sábado, 7 de noviembre de 2015

Mitos eróticos en la Antigua Roma

La cultura romana no deja de sorprendernos por su mezcla de lo arcaico y lo moderno, donde convivían la brutalidad más primitiva con la sofisticación más elevada. A todo ello, hay que sumar que la sociedad romana presenta algunos rasgos de gran modernidad, los cuales hasta bien entrada la edad contemporánea no volveremos a ver... como pueden ser su sentido del espectáculo o la importancia de la publicidad.

En esta entrada vamos a detenernos en uno de esos fenómenos más propio del siglo XX que de la Antigüedad... los mitos eróticos.

Auténticas estrellas del teatro o del deporte que cautivaron el corazón de romanos y romanas, que con un sólo gesto despertaban los sueños eróticos más ardientes de sus fans, convirtiéndose en los personajes más deseados de la sociedad romana.

Y aunque desconocemos si también tenían su habitación llena de posters con el retrato de su mito más deseado, sí que podemos asegurar que existió todo tipo de 'merchandising' alrededor de estas estrellas, especialmente aquellas vinculadas con el mundo del "deporte". Desde mosaicos conmemorativos, pasando por lámparas de aceite con la efigie del deportista, estatuillas, y todo tipo de inscripciones donde se expresaba la mayor de las admiraciones por alguno de estos mitos eróticos...

Mosaico conmemorativo de un auriga.
Museo Nacional de Arte Romano. Mérida.

Señoras, señores... pasen y conozcan a los mayores mitos eróticos de la sociedad romana...


Mitos Eróticos Femeninos

Como en la actualidad, algunos de las mayores mitos eróticos de los romanos provenían del mundo del espectáculo. Recordar, por ejemplo, que en los espectáculos teatrales de mimo o farsa se representaban historias ligeras de corta duración, donde se mezclaban humor y erotismo en un espectáculo lleno de música, cantos y danzas; acompañados de chascarrillos y obscenidades y donde no faltaban mujeres ligeras de ropa que solían acabar el show con un striptease (nudatio mimarum).

Esclava de la serie 'Espartaco'
Por lo que muchas de estas actrices se convirtieron en auténticos mitos eróticos de su época, sobre todo aquellas que destacaban por su belleza pero también por su ingenio, capaces de replicar las chanzas del público. Aunque los autores latinos suelen retratar este tipo de mujeres por su capacidad de jugar con los sentimientos de sus amantes, pasando de la frialdad absoluta a la más ardiente pasión, todo con tal de conseguir sus ambiciosos objetivos.

Y esto, a pesar de que estas mujeres pertenecían a la más baja condición social consideradas 'infames' al igual que las prostitutas'. Aunque la línea divisoria que separa ambas profesiones no estaba nada clara, ya que todas las actrices tenían algo de meretriz, y todas las prostitutas mucho de actriz.

Esta condición de 'infames' les privaba de cualquier protección jurídica, estando siempre expuestas a episodios de violencia como asaltos o violaciones. Pero si el azar (y la belleza) las acompañaba y si sabían jugar bien sus cartas, este tipo de mujer podía convertirse en auténticas femmes fatale, cazadoras de fortunas, capaces de desplumar fortunas enteras a enamoradizos incautos o situarse bajo la protección de poderosos personajes públicos.

El caso más famoso tal vez sea el de la actriz Volummia Citáride a la que podíamos comparar con una prostituta de lujo, ya que gracias a los tejemanejes de su amo, se fue introduciendo en los más altos círculos de poder romanos, ofreciendo servicios teatrales en fiestas particulares celebradas en las casas de los más altos dignatarios.

Así esta famosa actriz, conocida por su gran belleza y su astucia, logró encadenar una serie de amantes entre lo más granado de la sociedad romana, desde Bruto, el asesino de César, pasando por el mismísimo Marco Antonio o el poeta Cornelio Galo que le dedicó algunos de sus más célebres poemas recogidos en su obra 'Amores'.


Cleopatra, el mito erótico por excelencia

Cleopatra, Elisabeth Taylor
Aunque si hablamos del mayor mito erótico femenino de la cultura romana no podemos dejar de hablar de Cleopatra, ya que su mitificación no es cosa de época posteriores. Sus propios contemporáneos la consideraron toda una leyenda erótica, y no tanto por su belleza física, sino por otro tipo de encantos. Plutarco decía de ella:

"Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje; Platón reconoce cuatro tipos de halagos, pero ella tenía mil."

Y es que pocas figuras en la historia han representado tan bien el erotismo y el poder de seducción como esta mujer, que gracias a su cultura, ingenio y poderoso atractivo personal fue capaz de seducir a los dos hombres más poderosos de la República romana.


Mitos eróticos masculinos

Pero las 'castas' matronas romanas también tuvieron a sus mitos eróticos, especialmente entre aquellos 'deportistas' que destacaban en la arena, ya fuesen aurigas, gladiadores o incluso actores.

Aunque estos hombres, debido a su profesión considerada 'infame', se movían entre la adoración más exaltada y el más absoluto desprecio, así el propio Tertuliano se preguntaba:

“¿Por qué los promotores y organizadores de los espectáculos al mismo tiempo ensalzan a los aurigas, actores, luchadores y gladiadores, hombres que levantan pasiones y a los que otros hombres les entregan su alma y las mujeres sus cuerpos, y a la vez los denigran y menosprecian por culpa de entregarse ellos mismos a las mismas cosas que critican?” 
-De Spectaculis XXII

Tal vez esta reflexión de Tertuliano esté muy relacionada con lo que le pasa a nuestras actuales estrellas, donde la relación amor-odio, depende del éxito o del fracaso de su última actuación o por la aparición de una nueva estrella que viene a eclipsar a la anterior.


Los Gladiadores

Andy Whitfield, actor de
la serie 'Espartaco'

Aunque parece claro que los que más pasiones levantaban entre las mujeres romanas fueron los gladiadores, estos hombres conjugaban todo lo que una mujer romana podía desear: fama, cuerpos bien formados, vigorosos músculos y sobretodo, el riesgo y la emoción al aventurarse en una relación amorosa tan peligrosa como excitante.

Era tal esta atracción que las grandes matronas romanas no dudaban en pagar grandes cantidades de dinero para poder pasar unas horas con uno de estos peligrosos amantes, sin importarles ni siquiera su baja condición social.

Este hecho lo atestiguan los numerosos relatos existentes en la literatura latina, como el caso recogido por Dion Casio, que narra como la mujer de Marco Aurelio, Faustina la Menor, le encantaba frecuentar la escuela de gladiadores; o el propio Juvenal que en sus 'Sátiras' (6,103-106) critica la pasión de Eppia, la mujer de un senador, por el gladiador Sergiolus, viejo y con notables heridas y deformidades, pero "es del hierro de lo que se enamoran" indica el autor latino.

Los propios gladiadores se jactaban de sus conquistas femeninas como demuestran algunos graffitis conservados en Pompeya:

- "Celadio, anhelo y rompecorazones entre las doncellas" (Celadius, suspirium e decum puellarum)
- "Crescens el Retiarius -pescador- de las jóvenes en la noche. Crescens señor y médico de las niñas".
- "Celadus, el Tracio, tres victorias, tres coronas. Las niñas laten por ti."

Estaban tan íntimamente relacionados el mundo de los gladiadores con el sexo, que muy pronto se empezó a utilizar vocabulario del mundo de la arena con un doble sentido, así la palabra 'gladius' acabó siendo sinónimo de falo.

Mosaico de gladiadores.
Incluso se ha especulado que el hallazgo de una matrona romana cargada de joyas sepultada bajo la lava en la escuela de gladiadores de Pompeya pudiese deberse a una visita desesperada a su amante.

La fascinación que despertaban los gladiadores era tan alta que incluso se desarrolló todo un fetichismo alrededor suyo, vendiéndose su sudor como afrodisíaco en los puestos situados en el exterior del circo. Tal vez la mejor explicación a este fenómeno se debe a esa extraña fascinación que tenían los romanos por el sexo y la muerte.

Los Aurigas

Aunque sin duda alguna, los auténticos ídolos del pueblo eran los aurigas, tal vez su fama como mitos sexuales era menor que la de los gladiadores, pero su popularidad era mucho mayor. El nombre de los principales aurigas eran conocidos por todo el Imperio y sus hazañas corrían de boca en boca.

Además a esto había que sumar, sus riquezas, un factor nada desdeñable para atraer la mirada y la atención de numerosas mujeres. Se sabe que el auriga lusitano Diocles, ganador de más de 1000 carreras, acumuló una inmensa fortuna, convirtiéndose en uno de los ciudadanos romanos más ricos de su época.

Ya vimos en la introducción como los aurigas más famosos levantaron tantas pasiones, que alrededor suyo se levantaba todo un merchadising de productos relacionados con ellos: esculturas, mosaicos, inscripciones, poemas,...

Nuestro ejemplo más cercano lo encontramos en Mérida, donde se conservaba un extraordinario mosaico donde se exhorta a la victoria a dos aurigas de nombre Marciano y Paulo, que tuvieron levantar pasiones en toda Hispania durante el Bajo Imperio.

Actores

Incluso los actores y bailarines también fueron objeto de deseo de algunas damas romanas, a pesar de compartir la baja consideración social de sus compañeras. Aunque como ya vimos en este post dedicado a la prostitución masculina en el mundo romano, estos hombres también ejercerían como prostitutos o gigolós.

Mosaico con actores y músicos.
Casa del Poeta Trágico, Pompeya. Museo Arqueológico de Nápoles.






Bibliografía

Angela, A.; Amor y sexo en la Antigua Roma, La esfera de los libros, 2015.

Garrido Moreno, J.; El anfiteatrouna oscura imagen de la antigua Roma, Berceo, Nº 149, 2005, págs. 153-178.

Jiménez Sánchez, J.A.; Ídolos de la Antigüedad Tardía: algunos aspectos sobre los aurigas en Occidente (siglos IV-VI), en: Lúdica, 4, 1998, pp. 20-33.

Montero Herrero, S.; Magia y adulterio en la Roma antigua, Religión y magia en la antigüedad: [seminario celebrado en] Valencia del 16 al 18 de abril de 1997, 1999, págs. 167-182.

Perea y Ébenes, S.; Extranjeras en Roma y en cualquier lugar: mujeres mimas y pantomimas, el teatro de la calle y la fiesta de Flora.

Varone, A.; Erotica Pompeiana: Love Inscriptions on the Walls of Pompeii, Studia Archaeologica 116, Italia, 2002.



2 comentarios:

  1. Sabes que deberias hacer un articulo sobre.el sexo y el erotismo del pueblo judio durante su periodo nomada y el periodo del reino unido

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    1. Uffff interesante reto... Aunque algún acercamiento hemos hecho al tema... ya que un post confrontamos la visión sobre la sexualidad que tenían dos culturas tan dispares pero cercanas como la semítica y la judaíca.

      http://historsex.blogspot.com.es/2014/02/la-sexualidad-en-la-cultura-semitica.html

      Saludos! Y prometemos dedicar un post en exclusiva a la sexualidad en el judaismo, a ver que encontramos!

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