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viernes, 15 de septiembre de 2023

Merkins o Pelucas Púbicas: ¡ponte la peluca ahí abajo!

A lo largo de la historia se han utilizado muchos tipos de pelucas y por diferentes motivos (modas, motivos estéticos, como distintivo social, ...), especialmente fueron populares en los reinos de Francia e Inglaterra, sobre todo cuando algunos de sus reyes las empezaron a utilizar para tapar sus tempranas alopecias, imponiendo la moda al resto de la corte. 

Sabemos que en la corte de Versalles se tuvieron que contratar hasta 48 artesanos de pelucas para abastecer la creciente demanda de la nobleza parisina. Así las pelucas se convirtieron progresivamente en un distintivo profesional de algunas de las profesiones más nobles como abogados, jueces, escribas o profesores.

Aunque si hablamos de pelucas en este blog es para hablar de una de las más sorprendentes... ¡¡las pelucas púbicas! pelucas que se ponían sobre la vulva de la mujer, por cuestiones estéticas pero sobre todo de salud sexual, bueno más bien, para fingir buena salud sexual. 

 

Y es que en los siglos XVI y XVII, cuando se popularizó su uso, se consideraba que un pubis cubierto de vello era síntoma de buena salud y por lo tanto deseable. ¿el motivo? que muchas mujeres, especialmente aquellas dedicadas a la prostitución, solían tener el vello afeitado para evitar enfermedades como los piojos.

Y aunque nos parezca que el uso de estas pelucas es algo del pasado, hoy en día se siguen utilizando, especialmente en el mundo del cine, cuando actrices depiladas con láser o con ciertos reparos por enseñar un desnudo completo prefieren recurrir al uso de estas pelucas púbicas para tapar o disimular su vulva.

Vendedor de pelucas púbicas, 1860

 

EL ORIGEN DE LAS PELUCAS PÚBICAS

Algunos historiadores han conseguido rastrear el origen de estas pelucas para el pubis hacia mediados del siglo XV, época donde las prostitutas empezaron a rasurarse el vello púbico por cuestiones de higiene y evitar el problema de los piojos o liendres en sus zonas íntimas. Además, muchas de ellas recurrían a estas pelucas para tapar los síntomas de algunas enfermedades sexuales como la sífilis que provocaban llamativas llagas genitales, denominadas chancros, que podían contagiar la infección.

Incluso uno de los cronistas más famosos sobre los bajos fondos londinenses y su vida nocturna, el político y funcionario naval, Samuel Pepys, dejó anotado en su diario de 1667 la poca higiene que estas pelucas púbicas tenían:

“Fui al Swan; y mandé llamar a Jervas, mi viejo fabricante de merkins, y él me trajo un merkin; pero estaba lleno de liendres, así que me preocupé al verlo y lo envié a limpiarlo”.

Hay quien le ha buscado un origen más teatral a la aparición, o al menos a la popularización, de estas pelucas púbicas. Y es que, en época Isabelina, entre 1550 y 1600, las compañías de teatro inglesas no permitían que actuasen mujeres, por lo que el papel de dama estaba reservado para jóvenes varones imberbes, que en algunas escenas y para aclarar la situación al público empezaron a lucir estas pelucas para goce y diversión de los asistentes.

Sobre el origen etimológico de este curioso nombre de "merkin" existen varias teorías: una de ellas es que sería un nombre utilizado en el inglés antiguo para referirse a las mujeres jóvenes de clase baja; otra teoría sostiene que proviene de la palabra "Marykin", una forma cariñosa para referirse al nombre femenino de Mary.

Sea como fuere, las pelucas púbicas se siguieron utilizando hasta prácticamente el siglo XX, y es que una vulva peluda siempre se ha considerado un símbolo de salud y prosperidad. De hecho, sabemos que los merkins siguieron siendo populares durante todo el siglo XVIII, y algunos, en particular los que usaban las mujeres más ricas, estaban decorados con cintas, joyas, flores y otros adornos, para embellecerlos.

Dibujo de una posible peluca púbica adornada con lacito.

 

Incluso dieron el salto al charco, llegando a EE.UU., ya que a principios de siglo XX era ilegal que una mujer se desnudara por completo en los shows eróticos, por lo que recurrían a estas pelucas para esquivar la ley, y en caso de ser condenadas por indecencia, les servía de atenuante al no estar completamente desnudas.

Sólo con la llegada del bikini a mediados del siglo XX y la popularización de las revistas eróticas las mujeres empezaron a recortar su vello púbico, y eso que en los años 70 y 80 se volvió a poner de moda el vello púbico frondoso. Habrá que esperar a la "invención" de la cera brasileña y la llegada de los 90 cuando definitivamente la moda de ir con poco pelo o completamente rasuradas se ha instaurado en el imaginario erótico de occidente como símbolo de belleza.

Sobre los materiales con los que estaban hechas se puede decir que se realizaban con lo que más a mano se tenía en cada región: las había realizadas con fibras naturales, pero más realistas eran las diseñadas con pelos de animales, como crin de caballo, pelo de cabra o piel de castor (por ello uno de los apodos que tiene la vagina en inglés es "beaver", castor en inglés), hasta llegar a las más lujosas que se fabricaban con vello púbico humano.


Merken o peluca púbica


Pelucas púbicas en Hollywood

Para finalizar, si tenéis curiosidad en saber en qué películas se pueden ver actrices lucir pelucas púbicas, aquí os dejamos algunas donde las propias actrices han confesado que cubrieron sus partes íntimas con un merkin:

Probablemente el ejemplo más evidente lo tenemos en la película "El Séquito" (2015) donde la ex actriz porno Sasha Grey luce una evidente peluca púbica. Otras actrices famosas que han lucidad pelucas han sido Kate Winslet en "El lector" (2008), Heidi Klum en "Blow Dry" (2001) o Evan Rachel Wood en la serie de tv de "Mildred Pierce" (2011). Pero no sólo las mujeres han recurrido a este tipo de recursos, el conocido actor Jake Gyllenhaal también disimuló sus genitales en las escenas más íntimas en "Amor y otras drogas" con un tipo de peluca para hombres.



jueves, 25 de octubre de 2018

Felipe IV: El rey adicto al sexo

No hubo rey más promiscuo en toda la historia de España, ni mujer que estuviese a salvo de caer bajo la lujuria insaciable de Felipe IV.

Daba igual su condición social, su edad, o si era casada, soltera o viuda, cualquier mujer del reino era apetecible para el capricho del monarca: damas o criadas, religiosa o prostituta, actriz o artesana. Cualquier lugar podía ser ideal para satisfacer su incontrolable ardor: desde el Palacio Real, al burdel, pasando por uno de sus territorios de caza favorito, el corral de las comedias.

El más poderoso soberano de la tierra era preso de una desmesurada pasión sexual. Nadie sabe a ciencia cierta con cuantas mujeres mantuvo relaciones, ni el número de bastardos que dejó en el camino. 


Pero como en una cruel maldición de cuento, el destino quiso que sólo fuese capaz de dejar como único heredero varón al trono de España al enfermizo Carlos II, "el hechizado".

Felipe IV de joven. 1623.
Retrato de Velázquez.
Estas andanzas reales eran por todos sabidos, y sus aventuras sexuales fueron motivo de toda clase de chanzas, bromas, coplillas y sonetos, como el que le dedicó el Duque de Amalfi, que decía:

Oculta el traje que severo luce,
de amor y gloria devorante fuego,
que de sus noches el placer inquieta
,
y através de su risa se trasluce
que el rey sofoca y tapa el palaciego
el sueño del amante y del poeta".

Y aunque esta imagen de mujeriego nos puede hacer caer en la idea de un rey extrovertido, simpático y abierto, el rey Felipe IV, como todos los Austrias, siempre mantuvo un talante serio y riguroso, casi inamovible, propia de la férrea etiqueta impuesta en la Corte por sus antecesores.

Pero nada mejor para conocer su lujuriosa vida sexual que darnos un paseo por su vida: desde su infancia hasta su muerte...

Infancia

El meapilas Felipe III quiso asegurarse que su prometedor heredero fuese un digno príncipe cristiano por lo que no dudó en confiar su educación a los eclesiásticos de mayor virtud y celo de todo el reino. Nos podemos imaginar la infancia del pobre Felipe IV, criado en la austeridad, el rigor y el ascetismo, entre misas, sermones y oraciones, atrapado en los sobrios y tristes muros del Alcázar de Madrid.

Y aunque no se pueda asegurar, estar sometido a una educación tan beata, rígida y controlada, contribuyó a que cuando las hormonas de la pubertad empezaron a bullir se iniciase una obsesión por el sexo, y como señala Deleito y Piñuelo en su 'El rey se divierte' "con los primeros hervores de la adolescencia, cabalgó sin freno por todos los campos del deleite, al impulso de pasiones desbordadas".



Matrimonio

Retrato de Felipe IV, por Diego Velázquez, 1623.
Pero ya habrá tiempo de hablar de sus vicios, volvamos a la infancia del joven heredero. y a explicar un hecho que seguramente también alimentó la insaciable libido del monarca... ¡¡su matrimonio!!

A pesar de que en estos años, Francia y España, ya estaban a la gresca, el enfrentamiento entre las principales potencias europeas sería inevitable. Felipe III procuró buscar una alianza matrimonial con nuestros odiados vecinos del norte. Por lo que siendo apenas un niño se concertó la boda con una de las hijas del rey francés, Isabel de Borbón, pero el enlace real se tuvo que retrasar varios años, hasta que Felipe IV cumplió los 10 años.

Debido a su corta edad no hubo noche de bodas y trataron que la pareja nunca estuviese a solas, ni siquiera en sus viajes conjuntos, por lo que debían viajar en carruajes separados, todo ello a pesar de las enérgicas protestas del joven rey, que a estas alturas ya debía tener la libido por las nubes.

Y es que el joven rey estaba perdidamente enamorado de su bella esposa desde el mismo momento en que la vio, y por si esto era poco, fue sometido a esta vigilancia conyugal durante cinco años.


Por lo que habrá que esperar al 25 de noviembre de 1620, ¡¡5 años después del matrimonio!!, para que diesen permiso al rey a consumar su matrimonio.


Reinado

Con la muerte de su padre al año siguiente, Felipe IV accede al trono con tan sólo 16 años. Y lógicamente al heredero del imperio más poderosos del orbe mundial no le faltaron amistades que procuraron ganarse su favor satisfaciendo todas sus curiosidades y caprichos.

Felipe IV, cazador.
Velázquez. Museo del Prado.
De esta forma los hombres encargados de su formación política, como Gaspar de Guzmán, el poderoso Conde-Duque de Olivares, prefirieron alentar sus vicios: el sexo; o sus pasiones: la caza o el teatro; para tener ellos vía libre en sus desmesuradas ambiciones políticas.

Además, ante su compulsivo comportamiento sexual prefirieron proporcionarle toda clase de divertimientos fuera de Palacio, ya que las reinas están para concebir herederos a la Corona, no para satisfacer las necesidades sexuales de sus maridos.

Y así comienza uno de los reinados más significativos para la historia de España, parecía que iba a ser el rey que devolviese el honor de los primeros Austrias, pero muy pronto el rey se fue alejando de sus responsabilidades políticas, dejando su gobierno en manos de validos, mientras su majestad y buena parte de la Corte disfrutaban de fastuosas fiestas y saciaba toda clase de placeres en cacerías, espectáculos teatrales y mucho sexo.

  Los rumores sobre la desenfrenada vida del monarca fueron pregonados por todo el reino en coplas anónimas, donde se narraban de forma jocosa las conquistas del rey.


Sus aventuras amatorias eran tan sonadas y conocidas que muchos de sus colaboradores más cercanos se preocuparon del daño que esto hacía a la imagen del rey y a la de la muy católica Corona Hispánica.

Retrato del Conde-duque de Olivares.
Diego de Velázquez. Museo del Prado.

Por lo que no dudaron de culpar a su válido, el Conde-duque de Olivares, de fomentar esas pasiones para sus propios intereses políticos y económicos. Así lo hacía saber Francisco de Quevedo a un amigo suyo en una carta que decía:

 "El conde, sigue condeando y el rey durmiendo, que es su condición. Hay, parece, nuevas odaliiscas en el serrallo y esto entretiene mucho a Su Majestad y alarga la condición de Olivares para pelar la bolsa, en tanto que su amo pela la pava".

Otro testimonio nos lo aporta el prelado Garcerán de Albanell, quién también acusaba al conde-duque de avivar esas pasiones, en esta carta dirigida a su persona:

"Suplícole cuanto me es posible que evite las salidas del rey de noche y mire la mucha parte de culpa que tiene pues las gentes publican que le acompaña en ellas y se las aconseja [...] en realidad, ese gusto, no es bueno, aunque se tome por entretenimiento por las muchas circunstancias que le hacen dañoso y por la libertad que se toman los vasallos para hablar y reconocer algunas cosas que contradicen el decoro de un monarca".


Isabel de Borbón, cornuda pero con compostura

Su esposa, no tardó en enterarse de todos los devaneos amorosos de su marido, y aunque al principio lloraba desconsolada sus continuas infidelidades, pronto aceptó resignada su papel de reina y, con regia compostura se mantuvo al lado de su marido.

Seguramente se mantuvo fiel a su marido, ya que a pesar de sus continuas infidelidades, siempre supo mantener las apariencias, al menos de cara a la galería.

Sus pasiones amorosas nunca fueron muy duraderas y  tampoco tuvo que soportar la presencia de una amante oficial dentro de la corte, como sí ocurría con los reyes de Francia. 


Isabel de Borbón.
Por lo que ninguna de sus numerosas aventuras intentó hacer sombra a la reina, ni buscaron medrar para conseguir ascenso social o excesivas riquezas.

Además, la desbordante pasión amorosa de Felipe IV no excluía a su propia esposa, a la que siempre trató con respeto y cariño, incluso con ardor marital, ya que siempre le quedaban fuerzas para cumplir con sus obligaciones matrimoniales, como muestran los continuos embarazos de Isabel, con la que llegó a tener hasta siete hijos.

Era tal la pasión que sentía por su esposa que el Conde-duque de Olivares se veía en la obligación de buscarle nuevas aventuras a su soberano para aplacar su "devorante fuego" con otras mujeres y dejara en paz a la reina cuando daba signos de estar embarazada. 



Las amantes

Desde muy joven el rey se lanzó a toda clase de correrías nocturnas por las calles de Madrid buscando nuevas conquistas con que satisfacer su lujuria.

Aunque la mayoría de reyes españoles han tenido fama de promiscuos, el carácter insaciable de Felipe IV ha sido catalogado por psiquiatras como síntoma claro de ser un sexoadicto.


No hacía ascos a ninguna mujer, y si alguna mujer le entraba por el ojo, no dudaba en mover cielo y tierra hasta conseguir sus favores, no le importaba su clase ni condición, teniendo relaciones con mujeres de baja condición social, casadas, viudas, nobles, incluso no dudó en tener relaciones con las esposas de sus colaboradores e incluso con ¡¡monjas!!, pero sin duda alguna, sus favoritas, fueron las actrices, ya que el rey siempre fue un gran aficionado al teatro.

Toda clase de mujeres eran buenas para su erótico deporte: doncellas, casadas y viudas, altas damas, sirvientas de palacio, burguesas, actrices, menestralas y hasta tusonas y cantoneras, como entonces se decía a las que hacían tráfico profesional de su cuerpo. Desde el Alcázar a la mancebía, pasando por el corral de comedias, no había frontera para sus ardores; pero sus preferencias iban más a las mujeres humildes que a las linajudas.”
- El rey se divierte, Deleito y Piñuela, J.


La suerte de estas amantes casi siempre fue la misma: el convento. Y es que una vez que el rey se cansaba de su nueva conquista, estas mujeres eran "invitadas" a ingresar en un convento. Tal era así, que se cuenta la anécdota de una noble a la que Felipe IV estaba cortejando, cuando el rey llamó a la puerta de su alcoba, la dama espantada le espetó: "vaya con Dios; no quiere ser monja".

Los encierros en conventos de sus amantes era una medida para prevenir posibles escándalos reales, y que sus amantes no luciesen embarazos públicamente.


El primer amor extralegal de Felipe IV que se conoce fue la hija del conde de Chirel, dama de gran hermosura, cuando el rey rondaba los 20 años. Al año siguiente nació un niño, el primero de los bastardos reales, al que se llamó Fernando Francisco de Austria, que falleció prematuramente.

Otro dato curioso sobre la vida sexual del soberano nos lo aporta la escritora francesa Madame D'Aulnoy quien nos relata como muchas cortesanas de lujo se quejaban amargamente de la racanería del monarca, que sólo les pagaba 20 escudos por servicio.


El mayor escándalo sexual del rey...

Como podéis imaginar circulan numerosas anécdotas sobre los devaneos amorosos de Felipe IV, siendo la más escandalosa la que tuvo lugar en el convento madrileño de San Plácido, ya que el monarca se encaprichó de una monja de extraordinaria belleza. Los hechos acaecidos durante ese episodio fueron tan sorprendentes que ya le dedicamos un post donde hablamos del escándalo sexual de Felipe IV con una monja.

Una historia propia de una película donde aparece una monja de clausura, el rey de España, el Papa de Roma, servicios secretos e incluso un asesinato...


Un rey molido a palos...

Existe otra divertida anécdota sobre las aventuras amorosas de nuestro particular "Don Juan". Se dice que el rey estaba encaprichado de la duquesa de Alburquerque, hermosa esposa de uno de sus más fieles colaboradores. El duque de Alburquerque, conocedor de la naturaleza libidinosas de su monarca y sabiendo que le había echado el ojo a su mujer, procuró que la duquesa saliese poco de casa y, aún menos, que pisase la Corte. Todo esto no hacía más que incrementar el deseo del rey ante el reto de conseguir una presa difícil.

Y el rey, que listo para asuntos de Estado no era, pero para las lides amarosas era todo un lince, aprovechó una fiesta en Palacio para intentar adquirir su ansiado trofeo.  El rey, que se encontraba jugando a las cartas, fingió que se le había olvidado despechar un asunto urgente, por lo que rogó al duque de Alburquerque que ocupase su sitio en la mesa.

Así que el duque vio como el rey salió raudo y veloz de la sala acompañado de su fiel colaborador, el conde-duque de Olivares. Como pueden imaginar, su destino era la casa del duque de Alburquerque. Éste que sospechaba de las viles intenciones de su monarca también fingió unos terribles dolores y partió como alma que lleva el diablo en dirección a su casa.

Estaban, el rey y su valido, con un pie recién puesto en casa de la duquesa de Alburquerque cuando la llegada repentina del duque les pilló por sorpresa, por lo que corrieron a ocultarse en la oscuridad de las caballerizas. El duque, con bastón en mano, les persiguió a grito: -"Alto al ladrón! Que me vienen a robar mis caballos! Y empezó a darles palos. Cuenta la leyenda que el duque no pidió luces a sus criados para no tener que frenarse a la hora de soltar bastonazos al reconocer a la figura del rey.

Duelo a garrotazos, Fco. de Goya.

El conde-duque de Olivares temiendo por la integridad del monarca decidió confesar y decir que al pobre desdichado al que estaba golpeando era su majestad. El de Alburquerque, con retomada furia, se empleó aún más a fondo con la figura del rey, por la indignidad que suponía que dos vulgares ladronzuelos usaran el nombre de su majestad.

Finalmente, entre el alboroto de los criados de la casa, la guardia de Felipe que venía a su encuentro y el duque de Alburquerque que ya había descargado toda su rabia y furia contra el insolente rey, y no quería verse implicado en asunto más grave, dejó que ambas figuras se escabulleran en la noche.

¡Eso sí! El rey tuvo que guardar varios días reposo por las heridas recibidas.



La Calderona

Felipe IV fue un rey apasionado del teatro, tanto que era por todos sabidos que le gustaba acudir de incógnito a los teatros populares de Madrid, como El Corral de la Cruz o El Corral del Príncipe, para ver con sus propios ojos, no sólo las representaciones que tanto le gustaban, sino también a las jóvenes actrices que actuaban en el teatro.

Corral de las comedias.
Y así surgió, el que sin duda fue el romance más sonado del monarca en su primera juventud.

En una de esas incursiones, el joven rey quedó prendado de la belleza de una popular actriz, de tan sólo 16 años, y de nombre María Inés Calderón, popularmente conocida como "la Calderona".


Era bastante habitual que estas actrices mantuviesen romances con destacados personajes de la sociedad, la misma Calderona mantenía una relación con el duque de Medina de las Torres, pero su belleza no había pasado desapercibida al joven monarca, que con la excusa de felicitarla por su actuación, pidió reunirse en privado con ella.

Alegoría de la vanidad. Supuesto retrato de La Calderona.
Anónimo. Monasterio de las Descalzas Reales. Madrid

Desde aquel mismo momento el monarca quedó prendado de ella. Se convirtió en su amante preferida, y seguramente también, fue el verdadero amor de su vida, a ninguna otra amo tanto como a la Calderona.

Esta relación se convirtió en la comidilla de la capital y muy pronto el sonado romance entre el monarca y la actriz fue motivo de chanzas, coplas y toda clase de comentarios en las tertulias y mentideros de Madrid.


Más aún, cuando la Calderona, obligada por el rey, dejó los escenarios en el auge de su carrera, y se convirtió en la amante oficial del rey.

La Calderona fue protagonista de otro sonado escándalo real, en este caso, con la reina Isabel de Borbón. Por lo que se ve, durante unas festividades realizadas en la Plaza Mayor, el rey había cedido un balcón destacado a su amante. La reina indignada ante tal desaire ordenó desalojarla de allí. Por lo que Felipe IV, cuando se enteró de los hechos, decidió compensar a la Calderona regalándole un balcón en la Plaza Mayor, aunque en un lugar algo más discreto para evitar la ira de la reina. Ese balcón, situado en la esquina a la calle de Boteros, pronto fue denominado como "El balcón de Marizápalos", haciendo honor a una famosa canción que la Calderona había popularizado en el teatro.

Plaza Mayor de Madrid.

De esta relación nació uno de los bastardos reales más importantes de la historia de España , Juan José de Austria, ya que el amor que sentía por su madre, hizo que Felipe IV ordenase educarlo con honores de príncipe, aunque lejos de su madre.

Pero el final de la Calderona, por mucho amor que hubiera existido, no dejó de ser igual que el del resto de sus amantes. Una vez que la pasión remitió, y después de quedar embarazada por dos veces, se le ordenó ingresar en un convento en Guadalajara. Aunque cuenta una leyenda urbana que acostumbrada a su vida de lujos y libertad, pronto huyó de él, y terminó sus días viviendo en la sierra.
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Bastardos Reales:

Era tal su desenfreno amoroso que desconocemos el número exacto de hijos que tuvo fuera de sus dos matrimonios.

Como todos estos asuntos se llevaban en palacio con la máxima discreción, nadie sabe a ciencia cierta cuantos hijos bastardos dejó en su frenética vida amorosa. 


Las cifras que se manejan son muy dispares, los historiadores más rigurosos le atribuyen sólo ocho, aunque un embajador veneciano contemporáneo le contaba 23, y no faltan quienes le atribuyen más de 30 hijos bastardos.

La vida de estos bastardos podía ser muy diversa, según la condición social de la madre, acabarían en una mejor o peor situación. La mayor parte de ellos eran criados en familias de confianza y muchos solían terminar sus días dedicados a la vida religiosa, ocupando puestos de gran prestigio: Así tenemos el ejemplo de Alonso Antonio de San Martín, hijo de Tomasa Alana, dama de la reina, que llegó a obispo de Oviedo y de Cuenca; o el caso de Ana Margarita que ingresó como monja en el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, del que acabó siendo su superiora.

Los investigadores han podido identificar a una decena de estos bastardos y su biografía es el mejor ejemplo de la enfermiza obsesión por el sexo que se gastaba Felipe IV:

- Uno de sus primeros hijos bastardos nació de sus amores con la hija del conde de Chirel. Para poder seducirla no se le ocurrió otra cosa que mandar a su padre a la guerra de Italia y así nació uno de sus primeros hijos bastardos.

 - Otro ejemplo, nos lo proporciona Alonso Henríquez, fruto de los amores del rey Felipe IV con una dama de honor de la reina. Su padre "legal" fue un hombre de confianza de la cámara del rey que fue obligado a casarse a toda prisa con la pobre Constanza. Alonso, como la mayor parte de los bastardos, fue protegido durante toda su vida, y acabó alcanzado el cargo de obispo de Málaga.

- Uno de esos affairs amorosos que mejor representa la libido incontrolable del monarca es el que mantuvo con doña Casilda Manrique, una de las damas de la reina. Lo destacable no es que se liase con una de las damas de la reina, ya que ese era uno de sus "campos de caza" favorito, sino que esta Casilda era la guardadamas mayor, precisamente la mujer encargada de velar por la moral del resto de damas jóvenes que acompañaban a la reina. Y aunque el hijo nacido de esta relación nunca fue oficialmente reconocido, pudo vivir en la Corte con la consideración y el apellido de hijo del rey.

.- Otra de esas anécdotas que nos brindan los numerosos bastardos reales es la que protagoniza Juan Cossío, bastardo real que pasaba por hijo de Francisco Cossío. Este Juan Cossío era un popular predicador agustino que residía en Nápoles. Los napolitanos al verlo por la calle exclamaban "ahí va el hermano del rey" por su extraordinario parecido físico que guardaba con Carlos II, hijo de Felipe IV.

- El único de todos estos bastardos que tuvo reconocimiento oficial por parte de Felipe IV fue Juan José de Austria. Aunque este reconocimiento formal por parte del rey tardó varios años en llegar, pronto se convirtió en uno de los hombres más importantes del reino. Juan José representaba el hijo que Felipe IV hubiese querido para el trono: Buen porte, sano, un hombre de carácter y muy capaz para el arte de la guerra y la política.


La maldición


Resulta curioso que un rey tan prolífico a la hora de tener hijos, tuvo hasta 13 hijos legítimos, sólo fuese capaz de aportar un heredero varón como sucesor, y vaya un heredero... el enfermizo Carlos II.


Pero no nos engañemos esta "maldición" nos revela dos terribles verdades sobre la vida en siglo XVII. Por un lado tenemos, la alta tasa de mortalidad infantil, incluso entre las clases más privilegiadas. Pero por otro, tenemos la enfermedades de transmisión sexual, y es que no nos debe extrañar que en algunas de sus correrías nocturnas en los burdeles de la capital, el monarca contrajese la sífilis y se la transmitiese a sus dos esposas.

Retrato de Carlos II el Hechizado.

Si a la sífilis, le sumas el alto grado de consanguineidad de los Habsburgo, el resultado es la desgraciada historia de abortos y mortalidad infantil de la descendencia legítima del rey.


De su primer matrimonio, con Isabel de Borbón, nacieron siete hijos, de los cuales sólo dos llegaron a adultos:  Una hija, María Teresa de Austria y Borbón que llegó a ser reina consorte del Rey Luis XIV de Francia, y un hijo Baltasar Carlos, que murió fulminantemente a los 17 años por un brote de viruela.

Detalle del Príncipe Baltasar Carlos a caballo de Velázquez fechado en 1635.
Museo del Prado. Madrid.

Este fue quizá el golpe más duro que sufrió el monarca en toda su vida y lo sumió en una profunda depresión. Y es que su muerte llegó en uno de los momentos más difíciles de su reinado, por lo que a los desastres políticos acontecidos durante esa época (Pérdida de Portugal, guerra con numerosas derrotas ante Francia y Flandes, sublevación de Cataluña) se le sumaron numerosas tragedias familiares: fallecimiento de su esposa, muerte de su hermano el Cardenal Infante Fernando, y la pérdida de su único hijo varón.

Todo esto provocó la necesidad urgente de buscar un heredero válido para la Corona, por lo que se cometió el gran error de buscarle matrimonio con la opción más mano que encontraron... la prometida de su difunto hijo, la sobrina del rey, la Archiduquesa Mariana de Austria. Como decimos esto fue un gran error, ya que el grado de consanguineidad entre los futuros esposos era demasiado elevado, incluso para los cánones de la época.

Mariana por Diego Velázquez, 1656.
Aun así, el matrimonio siguió para adelante, y la jovencísima Mariana tuvo hasta cinco nuevos hijos con el monarca, pero de nuevo, sólo dos lograron llegar a la vida adulta: Margarita, esposa del emperador alemán Leopoldo I, que murió con tan sólo 21 años; y el pobre Carlos II "El Hechizado", cuya muerte sin herederos llevó al declive definitivo de la monarquía Hispánica, con la sangrienta guerra de Sucesión, el fin del reinado en nuestras tierras de la casa de Austria, y la instauración de los Borbones en nuestra corona.


Su confidente, la mística monja Sor María de Ágreda


Todos estos golpes, tanto políticos como personales, sufridos en el tramo final de su vida, hicieron que el monarca buscase ayuda divina. Por lo que sabedor de su inmoralidad aprovechó un viaje a Cataluña para encontrarse con una religiosa de prestigiosa fama que intercediese ante el Altísimo en su nombre. El nombre de esta mujer era Sor María de Ágreda, y rápidamente se convirtió en la más fiel y sincera consejera que jamás tuvo el monarca, manteniendo una intensa relación epistolar durante más de 20 años, y en la que no sólo le aconsejó sobre temas espirituales, sino también, y con un acertadísimo sentido de estado, sobre temas políticos.

Retrato de Sor María de Ágreda.


Esta correspondencia es el mejor retrato psicológico que tenemos del rey, y buceando en ella, podemos entender la desazón interna que sufría el rey ante la pérdida continúa de territorios y prestigio de su Reino, y la profunda depresión que cayó ante los dramas familiares que le golpearon.

El monarca achacaba todos estos males a un castigo divino por sus continuos pecados, ya que creía que Dios le había abandonado por su vida libertina. 


No dudó en pedirle consejo a la monja sobre como vencer al demonio que le poseía: "Soy tan frágil –le escribía, desolado– que nunca saldré de los embarazos del pecado".

Y a pesar de las oraciones, consejos y advertencias de Sor María, Felipe fue incapaz de abandonar su conducta libidinosa, provocando que la monja se quejase amargamente que incluso en plena crisis política, con los levantamientos de Portugal, Cataluña e Italia, el rey hubiese instalado en Palacio a una actriz de sospechosa moralidad pública.


Conclusión


Finalmente, Felipe IV falleció en el año de 1665 a la edad de 60 años. Y aunque durante muchos años la historia le retrató como un hombre despreocupado por los asuntos de gobierno y dedicado a una vida de vicios y placeres, dejando su gobierno en manos de los famosos validos; en los últimos años la historiografía ha modificado esta visión del monarca, que aunque es cierto que hasta su muerte fue incapaz de controlar su insaciable apetito sexual, sí que fue un soberano preocupado por su reino y atento a todos los asuntos de Estado.

Último retrato de Felipe IV, donde se aprecia un cansancio notable.
Velázquez. 1656.
National Gallery de Londres.

Lógicamente el declive del imperio español hay que buscarlo en muchos más factores que la vida personal de un monarca. Un vida marcada por su irrefrenable conducta lujuriosa y su mala suerte en lo personal, lo que acarreó, en una persona fervientemente católica como era, un sentimiento de culpa y amargura que le acompañó hasta sus últimos días.

Tal vez, un sentimiento de culpa que sólo era capaz de olvidar cuando iniciaba una nueva conquista amorosa, y es que en el pecado siempre llevó la penitencia.



Bibliografía:

- Deleito y Piñuela, J.;  “La mala vida en la España de Felipe IV”.  Madrid. Alianza. 2005.

- Deleito y Piñiela, J.; "El rey se divierte". Madrid. Alianza. 2006

- Silvela Cantos, R.; “Felipe IV: el rey galán”. Barcelona.  GRM. 2004.

- Álvarez Lobato, P. y Álvarez San Miguel, C.; Felipe IV, el sexo y su época en "Sexualidad, psiquiatría y biografía". Editorial Glosa. 2007.


[En Internet]



Revista Historia y Vida: http://www.lavanguardia.com/historiayvida/la-vida-sexual-del-rey-felipe-iv_11663_102.html

http://www.abc.es/espana/20150210/abci-felipe-adiccion-sexo-201502091748.html

http://xsierrav.blogspot.com.es/2015/10/felipe-iv-adicto-al-sexo-y-sifilitico.html



domingo, 9 de octubre de 2016

Sexo en el Lejano Oeste

Cuando hablamos del Lejano Oeste a todos se nos viene a la mente las típicas imágenes de hombres duros y rudos, polvorientas ciudades y un saloon amenizado con la presencia de unas cuantas meretrices, pero aparte de los típicos clichés alguna vez se ha preguntado cómo se vivía la sexualidad en esa época.

Prostituta del Farwest
Lo primero que podemos destacar es la doble moralidad que imperaba en cuanto al mundo del sexo: por un lado tenemos el puritanismo anglosajón de los primeros colonos americanos, puritanismo que censuraba todo lo relativo al sexo fuera de matrimonio, recayendo especialmente sobre las mujeres honradas, ya que éstas quedaban relegadas a las labores del hogar y debían comportarse y vestirse decentemente, es decir, cuanto más tapadas mejor.

Pero por otro lado, estamos hablando del salvaje Farwest, unas tierras sin ley donde proliferaron todo tipo de pecados: asesinatos, robos, violaciones, drogadicción (opio, cocaína, morfina, marihuana).

Aunque, sin duda alguna, los dos pecados más extendidos fueron el consumo masivo de alcohol y la prostitución. 


Y es que, en el lejano Oeste, ante la falta de mujeres, recordar que durante las primeras décadas de colonización el número de mujeres no superaba el 10% de la población total, la sociedad tuvo que adaptarse a esa circunstancia mediante la proliferación de prostíbulos y a través de una ¡¡cierta relajación en las consideraciones de género!!

Roles de género algo flexibles...

Así cuando pensamos en el viejo Oeste sólo podemos evocar las tradicionales escenas que Hollywood ha inculcado en nuestro subconsciente colectivo: hombres rudos, hechos a sí mismo, encarnando siempre valores y rasgos masculinos... muy masculinos. Ese tipo de hombre que escupe en el suelo y maldice en voz alta, que se quita el sombrero cuando pasa por delante una dama, pero que al mismo tiempo es capaz de propinarle un cachete en el culo si se la encuentra en la taberna, ese tipo de hombre que no dudará en sujetarla con firmeza para robarle un beso ante los fingidos forcejeos de ella por escaparse de tan descarado hombre...

Fotograma de la película "La dama que conquistó el oeste" (1949)
Con todo ello podríamos presuponer que en esta época se rechazaría cualquier conducta sexual fuera de este varonil comportamiento.

Ante el acuciante problema de la falta de mujeres, veremos, como en esta sociedad los comportamientos homoeróticos fueron bastante más habituales de lo que nos suponemos


Tan es así, que el profesor de la Universidad de Colorado, Peter Boag, en una entrevista titulada "Homos on the Range: How gay was the West?" y autor del libro "Same Sex Affairs" nos habla de una cierta flexibilidad a la hora de imponer los roles de género, y es que muchos de los hombres que mantuvieron relaciones de carácter homoerótico no eran vistos propiamente como homosexuales

Este dato no nos debe extrañar, primero porque esta división entre homosexuales y heterosexuales es un concepto más propio del siglo XX, ya que no es hasta la pasada centuria cuando se habla abiertamente de estos conceptos y se cristalizan las diferentes identidades sexuales.

Así en aquellas grandes comunidades donde la presencia de mujeres fue escasísima, como los campamentos mineros, los primeros poblados de colonización o grandes ranchos aislados del mundo, los hombres adoptaron los roles domésticos y sexuales "reservado tradicionalmente a las mujeres".

 La falta de mujeres hizo que muchos hombres adoptasen
roles de géneros femeninos.


Y es que sin la presencia de mujeres, la línea siempre inestable que divide el homosocial del homosexual, es aún más borrosa, es decir, aquellos hombres que sólo conviven con hombres durante largos períodos de tiempo (marinos, prisiones, soldados,...) no dudan en traspasar las nociones de género "normales" y empezar a adoptar otros roles de género, así como a establecer sutiles conexiones eróticas.

Por ejemplo, sabemos que en algunos campamentos mineros cuando se llevaban a cabo los bailes, a la mitad de los hombres les tocaba adoptar el rol de la mujer en el baile,  identificándose a través de un parche en la entrepierna como símbolo de su papel "femenino".


Creo que es conveniente apuntar como los salvajes indios tenían un sentido más práctico y sensato sobre esta realidad que el civilizado mundo occidental. La mayor parte de tribus indias reconocían sin ningún pudor a aquellos individuos que preferían vestir y dedicarse a actividades propias del otro género, tanto hombres dedicados a las labores de artesanía propias de mujeres, así como mujeres habilidosas en actividades tradicionalmente masculinas como la caza o la guerra, siendo integrados y valorados como miembros de pleno derecho en sus comunidades.

Los "salvajes" indios aceptaban con normalidad el cambio de roles de género que hombres o mujeres pudiesen tener.


Homosexualidad, violación y esclavos sexuales.

Otros estudios que se han adentrado en este polémico tema nos han mostrado la cara más agria y dura de esta realidad, ya que aunque hoy en día tenemos una imagen idílica de los cowboys, estos estudios nos recuerdan que muchos de ellos eran prácticamente adolescentes sin recursos: huérfanos, inmigrantes, indios, mestizos o jornaleros en condiciones de casi esclavitud, jóvenes sin apenas ningún estudio ni preparación, nacidos en una sociedad dura y sin apenas leyes efectivas que los protegieran en estos salvajes territorios.

Estos cowboys no sólo fueron utilizados como mano de obra barata y desechable, sino que también fueron utilizados como esclavos sexuales por parte de terratenientes y ganaderos que, ante la falta de mujeres, no dudaron en forzar a estos jóvenes a mantener relaciones de carácter homosexual, en una situación comparable a la vivida en numerosas prisiones.

Y aunque esta situación puede considerarse uno de los grandes secretos del Salvaje Oeste, no es por falta de pruebas, ya que existen testimonios de todo tipo sobre estos hechos: desde relatos de la época, hasta grabados en madera de hombres bailando con mozos, incluso letras de viejas canciones donde a los jóvenes se les da nombre de mujeres.

A pesar de todo lo dicho, la homosexualidad activa estuvo penada en casi todos los estados del lejano Oeste, con castigos y penas bastante severas.


La prostitución

No hay película del Oeste que se precie que no cuente con la presencia de una prostituta, y es que ante esa falta de mujeres la prostitución fue un elemento básico de cualquier poblado o ciudad del lejano Oeste. Se las conocía por los eufemísticos apodos de "palomas heridas" o "mujeres de la hermandad" y aunque el cine nos hace rememorar esos grandes burdeles dirigidos por una madame, normalmente de gran corazón, en realidad el mundo de la prostitución fue un mundo sórdido, sucio y mísero.

Prostitutas de la película 'Sin perdón' (1992)
Desde la más baja prostitución, de mujeres que paseaban por la calle con una simple manta para satisfacer a sus clientes en el mismo suelo de algún callejón oscuro, a prostitutas que operaban en pequeñas casas de una sola habitación, hasta aquellas que convivían en los más grandes y lujosos burdeles regentados por prestigiosas madames. Famoso son los casos de Julia Bulette y Rosa May.

Julia Bulette fue una de las primeras mujeres en pisar la ciudad de Virginia, y que regentó el primer prostíbulo de la ciudad, ganándose el respeto de toda la comunidad ante sus gestos caritativos con los enfermos de la ciudad. Una historia similar vivió Rosa May famosa prostituta de finales del siglo XIX que también vivió en Virginia City, su leyenda nace por sus labores caritativas cuidando a los mineros enfermos de una terrible epidemia que estaba asolando la región y a la que pronto ella también sucumbiría.


Julia Bulette, izq. y Rosa May, dch.


Así el nacimiento de esta nación fue acompañado de una proliferación de prostíbulos, desde los barrios de luces rojas de San Francisco hasta los grandes burdeles surgidos en Virginia City (NV) pasando por los vagones-móviles de Fort Dodge.

Todo ello era un claro reflejo de la nueva sociedad que se estaba forjando en el viejo Oeste, la mayoría de prostitutas eran mujeres jóvenes, sin apenas educación y, en muchos casos, analfabetas. Su precio variaba según su belleza, pero también según su nacionalidad y origen étnico.

Y aunque como hemos visto estas mujeres cumplieron un papel fundamental para el buen funcionamiento de estas primeras comunidades, incluso su actividad fue un claro estímulo para la dinamización de su economía, su papel en la historia y sus miserias siempre han quedado relegadas al olvido.

Mucha ciudades de los EE.UU fueron conocidas por sus barrios rojos y por sus burdeles de lujo, de todo ello hablamos en esta entrada dedicada al mundo de los burdeles y zonas de prostitución en el Farwest.

 Delincuencia, ETS, abortos e infanticidios

Aunque como bien nos recuerda Anne Butler, en su libro "Daughters of Joy, Sisters of Misery" el mundo de la prostitución casi siempre está ligado a la marginación social y a la delincuencia, por lo que los índices de suicidios, drogadicción, violación y episodios de violencia alcanzaron índices realmente alarmantes, especialmente en los burdeles de estas ciudades fronterizas. Convirtiéndose estos prostíbulos en jaulas de pobreza y miseria, donde caían las mujeres más pobres de la sociedad, muchas veces vendidas por sus propias familias y compitiendo ferozmente entre ellas, sin ninguna esperanza de escapar de estos nidos de conflictividad y marginación.

Fotografía de prostituta.
Finales siglo XIX.
A todo esto hay que sumar otro de los grandes silencios que envuelven el mundo de la prostitución: las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados. Ya que en una sociedad como la del antiguo Oeste con carencias enormes en cuestiones de higiene y salubridad, las ETS fueron un mal frecuente en este submundo, ya que aunque se conocían los condones, su precio era prohibitivo y su acceso difícil. Por lo que las autoridades sólo actuaban, forzando a las mujeres a pasar revisiones médicas periódicas, cuando los brotes alcanzaban cifras alarmantes.

Del mismo modo, los partos siempre implicaban un alto porcentaje de mortandad entre las mujeres, por lo que los remedios abortivos de origen vegetal fueron el remedio más habitual para prevenir cualquier embarazo. Aunque algunas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en burdeles del Nueva York del siglo XIX ("Babies in the Privy: Prostitution, Infanticide, and Abortion in New York City's Five Points District") nos han mostrado otra triste realidad muy frecuente en el mundo de la prostitución el infanticidio.

Las mujeres ocultaban su embarazo a los clientes hasta casi el momento del parto, ya que su única fuente de ingresos eran sus servicios sexuales, y sólo cuando el embarazo era demasiado evidente se le apartaba de sus funciones hasta el nacimiento del bebé, siendo éste arrojado sin más contemplaciones a las letrinas del burdel.

Prostitutas trabajando en un prostíbulo móvil.


Travestismo y Transexualidad 

Charlie Parkhust.
Ya hemos visto en otros post como fue algo habitual que muchas mujeres, ante la pérdida de derechos por su condición de mujer, optaron por vivir una vida de hombres, adoptando los ropajes y las maneras de éstos para conservar sus riquezas y herencias o simplemente para conservar su libertad individual.

Otras muchas seguramente vivieron como hombres porque así se sintieron, quizá el caso de 'One-Eyed Charlie' sea el más famoso de todo el lejano Oeste, Charlie el tuerto trabajó durante toda su vida en la California Stage Co., convirtiéndose en uno de los mejores conductores de diligencia entre Oregón y California, a pesar de su fama de gatillo fácil y borrachuzo. Pero a su muerte, en 1879, cuando se preparó su cuerpo para el entierro se descubrió su secreto, Charlie el tuerto era en realidad una mujer.

Pero uno de los elementos que más fascinó al investigador Peter Boag fue el alto número de casos de hombres que se travistieron y vivieron como mujeres, otro dato que viene a confirmar la flexibilidad en cuanto a los roles de género que existieron en el Salvaje Oeste.


Para cerrar este artículo os ofrecemos un poema anónimo escrito en Texas en a finales del XIX y recogido por un cowboy de la época llamado Charlie Siringo.

THE GOOD, THE BAD AND THE UNSPOKEN

My lover is a cowboy
He’s kind, he’s brave, he’s true
He rides the Spanish pony
and throws the lasso, too
And when he comes to see me
And our vows we have redeemed
He puts his arms around me
And then begins to sing:
Oh, I am a jolly cowboy,
From Texas now I hail,
Give me my saddle and pony
And I’m ready for the trail.
I love the rolling prairie
Where we are free from care and strife,
And behind a herd of long-horns,
I will journey all my life.



Bibliografía

Thomas A. Crist; Babies in the Privy: Prostitution, Infanticide, and Abortion in New York City's Five Points District, Historical Archaeology, Vol. 39, No. 1, Sin City (2005), pp. 19-46

Chad Heap; Slumming: Sexual and Racial Encounters in American Nightlife, 1885-1940, Historical Studies of Urban America, 2009.

Ken Fogelberg, The Soiled Doves of Tombstone - A Historic Look at Prostitution in the Old West Unknown Binding , 2010.

 Paradise of Bachelors: The Social World of Men in Nineteenth-Century America.” 

http://www.sharkonline.org/index.php/rodeo-family-values/751-the-true-history-of-cowboys-as-sex-slaves

http://www.ranker.com/list/wild-west-sex-facts/jacobybancroft

 http://scienceofhumansexuality.blogspot.co.uk/2013/06/the-history-of-sex-education-1800s-to.html

domingo, 15 de mayo de 2016

La aparición de la monogamia I: Las ETS nos hicieron monógamos

La aparición de la monogamia:

Capítulo I: Las ETS nos hicieron monógamos
Capítulo II: (en preparación)

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Hace tiempo ya publicamos un artículo donde sugeríamos que nuestros ancestros homos, así como las primeras comunidades de humanos, tuvieron que ser polígamas ("El sexo de los primates ¿somos una especia monógama?"). Dato fácilmente atestiguable si observamos a nuestros primates más sociables, ya que nuestros primos evolutivos como chimpancés o bonobos conviven en grupos abiertamente polígamos.

Poco a poco, hemos visto como más y más investigadores se atreven a romper con los discursos convencionales arrastrados por la comunidad científica desde tiempos inmemoriales. Y si hay una obra que siempre recomendamos como símbolo de estas nuevas perspectivas científicas es, sin duda alguna, 'En principio era el sexo', un libro que rompe con numerosos esquemas y planteamientos científicos que siempre hemos asumido como grandes verdades universales, y aunque algunas de sus muchas teorías puedan ser polémicas, el gran acierto de este libro es que al menos hace cuestionarte y replantearte visiones sobre la sexualidad humana que simplemente hemos aceptado porque sí, porque siempre han sido así.

Una de las muchas ilustraciones sobre nuestros antepasados homos que trasladan nuestra
visión monógama de la sexualidad hacia el pasado.

Así hoy, traemos a este blog uno de esos estudios que vendrían a confirmar que es precisamente a partir del Neolítico cuando el ser humano empezó a imponerse relaciones de carácter monógamo ¿por qué? Los científicos Chris T. Bauch y Richard McElreath en su artículo "Disease dynamics and costly punishment can foster socially imposed monogamy", nos aportan varias claves que pueden resumirse en un gran titular:

"Las enfermedades de transmisión sexual nos hicieron monógamos".


Es decir, a partir del Neolítico con la aparición de sociedades más amplias y numerosas, las enfermedades de transmisión sexual (ETS) se hicieron endémicas, perjudicando a aquellos individuos que tuviesen más relaciones y poniendo en peligro uno de los factores claves para la supervivencia de la comunidad... la fertilidad.

Para apoyar esta tesis estos investigadores han aplicado modelos de simulación matemáticos para explorar cómo las interacciones entre el tamaño del grupo, la dinámica de infección de transmisión sexual (ITS) y las normas sociales pueden explicar el tiempo y la aparición de la monogamia impuesta socialmente.


Esta hipótesis no es la primera, ni será la última, que ha intentado explicar el paso de la poligamia a la  monogamia, desde hace años se llevan lanzando explicaciones e hipótesis de todo tipo: desde la elección femenina, a las dinámicas de poder masculinas, pasando por el impacto de la tecnología, la selección cultural del grupo, proporción de cuidados parentales de las crías, la aparición de la propiedad privada, o como este nuevo estudio presenta, el efecto de los patógenos.

Aunque como los mismo autores del estudio reconocen todas ellas pueden tener un fondo de verdad, ya que la evolución, al igual que cualquier otro proceso histórico, es un fenómeno evidentemente multicausal. Por lo que intentaremos a lo largo de distintas entradas presentar algunas de las muchas y muy variadas hipótesis que explican este cambio fundamental en la sexualidad del ser humano


La monogamia, un proceso más dentro de la selección natural

Por lo que este paso, esta imposición social de la monogamia, no tuvo que ser un paso sencillo. Un largo proceso donde la selección natural hizo prevalecer aquellos grupos que mejor se adaptaron al nuevo modelo económico y social que estaba surgiendo con el paso de sociedades cazadoras-recolectoras a agricultoras.

Y es que las ETS tuvieron que suponer una enorme presión para estos grupos humanos, ya que enfermedades como la sífilis, la clámide o la gonorrea pueden provocar tasas muy altas de infertilidad, provocando importantes declives demográficos.

Por lo que bajo ciertas condiciones epidemiológicas los grupos de carácter monógamo aumentarían su población en detrimento de los grupos polígamos que verían como los índices de fertilidad se reducirían.


¿Cómo se explica que estas mismas ETS no afectasen a grupos de cazadores-recolectores?

Los autores del estudio utilizando diversos modelos de simulación matemática han llegado a las siguientes conclusiones:

- Cazadores- recolectores --> Dentro de los grupos integrados por al menos 30 individuos sexualmente maduros las ventajas de la poligamia frente a la monogamia son evidentes, ya que aumentan considerablemente el índice de fertilidad. Y aunque es probable que alguna ETS pueda afectar a un grupo de cazadores-recolectores, al ser poco numerosos la enfermedad suele desaparecer rápidamente. Incluso aceptando que este brote de alguna ETS puede perjudicar la supervivencia de ese grupo, en general, el índice de fertilidad en grupos pequeños es mucho mayor en regímenes de poligamia.

Como bien explica, C. Bauch, uno de los co-autores del estudio: “En las sociedades más pequeñas, las infecciones de transmisión sexual no pueden persistir en el largo plazo, desaparecen debido a sucesos aleatorios, que son también más comunes en grupos pequeños. Por lo tanto, la poligamia no está en desventaja debido a que las infecciones no persisten".

Banda de cazadores-recolectores

- Agricultores --> En grupos más grandes, a partir de 300 individuos, las ETS se hacen endémicas causando la despoblación del grupo. "En las poblaciones más grandes, las infecciones son capaces de persistir, y esto es lo que hace que la poliginia sea menos ventajosa que la monogamia, ya que el nivel promedio de infección es mayor en los grupos poligínicos que en los grupos monógamas” argumenta el científico de la Universidad de Waterloo (Canadá)

Cuando estos casos ocurren, si existe alguna 'facción' de tendencia monógama en el grupo, verán como su comportamiento sexual tiene una recompensa social, ya que a la larga su grupo se irá incrementado, produciéndose una dominación eventual del grupo y un cambio definitivo en las costumbres sexuales.



La imposición social de la monogamia

Con el nacimiento de la agricultura y la consiguiente sedentarización del ser humano se produce un aumento significativo de la población. En estas circunstancias hemos explicado como los grupos de tendencias monógamas a la larga se irían imponiendo sobre el resto, y aunque este paso, pueda parecer natural y lógico, las muchas y reiteradas advertencias (y castigos) que se recogen tanto en los primeros textos religiosos como jurídicos sobre los peligros de la promiscuidad nos indicarían que la imposición de este tipo de norma fue necesaria para salvaguardar la fertilidad de estas primeras sociedades.

Por lo que esta interacción entre las dinámicas sociales y naturales son claves para entender no sólo la aparición de la monogamia, sino también todo un conjunto de normas sociales vinculadas con la sexualidad humana que hasta el día de hoy las hemos aceptados como universales.




Bibliografía

 Barash D. y Lipton J.E.; El mito de la monogamia: La fidelidad y la infidelidad en los animales y en las personas, Siglo XXI, 2003

 Chris T. Bauch y Richard McElreath. “Disease dynamics and costly punishment can foster socially imposed monogamy”, Nature Communitacions DOI: 10.1038/ncomms11219.

[En Internet]

http://elpais.com/elpais/2016/04/12/ciencia/1460464009_412113.html

sábado, 19 de septiembre de 2015

Sexo y Guerra en Vietnam

Sexo y guerra son dos conceptos estrechamente vinculados, a pesar de que en la mayoría de los conflictos se suele ignorar una de las más terribles consecuencias inherente a cualquier guerra...la explotación sexual de las mujeres. Y es que cualquier militar sabe que la satisfacción sexual de un soldado en tiempo de guerra es tan importante como tenerlo bien alimentado. 

En Vietnam esta relación fue tan habitual que hasta el mismo ejército facilitó a sus soldados el acceso al sexo, ya sean financiando zonas de prostitución, permitiendo la presencia de prostíbulos en áreas militares, organizando 'excursiones' a ciudades del pecado o haciendo la vista gorda ante los numerosos casos de abusos o violaciones provocados por sus soldados...

El movimiento Hippie
Protesta en contra de la
Guerra de Vietnam.

A todo esto hay que sumar que la Guerra de Vietnam se produjo en un contexto social y cultural muy peculiar, ya que Estados Unidos estaba viviendo una revolución social, cultural y sexual donde los jóvenes exigían nuevas libertades con el auge de la contracultura hippie, exigiendo libertad de expresión y aperturismo sexual, y brotando una ola de pacifismo al tiempo que se recrudecía la guerra de Vietnam. Toda una ideología resumida en la famosa frase "Haz el amor y no la guerra".

Sexo durante la Guerra de Vietnam

Y es que a finales de los 60 más de medio millón de americanos estaban destinados a Vietnam y como en la mayoría de las guerras el sexo se convirtió en la principal fuente de evasión. En Vietnam el sexo se vendía por doquier, siendo una de las principales fuentes de riqueza de muchos vietnamitas.

Así cuando los soldados llegaban a las principales ciudades de Vietnam, lo primero que les llamaba la atención era el gran número de prostitutas que pululaban por sus calles, eran las "boom-boom girls", el "boom-boom", el sexo, se vendía en cualquier calle, en cualquier bar, incluso a los soldados que patrullaban fuera de la base se les acercaban estas chicas ofreciéndoles sexo.

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Boom-Boom Girl.
Para las mujeres vietnamitas la prostitución se convirtió en una de las pocas oportunidades de escapar de la miseria, siendo muchas veces el único sostén económico de muchas familias. Aunque otras veces estas mujeres eligieron libremente ejercer la prostitución, especialmente aquellas mujeres urbanas y de clase media, que podían permitirse comprar maquillaje y vestidos elegantes, al ser una manera fácil de ganar dinero propio y lograr cierta independencia respecto a sus familias.

Las cifras sobre prostitución en la guerra de Vietnam alcanzan cifras estremecedoras, ya que se ha calculado que en el punto álgido de la guerra había medio millón de prostitutas en el vietnam del sur, casi el mismo número de soldados, una por cada soldado.

Pero en Vietnam también hubo mujeres norteamericanas, destacando especialmente el cuerpo de enfermeras, un elemento esencial en el funcionamiento del ejército, las cuales vivieron también bajo una actitud sexual bastante relajada, a esta situación contribuyó el descubrimiento de la pastilla del día después

Bungalowing

Otro tipo de 'prostitución', aunque también puede contemplarse con un tipo de relación 'estable' es el denominado "Bungalowing", donde el personal tanto militar como civil (obreros de la construcción, ingenieros,...) con destino permanente en alguna de las ciudades vietnamitas establacía relaciones duraderas con mujeres nativas.

Normalmente, estos hombres que gozaban de un destino más o menos estable, compraban los servicios de las denominadas 'chicas de alquiler' por un determinado tiempo, que podían ir desde una semana hasta un año entero. El curioso nombre de 'bungalowing' proviene de la costumbre de los soldados de alquilar un apartamento para su amante, y así, poder visitarla los días de permiso o aquellos ratos que estuviese libre.

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Este tipo de relación podía derivar en relaciones estables y sólidas, creándose auténticos vínculos amorosos, por lo que son muchos los casos, donde los soldados americanos, atraídos por la cultura asiática, abandonaron a sus novias o mujeres americanas por sus amantes vietnamitas.

Pero detrás de todo este ambiente de prostitución "de cara amable" se esconden innumerables tragedias para las mujeres vietnamitas, especialmente en el ámbito rural, donde la prostitución forzada o las violaciones sistemáticas también fueron habituales por parte de los soldados norteamericanos.

Permisos R&R

Estos famosos permisos R&R (Rest & Recreation) se le concedían a todos los soldados y consistían en una semana de reposo y relax, que podían aprovechar como ellos quisieran. Muchos de estos soldados decidían visitar a sus familias, aunque algunos otros preferían buscar otro tipo de emociones visitando algunas de las ciudades más exóticas de Asia como Bangkok, Singapur, Manila o Tokio.

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Fotografía Revista 'Time'.
Diciembre 1967.
Incluso el Gobierno de EE.UU financió la construcción de estas zonas de recreo para sus soldados, firmando acuerdos especiales, tanto con las compañías aéreas como con los diferentes países, para transportar a gran número de soldados. Así por ejemplo durante la Guerra de Vietnam se enviaron 700.000 soldados anualmente a Tailandia para disfrutar de estos R&R
 
Estas ciudades eran muy populares entre los soldados ya que venían a significar alcohol y sexo en abundancia, incluso desde el propio ejército les detallaban los lugares propicios para estas correrías, dándoles ciertas indicaciones sobre lo que se podían encontrar en cada ciudad.

Dentro de estas ciudades destacaron los salones de masajes, haciéndose enormemente populares entre los soldados, quizá por el contraste con el ambiente húmedo, sucio y estresante de la jungla, ya que en estos salones de masajes, las meretrices bañaban y relajaban a los soldados antes de darles sexo.

Pero como cualquier espacio relacionado con la prostitución, estos lugares fueron centros de otros graves problemas sociales como la prostitución infantil, la explotación sexual, el tráfico de seres humanos, las drogas o las ETS.

Pornografía

Otra de las formas de evasión de los soldados fueron las revistas pornográficas que durante esta época adquirieron una enorme popularidad. Seguramente, porque muchos jóvenes echaban de menos a mujeres que les recordasen a sus mujeres o novias, además esta pornografía facilitaba una evasión en contraste con las duras condiciones del soldado destinado a la jungla, por lo que el ejército facilitó la difusión de la revista entre sus soldados. Revistas como Playboy o Husler incrementaron sus ventas y suscripciones de manera espectacular durante la guerra (Playboy llegó a los 7 millones de suscripciones) y las fotos de las playmates cubrían los barracones de los soldados.

Fotograma de la película 'Apocalypse Now'

Sin Cities


Uno de los casos más ilustrativos de lo extendida que estaba la prostitución y uno de los intentos más famosos de controlar la prostitución de forma no punitiva, lo encontramos en la ciudad de An Khe, en las tierras altas centrales de Vietnam, donde 21.000 soldados estaban desplegados en las proximidades de la ciudad en un enorme campamento base.

Allí ante la extensión de las enfermedades venéreas (un tercio de los soldados estaban infectados de alguna ETS) se optó por prohibir las salidas a la ciudad, aunque la medida fue pronto derogada por el decaimiento de la moral de la tropa, así como de la economía de la región, muy dependiente de los dólares vinculados a las salidas de los soldados.

La solución adoptada por el ejército fue crear un gran prostíbulo controlado por las autoridades médicas militares donde las mujeres eran examinadas regularmente. Este gran edificio, ubicado dentro del espacio militar, fue conocido como la 'Disneylandia Oriental' o 'Sin City', era un enorme complejo rodeado por alambradas y vigilado por la Policía Militar.

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Ciudades del pecado.
Sus puertas sólo se abrían en horario diurno y en su interior se podía encontrar casi todo lo que uno quisiese, ya que funcionaban como una mini-ciudad dentro del campamento, existiendo puestos de comida, tiendas de suvenires, bares y como no! barracones y salones destinados a la prostitución, todos ellos con nombres a cada cual más exótico.  Dentro de estos recintos vivían y trabajaban numerosas mujeres vietnamitas, así como numerosos refugiados que habían perdido sus hogares durante la guerra.

Aunque este caso es el más conocido, parece que fue algo habitual que dentro de los recintos militares se aceptase la presencia de este tipo de burdeles militares dentro del perímetro de la base.

ETS: Enfermedades de Transmisión Sexual

Las enfermedades venéreas siempre han sido un problema en el frente, ya que en muchos conflictos han causado tantas bajas como el enemigo. En la Guerra de Vietnam las cifras de contagio de ETS fue superior a cualquier otra guerra que haya existido jamás, afectando a un 30% de las tropas destinadas.

Por suerte, este tipo de enfermedades se solían curar con una simple inyección de penicilina, aunque este no evitó que circulasen infinidad de rumores sobre distintos tipos de enfermedades, desde algunas incurables a otras donde el miembro se te caía. Esta última era conocida como la 'Rosa negra', ya que el pene adquiría una tonalidad negruzca y se engrangenaba hinchándose por la infección.

Con todo ello, el ejército se esforzó en concienciar a sus soldados mediante películas educativas y distintos tipos de avisos, aunque estos métodos nunca fueron muy escuchados. Sólo cuando se acercaba la fecha de licenciarse sí que se preocupaban de no contraer ningún tipo de enfermedad, ya que les estaba prohibido entrar en EE.UU con alguna de estas enfermedades.

Deseo, peligro.

Uno de los aspectos que más preocupó a las autoridades militares sobre el intercambio de sexo entre soldados y mujeres vietnamitas eran los posibles casos de fuga de información y espionaje, incluso se sabe que se negociaron favores sexuales a cambio de armas y munición.

No hay cifras claras al respecto, pero parece claro que en Vietnam, los rebeldes del sur que lucharon a favor de la causa comunista, reclutaron a numerosas mujeres como espías del norte, desde estrellas del cine o de la ópera hasta simples amas de casa. Y como no! toda clase de prostitutas, especialmente valiosas eran las de lujo, que lograban sonsacar información a los oficiales sudvietnamitas y americanos para después pasar esos informes a los comunistas del norte.

A todo ello contribuyó que las mujeres vietnamitas fueran feroces combatientes. Las tropas comunistas no dudaron en reclutar a las mujeres para la guerra, incluso su líder Ho Chi Minh elogió frecuentemente a estas mujeres combatientes.

Mujeres combatientes del ejército comunista.
Todas estas informaciones fueron extendiendo un mito sobre las mujeres vietnamitas, donde se las retrataba como mujeres siempre peligrosas, orgullosas, traicioneras, donde incluso la mujer más sumisa podía estar al servicio del enemigo, lista para rebanarte el cuello mientras dormías.

Por contra, tenemos aquellas mujeres que atraídas por el dinero, el amor o el sueño de un futuro mejor o atraídas por las modas estadounidense quisieron americanizarse, recurriendo a operaciones estéticas para occidentalizar sus rasgos, aumentando el tamaño de pechos y caderas o redondeándose más los ojos

Las consecuencias del fin de la guerra

La caída de Saigón en 1975 supuso la victoria definitiva del ejército nordvietnamita y el fin de la guerra de Vietnam, iniciándose un período de transición que conduciría a la reunificación del país al año siguiente.

Los días previos a la caída de la ciudad se realizó una evacuación masiva de diplomáticos y personal civil y militar estadounidense, así como de otros ciudadanos extranjeros y algunos refugiados vietnamitas, entre los que destacan dos mil huérfanos vietnamitas en la "Operación Babylift"

Refugiados survietnamitas tras ser evacuados
a un portaaviones estadounidense. 1975.
Y esta fue una de las más graves consecuencias de esta guerra, la aparición de toda una generación de niños perdidos, fruto de las relaciones de americanos con mujeres vietnamitas. El excesivo precio de los preservativos y la ausencia de otros métodos anticonceptivos hizo surgir toda una generación de niños asioamericanos, marginados y odiados por ambos bandos, son los llamados "niños del polvo".

Los nordvietnamitas los odiaban por representar a sus enemigos ancestrales y el fruto de la traición a su país, los sudvietnamitas por que los americanos les habían abandonado cuando más los necesitaban.

Esta represión también se extendió a los antiguos colaboracionistas del régimen sudvietnamita, por lo que el nuevo gobierno comunista castigó a las prostitutas que habían confraternizado con el enemigo. Por lo que para toda esta generación sólo existió un camino... el exilio. En 1982, gracias a la intercesión de ONU, se permitió a estos niños junto a sus familias emigrar a EE.UU.

Por otro lado, los soldados que volvieron de la guerra se encontraron situaciones muy diversas, a muchos soldados volver a vivir bajo la moral sexual conservadora de sus pequeños pueblos les resultó francamente difícil. Habían vivido durante varios años bajo una cultura sexual mucho más abierta, por lo que muchas veces, volver con sus antiguas novias o mujeres les resultó bastante frustrante.

Para finalizar hablaremos de una de las consecuencias de la guerra de Vietnam que siguen muy latente en el sudeste asiático, el turismo sexual. Nunca sabremos si esta triste moda existiría sin las famosas 'sin cities' financiadas por EE.UU, pero lo que está claro es que desde ese momento, países como Filipinas, Tailandia o Malasia, se convirtieron en focos de atracción para el turismo sexual, donde europeos y americanos buscan sexo fácil, barato, exótico y a veces ilegal, bajo cierta permisividad de las autoridades.


Bibliografía

Cuando el cielo y la tierra cambiaron de lugar

https://www.youtube.com/watch?v=_8ZlyxUlckE

https://laultimabatalla.wordpress.com/2009/09/05/sexo-en-la-guerra-de-vietnam/

http://guerradevietnam.foros.ws/t1123/boom-boom-chop-chop/