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sábado, 4 de abril de 2020

Fetichismos y parafilias en la Historia: Candaulismo (Infidelidad consentida)


Fetichismos y parafilias en la Historia:

- Capítulo I: Agalmatofilia
- Capítulo II: Candaulismo

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El candaulismo es una práctica sexual o fantasía que se refiere al impulso psicológico de un sujeto de exponer a su pareja sexual o imágenes de ella o él, ante otras personas, con el fin de obtener gratificación erótica.

El término puede aplicarse a la simple exhibición del cuerpo de la pareja, como deseo que sea admirada por su belleza, como a la excitación de ver a la pareja manteniendo relaciones sexuales con una tercera persona.


Algunos psicólogos asocian esta parafilia como una variación de otras prácticas similares como pueden ser el voyeurismo y el exhibicionismo. Otros la ven más cercana a prácticas sadomasoquista, dentro de juegos de dominación y sumisión. Nos vemos con la obligación de remarcar que este tipo de prácticas siempre tienen que ser consensuadas con la pareja, sino están catalogadas como delito.

Aunque hoy en día esta práctica es más conocida con el término inglés de "cuckold", como cualquier fetichismo o parafilia recoge su nombre de un personaje de la Antigüedad. En este caso del rey griego Candaules.

Candaules


Fue rey del poderoso reino de Lidia, situado en las actuales costas de Turquía. Fue el último rey de la Dinastía Heráclida, ya que, como veremos, fue asesinado por uno de sus colaboradores más próximo, Giges, otro de los protagonistas de esta historia.

El relato más detallado sobre su reinado nos lo proporciona Heródoto de Halicarnaso, quien nos cuenta que Caudales sentía auténtica pasión por su mujer, considerándola la mujer más bella de todo el reino.

Esposa de Candaules descubriendo el escondite de Giges.
Eglon Van Der Neer (1660-1662)

Un día, estando reunido con Giges, uno de sus ministros de más confianza, empezó a alabar la belleza de la reina. Canduales, creyendo que Giges reaccionaba a sus palabras con incredulidad, le propuso que lo comprobase con sus propios ojos.

Invitó a Giges a esconderse en el dormitorio de su esposa y contemplarla desnuda, y juzgar así, con sus propios ojos, si las palabras del rey eran una exageración.


El rey Candaules de Lidia mostrando a su mujer
Jacob Jordaens.
Giges rechazó el ofrecimiento del rey, no sabemos si por respeto a su monarca o a la reina, o por miedo que se tratase de algún tipo de estratagema del rey para librarse de él. Aunque debido a la insistencia del rey, ya sabemos que no es conveniente contrariar a un rey, finalmente acabó aceptando.

La noche acordada, el rey escondió a Giges en las estancias del monarca. La reina, en su ignorancia, se desnudó como todas las noches, mientras el fascinado Giges observaba con veneración el cuerpo desnudo de la dama. Una vez que la Reina se acostó en su lecho, el Rey intentó sacar al estupefacto Giges de la habitación en sigilo. Pero decimos "intentó" porque la Reina se percató de lo ocurrido. Ultrajada, en silencio, prefirió meditar sobre cómo restaurar su honor.

Al día siguiente, la Reina hizo llamar a Giges a su presencia. La reina le acusó de haber mancillado su honor, pero ante las explicaciones de Giges, la dama le dijo que sólo tenía dos opciones para resarcirlo: Suicidarse, ya que sus ojos habían contemplado lo que a todo el mundo le estaba vetado; o asesinar al rey, ya que era el culpable de esta situación, y proclamarse con nuevo monarca y tomarla a ella como esposa, ya que era probable que Candaules quisiese repetir la  experiencia.

Giges, sorprendido ante las exigencias de la reina se quedó en shock, pero ante la amenaza de perder su vida o convertirse en rey, decidió cumplir con los planes de la reina y asesinar al rey. Como la venganza es un plato que se sirve en plato frío, la reina decidió utilizar la misma estrategia que utilizó su marido. Metió a escondidas en el dormitorio a Giges, ocultándose en el mismo sitio que la vez anterior y cuando el rey se durmió lo apuñaló hasta la muerte.

La coronación de Giges no fue tarea sencilla, ya que dentro de la corte tenía enemigos. Por lo que decidieron consultar al oráculo de Delfos sobre la legitimidad de Giges para ocupar el trono de Lidia. El oráculo, debidamente sobornado por oro y plata, confirmó a Giges como nuevo monarca.

Como decimos, este relato de Heródoto no es el único que existe sobre este suceso. Existe una versión más antigua que nos narra como el rey Candaules exigió a su esposa a desfilar desnuda frente a sus tropas, por lo que, ante la negativa de la reina, ordenó matarla.

El rey Candaules
Jean Leon Gerome


Jerjes y Esther


Este fetichismo, aunque nos pueda parecer único, no es tan infrecuente como nos pueda parecer. Tenemos otro caso similar que viene recogido en el 'Libro de Esther'

En él se cuenta, que un rey persa denominado Asuero, a quién los investigadores identifican como el gran Jerjes I, estaba casado con la hermosa Vasti. Jerjes que gobernaba un inmenso imperio que se extendía desde la India hasta Etiopía estaba celebrando un espectacular banquete de varios días, con príncipes y nobles llegados de todos los puntos de su vasto Imperio.

En un momento dado, el rey embriagado por el vino quiso presumir de una de sus más hermosas conquistas, la reina Vasti, por lo que ordenó que la reina se presentase al banquete con sus mejores galas. 


La reina ofendida decidió incumplir las órdenes del rey. Un acto de desobediencia que, ante la presencia de tan ilustres invitados, suponía toda una ofensa al gran Jerjes, por lo que no dudó ni un instante en relegar a su esposa y contraer matrimonio con Esther.

Podemos entender que en aquellos tiempos antiguos, las esposas de estos poderosos monarcas fuesen vistas como un trofeo de guerra más, y que fuese viable quererlas exhibir públicamente, como muestra de su poder. Pero como veremos, a lo largo de la historia, hemos tenido más casos de candaulismo.

Antigua Roma


No nos vamos a detener mucho en la Antigua Roma, ya que la corte imperial romana siempre ha sido un hervidero de toda clase de rumores sexuales, creo que no hay filia o fetiche que no se le haya atribuido a uno u otro miembro de la familia imperial.: Desde Messalina, a la que se le ha acusado de todo, pasando por los emperadores Tiberio o Calígula, a otras mujeres romanas como Clodia o Faustina, la joven.


El Duque de Orleans y su libertino juego


El Duque de Orleans mostrando a su amante,
E. Delacroix, 1825

Otra figura histórica que protagonizó un claro ejemplo de candaulismo fue el Duque de Orleans, un episodio recogido en diferentes fuentes como en la "Historia de los duques de Borgoña", de Baramte, o en "Les vies de dames galantes", de Brantome; y que nos sirve de ejemplo de la vida libertina que impregnó a la aristocracia francesa en el siglo XVIII.

El duque de Orleans tenía entre sus amantes a Mariette d'Enghien, esposa de su antiguo chambelán, Aubert le Flamenc.  Mariette confesó a su amante Luis lo poco que su marido la tocaba y lo desatendida que estuvo siempre en la cama, así que al Duque de Orleans se le ocurrió un divertido y peligroso juego, ver si su marido era capaz de reconocer su cuerpo desnudo. Le hablaría a Aubert le Flamenc del delicioso cuerpo de su nueva amante, y se lo mostraría desnudo para que lo contemplase, pero cubriéndole el rostro a la dama para respetar su honorabilidad.

 

Y ni corto ni perezoso, el duque de Orleans hizo entrar a Aubert a sus aposentos, donde le esperaba desnuda en la cama, la amante de uno y la esposa del otro. El duque le mostró al marido el cuerpo desnudo de su mujer, pero ocultándole el rostro tras las sábanas, y como esperaban el cornudo marido admiró la gran belleza del cuerpo de la mujer, pero sin ser capaz de reconocer que era el cuerpo de su esposa.

Este episodio ha sido recogido por varios pintores, entre ellos el gran Eugene Delacroix.



El escándalo Worsley


No nos extenderemos mucho sobre este caso, ya que esta trama merece un post aparte, ya que fue uno de los escándalos sexuales más sonados en la alta sociedad británica. Y es que la joven Seymour Dorothy Fleming, más conocida como Lady  Worsley, a pesar de estar casada, era conocida por su "ligereza", coqueteando públicamente con sus numerosos amantes.

Por lo que, cuando Lady Worsley quedó embarazada, pronto surgieron habladurías que insinuaban que la hija era fruto de su relación con el Capitán George M. Bisset, amigo íntimo y vecino del Gobernador Sir Richard Worsley.


El pobre gobernador intentó tapar el escándalo, retirándose el matrimonio a una apartada villa, pero el carácter libertino de Lady Worsley hizo que la situación estallase. Sir Richard Worsley cometió un error que pagaría el resto de su vida, ya que no se le ocurrió otra cosa que demandar a Bisset por adúltero, por haber seducido a su mujer y, como no, por haber mancillado su honor, por lo que le reclamaba una fuerte suma de dinero o la cárcel en caso de impago para el adúltero.

Viñeta satírica donde se ve a Sir Richard
ayudando a Bisset a ver a su esposa desnuda.
Por lo que en 1782 se inicia un juicio que terminará en un escarnio público para el matrimonio Worsley.

Y es que los abogados de Bisset defendieron a su cliente argumentando que el propio Sir Richard había alentado el romance, animando a su esposa al adulterio.


Un 'ménage à trois' que se vio aireado en los periódicos londinenses, publicando viñetas satíricas, ya que se desveló que Sir Richard también era cómplice de adulterio, al ser cómplice junto a Bisset, de espiar a su mujer en una casa de baños.

Aunque Sir Richard ganó técnicamente el juicio, se le otorgó la irrisoria cantidad de un chelín por daños molares, al ser considerado cómplice del adulterio. Todo ello acabó con la carrera política de Sir Richard.


Lady Worsley acabó peor, convirtiéndose en una apestada a ojos de la sociedad británica, repudiada por su marido, desterrada por su familia, sin poder ver a sus hijos... su única forma de sobrevivir fue seguir con su vida libertina, convirtiéndose en una dama de "compañía" de ricos amantes.


¿Musas o candaulismo?


La línea que separa la exposición pública de alguna de las musas de grandes artistas a ser consideradas prácticas exhibicionistas o candaulistas puede ser muy fina.

El caso más evidente puede ser la extraña, y abierta, relación que mantuvieron Salvador Dalí y su gran musa, Gala.

Según numerosos testimonios, Gala era una mujer de mucho carácter y con un fuerte impulso sexual, por lo que mantuvo durante toda su vida numerosos amantes, relaciones que el propio Dalí alentó.


Aunque al ser una relación tan poco convencional , una relación marcada por una poderosa atracción erótica (aunque al parecer ausente de sexo), donde se fusionaron amor, pasión, locura, tormento... es difícilmente clasificable.
En esta delgada línea algunos autores también sitúan al pintor italiano Raffaelo de Urbino y los retratos que realizó a su musa y amante, 'La Fornarina', a quién no dudó de representar en poses muy escandalosas.


La fornariana,
Rafael Sanzio, 1518 - 1520

Una de espías


Acabamos este repaso con uno de los casos más claros y polémicos de candaulismo y exhibicionismo, y es que el protagonista era un agente del FBI.

El agente se llama Robert Hanssen y fue arrestado en 2001 acusado de espiar para los rusos. Durante las investigaciones se desveló que Hanssen había utilizado el equipo del FBI para sus propios fines fetichistas.

En un principio, tomó a escondidas fotografías explícitas de su mujer y se las envió a un amigo suyo. 


La búsqueda de nuevas sensaciones hizo que la parafilia fue aumentando en intensidad, ya que posteriormente invitó a su amigo a observar clandestinamente como mantenía relaciones sexuales con su esposa a través de una ventana.

Aunque contando con un equipo de última tecnología del FBI ¿por qué no aprovecharlo para grabar esas relaciones? Así que montó un circuito cerrado de televisión para que su amigo pudiese ver desde la habitación de invitados lo que ocurría dentro del dormitorio.

Bibliografía


 https://lavilladelospapiros.com/2017/11/19/historia-de-candaules-en-la-pintura/

https://es.wikipedia.org/wiki/Candaulismo

https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-08-24/que-le-harias-a-mi-mujer-perversion-sexual_1599179/

 http://retratosdelahistoria.blogspot.com/2011/05/el-escandalo-worsley.html

sábado, 12 de octubre de 2019

La vestimenta de las prostitutas en Roma: entre la infamia y la lujuria


Como cada año en Mérida se celebra el Emerita Lúdica, unas jornadas donde se recrea la vida y costumbres de la Antigua Roma, y dónde cada año, cada vez más gente decide participar vistiéndose como los antiguos romanos. Hay un grupo de mujeres recreacionistas que todos los años se visten como prostitutas, luciendo espectaculares vestidos rojos con gasas transparentes... Así que decidí escribir un artículo sobre la vestimenta de las prostitutas en el mundo romano. Pensando, pobre de mí, que iba a ser un post rápido y sencillo.

Legionario, prostituta y esclavo.
Del grupo recreacionista Emerita Antiqua


Pero la historia no deja de sorprendernos, y por eso me encanta escribir en este blog, especialmente en temas que necesitan cierta investigación.... Y es cuando crees que se sabe todo acerca de un tema, cuando más indagas en él, cuantas más fuentes consultas, más dudas surgen, más datos contradictorios emergen, por lo que decides indagar más y más... hasta descubrir con asombro que muchas veces damos por ciertos datos o fuentes parciales, carentes de contextos o de difícil interpretación, que se repiten una y otra vez en todas las webs.

Y cómo suele pasar en muchos temas relativos a la sexualidad en la cultura romana la "verdad histórica" depende mucho de las respuestas que estés buscando. ¿Cómo vestían las prostitutas romanas? La respuesta más sencilla sería que la comunidad científica no sabe a ciencia cierta cómo vestían, o que vestían de formas tan variadas (según época, nivel adquisitivo, nivel social, zona geográfica, meteorología, o incluso modas) que no hay una única respuesta.


Una cara de la cultura romana: sobriedad y recato.



Seguramente si os digo que os imaginéis cómo va vestida una mujer romana os vengan a la mente vestidos muy sensuales, con escotes de infarto, paños con transparencias y colores muy llamativos... Y es que la mayoría de películas y series ambientadas en Roma nos han mostrado a la mujer romana, como una mujer frívola, seductora, y muy, muy sexy.

Protagonistas femeninas de la serie 'Spartacus'
Pero la realidad es muy diferente, en una sociedad tan machista y clasista como la romana, la mujer, y por mujer nos referimos a la ciudadana romana, a la matrona, iba muy tapada, especialmente en público, muchas veces cubriendo manos y cabeza, obligada siempre a salir acompañada en los espacios públicos.

Y aunque no se puede negar que la mujer romana era presumida y le gustaba vestir bien e ir a la última moda, como bien vimos en este artículo sobre la primera manifestación de mujeres en la Roma Antigua, todo ello, siempre, guardando el decoro y el pudor que se le exigía a una buena matrona romana.

La vestimenta en Roma, bueno en nuestra sociedad también, encerraba todo un significado sobre los diferentes estratos sociales. De un sólo vistazo se podía saber si una mujer era una patricia, plebeya, liberta o esclava, si era viuda, casada o virgen, si era una ciudadana, una sacerdotisa o una prostituta, o si era pobre, rica o muy rica.

La propia sociedad romana imponía unas reglas de vestir que permitían identificar el status social o el poder de cada individuo, y no sólo por una cuestión de materiales o calidad de los tejidos, sino con toda una simbología implícita en cada prenda.


Esto de la vestimenta no era cosa de broma, como bien atestigua el edicto "Ademptata pudicitia", en el que se regula diferentes sanciones por delitos relacionados con el acoso e insinuaciones amorosas a determinadas mujeres, es decir, a mujeres "honorables", siendo su vestimenta el factor más claro a la hora de determinar la condición social de la mujer.

Pintura mural de la "Villa de los misterios", Pompeya.
Se pueden apreciar los distintos vestidos que utilizaban las mujeres romanas.

Es decir, el código de vestimenta de la mujer era importante para determinar la conducta punible del agresor, ya que si una mujer honorable iba vestida como correspondía, ningún agresor podría justificar su comportamiento ante la justicia. Todo ello, nos refleja la violencia a la que estaba sometida el resto de mujeres en la sociedad romana, como por ejemplo las prostitutas, sobre las que no exisitía ningún tipo de protección jurídica en casos de abusos o violaciones que pudiesen sufrir en plena calle.

Por eso era importante que cada mujer vistiese acorde a su rango social. Aunque toda esta legislación en torno a cómo iba vestida la mujer parece indicar que estas normas, en el día a día, no se cumplían a rajatabla, y que las formas de vestir variaban por modas, comodidad, climatología, ... haciendo que realmente no fuese tan fácil distinguir las diferentes clases sociales sólo a través de la vestimenta.

Mosaico del siglo IV d.C., Villa de Teseo,  Zona Arqueológica de Paphos, Chipre.
Por ello, parece que existió cierta tradición, posteriormente recogida en ley, que obligaba a prostitutas y mujeres de conducta sexual inmoral a vestir de determinada manera, especialmente cuando paseaban en lugares públicos.

Las mujeres sorprendidas en adulterio eran despojadas de la stola, que caracterizaba a la matrona, y obligadas a llevar la toga.


También está muy extendida la teoría que las prostitutas desde tiempos antiguos estaban obligadas a llevar una túnica corta y oscura, o llevar el cabello sin recoger, e incluso se les obligó a ir descalzas. Aunque estos rasgos pueden servir también para definir su condición de esclavitud. La duda es ¿son rasgos propios y exclusivos de las prostitutas? o ¿más bien es una asociación entre esclavitud y prostitución?


Lo único definitivo y casi seguro es que el atuendo de las mujeres respetables era fácilmente distinguible del resto de las mujeres de la sociedad romana. Lo que no parece tan claro es que hubiese una distinción entre las clases bajas romanas, ya que los esclavos no llevaban ningún tipo de prenda especial. Por lo que en realidad sería imposible distinguir entre una ciudadana pobre, una esclava o una prostituta. 


Cortesanas en un banquete. Podemos ver como llevan vestidos con gasas transparentes.


¿Estaban las prostitutas y/o mujeres adúlteras obligadas a vestir determinadas prendas?

A partir de esta pregunta surgen toda una serie de debates en el seno de la comunidad científica: ¿estaban obligadas prostitutas y adúlteras a vestir con una toga masculina? ¿esta obligación sólo afectaba a mujeres adúlteras o se extendía también a las prostitutas? ¿cómo de estricta era esta ley? ¿por qué obligarlas a vestir una prenda que era exclusiva de los ciudadanos romanos?

Aunque en los primeros tiempos de la República hombres y mujeres vestían con toga, poco a poco, se fue imponiendo la tradición que sólo los ciudadanos masculinos romanos la vistiesen. Prohibiendo su uso a esclavos, libertos, extranjeros y mujeres. Con una sola excepción, prostitutas y mujeres condenadas por infidelidad.

No se sabe cuándo, ni por qué se empezó a cambiar esta moda, imaginamos que al son de las conquistas romanas y la llegada de la influencia y modas griegas y orientales, los ricos ciudadanos romanos se quisieron distinguir del resto de habitantes que poblaban la capital del mundo. Hasta llegar al punto de diferenciar las dignidades y cargos de cada ciudadano, así como su estrato social con un código de vestimenta propio, incluyendo a prostitutas y mujeres condenadas por infidelidad.

Alguna otra fuente señala que este cambio de vestimenta de las mujeres fue por culpa del teatro. Y es que por lo visto en el siglo II a.C. se puso muy de moda la comedia "togata", por contraposición a la "paliata". La diferencia es que la togata se basa en la vida cotidiana romana (vestimenta, protagonistas,...) y la paliata tenía grandes influencias griegas. Por lo que se apunta que es probable que en estas populares comedias las prostitutas estuviesen caracterizadas llevando una toga; y esa tradición del teatro pasó a las calles de Roma.

Una costumbre que se recogería en la "Lex Iulia", obligando a prostitutas y mujeres infieles a usar toga  (toga muliebris), y prohibiéndoles el uso de determinadas prendas, como la estola o las cintas en el pelo (vittae), cuyo uso estaba restringido a las matronas romanas.


Impresionante fresco representado a Hércules y Ónfale. Tercer estilo pompeyano.
Museo Arqueológico de Nápoles.
Fuentes clásicas

Si acudimos a las fuentes clásicas, por sorprendente que pueda parecer, aportan muy poco a la polémica de la vestimenta de las mujeres infames en lugares públicos. Por supuesto que contamos con detalladas descripciones de los vestidos de las prostitutas DENTRO del prostíbulo, pero muy poco, por no decir nada, de su vestimenta FUERA de los burdeles.

A ello hay que sumar algunos términos latinos que pueden dar a confusión a la hora de su traducción, como el término "moecha", al no saber si se refiere a adúlteras, prostitutas o se refiere ambas y se aplica a todas las mujeres de sexualidad inmoral.

El más claro ejemplo de esta imposición de una vestimenta especial en los lugares públicos nos lo brinda Marcial en su epigrama titulado:

A cada uno lo suyo
¿Regalas vestidos de [color] púrpura y violeta a una adúltera manifiesta? ¿Quieres darle los regalos que merece? Envíale una toga.
(Marc. II, 39)

Aunque este epigrama establece esa relación entre adulterio y el uso de la toga muliebris, no permite saber el alcance y la profundidad de esa relación.

Fresco de Pompeya.
Prostituta vestida sólo con una banda para resaltar sus pechos.

El mismo Marcial nos ofrece otro epigrama donde hace un chascarrillo sobre la obligación de las adúlteras a llevar la toga:

La confusión era fácil
Había visto al eunuco Telis en toga. Numa dijo que era una condena por adulterio. 

(Marc. X, 52)
  
Como vemos relaciona el uso de la toga con las mujeres condenadas por adulterio. Marcial hace un chiste sobre la naturaleza "femenina" de los eunucos, su posible condición de esclavo sexual, y por ello, el uso de la toga como "castigo".


Más interesante nos parece este testimonio de Juvenal, que viene a romper con las clasificaciones estrictas sobre el uso de la toga que habitualmente se citan en numerosas páginas sobre la vestimenta romana, ya que critica que un legislador use una toga más parecida a la de una prostituta que la que le corresponde por estatus social.

Este párrafo es muy interesante, no sólo porque nos relata la variedad de togas que se podían usar, extiéndase al tipo de vestimenta en general, sino porque nos ofrece otra "prueba" sobre la obligación de usar toga a las mujeres condenadas por adulterio. 

 "(...) Pero, ¿qué no harán los demás, cuando tú, Crético, te pones una toga de organdí y mientras la gente se emboba con tu traje lanzas soflamas contra Próculas y Politas? 
 Fabula es adúltera, que se la condene, si quieres, y también a Carfinia: aunque culpable no se pondrá una toga semejante. "Pero julio abrasa, me muero de calor" Actúa desnudo: la locura es menos vergonzosa. ¡Valiente indumentaria (...)"

 (Sátiras, II, 65-70)

Escena erótica de  la 'Casa de la Farmesina', Museo Nacional de Roma.

Según estos testimonios parece claro que las mujeres adúlteras, ¿pero también las prostitutas?, estaban obligadas a vestir esta famosa toga muliebris, que seguramente también tuviese un color característico... Por lo que las prostitutas y las adúlteras no sólo tenían que vestir una prenda diferenciada, sino también lucir colores de ropaje diferentes para evitar posibles confusiones.

Parece claro que tenían prohibido lucir el color blanco, reservado a las matronas. Por lo que no sería de extrañar que estuviesen obligadas a lucir una toga corta y de color parduzco, un color asociado históricamente a las prostitutas.

Esta diferenciación social de la prostituta, aunque nos pueda parecer una costumbre antigua, siguió vigente a lo largo de los siglos venideros, se mantuvo durante tanto tiempo que incluso dio lugar al nacimiento de una expresión muy castiza: irse de picos pardos. Y es que, como ya explicamos en esta entrada, en color parduzco siempre estuvo muy vinculado a la prostitución.

Pero con todo ello, no hay evidencias sobre que las prostitutas estuvieran obligadas a llevar la toga, no hay esculturas o pinturas murales que muestren la vestimenta pública de una prostituta, sólo que eran las únicas mujeres a las que estaba permitido su uso. Esto no significa que adúlteras y prostitutas sólo llevasen togas.

Ya que algunos estudiosos parecen indicar que esta denominación de mujer "togata" no implicaba necesariamente que vistiese  con una toga, sino que muchas veces esa referencia es una metáfora para referirse a las mujeres moralmente deleznables.


Escena erótica con prostituta romana.

Por último, ¿por qué adjudicar una prenda tan típicamente masculina a las prostitutas? Se supone porque eran mujeres cuyo deseo sexual iba en contra de la norma, siendo su deseo más parecido al del hombre que al que se le supone a una mujer. Además, al igual que los hombres, las prostitutas podían caminar solas por la calle, cosa que no ocurría con las mujeres honorables, que siempre debían estar acompañadas en los espacios públicos. 


La otra cara de la cultura romana: sensualidad y promiscuidad


Mujer ¿togata?
Pero como es muy habitual en la sociedad romana, una cosa es lo que se hacía de cara a la galería, y otra de puertas para adentro. Y una cosa es lo que dijesen las leyes, y otra, la realidad de las calles de Roma.

Por lo que  a las puertas de los prostíbulos la cosa cambiaba, allí las meretrices sí que podían lucir lujosos vestidos de seda, gasas transparentes, joyas y adornos, todo lo que hiciera falta para vender sus encantos.

Las meretrices de más alto standing lucirían vestidos y joyas, que envidiarían hasta las más ricas matronas romanas, incluso sabemos de meretrices de lujo que viajaban en sedanes:

"(...) tú en cambio, cuando te gusta la cara de una putilla vestida, vacilas, y dudas en hacer bajar a Quíone de su alta silla" (Juvenal III, 133-137)

Mientras que las prostitutas de más baja condición, se cubrían con harapos o lucirían sus cuerpos completamente desnudos, o simplemente vestirían como cualquier otra mujer pobre.

Pero con el paso del tiempo, y el relajamiento de las leyes, las meretrices fueron vistiéndose con ropajes cada vez más lujosos y sensuales, por lo que las mujeres romanas, cansadas de su aburrido estilo de vestir, copiaron e imitaron la forma de vestir de las prostitutas.


J.W. Godward, Athenaiss, 1908.
Un ejemplo de ello lo tenemos con los "Coa vestis", unos vestidos de seda,  elaborados en la isla de Cos,  famosos porque su tela era tan fina que transparentaba el cuerpo de la mujer. Este tipo de tejido primero fue utilizado por cortesanas griegas y romanas, pero causó tanto furor, que su uso pronto se extendió al resto de mujeres.

"... y se visten con velos que pasan por ropas como para excusar su aparente desnudez. Pero se puede distinguir el interior con más claridad que sus rostros, excepto por sus horrorosamente prominentes pechos que siempre llevan atados como prisioneros"
- Luciano, Amores.

El éxito de estos vestidos se seda fue tal que siguió vigente incluso con la llegada del cristianismo , levantado las críticas de los autores cristianos:

"Este raro tejido transparente delata un temperamento sin vigor, prostituyendo bajo una tenua capa la vergüenza del cuerpo. Además, no es un delicado vestido protector, pues no es capaz de cubrir la silueta de la desnudez".
- Clemente (El pedagogo, II)


A todo ello hay que sumar la nacionalidad de las prostitutas, ya que por ejemplo, en Italia muchas de las prostitutas eran de origen sirio o egipcio, por lo que su forma de vestir y maquillarse era propio de las modas de aquellas tierras orientales: mucho maquillaje, túnicas cortas y togas de colores brillantes. También usaban largas cadenas de oro que bajaban hasta la cintura.

Desnudez: Símbolo de esclavitud

Muchos autores también nos hablan que veces a las prostitutas se las mostraba completamente desnudas, no sólo como símbolo de su esclavitud, sino también para que el cliente pudiera observar con todo detalle la "mercancía" que iba a comprar o usar.

Mercado de esclavos, Jean-Leon Gerome.
Museo del Hermitage. San Petesburgo.

La desnudez era símbolo de la más baja categoría, por lo que las prostitutas que aparecían completamente desnudas se suponía que podían realizar los "servicios" más lujuriosos y depravados. De esta manera los prostíbulos más sórdidos seguramente presentasen a sus meretrices completamente desnudas. Juvenal en su "Sátiras" nos describe como la emperatriz Mesalina se coló en un lupanar y ofreció sus servicios como prostituta completamente desnuda y  "con pezones dorados" a la entrada de su habitación. El mismo autor en otro fragmento vemos como también asocia la desnudez con los lugares más sórdidos:

"Oiga el son de las castañuelas y esa palabras de las que se abstiene la prostituta que se ofrece en pelotas en el apestoso lupanar (...)"
- Sátira XI, 170-173
 

ACCESORIOS

Para acabar, si hablamos de la vestimenta de las prostitutas en Roma no podemos dejar de hablar de sus complementos, como el uso de pelucas, sostenes y maquillajes.

Como decíamos, en Roma era difícil ver a una mujer completamente desnuda, incluso las prostitutas siempre guardaban cierto pudor a la hora de mostrarse desnudas, por lo que muchas de ellas realizaban sus servicios con estrofio puesto. Una prenda interior que consistía en una banda para el pecho que realzaba los senos, y que se puede ver en numerosas pinturas murales.

Imaginamos que aquellas con los pechos más tersos o bonitos prescindieron de esta prenda, ya que como nos relata Catulo no era extraño que paseando por la zona de burdeles las prostitutas enseñaran sus pechos con descaro a los transeúntes.

Por otro lado, tenemos el uso de tintes para el pelo o pelucas que estuvo muy extendido entre las meretrices, especialmente cuando empezaron a llegar esclavas rubias procedentes del norte de Europa, por lo que muchos hombres romanos preferían la novedad de las cabelleras rubias.

Nos detenemos en este pasaje de la 'Sátiras' de Juvenal, donde critica la vida sexual de la emperatriz Mesalina, ya que nos describe algunos de los detalles que se han asociado a la prostitución:

“Tan pronto como creía que su marido estaba dormido esta prostituta imperial vestía la capa que llevaba por la noche y salía de la casa acompañada de una esclava, puesto que prefería un lecho barato a la cama real. Disimulaba su cabello negro con una peluca rubia y se dirigía al lupanar de tapicerías gastadas, donde tenía reservada una cámara. Entonces tomaba su puesto, desnuda y con sus pezones dorados, atendiendo al nombre de Lyscisca y exhibiendo estómago de donde vienes, noble Británico”.



Pero no sólo pelucas usaban, ya que tal como nos comenta Juvenal (III, 62-68) muchas prostitutas para diferenciarse de las demás, portaban prendas propias de su región, lo que les daba un toque exótico: 

  "Ha tiempo ya que el Orontes sirio ha confluido en el Tíber y ha transportado consigo la lengua y las costumbres y las cuerdas oblicuas y el flautista, así como los tambores de su tierra, y las muchachas a las que mandan prostituirse alrededor del Circo. Id vosotros a quienes os agrada una zorra extranjera con su gorrito de colorines."

Como ya dijimos anteriormente la mujer romana era muy coqueta por lo que usaban una gran variedad de cosméticos, aunque un uso excesivo estaba mal visto y era considerado inmoral y propio de prostitutas.

Ya que numerosos autores criticaban a las prostitutas por el uso excesivo de maquillaje, aunque podemos entenderlo como algo normal, ya que su única fuente de ingresos dependía de su belleza física, por lo que es fácil suponer que acudieron a toda clase de ungüentos y cosméticos para parecer más jóvenes y bellas. 

Al parecer estos cosméticos baratos emitían olores bastante fuertes que al combinarse con los perfumes baratos que usaban para encubrir la falta de higiene y el propio olor que desprendían los prostíbulos, lugares insalubres de escasa ventilación, convertían a los burdeles en lugares bastante insalubres y malolientes.

Conclusión


A pesar de que son varios los autores clásicos que nos han hablado sobre esta costumbre, donde prostitutas y mujeres infieles estaban obligadas a vestir de manera diferenciada en los lugares públicos. Existe todo un debate dentro de la comunidad científica sobre este aspecto: Primero, sobre el alcance real de esta norma, ya que también resulta llamativo que sólo unos pocos autores nos hablen de esta ley, por lo que no sabemos hasta que grado era aplicada.

Existe otro segundo debate sobre si esta obligación de vestir la toga se aplicaba a todas las mujeres de moral sexual indebida, o sólo a las matronas infieles, y no a las prostitutas. Ya que en muchos textos se nos describe los ropajes insinuantes que lucían las meretrices, por lo que parece que estas leyes o costumbres, aunque existiesen, no se aplicaba, y muy pronto cayeron en desuso.

El epigrama "No pidas recato a mis epigramas" de Marcial (I,35) puede ser interpretado bajo esta visión... al igual que es imposible pedirle recato a sus epigramas, también parece imposible vestir a las prostitutas en los juegos florales o impedir que las meretrices luzcan la estola.


"Te lamentas, Cornelio, de que escribo unos versos poco serios y que no puede comentar el maestro en la escuela. Pero estos libritos, como los maridos a sus mujeres, no pueden deleitar si están capados. ¿Qué, si me mandas que entone un epitalamio sin las palabras del epitalamio? ¿Quién pone vestidos a los juegos Florales o permite a las meretrices el pudor de la estola? Tal es la norma que se les ha dado a los versos jocosos: que no pueden agradar si no son picantes. Por ello, abandonada tu severidad, te ruego que tengas consideración con mis retozos y juegos y no te empeñes en castrar mis libritos. No hay cosa más torpe que un Príapo capón."

Tampoco podemos olvidar que la condición jurídica de las prostitutas podía ser muy variada, tomando todo el arco que abarca desde mujeres libres que se inscribían como prostitutas para poder vivir libremente su sexualidad, pasando por las concubinas (amicae) que eran cortesanas de lujo o las posaderas que podían ejercer la prostitución puntualmente, hasta llegar al escalón más bajo que serían las esclavas.

Todo parece indicar que fue con la introducción de la "Lex Iulia" cuando se empezó a asociar el adulterio con el uso de la toga, aunque tampoco hay ninguna evidencia de una aplicación severa de esta ley.



J.W. Godward, El espejo
1899.
En estas nuevas leyes proclamadas por Augusto, donde hay un evidente interés en encauzar la sexualidad de sus súbditos, especialmente la de las mujeres, hacia los valores tradicionales de sobriedad, castidad, fidelidad, sumisión,... nos pone el foco de atención en dos hechos: 

Por un lado, la libertad sexual que vivió la mujer romana a principios del Imperio. Una libertad que Augusto intentó frenar con sus leyes de nueva moralidad. Y por otro, el intento de controlar esa sexualidad diferenciando de manera tan evidente a las mujeres honorables de las que no lo eran.

Así que llegamos a la conclusión que no sabemos con seguridad el tipo de prenda que las prostitutas lucirían en lugares públicos. Es evidente que tenían prohibido lucir ciertos ropajes pero ¿estaban obligadas a vestir como mujeres infames? o ¿podían vestir como cualquier liberta o esclava? ¿era fácilmente distiguible una prostituta de una matrona?

Muchas veces en estos casos la mejor opción es no creernos tan distintos a la sociedad romana y buscar paralelos con nuestra sociedad actual:





¿Hasta que punto la vestimenta es un código de diferenciación social? 

Que el tipo de vestimenta y complementos sirve como identificador social parece evidente. Pero tan evidente, como que hay mujeres de bajo nivel adquisitivo que saben vestir de manera muy elegante y fashion; y mujeres muy ricas que visten como cualquier otra mujer, y no van luciendo vestidos y complementos de Chanel, Gucci o Armani.

Estas posibles diferencias sociales se diluyen más en la vida cotidiana del día a día, y sólo se amplifican los días grandes, de fiesta, donde las mujeres suelen vestir sus mejores galas y joyas. 

Parece evidente que las mujeres romanas, para ir a comprar al mercado o ir a las termas, vestirían ropas cómodas y prácticas, guardando sus ropas y joyas más lujosas para determinadas festividades donde si se exponían de cara al público. 

Viñeta del cómic 'Murena'

Además, no hay pruebas que sustenten que las mujeres normalmente llevasen el traje simbólico de su rango y condición social, y sí muchas "quejas" de ciertos autores de que muchas de ellas no lo hacían. 


Así que como en la actualidad, las mujeres más presumidas, orgullosas, elegantes o distinguidas sí que querrían diferenciarse del resto de mujeres y siempre saldrían a la calle con las vestimentas propias de su rango social, aunque fuese pleno agosto y se muriesen de calor. - Antes muerta que plebeya -pensarían.

Por lo que intuimos que la mayoría de patricias romanas, por un sentido práctico de la vida, vestirían de forma no muy diferente a una plebeya o una liberta. 

Un ejemplo de esto nos lo ofrece Apiano en su "Historia de Roma", donde se queja amargamente que a finales de la República la gente se vestía como quería, no como debía:

«Ahora el pueblo romano está muy mezclado con los extranjeros, hay igualdad de ciudadanía para los libertos, y los esclavos se visten como sus amos. Con la excepción de los senadores, los ciudadanos libres y los esclavos llevan la misma ropa.»


¿Existe hoy en día algún tipo de vestimenta propia de prostitutas? 

Se podría decir sí, que cierta ropa como medias de rejillas, faldas muy cortas, el fetichismo con las prendas de cuero, o vestidos muy ajustados se han asociado tradicionalmente como ropa "característica" de prostitutas, ¿eso significa que todas las mujeres qué lleven esa ropa son prostitutas? ¡No! Cualquier mujer puede lucir esas determinadas prendas, según la moda, el momento o el estilo de cada una, pero es el conjunto, la actitud o el contexto el que te habla sobre si esa mujer es una prostituta o no.

Tipo de vestimenta moderna asociada a las prostitutas.

También tenemos el ejemplo contrario, prostitutas que se visten como cualquier otra mujer, intentando ocultar su identidad, o incluso prostitutas que lucen vestidos y complementos muy caros, que indican muy a las claras que sus clientes son hombres de alto nivel adquisitivo.

Todo esto también ocurriría en las calles de la Antigua Roma, puede ser que matronas y prostitutas se distinguiesen en las calles de Roma, pero no tan fácilmente como muchos autores han querido mostrar. 

Parece claro que existían ciertas prendas asociadas a la prostitución: Por un lado, tenemos la polémica toga muliebris, que no sabemos hasta que punto estaban obligadas a lucirla en lugares públicos. Y por otro, tenemos telas y gasas transparentes o de colores llamativos, pero que muy pronto levantaron las envidias de las matronas romanas, y se apropiaron de estas sensuales y atractivas prendas.

Como vemos el debate está abierto, por lo que os pido que no dudéis en participar, colaborar o criticar este artículo, y aportar otras fuentes, ideas o perspectivas sobre este asunto. ¡Nosotros estaremos encantados!



Bibliografía

https://arraonaromana.blogspot.com/2014/05/la-prostitucion-romana-en-plauto.html

https://domus-romana.blogspot.com/2015/02/vestes-matronae-lucir-elegante-en-roma.html

Zamora Manzano, José Luis; La industria del sexo en la época romana: categorización social de la prostituta, medidas fiscales y control de la administración, 2019.

Greek and Roman Textiles and Dress: An Interdisciplinary Anthology
editado por Mary Harlow, Marie-Louise Nosch

 Harlow, M.E. ‘Dressing to please themselves: clothing choices for Roman Women’ in Harlow, M.E. (ed.) Dress and identity (University of Birmingham IAA Interdisciplinary Series: Studies in Archaeology, History, Literature and Art 2), Copyright © 2012, Archaeopress, pp. 37-467

McGin, A.J., Thomas, 'Prostitution, sexuality, and the law in Ancient Rome'



martes, 2 de julio de 2019

La agitada vida amorosa de Alfonso XIII


Alfonso XIII tiene el dudoso honor de encabezar la lista de ser el Borbón más mujeriego y juerguista de todos los que han sentado sus posaderas en el trono español. Como a todos los borbones anteriores (y posteriores a él), le volvían loco las mujeres, y mantuvo relaciones extramatrimoniales con un gran número de mujeres, teniendo una especial predilección por cupleteras y artistas de la época.

Fueron tantos sus escarceos amorosos que se le han reconocido oficialmente hasta cuatro hijos ilegítimos, nunca sabremos cuántos quedaron fuera de ese reconocimiento formal. De todos estos bastardos, seguramente haya uno que ustedes conozcan, ya que no dudó en recorrer los platós televisivos de España reclamando su linaje real... el ínclito Leandro de Borbón.

Retrato de Alfonso XIII.

Pero no sólo sus amoríos fueron motivos de escándalo, sus juergas, fiestas y correrías nocturnas en clubes y domicilios particulares fueron muy sonados en la década de los 20. 


Siempre manteniendo un elevado tren de vida, repleto de lujos y caprichos: yates, coches deportivos, viajes por todo el mundo... Un rey que supo amasar un gran fortuna gracias a sus contactos y que le permitió seguir con ese tren de vida, incluso estando en el exilio.


Un poco de contexto histórico...


Aunque todos estamos aquí por conocer un poco más los entresijos de la vida amorosa de Alfonso XIII, no está de más conocer la época que le tocó vivir.

Fue educado para ser un rey liberal y muy católico. Le tocó vivir una época apasionante, donde España buscaba recuperar su prestigio internacional después del desastre del 98. Los mayores problemas durante su reinado fueron las guerras de Marruecos, los movimientos nacionalistas vascos y catalán (tal vez no hemos cambiado tanto en 100 años) y el incipiente movimiento obrero, fruto de que España se habría definitivamente a la modernidad.

La política española estuvo bajo ese particular turnismo entre conservadores (Cánovas y Maura) y liberales (Sagasta  y Canalejas) que ya fuese por separado o en gobiernos de coalición, fueron incapaces de dar solución a todo este hervidero de problemas y pasiones que hervía esa olla a presión que era España. La primera válvula de escape fue la dictadura de Primo de Rivera que consiguió liberar presiones y mantener la temperatura dentro de unos límites estables...

Primo de Rivera, un dictador apoyado por el rey.

Una vez desgastada la fórmula de esta llamada "dictablanda" se intentó restaurar el orden constitucional, aunque la victoria de socialistas y republicanos en las elecciones de 1931 , provocó que el monarca, para evitar males mayores, se exiliase del país, proclamándose la II República.

En el anterior post dedicado a la figura de este monarca ya hablamos también de la ajetreada vida social y nocturna de la España de esa época, donde empezaban a popularizarse el ocio moderno: cabarets, revistas de variedades, el cine,  la pornografía, la prensa rosa, las drogas....

Su matrimonio con Victoria Eugenia


Alfonso XIII conoció a su futura mujer, Victoria Eugenia, en un banquete celebrado en el palacio de Buckingham por el rey Eduardo VII. Era muy habitual en aquellos tiempos, ya que asegurar la línea dinástica con un heredero era primordial, que se preparasen viajes, fiestas y banquetes entre las diferentes monarquías europeas para dar a conocer a futuras candidatas.

Una vez limpiado el expediente de la futura reina (convertirse al catolicismo, elevar la posición de su familia,...) y bajo el permiso de la familia real inglesa se produjo el esperado enlace en la Iglesia de San Jerónimo el Real el 1906.

Un jovencísimo Alfonso XIII y su mujer, Victoria Eugenia.

Aunque se casaron muy enamorados y tuvieron unos primeros años de matrimonio felices, muy pronto la reina descubrió el carácter mujeriego y frívolo de su marido, donde las amantes fueron multiplicándose.


Incluso las amantes oficiales, como la actriz Carmen Ruiz Moragas, con la que el monarca mantuvo una relación estable y duradera, manteniendo una familia paralela.

La escritora Pilar Eyre ha sido quién más se ha acercado a la figura de esta desdichada mujer en la novela que escribió sobre su vida y como nos relata de forma descarnada en su novela "Ena":

"Fue una mujer despreciada por su marido, anulada por su suegra —la reina madre María Cristina—, ridiculizada por la corte, ignorada por sus súbditos y castigada por sus hijos, a la que nadie quiso y que jamás fue feliz".


Pero como suele ocurrir en estos casos, "Ena" como era conocida familiarmente, siempre amó con fidelidad y pasión a su marido, al que siempre perdonaba sus continuas infidelidades. Además, durante todos los años de reinado siempre supo mantener la compostura, y cumplió con el papel que se esperaba de ella, esposas fiel y sumisa, por lo que nunca montó una escena y llevó con resignación la vida libertina de su marido.

Aunque lo que peor llevó fueron los reproches públicos que le hacía Alfonso XIII , culpándola de las enfermedades y discapacidades de sus hijos.


Y es que a pesar de los numerosos hijos que tuvo el matrimonio, hasta siete, tuvieron bastante problemas para dar con un varón sano que asegurase la línea de sucesión. Su primer hijo, Alfonso, nacido un año después de su matrimonio, fue hemofílico, enfermedad heredada por parte de la abuela de ella, la reina inglesa Victoria.

Su segundo hijo, Jaime, nació sordo y renunció de forma voluntaria al trono por su discapacidad. Su tercer hijo varón, nació muerto. Por lo que no fue hasta 1913, cuando nació el infante Don Juan, conde Barcelona y abuelo de nuestro actual Felipe VI cuando por fín aseguraron la línea dinástica directa.

Las amantes


Como casi todos los borbones, Alfonso XIII heredó la lujuria desenfrenada de sus antepasados. El número de amantes que tuvo es incontable, ya que mantuvo relaciones con mujeres de toda clase y condición, con una especial predilección por las artistas y cantantes (tal vez no hemos cambiado tanto en estos 100 años).

Entre sus conquistas se encuentran a grandes artistas de la época como la Chelito, Raquel Meller, Pastora Imperio o incluso la mismísima Mata Hari. 


En sus viajes y escapadas amorosas por las grandes ciudades europeas solía viajar de incógnito presentándose como Duque de Toledo, identidad que le permitía sumergirse tanto en los bajos fondos de las ciudades, como en las fiestas de más alta alcurnia.

Sus primeros escarceos amorosos...


Su primer amorío conocido, fue nada más acceder al trono, con una famosa cantante del teatro Eslava, conocida como Julia Fons. Aunque en esos primeros años de fogosa juventud, su relación más polémica la tuvo con una de las mujeres más bellas de Europa, la francesa Melanie de Vilmorin, mujer casada, con la que tuvo un hijo ilegítimo. Aunque ella siempre adujo que jamás había engañado a su marido, ya que los reyes no contaban.

Beatriz Noon, la niñera.

Otro de sus amoríos más sonados fue con la institutriz irlandesa de los infantes, Beatriz Noon, con la que tuvo una hija ilegítima, Juana Alfonsa Milán y Quiñones. Esta infidelidad, tan cercana al círculo de la reina, hizo que la reina siempre comedida, estallase de ira e hizo expulsar a la niñera de la corte.

Pero esta hija gozó de una especial predilección por parte del monarca, no sabemos si fue por el gran parecido físico que compartía con su padre, pero siempre contó con su protección, encargando su educación a un íntimo amigo suyo. Fue tan estrecha la relación padre e hija, especialmente en sus años de exilio en Ginebra, donde se les podía ver pasear juntos del brazo, que la prensa confundió a esta hija con la nueva amante del rey, a pesar de su gran parecido físico.

Los infantes Alfonso y Beatriz en la
boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia.
Baby Bee, la mejor amiga de la reina.

Una de las comidillas más sonadas de la época, fue el lío amoroso que implicaba a la infanta Beatriz Leopoldina, conocida como Baby Bee, íntima amiga de la reina, y esposa de Alfonso de Orleans y Borbón, primo del rey. Este affaire pone en evidencia el carácter libidinoso del monarca, ya que ninguna mujer estaba a salvo de sus caprichos amorosos, ni siquiera esta infanta, íntima amiga de la reina, que siempre rechazó de pleno los intentos de acercamiento del monarca.


El matrimonio finalmente fue expulsado de la Corte y obligado a residir en Suiza, bajo acusaciones de que Baby Bee era una mala influencia para la reina, por su estilo de vida demasiado moderno. Aunque por todos era sabido que este exilio se debía al rencor y la ira del monarca, que no soportaba el rechazo de la infanta y veía con envidia a este feliz matrimonio, con numerosos hijos sanos, siendo su primo Alfonso de Orleans, un militar de mucha popularidad dentro del ejército.


Carmen Moragas, la amante que pudo ser reina.


Pero de todas las amantes de Alfonso XIII, sólo una llegó a ocupar un lugar importante en su corazón, su nombre, Carmen Ruiz de Moragas, a la que el rey apodaba cariñosamente "Neneta", ya que su relación, aunque con altibajos, se prolongó durante más de tres décadas.

Alfonso XIII estuvo tan locamente enamorado de ella que buscó anular su matrimonio con Victoria Eugenia para convertirla en su reina.


Carmen Ruiz de Moragas fue una mujer de noble cuna, bella, inteligente, feminista, pasional... despertando por igual envidias y devociones. Su vida repleta de escándalos, sexo, lujos y fama fue comidilla de la prensa rosa de la época. Se codeó entre las más altas esferas, despertando elogios y admiración por parte de los maridos, y envidias y rencores por parte de sus mujeres.

Alfonso XIII y la actriz Carmen Moragas.


Ella era la típica mujer que todo hombre quería tener de amante, pero nunca de esposa. Y al mismo tiempo, gozaba de la libertad y descaro que toda mujer aspiraba a tener, pero que la encorsetada sociedad de la época les prohibía ser.


Por lo que no es de extrañar los numerosos percances que tuvo con otras grandes mujeres de la época: la duquesa de Dúrcal logró que la expulsaran del hipódromo, la condesa de Romanones la llamó puta  a la cara, y se cuenta que la reina escupía sobre su rostro, cada vez que lo veía en la prensa de la época.

Pero todo ello, no nos debe hacer olvidar que desde muy joven destacó como una portentosa actriz  dentro de la compañía del María Guerrero y que pronto se convirtió en la primera actriz del Teatro Español. Por lo que desde la primera vez que el monarca la vio actuar quedó prendado del carácter y la belleza de esta mujer.

Su relación se prolongó varias décadas, y de ella, nacieron dos hijos: María Teresa, que murió muy joven, y el famoso Leandro de Borbón, personaje muy popular de nuestra televisión, ya que nunca dejó de pelear por que reconociesen su linaje real. Con ellos, formó una familia paralela, a la que siempre amó, siendo de los pocos bastardos reales a los que quiso reconocer.  Se cuenta que hasta la propia reina espiaba el jardín de la lujosa villa donde residían para ver a esos dos bastardos reales a los que tanto amaba su marido.

Nadie puede negar el evidente parecido físico de Leandro de Borbón con su padre Alfonso XIII.


Su predilección por las artistas de la época

La bella Chelito

Pero este sátiro monarca no sólo fijó sus ojos en su Carmen, sus libidinosos ojos también se posaron sobre la flor y nata del artisteo patrio: la chelito, Raquel Meller, Pastora Imperio. Se cuenta que Raquel Meller, famosa cupletista de la época y mujer de fuerte carácter, reclinó una y otra vez, los acercamientos amorosos del monarca.


No así otras numerosas artistas, como la soprano Geneviéve Vix, la contraalto Gabriella Besanzoni, la Bella Otero, la famosa artista de variedades Celia Gámez o la cupletista conocida como la bella chelito, que según rumores de la época, perdió su virginidad a manos de Alfonso XIII.

Exilio y muerte

Su vida en el exilió continuó viviendo, y nunca mejor dicho, a cuerpo de rey,  gastando una enorme fortuna en viajes, viviendo en hoteles de lujo y viviendo como un auténtico playboy gastando su fortuna en toda clase de caprichos y lujos. Falleció el 28 de febrero de 1941 en el Gran Hotel de Roma a causa de una angina de pecho.







Bibliografía



La real jodienda no tiene enmienda, en http://www.elcanario.net/Benchomo/realjodienda8.htm

Sobre Carmen Ruiz,  https://www.elespanol.com/corazon/famosos/20180210/carmen-ruiz-amante-alfonso-xiii-reina-espana/283722179_0.html

Sobre Beatriz de Orleans, https://elretohistorico.com/beatriz-orleans-de-sajonia-coburgo-gotha/

lunes, 29 de enero de 2018

Enrique IV: impotente, homosexual y vouyerista


Sexo y Corona: Los escándalos sexuales de las monarquías europeas

Monarquía Castellana
Enrique IV : Impotente, homosexual y vouyerista (1425-1474)

Monarquía Hispánica:
Alfonso XIII: El rey del porno (1886-1941)
Isabel II: Un reinado repleto de escándalos (1830-1904)
Fernando VII: El gran sable (1784-1833)
Felipe IV: El rey adicto al sexo (1605-1665)

Monarquías Europeas:
Catalina la Grande: Una libido incontrolable


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A pesar de que la lista de reyes con escándalos sexuales es larga y nutrida, se puede decir que no hay rey sin su escándalo sexual, Enrique IV tendría el dudoso honor de encabezar esta lista.

Prácticamente se le ha acusado de todo: de impotente, homosexual, vouyerista, cornudo consentido, etc.


Y aunque muchas veces, como hemos advertido en este blog, el ser acusado de homosexual (o de algo peor) era un arma arrojadiza habitual entre nobles y reyes para desprestigiar a rivales y enemigos, en este caso parece ser que algunas de estas acusaciones tienes visos de ser realidad.

Aunque hay que tener en cuenta que muchos de estos rumores sobre la vida íntima del rey fueron avivados por sus enemigos políticos, especialmente duras son las crónicas escritas después de su caida, ya que fue cuando sus enemigos se sintieron fuertes y de esta forma justificaron su ascenso al trono de Castilla.


El contexto histórico

Pero antes de adentrarnos en estos rumores veamos quién fue Enrique IV. Enrique IV, apodado el Impotente, fue rey de Castilla desde 1454 hasta su muerte en 1474, una época marcada por la feroz lucha entre los poderes nobiliarios y el poder real, así como por el acceso al trono de los reinos hispánicos entre las diversas facciones nobiliarias.

Para que el público general lo sitúe en su contexto histórico decir que fue hermano paterno de Isabel la Católica, por lo que a su muerte hubo un nuevo conflicto sucesorio entre su hija Juana la Beltraneja (ahora veremos el sorprendente porqué de ese mote) y su hermana Isabel la Católica.

Genealogía de la casa real de los Trastámara.

Su vida estuvo marcada por el difícil equilibrio entre los diferentes reinos hispánicos (Reino de Navarra, de Aragón, de Portugal, de Castilla y con los musulmanes asentados en el Reino de Granada) y el influyente poder de las diferentes casas nobiliarias.  De ahí la importancia de establecer una buena política matrimonial y asegurar la línea sucesoria al trono, y si tu apodo es el Impotente, y viendo el contexto histórico donde vivió este rey, podemos intuir que la sexualidad de este monarca fue fuente de toda clase de rumores, chismes e infundios de todo tipo y condición.

Y estos rumores no fueron un asunto baladí, ya que contribuyeron a cambiar la historia de España para siempre, por que durante el conflicto de sucesión a la Corona de Castilla entre Isabel la Católica y Juana la Beltraneja, estos rumores vinieron a deslegitimar la posición de la Beltraneja.


Enrique IV, el Impotente

Blanca II de Navarra.
Las habladurías sobre su impotencia comenzaron muy pronto, ya que en 1440, con tan sólo 15 años se casó con Blanca II de Navarra. Desde el mismo momento de la boda los rumores sobre la impotencia del soberano fueron cobrando fuerza, ya que parece ser que en la noche de bodas el rey fue incapaz de conseguir mantener la erección el suficiente tiempo como para consumar con la reina.

Con el paso del tiempo, y como la Reina no se quedaba embarazada, los rumores sobre su sexualidad se fueron incrementando, ya que estuvo 13 años casado con Blanca II de Navarra sin ser capaz de quedarla embarazada.

Los rumores fueron cogiendo fuerza y cada vez se tornaron más osados, ya que muchos aseguraban que la impotencia del rey era debido a una homosexualidad aletargada, ya que detestaba el trato carnal con mujeres.

Este hecho fue aprovechado por sus enemigos que alentaron la circulación de ciertas coplas y cantares que aludían a la impotencia del rey.

Las investigaciones más recientes aseguran que más que impotente, ya que se sabe que el rey sí que copuló con otras mujeres, Enrique IV era estéril, por lo que poco podía hacer para conseguir el tan ansiado heredero...

En busca del unicornio

Novela basada en los problemas
sexuales de Enrique IV.
Como podemos imaginar la falta de heredero a la Corona pronto se convirtió en un asunto de estado. Por lo que no es difícil suponer que el monarca recurrió a todo tipo de soluciones: Desde pócimas y ungüentos mágicos que aumentasen su virilidad, pasando por la contratación de los mejores médicos europeos, incluso se rumorea que se hizo azotar en las nalgas mientras copulaba con su esposa.

Pero la leyenda más fantástica de todas ellas es que mandó una expedición a África en busca del cuerno de un unicornio, un elemento mágico con increíbles poderes afrodisíacos. Este apasionante viaje es el tema central de la novela 'El viaje del unicornio', novela ganadora del Premio Planeta en 1987, escrita por uno de los autores favoritos de este blog, Juan Eslava Galán.
 
Con el paso de los años la relación personal entre los dos monarcas se fue deteriorando hasta límites insospechados. Uno de los mayores detractores de Enrique IV, el cronista Alonso de Palencia acusó al monarca de despreciar a Blanca y mostrar el “más extremado aborrecimiento” a su esposa y a mostrarse indiferente ante las “estrecheces” que ésta pasaba. Incluso llegó a insinuar que intentó que su mujer cometiese adulterio para así poder tener la tan ansiada descendencia.

A todo esto, hay que sumar un cambio en los intereses de la política de la Corona de Castilla que se alejaba de la Corona de Aragón y buscaba un acercamiento a Portugal, por lo que la solución ideal fue intentar declarar nulo su matrimonio con Blanca II de Navarra para así poder contraer nupcias con Juana de Portugal (hermana del rey portugués).

¡Impotente por un maleficio!

El argumento esgrimido para obtener la anulación papal del matrimonio fue que Enrique IV había sido víctima de ¡¡un maleficio!! Y sí! por sorprendente que nos pueda parecer esta fue su excusa, ya que declaró que a pesar de intentarlo durante más de tres años (el tiempo mínimo exigido por la Iglesia) este hechizo era el causante de no haber podido consumar su matrimonio. Incluso algunas prostitutas de Segovia testificaron haber tenido relaciones con el monarca, por lo que quedaba claro que el problema era sólo con la desdichada Blanca de Navarra.
Libro sobre
Juana de Portugal

Así que el obispo de Segovia, Luis Vázquez de Acuña, en el año de 1453 declaró oficialmente nulo si matrimonio con Blanca II de Navarra, teniendo vía libre para casarse con Juana de Portugal. Este nuevo  matrimonio, como podéis imaginar, no terminó con las habladurías sobre su vida sexual sino que aún estaba por venir uno de los mayores escándalos reales conocidos.

Aunque antes de adentrarnos en este nuevo escándalo hablaremos sobre otro de esos rumores que siempre acompañaron al monarca... su supuesta homosexualidad.


Enrique IV ¿homosexual?

Como vemos la vida de Enrique IV estuvo siempre acompañada de toda clase de infundios y rumores, muchos de ellos vertidos por declarados enemigos suyos, por lo que hay que tomar con cierta cautela ciertas informaciones, especialmente las relativas a su homosexualidad,

Medallón barroco en San Marcos de León
que representa a don Juan Pacheco
Estas malintencionadas voces esgrimen que Enrique IV desde bien joven dio muestra de su supuesta homosexualidad. A su carácter débil y enfermizo se le sumaba que le gustaba tratar con fornidos sirvientes y con los guardias moros que había en el palacio. Otros argumentan que el responsable de su homosexualidad fue su tutor, Juan Pacheco, marqués de Villena, quien introdujo a su joven pupilo en estas prácticas homoeróticas.

Como vemos esta suma de tópicos parece responder más a un ataque de enemigos personales que a una realidad palpable. Ya que no sólo le acusaban a él, sino que muchas aducían que era culpa de una herencia degenerada, ya que su padre, Juan II de Castilla, también se le acusó en su momento de sodomita.

En una época como esta, donde vemos que el poder real aún dependía de los apoyos de las grandes casas nobiliarias es difícil discernir en este entramado de intereses políticos y familiares, entre las conjuras, las traiciones y los rumores malintencionados de la realidad histórica.

Así muchos historiadores no dudan en asumir que la caída o el ascenso de tal o cual noble se debía más a motivos en clave homoerótica que a otro tipo de justificaciones políticas o de intereses particulares.

Una larga lista de amantes masculinos

Entre la lista "reconocida" de amantes se encuentran el ya mencionado Juan Pacheco. También se dice que un tal Gómez de Cáceres fue amante del rey, ya que ascendió de manera fulgurante en la corte real a pesar de no contar con méritos visibles. Otro noble implicado en estos asuntos fue Francisco Valdés que, según cuentan las malas lenguas, salió escopeteado de la corte cuando descubrió las verdaderas intenciones del monarca hacia su persona. Tal fue el despecho del rey ante tal desplante que mandó encarcelar al pobre desdichado al que acusó de “su dureza de corazón y su ingrata esquivez”.

No fue el único noble obligado a huir de la corte por no querer ceder a los apetitos del monarca, cuentan que Miguel de Lucas, futuro condestable, huyó al Reino de Valencia por los mismos motivos. Por lo que vemos, la sospecha de sodomía recaía sobre cualquier noble que ascendía en la corte real

Cornudo consentido

Pero de todos los rumores que circularon en torno a Enrique IV el que más daño le hizo fue, sin duda alguna, el de ser un cornudo consentido, ya que esto fue lo que a la postre le costó el trono a su hija.


Beltrán en una obra idealizada del siglo XIX.
El protagonista de esta historia es Don Beltrán de la Cueva, proveniente de una familia noble menor logró ascender rápidamente en la corte del rey, consolidándose como uno de los consejeros de mayor confianza del rey. Su fulgurante carrera política desató las envidias y rencores de numerosos cortesanos y nobles, por lo que pronto las malas lenguas empezaron a difundir rumores, no sólo sobre que el buen porte y belleza de este joven había despertado la pasión del rey, sino que la propia reina Juana era su principal valedora.

Por lo que no nos puede extrañar que cuando la reina dio a luz a su primera hija (después de 7 años de matrimonio) empezara a circular el rumor de que esta niña era hija en realidad de Don Beltrán de la Cueva, por lo que los enemigos del monarca apodarían a esta niña como Juana "la Beltraneja", logrando de esta forma deslegitimar la posición del rey y su heredera en el conflicto civil castellano.

Muchos historiadores afirman que más que un caso de infidelidad fue un adulterio consentido, ya que la principal obsesión de Enrique IV era obtener su ansiado heredero. Pero hay investigadores que no dudan en afirmar que Enrique IV tenía una extraña tendencia sexual en la que disfrutaba viendo como su mujer era poseída por otro hombre. Acusando al monarca de obligar a sus esposas a cometer esta clase de adulterio y aduciendo que este era uno de los motivos por lo que su primera mujer había renunciado tan fácilmente a seguir con su matrimonio con Enrique IV.

" (...) habían maculado su persona real, diciendo que no era hábile para reynar, y que era hombre efeminado, y que había dado de su voluntad la Reyna su muger á su privado Beltran de la Cueva, á quien hizo Duque de Alburquerque, cuya hija afirmaban que era aquella Doña Juana, y que era odioso á la justicia, y distribuia el patrimonio real á sus privados, y á quien ellos querian con gran prodigalidad y disolucion, y que era embuelto en luxurias y vicios desordenados y otras cosas feas; y que no solo las habian dicho, mas aun las escribieron por sus letras al Papa, y las publicaron por toda la Cristiandad."
- Crónica de los Señores Reyes Católicos Don Fernando y
Doña Isabel de Castilla y de Aragón


Fecundación in vitro en plena Edad Media

Como curiosidad, si es que aún caben más en esta historia, es comentar que nuestro rey es protagonista de otro rumor fascinante, el ser el primero en intentar una fecundación in vitro. Y es que también circula una teoría que afirma que Juana de Castilla es posible que fuese realmente hija de Enrique IV, ya que el humanista alemán Hieronymus Münzer recogió en una de sus crónicas de viaje, como los médicos de Enrique IV idearon una cánula de oro para fecundar a la reina. Según esta teoría introducían esta caña en vagina de la reina e "intentaron después que a través de su luz el semen del Rey penetrara en la vagina de su esposa pero que éste no pudo y que hubo que recurrir a otros métodos para recoger el semen".



Extravagancias y placeres ocultos

Para rematar, y como buen rey, a todas las cosas descritas hasta ahora se le suma un gusto por lo extravagante y lo bizarro. Por lo visto el rey tenía una finca de caza donde daba rienda suelta a todos estos placeres ocultos, en la finca podían verse a enanos y a etíopes que participaban en toda clase de juegos. Incluso las fuentes más licenciosas y libidinosas cuentan que el rey organizaba auténticas orgías, donde su escogida guardia mora participaba en toda clase de prácticas sodomitas.




Conclusión

Como vemos la vida de Enrique IV está repleta de toda clase de rumores que le siguieron acompañando incluso después del nacimiento de su hija. En todo lo escrito hasta ahora es difícil desentrañar que parte fue realidad y que parte fueron rumores vertidos por sus numerosos y poderosos enemigos políticos, que aprovecharon una posible enfermedad crónica para mancillar su imagen y lograr cambiar la línea sucesoria.

Ya que aunque muchos autores confirman su homosexualidad latente sin ningún tipo de rubor, varias crónicas, como la 'Crónica Castellana' o la 'Crónica de Alonso de Palencia' hablan de las amantes femeninas del rey, como Beatriz de Vergara, Catalina de Sandoval o Guiomar de Castro. Y aunque es posible que el rey las utilizase como "señuelos" para despejar dudas de su homosexualidad, también es raro que se expusiese a nuevas habladurías si estas amantes notasen algo raro.

Entonces ¿qué tipo de dolencia sufría Enrique IV? La historiografía ha debatido mucho sobre ello, quizá uno de los estudios más concienzudos lo realizó el mismísimo Gregorio Marañón, quién publicó en 1930 su "Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo". En este estudio se apunta a que Enrique IV sufría «displásico eunucoide con reacción acromegálica, una enfermedad que impidió el correcto desarrollo sexual del Rey, dificultando una correcta erección durante sus relaciones y provocándole una esterilidad permanente.

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Enrique IV.


Un estudio más reciente, realizado por el prestigioso urólogo Emilio Maganto Pavón, titulado "Enrique IV de Castilla (1454-1474). Un singular enfermo urológico", corrige este diagnóstico en este estudio que puede leerse aquí, y considera que Enrique IV fue "un enfermo en el más amplio sentido del término, con una enfermedad crónica grave, progresiva, casi invalidante y padecida desde la juventud, la acromegalia". Esta enfermedad puede arrastrar una serie de trastornos psicológicos, muchos de ellos derivados de la disfunción eréctil, como la pérdida de autoestima, la misantropía o la abulia.

Por lo que la comunidad científica parece coincidir que a grandes rasgos, a Enrique IV les costaba tener erecciones por razones anatómicas. Más allá de su orientación sexual, esta enfermedad sin lugar a dudas alteró el curso de la historia de España, ya que incapaz de engendrar un heredero sólido al trono, su hermana Isabel se aprovechó de todo ello para alzarse en el trono de Castilla y cambiar para siempre la historia de España.



Bibliografía

Maganto Pavón, E.; Enrique IV de Castilla (1454-1474), un singular enfermo urológico, Historia de la urología 2, Arch. Esp. Urol., 56, 3 (211-220), 2003.

http://www.abc.es/historia/abci-ingenio-vitro-para-enrique-impotente-pusiera-pesadilla-sexual-201607040313_noticia.html