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miércoles, 19 de julio de 2023

Historia de los azotes II: Cuando los doctores recetaban latigazos

 Historias de los Azotes:
- Historia de los Azotes I: Los azotes en la historia
- Historia de los Azotes II: Los usos médicos de los azotes
- Historia de los Azotes III: El vicio inglés

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Como hemos podido ver en esta historia de los azotes, el uso de los azotes y la flagelación no sólo tuvo un uso punitivo o de castigo que derivó en muchos casos en parafilias sexuales de carácter sadomasoquista, sino también en algunos casos un componente ritual, casi orgiástico, y en muchos casos también tuvo un uso médico...

Una idea, la de la flagelación para curar determinados males, que pervivió largo tiempo, extendiéndose durante el nacimiento de la medicina moderna.

Ya que, en pleno Siglo de las Luces, aparecerán diversos tratados médicos, de distinguidos y reputados doctores, describiendo como los azotes podían curar diversas enfermedades del cuerpo y la mente, entre ellos, mejorar la virilidad sexual.

Incluso algunos de los manuales clásicos de medicina que estuvieron en nuestras universidades en el siglo pasado tenían pasajes dedicados al uso del látigo o la fusta como elemento curativo para determinadas dolencias, como el "Tratado de Terapéutica y de Farmacología" del catedrático Eduard Soulier.

 

 MEIBOMIUS (1590-1655) Y EL "DE USU FLAGRORUM"

Uno de estos primeros tratados fue el "Tractatus de usu flagrorum in re medica & veneria, et lumborum renumque officio" publicado en 1629  por el médico y profesor de medicina alemán Johann Heinrich Meibom. En este tratado se hablaba de los efectos médicos y erógenos de la flagelación, describiendo como los azotes mejoraban la virilidad sexual. 

Y es que en siglo XVII se creía que los riñones desempeñaban un papel fundamental en la función sexual, por lo que azotar zonas cercanas a los riñones aumentaba el flujo de sangre en los riñones y éstos a la vez producían más esperma.

 

Frontispicio de la edición de 1718 de
Tratado sobre el uso de la flagelación en asuntos venéreos

 

Como buen científico acompañó toda esta teoría con innumerables ejemplos sacados de textos bíblicos, científicos e incluso literarios, especialmente extraídos de textos clásicos:

De esta forma, tomando de referencia a los romanos y su famoso festival de la fertilidad de las Lupercales también escribía sobre el beneficio para la concepción y la fertilidad que los azotes podían producir en las mujeres, ya que la circulación sanguínea se incrementaba en la zona donde se recibían los golpes, por lo que la sangre fluía hacía el útero aumento el deseo sexual y facilitando la concepción.

Los discípulos de Asclepíades, el famoso médico de la época de Augusto, ya escribieron que la mejor manera de devolver a los maníacos el sentido común era una buena sesión de latigazos.  Séneca afirmaba que la flagelación curaba las fiebres cuartanas, al dividir, por medio del calor, los humores acres, espesos y negros que las causaban; Galeno fue testigo de cómo los comerciantes de esclavos, antes de sacarlos al mercado, les propinaban azotes, para hacerlos parecer más sanos y sonrosados. Celio Aureliano, médico romano del siglo V, aseguraba que algunos males del amor sólo podían curarse a base de flagelaciones.

Lupercalia, por Andrea Camassei (ca. 1635).
Madrid, Museo del Prado.
 
Vemos como esta tradición de los azotes siguió vigente muchos siglos después. Así tenemos a Valescus de Taranta (1382-1417) que en su obra "Philonium" aconsejaba fustigar las nalgas con varas espinosas de un arbusto para curar el mal de amor de los hombres.

Un dato curioso que recoge Meibom es el testimonio de su colega de profesión Tomasso Campanella que le explicó el caso del príncipe de Venosa, que afectado por problemas de estreñimiento encontró la solución en ser fustigado por un criado de confianza antes de ir al servicio. 

Muy interesante es el apunte que hace Meibom al reflexionar sobre las ventajas de la flagelación en determinadas personas ya que pretendía "entender a esas personas que no pueden disfrutar de los placeres del amor si no son aguijoneadas con el látigo", es decir, 

Aquí nos habla, no de personas que acuden a la flagelación para aumentar la libido o el vigor sexual, sino de un primer testimonio claro de sadomasoquismo, personas que sólo se excitaban cuando eran azotadas.

Otro caso claro de tendencias sadomasoquistas lo recoge de la obra de Giovanni Pico de la Mirándola (1463-1494) "Adversus astrologiam divinatricem" donde explica: “conozco un hombre, que vive en este tiempo, cuya sexualidad no tiene parangón. No puede tener relaciones con una mujer, por violento que sea su deseo, si antes no ha sido fustigado [...] Este desgraciado reclama tal servicio, con las más lastimeras súplicas, a la mujer, vestida, con la que quiere acostarse, ofreciéndole él mismo las fustas que desde la noche anterior ha tenido metidas en vinagre, pidiéndole de rodillas el favor insigne de que le haga trizas la piel.".

 

FLAGELLUM SALUTIS

El otro gran tratado sobre los beneficios de los azotes es el "Flagellum Salutis" (El látigo de la curación) escrito por el reputado médico alemán Christian Franz Paullini (1643-1712), y publicado por primera vez en 1698.

En este tratado se habla de las propiedades curativas de los azotes para múltiples males y trastornos como la melancolía, la parálisis, el dolor de muelas, el sonambulismo, la sordera, el hipo, la rabia, y, ¡cómo no! la ninfomanía.

Portada del "Flagellum Salutis" de 1698

 

Paullini también dedicó un capítulo a estudiar la relación entre la flagelación y la excitación sexual, siguiendo la teoría de Meibom, venía a explicar como el aumento del flujo sanguíneo en los riñones por los azotes hacía que la sangre se calentase, fluyendo hacía los testículos provocando una mejor erección y una importante excitación sexual, tanto en hombres como en mujeres.

Estas teorías tuvieron bastante predicamento por toda Europa, por lo que se generalizó la idea que las personas con dificultades sexuales o muy frías, podían mediante azotes, despertar su libido e incrementar su excitación sexual.


SIGLO XVIII: LIBERTINOS FRANCESES Y SU AFICIÓN A LOS AZOTES

Estas ideas sobre los beneficios médicos de la fustigación se mantuvieron a lo largo del siglo XVIII, especialmente de manos de dos autores: el médico y militar francés Francois Doppet y el médico Mercier, que se dedicaron a copiar los trabajos anteriormente mencionados o a ampliarlos con sus filias personales.

Y hablamos de filias personales porque Mercier más que médico era un libertino... ya que ha sido más conocido por sus novelas eróticas como "Manual del tocador" o "Ensayos eróticos sobre las señoritas de Atenas" (1787) que por su labor de médico.

El médico y militar francés François Amédée Doppet publicó "Afrodisíacos externos o la trata de los azotes y sus efectos sobre la física del amor" (1788), un trabajo médico-filosófico que venía a confirmar los postulados anteriores sobre la eficacia de la flagelación a la hora de curar ciertos males como la impotencia y la baja libido sexual, y por esos mismos efectos, se debía eliminar los castigos corporales que implicasen azotes en las zonas de nalgas y muslos, así como las flagelaciones de carácter religiosas, ya que los límites entre la excitación sexual y el éxtasis místico podía quedar bastante difusos.

Portada del libro de Amédée Doppet
 

La influencia de la obra de Meibom siguió vigente en textos de diversa índole: desde los escritos periodísticos de Charles Virmaitre, autor que se sumergió en el ambiente nocturno y sórdido del Paris de los cabarets de finales del siglo XIX, escribiendo sobre prostitución, sexo, ocio nocturno, ... y un libro con el curioso título de "Los flagelantes y flagelados de París", donde a lo largo de sus cuatrocientas páginas describe con detalle cientos de conductas relacionadas con la esclavitud sexual consentida y solicitada.

Los flagelantes de París,
de Charles Virmaitre

Pero irremediablemente, con la modernización de la psicología y la medicina, la flagelación fue perdiendo su componente médico y "deslizándose, insensiblemente, hacia los terrenos de la degeneración sexual y la perversión". 

Una brecha que terminó por romperse con la exitosa publicación en 1870 de "La Venus de las pieles" de Leopold Von Sacher-Masoch, obra que nos relata, la excitación de un hombre poderoso al ser sometido, esclavizado y humillado por una mujer.

Tal fue la influencia de esta "Venus de las pieles, que el término Masoquista fue puesto en honor a su autor por el psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, que en su libro "Psychopatia Sexualis" (1886)  describió los azotes como una forma de perversión sexual y a los que no se les podía encontrar ningún método terapéutico.

Así, las terapias de azotes pasaron de ser recomendadas por reputados médicos en los siglos XVII y XVIII como formas de estimular el apetito sexual y la fecundidad, a ser consideradas a finales del XIX como perversiones sexuales que había que erradicar. 

Aunque ambas teorías coincidían en el componente erótico y excitante que podían albergar, como veremos en el siguiente capítulo de nuestra historia de los azotes: el vicio inglés.


 

Bibliografía:

 
Rojo Vega, A.; Moralistas, médicos y látigos,  Revista española de investigaciones quirúrgicas, ISSN 1139-8264, Vol. 16, Nº. 1, 2013, págs. 43-50

 Mengal, Paul; Melancolia erotica e histeria, Eidos: Revista de Filosofía de la Universidad del Norte, núm. 1, agosto, 2003, pp. 110-127, Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia

 Una terapia a latigazos en https://anikaentrelibros.com/blogs/alvaro-bermejo/2015/6/19/una-terapia-a-latigazos/


sábado, 19 de diciembre de 2015

Orgías en la Historia IV: Roma ¿mito o realidad?

 Orgías en la Historia:
- Introducción y Prehistoria
- Antiguo Egipto
- Grecia
- Roma
- Edad Contemporánea (en preparación)

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Orgías romanas ¿mito o realidad?

Si hacemos una encuesta a la gente y les preguntamos sobre sexo y Roma, seguramente la primera imagen que les venga a la mente sea la de unos romanos tumbados en sus triclinium, pegándose un festín con todo tipo de manjares, y vino, mucho vino, en un ambiente cada vez más desenfrenado que acabará en una gran orgía.

¿Mito....

Pues esta imagen, aunque muy difundida y sugerente, no representa la realidad histórica, ya que la cultura romana es su más de 1000 años de existencia estuvo regida por una estricta moral sexual, dirigida principalmente a proteger (y controlar) la virtud de las castas matronas romanas, y donde la mayor virtud de un ciudadano romano era la templanza y el autocontrol, por lo que dejarse arrastrar por las pasiones era visto como causa de degradación moral.

A estos conceptos generales podemos añadir otros tabúes como la homosexualidad pasiva, la felación, el cunnilingus y la homosexualidad femenina, que era tomada por uno de las aberraciones morales más espantosas. Incluso existía cierto pudor acerca de la desnudez en público, especialmente la femenina, ni las más atrevidas pinturas eróticas pompeyanas muestran a las prostitutas completamente desnudas.

Hay que recordar, que al contrario que en la cultura griega, los romanos no vieron con buenos ojos la desnudez pública del cuerpo masculino.


Escena de banquete en una casa de Pompeya

Por todo ello, parece muy improbable la existencia de orgías entre ciudadanos de igual extracción social, ya que sería considerado una auténtica infamia que una casta matrona romana mantuviese relaciones sexuales en público delante de otros hombres.

Tal vez la fama de los "eróticos" banquetes romanos es que fueron el lugar ideal donde las patricias romanas mostrasen todos sus encantos, era casi el único lugar donde podían flirtear con otros hombres, por lo que los banquetes serían el escenario ideal para miradas furtivas, coqueteos e intencionados roces, que podrían culminar en una pequeña aventura extramatrimonial.

Otro dato que apuntan los detractores de la existencia de orgías en la cultura romana es que los romanos canalizaron las actividades de sexo colectivo en fiestas relacionadas con cultos a la fertilidad, como las lupercales o las ludi floralis, donde a pesar de producirse en un ambiente festivo y de cierta relajación moral nunca trasgredían las barreras de la moral sexual imperante.

A todo estos argumentos podemos sumar que los principales testimonios de estas orgías provienen de autores cristianos, cuyo objetivo era mostrarnos la degeneración moral del paganismo frente a la virtuosidad del pensamiento cristiano, o historiadores romanos, que aunque contemporáneos, seguramente exagerasen los vicios de los emperadores, como metáfora de un régimen político corrupto y tiránico.

Si a eso sumamos la enorme cantidad de imágenes eróticas o sexualmente explícitas halladas en cualquier ciudad romana es fácil imaginar cómo esas pinturas o esculturas excitaron la mente de arqueólogos e historiadores, fomentando la perpetuación de muchos de estos mitos.


... o Realidad?



CONTRA SABELO

Los versos que me has leído, Sabelo, son de un estilo asaz elevado para las escenas de disolución que describes. Ni entre las prostitutas de Dídimo, no en los voluptuosos librillos de Elefántide, se hallaría cosa análoga. Pintas en tu obra nuevas posturas de amor, cual puede idearlas el libertino más desenfrenado: lo que hacen ocultamente los más avezados impúdicos; cómo se acoplan hasta cinco o más, formando una cadena , y por fin, cuanto la licencia imagina conforme se apagan las luces. Para tanto cinismo, no era precisa tanta elocuencia.
- Marcial, Epigramas (CLIV)

Pero tras la conquista de Grecia se produce una helenización de Roma, que al calor de nuevas corrientes filosóficas, como el epicureísmo, proporcionarán una nueva visión del hombre, rompiendo con los antiguos tabúes, produciéndose una progresiva liberación sexual, donde la mujer conquistará grandes cuotas de libertad y donde primarán nuevos valores como la pasión, la belleza o la idea de amor romántico.

Porque aunque la sociedad romana tuvo unas normas morales muy estrictas en la esfera pública, en la esfera privada el ciudadano romano gozó de gran libertad, por lo que pudo dar rienda suelta a los vicios o gustos más atrevidos.

Bacchanalia - Auguste Leveque (1890-1910)
Y es que concubinas, prostitutas, esclavos y otros individuos de baja condición social, al no ser considerados ciudadanos romanos, no estaban sometidos a las mismas estrictas reglas morales, por lo que si un ciudadano romano, lograse vencer sus propios convencionalismo sociales, podría montar una orgía con individuos pertenecientes a estas categorías sociales.

Es decir, un esclavo o esclava era considerado un objeto más, que debía total obediencia a su amo, por lo que podían disponer de ellos con total antojo, incluso para satisfacer sus deseos sexuales: existen infinidad de testimonios de esclavos utilizados no sólo como esclavos sexuales al servicio de su amo, sino también dispuestos a satisfacer a alguno de sus invitados, o incluso prostituirlos abiertamente como una forma más de aumentar las rentas de su señor.

Con todo esto, no sería nada raro que aquellos patricios más libertinos realizasen auténticas orgías en sus villas, incluso como regalo para algún ilustre invitado, contratando a prostitutas o sirviéndose de sus propios esclavas o esclavos. Sólo hay que revisar los ácidos Epigramas de Marcial para descubrir todo un mundo de sexo y lujuria, incluso insinuando la transgresión de numerosos tabúes sexuales, como la homosexualidad pasiva:

No soy un adivino: pero si le duele / el pájaro a tu pequeño esclavo
y a ti, Névalo, el culo, / me hace sospechar.

- Epigramas, Marcial.


¿Pero qué pasa con los famosos banquetes?

Fresco de la Casa de los Amantes castos, Pompeya.
Sin duda alguna la idea más difícil de desenterrar del imaginario colectivo es la creencia de que los famosos banquetes romanos acababan en desenfrenadas orgías, de sexo y lujuria descontrolada. Se puede afirmar sin ningún tipo de miedo de que esta creencia es falsa, o al menos de la inmensa mayoría de banquetes.

Los banquetes no dejaban de ser una reunión de amigos, un acto social para charlar y entretenerse, claro que muchos de estos banquetes se desarrollaban en un ambiente de cierta distensión sexual, y es que el placer erótico formaba parte de la cultura romana, ya que el sexo era visto como algo positivo, al no estar ligado a ninguna idea de pecado.

Pero entonces ¿había sexo o no había sexo? Una vez descartada la participación de las castas matronas romanas en cualquier tipo de orgía, sí que era posible que un invitado se retirase a la intimidad de un cuarto con alguna esclava o liberta que le hubiese atraído físicamente, o incluso con alguna meretriz traída al banquete para tales menesteres.

Tal vez la causa de la extensión de este mito fueron los banquetes exclusivamente masculinos, aquellas reuniones destinadas a 'correrse una buena juerga', lejos de las miradas censoras de sus mujeres, banquetes regados con buena cantidad de vino, y donde la presencia de cortesanas versadas en diversas artes como la poesía, la danza o la música erotizaban la velada...

Las miradas y las insinuaciones irían dando paso a caricias y besos, los poemas más líricos y hermosos se irían tornando en poemas y canciones burdas y subidas de tono, los bailes sensuales se convertirían en auténticos striptease, y finalmente cuando los efluvios de Baco impregnasen el corazón y las almas de esos hombres, las escenas de sexo también harían acto de presencia, por lo que, sí que es muy probable, que terminasen en auténticas orgías de sexo en grupo, donde cada hombre daba rienda suelta a sus pasiones, tal y como muestran algunas pinturas de Pompeya, Herculano y Stabia.

Viñeta con orgía del cómic 'Astérix en Helvecia'.

Las orgías imperiales

Pero si alguien ha dado fama a las orgías romanas fueron los excesos de la gran mayoría de sus emperadores, excesos que nunca sabremos si se deben más a la pluma excesiva de vengativos historiadores o responden a una realidad.

Y es que historiadores como Tácito o Suetonio, no dudaron en retratar a numerosos emperadores como tiranos y perversos sexuales, incluso a sus esposas e hijas (Mesalina, Claudia) a los que se les atribuyen la transgresión de todos las tabúes romanos: felaciones, incestos, sodomía, cunnilingus, travestismo y como no orgías!

Un poder ilimitado sumado a la crisis moral y de valores que vivía la sociedad romana en los primeros siglos del Imperio fue el caldo de cultivo ideal para que el sexo, la lujuria y la promiscuidad se extendiese a las capas más altas de la sociedad romana. Y tal vez, aquí se esconda, la realidad de las tan famosas orgías romanas, en el binomio poder y sexo, ya que es fácil rastrear a lo largo de la historia numerosos ejemplos donde aquellas personas que han acumulado poderes absolutos se han atrevido a satisfacer sus fantasías sexuales más atrevidas y salvajes.

'Romanos de la decadencia', Thomas Couture.


Así Tiberio, cansado del ejercicio del poder, pasó sus últimos años retirado en su fantástica villa de la isla de Capri, lejos de las ambiciones y las envidias de la ciudad eterna.  Aunque Suetonio nos dice que en su retiro se dedicó "a favor de la soledad y lejos de las miradas de Roma, entregose finalmente sin freno a todos los vicios que hasta entonces, y aunque torpemente, había disimulado"


Por lo que pronto empezaron a correr toda clase de rumores y chismes sobre lo que allí ocurría donde según cuentan tenía: "un grupo de muchachas, de jóvenes y de disolutos, inventores de placeres monstruosos (...) formaban allí entre sí una triple cadena, y entrelazados de este modo se prostituían en su presencia para despertar, por medio de este espectáculo, sus estragados deseos".

Villa Jovis en Capri
Aunque fue su sucesor, Calígula, el que se lleva el dudoso honor de ser el Emperador más depravado de todo el Imperio, desde el momento de su coronación no dejó de celebrar fastuosos banquetes donde comida, sexo, danza y música se entremezclaban sin pudor alguno. Según las diversas fuentes estas fiestas imperiales derivaban en orgías colectivas, donde se mezclaban patricios y esclavos, que bajo los efectos del alcohol y otras drogas, realizaban todo tipo de actos sexuales.

Según avanzaba su reinado, sus problemas mentales también fueron agravándose, por lo que sus excentricidades y comportamientos desquiciados se multiplicaron: tomaba a su antojo a las mujeres de sus invitados, mantuvo relaciones sexuales con sus hermanas, casándose con Drusila, su hermana  favorita, incluso llegó a nombrar cónsul a su caballo.

Ponemos como último testimonio a Mesalina, la joven esposa de Claudio que murió ejecutada a los 24 años por orden de su propio marido, harto de sus corruptelas, intrigas y escándalos sexuales de toda índole. Se la acusó de organizar orgías, de participar en ritos paganos donde el desenfreno sexual era la regla e incluso se prostituyó en los burdeles más sórdidos de Roma, volviendo de madrugada al Palacio Imperial. Conocida es la leyenda de su apuesta entre ella y la prostituta más conocida de la ciudad, Escila, para ver quién lograba satisfacer más hombres, concurso que ganó la emperatriz, dándole placer a diferentes hombres durante varias horas más.



Conclusión

En este primer viaje hacia la historia de las orgías podemos diferenciar dos períodos, un primer período donde estas orgías están marcada por su componente mágico, ritual; y un segundo período, donde el peso de la religión desaparece y simplemente estas prácticas de sexo en grupo pasan a practicarse por puro placer hedonista.

La segunda conclusión que queremos dejar reflejada es la dificultad para discernir cuánto hay de mito y cuanto de realidad en las famosas orgías romanas, ya que a pesar de contar con múltiples testimonios es difícil pensar que siglos de rígida moral sexual puedan borrarse de un plumazo.

Tal vez la mejor forma para analizar este enigma histórico sea hacer una pequeña comparación con nuestra realidad, ya que a pesar de que hoy en día vivimos en una sociedad cada vez más abierta respecto a todo lo relativo al sexo ¿cuántos de nosotros ha participado en una orgía? ¿realmente participarías?¿por qué la mayoría de la gente nunca ha practicado ninguna actividad de sexo grupal?

Y es que a pesar de que el peso de la moral sexual cristiana es cada vez menor, parece que sus casi dos mil años de presencia ha configurado en nuestro subconsciente colectivo ciertas prácticas sexuales como negativas, cuando no ciertamente como completamente amorales, por lo que imaginamos que algo similar sucedería en los corazones y mentes de los hombres romanos, marcados por cientos de años de una estricta moral sexual.

Aunque a la vista de los numerosos testimonios, tanto gráficos como escritos, parece absurdo negar una realidad, que aunque menos frecuente de lo que pensamos, tuvo que darse en ciertos ambientes de excesivo lujo y libertinaje moral.

Y es que todo parece remitirse a una cuestión más relacionada con el poder y el dinero que de determinada moral imperante de una época, sólo hay que ver los paralelismo entre Tiberio y el ex-presidente de Italia, Silvio Berlusconi implicado en varias tramas de prostitución y orgías, y que al igual que el emperador italiano, se hizo edificar una lujoso villa para sus 'fiestas privadas' en la isla de Córcega.


Bibliografía

Alberto Angela, Amor y sexo en la Antigua Roma, La esfera de los  libros, 2012

Jean-Noel, R.; Eros romano: sexo y moral en la Roma antigua, Ed. Complutense, 1999.

Grimal, P.; El amor en la Roma antigua, Paidós Ibérica, 2000.

http://www.galeon.com/culturaarcaica/orgiabaston.htm


domingo, 20 de julio de 2014

Festividades Sexuales Romanas: Las Lupercales

Índice de Capítulos:
1.- Cultos y festividades sexuales romanas:
     1.1.- El culto al falo en la antigua Roma
     1.2.- Las Bacanales
     1.3.- Las Lupercales
     1.4.- Las Floralia
     1.5.- Veneralia (próximamente)


Uno de los rituales de la antigua Roma con más carga sexual y cuya finalidad era la exaltación de la fertilidad, era la festividad de los Lupercales, que cada 15 de Febrero se realizaban en torno al monte Palatino.

Su nombre deriva de lupus (lobo), en referencia al Fauno Luperco, romanización del griego Pan, dios de los bosques, la agricultura y el pastoreo. Luperco era el dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina desenfrenada, dotado de una gran potencia y apetito sexual.

Significado de las Lupercales


En esta festividad se entroncan los mitos fundacionales de Roma así como con los ritos de purificación y preparación ante la estación de fertilidad que se avecina. Ya que el 15 de Febrero  marca el final del invierno y la proximidad de la primavera, por lo que es necesario celebrar ritos propiciatorios para obtener una buena cosecha.

Es decir, la Lupercalia es una fiesta de purificación colectiva, donde se usa la flagelación como símbolo para transmitir las energía fecundadora y la virilidad del macho cabrío, personificado en los jóvenes Lupercos, como portadores de una vitalidad relacionada con la naturaleza salvaje.

Reconstrucción del panel de las Lupercales del Ara Pacis.

Como curiosidad añadir que el origen del nombre del mes de Febrero está relacionado con esta festividad, ya que se baraja que su nombre viene o de las tiras de piel, denominadas Februa, utilizadas en este ritual, o de la deidad sabina Februo o del sobrenombre de Juno Februalis, la que purifica.

El ritual
Representación de unción durante el ritual.
El inicio de este ritual se da en la gruta del Lupercal, en la cual Rómulo y Remo fueron amamantados por la loba. En esta gruta, situada en el monte Palatino, se sacrifican varias cabras y un perro [Ovidio (Fasti II, 361)], ambos considerados como animales impuros.

Después del sacrificio, dos jóvenes se acercaban al altar, y eran ungidos en la frente con la sangre del cuchillo utilizado durante el sacrificio [Plutarco (Romulus, 21,10)], a continuación se les limpiaba la sangre con un pedazo de lana empapado en leche, y los dos jóvenes entonaban unas carcajadas rituales.

Con la piel de los animales sacrificados se realizaban unas tiras de cuero denominadas februa. Así los Lupercos, vestidos con las pieles de los animales sacrificados [(Justiniano 43, I, 7)], o bien desnudos según otros autores (Ovidio, Fasti II, 267, 300), iniciaban una carrera frenética alrededor del monte Palatino donde azotaban y fustigaban con sus februa a todo aquel que encontrasen a su paso, sobretodo a las mujeres, para asegurar su fertilidad, ya que ser azotado por los Lupercos era un acto de purificación, denominado februatio.


Representación del rito de fustigamiento.

Podemos imaginar que el clima general durante la celebración de estas carreras era de desenfreno y frenesí, así algunos autores como Cicerón se avergonzaban de haber visto participar a conocidos suyos en esta festividad. Además seguramente esta festividad estuviese acompañada también de un banquete ritual con la carne de los animales sacrificados y regada de bastante vino  [Valerio Máximo (II, 2,9].

El origen de esta festividad según nos relata Ovidio (Fasti II, 425-452) se sitúan en el reinado de Rómulo y Remo, donde las Sabinas tras ser raptadas por los latinos, perdieron su esterilidad. Tras consultar el oráculo de la diosa Juno, en el bosque Esquilo, ésta respondió: " Italidas matres, inquit, sacer hircus inito!" (Que un cabrío sagrado penetre las mujeres de Italia), por lo que un adivino etrusco reinterpretó esta enigmática frase dando inicio al citado ritual.

Los Lupercos constituían una cofradía de sacerdotes, elegidos anualmente entre los ciudadanos más ilustres de la ciudad. En los orígenes de esta festividad debían ser adolescentes que habían vivido de la caza y el merodeo en el bosque, es decir, como lobos-humanos, en su etapa de transición a la edad adulta.

A pesar de que en el año 100 a.C., algunos autores ya consideraban esta festividad como “licenciosa”, ya que es una festividad con una alta carga de sexualidad, durante los años de gobierno de Augusto, las Lupercales recobraron gran importancia, debido a su preocupación ante la falta de nuevos nacimientos entre los ciudadanos romanos.  De la importancia de esta festividad también nos hablan algunos textos, ya que nos dicen que la efectividad de estos azotes para la fertilidad de la mujer era mucho más poderosa que cualquier otro conjuro o poción.

También cuenta la tradición que durante estas fiestas las jóvenes introducían en una caja prendas de ropa femenina, después los muchachos iban sacando las diferentes piezas y se emparejaban con su dueña.


El fin de las Luparcales

Es con el emperador Teodosio, con el decreto del año 345 d.C. cuando las lupercales empiezan su fin, ya que declaraba ilegal el paganismo, condenando a muerte la adoración de ídolos y la realización de sacrificios a los dioses antiguos. Por lo que el colegio de Lupercos desaparece y la fiesta comenzó a distorsionarse, y aunque la festividad se seguía celebrando, ésta fue perdiendo su esencia siendo sustituida progresivamente por actos y cantos de carácter festivos pero permitidos.

A pesar de todo esto, su desaparición oficial no se dio hasta un siglo después, bajo el papado de Gelasio (492-496) quien volvió a decretar la desaparición absoluta de esta festividad, aunque para ello, tuvo que cristianizar esta festividad, instituyendo la fiesta de “San Valentín”, mártir cristiano muerto en el año 270 d.C.

miércoles, 25 de junio de 2014

Cultos y Festividades Sexuales Romanas


Índice de Capítulos:
1.- Cultos y festividades sexuales romanas:
     1.1.- El culto al falo en la antigua Roma
     1.2.- Las Bacanales
     1.3.- Las Lupercales
     1.4.- Las Floralias
     1.5.- Veneralia (próximamente)

Roma y sexo, cuando leemos estas dos palabras, se nos vienen a la mente toda una serie de esteriotipos que nos ofrecen una falsa idea sobre la libertad sexual romana y su concepto abierto de la sexualidad humana. Como ya hemos comentado en este blog, la sociedad romana también estaba llena de tabúes y restricciones respecto al sexo; sin ir más lejos, mientras la cultura griega exhibía el cuerpo masculino desnudo sin ningún reparo, en la cultura romana la desnudez masculina en público estaba mal vista.

Prosper Piatti, Floralia, 1899.
No obstante, dentro de la cultura romana observamos diversas festividades religiosas impregnadas de bastante erotismo, incluso algunas podían tacharse directamente de "pornográficas", este tipo de festividades suelen estar vinculadas a ritos de fertilidad y reproducción, aunque también encontramos algunas relacionadas directamente con el concepto de placer.

Y es que no hay que olvidar la existencia de numerosas divinidades estrechamente vinculadas con la expresión de la sexualidad humana: Venus, Baco, Pan, las Ménades, Cupido, las tres Gracias: Cástitas, que representaba la castidad, Pulchritudo, que representaba la belleza y Voluptas que era la personifación de la incitación o satisfacción del placer sensual y sexual. Aunque a la mayoría de estas figuras simplemente se les rendía un culto de carácter popular más que institucional, existieron diferentes festividades que abordaban la sexualidad de manera colectiva.

Siguiendo un clasificiación similar a la que propone Elena Torregaray en su excelente artículo, podemos dividir este tipo de festividades "sexuales" en tres tipos de culto:

1) Cultos asociados a una sexualidad controlada, cuya celebración estaba regulada por el Estado, son cultos relacionados con la fertilidad y su función es mantener bajo control el deseo de las mujeres. Estos cultos están dirigidos a recrear el ideal republicano de como deber ser una matrona romana: sobria, casta, fiel, honesta, cuyo comportamiento sea irreprochable en todos los aspectos de la vida,  pasando de la patria potestad del padre a la del marido, guardando y cuidando la casa y aportando hijos al matrimonio.
Venus Genitrix

Las principales divinades que proyectarían esta imagen son:
- Venus Genitrix: (madre) Diosa de la maternidad y la vida doméstica, vinculada al nacimiento de la ciudad de Roma. Su fiesta se celebrabael 26 de septiembre.
- Venus Verticordia: (transformadora de corazones) Era la protectora contra el vicio, es decir, tambien proyectaba la imagen de la casta matrona romana. Su festividad se celebraba el 1 de Abril,
- Fortuna Virilis: Tenía el poder para ocultar las imperfecciones físicas de la mujer de los ojos de los hombres, también estaba relacionada con la maternidad. Su festividad coincidía con la de la venus Verticordia
- Bona Dea: Es la diosa de la fertilidad, la castidad, la virginidad y la salud. Su culto era muy antiguo e incluía ritos reservados exclusivamente a las mujeres, se les permitía excepcionalmente beber vino, aunque estos ritos no escapaban del control del hombre, ya que se celebraban en la casa de algún magistrado, aunque dirigidos por su mujer y ayudada por algunas vestales. Contaba con un templo en el Monte Aventino y su fiesta se celebraba el 4 de diciembre.

2) Cultos asociados a una sexualidad relacionada con el placer, mucho más desenfrenados pero regulados igualmente por el Estado romano. Entre estos cultos podemos encontrar los relacionados con la prostitución, que alcanzaron gran difusión.

 - Lupercales: Esta fiesta religiosa, celebrada el 15 de Febrero, está muy ligada al mito fundacional de Roma y a los ciclos de fertilidad, y a pesar de mantener un carácter bastante lascivo y desenfrenado, fue un culto impulsado por las autoridades romanas.
- Ludi Florialis: Estas fiestas tuvieron un ambiente licencioso y de búsqueda de placer, dedicados a la diosa Flora, en cuyo honor se celebraban unos juegos. Esta celebración tenía un marcado carácter plebeyo y según Juvenal, las prostitutas bailaban desnudas y luchaban en simulacro de combates como gladiadoras, ya que esta diosa se convirtió en su patrona, desfilando en su honor eñ 28 de Abril.
- Venus Erycina: diosa que venía de Sicilia y del ámbito helénico patrocinaba a las prostitutas, quienes desfilaban en su honor por las calles de Roma el 23 de abril.

 
Pintura mural pompeyana. Sátiro y Ménade.


3) Cultos asociados a una sexualidad descontrolada. Suelen ser cultos orientales, griegos o egipcios, muchos de ellos de carácter mistérico e iniciático, con gran éxito entre las capas más desfavorecidas de la sociedad. Si a esto le sumas un aura de secretismo y que el estado romano no participaba ni controlaba esta clase de ritos, se entiende porqué a muchos de estos cultos se les acusó (falsamente) de tener un carácter socio-político bastante peligroso para la seguridad del estado romano. Entre estos cultos podemos encontrar:

- Bacanales: Celebraciones en honor al dios Baco, en un principio fue un culto exclusivo de mujeres, las bacantes, donde se bebía vino y se daba rienda suelta a todo tipo de actos lujuriosos. Fue perseguida brutalmente por el estado romano en el año 186 a.C. bajo las acusaciones de actos criminales, sacrificios humanos y perversión de la sociedad romana.
- Culto a Isis-Afrodita: Culto que se desarrolla por el sincretismo entre varias divinidades femeninas. Isis, que tenía un carácter más relacionada con la maternidad, se apropió del papel de Hathor, más cercana a la sexualidad y al amor salvaje. Su culto también fue censurado por las autoridades romanas por su carácter mistérico.






Bibliografía:

Torregaray Pagola, E.; Sexo en Roma: Del mito a la realidad, UPV/EHU en http://antiqua.gipuzkoakultura.net/antiqva_sexoroma.php

miércoles, 2 de abril de 2014

Mujer y Sexualidad en el mundo Etrusco



Mapa civilización etrusca.
Siempre se ha pensado que la relativa "libertad sexual" que se vivió en la época de la Roma Imperial proviene fundamentalmente de influencias griegas, aunque como veremos a continuación gran parte de esa libertad y moral sexual abierta proviene del mundo etrusco, gracias a la importante posición económica y social que ocupaba la mujer.


Esta libertad de la mujer resulta más evidente si la comparamos con la situación de las mujeres en algunas sociedades coetáneas más avanzadas como las ciudad griega de Atenas. Por lo que gran parte de la literatura griega nos ha transmitido una imagen negativa de la mujer etrusca, y en menor medida también la literatura latina.

Las Fuentes Clásicas


Estos textos nos hablan de una sociedad "sumamente licenciosa e indecente , amiga de todo tipo de placeres de los que se gozaba con exceso, sin ningún sentido de la moral y adornada por el contrario con los vicios más reprobables". La visión de ambos géneros también es bastante negativa, así los hombres son vistos como gordos, vagos, cuya única preocupación es la búsqueda del placer y de carácter afeminado. Por el contrario, la mujer es representada como suelen ser representadas las mujeres con plena libertad, mujeres lascivas y desvergonzadas.

Algunas de estos inmoralidades que critican tienen un carácter bastante cínico, ya que por ejemplo critican la participación de la mujer libre etrusca en los banquetes, cuando en Grecia también permitían su participación, siempre que fuesen hetairai , es decir, cortesanas. La participación de la mujer etrusca en los banquetes nos señala otro valor "transgresor", la afición de la mujer al vino y a la bebida, ya que normalmente la  cultura del vino está asociada al hombre. Por último, también podemos destacar la asistencia de las mujeres a los juegos, cuando normalmente su asistencia a esta clase de eventos siempre había estado vetada o restringida.

Es importante en este punto señalar la importancia que tuvieron las heteras, es decir, las prostitutas en la sociedad ateniense, ya que éstas eran las únicas mujeres verdaderamente libres e independientes, ya que no sólo ejercían un acompañamiento sexual, sino también  intelectual y artístico, tratando a los hombres de igual a igual. Algunas de estas cortesanas adquirieron grandes fortunas y alcanzaron gran influencia... por lo que a partir de aquí, es fácil la asimilación que hicieron los griegos de la mujer libre etrusca con las heteras que les acompañaban en sus banquetes. Y cómo muy lúcidamente nos expone Bonafante Warren en sus trabajos sobre la mujer etrusca, esta situación podían asimilarse a la visión que tuvimos los españoles de las suecas allá por los años 60, donde la llegada de estas mujeres con plena libertad sexual, enerbaban la imaginación de toda una generación.

Los autores latinos, sabedores de su herencia etrusca, tratan de forma más benigna a las mujeres etruscas que los autores griegos, aunque también tenemos numerosas referencias relativas a su libertad sexual. Así autores como Plauto, Horacio, Valerio Máximo o Tito Livionos vuelven hablar del libertinaje de la mujer etrusca, tanto en sus relaciones sexuales como en su posición en la sociedad, muy alejadas de la sobria matrona romana republicana y mucho más de la mujer ateniense encerrada en su gineceo.

Las Fuentes Arqueológicas


Detalle de la Tumba de los Toros.
Tumba de los Toros, Tarquinia.

Por otro lado, la documentación arqueológica también nos aporta bastante información. Así la representación de escenas eróticas es un tema común en la iconografía etrusca, que a pesar de la clara influencia griega que refleja, el arte etrusco presenta unas características únicas, por lo que podemos hablar de un arte con propia personalidad.

Estas escenas eróticas tienen una fuerte carga simbólica, un claro ejemplo lo tenemos en la fabulosa tumba de los Toros de Tarquino (530 a.C.), en cuyo frontón principal junto a las figuras de los toros observamos dos escenas de fuerte carga erótica. Este conjunto está claramente relacionado con el mundo de ultratumba, ya sea por su carácter protector o relacionado con la fertilidad. ¿Cual sería el significado de estas escenas sexuales en una tumba? Algunos autores apuntan que este tipo de escenas tendrían como finalidad combatir la muerte con la vida.


Tumba de las Bigas, Tarquinia.
La presencia de escenas eróticas en algunos objetos cotidianos, de clara atribución femenina, como los espejos, nos hablaría también de la aparente normalidad con que la mujer etrusca observaría estas escenas de desnudez y de carácter sexual. Así mismo, la homosexualidad según refleja la Tumba de las Bigas, en Tarquinia, también estaría contemplada como una práctica habitual. En la composición podemos ver en la parte superior la tribuna donde los espectadores observan la celebración de unos juegos, ¡con la presencia también de mujeres!, en su parte inferior hay dos escenas de claro componente homosexual, en el lado izquierdo, un joven masturba a otro; y en en lado derecho tenemos un unión homosexual. Sea cual sea su interpretación, lo que parece evidente es que su representación sería reflejo de su cotineaedad.

Más ejemplos de la naturalidad con que la sociedad etrusca concebía las representaciones sexuales las encontramos en el denominado Oinochoe de Tagliatella, pequeño vaso fechado en el s.VII a.C., en cuyas paredes tienen incisas todo un programa o relato de carácter mitológico (el laberinto de Teseo) o religioso, y cuyas escenas sexuales también han sido objeto de debate, al interpretarlas bajo una mirada sacra o ritual o en cambio entenderlas como una escena natural de un acto sexual.

Oinochoe de Tagliatella.


Dentro del mismo debate, se encuadran las escenas de sexo y fustigamiento, del que el arte etrusco nos ha dejado varios ejemplos en diferentes soportes, y cuyo ejemplo más sobresaliente es la Tumba de los Fustigamientos, siglo V a.C., donde una mujer es penetrada por un hombre al mismo tiempo que es azotada con su vara. Escena seguramente relacionada con algún rito de fecundidad como el de la fiesta de las Lupercales, donde un hombre corría por la ciudad semidesnudo azotandocon unas tiras de cuero a todo aquel que encontrase a su paso, en un acto de purificación y de fertilidad, sobretodo para las mujeres. También podría estar relacionada esta escena con algún tipo de prostitución sagrada o simplemente como un acto de sadomasoquismo.

Detalle Tumba del Fustigamiento.

Diferencias de la concepción de la mujer en el arte ateniense y el arte etrusco.


Aunque la iconografía griega es mucho más prolífica a la hora de plasmar escenas sexuales donde aparecen mujeres que en el repertorio artístico etrusco, en realidad la situación de la mujer es muy diferente en ambos mundos. Así en el mundo griego, las mujeres que aparecen en este tipo de representaciones son, como ya indicamos antes, prostitutas. En cambio, en el mundo etrusco, las mujeres que salen reflejadas son mujeres libres, incluso mujeres de la aristocracia.

Así mismo, los soportes donde se reflejan estas escenas también inciden sobre esta idea. Las representaciones griegas aparecen en vajillas de utilización simposíacas, es decir, disfrutadas únicamente por los hombres. En cambio, los etruscos tienen representaciones sexuales en toda clase de soportes: tumbas, cerámicas, relieves, pinturas y... ¡espejos!, objetos, estos últimos, de clara pertenencia al ámbito femenino.

Otra diferencia en la situación de la mujer, son las escenas de baños, mientras que las mujeres atenienses sólo se bañaban desnudas si estaban solas, existen numerosas representaciones de mujeres etruscas bañándose desnudas junto a otras mujeres e incluso con hombres. Un buen ejemplo de esto se encuentra reflejado en escenas de numerosos espejos.

Todos estos datos nos aportan la sensación que la sociedad etrusca no tenía muchos reparos a la hora de representar la desnudez de ambos sexos con naturalidad, así como los diferentes tipos de relaciones sexuales. Por lo que parece claro, que su sentido de la moralidad, se diferenciaba claramente del de la sociedad ateniense, siendo la moralidad etrusca mucho más igualitaria y edonistas.

Otro dato que refleja la situación de total independencia de la mujer etrusca son los datos epigráficos, ya que la mujer mantiene su praenomen  y nomen, es decir, no pertenece al marido o al padre de la familia, como pasa en la sociedad romana. Incluso los hombres citan y se sienten orgullosos de su linaje y gentilicios maternos. Todo ello, indicaría que la mujer etrusca puede transmitir tanto su rango como la ciudadanía a sus hijos.

Conclusiones


¿El porqué de esta moralidad mucho más abierta respecto a la mujer y a la sexualidad? Algunos autores han defendido que esta característica se debe a motivaciones religiosos, donde por ser una religión de origen mediterránea, la Diosa Madre siguiese manteniendo un gran status social, y con ello, las mujeres, en general.

Otros autores defienden una teoría mucho más material, la élite de la sociedad etrusca, vivía con gran lujo, con abundante mano de obra servil, y gran concentración del poder político, económico y social; lo que permitió un desarrollo bastante amplio de los derechos jurídicos, que incluían también a las mujeres.

En conclusión, podemos decir, que la mujer etrusca mantenía un papel social bastante elevado, teniendo la capacidad de poseer y gestionar sus propios bienes y la de contraer matrimonio sin el consentimiento paterno. Así mismo, hemos visto que la mujer participaba en los banquetes y asistía a los juegos. En resumen, que alcanzó grandes cotas de poder social y económico, por lo que pudo obtener bastante libertad e influencia, hecho que como hemos podido observar se ve reflejado en su concepción del sexo y de su sexualidad. Aunque todo ello, no nos debe hacer perder la perspectiva que en realidad la sociedad etrusca también estaba dominada por el hombre y está muy alejada de ser considerada como un matriarcado.

Por último, señalar que estas diferencias en cuanto a la categoría social de la mujer, entre Etruria, Roma y Atenas, no nos pueden sorprender, ya que como veremos en breve, la mujer de Esparta compartía muchas de las características de la mujer etrusca, estando situada  ESparta en el mismo ámbito geográgico y cultural que Atenas.


Fuentes:

Martínez-Pinna Nieto, J. In convivio Luxuque: mujer, moralidad y sociedad en el mundo etrusco, Brocar: Cuadernos de investigación histórica, Nº 20, 1996, págs. 31-56.

Rita Albanesi, M. Il fregio dell'oinochoe di Tragliatella en  http://www.atopon.it/index.php?page=il-fregio-dell-oinochoe-di-tragliatella [Última Consulta: 01-04-2014]