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domingo, 9 de octubre de 2016

Sexo en el Lejano Oeste

Cuando hablamos del Lejano Oeste a todos se nos viene a la mente las típicas imágenes de hombres duros y rudos, polvorientas ciudades y un saloon amenizado con la presencia de unas cuantas meretrices, pero aparte de los típicos clichés alguna vez se ha preguntado cómo se vivía la sexualidad en esa época.

Prostituta del Farwest
Lo primero que podemos destacar es la doble moralidad que imperaba en cuanto al mundo del sexo: por un lado tenemos el puritanismo anglosajón de los primeros colonos americanos, puritanismo que censuraba todo lo relativo al sexo fuera de matrimonio, recayendo especialmente sobre las mujeres honradas, ya que éstas quedaban relegadas a las labores del hogar y debían comportarse y vestirse decentemente, es decir, cuanto más tapadas mejor.

Pero por otro lado, estamos hablando del salvaje Farwest, unas tierras sin ley donde proliferaron todo tipo de pecados: asesinatos, robos, violaciones, drogadicción (opio, cocaína, morfina, marihuana).

Aunque, sin duda alguna, los dos pecados más extendidos fueron el consumo masivo de alcohol y la prostitución. 


Y es que, en el lejano Oeste, ante la falta de mujeres, recordar que durante las primeras décadas de colonización el número de mujeres no superaba el 10% de la población total, la sociedad tuvo que adaptarse a esa circunstancia mediante la proliferación de prostíbulos y a través de una ¡¡cierta relajación en las consideraciones de género!!

Roles de género algo flexibles...

Así cuando pensamos en el viejo Oeste sólo podemos evocar las tradicionales escenas que Hollywood ha inculcado en nuestro subconsciente colectivo: hombres rudos, hechos a sí mismo, encarnando siempre valores y rasgos masculinos... muy masculinos. Ese tipo de hombre que escupe en el suelo y maldice en voz alta, que se quita el sombrero cuando pasa por delante una dama, pero que al mismo tiempo es capaz de propinarle un cachete en el culo si se la encuentra en la taberna, ese tipo de hombre que no dudará en sujetarla con firmeza para robarle un beso ante los fingidos forcejeos de ella por escaparse de tan descarado hombre...

Fotograma de la película "La dama que conquistó el oeste" (1949)
Con todo ello podríamos presuponer que en esta época se rechazaría cualquier conducta sexual fuera de este varonil comportamiento.

Ante el acuciante problema de la falta de mujeres, veremos, como en esta sociedad los comportamientos homoeróticos fueron bastante más habituales de lo que nos suponemos. 


Tan es así, que el profesor de la Universidad de Colorado, Peter Boag, en una entrevista titulada "Homos on the Range: How gay was the West?" y autor del libro "Same Sex Affairs" nos habla de una cierta flexibilidad a la hora de imponer los roles de género, y es que muchos de los hombres que mantuvieron relaciones de carácter homoerótico no eran vistos propiamente como homosexuales. 

Este dato no nos debe extrañar, primero porque esta división entre homosexuales y heterosexuales es un concepto más propio del siglo XX, ya que no es hasta la pasada centuria cuando se habla abiertamente de estos conceptos y se cristalizan las diferentes identidades sexuales.

Así en aquellas grandes comunidades donde la presencia de mujeres fue escasísima, como los campamentos mineros, los primeros poblados de colonización o grandes ranchos aislados del mundo, los hombres adoptaron los roles domésticos y sexuales "reservado tradicionalmente a las mujeres".

 La falta de mujeres hizo que muchos hombres adoptasen
roles de géneros femeninos.


Y es que sin la presencia de mujeres, la línea siempre inestable que divide el homosocial del homosexual, es aún más borrosa, es decir, aquellos hombres que sólo conviven con hombres durante largos períodos de tiempo (marinos, prisiones, soldados,...) no dudan en traspasar las nociones de género "normales" y empezar a adoptar otros roles de género, así como a establecer sutiles conexiones eróticas.

Por ejemplo, sabemos que en algunos campamentos mineros cuando se llevaban a cabo los bailes, a la mitad de los hombres les tocaba adoptar el rol de la mujer en el baile,  identificándose a través de un parche en la entrepierna como símbolo de su papel "femenino".


Creo que es conveniente apuntar como los salvajes indios tenían un sentido más práctico y sensato sobre esta realidad que el civilizado mundo occidental. La mayor parte de tribus indias reconocían sin ningún pudor a aquellos individuos que preferían vestir y dedicarse a actividades propias del otro género, tanto hombres dedicados a las labores de artesanía propias de mujeres, así como mujeres habilidosas en actividades tradicionalmente masculinas como la caza o la guerra, siendo integrados y valorados como miembros de pleno derecho en sus comunidades.

Los "salvajes" indios aceptaban con normalidad el cambio de roles de género que hombres o mujeres pudiesen tener.


Homosexualidad, violación y esclavos sexuales.

Otros estudios que se han adentrado en este polémico tema nos han mostrado la cara más agria y dura de esta realidad, ya que aunque hoy en día tenemos una imagen idílica de los cowboys, estos estudios nos recuerdan que muchos de ellos eran prácticamente adolescentes sin recursos: huérfanos, inmigrantes, indios, mestizos o jornaleros en condiciones de casi esclavitud, jóvenes sin apenas ningún estudio ni preparación, nacidos en una sociedad dura y sin apenas leyes efectivas que los protegieran en estos salvajes territorios.

Estos cowboys no sólo fueron utilizados como mano de obra barata y desechable, sino que también fueron utilizados como esclavos sexuales por parte de terratenientes y ganaderos que, ante la falta de mujeres, no dudaron en forzar a estos jóvenes a mantener relaciones de carácter homosexual, en una situación comparable a la vivida en numerosas prisiones.

Y aunque esta situación puede considerarse uno de los grandes secretos del Salvaje Oeste, no es por falta de pruebas, ya que existen testimonios de todo tipo sobre estos hechos: desde relatos de la época, hasta grabados en madera de hombres bailando con mozos, incluso letras de viejas canciones donde a los jóvenes se les da nombre de mujeres.

A pesar de todo lo dicho, la homosexualidad activa estuvo penada en casi todos los estados del lejano Oeste, con castigos y penas bastante severas.


La prostitución

No hay película del Oeste que se precie que no cuente con la presencia de una prostituta, y es que ante esa falta de mujeres la prostitución fue un elemento básico de cualquier poblado o ciudad del lejano Oeste. Se las conocía por los eufemísticos apodos de "palomas heridas" o "mujeres de la hermandad" y aunque el cine nos hace rememorar esos grandes burdeles dirigidos por una madame, normalmente de gran corazón, en realidad el mundo de la prostitución fue un mundo sórdido, sucio y mísero.

Prostitutas de la película 'Sin perdón' (1992)
Desde la más baja prostitución, de mujeres que paseaban por la calle con una simple manta para satisfacer a sus clientes en el mismo suelo de algún callejón oscuro, a prostitutas que operaban en pequeñas casas de una sola habitación, hasta aquellas que convivían en los más grandes y lujosos burdeles regentados por prestigiosas madames. Famoso son los casos de Julia Bulette y Rosa May.

Julia Bulette fue una de las primeras mujeres en pisar la ciudad de Virginia, y que regentó el primer prostíbulo de la ciudad, ganándose el respeto de toda la comunidad ante sus gestos caritativos con los enfermos de la ciudad. Una historia similar vivió Rosa May famosa prostituta de finales del siglo XIX que también vivió en Virginia City, su leyenda nace por sus labores caritativas cuidando a los mineros enfermos de una terrible epidemia que estaba asolando la región y a la que pronto ella también sucumbiría.


Julia Bulette, izq. y Rosa May, dch.


Así el nacimiento de esta nación fue acompañado de una proliferación de prostíbulos, desde los barrios de luces rojas de San Francisco hasta los grandes burdeles surgidos en Virginia City (NV) pasando por los vagones-móviles de Fort Dodge.

Todo ello era un claro reflejo de la nueva sociedad que se estaba forjando en el viejo Oeste, la mayoría de prostitutas eran mujeres jóvenes, sin apenas educación y, en muchos casos, analfabetas. Su precio variaba según su belleza, pero también según su nacionalidad y origen étnico.

Y aunque como hemos visto estas mujeres cumplieron un papel fundamental para el buen funcionamiento de estas primeras comunidades, incluso su actividad fue un claro estímulo para la dinamización de su economía, su papel en la historia y sus miserias siempre han quedado relegadas al olvido.

Mucha ciudades de los EE.UU fueron conocidas por sus barrios rojos y por sus burdeles de lujo, de todo ello hablamos en esta entrada dedicada al mundo de los burdeles y zonas de prostitución en el Farwest.

 Delincuencia, ETS, abortos e infanticidios

Aunque como bien nos recuerda Anne Butler, en su libro "Daughters of Joy, Sisters of Misery" el mundo de la prostitución casi siempre está ligado a la marginación social y a la delincuencia, por lo que los índices de suicidios, drogadicción, violación y episodios de violencia alcanzaron índices realmente alarmantes, especialmente en los burdeles de estas ciudades fronterizas. Convirtiéndose estos prostíbulos en jaulas de pobreza y miseria, donde caían las mujeres más pobres de la sociedad, muchas veces vendidas por sus propias familias y compitiendo ferozmente entre ellas, sin ninguna esperanza de escapar de estos nidos de conflictividad y marginación.

Fotografía de prostituta.
Finales siglo XIX.
A todo esto hay que sumar otro de los grandes silencios que envuelven el mundo de la prostitución: las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados. Ya que en una sociedad como la del antiguo Oeste con carencias enormes en cuestiones de higiene y salubridad, las ETS fueron un mal frecuente en este submundo, ya que aunque se conocían los condones, su precio era prohibitivo y su acceso difícil. Por lo que las autoridades sólo actuaban, forzando a las mujeres a pasar revisiones médicas periódicas, cuando los brotes alcanzaban cifras alarmantes.

Del mismo modo, los partos siempre implicaban un alto porcentaje de mortandad entre las mujeres, por lo que los remedios abortivos de origen vegetal fueron el remedio más habitual para prevenir cualquier embarazo. Aunque algunas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en burdeles del Nueva York del siglo XIX ("Babies in the Privy: Prostitution, Infanticide, and Abortion in New York City's Five Points District") nos han mostrado otra triste realidad muy frecuente en el mundo de la prostitución el infanticidio.

Las mujeres ocultaban su embarazo a los clientes hasta casi el momento del parto, ya que su única fuente de ingresos eran sus servicios sexuales, y sólo cuando el embarazo era demasiado evidente se le apartaba de sus funciones hasta el nacimiento del bebé, siendo éste arrojado sin más contemplaciones a las letrinas del burdel.

Prostitutas trabajando en un prostíbulo móvil.


Travestismo y Transexualidad 

Charlie Parkhust.
Ya hemos visto en otros post como fue algo habitual que muchas mujeres, ante la pérdida de derechos por su condición de mujer, optaron por vivir una vida de hombres, adoptando los ropajes y las maneras de éstos para conservar sus riquezas y herencias o simplemente para conservar su libertad individual.

Otras muchas seguramente vivieron como hombres porque así se sintieron, quizá el caso de 'One-Eyed Charlie' sea el más famoso de todo el lejano Oeste, Charlie el tuerto trabajó durante toda su vida en la California Stage Co., convirtiéndose en uno de los mejores conductores de diligencia entre Oregón y California, a pesar de su fama de gatillo fácil y borrachuzo. Pero a su muerte, en 1879, cuando se preparó su cuerpo para el entierro se descubrió su secreto, Charlie el tuerto era en realidad una mujer.

Pero uno de los elementos que más fascinó al investigador Peter Boag fue el alto número de casos de hombres que se travistieron y vivieron como mujeres, otro dato que viene a confirmar la flexibilidad en cuanto a los roles de género que existieron en el Salvaje Oeste.


Para cerrar este artículo os ofrecemos un poema anónimo escrito en Texas en a finales del XIX y recogido por un cowboy de la época llamado Charlie Siringo.

THE GOOD, THE BAD AND THE UNSPOKEN

My lover is a cowboy
He’s kind, he’s brave, he’s true
He rides the Spanish pony
and throws the lasso, too
And when he comes to see me
And our vows we have redeemed
He puts his arms around me
And then begins to sing:
Oh, I am a jolly cowboy,
From Texas now I hail,
Give me my saddle and pony
And I’m ready for the trail.
I love the rolling prairie
Where we are free from care and strife,
And behind a herd of long-horns,
I will journey all my life.



Bibliografía

Thomas A. Crist; Babies in the Privy: Prostitution, Infanticide, and Abortion in New York City's Five Points District, Historical Archaeology, Vol. 39, No. 1, Sin City (2005), pp. 19-46

Chad Heap; Slumming: Sexual and Racial Encounters in American Nightlife, 1885-1940, Historical Studies of Urban America, 2009.

Ken Fogelberg, The Soiled Doves of Tombstone - A Historic Look at Prostitution in the Old West Unknown Binding , 2010.

 Paradise of Bachelors: The Social World of Men in Nineteenth-Century America.” 

http://www.sharkonline.org/index.php/rodeo-family-values/751-the-true-history-of-cowboys-as-sex-slaves

http://www.ranker.com/list/wild-west-sex-facts/jacobybancroft

 http://scienceofhumansexuality.blogspot.co.uk/2013/06/the-history-of-sex-education-1800s-to.html

sábado, 1 de octubre de 2016

Don Quijote y el sexo

"Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea,
ni todo lo que se desea se ama
".
- El Quijote

1.- Introducción

Antes de adentrarnos en materia me gustaría explicar como muchas veces la casualidad es la gran protagonista de las entradas de este blog, un dato que lees de refilón en un artículo te sirve para tirar de un hilo que pronto se convierte en madeja, y finalmente de una anécdota extraes toda una serie de post sobre la sexualidad en la historia.

Otras veces los posts son fruto de la  investigación, visitas a la biblioteca, lecturas de libros y datos recogidos en uno y otro artículo científico, que juntos nos bridan un panorama general sobre el sexo y el erotismo. Por último están aquellos más ligeros y livianos, que fruto de la falta del tiempo, son un mero resumen de informaciones extraídas directamente de la web.

Portada del 'Quixote Erótico'
de Gregorio Morales
Y el artículo de hoy es un poco de todo esto junto, con la idea del cuarto centenario del Quijote estaba trabajando en realizar un post sobre el sexo en el Quijote (y en el renacimiento español). Era la excusa ideal para volver a releer un libro que desde mis años de bachillerato no había vuelto a leer, así que busqué una edición buena del Quijote y me propuse leerlo desde una perspectiva erótica y vaya sí me sorprendí!! El Quijote es un libro repleto de erotismo, sensualidad, juegos de palabras, doble sentidos,...

¿Qué no me creen? Sólo tienen que empezar a leerse el Quijote y descubrirán con asombro como el primer lugar donde va a parar nuestro hidalgo, recién salido de su pueblo natal, no es otro que una fonda con dos prostitutas...

Así que fui recopilando diferentes artículos encontrados por la red dónde se analizaba la obra cervantina en clave sexual, y mi sorpresa fue que apenas habían análisis de este tipo en lengua española. Hasta que, finalmente, la casualidad fue la que me hizo toparme con el estupendo ensayo "Quixote erótico", un fabuloso trabajo dónde se analizaba con esmero todo aquello que estaba yo buscando... y fruto de todo esto surge este post.

El Quijote y su época

Como decimos, y para sorpresa de muchos, se puede afirmar que 'El Quijote' es una obra profundamente erótica, el DESEO es la gran fuerza vital que impulsa a sus personajes, y por lo tanto es una obra que nos permite profundizar en el análisis de la sexualidad de una época marcada aún por cierta libertad sexual y relajación en la aplicación de la moral sexual cristiana.

Y es que Cervantes vivirá entre dos épocas en cuanto a moral sexual se refiere: el siglo XV, un siglo de cierta relajación moral, donde el peso de la Iglesia Católica aún no se hace notar sobre la moral sexual de sus feligreses, ya que se haya enfrascada en una reforma interna, tan urgente como necesaria. Además el Humanismo y el Renacimiento traerán un soplo de aire fresco e ideas nuevas. Pero sólo un siglo después, veremos como la Iglesia Católica bajo el impulso dado por el Concilio de Trento (1563), poco a poco, pero de forma imparable irá imponiendo una rígida moral sexual, basada en el pecado y el sentimiento de culpa.


La carga erótica en las novelas de caballerías

Sin duda alguna, uno de los motivos por lo el cual las novelas de caballerías tuvieron tanto éxito en su época fueron por su alto contenido erótico, y es que sus autores bajo la excusa de escribir obras de tintes fantásticos no dudaron en introducir escenas enormemente atrevidas para su época y con una fuerte carga sexual: aventuras amorosas, caballeros y damas enfrascados en amores prohibidos, galanes lascivos y mujeres entregadas a la pasión, y es que es precisamente esta pasión amorosa es uno de los motores narrativos de dichas novelas.

Así en el Capítulo VI del Quijote, titulado Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo, cuando gran parte de los libros de caballerías de Alonso de Quijano acaban en la hoguera, aquellos que fueron salvados de las llamas también contienen pasajes de un fuerte erotismo para la época. Como la más alta novela de caballería de todos los tiempos, Tirant el Blanc, salvada por el cura a pesar del  «¿qué diremos de la facilidad con que una reina o emperatriz heredera se conduce en los brazos de un andante y no conocido caballero?».

Así pues el Quijote, como espejo de cualquier novela de caballería, también estará repleto de aventuras amorosas, amores prohibidos, apasionados, románticos o ingenuos...  Donde personajes de toda índole y condición: nobles o criados, doncellas o prostitutas, bandidos o campesinos... verán sus vidas trastocadas por la pasión. Y es que cada página del Quijote transpira DESEO, impregnando a toda la novela de un cierto erotismo como iremos desgranando a lo largo de este artículo.

Y como no puede ser de otro forma, nuestro gran protagonista, Don Quijote, es el que mejor representa esta batalla ante el deseo. Porque qué representa Dulcinea sino su permanente e insatisfecho deseo. Además a lo largo de la novela veremos como el triste caballero «se siente espoleado por las exigencias inaguantables de sus impulsos eróticos, pero incapaz de reconocerlos por suyos».


Don Quijote y el sexo

Y es que si hacemos un repaso rápido al tipo de amores y amoríos que aparecen en la novela, al sinfín de personajes rocambolescos que pueblan sus páginas, más nos podría parecer una película de Almodóvar de los 80; ya que como bien nos describe González Echevarría en su artículo "El prisionero del sexo: el amor y la ley en Cervantes":

«La galería de amantes abarca todo el espectro: de damiselas en peligro a prostitutas, de potenciales amantes cortesanos a seductores y tramposos, de mujeres vestidas de hombre a hombres vestidos de mujer, e incluso un atractivo joven vestido de mujer para ser menos atractivo a los demás hombres (está en manos de piratas turcos). (...) Hasta el lánguido y huesudo Rocinante se enamora, pero sus insinuaciones a algunas yeguas reciben coces por respuesta y conducen a una pelea en la que el caballero y su escudero son fuertemente aporreados.».

Don Quijote, Maritornes y Sancho Panza. Ilustración: William Strang (DP).

El Quijote y la Censura

Pero no queremos llevar a engaño al lector de este blog, a pesar de todo lo dicho hasta ahora no encontraremos ninguna escena de amor explícito, no hay besos ni caricias públicas. Aunque esto no nos debería extrañar, primero porque la concepción del erotismo varía enormemente de una época a otra. Seguramente una escena que a nosotros nos puede parecer algo insulsa, como la descripción del pie de una doncella, en la mente de un hombre del siglo XVI provocaría todo un torbellino de fantasías eróticas.

Y segundo, porque Cervantes era consciente de que si quería ver su novela publicada previamente debería pasar el examen crítico, tanto del Consejo de Castilla como de la mismísima Inquisición. Por lo que una de las grandes virtudes del Quijote "es el maravilloso conjunto de artificios y astucias que discurrió Cervantes para desorientar a los censores de la temible Inquisición" y no sólo sugerir escenas de fuerte carga erótica, sino arremeter contra todos los estamentos viciados de su época, como la corrupción, las injusticias sociales o el mal gobierno o incluso arremetiendo contra la mismísima Inquisición.
 
Y es que como venimos advirtiendo, el Quijote está repleto de pequeños detalles, juegos de palabras, y dobles sentidos que aunque a nosotros nos pasen inadvertidos seguramente fueron muy sugerentes y atrevidos para su época.

Una de dobles sentidos...

Uno de estos dobles sentidos que más ha sido comentado se da en el Capítulo LXII  titulado "Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no pueden dejar de contarse" cuando Don Quijote es invitado a pasar la noche en casa de un tal Don Antonio y su mujer, quiénes organizan un sarao en su honor.

Dos de las damas invitadas a la fiesta sacan a bailar a Don Quijote quién pronto desfallecido de tanto baile "se sentó en mitad de la sala en el suelo, molido y quebrantado de tan bailador ejercicio". Por lo que cuando Sancho lleva a su amo a la cama espeta: "Si hubiérades de zapatear, yo supliera vuestra falta, que zapateo como un girifalte, pero en lo del danzar no doy puntada."

Es en esta inocente frase donde algunos investigadores han querido verle un doble sentido, ya que si tenemos "presente el uso del verbo zapatear con el valor del mejor documentado y semánticamente afín calzar, o sea, como equivalente de joder", la frase de nuestro querido Sancho adquiere un nuevo y llamativo significado.


Mujer

No existe un arquetipo de mujer en el Quijote, la idea de mujer va variando a lo largo y ancho de toda la novela, y es que El Quijote es una obra repleta de mujeres, de todo tipo y condición, con sus virtudes y sus defectos. Cervantes no deja de ser un hombre esclavo de su tiempo, una época donde el género femenino tenía poca o ninguna consideración social, estando relegado su papel a pasar de 'hija de' a 'esposa de', teniendo únicamente dos salidas honorables socialmente: o el matrimonio o el convento.

Pues a pesar de todo ello, no deja de sorprendernos encontrar en el Quijote que el papel de la mujer no se limita a la casa o al claustro, también aparecen mujeres libres e independientes, incluso que toman un papel activo en las lides amorosas. Mujeres que enarbolan un discurso de una extraordinaria modernidad, de un feminismo casi militante, más propio del siglo XX que de la Edad Moderna.

Por lo que si uno de los grandes valores del Quijote es su canto a la LIBERTAD, esta novela se hace aún más atrevida y única cuando leemos como proclama con toda lucidez la libertad de la mujer.

Y entre todos estos personajes femeninos podemos destacar a tres mujeres que comparten unos mismos rasgos: la morisca Lela Zoraida, la labradora Dorotea y la pastora Marcela. Toda ellas mujeres fuertes, independientes y que claman por una mayor igualdad y autonomía en la toma de sus decisiones

Ya que como bien dice la pastora Marcela  «Yo nací libre y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos"». Y es que en boca de este personaje Cervantes realiza uno de los más bellos manifiestos en defensa de la libertad de la mujer (Capítulo XIV), en su derecho a elegir y en su derecho a ser libres e independientes:

«Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa…” “Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad?”».


Prostitución

La prostitución es un elemento de continua presencia en el Quijote, ya desde la primera aventura podemos ver como Cervantes refleja este fenómeno social, sin tapujos ni cortapisas, sin ningún tipo de condena moral, un elemento pues que debía ser muy habitual en la vida cotidiana del renacimiento, poblando caminos, ciudades, puertos y pueblos, por lo que la diferencia entre prostituta, tabernera, sirvienta no estaba del todo clara. Además, como ya indicamos en anteriores posts, los taberneros hacían a su vez de proxenetas, explotando sexualmente a sus camareras, incluso muchos son los casos donde era la propia esposa la que era prostituida o incluso ¡sus propias hijas!

Así en su primera aventura se topa con dos mujeres, la Tolosa y la Molinera, "dos mujeres, destas que llaman del partido (prostitutas), las cuales iban a Sevilla con unos arrieros",  Y aunque la obra cervantina está repleta de dobles sentidos, es en este capítulo donde vemos uno de los más claros y evidentes, ya que cuando las doncellas le desnudan para armarle caballero (es decir, cuando las prostitutas le desnudan para iniciarle en los secretos del amor) nuestro Quijote dice:

Nunca fue caballero
de damas tan bien servido
como fuera Don Quijote
cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, del su rocino*

*(juego de palabra donde el rocín o rocino podía equivaler al pene)


Aunque sin duda la prostituta más relevante de todo el Quijote es Maritornes, quien el caballero de la triste figura confunde con la doncella de un castillo, y dónde se insinúa que su hija también ejerce la profesión. Esta mujer representa la lujuria, el exceso, y como tal este capítulo "De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él imaginaba ser castillo" es uno de los más atrevidos (y divertidos) de toda la obra.

Así pues, la Maritornes entra en la habitación de huéspedes, con la intención de yacer con el arriero Arévalo:

"Había el arriero concertado con ella que aquella noche se refocilarían juntos, y ella le había dado su palabra de que en estando sosegados los huéspedes, y durmiendo sus amos, le iría a buscar y satisfacerle el gusto en cuanto le mandase. Y cuéntase de esta buena moza, que jamás dió semejantes palabras que no las cumpliese, aunque las diese en un monte y sin testigo alguno (...)"
- Capítulo XVI

La 'semidoncella' Maritornes siendo agarrada por Don Quijote.
Pero, como no podía ser de otro modo, la locura de nuestro hidalgo inicia una reacción en cadena, dónde finalmente todos acaban liándose a palos mutuamente, mientras nuestro protagonista yace inconsciente, aún más magullado y maltrecho.

"Entró en el aposento donde los tres alojaban en busca del arriero; pero apenas llegó a la puerta cuando Don Quijote la sintió, y sentándose en la cama a pesar de sus bizmas, y con dolor de sus costillas, tendió los brazos para recibir a su fermosa doncella la asturiana, que toda recogida y callando iba con las manos adelante buscando a su querido. Topó con los brazos de Don Quijote, el cual la asió fuertemente de una muñeca, y tirándola hacia sí, sin que ella osase hablar palabra, la hizo sentar sobre la cama, tentóle la camisa (...)"


Voyerismo

Pero como venimos diciendo, aparte de estos capítulos más "sórdidos", el Quijote está poblado de sutiles referencias llenas de erotismo, especialmente aquellas con tintes vouyeristas, como en el Capítulo XXIV, donde dos varones espían a la bella Luscinda vestida sólamente con su camisa interior.

"Cumplíselos yo por mi corta suerte, enseñándosela una noche a la luz de una vela por una ventana por donde los dos solíamos hablarnos. Viola en sayo tal, que todas las bellezas hasta entonces por él vistas las puso en olvido."

Aunque si tenemos que elegir una escena por su fantaseante erotismo es aquella del Capítulo XXVIII, donde nuestros protagonistas observan escondidos como un labrador (que resulta ser mujer) se lava pies y piernas, y qué imaginamos para la época tuvo de ser una escena de una sensualidad desbordante:

"(...) no hubieron andado veinte pasos, cuando detrás de un peñasco vieron sentado al pie de un fresno a un mozo vestido como labrador, al cual, por tener inclinado el rostro, a causa de que se lavaba los pies en el arroyo que por allí corría, no se le pudieron ver entonces; y ellos llegaron con tanto silencio, que de él no fueron sentidos, ni él estaba a otra cosa atento que a lavarse los pies, que eran tales, que no parecían sino dos pedazos de blanco cristal, que entre las otras piedras del arroyo se habían nacido. (...)

Así lo hicieron todos, mirando con atención lo que el mozo hacía, el cual traía puesto un capotillo pardo de dos alas, muy ceñido al cuerpo con una toalla blanca. Traía asímismo unos calzones y polaina levantadas hasta la mitad de la pierna, que sin duda alguna de blanco alabastro parecía.  (...)  


El mozo se quitó la montera, y sacudiendo la cabeza a una y otra parte se comenzaron a descoger y desparcir unos cabellos que pudieran los del sol tenerles envidia. Con esto conocieron que el que parecía labrador era mujer, y delicada, y aun la más hermosa que hasta entonces los ojos de los dos habían visto".

Travestismo

Otro fenómeno muy particular de esta época, fue el travestismo de las mujeres, ya hablamos en este post Hermafroditismo, Transexualidad y cambios de sexo en la Edad Moderna, como fue un fenómeno bastante extendido, especialmente ante la invisibilidad social de la mujer, por lo que no nos debe extrañar que en la obra de Cervantes aparezcan numerosos casos de travestismo.

Aunque en este caso, veremos travestismos de todo tipo y condición: sacerdotes y laicos vestidos de mujer, mujeres vestidas de hombres, muchachos vestidos de muchacha, todo vale en esta obra, donde la identidad sexual de sus personajes tambalea ante la consecución de sus anhelo más universal: el deseo.



Libertinaje

Uno de los personajes más interesantes en clave sexual es "el prisionero de amor", el único de los personajes que puebla la novela que es juzgado y sentenciado por la Justicia por su descarado libertinaje. Algunos especialistas han visto en este galeote, el anticipo de una figura literaria de gran popularidad en los siglos posteriores: el libertino. Una persona amoral, y preocupada únicamente por satisfacer sus deseos sexuales, tan es así, que él mismo confiesa que mantiene relaciones con cuatro mujeres al mismo tiempo:



"Pasó delante don Quijote y preguntó a otro su delito, el cual respondió con no menos, sino con mucha más gallardía que el pasado:
     —Yo voy aquí porque me burlé demasiadamente con dos primas hermanas mías y con otras dos hermanas que no lo eran mías; finalmente, tanto me burlé con todas, que resultó de la burla crecer la parentela tan intrincadamente, que no hay diablo que la aclare. Probóseme todo, faltó favor, no tuve dineros, vime a pique de perder los tragaderos, sentenciáronme a galeras por seis años, consentí: castigo es de mi culpa; mozo soy, dure la vida, que con ella todo se alcanza."

Y es que como bien se recoge en la obra "Love and Law in Cervantes", la seducción de mujeres es un delito que ya venía sancionado en las Siete Partida, castigado severamente especialmente en los casos de incesto, cuando el riesgo de consanguineidad era demasiado elevado. Aunque, como podemos imaginar, la aplicación de este tipo de sanción era muy diferentes si el delito era cometido por alguien del pueblo llano, o por algún personaje del estamento nobiliario, ya que la Iglesia, en estos últimos casos, concedía sin ningún miramiento aprobraciones matrimoniales entre parientes consanguíneos.


Conclusión


Miguel de Cervantes Saavedra.
1547-1616.
Para concluir apuntar que en esta entrada nos hemos limitado a recoger algunos de los aspectos que más nos han llamado la atención tras una lectura rápida del Quijote, ya que nos parece una osadía intentar realizar un estudio pormenorizado de la sexualidad en el Quijote, por lo que muchos temas los hemos dejado en el tintero, esperando tal vez a desempolvarlos en una segunda entrega (homosexualidad, rapto de mujeres, sadomasoquismo, ...).
 
Aunque sin duda alguna el principal objetivo de esta entrada es conmemorar el IV centenario de la muerte de Cervantes, fallecido un 22 de abril de 1616, una pequeña iniciativa surgida ante el asombro y la incredulidad  al comprobar el escaso eco que se ha dado desde Gobierno e instituciones a la figura literaria más importante de lengua hispana, y quizá (con permiso de Homero) de todos los tiempos.

Con todo ello, pretendemos que, con la excusa de esta perspectiva erótica, muchos de los que ahora nos lean, se atrevan a buscar ese tomo del Quijote que todo el mundo guarda en casa (o en casa de sus padres) y se anime a leer, o releer, esta novela sin igual.

Y si así lo hacéis, os invito a dejaros sucumbir ante ese DESEO que es motor principal de la novela, descubrir su latente EROTISMO, y los conflictos sexuales que esa PASIÓN desata, y es que como dijo el propio Cervantes

 "El AMOR junta los cetros con los cayados; la grandeza con la bajeza y hace posible lo imposible".



Bibliografía

 Carroll B. Johnson, «La sexualidad en el Quijote», en Edad de Oro, IX (1990), pp. 125-136

González Echevarría, R.;  El prisionero del sexo: el amor y la ley en Cervantes, fragmento del libro "Love and Law in Cervantes" (Yale University Press).

Joly, M.; Erotismo y marginación social en la novela cervantina, Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America, Vol. 12, Nº. 2, 1992, págs. 7-20.

Sánchez Mendieta, N.; ¿Qué hacer con las escenas sexuales en las ediciones infantiles y juveniles del "Quijote"?, Tus obras los rincones de la tierra descubren: actas del VI congreso internacional de la Asociación de Cervantistas / coord. por Alexia Dotras Bravo, 2008, págs. 691-708.

Vigil, M.; La vida de las mujeres en los siglos xvi y xvii, Madrid: Siglo XXI de España, 1986

[En Internet]

http://www.jotdown.es/2016/04/quijote-la-manzana-nunca-mordimos/

http://www.letraslibres.com/revista/convivio/el-prisionero-del-sexo-el-amor-y-la-ley-en-cervantes

http://deamoresyrelaciones.blogspot.com.es/2009/07/amor-sexo-y-erotismo-en-el-quijote-cap_12.html

 https://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf92/joly.htm

sábado, 16 de abril de 2016

Hermafroditismo, Transexualidad y cambios de sexo en la Edad Moderna


Antes de iniciar esta entrada queremos curarnos en salud ante posibles errores que podamos cometer en la terminología utilizada , y es que, a lo largo de este post mezclaremos una serie de conceptos que hoy en día son claramente identificables, como transexualismo, hermafroditismo, lesbianismo e incluso travestismo, pero que en época moderna muchos de estos casos fueron englobados bajo un mismo concepto, ya que al tener una concepción hipocrático-galénica de la sexualidad humana se otorgaba un mismo diagnóstico a muy diferentes casos.

¿Qué queremos decir con eso de una concepción hipocrático-galénica de la sexualidad? Pues desde la Antigüedad hasta prácticamente la Ilustración se pensaba que desde un punto de vista biológico sólo existía un único sexo: el masculino.

Pero... ¿y las mujeres preguntaréis? las mujeres eran hombres imperfectos, y me explico.... según esta concepción biológica todos los seres humanos eran concebidos siendo hombres, pero una serie de factores como la posición durante el coito, la diferencia de temperatura o los humores internos de la mujer,... modificaban el resultado final del sexo.

Es decir, los órganos sexuales de la mujer eran iguales que los del hombre diferenciándose únicamente en su posición (interna/externa). Por lo que existían distintos grados de perfección en este único sexo: el sexo masculino era el sexo más perfecto, y por contra el femenino era el resultado de un proceso de gestación imperfecto.

Desde esta visión, entre medias quedaban abierta una serie de posibilidades intermedias que explicaban ciertos casos de hermafroditismo, e incluso cambio de sexo espontáneos, siendo muy extendida la teoría que algunas mujeres debido a grandes esfuerzos físicos podían "completarse" sexualmente y desarrollar órganos sexuales masculinos.


Su reflejo en las ciencias y en las letras

Por todo ello, no nos puede extrañar que el hermafroditismo y la transmutación sexual fuese un tema central en numerosos tratados médicos de la época, recogiéndose múltiples casos en todo tipo de escritos, especialmente en los tratados médicos y en las relaciones de sucesos.

La literatura renacentista y del Siglo de Oro no fue ajena a este fenómeno, por lo que muchas grandes obras de nuestra literatura presentan casos de hermafroditismo, transexualismo o travestismo.

Y es como bien señala Gil Fernández en 'La cultura española en la Edad Moderna': "durante el Barroco, se saboreó con gusto lo terrible y lo monstruoso. (...) esa complacencia en lo truculento, profundamente asentada en el imaginario colectivo, favoreció la difusión de historias y escritos donde se detallaban malformaciones, bicefalismos, hermafroditismos o híbridos de humano y animal. Las cortes españolas estuvieron pobladas de enanos, gigantes y monstruos."
La mujer barbuda,
Francisco de Rivera

Sólo hay que asomarse a nuestro Quijote para comprobar que está repleto de personajes que se travisten, y es que el genio cervantino logra con su humor desentrañar la causa principal que se esconde bajo la mayor parte de estos casos: la búsqueda de la libertad! Las mujeres se travisten para alcanzar mayor grado de independencia: como Dorotea que se pone un hábito para escapar !sola! a Sierra Morena, o la hija de Diego de Llana que se viste de hombre para escapar de la casa y ver el pueblo, o Ana Féliz que se embarca vestida de hombre desde las Américas para recoger la fortuna de su padre.

Pero como veremos a continuación estos casos no fueron simples invenciones literarias, sino que existieron casos reales y muy conocidos sobre mujeres que se travistieron para gozar de una libertad que la sociedad les vetaba.

Hermafroditismo

Bajo estos principios, no nos puede extrañar que tanto el derecho civil como el canónico reconociesen desde tiempos medievales la coexistencia de ambos sexos en una misma persona. De esta forma las Partidas de Alfonso X el Sabio ya recogían la forma de proceder en estos casos, procedimientos que se mantuvieron durante los siglo XVI y XVII, a saber, la identificación sexual del individuo por medio de expertos, ya fuesen doctores o comadronas, que tenían que decidir cuál era el sexo dominante.

Aunque esta elección también podía recaer en los padres o en el mismo individuo una vez llegaba a la adolescencia. Por lo que una vez aceptados estos casos por la ciencia médica de la época,  la única imposición de la sociedad era obligar al individuo a mantenerse fiel a esta elección el resto de su vida.

Mujer Hermafrodita.

Transmutación Sexual

Escultura de Hermafrodito.
Al igual que el hermafroditismo, las transmutaciones sexuales eran admitidas sin grandes problemas por el pensamiento de la época. Numerosos autores así lo afirmaban, Antonio de Torquemada en su 'Jardín de Flores curiosas' decía: “No es cosa fabulosa tornarse las mugeres, hombres”, en otro texto de esa misma época también se podía leer: “No  puede  negarse,  el  que la  muger  pueda  mudar  sexo,  y  convertirse  en hombre”.

Normalmente estos cambios de sexo solamente se producían en determinadas ocasiones, como ya dijimos anteriormente, la mayor parte de estos "milagros" acaecían cuando las mujeres se sometían a esfuerzos terribles, como el parto, donde los genitales masculinos era expulsados al exterior.

Otros casos también están asociados a la primera menstruación, como recoge Amato Lusitano sobre una pescadora portuguesa, llamada María Pacheco, "a quien viniendo a la edad en que le había de bajar su costumbre, en lugar de ella le nació, o salió de dentro si estaba escondido, el miembro viril, llamándose entonces Manuel Pacheco", extraordinario hecho del que se hacen eco otros autores como Torquemada o Martín del Río:

 "...en la portuguesa ciudad de Ezqueira, a nueve leguas de Coimbra, vivía un noble que tenía una hija llamada María Pacheco. Llegada a la pubertad, en vez de flujo menstrual le brotó un miembro viril, que no se sabe bien si lo llevaba allí escondido, o si le nació de alguna otra manera. De esta suerte, la muchacha cobró aspecto de mancebo adolescente. Como cuadraba a su sexo, se vistió de hombre y se empezó a llamar Manuel Pacheco. Embarcándose pasó a las Indias, donde por sus hazañas cobró fama de valiente soldado, y también hizo fortuna. De vuelta a su patria, casó con ricahembra. Amado nada dice de que tuviesen descendencia, pero sí que fue siempre imberbe, y de rasgos un tanto afeminados: indicios estos de virilidad imperfecta". 
                                                                         - Martín del Río, Disquisitionum magicarum libri VI, Lyon,   Horacio Cardon, 1612, liber II, quaestio (...)

Incluso existen testimonios sobre transmutaciones sexuales provocadas por el hecho de bailar frenéticamente, como el caso que explica Miguel Montano: " [...] hubo en Vitriaco una joven llamada María. En cierta ocasión, mientras bailaba con frenesí, le brotaron de pronto órganos viriles y se convirtió en varón. Al recibir el sacramento de la confirmación de manos del Obispo de Soissons le cambiaron el nombre por el de Germán. Más tarde le nació barba, y vivió hasta una edad muy avanzada. Sin embargo, nunca se casó."

Aunque curiosamente todos estos casos de transmutación sexual siempre van en una misma dirección, es decir, son las mujeres las que se transforman en hombre, y nunca al revés. Este dato también tenía su "lógica explicación científica" y es que la evolución de ese único sexo sólo podía darse en sentido ascendente, es decir, podía pasarse de un sexo inferior a uno superior, pero no al revés.

¿Intervención Divina?

Otro dato curioso es que gran parte de esos casos se dieron entre un determinado grupo de mujeres... ¿adivinan? las monjas, y es que esa vida de rosarios, oraciones y clausura provocó sin duda a más de una mujer, una transmutación, un "milagro", que las hacía libre de abandonar el claustro.

Aunque en estos casos, estas transmutaciones sexuales solían ser consideradas auténticos milagros, donde la intervención divina era directamente responsable de estos hechos, así algunas santas como Santa Paula de Ávila y Santa Liberata desarrollaron órganos masculinos para salvaguardar su vida, su honra y por lo tanto su santidad.

En su estudio sobre 'Hermafroditas y cambios de sexos en la España Moderna' Antonio Moreno Mengibar y Francisco Vázquez García recogen varios de estos casos donde las monjas son las protagonistas:

- El narrador Juan Fragoso nos habla de una monja del convento de Santo Domingo de Madrid que <<alçando un gran peso se convirtió en hombre y se llamó Rodrigo Montes, y recibió órdenes sacros, y fue después fraile>>

- La religiosa de Alcalá de Henares a la que le sucedió algo similar según narra el padre Nieremberg.

- Uno de los casos más famosos es el de la monja dominica de Úbeda, Magdalena Muñoz, a la que se ha catalogado como hermafrodita, ya que tras ingresar en un convento fue expulsa años después por tratarse realmente de un varón ya que...  “Que  ocho,  o  nueve  días  antes  avian  traido  al  Convento  una  partida  de  cien fanegas  de  trigo,  lo  avia  metido,  y  traspasado  todo  en  una  tarde,  de  el  qual  exercicio sintió  un  gran  dolor  entre las  dos  ingles,  y  que  se  avia  hinchado,  y  entendiendo  se  avia quebrado con la fuerça, se afligió mucho, y no se atrevió a decirlo. [...] y al cabo de tres días se avia resuelto la hinchazón, y le avia salido naturaleza de hombre”. Lo cierto es que esta mujer de fuerte complexión física resultó ser finalmente un hombre, por lo que acabó tomando el nombre de Gaspar y enrolándose en los tercios de Flandes donde se pierde su pista.


Transexualismo social

En una época donde la sociedad estaba tan claramente estratificada, pertenecer a uno u otro sexo suponía un cambio radical a la hora de afrontar la vida, por lo que todos estos cambios de sexo suponían todo un cambio social en sus protagonistas.

Por lo que no todos los casos acaecidos son fruto del hermafroditismo o del milagro de la transmutación sexual, cabe pensar que en la mayoría de estos sucesos no existe cambio de sexo biológico, es decir, esconden casos de lesbianismo o transexualismo social, mujeres que no se identificaron con su género, por lo que decidieron adoptar ropajes de hombres y vivir como tales.



Así en otro caso expuesto por Torquemada podemos apreciar esta situación: “en  un  lugar  no  muy  lexos  de  donde  agora  vivimos,  estava  una  muger  casada con  un  hombre  labrador  no  muy  rico,  y  como  esta  muger  no  tuviese  hijos,  el  marido  y ella  estavan  mal  avenidos,  y  ansi  se  dava  tan  aspera  vida,  fuese  de  celos,  o  por  otra causa,  que  la  muger  una  noche  hurtando  los  vestidos  de  un  moço  que  en  casa  estava, vestida con ellos se fue y anduvo por algunas partes fingiendo ser hombre, y asi sirvió y ganaba para sustentarse, y estando asi, o que la naturaleza obrasse enella pujante virtud que bastase para ello [...] ella se convertio en varon, y se caso con otra muger...”



Dos casos para la historia: Elena de Céspedes y Catalina de Erauso, la monja alférez

Pero sin duda, si hablamos de transexualismo y hermafroditismo en la Edad Moderna hay que destacar el nombre de estas dos extraordinarias mujeres, que aunque les dedicaremos un post aparte, creo que es necesario realizar una pequeña reseña sobre su vida.


Elena/o de Céspedes

El caso de esta mujer se debate entre el hermafroditismo y la transexualidad, ya que aunque nació mujer, después de un parto dijo haber sufrido una transmutación sexual, viviendo su vida a partir de aquel momento como hombre. Se dedicó profesionalmente a la medicina como cirujano (siendo la primera "mujer" titulada como cirujana en toda Europa), incluso contrajo matrimonio con otra mujer, hecho que la llevó a ser juzgada por la Inquisición.

Las dudas sobre su caso parten de que fue capaz de superar varias exploraciones realizadas por importantes médicos del reino que no dudaron en afirmar su masculinidad, aunque hay algunos que piensan que esta extraordinaria mujer, de origen esclavo y morisco, aprovechó sus importantes conocimientos sobre cirugía y las creencias médicas de la época sobre el dimorfismo sexual para engañar a todos aquellos que la rodeaban y así poder vivir la vida que le dictaba su corazón y no su cuerpo.

Intentó llevar una vida libre e independiente, liberada de las rígidas normas de comportamiento que la sociedad imponía a las mujeres. Aunque finalmente, tras repetidos y exhaustivos exámenes médicos fue considerada mujer, y por lo tanto condenada por lesbianismo y sodomía, y forzada a vivir como mujer.

Aunque como indican las diversas operaciones que se autorealizó para disimular su naturaleza femenina, Elena nunca se sintió una mujer, pudiéndola considerar como un transexual masculino.


Catalina de Erauso, la Monja Alférez

Catalina de Erauso.jpg
Catalina de Erauso.
Este caso es algo diferente, ya que sobre ella no hay ninguna sospecha de hermafroditismo, ni de transmutación sexual, simplemente fue una mujer que eligió vivir su vida como un hombre. Esta mujer, condenada a vivir el resto de su existencia en un convento, decidió escapar de él y vivir desde ese momento una vida de aventuras como hombre.

Se ha especulado mucho sobre su identidad y su orientación sexual, ya que nunca sabremos si ella realmente se sintió un hombre y por eso eligió esa vida o simplemente aprovechó su disfraz de hombre para poder vivir su sexualidad de lesbiana sin ser condenada por ello.

Sea como fuera Catalina vivió una vida apasionante, que relató en sus propias memorias, combatiendo como soldado en las Américas. Su valor y bravura le valieron el ascenso a alférez, aunque su fuerte carácter también le costó su carrera militar y le acarreó graves problemas con la ley.

Finalmente atrapada por la Justicia decidió revelar su verdadera naturaleza a su confesor, hecho que la convirtió rápidamente en toda una celebridad en su época, su historia saltó rápidamente a Europa, donde muy pronto adquirió una fama inusitada, siendo recibida por reyes y papas.

Aunque hastiada de todo y de todos, decidió regresar a América y vivir sus últimos años como lo que siempre había sido... un hombre.


Bibliografía

Franco Rubio, G.; Metamorfosis femeninas y desafíos al patriarcado. El caso de Elena/Eleno Céspedes, Impulsando la historia desde la historia de las mujeres.: La estela de Cristina Segura / Pilar Díaz Sánchez (ed. lit.), Gloria A. Franco (ed. lit.), María Jesús Fuente Pérez (ed. lit.), 2012, págs. 417-428 en  https://www.ucm.es/data/cont/docs/995-2015-01-09-Gloria%20Franco%20Metamorfosis%20femeninas.pdf

Moreno Mengíbar, A. y Vázquez, F.: "Hermafroditas y cambios de sexos en la España Moderna", Monstruos y seres imaginarios en la Biblioteca Nacional, Madrid, Algete, 2000.

Richard Cleminson, F.V.; El destierro de lo maravilloso. Hermafroditas y mutantes sexuales en la España de la Ilustración, Asclepio, Vol 63, No 1 (2011)

VV.AA.; Elena de Céspedes. La azarosa vida de una cirujana del siglo XVI, Gaceta médica de México, Vol. 151, Nº. 4, 2015, págs. 538-542 en http://www.anmm.org.mx/GMM/2015/n4/GMM_151_2015_4_538-542.pdf

Zamora Calvo, M.J.; "In virum mutata est"transexualidad en la Europa de los siglos XVI y XVII, Bulletin hispanique, ISSN 0007-4640, Vol. 110, Nº 2, 2008, págs. 431-447

Flores de la Flor, M.A.; Los Monstruos en la Edad Moderna en el Mundo Hispánico



http://elcuadernodelahistoriadora.blogspot.com.es/2014/07/el-cambio-de-sexo-en-la-edad-moderna.html

martes, 15 de julio de 2014

La Prostitución masculina en Grecia y Roma


Índice de Capítulos:

 I.- La prostitución en la cultura romana.

II.- La prostitutas en el Derecho Romano.

III.- Viaje a un prostíbulo del siglo I.

IV.- La prostitución masculina en la Antigüedad clásica.

Uno de los temas que más hemos tratado en este blog es el de la prostitución, un campo de estudio que nos acerca a uno de las facetas más carnales de la sexualidad humana y que más atención ha despertado en la historiografía tradicionalmente. Con todo ello, podemos afirmar sin ningún tipo de rubor que este es un blog muy pornográfico, es decir, es un "tratado acerca de la prostitución" , ya que si nos atenemos a su significado etimológico; "porne", significa prostituta, y "grapho", escribir.
En esta entrada nos acercaremos al mundo de la prostitución masculina en el mundo clásico...


La prostitución masculina en la Grecia Clásica

"Tan pronto como dejó sus años mozos detrás de él, se fue al Pireo, a los baños de Eutídico, con el pretexto de aprender su oficio, pero en realidad con intención de venderse,
como la experiencia ha demostrado
”
- Esquines

Contamos con dos fuentes principales para el estudio de la homosexualidad, la pederastia y la prostitución en la Grecia clásica, el proceso de "Esquines contra Timarco" (descargar aquí), donde se distingue entre prostituto y chico mantenido. y "El banquete"(descargar aquí) un diálogo de Platón que versa sobre el amor.

Hombre ofreciendo dinero a un joven a cambio de sexo.
Tondo en un kílix de figuras rojas, conservado en el
Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
En Atenas existieron dos tipos de prostitución masculina: porneía y hetaíresis, dependiendo si el prostituto estaba inscrito en el registro de oficios. La ley toleraba la prostitución masculina, pero cualquiera que ejerciese esta profesión tenía restringido sus derechos como ciudadano, además los padres de los prostitutos podían repudiarlos y desheredarlos legalmente. Nos han llegado dos términos para referirse a los prostitutos:

- El puto o pórnos era el hombre que se prestaba a actos sexuales a cambio de dinero, la mayoría eran esclavos procedentes de la guerra y estaban obligados a pagar impuestos por ejercer.
- Hetairikós, su significado parace estar más cerca de lo que sería una especie de amante (hetairesis), un prostituto que era mantenido durante cierto tiempo por algún ciudadano acomodado, a cambio de su exclusividad en cuanto a sus relaciones.

La prostitución masculina estaba tan arraigada en la sociedad griega que incluso nos ha dejado algún prostituto célebre como es el caso de Fedón de Elis, que tras ser reducido a la esclavitud tras la conquista de su ciudad, trabaja en un prostíbulo hasta que Sócrates se compadece de él y lo rescata, convirtiéndose en uno de sus discípulos más destacados, dando después nombre a la obra de Platón que versa sobre las últimas horas de vida de Sócrates (Fedón o sobre el alma, de Platón)

Hay que aclarar que la pederastia educativa no está considerada como prostitución, aunque dentro de ésta, como bien se refleja en las cerámicas rojas, el adulto (erastés) ofrecía regalos a su joven efebo (erómenos), por lo que la línea que separa prostitución y pederastia institucional no estaba muy clara.

En Pluto (vv 150-159) de Aristófanes, vemos reflejada esta delgada línea, a través de la conversación de Carión y Crémilo, donde establecen una mordaz diálogo sobre los jovencitos que se apartan del noble amor dentro de estas relaciones pederásticas, distinguiendo entre los pornoi, los putos, que cobran dinero por sus favores, y los "virtuosos", los de buena familia, que reciben lujosos regalos pero dentro de esta pederastia educativa.

[Crémilo] Y de las heteras corintias dicen que, / cuando las pretende un pobre,/ ni lo miran; pero si es un rico, / enseguida a éste le ponen el culo. / [Carión] También de los muchachos dicen que hacen esto mismo, / no por los amantes, sino por dinero. /  [Crémilo] No los buenos, sino los putos; pues/ no piden dinero los buenos. [Carión] ¿Y qué piden? / [Crémilo] Uno un buen caballo, otro, perras de caza. 

Erastés y erómeno. Copa ática de figuras rojas, siglo V a. C.
Museo del Louvre.
Por este mismo motivo, la legislación buscó regular esta situación, con la figura de un funcionario que vigilase la conducta de los jóvenes en gimnasios y escuelas. La ley, en caso de encontrar a un menor prostituyéndose, contemplaba castigos tanto para el padre del jóven como para el proxoneta, quedando el jóven libre de toda pena.

Incluso el gran legislador Solón reguló sobre estos asuntos, prohibiendo ejercer la prostitución a los ciudadanos, sólo estando permitida a los esclavos; “porque el que vende su cuerpo por dinero igualmente puede vender los intereses de la comunidad”; justo al revés de la pederastia que estaba permitida a los ciudadanos pero prohibida a los esclavos.

En todo caso la ley sobre la prostitución masculina era muy clara, y castigaba muy duramente a los ciudadanos que la ejerciesen, daba lo mismo su condición social, riqueza o cultura, la pérdida de todos sus derechos cívicos era inmediata, e incluso sobre el prostituto podía recaer la pena máxima.

"no podrá ser uno de los nueve arcontes, ni cubrir ningún sacerdocio, ni ejercer las funciones de abogado público, ni ninguna magistratura, ni ciudadana ni fuera de la ciudad, ni electiva ni sorteada. No podrá ser enviado como heraldo, ni exponer su opinión, ni participar en los sacrificios públicos, ni llevar públicamente la corona, ni entrar en el recinto purificado del ágora. Si hiciese alguna de estas cosas después de haber sido considerado culpable de hetairesis, será castigado con la muerte”.


En las grandes ciudades portuarias, como Atenas o Corinto, existirían burdeles masculinos. Los de peor fama situados en los barrios portuarios y los destinados a satisfacer a las clases más adineradas se situarían en lugares más discretos y apartados, existiendo, como en el caso de la prostitución femenina, el alquiler de prostitutos por un período de tiempo. Esquiles también alude a prostitutos que ejercen su comercio esperando a los clientes dentro o delante de sus casas o en habitáculos alquilados.

Recientes investigaciones también han sugerido que se utilizasen partes de las viviendas privadas como bares o burdeles, lo que resolvería la incógnita de la escasez de restos arqueológicos relacionados con la prostitución, ya que estos burdeles o tabernas son repetidamente mencionadas en la literatura clásica.

Todo esto nos indica, que los gustos por los jóvenes efebos se extendía a toda la sociedad griega, no sólo era una práctica exclusiva de las élites sociales, sino que la existencia de una prostitución masculina a gran escala, con prostíbulos adaptados a todos los precios, nos hablaría que los estratos más humildes de la sociedad también tenían acceso a este tipo de relaciones homoeróticas.

Hombre ofreciendo gallo a jóven. Rijksmuseum.
Según las fuentes antiguas las tarifas de los prostitutos podían ser muy variables, desde testimonios que nos hablan de sumas miserables, Ateneo menciona a un prostituto que se vendía por tan sólo un óbolo (sexta parte de un dracma); pasando por otros autores que nos ofrecen sumas más generosas, así Estratón de Sardes (Antología Palatina, XII, 239), nos habla de un pago de cinco dracmas; incluso se documenta las ganancias de toda una vida dedicada a la prostitución de un tal Melanopos, que alcanzó la cifra de 3000 dracmas, según nos relata en una de las famosas cartas de Esquines (VII, 3).

Apuntar que estudios modernos, derivados de la obra de Jenofonte, han establecido que con medio dracma al día una familia pobre podía vivir holgadamente en el 335 a.C, siendo el sueldo medio de un trabajador entre uno y dos dracmas diarios.
Como buen reflejo del machismo de la sociedad imperante, vemos como la gran mayoría de los prostitutos trabajaban para satisfacer a una clientela de hombres adultos. Aunque la existencia de gigolós también está atestiguada desde época clásica, ya que en Pluto de Aristófenes, vemos como un jóven mantenía una relación con una vieja, obligado por la pobreza a mimarla, a cambio de dinero comida y vestidos.

Por otro lado, como pasará posteriormente en la sociedad romana, aunque las relaciones homoeróticas sean aceptadas, las hombres afeminados eran motivo de burla habitual “es más fácil esconder a cinco elefantes en el sobaco que a un solo pathikós”, así en casi todas las comedias clásicas podemos encontrar insultos más o menos groseros a personajes de carácter afeminado como "euryproktós", traducido como culianchos.

Dionisos. Cerámica griega.
Por último, añadir que también se ha especulado con la existencia de una prostitución sagrada masculina, en la antigua ciudad de Sición, relacionada con el mito de Prosimno*, ya que existen diversos testimonios sobre festividades relacionadas con él, como el que nos aporta Clemente de Alejandría (Protréptico 2.34.2-4), en el siglo II d.C., que nos habla de la existencia de este mito "Sin embargo, ya son una vergüenza mundial los certámenes y los falos, que se realizan en honor de Dioniso, porque se han extendido de mala manera a toda la vida", lo que nos da una idea de la importancia que tuvo el falo en el culto a Dionisos.

*Prosimno es un personaje de la mitología griega clásica relacionado con Dioniso. Cuando Dioniso quiso bajar al Hades a buscar a su madre Sémele preguntó a Prósimno, o Polimno, pues no sabía el camino, al cual lo encontró a orillas del lago Alcianio. Accedió a darle a conocer la vía de acceso al Hades siempre que le otorgase sus favores sexuales a modo de mujer. Dioniso aceptó en ello para su regreso, encontrando así la entrada cerca del lago de Lerna; sin embargo, cuando volvió del Inframundo Prósimno ya había muerto. Así, el dios cogió una rama con forma de falo y mantuvo relaciones con ella, mediante este bastón que plantó en su tumba.

También se han documentado casos de travestismo por motivos religiosos, en las fiestas a la diosa Cotia de Atenas, diosa de la sensualidad, donde los hombres bailaban vestidos de mujer,



La prostitución masculina en la Antigua Roma

Pintura mural pompeyana.
En Roma, como no, también existió la prostitución masculina, lógicamente en una proporción bastante inferior a la femenina, aunque supuso una dura competencia para las meretrices.  Aunque la principal diferencia entre la prostitución masculina y femenina radicaba en la condición económica de estos trabajadores del placer. En el caso de las mujeres solían ser de clase baja o esclavas, que sobrevivían a duras penas vendiendo su cuerpo, en cambio, los prostitutos se vendían por precios más elevados, lo que les permitía una vida algo más cómoda, al menos sus años de juventud y lozanía.


En cuanto a legislación sobre prostitución masculina tenemos pocos testimonios, uno de los más antiguos se trata de la lex Scantinia de 226 a.C., no se conoce en profundidad pero si que es mencionada varias veces por los legisladores de la época y al parecer castigaba la pederastia, así como la homosexualidad pasiva de los ciudadanos libres. Pero ante la ineficaz de las leyes se optó por la vía más pragmática y beneficiosa para el Estado romano, gravar su actividad como si de cualquier otro trabajo se tratase, por lo que los prostitutos tuvieron que pagar sus impuestos para poder ejercer legalmente.

Se siguieron promulgando leyes para salvarguardar la moral y la decencia pública, los intentos de prohibición fueron escasos, y los que hubo, fueron de cara más a la galería que intentos reales, así tenemos noticias que Alejandro Severo (222 d.C.) trató de eliminar la imagen licenciosa que había impuesto su antecesor, expulsando a quienes ejercieran la prostitución. Sólo con la instauración del cristianismo se empezó a perseguir oficialmente todo tipo de prácticas homosexuales, aunque aún gran parte de la sociedad civil las aceptase con normalidad.

Detalle de la Copa Warren, lado A.
Destacar, nuevamente, los grafitos pompeyanos que vuelven a ser una fuente de información de primera mano para conocer esta realidad. Gracias a ellos, conocemos los casos de Menander que ofrecían sus servicios por dos ases de bronce, y Félix que la chupaba por tan sólo un as. Otros son de carácter más irónico "El que ha ido a visitar a un bujarrón, ¿qué piensas que habrá cenado?". También nos muestran la visión que se tenía de homosexuales pasivos, a los que se les califica con los insultos más infamantes. También en Pompeya se ha encontrado una inscripción en la panza de un cántaro, donde antes de cocerlo, escribieron: “Quienquiera que hace el amor con chicos y chicas sin límite ni medida no administra bien su dinero”.

Pintura mural pompeyana. Cunnilingus.
La mayor parte de esta prostitución estaba orientada hacía un público masculino y como en el caso de las prostitutas, cuanto más exótico fuese su origen, mucho mejor, por lo que egipcios y orientales eran los más solicitados. La prostitución masculina se ejercia en termas, baños públicos, en el circo y sobretodo en tabernas y prostíbulos mixtos, aunque también se ha especulado con la existencia de prostíbulos donde sólo se ofrecían hombres.

También habría sectores para la prostitución masculina, conocidos con el nombre de “statio cunnulingiorum”, que eran calles donde los prostitutos se ofrecían para practicar sexo oral a sus clientes, recordar que la práctica de la fellatio era considerada la más ultrajante que un hombre podía realizar, sobre todo, si se le realizaba a una mujer (cunnum lingere).

La abundancia de personajes afeminados, travestis y prostitutos en las comedias clásicas más subidas de tono, nos hace creer que, en ciertas épocas, tuvo que ser algo común ver paseando por las calles de Roma o ejerciendo su profesión, sin ningún rubor, a todo este elenco de personajes. El caso más conocido de travestismo es el del jóven emperador Heliogábalo, que escandalizó a la sociedad romana, casándose públicamente dos veces vestido de mujer.

En Roma, a diferencia de la Grecia clásica, la mujer alcanzó un mayor grado de libertad, sobre todo a partir de finales de la república, este hecho se vió reflejado en el mundo de la prostitución, donde los servicios de los gigolós fueron muy reclamados. Las mujeres más pudientas se disputaban los servicios de aurigas y gladiadores famosos que cobraban enormes sumas por sus servicios.

Aunque no todo era prostitución de alto standing, Marcial nos ofrece varios ejemplos de gigolós que se vendían a mujer maduras o con escasos encantos a cambios de diversas prebendas:
“Cuando te da, Filis, por sobar mi picha morcillona con tu vieja mano, es como si me estrangularas, Filis, con el dedo gordo. Y cuando me llamas ratoncito mío, ojos míos, no me repongo en diez horas. Si me quieres excitar no hace falta que recurras a la mano, basta con que me digas “te voy a dar cien mil sestercios y una finca en Setio. Te voy a dar casa, vino, esclavos, vajillas de oro, banquetes”.

- Marcial (XI, 29).

Incluso de homosexuales que a causa de sus penurias económicas se ven obligados a servir de gigolós:
“Antiguamente eras rico, Caridemo, pero entonces eras marica y durante muchos años no jodiste a mujer alguna. Ahora andas detrás de las viejas.  ¡Hay que ver a dónde puede llevar la necesidad, hasta convertirte en follador”
- Marcial (XI, 87).

Por último, recordar la importancia de este oficio en el mundo que hasta el calendario romano tuvo uan fiesta dedicada a la prostitución masculina, eran los Fastos de Preneste, y se celebraban el 25 de abril, un día después de la fiesta oficial de las cortesanas.




Bibliografía:
  • Calame, C.; Eros en la antigua Grecia, Akal, 2002.
  • Cantarella, E.; Según natura. La bisexualidad en el mundo antiguo, Akal, 1991.
  • Dover,  K.J., Homosexualidad Griega, El Cobre, 2008.
  • Eslava Galán, J.; Amor y sexo en la antigua Grecia, Temas de Hoy, 1997.
  • Eslava Galán, J.; La vida amorosa en Roma, Temas de Hoy, 1996.
  • Pérez Asensio, J., El tratamiento cómico de la "pederastia" en la comedia griega, SPhV 9, 2006, pp. 209-230.
  •  http://www.livius.org/ho-hz/homosexuality/homosexuality.html