjuez, produciéndose la caída de Godoy, a quién el pueblo señaló como el gran culpable de la situación del país. Gran parte de sus bienes fueron saqueados, y su pinacoteca fue confiscada tanto por parte del Estado como por tropas napoleónicas.

Como dato curioso, y para poder comprender el peso que ha tenido la Iglesia en nuestro país, apuntar que su pinacoteca, una vez confiscada, fue revisada por la Santa Inquisición (vieja enemiga de Godoy), catalogando muchas de sus obras como obscenas. Su poder era tal, que hicieron comparecer ante sus tribunales al mismísimo Francisco de Goya, todo un pintor real, para interrogarle entre otras cosas por sus majas. Aunque poco más se sabe de este asunto, ya que gracias a la mediación de algún personaje influyente el caso fue sobreseído...

Pero las majas, y otras pinturas indecorosas, fueron enviadas a la real Academia de Bellas Artes de San Fernando, permaneciendo enclaustradas, lejos de miradas indiscretas hasta prácticamente el siglo XX.

Conclusión

Como hemos podido comprobar a lo largo de esa serie de post parece que hubo una cierta tendencia entre la aristocracia cortesana madrileña a crear "gabinetes secretos" o como mínimo a coleccionar obras de artes con una alta carga de erotismo. Seguramente los motivos de cada persona fuesen distintos: desde los más puristas del arte que solo querían coleccionar obras de arte, pasando por aquellos que buscaron en los temas mitológicos dar esplendor y solera a sus casas, hasta los nobles más libertinos que no dudaron en crear auténticas salas de placer visual hedonista, ya fuese para presumir con sus amistades más íntimas, o para dar rienda suelta a sus más hondas pasiones o perversiones.




BIBLIOGRAFÍA


GARCÍA CUETO, D.; La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII, Visiones de pasión y perversidad / coord. por Víctor Manuel Mínguez Cornelles, Inmaculada Rodríguez Moya, 2014, págs. 40-57
GEORGE, B., Las lágrimas de Eros, Barcelona, Tusquets, 1997.EDWARD, L., Sexuality in Western Art, Londres, Thames and Hudson, 1991.
MORÁN, M. y CHECA, F., El coleccionismo en España, Madrid, Cátedra, 1985.
PORTÚS, J. La Sala Reservada del Museo del Prado y el coleccionismo de pintura de desnudo en la Corte española, 1554-1838, Madrid, Museo del Prado, 1998.
VV. AA., El desnudo en el Museo del Prado, Madrid y Barcelona, Fundación Amigos del Museo del Prado y Círculo de Lectores, 1998.


[En Internet]

La colección de arte de Godoy en
https://art-y-cultura.blogspot.co.uk/2015/06/la-coleccion-de-arte-de-godoy-digna-de.html

miércoles, 17 de julio de 2019

Frases y Expresiones: Llevar al huerto

 Frases y Expresiones:

I.- Te pongo mirando a Cuenca
II.- Echar un polvo
III.- Mujer de bandera
IV.- Espaguetis a la Puttanesca
V.- Irse de picos pardos
VI.- Llevar al huerto
VII.- Poner los cuernos (próximamente)

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LLEVAR AL HUERTO

 
Retomamos nuestra sección de frases y expresiones sexuales buscando el origen de una expresión tan popular como "llevar al huerto" que según la R.A.E. puede tener dos significados:

- Seducir a alguien sexualmente
- Lograr convencer a alguien.

En ambas definiciones, se sobreentiende que se trata de convencer a la otra persona a través de triquiñuelas, engaños y mucha persuasión, por lo que la definición engloba un toque de malicia.

Investigando sobre el porqué de esta expresión, resulta muy curioso descubrir que los dos significados que tiene parecen coincidir a la perfección con las teorías etimológicas que nos hablan sobre el origen de popular expresión.




ORIGEN SEXUAL DE LA EXPRESIÓN: CALISTO Y MELIBEA

Entrada al huerto de
Calixto y Melibea
La teoría más aceptada es que el nacimiento de esta expresión tiene un origen literario, nada más y nada menos, que en uno de las obras cumbres de la literatura universal, "La tragicomedia de Calisto y Melibea", ¿qué te suena pero no sabes de qué? Es que no es otra obra que la universal 'La Celestina' de Fernando de Rojas.

Aiiinnssss que recuerdos del instituto ¿verdad? Y es que no hay estudiante que no haya tenido que estudiar esta obra cumbre que da inicio al Siglo de Oro de la literatura española. Pues en esta novela "el huerto" adquiere un gran protagonismo...

En es un huerta, donde por primera vez Calisto, un joven de la nobleza, que persigue a un halcón huido se encuentra con Melibea, de la que se enamora perdidamente. Y aunque le tira los tejos, con las más tiernas palabras de amor, sólo consigue el rechazo de la muy honrada Melibea.

Calisto,  lleno de dolor, regresa a su hogar, pero su criado, al ver el estado de ánimo de su señor, le recomienda los servicios de Celestina, una alcahueta, que puede conseguir que Melibea caiga rendida a sus pies. Calisto, desesperado, acepta el ofrecimiento.

Y es así, como la Celestina, a través argucias, engaños y un poco de hechicería, consigue que Melibea acepte un encuentro con Calisto, a través de la valla del huerto.

En los siguientes encuentros, Melibea deja entrar en su huerto al impulsivo Calisto, y consuman su amor... con erótico (y trágico ) resultado.



EL HUERTO DE CALISTO Y MELIBEA

Como curiosidad, añadir que este famoso huerto de Melibea se puede visitar, ya que está situado en el casco antiguo de Salamanca, y se halla en el lugar donde se cree que Fernando de Rojas ubicó el lugar de encuentro de los protagonistas y escenario del trágico desenlace de la célebre novela.

Es un pequeño espacio ajardinado sobre la muralla de la ciudad con unas hermosas vistas de las Catedrales y de la ribera del Tormes. En la entrada del jardín, os recibirá un busto de bronce de la famosa Celestina, y os recomendamos daros un romántico paseo por este rincón escondido de la ciudad salmantina.


El Huerto de Calisto y Melibea, con la escultura de La Celestina, obra de Agustín Casillas, al fondo.
Foto: Pablo de la Peña. Origen: La Crónica de Salamanca



ORIGEN TRÁGICO DE LA EXPRESIÓN:  LOS CRIMENES DEL HUERTO

El otro posible origen de esta expresión es mucho más reciente y tiene que ver con unos trágicos asesinatos que acapararon las portadas de la prensa nacional.


Estamos en el año de 1904, en el pueblo cordobés de Peñaflor, allí vivían los dos delincuentes protagonistas de nuestra historia, Juan Aldije, apodado "el francés", y su socio José Muñoz Lopera. Ambos trabaron amistad y se hicieron compinches en sus primeras fechorías: robos y estafas varias relacionadas con el mundo del juego.

Pronto idearon un plan para robar y asaltar a incautos forasteros... Lopera, que era habitual de las timbas de cartas que se realizaban por la zona, era el que estudiaba a la futura víctima, buscando algún comerciante o forastero que estuviese de paso y con pinta de llevar con él unos buenos cuartos.
Trababa amistad con ellos en alguna taberna o posada, y les comentaba que si querían participar en un lucrativo "negocio".



El negocio que les proponía era compincharse para desplumar a un adinerado francés muy aficionado a las cartas que vivían en una finca a las afueras de Peñaflor. Por lo que, gracias a la labia y el poder de persuasión de Lopera, más de un incauto le acompañaba hasta la casa del "francés".

La casa estaba situada a las afueras del pueblo, contaba con cuadras, corrales y, como no podía ser de otra forma, un gran huerto. La finca había adquirido cierta fama por la organización clandestinas de timbas de cartas.  Así que, el "francés" les recibía a la entrada de la finca, y con muy buenas formas y modales, les daba la bienvenida a su hogar y les apremiaba a que entrasen en la casa por un camino muy estrecho que dividía el huerto en dos partes.

'Por favor, ustedes primero' les decía el "francés", y cuando se encaminaban hacia la casa, aprovechaba para partirles la cabeza, atacándoles por detrás con una barra de hierro. Allí mismo, les despojaban de todas sus pertenencias y lo enterraban rápidamente en el huerto de la finca.



Finalmente serán descubiertos, gracias a la investigación impulsada a raíz de la desaparición de Miguel Rejano, la última de sus víctimas, ya que el primo del fallecido, Juan Mohedano, atendiendo a las súplicas de la viuda, inició una investigación por su cuenta, y con la ayuda del ex-policía Laureano Rodríguez, reconstruyeron sus últimos pasos hasta dar con la fonda donde se hospedó por última vez. Una vez allí empezaron a surgir los nombres de los sospechosos, y un tercer socio, un tal Borrego, que también era asiduo a las timbas que se organizaban en la zona, y testimonio clave en la investigación, ya que parece que fue él, quién soltó el chivatazo sobre los cadáveres ocultos en el huerto.

Una vez presos, ambos confesaron un total de 6 crímenes, cometidos entre los años 1898 y 1904, acusándose mutuamente de ser los autores materiales de los asesinatos. Y detallando el modo de asesinar a sus incautas víctimas:  


En su declaración detallaron con les hacían caminar por un estrecho camino de acceso a la finca, y cuando el gancho les distraía diciendo la frase: "cuidado con la cañería", el francés aprovechaba que miraban hacia el suelo para propinarles un fuerte golpe en la cabeza y rematarlos en el suelo con un martillo.



La prensa nacional siguió con mucha atención todo lo relativo a este caso: los progresos en la investigación de los hechos, la fuga (y posterior entrega) de "el francés", y  ¡cómo no! el juicio sumarísimo al que fueron sometidos, y su condena a pena capital. Ambos fueron sentenciados a garrote vil y ajusticiados en la cárcel sevillana del Pópulo, el 13 de octubre de 1906.

Este caso fue portada en todos los periódicos del país, por lo que rápidamente se popularizó la frase "llevar al huerto" como expresión de convencer a alguien con engaños y triquiñuelas, y salir mal parado.  


Incluso tenemos película sobre este suceso, ya que en los años 70 el director Paul Naschy llevó al cine esta truculenta historia bajo el título de "El huerto del francés"





Bibliografía:


https://confilegal.com/20180823-llevar-al-huerto-es-una-frase-que-se-origino-por-un-suceso-famosisimo/

 https://proyectonaschy.com/2012/03/25/el-huerto-del-frances-de-la-realidad-a-la-ficcion/



jueves, 25 de octubre de 2018

Felipe IV: El rey adicto al sexo

No hubo rey más promiscuo en toda la historia de España, ni mujer que estuviese a salvo de caer bajo la lujuria insaciable de Felipe IV.

Daba igual su condición social, su edad, o si era casada, soltera o viuda, cualquier mujer del reino era apetecible para el capricho del monarca: damas o criadas, religiosa o prostituta, actriz o artesana. Cualquier lugar podía ser ideal para satisfacer su incontrolable ardor: desde el Palacio Real, al burdel, pasando por uno de sus territorios de caza favorito, el corral de las comedias.

El más poderoso soberano de la tierra era preso de una desmesurada pasión sexual. Nadie sabe a ciencia cierta con cuantas mujeres mantuvo relaciones, ni el número de bastardos que dejó en el camino. 


Pero como en una cruel maldición de cuento, el destino quiso que sólo fuese capaz de dejar como único heredero varón al trono de España al enfermizo Carlos II, "el hechizado".

Felipe IV de joven. 1623.
Retrato de Velázquez.
Estas andanzas reales eran por todos sabidos, y sus aventuras sexuales fueron motivo de toda clase de chanzas, bromas, coplillas y sonetos, como el que le dedicó el Duque de Amalfi, que decía:

Oculta el traje que severo luce,
de amor y gloria devorante fuego,
que de sus noches el placer inquieta
,
y através de su risa se trasluce
que el rey sofoca y tapa el palaciego
el sueño del amante y del poeta".

Y aunque esta imagen de mujeriego nos puede hacer caer en la idea de un rey extrovertido, simpático y abierto, el rey Felipe IV, como todos los Austrias, siempre mantuvo un talante serio y riguroso, casi inamovible, propia de la férrea etiqueta impuesta en la Corte por sus antecesores.

Pero nada mejor para conocer su lujuriosa vida sexual que darnos un paseo por su vida: desde su infancia hasta su muerte...

Infancia

El meapilas Felipe III quiso asegurarse que su prometedor heredero fuese un digno príncipe cristiano por lo que no dudó en confiar su educación a los eclesiásticos de mayor virtud y celo de todo el reino. Nos podemos imaginar la infancia del pobre Felipe IV, criado en la austeridad, el rigor y el ascetismo, entre misas, sermones y oraciones, atrapado en los sobrios y tristes muros del Alcázar de Madrid.

Y aunque no se pueda asegurar, estar sometido a una educación tan beata, rígida y controlada, contribuyó a que cuando las hormonas de la pubertad empezaron a bullir se iniciase una obsesión por el sexo, y como señala Deleito y Piñuelo en su 'El rey se divierte' "con los primeros hervores de la adolescencia, cabalgó sin freno por todos los campos del deleite, al impulso de pasiones desbordadas".



Matrimonio

Retrato de Felipe IV, por Diego Velázquez, 1623.
Pero ya habrá tiempo de hablar de sus vicios, volvamos a la infancia del joven heredero. y a explicar un hecho que seguramente también alimentó la insaciable libido del monarca... ¡¡su matrimonio!!

A pesar de que en estos años, Francia y España, ya estaban a la gresca, el enfrentamiento entre las principales potencias europeas sería inevitable. Felipe III procuró buscar una alianza matrimonial con nuestros odiados vecinos del norte. Por lo que siendo apenas un niño se concertó la boda con una de las hijas del rey francés, Isabel de Borbón, pero el enlace real se tuvo que retrasar varios años, hasta que Felipe IV cumplió los 10 años.

Debido a su corta edad no hubo noche de bodas y trataron que la pareja nunca estuviese a solas, ni siquiera en sus viajes conjuntos, por lo que debían viajar en carruajes separados, todo ello a pesar de las enérgicas protestas del joven rey, que a estas alturas ya debía tener la libido por las nubes.

Y es que el joven rey estaba perdidamente enamorado de su bella esposa desde el mismo momento en que la vio, y por si esto era poco, fue sometido a esta vigilancia conyugal durante cinco años.


Por lo que habrá que esperar al 25 de noviembre de 1620, ¡¡5 años después del matrimonio!!, para que diesen permiso al rey a consumar su matrimonio.


Reinado

Con la muerte de su padre al año siguiente, Felipe IV accede al trono con tan sólo 16 años. Y lógicamente al heredero del imperio más poderosos del orbe mundial no le faltaron amistades que procuraron ganarse su favor satisfaciendo todas sus curiosidades y caprichos.

Felipe IV, cazador.
Velázquez. Museo del Prado.
De esta forma los hombres encargados de su formación política, como Gaspar de Guzmán, el poderoso Conde-Duque de Olivares, prefirieron alentar sus vicios: el sexo; o sus pasiones: la caza o el teatro; para tener ellos vía libre en sus desmesuradas ambiciones políticas.

Además, ante su compulsivo comportamiento sexual prefirieron proporcionarle toda clase de divertimientos fuera de Palacio, ya que las reinas están para concebir herederos a la Corona, no para satisfacer las necesidades sexuales de sus maridos.

Y así comienza uno de los reinados más significativos para la historia de España, parecía que iba a ser el rey que devolviese el honor de los primeros Austrias, pero muy pronto el rey se fue alejando de sus responsabilidades políticas, dejando su gobierno en manos de validos, mientras su majestad y buena parte de la Corte disfrutaban de fastuosas fiestas y saciaba toda clase de placeres en cacerías, espectáculos teatrales y mucho sexo.

  Los rumores sobre la desenfrenada vida del monarca fueron pregonados por todo el reino en coplas anónimas, donde se narraban de forma jocosa las conquistas del rey.


Sus aventuras amatorias eran tan sonadas y conocidas que muchos de sus colaboradores más cercanos se preocuparon del daño que esto hacía a la imagen del rey y a la de la muy católica Corona Hispánica.

Retrato del Conde-duque de Olivares.
Diego de Velázquez. Museo del Prado.

Por lo que no dudaron de culpar a su válido, el Conde-duque de Olivares, de fomentar esas pasiones para sus propios intereses políticos y económicos. Así lo hacía saber Francisco de Quevedo a un amigo suyo en una carta que decía:

 "El conde, sigue condeando y el rey durmiendo, que es su condición. Hay, parece, nuevas odaliiscas en el serrallo y esto entretiene mucho a Su Majestad y alarga la condición de Olivares para pelar la bolsa, en tanto que su amo pela la pava".

Otro testimonio nos lo aporta el prelado Garcerán de Albanell, quién también acusaba al conde-duque de avivar esas pasiones, en esta carta dirigida a su persona:

"Suplícole cuanto me es posible que evite las salidas del rey de noche y mire la mucha parte de culpa que tiene pues las gentes publican que le acompaña en ellas y se las aconseja [...] en realidad, ese gusto, no es bueno, aunque se tome por entretenimiento por las muchas circunstancias que le hacen dañoso y por la libertad que se toman los vasallos para hablar y reconocer algunas cosas que contradicen el decoro de un monarca".


Isabel de Borbón, cornuda pero con compostura

Su esposa, no tardó en enterarse de todos los devaneos amorosos de su marido, y aunque al principio lloraba desconsolada sus continuas infidelidades, pronto aceptó resignada su papel de reina y, con regia compostura se mantuvo al lado de su marido.

Seguramente se mantuvo fiel a su marido, ya que a pesar de sus continuas infidelidades, siempre supo mantener las apariencias, al menos de cara a la galería.

Sus pasiones amorosas nunca fueron muy duraderas y  tampoco tuvo que soportar la presencia de una amante oficial dentro de la corte, como sí ocurría con los reyes de Francia. 


Isabel de Borbón.
Por lo que ninguna de sus numerosas aventuras intentó hacer sombra a la reina, ni buscaron medrar para conseguir ascenso social o excesivas riquezas.

Además, la desbordante pasión amorosa de Felipe IV no excluía a su propia esposa, a la que siempre trató con respeto y cariño, incluso con ardor marital, ya que siempre le quedaban fuerzas para cumplir con sus obligaciones matrimoniales, como muestran los continuos embarazos de Isabel, con la que llegó a tener hasta siete hijos.

Era tal la pasión que sentía por su esposa que el Conde-duque de Olivares se veía en la obligación de buscarle nuevas aventuras a su soberano para aplacar su "devorante fuego" con otras mujeres y dejara en paz a la reina cuando daba signos de estar embarazada. 



Las amantes

Desde muy joven el rey se lanzó a toda clase de correrías nocturnas por las calles de Madrid buscando nuevas conquistas con que satisfacer su lujuria.

Aunque la mayoría de reyes españoles han tenido fama de promiscuos, el carácter insaciable de Felipe IV ha sido catalogado por psiquiatras como síntoma claro de ser un sexoadicto.


No hacía ascos a ninguna mujer, y si alguna mujer le entraba por el ojo, no dudaba en mover cielo y tierra hasta conseguir sus favores, no le importaba su clase ni condición, teniendo relaciones con mujeres de baja condición social, casadas, viudas, nobles, incluso no dudó en tener relaciones con las esposas de sus colaboradores e incluso con ¡¡monjas!!, pero sin duda alguna, sus favoritas, fueron las actrices, ya que el rey siempre fue un gran aficionado al teatro.

Toda clase de mujeres eran buenas para su erótico deporte: doncellas, casadas y viudas, altas damas, sirvientas de palacio, burguesas, actrices, menestralas y hasta tusonas y cantoneras, como entonces se decía a las que hacían tráfico profesional de su cuerpo. Desde el Alcázar a la mancebía, pasando por el corral de comedias, no había frontera para sus ardores; pero sus preferencias iban más a las mujeres humildes que a las linajudas.”
- El rey se divierte, Deleito y Piñuela, J.


La suerte de estas amantes casi siempre fue la misma: el convento. Y es que una vez que el rey se cansaba de su nueva conquista, estas mujeres eran "invitadas" a ingresar en un convento. Tal era así, que se cuenta la anécdota de una noble a la que Felipe IV estaba cortejando, cuando el rey llamó a la puerta de su alcoba, la dama espantada le espetó: "vaya con Dios; no quiere ser monja".

Los encierros en conventos de sus amantes era una medida para prevenir posibles escándalos reales, y que sus amantes no luciesen embarazos públicamente.


El primer amor extralegal de Felipe IV que se conoce fue la hija del conde de Chirel, dama de gran hermosura, cuando el rey rondaba los 20 años. Al año siguiente nació un niño, el primero de los bastardos reales, al que se llamó Fernando Francisco de Austria, que falleció prematuramente.

Otro dato curioso sobre la vida sexual del soberano nos lo aporta la escritora francesa Madame D'Aulnoy quien nos relata como muchas cortesanas de lujo se quejaban amargamente de la racanería del monarca, que sólo les pagaba 20 escudos por servicio.


El mayor escándalo sexual del rey...

Como podéis imaginar circulan numerosas anécdotas sobre los devaneos amorosos de Felipe IV, siendo la más escandalosa la que tuvo lugar en el convento madrileño de San Plácido, ya que el monarca se encaprichó de una monja de extraordinaria belleza. Los hechos acaecidos durante ese episodio fueron tan sorprendentes que ya le dedicamos un post donde hablamos del escándalo sexual de Felipe IV con una monja.

Una historia propia de una película donde aparece una monja de clausura, el rey de España, el Papa de Roma, servicios secretos e incluso un asesinato...


Un rey molido a palos...

Existe otra divertida anécdota sobre las aventuras amorosas de nuestro particular "Don Juan". Se dice que el rey estaba encaprichado de la duquesa de Alburquerque, hermosa esposa de uno de sus más fieles colaboradores. El duque de Alburquerque, conocedor de la naturaleza libidinosas de su monarca y sabiendo que le había echado el ojo a su mujer, procuró que la duquesa saliese poco de casa y, aún menos, que pisase la Corte. Todo esto no hacía más que incrementar el deseo del rey ante el reto de conseguir una presa difícil.

Y el rey, que listo para asuntos de Estado no era, pero para las lides amarosas era todo un lince, aprovechó una fiesta en Palacio para intentar adquirir su ansiado trofeo.  El rey, que se encontraba jugando a las cartas, fingió que se le había olvidado despechar un asunto urgente, por lo que rogó al duque de Alburquerque que ocupase su sitio en la mesa.

Así que el duque vio como el rey salió raudo y veloz de la sala acompañado de su fiel colaborador, el conde-duque de Olivares. Como pueden imaginar, su destino era la casa del duque de Alburquerque. Éste que sospechaba de las viles intenciones de su monarca también fingió unos terribles dolores y partió como alma que lleva el diablo en dirección a su casa.

Estaban, el rey y su valido, con un pie recién puesto en casa de la duquesa de Alburquerque cuando la llegada repentina del duque les pilló por sorpresa, por lo que corrieron a ocultarse en la oscuridad de las caballerizas. El duque, con bastón en mano, les persiguió a grito: -"Alto al ladrón! Que me vienen a robar mis caballos! Y empezó a darles palos. Cuenta la leyenda que el duque no pidió luces a sus criados para no tener que frenarse a la hora de soltar bastonazos al reconocer a la figura del rey.

Duelo a garrotazos, Fco. de Goya.

El conde-duque de Olivares temiendo por la integridad del monarca decidió confesar y decir que al pobre desdichado al que estaba golpeando era su majestad. El de Alburquerque, con retomada furia, se empleó aún más a fondo con la figura del rey, por la indignidad que suponía que dos vulgares ladronzuelos usaran el nombre de su majestad.

Finalmente, entre el alboroto de los criados de la casa, la guardia de Felipe que venía a su encuentro y el duque de Alburquerque que ya había descargado toda su rabia y furia contra el insolente rey, y no quería verse implicado en asunto más grave, dejó que ambas figuras se escabulleran en la noche.

¡Eso sí! El rey tuvo que guardar varios días reposo por las heridas recibidas.



La Calderona

Felipe IV fue un rey apasionado del teatro, tanto que era por todos sabidos que le gustaba acudir de incógnito a los teatros populares de Madrid, como El Corral de la Cruz o El Corral del Príncipe, para ver con sus propios ojos, no sólo las representaciones que tanto le gustaban, sino también a las jóvenes actrices que actuaban en el teatro.

Corral de las comedias.
Y así surgió, el que sin duda fue el romance más sonado del monarca en su primera juventud.

En una de esas incursiones, el joven rey quedó prendado de la belleza de una popular actriz, de tan sólo 16 años, y de nombre María Inés Calderón, popularmente conocida como "la Calderona".


Era bastante habitual que estas actrices mantuviesen romances con destacados personajes de la sociedad, la misma Calderona mantenía una relación con el duque de Medina de las Torres, pero su belleza no había pasado desapercibida al joven monarca, que con la excusa de felicitarla por su actuación, pidió reunirse en privado con ella.

Alegoría de la vanidad. Supuesto retrato de La Calderona.
Anónimo. Monasterio de las Descalzas Reales. Madrid

Desde aquel mismo momento el monarca quedó prendado de ella. Se convirtió en su amante preferida, y seguramente también, fue el verdadero amor de su vida, a ninguna otra amo tanto como a la Calderona.

Esta relación se convirtió en la comidilla de la capital y muy pronto el sonado romance entre el monarca y la actriz fue motivo de chanzas, coplas y toda clase de comentarios en las tertulias y mentideros de Madrid.


Más aún, cuando la Calderona, obligada por el rey, dejó los escenarios en el auge de su carrera, y se convirtió en la amante oficial del rey.

La Calderona fue protagonista de otro sonado escándalo real, en este caso, con la reina Isabel de Borbón. Por lo que se ve, durante unas festividades realizadas en la Plaza Mayor, el rey había cedido un balcón destacado a su amante. La reina indignada ante tal desaire ordenó desalojarla de allí. Por lo que Felipe IV, cuando se enteró de los hechos, decidió compensar a la Calderona regalándole un balcón en la Plaza Mayor, aunque en un lugar algo más discreto para evitar la ira de la reina. Ese balcón, situado en la esquina a la calle de Boteros, pronto fue denominado como "El balcón de Marizápalos", haciendo honor a una famosa canción que la Calderona había popularizado en el teatro.

Plaza Mayor de Madrid.

De esta relación nació uno de los bastardos reales más importantes de la historia de España , Juan José de Austria, ya que el amor que sentía por su madre, hizo que Felipe IV ordenase educarlo con honores de príncipe, aunque lejos de su madre.

Pero el final de la Calderona, por mucho amor que hubiera existido, no dejó de ser igual que el del resto de sus amantes. Una vez que la pasión remitió, y después de quedar embarazada por dos veces, se le ordenó ingresar en un convento en Guadalajara. Aunque cuenta una leyenda urbana que acostumbrada a su vida de lujos y libertad, pronto huyó de él, y terminó sus días viviendo en la sierra.
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Bastardos Reales:

Era tal su desenfreno amoroso que desconocemos el número exacto de hijos que tuvo fuera de sus dos matrimonios.

Como todos estos asuntos se llevaban en palacio con la máxima discreción, nadie sabe a ciencia cierta cuantos hijos bastardos dejó en su frenética vida amorosa. 


Las cifras que se manejan son muy dispares, los historiadores más rigurosos le atribuyen sólo ocho, aunque un embajador veneciano contemporáneo le contaba 23, y no faltan quienes le atribuyen más de 30 hijos bastardos.

La vida de estos bastardos podía ser muy diversa, según la condición social de la madre, acabarían en una mejor o peor situación. La mayor parte de ellos eran criados en familias de confianza y muchos solían terminar sus días dedicados a la vida religiosa, ocupando puestos de gran prestigio: Así tenemos el ejemplo de Alonso Antonio de San Martín, hijo de Tomasa Alana, dama de la reina, que llegó a obispo de Oviedo y de Cuenca; o el caso de Ana Margarita que ingresó como monja en el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, del que acabó siendo su superiora.

Los investigadores han podido identificar a una decena de estos bastardos y su biografía es el mejor ejemplo de la enfermiza obsesión por el sexo que se gastaba Felipe IV:

- Uno de sus primeros hijos bastardos nació de sus amores con la hija del conde de Chirel. Para poder seducirla no se le ocurrió otra cosa que mandar a su padre a la guerra de Italia y así nació uno de sus primeros hijos bastardos.

 - Otro ejemplo, nos lo proporciona Alonso Henríquez, fruto de los amores del rey Felipe IV con una dama de honor de la reina. Su padre "legal" fue un hombre de confianza de la cámara del rey que fue obligado a casarse a toda prisa con la pobre Constanza. Alonso, como la mayor parte de los bastardos, fue protegido durante toda su vida, y acabó alcanzado el cargo de obispo de Málaga.

- Uno de esos affairs amorosos que mejor representa la libido incontrolable del monarca es el que mantuvo con doña Casilda Manrique, una de las damas de la reina. Lo destacable no es que se liase con una de las damas de la reina, ya que ese era uno de sus "campos de caza" favorito, sino que esta Casilda era la guardadamas mayor, precisamente la mujer encargada de velar por la moral del resto de damas jóvenes que acompañaban a la reina. Y aunque el hijo nacido de esta relación nunca fue oficialmente reconocido, pudo vivir en la Corte con la consideración y el apellido de hijo del rey.

.- Otra de esas anécdotas que nos brindan los numerosos bastardos reales es la que protagoniza Juan Cossío, bastardo real que pasaba por hijo de Francisco Cossío. Este Juan Cossío era un popular predicador agustino que residía en Nápoles. Los napolitanos al verlo por la calle exclamaban "ahí va el hermano del rey" por su extraordinario parecido físico que guardaba con Carlos II, hijo de Felipe IV.

- El único de todos estos bastardos que tuvo reconocimiento oficial por parte de Felipe IV fue Juan José de Austria. Aunque este reconocimiento formal por parte del rey tardó varios años en llegar, pronto se convirtió en uno de los hombres más importantes del reino. Juan José representaba el hijo que Felipe IV hubiese querido para el trono: Buen porte, sano, un hombre de carácter y muy capaz para el arte de la guerra y la política.


La maldición


Resulta curioso que un rey tan prolífico a la hora de tener hijos, tuvo hasta 13 hijos legítimos, sólo fuese capaz de aportar un heredero varón como sucesor, y vaya un heredero... el enfermizo Carlos II.


Pero no nos engañemos esta "maldición" nos revela dos terribles verdades sobre la vida en siglo XVII. Por un lado tenemos, la alta tasa de mortalidad infantil, incluso entre las clases más privilegiadas. Pero por otro, tenemos la enfermedades de transmisión sexual, y es que no nos debe extrañar que en algunas de sus correrías nocturnas en los burdeles de la capital, el monarca contrajese la sífilis y se la transmitiese a sus dos esposas.

Retrato de Carlos II el Hechizado.

Si a la sífilis, le sumas el alto grado de consanguineidad de los Habsburgo, el resultado es la desgraciada historia de abortos y mortalidad infantil de la descendencia legítima del rey.


De su primer matrimonio, con Isabel de Borbón, nacieron siete hijos, de los cuales sólo dos llegaron a adultos:  Una hija, María Teresa de Austria y Borbón que llegó a ser reina consorte del Rey Luis XIV de Francia, y un hijo Baltasar Carlos, que murió fulminantemente a los 17 años por un brote de viruela.

Detalle del Príncipe Baltasar Carlos a caballo de Velázquez fechado en 1635.
Museo del Prado. Madrid.

Este fue quizá el golpe más duro que sufrió el monarca en toda su vida y lo sumió en una profunda depresión. Y es que su muerte llegó en uno de los momentos más difíciles de su reinado, por lo que a los desastres políticos acontecidos durante esa época (Pérdida de Portugal, guerra con numerosas derrotas ante Francia y Flandes, sublevación de Cataluña) se le sumaron numerosas tragedias familiares: fallecimiento de su esposa, muerte de su hermano el Cardenal Infante Fernando, y la pérdida de su único hijo varón.

Todo esto provocó la necesidad urgente de buscar un heredero válido para la Corona, por lo que se cometió el gran error de buscarle matrimonio con la opción más mano que encontraron... la prometida de su difunto hijo, la sobrina del rey, la Archiduquesa Mariana de Austria. Como decimos esto fue un gran error, ya que el grado de consanguineidad entre los futuros esposos era demasiado elevado, incluso para los cánones de la época.

Mariana por Diego Velázquez, 1656.
Aun así, el matrimonio siguió para adelante, y la jovencísima Mariana tuvo hasta cinco nuevos hijos con el monarca, pero de nuevo, sólo dos lograron llegar a la vida adulta: Margarita, esposa del emperador alemán Leopoldo I, que murió con tan sólo 21 años; y el pobre Carlos II "El Hechizado", cuya muerte sin herederos llevó al declive definitivo de la monarquía Hispánica, con la sangrienta guerra de Sucesión, el fin del reinado en nuestras tierras de la casa de Austria, y la instauración de los Borbones en nuestra corona.


Su confidente, la mística monja Sor María de Ágreda


Todos estos golpes, tanto políticos como personales, sufridos en el tramo final de su vida, hicieron que el monarca buscase ayuda divina. Por lo que sabedor de su inmoralidad aprovechó un viaje a Cataluña para encontrarse con una religiosa de prestigiosa fama que intercediese ante el Altísimo en su nombre. El nombre de esta mujer era Sor María de Ágreda, y rápidamente se convirtió en la más fiel y sincera consejera que jamás tuvo el monarca, manteniendo una intensa relación epistolar durante más de 20 años, y en la que no sólo le aconsejó sobre temas espirituales, sino también, y con un acertadísimo sentido de estado, sobre temas políticos.

Retrato de Sor María de Ágreda.


Esta correspondencia es el mejor retrato psicológico que tenemos del rey, y buceando en ella, podemos entender la desazón interna que sufría el rey ante la pérdida continúa de territorios y prestigio de su Reino, y la profunda depresión que cayó ante los dramas familiares que le golpearon.

El monarca achacaba todos estos males a un castigo divino por sus continuos pecados, ya que creía que Dios le había abandonado por su vida libertina. 


No dudó en pedirle consejo a la monja sobre como vencer al demonio que le poseía: "Soy tan frágil –le escribía, desolado– que nunca saldré de los embarazos del pecado".

Y a pesar de las oraciones, consejos y advertencias de Sor María, Felipe fue incapaz de abandonar su conducta libidinosa, provocando que la monja se quejase amargamente que incluso en plena crisis política, con los levantamientos de Portugal, Cataluña e Italia, el rey hubiese instalado en Palacio a una actriz de sospechosa moralidad pública.


Conclusión


Finalmente, Felipe IV falleció en el año de 1665 a la edad de 60 años. Y aunque durante muchos años la historia le retrató como un hombre despreocupado por los asuntos de gobierno y dedicado a una vida de vicios y placeres, dejando su gobierno en manos de los famosos validos; en los últimos años la historiografía ha modificado esta visión del monarca, que aunque es cierto que hasta su muerte fue incapaz de controlar su insaciable apetito sexual, sí que fue un soberano preocupado por su reino y atento a todos los asuntos de Estado.

Último retrato de Felipe IV, donde se aprecia un cansancio notable.
Velázquez. 1656.
National Gallery de Londres.

Lógicamente el declive del imperio español hay que buscarlo en muchos más factores que la vida personal de un monarca. Un vida marcada por su irrefrenable conducta lujuriosa y su mala suerte en lo personal, lo que acarreó, en una persona fervientemente católica como era, un sentimiento de culpa y amargura que le acompañó hasta sus últimos días.

Tal vez, un sentimiento de culpa que sólo era capaz de olvidar cuando iniciaba una nueva conquista amorosa, y es que en el pecado siempre llevó la penitencia.



Bibliografía:

- Deleito y Piñuela, J.;  “La mala vida en la España de Felipe IV”.  Madrid. Alianza. 2005.

- Deleito y Piñiela, J.; "El rey se divierte". Madrid. Alianza. 2006

- Silvela Cantos, R.; “Felipe IV: el rey galán”. Barcelona.  GRM. 2004.

- Álvarez Lobato, P. y Álvarez San Miguel, C.; Felipe IV, el sexo y su época en "Sexualidad, psiquiatría y biografía". Editorial Glosa. 2007.


[En Internet]



Revista Historia y Vida: http://www.lavanguardia.com/historiayvida/la-vida-sexual-del-rey-felipe-iv_11663_102.html

http://www.abc.es/espana/20150210/abci-felipe-adiccion-sexo-201502091748.html

http://xsierrav.blogspot.com.es/2015/10/felipe-iv-adicto-al-sexo-y-sifilitico.html



viernes, 1 de junio de 2018

El escándalo sexual de Felipe IV con una monja

Felipe IV podría pasar a la historia bajo las palabras del historiador alemán Pfandle: "Un Hércules para el placer y un impotente para el gobierno", y es que, este monarca no sólo tenía fama de promiscuo, como otros muchos reyes, sino de ser un auténtico adicto al sexo. Por su cama pasaron todo tipo de mujeres, de toda clase y condición, y como buena muestra de ello están los más de 40 hijos bastardos que dejó.

Estábamos preparando una entrada sobre su azarosa vida sexual pero, como podéis imaginar, circulan tantas anécdotas sobre los devaneos amorosos de Felipe IV, y hay historias tan jugosas, que merecen un post aparte; como la que nos trae aquí; quizá, la más escandalosa, la que tuvo lugar en el recién fundado convento madrileño de San Plácido.

Cuentan las crónicas que el convento de San Plácido, situado en el barrio de Malasaña, fue testigo del insaciable apetito sexual de Felipe IV, que protagonizó un escandaloso hecho al intentar conquistar a una monja llamada Margarita de la Cruz.


Según se relata en un manuscrito anónimo el fundador del convento, un tal Jerónimo de Villanueva, protegido del Conde-Duque de Olivares, y buen conocedor de los gustos del monarca, informó a ambos de la presencia de una novicia de extraordinaria belleza de nombre Margarita de la Cruz.

Retrato de Felipe IV, por Diego Velázquez.

El rey, ávido de nuevas conquistas, no dudó en utilizar todos sus recursos para lograr colarse en secreto en el convento, utilizando para ello un pasadizo oculto que conectaba la casa de don Jerónimo con la carbonera del convento, y comprobar con sus propios ojos si eran reales las afirmaciones sobre su belleza. Y en efecto, la hermosura de Margarita era tal que el rey cayó rendidamente enamorado de esta mujer. Por lo que, tras unas primeras visitas de cortesía, el ardor del monarca le hizo solicitar a su nueva conquista sus primeros favores sexuales.

La pobre monja, asustada por el gravísimo pecado que estaba a punto de cometer, confesó los planes de su majestad a la priora Teresa del Valle, que planeó una estrategia para intentar frenar la libido incontrolable de Felipe IV.


Catafalco.
Así, llegado el día donde el monarca esperaba culminar su nueva conquista entró por el monasterio a través de la entrada secreta y cuando accedió a la celda se encontró una puesta en escena perfecta para hacer caer la pasión a cualquier buen cristiano. La monja estaba tendida sobre un improvisado catafalco (sepulcro cubierto con una tela negra) con la habitación repleta de flores e iluminada por cirios para que se viesen bien el crucifijo que sostenía, la falsa muerta, entre sus manos.

Como se pueden imaginar, este falso velatorio cumplió a la perfección su cometido y conmocionó a su muy católica majestad, que creía muerta a su prometedora amante. Pero pronto llegaron a oídos del monarca que todo había sido una treta de la abadesa, por lo que, como buen cazador, esto le espoleó aún más sus ganas de conseguir su ansiado "trofeo" y siguió con insistencia reclamando una visita a solas con Sor Margarita.

El asunto empezó a ser tan escandaloso que la propia Inquisición tuvo que intervenir.


Conde-Duque de Olivares, la persona más poderosa del mundo en su época.

 

Con la Iglesia hemos topado...


Fue el propio confesor personal de Felipe IV, el Inquisidor General Antonio de Sotomayor, quién inició el proceso para frenar definitivamente este sacrilegio. Como las figuras del Rey y de Olivares eran intocables, el proceso se centró contra el menos poderosos de todos los cómplices, el desdichado de Jerónimo de Villanueva, que acabó con sus huesos en la cárcel inquisitorial de Toledo el 30 de agosto de 1644. 

Para comprobar el poder que tenía el Santo Oficio, comentar que a pesar de ser amigo personal del Rey y del todopoderoso Conde-Duque, estuvo en la cárcel durante más de dos años, y sólo gracias a estos contactos pudo conseguir la absolución, pero pagando un alto coste: ya que no podía volver a pisar el convento de San Plácido, ni ponerse en contacto con sus monjas, también le impusieron una multa de 2.000 ducados, y lo peor de todo, tuvo que abandonar la Corte y pasar sus últimos días en la ciudad de Zaragoza.

Con la Iglesia hemos topado.

El asunto estaba siendo tan molesto para la Corona, que dicen las malas lenguas, que el mismísimo Conde-Duque de Olivares se presentó ante el inquisidor general que estaba instruyendo el caso y le espetó que tenía en sus manos dos decretos reales: Uno de los decretos era su renuncia al cargo y un retiro de oro a su ciudad natal con una abundante renta. El otro decreto era una orden de destierro en el plazo de 24 horas. No hace falta añadir que el inquisidor vivió el resto de sus días muy feliz en su Córdoba natal.

¿Por qué acabó una obra de arte del calibre del Cristo crucificado de Velázquez en este sencillo convento?


 A pecado nuevo, penitencia nueva.



Cristo crucificado, de Velázquez.
Aunque existe otra versión más plausible de lo que sucedió después del hecho del falso velatorio, y ahora vendría bien preguntarse ¿cómo es posible que en convento recién fundado tuviese obras de arte como un Niño Jesús de Montañés, un Cristo Yacente de Gregorio Hernández, un cuadro de 'La Anunciación' de Claudio Coello en su altar mayor o el mismísimo Cristo crucificado de Velázquez?

En esta otra versión se cuenta que el monarca se quedó bastante traumatizado al ver a la pobre monja tendida sobre el féretro, ¡¡hasta ese punto tuvo que llegar para escapar de sus insaciables apetitos sexuales!!, por lo que el rey arrastró enormes remordimientos de conciencia durante toda su vida. Recordar que, Felipe IV, fue un ferviente católico, por lo que no tendría que ser fácil vivir consigo mismo y sus continuos arrebatos amorosos.

Eran tan grande la culpa que sentía por todo lo acontecido que, para limpiar su conciencia, realizó importantes regalos a la congregación, el más sonado fue el incunable cuadro de Velázquez.

Pero según un manuscrito anónimo del finales del siglo XVII, titulado 'Relación de todo lo suzedido en el casso del Convento de la Encarnazión Benita' se nos narra que el monarca también incluyó otro regalo. Un fabuloso reloj que en los cuartos tocaba difuntos, en recuerdo del lúgubre episodio que había ocurrido en el interior del convento, y que así siguió sonando hasta la muerte de la pobre Sor María.

Una de espías...


La Anunciación de Claudio Coello
Y por si esta historia fuera poco rocambolesca, aún guarda una sorprendente historia de espías...  El Papa, Urbano VIII, interesado siempre en guardar documentos comprometedores pidió que le enviaran una copia del proceso abierto por la Inquisición. Por lo que el Consejo de la Inquisición envió a su notario, Alfonso de Paredes, a Roma con una valija diplomática con toda la documentación.

Olivares trató de borrar todo rastro de este proceso, y por supuesto, evitar que ese informe llegase a manos del Papa, pero el mensajero ya había partido hacia el Vaticano, por lo que movilizó a toda su red de espionaje y embajadores españoles de Nápoles, Sicilia, Génova y Roma para que atrapasen al molesto mensajero e interceptasen los informes, se cuenta que incluso mandó un retrato robot del tal Alfonso de Paredes.

Los servicios secretos españoles, que por aquel entonces eran los mejores del mundo, lograron prender al mensajero antes que llegase a Roma, y la arquilla sellada fue devuelta a Madrid intacta, vía Nápoles. El Conde-Duque nada más recibir ese peligroso informe lo quemó en la chimenea de la cámara real, en presencia del mismo rey.

Como recomendación final os invitamos a visitar la iglesia y el convento de San Plácido, situadas en el populoso barrio madrileño de Malasaña. 


El convento ha sido restaurado hace pocos años, y en él aún vive una comunidad de monjas, por lo que si solicitáis hora seguramente os puedan hacer una visita guiada por el edificio, y contaros éste, y otros muchos secretos que guarda el convento.

Convento de San Plácido. Madrid.


Bibliografía



Huerta MAC. El convento de San Plácido: Historia, arte y leyenda en el corazón de Madrid. La librería; 2003. 95 p.

Puyol Buil, Carlos (1993). Inquisición y política en el reinado de Felipe IV. Los procesos de Jerónimo de Villanueva y las monjas de San Plácido, 1628-1660. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

https://www.somosmalasana.com/conociendo-san-placido-unos-muros-con-historia-y-leyenda/

 https://bayucablog.wordpress.com/2011/04/15/felipe-iv-el-pasmado/



viernes, 25 de mayo de 2018

Los Alumbrados Extremeños: Sexo, lujuria y espiritualidad en el siglo XVI


En la entrada de esta semana os vamos a presentar a los Alumbrados, un movimiento religioso herético que se desarrolló a principios del siglo XVI en pequeñas ciudades de Castilla, y que rápidamente se extendió a amplias zonas de Andalucía y Extremadura. Y aunque al principio se tuvo por un movimiento aislado, su rápida extensión y sus doctrinas, con ciertas semejanzas a las del protestantismo, hizo que la Inquisición interviniese con mano de hierro.

Este tipo de movimiento religiosos reformistas, solían basarse en una interpretación personal de las Sagradas Escrituras, obviando en muchos casos los tratados teológicos "oficiales" de los padres de la Iglesia.


Por lo que eran considerados un peligro por parte de la Iglesia oficial, ya que eran fuente de peligrosas desviaciones teológicas, al rechazar  numerosos dogmas oficiales de la Iglesia de Roma

The Covenanters' Preaching, pintura de George Harvey

Estos movimientos fueron bastante frecuentes a lo largo de la historia, aunque fue en esta época de finales de la Baja Edad Media y principios de la Edad Moderna, cuando eclosionaron por toda Europa, surgiendo grupos de toda clase y condición, desde aquellos que predicaban la pobreza más absoluta, a otros que no dudaron en formar comunidades al más estilo "hippie", donde se fusionaban la religión y el amor libre.

Y aunque normalmente la Iglesia acusaba a estos movimientos herejes de todo tipo de injurias y delitos, poniendo especial hincapié en los terribles delitos sexuales que cometían una u otra secta. Como mejor ejemplo de todo ello podéis ver nuestro post dedicado a sectas cristianas acusadas de organizar orgías durante la Edad Media.


LOS ALUMBRADOS


Estos grupos religiosos surgieron al reunirse pequeños grupos de laicos (conventículos) que leían y estudiaban la Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, y daban una interpretación personal de las escrituras, obviando los tratados teológicos de los padres de la Iglesia.

Los alumbrados predicaban la completa pasividad, el abandono, el "dejarse al amor de Dios", por lo que a su personalísima interpretación de la Biblia había que sumar la extravagancia de algunos de sus líderes que animaban a sus fieles a adoptar ciertas actitudes morales aberrantes.

Pensaba que el amor de Dios era tan grande que no hacía falta cumplir las rigurosas y tediosas reglas externas que imponía la Iglesia Católica, por lo que rechazaban sus ritos y ceremonias, sus sacramentos, la reverencia a las imágenes, la penitencia, ... En definitiva, no había que temer el castigo de Dios a ciertas actitudes porque Dios era todo amor.


 

Este tipo de doctrina daba alas a saltarse, y con mucha facilidad, los estrictos dogmas sexuales y morales impuestos por la Iglesia. 


Algunos de estos movimientos iluministas de la Edad Media, así como algunos de los alumbrados españoles, aducían que sus almas habían alcanzado la perfección absoluta, por lo que eran incapaces de pecar, por lo que promovieron una escandalosa promiscuidad sexual:

"Nada en las obras de un hombre se debe a él. El que reconoce que Dios hace en él todas las cosas no peca, pues no debe atribuirse a si mismo sino a Dios lo que hace. Uno puede estar unido con Dios de tal forma que haga lo que haga no puede pecar".


Maqueta del Auto de Fe celebrado en Llerena en 1579.
Museo de Historia de Llerena.

Normalmente estos grupos estaban dirigidos por un confesor que se rodeaban de un círculo de mujeres, aunque no faltaron grupos de alumbrados dirigidos por beatas. Estos párrocos aprovechaban su posición para cometer delitos de solicitación, aunque como ya vimos en este post, este delito estuvo muy extendido en todo el cuerpo de la Iglesia.

Así conocemos el caso del licenciado Jorge Belmar que durante el acto de confesión "alzaba las faldas a las muchachas, las enseñaba sus partes vergonzosas, metía manos en sus pechos, ..., con el pretexto de asegurarlas que en realidad era Nuestro Señor quien las tocaba".

Detalle del 'Éxtasis de Santa Teresa',
de Bernini, Roma.
Otras de las excusas esgrimidas por estos alumbrados para promover la promiscuidad sexual era proclamar que el nuevo Mesías nacería del fruto de una relación entre el clérigo de turno y alguna de sus doncellas.

También estaban aquellos que veían el placer como un don de Dios, y que a través del goce carnal era más fácil que el espíritu alcanzase la divinidad. Esta idea, más que una excusa barata para tener sexo, esconde en realidad una corriente filosófica que puede verse en numerosas religiones, donde la espiritualidad, el goce y la pasión están íntimamente relacionados, como algunas corrientes sufistas dentro del Islam o si quieren algo más palpable, los mismísimos poemas de Santa Teresa de Jesús, que muchos han querido ver como una descripción perfecta del orgasmo.


Expansión del movimiento de los Alumbrados

Muchos autores han querido justificar el éxito de este tipo de movimientos esgrimiendo toda clase de argumentos: desde la escasez de varones por la alta emigración al Nuevo Mundo a la represión sexual a la que estaba sometida la mujer. Aunque la casusa más probable seguramente se debiese al excesivo número de clérigos sin ningún tipo de formación, ni tan siquiera vocación, que aprovechando su posición de poder, en especial en estas comunidades rurales, no dudaron en calmar sus apetitos sexuales.


Persecución contra los Alumbrados


Estos alumbrados en un principio no despertaron demasiado interés a los tribunales de la Inquisición, ya tenían bastante trabajo persiguiendo a otros herejes, judíos, sodomitas,....

Fue la incansable labor de un fraile extremeño, de nombre Alonso de la Fuente, quién alertado por los ritos y blasfemias de estos grupos, denunció, una y otra vez, a sus integrantes ante los tribunales de la Inquisición. 


Juan de Ribera, de
Luis de Morales
Como en un principio estos grupos de alumbrados contaban con el favor de Juan de Ribera, obispo de Badajoz, las quejas de Fray Alonso fueron vanas. Pero él no cesó en su empeño de demostrar el peligro de esta herejía, por lo que aprovechó un viaje que le llevó a las cercanías de Madrid para trasladar una serie de informes y memorias al propio Felipe II, donde denunciaba el comportamiento inmoral de estos Alumbrados y de paso aprovechaba para arremeter contra el obispo de Badajoz, de quien decía que:

"...en muy breve tiempo fue convertido a la opinión de los Alumbrados, y le hicieron tan de su mano que, fiándose enteramente de ellos, les cometía todo el gobierno de sus iglesias haciéndoles grandes favores."  

Aquí os dejamos con el extracto de uno de esos memoriales enviados a Felipe II, fechado en diciembre de 1575, donde denunciaba el comportamiento libidinoso de esa secta, aunque más parece el testimonio fruto de su calenturienta imaginación:

“Se aprovechan de la magia para alcanzar las mujeres y aprovecharse de sus cuerpos, para el cual efecto les ayuda el demonio grandemente, el cual viene a las mujeres y las enciende terriblemente en deseos de carne con tan grande opresión, que las hace ir rabiando a sus maestros a pedir la medicina de aquellas grandes tentaciones porque ninguna otra persona puede remediarlas. Y los dichos maestros aplican el remedio natural tratando con las tentadas deshonestamente, y dándoles a entender que no es pecado, porque aquellas obras carnales llaman regalos de gente espiritual, y que haciendo aquellas cosas con necesidad espiritual no es ofensa de Dios”.
 - Memorial que fray Alonso remitió a Felipe II.


Se puede decir que su afán perseguidor de Alumbrados fue una obsesión que le acompañó toda su vida, yendo de pueblo en pueblo, advirtendo sobre los peligros de esta secta y denunciando a toda persona sospechosa de iluminismo, hecho que le acarreó granjearse numerosas enemistades. Incluso, no dudó en acusar de alumbrados a los más ilustres representantes de la mística española como a Teresa de Jesús, Juan de Rivera y Juan de Ávila.

Aunque su enfermiza insistencia dio sus frutos, y finalmente la Inquisición se puso manos a la obra, reveló de su cargo a los antiguos inquisidores del Tribunal de Llerena que no habían escuchado las denuncias de Fray Alonso y organizó unos espectaculares autos de fe que acabaron para siempre con este movimiento.

La fecha del más famoso de todos ellos fue el 14 de Junio de 1579, en la población extremeña de Llerena, donde se asentaba uno de los tribunales inquisitoriales.



En la plaza se montó: Un tablado donde se llevó a cabo la ceremonia, un palco para los asistentes de alto rango, tribunas para reos y balcones engalanados.

Los Autos de Fe


Recordar que los Autos de fe eran un espectáculo sin igual, en una época donde no había mucha diversión estos juicios públicos eran un gran reclamo para la población, como bien atestiguan los informes de la época.

Pero este auto superaba a casi todos los de la época, no sólo por el gran número de sentenciados, más de 50 personas, sino porque muchos de ellos eran alumbrados o iluminados, por lo que este auto de fe atrajo a curiosos de todos los rincones del reino.

La Cruz verde y el estandarte de la Inquisición se colocaron en un lugar privilegiado.

La ciudad se engalanó para recibir a tantos visitantes, viéndose sobrepasada a la hora de acoger a tantos vecinos llegados de diversas regiones del reino, ya que la afluencia de forasteros desbordó la capacidad de mesones y fondas de las poblaciones cercanas. Incluso tuvo que desatender a numerosos compromisos, ya que los palcos de honor, muy solicitados en este tipo de espectáculos, estaban otorgados a personajes principales de la sociedad.

Como anécdota, que ilustra el éxito de convocatoria que tuvo este Auto de Fe, explicar que la ciudad permitió los días y noches previos al juicio público, la celebración de fiestas y reuniones nocturnas, donde no faltaron pucheros y calderetas regados con abundante vino. Fiestas y romerías nocturnas que se habían prohibido los años anteriores porque precisamente ¡¡eran habituales entre los alumbradistas!!

El día del auto la plaza de Llerena está abarrotada y es que el Auto de Fe prometía un espectáculo sin igual, ya que durante todo el día desfilarían reos y condenados de toda clase y condición, expuestos a la vergüenza y escarnio público, para regocijo del público allí concentrado.


Por lo que tras la misa y el largo sermón de inicio fueron apareciendo los penitenciados, primero aquellos acusados de diversos delitos contra la fe, como la blasfemia u actos contra la ortodoxia cristiana. Todos se vieron obligados a abjurar en público sus pecados, es decir, reconocerlos y arrepentirse públicamente de ellos. Algunos también se vieron sometidos a tandas de azotes, y los casos más graves iban acompañados de condenas de destierro o multas si el personaje era rico.

Los reos vestidos con el san benito y escoltados por soldados y sacerdotes en la tribuna.
Tras un descanso para comer y coger fuerzas hicieron entrada un grupo de reos acusados de poligamia, delito más grave y acompañado casi siempre de azotes y destierros temporales. Hasta que finalmente, y para última hora de la tarde aparecieron los alumbrados, el plato fuerte del día. La mayor parte de ellos fueron sometidos a tormento, es decir, torturas, y condenados a varios años de galeote, una de las peores condenas que te podían caer en aquella época.

Tras estos ejemplarizantes juicios, el fenómeno de los Alumbrados desapareció, quedando para la historia sus leyendas e historias repletas de pasión carnal, lujuria y sexo desenfrenado.


Extractos del Auto de Fe de Llerena de 1575:


Para finalizar traemos algunos de los extractos de la relación de delitos que fueron leídos públicamente durante el Auto de Fe celebrado en Llerena en el año de 1575, ya que resumen a la perfección los principales delitos a los que fueron acusados estos Alumbrados:

"1. Los alumbrados de Estremadura eran clerigos sacerdotes y algunos predicadores, no tenian beneficio ni renta sino lo que les daban las mugeres con quien trataban, trayan por officio yr por los pueblos enseñando su doctrina a moças donçellas diciendo que las biejas eran duras para recibirla.

2. Mandaban a todas se confesassen con ellos generalmente diciendo que era necesaria la confesion general.
3. Procuran por todas vias que estas mugeres siendo solteras no se casen ni entren monjas sino que se hagan beatas diciendo ser mejor estado.

8. (...)Hay algunas beatas destas que haziendo esta oración y contemplación ven vanas visiones, oyen ruidos y voçes, reciben grandes miedos y temores, no pueden ver imagenes, ir a la iglesia, oir sermones, ni cosas de devoción, diciendo que están tan llenas de Dios que no les cabe mas, les parece que Christo en quien están contemplando les aparece en figura de hombre y con el vienen a tener grandes tentaciones de carne y realmente les parece que pasan con el tocamientos deshonestos hasta tener polluciones.

A esto dan también ocasión lo que sus maestros les enseñan, que lo contemplen hecho hombre y se ajusten con él poniendo boca con boca y los demás miembros y le digan palabras regaladas y amorosas, como carne de mi carne, hueso de mis huesos, y mirando al crucifixo de bulto aunque sea en la yglesia les parece que ven que el mismo crucifixo las convida a deshonestidades lebantando sus verguenzas por debajo del paño (...).

10. Estas mugeres, luego que se confiesan con ellos, les cobran una afición estraña que se pierden por ellos y les vienen grandes tentaciones de carne con ellos, y estando con aquellas bascas y rabias, les han a buscar, y ellos las besan y abraçan, y meten las manos en los pechos, y sobre el coraçón dándoles a entender y diciendo que aquellos tocamientos no son pecado, que los haçen por alegrarlas, consolarlas y ayudarlas, para que puedan llevar aquellos sentimientos, con lo qual ellas sienten grande alibio y consuelo para aplacar aquellas rabias. 

Y diçen algunos que hacen aquello, contra su voluntad, solo por mortificarse, que no sienten deseo carnal ni deleite, y algunos pasan adelante en estos tocamientos metiéndoles la lengua en la boca y tocándoles en las partes vergonçosas y echándose en la cama desnudos con ellas.

11. Entre ellos y ellas pasa otro sentimiento estraño que andando con aquellos ardores y fuegos que algunas veces llega a tanto que (..) si se llegan los unos a los otros se encienden y ponen fuego (...) y otras veçes con deseo de tener aquel encendimiento (que dicen es devoción) y comunicación se vienen a llegar una muger con otra desnudas en la cama en tanta manera que se abraçan y besan y meten la lengua en la boca y juntando las partes vergongosas vienen a tener pollución."
- Relación de las proposiciones de los alumbrados de Llerena que se castigaron
el año 1575



Si los acusados habían fallecido en las cárceles durante la fase de interrogatorios se colocaba una efigie en su representación con un rótulo con su nombre y el delito cometido.

Conclusión


Como conclusión, recoger las reflexiones de Manuel Maldonado que realiza en su blog sobre la Historia de Llerena donde nos relata que a pesar de la fama de este Auto de Fe, todo ello se trató más bien de un montaje impulsado por el Santo Tribunal desde Madrid, un acto de propaganda, una demostración de poder de la Inquisición, un aviso a navegantes ante cualquier desviación de la doctrina oficial de la Iglesia.

Por ello, no nos puede extrañar que en un principio el Obispo de Badajoz e incluso el Tribunal de Llerena hiciesen oídos sordos a las continuas denuncias de Fray Alonso. Por lo que a pesar de la fama que adquirió la secta de los Alumbrados, no puede asegurarse su existencia histórica como un grupo organizado, sino más bien fueron un grupo de sacerdotes que "soportaban mal las exigencias del celibato y la castidad clerical", por lo que aprovecharon una particular interpretación de las escrituras para arrimar el ascua a su sardina.

Pero ante la tensa situación que se vivía en Europa por la reforma protestante, que precisamente permitía romper con la castidad clerical, el Santo Oficio decidió cortar por lo sano cualquier atisbo de reformismo, y a través de este auto ejemplarizante poner sobre aviso a cualquier otro párroco o sacerdote dispuesto a tomarse con ligereza los mandamientos morales de la Iglesia.


Bibliografía

[En Internet]

Manuel Maldonado, 'Llerena y los alumbrados' en
http://manuelmaldonadofernandez3.blogspot.com.es/2009/02/llerena-y-los-alumbrados.html

 Israel J. Espino en 'La depravada secta de los alumbrados' en
http://www.extremaduramisteriosa.com/la-depravada-secta-de-los-alumbrados y
http://blogs.hoy.es/extremadurasecreta/2016/11/07/los-alumbrados-sexo-hostias-y-posesion/

 [Obras]

Huerga, Á.; Historia de los alumbrados (1570-1630), Fundación Universitaria Española, 1994.

Santoja, P.; Las doctrinas de los alumbrados españoles y sus posibles fuentes medievales, DICENDA. CUadernos de Filología Hispánica, 2000, 18, 353-392.

Sánchez Ortega, Mª.H.; La mujer y la sexualidad en el Antiguo Régimen, Akal, 1992.