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sábado, 21 de septiembre de 2019

Los amantes de Isabel II de España

La vida amorosa de Isabel II de España:
- Parte I: Regencia, matrimonio y un bastardo real
- Parte II: Los amantes de Isabel II
- Parte III: Los Borbones en pelota

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Parte II: Los amantes de Isabel II


En la anterior entrada ya vimos como Isabel II se adentró desde muy joven en el terreno de la sensualidad y el erotismo, y aquelló que probó le gustó. Si a eso sumamos su carácter fogoso, apasionado, inquieto y caprichoso tenemos a una mujer rebosante de ardor sexual.

Y para colmo de males, por el otro lado tenemos un marido incapaz, ya fuese por un problema médico o por su orientación sexual, lo que convirtió el matrimonio en un problema de estado, ya que la "cuestión de Palacio" amenazaba con convertirse en un sonado escándalo. La reina, insatisfecha sexualmente, amenaza con el divorcio, y sugiere que la noche de bodas nunca se consumó el matrimonio. Francisco de Asís, humillado ante las continúas infidelidades de su mujer, amenaza con abandonar el Palacio Real.

Este cóctel explosivo sólo se pudo detener con la herramienta que mejor soluciona cualquier problema... ¡el dinero! Se rumorea que Francisco resignado a la situación de rey consorte (y cornudo) optó por chantajear a la reina por sus continuas infidelidades, exigiendo dotes económicas cada vez que el protocolo le obligaba a reconocer a un nuevo hijo o cada vez que pillaba in fraganti a la reina en una de sus infidelidades.

Y como veremos a continuación, sus amantes no fueron, ni uno, ni dos, sino que fueron pasando y alternándose durante toda su vida, desde su infancia hasta su vejez...

Retrato de Isabel II de España.

El general bonito


Su primer gran amor fue el general Francisco Serrano, poco después de casarse encontró consuelo en este gallardo militar, 20 años mayor que ella, y que rápidamente se convirtió en su favorito, en una relación que duró un par de años.

En ese tiempo Serrano, que ya era un militar de enorme prestigio, empezó su fulgurante ascenso político, convirtiéndose en el favorito de Isabel, dándole una gran influencia dentro de la política del país.


El general Serrano.
Su romance, tan apasionado como cada vez más público, se convirtió en un grave problema político y todo un escándalo, por lo que se decidió cortar por lo sano y cesar al general en todas sus funciones y trasladarlo fuera de Madrid.

El encargado de tomar esa decisión fue Narváez, otro militar, que como el propio Serrano, siempre estuvieron obsesionados con el poder político, que resolvió esta crisis institucional en 1848, reconciliando a la reina con su esposo (o al menos consiguiendo que guardasen las formas de manera pública, conviviendo conjuntamente) y apartando de la vida pública a Serrano varios años.

Francisco Serrano fue su primer gran amor, la reina con tal sólo 16 años cayó rendida ante aquel impetuoso y valeroso militar, de tan buena planta, que Isabel le llamaba "el general bonito". Serrano le enseñó el camino del deseo, la pasión y el sexo, fue el primer hombre que le rompe el corazón y volverá a la política posteriormente, hasta que finalmente, 20 años después de su romance, el propio Serrano encabezará la revolución del 68 "La Gloriosa", que terminará con el exilio de la propia Isabel... cosas del amor y el poder....


Manuel Lorenzo de Acuña y Devite, marqués de Bedmar


Se quedó la reina sin su "general bonito" y Francisco de Asis volvió a Palacio como signo de reconciliación, pero Isabel, joven y enamoradiza, rebosante de ardor juvenil, pronto quedó prendada de un joven y atractivo marqués. El marqués de Bedmar, un grande de España, con el que compartía la afición por los bailes, teatros y casinos.

Aunque casado, el marqués se deja querer, y la reina, arrebatada de deseo, le envía tórridas cartas de amor: "yo te adoro con una locura y un frenesí que no te puedo explicar".  El carácter fogoso, caprichoso e inmaduro de la reina hacen que los amantes vayan pasando por la alcoba real, con cada vez menos recato.


El "pollo Arana"


Isabel II  y su hija "la Araneja"
por Winterhalter, 1852
Después de dos partos, de dudosa parternidad, donde los niños nacieron muertos, al tercer parto por fin Isabel dio a luz a un niña sana, que llamaron María Isabel. Fue inmediatamente proclamada princesa de Asturias y de esta forma la Corona se aseguraba su ansiado heredero.

Pero el escándalo estaba servido, ya que por todos era sabido que no era hija natural del rey consorte, sino de José Ruiz de Arana y Saavedra,  conocido como "el Pollo Arana", un noble guapo y valiente, que cautivó a la reina en uno de esas fiestas de baile que tanto gustaban a Isabel. Por eso, la princesa siempre llevó consigo el sobrenombre de "La Araneja", ya que nadie dudaba de la paternidad de Arana.

Su romance que se alargó entre los años 1850-1856 era considerado tan escandaloso que muchos Grandes de España se excusaron de asistir al bautizo de la niña alegando los más diversos motivos, un desplante ante la vida disoluta que vivía Isabel II.


Miguel Tenorio de Castilla

Miguel Tenorio de Castilla.

Otro de sus grandes amores fue Miguel Tenorio de Castilla, un brillante intelecutal de la época. Estuvo licenciado en leyes, fue poeta y periodista, siendo nombrado varias veces gobernador civil y diplomático, hasta que acabó como Secretario particular de Isabel desde 1859 hasta 1864, momento en que 0'Donnell le apartó de la corte.


Algunos historiadores sospechan que tuvo que ser el padre de las hijas nacidas por esas fechas: María del Pilar, María de la Paz y/o María Eulalia. Y es que tras la proclamación de "La Gloriosa" y el exilio forzado de los Borbones, Miguel Tenorio se exilió junto a ¿su hija? la infanta María de la Paz de Borbón, falleciendo ambos en el exilio en Alemania.


Una larga lista de amantes


Estos primeros escarceos amorosos le abrieron las puertas a mundo de placeres ocultos y sensualidad desbordante que ya no pudo, ni quiso, refrenar... 


El día a día de la reina Isabel se convirtió en un carrusel de sus principales vicios: Iba de fiesta en fiesta y a menudo se acostaba a altas horas de la madrugada para despertar a media tarde. Se vestía ayudada por sus cámaras y devoraba con glotonería todo lo que pusieran por delante sus camareras. Por la tarde, despachaba rápidamente los asuntos de estado que concerniesen ya que prefería dedicar las tardes a juegos y paseos. Cuando llegaba la noche volvía a lucir sus mejores galas y se iba al teatro o a algún baile, sin importarle las habladurías sobre su nuevo amante de turno.

¡Eso sí! Todo ello lo compensaba acudiendo a diario a la Iglesia, era muy beata y siempre le gustó estar rodeada de curas y monjas, tan es así que cuando el padre Claret renunció a su puesto ante la vida disoluta de su pupila y los oídos sordos que hacía de sus castas recomendaciones, la propia Isabel pidió al Papa que intercediese para que el clérigo volviese a Palacio.

Un papa, Pío IX, que cuando le concedió la Rosa de Oro de la cristiandad a Isabel II, dicen que justificó dicho reconocimiento diciendo: "Es puta, pero pía". Y tan pía, ya que donaba una generosa dote anual para las arcas papales por lo que Pío IX le correspondía otorgándole toda clase de bendiciones.

Aparte de esta dote anual, y como bien critica la siguiente ilustración de "Los Borbones en pelota", una información aparecida en la época hablaba sobre el pago de una enorme fortuna a Pío IX por la compra de una bula papal para el perdón de sus pecados carnales.

Isabel II, con un rosario en la mano, abrazada en la cama a Carlos Marfori. El papa Pío IX inciensa a la pareja, flanqueado por Luís Gnzalz Bravo y por Fco de Asís. Al fondo, sor Patrocinio en actitud servicial.
- Ilustración de "Los Borbones en pelota"

Entre la larga lista de amantes que tuvo la reina figuran numerosos hombres relacionados con las artes como José Mirall, cantante catalán; Tirso de Obregón, famoso barítono o Temístocles Solera, poeta y libretista de óperas italianas. La afición de la reina por el teatro y la música hizo que entablara amistad con numerosos compositores y cantantes, por lo que los mentideros madrileños se especulaba que estas amistades iban mucho más allá de simples paseos por las arboledas del Retiro.

El marido de Isabel, aunque cornudo, callaba y aguantaba las continuas infidelidades de la reina,  incluso no tuvo problemas en reconocer a los bastardos reales, siempre y cuando la Corona le asignase una nueva dote económica.


El otro prototipo de varón que encandilaba a la reina era el militar, de buena planta, varonil, vigoroso... es decir, el prototipo de hombre contrario a su marido. Así entre los principales amantes de este corte se le cuentan a los ya citados general Serrano, el marqués de Bedmar o José Santos de la Hera y de la Puente, nombrado conde Valmaseda por la propia Isabel II,


Entre sus romances más peculiares algunos autores citan a un dentista estadounidense llamado McKeon, incluso el toque exótico lo puso un amante turco-albanés, llamado Jorge, al que escribió encendidas cartas de amor:

"Sí, alma mía; sí, mi vida; sí, mi Jorge adorado, tú me enseñarás el albanés y el inglés y todos los idiomas, y yo te enseñaré a ti el lenguaje de mi alma, que es la tuya misma y que te adora infinito, infinito… Quiero que tú reposes de tus fatigas en mi pecho, que se abrasa de amor por ti…"

El apetito sexual de la reina era tan insaciable y su corazón tan caprichoso que no dudó en flirtear con su primo Carlos Luis de Borbón, infante de España y duque de Palma, que le doblaba la edad y encima era ¡¡un carlista convencido!!, que apoyaba públicamente a su rival en la disputa por la Corona.

Y ni el exilio en Francia logró aplacar su fuego amoroso, ya que los amantes siguieron alternándose y pasando por el palacio Basilewski (hoy en día el actual hotel Majestic de París), lugar que se conviritió en la residencia oficial de Isabel II en el exilio, por lo que durante muchos años se conoció como el Palacio de Castilla (recordar que la reina Isabel estuvo más años en el exilio que gobernando).

Palacio Basilewsky, comprado por Isabel II durante su exilio, fue renombrado con el nombre de Palacio de Castilla, convirtiéndose en la residencia oficial de la reina hasta su muerte,

Entre sus amantes más destacados en el exilio caben destacar al capitán José Ramiro de la Puente, 
Hattman, un judío; o su queridísimo Carlos Marfori, quien le acompañó en los días más duros de su exilio.

Carlos Marfori


El último gran amante de Isabel II como reina de España fue Carlos Marfori, un antiguo panadero, pariente de Narváez, que por su vertiginoso ascenso social fue el que más críticas desató entre los enemigos de la Corona, ya que se le consideró un simple buscavidas que supo ganarse el corazón de la reina e ir acumulando cargos hasta alcanzar el rango de ministro de Ultramar en 1867.

Este nuevo amante reunía todos los encantos físicos que atraían a nuestra reina: era alto y fornido, moreno, y con bigote y patillas generosos. Así nos los describía Manuel del Palacio:

"Hombre vestido a lo jaque, con chaquetilla corta o marsellés abrochado, según las estaciones, amén de sombrero gacho, polainas y demás adornos y arrequives. Su rostro, en armonía con su traje, ostentaba unas enormes patillas de las llamadas de «boca de jacha»".

Marfori, era valeroso y arrogante, con aires chulescos y gran mujeriego, ya había quedado embarazada a una sobrina de Narváez, por lo que se vio obligado a casarlo con ella, para salvaguardar la honra familiar.

Francisco de Asís, con los ojos vendados, alumbra una escena que transcurre en la alcoba real. En ella, el padre Claret bendice a la reina y a Carlos Marfori, vestido de pastelero.
- Los Borbones en pelota

Por su carácter, de hábil político y hombre decidido, supo ganarse la confianza de Isabel y conquistarla, acumulando más títulos y rangos. Acompañó a la reina al destierro, instalándose con ella en un hotel parisino, conocido como Palacio de Castilla.

Se guarda una carta de despedida de la reina Isabel a Marfori, fechada en París, en enero de 1875, escrita cuando la reina supo que Marfori había sido apresado y encarcelado en su vuelta a España, ya que los viejos rencores seguía latentes a pesar de la restauración de la monarquía en la figura de Alfonso XII.

"Quiero que estas palabras mías se graben en una medalla que lleves como testigo de mi eterna gratitud por la lealtad, abnegación y ejemplar desinterés con que me has acompañado en mi desgracia, (...) Tú, que has sido el más fiel cortesano de mi dolor, cuando la soledad y los desengaños me agobiaban, y que al lucir para mí mejores días decides contra mi voluntad separarte de mi lado, recibe al menos, como única recompensa, que quieras aceptar la expresión indeleble del reconocimiento y del cariño que te conservará siempre el corazón de tu buena amiga, la reina Isabel".

José Ramiro de la Puente


Pero a rey muerto, rey puesto, y caído en desgracia Marfori, la reina no tardó en olvidar su historia de amor con nuevos e impetuosos amantes, el más conocido de todos ellos, por lo escandaloso de esta nueva relación fue José Ramiro de la Puente y González Adín, marqués de Altavilla.

Caricatura de Isabel II marchando, junto sus retoños, hacia el exilio francés.

Esta descripción del cronista Pedro de Répide nos da una idea de la catadura moral de este nuevo amante, al que, a pesar de estar casado, le gustaba degustar la vida nocturna de París:

"Aquel farolón comprometía a la ex reina con sus jactancias, y después de separado de ella no ponía en sus palabras el recato que todo hombre debe usar al referirse a sus triunfos amorosos. Hasta cuando no hablaba dejaba conocer el mudo y elocuente testimonio de un reloj de oro que le suscitaba demasiado frecuentes deseos de conocer la hora, y en el cual se veía grabada esta inscripción: «A mi Ramiro, su Isabel»."


Llegó al Palacio de Castilla en noviembre de 1875 y rápidamente la reina lo designó como secretario personal. Su carácter alegre, desenfadado, fanfarrón y canallesco conquistó el corazón de la reina, que vio rejuvencer su corazón y logró olvidar sus penas con el carácter divertido de este militar.

Esta relación preocupaba, y mucho, a los políticos de la época, que veían con consternación la pésima influencia que ejercía este caballero sobre Isabel II. 


Ésto escribió el embajador español de París a Cánovas:

"La Reina, cada vez peor. Va a todas partes… con el amigo. Pero lo que no creerá usted es que fue a comulgar el día de la Concepción en la parroquia de Saint Pierre de Chaillot con él y con la señora; cuando la Reina Cristina me lo contaba, le saltaban las lágrimas de rabia. Quien esto hace, ¿cómo quiere usted que pueda respetar ni sus palabras ni sus escritos?"

El duque de Miranda también informaba a Cánovas sobre la vida disoluta de este sujeto, su mujer y la reina, y el desprestigio que suponía la actitud de la reina para la institución monárquica:

"Ahora le da por ir a todas partes, de día al bulevar y de visitas, de noche a los salones de los particulares… Pero lo que da al caso trascendencia mayor y le reviste de circunstancias que se prestan al ludibrio es que la señora va a todos estos sitios acompañada de Puente y su mujer. Ésta llama la atención por su enorme corpulencia; todos preguntan quién es y cuando le dicen el nombre llueven las pullas y las burlas más sangrientas (...) y todos padecemos al ver a la que es reina madre arrastrando por los suelos el decoro de una monarquía tan penosamente restaurada y tan rodeada aún de enemigos y peligros". 

Y como a todos sus amantes lo cubrió de títulos y condecoraciones: Placa del Mérito Militar, Encomiendas de Isabel la Católica y de Carlos III, cruces de San Gregorio y del Sol de Persia por doquier…

El último amante


Isabel II.
Con el paso de los años y la proclamación de Alfonso XII como rey, los últimos años de la reina en el exilio se van convirtiendo en soledad. Las antiguas visitas de políticos, militares, nobles y buscavidas en general, que buscaban el favor de la reina van desapareciendo, sus antiguos amigos van muriendo, y el silencio y la soledad se van instalando en el Palacio de Castilla. Le acompañan en estos últimos años de exilio la duquesa de Almodóvar y el conde de Parcent, que residen con ella en el hotel.

Pero su más fiel compañero será un enigmático húngaro de ascendencia judía, Josep Haltmann, de pelo negro y rizado y largos bigotes. Haltmann fue nombrado secretario de la reina, administrando con eficiencia la tesorería real, convirtiéndose en su último compañero de viaje hasta la muerte de Isabel II un 9 de abril de 1904.

Y como cuentan las malas lenguas, cuando Haltmann aparecía en los aposentos de la reina, sus servidores debían retirarse, quedándose a solas "charlando" hasta altas horas de la madrugada.


Una familia de bastardos reales


No nos puede extrañar que tras una vida sexual tan agitada Isabel lograse formar una familia bastante numerosa, a pesar de los abortos que tuvo y los nacimientos que no lograron alcanzar la edad adulta.

Oficialmente la reina tuvo doce embarazos, 2 abortos y 10 partos, de los que sólo cinco hijos lograron alzanzar la mayoría de edad.


Se ha especulado mucho que los dos primeros embarazos que tuvo, que acabaron en aborto, fueron posiblemente los únicos hijos legítimos de su marido, y nacieron muertos por la alta endogamia existente entre los cónyuges. Por ello, al resto de hijos alumbrados se les considera fruto de las relaciones extramatrimoniales de la reina.

De los infantes supervivientes tenemos:

- Isabel, nacida el 20 de diciembre de 1851, conocida como "La Araneja", y más tarde, como "La chata", hija de José Ruiz de Arana.
- Alfonso, futuro Alfonso XII, nacido el 28 de noviembre de 1857,  y apodado "El Puigmoltejo", por ser hijo de Enrqieu Puigmoltó.
- Pilar, Paz y Eulalia, naciadas en 1861, 1862 y 1864, consideradas hijas de Miguel de Tenorio, viviendo una de ellas junto a su padre en el exilio en Alemania.


Caricatura de la lucha por la Corona española entre la familia de los Borbones
"Una familia modelo", revista "La Flaca"




Bibliografía:


Zavala, J.M.; Bastardos y Borbones: Los hijos desconocidos de la dinastía

Fontana, J. y Millares, R.; Historia de España.

Ríos Mazcarelle, M.; Diccionario de los Reyes de España.

http://www.tiempodehoy.com/cultura/historia/el-nacimiento-escandaloso-de-alfonso-xii

https://blogs.larioja.com/historias/2014/04/16/la-atribulada-vida-sexual-de-la-reina-isabel-ii-y-su-ginecologo-riojano/

 https://blogs.larioja.com/historias/2016/12/22/forzo-salustiano-olozaga-a-la-reina-isabel-ii/

http://www.elespiadigital.org/images/stories/Documentos7/CR%C3%93NICAS%20REALES;%20ISABEL%20II.pdf

https://desdelaterraza-viajaralahistoria.blogspot.com/2014/09/isabel-ii-amante-y-madre.html

https://www.megustaleerenespanol.com/libros/bastardos-y-borbones/MES-016584/fragmento



martes, 2 de julio de 2019

La agitada vida amorosa de Alfonso XIII


Alfonso XIII tiene el dudoso honor de encabezar la lista de ser el Borbón más mujeriego y juerguista de todos los que han sentado sus posaderas en el trono español. Como a todos los borbones anteriores (y posteriores a él), le volvían loco las mujeres, y mantuvo relaciones extramatrimoniales con un gran número de mujeres, teniendo una especial predilección por cupleteras y artistas de la época.

Fueron tantos sus escarceos amorosos que se le han reconocido oficialmente hasta cuatro hijos ilegítimos, nunca sabremos cuántos quedaron fuera de ese reconocimiento formal. De todos estos bastardos, seguramente haya uno que ustedes conozcan, ya que no dudó en recorrer los platós televisivos de España reclamando su linaje real... el ínclito Leandro de Borbón.

Retrato de Alfonso XIII.

Pero no sólo sus amoríos fueron motivos de escándalo, sus juergas, fiestas y correrías nocturnas en clubes y domicilios particulares fueron muy sonados en la década de los 20. 


Siempre manteniendo un elevado tren de vida, repleto de lujos y caprichos: yates, coches deportivos, viajes por todo el mundo... Un rey que supo amasar un gran fortuna gracias a sus contactos y que le permitió seguir con ese tren de vida, incluso estando en el exilio.


Un poco de contexto histórico...


Aunque todos estamos aquí por conocer un poco más los entresijos de la vida amorosa de Alfonso XIII, no está de más conocer la época que le tocó vivir.

Fue educado para ser un rey liberal y muy católico. Le tocó vivir una época apasionante, donde España buscaba recuperar su prestigio internacional después del desastre del 98. Los mayores problemas durante su reinado fueron las guerras de Marruecos, los movimientos nacionalistas vascos y catalán (tal vez no hemos cambiado tanto en 100 años) y el incipiente movimiento obrero, fruto de que España se habría definitivamente a la modernidad.

La política española estuvo bajo ese particular turnismo entre conservadores (Cánovas y Maura) y liberales (Sagasta  y Canalejas) que ya fuese por separado o en gobiernos de coalición, fueron incapaces de dar solución a todo este hervidero de problemas y pasiones que hervía esa olla a presión que era España. La primera válvula de escape fue la dictadura de Primo de Rivera que consiguió liberar presiones y mantener la temperatura dentro de unos límites estables...

Primo de Rivera, un dictador apoyado por el rey.

Una vez desgastada la fórmula de esta llamada "dictablanda" se intentó restaurar el orden constitucional, aunque la victoria de socialistas y republicanos en las elecciones de 1931 , provocó que el monarca, para evitar males mayores, se exiliase del país, proclamándose la II República.

En el anterior post dedicado a la figura de este monarca ya hablamos también de la ajetreada vida social y nocturna de la España de esa época, donde empezaban a popularizarse el ocio moderno: cabarets, revistas de variedades, el cine,  la pornografía, la prensa rosa, las drogas....

Su matrimonio con Victoria Eugenia


Alfonso XIII conoció a su futura mujer, Victoria Eugenia, en un banquete celebrado en el palacio de Buckingham por el rey Eduardo VII. Era muy habitual en aquellos tiempos, ya que asegurar la línea dinástica con un heredero era primordial, que se preparasen viajes, fiestas y banquetes entre las diferentes monarquías europeas para dar a conocer a futuras candidatas.

Una vez limpiado el expediente de la futura reina (convertirse al catolicismo, elevar la posición de su familia,...) y bajo el permiso de la familia real inglesa se produjo el esperado enlace en la Iglesia de San Jerónimo el Real el 1906.

Un jovencísimo Alfonso XIII y su mujer, Victoria Eugenia.

Aunque se casaron muy enamorados y tuvieron unos primeros años de matrimonio felices, muy pronto la reina descubrió el carácter mujeriego y frívolo de su marido, donde las amantes fueron multiplicándose.


Incluso las amantes oficiales, como la actriz Carmen Ruiz Moragas, con la que el monarca mantuvo una relación estable y duradera, manteniendo una familia paralela.

La escritora Pilar Eyre ha sido quién más se ha acercado a la figura de esta desdichada mujer en la novela que escribió sobre su vida y como nos relata de forma descarnada en su novela "Ena":

"Fue una mujer despreciada por su marido, anulada por su suegra —la reina madre María Cristina—, ridiculizada por la corte, ignorada por sus súbditos y castigada por sus hijos, a la que nadie quiso y que jamás fue feliz".


Pero como suele ocurrir en estos casos, "Ena" como era conocida familiarmente, siempre amó con fidelidad y pasión a su marido, al que siempre perdonaba sus continuas infidelidades. Además, durante todos los años de reinado siempre supo mantener la compostura, y cumplió con el papel que se esperaba de ella, esposas fiel y sumisa, por lo que nunca montó una escena y llevó con resignación la vida libertina de su marido.

Aunque lo que peor llevó fueron los reproches públicos que le hacía Alfonso XIII , culpándola de las enfermedades y discapacidades de sus hijos.


Y es que a pesar de los numerosos hijos que tuvo el matrimonio, hasta siete, tuvieron bastante problemas para dar con un varón sano que asegurase la línea de sucesión. Su primer hijo, Alfonso, nacido un año después de su matrimonio, fue hemofílico, enfermedad heredada por parte de la abuela de ella, la reina inglesa Victoria.

Su segundo hijo, Jaime, nació sordo y renunció de forma voluntaria al trono por su discapacidad. Su tercer hijo varón, nació muerto. Por lo que no fue hasta 1913, cuando nació el infante Don Juan, conde Barcelona y abuelo de nuestro actual Felipe VI cuando por fín aseguraron la línea dinástica directa.

Las amantes


Como casi todos los borbones, Alfonso XIII heredó la lujuria desenfrenada de sus antepasados. El número de amantes que tuvo es incontable, ya que mantuvo relaciones con mujeres de toda clase y condición, con una especial predilección por las artistas y cantantes (tal vez no hemos cambiado tanto en estos 100 años).

Entre sus conquistas se encuentran a grandes artistas de la época como la Chelito, Raquel Meller, Pastora Imperio o incluso la mismísima Mata Hari. 


En sus viajes y escapadas amorosas por las grandes ciudades europeas solía viajar de incógnito presentándose como Duque de Toledo, identidad que le permitía sumergirse tanto en los bajos fondos de las ciudades, como en las fiestas de más alta alcurnia.

Sus primeros escarceos amorosos...


Su primer amorío conocido, fue nada más acceder al trono, con una famosa cantante del teatro Eslava, conocida como Julia Fons. Aunque en esos primeros años de fogosa juventud, su relación más polémica la tuvo con una de las mujeres más bellas de Europa, la francesa Melanie de Vilmorin, mujer casada, con la que tuvo un hijo ilegítimo. Aunque ella siempre adujo que jamás había engañado a su marido, ya que los reyes no contaban.

Beatriz Noon, la niñera.

Otro de sus amoríos más sonados fue con la institutriz irlandesa de los infantes, Beatriz Noon, con la que tuvo una hija ilegítima, Juana Alfonsa Milán y Quiñones. Esta infidelidad, tan cercana al círculo de la reina, hizo que la reina siempre comedida, estallase de ira e hizo expulsar a la niñera de la corte.

Pero esta hija gozó de una especial predilección por parte del monarca, no sabemos si fue por el gran parecido físico que compartía con su padre, pero siempre contó con su protección, encargando su educación a un íntimo amigo suyo. Fue tan estrecha la relación padre e hija, especialmente en sus años de exilio en Ginebra, donde se les podía ver pasear juntos del brazo, que la prensa confundió a esta hija con la nueva amante del rey, a pesar de su gran parecido físico.

Los infantes Alfonso y Beatriz en la
boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia.
Baby Bee, la mejor amiga de la reina.

Una de las comidillas más sonadas de la época, fue el lío amoroso que implicaba a la infanta Beatriz Leopoldina, conocida como Baby Bee, íntima amiga de la reina, y esposa de Alfonso de Orleans y Borbón, primo del rey. Este affaire pone en evidencia el carácter libidinoso del monarca, ya que ninguna mujer estaba a salvo de sus caprichos amorosos, ni siquiera esta infanta, íntima amiga de la reina, que siempre rechazó de pleno los intentos de acercamiento del monarca.


El matrimonio finalmente fue expulsado de la Corte y obligado a residir en Suiza, bajo acusaciones de que Baby Bee era una mala influencia para la reina, por su estilo de vida demasiado moderno. Aunque por todos era sabido que este exilio se debía al rencor y la ira del monarca, que no soportaba el rechazo de la infanta y veía con envidia a este feliz matrimonio, con numerosos hijos sanos, siendo su primo Alfonso de Orleans, un militar de mucha popularidad dentro del ejército.


Carmen Moragas, la amante que pudo ser reina.


Pero de todas las amantes de Alfonso XIII, sólo una llegó a ocupar un lugar importante en su corazón, su nombre, Carmen Ruiz de Moragas, a la que el rey apodaba cariñosamente "Neneta", ya que su relación, aunque con altibajos, se prolongó durante más de tres décadas.

Alfonso XIII estuvo tan locamente enamorado de ella que buscó anular su matrimonio con Victoria Eugenia para convertirla en su reina.


Carmen Ruiz de Moragas fue una mujer de noble cuna, bella, inteligente, feminista, pasional... despertando por igual envidias y devociones. Su vida repleta de escándalos, sexo, lujos y fama fue comidilla de la prensa rosa de la época. Se codeó entre las más altas esferas, despertando elogios y admiración por parte de los maridos, y envidias y rencores por parte de sus mujeres.

Alfonso XIII y la actriz Carmen Moragas.


Ella era la típica mujer que todo hombre quería tener de amante, pero nunca de esposa. Y al mismo tiempo, gozaba de la libertad y descaro que toda mujer aspiraba a tener, pero que la encorsetada sociedad de la época les prohibía ser.


Por lo que no es de extrañar los numerosos percances que tuvo con otras grandes mujeres de la época: la duquesa de Dúrcal logró que la expulsaran del hipódromo, la condesa de Romanones la llamó puta  a la cara, y se cuenta que la reina escupía sobre su rostro, cada vez que lo veía en la prensa de la época.

Pero todo ello, no nos debe hacer olvidar que desde muy joven destacó como una portentosa actriz  dentro de la compañía del María Guerrero y que pronto se convirtió en la primera actriz del Teatro Español. Por lo que desde la primera vez que el monarca la vio actuar quedó prendado del carácter y la belleza de esta mujer.

Su relación se prolongó varias décadas, y de ella, nacieron dos hijos: María Teresa, que murió muy joven, y el famoso Leandro de Borbón, personaje muy popular de nuestra televisión, ya que nunca dejó de pelear por que reconociesen su linaje real. Con ellos, formó una familia paralela, a la que siempre amó, siendo de los pocos bastardos reales a los que quiso reconocer.  Se cuenta que hasta la propia reina espiaba el jardín de la lujosa villa donde residían para ver a esos dos bastardos reales a los que tanto amaba su marido.

Nadie puede negar el evidente parecido físico de Leandro de Borbón con su padre Alfonso XIII.


Su predilección por las artistas de la época

La bella Chelito

Pero este sátiro monarca no sólo fijó sus ojos en su Carmen, sus libidinosos ojos también se posaron sobre la flor y nata del artisteo patrio: la chelito, Raquel Meller, Pastora Imperio. Se cuenta que Raquel Meller, famosa cupletista de la época y mujer de fuerte carácter, reclinó una y otra vez, los acercamientos amorosos del monarca.


No así otras numerosas artistas, como la soprano Geneviéve Vix, la contraalto Gabriella Besanzoni, la Bella Otero, la famosa artista de variedades Celia Gámez o la cupletista conocida como la bella chelito, que según rumores de la época, perdió su virginidad a manos de Alfonso XIII.

Exilio y muerte

Su vida en el exilió continuó viviendo, y nunca mejor dicho, a cuerpo de rey,  gastando una enorme fortuna en viajes, viviendo en hoteles de lujo y viviendo como un auténtico playboy gastando su fortuna en toda clase de caprichos y lujos. Falleció el 28 de febrero de 1941 en el Gran Hotel de Roma a causa de una angina de pecho.







Bibliografía



La real jodienda no tiene enmienda, en http://www.elcanario.net/Benchomo/realjodienda8.htm

Sobre Carmen Ruiz,  https://www.elespanol.com/corazon/famosos/20180210/carmen-ruiz-amante-alfonso-xiii-reina-espana/283722179_0.html

Sobre Beatriz de Orleans, https://elretohistorico.com/beatriz-orleans-de-sajonia-coburgo-gotha/

lunes, 5 de febrero de 2018

Barrios chinos en España: Prostitución y delincuencia


 Barrios chinos en España: Prostitución y delincuencia:
 - El Rabal, el barrio chino por excelencia. (próximamente)
 - Barrios chinos en Extremadura. (en preparación)

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Casi todas las grandes ciudades españolas han tenido un "barrio chino", Barcelona, Salamanca, Valencia, Bilbao, Cartagena, incluso ciudades más pequeñas como Melilla, Badajoz o Mérida, y lo más curioso de todo ello es que recibieron este mote sin que residiese en estas ciudades ninguna comunidad de origen asiático. Ya que lo que realmente indicaba este término eran aquellos barrios más estrechamente vinculados a la industria del sexo, barrios marginales donde se concentraba la prostitución. 

Fotografía del barrio chino de Barcelona, por Joan Colom (años 50)

Eran barrios de estrechas callejuelas, especialmente populosos a partir de la revolución industrial, barrios que vieron como cientos de obreros se hacinaban en sus pisos, barriadas con escasas medidas de higiene, saneamiento o iluminación, y donde pronto empezaron a surgir tabernas, bares y cafés de toda clase y condición, desde peligrosos antros donde se reunían toda clase de delincuentes a los cabarets más de moda de la época. Todo ello salpicado de albergues y hostales de dudosa higiene, tiendas de alimentación, barberías, etc., barriadas donde la prostitución y la delincuencia siempre estuvieron muy presentes, más visible aún, cuando las drogas entraron en estos barrios, especialmente a partir de la década de los 20 del siglo XX. 

¿Por qué se llamaron barrios chinos a los barrios destinados a la prostitución?

Existen varias teorías sobre el porqué estos barrios recibieron estos eufemístico apodo, ya que como el lector puede suponer, barrios dedicados a la prostitución existen desde casi el mismo momento del nacimiento de las ciudades: en Roma existían varias zonas vinculadas a la prostitución (los cementerios, edificios públicos como los circos, teatros, las zonas portuarias, etc.); Durante la Edad Media se vivió el fenómeno de las mancebías, barrios enteros controlados por las autoridades públicas donde se ejercía la prostitución; y aunque después se intentó regular con una reglamentación mucho más estricta, los barrios dedicados a la prostitución siguieron siendo comunes en todas las grandes ciudades.

Chinatown

La explicación más plausible para tal denominación nos la brinda Ricard Fernández Valentí en su blog 'El tranvía 48", ya que nos ofrece una explicación muy bien documentada sobre este hecho.

Nos relata que el término de "barrio chino" proviene de la traducción del término "Chinatown", ya que en Estados Unidos estos barrios, donde sí residía bastante población de origen asiático, se caracterizaban por ser barrios marginales, núcleos de delincuencia y prostitución, por lo que por comparativa se extendió esta denominación para los barrios de los bajos fondos del resto de las ciudades españolas.

Ricard Fernández, aunque baraja diversos autores como el primero en castellanizar dicha traducción, parece inclinarse por la opción del periodista y dramaturgo Francisco Madrid que en el semanario de crítica teatral y literaria 'El Escándalo', del 22 de octubre de 1925, hablando sobre los bajos fondos de Barcelona escribe: "La Mina es la gran taberna del barrio chino. Porque el distrito quinto, como Nueva York, como Buenos Aires, como Moscú, tiene su barrio chino".

Aunque, existen otros autores que se disputan su autoría, parece claro que el término tuvo bastante éxito, y se fue popularizando al aparecer en diversas revistas y publicaciones de la época, por lo que a finales de los años 20, la gente ya había hecho suyo su nombre, y los bajos fondos de Barcelona se quedaron con este peculiar nombre. Por lo que muy pronto el resto de barrios marginales de las grandes ciudades también recibieron este apelativo.

Barrio Chino del Rabal, Barcelona.
Origen etimológico: Chinar

Hay quién ha sugerido que el origen del nombre de estos barrios está en la jerga utilizada por los delincuentes de la época, ya que la palabra "chinar", significa cortar, rajar, por lo que un "chino" sería un tajo con una navaja. Por lo que es fácil que en estos barrios, donde vivían chulos y ladrones de todo pelaje y condición, fueron lugares propicios donde recibir un "chino" en algún malentendido, atraco o pelea callejera.


LOS BARRIOS CHINOS MÁS FAMOSOS DE ESPAÑA

Para finalizar, haremos mención a los barrios chinos más famosos de España. Aunque os invitamos a que nos dejéis más información en los comentarios sobre los barrios chinos de otras ciudades, ya que parece ser que no hubo ciudad sin su propio barrio chino dedicado a la prostitución y al ocio nocturno...

Barrio Chino de Barcelona

Sin lugar a dudas, el barrio chino más famoso de toda España, enclavado en el actual Barrio del Raval, y aunque el barrio surgió en el siglo XIII como zona de hospitales, hospicios y cárceles. Es con la entrada del siglo XIX donde se convierte en un barrio industrial, siendo uno de los más poblados de Europa y siendo famoso por la vida bohemia que desprendían sus calles. Su fama merece dedicarle un post aparte por la concurrida vida de este barrio barcelonés, que alcanzó fama mundial por los espectáculos de sus cabarets y teatros, un barrio repleto de anécdotas de todo tipo y condición.

Como curiosidad añadir que, aunque en un principio en el barrio chino de Barcelona no hubo ningún chino, ya sea por casualidad, ya sea por el carácter pintoresco y cosmopolita del barrio, a principios de los años 30 ya tenemos noticias de la existencia de una importante comunidad china que vendrá a consolidar este nombre para siempre en la memoria colectiva de la ciudad .

Travestis alrededor del cabaret de La Criolla


Barrio Chino de Salamanca

Estatua de Rafael Farina, en el
barrio chino de Salamanca.
La literatura del siglo de Oro es el mejor reflejo de la importancia que tuvo la prostitución en la ciudad del Tormes (por lo que pronto le dedicaremos un post en exclusiva, imaginen que una de las fiestas más populares de la ciudad, el Lunes de Aguas, está directamente relacionada con el mundo de la prostitución). 

Así, aunque el nombre y la localización de este barrio se fue modificando según avanzaba el urbanismo de la ciudad, no es hasta este siglo XX, cuando empieza a conocerse con el nombre de Barrio Chino, alcanzando un período de esplendor durante el reinado de Alfonso XIII. Incluso se rumorea, que el propio monarca había visitado los locales de lenocinio más prestigiosos de la ciudad durante sus escapadas de incógnito por la provincia.

La fama del barrio chino salmantino hizo que recibiera visitantes de todas las provincias limítrofes, el barrio bullía de vida especialmente a media tarde, cuando los jornaleros y trabajadores volvían de sus labores, algunos locales se mantenían abiertos hasta medianoche. Entre los personajes insignes que habitaron en este barrio destaca Rafel Farina, al quien el barrio recuerda con una estatua. 


Barrio Chino de Bilbao

Se sitúa en la zona de La Palanca, la calle Cortes y sus alrededores, siendo desde finales del siglo XIX la zona de la ciudad donde se ejercía la prostitución. Su nombre, no sólo se refiere a la palanca que utilizaban los mineros de la ciudad, sino también a las palanganas que utilizaban las prostitutas para lavarse.

Fue un barrio eminentemente obrero, de fuerte carácter revolucionario, muy alejado de ese otro Bilbao católico y burgués, que veía a este barrio chino como un lugar de degeneración y corrupción moral. Esta zona, como el resto de barrios chinos que hemos visto, no sólo aglutinó el mundo de la prostitución, sino también numerosos locales nocturnos de ocio.

Barrio chino de Barcelona, Años 70-80


Conclusión

La denominación de barrios chinos a las zonas de prostitución fue un fenómeno que se restringe al siglo XX.


Parece claro, que este nombre se popularizó en los años 20 de la centuria pasada y que con la entrada de este siglo han ido desapareciendo estas denominaciones (manteniéndose únicamente en aquellas ciudades donde este nombre caló más hondo entre sus ciudadanos).

El motivo de su desuso puede venir derivado de varios factores: Por un lado, tenemos la lacra de la heroína, que en los 80 se propagó por estos barrios de forma espectacular degradando barriadas enteras a niveles ínfimos de habitabilidad y seguridad, por lo que muchos ayuntamientos se vieron obligados a tomar medidas drásticas para lavar la cara de sus ciudades.

A esto, hay que combinar el desarrollo urbanístico que se inicia con el fin de la dictadura y especialmente el desarrollado en los años 90, que logró revalorizar estos barrios normalmente situados en los cascos históricos de la ciudad, modernizándolos y expulsando a zonas limítrofes el mundo de la prostitución y la delincuencia. 

Por lo que muchos barrios chinos, asociados a zonas de prostitución y marcha nocturna, dejaron de serlo, para convertirse en respetables y modernos barrios urbanitas.

Así que hoy en día, se puede decir que la denominación de barrio chino ha desaparecido, al menos tal y como se entendía su significado en el siglo pasado, ya que gracias al fenómeno de la globalización, si en la actualidad usted se adentra en un barrio chino, ¡¡no se asuste, ni esconda su cartera!! Seguramente recibe ese nombre porque en el barrio vive una comunidad de gente asiática considerable, como puede ser el delicioso barrio de Usera de Madrid, conocido popularmente como barrio chino o el 'chinatown' madrileño.

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Barrio chino de Usera, en Madrid.










Bibliografía

https://es.wikipedia.org/wiki/Barrio_Chino_de_Salamanca

http://www.hoy.es/extremadura/201501/15/barrios-chinos-extremadura-20150115001242-v.html

 http://eltranvia48.blogspot.com.es/2016/07/barrio-chino-origen-de-una-denominacion.html

 http://gara.naiz.eus/paperezkoa/20071218/53862/es/La-Palanca-fue-algo-mas-que-barrio-chino-Bilbo

 http://memoriasclubdeportivodebilbao.blogspot.com.es/2012/06/el-barrio-chino-de-bilbaola-palanca-ano.html

viernes, 9 de junio de 2017

Hildegart Rodríguez Carballeira: La virgen roja


La historia protagonizada por Hildegart Rodríguez y su madre es, sin lugar a dudas, una de las historias más sorprendentes y trágicas que hemos relatado en este blog. Por este motivo, si no conoces los hechos te invitamos a que sigas leyendo, pues a cada paso que demos en su relato, todo se vuelve aún más fascinante, aunque como suele suceder en las grandes historias, la tragedia puso punto y final a la vida de una mujer que parecía no tener límites... y esa es la peor sensación que nos deja esta historia ¿hasta dónde podría haber llegado Hildegart Rodríguez, una de las mentes más maravillosas de la España Contemporánea, si un día como hoy, un 9 de Junio, su propia madre no hubiese acabado con su vida?

Y es que esta historia si guarda algún parecido es con el famoso relato de Mary Shelley 'Frankenstein o el moderno Prometeo', la tragedia en la búsqueda y creación del ser perfecto. 


Tanto el doctor Frankestein, como Aurora Rodríguez Carballeira, estaban obsesionados con crear a un ser humano mejorado, el precio a pagar fue la destrucción de su más preciada criatura.

Y si ya de por sí sola esta historia merece ser narrada en este blog, más aún cuando Hildegart, a pesar de su corta edad, fue toda una pionera en el campo de la sexología de su época, colaborando con uno de los mayores intelectuales de nuestra época, el Dr. Gregorio Marañón, y manteniendo correspondencia con los más prestigiosos especialistas de sexología del momento.

Las protagonistas del parricidio.


La madre: Aurora Rodríguez Carballeira

Aurora Rodríguez se crio en una familia adinerada de ideas liberales y progresistas, aunque no tuvo una educación formal, se formó visitando la profusa biblioteca de su padre. Allí, se impregnó de las ideas reformadoras y eugenésicas que defendían muchos socialistas utópicos, así como de la importancia de los derechos de la mujer y la necesidad de su emancipación.

A los 16 años tuvo que encargarse de la educación del hijo de su hermana que pronto destacó como niño prodigio, Pepito Arriola, obteniendo gran éxito en el mundo de la música. Todo ello, le hizo concebir su plan maestro, concebir una hija y criarla y educarla bajo un único propósito... convertirla en el ideal de la mujer del futuro, bajo los principios eugenésicos del movimiento libertario español de principios del siglo XX.

Todo fue concebido como un gran experimento científico, desde la gestación del bebé, la etapa del embarazo hasta la crianza de su hija... todo preconcebido y planeado para crear un ser vivo  y moldearlo como "una muñeca de carne", como ella mismo definió a su hija, hasta forjar al ser perfecto imaginado. Una mujer que encabezase la emancipación de la mujer, bajo una concepción "individual e integral del anarquismo", una mujer que guiara a España a un nuevo y perfecto orden social.

Pero antes tenía el difícil reto de quedarse embarazada, un hombre que cumpliese con sus expectativas y transmitiese a su futura hija los genes de ese nuevo ser. Parece ser que el hombre adecuado fue un cura castrense, que rápidamente engatusó, hasta que tras "tres encuentros carnales" finalmente quedó encinta. Por lo que segura que el padre nunca reclamaría sus derechos de paternidad se trasladó a Madrid para dar luz a su hija... Hildegart Rodríguez Carballerira.

La creación de ese ser perfecto debía iniciarse desde el mismo momento de su concepción, por lo que durante su embarazo siguió un plan de comidas especiales, ejercicios, baños de agua caliente cada 12 horas, y durante la noche, se despertaba cada hora para cambiar la postura del feto. Además, se rodeó de cosas bellas y se negó a leer la prensa, ya que no quería que las trágicas noticias sobre el comienzo de la I Guerra Mundial afectase a su hija.


La hija: Hildegart Rodríguez Carballerira.

Hildegart Rodríguez.
Nacida en Madrid el 9 de diciembre de 1914. Imaginamos que eligió su nombre en honor a otra extraordinaria mujer, la monja medieval Hildegard de Bingen, de la que ya hablamos en este post.

A partir de ese momento se volcó exclusivamente en la crianza y educación de su hija, utilizando para ello todos los recursos a su disposición, su holgada posición económica le permitió contratar los mejores pedagogos de la ciudad, además el resto el día lo dedicaba de forma obsesiva a mejorar las capacidades intelectuales de su hija.

No sabemos si fue gracias a sus estrictos e intensivos métodos educativos o tal fue fue la genética de la familia Rodríguez Carballeira pero Hildegart resultó ser superdotada: A los dos años ya sabía leer, a los cuatro escribir, a los 10 hablaba alemán, inglés y francés. A los 11, convertida ya en todo un fenómeno, empezó a dar conferencias sobre sexualidad y feminismo, siempre bajo el enfermizo control maternal.

La influencia de su madre sobre su "creación" era tan evidente (se ha especulado que gran parte de la obra de Hildegart fuese escrita por su propia madre) que su primer trabajo de clase fue un ensayo sobre la eugenesia (uno de esos temas que tanto obsesionó a su madre).

A los 14 ingresó en el partido socialista, pese a la negativa de su madre, convirtiéndose en una ferviente activista dentro del movimiento socialista, defendiendo causas como el aborto, la libre educación o la eugenesia,... su carácter crítico le hizo abandonar enseguida el partido e ingresar en el Partido Federal.

Producción intelectual

Su actividad intelectual, a pesar de su corta edad, fue intensísima y de gran brillantez.


Destacó especialmente en el campo de la filosofía, la política y la sexología. Se la considera una de las pioneras de la sexología española, escribiendo libros como "La rebeldía sexual de la juventud", donde con un discurso sorprendentemente moderno habla de una sexualidad libre, pero higiénica y responsable; entre sus numerosos escritos destacar "Educación Sexual", "Sexo y amor", "La limitación de la prole", "La revolución sexual", "Profilaxis anticoncepcional" o "El problema sexual tratado por una mujer española". Un claro ejemplo del éxito popular de Hildegart fue la sorprendente cifra de ventas que alcanzó este último libro, ya que en su primera semana vendió 8.000 ejemplares sólo en la ciudad de Madrid.


Su intelecto y el desparpajo propio de su juventud atrajo a intelectuales y científicos de todos los países que no dudaban en colaborar con esta extraordinaria adolescente.  Gregorio Marañón fundó junto a ella la fundación de la 'Liga Española por la Reforma sexual', donde promovían la emancipación de la mujer, su acceso a la educación y la igualdad entre hombres y mujeres, aportando una visión positiva y sana de la sexualidad. Además, colaboró en diversos diarios como "La Tierra" y "El socialista" donde siguió ahondando en sus ideas progresistas.

A pesar de sus amplios estudios sobre la sexualidad femenina y su encendida defensa de la libertad y la igualdad de la mujer, Hildegart vivía recluida en su propia casa bajo la estricta vigilancia de su madre, que nunca le permitió intimar con ningún hombre, con un control enfermizo de todos los movimientos de su hija.

La obligaba a cortar de raíz cualquier vínculo de amistad que establecía con cualquier hombre, por lo que a pesar de sus grandes conocimientos teóricos sobre sexualidad no tenía ninguna experiencia sexual propia, por ello, el aclamado sexólogo británico Havelock Ellis, con quien mantuvo una intensa relación epistolar, no dudó en apodarla como "la virgen roja".


El asesinato de Hildegart

El sobre proteccionismo maternal, a medida que su hija iba creciendo, se fue transformando en un obsesivo control de la vida de su hija. Más aún cuando Hildegard reclamó su propio espacio e independencia, era de esperar que una niña criada bajos los ideales socialistas de la nueva mujer fuerte, libre e independiente pronto exigiese liberarse de la tiranía a la que le sometía su propia madre.

La relación entre madre e hija fue empeorando progresivamente, sobre todo cuando la madre descubrió el interés de su hija por el sexo opuesto. Aurora, sumida en un estado cada vez más profundo de paranoia, tenía un odio exacerbado al sexo. Y cuando se enteró de que su hija planeaba escapar de su control perdió completamente los estribos. Arrancó el teléfono de la casa y la recluyó en casa, negándole todo contacto con el exterior, lógicamente la actitud de Hildegart fue rebelarse ante el asfixiante yugo de su madre.



La tensa situación entre madre e hija era también conocida por los círculos intelectuales de la época, incluso se sabe que el famoso escritor H.G. Wells, a quien Hildegart hizo de guía en su visita a Madrid, trató de ayudarla a escapar del control materno ofreciéndole un puesto de trabajo en Londres.

Las discusiones entre madre e hija se recrudecían cada día que pasaba, Aurora consumida por la paranoia temía que su creación escapase finalmente de ella, era ella quién había forjado a esa fabulosa criatura, era ella quién la había educado, era ella quién la había creado por lo tanto tenía el mismo derecho a ponerle fin...

Con una frialdad espeluznante, la mañana de un 9 de Junio de 1933, Aurora ordenó a su criada que sacase a pasear a los perros. Una vez hubo salido por la puerta, Aurora cogió su arma y se dirigió a la habitación de su hija, quién aún dormía plácidamente en su cama. Sin pestañear ni un ápice disparó a bocajarro tres tiros en la cabeza a su hija y otro en el corazón. De esta forma tan cruel, y con tan sólo 18 años, terminó la vida de una de las mujeres más brillantes de nuestra historia reciente.



Acto seguido salió de casa y se dirigió a casa de un congresista amigo de la familia, a quién confesó el crimen. El congresista Botella Asensi le apremió a que se entregase a la Justicia, por lo que se encaminó al juzgado más cercano donde confesó su crimen.

Durante el juicio declaró que la asesinó porque se había apartado del camino para el que había sido diseñada: liderar la liberación de la mujer. "El escultor, tras descubrir la más mínima imperfección en su obra, la destruye" con estas palabras intentó justificar su crimen. Aurora mujer culta, inteligente, anarquista y liberal odiaba el compromiso político que estaba adquiriendo su hija, desviándola de su misión vital: redimir a las mujeres. Hildegart era su obra maestra y no podía permitir que fracasase.


Conclusión

Por sorprendente que nos pueda parecer, España, en esos convulsos años, fue junto a Alemania uno de los principales países en abordar temas como la sexualidad de la mujer, la igualdad de género, etc...

Pero el auge de los fascismos, la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial truncó el incipiente estudio científico de la sexualidad en Europa, por lo que EE.UU se ha llevado la fama como país pionero en estudios sexológicos, pero como podemos ver Hildegart fue una figura clave en la historia de la sexualidad.

Seguramente si su madre no hubiese truncado de forma tan espantosa su vida, su nombre sería conocido por casi toda la sociedad española y es muy probable que más de un colegio u hospital llevase el nombre de esta extraordinaria mujer.


Bibliografía

https://www.gonzoo.com/creadores/story/hildegart-el-mayor-fracaso-de-una-madre-2977/

http://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20140526/54406528632/hiildegart-rodriguez-aurora-rodriguez-parricidios-espana-ii-republica-ninos-prodigio-eugenesis.html


http://www.elmundo.es/elmundo/2006/12/01/sexo/1164970442.html

 https://sexologiafemenina.wordpress.com/tag/hildegart-rodriguez-carballeira/

sábado, 19 de noviembre de 2016

Sexo y Moral en la España de Felipe IV

Nada mejor que analizar la sexualidad de la España de la época de los Austrias para comprobar la doble moral que siempre ha existido en torno al sexo...  y es que a pesar de la estricta y férrea moral sexual pregonada por la Iglesia contrareformista y exaltada por la propaganda del reino, si por algo destaca la España de la Edad Moderna es por su inmoralidad y por la escandalosa corrupción de costumbres, especialmente entre las capas sociales más distinguidas, incluida ¡cómo no! la propia casa real.

Por lo que según que fuentes consultemos podemos llevarnos dos imágenes muy distintas de una misma sociedad: Por un lado tenemos a la Iglesia Católica, que no dudó en desplegar todas sus armas para controlar la moral sexual de los ciudadanos y someterlos a un puritanismo que desterrase toda clase de vicios pero también cualquier visión de una sexualidad positiva. Así no nos debe extrañar la abundancia de referencias sexuales en todo tipo de documentos eclesiásticos: en sermones, instrucciones para confesores, libros de espiritualidad,...

 Si por algo destaca la España de la Edad Moderna es por su inmoralidad y por la escandalosa corrupción de costumbres.


Y una de las mejores herramientas con las que contó la Iglesia para imponer su severa moral sexual fue la Inquisición, auténtico brazo armado, que no dudó en utilizar cruelmente, y casi siempre contra los sectores más desfavorecidos de la sociedad para reprimir cualquier atisbo de desviación sexual de la norma, por lo que la fornicación o el adulterio vistos como algo normal entre el pueblo llano pronto fueron objeto de duros castigos.

Pero por otro lado, si analizamos la literatura popular o algunos documentos judiciales podemos observar la otra España, que vivía bajo una sensualidad desenfrenada, donde la corrupción de las "buenas costumbres" era cosa habitual, donde el sexo, la sexualidad y el erotismo estaban muy presentes en la muy católica y recatada España....

Y si hemos decidido titular este post así es porque precisamente durante el reinado de Felipe IV (1606-1665) es cuando esta doble moralidad es más evidente, ya que durante su gobierno se produjo un cierto relajamiento en las costumbres aunque el peso de la moral impuesto por la Iglesia seguía rigiendo la vida del pueblo llano. Un período donde los círculos cortesanos disfrutaron de una vida licenciosa mientras la Inquisición no dudaba en condenar por esas mismas acciones a cualquier otro elemento de la sociedad.

Retrato de Felipe IV, Diego de Velázquez (1623).
Museo del Prado.

Durante el reinado de Felipe IV  es cuando esta doble moralidad es más evidente.


Moralidad Estratificada

La primera característica que podemos destacar de la sexualidad de esta época es que no deja de ser un reflejo de su sociedad, ya que el concepto de pecado, o mejor dicho, la gravedad de la falta cometida era juzgada de manera muy diferente según a que grupo social perteneciese el infractor.  Las clases elevadas gozaban de cierta permisividad ante algunos comportamientos sin que la menor sombra de sospecha o culpabilidad se cerniese sobre estos hombres.

El mejor ejemplo de ello son los numerosos hijos bastardos que toda familia noble poseía, es decir, hijos nacidos fuera del matrimonio y que en muchos casos eran reconocidos oficialmente sin ningún rubor.

Retrato atribuido a La Calderona.
Museo de las Descalzas (Madrid).
También son numerosos los testimonios existentes sobre la lujuria y avidez sexual de lo más granado de la sociedad, distinguidos personajes que no dudaban en flirtear con damas de dudosa reputación en prostíbulos, teatros o tabernas. Y sin duda, el mejor representante de esta situación, no podía ser otro que el mismísimo rey Felipe IV, cuyo desenfreno sexual alcanzó niveles alarmantes: Tuvo hasta 30 hijos bastardos, mantuvo relaciones con mujeres de toda clase y condición, siendo su romance más sonado el que mantuvo con la actriz 'La Calderona', fruto del cuál nació don Juan José de Austria, el único hijo bastardo del rey reconocido.

En cambio, el pueblo llano sufría el rigor de la más estricta moral católica, o al menos así los intentaban aplicar las autoridades tanto civiles como eclesiásticas.


Doncellas y virginidad.

Para la mentalidad de la época el bien más preciado en una mujer era su virtud, por lo que cualquier dama que quisiese mantener su honra intacta debía rechazar cualquier posible tentación, ya fuese de palabra, obra o pensamiento relacionada con el sexo. Y es que para cualquier doncella era fundamental conservar su virginidad y llegar intacta al matrimonio.

Aunque si hacemos caso a la ácida pluma de muchos escritores de la época eran muchas las que alardeaban de ser doncellas pero pocas las que realmente lo eran. Incluso se insinuaba que las mismas doncellas de la corte hacían gala de virtudes que hacía tiempo que habían perdido.

La Fornarina, Rafael Sanzio (1519)
Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma.
Era una virtud tan preciada por la sociedad que las leyes castigaban con severidad a los causantes de su pérdida, así que desflorecer a una doncella también tenía sus peligros, ya que el hombre podía ser objeto de denuncia por robarle la virginidad a una mujer. Por lo que el peligro de cárcel o galera, sólo podía evitarse casándose con la mujer o pagándole a la familia de la mujer una buena suma de dinero para paliar la mancha familiar.

Pero en esta España de la picaresca y la doble moral no era extraño encontrar casos donde pícaras damas de "intacta" virtud se compinchaban con algún familiar para engañar a algún hombre incauto  y amenazarle con denunciarlo ante la terrible pérdida que había sufrido la cándida joven ante tan desvergonzado e impetuoso hombre, vergüenza familiar que sólo se podía satisfacer con una cuantía económica.

Pero como decimos esto de la virginidad no era un asunto baladí, era tal el grado de libertinaje sexual existente en toda las capas sociales que no era extraño encontrar escrituras públicas donde se confirmaba bajo notario la virginidad de tal o cual doncella antes de contraer matrimonio, especialmente en aquellas casos donde había sospechas de la vida disoluta de la doncella.

Amantes y mancebas.

Claro ejemplo de todo esto era el gran número de mancebas existentes en la sociedad moderna española, hay que entender que el significado de manceba no tiene porqué corresponder sólo a la mujer de vida licenciosa o de profesión poco honrosa, cualquier mujer que tuviese una relación de pareja, incluyendo trato sexual, pero fuera del matrimonio entraba en esta categoría.

Así por ejemplo las mismas criadas solían convertirse en mancebas dentro de la misma casa donde vivía la esposa, por lo que algunos de estos amancebamientos eran tan duraderos como los mismos matrimonios.

Estaba tan extendida esta figura de la manceba que se daba en todos los estamentos de la sociedad, incluso las dignidades eclesiásticas no se privaban de caer en la tentación de la carne, no sólo curas y frailes, sino incluso inquisidores. Pero a pesar de que la figura del clérigo solicitante estuvo duramente perseguida por el Santo Oficio los procesos abiertos fueron numerosísimos.

The procuress, Jan Gerritsz van Bronckhorst, 1638.
Brukenthal National Museum
Así numerosos viajeros extranjeros quedaban sorprendidos ante el desenfreno sexual que se vivía en la corte española, el francés Brunel escribió que "no hay nadie que no mantenga a una querida o que no caiga en las redes amorosas de una prostituta".

Uno de los casos más sonados fue el del conde de Villamediana, don Juan de Tassis, quién se rumoreaba en los mentideros cortesanos que mantenía un romance con la propia reina, doña Isabel de Borbón, por lo que su asesinato en las calles de Madrid vino a acrecentar este posible rumor.

Aunque como bien advertía  Antonio de Brunel en su "Voyage d'Espagne" (Cap. IX) algunas mancebas destacaban por su picardía a la hora de esquilmar a su amado: "No hay hombre alguno que no tenga su dama y no trate con alguna cortesana... Y como no las hay en toda Europa, ni más viva, ni más descarada, y que entienden más bien aquel maldito oficio, cuando llega a caer alguno en su red, lo despluman bellísimamente".

Pero no hay que olvidar las dos principales consecuencias de estos amancebamientos por un lado tenemos la aparición de numerosos hijos bastardos y por otro, la propagación de numerosas enfermedades venéreas, ambas con importantes repercusiones sociales. Por lo que la prostitución y las casas de mancebías eran la solución para dar rienda suelta a esta promiscuidad social.

Dama enseñando el pecho, Tintoretto, S.XVI.
Museo del Prado


Prostitución: De las casas de mancebías a la clandestinidad

No nos detendremos mucho en el fenómeno de la prostitución ya que le dedicaremos un capítulo aparte más adelante. Simplemente apuntar que los prostíbulos o mancebías estaban normalmente situados en una zona concreta de la ciudad estando regulados por ordenanzas públicas. Aunque como ya hemos tratado en numerosos posts el fenómeno de la prostitución muchas veces escapaba del control de las autoridades locales, existiendo todo tipo de prostíbulos y meretrices. Podemos destacar aquella prostitución de carácter ambulante que siempre acompañaba a determinados colectivos (soldados, campañas agrícolas) o hacía presencia en fechas concretas (ferias y mercados)
.
Este control por parte de las autoridades, ya fuese real o municipal, corría a cargo del denominado padre o madre de la mancebía, persona encargada de hacer valer las ordenanzas, vigilar la salud y las condiciones de las prostitutas y cobrar las rentas.

Era tal el volumen de ingresos que generaban estas mancebías que no era raro que los locales, cuando no los administradores indirectos de estos prostíbulos fuese alguno de los personajes principales de la ciudad, el ayuntamiento o incluso alguna orden religiosa.

Aunque es precisamente bajo el reinado de Felipe IV cuando se inicia la prohibición reglamentada de la prostitución, ya que bajo la influencia de los jesuitas se intentó impulsar una nueva política moral, para ello promulgó dos Pragmáticas: una en 1623, "Prohibición de mancebías y casas públicas de mugeres en todos los pueblos de estos reynos"; y otra en 1661, "Recogimiento de las mugeres perdidas de la Corte, y su reclusión en la galera". Con ellas, la prostitución entraba a formar parte de la clandestinidad y las 'malas mujeres' eran ahora perseguidas y sancionadas.

Ilustración de 'La Celestina'

Pero como se puede intuir estas medidas no tuvieron un resultado demasiado efectivo, ya que el fenómeno de la prostitución se extendió por todos los rincones de la ciudad. Así Meléndez Valdés denunciaba en 1798 que en Madrid:

 "Abundan por común desgracias a cada paso y donde quiera los objetos de la más vergonzoza prostitución; donde la corrupción impudente camina sin freno tan libre y descocada, insultando a la virtud y decencia pública; donde malogrando la severa vigilancia de V.A., la liviandad, el ocio, la miseria, la infame seducción ofrecen sin cesar al vicio nuevas víctimas, donde mil infelices van día y noche por esas calles brindando a todos con sus sucios y vales favores: donde, en fin, es tan fácil ¡ojalá no lo fuese! sacrificar el vicioso a su sensualidad y lascivo desenfreno"

Por último hablar de otra de las muchas caras de la prostitución, la reflejada en la literatura y las comedias teatrales, la del marido consentido que no duda en hacer la vista gorda ante las infidelidades de su mujer siempre que reciba un beneficio económico. Una figura la del marido proxeneta muy habitual en el mundo de la prostitución desde la edad media como ya vimos en otros post.

Delitos.

Uno de los mejores botones de muestra para entender el libertinaje reinante en esta sociedad es revisar los libros de justicia y ver como las infracciones de la moral sexual dominante son bastante habituales tanto por su cotidianeidad como por el especial eco que adquieren algunos casos, sobre todo en los que hay implicado algún personaje de la Corte que interesa que su carrera sea cortada.

Entre los delitos de carácter moral o sexual más habituales encontramos todos aquellos tildados como relaciones ilícitas, adulterios, concubinatos y amancebamientos. En menor medida, encontramos también casos de violaciones y estupros, procesos por alcahuetería incluso de bestialidad, delito asociado a las clases sociales más marginales y castigado habitualmente con la muerte.

Auto de fe de la Inquisición, Fco. de Goya, 1812-1819.
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid


El 'sexo contra natura', es decir, las relaciones homosexuales entre hombres fue un crimen bastante habitual. Así en la Corona de Aragón donde el tribunal de la Inquisición tenía plenos poderes para juzgar los delitos de sodomía se contabilizaron entre 1540-1700, 791 casos en Zaragoza, 453 en Barcelona...

Por último señalar que en una infidelidad el marido engañado por su mujer podía ejercer la justicia por su cuenta, siempre que sorprendiera a los amantes "in fraganti". Para ello necesitaba a un testigo y tenía que matar a ambos. El honor llevaba a cumplir con la condena pero la razón llevaría a más de un marido engañado a volver la cara hacia otro lado.

La Bendición, Simeon Chardin.
1740. Museo del Louvre. Paris.
Mujer

Para concluir este amplio resumen sobre el sexo y la moral en la España del siglo XVII vamos a analizar brevemente el papel de la mujer en la sociedad.

La mujer estaba en una situación de total dependencia respecto al varón, que debía ser su valedor y protector. Esta situación venía refrendada tanto por la legislación civil, basada en el derecho romano y canónico, como por la Iglesia que defendía esta situación de subordinación tanto en el púlpito como en el confesionario.

Y no hay que menospreciar la influencia de la Iglesia en este aspecto, ya que normalmente la figura del confesor era de gran importancia en la vida de las mujeres... Así varios eclesiásticos nos definen el papel de la mujer ideal: San Carlos Borromeo sugiere que una dama debe cumplir con "el horario estricto, la oración continua, el recogimiento y la paciencia", por su parte Fray Luis de León también retrató el ideal de la mujer en su obra 'La perfecta casada', una obra donde se esgrimía que la buena católica debía ser modelo de decencia, honestidad y pudor.

Con todo ello podemos adivinar que la mujer estaba por entero circunscrita al hogar y al cuidado de la familia y su hogar, debiendo completa dedicación a su marido. Por otro lado, la mujer era la depositaria del honor de la familia, una valor este del honor de gran consideración en la sociedad del Antiguo Régimen, por lo que una mujer infiel o una mujer que no llegase virgen al matrimonio suponía no sólo una grave afrenta hacia ella misma, sino también hacia toda su familia y la sociedad en general.


Bibliografía

Deleito y Piñuela, José.  “La mala vida en la España de Felipe IV”.  Madrid. Alianza. 2005.

Rodríguez Sánchez, A.;  Hacerse nadie: sometimiento, sexo y silencio en la España de finales del siglo XVI, Editorial Milenio, 1998

Vázquez García, F. y Moreno, A.; Sexo y Razón. Una genealogía de la moral sexual en España (siglos XVI-XX), Akal, 1997.

Francisco Vázquez García / Andrés Moren; Poderes y prostitución en España (siglos XIV y XVII). El caso de Sevilla.

[En Internet]

 http://maestradesociales.wikispaces.com/Grupo+4.+Las+mujeres+durante+la+Edad+Moderna

http://cvc.cervantes.es/literatura/criticon/PDF/069/069_035.pdf


http://www.uv.es/dep235/PUBLICACIONS_III/PDF20.pdf

http://www.madridvillaycorte.es/personajes-doncellas-mancebas.php