domingo, 8 de marzo de 2015

Magia y Sexo en el mundo antiguo: Pócimas de Amor

Magia y Sexo en el Mundo Clásico:

1.- Tablillas de maldición (Tabellae Defixionum)
2.- Pocimas de amor (Pocula Amatoria)
3.- Muñecos Vudú (Kolossoi)
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Como ya vimos en el anterior post dedicado a la magia y el sexo, adentrarse en este mundo es moverse por arenas movedizas, ya que en la antigüedad los límites entre magia, religión y medicina no estaban nada claros. Una persona podía acudir en caso de dolencia tanto a un médico como a un mago, siendo todos los médicos un poco magos, y todos los magos un poco médicos. Es decir, la creencia en la magia estaba tan extendida que era igual de importante en un juicio contratar a un buen orador como lanzar una maldición para nublar la mente o trabar la lengua de la parte contraria.

Y es que existe un estrecha vinculación entre magia y amor, ya que ambas palabras, venenum y venere, comparten una misma raíz. Así con venenum designamos tanto el filtro amoroso para enamorar a una persona como el veneno para matarla. Por lo que como bien indica Montero Herrero "amor y magia tienen unos mismos rasgos comunes y participan de un mismo <espíritu de posesión>".

Hombre comprando una poción a hechicera.
Freso de la Casa de los Diososcuros, Pompeya.

La figura de la bruja

Merece la pena hacer un pequeño alto en el camino y reflexionar brevemente sobre la figura de la mujer-hechicera, aunque en un futuro dedicaremos un post en exclusiva sobre este tema, ya que refleja muy bien los cambios de roles que sufrió la mujer con el establecimiento de sociedades basadas en un patriarcado muy marcado, como pueden ser la cultura griega y romana.

Y es que todo parece indicar que fueron las mujeres las primeras médicas de la humanidad, pues fueron ellas las que recolectaban frutos, las que cuidaban de la salud de la tribu, por lo que parece lógico y normal, pensar que fueron las mujeres, quienes primero descubriesen el uso de hierbas y raíces para paliar ciertas dolencias.

Aquí nos encontramos con una pequeña contradicción, porque mientras los testimonios arqueológicos nos dice que eran los hombres los principales autores de las tablillas de maldición, en la literatura es la mujer quien practica la magia erótica para poseer a un hombre...  ¿A qué se debe esta diferenciación entre distintos tipos de magia?

Todo parece indicar que poco a poco, y con la instauración de sociedades patriarcales, fueron los hombres quienes se ocuparon progresivamente de la magia positiva, es decir, aquella relacionada más directamente con la medicina, quedando las mujeres relegadas a una práctica privada de la magia, relacionada con su entorno más cercano e inmediato, dentro de los límites impuestos por los hombres, es decir el ámbito cotidiano, y donde filtros y pócimas de amor  serían su mejor representación.

Y es aquí donde entra con toda su fuerza la figura de la hechicera, pues ¿quién mejor que una mujer, representante de venus, sea la que realice dichos conjuros? Una mujer "heredera del predominio cósmico y religioso de su fuerza antepasada", cuya naturaleza salvaje, cambiante, pasionada, la hace poseedora de un poder que se refuerza con la práctica de la magia negra y toda aquella vinculada al control de las pasiones.

Erichtho de John Hamilton
Sexto Pompeyo consultando a Erichtho
antes de la batalla de Farsalia.
Por lo que no nos puede extrañar las incontables referencias de la literatura que nos hablan de despiadadas magas, que mediante sus oscuras artes doblegaban la voluntad de los hombres. Una imagen que pervivirá hasta la actualidad, la imagen moderna de la bruja... una mujer vieja, huraña, al servicio de oscuras fuerzas, que viven en la soledad de cuevas en lugares inhóspitos para poder realizar sus crueles ritos.  Otro estereotipo muy extendido entre estas brujas era el de su función como alcahuetas, 'lenae', actuando en secreto para poner en contacto a los amantes o facilitando sus encuentros,

Con todo ello, no nos puede sorprender que desde los inicios de la República la magia asociada al mundo femenino fuese especialmente perseguida y controlada, tanto la practicada en la religión oficial como la que se practicaba en la vida cotidiana romana, como ya vimos en este post.

Ya que como bien señala Espejo Muriel "la magia es el único contrapoder en manos femeninas que puede desequilibrar la perfecta armonia establecida según el patrón masculino. Dicho de otro modo: es el arma de la que dispone la mujer para controlar la sexualidad masculina y el ciclo reproductor". Por lo que a pesar de de vivir durante siglos bajo sociedades machistas y patriarcales, negándoles hasta el acceso al saber, ellas sabrán resistir, perdurando hasta nuestros días ese vínculo entre mujer, magia, sabiduría y medicina.

Ley y Magia

Volviendo al tema de las pócimas sabemos que éstas estaba tremendamente perseguido, ya que podían derivar en un mal uso como potentes venenos, por lo que su práctica ya fue prohibida en las antiguas leyes de las Doce Tablas (siglo V a.C.), confirmándose esta prohibición posteriormente con la Lex Cornelia de Sicariis et veneficiis (Ley Cornelia sobre apuñaladores y envenenadores), promulgada por Sila en el 81 aC., donde se castigaba con la muerte el empleo de pócimas mágicas.  Estos 'crimina magiae' fueron nuevamente sancionados mediante la Lex Iulia Maiestatis, ante el temor de posibles envenenamientos a la familia imperial.

Aunque esta legislación giraba en torno al envenenamiento o el uso de "magia negra" contra figuras públicas, también nos encontramos con una ley más cercana a nuestro tema, los filtros de amor, ya que existe un edicto del emperador Alejandro Severo, que como consecuencia de las frecuentes intoxicaciones en los lupanares de la región de Nápoles prohibe el uso de algunos potentes afrodisíacos como el estramonio y el polvo de cantárida.

Pocula Amatoria

Botellas romanas. S. I-III d.C.
Pero a pesar de estas prohibiciones, estos filtros de amor eran enormemente populares, y no sólo entre los capas bajas de la sociedad. Famosos son los casos del poeta Lucrecio que se volvió loco por culpa de una de estas pociones de amor, según narra San Jerónimo en su 'Chronicon': "Después de beber un filtro amoroso se volvió loco, y escribió, en los intervalos de lucidez, varios libros que Cicerón revisó. Se suicidó a los 44 años de edad”. Lo mismo nos cuenta Suetonio sobre el emperador Calígula que enloqueció a causa de una poción de amor que le dió su mujer Caesonia.

Aunque el caso más célebre, es sin duda el del genial Apuleyo, a quién se le acusó de haber embrujado a una viuda rica diez años mayor que él, obligándola a casarse con él, mediante un potente filtro de amor basado en un extraño y desconocido pez mágico. Esta acusación de "Crimen Magiae" se llevó hasta los tribunales, donde Apuleyo salió indemne ante la falta de pruebas y de cuyo discurso ante el tribunal tenemos testimonio en su obra 'Apologia'

Es decir, todos estos testimonios nos dan una idea de la gran popularidad que alcanzaron estos brebajes a pesar de que el gran maestro del amor, Ovidio, nos advertía sobre su ineficacia (Ars.Am. II, 100-104):

"Se engaña aquel que acude a las artes de Hemonia y da a tomar lo que arranca de la frente de un potro recién nacido. Las hierbas de Medea no harán que el amor perviva, ni los conjuros de los marsos acompañados de mágicos sones".


Mosaico de la Casa de Cicerón, Pompeya. S. I a.C.
La popularidad de esta magia amorosa hizo que en el mercado se vendiesen toda clase de amuletos y objetos mágicos, entre los cuales, uno de los más solicitados eran estos filtros de amor, cuyos precios variaban enormemente según el público destinatario. Así las clases más pudientes pagaban enormes sumas por elexires realizados con extraños y exclusivos ingredientes, mientras que las clases populares se tenían que conformar, con pócimas más económicas, pero también menos efectivas.

Una de las regiones más famosas por el poder de sus plantas para brebajes amorosos es Tesalia, donde autores como Lucano y Juvenal nos hablan de las hierbas poderosas que volvían a los maridos débiles:




"Un tipo suministra salmodias mágicas, otro vende filtros/
tesalios con los que la mujer puede desquiciar la mente al marido/ y sacudirle en el culo con la alpargata"

Apuleyo, en su 'Asno de oro' también hace mención a las poderosas brujas de la región de Tesalia  cuyas habilidades eran requeridas tanto para enamorar como para maldecir a la persona elegida:  "se dedicó a buscar con sumo cuidado una bruja digna de toda confianza: la aduló, la cargó de regalos y acabó por pedirle que consiguiera una de dos: que apaciguara al marido para reconciliarse con él, o, si no fuera posible, que le mandara el espectro o una cruel divinidad que lo destruyera violentamente. La bruja aquella, muy influyente entre los dioses, comenzó por desplegar estratégicamente los primeros artificios de sus criminales facultades para doblegar el ánimo ofendido del marido e inducirle otra vez a enamorarse". (IX,29)

No podemos cerrar este apartado sin hacer mención al excepcional mosaico de la Casa de Cicerón de Pompeya, realizado por Dioskourides de Samos, donde podemos ver a unas actrices (por sus máscaras) representando una obra de teatro. Son tres mujeres sentadas alrededor de una mesa circular, dos de ellas jóvenes y otra una vieja bruja.  La presencia de vasos en la mesa sugiere que la hechicera podría estar preparando pociones de amor, asistidos por una chica que se puede ver a la derecha.



Ingredientes de las Pociones de amor

Los ingredientes de estas pociones de amor fueron de lo más variados: desde tripas de rana y sapo, pasando por plumas de búhos, serpientes y toda clase de hierbas. Ovidio recuerda pociones de amor hechas de vino y pelitre o hechas con pimienta negra y semillas de ortiga.

Pero el objeto fundalmental para la elaboración de cualquier poción de amor era poseer un objeto personal de la persona objetivo y un mechón de cabello era uno de los elementos más habituales como bien nos relata Apuleyo en el 'Asno de Oro' (III,16):

"Y es que se había fijado en ese muchacho ayer tarde al volver de las termas; estaba sentado en una barbería, y me mandó que cogiera a escondidas unos mechones de los que ya habían caído al suelo por el corte de la navaja; cuando los estaba recogiendo a toda prisa, me descubrió el barbero, y como ya tenemos la mala reputación de hechiceras, me agarró y me increpó de malas maneras: <¡Mala puta! ¡Pendón! ¡ Por qué no dejas ya de robar los cabellos de estos apuestos jóvenes? Si no dejas esa mala costumbre, te voy a denunciar a los magistrados>".

Circe ofreciendo la copa a Odiseo,
Waterhouse 1891.
Galería de Arte de Oldham.

Pero también tenemos filtros de amor realizados mediante los métodos más crueles, brujas que sacrificaban niños para sus brebajes más poderosos. Horacio nos habla de tres famosas brujas Canidia, Ságana y Veya (Hor. Epodos, V. 31 ss.) que no dudan en extraer el hígado y la médula a un niño para elaborar un filtro amoroso para atraer a Varo:

"... mientras sin piedad Veya con duro legón cavaba jadeante por que el enterrado niño muriese tras ver cómo le cambiaban la comida al día dos veces o tres, sacando la cabeza al modo de quien flota en agua hasta la barbilla; y luego, extraído el hígado sexo y la médula, hechizo de amor serían cuando sus pupilas se apagasen fijas en el vetado alimento".

Y aunque estos testimonios tan cruentos nos pueden parecer más propio de las fantasías literarias que de la realidad, en la tumba de un niño del Esquilino, antiguo cementerio de Roma, puede leerse: "Vivía en mi cuarto año, pero ahora estoy bajo tierra cuando podría haber sido la alegría de mis padres. Una bruja cruel tomó mi vida y ella aún sigue viva practicando sus peligroso artificios. Vosotros, padres, cuidad de vuestros hijos si no queréis que el corazón se os rompa a causa de la desesperación".

Otro testimonio que nos transmite un visión negativa de la magia de brujas y hechiceras nos lo vuelve a brindar Apuleyo que en su libro III, 17-18, nos describe con gran detalle un taller de magia doméstico:
 
"subió hasta el tomasol en la parte posterior del edificio, que está abierto a los cuatro vientos, y dispone de amplias vistas, donde suele poner en práctica sin molestias sus artes de magia. Lo primero que hizo una vez allí fue preparar su aciago laboratorio con el instrumental acostumbrado: aromas de toda clase, láminas grabadas con signos indescifrables, restos de naufragios, innumerables miembros de cadáveres hasta hace poco clavados en la pared, sangre de asesinados, mutiladas calaveras arrancadas de las fauces de las fieras.... [...] Se puso luego a salmodiar sobre entrañas aún palpitantes, y comenzó el sacrificio derramando líquidos varios".











BIBLIOGRAFÍA

- Espejo Muriel, C.; Pócimas de amor: Las magas en la antigüedad, Iberia 2 (1999),33-46.

- Montero Herrero, S.; El mago y la hechicera. Poder y marginación en el Imperio Romano, Religions del món antic 5 : la màgia : V Cicle de Conferències : Palma, del 14 d'octubre al 2 de desembre de 2004 / coord. por María Luisa Sánchez León, 2006 , págs. 121-148.

- Ramírez López, B.; El pensamiento antiguo y la magia en el mundo romano: el ritual de necromancia en la Farsalia de Lucano, Eúphoros, Nº. 7, 2004, págs. 63-90.

 -Vázquez-hoys, A.M.; Aspectos mágicos de la Antigüedad. Boletín de la Asociación de Amigos de la Arqueología, nº 21, junio 1985.

[En Internet]




 http://www.historiacocina.com/especiales/articulos/sexualidadmedicaroma.htm

 http://antiqua.gipuzkoakultura.net/magia_remedios_literatura_grecolatina_medea.php

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