jueves, 27 de septiembre de 2018

Eunucos en Bizancio

Eunucos en Bizancio
Parte I:  Historia de los eunucos en Bizancio.

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 "Su rostro era el de una rosa; la piel de su cuerpo, blanca como la nieve, era bien formado, rubio, estaba dotado de una suavidad poco habitual y desde lejos se percibía su olor a almizcle"
- Vida de san Andrés el Necio (s.X)

El imperio bizantino representa la fusión entre varios mundos: Oriente y Occidente,  el esplendor de la antigua cultura romana y el nacimiento de una nueva cultura medieval, creando una cultura fascinante donde sobreviven aspectos de la Antigüedad clásica, fusionados con la ferviente religiosidad impulsada por la rigurosa Iglesia Ortodoxa, y uno de esos elementos que mejor caracterizan ese contraste entre esos dos mundos es la figura de los eunucos.

Ocuparon puestos de importancia en el gobierno, en la Iglesia, en el Palacio, en las casas de las grandes familias aristocráticas, incluso en el ejército. Los cruzados de Occidente cuando llegaron a la capital Bizantina quedaron asombrados al descubrir los numerosos eunucos existentes en su sociedad, y más aún, cuando se dieron cuenta que éstos no eran simples esclavos, sino que muchos de ellos tenían cargos de enorme poder.

¿Cómo es posible que los eunucos, considerados seres inferiores en época romana, ahora hubiesen alcanzado tanto poder? ¿cómo se convertía una persona en un eunuco? ¿de dónde venían?


En el siguiente artículo intentaremos descubrir qué se esconde tras la enigmática vida de estas personas...

Mosaico Bizantino en la Basílica de San Vital de Rávena.
Representa a la Emperatriz Teodora flanqueada por un capellán (eunuco) y una mujer de la corte.


Admiración y envidia


La presencia de eunucos en sociedad bizantina fue muy numerosa, sobre todo porque al no poder tener descendencia, se consideraba que sus funciones, tanto en el gobierno como en el cuidado del hogar, iban a ser mucho más eficientes. Primero, porque al no tener familia, automáticamente sus señores se convertían en la única familia posible; y dentro de los ambientes palaciegos, esta incapacidad les imposibilitaba acceder al trono, por lo que se les suponía más fieles que otros posibles colaboradores.

A esto se sumaba la creencia que eran el mejor tipo de sirviente existente, ya que suponía que estaban exentos de sucumbir a una de las más peligrosas pasiones: el sexo y el amor, volcando todo su ímpetu e inteligencia en cumplir las tareas encomendadas.

Por lo que pronto encontramos sirvientes eunucos en la mayoría de las casas de las grandes familias.


Atendían las necesidades de la señora de la casa, educaban a sus niños, manejaban la economía familiar o actuaban como intermediarios en los negocios de su señor.

Mosaico de Teodora en San Vital.
A su derecha, un eunuco.
Todo esto los convertía en personajes con numerosas responsabilidades y poder, por lo que también levantaron envidias y recelos, sobre todo porque muchos de estos eunucos lograron amasar enormes fortunas, como el caso de los eunucos Antíoco y Calopodo, que donaron todas sus riquezas a la Iglesia Ortodoxa.

Muchos nobles consideraban indigno que estos eunucos tuviesen más poder que ellos mismos y que muchas veces su fortuna dependiese de la voluntad de un eunuco que había hecho carrera en la administración del reino.

Los clérigos también miraban con envidia a estos eunucos, que podían hacer carrera dentro de la Iglesia, incluso sabemos de eunucos que alcanzaron el cargo de obispo o fueron santificados. Su peculiar sexualidad les suponía libres de caer en los pecados de la carne, por lo que muchas veces eran los encargados de atender las congregaciones femeninas. Aunque esa misma ambigüedad sexual les cerraba la puerta de muchos monasterios, ya que los veían como una tentación para el resto de hombres.

No nos puede extrañar que la literatura nos haya transmitido una imagen bastante peyorativa de los eunucos, presentándolos como individuos avariciosos, glotones y bebedores. Personajes volubles, caprichosos, irascibles, charlatanes y maquiavélicos. Con modales y formas propias de gente afeminada, con risas exageradas y sin mirar nunca a sus interlocutores a los ojos.

Castración:


Si buscamos el motivo inicial que impulsó a los hombres a castrar a otros hombres, imagino que habría que buscar la respuesta en su naturaleza más cercana. ¿por qué los hombres castran a los animales? La respuesta es para aplacar su agresividad y volverlos más mansos.

Por este mismo motivo se empezó a castrar a los prisioneros de guerra, la falta de testosterona les convertía en seres más serviles y dóciles. 


Por lo que pronto, numerosas culturas, desde la Antigua Sumeria hasta la Italia del siglo XVIII, recurrieron a la castración para obtener esclavos, cuidadores de harenes, prostitutos, e incluso motivos tan superfluos como cantantes de ópera.



Por lo tanto, las técnicas de castración fueron variando a lo largo de la historia, pero normalmente se emplearon métodos brutales y sin muchas contemplaciones, lo que conllevaba un porcentaje altísimo de mortandad.  Esto hecho explica el elevado precio que alcanzaron los eunucos en el tráfico de esclavos, ya que muy pocos sobrevivían a la intervención.

Los romanos aplicaron distintos tipos de técnicas según la edad o la condición social del futuro eunuco. El aplastamiento de testículos se solía realizar en niños de corta edad, se les sumergía en bañeras de agua caliente para relajar los testículos, y luego se los machacaban con los dedos o con piedras destinadas a estos menesteres.

La técnica de la torsión también era muy utilizada, y como la palabra indica se trataba de retorcer los testículos y atarlos en una cuerda hasta atrofiarlos.

Por último, estaba la opción quirúrgica, que consistía en una pequeña incisión para quitar los testículos del saco escrotal. Este tipo de intervenciones se realizaban normalmente a partir de los 7 años.

Aunque dentro del imperio la castración estaba prohibida, muchos padres lo realizaban con sus propios hijos ilegalmente porque sabían que, si sobrevivía, tenía muchas opciones de entrar en la corte y, de ese modo, garantizar el sustento para toda la familia.

Representación de la castración de Uranus.

Tipos de eunucos:


A grandes rasgos se puede hablar de dos tipos de eunucos, según la edad de la intervención. El primer tipo de eunuco, y más apreciado, era el sometido al procedimiento antes de su pubertad, ya que debido a la falta de testosterona durante su desarrollo como persona, hacía que este tipo de eunuco destacase por sus rasgos efébicos o "femeninos".

Entre los principales cambios físicos destacaban el tono de voz, algunos de ellos conseguían conservar una extraordinaria voz angelical que los convertían en objeto de deseo para los mejores coros. Pero también solían ganar bastante obesidad en la zona abdominal y caderas, aumento del pecho, alargamiento de las extremidades, estrechamiento de la pelvis, fragilidad en los huesos y ausencia de vello facial.

Y aunque muchas veces se nos relata la belleza angelical de los efebos, también eran frecuentes los eunucos de cuerpos orondos, de voces afeminadas, convirtiéndose en objeto de mofa y burla.


Eunuco en un harén, pintura de Jean-Léon Gérôme, siglo XIX. Óleo sobre lienzo de 73,5 × 62 cm.
Actualmente en el Museo del Hermitage (St. Petersburgo).

El segundo tipo era sometido al procedimiento después de la pubertad, por lo que cómo ya habían desarrollado sus rasgos masculinos, los mantenían el resto de su vida.

Por otro lado, según el tipo de intervención realizada también podríamos diferenciar dos tipos de eunucos, ya que la amputación podía ser parcial, sólo testículos, o total, pene y testículos. Estos últimos eran mucho más codiciados, ya que su supervivencia a la operación era aún más complicada.



El auge de los eunucos

De la infamia...


Aunque en muchas civilizaciones antiguas ya existieron los eunucos, fue en Bizancio cuando su figura se puso realmente en alza. ¿cómo es posible que pasasen de simples esclavos a ocupar los cargos más importantes de la vida política y religiosa bizantina?

Empecemos por el principio, la Antigua Roma, donde eran considerados casi una aberración, y no nos puede extrañar, ya que en una sociedad tan "viril" y falocéntrica como la romana, la castración era un gran deshonor, sólo aplicable a seres inferiores como los esclavos o prisioneros de guerra, por lo que estaba completamente prohibido castrar a ningún ciudadano romano.
Relieve de un sacerdote de Cibeles.

Pero a pesar de la vergonzosa opinión que se tenía sobre los eunucos, su eficiencia como esclavos esta fuera de toda duda.  Poco a poco, fueron ocupando cargos más importantes en la sociedad romana, hasta convertirse en un elemento vital para el buen funcionamiento de la corte imperial romana, pasando a ser esclavos cada vez más solicitados, especialmente en la parte Oriental del Imperio.

Y aunque hubo emperadores, como Adriano o Constantino, que intentaron detener esta espantosa tradición, dictando severas leyes contra estas prácticas, la castración siguió vigente durante todo el Imperio Romano hasta que eclosionó definitivamente en el mundo bizantino.

Incluso, el mismísimo Justiniano llegó a prohibir la castración de esclavos dentro de los límites de su Imperio, pero siguieron siendo considerados esclavos de alto nivel y por lo tanto muy apreciados. ¿La solución a la prohibición del emperador? Tan sencilla como castrarlos en las regiones situadas en los limes del Imperio y después venderlos dentro de las ciudades romanas.

Y si hablamos de castración durante el Imperio Romano no podemos dejar de mencionar a los "galli", los sacerdotes del culto a Cibeles a los cuáles se les exigía como prueba de fe la castración.

De esta forma estos eunucos fueron ocupando puestos notables como intermediarios, consejeros o confidentes de muchos emperadores, especialmente en los últimos siglos del Imperio. Emperadores, como Diocleciano, no dudaron en rodearse de una corte de serviles eunucos dispuestos a satisfacer los caprichos del emperador. Incluso no han faltado historiadores modernos que culparon a los eunucos de la decadencia del Imperio.

La presencia de los eunucos en la Corte Bizantina puede ser herencia de los últimos monarcas absolutos tardorromanos.


Pero habrá que esperar a la división del Imperio, para que estos eunucos se alcen como auténticos protagonistas históricos, al auparse a los principales puestos de poder, ya fuesen políticos, religiosos e incluso militares; Primero, en el Imperio romano de Oriente, y posteriormentr, durante el Imperio Bizantino.



... a la gloria

 Aunque si queremos buscar las causas de su auge, hay que ir más allá de la simple eficiencia que pudieran tener como esclavos, o del extra de "confianza" que suponía a sus dueños el que estuviesen privados de sus atributos masculinos.


Algunos historiadores han apuntado que este auge de los eunucos sólo pudo darse en el Imperio Bizantino por su particular y estricta cosmovisión de su propia sociedad. Una sociedad fuertemente jerarquizada y con roles muy definidos para todas las personas: hombres y mujeres, nobles y plebeyos, emperador y súbditos, religiosos y laicos, ...

Este rígido sistema necesitaba de un elemento que pudiese actuar de engranaje entre estas separaciones tan estrictas, y estos intermediarios fueron los eunucos. 


No eran ni hombres, ni mujeres, no tenían herederos, no estaban sometidos a las pasiones más comunes del resto de hombres, todo ello les permitió ser vistos como elementos prácticos y muy útiles en múltiples aspectos de las vida política, religiosa y económica de Bizancio. Su polivalencia en la sociedad era tan amplia que podían ocupar cargos tan prestigiosos como generales, doctores o maestros, pero al mismo tiempo desempeñar las profesiones más infames como actores, cantantes o prostitutos.

El emperador bizantino Justiniano y parte de su corte.


En resumen, su importancia radica en que la misma cultura Bizantina fue otorgándoles cada vez funciones más exclusivas y específicas, por lo que muchos puestos en la corte imperial solo podían ser ocupados por eunucos. De esta manera, lo que en un principio fue simple moda o conveniencia, pronto se transformó en una tradición, tornándose la figura del eunuco esencial para el buen funcionamiento de la administración imperial.

Es por ello, que muchos romanos bizantinos empezaron a cambiar la consideración que se tenía sobre los eunucos, ya que observaron como la carrera de eunuco podía ser muy beneficiosa para los intereses familiares, por lo que no dudaron en castrar a algunos de sus hijos para que iniciasen una carrera como eunuco en la corte imperial o en la Iglesia, con la esperanza que alcanzase un futuro prometedor, por lo que pronto se pudieron encontrar eunucos provenientes de regiones locales del Imperio.

Uno de estos eunucos locales fue Nicetas el Paflagonio, que sirvió en la corte de la emperatriz Irene en el siglo VIII. Estos eunucos a diferencia del resto, eran hombres libres y de lengua griega.

La existencia de estos eunucos locales nos indica a las claras el éxito de estos eunucos, por lo que su presencia cada vez era más numerosa dentro de la sociedad bizantina. Tal es así, que el cronista francés Foucher de Chrartres, que visitó Constantinopla en tiempos de la I Cruzada (1096-1099), narraba sorprendido que en la ciudad había más de 20.000 eunucos.

Emperador Nikephoros III y su corte.
Se cree que el hombre sin barba situado a la derecha sería un eunuco importante de su corte.



Tráfico de esclavos. Los eunucos


Con la consolidación del Imperio Bizantino y la posterior expansión del Islam, la consideración de los eunucos varió enormemente, convirtiéndose en un tipo de esclavos cada vez más demandado, tanto en la cultura bizantina como en la cultura musulmana.

Y a pesar que la Iglesia se posicionó claramente en contra de este tráfico de esclavos, los eunucos que sobrevivían a la castración se convertían en un bien muy caro y que proporcionaba enormes beneficios. Así comenzó el lucrativo negocio del tráfico de esclavos eunucos y todo lo que ello implicaba: incursiones en otros territorios, quema de aldeas y raptos de los menores para después castrarlos, con más o menos habilidad, y los afortunados que sobrevivían pasaban al mercado de esclavos.

Mapa del Imperio Bizantino en tiempos de Justiniano.


El historiador bizantino, Procopio de Cesarea, nos relata que muchos de estos eunucos procedían de los territorios del Cáucaso, especialmente famosos eran los de la región de Abjasia, situada cerca del Mar Negro, pero también los traían de los Balcanes, Asia e incluso de las regiones bajo influencia árabe.

Y este dato es importante, ya que con la expansión del Islam, los mercados de esclavos comenzaron a resurgir en numerosas ciudades de Europa, y con ellos la demanda de eunucos. El obispo de Cremona, de nombre Liutprando, nos relata como funcionaba el mercado de esclavos allá por el siglo X: "eunucos a quienes se les ha quitado tanto los dos testículos como el pene...  la realizan los comerciantes de Verdún, que se llevan a los muchachos a Hispania y obtienen un enorme beneficio". 

Este mercado de Verdún, situado en el norte de Francia, se había especializado en proporcionar eunucos a los territorios bajo dominación islámica, como el Califato Omeya de Córdoba, donde este tipo de esclavos era muy apreciado.

Por último, añadir que estos eunucos de alto rango eran tan apreciados que muchas veces se enviaban como regalos en embajadas o en presentes para el emperador, ya que el valor de un eunuco bien formado podía equiparse al precio de las joyas o de caballos pura sangre.


Tráfico de esclavos en el campamento de los eslavos orientales, pintura de Serguéi Ivanov.

En contra del eunuquismo:


Como podemos intuir esta terrible práctica chocaba de pleno con la moral de la Iglesia que nunca vio con buenos ojos este tipo de intervenciones, por lo que numerosas voces se alzaron contra esta cruel práctica. Ya vimos como Justiniano trató de prohibir la castración dentro de los límites de su Imperio, e incluso mandó a un embajador (eunuco él) a la región de Abjasia para intentar frenar esta costumbre.

Por lo que no es raro encontrar testimonios a lo largo de toda la historia rechazando esta inhumana práctica. 


Desde el médico del siglo VII, Pablo de Egina, que se quejaba amargamente de estar obligado a realizar esta intervención por los deseos de sus ricos clientes: "Nuestro arte tiene por objeto restituir el cuerpo del hombre a su estado natural cuando de él se ha separado; la castración no puede negarse que tiene un fin opuesto; pero por mandatos superiores, es preciso indicar sumariamente el modo de verificarla"


Hasta el cirujano italiano del siglo XIII, Bruno de Longobucco, que criticaba a los señores de su época de querer esclavos mansos y fieles por medio del eunuquismo, y como buen profesional que era, quejándose del escaso instrumental médico que poseía para ese tipo de operaciones, contando sólo, con una navaja y un hierro candente para cauterizar la herida.


En el siglo X, León VI, introdujo dos nuevas leyes que abordaban el tema de los eunucos. Y aunque la primera de ellas prohibía a los eunucos contraer matrimonio (ya que el fin del matrimonio es la procreación), la segunda ley si que articulaba una visión más humana sobre la figura de los eunucos, al permitirles adoptar niños, pudiendo transmitir sus bienes y riquezas a estos hijos. 


Incluso no faltó un "Trado en defensa de los eunucos", redactado por Teofilacto de Ohrid, donde se relata el desprecio que sentía el pueblo de Constatinopla hacia los eunucos, a los que consideraba individuos crueles, avariciosos, perversos y repletos de vicios. Pero el autor, hermano de un eunuco de nombre Demetrio, presenta una serie de hechos que ensalzan la entrega y la virtud de numerosos eunucos a lo largo de la historia de Bizancio.




Parte II: Los roles de los eunucos en Bizancio.


Bibliografía

Herrin, Judith. Bizancio: la vida sorprendente de un imperio medieval . Inglaterra: Penguin Books, 2008.

Herrin, Judith; Bizancio: El Imperio que hizo posible la Europa moderna, Editorial Debate, 2009.
 
Rautman, Marcus; La vida cotidiana en el Imperio Bizantino, Connecticut: Greenwood Press, 2006.

[En Internet]

La cruel historia de ser eunuco, en https://franciscojaviertostado.com/2014/12/01/la-cruel-historia-de-ser-eunuco/

Eunucos de Bizancio. Castración y vileza en el Imperio Romano de Oriente, en http://www.lacasamundo.com/2014/04/el-imperio-bizantino-eunucos-de.html

El tercer género en Bizancio, los eunucos, en http://elocasodebizancio.blogspot.com/2011/02/el-tercer-genero-en-bizancio-los.html





domingo, 24 de junio de 2018

Matrimonio, divorcio y adulterio en Bizancio

Estamos en el año 615 d.C.; en la ciudad de Éfeso, Leoncio, un artesano de 25 años trabaja en el taller de un importante alfarero de la ciudad. Sus amigos y compañeros de trabajo le apremian a que busque pronto una esposa y tenga hijos ¿quién sino va a cuidar de él cuando sea anciano? Como es un joven perteneciente a las clases populares, su padre le arregla el matrimonio con la tercera hija de un comerciante de la ciudad. Tras un par de reuniones entre los padres de familia, pronto se cierran los acuerdos matrimoniales y la composición de las dotes respectivas.

Recreación de Bizancio.
Su futura esposa, de nombre Elia, acaba de cumplir los 15 años, la edad ideal para empezar a buscar marido. Los padres conciertan una reunión y los jóvenes se conocen, ambos jóvenes están contentos con la elección de sus padres; él es un joven bastante trabajador y con buena fama en el taller; ella es bastante guapa, tímida y su padre un próspero comerciante heleno. Por lo que en tan sólo unos meses ambos jóvenes se casan en una modesta iglesia de la ciudad por el rito cristiano.

El matrimonio es feliz y pronto llegan los hijos al matrimonio; en total tuvieron hasta 5 hijos, de los cuales, sólo tres lograron sobrevivir hasta la edad adulta. Después del quinto hijo, y tras un parto muy sufrido, Elia decide "vivir como hermano" con su marido, y no arriesgarse a tener más hijos.

Elia se convierte en una eficiente ama de casa, los modestos ingresos de su marido son suficientes para que ella no se vea obligada a trabajar, aunque como se le da bien la costura, consigue unos ingresos extras confeccionando vestidos para sus vecinas. Normalmente sólo sale de casa para ir al mercado o ir a la iglesia a rezar, aunque una vez al mes suele ir al baño de mujeres a disfrutar de un rato de ocio.

A pesar de la fortaleza física de su marido, unas fiebres se llevan a Leoncio en el año 640 d.C., Elia, como cualquier mujer bizantina, tiene el derecho a heredar el dinero y las posesiones de su marido y a administrarlo como a ella le plazca. Aunque por suerte, su primogénito, de nombre Nicéfolo, que cuenta ya con 24 años ha demostrado ser un joven respetuoso y buen trabajador, que se gana la vida en el puerto como estibador. Elia descansa tranquila todas las noches, sabe que cuando ya no pueda valerse por sí misma, sus hijos cuidarán de ella.

Recreación ideal de Bizancio.
Este podría ser el retrato de un matrimonio común de cualquier familia que hubiese vivido en época del Imperio Bizantino. Hemos mencionado algunos de los grandes rasgos que definirán el concepto del matrimonio es esta cultura: el intercambio de dotes económicas, la independencia económica de la mujer, el papel social de la mujer, el componente religioso en el matrimonio, ...

Por lo que a lo largo de este post iremos desgranando algunas de estas características, pero empecemos por un ligero esbozo de quizá el punto más importante: la imagen de la mujer en el mundo bizantino.


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Ser mujer en Bizancio


La sociedad del imperio Bizantino fue eminentemente patriarcal, ya que las mujeres no podían ocupar ningún cargo importante en el conjunto de la sociedad.  Y aunque dedicaremos una entrada aparte sobre la vida la mujer en bizancio, a grandes rasgos se puede decir que el papel de la mujer ideal estaba constituido por cuatro "etapas": La primera es la virgen, una joven que debe permanecer fiel a su padre y familia. La segunda, sería la etapa de esposa, para posteriormente ser madre y finalmente, viuda.

El papel de la mujer estaba enfocado al matrimonio como objetivo final para una mujer de respeto, siendo sus principales ocupaciones el cuidado del hogar y de los hijos.



Aunque en el caso de la sociedad bizantina, encontramos una gran diferencia respecto a otras sociedades de la época, ya que aunque la ley discriminaba a las mujeres, al menos les permitía gozar de un alto grado de independencia económica no visto hasta prácticamente nuestros días.

Mosaico bizantino.

Las mujeres podían heredar las propiedades de sus padres y marido, las mujeres casadas podían gestionar sus dotes e incluso comprar o invertir en propiedades, tiendas o negocios sin necesitar el consentimiento de su marido. Las mujeres, además, también podían gozar de cierta educación cuando eran pequeñas, por lo que no era raro encontrar mujeres que supiesen leer o escribir, y no sólo mujeres de clases altas, cuyo acceso a la educación era mucho más sencilla, a través de turores personales.

Las leyes, en ausencia del marido, convertían a las mujeres en dueñas del hogar, con un control total de las propiedades y los intereses de los hijos.



 

Evolución del concepto de matrimonio


El concepto de matrimonio sufrió una mutación según se iba instalando el cristianismo en el Imperio Bizantino, especialmente entre las clases populares. En el mundo antiguo romano existían varias formas de plasmar un matrimonio, la más sencilla era que ambos cónyuges hiciesen una vida en común, sin ser necesario ningún tipo de rito o celebración oficial. 

Pero según fue ganando peso la Iglesia, el matrimonio fue adquiriendo mayor importancia en la sociedad y por lo tanto en la legislación.  


Roma, Santa Maria in Trastevere.
Mosaico. S.XIII
Este cambio de religión, Bizancio se convirtió al cristianismo en el 380 d.C.; trajo importantes cambios sociales. La principal preocupación de la Iglesia era cómo vivían las parejas bizantinas, por lo que empezaran a surgir numerosas reglamentaciones matrimoniales, tanto desde la legislación religiosa como civil. En sus inicios impidiendo los matrimonios mixtos religiosos, regulando los matrimonios consanguíneos , o la cantidad de matrimonios permitidos para una misma persona, buscando preservar la idea de la santidad del matrimonio cristiano.

Pero hay que tener en cuenta que esta tradición romana laxa del matrimonio se perpetuó durante buena parte de la Edad Media, así por ejemplo, la imposición de sacralizar un matrimonio con la presencia de un sacerdote que lo bendiga no se instauró hasta casi finales del primer milenio.

En conclusión, podemos decir que progresivamente la institución del matrimonio pasó de ser un hecho privado entre dos personas o dos familias a un acto oficial, un sacramento religioso, que se oficializa mediante una celebración religiosa, la escrituración u otras medidas externas como la transferencia de bienes.

Por último, añadir que, a grandes rasgos, y para no aburrir con tecnicismos, se pueden diferenciar dos tipos de matrimonios en el derecho bizantino: el matrimonio escrito y no escrito; y aquel que incluye transferencia de bienes o el que no.

Legislación y matrimonio


Hemos visto como el concepto de matrimonio fue ganando peso paulatinamente en la sociedad romana con la llegada del cristianismo, esto tuvo su reflejo en el mundo del derecho y la legislación.

Por lo que veremos como desde época imperial tardía se pone especial hincapié en legislar sobre aquellas cuestiones más imprescindibles para mantener este nuevo orden social, por lo que las cuestiones matrimoniales ocuparán un lugar preferente en la legislación medieval europea.

Hasta llegar a la situación en la que el matrimonio debía darse dentro de las leyes religiosas y legislativas del Imperio Bizantino, que regulaban de forma bastante específica como debía ser.


Edad del Matrimonio


La edad del matrimonio como en casi cualquier sociedad preindustrial era muy temprana. La legislación bizantina permitía que una niña se prometiera a la edad de 7 años, y aunque posteriormente se retrasó la edad a los 12 años, sabemos que hubo casos de niñas prometidas con tan sólo 5 años. 

La edad mínima para el matrimonio eran los 12 años para las chicas y 14 para los chicos. Por lo que normalmente todas las mujeres estaban casadas antes de cumplir los 18 años. 


Vestidos de mujer. Siglo VI d.C.
El motivo para que las parejas contrajesen matrimonio en edades tan tempranas responde a diversas necesidades: La primera, asegurar la virginidad de la novia, en una sociedad donde el máximo valor de una mujer era su virginidad, cuanto antes se casase menos riesgo a que la perdiese. El segundo gran motivo, era la alta tasa de mortalidad infantil que, sumada a la baja esperanza de vida de las personas, hacía necesario aprovechar al máximo los años más fértiles de una mujer, para que pudiese aportar el mayor número de hijos posibles al matrimonio.

Estos matrimonios a edades tan tempranas podían acarrear numerosos problemas para las mujeres, especialmente si se casaban con hombres ya adultos. Así sabemos, por ejemplo, que la hija de Andrónico II, con tan sólo 5 años se comprometió con el rey de Serbia, y debido a las prematuras relaciones sexuales sufrió lesiones irreversibles que le impidieron engendrar hijos.

Como era habitual el matrimonio no era cosa de amor, normalmente eran las familias las que acordaban el enlace, atendiendo más bien a cuestiones económicas o hacendísticas que a la opinión que pudiesen tener los futuros esponsales. Hay que pensar que era dífícil que una simple niña se opusiese a la opinión de su familia sobre el matrimonio concertado, aunque en caso de negarse siempre podía optar por entregarse a Dios.

¿Matrimonios por amor?


Aunque existe cierta idea general que esto de casarse por amor es un concepto relativamente contemporáneo, hemos visto en nuestro ejemplo como en la mayoría de familias humildes, aunque los matrimonios los organizasen los padres, sí que se tenía en cuenta que existiese cierta compatibilidad entre los futuros esposos, o al menos se podía tener en cuenta su opinión. También si los jóvenes habían crecido juntos en un mismo pueblo o barrio y se conocían y se llevaban bien, era probable que las madres, siempre conocedoras de todo lo que les pasa a sus hijos, intentasen arreglar ese matrimonio a través de sus maridos.

Pero en una sociedad tan patriarcal como la bizantina, donde las mujeres, incluso antes de dar sus primeros signos de madurez sexual, eran estrechamente vigiladas y controladas, es difícil imaginar un matrimonio por amor, como lo conocemos actualmente.


Otro caso distinto eran los matrimonios entre familias ricas y poderosas, donde primaban mucho más  intereses económicos o hacendísticos a la hora de programar el matrimonio de los hijos.

A todo esto, hay que sumar la edad de los futuros esposos, y analizar que capacidad de crítica o de rebeldía podía tener una niña, apenas entrada en la adolescencia, para oponerse a la opinión de sus progenitores.

 


Aunque seguramente la mejor idea sobre el amor en el matrimonio nos los traslada el arzobispo de Constantinopla Juan Crisóstomo, cuando decía que "El amor mutuo y la dedicación de los esposos era una realidad atesorada, un remanente de la existencia paradisíaca original de la primera pareja", es decir, la gente no se casaba por el amor, sino que el amor surgía cuando la gente se casaba.

Para aquellas personas de corazón más romántico decirles que sabemos que, incluso entre las clases sociales más altas, existieron historias de amor románticas, como bien refleja su literatura. Relatos de amor cuyos protagonistas solían ser un hombre común o un caballero torturados de amor al ver que su amada ingresaba en un convento.



Acuerdos Matrimoniales


Durante la ceremonia de los esponsales, y para garantizar el cumplimiento del compromiso, la familia del novio se comprometía con los "arra sponsalicia", un regalo que en caso de romper el compromiso se quedaba la familia de la novia; en el caso contrario, si era la novia la que rompía el compromiso tenía que devolver los arra, más una suma económica equivalente.

Por contra, la familia de la novia era la encargada de aportar un elemento esencial para cerrar el acuerdo matrimonial: la dote. Y aunque el marido tenía derecho a administrar la dote, ésta seguía perteneciendo a la mujer de por vida. Así, si el marido fallecía o si había divorcio la dote volvía a la mujer, o en caso de que muriese la mujer y ésta no hubiese aportado hijos, la dote volvía a la familia de la mujer.

Anillo de boda

En el contrato matrimonial también se le solía exigir al marido una donación para la esposa, denominada "donatio propter nuptias" o "hipóbolon", equivalente a la mitad o a la tercera parte de la dote. En los documentos posteriores al siglo X se menciona otra donación matrimonial por parte del hombre denominada "theóretron". Estas cuotas pasaban a manos de la mujer o de los hijos en casa de fallecimiento del marido. 


Ritual del matrimonio


La celebración del matrimonio implicaba un complejo ritual con numerosos actos simbólicos y ceremonias. Se iniciaba con un baño ritual donde la novia se purificaba, después se dirigía a la novia vestida de blanco, dónde el novio la esperaba. Después del típico sermón, la pareja era bendecida por el sacerdote encargado de conducir la ceremonia y los coronaba con unas coronas matrimoniales. La ceremonia terminaba con el intercambio de anillos y bebiendo la sangre de cristo del mismo cáliz.

Una vez terminada la ceremonia oficial la pareja se dirigía a casa del novio seguida de toda la comitiva nupcial que entonaba canciones nupciales llamadas "epithalamia", de claro carácter jocoso y algo subidas de tono, para animar a los novios a consumar el matrimonio en la habitación, mientras el resto de invitados seguía de celebración.

Mosaico religioso.


Divorcio


A pesar de la libertad absoluta que existió en el derecho romano para la disolución unilateral del matrimonio, bajo el gobierno de los emperadores cristianos, se empezó a cuestionar el divorcio, por el carácter sagrado que adquiría el matrimonio. 


Por lo que, tras numerosas regulaciones, finalmente fue Justiniano el que sentó las bases sobre el derecho al divorcio en el mundo bizantino.

Las causas de divorcio para el varón eran:
- Que la mujer conociese un crimen de alta traición y no lo revelase.
- Que la mujer fuese adúltera
- Intento de asesinato contra el marido.
- Actos moralmente sospechosos contra la voluntad del marido (pasar la noche fuera del hogar, participar en banquetes o baños colectivos con otros hombres, etc)

Las causas de divorcio para la mujer eran:
- La participación del marido en crímenes de alta traición.
- Atentado contra la vida de la mujer.
- Atentado contra el honor de la mujer (ser acusada falsamente de adulterio).
- Relación extraconyugal estable del marido.

Después existían otros motivos como podían ser la impotencia o la esterilidad de alguno de los miembros del matrimonio, la elección de la vida monástica o un cautiverio de larga duración. Pero como vemos el divorcio sólo podía darse por causas muy graves dentro del matrimonio, siendo un estigma social para la mujer divorciada, lo que provocaría que su vida se volviese aún más difícil. Así que la única solución para cualquier mujer que se divorciase era ingresar en un convento.



Adulterio


Se daba por hecho que una mujer debía obedecer siempre a su marido y serle fiel, por lo que el adulterio era un delito bastante grave, especialmente si la infiel era la mujer. 


Mosaico de la emperatriz
Teodora de Bizancio
Aunque en los primeros siglos las penas podían contemplar la muerte de los adúlteros, con el paso de los siglos, se fue suavizando la legislación a penas de mutilación (se les cortaba la nariz), destierro, penas económicas o encierros en conventos. El marido, sólo era sancionado, si cometía adulterio con otra mujer casada. El derecho canónico también contemplaba graves penas para las adúlteras como podía ser la excomunión o penitencias.

Pero si a alguien hay que agraedecer el aumento de los derechos de las mujeres en la cultura bizantina es a la emperatriz Teodora, quién se involucró personales en las reformas legales y espirituales de Justiniano, sobre todo en aquellas que otorgaban mayores derechos a las mujeres, especialmente los de las mujeres de más baja extracción social.

Así entre sus logros podemos destacar la prohibición de la prostitución forzosa, el aumento de derechos para la mujer en los casos de divorcio y en los referentes a sus derechos de propiedad, y fue quien promulgó la prohibición de asesinato sobre las mujeres que habían cometido adulterio.


Bibliografía


Guiglielmo CAVALLO y OTROS: El Hombre bizantino; Alianza Ed. Madrid, 1994.
Alice‑Mary TALBOT: La Mujer en Bizancio Medieval; 153‑184


Women and marriage in Early Byzantium
https://globalconnections.champlain.edu/2015/04/17/women-and-marriage-in-early-byzantium/

Spyros Troianos, EL DIVORCIO EN EL DERECHO BIZANTINO
Y POSBIZANTINO, Ivs Fvgit, 20, 2017, pp. 443-448, Universidad de Atena



viernes, 15 de junio de 2018

Termas y prostitución: El espectacular burdel de Tesalónica

En la antigua ciudad griega de Tesalónica, capital del orgulloso reino de Macedonia, se encontró a finales de los 90 uno de los hallazgos arqueológicos más fascinantes que se recuerdan si hablamos de sexualidad y erotismo en el mundo antiguo.

El equipo de arqueólogos, bajo el sol abrasador de Grecia, se encuentran excavando un conjunto termal situado en pleno centro de la ciudad histórica, un yacimiento importantísimo para comprender la historia de la ciudad, ya que no hay muchos vestigios del siglo II a.C. que estén tan bien conservados.

Pero en plenas excavaciones salta la sorpresa, poco a poco, se va desenterrando una llamativa jarra de vino de terracota con un pico en forma de falo y decorada con relieves de Hermes, Afrodita, abejas y uvas, todos ellos símbolos relacionados con el placer, la sexualidad y la fertilidad.

Vasija de evidente forma fálica, hallada en el conjunto termal de Tesalónica.


A pesar de la peculiaridad de la pieza, el equipo de arqueólogos no se deja llevar por la emoción, ya que es habitual encontrar objetos eróticos, o incluso de claro tintes pornográficos, en espacios cotidianos de hace 2000 años.

Pero pronto fueron apareciendo más y sorprendentes objetos de clara intención erótica: jarras y ánforas de motivos sexuales, numerosísimas lucernas eróticas, e incluso ¡dildos! También he leído que durante una exposición en el museo de Tesalónica sobre estos hallazgos estuvo expuesta una ingeniosa máquina sexual accionada con una manivela, aunque no he podido encontrar más información sobre la existencia de este aparato.

Jarra de vino con motivo fálico.


Ya no había lugar a dudas, éstas no eran unas simples termas. Esta excavación vino a confirmar las sospechas que muchos arqueólogos mantenían sobre la estrecha vinculación entre el mundo de las termas y el mundo de la prostitución. Las sorpresas no dejaban de llegar a este yacimiento, y es que, junto a las termas, se encontró otro edificio del que pronto se descubrió su función... un magnífico burdel de dos plantas comunicado directamente con las termas.

Estamos pues ante un yacimiento único y extraordinario, una excavación que vendría a confirmar la existencia de termas sexuales en la Antigüedad.


Un paseo por el burdel de Tesalónica


Nos encontramos en el siglo II a.C., la rica y orgullosa ciudad de Tesalónica, ahora bajo dominación romana, es una ciudad próspera y nudo de comunicaciones entre Bizancio y Roma, además su puerto acoge mercaderes provenientes de todo el Mediterráneo.

Junto a su ágora, el mercado de la ciudad, podemos encontrar una indicación que nos señala la existencia de unos baños, y junto a estas termas encontramos un edificio de dos plantas rebosante de actividad, con hombres entrando y saliendo. De su interior brotan los sonidos de Baco, risas, chistes, y ruido de vasos y jarras de vino.  Nada más entrar en la taberna, nos recibe una "camarera" de extremada belleza, nos pregunta si somos nuevos en la ciudad y que con mucho gusto nos enseñaría las instalaciones...

Reconstrucción ideal del ágora de Atenas.

Estupefactos sólo podemos asentir con la cabeza, mientras seguimos con la mirada a la camarera que vestida con un lino casi transparente nos dice que la sigamos...

Lupanar de Pompeya.
La planta inferior es una populosa taberna de bancos corridos y mesas de madera, donde aparte de vino, se sirven copiosas comidas. Espinas de pescado, huesos de aves e incluso un huevo de avestruz encontraron los arqueólogos en esta estancia, lo que nos indicaría que se celebraban extravagantes servicios de comidas.

La grácil camarera nos dice que la acompañemos a la planta superior, por lo que subimos por unas escaleras de madera a lo que parece un laberinto de pequeñas habitaciones. La estancia está decorada con lascivas pinturas eróticas y los sonidos que salen de esas habitaciones, apenas tapadas con unas cortinas, son otros.

Son los sonidos de Afrodita, que se mezclan en la pesada y cargada atmósfera de la estancia:  gemidos de placer, promesas de amor, fingidos orgasmos, alabanzas a la belleza y obscenas exigencias amatorias... Al fondo, una habitación más amplia, se reserva para un público más selecto, donde según nos cuenta nuestra anfitriona se ofrecen espectáculos erótico-burlescos.

Frescos de con pinturas eróticas de Pompeya.

Volvemos a la planta baja, y la camarera nos dice que nos va mostrar el por qué muchos marineros y comerciantes no dudan en hacer escala en Tesalónica... esquivamos borrachos, mesas y sillas y nos dirigimos a una puerta situada en el lateral de la taberna. Y aunque el paso de los siglos hayan borrado cualquier decoración, podemos imaginar que tanto la puerta como el pequeño corredor que hay tras ella están decorados con motivos marinos y eróticos....

Según vamos descendiendo notamos como la temperatura sube y es que tras abrir otra puerta, no podemos dejar de salir de nuestro asombro, nunca antes, mis infatigables ojos de viajero habían visto algo así...

Las espectaculares termas de Tesalónica


Una nube de vapor envuelve toda la habitación, enormes muros de piedra se alzan al fondo, una variedad de ricos y elegantes mosaicos cubren el suelo. En el centro podemos ver una piscina de agua caliente, y a su alrededor, nos encontramos 25 bañeras pequeñas y sencillas, dispuestas en círculo. En la otra habitación contigua nos señala que se encuentra las piscinas de agua fría y caliente.

Baños de Tesalónica

Toda la estancia se haya iluminada con numerosas lucernas decoradas con escenas pornográficas de toda clase y condición, por nuestro lado nos adelanta otra camarera cargada con una jarra cuya boca tiene forma fálica, y es que toda la estancia está decorada con motivos tan eróticos que harían sonrojar al mismísimo Pan.

Algunas bañeras están ocupadas por meretrices que nos invitan a entrar en ellas y gozar de sus placeres, en otras encontramos a hombres que saciados todos sus apetitos se relajan plácidamente, e incluso en algunas vemos como las meretrices cumplen los deseos y fantasías de algunos de sus clientes.

Ruborizados, decidimos abrir el apetito con una buena jarra de vino griego. Hicimos bien en hacer caso a aquel comerciante ateniense y parar en esta ciudad de lujos y excesos...

Casa de Ninfas


Todo este lujo descrito nos hace pensar que más que un simple prostíbulo este lugar era una "domus meretricius", un prostíbulo de alto stánding.


Las meretrices, como las antiguas hetairas griegas, no sólo se dedicaban al comercio sexual, sino que también entretenían a los hombres con toda clase de juegos y artes como la música, la danza o la interpretación.

Y es que entre los hallazgos más destacados se encuentran dos máscaras de arcilla verdirrojas que podrían indicar que las meretrices portasen estas máscaras en juegos y pantomimas eróticas; por lo que serían mujeres versadas en todo tipo de artes, mujeres cultas y refinadas, que se ganaron el respeto y la admiración de  los hombres que allí acudían.


Conclusión


Statue of Aphrodite, 1st-2nd cent. CE, Thessaloniki Archeology Museum
Estatura de Afrodita
Este pequeño paseo aunque pueda parecer algo exagerado, o una recreación fruto de la imaginativa y lasciva mente de un hombre del siglo XXI ante el erotismo exhuberante de aquella época, tiene grandes visos de ser cierto.

Y es que numerosos especialistas, como el profesor de la Universas de Salónica, Leónidas Tomaras, afirman que era normal que los hombres al finalizar su jornada de trabajo gozasen de un baño relajante antes de disfrutar de una buena jarra de vino o una comida.

El erótico ambiente de los baños y la taberna les invitaría a saciar también otra clase de placeres. "Fuera cual fuera el orden de los placeres, la visita formaba parte de un ritual cotidiano muy común", asegura Tomaras. Por lo que en época romana acabar la jornada tomando un baño relajante y compartiendo una jarra de vino en alguna tabernae cercana con tus amigos tenía que ser algo tan corriente como quedar, hoy en día, a echar un café con un amigo.

Sabemos que tanto los baños como el burdel fueron destruídos por el fuego, seguramente tras un importante terremoto ocurrido ¡¡a finales del siglo I d.C!!. Es decir, este burdel estuvo en funcionamiento durante más de dos siglos.

Por suerte para nosotros, este complejo fue consumido por las llamas, quedando todas estas piezas sepultadas, a salvo de la destrucción del tiempo y la moral.


Su descubrimiento avivó el debate sobre la relación entre el mundo de las termas y el mundo de la prostitución en la Antigüedad clásica, aunque eso ya es otra historia...



Bibliografía

Blázquez, J.M. y Cabrero, J.; Termas y prostíbulos de la antigua Roma, La Aventura de la Historia, núm. 53 (marzo 2003), pp. 90-93.
Bird, M.; Un burdel de Roma renace en Salónica, en https://elpais.com/diario/1999/01/10/cultura/915922801_850215.html


Sykia, Chalkidiki (Συκιά Χαλκιδικής) 2nd c. CE Archaeological Museum of Thessaloniki, ΜΘ 2659
Lagynos decorado con escenas eróticas..
Sykia, Chalkidiki 2nd c. CE Archaeological Museum of Thessaloniki, ΜΘ 2659