sábado, 6 de agosto de 2016

Los Mundos Flotantes: Placer y hedonismo en el período Edo


a) La sexualidad en el Japón histórico:
     - Los mundos flotates: Placer y hedonismo en el período Edo.

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"Sólo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce. Gozamos del día excitados por el vino, sin que nos desilusione la pobreza mirándonos fijamente a los ojos. Nos dejamos llevar, como una calabaza arrastrada por la corriente del río, sin perder el ánimo ni por un instante. Esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero”. 
- Narraciones sobre el mundo de las diversiones, Asai Ryoi, 1661.

Uno de los aspectos más llamativos y conocidos de la cultura japonesa son las increíbles y bellísimas imágenes shunga, delicadas ilustraciones que van desde la sensualidad y el erotismo más refinado a la pornografía más jocosa, y que nos dan una visión algo distorsionada de la cultura sexual japonesa.

"Cortesana en su gabinete", de U. Toyokuni.
Una mujer se arregla después
de un encuentro sexual.
Y es que Japón es un país de fuertes contrastes, donde modernidad y tradición se dan de la mano, y donde el respeto y el puritanismo conviven con ese lado más excéntrico y lujurioso del sexo. Por lo que estas famosísimas imágenes shunga, de gran consumo popular, ya en el siglo XVII, puede transmitir un concepto algo erróneo sobre la sexualidad en el Japón histórico, y es que, aunque sí existía una cierta promiscuidad y  relajación de costumbres en cuestiones relativas al sexo por influencias del budismo y el sintoísmo, el confucionismo fue un filosofía que impregnó Japón de una moral bastante conservadora.

Por lo que, como explicaremos en este post, esa aparente relajación moral que permitió la proliferación de estas imágenes shunga, así como de todo tipo de juguetes eróticos, es sólo un reflejo, un espejismo de un mundo de ensueño, los llamados "mundos flotantes". Un universo de placeres, ocio y diversión surgido en el propio seno de la férrea moral confuciana.

Y es que Japón contemplaba como las nuevas y pujantes clases urbanas estaban siendo ahogadas por el estricto control social de su aristocracia militar, por lo que se refugiaron en el vida hedonista que estos barrios del placer les ofrecían, convirtiéndose en la única válvula de escape ante sus anhelos de mayor libertad.

Por lo que esta incipiente burguesía urbana denominó con este poético nombre a esos lugares de placer 'Ukiyo' ('Uki', flotante; 'yo', mundo), pudiendo asociarse su significado a nuestro occidental 'carpe diem', es decir, a lo efímero, a lo transitorio, pero también al disfrute del momento y de los placeres de la vida.

Nada mejor que recoger las palabras de Ukiyo Monogatari, quién sin duda, fue capaz de realizar la mejor síntesis del significado de este 'Ukiyo':

"Debemos suprimir todos los pensamientos tristes sobre nuestra existencia terrena y disfrutar sólo de los placeres y deleites que nos ofrece la vida. Y así, seguir el camino de nuestras vidas como una calabaza sigue el curso del río, siempre flotando, aunque a veces parezca que se vaya a hundir. Este es el mundo flotante".
- Ukiyo Monogatari  (1665).

¿Quieres descubrir que se esconde tras los muros de estos 'Mundos flotantes'? Pues adelante, traspasa el umbral de esta puerta y adéntrate en uno de estos populosos barrios del placer, donde cualquier deseo puede ser realizado, siempre que tengas el dinero suficiente para pagarlo...

Cerezos en flor a la luz de la luna en el barrio norte, Utagawa Kunisada.
Puerta de entrada al 'Mundo Flotante' de Edo.

Un poco de historia... el período Edo.

El período Edo es una época de la historia del Japón, que se inicia con el shogunato Tokugawa en el año de 1603 (por lo que también es conocido como época Tokugawa) y finaliza con la restauración del emperador Meiji en el año 1868. Edo también es el nombre con el que se conocía a la antigua ciudad de Tokio, que recuperó ese nombre con el cambio de dinastía, y el establecimiento de la nueva corte imperial Meiji en la ciudad.

Durante estos dos siglos y medio Japón estará bajo un gobierno militar, cuyos principales rasgos serán un fuerte aislacionismo en política exterior, que prohibirá mantener casi cualquier tipo de contacto con elementos externos a las islas. Mientras que en política nacional este período vendrá caracterizado por su gran estabilidad interna.

Hosoda Eishi - Retrato de una prostituta.
Serie 'Seis selectas flores'
La sociedad de la época estaba fuertemente estratificada, pudiendo distinguir cuatro clases fundamentales que eran el sostén económico del país: samurais, campesinos, artesanos y comerciantes. A estas clases se pueden sumar dos más, una en cada extremo, por un lado la nobleza y la familia imperial; por otro, ocupando el estrato social más bajo, los parias, los marginados.

Aunque de especial relevancia para nuestro tema serán artesanos y comerciantes, ya que a pesar de estar situados en el rango más inferior de esta pirámide jugaron un papel fundamental en el desarrollo del arte y la cultura japonesa.

Ya vimos en anteriores post, como el confucionismo marcó profundamente la sociedad japonesa, instaurando un fuerte patriarcalismo, donde la mujer quedaba relegada al plano doméstico y familiar, al menos en apariencia, ya que como veremos a continuación, el papel de la mujer, tanto en el campo como en los barrios de placer alcanzó mucho más protagonismo.

El surgimiento de los mundos flotantes

La férrea estructura social y política impuesta por la nobleza, y apoyada en el confucionismo, coincidió con un período de explosión cultural y económica (período Genroku, 1688-1704), por lo que estos ricos comerciantes financiaron la creación de un mundo totalmente aparte del resto de la sociedad, un mundo dedicado exclusivamente al lujo, al arte, al placer y a la diversión.

Interior de la Casa del Té Gankiro,
por Utagawa Hiroshige, 1860
- Harvard Art Museum
Para los guerreros samurais el fin de las luchas nobiliarias y la prolongada paz interior supuso una pérdida de su identidad, ya que a pesar de ser una casta privilegiada en la pirámide social, su función social era irrelevante, perdiendo cada vez más protagonismo y poder adquisitivo.

Los comerciantes tenían exactamente el problema opuesto, ya que durante este período vieron como sus fortunas se multiplicaban y como al calor de su riqueza exigían más influencia en la sociedad. Pero dentro de esta arraigada jerarquía feudal, ellos eran los que ocupaban el escalafón más bajo por lo que se les prohibía acceder a cualquier tipo de poder político.

 Ante el tedio, la frustración y el aburrimiento de su estilo de vida, todas estas personas, encontraron en los distritos del placer un lugar donde hacer frente a esta situación y ahogar sus penas, disfrutando del teatro y actuaciones musicales, participando en debates filosóficos o en concursos de poesía, asistiendo a sus ceremonias de té, y por supuesto, recreándose en los placeres más mundanos de la vida: el sexo y el erotismo.

Como bien lo define Olga García en su estudio sobre la sociedad Edo, crearon "una contra-cultura civil accesible a todas las clases sociales como vía de escape a la severidad vigente en la sociedad", por lo que pronto surgieron en las principales ciudades del país barrios dedicados a estos menesteres, distritos del placer, normalmente situados en las afueras de la ciudad, donde abundaban teatros kabukis, casas de té, prostíbulos, pero también locales de luchas de sumo, de música y danza... Un mundo donde las diferencias sociales se diluían, ya que sólo el poder del dinero marcaba el acceso a los diferentes servicios prestados.

Las autoridades, aunque a regañadientes, admitieron como mal menor la existencia de estos 'lugares malos' ('akubasho'), ya que las florecientes tensiones sociales ante la falta de libertad quedaban adormecidas en estos lugares de evasión en el espacio y en el tiempo. Por lo que en 1618 el gobierno, en un intento de controlar las actividades vinculadas a la prostitución y el ocio, optó por desarrollar barrios específicos cerrados en las principales ciudades niponas que albergasen dichas actividades.

Curiosamente estos mundos flotantes nos recuerdan muchos a las grandes mancebías que aparecieron en el la Europa medieval, coincidiendo con el resurgir económico de las ciudades, como vimos en este post donde viajamos a Valencia, ciudad que albergó probablemente uno de los prostíbulos más grande del occidente europeo.

Así sabemos que el mundo flotante de Edo era un distrito completamente amurallado y rodeado por un foso, sólo existía una única entrada y los samurais estaban obligados a dejar sus armas en la entrada, una amplia y alargada avenida, cubierta de cerezos, daba la bienvenida a los visitantes de estos mundos del placer y el libertinaje.

Vistas del cerezo en flor en la calle Nakanocho en el barrio de Yoshiwara, Hiroshige.
Los mundos flotantes

De esta forma, las tres principales ciudades de Japón contaron con sus correspondientes distritos de placer: fundándose entre finales del XVI y principios del XVII tres de estos barrios en Kioto, Osaka y Edo. Los tres grandes distritos del placer fueron: Yoshiwara吉原 (Edo), Shimabara島原 (Kioto) y Shinmachi新町(Osaka)

Sus protagonistas eran, por un lado las mujeres que servían y trabajaban en estos barrios, especialmente las cortesanas, niñas y mujeres víctimas de las hambrunas o vendidas directamente por sus familias, a las que les esperaba una dura vida de servidumbre y prostitución, con la única esperanza de enamorar a algún rico cliente para que comprase su libertad, ya que incluso su salida de estos barrios estaba bastante restringida.

Pero aquí también se congregaron geishas, músicos, pintores, actores, poetas, grabadores... todo un barrio de la bohemia donde floreció una de las expresiones culturales más innovadoras y atractivas de todos los tiempos.

Por el otro lado tenemos a los asistentes a estos distritos de placer, un grupo bastante heterogéneo de los nuevos y dinámicos grupos sociales surgidos con el crecimiento económico, especialmente miembros de la floreciente burguesía urbana y de la aristocracia quienes financiaron y apoyaron fervientemente todas estas nuevas actividades culturales.

Y a pesar de que cortesanas y actores eran marginados sociales, despreciados dentro del rígido sistema social, dentro de estos mundos flotantes fueron admirados tanto por su belleza como por sus elegantes ropajes o por sus habilidades artísticas, convirtiéndose en creadores de tendencias y siendo muchos de ellos aclamados como nuestros actuales ídolos de masas, por lo que llegaban a cobrar enormes fortunas a cambio de sus servicios.

Interior de un prostíbulo, por Yoshitoshi Taiso, 1839-1892.


Manifestaciones culturales de los mundos flotantes

Esta contra-cultura civil refleja los intereses de unos grupos sociales deseosos de libertad, por lo que sus manifestaciones culturales serán un claro reflejo de ello, como los distritos de placer, el teatro kabuki o las famosas manifestaciones artísticas de estampas y libros ilustrados.


Teatro Kabuki

El teatro kabuki causó furor en la sociedad, su libertad expresiva rompía con el modelo tradicional anterior, por lo que fue motivo de frecuentes altercados de orden público. A esto hay que sumar que sus bailarinas solían ser también meretrices, por lo que después de cada función ofrecían sus servicios. Las autoridades, preocupadas por la estrecha relación que se estaba forjando entre teatro y prostitución prohibieron la participación de las mujeres en las obras.

Teatro Kabuki de la ciudad de Edo, por Masanobu Okumura (1686–1764).

Pero, como fiel reflejo del ambiente liberal y relajado que se respiraba en estos distritos, el problema persistió, ya que los jóvenes actores que interpretaban ahora los papeles femeninos, no sólo actuaban en el teatro sino que también ofrecían sus servicios como prostitutos. Por lo que las autoridades decidieron finalmente que sólo hombres maduros pudiesen actuar en este tipo de representaciones, aunque esto no frenó en fenómeno de la prostitución en torno al teatro Kabuki.

Prostitución

Pero sin duda, la actividad más lucrativas de estos mundos flotantes fue el negocio de las casas de té y la prostitución, ya que en un mundo dedicado al placer hedonista no podían faltar el servicio de damas (y caballeros) entregados a la causa del placer y el ocio. Así se sabemos que al final del siglo XVIII, más  de 4000 prostitutas ofrecían sus servicios en el distrito de Yoshiwara.


Ya hemos mencionado que el mundo de la prostitución se surtía de niñas vendidas por sus propias familias, obligadas a trabajar en los burdeles en virtud de contratos de 10 años. O también entre mujeres que arrastradas por la miseria y el hambre buscaban un futuro mejor en el mundo de la prostitución.

'Visita a Yoshiwara' de Hishikawa Moronobu, 1680.
Escena de un prostíbulo.


Por regla general se iniciaban a muy temprana edad, entre los 7 u 8 años, encargándose de las tareas cotidianas del burdel y sirviendo de asistentes de las cortesanas mayores, mientras aprendían gradualmente las diversas artes del oficio. A la edad de 11 o 12 años, si la niña destacaba por su belleza o por sus habilidades artísticas se le ofrecía una estricta formación encaminada a convertirse en cortesana de lujo.

Por otro lado, hay que recordar que para estas mujeres era muy difícil poder saldar la deuda con el prostíbulo, primero porque parte de sus ganancias se descontaban del dinero que había pagado el proxeneta a sus familias, así como los gastos de su propia manutención. Aunque el principal motivo por el que la deuda con el prostíbulo siempre iba en aumento era el lujoso nivel de vida que una meretriz debía llevar, ya que la competencia entre ellas era feroz, por lo que para conseguir o mantener a sus clientes debía vestir siempre a la moda, financiándose lujosos kimonos y embadurnándose en los más caros perfumes y maquillajes. Incluso, aquellas que se lo podían permitir pagaban el sueldo de sus propias asistentes personales.


Prostitutas viejas "yotakas" del distrito de Yoshiwara en Edo

Lógicamente estos barrios ofrecían servicios a todos los bolsillos, por lo que dentro del fenómeno de la prostitución podíamos encontrar sus dos extremos: desde las prostitutas de más bajo rango, que ejercían servicios rápidos y económicos en la clandestinidad, en hogares pobres situados en la zona extramuros, o en tabernas de mala fama; hasta aquellas más sofisticadas y al alcance de unos pocos hombres, como eran las denominadas Oiran y Tayu. Aunque por regla general, las prostitutas servían en prostíbulos especializados o en casas de té, donde esperaban sentadas en una sala de exhibición donde el cliente, a través de un entramado de celosías, podían contemplar a las mujeres ofrecidas.

Las Oiran y las Tayu eran las meretrices de lujo, mujeres que no sólo sobresalían por su belleza física, sino también por su talento en las artes y en la cultura. Eran mujeres inteligentes y dinámicas, versadas en toda tipo de actividades: la danza, el canto, la música, la ceremonia del té, juegos... pero también en temas mucho más sofisticados como la poesía o la caligrafía, pero quizá el talento más buscado era una buena conversación. Y es que por extraño que pueda parecer los clientes buscaban más, una cálida y entretenida compañía o un prolongado juego amoroso vía epistolar que la simple satisfacción sexual.

"Lectura de carta de amor" 
de Katsukawa Shunsho, 1784.
Así el escritor Fujimoto Kizan (1626-1702) escribió: "Es lamentable para cualquiera persona no ser capaz de escribir, pero para una cortesana es un desastre . Dicen que tocar el shamisen [instrumento musical de tres cuerdas] es el más importante de los logros artísticos de una cortesana, pero en realidad la escritura es lo primero, y el shamisen sólo después." Así en la ilustración de Shunsho vemos como el artista nos ofrece la visión provocadora de la ropa interior de una cortesana, de color rojo, mientras lee absorta la carta de amor de un amante.

El acceso a estas meretrices de lujo sólo era posible a través de estrictos protocolos, que incluían la entrega de enormes cantidades de dinero pero también la existencia de varias reuniones preliminares.

Pero no nos podemos dejar engañar por la visión idílica y de fantasía que nos ofrecen las estampas e ilustraciones ekiyo-e, la cruda realidad es que siempre que hablamos de prostitución, aunque sea de lujo, estamos hablando de un sistema de prostitución forzado y estrictamente controlados por proxenetas.

Y aunque este oficio les garantizaba una serie de lujos, que en sus aldeas natales no tendrían, como comidas diarias, ropas limpias, una educación esmerada y algún que otro pequeño capricho, esta mujeres vivían en condiciones de semi-esclavitud y sin ningún tipo de derecho, obligadas a cumplir con sus cuotas diarias de clientes y sometidas a todo tipo de enfermedades venéreas, malos tratos, abusos y embarazos no deseados, incluyendo la prostitución infantil, ya que una de las mayores ganancias para los prostíbulos era cuando se vendía la virginidad de la adolescente al mejor postor.

Para finalizar el tema de la prostitución volver a recordar la existencia de una prostitución masculina, no sólo en relación al teatro Kabuki, dónde jóvenes aprendices de actores ofrecerían sus servicios, sino que las propias casas de té ofrecían dichos servicios, alcanzando muchos de ellos precios incluso tan elevados como el de las cortesanas de élite.

Estampas y Libros Ilustrados


Tanto las casas editoriales como los talleres de grabados fueron uno de los sectores más beneficiados por esta nueva cultura del disfrute, ya que se produjo un auténtico fenómeno de masas en el consumo de estampas y libros ilustrados, tan es así, que incluso los más renombrados pintores del país, no dudaron en poner sus pinceles al servicio de este nuevo mercado, pintando los famosos Ukiyo-e (imágenes del mundo flotante), recreando paisajes de una gran belleza evocadora, siendo la ilustración de 'La Ola' de Kanawaga, su ejemplo más conocido.


Pero también reproduciendo imágenes de esta vida alegre y urbana: hermosos paisajes urbanos, sensuales retratos de famosas cortesanas o actores (que se coleccionaban como nuestros actuales posters de estrellas del cine o del deporte), hasta llegar al subgénero más famoso y codiciado como fueron las famosas imágenes eróticas shunga.

Artesanos (grupo de mujeres en un taller editorial), de Utagawa Kunisada.
De la serie: Parodia de las cuatro clases sociales.

Es famosa la anécdota de un editor de Ukiyo-e que amasó una enorme fortuna al colocar su tienda de grabados en la única puerta de entrada al recinto, vendiendo planos del barrio del placer donde se indicaba la situación de las principales casas de té y prostíbulos.
 
 

Geishas

Por último nos gustaría recalcar el papel de las geishas, que aunque asimiladas en el mundo occidental con el mundo de la prostitución, estas mujeres no ofrecían servicios sexuales. Eran mujeres de compañía, adiestradas y versadas en todo tipo de artes para entretener y divertir a todo tipo de audiencia, ya fuese bailando, cantando, tocando algún instrumento, contando historias o inventándose juegos para entretener a sus invitados.

La criada Nui y la Geisha Tomino,
de Eishosai Choki.
Museum de Bellas Artes de Boston
Por lo que no era extraño que las hijas de familias pudientes entrasen al servicio de alguna casa de té como geishas, ya que además de ser un escuela de aprendizaje, les permitía adquirir cierta independencia económica, así como aumentar la posibilidad de encontrar un buen marido.

De esta forma, la popularidad de estas geishas fue en aumento, por lo que sus servicios, con el paso de los siglos, acabó siendo más solicitado que el que ofrecían las cortesanas de lujo, incluso su apariencia y ropajes, más recatados y sobrios, llegaron a ser considerados más modernos y elegantes que los exuberantes kimonos que lucían las meretrices.

Muchos han querido ver este auge de la figura de la geisha en el concepto filosófico existente en Japón del placer agridulce que proporciona el deseo no consumado, ya que gran parte del atractivo de estas geishas radicaba en que eran mujeres de compañía pero sexualmente inalcanzables.


Conclusión


Aunque en posteriores post nos gustaría pararnos a analizar en mayor profundidad el papel de la mujer en el Japón del período Edo, no podemos concluir este artículo sin destacar un par de reflexiones necesarias sobre la sexualidad en el período Edo y especialmente sobre el papel de la mujer.

Lo primero que hay que recordar es que todas estas bellísimas estampas e ilustraciones que nos han llegado de estos mundos flotantes son imágenes filtradas por la mirada evocadora y romántica de artistas masculinos, es decir, son el reflejo de un arte hecho por los hombres y para los hombres. Es más, muchas de estas imágenes se pueden entender como encargos publicitarios realizados a los mayores artistas del país para promocionar estos 'Mundos Flotantes', ya que estas estampas se vendieron por todo el país, incitando a los hombres a visitar estos barrios y así seguir impulsando su economía.

Por lo que hay que entender que estos barrios del placer fueron diseñados, hasta en sus más mínimos detalles, para saciar los caprichos y los gustos, no sólo sexuales sino también intelectuales, de los hombres que allí accedían.

Por otro lado, aunque estos mundos flotantes brindaron a la mujer japonesa una oportunidad de romper con el fuerte patriarcado existente, ofreciéndoles cierta independencia económica y el disfrute de ciertos privilegios que antes no tenían, ésta era una falsa libertad, ya que vivían sólo por y para servir los deseos de una clientela masculina.

De la misma manera podemos analizar las famosas ilustraciones y estampas de estos mundos flotantes, ya que aunque nos transmitan la idea de cierta libertad de la sexualidad de la mujer, en realidad se trata de una sexualización de la figura mujer, que es vista únicamente como una proyección de las fantasías y los sueños eróticos de los hombres, siendo únicamente considerada un objeto de contemplación y de exaltación de un determinado canon de belleza.

En definitiva, estos mundos flotantes fueron la única válvula de escape de una rígida sociedad feudal donde imperaban los valores confucionistas de moderación y templanza, pero este mundo de evasión y difrute, de lujo y exceso, se construyó sobre las espaldas del sector más débil de la sociedad... las mujeres sin recursos.


Bibliografía


García de las Hijas Peña, R.; El cambio de rol de la mujer desde Edo hasta Meiji. Historia de Japón II. 2014

García Jiménez, O.; El período Edo. Sociedad y cultura popular urbana,  Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Timon Screech, Sex and the Floating World: Erotic Images in Japan, 1700-1820, University of Hawai'i Press, 1999

[En Internet]
http://compasscultura.com/japan-history-sex-and-suffering/
http://karyukai.jimdo.com/
http://glessnicolas.wixsite.com/japon-nicolas-gless/9--geishas-y-sedas
http://consentidoscomunes.blogspot.co.uk/2015/12/bijinga-bellas-del-mundo-flotante-v.html

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