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sábado, 12 de agosto de 2023

Los gabinetes secretos de la Nobleza española

4.- El Infierno de la Biblioteca Nacional Francesa
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  Los gabinetes reservados de la nobleza hispánica:

Esta temprana afición de la nobleza por los gabinetes secretos se confirma con la colección que creó el polémico secretario de Felipe II, Antonio Pérez, que en muy poco tiempo fue capaz de acumular una gran fortuna e invertir parte de ella en decorar una sala reservada, de claro carácter erótico, en su residencia urbana cerca de Atocha, donde se podían contemplar joyas de la pintura universal como el 'Adán y Eva' de Tiziano o varios de los famosos 'Amores de Júpiter' de Correggio.

Adán y Eva, de Tiziano.
Museo Nacional del Prado.

Por otro lado, algunos de los nobles enviados por la Corona a los distintos territorios europeos aprovecharon su estancia en el extranjero, lejos de la mirada inquisitorial, para formar sus propias pinacotecas.

Sabemos que el VI conde de Monterrey, embajador en Roma y virrey de Nápoles, o el I Marqués de Leganés, gobernador en Flandes, fueron grandes coleccionista de arte, existiendo entre sus posesiones destacados desnudos femeninos. El susodicho Marqués de Leganés, logró reunir una colección de más de 1000 lienzos, reservando una sala de su palacio de Morata de Tajuña exclusivamente a aquellos cuadros con representaciones de mujeres desnudas.

Contamos además con el excelente trabajo del profesor García Cueto, "La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII", donde se nos desvelan tres pinacotecas nobiliarias en el Madrid del siglo XVII con un alto componente erótico, como fueron la del marqués del Carpio, la del almirante de Castilla y la del marqués de Castel Rodrigo.

Gracias al inventario realizado en su momento a estas colecciones, sabemos que los Almirante de Castilla, tanto padre como hijo, cultivaron un gusto muy desarrollado por las obras de arte, manteniendo una inmensa pinacoteca ordenada en diferentes estancias y habitaciones de manera temática, por lo que sabemos que existieron dos habitaciones destinadas a albergar únicamente obras de desnudos, tanto mitológicos como bíblicos, entre los que destacaban una Diana desnuda, un rapto de Proserpina, una Bacanal, una Betsabé en el baño y alguna que otra Venus.

Pero si hay que destacar dos gabinetes reservados estos son el del Marqués del Carpio y el de Manuel Godoy, ya que ambos parecen tener una clara intencionalidad erótica, es decir, su pasión por las pinturas de desnudos iba mucho más allá de un mero placer coleccionista o de una simple moda pasajera.

Sus gabinetes fueron creados para deleitar los sentidos y cargar esas estancias de un ambiente erótico para desatar la pasión amorosa de sus visitantes.



El palacete del amor del Marqués del Carpio


El marqués del Carpio, más conocido como don Gaspar de Haro y Guzmán fue uno de los más destacados coleccionistas de arte de su tiempo, logrando atesorar más de 3.000 lienzos. A esto hay que sumar una vida personal algo libertina y disipada, salpicada por escándalos de índole sexual.

Por lo que el marqués contaba con todos los ingredientes para formar una de los gabinetes secretos más importantes de todos los tiempos, más aún, si sabemos que la joya de su corona, era nada más y nada menos que la excepcional y trasgresora 'Venus del espejo' de Velázquez.

Venus del espejo, de Diego Velázquez.
National Gallery, Londres.

Además, también sabemos que el marqués acondicionó un pequeño palacete en Huerta de Sora, para instalar allí a sus diferentes amantes y convertir ese espacio en su refugio para sus aventuras extraconyugales, por lo que no dudó en decorarlo con evidentes motivos sensuales, tal y como sugieren las descripciones de varios de sus techos pintados al temple, por lo que algunas de sus estancias tuvieron que ser toda una "exaltación visual del amor".


El gabinete de Manuel Godoy


Aunque, sin duda, el gabinete nobiliario más famoso de todos los tiempos fue el del extremeño Manuel Godoy, válido de Carlos IV, y uno de los personajes más poderosos su época. Quien gracias a su creciente fortuna, su influencia y su desmedido poder fue capaz de atesorar en su colección privada más de 1000 pinturas, repartida entre sus numerosos palacios y mansiones.

Pero si lo traemos a este blog es porque en unos de sus palacetes de Madrid, el conocido como Palacio de Godoy, albergó uno de los mejores gabinetes de desnudos de la historia del arte. 
 
Sabemos que adquirió de manos de la XIII duquesa de Alba dos de los desnudos más controvertidos de su época: 'La Venus del espejo' de Velázquez y 'La escuela del amor' de Correggio.
 
LA MAJA DESNUDA

Pero su fascinación por la pintura de carácter erótico iba mucho más allá, ya que no dudó en encargar uno de los cuadros más polémicos de todos los tiempos a otro genio de la pintura. Estamos hablando de 'La maja desnuda' de Francisco de Goya, un cuadro envuelto en continúas polémicas y debates: ¿quién lo encargó?, ¿quién es la mujer representada? ¿cuándo se pintó?. Nosotros nos sumamos a la teoría de que el lienzo fue un encargo de Godoy a su protegido Francisco de Goya, un cuadro sólo para su disfrute personal, ya que la mujer retratada era su joven amante Pepita Tudó.

Las Majas de Goya.

 

Pero este lienzo va mucho más allá de cualquier representación anterior, ya vimos en anteriores post, cómo aquellos cuadros con desnudos de mujeres habían despertado cierto rechazo por parte de las autoridades oficiales, pero artistas y mecenas escudándose en la representación de temas mitológicos o bíblicos habían podido explorar la sensualidad del cuerpo femenino.

Pero es ahora, la primera vez en la historia del arte, donde se representa una mujer desnuda mostrando el vello púbico, sin más, sin ningún tipo de trasfondo bíblico o mitológico, una mujer, sensual, altiva y desafiando con la mirada al espectador, haciendo de este cuadro una de las obras más eróticas y sensuales de todos los tiempos.

¡Hay que imaginarse el asombro que tuvo que causar dicha representación en su tiempo!


Así pues la existencia de su gabinete privado vendría confirmado por las numerosas visitas que por allí pasaron, como la del grabador Pedro González de Sepúlveda de quién obtenemos la primera referencia sobre la existencia de 'La maja desnuda': "colgaba allí en un «gavinete interior» junto con otras Venus, una desnuda de Goya pero sin divujo ni gracia en el colorido".

Por lo que Godoy, siendo el personaje más poderoso de su tiempo, no tuvo ningún reparo en mostrar abiertamente este comprometido gabinete a amigos y conocidos, decorado con algunas de las más hermosas y sensuales Venus realizadas por pintores de la talla de Velázquez o Tiziano. 

Además todo parece indicar que Godoy se guardaba una sorpresa final para sus visitantes...

Es muy probable que 'La maja vestida' estuviese sobrepuesta sobre 'La maja desnuda', y mediante la activación de algún mecanismo de poleas, la primera maja se deslizase para descubrir a la maja desnuda.


Pero en 1808, tras el desastre de Trafalgar y la invasión de las tropas napoleónicas, estalla el Motín de Aranjuez, produciéndose la caída de Godoy, a quién el pueblo señaló como el gran culpable de la situación del país. Gran parte de sus bienes fueron saqueados, y su pinacoteca fue confiscada tanto por parte del Estado como por tropas napoleónicas.

Como dato curioso, y para poder comprender el peso que ha tenido la Iglesia en nuestro país, apuntar que su pinacoteca, una vez confiscada, fue revisada por la Santa Inquisición (vieja enemiga de Godoy), catalogando muchas de sus obras como obscenas. Su poder era tal, que hicieron comparecer ante sus tribunales al mismísimo Francisco de Goya, todo un pintor real, para interrogarle entre otras cosas por sus majas. Aunque poco más se sabe de este asunto, ya que gracias a la mediación de algún personaje influyente el caso fue sobreseído...

Pero las majas, y otras pinturas indecorosas, fueron enviadas a la real Academia de Bellas Artes de San Fernando, permaneciendo enclaustradas, lejos de miradas indiscretas hasta prácticamente el siglo XX.

Conclusión

Como hemos podido comprobar a lo largo de esa serie de post parece que hubo una cierta tendencia entre la aristocracia cortesana madrileña a crear "gabinetes secretos" o como mínimo a coleccionar obras de artes con una alta carga de erotismo. Seguramente los motivos de cada persona fuesen distintos: desde los más puristas del arte que solo querían coleccionar obras de arte, pasando por aquellos que buscaron en los temas mitológicos dar esplendor y solera a sus casas, hasta los nobles más libertinos que no dudaron en crear auténticas salas de placer visual hedonista, ya fuese para presumir con sus amistades más íntimas, o para dar rienda suelta a sus más hondas pasiones o perversiones.




BIBLIOGRAFÍA


GARCÍA CUETO, D.; La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII, Visiones de pasión y perversidad / coord. por Víctor Manuel Mínguez Cornelles, Inmaculada Rodríguez Moya, 2014, págs. 40-57
GEORGE, B., Las lágrimas de Eros, Barcelona, Tusquets, 1997.EDWARD, L., Sexuality in Western Art, Londres, Thames and Hudson, 1991.
MORÁN, M. y CHECA, F., El coleccionismo en España, Madrid, Cátedra, 1985.
PORTÚS, J. La Sala Reservada del Museo del Prado y el coleccionismo de pintura de desnudo en la Corte española, 1554-1838, Madrid, Museo del Prado, 1998.
VV. AA., El desnudo en el Museo del Prado, Madrid y Barcelona, Fundación Amigos del Museo del Prado y Círculo de Lectores, 1998.


[En Internet]

La colección de arte de Godoy en
https://art-y-cultura.blogspot.co.uk/2015/06/la-coleccion-de-arte-de-godoy-digna-de.html

viernes, 1 de junio de 2018

El escándalo sexual de Felipe IV con una monja

Felipe IV podría pasar a la historia bajo las palabras del historiador alemán Pfandle: "Un Hércules para el placer y un impotente para el gobierno", y es que, este monarca no sólo tenía fama de promiscuo, como otros muchos reyes, sino de ser un auténtico adicto al sexo. Por su cama pasaron todo tipo de mujeres, de toda clase y condición, y como buena muestra de ello están los más de 40 hijos bastardos que dejó.

Estábamos preparando una entrada sobre su azarosa vida sexual pero, como podéis imaginar, circulan tantas anécdotas sobre los devaneos amorosos de Felipe IV, y hay historias tan jugosas, que merecen un post aparte; como la que nos trae aquí; quizá, la más escandalosa, la que tuvo lugar en el recién fundado convento madrileño de San Plácido.

Cuentan las crónicas que el convento de San Plácido, situado en el barrio de Malasaña, fue testigo del insaciable apetito sexual de Felipe IV, que protagonizó un escandaloso hecho al intentar conquistar a una monja llamada Margarita de la Cruz.


Según se relata en un manuscrito anónimo el fundador del convento, un tal Jerónimo de Villanueva, protegido del Conde-Duque de Olivares, y buen conocedor de los gustos del monarca, informó a ambos de la presencia de una novicia de extraordinaria belleza de nombre Margarita de la Cruz.

Retrato de Felipe IV, por Diego Velázquez.

El rey, ávido de nuevas conquistas, no dudó en utilizar todos sus recursos para lograr colarse en secreto en el convento, utilizando para ello un pasadizo oculto que conectaba la casa de don Jerónimo con la carbonera del convento, y comprobar con sus propios ojos si eran reales las afirmaciones sobre su belleza. Y en efecto, la hermosura de Margarita era tal que el rey cayó rendidamente enamorado de esta mujer. Por lo que, tras unas primeras visitas de cortesía, el ardor del monarca le hizo solicitar a su nueva conquista sus primeros favores sexuales.

La pobre monja, asustada por el gravísimo pecado que estaba a punto de cometer, confesó los planes de su majestad a la priora Teresa del Valle, que planeó una estrategia para intentar frenar la libido incontrolable de Felipe IV.


Catafalco.
Así, llegado el día donde el monarca esperaba culminar su nueva conquista entró por el monasterio a través de la entrada secreta y cuando accedió a la celda se encontró una puesta en escena perfecta para hacer caer la pasión a cualquier buen cristiano. La monja estaba tendida sobre un improvisado catafalco (sepulcro cubierto con una tela negra) con la habitación repleta de flores e iluminada por cirios para que se viesen bien el crucifijo que sostenía, la falsa muerta, entre sus manos.

Como se pueden imaginar, este falso velatorio cumplió a la perfección su cometido y conmocionó a su muy católica majestad, que creía muerta a su prometedora amante. Pero pronto llegaron a oídos del monarca que todo había sido una treta de la abadesa, por lo que, como buen cazador, esto le espoleó aún más sus ganas de conseguir su ansiado "trofeo" y siguió con insistencia reclamando una visita a solas con Sor Margarita.

El asunto empezó a ser tan escandaloso que la propia Inquisición tuvo que intervenir.


Conde-Duque de Olivares, la persona más poderosa del mundo en su época.

 

Con la Iglesia hemos topado...


Fue el propio confesor personal de Felipe IV, el Inquisidor General Antonio de Sotomayor, quién inició el proceso para frenar definitivamente este sacrilegio. Como las figuras del Rey y de Olivares eran intocables, el proceso se centró contra el menos poderosos de todos los cómplices, el desdichado de Jerónimo de Villanueva, que acabó con sus huesos en la cárcel inquisitorial de Toledo el 30 de agosto de 1644. 

Para comprobar el poder que tenía el Santo Oficio, comentar que a pesar de ser amigo personal del Rey y del todopoderoso Conde-Duque, estuvo en la cárcel durante más de dos años, y sólo gracias a estos contactos pudo conseguir la absolución, pero pagando un alto coste: ya que no podía volver a pisar el convento de San Plácido, ni ponerse en contacto con sus monjas, también le impusieron una multa de 2.000 ducados, y lo peor de todo, tuvo que abandonar la Corte y pasar sus últimos días en la ciudad de Zaragoza.

Con la Iglesia hemos topado.

El asunto estaba siendo tan molesto para la Corona, que dicen las malas lenguas, que el mismísimo Conde-Duque de Olivares se presentó ante el inquisidor general que estaba instruyendo el caso y le espetó que tenía en sus manos dos decretos reales: Uno de los decretos era su renuncia al cargo y un retiro de oro a su ciudad natal con una abundante renta. El otro decreto era una orden de destierro en el plazo de 24 horas. No hace falta añadir que el inquisidor vivió el resto de sus días muy feliz en su Córdoba natal.

¿Por qué acabó una obra de arte del calibre del Cristo crucificado de Velázquez en este sencillo convento?


 A pecado nuevo, penitencia nueva.



Cristo crucificado, de Velázquez.
Aunque existe otra versión más plausible de lo que sucedió después del hecho del falso velatorio, y ahora vendría bien preguntarse ¿cómo es posible que en convento recién fundado tuviese obras de arte como un Niño Jesús de Montañés, un Cristo Yacente de Gregorio Hernández, un cuadro de 'La Anunciación' de Claudio Coello en su altar mayor o el mismísimo Cristo crucificado de Velázquez?

En esta otra versión se cuenta que el monarca se quedó bastante traumatizado al ver a la pobre monja tendida sobre el féretro, ¡¡hasta ese punto tuvo que llegar para escapar de sus insaciables apetitos sexuales!!, por lo que el rey arrastró enormes remordimientos de conciencia durante toda su vida. Recordar que, Felipe IV, fue un ferviente católico, por lo que no tendría que ser fácil vivir consigo mismo y sus continuos arrebatos amorosos.

Eran tan grande la culpa que sentía por todo lo acontecido que, para limpiar su conciencia, realizó importantes regalos a la congregación, el más sonado fue el incunable cuadro de Velázquez.

Pero según un manuscrito anónimo del finales del siglo XVII, titulado 'Relación de todo lo suzedido en el casso del Convento de la Encarnazión Benita' se nos narra que el monarca también incluyó otro regalo. Un fabuloso reloj que en los cuartos tocaba difuntos, en recuerdo del lúgubre episodio que había ocurrido en el interior del convento, y que así siguió sonando hasta la muerte de la pobre Sor María.

Una de espías...


La Anunciación de Claudio Coello
Y por si esta historia fuera poco rocambolesca, aún guarda una sorprendente historia de espías...  El Papa, Urbano VIII, interesado siempre en guardar documentos comprometedores pidió que le enviaran una copia del proceso abierto por la Inquisición. Por lo que el Consejo de la Inquisición envió a su notario, Alfonso de Paredes, a Roma con una valija diplomática con toda la documentación.

Olivares trató de borrar todo rastro de este proceso, y por supuesto, evitar que ese informe llegase a manos del Papa, pero el mensajero ya había partido hacia el Vaticano, por lo que movilizó a toda su red de espionaje y embajadores españoles de Nápoles, Sicilia, Génova y Roma para que atrapasen al molesto mensajero e interceptasen los informes, se cuenta que incluso mandó un retrato robot del tal Alfonso de Paredes.

Los servicios secretos españoles, que por aquel entonces eran los mejores del mundo, lograron prender al mensajero antes que llegase a Roma, y la arquilla sellada fue devuelta a Madrid intacta, vía Nápoles. El Conde-Duque nada más recibir ese peligroso informe lo quemó en la chimenea de la cámara real, en presencia del mismo rey.

Como recomendación final os invitamos a visitar la iglesia y el convento de San Plácido, situadas en el populoso barrio madrileño de Malasaña. 


El convento ha sido restaurado hace pocos años, y en él aún vive una comunidad de monjas, por lo que si solicitáis hora seguramente os puedan hacer una visita guiada por el edificio, y contaros éste, y otros muchos secretos que guarda el convento.

Convento de San Plácido. Madrid.


Bibliografía



Huerta MAC. El convento de San Plácido: Historia, arte y leyenda en el corazón de Madrid. La librería; 2003. 95 p.

Puyol Buil, Carlos (1993). Inquisición y política en el reinado de Felipe IV. Los procesos de Jerónimo de Villanueva y las monjas de San Plácido, 1628-1660. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

https://www.somosmalasana.com/conociendo-san-placido-unos-muros-con-historia-y-leyenda/

 https://bayucablog.wordpress.com/2011/04/15/felipe-iv-el-pasmado/



viernes, 25 de mayo de 2018

Los Alumbrados Extremeños: Sexo, lujuria y espiritualidad en el siglo XVI


En la entrada de esta semana os vamos a presentar a los Alumbrados, un movimiento religioso herético que se desarrolló a principios del siglo XVI en pequeñas ciudades de Castilla, y que rápidamente se extendió a amplias zonas de Andalucía y Extremadura. Y aunque al principio se tuvo por un movimiento aislado, su rápida extensión y sus doctrinas, con ciertas semejanzas a las del protestantismo, hizo que la Inquisición interviniese con mano de hierro.

Este tipo de movimiento religiosos reformistas, solían basarse en una interpretación personal de las Sagradas Escrituras, obviando en muchos casos los tratados teológicos "oficiales" de los padres de la Iglesia.


Por lo que eran considerados un peligro por parte de la Iglesia oficial, ya que eran fuente de peligrosas desviaciones teológicas, al rechazar  numerosos dogmas oficiales de la Iglesia de Roma

The Covenanters' Preaching, pintura de George Harvey

Estos movimientos fueron bastante frecuentes a lo largo de la historia, aunque fue en esta época de finales de la Baja Edad Media y principios de la Edad Moderna, cuando eclosionaron por toda Europa, surgiendo grupos de toda clase y condición, desde aquellos que predicaban la pobreza más absoluta, a otros que no dudaron en formar comunidades al más estilo "hippie", donde se fusionaban la religión y el amor libre.

Y aunque normalmente la Iglesia acusaba a estos movimientos herejes de todo tipo de injurias y delitos, poniendo especial hincapié en los terribles delitos sexuales que cometían una u otra secta. Como mejor ejemplo de todo ello podéis ver nuestro post dedicado a sectas cristianas acusadas de organizar orgías durante la Edad Media.


LOS ALUMBRADOS


Estos grupos religiosos surgieron al reunirse pequeños grupos de laicos (conventículos) que leían y estudiaban la Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, y daban una interpretación personal de las escrituras, obviando los tratados teológicos de los padres de la Iglesia.

Los alumbrados predicaban la completa pasividad, el abandono, el "dejarse al amor de Dios", por lo que a su personalísima interpretación de la Biblia había que sumar la extravagancia de algunos de sus líderes que animaban a sus fieles a adoptar ciertas actitudes morales aberrantes.

Pensaba que el amor de Dios era tan grande que no hacía falta cumplir las rigurosas y tediosas reglas externas que imponía la Iglesia Católica, por lo que rechazaban sus ritos y ceremonias, sus sacramentos, la reverencia a las imágenes, la penitencia, ... En definitiva, no había que temer el castigo de Dios a ciertas actitudes porque Dios era todo amor.


 

Este tipo de doctrina daba alas a saltarse, y con mucha facilidad, los estrictos dogmas sexuales y morales impuestos por la Iglesia. 


Algunos de estos movimientos iluministas de la Edad Media, así como algunos de los alumbrados españoles, aducían que sus almas habían alcanzado la perfección absoluta, por lo que eran incapaces de pecar, por lo que promovieron una escandalosa promiscuidad sexual:

"Nada en las obras de un hombre se debe a él. El que reconoce que Dios hace en él todas las cosas no peca, pues no debe atribuirse a si mismo sino a Dios lo que hace. Uno puede estar unido con Dios de tal forma que haga lo que haga no puede pecar".


Maqueta del Auto de Fe celebrado en Llerena en 1579.
Museo de Historia de Llerena.

Normalmente estos grupos estaban dirigidos por un confesor que se rodeaban de un círculo de mujeres, aunque no faltaron grupos de alumbrados dirigidos por beatas. Estos párrocos aprovechaban su posición para cometer delitos de solicitación, aunque como ya vimos en este post, este delito estuvo muy extendido en todo el cuerpo de la Iglesia.

Así conocemos el caso del licenciado Jorge Belmar que durante el acto de confesión "alzaba las faldas a las muchachas, las enseñaba sus partes vergonzosas, metía manos en sus pechos, ..., con el pretexto de asegurarlas que en realidad era Nuestro Señor quien las tocaba".

Detalle del 'Éxtasis de Santa Teresa',
de Bernini, Roma.
Otras de las excusas esgrimidas por estos alumbrados para promover la promiscuidad sexual era proclamar que el nuevo Mesías nacería del fruto de una relación entre el clérigo de turno y alguna de sus doncellas.

También estaban aquellos que veían el placer como un don de Dios, y que a través del goce carnal era más fácil que el espíritu alcanzase la divinidad. Esta idea, más que una excusa barata para tener sexo, esconde en realidad una corriente filosófica que puede verse en numerosas religiones, donde la espiritualidad, el goce y la pasión están íntimamente relacionados, como algunas corrientes sufistas dentro del Islam o si quieren algo más palpable, los mismísimos poemas de Santa Teresa de Jesús, que muchos han querido ver como una descripción perfecta del orgasmo.


Expansión del movimiento de los Alumbrados

Muchos autores han querido justificar el éxito de este tipo de movimientos esgrimiendo toda clase de argumentos: desde la escasez de varones por la alta emigración al Nuevo Mundo a la represión sexual a la que estaba sometida la mujer. Aunque la casusa más probable seguramente se debiese al excesivo número de clérigos sin ningún tipo de formación, ni tan siquiera vocación, que aprovechando su posición de poder, en especial en estas comunidades rurales, no dudaron en calmar sus apetitos sexuales.


Persecución contra los Alumbrados


Estos alumbrados en un principio no despertaron demasiado interés a los tribunales de la Inquisición, ya tenían bastante trabajo persiguiendo a otros herejes, judíos, sodomitas,....

Fue la incansable labor de un fraile extremeño, de nombre Alonso de la Fuente, quién alertado por los ritos y blasfemias de estos grupos, denunció, una y otra vez, a sus integrantes ante los tribunales de la Inquisición. 


Juan de Ribera, de
Luis de Morales
Como en un principio estos grupos de alumbrados contaban con el favor de Juan de Ribera, obispo de Badajoz, las quejas de Fray Alonso fueron vanas. Pero él no cesó en su empeño de demostrar el peligro de esta herejía, por lo que aprovechó un viaje que le llevó a las cercanías de Madrid para trasladar una serie de informes y memorias al propio Felipe II, donde denunciaba el comportamiento inmoral de estos Alumbrados y de paso aprovechaba para arremeter contra el obispo de Badajoz, de quien decía que:

"...en muy breve tiempo fue convertido a la opinión de los Alumbrados, y le hicieron tan de su mano que, fiándose enteramente de ellos, les cometía todo el gobierno de sus iglesias haciéndoles grandes favores."  

Aquí os dejamos con el extracto de uno de esos memoriales enviados a Felipe II, fechado en diciembre de 1575, donde denunciaba el comportamiento libidinoso de esa secta, aunque más parece el testimonio fruto de su calenturienta imaginación:

“Se aprovechan de la magia para alcanzar las mujeres y aprovecharse de sus cuerpos, para el cual efecto les ayuda el demonio grandemente, el cual viene a las mujeres y las enciende terriblemente en deseos de carne con tan grande opresión, que las hace ir rabiando a sus maestros a pedir la medicina de aquellas grandes tentaciones porque ninguna otra persona puede remediarlas. Y los dichos maestros aplican el remedio natural tratando con las tentadas deshonestamente, y dándoles a entender que no es pecado, porque aquellas obras carnales llaman regalos de gente espiritual, y que haciendo aquellas cosas con necesidad espiritual no es ofensa de Dios”.
 - Memorial que fray Alonso remitió a Felipe II.


Se puede decir que su afán perseguidor de Alumbrados fue una obsesión que le acompañó toda su vida, yendo de pueblo en pueblo, advirtendo sobre los peligros de esta secta y denunciando a toda persona sospechosa de iluminismo, hecho que le acarreó granjearse numerosas enemistades. Incluso, no dudó en acusar de alumbrados a los más ilustres representantes de la mística española como a Teresa de Jesús, Juan de Rivera y Juan de Ávila.

Aunque su enfermiza insistencia dio sus frutos, y finalmente la Inquisición se puso manos a la obra, reveló de su cargo a los antiguos inquisidores del Tribunal de Llerena que no habían escuchado las denuncias de Fray Alonso y organizó unos espectaculares autos de fe que acabaron para siempre con este movimiento.

La fecha del más famoso de todos ellos fue el 14 de Junio de 1579, en la población extremeña de Llerena, donde se asentaba uno de los tribunales inquisitoriales.



En la plaza se montó: Un tablado donde se llevó a cabo la ceremonia, un palco para los asistentes de alto rango, tribunas para reos y balcones engalanados.

Los Autos de Fe


Recordar que los Autos de fe eran un espectáculo sin igual, en una época donde no había mucha diversión estos juicios públicos eran un gran reclamo para la población, como bien atestiguan los informes de la época.

Pero este auto superaba a casi todos los de la época, no sólo por el gran número de sentenciados, más de 50 personas, sino porque muchos de ellos eran alumbrados o iluminados, por lo que este auto de fe atrajo a curiosos de todos los rincones del reino.

La Cruz verde y el estandarte de la Inquisición se colocaron en un lugar privilegiado.

La ciudad se engalanó para recibir a tantos visitantes, viéndose sobrepasada a la hora de acoger a tantos vecinos llegados de diversas regiones del reino, ya que la afluencia de forasteros desbordó la capacidad de mesones y fondas de las poblaciones cercanas. Incluso tuvo que desatender a numerosos compromisos, ya que los palcos de honor, muy solicitados en este tipo de espectáculos, estaban otorgados a personajes principales de la sociedad.

Como anécdota, que ilustra el éxito de convocatoria que tuvo este Auto de Fe, explicar que la ciudad permitió los días y noches previos al juicio público, la celebración de fiestas y reuniones nocturnas, donde no faltaron pucheros y calderetas regados con abundante vino. Fiestas y romerías nocturnas que se habían prohibido los años anteriores porque precisamente ¡¡eran habituales entre los alumbradistas!!

El día del auto la plaza de Llerena está abarrotada y es que el Auto de Fe prometía un espectáculo sin igual, ya que durante todo el día desfilarían reos y condenados de toda clase y condición, expuestos a la vergüenza y escarnio público, para regocijo del público allí concentrado.


Por lo que tras la misa y el largo sermón de inicio fueron apareciendo los penitenciados, primero aquellos acusados de diversos delitos contra la fe, como la blasfemia u actos contra la ortodoxia cristiana. Todos se vieron obligados a abjurar en público sus pecados, es decir, reconocerlos y arrepentirse públicamente de ellos. Algunos también se vieron sometidos a tandas de azotes, y los casos más graves iban acompañados de condenas de destierro o multas si el personaje era rico.

Los reos vestidos con el san benito y escoltados por soldados y sacerdotes en la tribuna.
Tras un descanso para comer y coger fuerzas hicieron entrada un grupo de reos acusados de poligamia, delito más grave y acompañado casi siempre de azotes y destierros temporales. Hasta que finalmente, y para última hora de la tarde aparecieron los alumbrados, el plato fuerte del día. La mayor parte de ellos fueron sometidos a tormento, es decir, torturas, y condenados a varios años de galeote, una de las peores condenas que te podían caer en aquella época.

Tras estos ejemplarizantes juicios, el fenómeno de los Alumbrados desapareció, quedando para la historia sus leyendas e historias repletas de pasión carnal, lujuria y sexo desenfrenado.


Extractos del Auto de Fe de Llerena de 1575:


Para finalizar traemos algunos de los extractos de la relación de delitos que fueron leídos públicamente durante el Auto de Fe celebrado en Llerena en el año de 1575, ya que resumen a la perfección los principales delitos a los que fueron acusados estos Alumbrados:

"1. Los alumbrados de Estremadura eran clerigos sacerdotes y algunos predicadores, no tenian beneficio ni renta sino lo que les daban las mugeres con quien trataban, trayan por officio yr por los pueblos enseñando su doctrina a moças donçellas diciendo que las biejas eran duras para recibirla.

2. Mandaban a todas se confesassen con ellos generalmente diciendo que era necesaria la confesion general.
3. Procuran por todas vias que estas mugeres siendo solteras no se casen ni entren monjas sino que se hagan beatas diciendo ser mejor estado.

8. (...)Hay algunas beatas destas que haziendo esta oración y contemplación ven vanas visiones, oyen ruidos y voçes, reciben grandes miedos y temores, no pueden ver imagenes, ir a la iglesia, oir sermones, ni cosas de devoción, diciendo que están tan llenas de Dios que no les cabe mas, les parece que Christo en quien están contemplando les aparece en figura de hombre y con el vienen a tener grandes tentaciones de carne y realmente les parece que pasan con el tocamientos deshonestos hasta tener polluciones.

A esto dan también ocasión lo que sus maestros les enseñan, que lo contemplen hecho hombre y se ajusten con él poniendo boca con boca y los demás miembros y le digan palabras regaladas y amorosas, como carne de mi carne, hueso de mis huesos, y mirando al crucifixo de bulto aunque sea en la yglesia les parece que ven que el mismo crucifixo las convida a deshonestidades lebantando sus verguenzas por debajo del paño (...).

10. Estas mugeres, luego que se confiesan con ellos, les cobran una afición estraña que se pierden por ellos y les vienen grandes tentaciones de carne con ellos, y estando con aquellas bascas y rabias, les han a buscar, y ellos las besan y abraçan, y meten las manos en los pechos, y sobre el coraçón dándoles a entender y diciendo que aquellos tocamientos no son pecado, que los haçen por alegrarlas, consolarlas y ayudarlas, para que puedan llevar aquellos sentimientos, con lo qual ellas sienten grande alibio y consuelo para aplacar aquellas rabias. 

Y diçen algunos que hacen aquello, contra su voluntad, solo por mortificarse, que no sienten deseo carnal ni deleite, y algunos pasan adelante en estos tocamientos metiéndoles la lengua en la boca y tocándoles en las partes vergonçosas y echándose en la cama desnudos con ellas.

11. Entre ellos y ellas pasa otro sentimiento estraño que andando con aquellos ardores y fuegos que algunas veces llega a tanto que (..) si se llegan los unos a los otros se encienden y ponen fuego (...) y otras veçes con deseo de tener aquel encendimiento (que dicen es devoción) y comunicación se vienen a llegar una muger con otra desnudas en la cama en tanta manera que se abraçan y besan y meten la lengua en la boca y juntando las partes vergongosas vienen a tener pollución."
- Relación de las proposiciones de los alumbrados de Llerena que se castigaron
el año 1575



Si los acusados habían fallecido en las cárceles durante la fase de interrogatorios se colocaba una efigie en su representación con un rótulo con su nombre y el delito cometido.

Conclusión


Como conclusión, recoger las reflexiones de Manuel Maldonado que realiza en su blog sobre la Historia de Llerena donde nos relata que a pesar de la fama de este Auto de Fe, todo ello se trató más bien de un montaje impulsado por el Santo Tribunal desde Madrid, un acto de propaganda, una demostración de poder de la Inquisición, un aviso a navegantes ante cualquier desviación de la doctrina oficial de la Iglesia.

Por ello, no nos puede extrañar que en un principio el Obispo de Badajoz e incluso el Tribunal de Llerena hiciesen oídos sordos a las continuas denuncias de Fray Alonso. Por lo que a pesar de la fama que adquirió la secta de los Alumbrados, no puede asegurarse su existencia histórica como un grupo organizado, sino más bien fueron un grupo de sacerdotes que "soportaban mal las exigencias del celibato y la castidad clerical", por lo que aprovecharon una particular interpretación de las escrituras para arrimar el ascua a su sardina.

Pero ante la tensa situación que se vivía en Europa por la reforma protestante, que precisamente permitía romper con la castidad clerical, el Santo Oficio decidió cortar por lo sano cualquier atisbo de reformismo, y a través de este auto ejemplarizante poner sobre aviso a cualquier otro párroco o sacerdote dispuesto a tomarse con ligereza los mandamientos morales de la Iglesia.


Bibliografía

[En Internet]

Manuel Maldonado, 'Llerena y los alumbrados' en
http://manuelmaldonadofernandez3.blogspot.com.es/2009/02/llerena-y-los-alumbrados.html

 Israel J. Espino en 'La depravada secta de los alumbrados' en
http://www.extremaduramisteriosa.com/la-depravada-secta-de-los-alumbrados y
http://blogs.hoy.es/extremadurasecreta/2016/11/07/los-alumbrados-sexo-hostias-y-posesion/

 [Obras]

Huerga, Á.; Historia de los alumbrados (1570-1630), Fundación Universitaria Española, 1994.

Santoja, P.; Las doctrinas de los alumbrados españoles y sus posibles fuentes medievales, DICENDA. CUadernos de Filología Hispánica, 2000, 18, 353-392.

Sánchez Ortega, Mª.H.; La mujer y la sexualidad en el Antiguo Régimen, Akal, 1992.

sábado, 12 de mayo de 2018

Cortesanas poetisas: Prostitución en la Italia del Renacimiento

Cortesanas, una nueva forma de prostitución:
   - Parte I: Cortesanas poetisas: Prostitución en la Italia del Renacimiento
   - Parte II: Imperia, la primera cortesana.

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Antes de empezar esta entrada creo que es necesario aclarar el término de la palabra cortesana, ya que es una palabra bastante ambigüa, cuyo significado a ido cambiando a lo largo de los siglos. Y aunque hoy en día, se suele asociar con la prostitución, algo así como una especie de prostituta de lujo. La propia RAE en su definición recoge varias acepciones:

- Cortesana, entendido como dama que sirve en la Corte, es decir, una mujer proveniente de buena familia, con esmerada educación, ya fuese casada o soltera, que especialmente durante el Renacimiento participaba en actividades políticas o culturales.

- En el otro extremo, tenemos las denominadas cortesanas "di lume", de fuego, es decir, prostitutas pertenecientes a las clases bajas.

- Y entre medias, tenemos el término de cortesana "honesta", como aquella mujer que ejerce la prostitución, pero de manera elegante o distinguida. O incluso mujeres, que con un alto grado de independencia vivieron su sexualidad de manera bastante libre, no convencional para aquella época, por lo que aquellas mujeres que vivían separadas de su marido o que tuvieron relaciones con hombres estando solteras, rápidamente eran consideradas como prostitutas.

Meretriz (Izq.) y Dogaresa (Mujer del Dux).
Vemos que es difícil distinguir entre la cortesana y la mujer noble en sus vestimentas.

La prostitución en la ciudad de Venecia


Y como cabe suponer, en una ciudad tan cosmopolita y universal como Venecia, uno de los centros económicos del mundo en aquella época, existieron prostitutas de toda clase y condición, como bien nos informa el libreto titulado "Catálogo de precios de las prostitutas de Venecia", fechado en el año 1535, y donde se describen las habilidades y tarifas de numerosas cortesanas, con tal detalle que incluso se nos informa que una tal Lucrezia Squarcia tiene entre sus virtudes haber leído a Petrarca, Virgilio y "a veces hasta a Homero"

Desde el siglo XIV se sabe la existencia de barrios destinados a la prostitución, al principio éstos se situaban en los límites de la ciudad y proporcionaban alojamiento gratuito a estas "benemeriti meretrice" en las llamadas "Case rampane". 

Su presencia siempre fue bastante bien tolerada por las autoridades de la ciudad, pese a la creciente oposición de la Iglesia, ya que la prostitución fue una válvula de escape de tensiones y conflictos sociales

Cortesana, ilustración de Vecellio.

Evitaba casos de violaciones y abusos hacia mujeres de buena virtud y limitaba la difusión de relaciones homosexuales, ya que se rumorea que en una ciudad tan volcada al mar, donde los hombres pasaban largas temporadas encerrados en sus barcos, este tipo de relaciones fueron mucho más habituales que en otras ciudades.

El mercado de la prostitución era tan extenso que en el siglo XVI se llegaron a censar más de 12.000 prostitutas, y es que los impuestos generados por el mercado del sexo era una fuente de ingreso nada desdeñable para muchas ciudades. Incluso, uno de sus puentes, "el puente de la teta", nos recuerda el pasado libidonoso del barrio de Carampane, uno de los más antiguos de la ciudad, ya que desde ese puente las prostitutas enseñaban sus encantos a los marineros que regresaban a la ciudad tras largos meses de ausencia.

Las cortesanas "honestas"


Estas cortesanas eran mujeres jóvenes, hermosas e instruidas, versadas en distintas artes, refinadas, cultas y sofisticadas. Fueron muy populares en los ambientes intelectuales y cortesanos de las principales ciudades italianas, especialmente durante el siglo XVI, aunque no sólo por sus habilidades intelectuales, sino también por sus habilidades amatorias. 

La mayor parte de ellas eran de baja extracción social, por lo que su formación fue autodidacta, al introducirse desde bien jóvenes en estos salones (ridotti o casini) de la alta sociedad de la época, donde se realizaban debates, lecturas públicas de poesías y libros, etc. Por todo ello, consiguieron gozar de una libertad, una cultura y una autonomía inimaginbale para el resto de mujeres de su época.

Retrato de Verónica Franco,
Tintoretto 1575.
Por lo que muchas de estas cortesanas se volvieron universalmente famosas al encarnar los cantos de amor de algún poeta, o al ser retratadas por los grandes maestros de la pintura veneciana, como Tiziano o Tintoretto, que no dudaron en plasmar en sus lienzos la belleza y los encantos de alguna de estas mujeres. Todo ello las rodeaba de un halo de divino prestigio, alcanzando aún mayor notoriedad entre sus ricos e influyentes adoradores.

Su fama se vio incrementanda, no sólo por su labor como damas de compañía,  sino que muchas veces fueron ellas las impulsoras de la vida cultural de la ciudad.


Giacomo Franco.
Comerciante extranjero
con dama cortesana, Grabado 1610
Sus salones se convirtieron en centros culturales, donde acudía la flor y nata de la sociedad de la época. Por lo que a pesar de su vida libertina y alzarse contra los imperativos sociales de su época, contaron con cierta protección y apoyo de las autoridades locales.

Aunque todos estas cortesanas "honestas" compartían belleza, sofisticación, inteligencia y cultura, algunas destacaron por sus extraordinarias dotes intelectuales como poetisas y literatas, como Tullia D'Aragona, quien escribió el primer tratado amoroso atribuido a una mujer cortesana "Dialogo dell' infinità di amore" (1547). Otras mujeres destacadas fueron: Vittoria Colonna (Roma), Isabella Morra (Matera), Veronica Gambara (Reggio Emilia), Gaspara Stampa (Padua y Venecia) y sobre todo, Veronica Franco (Venecia), quizá la cortesana poetisa más famosas de todas ellas.

La vida de alguna de estas grandes mujeres merece la pena ser contada, por lo que para no alargar esta entrada, le dedicaremos un post en exclusiva a a alguna de ellas en el futuro.


La vida en el Renacimiento


El Renacimiento siempre se ha asociado una época de riqueza, progreso y esplendor, donde se dio un florecimiento en todas las artes, especialmente en algunas ciudades italianas como Venecia, Florencia, Roma,...  Todo este optimismo se vio reflejado en la vida social de estas grandes ciudades, donde la música, la poesía, la pintura, pero también el canto al amor y a la sensualidad alcanzaron su máximo apogeo.

Esta alegría de vivir, o dicho de otro modo, esta vida de carácter alegre, burló en sus años de máximo esplendor las limitaciones impuestas por las estrictas reglas morales de la Iglesia. 


Este relajación en las costumbres tuvo su reflejo en el esplendor que alcanzaron estas cortesanas honestas, que como las antiguas hetairas griegas, acompañaron a los hombres en sus reuniones sociales, para compartir con ellos no sólo sus "encantos femeninos", sino también sus dotes intelectuales.

La Riva degli Schiavoni en Venecia , de Leandro de Ponte Bassano (1595)

Ser una mujer ¿libre? en el Renacimiento:


Es importante detenernos en este punto, ya que la mujer nunca fue un ser libre, su vida estaba programada por el hombre desde su mismo nacimiento, dependiendo siempre de la voluntad de los hombres de su vida: primero, como "hija de"; posteriormente, como "esposa de"; e incluso si llegaba e enviudar, seguía estanda sujeta a la voluntad de sus hijos, o incluso sus hermanos.

La vida de la mujer, al menos de una mujer decente, era una vida austera, encargada exclusivamente del cuidado de su marido y sus hijos dentro de la casa. 


Por lo que las únicas mujeres que rompieron estos moldes, fueros algunas de estas mujeres cortesanas, ya fuesen las mujeres nobles que debido a su educación pudieron liberarse del corset social que la moral de la época les exigía; o estas meretrices de alto standing, que cómo las antiguas hetairas griegas, gracias a su profesión y su nivel cultural pudieron vivir una vida más libre.

Dama descubriendo el seno, Tintoretto (1585).
Se ha sugerido que esta dama tambén sea un retrato de Verónica Franco.

 
Por lo que esta definición, de Marina Zancan, se aproxima bastante bien al tipo de mujer que vamos a retratar en este post:

“Una mujer intelectual que practica de forma declarada una sexualidad fuera de las normas (entiéndase ni esposa ni prostituta) y que obtiene el derecho a ser mujer intelectual, la posibilidad de obtener una vida socialmente no subordinada e intelectualmente organizada para proyectar, a partir de sí misma su sueño de realización".


Es decir, estas cortesanas no eran ni abiertamente prostitutas, ni tampoco podían ser consideradas damas honorables, por lo que sobrevivían entre estos dos mundos, siendo muchas veces la única posibilidad que tenían de escapar de la miseria y promocionar socialmente.

Y es que en aquella época, prácticamente la única salida para aquellas mujeres sin protección familiar, ni marido, eran dos: o la prostitución o el convento.  Especialmente grave era la situación de aquellas mujeres solteras que habían mantenido relaciones sexuales con otros hombres, ya que sobre ellas recaía automáticamente la fama de prostitutas.

Por lo que no nos puede extrañar, como vimos en el post anterior, la importancia social que tuvieron la remendadoras de virgos, ya que eran capaces de salvaguardar el honor de una doncella.

Un juego de máscaras:


Aunque como podemos suponer, nada en esta vida es blanco o negro, por lo que ni todas las damas  nobles eran tan castas y virtuosos como querían aparentar, ni las cortesanas unas lascivas mujeres.

Muchas veces, unas y otras, miraban con envidia el estilo de vida las otras. Las damas nobles, la libertad de las cortesanas a la hora de vivir, de poder elegir a sus parejas o amantes. Las cortesanas envidiando la estabilidad social y económica de las nobles. Y es que un mundo vigilado constantemente por el ojo represor de la moral cristiana, las apariencias sociales lo eran todo, donde la pérdida de reputación y honor de una familia podía suponer su exclusión de la vida social.

Nada es lo que parece, todo es un gran juego de máscaras, donde, especialmente las mujeres deben esconder su auténtico ser y representar el papel que la sociedad espera de ellas.


Pero no debemos engañarnos, ya que aunque las cortesanas disfrutaban de ciertos privilegios, inimaginables para otras mujeres (escapar del ámbito del hogar, independencia económica, libertad sexual, acceso a cultura,...) siempre arrastrarían el estigma social de ser consideradas mujeres sin virtud.

Fotograma de la película 'Dangerous Beauty' ('Más fuerte que su destino', en España).
Basada en la vida de la cortesana Verónica Franco.

Las sombras de la moral


Pero no nos engañemos, la vida de estas mujeres siempre estuvo oscurecida por las sombras de la moral imperante de la época. El auge y caída de este tipo de cortesanas represeta a la perfección la moralidad y la mentalidad de aquella época, la lucha entre la visión humanista del Renacimiento y la restrictiva moral impulsada por la Iglesia Católica.

Nada garantizaba a estas mujeres que un amante despechado, un rumor malintencionado, una esposa enfurecida, un sacerdote moralista... fulminase de un plumazo su suerte; por lo que aquellos mismos que dilapilaban sus fortunas por pasar unas horas con ellas, eran capaces de darles la espalda y fingir que nunca las habían conocido.

Y es que ninguna mujer por muy bella, poderosa o influyente que fuese, por muchos contactos poderosos que tuviese, podía estar segura de conservar su estatus social, ya que la propia sociedad misógina donde vivían, así como el ojo siempre vigilante de la religión, podían hundir la vida de cualquiera de estas mujeres.

Edouard Moyse - Inquisición

Hay que recordar que en esta misma Venecia, luminosa, abierta, cosmopolita, también estaba muy presente la temible y poderosa Inquisición. Y es que la Iglesia Católica, ante el peligro de las herejías europeas, había impulsado su Contrarreforma. Desarrollando un amplio programa de reformas en todos los ámbitos, endureciendo su postura frente a las conductas libertinas.

Por lo que esta moda de aceptar socialmente la presencia de estas cortesanas pronto fue considerada contraria a la moral católica, por lo que pasaron de ser consideradas como cortesanas honorables a simples prostitutas.


Esta doble moralidad siempre estuvo presente, ya que el ejercicio de la prostitución siempre estuvo estrictamente regulado por ciertas normas de comportamiento: prohibir comportamiento libidinosos fuera de los barrios asignados para este oficio, obligar a las cortesanas a cubrirse de forma decorosa (aunque debajo del manto luciesen toda clase de joyas y sedas). Y aunque putas, estas mujeres siempre fueron muy devotas, por lo que se las prohibía también asistir a procesiones o a actos públicos de carácter religioso.

Ese cambio de mentalidad tiene su mejor reflejo en el juicio de Verónica Franco, acusada de brujería por un amante despechado, sólo pudo salvarse de las garras de la Inquisición gracias a sus influyentes amistades, pero la vida de glamour, respeto e incluso admiración de estas cortesanas honestas quedó para siempre borrada.

Su caída en desgracia supone la desaparición de la última verdadera cortesana honesta de Venecia e Italia. Aunque la figura de este tipo de cortesana de lujo siguió existiendo, como bien refleja la literatura de los siglos posteriores, nunca volvieron a alcanzar la fama, el prestigio y el respeto que se ganaron esa generación de mujeres libres, inteligentes y valientes.

“Con Verónica terminó también el Cinquecento y desaparecieron de las escenas  los  espíritus  de  aquella  prestigiosa  cultura  que  habían  animado  la  vida  de  ese  siglo espléndido y corrompido, turbulento, genial y fecundo”.










BIBLIOGRAFÍA

Caro Rodríguez, I.; El término cortesana a través de Verónica Franco, Género y expresiones artísticas interculturales / coord. por Eva María Moreno Lago, 2017, págs. 80-103

Díaz Padilla, F.; Verónica Franco: Poesía culta en boca popular, Archivum: Revista de la Facultad de Filología, Tomo 52-53, 2002-2003, págs. 103-123

[En Internet]

- La cortesana italiana: definición y jerarquías
https://formaciondeldiscurso.wordpress.com/inicio-formacion-del-discurso-trabajo-de-fin-de-curso-pagina-0/mujer-italia-renacentista/cortesana-italiana/

- Cortesanas y eruditas en Venecia
http://elcuadernodelahistoriadora.blogspot.com.es/2011/07/cortesanas-y-eruditas-en-venecia-i.html

- Las cortesanas en Venecia
http://www.fundacioncarloslleras.com/wp-content/uploads/2016/05/Las-cortesanas-de-Venecia.pdf

- Moda y ropa interior de las cortesanas venecianas
http://www.lacasamundo.com/2012/05/moda-y-ropa-interior-de-las-cortesanas.htmls:

martes, 10 de abril de 2018

Inquisición y Sexo: Los delitos de solicitación

Los delitos de solicitación fue una constante preocupación dentro de la Iglesia, ya que fue uno de los delitos más extendidos dentro de la Iglesia Católica, y lo peor de todo, es que manchaba su buen nombre, ya quera un delito que afectaba directamente a sus curas y sacerdotes.

¿Qué era el delito de solicitación?
Cornelis Corneliszoon van Haarlem (1562 - 1638)

Estos delitos se producían durante el sacramento de la confesión y reciben este nombre porque el sacerdote "solicitaba" algún tipo de favor sexual al penitente. Es decir, el confesor se aprovechaba de su autoridad y la intimidad de la que gozaba para obtener algún trato carnal con la persona que se estaba confesando.

Este tipo de comportamiento fue habitual por parte de sacerdotes y frailes confesores, considerándose un mal endémico asociado a este sacramento, especialmente a partir del siglo XI, con la extensión de las órdenes mendicantes. Y es que mientras el clero secular estaba algo más controlado al tener su radio de acción más centralizado; los miembros de las órdenes mendicantes, al tener una vida más itinerante, podían confesar a un mayor número de mujeres.

Y como muestra un botón, el testimonio recogido durante un proceso de solicitación efectuado por la Santa Inquisicón en el Nuevo Mundo:

 "Asimismo testifica contra él una Joana de Vera, mujer casada, de edad de veinte y seis años, que entrando en un confissionario a confesar con él, el reo le dijo muchas palabras amorosas y aficionadas y muy ocasionadas para mal fin. Y luego inmediatamente la confesó y ésto le aconteció más de seis veçes. Y después, estando mal dispuesta en su casa, fue allá este reo y tuvo con ella tocamientos de manos en los pechos, piernas y muslos della, abrazándola y besándola teniendo delectación y polución".
- Proceso por solicitación en confesión  al jesuita Luis López  (Lima, 1578)


Tipos de Delitos

Estos delitos englobaban todo tipo de conductas y comportamientos: desde delitos de palabra, donde el confesor animaba a sus feligreses a describir con todo lujo de detalles sus pecados sexuales,  pasando por aquellos que realizaban insinuaciones y comentarios con una clara carga sexual.

Pero lógicamente, los más graves eran aquellos que pasaban de las palabras a los hechos, confesores que pedían favores sexuales a cambio de absolver de sus pecados a sus pobres feligreses o que se masturbaban mientras escuchaban sus confesiones más íntimas, o aquellos que se aprovechaban de su posición de poder para realizar toda clase de tocamientos, sabiendo que no iban a ser denunciados, ya que ellos representaban a la máxima autoridad moral de la zona.



Incluso no faltaban aquellos confesores más avispados que no dudaban en emplear supuestas doctrinas teológicas para convencer a sus feligresas. Así conocemos el testimonio dónde el confesor esgrimía ante su atónita penitente que "era muy ordinario que los padres de espíritu conociesen carnalmente a sus hijas de confesión, y aun a la más virtuosa, porque esta guardaría más secreto”.

Por no hablar, de aquellos que se hacían pasar por médicos y realizaban toda clase tocamientos o incluso aquellos que prometían toda clase de regalos y prebendas a cambio de favores sexuales. Como bien recoge este testimonio recogido en el Archivo de la Inquisición de Canarias:

"Y el dicho fraile, viendo que esta declarante se escandalizaba de lo que le había dicho, le dijo que no se espantase de aquello, que él era hombre de carne y había de volver a la naturaleza, y que otras señoras tan honradas como ella se acometían aquellas cosas y que podía venir.., de noche, como que venía a rezar a la iglesia, y que a un canto de ella podía tener cuenta carnalmente con esta declarante. Y que le daría tres o cuatro reales y que cuando viniese a la Ciudad le enviaría un sombrero o alguna cosa buena que pidiese".
- Archivo de la Inquisición de Canarias (VIII, 7)

Y es que los confesores no sólo administraban este sacramento dentro de la Iglesia, ya que no era raro que el sacerdote acudiese a la casa de sus parroquianas o incluso los más osados las invitaban a su propia casa, por lo que era fácil encontrar momentos de absoluta intimidad para cometer estos delitos de solicitación.

Pero el premio gordo para los confesores más lascivos eran los conventos de monjas, toda una tentación para muchos de estos hombres, más si sabemos, que muchas mujeres eran ingresadas en contra de su voluntad, por lo que no renunciaban voluntariamente a los placeres de la carne.

Así sabemos que un confesor de monjas de nombre, fray Juan Domínguez le pidió a una de las novicias "que le enseñase las piernas y los pechos y esta declarante se los enseñó a su ruego. Y el dicho confesor, estándoselas mirando con delectación, le dijo palabras torpes, sucias y de lujuria, nombrando las partes vergonzosas y naturales de esta declarante con los nombres más inmundos que tienen y pidiendo que se las enseñase".


El sacramento de la confesión

No hace falta recordar la importancia de la confesión como método de control social por parte de la Iglesia Católica. Quizá uno de los métodos más eficaces de toda la historia,  ya que no hay que recurrir al espionaje o a la fuerza, sino que es la propia persona que de "propia voluntad" confiesa sus más íntimos secretos. Bueno, sí algún alma libre no visitaba con regularidad al confesor, éste podía anotar este hecho y que el feligrés en cuestión fuese llamado al orden por más altas instancias, incluso ser llamado ante la propia Inquisición.

La confesión es el método de control social más sutil y eficaz de todos los tiempos, alcanzando a toda su población y con un mínimo coste.


Además, el acto de la confesión para las mujeres de la época implicaba mucho más, a veces, era el único vehículo para expresar sus temores, sus miedos, sus anhelos, fuera del estricto y controlador círculo familiar. Por lo que el confesor se convertía en la única persona a la que pedir consejo o ayuda, no sólo en problemas espirituales, sino también en los terrenales.

Todo esto hacía que la relación entre confesor y penitente fue muy estrecha, íntima, por lo que no es raro que muchas feligresas comentaran sus problemas conyugales, sus dudas o inquietudes sexuales con el confesor, ya que éste se convertía en la única figura de confianza dentro de su círculo más cercano. Recordar que, en esta época, las mujeres se casaban siendo apenas unas adolescentes, y normalmente con hombres mucho mayores que ellas, muchas veces siendo apartadas de su círculo familiar, por lo que podemos imaginar la importancia que adquiría la figura del confesor.


Las mujeres víctimas propicias...

Con todo ello, es sencillo suponer el poder de manipulación e influencia que podía alcanzar la figura del confesor para aprovecharse de aquellas mujeres más ingenuas, inseguras o temerosas, convirtiéndose en víctimas propiciatorias para los confesores más libidinosos. Y es que su figura, además, estaba rodeada de un halo de autoridad y obediencia.

Podemos imaginar que este tipo de delitos fueron demasiado habituales, no sólo por el gran número de casos recogidos en las fuentes, sino sobre todo si tenemos en cuenta lo difícil que tenía que ser para una mujer denunciar este tipo de delitos en aquella época. Ya que la sombra de la sospecha no sólo recaía sobre el sacerdote, sino también sobre la persona que denunciaba, ya que no era raro que la culpa finalmente cayese sobre la penitente.

Y es que la Inquisición se encargaba de recoger información sobre la honestidad y la familia de la mujer denunciante, por lo que también se juzgaba la moralidad pública de la denunciante, ya que no valía lo mismo el testimonio de una doncella de familia acomodada que el de una "mujer deshonesta en su vivir, y de gente muy ordinaria".

La confesión. Raimundo de Madrazo Garreta


Solicitantes y... solicitadoras

Pero no siempre las mujeres eran víctimas de las acciones lascivas de los religiosos, algunos testimonios nos hablan que a veces eran ellas las que buscaban el afecto del confesor: desde mujeres que sólo necesitaban a alguien que las escuchase pasando por mujeres insatisfechas sexualmente hasta llegar a casos de auténtico acoso y derribo al pobre confesor.

Entre este grupo de mujeres destacaban las viudas, ya que no estaba bien visto socialmente que se volviesen a casar, por lo que si enviudaban jóvenes y ante la imposibilidad de conocer varón de otra forma, veían a su confesor como única válvula de escape a sus necesidades sexuales.

Como mejor ejemplo de todo ello, es que hasta hace pocos años era habitual que los sacerdotes viviesen con sus concubinas, mujeres que se hacían pasar por sus sobrinas, amas de casa, cuidadoras, etc., pero que eran de hecho la pareja sentimental del sacerdote.

El concubinato del clero fue un fenómeno muy habitual durante la Edad Media y Moderna.


Un intento de reforma moral de la Iglesia: Concilio de Trento

Sesión del Concilio de Trento, cuadro de Tiziano
Por lo que estos delitos de solicitación o "solicitatio ad turpia" fueron uno de esos estigmas habituales dentro de la Iglesia Católica, especialmente porque el clero se caracterizaba por su nula formación teológica, por lo que no nos puede extrañar que en el Concilio de Trento (1545-1563) en su afán reformador de la Iglesia Católica empezase a tomar medidas severas por la gravedad y extensión de este tipo de crímenes.

Aunque esta reforma no era debida a la preocupación de la Iglesia por sus fieles o por los abusos de poder de su cuerpo sacerdotal, sino era una cuestión de pura supervivencia. Y es que a partir del siglo XVI, Europa se vio sacudida por la reforma protestante, corriente cristiana que denunciaba los abusos y la corrupción moral del catolicismo romano, corriente que rechazaba la autoridad papal y el carácter sagrado de algunos de sus sacramentos, entre ellos, el de la confesión.

Por lo que pronto se vio obligada a iniciar una reforma profunda de todas sus instituciones e intentar atajar toda clase de abusos, como estos delitos de solicitación.

Y es que anteriormente al Concilio de Trento, el único delito que perseguía la Iglesia era aquellos casos donde la solicitación se realizase durante la confesión, es decir, si los hechos acaecían momentos antes o después del sacramento, la Iglesia no entraba a juzgar este tipo delitos. Además, estos casos se solucionaban dentro de la propia diócesis, por lo que un traslado del sacerdote a otra parroquia y problema resuelto...

Por lo que para cualquier sacerdote ligeramente avispado era tremendamente fácil esquivar cualquier tipo de castigo, ya que la Iglesia sólo consideraba delito si se "manchaba" el acto del sacramento en sí, dándole igual que la posible solicitación ocurriese en el contexto de la confesión.

Así que habría que esperar al Concilio de Trento para que la Iglesia empezase a tomar cartas en el asunto. Lo primero que se les ocurrió fue crear el mueble del confesionario, colocando una rejilla entre confesor y penitente para evitar que intimaran demasiado, aunque su uso tardó mucho tiempo en generalizarse.

La confesión, Giuseppe Molteni
Pero el mejor indicador de la gravedad del asunto fue que, a partir de 1559, se permitió que fuese la mismísima Santa Inquisición la encargada de perseguir y juzgar estos delitos. Aunque vemos que fue bastante difícil erradicar estos delitos, ya que se siguieron promulgando bulas y leyes, para frenar este fenómeno, como la bula de Gregorio XV, Universi Dominici Gregis, de 1622.

Es famoso el caso del párroco de Beniganim en el Reino de Valencia que fue juzgado en 1608 por haber solicitado, nada más y nada menos, que a 29 mujeres, "con palabras lascivas y amorosas para actos torpes y deshonestos". Y es que como podemos suponer, sólo en los casos más flagrantes las autoridades eclesiásticas actuaban, haciendo la vista gorda en la mayor parte de los delitos, ya que la Iglesia siempre ha sido de lavar sus trapos sucias de puertas para adentro.

Penas y castigos

Por regla general las penas y castigos para los solicitantes eran bastante indulgentes, ya que apenas se conocen casos donde la Inquisición acabase utilizando el tormento o penas de azotes o de condena a muerte hacia los sacerdotes infractores.

Las penas más comunes eran la abjuración de levi, es decir, limitarse a dar una leve reprimienda al confesor y aconsejarle mucha oración y ayuno, a ver si así se le quitaba la calentura... Otra de las penas más comunes era la multa económica, o en aquellos casos más claros, las penas solían ser la prohibición, temporal o de por vida, de administrar el sacramento de la confesión, normalmente acompañado de sentencias de reclusión en hospitales donde ayudar a pobres y enfermos. En aquellos casos más extremos uno de los castigos más severos era el destierro.


Inquisición de Edouard Moyse
Para finalizar, incluímos otro de los testimonios incluídos en el proceso por solicitación contra el jesuita Luis López, que saca a la luz el lado más oscuro y tenebroso de estos delitos de solicitación: un abuso de poder que muchas veces caía en tocamientos no consentidos, abusos o incluso violaciones:

«...el dicho reo se quedaba en casa de la dicha moza doña María algunas y muchas noches a la velar y guardar, durmiendo en un estrado junto a su cama. Y que una noche había tenido cópula carnal con ella y la había corrompido y habido su virginidad y se había quedado preñada. Y el reo echaba la culpa del preñado al demonio, diciéndo que él confesaba a su madre y hermanas y les daría a entender por libros cómo podía el demonio empreñar sin que la mujer lo entendiese. Y queriendo el reo otra vez tener cópula carnal con la dicha doña María, juntándose con ella questaba desnuda en la cama, había tenido pollución entre las piernas della. Y porque no había sido en el vaso natural le dijo el reo que no fue sino un acometimiento a pecar con ella, porque como fuese fuera del vaso no lo tiene por pecado mortal. Y porque la dicha doña María dijo a çierta persona: "mira vos lo que debe un hombre a una mujer que la adonçella, éso me debe a mí Luis López", el reo sabiéndolo, indignado contra ella, le dio muchos azotes con una disçiplina por piernas y brazos, descubriéndole sus vergüenzas. De lo qual ella, indignada y rabiosa, lo vino a denunçiar...»

- Proceso por solicitación en confesión  al jesuita Luis López  (Lima, 1578)




BIBLIOGRAFÍA

González Rincón, M.; La crítica sexual anticlerical en el Apókoposde Bergadís: la sollicitatio durante la confesión, Byzantion Nea Hellás, 29, 2010: 113 - 133  

Galván Rodríguez, E.; La praxis inquisitorial contra confesores solicitantes (Tribunal de la Inquisición de Canarias, años 1601-1700)

Sánchez-Oro Rosa, J.J.; Sexualidad, vida conyugal e Inquisición en Ciudad Rodrigo (siglo XVI-XVII), Centro de Estudios Mirobrigenses.

[En Internet]

http://www.miguelgarciavega.com/delito-de-solicitacion/

https://www.20minutos.es/noticia/253977/0/favores/sexuales/conquista/

Otorgar favores sexuales al confesor a cambio de la absolución de los pecados era una práctica habitual en México durante la etapa colonial, especialmente en los siglos XVIII y XIX, asegura un especialista mexicano, según Jorge René González, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y autor del libro "Sexo y confesión"

Ver más en: https://www.20minutos.es/noticia/253977/0/favores/sexuales/conquista/#xtor=AD-15&xts=467263
Otorgar favores sexuales al confesor a cambio de la absolución de los pecados era una práctica habitual en México durante la etapa colonial, especialmente en los siglos XVIII y XIX, asegura un especialista mexicano, según Jorge René González, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y autor del libro "Sexo y confesión"

Ver más en: https://www.20minutos.es/noticia/253977/0/favores/sexuales/conquista/#xtor=AD-15&xts=467263