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sábado, 19 de diciembre de 2015

Orgías en la Historia IV: Roma ¿mito o realidad?

 Orgías en la Historia:
- Introducción y Prehistoria
- Antiguo Egipto
- Grecia
- Roma
- Edad Contemporánea (en preparación)

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Orgías romanas ¿mito o realidad?

Si hacemos una encuesta a la gente y les preguntamos sobre sexo y Roma, seguramente la primera imagen que les venga a la mente sea la de unos romanos tumbados en sus triclinium, pegándose un festín con todo tipo de manjares, y vino, mucho vino, en un ambiente cada vez más desenfrenado que acabará en una gran orgía.

¿Mito....

Pues esta imagen, aunque muy difundida y sugerente, no representa la realidad histórica, ya que la cultura romana es su más de 1000 años de existencia estuvo regida por una estricta moral sexual, dirigida principalmente a proteger (y controlar) la virtud de las castas matronas romanas, y donde la mayor virtud de un ciudadano romano era la templanza y el autocontrol, por lo que dejarse arrastrar por las pasiones era visto como causa de degradación moral.

A estos conceptos generales podemos añadir otros tabúes como la homosexualidad pasiva, la felación, el cunnilingus y la homosexualidad femenina, que era tomada por uno de las aberraciones morales más espantosas. Incluso existía cierto pudor acerca de la desnudez en público, especialmente la femenina, ni las más atrevidas pinturas eróticas pompeyanas muestran a las prostitutas completamente desnudas.

Hay que recordar, que al contrario que en la cultura griega, los romanos no vieron con buenos ojos la desnudez pública del cuerpo masculino.


Escena de banquete en una casa de Pompeya

Por todo ello, parece muy improbable la existencia de orgías entre ciudadanos de igual extracción social, ya que sería considerado una auténtica infamia que una casta matrona romana mantuviese relaciones sexuales en público delante de otros hombres.

Tal vez la fama de los "eróticos" banquetes romanos es que fueron el lugar ideal donde las patricias romanas mostrasen todos sus encantos, era casi el único lugar donde podían flirtear con otros hombres, por lo que los banquetes serían el escenario ideal para miradas furtivas, coqueteos e intencionados roces, que podrían culminar en una pequeña aventura extramatrimonial.

Otro dato que apuntan los detractores de la existencia de orgías en la cultura romana es que los romanos canalizaron las actividades de sexo colectivo en fiestas relacionadas con cultos a la fertilidad, como las lupercales o las ludi floralis, donde a pesar de producirse en un ambiente festivo y de cierta relajación moral nunca trasgredían las barreras de la moral sexual imperante.

A todo estos argumentos podemos sumar que los principales testimonios de estas orgías provienen de autores cristianos, cuyo objetivo era mostrarnos la degeneración moral del paganismo frente a la virtuosidad del pensamiento cristiano, o historiadores romanos, que aunque contemporáneos, seguramente exagerasen los vicios de los emperadores, como metáfora de un régimen político corrupto y tiránico.

Si a eso sumamos la enorme cantidad de imágenes eróticas o sexualmente explícitas halladas en cualquier ciudad romana es fácil imaginar cómo esas pinturas o esculturas excitaron la mente de arqueólogos e historiadores, fomentando la perpetuación de muchos de estos mitos.


... o Realidad?



CONTRA SABELO

Los versos que me has leído, Sabelo, son de un estilo asaz elevado para las escenas de disolución que describes. Ni entre las prostitutas de Dídimo, no en los voluptuosos librillos de Elefántide, se hallaría cosa análoga. Pintas en tu obra nuevas posturas de amor, cual puede idearlas el libertino más desenfrenado: lo que hacen ocultamente los más avezados impúdicos; cómo se acoplan hasta cinco o más, formando una cadena , y por fin, cuanto la licencia imagina conforme se apagan las luces. Para tanto cinismo, no era precisa tanta elocuencia.
- Marcial, Epigramas (CLIV)

Pero tras la conquista de Grecia se produce una helenización de Roma, que al calor de nuevas corrientes filosóficas, como el epicureísmo, proporcionarán una nueva visión del hombre, rompiendo con los antiguos tabúes, produciéndose una progresiva liberación sexual, donde la mujer conquistará grandes cuotas de libertad y donde primarán nuevos valores como la pasión, la belleza o la idea de amor romántico.

Porque aunque la sociedad romana tuvo unas normas morales muy estrictas en la esfera pública, en la esfera privada el ciudadano romano gozó de gran libertad, por lo que pudo dar rienda suelta a los vicios o gustos más atrevidos.

Bacchanalia - Auguste Leveque (1890-1910)
Y es que concubinas, prostitutas, esclavos y otros individuos de baja condición social, al no ser considerados ciudadanos romanos, no estaban sometidos a las mismas estrictas reglas morales, por lo que si un ciudadano romano, lograse vencer sus propios convencionalismo sociales, podría montar una orgía con individuos pertenecientes a estas categorías sociales.

Es decir, un esclavo o esclava era considerado un objeto más, que debía total obediencia a su amo, por lo que podían disponer de ellos con total antojo, incluso para satisfacer sus deseos sexuales: existen infinidad de testimonios de esclavos utilizados no sólo como esclavos sexuales al servicio de su amo, sino también dispuestos a satisfacer a alguno de sus invitados, o incluso prostituirlos abiertamente como una forma más de aumentar las rentas de su señor.

Con todo esto, no sería nada raro que aquellos patricios más libertinos realizasen auténticas orgías en sus villas, incluso como regalo para algún ilustre invitado, contratando a prostitutas o sirviéndose de sus propios esclavas o esclavos. Sólo hay que revisar los ácidos Epigramas de Marcial para descubrir todo un mundo de sexo y lujuria, incluso insinuando la transgresión de numerosos tabúes sexuales, como la homosexualidad pasiva:

No soy un adivino: pero si le duele / el pájaro a tu pequeño esclavo
y a ti, Névalo, el culo, / me hace sospechar.

- Epigramas, Marcial.


¿Pero qué pasa con los famosos banquetes?

Fresco de la Casa de los Amantes castos, Pompeya.
Sin duda alguna la idea más difícil de desenterrar del imaginario colectivo es la creencia de que los famosos banquetes romanos acababan en desenfrenadas orgías, de sexo y lujuria descontrolada. Se puede afirmar sin ningún tipo de miedo de que esta creencia es falsa, o al menos de la inmensa mayoría de banquetes.

Los banquetes no dejaban de ser una reunión de amigos, un acto social para charlar y entretenerse, claro que muchos de estos banquetes se desarrollaban en un ambiente de cierta distensión sexual, y es que el placer erótico formaba parte de la cultura romana, ya que el sexo era visto como algo positivo, al no estar ligado a ninguna idea de pecado.

Pero entonces ¿había sexo o no había sexo? Una vez descartada la participación de las castas matronas romanas en cualquier tipo de orgía, sí que era posible que un invitado se retirase a la intimidad de un cuarto con alguna esclava o liberta que le hubiese atraído físicamente, o incluso con alguna meretriz traída al banquete para tales menesteres.

Tal vez la causa de la extensión de este mito fueron los banquetes exclusivamente masculinos, aquellas reuniones destinadas a 'correrse una buena juerga', lejos de las miradas censoras de sus mujeres, banquetes regados con buena cantidad de vino, y donde la presencia de cortesanas versadas en diversas artes como la poesía, la danza o la música erotizaban la velada...

Las miradas y las insinuaciones irían dando paso a caricias y besos, los poemas más líricos y hermosos se irían tornando en poemas y canciones burdas y subidas de tono, los bailes sensuales se convertirían en auténticos striptease, y finalmente cuando los efluvios de Baco impregnasen el corazón y las almas de esos hombres, las escenas de sexo también harían acto de presencia, por lo que, sí que es muy probable, que terminasen en auténticas orgías de sexo en grupo, donde cada hombre daba rienda suelta a sus pasiones, tal y como muestran algunas pinturas de Pompeya, Herculano y Stabia.

Viñeta con orgía del cómic 'Astérix en Helvecia'.

Las orgías imperiales

Pero si alguien ha dado fama a las orgías romanas fueron los excesos de la gran mayoría de sus emperadores, excesos que nunca sabremos si se deben más a la pluma excesiva de vengativos historiadores o responden a una realidad.

Y es que historiadores como Tácito o Suetonio, no dudaron en retratar a numerosos emperadores como tiranos y perversos sexuales, incluso a sus esposas e hijas (Mesalina, Claudia) a los que se les atribuyen la transgresión de todos las tabúes romanos: felaciones, incestos, sodomía, cunnilingus, travestismo y como no orgías!

Un poder ilimitado sumado a la crisis moral y de valores que vivía la sociedad romana en los primeros siglos del Imperio fue el caldo de cultivo ideal para que el sexo, la lujuria y la promiscuidad se extendiese a las capas más altas de la sociedad romana. Y tal vez, aquí se esconda, la realidad de las tan famosas orgías romanas, en el binomio poder y sexo, ya que es fácil rastrear a lo largo de la historia numerosos ejemplos donde aquellas personas que han acumulado poderes absolutos se han atrevido a satisfacer sus fantasías sexuales más atrevidas y salvajes.

'Romanos de la decadencia', Thomas Couture.


Así Tiberio, cansado del ejercicio del poder, pasó sus últimos años retirado en su fantástica villa de la isla de Capri, lejos de las ambiciones y las envidias de la ciudad eterna.  Aunque Suetonio nos dice que en su retiro se dedicó "a favor de la soledad y lejos de las miradas de Roma, entregose finalmente sin freno a todos los vicios que hasta entonces, y aunque torpemente, había disimulado"


Por lo que pronto empezaron a correr toda clase de rumores y chismes sobre lo que allí ocurría donde según cuentan tenía: "un grupo de muchachas, de jóvenes y de disolutos, inventores de placeres monstruosos (...) formaban allí entre sí una triple cadena, y entrelazados de este modo se prostituían en su presencia para despertar, por medio de este espectáculo, sus estragados deseos".

Villa Jovis en Capri
Aunque fue su sucesor, Calígula, el que se lleva el dudoso honor de ser el Emperador más depravado de todo el Imperio, desde el momento de su coronación no dejó de celebrar fastuosos banquetes donde comida, sexo, danza y música se entremezclaban sin pudor alguno. Según las diversas fuentes estas fiestas imperiales derivaban en orgías colectivas, donde se mezclaban patricios y esclavos, que bajo los efectos del alcohol y otras drogas, realizaban todo tipo de actos sexuales.

Según avanzaba su reinado, sus problemas mentales también fueron agravándose, por lo que sus excentricidades y comportamientos desquiciados se multiplicaron: tomaba a su antojo a las mujeres de sus invitados, mantuvo relaciones sexuales con sus hermanas, casándose con Drusila, su hermana  favorita, incluso llegó a nombrar cónsul a su caballo.

Ponemos como último testimonio a Mesalina, la joven esposa de Claudio que murió ejecutada a los 24 años por orden de su propio marido, harto de sus corruptelas, intrigas y escándalos sexuales de toda índole. Se la acusó de organizar orgías, de participar en ritos paganos donde el desenfreno sexual era la regla e incluso se prostituyó en los burdeles más sórdidos de Roma, volviendo de madrugada al Palacio Imperial. Conocida es la leyenda de su apuesta entre ella y la prostituta más conocida de la ciudad, Escila, para ver quién lograba satisfacer más hombres, concurso que ganó la emperatriz, dándole placer a diferentes hombres durante varias horas más.



Conclusión

En este primer viaje hacia la historia de las orgías podemos diferenciar dos períodos, un primer período donde estas orgías están marcada por su componente mágico, ritual; y un segundo período, donde el peso de la religión desaparece y simplemente estas prácticas de sexo en grupo pasan a practicarse por puro placer hedonista.

La segunda conclusión que queremos dejar reflejada es la dificultad para discernir cuánto hay de mito y cuanto de realidad en las famosas orgías romanas, ya que a pesar de contar con múltiples testimonios es difícil pensar que siglos de rígida moral sexual puedan borrarse de un plumazo.

Tal vez la mejor forma para analizar este enigma histórico sea hacer una pequeña comparación con nuestra realidad, ya que a pesar de que hoy en día vivimos en una sociedad cada vez más abierta respecto a todo lo relativo al sexo ¿cuántos de nosotros ha participado en una orgía? ¿realmente participarías?¿por qué la mayoría de la gente nunca ha practicado ninguna actividad de sexo grupal?

Y es que a pesar de que el peso de la moral sexual cristiana es cada vez menor, parece que sus casi dos mil años de presencia ha configurado en nuestro subconsciente colectivo ciertas prácticas sexuales como negativas, cuando no ciertamente como completamente amorales, por lo que imaginamos que algo similar sucedería en los corazones y mentes de los hombres romanos, marcados por cientos de años de una estricta moral sexual.

Aunque a la vista de los numerosos testimonios, tanto gráficos como escritos, parece absurdo negar una realidad, que aunque menos frecuente de lo que pensamos, tuvo que darse en ciertos ambientes de excesivo lujo y libertinaje moral.

Y es que todo parece remitirse a una cuestión más relacionada con el poder y el dinero que de determinada moral imperante de una época, sólo hay que ver los paralelismo entre Tiberio y el ex-presidente de Italia, Silvio Berlusconi implicado en varias tramas de prostitución y orgías, y que al igual que el emperador italiano, se hizo edificar una lujoso villa para sus 'fiestas privadas' en la isla de Córcega.


Bibliografía

Alberto Angela, Amor y sexo en la Antigua Roma, La esfera de los  libros, 2012

Jean-Noel, R.; Eros romano: sexo y moral en la Roma antigua, Ed. Complutense, 1999.

Grimal, P.; El amor en la Roma antigua, Paidós Ibérica, 2000.

http://www.galeon.com/culturaarcaica/orgiabaston.htm


domingo, 19 de julio de 2015

Moral sexual romana I: Los Besos

Moral sexual romana:
- Parte I: Los besos
- Parte II: La virginidad
- Parte III: La infidelidad
- Parte IV: El desnudo

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La mayoría de culturas y sociedades mediterráneas son bastante "besuconas", siendo el beso una forma más de comunicación, normalmente asociado a la idea de respecto y afecto. Pero ese gesto, encierra toda una serie de códigos morales y sociales, que reflejan aspectos sociales, culturales e ideológicos de una cultura.

Las Águilas de Roma de Marini
Así entre los romanos podemos distinguir a grandes rasgos dos tipos de besos: los besos pasionales, moralmente deleznables, especialmente cuando se realizaban en lugares públicos o delante de otras personas; y por otro lado, tenemos los besos 'normales' aquellos que se dan entre amigos como expresión de saludo y respeto, muy habituales en la sociedad romana entre personas del mismo rango social.

En definitiva, el acto de besar estaba muy presente en la vida pública, existiendo numerosos tipos de besos... desde el típico beso de felicitación y de saludo, pasando por besos fúnebres, incluso entre los militares también existía un tipo concreto de beso... Los únicos que eran censurables eran aquellos que mostraban públicamente una actitud de amor pasional... desde el fogoso beso entre una joven pareja de amantes hasta el beso casto de un sólido matrimonio de respetables y notables ciudadanos.

LOS BESOS PASIONALES

Como decimos, en la antigua Roma nunca veríamos a ninguna pareja besarse públicamente, ya que besarse en público era contrario a la 'pudicitia' que toda mujer romana debería respetar. Pero este código moral no sólo se ceñía a las clases sociales más altas, sino que es muy probable que también se extendiese a las clases populares, ya que éstas solían imitar los códigos de conducta de la aristocracia.

Tampoco hace falta retrotraerse mucho en el tiempo para ver situaciones similares... ¿os imagináis en la España franquista a una pareja besándose en plena calle, y no sólo nos referimos a un beso apasionado, ya que un simple beso en los labios podía ser motivo de escándalo público.

En Roma, los besos y las muestras afectuosas de amor deberían realizarse en la intimidad del hogar, un claro ejemplo de esta situación, son las escasas representaciones de arte clásico donde aparezca una pareja besándose. Tal vez, la mejor y más sugerente excepción sea el mosaico de la villa romana del Casale situada en Piazza Armerina, donde se representa a Eros y Psique en actitud muy cariñosa.

Otro ejemplo de esta moral tan estricta respecto a la exteriorización del amor lo encontramos en la obra 'Vidas Paralelas' de Plutarco, en ella el historiador griego nos cuenta que el severo Catón logró expulsar del senado a un tal Manilio, ejemplar ciudadano que aspiraba al consulado. El motivo que expuso Catón y que a la par fue definitivo, fue que Manilio osó besar a su mujer, de día, y a la vista de su hija.
 
Mosaico Piazza Armerina

TIPOS DE BESO

OSCULUM: El osculum era el beso tradicional romano, un beso casto, en la mejilla, utilizado por personas de cierto estatus social como signo de respeto o como señal de agradecimiento por el cierra de algún contrato o acuerdo. Su nombre deriva de la palabra boca "os".

Este era el único tipo de beso que le estaba permitido realizar a una mujer en público, incluso tenía la obligación como marcaba la norma 'ius osculi' de besar de esta forma tanto a su marido como a sus familiares.

SAVIUM: Con este nombre se referían al beso pasional, con lengua, el beso que se da entre amantes y enamorados. Su nombre proviene de la palabra 'suavis' que se puede traducir como dulce, suave.

Incluso Catulo jugando con las palabras utiliza su diminutivo 'saviolum' para referirse al beso robado a su amante masculino: "Te he robado, mientras jugabas, dulcísimo Juvencio, un besito [saviolum] más dulce que la dulce ambrosía".

Incluso el gran Ovidio en sus Amores, aconseja a las mujeres despertar el celo entre sus amantes luciendo "chupetones" en su cuello. "Que él vea por toda la cama rastros de hombres y los moratones en el cuello provocados por mordiscos lascivos"

BASIUM: Palabra de la que deriva nuestro actual beso, y que si en un principio designaba también al beso erótico, poco a poco su significado se fue asemejando más al de 'osculum', siendo ya utilizado en época bajoimperial como sinónimo de beso afectuoso entre familiares.

Escena del cómic 'Murena'.

IUS OSCULI: Una ley para el control de la mujer

Una de las costumbres más llamativas respecto al  mundo de los besos fue la ley 'ius osculi' , el 'derecho al beso', en la cual toda mujer estaba obligada a besar en la boca todos los días, no sólo a su marido, sino también a sus familiares más o menos directos... pero ¿por qué tipificar por ley un gesto de cariño? Porque precisamente no era un gesto de cariño, sino de control de la mujer.

El origen de esta costumbre, según Plutarco se remonta a los primeros tiempos de la monarquía, cuando se promulgó esta ley por la excesiva afición de la mujeres al vino, y que debido a la escasa efectividad en su cumplimiento, se fueron endureciendo sus penas hasta equipar la ingesta de 'temetum' (vino puro) con el adulterio.

Con este beso en la boca se buscaba averiguar si la mujer había bebido vino, no sólo a través del sentido del gusto, sino más bien a través del olfato, evitando de esta forma que la mujer, custodia de las llaves de la casa, cayese en la tentación de abrir la alacena donde se guardaba el vino.

Y es que como ya hemos visto en este blog, a la mujer romana le estaba vetado el consumo de vino (sólo podían consumir vino cocido aromatizado con ciertas especias o vino más puro en ciertas ceremonias o rituales). Además, el incumplimiento de esta norma no era un asunto baladí, ya que su 'dueño' y esposo, podía no sólo divorciarse de ella, sino incluso, castigarla con la misma muerte, ya fuese encerrándola en una habitación hasta su muerte por inanición o mediante una paliza como relata el historiador Valerio Máximo:

 “mató a golpes de fusta a su esposa, porque había bebido vino, hecho por el que ni se le acusó ni se le reprendió” porque “la mujer que toma cierra la puerta a las virtudes y la abre a los vicios”. 
 - Factorum et dictorum memorabilium


Aspecto de una bodega tradicional de Castellote (Teruel).

Esta rígida norma esconde un control de la sexualidad de la mujer, ya que el vino suele asociarse con el libertinaje y la infidelidad, por lo que una mujer que bebiese vino era considerado un acto moralmente deleznable. Por lo que con esta medida se buscaba evitar que la mujer cayese bajo el influjo de los efluvios de Baco y pudiese cometer más fácilmente una infidelidad, que arruinase no sólo el nombre de su marido, sino el de todo su linaje familiar.

Aunque, según nos acercamos a época imperial, parece ser que está estricta norma se fue relajando (el último divorcio registrado por este motivo se fecha en el 194 a.C.), flexibilizándose aún más cuando el vino pasó a formar parte de la dieta básica romana.

Por último, algunos investigadores apuntan a que esta norma fue abolida por Tiberio por causas más bien higiénico-sanitarias, ya que con esta costumbre era muy habitual el contagio y la difusión de herpes labiales, especialmente durante la celebración de ceremonias públicas, por lo que aprovechó una epidemia de herpes para abolir dicha norma.


Otros besos en la vida cotidiana romana

Besos al aire

El repertorio de tipos de besos que se podían observar en una ciudad romana no acaba aquí, así un tipo de beso muy extendido y muy propio de las sociedades mediterráneas son los besos a distancia, al aire, o como lo denominaban los romanos "iacere oscula", lanzar besos.

Un gesto que parece remontarse a las primeras civilizaciones, con un claro origen religioso, donde se lanzaban besos a distancia a las divinidades en diferentes cultos y ceremonias, ante la prohibición de tocar directamente la imagen de la divinidad. Es decir, este tipo de besos fue una forma más de adorar a las divinidades.

Este beso, que en un principio se realizaba juntando el dedo índice y pulgar, como hacemos en la actualidad para indicar que una comida está muy buena, poco a poco, se fue ampliando su significado y diversificándose el tipo de gesto, convirtiéndose en un tipo de beso muy presente en la sociedad, como gesto de gratitud o alabanza. Incluso tenemos testimonios de que las prostitutas durante su festividad en las Floralia lanzaban besos provocativos a los hombres acompañándolos de gestos obscenos.


Besos en la mano

Escena de la película 'El Padrino'
El último beso que vamos a analizar es un beso relacionado con el poder, es el beso en la mano, un beso que implica la sumisión y el respeto frente a una persona de mayor poder y prestigio. Esta costumbre también parece tener un origen oriental y se introdujo en Roma en época imperial, difundiéndose a todo el Imperio desde época tardo imperial

Este tipo de beso dentro de la sociedad republicana sólo sería posible entre individuos de diferente rango social, por ejemplo un esclavo o un liberto besarían la mano de su señor ante la concesión de alguna gracia o algún favor; algo muy similar al funcionamiento de la mafia italiana; aunque este mismo gesto sería impensable entre ciudadanos del mismo rango.

Pero con la progresiva transformación de la sociedad romana desde finales de la República, donde el servilismo burocrático imperial fue borrando el concepto de república de iguales, estos tratamiento se fueron extendiendo al conjunto de la sociedad, siendo la figura del Emperador el ejemplo más claro de este tipo de tratamiento, no sólo a través del beso en la mano, incluso las personas de menos estatus estarían obligados a besarle los pies como acto de sumisión.




Bibliografía

Alberto Angela, Amor y sexo en la Antigua Roma, La esfera de los  libros, 2012

Jean-Noel, R.; Eros romano: sexo y moral en la Roma antigua, Ed. Complutense, 1999.

http://arquehistoria.com/los-besos-en-la-roma-antigua-14771

miércoles, 1 de julio de 2015

Elefantis: el Kamasutra de la Antigüedad

 Manuales eróticos en la Historia:
- Elefantis, los kamasutras de la antigüedad clásica
- Speculum al Joder, un manual erótico medieval molt català
- I Modi, el kamasutra del Renacimiento

"Los versos que me has leído, Sabelo, son de un estilo asaz elevado para las escenas de disolución que describes. Ni entre las prostitutas de Dídimo, ni en los voloptuosos librillos de Elefántide, se hallaría cosa análoga. Pintas en tu obra nuevas posturas de amor, cual puede idearlas el libertino más desenfrenado: lo que hacen ocultamente los más avezados impúdicos; como se acoplan hasta cinco o más, formando una cadena, y por fin, cuanto la licencia imagina conforme se apagan las luces. Para tanto cinismo no era precisa tanto elocuencia".
- Marcial, Epigramas.

El sexo y el amor han sido y son una de las principales obsesiones del ser humano, en este blog ya hemos visto como tanto hombres y mujeres han buscado controlarlo mediante todo tipo de sortilegios, hechizos y artilugios mágicos, incluso desde época prehistórica las primeras manifestaciones artísticas tuvieron un gran componente simbólico sexual.

Como es de suponer todo esto ha tenido su reflejo en la literatura, especialmente en época clásica, donde el sexo y el amor se convierten en los principales actores que mueven los corazones y las voluntades de los hombres. Este interés por el tema del amor ha sido tan grande que se desarrolló un popular género literario especializado en el erotismo, famosos tratados y manuales sobre diferentes enseñanzas amorosas.

Cerámica griega con escena erótica.
Aunque el manual sobre sexualidad más famoso del mundo es el Kamasutra, libro escrito en la India por Vatsyayana Mallanaga allá por el siglo IV d.C., el interés por reflejar los secretos del sexo se remontan hasta los albores de la historia, ya que se conocen antiguos manuales eróticos desde tiempo de los antiguos egipcios.

Ya hemos hablado en este blog del papiro de Turín, una recopilación de posturas sexuales procedente del antiguo Egipto, o el papiro de Leide del que por desgracia sólo se conservan algunos fragmentos.

Los Kamasutras de la Antigüedad clásica

Pero es durante la antigüedad clásica cuando estos manuales sobre sexo alcanzaron gran difusión, algunos siendo tan populares como nuestro actual kamasutra, destacando el tratado 'Elefantis' el cual fue el que alcanzó mayor fama, tanta, que el libertino emperador Tiberio mandó decorar una habitación de su palacio de Capri con imágenes inspiradas en este libro.

Como veremos a continuación estos tratados sobre enseñanzas amorosas fueron bastante habituales en la literatura de la antigüedad, pudiéndose considerar casi un género propio, que se remonta desde época arcaica griega, con autores de uno y otro sexo, empezando por Astianasa, considerada la creadora del género, pasando por otros autores como Botris, Salpe, Páxamo, Pánfile de Epidauro, Nico de Samos, Calístrate de Lesbos o Pitonico de Atenas.

Entre estos bestsellers del sexo de la Antigüedad podemos destacar los realizados por famosas hetairas, cortesanas de lujo de la antigua Grecia, que elevaron a la categoría de arte, el erotismo y el sexo, quedando reflejados sus conocimientos y saberes de su oficio en tratados como el de Artyanassa, el de Filenis de Samos, o el ya mencionado Elefantis.

Heteras en un banquete.
Terracotta de Myrina, Mysia, ca. 25 a.C

Apenas nada sabemos sobre la vida de estas hetairas, de la mujer sobre la que tenemos más datos es precisamente de Elefantis, poetisa griega del siglo I d.C, que aparte de su famoso kamasutra también escribió un tratado sobre cosmética y otro sobre el aborto para mujeres con escasos recursos económicos y sociales.

De Filenis de Samos parece ser que fue una cortesana griega que vivió entre el siglo IV o III a.C, autora de un manual sobre el noviazgo y el sexo. Se cree que el libro es un compendio sobre todo tipo de artes sexuales, ya que se conservan breves fragmentos del manual entre los Papiros de Oxirrinco.

El libro sería un compendio sobre todo tipo de artes sexuales: desde técnicas de seducción, pasando por la descripción de distintas posiciones sexuales, así como toda clase de afrodisíacos, abortivos y cosméticos.

Testimonios sobre su existencia

Pero para nuestra desgracia ninguno de estos manuales de sexo ha logrado sobrevivir a la censura y al paso de tiempo, perdiéndose de manera definitiva en el polvo de la historia. Todo lo que conocemos acerca de ellos es por boca de otros autores:

Escena erótica de cerámica griega.
Suetonio en su obra 'De vita Caesarum' (Vida de los Césares) nos explica que estos manuales se apilaban en el dormitorio de Tiberio "para que cada figurante siempre encontrase el modelo de posturas que debía ejecutar", otorgando al lascivo emperador todo un manual de acrobacias y posturas sexuales con las que satisfacer sus inabarcables apetencias sexuales.

Por otro lado, el poeta latino Marcial nos narra que los libros de Elefantis o el del romano Sabelo fueron libros muy populares en su época.

Otro testimonio sobre su existencia nos lo aportan los famosos Priapeos, poemas obscenos dedicados a la figura del dios Príapo. Entre estos poemas encontramos uno donde se menciona el famoso manual de Elefantis:

Obscenas rigido deo tabellas
dicans ex Elephantidos libellis
dat donum Lalage rogatque, temptes,
si pictas opus edat ad figuras.

(Obscenidades dedicadas al dios erecto
traídas de los cuadros desvergonzados de los libros de Elefantis,
rogándole que intente imitar, junto a ella,
la variedad de cópulas en las ilustraciones)

El mismo poeta bilbilitano realiza una curiosa comparación, quién sorprendido por los lascivos versos de los Priapeos escribió:

Quales nec Didymi sciunt puellae,
Nec molles Elephantidos libelli,
Sunt illic Veneris novae figurae.

(Tales versos, que ni siquiera las hijas de Didymus conciben,
ni los libros libertinos de Elefantis,
en los cuales se disponen las nuevas formas del sexo).

Conclusión

Aunque actualmente no se ha conservado ninguno de estos manuales griegos donde se reflejaban distintas posturas sexuales, es muy probable que algunos de ellos se mantuviesen ocultos en colecciones privadas perviviendo durante siglos pasando de mano en mano.

Por lo que es muy probable que el conocido como kamasutra del Renacimiento, I modi, una colección de dieciséis láminas con diversas posturas sexuales, estuviese inspirado en alguno de esos antiguos manuales que aún se conservase en alguna vieja biblioteca particular.


Bibliografía:

 Alberto Angela, Amor y sexo en la Antigua Roma, La esfera de los  libros, 2012

 http://elespejogotico.blogspot.com.es/2012/07/elefantis-y-el-arte-del-erotismo.html

jueves, 1 de mayo de 2014

Pinturas Eróticas Romanas

Uno de los elementos más significativos, sobre la concepción de la sexualidad en el mundo romano, son las pinturas eróticas en forma de pequeños cuadritos con escenas eróticas explícitas. 

Estos cuadritos tuvieron gran éxito, sobretodo en época Imperial, y Pompeya, es un magnífico ejemplo de este éxito, aunque no sabemos si estará relacionado con que Pompeya fuese la ciudad del amor, consagrada a la diosa Venus.

Pintura de las Termas Suburbanas de Pompeya
Durante las siguientes líneas intentaremos descifrar su significado y sus posibles usos, porque la concepción de estas pinturas varía según donde estén ubicadas, ya que las encontramos en prostíbulos, locales comerciales, casas particulares, incluso en algunos edificios de gran tránsito como las termas suburbanas. 

En estos cuadros aparecen distintas posiciones amorosas, cuyos modelos parecen repetirse en la mayoría de los casos; por lo que imaginamos que los artistas se inspirarían en los manuales de modelos eróticos, que tuvieron que circular por los talleres romanos bajo nombres de prostitutas famosas como Elefántide o el de Filénidas de Samos, de los que tenemos constancia de su existencia, aunque desgraciadamente no hemos conservado ninguno, y que seguramente inspiraron a Ovidio en su Ars Amandi.

Cunnilingus en Pintura pompeyana.
Su proliferación indica claramente que estas pinturas se convirtieron en un objeto de consumo y coleccionismo a principios de la era imperial entre las clases altas. Incluso un emperador como Augustó, que intentó recuperar la vieja y sobria moral republicana, coleccionó estos cuadritos preciosistas. Suetonio (Tiberio, XLIV, 2) también nos relata que Tiberio poseía un cuadro pintado por Parrasio representando a Atalanta realizando una felación a Meleao. Aunque esta moda no escapó de las críticas y reproches de los más rancios moralistas.

Es importante señalar que muchas de estas escenas contenían un tono de parodia e ironía,  lo que matizaba la carga sexual, permitiendo su pública exhibición, aunque fuese en contra de las leyes morales impuestas por los diferentes emperadores.

Por último, cabe señalar que la finalidad de estas escenas situadas en lugares públicos tenían otro objetivo claro, captar la atención del cliente, ya que si hay algo que siempre ha atraido la atención del hombre es el sexo.

A continuación ofrecemos toda una serie de lugares donde se han documentado estas pinturas:


- Prostíbulos: Lógicamente estos cuadritos tienen un claro significado erótico,capaz de levantar el lado más lujurioso y pasional de su observador, es decir, tenían un fin claramente sexual, ya que servirían para crear un ambiente erótico e ir levantando la líbido de los clientes de los prostíbulos.

Estos cuadritos los encontramos sobre las puertas de las habitaciones de las meretrices, por lo que se ha especulado que también sirviesen para indicar la especialidad de cada prostituta.

Lupanar de Pompeya con frescos eróticos sobre las habitaciones

- Casas de particulares: los cuales han suscitado mayor controversia en cuanto a su función, según Giovanni Guzzo en algunas de estas casas también se ejercería la prostitución, donde el señor sacaría un provecho extra de algunas de sus esclavas, como se recoge epigraficamente en la Casa de los Vettii (VI, 15, 1)

- Tabernas: También podía utilizarse alguna parte de la casa como taberna. Muchas de estas tabernas se caracterizaban por ofrecer también servicios de prostitución a través de la misma camarera o alguna esclava en alguna habitación apartada.

Los cuadros como hemos dicho anteriormente también podían tener un componente irónico o humorístico, sobretodo, los expuestos en lugares públicos, como los de las tabernas. En Pompeya tenemos dos curiosos ejemplos:

Dibujo de César Famin (1827)
- Vía de Mercurio (VI, 10, 1): Una pareja de malabaristas realizan sexo mientras intentan beber y comer al mismo tiempo. Fresco actualmente desaparecido.




Nolo cum Myrtale!






- Salvius (VI, 14, 36): Donde aparecen un hombre y una mujer besándose con un letreo que dice "no quiero un beso de Myrtale", famosa felatriz de Pompeya.




Casa del Hermoso Impluvio

- Por otro lado, y alejándonos del mundo de la prostitución, también podemos incluir dentro de esta categoría cuadros eróticos con personas reales como decoración parietal, donde se trata el tema del erotismo de manera mucho más sofisticada y sensual. Por lo que esta visión del amor refinado se podía mostrar abiertamente a los invitados y familiares. Ejemplos de este tipo de pintura lo encontramos en la Casa del Hermoso Impluvio (I, 9, 1) o en la Casa de Cecilio Giocondo (V, 1, 26). Recordar que el tema del amor era muy recurrente en la decoración de los dormitorios, aunque no tuviesen tan alta connotación sexual.


- También encontramos estos cuadros en habitaciones privadas, que tienen que ser entendidas como habitaciones para el placer. Es decir, un espacio reservado por el señor de la villa para sus relaciones sexuales con sus esclavos o para sus fiestas privadas. Antonio Varone identifica varias casas con este tipo de habitaciones para juegos eróticos: Villa Carmiano, situada en Gragnano, o la Casa del Centenario (IX, 8, 6) en Pompeya.

- Para finalizar, visitamos un edificio de bastante tránsito con imágenes de sexo bastante explícito como son las Termas suburbanas. Era un edificio privado, donde hombres y mujeres compartían vestuario (apodyterium), cosa poca común, guardando sus vestimentas y sandalias en las taquillas. Sobre cada guardarropa se despliegen 16 pequeños frescos con escenas eróticas, in crescendo, cada vez más atrevidas y lascivas. Su función seguramente fuese mnemotécnica, similar a las de las spintriae, para recordar el armario donde se guardaba la ropa, aunque también se ha especulado sobre la posibilidad que fuesen los servicios ofrecidos en el interior de las termas.


Vista general de la pared con la numeración de los armarios.


¿Porqué los romanos sentían esa necesidad de representar la sexualidad en todo tipo de formato  y formas? Según en palabras de A. Varone: "La respuesta no puede ser más que una y está unida al arcano mismo de la sexualidad, fuerza mágica, en muchos aspectos, inescrutable y, en todo caso, condicionante de la vida misma de cada ser. [...] Desde el momento en que no se asocia a ninguna noción del pecado, esta acción se vuelve automáticamente más fácil [...]
Las paredes pompeyanas nos ofrecen una lección, en definitiva, de enorme y sorprendente madurez, debida a un pueblo que supo hallar el adecuado equilibrio entre el deseo sexual y la moral del comportamiento"

Fuentes:

- Varone A. (2007). Las imágenes del sexo en Roma a través de Pompeya en La imagen del sexo en la Antigüedad (pp 275-322). Barcelona. Tusquets Editores.

lunes, 24 de febrero de 2014

SPINTRIAE: Las monedas romanas del sexo



Las Spintriae eran monedas realizadas, en bronce o latón, fueron acuñadas por orden de Tiberio, y existían 16 tipos de monedas diferentes, aunque una de ellas no se acuñó oficialmente y representaba un pene con alas. Sus medidas eran aproximadamente de unos 20 mm diámetro. Aunque se encuentran por todo el mundo romano, su número es bastante reducido, comparado con la alta presencia de burdeles en época romana,así que parece ser que no tuvieron mucha circulación, por lo que hay poca información sobre ellas, aunque ya Marcial las llamaba, lasciva nomismata. Se las conoce por el nombre de spintriae, a partir del siglo XVII, probablemente a partir de una lectura incorrecta de la Vida de Tiberio (XLIII) de Suetonio.



La teoría más generalizada sobre estas monedas es que son monedas especiales usadas en prostíbulos y burdeles del Imperio Romano para solicitar servicios sexuales. El uso de estas monedas implicaba una doble ventaja:
- Por un lado se evitaba el uso de monedas corrientes donde apareciera la esfigie del emperador, por lo que de esta forma se evitaba mancillar el honor del personaje ilustre que adornase cualquier de las caras de la moneda.
- Por otro lado, estas monedas servirían para vencer los problemas idiomáticos tanto por parte de las prostitutas (muchas de ellas esclavas venidas de otros países) como de los clientes (marineros, soldados, comerciantes provinientes de todos los rincones del Imperio). Así en una de las caras de la moneda aparecería el servicio demandado por el cliente, mientras que por la otra, venía el precio a pagar por el servicio solicitado, también se ha especulado que ese número pudise indicar el número de la habitación donde se realizaba dicho servicio.

La otra teoría sobre estas monedas es que fueron un encargo del lascivo emperador Tiberio (muy aficionado a los juegos sexuales, como bien nos relata Suetonio) y que fuesen utilizadas como nuestros dados eróticos actuales.

La felación era uno de los servicios más caros, ya que esta práctica era consideraba una de las más indignas.


A continuación os dejamos un pequeño fragmento de la Vida de los Doce Césares dedicado a la figura del emperador Tiberio escrito por Suetonio:


XL
Después de recorrer la Campania y haber hecho la dedicación del templo de Jupiter encapua, como también la del templo de Augusto en Nola, pretexto de su viaje, marchó a Capri, gustándole mucho esta isla porque solamente era abordable por un lado y por entrada muy estrecha, haciéndola inaccesible por los otros, escarpadas rocas inmensamente altas y el abismo de los mares (...)

XLII
 A favor de la soledad y lejos de las miradas de Roma, entregóse al fin sin freno a todos los vicios que hasta entonces había disimulado, aunque mal: de ellos hablaré, y también de su origen. En los campamentos, y desde que comenzó la vida militar, se le conocía por su extraordinaria afición al vino, hasta el punto de llamarle los soldados, en vez de Tiberius, Biberius; en vez de Claudius, Caldius, y en vez de Nero, Mero. (...)

XLIII
En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos en derredor. Allí un grupo elegido de muchachas y de jóvenes disolutos, reunidos de todas partes, y algunos que habían inventado monstruosos placeres, y a los que llamaba sus maestros de voluptuosidad (spintrias), formaban entre sí triple cadena, y entrelazados de esta manera se prostituían en su presencia para despertar, por medio de este espectácUlo, sus lánguidos deseos. Tenía además diferentes camaras diversamente arregladas para estos placeres, adornadas con cuadros y bajo relieves lascivos, y llenas de libros de Elephantidis, con objeto de tener en la acción modelos que imitar. Gracias a él, los bosques y las selvas no eran más que asilos consagrados a Venus, y veíase a la entrada de las grutas y en los huecos de las rocas la juventud de ambos sexos mezclada en actitud voluptuosa, con trajes de ninfas y silvanos. Así es que el pueblo, jugando con el nombre de la isla, daba a Tiberio el de Caprineum.


SUETONIO: Vida de los Doce Césares, volumen II, Ediciones Alma Mater, Barcelona, 1967, Liber III: Tiberius.



COLECCIÓN DE SPRINTIAE