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sábado, 12 de octubre de 2019

La vestimenta de las prostitutas en Roma: entre la infamia y la lujuria


Como cada año en Mérida se celebra el Emerita Lúdica, unas jornadas donde se recrea la vida y costumbres de la Antigua Roma, y dónde cada año, cada vez más gente decide participar vistiéndose como los antiguos romanos. Hay un grupo de mujeres recreacionistas que todos los años se visten como prostitutas, luciendo espectaculares vestidos rojos con gasas transparentes... Así que decidí escribir un artículo sobre la vestimenta de las prostitutas en el mundo romano. Pensando, pobre de mí, que iba a ser un post rápido y sencillo.

Legionario, prostituta y esclavo.
Del grupo recreacionista Emerita Antiqua


Pero la historia no deja de sorprendernos, y por eso me encanta escribir en este blog, especialmente en temas que necesitan cierta investigación.... Y es cuando crees que se sabe todo acerca de un tema, cuando más indagas en él, cuantas más fuentes consultas, más dudas surgen, más datos contradictorios emergen, por lo que decides indagar más y más... hasta descubrir con asombro que muchas veces damos por ciertos datos o fuentes parciales, carentes de contextos o de difícil interpretación, que se repiten una y otra vez en todas las webs.

Y cómo suele pasar en muchos temas relativos a la sexualidad en la cultura romana la "verdad histórica" depende mucho de las respuestas que estés buscando. ¿Cómo vestían las prostitutas romanas? La respuesta más sencilla sería que la comunidad científica no sabe a ciencia cierta cómo vestían, o que vestían de formas tan variadas (según época, nivel adquisitivo, nivel social, zona geográfica, meteorología, o incluso modas) que no hay una única respuesta.


Una cara de la cultura romana: sobriedad y recato.



Seguramente si os digo que os imaginéis cómo va vestida una mujer romana os vengan a la mente vestidos muy sensuales, con escotes de infarto, paños con transparencias y colores muy llamativos... Y es que la mayoría de películas y series ambientadas en Roma nos han mostrado a la mujer romana, como una mujer frívola, seductora, y muy, muy sexy.

Protagonistas femeninas de la serie 'Spartacus'
Pero la realidad es muy diferente, en una sociedad tan machista y clasista como la romana, la mujer, y por mujer nos referimos a la ciudadana romana, a la matrona, iba muy tapada, especialmente en público, muchas veces cubriendo manos y cabeza, obligada siempre a salir acompañada en los espacios públicos.

Y aunque no se puede negar que la mujer romana era presumida y le gustaba vestir bien e ir a la última moda, como bien vimos en este artículo sobre la primera manifestación de mujeres en la Roma Antigua, todo ello, siempre, guardando el decoro y el pudor que se le exigía a una buena matrona romana.

La vestimenta en Roma, bueno en nuestra sociedad también, encerraba todo un significado sobre los diferentes estratos sociales. De un sólo vistazo se podía saber si una mujer era una patricia, plebeya, liberta o esclava, si era viuda, casada o virgen, si era una ciudadana, una sacerdotisa o una prostituta, o si era pobre, rica o muy rica.

La propia sociedad romana imponía unas reglas de vestir que permitían identificar el status social o el poder de cada individuo, y no sólo por una cuestión de materiales o calidad de los tejidos, sino con toda una simbología implícita en cada prenda.


Esto de la vestimenta no era cosa de broma, como bien atestigua el edicto "Ademptata pudicitia", en el que se regula diferentes sanciones por delitos relacionados con el acoso e insinuaciones amorosas a determinadas mujeres, es decir, a mujeres "honorables", siendo su vestimenta el factor más claro a la hora de determinar la condición social de la mujer.

Pintura mural de la "Villa de los misterios", Pompeya.
Se pueden apreciar los distintos vestidos que utilizaban las mujeres romanas.

Es decir, el código de vestimenta de la mujer era importante para determinar la conducta punible del agresor, ya que si una mujer honorable iba vestida como correspondía, ningún agresor podría justificar su comportamiento ante la justicia. Todo ello, nos refleja la violencia a la que estaba sometida el resto de mujeres en la sociedad romana, como por ejemplo las prostitutas, sobre las que no exisitía ningún tipo de protección jurídica en casos de abusos o violaciones que pudiesen sufrir en plena calle.

Por eso era importante que cada mujer vistiese acorde a su rango social. Aunque toda esta legislación en torno a cómo iba vestida la mujer parece indicar que estas normas, en el día a día, no se cumplían a rajatabla, y que las formas de vestir variaban por modas, comodidad, climatología, ... haciendo que realmente no fuese tan fácil distinguir las diferentes clases sociales sólo a través de la vestimenta.

Mosaico del siglo IV d.C., Villa de Teseo,  Zona Arqueológica de Paphos, Chipre.
Por ello, parece que existió cierta tradición, posteriormente recogida en ley, que obligaba a prostitutas y mujeres de conducta sexual inmoral a vestir de determinada manera, especialmente cuando paseaban en lugares públicos.

Las mujeres sorprendidas en adulterio eran despojadas de la stola, que caracterizaba a la matrona, y obligadas a llevar la toga.


También está muy extendida la teoría que las prostitutas desde tiempos antiguos estaban obligadas a llevar una túnica corta y oscura, o llevar el cabello sin recoger, e incluso se les obligó a ir descalzas. Aunque estos rasgos pueden servir también para definir su condición de esclavitud. La duda es ¿son rasgos propios y exclusivos de las prostitutas? o ¿más bien es una asociación entre esclavitud y prostitución?


Lo único definitivo y casi seguro es que el atuendo de las mujeres respetables era fácilmente distinguible del resto de las mujeres de la sociedad romana. Lo que no parece tan claro es que hubiese una distinción entre las clases bajas romanas, ya que los esclavos no llevaban ningún tipo de prenda especial. Por lo que en realidad sería imposible distinguir entre una ciudadana pobre, una esclava o una prostituta. 


Cortesanas en un banquete. Podemos ver como llevan vestidos con gasas transparentes.


¿Estaban las prostitutas y/o mujeres adúlteras obligadas a vestir determinadas prendas?

A partir de esta pregunta surgen toda una serie de debates en el seno de la comunidad científica: ¿estaban obligadas prostitutas y adúlteras a vestir con una toga masculina? ¿esta obligación sólo afectaba a mujeres adúlteras o se extendía también a las prostitutas? ¿cómo de estricta era esta ley? ¿por qué obligarlas a vestir una prenda que era exclusiva de los ciudadanos romanos?

Aunque en los primeros tiempos de la República hombres y mujeres vestían con toga, poco a poco, se fue imponiendo la tradición que sólo los ciudadanos masculinos romanos la vistiesen. Prohibiendo su uso a esclavos, libertos, extranjeros y mujeres. Con una sola excepción, prostitutas y mujeres condenadas por infidelidad.

No se sabe cuándo, ni por qué se empezó a cambiar esta moda, imaginamos que al son de las conquistas romanas y la llegada de la influencia y modas griegas y orientales, los ricos ciudadanos romanos se quisieron distinguir del resto de habitantes que poblaban la capital del mundo. Hasta llegar al punto de diferenciar las dignidades y cargos de cada ciudadano, así como su estrato social con un código de vestimenta propio, incluyendo a prostitutas y mujeres condenadas por infidelidad.

Alguna otra fuente señala que este cambio de vestimenta de las mujeres fue por culpa del teatro. Y es que por lo visto en el siglo II a.C. se puso muy de moda la comedia "togata", por contraposición a la "paliata". La diferencia es que la togata se basa en la vida cotidiana romana (vestimenta, protagonistas,...) y la paliata tenía grandes influencias griegas. Por lo que se apunta que es probable que en estas populares comedias las prostitutas estuviesen caracterizadas llevando una toga; y esa tradición del teatro pasó a las calles de Roma.

Una costumbre que se recogería en la "Lex Iulia", obligando a prostitutas y mujeres infieles a usar toga  (toga muliebris), y prohibiéndoles el uso de determinadas prendas, como la estola o las cintas en el pelo (vittae), cuyo uso estaba restringido a las matronas romanas.


Impresionante fresco representado a Hércules y Ónfale. Tercer estilo pompeyano.
Museo Arqueológico de Nápoles.
Fuentes clásicas

Si acudimos a las fuentes clásicas, por sorprendente que pueda parecer, aportan muy poco a la polémica de la vestimenta de las mujeres infames en lugares públicos. Por supuesto que contamos con detalladas descripciones de los vestidos de las prostitutas DENTRO del prostíbulo, pero muy poco, por no decir nada, de su vestimenta FUERA de los burdeles.

A ello hay que sumar algunos términos latinos que pueden dar a confusión a la hora de su traducción, como el término "moecha", al no saber si se refiere a adúlteras, prostitutas o se refiere ambas y se aplica a todas las mujeres de sexualidad inmoral.

El más claro ejemplo de esta imposición de una vestimenta especial en los lugares públicos nos lo brinda Marcial en su epigrama titulado:

A cada uno lo suyo
¿Regalas vestidos de [color] púrpura y violeta a una adúltera manifiesta? ¿Quieres darle los regalos que merece? Envíale una toga.
(Marc. II, 39)

Aunque este epigrama establece esa relación entre adulterio y el uso de la toga muliebris, no permite saber el alcance y la profundidad de esa relación.

Fresco de Pompeya.
Prostituta vestida sólo con una banda para resaltar sus pechos.

El mismo Marcial nos ofrece otro epigrama donde hace un chascarrillo sobre la obligación de las adúlteras a llevar la toga:

La confusión era fácil
Había visto al eunuco Telis en toga. Numa dijo que era una condena por adulterio. 

(Marc. X, 52)
  
Como vemos relaciona el uso de la toga con las mujeres condenadas por adulterio. Marcial hace un chiste sobre la naturaleza "femenina" de los eunucos, su posible condición de esclavo sexual, y por ello, el uso de la toga como "castigo".


Más interesante nos parece este testimonio de Juvenal, que viene a romper con las clasificaciones estrictas sobre el uso de la toga que habitualmente se citan en numerosas páginas sobre la vestimenta romana, ya que critica que un legislador use una toga más parecida a la de una prostituta que la que le corresponde por estatus social.

Este párrafo es muy interesante, no sólo porque nos relata la variedad de togas que se podían usar, extiéndase al tipo de vestimenta en general, sino porque nos ofrece otra "prueba" sobre la obligación de usar toga a las mujeres condenadas por adulterio. 

 "(...) Pero, ¿qué no harán los demás, cuando tú, Crético, te pones una toga de organdí y mientras la gente se emboba con tu traje lanzas soflamas contra Próculas y Politas? 
 Fabula es adúltera, que se la condene, si quieres, y también a Carfinia: aunque culpable no se pondrá una toga semejante. "Pero julio abrasa, me muero de calor" Actúa desnudo: la locura es menos vergonzosa. ¡Valiente indumentaria (...)"

 (Sátiras, II, 65-70)

Escena erótica de  la 'Casa de la Farmesina', Museo Nacional de Roma.

Según estos testimonios parece claro que las mujeres adúlteras, ¿pero también las prostitutas?, estaban obligadas a vestir esta famosa toga muliebris, que seguramente también tuviese un color característico... Por lo que las prostitutas y las adúlteras no sólo tenían que vestir una prenda diferenciada, sino también lucir colores de ropaje diferentes para evitar posibles confusiones.

Parece claro que tenían prohibido lucir el color blanco, reservado a las matronas. Por lo que no sería de extrañar que estuviesen obligadas a lucir una toga corta y de color parduzco, un color asociado históricamente a las prostitutas.

Esta diferenciación social de la prostituta, aunque nos pueda parecer una costumbre antigua, siguió vigente a lo largo de los siglos venideros, se mantuvo durante tanto tiempo que incluso dio lugar al nacimiento de una expresión muy castiza: irse de picos pardos. Y es que, como ya explicamos en esta entrada, en color parduzco siempre estuvo muy vinculado a la prostitución.

Pero con todo ello, no hay evidencias sobre que las prostitutas estuvieran obligadas a llevar la toga, no hay esculturas o pinturas murales que muestren la vestimenta pública de una prostituta, sólo que eran las únicas mujeres a las que estaba permitido su uso. Esto no significa que adúlteras y prostitutas sólo llevasen togas.

Ya que algunos estudiosos parecen indicar que esta denominación de mujer "togata" no implicaba necesariamente que vistiese  con una toga, sino que muchas veces esa referencia es una metáfora para referirse a las mujeres moralmente deleznables.


Escena erótica con prostituta romana.

Por último, ¿por qué adjudicar una prenda tan típicamente masculina a las prostitutas? Se supone porque eran mujeres cuyo deseo sexual iba en contra de la norma, siendo su deseo más parecido al del hombre que al que se le supone a una mujer. Además, al igual que los hombres, las prostitutas podían caminar solas por la calle, cosa que no ocurría con las mujeres honorables, que siempre debían estar acompañadas en los espacios públicos. 


La otra cara de la cultura romana: sensualidad y promiscuidad


Mujer ¿togata?
Pero como es muy habitual en la sociedad romana, una cosa es lo que se hacía de cara a la galería, y otra de puertas para adentro. Y una cosa es lo que dijesen las leyes, y otra, la realidad de las calles de Roma.

Por lo que  a las puertas de los prostíbulos la cosa cambiaba, allí las meretrices sí que podían lucir lujosos vestidos de seda, gasas transparentes, joyas y adornos, todo lo que hiciera falta para vender sus encantos.

Las meretrices de más alto standing lucirían vestidos y joyas, que envidiarían hasta las más ricas matronas romanas, incluso sabemos de meretrices de lujo que viajaban en sedanes:

"(...) tú en cambio, cuando te gusta la cara de una putilla vestida, vacilas, y dudas en hacer bajar a Quíone de su alta silla" (Juvenal III, 133-137)

Mientras que las prostitutas de más baja condición, se cubrían con harapos o lucirían sus cuerpos completamente desnudos, o simplemente vestirían como cualquier otra mujer pobre.

Pero con el paso del tiempo, y el relajamiento de las leyes, las meretrices fueron vistiéndose con ropajes cada vez más lujosos y sensuales, por lo que las mujeres romanas, cansadas de su aburrido estilo de vestir, copiaron e imitaron la forma de vestir de las prostitutas.


J.W. Godward, Athenaiss, 1908.
Un ejemplo de ello lo tenemos con los "Coa vestis", unos vestidos de seda,  elaborados en la isla de Cos,  famosos porque su tela era tan fina que transparentaba el cuerpo de la mujer. Este tipo de tejido primero fue utilizado por cortesanas griegas y romanas, pero causó tanto furor, que su uso pronto se extendió al resto de mujeres.

"... y se visten con velos que pasan por ropas como para excusar su aparente desnudez. Pero se puede distinguir el interior con más claridad que sus rostros, excepto por sus horrorosamente prominentes pechos que siempre llevan atados como prisioneros"
- Luciano, Amores.

El éxito de estos vestidos se seda fue tal que siguió vigente incluso con la llegada del cristianismo , levantado las críticas de los autores cristianos:

"Este raro tejido transparente delata un temperamento sin vigor, prostituyendo bajo una tenua capa la vergüenza del cuerpo. Además, no es un delicado vestido protector, pues no es capaz de cubrir la silueta de la desnudez".
- Clemente (El pedagogo, II)


A todo ello hay que sumar la nacionalidad de las prostitutas, ya que por ejemplo, en Italia muchas de las prostitutas eran de origen sirio o egipcio, por lo que su forma de vestir y maquillarse era propio de las modas de aquellas tierras orientales: mucho maquillaje, túnicas cortas y togas de colores brillantes. También usaban largas cadenas de oro que bajaban hasta la cintura.

Desnudez: Símbolo de esclavitud

Muchos autores también nos hablan que veces a las prostitutas se las mostraba completamente desnudas, no sólo como símbolo de su esclavitud, sino también para que el cliente pudiera observar con todo detalle la "mercancía" que iba a comprar o usar.

Mercado de esclavos, Jean-Leon Gerome.
Museo del Hermitage. San Petesburgo.

La desnudez era símbolo de la más baja categoría, por lo que las prostitutas que aparecían completamente desnudas se suponía que podían realizar los "servicios" más lujuriosos y depravados. De esta manera los prostíbulos más sórdidos seguramente presentasen a sus meretrices completamente desnudas. Juvenal en su "Sátiras" nos describe como la emperatriz Mesalina se coló en un lupanar y ofreció sus servicios como prostituta completamente desnuda y  "con pezones dorados" a la entrada de su habitación. El mismo autor en otro fragmento vemos como también asocia la desnudez con los lugares más sórdidos:

"Oiga el son de las castañuelas y esa palabras de las que se abstiene la prostituta que se ofrece en pelotas en el apestoso lupanar (...)"
- Sátira XI, 170-173
 

ACCESORIOS

Para acabar, si hablamos de la vestimenta de las prostitutas en Roma no podemos dejar de hablar de sus complementos, como el uso de pelucas, sostenes y maquillajes.

Como decíamos, en Roma era difícil ver a una mujer completamente desnuda, incluso las prostitutas siempre guardaban cierto pudor a la hora de mostrarse desnudas, por lo que muchas de ellas realizaban sus servicios con estrofio puesto. Una prenda interior que consistía en una banda para el pecho que realzaba los senos, y que se puede ver en numerosas pinturas murales.

Imaginamos que aquellas con los pechos más tersos o bonitos prescindieron de esta prenda, ya que como nos relata Catulo no era extraño que paseando por la zona de burdeles las prostitutas enseñaran sus pechos con descaro a los transeúntes.

Por otro lado, tenemos el uso de tintes para el pelo o pelucas que estuvo muy extendido entre las meretrices, especialmente cuando empezaron a llegar esclavas rubias procedentes del norte de Europa, por lo que muchos hombres romanos preferían la novedad de las cabelleras rubias.

Nos detenemos en este pasaje de la 'Sátiras' de Juvenal, donde critica la vida sexual de la emperatriz Mesalina, ya que nos describe algunos de los detalles que se han asociado a la prostitución:

“Tan pronto como creía que su marido estaba dormido esta prostituta imperial vestía la capa que llevaba por la noche y salía de la casa acompañada de una esclava, puesto que prefería un lecho barato a la cama real. Disimulaba su cabello negro con una peluca rubia y se dirigía al lupanar de tapicerías gastadas, donde tenía reservada una cámara. Entonces tomaba su puesto, desnuda y con sus pezones dorados, atendiendo al nombre de Lyscisca y exhibiendo estómago de donde vienes, noble Británico”.



Pero no sólo pelucas usaban, ya que tal como nos comenta Juvenal (III, 62-68) muchas prostitutas para diferenciarse de las demás, portaban prendas propias de su región, lo que les daba un toque exótico: 

  "Ha tiempo ya que el Orontes sirio ha confluido en el Tíber y ha transportado consigo la lengua y las costumbres y las cuerdas oblicuas y el flautista, así como los tambores de su tierra, y las muchachas a las que mandan prostituirse alrededor del Circo. Id vosotros a quienes os agrada una zorra extranjera con su gorrito de colorines."

Como ya dijimos anteriormente la mujer romana era muy coqueta por lo que usaban una gran variedad de cosméticos, aunque un uso excesivo estaba mal visto y era considerado inmoral y propio de prostitutas.

Ya que numerosos autores criticaban a las prostitutas por el uso excesivo de maquillaje, aunque podemos entenderlo como algo normal, ya que su única fuente de ingresos dependía de su belleza física, por lo que es fácil suponer que acudieron a toda clase de ungüentos y cosméticos para parecer más jóvenes y bellas. 

Al parecer estos cosméticos baratos emitían olores bastante fuertes que al combinarse con los perfumes baratos que usaban para encubrir la falta de higiene y el propio olor que desprendían los prostíbulos, lugares insalubres de escasa ventilación, convertían a los burdeles en lugares bastante insalubres y malolientes.

Conclusión


A pesar de que son varios los autores clásicos que nos han hablado sobre esta costumbre, donde prostitutas y mujeres infieles estaban obligadas a vestir de manera diferenciada en los lugares públicos. Existe todo un debate dentro de la comunidad científica sobre este aspecto: Primero, sobre el alcance real de esta norma, ya que también resulta llamativo que sólo unos pocos autores nos hablen de esta ley, por lo que no sabemos hasta que grado era aplicada.

Existe otro segundo debate sobre si esta obligación de vestir la toga se aplicaba a todas las mujeres de moral sexual indebida, o sólo a las matronas infieles, y no a las prostitutas. Ya que en muchos textos se nos describe los ropajes insinuantes que lucían las meretrices, por lo que parece que estas leyes o costumbres, aunque existiesen, no se aplicaba, y muy pronto cayeron en desuso.

El epigrama "No pidas recato a mis epigramas" de Marcial (I,35) puede ser interpretado bajo esta visión... al igual que es imposible pedirle recato a sus epigramas, también parece imposible vestir a las prostitutas en los juegos florales o impedir que las meretrices luzcan la estola.


"Te lamentas, Cornelio, de que escribo unos versos poco serios y que no puede comentar el maestro en la escuela. Pero estos libritos, como los maridos a sus mujeres, no pueden deleitar si están capados. ¿Qué, si me mandas que entone un epitalamio sin las palabras del epitalamio? ¿Quién pone vestidos a los juegos Florales o permite a las meretrices el pudor de la estola? Tal es la norma que se les ha dado a los versos jocosos: que no pueden agradar si no son picantes. Por ello, abandonada tu severidad, te ruego que tengas consideración con mis retozos y juegos y no te empeñes en castrar mis libritos. No hay cosa más torpe que un Príapo capón."

Tampoco podemos olvidar que la condición jurídica de las prostitutas podía ser muy variada, tomando todo el arco que abarca desde mujeres libres que se inscribían como prostitutas para poder vivir libremente su sexualidad, pasando por las concubinas (amicae) que eran cortesanas de lujo o las posaderas que podían ejercer la prostitución puntualmente, hasta llegar al escalón más bajo que serían las esclavas.

Todo parece indicar que fue con la introducción de la "Lex Iulia" cuando se empezó a asociar el adulterio con el uso de la toga, aunque tampoco hay ninguna evidencia de una aplicación severa de esta ley.



J.W. Godward, El espejo
1899.
En estas nuevas leyes proclamadas por Augusto, donde hay un evidente interés en encauzar la sexualidad de sus súbditos, especialmente la de las mujeres, hacia los valores tradicionales de sobriedad, castidad, fidelidad, sumisión,... nos pone el foco de atención en dos hechos: 

Por un lado, la libertad sexual que vivió la mujer romana a principios del Imperio. Una libertad que Augusto intentó frenar con sus leyes de nueva moralidad. Y por otro, el intento de controlar esa sexualidad diferenciando de manera tan evidente a las mujeres honorables de las que no lo eran.

Así que llegamos a la conclusión que no sabemos con seguridad el tipo de prenda que las prostitutas lucirían en lugares públicos. Es evidente que tenían prohibido lucir ciertos ropajes pero ¿estaban obligadas a vestir como mujeres infames? o ¿podían vestir como cualquier liberta o esclava? ¿era fácilmente distiguible una prostituta de una matrona?

Muchas veces en estos casos la mejor opción es no creernos tan distintos a la sociedad romana y buscar paralelos con nuestra sociedad actual:





¿Hasta que punto la vestimenta es un código de diferenciación social? 

Que el tipo de vestimenta y complementos sirve como identificador social parece evidente. Pero tan evidente, como que hay mujeres de bajo nivel adquisitivo que saben vestir de manera muy elegante y fashion; y mujeres muy ricas que visten como cualquier otra mujer, y no van luciendo vestidos y complementos de Chanel, Gucci o Armani.

Estas posibles diferencias sociales se diluyen más en la vida cotidiana del día a día, y sólo se amplifican los días grandes, de fiesta, donde las mujeres suelen vestir sus mejores galas y joyas. 

Parece evidente que las mujeres romanas, para ir a comprar al mercado o ir a las termas, vestirían ropas cómodas y prácticas, guardando sus ropas y joyas más lujosas para determinadas festividades donde si se exponían de cara al público. 

Viñeta del cómic 'Murena'

Además, no hay pruebas que sustenten que las mujeres normalmente llevasen el traje simbólico de su rango y condición social, y sí muchas "quejas" de ciertos autores de que muchas de ellas no lo hacían. 


Así que como en la actualidad, las mujeres más presumidas, orgullosas, elegantes o distinguidas sí que querrían diferenciarse del resto de mujeres y siempre saldrían a la calle con las vestimentas propias de su rango social, aunque fuese pleno agosto y se muriesen de calor. - Antes muerta que plebeya -pensarían.

Por lo que intuimos que la mayoría de patricias romanas, por un sentido práctico de la vida, vestirían de forma no muy diferente a una plebeya o una liberta. 

Un ejemplo de esto nos lo ofrece Apiano en su "Historia de Roma", donde se queja amargamente que a finales de la República la gente se vestía como quería, no como debía:

«Ahora el pueblo romano está muy mezclado con los extranjeros, hay igualdad de ciudadanía para los libertos, y los esclavos se visten como sus amos. Con la excepción de los senadores, los ciudadanos libres y los esclavos llevan la misma ropa.»


¿Existe hoy en día algún tipo de vestimenta propia de prostitutas? 

Se podría decir sí, que cierta ropa como medias de rejillas, faldas muy cortas, el fetichismo con las prendas de cuero, o vestidos muy ajustados se han asociado tradicionalmente como ropa "característica" de prostitutas, ¿eso significa que todas las mujeres qué lleven esa ropa son prostitutas? ¡No! Cualquier mujer puede lucir esas determinadas prendas, según la moda, el momento o el estilo de cada una, pero es el conjunto, la actitud o el contexto el que te habla sobre si esa mujer es una prostituta o no.

Tipo de vestimenta moderna asociada a las prostitutas.

También tenemos el ejemplo contrario, prostitutas que se visten como cualquier otra mujer, intentando ocultar su identidad, o incluso prostitutas que lucen vestidos y complementos muy caros, que indican muy a las claras que sus clientes son hombres de alto nivel adquisitivo.

Todo esto también ocurriría en las calles de la Antigua Roma, puede ser que matronas y prostitutas se distinguiesen en las calles de Roma, pero no tan fácilmente como muchos autores han querido mostrar. 

Parece claro que existían ciertas prendas asociadas a la prostitución: Por un lado, tenemos la polémica toga muliebris, que no sabemos hasta que punto estaban obligadas a lucirla en lugares públicos. Y por otro, tenemos telas y gasas transparentes o de colores llamativos, pero que muy pronto levantaron las envidias de las matronas romanas, y se apropiaron de estas sensuales y atractivas prendas.

Como vemos el debate está abierto, por lo que os pido que no dudéis en participar, colaborar o criticar este artículo, y aportar otras fuentes, ideas o perspectivas sobre este asunto. ¡Nosotros estaremos encantados!



Bibliografía

https://arraonaromana.blogspot.com/2014/05/la-prostitucion-romana-en-plauto.html

https://domus-romana.blogspot.com/2015/02/vestes-matronae-lucir-elegante-en-roma.html

Zamora Manzano, José Luis; La industria del sexo en la época romana: categorización social de la prostituta, medidas fiscales y control de la administración, 2019.

Greek and Roman Textiles and Dress: An Interdisciplinary Anthology
editado por Mary Harlow, Marie-Louise Nosch

 Harlow, M.E. ‘Dressing to please themselves: clothing choices for Roman Women’ in Harlow, M.E. (ed.) Dress and identity (University of Birmingham IAA Interdisciplinary Series: Studies in Archaeology, History, Literature and Art 2), Copyright © 2012, Archaeopress, pp. 37-467

McGin, A.J., Thomas, 'Prostitution, sexuality, and the law in Ancient Rome'



domingo, 22 de octubre de 2017

Puellae Gaditanae: las sensuales bailarinas gaditanas

Cádiz es una de las ciudades más importantes de la historia, su posición estratégica hizo que los fenicios posasen sus miradas sobre esas tierras para fundar una de las colonias más prósperas e importantes del todo el Mediterráneo occidental.

Un centro clave para el comercio mediterráneo, ya que no sólo permitía el intercambio de productos del norte con el sur europeo, sino que a su puerto llegaban productos de todos los rincones del Mediterráneo.

Todo ello hizo que Gades fuese una ciudad "multicultural" con marinos y comerciantes provenientes de todo el mundo conocido, donde se entremezclaban no sólo personas y mercancías sino también todo tipo de religiones y creencias.

Entre los principales templos que se levantaron en esta milenaria ciudad uno de ellos fue el dedicado a la diosa fenicia Astarté-Afrodita, situado en la pequeña isla de Erytheia, donde existió un culto institucionalizado de sacerdotisas donde se practicaba algún tipo de hierogamia o prostitución sagrada.

Este culto con el paso de los siglos se fue transformando en un culto a la Venus Marina, donde los rituales celebrados por sus sacerdotisas fueron perdiendo su carácter sacro hasta convertirse en un mero espectáculo lúdico y bastante lucrativo que dio lugar al nacimiento de uno de los mitos eróticos más universales en tiempo de los romanos... las puellae gaditanae, es decir, las jovencitas de Cádiz.


Puellae Gaditanae, de Ángel Todaro.


La prostitución sagrada

Una de las costumbres más llamativas y que más fantasías ha despertado en el imaginario de los historiadores fue el de la "hierogamia", es decir, el fenómeno de la (mal llamada) prostitución sagrada. Una institución religiosa donde la sexualidad activa cobraba gran importancia al estar estrechamente vinculada a conceptos como la fecundidad y la prosperidad, valores fundamentales para estas sociedades agrícolas tan dependientes de los caprichos de la naturaleza.
Venus Calpigia. S. II a.C.
Museo Arqueológico Nacional (Nápoles)

Por lo que como hemos visto repetidamente a lo largo y ancho de este blog esta relación entre sexo y vida fue de vital importancia para numerosas sociedades antiguas. Muchas veces plasmando esta unión de manera escandalosa desde nuestra perspectiva cristiana y mojigata de la historia de la sexualidad.

Por lo que parece evidente que prácticas como los rituales orgiásticos, danzas desenfrenadas, masturbación ritual, o la misma prostitución sagrada, fueron bastante comunes en ritos y ceremonias por todo el Mediterráneo Oriental (Egipto, Siria, etc.).   Esta prostitución sagrada fue confundida por autores griegos y romanos como una forma de prostitución encubierta por parte de estas sacerdotisas, cuando no de todas las mujeres libres de la ciudad. Sin ir más lejos el gran Heródoto (I,199) nos decía que todas las mujeres de Babilonia antes de contraer matrimonio debían de ir al templo de Isthar y prostituirse ante el primer hombre que las eligiese.

Hoy en día, la mayor parte de estudiosos dan a esta hierogamia un significado menos carnal ya que, aunque seguramente se diesen situaciones de abierta prostitución, estas prácticas tuviesen significados culturales y religiosos mucho más profundos y amplios. Además, hay que tener en cuenta el pragmático sincretismo religioso en el mundo antiguo, donde un mismo dios podía ofrecer muy diversas caras. Así por ejemplo, Venus podía ser patrona de las prostitutas y celebrar en su honor las más escandalosas fiestas romanas, pero al mismo tiempo podían encarnar la castidad y la maternidad de las decentes matronas romana.

Pero no cabe duda que la existencia de este tipo de templos fue un gran reclamo para los comerciantes de la época, que sin duda preferían atracar en los puertos de estas ciudades para comprobar si estos rumores eran ciertos... Por lo que esta institución religiosa se fue extendiendo a distintas ciudades del ámbito griego donde los templos consagrados a Afrodita fueron ganado fama (y dinero) a cambio de prestar este tipo de servicios. Así Estrabón nos habla que en el templo de Afrodita de Corinto había más de cien sacerdotes de ambos sexos destinados a rendir honores a la diosa de la pasión y la lujuria.

Isthar-Astarté
Por lo que no nos puede sorprender que en un mundo donde la sexualidad era vista como una fuerza positiva y regeneradora su aspecto lúdico cobrase igual de importancia. Por lo que el componente sagrado o ritual que en un principio tendrían las danzas, cantos u orgías que practicasen estas sacerdotisas en el interior de sus templos, poco a poco se fueron convirtiendo en fiestas de carácter más popular, hasta llegar a época clásica, donde los romanos consideraron a estas puellae gaditanae como prostitutas de lujo ideales para amenizar banquetes, donde este tipo de danzas ya estaban completamente desacralizadas y convertidas en un mero juego erótico.


LAS PUELLAE GADITANAE

Gades fue una de estas ciudades del Mediterráneo que destacaron no sólo por su importancia comercial sino también por el erotismo que desprendían sus calles. Esa fama vendría por la existencia de un templo dedicado a Astarté/Afrodita donde seguramente se diesen prácticas de hierogamia, por lo que existiría un cuerpo de sacerdotisas especializadas en el placer carnal...

Por lo que algunos estudiosos no han dudado en vincular estas sacerdotisas con las famosas pullae gaditanae romanas. Una tradición de varios siglos que hizo que las mujeres de Cádiz alcanzasen fama mundial por su erotismo, su sensualidad y por su habilidad en diversas artes como la danza y la música.

Una de las primeras referencias sobre ellas nos la ofrece Estrabón (II,3,4) quién nos relata las andanzas de un marino griego de nombre Eudozo de Cicicos que aprovechando una escala en la ciudad de Gadir no dudó en embarcar con él a un grupo de estas bailarinas.

El relieve de Aricia representa la danza de las Puellae en un templo de la diosa Isis.
Museo Nacional Romano (Roma).

¿Quiénes fueron estos mujeres?

Las fuentes latinas cuando nos hablan de puellae gaditanae (jovencitas gaditanas) nos trasladan una visión similar a las que tuvieron de las hetairas griegas, es decir, cortesanas de lujo versadas en todo tipo de artes, como la música, la poesía, la danza, el canto, especializadas en amenizar banquetes. Y aunque las hetairas griegas eran esclavas, la condición jurídica de estas puellae gaditanae no está del todo claro, ya que seguramente en sus primeros tiempos tuvieron una condición jurídica propia, incluso sagrada, al ser sacerdotisas del templo, con una importancia social y religiosa bastante elevada.

Pero con el paso de los siglos, y la evolución de las propia colonia su consideración social fue mutando de un status social privilegiado a ser consideradas esclavas, probablemente de propiedad del propio templo. Por último en época altoimperial esta institución pierde por completo su carácter sacro y su condición jurídica se equipara a la de esclavos o prostitutas, formando parte de los grupos sociales marginales de la jerarquizada sociedad romana, a pesar de ser vistas como cortesanas de lujo.


 Las sensuales bailarinas gaditanas

Su talento y su sensualidad fue tal que pronto su fama se extendió por todo el mediterráneo, alcanzando el rango de las mujeres más sensuales del mundo conocido. Así las bailarinas gaditanas fueron tan reclamadas como las sirias, especialmente por sus excitantes bailes y canciones. Uno de los mejores testimonios sobre su arrebatador erotismo nos lo proporciona Marcial quien en uno de sus epigramas (XIV, 203) nos dice:

"Se contoneaba tan lúbricamente, se excita tan provocadoramente que habría hecho masturbarse al propio Hipólito". Siendo este Hipólito un ser mitológico que había consagrado su virginidad eterna a la diosa Artemisa, incluso aunque este hecho fuese el causante de su muerte...

Por todo ello nos podemos imaginar el erotismo que desprendían estas mujeres durante sus bailes, algunos estudiosos han querido equiparar este tipo de danza como una mezcla entre el sensual baile del vientre árabe y el posible origen del fogoso baile flamenco andaluz.

La genial pluma de Marcial (VI.71) nos da una idea de las virtudes de estas jovencitas en otro de us epigramas, capaces de hacer perder las cabezas y (en algunos casos las fortunas) a sus enamorados clientes: "Experta en adoptar posturas lascivas al son de las castañuelas béticas y en danzar según los ritmos de Gades, capaz de devolver el vigor a los miembros del viejo Pelias, y de abrasar al marido de Hécuba junto a la mismísima pira funeraria de Héctor. Teletusa consume y tortura a su antiguo dueño. La vendió como sirvienta y ahora la ha comprado para concubina."

Puellae Gaditanae, de Julio Ceballos.

Como podemos ver estas bailarinas eran mujeres versadas en todo tipo de artes: música, danza, poesía, canto... expertas en ir subiendo la temperatura de las alegres veladas romanas, poco a poco, con danzas, poemas y canciones cada vez más subidas de tono. Las letras de sus canciones eran de un claro lenguaje provocador y bastante explícito como vemos en estos versos:

"Quizás esperes un coro que se ponga a cantar las lascivas canciones gaditanas, y que las chicas, animadas por los aplausos, se tiendan en el suelo meneando el trasero" (Sátiras XI, 162-164).

"Que escuche el repique de las castañuelas y las palabras que se niega a oír incluso la prostituta que se exhibe desnuda en un burdel bochornoso..." (Sátiras XI, 172-173).

Mosaico romano con música y bailarina.
Eran tan famosas estas canciones licenciosas de origen gaditano que incluso la gente las canturreaba por la calle, o al menos las personas con poca decencia pública como sugiere Marcial (111.63) en este otro epigrama:

"Catilo, eres un afeminado, muchos dicen eso y oigo. Pero dime ¿qué es un afeminado? Un afeminado es el que peina sus cabellos con estudiada afectación; el que siempre huele a bálsamo y a cinamomo; el que canturrea tonadas del Nilo o de Gades [...]."

El testimonio de estos autores romanos también nos habla de la importancia que tuvieron diversos instrumentos musicales en este tipo de espectáculos, como los címbalos o los crótalos ... Aunque si alguno destaca sobre manera son las crusmatae, instrumento que consistía en un par de planchas de madera o metal que se entrechocaban, ancestro instrumental de nuestras actuales castañuelas.
Crusmatae.

Por último, añadir que estas puellae gaditanae alcanzaron tanto notoriedad en Roma que no había fiesta que se preciase si no contaba con su presencia. Incluso fue necesario que "en Roma enseñaban los bailes y las canciones de Cádiz desvergonzados maestros de danza" ante la gran demanda que existía de este tipo de espectáculo.

Y como no podía ser de otra forma en los famosos priapeos (poemas de carácter erótico-festivos) también se menciona a estas bailarinas gaditanas que no sólo animaban los festines de la disoluta sociedad romana, sino que se pasaban el día callejeando por las zonas de más afluencia de público como el Circo Máximo.

"Quincia, delicias del pueblo, conocidísima del Circo Magno, experta en menear sus vibrantes nalgas, deposita en ofrenda a Príapo los címbalos y crótalos, sus instrumentos de calentamiento, así como los tambores golpeados con firme mano, En compensación suplica ser siempre grata a los espectadores y que su público esté siempre erecto como el dios".

Para despedirnos os dejamos con esta otra descripción que nos hace Juvenal (Sat. XI, 162) de estas bellas puellae gaditanae que en este pasaje resume muy bien todo lo explicado sobre ellas:

"Acaso esperes muchachas gaditanas que en coro se pongan a entonar lascivos cantos de su país y enardecidas por los aplausos, exageren sus temblorosos movimientos de cadera, y las jóvenes esposas que, tendidas junto al marido, contemplan este espectáculo que sólo contado en su presencia debiera ya ruborizarlas. [...] Mayor es, sin embargo, esta voluptuosidad en el otro sexo, que se excita con más vivez y, pronto al placer que se mete por ojos y orejas, provoca la incontinencia. estas diversiones no caben en mi casa. Escuche esos repiquetes de castañuelas, esas palabras que no siquiera pronunciaría el esclavo desnudo que permanece en el maloliente lupanar; gócese con esos gritos obscenos y con todo refinamiento del placer aquél que ensucia con sus vomitonas el mosaico lacedemonio; nosotros perdonamos esos gustos a la Fortuna".




BIBLIOGRAFÍA

Blázquez Martínez, J.M.; Mujeres extranjeras en Roma en la poesía de Marcial. Revista Gerión. Madrid. 2004.

Eslava Galán, J.; Historia de España contada para escépticos, Planeta, 2004.

Jiménez Flores, A.M; Cultos fenicio-púnicos de Gadir: Prostitución sagrada y Puellae Gaditanae.

Monzón Acosta, I.; Bailarinas de Cádiz, Historia de Iberia Vieja, nº 7, 2017.

Olmos, R.; Puellae gaditanae: ¿Heteras de Astarté?, AespA, 64, 99-100. 1991.






viernes, 23 de junio de 2017

Homosexualidad en la Antigua Roma

Índice:
1.- La homosexualidad en la cultura romana
2.- La evolución de la moral sexual respecto a la homosexualidad
3.- Homosexualidad femenina en la antigüedad clásica
4.- Esclavos sexuales  (en preparación)
5.- Transexuales en Roma (en preparación)

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Uno de los principales problemas al hablar de homosexualidad en la Roma Antigua es que solemos trasladar nuestros conceptos contemporáneos hacia el pasado... y ¡eso es un error! Ya que nosotros entendemos homosexualidad masculina, como el amor mutuo entre dos personas del mismo sexo; y por regla general, cuando hablamos de homosexualidad en tiempos de los romanos no estamos hablando de sentimientos de amor y afecto, y si me apuran, ni siquiera hablamos de dos personas, ya que normalmente este tipo de relaciones homosexuales se daban entre un amo, un ciudadano romano libre, y un esclavo, un ser que no llegaba ni a la condición de persona, sino de objeto.

Además, como ya hemos explicado en otros post, la sexualidad romana era un claro reflejo de su concepto de poder, el hombre romano, el pater familias, era un hombre que poseía, que dominaba, por ello su obligación en el sexo era tomar un papel activo, por lo que el sexo no era una cuestión de placer ni mucho menos de amor. Se sodomizaba a esclavos, prisioneros, libertos o extranjeros, nunca a otros ciudadanos romanos. Es decir, la homosexualidad en Roma no era una simple cuestión de placer, sino que escondía un importante papel cultural y político.


Es por ello, que el otro gran error histórico es asimilar el concepto de homosexualidad griega y romana, mientras en Grecia la pederastia educativa o militar estaba aceptada socialmente en un buen número de polis, la moral romana era bastante severa con este tipo de prácticas, al menos como veremos, con sus jóvenes libres...

Pintura erótica pompeyana.
Una de las pocas representaciones donde aparecen dos hombres fornicando.

Por último, añadir que en este primer post vamos a intentar acercarnos al concepto de homosexualidad existente en la cultura romana. Es preciso señalar que este concepto no es extensible a toda su cultura y regiones, basta con recordar que su cultura se extiende durante un período de casi mil años y por regiones muy dispares culturalmente, por lo que en un segundo post  analizaremos cómo fue evolucionando el concepto de homosexualidad a lo largo del tiempo...


UN MUNDO BISEXUAL

Lo primero que hay que recordar a nuestros lectores es que nos encontramos ante una cultura abiertamente bisexual. 

La bisexualidad estaba muy presente en el mundo grecorromano. Algunos de sus grandes dioses eran bisexuales, como Zeus cuando raptó a Ganimedes o el fiero Hércules y su compañero de armas Hilas; algunos de los grandes héroes de sus historias también eran bisexuales, como Pelópidas y Epanimónidas, por lo que no nos debe extrañar que grandes figuras históricas fuesen abiertamente bisexuales: Sócrates, Platón, Aristóteles, Alejandro Magno, César, Tiberio, Calígula, Nerón, Trajano, Adriano o Heliogábalo son algunos de estos grandes nombres de la historia de clara orientación bisexual.

Crátera de figuras rojas con la representación del mito de Zeus y Ganimedes.

Esto mismo nos cuenta Marcial en un epigrama cuando su mujer le pilla in fraganti con el esclavo de la casa:

"Me colmas de reproches, mujer, porque me has sorprendido con mi tierno esclavo, y como último argumento, me dices que también tienes posaderas. ¡Cuántas veces dijo otro tanto Juno al lascivo (Júpiter) Tonante! Éste, sin embargo, se acuesta aún con su grácil y delicioso Ganimedes. El héroe de Tirinto soltaba el arco para entendérselas con el bellísimo Hilas; ¿y crees, quizá, que no tenía trasero Mégara? La fuga de la hermosa Dafne desesperaba a Apolo; no obstante, el pastor de la Ebalia supo bien pronto consolarlo. Briseida brindaba su virginal trasero a Aquiles; éste prefería los favores de un jovencito. Cesa, pues, de aplicar nombres masculinos a la parte posterior de tu cuerpo y no olvides que, tanto por detrás como por delante, no eres más que mujer".
- Marcial, Epigramas, (Lib.XI, ep. 43)

Y si la realidad de una sociedad hay que buscarla entre sus poetas, la naturalidad con la que hablan de la homosexualidad y/o bisexualidad es un claro reflejo de lo extendida que estaba en la sociedad: Catulo, en sus poemas se declara abiertamente bisexual, sus bellos poemas de amor a Lesbia, no le impiden cantar al amor de un muchacho joven; Crisipo enseñaba a los sabios el arte de amar a los efebos; Marcial, con toda su ironía y mala leche vertida en sus Epigramas, no dudó en defender el amor hacia los jóvenes efebos; Petronio y su Satiricón son una muestra más de la corrupción de costumbres en la que se había sumergido la sociedad romana.

Sus más alta plumas, como Ovidio y Séneca hablan de la homosexualidad con toda normalidad. Hasta el respetable Catón aceptaba la homosexualidad, su principal queja era los altos precios que se pagaban por satisfacer esos vicios al comprar bellos esclavos griegos u orientales a precios muy elevados.

La homosexualidad se aceptaba con naturalidad, siempre que se respetasen sus reglas y excepciones.


Y esa parece ser una de las principales quejas de estos censores, el vicio donde la sociedad romana había caído, y no por el hecho de acostarse con un muchacho, sino más bien por la vida regalada y lujuriosa a la que muchos hombres se entregaban sin ningún freno, un estilo de vida lujoso y excesivo, muy alejado de los valores, tan proclamados de la Antigua República, como la austeridad y la templanza.

El retrato que nos hacen estos escritores es que vivíamos en un mundo abiertamente bisexual, y aunque muchos de ellos eran críticos con la extensión de estos "vicios", parece innegable afirmar que tanto la homosexualidad como la bisexualidad estuvieron enormemente extendidas en muchas provincias romanas. Y por ello, nos preguntamos...

¿Qué es ser homosexual en un mundo bisexual?

Y es que en un mundo abiertamente bisexual es difícil definir la homosexualidad en nuestros términos modernos, ¡claro que habría hombres que sólo sintiesen atracción por otros hombres! Pero recordamos que la obligación de cualquier ciudadano romano era casarse y aportar hijos a su ciudad, además, el matrimonio no era una cuestión de amor, sino una cuestión de negocios, entonces ¿por qué no casarse y aumentar la dote familiar? 

¿por qué arriesgarse en caer en habladurías e infamias si una vez casado aún podías disfrutar en la intimidad de tu hogar de tu favorito?


De nuevo Marcial nos brinda un excelente retrato en esta cuestión...

Eras rico en otro tiempo, pero entonces fuiste pederasta y no conociste ni una sola mujer en mucho tiempo. Ahora vas detrás de las viejas. ¡A cuánto obliga la indigencia! Ella hace de ti, Caridemo, un follador.
- Marcial, Epigramas.

Por todo ello es difícil encontrar el caso de ciudadanos romanos que tuviesen una vida de pareja estable entre ellos,  ¿para qué caer en ese estigma social? si podías convivir con tu esclavo toda una vida... o acaso no fue eso lo que pasó entre el gran emperador Adriano y su joven (y extranjero) amante Antínoo. Un romance que se inició en un viaje a Asia menor del emperador y desde entonces y hasta la muerte de Antínoo fueron compañeros inseparables.

Bustos del emperador Adriano y su amante Antínoo. British Museum.



HOMOSEXUALIDAD PEDERÁSTICA

Este es otro de esos asuntos polémicos entorno a la concepción de la homosexualidad en la antigüedad, principalmente porque comparamos nuestro concepto actual de pederastia con el desarrollado en la cultura greco-latina.

Y es que en la antigüedad la más bella edad era considerada la adolescencia masculina, por lo que la mayor parte de relaciones homoeróticas se daban entre un ciudadano libre y un adolescente de condición social inferior. Son muchos los poetas que cantan a la belleza de estos efebos, o se lamentan porque su amante empieza a mostrar signos de madurez y hombría.

"Joven Hilo, ¿por qué me niegas hoy lo que ayer me otorgabas?, ¿por qué tanta crueldad después de tanto amor y dulzura? más ¡ay! tienes razón: tu barba, tus años, tus pelos, nos impiden resucitar lo pasado. ¡Oh tú, noche malévola, que trocado en un viejo el suavísimo doncel de otros días, cuán triste y larga eres! El tiempo, Hilo, se burla de mi afán. Tú que ayer fuiste un niño, dime ¿por qué eres hombre hoy?"
- Marcial, Epigramas (Lib. IV, Ep. 7)


Uno los símbolos más destacados del paso de la adolescencia a la edad adulta es el pelo, ya que cuando un adolescente alcanzaba la edad adulta solía cortarse el pelo y perder esas largas melenas que tanta gustaban a sus amantes.

Pero, al mismo tiempo, era considerado una grave afrenta si se mostraban preferencias por muchachos demasiados jóvenes, por lo que había una franja de edad bastante imprecisa que marca los límites permitidos de las relaciones homoeróticas.

Por contra, también eran motivo de burla aquellos hombres a los que les gustaban los culos velludos, es decir, aquellos hombres que se sentían atraídos por hombres una vez superado este umbral de la adolescencia. También resulta sorprendente a nuestros ojos, que en este tipo de relaciones pederásticas tuviesen unas pautas tan marcadas, por lo que sólo están permitidas ciertas actividades sexuales, mientras que otras prácticas, como la masturbación de los efebos, también eran duramente censurables.


CONTRA UN PEDERASTA MASTURBADOR


"Que tus rudas caricias profanen el blanco y delicado rostro de Galeso y que te acuestes con un Gamínedes desnudo, es ya demasiado, al decir de la gente. Limítate, pues, a desflorar a los efebos y deja de excitarlos con tu mano perversa, que, originándoles una pubertad prematura, les haces más daño que las acometidas de tu pene.  De ahí ese olor ese olor de las axilas, esos pelos precoces, esa barba que, en los tiernos muchachos, contemplan con asombro las madres; de ahí, en suma, nuestro escaso placer de verlos desnudos en los baños. La Naturaleza dio a los machos dos partes: una para el servicio de la mujer, otra para el del hombre; conténtate con esta última".
-Marcial, Epigramas, Lib.XI, Ep.22

Por último, apuntar que los versos de estos poetas también dan a entender que cuando un joven romano contraía matrimonio se suponía que debía de abandonar sus relaciones homoeróticos con sus favoritos. Incluso sabemos de la existencia de contratos matrimoniales donde el futuro esposo se comprometía a no tener ni concubina ni favorito.

Como ejemplo escogemos este epigrama de Catulo, donde se burla de la desgracia de un esclavo que al casarse su amo pierde su condición de "favorito", por lo que se le cortan sus cabellos, ya que nunca más tendrá sexo con su antiguo amo.

Eros y Sileno.
"No calle más la procaz burla de los fesceninos, 
ni niegue a los niños nueces el esclavo favorito,
cuando sepa que ha perdido el amor de su señor.
Dales nueces a los niños, inservible favorito.
Bastante tiempo jugaste con las nueces. 
Te conviene ahora servir a Talasio*. (*Dios del matrimonio)
Favorito, dales nueces.
Las rústicas (las campesinas) te asqueaban  favorito, ayer y hoy.
Ahora rapándote está la cabeza el peluquero.
Desdichado, ay, desdichado. Favorito, dales nueces.
Cuentan que de mala gana tú, marido perfumado,
renuncias a tus lampiños amigos. Pero renuncia.
Io, Himeneo, Himen, io, Himen, Himeneo."
- Catulo


También Marcial en otro Epigrama aconseja a un tal Víctor abandonar los amoríos con su favorito, ya que está a punto de casarse, por lo que le aconseja ir a un prostíbulo para aprender como debe mantener relaciones con una mujer...

"Iníciate en las delicias del tálamo, iníciate, Víctor: aprenda tu pene la dulce función que aún ignora. Ya ha empezado a tejerse el flámeo (velo de la esposa) de tu prometida; instrúyese ésta en todos sus nuevos deberes, y bien pronto sus virginales manos cortarán los cabellos de tus esclavitos. Cuando empieces a desflorarla, espantada de tu abultado príapo, apretará las piernas; tu dardo entonces resbalará hacia abajo y amenazará su trasero; pero su madre y su nodriza, providas salvarán a la cuitada gritándote: ¡Que es una mujer, cielos! ¡Que no es un muchacho!  ¡Ay, qué de sofocones y qué de sudores te costará si un coño es para ti una cosa exótica! Confíate, muchacho, a las lecciones de alguna profesional de la Subura, y que ella te enseñe a ser hombre: una virgen no es maestra en tal arte."
- Marcial, Epigramas, Lib. XI, Ep.78

Por todo ello, no nos puede extrañar que Augusto se viese obligado a promulgar leyes que sancionaban a los solteros, bajo el pretexto de la corrupción moral y de costumbres de la vieja aristocracia romana.

PLACER SIN PASIÓN

Este es uno de los ejes fundamentales para comprender la homosexualidad en Roma, el hombre libre activo podía tener relaciones con un esclavo o con un prostituto, con el fin de obtener un placer tranquilo, opuesto a la pasión. Se pensaba que en este tipo de relaciones tranquilizaba al espíritu, ya que no había cabida para los arrebatos amorosos o la pasión, que hacía perder la cabeza a los hombres.

Además, mediante este acto también imponía su autoridad, por lo que no sólo era una cuestión de placer, sino que en muchos casos la sodomía podía ser un castigo o una muestra más del poder del señor frente a sus esclavos y libertos.

La pasión amorosa sólo debía darse entre hombres y mujeres, y aun así caer bajo la pasión era un signo de debilidad, de falta de autocontrol. Bajo esta mirada no nos debe extrañar que Propercio (II,4) dijese: "Deseo que mis enemigos amen a las mujeres y mis amigos a los jóvenes", añadiendo "la pederastia es el río apacible y sin zozobra: ¿qué mal temer de tan reducido espacio?"

Por ello cuando un ciudadano cae rendido a la pasión hacia un joven y bello muchacho, y su voluntad pasa a ser dominada por este violento deseo, esa relación se torna condenable. Del mismo modo que es condenable, que un esclavo, sabedor de la pasión que un ciudadano romano siente hacia él, se aproveche de esa situación para sacarle suntuosos regalos.



BANQUETE ROMANO

Los mejores testimonios sobre la existencia de relaciones homosexuales de carácter afectivo entre amo y siervo nos lo ofrecen varios autores en su descripción de los banquetes romanos. Recordar la importante función social que tuvo el banquete para la aristocracia romana, siendo el lugar por excelencia para dar rienda suelta a su diversión y a su placer, aunque siempre manteniendo unas ciertas normas de decoro.

Es en este espacio donde se cultiva ese erotismo hacia lo masculino, donde se mezclan comida, bebida, música, poesía y erotismo. Y donde la figura del puer delicatus, del favorito, alcanza gran protagonismo, no sólo como escanciador de vino o como acompañante en el banquete, sino a veces también como un juguete sexual.

Mosaico romano depositado en el Castillo de Boudry (cantón de Neuchatel, Suiza)

Son innumerables los testimonios de autores clásicos que nos hablan de modo, más o menos velado, de la clara relación de complicidad sexual y afectiva que se daban entre los señores y sus favoritos en estos banquetes, ocupando por ello un lugar privilegiado, siempre cercano a su amante. Y aquí radica la importancia del mito del rapto de Ganimedes por Zeus, ya que es raptado por Zeus y es llevado al Olimpo para ocupar la posición de escanciero, con la aprobación de todos los dioses (menos Hera), por la belleza del joven efebo.

No nos debe extrañar, pues, la gran cantidad de testimonios que tenemos sobre este tipo de relaciones: Plinio nos explica como a Nerva le gustaba de cenar con su liberto Veiento reclinado en su pecho, o con esclavos favoritos recostados junto a sus dueños, como hizo el liberto Zoilo, o Trimalción con su joven Creso.

Estas muestras de amor son una clara representación de la existencia de relaciones afectivas sólidas, que rompían con todos los convencionalismos de la muy clasista sociedad romana. La única posición permitida socialmente a un esclavo era delante de los lechos, escanciando vino, ¡no recostado junto a su señor! Ya que era considerado como un exhibicionismo irrespetuoso y obsceno de los gustos homoeróticos del señor. Se podía aceptar este tipo de relaciones, pero nunca exhibirse públicamente en un banquete.

¡Oh, tú, encanto de mis ocios, prenda de mi alma, Telesforo dulcísimo! Con tu adorada boca - que me ha prodigado caricias supremas, desconocidas, sutiles-, con tu boca divina, perfumada por el viejo Falerno, bésame niño, bésame sin cesar, y pásame la copa cuando la desfloren tus labios. Si, después de esto, me concedes los verdaderos goces del amor, no me cambiaré por Júpiter cuando acariciaba a Ganimedes.
- Marcial, Epigramas, Lib. XI, Ep.26.

Incluso al propio Augusto, según nos relata Suetonio (Aug. 83,2), le gustaba rodearse de bellos efebos de origen oriental en sus banquetes.


Copero sirviendo vino en  un fresco de Pompeya.



SER GAY EN ROMA

Todo este panorama que hemos planteado no significa que la homosexualidad estuviese públicamente bien vista y aceptada, una cosa es lo que tu hagas en la intimidad de tu hogar, con recato y sobriedad, y otra muy distinta hacer alarde públicamente de tus preferencias sexuales, especialmente si había rumores sobre tu gusto excesivo por los hombres o por tu actitud pasiva en el sexo.

Entonces, ¿se podía ser abiertamente homosexual en Roma? Sí y no. Como bien apunta Paul Veyne en su ensayo sobre la homosexualidad ¿se puede ser infiel abiertamente en nuestra sociedad? o ¿se puede predicar a los cuatro vientos que eres swinger? En la Antigua Roma también existían uniones ilegítimas, pero moralmente admitidas. Lo importante es que las personas implicadas sean discretas, el resto del mundo, aun sabiéndolo aparentará ignorarlo; los menos los poetas, los únicos con licencia para hablar de ello sin ningún tipo de censura.


Mosaico con Baco ebrio, Museo Romano-Germánico de Colonia

Y es que es sorprendente como cambia la visión de estos autores cuando hablan de homosexualidad pasiva, sólo hay que leer las duras palabras que emplea Marcial contra Papilo:

"Pecando contra natura, te complaces, Papilo, en ser el paciente, y enseguida lloras las consecuencias. ¿Por qué, satisfechas ya tu ansias, muestras tanto pesar? ¿Te arrepientes de tu goce impuro o deploras su fugaz duración?"
- Marcial, Epigramas (Libro IV, Ep.48)

Por lo que no nos debe extrañar que uno de los insultos más típicos que podías escuchar en las calles de cualquier ciudad romana es algo similar a nuestro castizo y rancio "maricón", traducido al latín como "pedico", "irrumo" o "catamita", insultos que hacían referencia, no al hecho de tu atracción hacia los hombres, sino de ser pasivo en cuestiones de sexo homosexual.

"Mucho hombre eres tú, Nasón. Más ponle
que el que a tu lado baja, mucho hombre
no es. Así Nasón, en conclusión,
digamos que eres mucho maricón."
- Catulo

Por otro lado, el ser "afeminado" o como decimos en España "tener pluma" también era motivo de burla en el mundo romano, como vemos el mundo tampoco ha cambiado tanto en estos 2000 años.

Ese fatuo, a quien se ve noche y día en las literas de las mujeres, conocido en toda la ciudad por sus perfumes, por su brillante púrpura, por sus rasgos suaves, por su amplio seno, y por sus piernas depiladas, y que se acerca sin cesar a tu esposa, no debe inspirarte miedo ¡oh Cándido! Jamás se la follaría.
- Marcial, Epigramas 


Y aunque el hombre romano era bastante coqueto y solía preocuparse bastante por su imagen física:   llevar una barba cuidada, teñirse, la utilización de perfumes y ungüentos para el cuerpo e incluso ¡la depilación era bastante habitual! Los homosexuales eran especialmente cuidadosos en este aspecto como bien nos recuerdan estos epigramas...

"Aunque llevas, Cresto, los cojones depilados y una polla igual al pescuezo de un buitre y una cabeza más lisa que los culos de los putos, y no queda con vida en tus piernas un solo pelo, y unas pinzas asesinas desbrocen las canas de tus hocicos, de Curios, Camilos, Quincios, Numas, Ancos y de cuantos de pelo en pecho hemos leído en alguna parte hablas con grandilocuencia y te desgañitas con voces y amenazas, y emprendes una cruzada contra las obras teatrales de tu tiempo. Entre tanto, si se te presenta un atleta que se ha librado ya del pedagogo y cuyo pene hinchado ha desembarazado un especialista, lo llamas con una seña y te lo llevas y da vergüenza decirlo, Cresto, lo que haces con tu lengua catoniana".
- Marcial, Epigramas (Lib. IX, Ep. 28)

Pinzas romanas para la depilación

Por último, no podemos dejar de mencionar a los llamados "cinaedi", homosexuales travestidos, que muestran abiertamente su condición de homosexuales pasivos, que según Juvenal (Sátira II) son el culmen de la falta de decorum social, ya que incluso se atreven a asistir al culto de la Bona Dea, una deidad esencialmente femenina.

Y es que estos cinaedi era los peores considerado socialmente, ya que su falta de virilidad era vista como toda una afrenta a su escala de valores. La virilidad de un hombre romano era esencial y debía mostrarse en todos los aspectos de su vida: en la calle, en su casa, en su cama. La virilidad del hombre romano era un instrumento para demostrar su superioridad y justificar su sometimiento, por lo que estos hombres carentes no sólo de virilidad en el sexo, sino también en su vida pública eran considerados como seres despreciables por la mayor parte de la sociedad.

De esta forma los describe el astrólogo Manilio (Astrología):"[...] Tendrán siempre la preocupación por su ornato personal y por la hermosura de su semblante: rizar y ondular sus cabellos o sujetar la cabellera con lazos dándole forma en la poblada coronilla, o bien transformar el aspecto de la cabeza añadiendo cabellos, así como alisar los miembros ásperos con la porosa piedra pómez, detestar su virilidad y desear unos brazos torneados. Les agradan los vestidos femeninos, el calzado no para proteger los pies, sino para su adorno, y la forma de andar afeminada. Les da vergüenza su naturaleza masculina y en su pecho habita una ambición inconfesable, a la par que se jactan de su enfermedad como si fuera una virtud".


Orestes y Pilades.
Museo del Prado.

MATRIMONIO HOMOSEXUAL

Y a pesar de todo esto, y aun con el estigma social que podía suponer tenemos noticias de matrimonios entre hombres en plena época imperial, y ¡vale! que uno de esos testimonios sea sobre un emperador, ya sabemos a las excentricidades que llegaron algunos de los emperadores, pero es que el otro testimonio no alude a ningún poderoso personaje.

De esta forma el testimonio que nos ofrecen dos de nuestros escritores satíricos por excelencia, como son Marcial y Juvenal, podría ser una pista de que este tipo de matrimonios fueron más frecuentes de lo que pensamos, y es que lo más llamativo es que fueron realizados públicamente. Y aunque el matrimonio en Roma no tenía carácter religioso, era un simple acto social, esto no quita importancia al hecho de que existieran estos matrimonios homosexuales.


"Nerón se manchó con todos actos lícitos e ilícitos, y no había desvergüenza que no cometiera. Para obrar aún más torpemente, pocos días después se unió en matrimonio, con la solemnidad seguida en los esponsales, con un depravado, de nombre Pitágoras. Al emperador se le colocó sobre la cabeza el velo de color rosa de las esposas. Se llamaron testigos; se convino la dote. Se colocó el tálamo y se eligieron las faces. En público se ofreció todo lo que, aun tratándose de una dama, se oculta."
- Tácito, Ann. XV.37


"El barbudo Calístrato se casó con el rudo Afro con el ritual con que una doncella se suele casar con un hombre. Brillaron delante las antorchas, cubrieron su rostro los flameos, y no faltaron tus fórmulas rituales, Talaso [dios itálico de los matrimonios] Se fijó además la dote. ¿No te parece, Roma, que ya es suficiente? ¿esperas acaso los frutos de tan peregrino consorcio?"
- Marcial, Lib. XII, Ep.42)

Aunque no faltan investigadores que defienden que estas bodas no fueron reales, sino más bien o ataques personales a emperadores o una crítica a ciertos aristócratas muy afeminados.



LA HOMOSEXUALIDAD EN EL EJÉRCITO

Aunque en el mundo griego son bastante conocidos los casos de homosexualidad en sus ejércitos, en los ejércitos romanos estos casos estaban completamente prohibidos, actuando sin contemplaciones y condenando a muerte a los infractores.

Y es que esta severidad también puede ser entendida como que era un problema habitual: las largas campañas, la soledad, la falta de mujeres, el sentimiento de camaradería... podían hacer surgir ciertas pasiones entre los soldados...

Por lo que no nos faltan testimonios sobre la inflexibilidad del ejército en estos casos, dando igual la graduación de los soldados, es más, los castigos eran más severos con aquellos oficiales de más alta graduación, ya que precisamente ellos debían servir de ejemplo para los soldados más jóvenes.

Uno de estos testimonios nos lo ofrece Plutarco quien relata como un soldados de nombre Trebonio asesinó a su oficial al intentar sodomizarlo, el caso es que este oficial llamado Gayo Lucio era sobrino, nada más y nada menos, que del poderoso Mario, por lo que nadie se atrevía a ocuparse de la defensa de Trebonio. Por lo que en el juicio fue el propio Trebonio quien expuso los hechos y al salir a la luz la actitud de Lucio, Mario, no sólo exculpó al soldado Trebonio, sino que además le otorgó una corona por su ejemplo.

Todo esto no implicaba que no estuviesen extendidas este tipo de costumbres griegas entre los ejércitos, especialmente si había esclavos presentes. Sabemos que prestigiosos generales como Sila o Sertorio no dudaron en rodearse de esclavos de gustos griegos.



ESCLAVOS SEXUALES

Hasta ahora hemos visto el fenómeno de la homosexualidad desde la visión de un ciudadano romano, pero poco sabemos sobre los sentimientos de estos efebos, ya que ningún poeta consideró interesante plasmar su visión de los hechos.

Ya hemos dicho que los efebos solían ser esclavos o libertos, normalmente procedentes de Oriente y Alejandría, con largos cabellos y que encarnan el ideal de belleza romano. Pero en una sociedad esclavista como la romana los esclavos no cuentan para nada, son sólo objetos, objetos parlantes. Séneca el Viejo dijo:

«La impudicia es una infamia para un hombre libre, para el esclavo, constituye el más absoluto deber hacia su amo; para el liberto, representa un deber moral de gratitud».

Esclavo borracho, F.Sabbate (1900), Escuela de Bellas Artes, París.
Un espartano muestra a sus hijos un esclavo borracho.

Por lo que muchos esclavos eran comprados por su belleza, especialmente caros eran los efebos orientales, y su único fin podía ser servir a las pretensiones sexuales de su amo. También sabemos que muchos señores sacaban un dinero extra prostituyendo a sus propios esclavos, por lo que su opinión, su vida, sus sentimientos, no valían nada, da igual que fuesen niños o pre-adolescentes.

La única regla era que el señor se limitase a obtener placer de ellos, por lo que estaba muy mal considerado darles placer a ellos, ya fuese permitiéndoles ocupar la posición activa, mediante la masturbación o la modalidad más sacrílega para un romano, practicar sexo oral.

A pesar de todo ello, todo parece indicar que estos favoritos ocuparon un lugar privilegiado en la casa del señor, solían ser llamados también bajo el nombre de "pueri delicati" (muchacho mimado), por lo que su posición era relativamente cómoda en el hogar, ya que podía disfrutar de ciertos privilegios prohibidos al resto de esclavos, e incluso aspirar a obtener la libertad como el liberto Trimalción del 'Satiricón' de Petronio.

Bailarines
Cuando el favorito empezaba a mostrar los primeros signos de madurez solían ser sustituido por otro efebo más joven, ya que estaba muy mal visto socialmente continuar una relación con un exolati, es decir, un joven que había superado ya la edad de la adolescencia.

El futuro de estos jóvenes, una vez, abandonaban el papel de favoritos, era bastante incierto, algunos estarían empujados a vivir en el mundo de la marginalidad o la prostitución masculina, otros seguirían sirviendo en la casa del amo, o era vendido a otro señor; por último, estarían aquellos que por intentar conservar sus últimos rasgos de juventud recurrían a la castración.

Aunque por desgracia, nunca sabremos lo que realmente existieron estos adolescentes, que desde muy jóvenes fueron sometidos a toda clase de abusos por parte de sus amos, ¿arrastrarían traumas para el resto de sus vidas? ¿estaban preparados mentalmente para soportar este tipo de vida? ¿su vida era más feliz que la de otros esclavos?



CONCLUSIÓN

En este primer post hemos intentado acercarnos al concepto de homosexualidad existente en la cultura romana, buscando desterrar viejos mitos y abriendo nuevas líneas de investigación para futuros posts, como es el tema de los esclavos sexuales o de los transexuales, También hemos dejado sin tocar temas tan relevantes como la homosexualidad femenina, leyes y sanciones contra la homosexualidad o la evolución de la moral sexual romana respecto a la homosexualidad, ya que debido a su importancia creo que es mejor dedicarles en las próximas semanas una entrada individualizada.

Pero aún con todo ello, con lo visto hasta ahora parece una necedad negar que la bisexualidad y la homosexualidad fue un fenómeno bastante extendido y visible en la sociedad romana.

Hasta los censores más severos aceptaban con cierta normalidad este fenómeno. El rechazo hacia la homosexualidad pasiva, pues, no es un rechazo a la homosexualidad humana, sino a lo que simbolizaba la sodomía en su peculiar visión del sexo.

Para un romano lo más importante era mostrarse viril en todas las facetas de la vida: en la política, en el hogar, en el sexo; por lo que la pasividad, la sumisión, era considerada una debilidad vergonzosa para cualquier romano. Por eso, el sexo guarda una estrecha vinculación con su concepto de poder.

Por último, añadir que todos aquellos historiadores que han querido atribuir el origen de la  homosexualidad romana a la extensión del vicio griego, como intentando justificar que este "vicio" no es propio de sus queridos romanos, no pueden estar más equivocados. Los gustos homofílicos se desarrollaron en Roma mucho antes de que las modas griegas conquistasen la capital del Tíber.

Y es que la homosexualidad humana es inherente a su propia naturaleza, por lo que lo asombroso, como bien señala Paul Veyne, "no es que una sociedad conozca la homofilia, sino que la ignore: lo que hay que explicar no es la tolerancia romana, sino la intolerancia actual".

Por lo tanto, no sólo hay que preguntarse sobre los principios y la moral sexual romana, sino también reflexionar sobre nuestros propios principios.


BIBLIOGRAFÍA

ÁNGELA, ALBERTO; “Amor y sexo en la Antigua Roma”. La esfera de los libros. Madrid, 2015.

BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.M.; El mundo amoroso de Catulo y de la Roma de finales de la República, Gerión, 2007, Vol. Extra 277-310.

MARCIAL, Epigramas Eróticos,Aldebarán, 2000.

VEYNE, P.; La Homosexualidad en Roma, en: Sexualidades Occidentales, Ph. Ariès, A. Béjin, M. Foucault y otros. Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, 1987, pp. 51 – 64

GRIMAL, P.; El amor en la antigua Roma, Ed.Planeta


[En Internet]

Especialmente recomendable es el artículo Sexo en Roma, del mito a la realidad:  http://antiqua.gipuzkoakultura.net/antiqva_sexoroma.php

Mangas Romo, J.; Travestis en Roma. Un pasaje satírico: Juvenal, Universidad de Salamanca.

Sobre el aseo romano: https://domus-romana.blogspot.com.es/2014/05/tonsor-aseo-personal-del-romano.html

Sobre la Homosexualidad en Roma: http://hijosdemarte.blogspot.com.es/2008/07/homosexualidad-en-roma.html

http://www.temporamagazine.com/cotidiana-vitae-iv-sexo-y-sexualidad-en-roma/