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sábado, 26 de octubre de 2019

Imperia: La primera cortesana

Parte I: El Concilio de Constanza: prostitutas, cortesanas y una estatua.
Parte II: Imperia, la primera cortesana.
Parte III: Cortesanas poetisas, prostitución en la Italia del Renacimiento.

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Imperia: el nacimiento de un mito


Aunque conocemos bastantes detalles de la vida de Imperia Cognati durante su vida en Roma, poco o nada sabemos de lo que sucedió durante su estancia en Constancia, más allá de lo relatado por la pluma y la imaginación de Balzac en su obra "La Bella Imperia", donde nos narra, el ambiente lascivo de aquel Concilio y las intrigas urdidas por esta enigmática mujer.


"Era Imperia la más preciosa y caprichosa de las mujeres de mundo, además de pasar por ser la más inteligentemente bella y la que mejor se las componía para engatusar a los cardenales, galantear a los más rudos soldados y opresores de pueblos. Era dueña de valerosos capitanes, arqueros y señores, deseosos de servirla en todo. Con sólo una palabra podía acabar con la vida de aquellos que se mostraban impertinentes.

La derrota de un hombre no le costaba más que una gentil sonrisa; y a menudo por muy Señor de Baudricourt que era, un capitán del Rey de Francia le preguntaba, haciendo burla de los abades, si aquel día debía matar a alguien para ella. Excepto los potentados del alto clérigo con los cuales Doña Imperia componía finalmente su ira, los tenía a todos bajo su férula por la virtud de su pico y de sus amorosos modales, que tenían a los más virtuosos e insensibles apresados como los pajarillos en liga. Por eso, vivía tan querida y respetada como las verdaderas damas y princesas, y se le daba el trato de señora…”

Retrato de Imperia en "El Parnaso" de Rafael como la poetisa Safo.

Es evidente que su presencia tuvo que causar estragos entre los grandes prohombres allí reunidos, y conociendo el carácter mujeriego del Emperador, parece claro que tuvo que fijarse irremediablemente en ella. 


Aunque nunca sabremos hasta qué punto su influencia tuvo algo que ver en la elección del nuevo Papa, el cardenal Otón de Colonna, elegido en 1417 bajo el nombre de Martín V, un miembro de una de las familias aristocráticas romanas más antiguas y con mayor influencia de su época. 

Esta elección dio fin al Gran Cisma de Occidente, tras casi cuarenta años de disputas, y volvió a situar a Roma (ciudad donde residía Imperia) como sede del trono de San Pedro, recuperando su grandeza, tras más de un siglo de saqueos,  abandono y guerras, tanto externas (con la vecina Pisa) como internas (lucha encarnizada entre las principales familias de la ciudad). El Papa, por fin, volvía a ser una sola persona y se asentaba en la ciudad eterna tras haber habido sedes papales en lugares tan dispares como Pisa, Aviñón e incluso ¡Peñíscola!


La primera cortesana: Imperia Cognati


'El triunfo de Galatea' de Rafael.
Imperia aparece en el centro del cuadro
Imperia, nacida en torno al año 1486, fue hija de Diana di Pietro Cognati, una famosa prostituta romana, su padre tuvo que ser algún personaje importante de la corte romana, por lo que muchos han querido atribuirle la paternidad a Paris de Grassis, maestro de ceremonias del Papa Julio II, ya que el testamento de Imperia estaba firmado bajo el nombre de Imperia de Paris.

A pesar de sus orígenes tuvo una educación excelsa, ya que nada más entrar en el mundo de la prostitución fue conocida por su encanto e inteligencia, convirtiéndose en el prototipo de mujer cortesana: refinadas, cultas, poetisa y versada en toda clase de artes.
 

Fue apodada "La Divina" o  "La Reina de las Cortesanas". Su origen, aunque incierto, se sitúa en la ciudad de Roma, y destacó no sólo por su belleza, sino también por su inteligencia, su trato elegante y distinguido, y su habilidad en diversas artes como la poesía o el arpa. 

Por ello, ha sido considerada la primera cortesana, una figura que se popularizó enormemente en la Italia del Renacimiento.


Retrato de A. Chigi
Su belleza y sus encantos hizo acrecentar enormemente su fama siendo cortejada por toda la corte eclesiástica y nobiliaria romana, aunque parte de su éxito residía en presentarse como una mujer inalcanzable, por lo que seleccionaba muy bien a sus amantes.

El gran amor de su vida fue el banquero Agostino Chigi, al que apodaban "el banquero más rico del mundo", que financió el alto nivel de vida de Imperia, manteniendo un palacio en Roma, así como una villa rural a las afueras de la ciudad.


Otra de esas leyendas que corren en torno a su figura es sobre el lujoso estilo de vida que llevaba. Se cuenta que su casa estaba tan llena de riquezas y obras de arte como el palacio de un príncipe, por lo que cuando el embajador español en Roma asistió a su vivienda y se atragantó no le quedó más remedio que escupir sibre un sirviente de Imperia, ya que era lo único en aquella casa que podía ser mancillado.

Entre la lista de amantes que tuvo hubo banqueros, como Agostino Chigi o Angelo di Bufalo, poetas como Blosio Palladio o Filippo Beroaldo, altos cargos eclesiásticos como el cardenal Jacopo Sadoleto o el bibliotecario papal Tommaso Inghirami, y ¡cómo no!, no podía faltar un genio del renacimiento como el pintor Rafael.

Entre sus amantes se encontraba el genio del renacimiento Rafael, que no dudó en pedir sus servicios como modelo para inmortalizar su belleza en varias de sus obras.


Según los historiadores del arte su retrato aparece en varias obras realizadas por Rafael:
- La primera de ella sería "El triunfo de Galatea" obra encargada por el banquero Chigi para decorar su villa, posteriormente conocida como Villa Farnesina.
- También aparece en los frescos que decoran la tumba del banquero en la Iglesia de Santa María de la Paz (Roma) representada como una de cuatro sibilas que acompañan a un ángel.
- Y por último, como la poetisa Safo en "El Parnaso", una espectacular pintura mural realizada en el Palacio del Vaticano.


Frescos de la Iglesia de Santa María de la Paz (Roma).
Imperia sirvió de modelo para representar a una de las sibilas.

Era tal su belleza que se popularizó la frase de que Roma había sido dos veces bendecida por los dioses: Una vez bajo los auspicios del dios Marte, el dios de la guerra, que les dio el Imperio Romano; y otra vez por la gracia de Venus que les otorgó la belleza de Imperia. 

Muerte

Tuvo una hija llamada Lucrecia a la que nunca le faltó de nada, no sólo por las riquezas de su madre, sino por la protección que siempre le ofreció su más que probable padre, el banquero Chigi. A la muerte de su madre, Lucrecia heredó su enorme fortuna.

Sobre la muerte de Imperia corren toda clase de rumores: algunos apuntan que se suicidó envenenándose por un mal de amor, otros por un asunto de honor donde el Papa Julio II exigió su muerte. Y es que este tipo de muerte trágica siempre adorna más la bibliografía de un personaje tan fascinante como Imperia. Pero el famoso poeta Pietro de Arentino, contemporáneo de Imperia, escribió que la primera de las cortesanas murió en su lecho "rica, venerada y digna en su propia casa.

Los funerales fueron todo un acontecimiento en Roma ya que fueron financiados por Agostino Chigi e Imperia fue enterrada con todos los honores en la Iglesia de San Gregorio al Celio en Roma.


Podéis ampliar la información sobre la interesante figura de estas mujeres cortesanas cuya figura se popularizó en las ciudades estado italianas durante el Renacimiento en nuestra entrada: Cortesanas poetisas: La prostitución en la Italia del Renacimiento.

 

Bibliografía


https://www.laviajeraempedernida.com/constanza-el-lago-y-las-cortesanas-del-concilio/

 https://www.opinion.com.bo/articulo/ramona/el-concilio-de-constanza/20140511235000666898.html

https://periodicoirreverentes.org/2012/11/08/ciertos-lugares-imperia/
https://www.opinion.com.bo/articulo/ramona/el-concilio-de-constanza/20140511235000666898.html

sábado, 12 de octubre de 2019

La vestimenta de las prostitutas en Roma: entre la infamia y la lujuria


Como cada año en Mérida se celebra el Emerita Lúdica, unas jornadas donde se recrea la vida y costumbres de la Antigua Roma, y dónde cada año, cada vez más gente decide participar vistiéndose como los antiguos romanos. Hay un grupo de mujeres recreacionistas que todos los años se visten como prostitutas, luciendo espectaculares vestidos rojos con gasas transparentes... Así que decidí escribir un artículo sobre la vestimenta de las prostitutas en el mundo romano. Pensando, pobre de mí, que iba a ser un post rápido y sencillo.

Legionario, prostituta y esclavo.
Del grupo recreacionista Emerita Antiqua


Pero la historia no deja de sorprendernos, y por eso me encanta escribir en este blog, especialmente en temas que necesitan cierta investigación.... Y es cuando crees que se sabe todo acerca de un tema, cuando más indagas en él, cuantas más fuentes consultas, más dudas surgen, más datos contradictorios emergen, por lo que decides indagar más y más... hasta descubrir con asombro que muchas veces damos por ciertos datos o fuentes parciales, carentes de contextos o de difícil interpretación, que se repiten una y otra vez en todas las webs.

Y cómo suele pasar en muchos temas relativos a la sexualidad en la cultura romana la "verdad histórica" depende mucho de las respuestas que estés buscando. ¿Cómo vestían las prostitutas romanas? La respuesta más sencilla sería que la comunidad científica no sabe a ciencia cierta cómo vestían, o que vestían de formas tan variadas (según época, nivel adquisitivo, nivel social, zona geográfica, meteorología, o incluso modas) que no hay una única respuesta.


Una cara de la cultura romana: sobriedad y recato.



Seguramente si os digo que os imaginéis cómo va vestida una mujer romana os vengan a la mente vestidos muy sensuales, con escotes de infarto, paños con transparencias y colores muy llamativos... Y es que la mayoría de películas y series ambientadas en Roma nos han mostrado a la mujer romana, como una mujer frívola, seductora, y muy, muy sexy.

Protagonistas femeninas de la serie 'Spartacus'
Pero la realidad es muy diferente, en una sociedad tan machista y clasista como la romana, la mujer, y por mujer nos referimos a la ciudadana romana, a la matrona, iba muy tapada, especialmente en público, muchas veces cubriendo manos y cabeza, obligada siempre a salir acompañada en los espacios públicos.

Y aunque no se puede negar que la mujer romana era presumida y le gustaba vestir bien e ir a la última moda, como bien vimos en este artículo sobre la primera manifestación de mujeres en la Roma Antigua, todo ello, siempre, guardando el decoro y el pudor que se le exigía a una buena matrona romana.

La vestimenta en Roma, bueno en nuestra sociedad también, encerraba todo un significado sobre los diferentes estratos sociales. De un sólo vistazo se podía saber si una mujer era una patricia, plebeya, liberta o esclava, si era viuda, casada o virgen, si era una ciudadana, una sacerdotisa o una prostituta, o si era pobre, rica o muy rica.

La propia sociedad romana imponía unas reglas de vestir que permitían identificar el status social o el poder de cada individuo, y no sólo por una cuestión de materiales o calidad de los tejidos, sino con toda una simbología implícita en cada prenda.


Esto de la vestimenta no era cosa de broma, como bien atestigua el edicto "Ademptata pudicitia", en el que se regula diferentes sanciones por delitos relacionados con el acoso e insinuaciones amorosas a determinadas mujeres, es decir, a mujeres "honorables", siendo su vestimenta el factor más claro a la hora de determinar la condición social de la mujer.

Pintura mural de la "Villa de los misterios", Pompeya.
Se pueden apreciar los distintos vestidos que utilizaban las mujeres romanas.

Es decir, el código de vestimenta de la mujer era importante para determinar la conducta punible del agresor, ya que si una mujer honorable iba vestida como correspondía, ningún agresor podría justificar su comportamiento ante la justicia. Todo ello, nos refleja la violencia a la que estaba sometida el resto de mujeres en la sociedad romana, como por ejemplo las prostitutas, sobre las que no exisitía ningún tipo de protección jurídica en casos de abusos o violaciones que pudiesen sufrir en plena calle.

Por eso era importante que cada mujer vistiese acorde a su rango social. Aunque toda esta legislación en torno a cómo iba vestida la mujer parece indicar que estas normas, en el día a día, no se cumplían a rajatabla, y que las formas de vestir variaban por modas, comodidad, climatología, ... haciendo que realmente no fuese tan fácil distinguir las diferentes clases sociales sólo a través de la vestimenta.

Mosaico del siglo IV d.C., Villa de Teseo,  Zona Arqueológica de Paphos, Chipre.
Por ello, parece que existió cierta tradición, posteriormente recogida en ley, que obligaba a prostitutas y mujeres de conducta sexual inmoral a vestir de determinada manera, especialmente cuando paseaban en lugares públicos.

Las mujeres sorprendidas en adulterio eran despojadas de la stola, que caracterizaba a la matrona, y obligadas a llevar la toga.


También está muy extendida la teoría que las prostitutas desde tiempos antiguos estaban obligadas a llevar una túnica corta y oscura, o llevar el cabello sin recoger, e incluso se les obligó a ir descalzas. Aunque estos rasgos pueden servir también para definir su condición de esclavitud. La duda es ¿son rasgos propios y exclusivos de las prostitutas? o ¿más bien es una asociación entre esclavitud y prostitución?


Lo único definitivo y casi seguro es que el atuendo de las mujeres respetables era fácilmente distinguible del resto de las mujeres de la sociedad romana. Lo que no parece tan claro es que hubiese una distinción entre las clases bajas romanas, ya que los esclavos no llevaban ningún tipo de prenda especial. Por lo que en realidad sería imposible distinguir entre una ciudadana pobre, una esclava o una prostituta. 


Cortesanas en un banquete. Podemos ver como llevan vestidos con gasas transparentes.


¿Estaban las prostitutas y/o mujeres adúlteras obligadas a vestir determinadas prendas?

A partir de esta pregunta surgen toda una serie de debates en el seno de la comunidad científica: ¿estaban obligadas prostitutas y adúlteras a vestir con una toga masculina? ¿esta obligación sólo afectaba a mujeres adúlteras o se extendía también a las prostitutas? ¿cómo de estricta era esta ley? ¿por qué obligarlas a vestir una prenda que era exclusiva de los ciudadanos romanos?

Aunque en los primeros tiempos de la República hombres y mujeres vestían con toga, poco a poco, se fue imponiendo la tradición que sólo los ciudadanos masculinos romanos la vistiesen. Prohibiendo su uso a esclavos, libertos, extranjeros y mujeres. Con una sola excepción, prostitutas y mujeres condenadas por infidelidad.

No se sabe cuándo, ni por qué se empezó a cambiar esta moda, imaginamos que al son de las conquistas romanas y la llegada de la influencia y modas griegas y orientales, los ricos ciudadanos romanos se quisieron distinguir del resto de habitantes que poblaban la capital del mundo. Hasta llegar al punto de diferenciar las dignidades y cargos de cada ciudadano, así como su estrato social con un código de vestimenta propio, incluyendo a prostitutas y mujeres condenadas por infidelidad.

Alguna otra fuente señala que este cambio de vestimenta de las mujeres fue por culpa del teatro. Y es que por lo visto en el siglo II a.C. se puso muy de moda la comedia "togata", por contraposición a la "paliata". La diferencia es que la togata se basa en la vida cotidiana romana (vestimenta, protagonistas,...) y la paliata tenía grandes influencias griegas. Por lo que se apunta que es probable que en estas populares comedias las prostitutas estuviesen caracterizadas llevando una toga; y esa tradición del teatro pasó a las calles de Roma.

Una costumbre que se recogería en la "Lex Iulia", obligando a prostitutas y mujeres infieles a usar toga  (toga muliebris), y prohibiéndoles el uso de determinadas prendas, como la estola o las cintas en el pelo (vittae), cuyo uso estaba restringido a las matronas romanas.


Impresionante fresco representado a Hércules y Ónfale. Tercer estilo pompeyano.
Museo Arqueológico de Nápoles.
Fuentes clásicas

Si acudimos a las fuentes clásicas, por sorprendente que pueda parecer, aportan muy poco a la polémica de la vestimenta de las mujeres infames en lugares públicos. Por supuesto que contamos con detalladas descripciones de los vestidos de las prostitutas DENTRO del prostíbulo, pero muy poco, por no decir nada, de su vestimenta FUERA de los burdeles.

A ello hay que sumar algunos términos latinos que pueden dar a confusión a la hora de su traducción, como el término "moecha", al no saber si se refiere a adúlteras, prostitutas o se refiere ambas y se aplica a todas las mujeres de sexualidad inmoral.

El más claro ejemplo de esta imposición de una vestimenta especial en los lugares públicos nos lo brinda Marcial en su epigrama titulado:

A cada uno lo suyo
¿Regalas vestidos de [color] púrpura y violeta a una adúltera manifiesta? ¿Quieres darle los regalos que merece? Envíale una toga.
(Marc. II, 39)

Aunque este epigrama establece esa relación entre adulterio y el uso de la toga muliebris, no permite saber el alcance y la profundidad de esa relación.

Fresco de Pompeya.
Prostituta vestida sólo con una banda para resaltar sus pechos.

El mismo Marcial nos ofrece otro epigrama donde hace un chascarrillo sobre la obligación de las adúlteras a llevar la toga:

La confusión era fácil
Había visto al eunuco Telis en toga. Numa dijo que era una condena por adulterio. 

(Marc. X, 52)
  
Como vemos relaciona el uso de la toga con las mujeres condenadas por adulterio. Marcial hace un chiste sobre la naturaleza "femenina" de los eunucos, su posible condición de esclavo sexual, y por ello, el uso de la toga como "castigo".


Más interesante nos parece este testimonio de Juvenal, que viene a romper con las clasificaciones estrictas sobre el uso de la toga que habitualmente se citan en numerosas páginas sobre la vestimenta romana, ya que critica que un legislador use una toga más parecida a la de una prostituta que la que le corresponde por estatus social.

Este párrafo es muy interesante, no sólo porque nos relata la variedad de togas que se podían usar, extiéndase al tipo de vestimenta en general, sino porque nos ofrece otra "prueba" sobre la obligación de usar toga a las mujeres condenadas por adulterio. 

 "(...) Pero, ¿qué no harán los demás, cuando tú, Crético, te pones una toga de organdí y mientras la gente se emboba con tu traje lanzas soflamas contra Próculas y Politas? 
 Fabula es adúltera, que se la condene, si quieres, y también a Carfinia: aunque culpable no se pondrá una toga semejante. "Pero julio abrasa, me muero de calor" Actúa desnudo: la locura es menos vergonzosa. ¡Valiente indumentaria (...)"

 (Sátiras, II, 65-70)

Escena erótica de  la 'Casa de la Farmesina', Museo Nacional de Roma.

Según estos testimonios parece claro que las mujeres adúlteras, ¿pero también las prostitutas?, estaban obligadas a vestir esta famosa toga muliebris, que seguramente también tuviese un color característico... Por lo que las prostitutas y las adúlteras no sólo tenían que vestir una prenda diferenciada, sino también lucir colores de ropaje diferentes para evitar posibles confusiones.

Parece claro que tenían prohibido lucir el color blanco, reservado a las matronas. Por lo que no sería de extrañar que estuviesen obligadas a lucir una toga corta y de color parduzco, un color asociado históricamente a las prostitutas.

Esta diferenciación social de la prostituta, aunque nos pueda parecer una costumbre antigua, siguió vigente a lo largo de los siglos venideros, se mantuvo durante tanto tiempo que incluso dio lugar al nacimiento de una expresión muy castiza: irse de picos pardos. Y es que, como ya explicamos en esta entrada, en color parduzco siempre estuvo muy vinculado a la prostitución.

Pero con todo ello, no hay evidencias sobre que las prostitutas estuvieran obligadas a llevar la toga, no hay esculturas o pinturas murales que muestren la vestimenta pública de una prostituta, sólo que eran las únicas mujeres a las que estaba permitido su uso. Esto no significa que adúlteras y prostitutas sólo llevasen togas.

Ya que algunos estudiosos parecen indicar que esta denominación de mujer "togata" no implicaba necesariamente que vistiese  con una toga, sino que muchas veces esa referencia es una metáfora para referirse a las mujeres moralmente deleznables.


Escena erótica con prostituta romana.

Por último, ¿por qué adjudicar una prenda tan típicamente masculina a las prostitutas? Se supone porque eran mujeres cuyo deseo sexual iba en contra de la norma, siendo su deseo más parecido al del hombre que al que se le supone a una mujer. Además, al igual que los hombres, las prostitutas podían caminar solas por la calle, cosa que no ocurría con las mujeres honorables, que siempre debían estar acompañadas en los espacios públicos. 


La otra cara de la cultura romana: sensualidad y promiscuidad


Mujer ¿togata?
Pero como es muy habitual en la sociedad romana, una cosa es lo que se hacía de cara a la galería, y otra de puertas para adentro. Y una cosa es lo que dijesen las leyes, y otra, la realidad de las calles de Roma.

Por lo que  a las puertas de los prostíbulos la cosa cambiaba, allí las meretrices sí que podían lucir lujosos vestidos de seda, gasas transparentes, joyas y adornos, todo lo que hiciera falta para vender sus encantos.

Las meretrices de más alto standing lucirían vestidos y joyas, que envidiarían hasta las más ricas matronas romanas, incluso sabemos de meretrices de lujo que viajaban en sedanes:

"(...) tú en cambio, cuando te gusta la cara de una putilla vestida, vacilas, y dudas en hacer bajar a Quíone de su alta silla" (Juvenal III, 133-137)

Mientras que las prostitutas de más baja condición, se cubrían con harapos o lucirían sus cuerpos completamente desnudos, o simplemente vestirían como cualquier otra mujer pobre.

Pero con el paso del tiempo, y el relajamiento de las leyes, las meretrices fueron vistiéndose con ropajes cada vez más lujosos y sensuales, por lo que las mujeres romanas, cansadas de su aburrido estilo de vestir, copiaron e imitaron la forma de vestir de las prostitutas.


J.W. Godward, Athenaiss, 1908.
Un ejemplo de ello lo tenemos con los "Coa vestis", unos vestidos de seda,  elaborados en la isla de Cos,  famosos porque su tela era tan fina que transparentaba el cuerpo de la mujer. Este tipo de tejido primero fue utilizado por cortesanas griegas y romanas, pero causó tanto furor, que su uso pronto se extendió al resto de mujeres.

"... y se visten con velos que pasan por ropas como para excusar su aparente desnudez. Pero se puede distinguir el interior con más claridad que sus rostros, excepto por sus horrorosamente prominentes pechos que siempre llevan atados como prisioneros"
- Luciano, Amores.

El éxito de estos vestidos se seda fue tal que siguió vigente incluso con la llegada del cristianismo , levantado las críticas de los autores cristianos:

"Este raro tejido transparente delata un temperamento sin vigor, prostituyendo bajo una tenua capa la vergüenza del cuerpo. Además, no es un delicado vestido protector, pues no es capaz de cubrir la silueta de la desnudez".
- Clemente (El pedagogo, II)


A todo ello hay que sumar la nacionalidad de las prostitutas, ya que por ejemplo, en Italia muchas de las prostitutas eran de origen sirio o egipcio, por lo que su forma de vestir y maquillarse era propio de las modas de aquellas tierras orientales: mucho maquillaje, túnicas cortas y togas de colores brillantes. También usaban largas cadenas de oro que bajaban hasta la cintura.

Desnudez: Símbolo de esclavitud

Muchos autores también nos hablan que veces a las prostitutas se las mostraba completamente desnudas, no sólo como símbolo de su esclavitud, sino también para que el cliente pudiera observar con todo detalle la "mercancía" que iba a comprar o usar.

Mercado de esclavos, Jean-Leon Gerome.
Museo del Hermitage. San Petesburgo.

La desnudez era símbolo de la más baja categoría, por lo que las prostitutas que aparecían completamente desnudas se suponía que podían realizar los "servicios" más lujuriosos y depravados. De esta manera los prostíbulos más sórdidos seguramente presentasen a sus meretrices completamente desnudas. Juvenal en su "Sátiras" nos describe como la emperatriz Mesalina se coló en un lupanar y ofreció sus servicios como prostituta completamente desnuda y  "con pezones dorados" a la entrada de su habitación. El mismo autor en otro fragmento vemos como también asocia la desnudez con los lugares más sórdidos:

"Oiga el son de las castañuelas y esa palabras de las que se abstiene la prostituta que se ofrece en pelotas en el apestoso lupanar (...)"
- Sátira XI, 170-173
 

ACCESORIOS

Para acabar, si hablamos de la vestimenta de las prostitutas en Roma no podemos dejar de hablar de sus complementos, como el uso de pelucas, sostenes y maquillajes.

Como decíamos, en Roma era difícil ver a una mujer completamente desnuda, incluso las prostitutas siempre guardaban cierto pudor a la hora de mostrarse desnudas, por lo que muchas de ellas realizaban sus servicios con estrofio puesto. Una prenda interior que consistía en una banda para el pecho que realzaba los senos, y que se puede ver en numerosas pinturas murales.

Imaginamos que aquellas con los pechos más tersos o bonitos prescindieron de esta prenda, ya que como nos relata Catulo no era extraño que paseando por la zona de burdeles las prostitutas enseñaran sus pechos con descaro a los transeúntes.

Por otro lado, tenemos el uso de tintes para el pelo o pelucas que estuvo muy extendido entre las meretrices, especialmente cuando empezaron a llegar esclavas rubias procedentes del norte de Europa, por lo que muchos hombres romanos preferían la novedad de las cabelleras rubias.

Nos detenemos en este pasaje de la 'Sátiras' de Juvenal, donde critica la vida sexual de la emperatriz Mesalina, ya que nos describe algunos de los detalles que se han asociado a la prostitución:

“Tan pronto como creía que su marido estaba dormido esta prostituta imperial vestía la capa que llevaba por la noche y salía de la casa acompañada de una esclava, puesto que prefería un lecho barato a la cama real. Disimulaba su cabello negro con una peluca rubia y se dirigía al lupanar de tapicerías gastadas, donde tenía reservada una cámara. Entonces tomaba su puesto, desnuda y con sus pezones dorados, atendiendo al nombre de Lyscisca y exhibiendo estómago de donde vienes, noble Británico”.



Pero no sólo pelucas usaban, ya que tal como nos comenta Juvenal (III, 62-68) muchas prostitutas para diferenciarse de las demás, portaban prendas propias de su región, lo que les daba un toque exótico: 

  "Ha tiempo ya que el Orontes sirio ha confluido en el Tíber y ha transportado consigo la lengua y las costumbres y las cuerdas oblicuas y el flautista, así como los tambores de su tierra, y las muchachas a las que mandan prostituirse alrededor del Circo. Id vosotros a quienes os agrada una zorra extranjera con su gorrito de colorines."

Como ya dijimos anteriormente la mujer romana era muy coqueta por lo que usaban una gran variedad de cosméticos, aunque un uso excesivo estaba mal visto y era considerado inmoral y propio de prostitutas.

Ya que numerosos autores criticaban a las prostitutas por el uso excesivo de maquillaje, aunque podemos entenderlo como algo normal, ya que su única fuente de ingresos dependía de su belleza física, por lo que es fácil suponer que acudieron a toda clase de ungüentos y cosméticos para parecer más jóvenes y bellas. 

Al parecer estos cosméticos baratos emitían olores bastante fuertes que al combinarse con los perfumes baratos que usaban para encubrir la falta de higiene y el propio olor que desprendían los prostíbulos, lugares insalubres de escasa ventilación, convertían a los burdeles en lugares bastante insalubres y malolientes.

Conclusión


A pesar de que son varios los autores clásicos que nos han hablado sobre esta costumbre, donde prostitutas y mujeres infieles estaban obligadas a vestir de manera diferenciada en los lugares públicos. Existe todo un debate dentro de la comunidad científica sobre este aspecto: Primero, sobre el alcance real de esta norma, ya que también resulta llamativo que sólo unos pocos autores nos hablen de esta ley, por lo que no sabemos hasta que grado era aplicada.

Existe otro segundo debate sobre si esta obligación de vestir la toga se aplicaba a todas las mujeres de moral sexual indebida, o sólo a las matronas infieles, y no a las prostitutas. Ya que en muchos textos se nos describe los ropajes insinuantes que lucían las meretrices, por lo que parece que estas leyes o costumbres, aunque existiesen, no se aplicaba, y muy pronto cayeron en desuso.

El epigrama "No pidas recato a mis epigramas" de Marcial (I,35) puede ser interpretado bajo esta visión... al igual que es imposible pedirle recato a sus epigramas, también parece imposible vestir a las prostitutas en los juegos florales o impedir que las meretrices luzcan la estola.


"Te lamentas, Cornelio, de que escribo unos versos poco serios y que no puede comentar el maestro en la escuela. Pero estos libritos, como los maridos a sus mujeres, no pueden deleitar si están capados. ¿Qué, si me mandas que entone un epitalamio sin las palabras del epitalamio? ¿Quién pone vestidos a los juegos Florales o permite a las meretrices el pudor de la estola? Tal es la norma que se les ha dado a los versos jocosos: que no pueden agradar si no son picantes. Por ello, abandonada tu severidad, te ruego que tengas consideración con mis retozos y juegos y no te empeñes en castrar mis libritos. No hay cosa más torpe que un Príapo capón."

Tampoco podemos olvidar que la condición jurídica de las prostitutas podía ser muy variada, tomando todo el arco que abarca desde mujeres libres que se inscribían como prostitutas para poder vivir libremente su sexualidad, pasando por las concubinas (amicae) que eran cortesanas de lujo o las posaderas que podían ejercer la prostitución puntualmente, hasta llegar al escalón más bajo que serían las esclavas.

Todo parece indicar que fue con la introducción de la "Lex Iulia" cuando se empezó a asociar el adulterio con el uso de la toga, aunque tampoco hay ninguna evidencia de una aplicación severa de esta ley.



J.W. Godward, El espejo
1899.
En estas nuevas leyes proclamadas por Augusto, donde hay un evidente interés en encauzar la sexualidad de sus súbditos, especialmente la de las mujeres, hacia los valores tradicionales de sobriedad, castidad, fidelidad, sumisión,... nos pone el foco de atención en dos hechos: 

Por un lado, la libertad sexual que vivió la mujer romana a principios del Imperio. Una libertad que Augusto intentó frenar con sus leyes de nueva moralidad. Y por otro, el intento de controlar esa sexualidad diferenciando de manera tan evidente a las mujeres honorables de las que no lo eran.

Así que llegamos a la conclusión que no sabemos con seguridad el tipo de prenda que las prostitutas lucirían en lugares públicos. Es evidente que tenían prohibido lucir ciertos ropajes pero ¿estaban obligadas a vestir como mujeres infames? o ¿podían vestir como cualquier liberta o esclava? ¿era fácilmente distiguible una prostituta de una matrona?

Muchas veces en estos casos la mejor opción es no creernos tan distintos a la sociedad romana y buscar paralelos con nuestra sociedad actual:





¿Hasta que punto la vestimenta es un código de diferenciación social? 

Que el tipo de vestimenta y complementos sirve como identificador social parece evidente. Pero tan evidente, como que hay mujeres de bajo nivel adquisitivo que saben vestir de manera muy elegante y fashion; y mujeres muy ricas que visten como cualquier otra mujer, y no van luciendo vestidos y complementos de Chanel, Gucci o Armani.

Estas posibles diferencias sociales se diluyen más en la vida cotidiana del día a día, y sólo se amplifican los días grandes, de fiesta, donde las mujeres suelen vestir sus mejores galas y joyas. 

Parece evidente que las mujeres romanas, para ir a comprar al mercado o ir a las termas, vestirían ropas cómodas y prácticas, guardando sus ropas y joyas más lujosas para determinadas festividades donde si se exponían de cara al público. 

Viñeta del cómic 'Murena'

Además, no hay pruebas que sustenten que las mujeres normalmente llevasen el traje simbólico de su rango y condición social, y sí muchas "quejas" de ciertos autores de que muchas de ellas no lo hacían. 


Así que como en la actualidad, las mujeres más presumidas, orgullosas, elegantes o distinguidas sí que querrían diferenciarse del resto de mujeres y siempre saldrían a la calle con las vestimentas propias de su rango social, aunque fuese pleno agosto y se muriesen de calor. - Antes muerta que plebeya -pensarían.

Por lo que intuimos que la mayoría de patricias romanas, por un sentido práctico de la vida, vestirían de forma no muy diferente a una plebeya o una liberta. 

Un ejemplo de esto nos lo ofrece Apiano en su "Historia de Roma", donde se queja amargamente que a finales de la República la gente se vestía como quería, no como debía:

«Ahora el pueblo romano está muy mezclado con los extranjeros, hay igualdad de ciudadanía para los libertos, y los esclavos se visten como sus amos. Con la excepción de los senadores, los ciudadanos libres y los esclavos llevan la misma ropa.»


¿Existe hoy en día algún tipo de vestimenta propia de prostitutas? 

Se podría decir sí, que cierta ropa como medias de rejillas, faldas muy cortas, el fetichismo con las prendas de cuero, o vestidos muy ajustados se han asociado tradicionalmente como ropa "característica" de prostitutas, ¿eso significa que todas las mujeres qué lleven esa ropa son prostitutas? ¡No! Cualquier mujer puede lucir esas determinadas prendas, según la moda, el momento o el estilo de cada una, pero es el conjunto, la actitud o el contexto el que te habla sobre si esa mujer es una prostituta o no.

Tipo de vestimenta moderna asociada a las prostitutas.

También tenemos el ejemplo contrario, prostitutas que se visten como cualquier otra mujer, intentando ocultar su identidad, o incluso prostitutas que lucen vestidos y complementos muy caros, que indican muy a las claras que sus clientes son hombres de alto nivel adquisitivo.

Todo esto también ocurriría en las calles de la Antigua Roma, puede ser que matronas y prostitutas se distinguiesen en las calles de Roma, pero no tan fácilmente como muchos autores han querido mostrar. 

Parece claro que existían ciertas prendas asociadas a la prostitución: Por un lado, tenemos la polémica toga muliebris, que no sabemos hasta que punto estaban obligadas a lucirla en lugares públicos. Y por otro, tenemos telas y gasas transparentes o de colores llamativos, pero que muy pronto levantaron las envidias de las matronas romanas, y se apropiaron de estas sensuales y atractivas prendas.

Como vemos el debate está abierto, por lo que os pido que no dudéis en participar, colaborar o criticar este artículo, y aportar otras fuentes, ideas o perspectivas sobre este asunto. ¡Nosotros estaremos encantados!



Bibliografía

https://arraonaromana.blogspot.com/2014/05/la-prostitucion-romana-en-plauto.html

https://domus-romana.blogspot.com/2015/02/vestes-matronae-lucir-elegante-en-roma.html

Zamora Manzano, José Luis; La industria del sexo en la época romana: categorización social de la prostituta, medidas fiscales y control de la administración, 2019.

Greek and Roman Textiles and Dress: An Interdisciplinary Anthology
editado por Mary Harlow, Marie-Louise Nosch

 Harlow, M.E. ‘Dressing to please themselves: clothing choices for Roman Women’ in Harlow, M.E. (ed.) Dress and identity (University of Birmingham IAA Interdisciplinary Series: Studies in Archaeology, History, Literature and Art 2), Copyright © 2012, Archaeopress, pp. 37-467

McGin, A.J., Thomas, 'Prostitution, sexuality, and the law in Ancient Rome'



lunes, 8 de octubre de 2018

Mitos y verdades sobre el sexo en Roma

Sin duda alguna, la cultura romana ha sido la cultura que mayor admiración y asombro ha despertado entre los historiadores de toda índole, todo ello ha contribuido a que a su alrededor se forje una idealización de su cultura.

 Estudiosos de todo signo buscaron entre sus restos arqueológicos y sus fuentes escritas argumentos con los que defender su visión del mundo.


Si a este panorama añadimos el elemento "sexo", tenemos como resultado la construcción de una serie de mitos que, ya sea por el choque con nuestra visión del mundo cristiana; o actualmente, por la contribución de la literatura o el cine; se han venido agrandando. Dando como resultado, la creencia que los romanos eran poco más que pervertidos sexuales que estaban todo el día celebrando orgías.

Pintura pompeyana.

Pero antes de analizar los principales mitos sobre el sexo en Roma, vamos a trazar unas pocas pinceladas que nos permitan comprender cómo y por qué nacieron algunos de estos mitos:

- Sobre la construcción del discurso histórico: En todos mis años de investigación he llegado a una conclusión que en la historia NO EXISTE UNA VERDAD ABSOLUTA, y es que son innumerables los ejemplos de cómo a través de la historia se han querido legitimar ciertas posturas o argumentos, incluso ideas contrarias partiendo desde una misma base. Por lo que muchos (malos) estudios pueden variar enormemente según a las conclusiones que previamente quiera llegar el investigador.

- Sobre la influencia de la moral sexual cristiana: La nueva moral cristiana que surgió tras las crisis del Imperio, una moral de las más estrictas sexualmente hablando de todos los tiempos, quiso representarse como una antítesis de la moral "pagana" anterior, por lo que numerosos autores cristianos la retrataron de forma peyorativa o degenerada.

- Sobre el impacto de la arqueología: Los descubrimientos de Pompeya y Herculano, y toda la cultura erótica allí oculta, causó honda impresión a nuestras generaciones pasadas: falos por doquier, desnudos, un sátiro copulando con una cabra,...  Podemos imaginar como se disparó la mente de los investigadores que durante los siglos XVIII y XIX fueron desenterrando dichos tesoros y la imagen que tuvieron de ambas ciudades del Vesubio.

- Sobre el tiempo histórico: Un error muy frecuente en historia es coger una foto fija de una época determinada, o de las costumbres de una élite social o lo que pasaba en la capital del Tíber y trasladarlo al resto de la sociedad y de la cultura romana.

La cultura romana se extendió durante un período de 1000 años.
Sus costumbres, su moral sexual, su ética, su escala de valores, fue variando a lo largo de los siglos.



I.- ¿Eran los romanos homosexuales?


Cuando la gente te pregunta sobre sexo en Roma lo primero que te suelen preguntar es sobre si es verdad que los romanos eran gays. Y lo primero que pienso es a ver cómo respondo esto si parecer petulante, o si aburrirle explicándole un contexto de 10 minutos.

Así que la respuesta más corta sería... ¡¡NO!! No eran gays, como mucho, bisexuales, y no todos.

Primero, porque hay que recordar que el concepto homosexual o heterosexual es un concepto contemporáneo. Y segundo, porque los romanos no entendían la homosexualidad como la entendemos nosotros, sino más bien bajo los binomios activo/pasivo, amo/esclavo y adulto/joven. Cualquier otra relación homoerótica fuera de esas reglas sí que estaba mal vista, y podía conllevar era motivo de oprobio, vergüenza o incluso penas como la pérdida de la ciudadanía.

Fresco de las Termas Suburbanas de Pompeya, con escena homosexual.

Aunque sobra decir, que en un marco social ciertamente permisivo, era fácil trasgredir estas reglas, siempre que se hiciese en la intimidad del hogar y el ciudadano romano no hiciese público tales gustos.

Como ejemplo citar que de los primeros 12 emperadores, sólo Claudio tuvo un interés exclusivo en las mujeres, por lo que parece claro, que la bisexualidad estuvo muy presente en la sociedad romana, especialmente durante los primeros siglos del Imperio.


II.- ¿Eran los romanos unos salidos?


Se podría hacer la pregunta al revés ¿somos nosotros unos mojigatos? ¿por qué nos ruborizamos si vemos un cuerpo desnudo? ¿por qué a mucha gente le da vergüenza desnudarse en un gimnasio? ¿por qué cambiamos de canal si sale un pecho o un pene y estamos delante de nuestros hijos? ¿es acaso esto más normal?

Por lo que primero habría que entender de donde venimos nosotros. Y venimos de una moral sexual muy restrictiva impuesta por la Iglesia Católica, que no sólo ha visto el placer sexual como algo negativo, sino que durante mucho tiempo a concebido el sexo bajo un fin únicamente reproductivo.

Así que ¡No! La cultura romana tenía una moral sexual bastante estricta, pero concebían el sexo, la desnudez o el placer sexual como algo natural, por lo que, si se disfrutaba de ellos con moderación y mesura, y dentro de sus propias normas morales, no había nada malo en ellos.

Además, como en casi cualquier cultura agrícola, existían numerosos rituales y festividades donde los conceptos de fertilidad, fecundidad, sexualidad, desnudos, falos, sangre, muerte, etc... estaban íntimamente ligados. Por lo que eran habituales los ritos y festividades donde la sexualidad humana se representase de forma bastante explícita para favorecer el ciclo regenerativo de la naturaleza.

Fiesta romana de Las Floralia


III.- ¿Entonces por qué hay tantas representaciones eróticas o pornográficas?


Tintinnabulum.
Porque para los romanos estas imágenes no eran vistas como obscenas, los falos o las imágenes de carga erótica para los romanos tenían un valor protector, para atraer la prosperidad o un valor catártico.

No existen imágenes pornográficas de por sí, sino es la mirada de quien las observa, quien le otorga ese valor.


Fue con la aparición del cristianismo, cuando estas imágenes empezaron a adquirir un valor negativo, estas esculturas, pinturas, cerámicas,... que cantaban a la vida, a la felicidad, a la naturaleza, se tornaron imágenes ofensivas a los nuevos valores cristianos.

Un ejemplo de esto son las tintinábulas, es decir, penes de los que colgaban campanillas y se colocaban en las puertas para alejar el mal de ojo o los maleficios. Resulta por tanto muy curioso pensar que lo que para aquella mentalidad parecería algo muy normal, la sociedad actual lo vería como algo obsceno

IV.- ¿Las mujeres romanas eran tan infieles como sus maridos?


Cualquiera que haya visto alguna de las series ambientadas en Roma, habrá visto como las tramas de seducción e infidelidad son bastantes recurrentes, implicando tanto a hombres como mujeres.

Se puede decir que en este caso el mito es un 50% cierto. Ya que la fidelidad dentro del matrimonio sólo era obligatoria para la mujer. Como ya explicamos en este post sobre la moral sexual romana, el hombre era libre de satisfacer su deseo sexual fuera del hogar, y la sociedad no veía nada malo en ello, ya que su mujer, la matrona romana, estaba para aportar hijos al matrimonio y a la sociedad, no para saciar las pasiones de su marido.

Si una mujer era infiel el castigo podía muy severo. No sólo ponía en riesgo su reputación, y la de su familia, sino que también había manchado la sangre de sus descendientes.


Pero aquí es importante tomar nota sobre la importancia del tiempo histórico donde queremos detenernos, ya que aunque durante la mayor parte de la historia de la cultura romana, la infidelidad de la mujer estuvo severamente castigada, todo parece indicar que durante el primer siglo del Imperio las mujeres romanas fueron adquiriendo mayor independencia y libertad.

Por lo que sus infidelidades aumentaron considerablemente, sino por qué el refinado Ovidio se vanagloriaba de que su mujer nunca le hubiese engañado, o el poeta Horacio, que también proclamaba orgulloso que su difunta esposa nunca le hubiese sido infiel.

Las mujeres se volvieron más desinhibidas y no dudaron en buscar satisfacer sus necesidades sexuales fuera del matrimonio, como bien nos muestra los numerosos testimonios literarios de muy diversos autores.


Podemos destacar el relato que nos hace Juvenal en una de sus sátiras donde narra como la esposa de un senador, llamada Epia, se fuga con su amante, un gladiador, a las playas de Egipto.

"Epia, casada con un senador, acompañó a un gladiador hasta la isla de Faros y el Nilo y las famosas murallas de Alejandría.  Sin tener en cuenta su casa, su esposo ni su hermana; sin importársele nada de su patria, abandonó despiadadamente a sus hijos llorosos".

Pero para que veamos como entienden los romanos la infidelidad de la mujer, a Juvenal no sólo le preocupa que Epia fuese la mujer de todo un senador, y que haya manchado el nombre de su familia, sino lo que más le preocupa es que este acto de impudicia es una afrenta para la dignidad de la misma Roma.

Pintura erótica pompeyana.

V.- ¿Realmente existieron las orgías?


Ya dedicamos una entrada sobre este tema, Orgías en la historia IV: Roma ¿mito o realidad?, y a la conclusión que llegamos es que tuvo que ser un fenómeno muy minoritario, de unas élites sociales muy exclusivas, y dentro un momento histórico muy concreto.

También habría que pensar ¿qué entendemos por orgía?: ¿sexo en grupo? ¿cuerpos desnudos retozando unos con otros? Porque si es esa la idea, aunque seguramente las hubo, fueron muy minoritarias. Si en cambio, entendemos como orgía un tipo de fiesta exclusivamente de hombres, sin la participación de matronas romanas, pero repletas de esclavas y esclavos traídos para estos menesteres, pues seguramente, sí que hubo bastantes orgías.



Estas "orgías" serían fiestas muy subidas de tono, con vino, bailarinas, música o incluso prostitutas traídas para la ocasión, pero más que una orgía de sexo en grupo, lo que se daría es un ambiente erótico muy cargado, pero después cada hombre se retiraría a alguna habitación apartada para satisfacer sus deseos. Ya que por raro que nos pueda parecer, si los hombres romanos ya eran bastante pudorosos para exhibir sus cuerpos desnudos, imaginaos para una sesión de sexo en grupo.


VI.- ¿Eran los emperadores unos depravados?


Este quizá sea un de los mitos más difíciles de desentrañar, porque se mezclan política, poder absoluto, sexo, y un cambio fundamental para el devenir de la cultura romana: el paso de la República al Imperio. Aunque estos nos pueda parecer un simple cambio político, como ya explicamos en este post sobre 'Poder, moral y sexualidad en Roma', supuso mucho más.

Por lo que muchas de las críticas a los emperadores, no sólo es una crítica a su persona, sino a la propia institución imperial que ellos mismos representan o al cómo han accedido a ella. 


Ahora, ya no es una república entre iguales, ahora hay un princeps, el primero de todos los ciudadanos, que acumula todo el poder político, económico y también social.

Por lo que cuando la figura del princeps se torna en tirano resulta sencillo retratarlo como un depravado. Los propios historiadores latinos a la hora de describir a estos emperadores tiranos los retrataban bajo una serie de rasgos compartidos, donde el elemento sexual siempre estaba presente.



La lujuria y la falta de control de sus pasiones son rasgos propios de Nerón, Calígula o Tiberio, emperadores que dieron rienda suelta a todos sus instintos sexuales, y que a sus despóticas medidas políticas hay que sumar una transgresión de todas las leyes morales: incesto, violación, sexo pasivo, fellatios, cunnilingus, pederastia, transexualidad, incluso bestialismo.

Como bien señala la doctora Elena Torregaray: "No se trata de juzgar los comportamientos sexuales en sí, sino la posición social en la que el Emperador pone a las personas que humilla sexualmente. La perversión sexual se utiliza más bien como metáfora de un régimen político que se pretende corrupto y tiránico y que sólo se mantiene gracias al uso de la fuerza."

Otro tanto pasa con las mujeres que tuvieron un importante papel político, los mitos y habladurías sobre la promiscuidad de Julia o Mesalina ¿eran ciertos o buscaban desacreditar el linaje imperial e impedir que sus hijos fueron los siguientes emperadores?

Aunque, quizás, para saber que hay de cierto tras este mito lo mejor sería preguntaros a vosotros ¿qué harías tú en su caso? Es decir, imagínate que está normalizado en la sociedad tener esclavos para uso sexual, súmale que eres casi un dios en la tierra, y ponle que hastiado de las intrigas políticas prefieres dedicarte a una vida de placer y hedonismo rodeado de absolutas riquezas...

¿Serías un ejemplo de conducta moral para el resto de tus ciudadanos? ¿satisfarías tus deseos y fantasías más ocultas? Tal vez, ahora, ya no los veas como unos depravados.... sino simplemente como seres humanos liberados de las barreras morales que la sociedad nos impone.

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¡¡SI TENÉIS CUALQUIER OTRA DUDA SOBRE CUALQUIER ASPECTO RELACIONADO CON LA SEXUALIDAD DE LOS ROMANOS, NO DUDÉIS EN DEJARLA REFLEJADA EN LOS COMENTARIOS, Y SEGUIREMOS AMPLIANDO ESTA SECCIÓN DE MITOS!!

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BIBLIOGRAFÍA


https://www.diariovasco.com/bidasoa/201407/19/sexo-imperio-romano-libre-20140719000521-v.html


https://nmas1.org/news/2018/08/26/sexo-romanos-ciencia




domingo, 24 de junio de 2018

Matrimonio, divorcio y adulterio en Bizancio

Estamos en el año 615 d.C.; en la ciudad de Éfeso, Leoncio, un artesano de 25 años trabaja en el taller de un importante alfarero de la ciudad. Sus amigos y compañeros de trabajo le apremian a que busque pronto una esposa y tenga hijos ¿quién sino va a cuidar de él cuando sea anciano? Como es un joven perteneciente a las clases populares, su padre le arregla el matrimonio con la tercera hija de un comerciante de la ciudad. Tras un par de reuniones entre los padres de familia, pronto se cierran los acuerdos matrimoniales y la composición de las dotes respectivas.

Recreación de Bizancio.
Su futura esposa, de nombre Elia, acaba de cumplir los 15 años, la edad ideal para empezar a buscar marido. Los padres conciertan una reunión y los jóvenes se conocen, ambos jóvenes están contentos con la elección de sus padres; él es un joven bastante trabajador y con buena fama en el taller; ella es bastante guapa, tímida y su padre un próspero comerciante heleno. Por lo que en tan sólo unos meses ambos jóvenes se casan en una modesta iglesia de la ciudad por el rito cristiano.

El matrimonio es feliz y pronto llegan los hijos al matrimonio; en total tuvieron hasta 5 hijos, de los cuales, sólo tres lograron sobrevivir hasta la edad adulta. Después del quinto hijo, y tras un parto muy sufrido, Elia decide "vivir como hermano" con su marido, y no arriesgarse a tener más hijos.

Elia se convierte en una eficiente ama de casa, los modestos ingresos de su marido son suficientes para que ella no se vea obligada a trabajar, aunque como se le da bien la costura, consigue unos ingresos extras confeccionando vestidos para sus vecinas. Normalmente sólo sale de casa para ir al mercado o ir a la iglesia a rezar, aunque una vez al mes suele ir al baño de mujeres a disfrutar de un rato de ocio.

A pesar de la fortaleza física de su marido, unas fiebres se llevan a Leoncio en el año 640 d.C., Elia, como cualquier mujer bizantina, tiene el derecho a heredar el dinero y las posesiones de su marido y a administrarlo como a ella le plazca. Aunque por suerte, su primogénito, de nombre Nicéfolo, que cuenta ya con 24 años ha demostrado ser un joven respetuoso y buen trabajador, que se gana la vida en el puerto como estibador. Elia descansa tranquila todas las noches, sabe que cuando ya no pueda valerse por sí misma, sus hijos cuidarán de ella.

Recreación ideal de Bizancio.
Este podría ser el retrato de un matrimonio común de cualquier familia que hubiese vivido en época del Imperio Bizantino. Hemos mencionado algunos de los grandes rasgos que definirán el concepto del matrimonio es esta cultura: el intercambio de dotes económicas, la independencia económica de la mujer, el papel social de la mujer, el componente religioso en el matrimonio, ...

Por lo que a lo largo de este post iremos desgranando algunas de estas características, pero empecemos por un ligero esbozo de quizá el punto más importante: la imagen de la mujer en el mundo bizantino.


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Ser mujer en Bizancio


La sociedad del imperio Bizantino fue eminentemente patriarcal, ya que las mujeres no podían ocupar ningún cargo importante en el conjunto de la sociedad.  Y aunque dedicaremos una entrada aparte sobre la vida la mujer en bizancio, a grandes rasgos se puede decir que el papel de la mujer ideal estaba constituido por cuatro "etapas": La primera es la virgen, una joven que debe permanecer fiel a su padre y familia. La segunda, sería la etapa de esposa, para posteriormente ser madre y finalmente, viuda.

El papel de la mujer estaba enfocado al matrimonio como objetivo final para una mujer de respeto, siendo sus principales ocupaciones el cuidado del hogar y de los hijos.



Aunque en el caso de la sociedad bizantina, encontramos una gran diferencia respecto a otras sociedades de la época, ya que aunque la ley discriminaba a las mujeres, al menos les permitía gozar de un alto grado de independencia económica no visto hasta prácticamente nuestros días.

Mosaico bizantino.

Las mujeres podían heredar las propiedades de sus padres y marido, las mujeres casadas podían gestionar sus dotes e incluso comprar o invertir en propiedades, tiendas o negocios sin necesitar el consentimiento de su marido. Las mujeres, además, también podían gozar de cierta educación cuando eran pequeñas, por lo que no era raro encontrar mujeres que supiesen leer o escribir, y no sólo mujeres de clases altas, cuyo acceso a la educación era mucho más sencilla, a través de turores personales.

Las leyes, en ausencia del marido, convertían a las mujeres en dueñas del hogar, con un control total de las propiedades y los intereses de los hijos.



 

Evolución del concepto de matrimonio


El concepto de matrimonio sufrió una mutación según se iba instalando el cristianismo en el Imperio Bizantino, especialmente entre las clases populares. En el mundo antiguo romano existían varias formas de plasmar un matrimonio, la más sencilla era que ambos cónyuges hiciesen una vida en común, sin ser necesario ningún tipo de rito o celebración oficial. 

Pero según fue ganando peso la Iglesia, el matrimonio fue adquiriendo mayor importancia en la sociedad y por lo tanto en la legislación.  


Roma, Santa Maria in Trastevere.
Mosaico. S.XIII
Este cambio de religión, Bizancio se convirtió al cristianismo en el 380 d.C.; trajo importantes cambios sociales. La principal preocupación de la Iglesia era cómo vivían las parejas bizantinas, por lo que empezaran a surgir numerosas reglamentaciones matrimoniales, tanto desde la legislación religiosa como civil. En sus inicios impidiendo los matrimonios mixtos religiosos, regulando los matrimonios consanguíneos , o la cantidad de matrimonios permitidos para una misma persona, buscando preservar la idea de la santidad del matrimonio cristiano.

Pero hay que tener en cuenta que esta tradición romana laxa del matrimonio se perpetuó durante buena parte de la Edad Media, así por ejemplo, la imposición de sacralizar un matrimonio con la presencia de un sacerdote que lo bendiga no se instauró hasta casi finales del primer milenio.

En conclusión, podemos decir que progresivamente la institución del matrimonio pasó de ser un hecho privado entre dos personas o dos familias a un acto oficial, un sacramento religioso, que se oficializa mediante una celebración religiosa, la escrituración u otras medidas externas como la transferencia de bienes.

Por último, añadir que, a grandes rasgos, y para no aburrir con tecnicismos, se pueden diferenciar dos tipos de matrimonios en el derecho bizantino: el matrimonio escrito y no escrito; y aquel que incluye transferencia de bienes o el que no.

Legislación y matrimonio


Hemos visto como el concepto de matrimonio fue ganando peso paulatinamente en la sociedad romana con la llegada del cristianismo, esto tuvo su reflejo en el mundo del derecho y la legislación.

Por lo que veremos como desde época imperial tardía se pone especial hincapié en legislar sobre aquellas cuestiones más imprescindibles para mantener este nuevo orden social, por lo que las cuestiones matrimoniales ocuparán un lugar preferente en la legislación medieval europea.

Hasta llegar a la situación en la que el matrimonio debía darse dentro de las leyes religiosas y legislativas del Imperio Bizantino, que regulaban de forma bastante específica como debía ser.


Edad del Matrimonio


La edad del matrimonio como en casi cualquier sociedad preindustrial era muy temprana. La legislación bizantina permitía que una niña se prometiera a la edad de 7 años, y aunque posteriormente se retrasó la edad a los 12 años, sabemos que hubo casos de niñas prometidas con tan sólo 5 años. 

La edad mínima para el matrimonio eran los 12 años para las chicas y 14 para los chicos. Por lo que normalmente todas las mujeres estaban casadas antes de cumplir los 18 años. 


Vestidos de mujer. Siglo VI d.C.
El motivo para que las parejas contrajesen matrimonio en edades tan tempranas responde a diversas necesidades: La primera, asegurar la virginidad de la novia, en una sociedad donde el máximo valor de una mujer era su virginidad, cuanto antes se casase menos riesgo a que la perdiese. El segundo gran motivo, era la alta tasa de mortalidad infantil que, sumada a la baja esperanza de vida de las personas, hacía necesario aprovechar al máximo los años más fértiles de una mujer, para que pudiese aportar el mayor número de hijos posibles al matrimonio.

Estos matrimonios a edades tan tempranas podían acarrear numerosos problemas para las mujeres, especialmente si se casaban con hombres ya adultos. Así sabemos, por ejemplo, que la hija de Andrónico II, con tan sólo 5 años se comprometió con el rey de Serbia, y debido a las prematuras relaciones sexuales sufrió lesiones irreversibles que le impidieron engendrar hijos.

Como era habitual el matrimonio no era cosa de amor, normalmente eran las familias las que acordaban el enlace, atendiendo más bien a cuestiones económicas o hacendísticas que a la opinión que pudiesen tener los futuros esponsales. Hay que pensar que era dífícil que una simple niña se opusiese a la opinión de su familia sobre el matrimonio concertado, aunque en caso de negarse siempre podía optar por entregarse a Dios.

¿Matrimonios por amor?


Aunque existe cierta idea general que esto de casarse por amor es un concepto relativamente contemporáneo, hemos visto en nuestro ejemplo como en la mayoría de familias humildes, aunque los matrimonios los organizasen los padres, sí que se tenía en cuenta que existiese cierta compatibilidad entre los futuros esposos, o al menos se podía tener en cuenta su opinión. También si los jóvenes habían crecido juntos en un mismo pueblo o barrio y se conocían y se llevaban bien, era probable que las madres, siempre conocedoras de todo lo que les pasa a sus hijos, intentasen arreglar ese matrimonio a través de sus maridos.

Pero en una sociedad tan patriarcal como la bizantina, donde las mujeres, incluso antes de dar sus primeros signos de madurez sexual, eran estrechamente vigiladas y controladas, es difícil imaginar un matrimonio por amor, como lo conocemos actualmente.


Otro caso distinto eran los matrimonios entre familias ricas y poderosas, donde primaban mucho más  intereses económicos o hacendísticos a la hora de programar el matrimonio de los hijos.

A todo esto, hay que sumar la edad de los futuros esposos, y analizar que capacidad de crítica o de rebeldía podía tener una niña, apenas entrada en la adolescencia, para oponerse a la opinión de sus progenitores.

 


Aunque seguramente la mejor idea sobre el amor en el matrimonio nos los traslada el arzobispo de Constantinopla Juan Crisóstomo, cuando decía que "El amor mutuo y la dedicación de los esposos era una realidad atesorada, un remanente de la existencia paradisíaca original de la primera pareja", es decir, la gente no se casaba por el amor, sino que el amor surgía cuando la gente se casaba.

Para aquellas personas de corazón más romántico decirles que sabemos que, incluso entre las clases sociales más altas, existieron historias de amor románticas, como bien refleja su literatura. Relatos de amor cuyos protagonistas solían ser un hombre común o un caballero torturados de amor al ver que su amada ingresaba en un convento.



Acuerdos Matrimoniales


Durante la ceremonia de los esponsales, y para garantizar el cumplimiento del compromiso, la familia del novio se comprometía con los "arra sponsalicia", un regalo que en caso de romper el compromiso se quedaba la familia de la novia; en el caso contrario, si era la novia la que rompía el compromiso tenía que devolver los arra, más una suma económica equivalente.

Por contra, la familia de la novia era la encargada de aportar un elemento esencial para cerrar el acuerdo matrimonial: la dote. Y aunque el marido tenía derecho a administrar la dote, ésta seguía perteneciendo a la mujer de por vida. Así, si el marido fallecía o si había divorcio la dote volvía a la mujer, o en caso de que muriese la mujer y ésta no hubiese aportado hijos, la dote volvía a la familia de la mujer.

Anillo de boda

En el contrato matrimonial también se le solía exigir al marido una donación para la esposa, denominada "donatio propter nuptias" o "hipóbolon", equivalente a la mitad o a la tercera parte de la dote. En los documentos posteriores al siglo X se menciona otra donación matrimonial por parte del hombre denominada "theóretron". Estas cuotas pasaban a manos de la mujer o de los hijos en casa de fallecimiento del marido. 


Ritual del matrimonio


La celebración del matrimonio implicaba un complejo ritual con numerosos actos simbólicos y ceremonias. Se iniciaba con un baño ritual donde la novia se purificaba, después se dirigía a la novia vestida de blanco, dónde el novio la esperaba. Después del típico sermón, la pareja era bendecida por el sacerdote encargado de conducir la ceremonia y los coronaba con unas coronas matrimoniales. La ceremonia terminaba con el intercambio de anillos y bebiendo la sangre de cristo del mismo cáliz.

Una vez terminada la ceremonia oficial la pareja se dirigía a casa del novio seguida de toda la comitiva nupcial que entonaba canciones nupciales llamadas "epithalamia", de claro carácter jocoso y algo subidas de tono, para animar a los novios a consumar el matrimonio en la habitación, mientras el resto de invitados seguía de celebración.

Mosaico religioso.


Divorcio


A pesar de la libertad absoluta que existió en el derecho romano para la disolución unilateral del matrimonio, bajo el gobierno de los emperadores cristianos, se empezó a cuestionar el divorcio, por el carácter sagrado que adquiría el matrimonio. 


Por lo que, tras numerosas regulaciones, finalmente fue Justiniano el que sentó las bases sobre el derecho al divorcio en el mundo bizantino.

Las causas de divorcio para el varón eran:
- Que la mujer conociese un crimen de alta traición y no lo revelase.
- Que la mujer fuese adúltera
- Intento de asesinato contra el marido.
- Actos moralmente sospechosos contra la voluntad del marido (pasar la noche fuera del hogar, participar en banquetes o baños colectivos con otros hombres, etc)

Las causas de divorcio para la mujer eran:
- La participación del marido en crímenes de alta traición.
- Atentado contra la vida de la mujer.
- Atentado contra el honor de la mujer (ser acusada falsamente de adulterio).
- Relación extraconyugal estable del marido.

Después existían otros motivos como podían ser la impotencia o la esterilidad de alguno de los miembros del matrimonio, la elección de la vida monástica o un cautiverio de larga duración. Pero como vemos el divorcio sólo podía darse por causas muy graves dentro del matrimonio, siendo un estigma social para la mujer divorciada, lo que provocaría que su vida se volviese aún más difícil. Así que la única solución para cualquier mujer que se divorciase era ingresar en un convento.



Adulterio


Se daba por hecho que una mujer debía obedecer siempre a su marido y serle fiel, por lo que el adulterio era un delito bastante grave, especialmente si la infiel era la mujer. 


Mosaico de la emperatriz
Teodora de Bizancio
Aunque en los primeros siglos las penas podían contemplar la muerte de los adúlteros, con el paso de los siglos, se fue suavizando la legislación a penas de mutilación (se les cortaba la nariz), destierro, penas económicas o encierros en conventos. El marido, sólo era sancionado, si cometía adulterio con otra mujer casada. El derecho canónico también contemplaba graves penas para las adúlteras como podía ser la excomunión o penitencias.

Pero si a alguien hay que agraedecer el aumento de los derechos de las mujeres en la cultura bizantina es a la emperatriz Teodora, quién se involucró personales en las reformas legales y espirituales de Justiniano, sobre todo en aquellas que otorgaban mayores derechos a las mujeres, especialmente los de las mujeres de más baja extracción social.

Así entre sus logros podemos destacar la prohibición de la prostitución forzosa, el aumento de derechos para la mujer en los casos de divorcio y en los referentes a sus derechos de propiedad, y fue quien promulgó la prohibición de asesinato sobre las mujeres que habían cometido adulterio.


Bibliografía


Guiglielmo CAVALLO y OTROS: El Hombre bizantino; Alianza Ed. Madrid, 1994.
Alice‑Mary TALBOT: La Mujer en Bizancio Medieval; 153‑184


Women and marriage in Early Byzantium
https://globalconnections.champlain.edu/2015/04/17/women-and-marriage-in-early-byzantium/

Spyros Troianos, EL DIVORCIO EN EL DERECHO BIZANTINO
Y POSBIZANTINO, Ivs Fvgit, 20, 2017, pp. 443-448, Universidad de Atena