domingo, 3 de enero de 2016

Mussolini y el sexo

Dictadores: Sexo y Poder
1.- Mussolini
2.- Stalin
3.- Hitler
4.- Mao
5.- Franco
6.- Leónidas Trujillo

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Mussolini, 1938.
Para hablar de la sexualidad de Benito Mussolini, no hay nada mejor que observar un video de uno de sus discursos, y es que esa misma pasión y fuerza que irradiaba durante sus proclamas públicas también la mostró en el plano sexual.

Su personalidad así como su sexualidad se caracterizó por sus excesos, Mussolini desprendía una sexualidad desbordante, que se plasmó en la especial relación que tuvo con las mujeres, ya que fue un mujeriego empedernido con decenas de amantes, sin importarle su condición social o su belleza.

Incluso, es sabido que hubo veces que desatendió sus obligaciones de estado por estar con alguna de sus amantes. Mussolini no se avergonzaba de sus conquistas, se dejaba ver en público con sus amantes, ya que le gustaba que las masas le viesen como un conquistador, y no sólo de mujeres, sino también como un hombre de Estado, capaz de conducir a la nueva Italia hacia la gloria.

Mussolini también se exhibía realizando todo tipo de actividades físicas o deportivas: nadando, esquiando o montando a caballo, y es que para el fascismo el culto al cuerpo era uno de sus pilares básicos, y Mussolini encarnaba la juventud y la energía de la nueva Italia fascista que estaba construyendo.

Por eso una de sus obsesiones en los últimos años de su gobierno fue su crepitud, obsesión que también trasladó al plano sexual, por lo que no dudó en tomar una píldora afrodisíaca, inventada por los alemanes y denominada Hormovin, para poder seguir rindiendo plenamente con sus jóvenes amantes.

Y es que Mussolini tenía que mostrarse como un hombre viril en todo momento y lugar, muchas veces rozando lo caricaturesco, pero que supo fascinar al pueblo italiano, representando al modelo de hombre que todo italiano aspiraba a ser: carismático, conquistador, viril...

Por lo que el mito de hombre desbordante de testosterona, de mujeriego, que se forjó Mussolini era bien vista por la mayoría de sus compatriotas, causando furor y admiración entre muchas mujeres italianas. Incluso tuvo una oficina encargada de cribar las cartas de sus numerosas admiradoras y seleccionar entre ellas a aquellas a las que se les concedería una "audiencia privada".

Dicen las malas lenguas, que desde que llegó al poder, Mussolini siempre que se encontraba en su palacio de Venecia, recibía, durante la hora de la siesta, a alguna de sus admiradoras.

El papel de la mujer

Todo esto no nos debe hacer olvidar el papel de la mujer dentro de los movimientos fascistas, ya que Mussolini durante su gobierno convirtió a Italia, ya de por sí bastante machista, en un país misógino y de férrea exaltación machista.

Sólo hay que recordar los ideales que pregonaba la propaganda fascista respecto a los roles del hombre y la mujer dentro de la sociedad.  Ideología que incluso llegaba a justificar el maltrato y la violencia machista:

Hitler decía: "El hombre debe ser instruido para la guerra y la mujer para la procreación y descanso del guerrero. Si vas con la mujer...¡¡no olvides el látigo!!".  El propio Mussolini recordaba el papel de la mujer dentro del nuevo estado fascista y proclamaba: “A las mujeres, bastonazos e hijos”.


Las amantes de Mussolini

La vida del Duce siempre estuvo marcada por las mujeres, conquistador insaciable, alguna de sus numerosas amantes serán fundamentales en su configuración ideológica, convirtiéndose en un permanente apoyo para su carrera política. Y es que siguiendo el rastro de sus numerosas amantes podemos trazar un paralelismo de su evolución ideológica: desde sus inicios en el socialismo más radical a su progresiva radicalización dentro del fascismo.

Esta búsqueda de nuevas y constantes amantes ha sido justificada bajo la excusa de su naturaleza impulsiva y volcánica, pero también fue una medida pensada para reforzar su imagen de hombre carismático. El propio Mussolini defendió esta visión del amor al proclamar: “A una mujer no se la puede amar profundamente más de tres meses”.

Y aunque el testimonio de algunas de sus amantes nos ha dejado el retrato de un hombre siempre apasionado y vigoroso, sabemos que también se comportó de forma brutal y despiadada con algunas de las mujeres a las que amó.


Las amantes revolucionarias:

Entre sus primeras amantes podemos destacar aquellas vinculadas al Partido Socialista Italiano y que ayudaron al Mussolini a ascender dentro del partido y a configurar su ideología:

Angelica Balabanov: 1902-1914, fue una política de origen ruso, que le inculcó a Mussolini sus ideas políticas e impulsó la carrera de Mussolini dentro del Partido Socialista Italiano hasta que sus desavenencias por el intervencionismo de Italia en la I Guerra Mundial hizo que ésta proclamase su expulsión del partido.

Ana Kulischoff: Fue otra de sus amantes de sus primero tiempos dentro del partido socialista y que favorecerá su ascenso dentro del partido, ya que esta mujer fue una de las principales exponentes y fundadoras del Partido Socialista Italiano.

Leda Rafanelli: El gusto por el exotismo de Mussolini se confirma con su affair con esta anarquista árabe conocida con el sobrenombre de la "gitana anarquista", durante su período dentro del partido socialista revolucionario mantuvo una relación erótica-política.

Su primera y olvidada esposa:

Ida Dalser: La relación con esta mujer es el mejor ejemplo del carácter despiadado de este dictador. No están claras las circunstancias de cuando y donde esta esteticién conoció al joven Mussolini, aunque todo parece indicar que se casaron en 1914, dándole un hijo al dictador al que no dudó en llamar Benito.

Pero tras la vuelta de Mussolini de la guerra en 1917 y la fundación del Partido Fascista su ascenso político fue fulgurante, por lo que pronto Ida Dalser se convirtió en un estorbo para su carrera, por lo que tanto ella, como su hijo, fueron vigilados estrechamente por la policía.

Cartel de la película
italiana 'Vincere'.
Benito Mussolini no dudó en utilizar todos los mecanismos del estado para borrar toda huella de este matrimonio, haciendo desaparecer los comprobantes de esta unión matrimonial. Pero ante la insistencia de Ida por hacerse reconocer públicamente como la mujer del Duce, éste no dudó en recurrir a un médico para que la declarase demente, siendo internada en un manicomio de Verona, donde moriría sospechosamente años después.

Por suerte para nosotros se han conservado algunas de las cartas que Ida Dalser envió a las más altas autoridades italianas, incluyendo al mismísimo Papa, para que se reconociese legalmente a su hijo. Algunas de las misivas más desgarradoras van dirigidas directamente a Benito Mussolini y son el mejor reflejo de la vil personalidad del dictador:

"Lo que te pido es muy poco: mi hijo y mi inmediata liberación de este pútrido manicomio, de este hospital para enfermos de tuberculosis donde no tienes derecho a enterrarme […] mis posesiones […] mis muebles y todo el mobiliario de mi apartamento en Milán para que se le entreguen a mi hijo. Haz que se deje de insultar a la madre de tu hijo, al menos para calmar tu conciencia y al fantasma que te visitará cada noche […] Benito, escucha llorar a mi corazón, nos amábamos, nos adorábamos apasionadamente, tuvimos un hijo en común, y por ti, estoy ahogándome en un mundo lleno de calamidades, tú has matado mi querida y saludable juventud."
- Fragmento de una carta de Ida Dalser dirigida a Benito Mussolini.

Su hijo secreto corrió similar suerte, vigilado por la policía secreta fascista fue apadrinado por un alto cargo del partido y rápidamente enrolado en la marina, pero ante la insistencia de proclamar que era hijo del Duce, pronto fue internado en un asilo donde murió en 1942 a la edad de 26 años, según algunas fuentes por desnutrición.

Esta trágica historia se cuenta de manera magistral en la premiada película italiana 'Vincere', la cual se asoma a la lucha de esta mujer por recuperar su vida..

Su esposa oficial:

Familia Mussolini, 1923.
Rachele Guidi: Si por algo destacó este matrimonio fue por la mutua admiración que los dos se tuvieron hasta el fin de sus días. Sorprende saber que a pesar de sus continuas aventuras extramatrimoniales, el dictador siempre veneró a su esposa, tal vez por la actitud sumisa y silenciosa de ésta,  que nunca protestó ante tal situación, asumiendo su papel de mujer oficial del Duce, alejada de todos los asuntos oficiales y resignándose a un único rol... el de madre y esposa silenciosa.

Circula una anécdota de cómo se conocieron y qué muestra muy a las claras el carácter temperamental, incluso violento, de Benito Mussolini. Según algunas fuentes a la hora de pedir su mano acudió a la casa familiar de Raquel donde, delante de todos sus familiares, sacó una pistola del bolsillo y proclamó: “Si Raquel no me quiere, aquí hay seis balas: una para ella y las otras para mí”.

Su matrimonio civil se produjo a la vuelta de Mussolini de la I Guerra Mundial, poco después del abandono de su primera esposa Ida Dalser,  y a pesar de sus conocidas y públicas infidelidades renovaron sus votos, esta vez, en un acto religioso en 1925, cuando Mussolini ya se alzaba como el hombre más poderoso de Italia.

Durante el régimen fascista, la figura de Rachele fue presentada como la de madre y ama de casa fascista ejemplar, dándole al dictador hasta cinco hijos, y viviendo siempre a la sombra de su marido.


Las grandes amantes de Mussolini:

No podemos despedir esta entrada sin hablar de las dos mujeres (y amantes) más influyentes en la vida de Mussolini, y gracias a las cuales podemos conocer mejor la vida sexual del dictador: estas son Margueritta Sarfatti y Clara Petacci:

Margueritta Sarfatti
Margueritta Sarfatti, la amante judía de Mussolini: Esta fascinante mujer nacida en el seno de una rica familia judía italiana y casada con un rico industrial milanés siempre estuvo vinculada al mundo del arte. Activista del Partido Socialista Italiano su acercamiento a la corriente crítica encabezada por Benito Mussolini hizo que pronto surgiese una mutua simpatía entre ellos, convirtiéndose en una de sus más fieles colaboradoras, financiando su definitivo ascenso al poder y convirtiéndose en la principal portavoz internacional del movimiento fascista.

Incluso en 1925 escribió una biografía sobre Mussolini, titulada 'Dux' que se convirtió en todo un éxito de ventas, y donde pretendía enseñar la cara amable del nuevo régimen fascista que se estaba alzando en Italia.
 
Aunque gracias a esta relación amorosa los modales del Duce se volvieron algo más refinados y sofisticados, su aventura amorosa no durará mucho, distanciándose definitivamente ante la adopción por parte del gobierno de políticas antisemitas de inspiración nazi, huyendo poco tiempo después a Sudamérica para evitar convertirse en una víctima más del régimen fascista.


Clara Petacci: Junto a su esposa fue la mujer más importante en la vida de Mussolini convirtiéndose en la amante oficial de Mussolini hasta su trágico final. Hija de una rica familia romana, desde muy jovencita se convirtió en una admiradora del Duce, al más estilo fenómeno fan, ya que su habitación estaba llena de retratos del Dictador.

Clara Petacci.
Se conocieron en una playa de Ostia en 1933 y a partir de ahí comenzaron una relación amorosa que durará hasta su muerte en 1945. Su mujer Rachele, consciente de que esta no era una aventura más, procuró acabar con esta relación, sin conseguirlo nunca. Y es que ella era una bellísima joven de 20 años, mientras el Duce contaba ya con 49 años.

La propia Clara demostró su amor incondicional hacia el Duce aguantando a su lado incluso en los peores momentos, aunque antes vivieron una apasionada e intensa relación amorosa. Una vez que Clara abandonó a su marido, un teniente de aviación italiano, Mussolini, loco de amor y de celos, la recluyó en una mansión en uno de los barrios más exclusivos de la capital italiana.

Los diarios íntimos de Clara Petacci

Fue en esta jaula dorada, donde Clara, hastiada de su encierro, empezó a escribir unos diarios íntimos, donde narra con todo lujo de detalles sus encuentros sexuales con el Duce, permitiéndonos conocer más en profundidad a este oscuro personaje, sus manías y sus obsesiones.

En estos diarios se recogen todo tipo de intimidades y nos permiten confirmar algunos de los datos antes ofrecidos. Así en un pasaje de su diario Petacci recoge la confesión del dictador que le aseguró haber tenido 14 amantes y haberse acostado con cuatro mujeres distintas en una misma noche.

Libro 'Mussolini secreto',
donde se recogen los diarios
secretos de Clara Petacci.
Por otro lado, estos diarios nos viene a confirmar el carácter fogoso y pasional de esta relación: ”Hacemos el amor y grita como un animal herido”; “lo hacemos con violencia”, son algunos de los fragmentos de estos diarios, que nos vendrían a confirmar que la personalidad visceral que el Duce ofrecía en sus comparecencias públicas también se trasladaba a la intimidad de su dormitorio.

En estos pasajes se puede apreciar la mutua pasión que ambos amantes sentían el uno por el otro, sacando incluso en lecho amatorio su lado más salvaje y violento: "pierdo el control: si no fuese así, los nuestro serían coitos maritales, aburridos", pudiendo intuir un cierta inclinación hacia el sexo duro: "Sois agresivo como un león, violento y majestuoso".

Esta pasión por el sexo y por su fogosa amante se recoge en otro de sus pasajes: “No quiero hacer el amor una vez a la semana como los buenos palurdos; te he acostumbrado y me he acostumbrado a un amor frecuente y espero que no quieras cambiarlo”. 

Incluso estos diarios nos permite hurgar en determinadas filias del dictador: "Soy esclavo de tu carne. Tiemblo mientras lo digo, siento fiebre al pensar en tu cuerpecito delicioso  que me quiero comer entero a besos. Y tú tienes que adorar mi cuerpo, el de tu gigante. Te deseo como un loco".

La publicación de estos diarios han venido a confirmar la verdadera personalidad del dictador: pasional y caprichosa, guiada por un erotismo desenfrenado, que rozaba muchas veces la obsesión sexual y es que algunos pasajes de estos diarios son más propios de un libro de relatos eróticos:

"Su rostro está rígido, sus ojos centellean. Yo estoy sentada en el suelo. Él se desliza del sillón y se echa sobre mí, curvo. Siento que todos sus nervios están tensos. Lo aprieto contra mí. Lo beso y hacemos el amor con tanta furia que sus gritos parecen los de un animal herido. Después, agotado, se deja caer sobre la cama. Incluso cuando descansa es fuerte".


La muerte del Dictador

El amor que sentía Mussolini, por las dos mujeres de su vida, su esposa Rachele y su amante Clara, se manifestó en los momentos finales de su vida, cuando consciente de que el régimen fascista italiano se estaba desmoronando trató de poner a ambas a salvo, lejos de la represalia de sus compatriotas.

Por ello, decidió cortar su relación con Claretta y trató por todos los medios que huyera a España, alentando a los oficiales alemanes que lo vigilaban a trasladar a su amante al aeropuerto de Milán. Pero Claretta estaba decidida a no abandonar al amor de su vida y mientras toda su familia huía de Italia ella decidió permanecer cerca de su amado líder.

A finales de abril de 1945 Mussolini huía de Milán saliendo apresuradamente camino a Suiza, pero el convoy alemán que le escoltaba fue asaltado por una patrulla de partisanos, que identificaron a Mussolini llevándole preso a la cercana localidad de Dongo.

Claretta enterada de este suceso no dudó ni un instante en acercarse al presidio donde retenían a su amado Duce, ya que sabía que los partisanos lo iban a fusilar. Ella era consciente de que este acto supondría su propia muerte, ya que los partisanos no tendrían piedad de la "puta del dictador". Pero ella estaba a decidida a compartir la suerte de su amor.

Aun así, una vez trasladados los prisioneros a la localidad de Bonzanigo, a ella se le dio una última oportunidad de abandonar al Duce, pero ella se negó, por lo que la mañana del día 28 de abril fueron trasladados hacia una cercana granja para ejecutar la sentencia de muerte.

Cadáveres de Mussolini y Clara Petacci colgados en Milán.

Según cuentan las crónicas hasta el último momento Clara dio muestras de la devoción absoluta que sentía por Mussolini, ya que cuando un soldado levantó su ametralladora para darles muerte, ella se abrazó a Mussolini e intentó interponerse, cayendo muerta al instante. El dictador aún indemne abrió su chaqueta y gritó «¡Dispareme en el pecho!». Una nueva ráfaga de disparos cayó sobre Mussolini aunque, fuerte como era, necesitó un tiro de gracia en el corazón.

Sus cadáveres fueron trasladados a Milán, donde fueron golpeados, apaleados y finalmente colgados  cabeza abajo en una gasolinera de Plaza Loreto, donde sus cuerpos siguieron siendo sometidos a toda clase de ultrajes. Pero incluso después de muertos el destino de estos dos amantes siguió unido, siendo ahorcados conjuntamente y fotografiados juntos posteriormente en la morgue.





Bibliografía


Pieroni, Alfredo; El hijo secreto del Duce, Garzanti, Milán, 2006

Ducret, Diane; Las Mujeres de los dictadores, Aguilar, 2011.

Gasparini, Juan; Mujeres de Dictadores, Península, 2002.

Montero, Rosa; Dictadoras: Las mujeres de los hombres más despiadados de la historia, Lumen, 2013.

Suttora, Mauro; Mussolini secreto: Los diarios de Claretta Petacci (1932-1938), Crítica, 2010.


http://dinastias.forogratis.es/el-affaire-de-la-ultima-reina-de-italia-con-mussolini-t2508.html


http://www.elmanifiesto.com/articulos_imprimir.asp?idarticulo=677









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1 comentario:

  1. Todos los dictadores necesitan de una mujer que les someta en la intimidad, siempre mandan ellos a la luz del día, pero en la intimidad buscan ese placer de las dominatrices que les someten y eso les excitaba.

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