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sábado, 12 de agosto de 2023

Los gabinetes secretos de la Nobleza española

4.- El Infierno de la Biblioteca Nacional Francesa
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  Los gabinetes reservados de la nobleza hispánica:

Esta temprana afición de la nobleza por los gabinetes secretos se confirma con la colección que creó el polémico secretario de Felipe II, Antonio Pérez, que en muy poco tiempo fue capaz de acumular una gran fortuna e invertir parte de ella en decorar una sala reservada, de claro carácter erótico, en su residencia urbana cerca de Atocha, donde se podían contemplar joyas de la pintura universal como el 'Adán y Eva' de Tiziano o varios de los famosos 'Amores de Júpiter' de Correggio.

Adán y Eva, de Tiziano.
Museo Nacional del Prado.

Por otro lado, algunos de los nobles enviados por la Corona a los distintos territorios europeos aprovecharon su estancia en el extranjero, lejos de la mirada inquisitorial, para formar sus propias pinacotecas.

Sabemos que el VI conde de Monterrey, embajador en Roma y virrey de Nápoles, o el I Marqués de Leganés, gobernador en Flandes, fueron grandes coleccionista de arte, existiendo entre sus posesiones destacados desnudos femeninos. El susodicho Marqués de Leganés, logró reunir una colección de más de 1000 lienzos, reservando una sala de su palacio de Morata de Tajuña exclusivamente a aquellos cuadros con representaciones de mujeres desnudas.

Contamos además con el excelente trabajo del profesor García Cueto, "La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII", donde se nos desvelan tres pinacotecas nobiliarias en el Madrid del siglo XVII con un alto componente erótico, como fueron la del marqués del Carpio, la del almirante de Castilla y la del marqués de Castel Rodrigo.

Gracias al inventario realizado en su momento a estas colecciones, sabemos que los Almirante de Castilla, tanto padre como hijo, cultivaron un gusto muy desarrollado por las obras de arte, manteniendo una inmensa pinacoteca ordenada en diferentes estancias y habitaciones de manera temática, por lo que sabemos que existieron dos habitaciones destinadas a albergar únicamente obras de desnudos, tanto mitológicos como bíblicos, entre los que destacaban una Diana desnuda, un rapto de Proserpina, una Bacanal, una Betsabé en el baño y alguna que otra Venus.

Pero si hay que destacar dos gabinetes reservados estos son el del Marqués del Carpio y el de Manuel Godoy, ya que ambos parecen tener una clara intencionalidad erótica, es decir, su pasión por las pinturas de desnudos iba mucho más allá de un mero placer coleccionista o de una simple moda pasajera.

Sus gabinetes fueron creados para deleitar los sentidos y cargar esas estancias de un ambiente erótico para desatar la pasión amorosa de sus visitantes.



El palacete del amor del Marqués del Carpio


El marqués del Carpio, más conocido como don Gaspar de Haro y Guzmán fue uno de los más destacados coleccionistas de arte de su tiempo, logrando atesorar más de 3.000 lienzos. A esto hay que sumar una vida personal algo libertina y disipada, salpicada por escándalos de índole sexual.

Por lo que el marqués contaba con todos los ingredientes para formar una de los gabinetes secretos más importantes de todos los tiempos, más aún, si sabemos que la joya de su corona, era nada más y nada menos que la excepcional y trasgresora 'Venus del espejo' de Velázquez.

Venus del espejo, de Diego Velázquez.
National Gallery, Londres.

Además, también sabemos que el marqués acondicionó un pequeño palacete en Huerta de Sora, para instalar allí a sus diferentes amantes y convertir ese espacio en su refugio para sus aventuras extraconyugales, por lo que no dudó en decorarlo con evidentes motivos sensuales, tal y como sugieren las descripciones de varios de sus techos pintados al temple, por lo que algunas de sus estancias tuvieron que ser toda una "exaltación visual del amor".


El gabinete de Manuel Godoy


Aunque, sin duda, el gabinete nobiliario más famoso de todos los tiempos fue el del extremeño Manuel Godoy, válido de Carlos IV, y uno de los personajes más poderosos su época. Quien gracias a su creciente fortuna, su influencia y su desmedido poder fue capaz de atesorar en su colección privada más de 1000 pinturas, repartida entre sus numerosos palacios y mansiones.

Pero si lo traemos a este blog es porque en unos de sus palacetes de Madrid, el conocido como Palacio de Godoy, albergó uno de los mejores gabinetes de desnudos de la historia del arte. 
 
Sabemos que adquirió de manos de la XIII duquesa de Alba dos de los desnudos más controvertidos de su época: 'La Venus del espejo' de Velázquez y 'La escuela del amor' de Correggio.
 
LA MAJA DESNUDA

Pero su fascinación por la pintura de carácter erótico iba mucho más allá, ya que no dudó en encargar uno de los cuadros más polémicos de todos los tiempos a otro genio de la pintura. Estamos hablando de 'La maja desnuda' de Francisco de Goya, un cuadro envuelto en continúas polémicas y debates: ¿quién lo encargó?, ¿quién es la mujer representada? ¿cuándo se pintó?. Nosotros nos sumamos a la teoría de que el lienzo fue un encargo de Godoy a su protegido Francisco de Goya, un cuadro sólo para su disfrute personal, ya que la mujer retratada era su joven amante Pepita Tudó.

Las Majas de Goya.

 

Pero este lienzo va mucho más allá de cualquier representación anterior, ya vimos en anteriores post, cómo aquellos cuadros con desnudos de mujeres habían despertado cierto rechazo por parte de las autoridades oficiales, pero artistas y mecenas escudándose en la representación de temas mitológicos o bíblicos habían podido explorar la sensualidad del cuerpo femenino.

Pero es ahora, la primera vez en la historia del arte, donde se representa una mujer desnuda mostrando el vello púbico, sin más, sin ningún tipo de trasfondo bíblico o mitológico, una mujer, sensual, altiva y desafiando con la mirada al espectador, haciendo de este cuadro una de las obras más eróticas y sensuales de todos los tiempos.

¡Hay que imaginarse el asombro que tuvo que causar dicha representación en su tiempo!


Así pues la existencia de su gabinete privado vendría confirmado por las numerosas visitas que por allí pasaron, como la del grabador Pedro González de Sepúlveda de quién obtenemos la primera referencia sobre la existencia de 'La maja desnuda': "colgaba allí en un «gavinete interior» junto con otras Venus, una desnuda de Goya pero sin divujo ni gracia en el colorido".

Por lo que Godoy, siendo el personaje más poderoso de su tiempo, no tuvo ningún reparo en mostrar abiertamente este comprometido gabinete a amigos y conocidos, decorado con algunas de las más hermosas y sensuales Venus realizadas por pintores de la talla de Velázquez o Tiziano. 

Además todo parece indicar que Godoy se guardaba una sorpresa final para sus visitantes...

Es muy probable que 'La maja vestida' estuviese sobrepuesta sobre 'La maja desnuda', y mediante la activación de algún mecanismo de poleas, la primera maja se deslizase para descubrir a la maja desnuda.


Pero en 1808, tras el desastre de Trafalgar y la invasión de las tropas napoleónicas, estalla el Motín de Aranjuez, produciéndose la caída de Godoy, a quién el pueblo señaló como el gran culpable de la situación del país. Gran parte de sus bienes fueron saqueados, y su pinacoteca fue confiscada tanto por parte del Estado como por tropas napoleónicas.

Como dato curioso, y para poder comprender el peso que ha tenido la Iglesia en nuestro país, apuntar que su pinacoteca, una vez confiscada, fue revisada por la Santa Inquisición (vieja enemiga de Godoy), catalogando muchas de sus obras como obscenas. Su poder era tal, que hicieron comparecer ante sus tribunales al mismísimo Francisco de Goya, todo un pintor real, para interrogarle entre otras cosas por sus majas. Aunque poco más se sabe de este asunto, ya que gracias a la mediación de algún personaje influyente el caso fue sobreseído...

Pero las majas, y otras pinturas indecorosas, fueron enviadas a la real Academia de Bellas Artes de San Fernando, permaneciendo enclaustradas, lejos de miradas indiscretas hasta prácticamente el siglo XX.

Conclusión

Como hemos podido comprobar a lo largo de esa serie de post parece que hubo una cierta tendencia entre la aristocracia cortesana madrileña a crear "gabinetes secretos" o como mínimo a coleccionar obras de artes con una alta carga de erotismo. Seguramente los motivos de cada persona fuesen distintos: desde los más puristas del arte que solo querían coleccionar obras de arte, pasando por aquellos que buscaron en los temas mitológicos dar esplendor y solera a sus casas, hasta los nobles más libertinos que no dudaron en crear auténticas salas de placer visual hedonista, ya fuese para presumir con sus amistades más íntimas, o para dar rienda suelta a sus más hondas pasiones o perversiones.




BIBLIOGRAFÍA


GARCÍA CUETO, D.; La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII, Visiones de pasión y perversidad / coord. por Víctor Manuel Mínguez Cornelles, Inmaculada Rodríguez Moya, 2014, págs. 40-57
GEORGE, B., Las lágrimas de Eros, Barcelona, Tusquets, 1997.EDWARD, L., Sexuality in Western Art, Londres, Thames and Hudson, 1991.
MORÁN, M. y CHECA, F., El coleccionismo en España, Madrid, Cátedra, 1985.
PORTÚS, J. La Sala Reservada del Museo del Prado y el coleccionismo de pintura de desnudo en la Corte española, 1554-1838, Madrid, Museo del Prado, 1998.
VV. AA., El desnudo en el Museo del Prado, Madrid y Barcelona, Fundación Amigos del Museo del Prado y Círculo de Lectores, 1998.


[En Internet]

La colección de arte de Godoy en
https://art-y-cultura.blogspot.co.uk/2015/06/la-coleccion-de-arte-de-godoy-digna-de.html

sábado, 26 de octubre de 2019

Imperia: La primera cortesana

Parte I: El Concilio de Constanza: prostitutas, cortesanas y una estatua.
Parte II: Imperia, la primera cortesana.
Parte III: Cortesanas poetisas, prostitución en la Italia del Renacimiento.

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Imperia: el nacimiento de un mito


Aunque conocemos bastantes detalles de la vida de Imperia Cognati durante su vida en Roma, poco o nada sabemos de lo que sucedió durante su estancia en Constancia, más allá de lo relatado por la pluma y la imaginación de Balzac en su obra "La Bella Imperia", donde nos narra, el ambiente lascivo de aquel Concilio y las intrigas urdidas por esta enigmática mujer.


"Era Imperia la más preciosa y caprichosa de las mujeres de mundo, además de pasar por ser la más inteligentemente bella y la que mejor se las componía para engatusar a los cardenales, galantear a los más rudos soldados y opresores de pueblos. Era dueña de valerosos capitanes, arqueros y señores, deseosos de servirla en todo. Con sólo una palabra podía acabar con la vida de aquellos que se mostraban impertinentes.

La derrota de un hombre no le costaba más que una gentil sonrisa; y a menudo por muy Señor de Baudricourt que era, un capitán del Rey de Francia le preguntaba, haciendo burla de los abades, si aquel día debía matar a alguien para ella. Excepto los potentados del alto clérigo con los cuales Doña Imperia componía finalmente su ira, los tenía a todos bajo su férula por la virtud de su pico y de sus amorosos modales, que tenían a los más virtuosos e insensibles apresados como los pajarillos en liga. Por eso, vivía tan querida y respetada como las verdaderas damas y princesas, y se le daba el trato de señora…”

Retrato de Imperia en "El Parnaso" de Rafael como la poetisa Safo.

Es evidente que su presencia tuvo que causar estragos entre los grandes prohombres allí reunidos, y conociendo el carácter mujeriego del Emperador, parece claro que tuvo que fijarse irremediablemente en ella. 


Aunque nunca sabremos hasta qué punto su influencia tuvo algo que ver en la elección del nuevo Papa, el cardenal Otón de Colonna, elegido en 1417 bajo el nombre de Martín V, un miembro de una de las familias aristocráticas romanas más antiguas y con mayor influencia de su época. 

Esta elección dio fin al Gran Cisma de Occidente, tras casi cuarenta años de disputas, y volvió a situar a Roma (ciudad donde residía Imperia) como sede del trono de San Pedro, recuperando su grandeza, tras más de un siglo de saqueos,  abandono y guerras, tanto externas (con la vecina Pisa) como internas (lucha encarnizada entre las principales familias de la ciudad). El Papa, por fin, volvía a ser una sola persona y se asentaba en la ciudad eterna tras haber habido sedes papales en lugares tan dispares como Pisa, Aviñón e incluso ¡Peñíscola!


La primera cortesana: Imperia Cognati


'El triunfo de Galatea' de Rafael.
Imperia aparece en el centro del cuadro
Imperia, nacida en torno al año 1486, fue hija de Diana di Pietro Cognati, una famosa prostituta romana, su padre tuvo que ser algún personaje importante de la corte romana, por lo que muchos han querido atribuirle la paternidad a Paris de Grassis, maestro de ceremonias del Papa Julio II, ya que el testamento de Imperia estaba firmado bajo el nombre de Imperia de Paris.

A pesar de sus orígenes tuvo una educación excelsa, ya que nada más entrar en el mundo de la prostitución fue conocida por su encanto e inteligencia, convirtiéndose en el prototipo de mujer cortesana: refinadas, cultas, poetisa y versada en toda clase de artes.
 

Fue apodada "La Divina" o  "La Reina de las Cortesanas". Su origen, aunque incierto, se sitúa en la ciudad de Roma, y destacó no sólo por su belleza, sino también por su inteligencia, su trato elegante y distinguido, y su habilidad en diversas artes como la poesía o el arpa. 

Por ello, ha sido considerada la primera cortesana, una figura que se popularizó enormemente en la Italia del Renacimiento.


Retrato de A. Chigi
Su belleza y sus encantos hizo acrecentar enormemente su fama siendo cortejada por toda la corte eclesiástica y nobiliaria romana, aunque parte de su éxito residía en presentarse como una mujer inalcanzable, por lo que seleccionaba muy bien a sus amantes.

El gran amor de su vida fue el banquero Agostino Chigi, al que apodaban "el banquero más rico del mundo", que financió el alto nivel de vida de Imperia, manteniendo un palacio en Roma, así como una villa rural a las afueras de la ciudad.


Otra de esas leyendas que corren en torno a su figura es sobre el lujoso estilo de vida que llevaba. Se cuenta que su casa estaba tan llena de riquezas y obras de arte como el palacio de un príncipe, por lo que cuando el embajador español en Roma asistió a su vivienda y se atragantó no le quedó más remedio que escupir sibre un sirviente de Imperia, ya que era lo único en aquella casa que podía ser mancillado.

Entre la lista de amantes que tuvo hubo banqueros, como Agostino Chigi o Angelo di Bufalo, poetas como Blosio Palladio o Filippo Beroaldo, altos cargos eclesiásticos como el cardenal Jacopo Sadoleto o el bibliotecario papal Tommaso Inghirami, y ¡cómo no!, no podía faltar un genio del renacimiento como el pintor Rafael.

Entre sus amantes se encontraba el genio del renacimiento Rafael, que no dudó en pedir sus servicios como modelo para inmortalizar su belleza en varias de sus obras.


Según los historiadores del arte su retrato aparece en varias obras realizadas por Rafael:
- La primera de ella sería "El triunfo de Galatea" obra encargada por el banquero Chigi para decorar su villa, posteriormente conocida como Villa Farnesina.
- También aparece en los frescos que decoran la tumba del banquero en la Iglesia de Santa María de la Paz (Roma) representada como una de cuatro sibilas que acompañan a un ángel.
- Y por último, como la poetisa Safo en "El Parnaso", una espectacular pintura mural realizada en el Palacio del Vaticano.


Frescos de la Iglesia de Santa María de la Paz (Roma).
Imperia sirvió de modelo para representar a una de las sibilas.

Era tal su belleza que se popularizó la frase de que Roma había sido dos veces bendecida por los dioses: Una vez bajo los auspicios del dios Marte, el dios de la guerra, que les dio el Imperio Romano; y otra vez por la gracia de Venus que les otorgó la belleza de Imperia. 

Muerte

Tuvo una hija llamada Lucrecia a la que nunca le faltó de nada, no sólo por las riquezas de su madre, sino por la protección que siempre le ofreció su más que probable padre, el banquero Chigi. A la muerte de su madre, Lucrecia heredó su enorme fortuna.

Sobre la muerte de Imperia corren toda clase de rumores: algunos apuntan que se suicidó envenenándose por un mal de amor, otros por un asunto de honor donde el Papa Julio II exigió su muerte. Y es que este tipo de muerte trágica siempre adorna más la bibliografía de un personaje tan fascinante como Imperia. Pero el famoso poeta Pietro de Arentino, contemporáneo de Imperia, escribió que la primera de las cortesanas murió en su lecho "rica, venerada y digna en su propia casa.

Los funerales fueron todo un acontecimiento en Roma ya que fueron financiados por Agostino Chigi e Imperia fue enterrada con todos los honores en la Iglesia de San Gregorio al Celio en Roma.


Podéis ampliar la información sobre la interesante figura de estas mujeres cortesanas cuya figura se popularizó en las ciudades estado italianas durante el Renacimiento en nuestra entrada: Cortesanas poetisas: La prostitución en la Italia del Renacimiento.

 

Bibliografía


https://www.laviajeraempedernida.com/constanza-el-lago-y-las-cortesanas-del-concilio/

 https://www.opinion.com.bo/articulo/ramona/el-concilio-de-constanza/20140511235000666898.html

https://periodicoirreverentes.org/2012/11/08/ciertos-lugares-imperia/
https://www.opinion.com.bo/articulo/ramona/el-concilio-de-constanza/20140511235000666898.html

sábado, 2 de julio de 2016

Salas secretas y pinacotecas eróticas en la España Moderna

Las 'Salas Secretas' de los Museos:
1.- Gabinete de Objetos Obscenos de Nápoles
2.- British Secretum, el armario 55
3.- Salas secretas y pinacotecas eróticas en la España Moderna
3.1.- La Sala Secreta del Museo del Prado
3.2.- Los gabinetes reservados de los nobles  
4.- El Infierno de la Biblioteca Nacional Francesa

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  Salas secretas y pinacotecas eróticas en la España Moderna:

Para facilitar la lectura de este tema y no hacer una entrada demasiado extensa hemos decidido dividirla en varios capítulos:
- Este primer capítulo se puede considerar como una gran introducción general, donde a grandes rasgos veremos la conformación de las distintas salas reservadas.
- En una segunda parte explicaremos con más detalle el surgimiento y las vicisitudes de la gran pinacoteca de carácter erótico que mantuvo la Monarquía Hispánica, y que a la postre fue el germen fundacional de la Sala Secreta del Museo del Prado.
- Por último, en el tercer capítulo cerraremos este tema analizando los principales gabinetes reservados de la aristocracia española, unas colecciones que aunque de carácter privado, no tuvieron nada que envidiar a la de la casa real, ya que albergaron grandes obras de la pintura universal como 'La Venus del espejo' de Velázquez, o las 'Las Majas' de Francisco de Goya.

Introducción

Ya hemos visto en este blog como, a lo largo de la historia, los mayores consumidores de obras eróticas o pornográficas han sido precisamente aquellos representantes del pueblo a los que se les estimaba una más alta consideración moral, ya fuese por su dignitas o por su condición social.

Es decir, normalmente han sido los personajes más ricos y poderosos de la sociedad los que se han podido permitir atesorar obras y colecciones de lo más atrevidas. Ya vimos como en la Antigua Roma ricos patricios romanos decoraban sus lujosas villas con todo tipo de frescos o esculturas de carácter erótico, y es bien sabido el carácter lascivo de muchos de los emperadores romanos que no dudaron en crear auténticos palacios de la perversión y el vicio.

Venus del Espejo, Diego Velázquez.
National Gallery, Londres.


Un vicio muy real....

Pero esta moda no sólo fue cosa de los depravados romanos, en esta entrada veremos como en la muy cristiana y devota España de la Contrarreforma, algunos de sus principales personajes, precisamente aquellos encargados de velar por la integridad moral de sus súbditos y lacayos, también cultivaron ciertos placeres ocultos.

Encabezaron esta moda los grandes monarcas de la cristiandad, que crearon salas íntimas de descanso, donde guardaban algunas de sus más preciadas pinturas. Posteriormente, cuando las colecciones reales empezaron a mostrarse al público, estas mismas obras se custodiaron en salas reservadas sólo aptas para ciertos estudiosos o personas de moral íntegra.

Por lo que casi todos nuestros reyes, a excepción de Carlos III, que quiso quemar gran parte de los desnudos eróticos de la colección real, fueron grandes coleccionistas de arte erótico... Empezando por el muy devoto Felipe II, o el promiscuo Felipe IV, que engrandeció la colección real con las pinturas más sensuales de Rubens, hasta llegar a nuestra Edad Contemporánea con el también lascivo Fernando VII.

Así es bien sabido que la primera gran colección de obras de arte de marcado carácter erótico fue creada por el piadoso y católico Felipe II, quién no dudó en encargar al maestro del erotismo, Tiziano, sus famosas "poesías": Un conjunto de obras mitológicas (Danea, Venus y Adonis, Perseo y Andrómeda, Diana y Acteón, Diana y Calisto y El Rapto de Europa) realizadas para ser vistas en conjunto, casi desde la perspectiva de un voyeur, y que formaron una de las más formidable colección de desnudos de la época.

Danae recibiendo la lluvia de oro, Tiziano.
Museo del Prado.
Por lo que suponemos que los rumores sobre la existencia de esta privada colección real despertó la admiración y la envidia del resto de nobles y burócratas reales, queriendo ellos mismo emular estos gustos reales y decorar sus propios palacios con las últimas modas llegadas de los muy humanistas y refinados estados italianos.

Así que desde muy pronto algunos miembros de las más altas casas nobiliarias, cuyas fortunas y posición social les permitían saltarse ciertos escollos morales (y legales), también crearon sus propios gabinetes secretos, iniciándose una tradición de pinacotecas eróticas que podemos rastrear desde la segunda mitad del siglo XVI hasta prácticamente nuestros días.


Las pinacotecas eróticas de los nobles.
La escuela del amor, Correggio.
National Gallery (Londres).

A pesar del férreo control que quiso imponer la Iglesia Católica sobre la creación y posesión de obras de arte de carácter erótico, es evidente que muchos nobles, ya fuese por un placer personal, por cierto esnobismo, o por emular ciertas modas de las grandes monarquías europeas, atesoraron un gran número de obras pictóricas, donde los desnudos, a pesar de su supuesto trasfondo bíblico o mitológico, podían ser considerados bastante atrevidos para la época, ya que realmente el desnudo era el gran protagonista de la obra.

Y es que como venimos insinuando desde el inicio de esta entrada, la posesión de ciertas obras de carácter erótico, va más allá del mero placer personal y hedonista, es una forma de mostrar y exhibir cierto poder social, ya que sólo los personajes más poderosos pueden saltarse ciertas convenciones sociales y transgredir unas normas impuestas al resto de la sociedad. Por lo que la creación de estos gabinetes secretos son una muestra más de cómo, desde siempre, han existido diferentes normas morales según la posición social del individuo.

Así pues, las colecciones de temas mitológicos, donde los desnudos ocupaban un lugar central, fueron muy habituales entre las familias aristocráticas, especialmente entre aquellos nobles que habían estado en contacto con las culturas flamencas o italianas, territorios mucho más abiertos y permisivos en todo lo relativo a la moral, por lo que la moda de los desnudos pictóricos pronto se expandió entre las principales familias nobiliarias, despertando el fuerte rechazo de algunos de los principales moralistas de la época.

Iglesia y censura

A pesar de todo lo descrito hasta ahora, no hay que olvidar que estamos en la España de la Contrarreforma, Europa se desangra en guerras de religión, por lo que el poder y la influencia de la Iglesia crece de manera exponencial justamente en estas centurias, creándose su temible y poderoso brazo armado... la Inquisición. 

Por lo que la presencia de la sombra de la Inquisición estuvo siempre muy presente, especialmente en todo lo relativo a las artes, y especialmente sobre el mundo de la pintura, ya que al ser una de las artes con más "libertad expresiva" fue vigilada estrechamente.
Lot embriago por sus hijas, Francesco Furinni.
Museo Nacional del Prado.
Y es que en el siglo XVI, los desnudos aún eran una rara avis en el mundo del arte, por lo que estos primeros desnudos fueron duramente criticados tanto desde el ámbito artístico como desde posiciones teológicas y moralistas.

Para que nos hagamos una idea señalar que la mayor parte de los artistas, para realizar pinturas de cuerpos femeninos, tenían que recurrir a copias de esculturas romanas, ya que la visión de un cuerpo real femenino para su plasmación en un lienzo podía acarrear funestas consecuencias tanto para el artista como para la modelo.

Y es que la Iglesia consideraba estas obras auténticos pecados mortales. Incluso se escucharon voces, como la de Bernardino de Villegas que denunciaba expresamente que algunos se permitieran «las indecencias de pinturas profanas […] por adorno de sus galerías y recreo de sus sentidos». Más allá iba el poeta fray Hortensio Félix Paravicino que proponía la destrucción de todas aquellas obras pictóricas con representaciones de desnudos.
Y como apuntamos en la introducción tenemos suerte de conservar algunas de estas grandes joyas universales, ya que en 1762, el muy ilustrado Carlos III por influencia de su confesor el padre Eleta estuvo a punto de condenar a la hoguera muchas de las obras de su colección real, ya que estos lascivos cuadros sólo servían para excitar las mentes y eran contrarios a la moral pública. Sólo la intervención del pintor Meng y el Marqués de Esquilache lograron evitar tal desastre, ya que aludiendo valores artísticos, lograron convencer al monarca de salvar las obras.

Así vemos como la relación entre el desnudo y la censura era objeto de continúas polémicas, por lo que una de las formas de sortear la censura era encargar las obras a artistas extranjeros, ya que podían trabajar en sus estudios, sin temer una inoportuna visita de los inquisidores. Por todo ello, estos cuadros sólo se exponían en aquellas salas y salones de carácter más reservado de palacios y villas, lejos de inoportunas e indiscretas miradas de visitantes o empleados de menor confianza. Ya que a pesar de pertenecer a familias nobles y poderosas, cualquier sospecha o rumor podía ser utilizado para hacer caer en desgracia a rivales políticos incómodos.

Como mero apunte del prolongado poder de la Iglesia y la Inquisición, señalar que en fechas tan tardías como principios del siglo XIX, cuando en Europa aún retumbaban los ecos de la Revolución Francesa, en  España, la Inquisición fue la encargada de confiscar los desnudos que, el ahora caído en desgracia, Godoy acopiaba en su fabulosa pinacoteca.

Venus dormida, de Giorgone y Tiziano. 1510.
Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos, Dresde (Alemania)


Conclusión

Todo ello no impidió que los mayores artistas de la época, bajo el amparo de monarcas y nobles, pusieran sus pinceles al servicio del erotismo y la sensualidad. Tiziano, Velázquez, Correggio, Rubens,... todos retrataron algunos de los más hermosos y sensuales desnudos de la historia del arte.

Así sabemos, por ejemplo, que Velázquez pintó hasta tres cuadros de este temática, aunque desgraciadamente el único que se ha conservado es la famosísima  'Venus del espejo', cuadro que decoró villas y palacios de los nobles más ilustres de nuestra sociedad. En 1651 fue inventariada entre los bienes de Gaspar de Haro y Guzmán, hijo de un ministro de Felipe IV, pasó después a la casa de Alba, para terminar decorando una de las pinacotecas nobiliarias más importantes de todos los tiempos, la del 'Príncipe de la Paz', Manuel Godoy.

Otra obra que ha pasado a la posteridad por su elevada sensualidad es la 'Danae' de Tiziano, una obra que desprende tanto erotismo que ha pasado su existencia siendo encerrada de una habitación a otra, y alberga el dudoso honor de ser la última obra que salió de la Sala secreta del Museo del Prado para su exhibición pública.

Por todo ello podemos deducir que durante la Edad Moderna el hombre redescubrió la sensualidad y el erotismo en las artes, por lo que la alta aristocracia cortesana no dudó en encargar obras de evidente carácter erótico para su disfrute personal, lienzos que sin duda ayudaron a canalizar los estímulos sexuales de sus propietarios, convirtiéndose en auténticas liberadoras de la pasión sexual.


¡Os esperamos en los próximos capítulos!






BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA CUETO, D.; La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII, Visiones de pasión y perversidad / coord. por Víctor Manuel Mínguez Cornelles, Inmaculada Rodríguez Moya, 2014, págs. 40-57

PORTUS, J.; Los cuadros secretos del Prado, Revista Katharsis, Nº 2. Abril 2004/Revista Electrónica Cuatrimestral. en  http://www.revistakatharsis.com/rev_abr_04_sm_pint_02.html

GEORGE, B., Las lágrimas de Eros, Barcelona, Tusquets, 1997.
EDWARD, L., Sexuality in Western Art, Londres, Thames and Hudson, 1991.
MORÁN, M. y CHECA, F., El coleccionismo en España, Madrid, Cátedra, 1985.
PORTÚS, J. La Sala Reservada del Museo del Prado y el coleccionismo de pintura de desnudo en la Corte española, 1554-1838, Madrid, Museo del Prado, 1998.
VV. AA., El desnudo en el Museo del Prado, Madrid y Barcelona, Fundación Amigos del Museo del Prado y Círculo de Lectores, 1998.


[En Internet]

La colección de arte de Godoy en
https://art-y-cultura.blogspot.co.uk/2015/06/la-coleccion-de-arte-de-godoy-digna-de.html


domingo, 7 de febrero de 2016

Los Libertinos franceses


 "¡Imbéciles mortales!
¿Creéis realmente que podéis matar la pasión que la naturaleza ha puesto en vosotros?
Es la obra de Dios. Queréis destruir esas pasiones, embutirlas dentro de estrechos límites.
¡Locos!"
 -  Jean Baptiste Boyer d'Argens, Therese Philosophe (1748)

Si hablamos de libertinos franceses seguramente se nos vendrá a la mente alguna escena de la película 'Las amistades peligrosas', o la figura de personajes como el Marqués de Sade o Giacomo Casanova, incluso las personas de mente algo más calenturienta imaginarán lujuriosas reuniones de aristócratas franceses celebrando orgías bajo el resplandor de los candiles en un solitario castillo... pero dentro del pensamiento libertino también encontraremos a personajes de la talla de Diderot o Rousseau, que no dudaron en liderar un movimiento que pregonaba la libertad del hombre... y la libertad sexual iba a ser uno de sus frentes de batalla.

Protagonistas de la película 'Las amistades peligrosas'

Si el siglo XVI fue el siglo de los grandes descubrimiento en el campo de la física, donde gracias a personajes como Galileo, Descartes o Newton se dio el paso a un sistema de pensamiento mecanicista, el XVII será el siglo de la Razón, de la Ilustración, de donde surgirá un nuevo hombre empeñado en alcanzar la libertad, no sólo la libertad política, religiosa o social sino también la libertad de las mentes y de los cuerpos. Y para ello, deberá sondear en los límites de sus sentimientos pero también de sus pasiones.

El libertino será un hombre emancipado de los límites morales de la religión, si en el siglo XVII exigirá la libertad de pensamiento, en el siglo XVIII buscará la libertad del cuerpo.


Así pues encontraremos dos tipos de libertinos: aquellos de corte intelectual, que centraron sus esfuerzos en conseguir la victoria intelectual frente a la Iglesia, esgrimiendo la libertad de pensamiento frente al inmovilismo intelectual de la religión.
Desnudo en reposo, F. Boucher, 1751.
Museo Wallraf-Richartz, Colonia.

Y después, en los albores de la revolución francesa, aparecerá otro tipo de libertino, los 'libertinos carnales', poetas, aventureros, filósofos, aristócratas... que se entregarán a los placeres de la vida, buscando en el libertinaje y en el desenfreno sexual romper definitivamente cualquier barrera moral sobre la sexualidad humana, donde "siguiendo la estela de Epicuro, celebraron la materia, el cuerpo y la alegría"; tal y como los describe Michel Onfray en su obra 'Los libertinos barrocos'. 

Por lo que la lucha por la liberación sexual fue un arma más que esgrimir frente a la represión del Estado y de la Iglesia.

Los libertinos carnales

Será este segundo grupo de libertinos los que nos interese a nosotros, aquellos que en nombre de la moral natural se entregaron a los más lujuriosos placeres sexuales, librepensadores que no dudaron en trasgredir los dogmas establecidos y romper con las barreras morales dominantes.

Pero este fue un movimiento elitista, las clases medias y bajas siguieron siendo muy conservadoras, especialmente en todo lo relativo al terreno sexual, por lo que su liberación sexual no se produjo hasta bien entrado el siglo XX. 

De esta forma serán los nobles y los intelectuales los que encabezarán este movimiento de libertad sexual, un último canto del poder y del exceso de una aristocracia y de una nobleza que muy pronto verá cuestionada su posición ante el triunfo de la Revolución Francesa. Un triunfo que traerá consigo el protagonismo de la burguesía, la cual impondrá una nueva moral sexual, que desterrará cualquier tipo de sensualidad, y que impondrá una nueva ola de puritanismo, representado en la moral victoriana.

Por lo que nuestros protagonistas serán ‹‹los refinados, los aristócratas, los cortesanos [...] que parece caracterizar el siglo de los filósofos para hacer de él el de la pornografía y el erotismo›› en palabras de R. Muchembled.

La vida de un libertino (c. 1732-1735),  William Hogarth.
Sir John Soane's Museum, Londres.
Y nada mejor si queremos buscar una definición de este libertinaje que acudir a su máximo representante, el Marqués de Sade, quién dijo que el libertinaje “es un extravío de los sentidos que supone ir siempre más allá de todos los frenos, un desprecio soberano por cualquier tipo de prejuicio, el rechazo absoluto de toda forma de culto, el horror más profundo hacia las normas morales”.

Para comprender estas palabras de Sade y la actitud de estos libertinos recogemos el testimonio de Vázquez y Altarriba que en su obra 'La paradoja del libertino' dan respuesta al porqué de esa actitud: "Los libertinos partían de la idea de que todo ser humano es un ser sensual y, por consiguiente, un ser gozante, y que las educaciones religiosa y social han hecho de él un ser dolente. Devolverle su capacidad gozante constituye la labor esencial del libertino, que se ve a sí mismo, más que como un educador, como un anti-mesías venido a redimir a todos aquellos que pasan por la vida sin disfrutar de ella, sin conocer la naturaleza, sin conocer el universo, en suma, sin conocerse".

Por ello, algunos de estos libertinos no dudaron en romper con cualquier tipo de traba moral y adentrarse en sus límites, para inventariar casi con saber enciclopédico la naturaleza de la sexualidad humana, incluida sus perversiones más ocultas y secretas.

Viñeta del cómic, Casanova de Milo Manara.


La liberación sexual de la mujer

Una de las imágenes recurrentes cuando hablamos de los libertinos franceses es la de una reunión de ricos y aristócratas aprovechándose de jóvenes ingenuas, a las que someten a todo tipo de vejaciones...  Pero hay que recalcar que esta filosofía libertina también trajo consigo un paso más hacia la liberación sexual de la mujer.

Y es que en el siglo XVIII la condición social de la mujer aún venía marcada por la represión y el control de su sexualidad, la mujer debía refrenar sus impulsos y sus deseos, y la simple idea del goce sexual femenino estaba completamente vetada.

Los libertinos también se alzarán contra esta moral machista y controladora de la sexualidad de la mujer, la mujer dejará de ocupar un rol pasivo en cuanto a su sexualidad, el viejo mensaje de la iglesia de reducir el rol de la mujer a la maternidad quedará destruido por estos libertinos que nos mostrarán mujeres sexualmente activas, que gozan y viven una sexualidad abierta al placer y a la pasión.

Casanova, de Milo Manara.
Y si hay una persona que se preocupó en analizar el rol de la mujer en esta nueva sociedad ese fue el gran intelectual francés Diderot, quién expresó bien a las claras que la mujer, que cada mujer, era un ser lleno de deseos y placeres.

Así el enciclopedista francés consideraba que el deseo era un bien que todo ser humano tenía la obligación moral de experimentar, ya que las pasiones y los deseos reprimidos eran una fuente de infelicidad.

Para Diderot, que las mujeres no pudiesen experimentar el placer, tal como lo hacían los hombres, era una terrible tragedia, ya que la pasión y el deseo son parte de la condición humana.

"Muchas mujeres morirán sin haber experimentado la cúspide de la "volupté". [...] La mayor felicidad se les niega incluso en los brazos del hombre que adoran, pero nosotros podemos encontrarla junto a una mujer dócil que ni siquiera nos gusta"

Incluso era consciente de que para muchas mujeres el matrimonio no era un camino hacia la búsqueda de su placer sexual, sino que un nuevo foco de represión e insatisfacción sexual:

"He visto mujeres honestas estremecerse de horror cuando se les acercaba el marido; las he visto meterse en la bañera sin creerse nunca lo bastante limpias de la suciedad del deber [conyugal]"

Portada 'La Religiosa'
Sus dos obras más representativas en este aspecto fueron su ensayo sobre las mujeres ('Sur les femmes', 1772) una obra, que a pesar de arrastrar algunos tópicos tan machistas como el de la histeria femenina, conserva grandes dosis de feminismo, al hablar de la igualdad del hombre y la mujer, y de las desventajas de la mujer al nacer por el encorsamiento de la sociedad al que se ve sometida ("viven reducidas al silencio en la vida adulta").

Aunque sin duda su obra donde mejor refleja esta situación de la mujer es la novela 'La joven religiosa' (1761) que narra los problemas a los que se ve sometida una joven cuando es obligada a ingresar en un convento, una novela que se alza "contra las pasiones reprimidas y pervertidas por el dogma de la Iglesia, una magnífica metáfora de la desesperanza de una mujer en una sociedad represiva y patriarcal"


Los libertinos en el arte

La lucha de los libertinos franceses contra la moral eclesiástica se extendió a todos los campos, desde la filosofía hasta la política, por lo que el arte y la literatura también se pondrán al servicio del placer, el erotismo y la lujuria. Y es que, según se acrecentaba la represión sexual y la censura por parte del Estado se irá aumentando, al mismo tiempo, la producción artística de carácter erótico o pornográfico.

Por lo que durante este siglo disfrutaremos de una intensa producción literaria de carácter erótico que marcará definitivamente el devenir de este género literario hasta nuestros días, quedando como referencia obras tan famosas como 'Les bijoux Indiscrets' (1747) de Diderot, 'Thérèse Philosophe' (1748) de Boyer y auténticos clásicos de la literatura erótica como 'Fanny Hill' (1748) de John Cleland y las diversas obras del Marqués de Sade, 'Justine o los infortunios de la virtud' (1791), 'La filosofía en el tocador' (1795) o 'Las ciento veinte jornadas de Sodoma' (1904).

El anticleraquismo de esta literatura libertina se hace evidente en las continuas referencias sexuales relacionadas con el mundo de la Iglesia: curas depravados que se aprovechan de incautas jovencitas, monjas que alcanzan el éxtasis en brazos de un amante, escenas de sexo dentro de los muros de un convento,... todas estas imágenes suponían un ataque directo a la Iglesia, presentándola como un nido de vicio y corrupción, tan cínica y falsa, como la moral sexual imperante.

Las bañistas, Hean Honoré Fragonard.
Este mismo siglo verá como el mundo de la creación artística también vivirá un auge de la pintura de carácter erótico, los autores celebrarán el erotismo del cuerpo humano y su naturaleza sexual. Desde la visión sutil, elegante y discreta del arte Rococó, pasando por la sensualidad desbordante de Boucher o Fragonard, hasta llegar al arte más obsceno y lascivo de Thomas Rowlandson.

Cuadros llenos de sensualidad y erotismo, con mujeres voluptuosas, semidesnudas, llenas de luz y de color, obras realizadas al gusto y a los requerimientos de una sociedad caracterizada por su libertinaje al servicio del placer.

Así el genial pincel de Boucher nos presenta hermosas mujeres, sugerentes, lascivas, ofreciéndonos sus hermosos traseros, provocándonos con la mirada, invitándonos a sucumbir al placer...

Odalisca morena, F. Boucher, 1745.
Museo del Louvre.

Otra de las obras pictóricas cumbres del libertinismo es 'El cerrojo' de Fragonard, donde dos amantes apasionados buscan cerrar el cerrojo para entregarse a la pasión amatorio en el gran lecho que ocupa la parte central del cuadro. Un cuadro donde la luz se pone al servicio del erotismo.

El cerrojo, Jean Honoré Fragonard.
Museo del Louvre, París.

Conclusión

La historia de la sexualidad siempre ha venido marcada por grandes períodos de represión y censura, salpicados por momentos de liberación total de las pasiones, y estos libertinos franceses representan uno de estos períodos donde se rompe con la moral establecida para dar rienda suelta a la sexualidad natural del hombre.

Y es que estos hombres, y mujeres, vivieron a caballo entre dos épocas, entre el final del Antiguo Régimen y el inicio de la Edad Contemporánea, por lo que estos libertinos franceses representan el último canto de cisne de un grupo social caracterizado por sus privilegios, pero también por su frivolidad, por su exuberancia y por su libertad de pensamiento.

Por lo que esta explosión del gusto por expresar la sexualidad del ser humano sólo se pudo dar en ese período y en ese grupo social de intelectuales, librepensadores, filósofos, aristócratas.... ya que antes y después, el ser humano volverá a autoimponerse una estricta y rígida moral sexual...  Antes, con el control total de la moral sexual por parte de la Iglesia; después por el triunfo de la burguesía y la imposición de una nueva moral sexual, tan estricta (e hipócrita) como la ejercida anteriormente por la Iglesia.

Y es casualmente en esta era de la Razón, cuando el hombre se dejará imbuir por el lado más instintivo de la pasión, es en esta época de ansias de conocimiento cuando el hombre se atreverá a explorar un terreno vedado hasta entonces... la sexualidad humana. Por lo que la homosexualidad, la masturbación, el travestismo, o el sadomasoquismo se liberarán de la cárcel moral donde estaban ocultos y verán la luz gracias a estos libertinos franceses.

Este atrevimiento será pues su gran contribución a la historia de la sexualidad humana.

Bibliografía

Blom, P., Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea, Anagrama, Barcelona, 2012.

Roudinesco, E.; Nuestro lado oscuro: Una historia de los perversos, Anagrama, 2009.

Vázquez, L. y Altarriba. A.; La paradoja del libertino: sobre "Las amistades peligrosas" y otras perversas relaciones dieciochescas, Liceus, 2008.

Alicia H. Puleo, J.A.N. de Caritat, Olympe de Gouges, La Ilustración olvidada: la polémica de los sexos en el siglo XVIII, Anthropos Editorial, 1993.

[En Internet]

Esteban, I.; Virtudes y perversiones de los libertinos, en
http://www.hoy.es/20090608/sociedad/virtudes-perversiones-libertinos-20090608.html

Historia crítica del libertinaje, en
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Choderlos-de-Laclos-Godard-dAucour-Marques-de-Sade-Cuentos-y-relatos-libertinos_0_529147284.html

http://www.temporamagazine.com/una-ilustracion-cargada-de-razon-y-de-lujuria-2/

http://www.investigartes.com/inicio/index.php?option=com_content&view=article&id=90

domingo, 10 de enero de 2016

Moral sexual romana IV: El desnudo

Moral sexual romana:
- Parte I: Los besos
- Parte II: La virginidad
- Parte III: La infidelidad
- Parte IV: El desnudo

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En este capítulo nos adentraremos en el significado del desnudo físico para los ciudadanos romanos  ¿Qué actitud tenían ante el desnudo? ¿Una mujer se podía mostrar desnuda delante de su marido? ¿Cómo fue evolucionando el concepto de desnudez dentro de la moral romana?

Por cuestión de tiempo y espacio dejaremos aparte el análisis de las representaciones artísticas del desnudo, aunque lógicamente realizaremos algunas menciones específicas que nos ayuden a comprender algunos de los aspectos comentados.

Lo primero que hay que apuntar, que en el caso de la sociedad romana, estamos hablando de una cultura que pervivirá durante más de un milenio, por lo que sus conceptos morales variarán a lo largo del tiempo. Así aunque parezca una obviedad es importante señalar que la mentalidad (y la moralidad) del ciudadano romano variará enormemente a lo largo de todos estos siglos, por lo que hemos decidido hacer una división por períodos, algo genéricos, pero donde pretendemos que queden bien reflejados estos cambios en la moral de los habitantes de la ciudad del Tíber.

Nuestro primer apunte sobre la moral sexual romana relativa a la desnudez nos servirá para romper algún tópico... aunque los romanos no mostrasen ningún tipo de vergüenza ante un cuerpo desnudo, esto no quiere decir que se exhibiesen públicamente.

Además la sociedad romana tuvo unas normas morales muy estrictas en la esfera pública, ya vimos en el post dedicados a los besos, como una muestra de cariño hacia su mujer en un lugar público le costó el puesto a un senador. Pero en cambio, en la esfera privada el ciudadano romano gozó de gran libertad, por lo que pudo dar rienda suelta a los vicios, modas o gustos más atrevidos.

Mural de Pompeya de Venus Anadiomena

En cuanto a las representaciones artísticas, simplemente apuntar que desde tiempos prehistóricos casi todas las sociedades y culturas han proyectado su visión del hombre a través de la representación del cuerpo humano, una visión muy vinculada a su propia cosmovisión del universo y la posición del hombre en él.

Por lo que la creación de las imágenes artísticas, desnudos incluidos, responden a una serie de relaciones de poder, donde las clases gobernantes reflejan su ideología imperante. Es decir, la representación del desnudo en el arte tiene un claro componente ideológico, que puede albergar tanto un componente positivo (representación de héroes o dioses míticos) como negativos (esclavos o guerreros vencidos).

En este caso, también nos gustaría extirpar otro falso tópico, ya que aunque existió cierta permisividad respecto a la representación de desnudos, la mayoría de las veces, éstos no tenían por qué tener una carga erótica, simplemente representan un elemento ornamental más o estaban asociados a una serie de valores.

Como bien señala Luz Neira en su estudio sobre los desnudos en los mosaicos romanos, por regla general, el desnudo femenino exaltará la belleza, la carnalidad y el erotismo; mientras que el desnudo masculino se asocia a ideas como la determinación, la fuerza y el poder.


Parte I: La pudicitia romana: Los valores de la antigua República.

Claudio como Júpiter.
Cubierto por  una toga
El desnudo masculino

Una de las principales diferencias de la cultura romana frente a la griega fue que los latinos conservaron un sentido más estricto del carácter sagrado de la desnudez. Este hecho queda reflejado en la representación de los desnudos masculinos en el arte. Mientras que el arte griego está repleto de ejemplos de esculturas de jóvenes atletas o héroes desnudos, el arte romano mucho más sobrio y pudoroso cubría los cuerpos de sus ciudadanos más ilustres con uno de sus símbolos más representativos... la toga.

Por otro lado, la Roma republicana siempre rechazó la introducción de los juegos atléticos griegos, ya que consideraban que era un culto al cuerpo gratuito, una exhibición innecesaria, que además incitaba a la pederastia. Roma prefería entrenar soldados para la guerra que púgiles para espurias exhibiciones, así Tácito se preguntaba ¿Qué ventaja había en quedarse desnudo para luchar en combates estériles sobre el servicio de las armas?

Este pudor itálico parece provenir de tiempos antiguos, Plutarco nos dice que para los primeros romanos era vergonzoso exponer sus cuerpos a los más jóvenes, este hecho parece quedar demostrado en que desde los etruscos la práctica de ejercicios se realizaba cubriendo genitales y nalgas mediante una especie de calzón, denominado subligaculum.

El calzoncillo romano era una especie de pañal que cubría los genitales
y parte del vientre, siendo sujetado por un cinturón.
Esta prenda utilizada en principio sólo entre las clases populares (esclavos y plebeyos) por motivos prácticos a la hora de trabajar, pronto fue adoptada por soldados y gladiadores, hasta acabar extendiéndose al resto de la sociedad.

Por lo que parece probable que desde muy pronto la representación de la desnudez tuvo connotaciones negativas en la sociedad romana, imágenes asociadas a los guerreros vencidos y a la esclavitud, ya que normalmente los esclavos eran vendidos completamente desnudos.

Este concepto quedó reflejado en la opinión de algunos filósofos y escritores así Quinto Ennio pensaba que "la exposición de cuerpos desnudos de los ciudadanos es el principio de la vergüenza pública", incluso Catón se avergonzaba de bañarse en presencia de su hijo, la misma idea que refleja el escritor Valerio Máximo que dijo que la moral romana prohibía a los hombres de la misma familia bañarse juntos ya que "ha de concederse tanto respeto a los vínculos de sangre y de parentesco como a los mismos dioses inmortales".

El desnudo femenino

Mosaico 'Triunfo de Neptuno'
Museo del Bardo. Túnez.
En cuanto a la consideración del cuerpo desnudo de la mujer, hay que diferenciar entre las distintos tipos de mujeres existentes en la sociedad romana: por un lado, tenemos a las matronas romanas, mujeres cuyo virtud era sagrada y por lo tanto su desnudez siempre estuvo marcado bajo la idea de la "pudicitia". Por otro lado, tenemos a las esclavas o las libertas, cuyo cuerpo no dejaba de ser un objeto propiedad de su amo, por lo que su cuerpo, desnudo o no, no tenía mayor consideración.

Así vemos como una moral estricta protegía la desnudez de la mujer romana, tal era así, que durante este período se mantuvo la prohibición de hacerle el amor a tu mujer a la luz del día (con la única excepción del día posterior a la boda) así como iluminar el acto sexual mediante el uso de candiles o lucernas.

Plutarco defiende esta hecho debido al profundo respeto que un marido dispensa a su esposa, respetando el pudor y no tratándola como a una cortesana.


Parte II: El descubrimiento del cuerpo. Roma conquista el mundo.

Pero todo esto no nos debe hacer olvidar que la presencia de cuerpos desnudos o semidesnudos en la sociedad romana era habitual y aceptada, especialmente a partir del dominio mediterráneo de Roma, que traerá la llegada de las corrientes filosóficas y morales griegas.

El triunfo de Roma trajo consigo un cambio en la moralidad de la sociedad romana, los antiguos romanos se entregan al culto a la belleza, al cuerpo y al erotismo.

Pintura mural.
Villa de los Misterios, Pompeya.
Así durante el primer siglo del Imperio encontraremos  los mejores ejemplos de este cambio de moralidad y esta nueva concepción del cuerpo desnudo. Incluso se puede hablar de una abundancia de imágenes erotizadas, sólo hay que darse un paseo por las calles y casas de Pompeya para descubrir la naturalidad del desnudo y del erotismo en la sociedad romana del siglo I d.C.

Además hay que apuntar que este tipo de imágenes no sólo estaban en lugares públicos como termas o prostíbulos, sino que también las encontramos dentro de las villas, en estancias abiertas a la recepción de visitantes. Tal vez el mejor ejemplo sean los frescos de la Villa de los Misterios que nos hablan por un lado, de la pasión por retratar los cuerpos semidesnudos; y por otro, de la naturalidad con la que estos temas se representaban.

Otro ejemplo lo encontramos en las termas, donde acudían y se entremezclaban gente de toda clase y condición. Este nuevo culto al cuerpo queda muy bien reflejado en algunos de los Epigramas de Marcial que permiten intuir el ambiente reinante en estos baños públicos, cargado de miradas lascivas y deseos eróticos, un ambiente donde incluso se podían mezclar hombres y mujeres (se conoce la existencia de termas mixtas en Roma), y donde aquellos mejores dotados presumirían de su virilidad y donde el flirteo sería la principal diversión dentro de estos baños.

Ten cuidado, curioso
Nos miras fijamente, Filomuso cuando nos bañamos y luego preguntas que por qué tengo unos esclavos imberbes que la tienen como Príapo. Contestaré sin rodeos a tu pregunta: Les dan por culo a los curiosos, Filomuso.
- Marcial XI, 63


Los honores de rigor
Cuantas veces, Flaco, oigas en los baños públicos un aplauso, has de saber que la verga de Marón está presente.
- Marcial IX, 33

Como apunta Jean-Noel Röbert esta abundancia de imágenes mantenía "el fantasma erótico en la mente de los romanos". El descubrimiento del cuerpo fue sin duda una de los ritos amorosos que más anhelaban los romanos, posiblemente porque fue una de sus más interiorizadas prohibiciones de época republicana. Así el gran poeta Ovidio aconsejaba a la mujer no dejar que la luz de la luna entrase por la ventana y donde el poeta Propecio se lamentaba amargamente que su mujer le obligase a "entregarse a sus arrebatos entre tinieblas (ya que) sería profanar a Venus"

El desnudo femenino

A pesar de esta abierta sexualidad de la sociedad romana imperial e incluso con su tolerancia en exhibir la desnudez en público hay un tabú que paradójicamente se mantiene en este época... una mujer honrada nunca debía mostrarse completamente desnuda ante su pareja.

Mosaico. Leda y el Cisne.
La causa de este tabú puede tener diferentes explicaciones, aunque seguramente tenga un poco de cada una de ellas: por un lado, se especula que se deba a un pudor ancestral muy arraigado en la sociedad latina, aunque también es probable que el motivo sea algo más fútil como ocultar a la vista del amante algún 'defecto' físico, también están aquellos que lo achacan a una cuestión de estatus social, ya que es más propio de las meretrices quedarse completamente desnuda ante un hombre. Por último, también podemos apuntar que esa actitud de ver y esconder, no deja de ser un juego para envolver al encuentro de un halo de misterio y sensualidad añadida.

A pesar de lo dicho, es importante señalar que en esta época las mujeres van a lograr emanciparse de la rígida tutela masculina, que irá acompañada de una conquista de su propia sexualidad y donde la desnudez de la mujer se convierte en un avance más para sus libertades.

Esta nueva moralidad de la mujer romana queda muy bien reflejado en este pasaje de Ovidio:

La Siesta

 “He aquí que llega Corina, vestida con una túnica sin ceñir, su cabellera peinada en dos mitades cubriéndole el blanco cuello (…)

Le arranqué la túnica, aunque por lo fina que era apenas suponía estorbo; ella sin embargo luchaba por taparse con la túnica; y luchando como si no quisiera vencer, fue vencida, más sin dolerse de su rendición. Cuando quedó erguida sin vestiduras frente a mis ojos, en ninguna parte de todo su cuerpo encontré defecto alguno; ¡qué hombros!, ¡qué brazos tan hermosos vi y toqué!, ¡cuán a propósito era la forma de sus senos para apretarlos!, ¡qué liso su vientre bajo el terso pecho!, ¡qué anchas y estupendas sus caderas!, ¡qué juvenil su muslo!

¿Para qué contarlo todo minuciosamente?: nada vi que no fuera digno de elogio, y desnuda la estreché contra mi cuerpo. ¿Quién no adivina lo demás? Fatigados luego, estuvimos descansando los dos.
¡Ojalá tenga yo muchos mediodías como éste!”
- Ovidio, Amores, I, 5


Pintura erótica pompeyana.

A pesar de todo ello, la moralidad sobre la desnudez femenina imperaba de tal modo en la sociedad romana que en sus representaciones artísticas son escasos los ejemplos donde encontramos desnudos integrales.

Por regla general, tanto pubis como los senos aparecen tapados, aunque a veces de forma tan sutil y elegante que pasa casi inadvertido, un brazo, un velo o una mano tapan la visión del sexo, otras veces es la perspectiva la que impide la visión de sus partes más íntimas.

Mamillare, el sujetador de las romanas.
Incluso en las atrevidas pinturas eróticas pompeyanas, las prostitutas siempre llevan alguna prenda que impiden ver a la mujer completamente desnuda, ya sea llevando, la faja-sujetador denominada strophium o mamillare o un simple velo que les cubre el sexo.

Como bien señala Alberto Angela en su obra 'Amor y sexo en la antigua Roma' estas representaciones se pueden comparar a nuestras actuales fotos de modelos que aunque la mayoría de las veces aparecen casi desnudas son fotos más elegantes que obscenas, muy alejadas de las fotografías que podemos observar en una revista pornográfica.


Parte III: Estoicismo. Una nueva moral para un Imperio

Pero a partir del siglo II, con la difusión de la nueva moral estoica (Séneca, Plutarco,...) se pondrán en alza una serie de valores como la templanza, el autocontrol, el desprecio de las pasiones, el amor conyugal, la fidelidad e incluso la castidad... donde ya no habrá cabida para las pasiones que habían dominado los siglos anteriores... el placer y el erotismo quedarán relegados como vicios pasados.

El nuevo hombre romano aunque aún no se avergüenza del cuerpo desnudo, sí que impone una nueva concepción del cuerpo desnudo como una peligrosa fuente de corrupción moral, que ponían en peligro la integridad moral de las personas. Así por ejemplo, a partir de Adriano se prohibieron los baños mixtos en las termas, regulando la entrada de hombres y mujeres a través de diferentes horarios.
Mosaico.

No nos extenderemos mucho sobre estos trascendentales cambios, puesto que ya hemos dedicados algunos post sobre este tema. Simplemente apuntar que el hombre romano fue perdiendo algunas costumbres que naturalizaban el concepto de desnudez. La fidelidad a la esposa y la idea del amor romántico, dejaron atrás el concubinato, por lo que el marido se acostumbró a tener sexo con sólo una mujer, su esposa.  A esto hay que sumar ideas como la templanza o el autocontrol que ayudaron a difundir el concepto de la procreación sólo para concebir.

Todo esto hizo que progresivamente la aristocracia romana se autoimpusiese un cierto pudor sobre la desnudez, una vuelta a los valores tradiciones republicanos pero con una gran diferencia, el hombre había dejado de ser un pater familias que gozaba libremente de su sexualidad, ahora había escogido vivir en igualdad con su esposa y entregarse a la idea de amor familiar y la fidelidad.


Parte IV: Cristianismo. El pecado del cuerpo

Los cristianos aprovecharon estas doctrinas paganas (estoicismo, gnósticos) para articular su moral sexual. La Iglesia según se va afianzando en las estructuras del poder regulará y legislará muchos de estos componentes morales, añadiendo algunos conceptos novedosos como los sentimientos de miedo, culpa o pecado, y criminalizando algunas costumbres como la homosexualidad, el adulterio, la prostitución o el divorcio.

Adán y Eva. Catacumba de Priscila.
Así los padres de la Iglesia de los siglos IV y V como Jerónimo, Gregorio, Niseno, Juan Crisóstomo o Agustín de Hipona impondrán una moral basada en dos principios básicos: lo puro y lo impuro, sancionado de manera radical todas aquellas costumbres catalogadas como impuras.

Bajo estas premisas, el cuerpo humano, se convirtió en algo impuro, en comparación con la pureza del alma, por lo que la carnalidad pasó a ser considerada un símbolo de pecado, algo rechazable, ya que era fuente de tentaciones y deleite de los sentidos.

La representación del cuerpo en el arte paleocristiano adquirirá formas más sencillas, menos realistas, más abstractas, buscando transmitir un mensaje pedagógico, huyendo de la transmisión del deleite visual.

Esta nueva moral será difundida y amplificada porsteriormente por los nuevos representantes del Cristianismo, tales como Alberto Magno o Tomás de Aquino.






Bibliografía

Luz Neira. Desnudo y Cultura: "La construcción del cuerpo en los mosaicos romanos" (coordinación y edición). Creaciones Vincent Gabrielle (CVG), Madrid, 2013.

https://elcuerpoylaimagenenlahistoriadelarte.wordpress.com

https://menearte.wordpress.com/2015/02/03/el-desnudo-masculino-en-la-escultura-clasica-muy-diferentes-los-romanos-de-los-griegos/