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sábado, 20 de julio de 2019

Las termas romanas y el mundo de la prostitución


BALNEA, VINA, VENUS CORRUMPUNT CORPORA NOSTRA
SED VITAM FACIUNT BALNEA, VINA, VENUS
[Los baños, los vinos y el sexo corrompen nuestros cuerpos;
pero, la vida está hecha para los baños, los vinos y el sexo]
Epitafio de la tumba de un liberto
(Corpus Inscriptionum Latinorum VI 15258)

 

Recreación de unas termas romanas
Este último canto a los placeres de la vida nos permite adentrarnos en el debate sobre qué relación existían entre estos tres conceptos: vino, sexo y termas, ¿cómo estaban conectados? ¿eran placeres que se podían obtener de forma conjunta? ¿eras las termas un lugar habitual de prostitución? ¿la representación de escenas eróticas implicaban que el lugar estuviese relacionado con el comercio sexual? ¿existían burdeles que ofrecían servicios termales?

Y es que si viajamos a Pompeya encontramos dos lugares que han suscitado este debate ¿eran las termas un lugar habitual de prostitución? Adentrarse entre los muros de la Casa del Lupanar o de las Termas Suburbanas, nos podrían indicar muy a las claras que, efectivamente, las termas eran un lugar habitual para la prostitución... aunque el problema es que fuera de Pompeya no existen ejemplos tan atrevidos como los encontrados en la ciudad del Vesubio.

 Otro ejemplo de todo ello, lo tenemos en esta entrada donde hablamos del fascinante descubrimiento durante una excavación arqueológica de un burdel de lujo en Tesalónica, que ofrecía un espectacular servicio termal para sus clientes ¿o eran unas termas con un burdel situado en la planta de arriba? Otro ejemplo más, que vino a avivar el debate sobre la relación entre las termas y el mundo de la prostitución.

Por último, no podemos obviar que la prostitución estaba presente en numerosos espacios de la vida romana, y no sólo hablamos de los prostíbulos o las prostitutas que ejerciesen por las calles.

Muchos negocios, como posadas, tabernas o panaderías, podían obtener una fuente de ingresos extra, habilitando alguna habitación trasera para el ejercicio de la prostitución. 


Por lo que sería extraño que el dueño o el gerente de unas termas dejase de explotar un negocio tan lucrativo como el de la prostitución, especialmente en un lugar con tanto tránsito de gente, y habilitado con numerosas habitaciones privadas para masajes, aceites,....

Escena erótica. Casa del Restaurante (Pompeya).
Pintura mural en un negocio local que seguramente también funcionase como prostíbulo.


Las termas en la cultura romana


Donde hubo romanos existieron termas. Y es que los romanos fueron unos apasionados de los baños, siendo uno de sus mayores símbolos de progreso, de ingeniería, de técnica, en definitiva, de cultura.

Las termas eran centro de la vida social romana, todos los ciudadanos romanos acudían regularmente a las termas, era un lugar de encuentro, debate, conspiraciones...  pero también de relajación, de seducción, de miradas indiscretas, de gestos insinuantes entre los vapores del agua caliente humeante...


Como explica Mary Beard "existía la fuerte sospecha de que fueran corruptoras de las costumbres: la desnudez, el lujo y el placer del calor, el gusto lúdico de los vapores eran a los ojos de muchos una combinación peligrosa".

Imagen de los famosos baños asociados a un mega prostíbulo en Tesalónica.

Pero antes de que os imaginéis complejos termales, repletos de mármoles resplandecientes, luminosos, ventilados, con aguas cristalinas, como nuestros spas modernos, hay que decir que las termas romanas podían ser muy variadas y no eran lugares precisamente muy higiénicos... Eso de la ducha previa de nuestras piscinas aún no se había inventado, por lo que os podéis imaginar como podía estar el agua, después que más de mil personas al día, pasasen por ellas, dejando flotando en el agua, los restos de cosméticos, ungüentos, sudor, barro, e incluso algún que otro elemento más escatológico.

El propio Marco Aurelio en sus 'Meditaciones' (8,24) comenta: "Qué os han parecido los baños? Aceite, residuos asquerosos, agua cenagosa, todo repugnante"

Pero no os queremos bajar la libido, y como cualquiera que se haya bañado en los famosos baños 'Szechenyi' de Budapest, sabe que a todo se acostumbra uno... por lo que tampoco tuvo que ser muy diferente a estos turísticos y masivos baños húngaros. Así que mejor os dejamos con este canto a la belleza, refinamiento y lujo de los baños realizados por Luciano en su "Hipias o el baño"

Recreación ideal de unas termas romanas.



"Palacios de placer"


Pero los baños eran mucho más que un simple spa, las termas romanas eran centros de entretenimiento polivalentes, la gente no sólo iba a bañarse, también a hacer ejercicio, a asistir a discusiones filosóficas, a hacerse tratamientos de belleza, a encontrarse con los amigos...  Y lógicamente todo ello regado de los mayores placeres de la vida: comida, bebida y seguramente, sexo.

Representación esquemática de un conjunto termal, con espacios para el ejercicio físico, para el baño, para masajes, y ¿también para el sexo?

Por lo que los baños públicos, financiados por el Imperio, eran una especia de "palacio de los placeres", diseñados para el disfrute de la población romana. 


Incluso en baños mucho más pequeños, e incluso privados, se observa esa asociación entre baños y placeres sensuales, incluido ¿por qué no? el negocio del sexo.

Y es que esta asociación de los baños con la prostitución no es exclusiva de la cultura romana, en los baños mediales también se ejerció la prostitución, así como en los baños del lejano Japón.

Además, no hay que olvidar un punto muy importante, la sociedad romana era muy clasista, tan clasista, que se podía distinguir el rango social de cada individuo por el color o el tipo de ropajes, pero en los baños todos los ciudadanos se igualaban, desnudos todos los hombres y mujeres somos iguales.

Interior de unas termas romanas.
Esta promiscuidad social, como bien indica Thomas McGinn, en su documentadísimo "The Economy of Prostitution in the Roman World", propiciaría una atmósfera de intriga sexual, de relajación moral, que permitía vencer el machismo y el sentido de vergüenza y honor del hombre romano.

La profesora Carmen Guiral también se suma a esta corriente de ver las termas como lugares de placer y un espacio de seducción: "Había, sobre todo, prostitución. La voluntaria, que ejercían las cortesanas y, la forzada, con las esclavas. Las tenían incluso en las casas para servir al dominus y a sus invitados".

Y aunque, mujeres y hombres, se solían bañar en horarios diferentes, mañana y tarde, respectivamente, hubo otras termas que ofrecían espacios separados. Incluso se sabe que durante el Imperio se permitió el baño conjunto, aunque debido al éxito que tuvo esta iniciativa, pronto se intentó prohibir, ya que ponía en peligro la honorabilidad de la matrona romana.

Para que nos hagamos una idea de la popularidad de las termas, basta con saber que hasta las prostitutas de más baja condición, las que ofrecían sus servicios en cementerios, los seres más infames del escalafón social romano, tenían acceso a alguno de estos baños, como bien refleja Marcial en uno de sus epigramas más ácidos y furiosos:

 XCIII
La momia que se quiere casar

"Cuando tienes trescientos consulados, Vetustila, y tres pelos y cuatro dientes, pecho de cigarra, piernas y color de hormiga, cuando tienes una frente más arrugada que tu estola y unos pechos que parece telarañas; (...) Cuando el bañero, apagadas las luces, te permite entrar mezclada con las prostitutas de los sepulcros (...)"


Por lo que no nos puede extrañar que muchos escritores romanos, especialmente los estoicos, aunque alababan los baños como lugar de salud, pusieron su ojo crítico sobre esa atmósfera moralmente corruptora que existía en las termas: el lujo excesivo, la desnudez, los vapores calientes, esclavas dando masajes,... era un cóctel demasiado sensual para la estricta moral estoica (y posteriormente cristiana). Por lo que recomendaban a las matronas romanas a alejarse de estos centros de corrupción moral.


 Un viaje a Pompeya...


Si queremos ver que nos dicen los vestigios arqueológicos nada mejor que viajar a Pompeya, donde tenemos dos ejemplos muy claros que han dado aire a todo este debate: Las explícitas imágenes sexuales encontradas en las Termas Suburbanas y la Casa del Lupanar. El problema es que no tenemos otros ejemplos tan evidentes de termas con imágenes eróticas tan explícitas y numerosas.

Por lo que no se puede aseverar que todas las termas fuesen un lugar habitual de prostitución. Pero sí, que muchos lugares de prostitución, incluyeron estancias termales entre sus servicios, y que algunos baños ofrecían servicios de prostitución, ya fuesen de forma clandestina o regulada por el propio gerente de las termas.



Vista general del fresco de las Termas Suburbanas de Pompeya

Al primer sitio que vamos a viajar es a las Termas Suburbanas de Pompeya, un lugar que nos ha dado algunas de las representaciones sexuales más explícitas de toda la cultura romana.

Su vestuario (epodyterium) estaba decorado con escenas sexuales muy explícitas: parejas fornicando en las más diversas posturas, un trío e incluso una orgía. 


Cada escena se situaba sobre unas cajas de madera numeradas (I-XVI) que servían para guardar la ropa. Y aunque sólo ha sobrevivido una pared, se sospecha que originalmente habría 2 paredes más decoradas, lo que daría un total de 24 escenas eróticas.

¿Qué hacían esas escenas de sexo explícito en los vestuarios de unos baños?


Mucho se ha debatido sobre el significado de estas pinturas eróticas. Las versiones más mojigatas aluden a que era una sencilla regla nemotécnica para saber dónde guardabas la ropa. "En el cajón número 6 debajo de trío", una forma de atraer clientes a las termas y propiciar un ambiente lúdico.

Otros creen que en realidad se trataban de anuncios publicitarios de un burdel situado en la plata superior de las termas, o incluso como un catálogo de los servicios ofrecidos en el prostíbulo "¿Cuántos ases me cuesta un servicio número IV con esa prostituta germana de ahí?.

Detalle de uno de los frescos de las Termas Suburbanas.

Y no faltan, quienes argumentan que eran los servicios que ofrecían las propias esclavas que servían dentro de los baños.

Aunque la mayor parte de arqueólogos rechazan que las termas funcionasen habitualmente como un prostíbulo, y defienden que las pinturas tenían un sentido lúdico y decorativo en los baños.


Pero, lo que nadie puede negar es su estrecha relación, y allá donde había unas termas, en las proximidades siempre había un prostíbulo.

La Casa del Lupanar es un buen ejemplo de ello, situada a escasa distancia del foro, cercana a tabernas y a las termas de Stabia, probablemente las termas más populares de la ciudad. Y aunque los tres edificios se encuentran separados, algunos textos de la Antigüedad vendrían a confirmar la estrecha vinculación entre posadas, tabernas y prostitución.

Porque la pregunta es ¿por qué el dueño de unos baños iba a privarse de enriquecerse de un negocio tan lucrativo como era el de la prostitución? Si sería algo tan sencillo como habilitar unas habitaciones para tales menesteres... ¿No hacían esto en cualquier taberna o posada de baja estofa, donde la tabernera, a veces, también ofrecía servicios sexuales?


Fresco de la Casa del Lupanar en Pompeya.

PISTAS SOBRE LA PROSTITUCIÓN EN LAS TERMAS ROMANAS

Un hecho que favorecería la prostitución sería que no había distinción entre hombres y mujeres a la hora de servir en los baños... Es decir,  los asistentes masculinos fueron empleados en los baños utilizados por las mujeres, y viceversa. Siendo la mayoría de ellos, esclavos o libertos, por lo que no sería difícil que fuesen utilizados al mismo tiempo como esclavos sexuales.

El jurista Ulpiano menciona específicamente que el personal encargado de guardar la ropa de los vestuarios ejercían también la prostitución a instancias del "balneator", por lo que se preguntaba si había que calificarlos como proxenetas. Por lo que parece evidente que estos servicios de prostitución se darían dentro del mismo recinto termal.

Los esclavos muchas veces eran utilizados en el mundo de la prostitución
como una fuente de ingresos extra para sus amos

Y aunque es difícil encontrar registro arqueológico de estas actividades, sí que podemos encontrar algunas pistas en textos literarios o epigráficos:

Luciano en su canto a la belleza de los baños, en "Hipias o el baño" nos relata:

"Al entrar, nos aguarda una sala pública de amplias dimensiones, espera adecuada para criados y acompañantes; a la izquierda están los salones de recreo, muy convenientes, por cierto, para un balneario, con reservados acogedores y rebosantes de luz; tras ésta, a ambos lados, hay vestuarios suficientes para desnudarse, y en el centro una sala de gran altura y enorme claridad, con tres piscinas de agua fría, revestida de mármol de Laconia. (...) y por doquier brota la gracia y el encanto de Afrodita."

Esos "encantos de Afrodita" seguramente sea un eufemismo para hablarnos del comercio sexual. Es decir, los baños son un lugar propicio para la belleza, la sensualidad, el amor. Así, en algunos baños se han encontrado inscripciones muy similares a las halladas en burdeles, invitando al cliente a  "Entra y disfruta". Más pistas nos dan algunos graffitis de claro tono erótico en los baños de Herculano, o la existencia de una serie de pequeñas habitaciones en los baños de Sarno de Pompeya que se empleaban para el masaje e unción de aceites de los clientes, y seguramente también como lugar de prostitución.

Más pistas nos la puede dar el horrible descubrimiento arqueológico realizado en las termas de Ashqelon. Allí, se descubrieron casi 100 esqueletos de bebés apiñados en la alcantarilla situada bajo la casa de baños. El buen estado de los huesos indicaría que fueron arrojados al drenaje poco después de nacer, aunque como indica el análisis antropológico, parecen que todos ellos estaban muertos al nacer.

Aunque tampoco se puede descartar que estos niños fueron arrojados vivos  a las alcantarillas, sin más contemplaciones, ya que seguramente todos estos niños eran fruto de los embarazos de las prostitutas que trabajaban en estos baños.

Pintura erótica de las Termas Suburbanas de Pompeya.
Un hombre ¿masajeando? a una mujer.

Otra pista sobre la relación entre termas y prostitución es que muchos baños tenían en su entrada estatuas dedicadas a Venus, y aunque pueden entenderse como un simple escultura de decoración, o un guiño a ese famoso "carpe diem" de los epicúreos. Lucrecio asocia una de estas Venus situadas en la entrada de unos baños bizantinos, con la Venus Volgivaga, "la caminante callejera", es decir, la patrona de las prostitutas, que celebraban su festividad en el mes de abril.



CONCLUSIÓN


Por todo ello, aunque se ha querido separar el mundo de las termas con el de la prostitución, como si fuesen dos realidades separadas, a nuestro parecer creemos que estaban más estrechamente vinculados de lo que muchos ha querido ver. No sólo esa conexión entre las termas y prostíbulos cercanos, sino el propio ejercicio de la prostitución dentro del complejo termal.

Contaban con el ambiente erótico ideal, un espacio perfecto preparado con pequeñas celdas individuales, mano de obra esclava, de ambos sexos, y muy numerosa; un continuo fluir de personas, y lo que es más importante, un negocio tan lucrativo que parece difícil creer que no se quisiese explotar por algún motivo moral o deontológico.

Por todo ello, no nos puede extrañar que existan numerosos epitafios que se despiden de la vida dándole gracias a poder haber disfrutado del vino, los baños y el sexo:

"A los dioses Manes de Cayo Domicio Primo. En esta tumba estoy yo, el conocido y famoso Primo. He vivido a base de Lucrinias (ostras de Lucrino); en muchas ocasiones he bebido vino de Falerno.  Baños,  vino y  sexo han envejecido conmigo durante años. Si he conseguido esto, que ahora me sea la tierra ligera."




BIBLIOGRAFÍA

Blázquez, J.M. y Cabrero, J.; "Termas y prostíbulos de la antigua Roma",  La Aventura de la Historia, núm. 53, pp. 90-93, marzo 2003. 

 McGinn, T.; "The Economy of Prostitution in the Roman World" en  https://www.press.umich.edu/pdf/0472113623-ch2.pdf

Sobre baños, vino y sexo http://es.antiquitatem.com/termas-vino-sexo-venus-epitafio






jueves, 25 de octubre de 2018

Felipe IV: El rey adicto al sexo

No hubo rey más promiscuo en toda la historia de España, ni mujer que estuviese a salvo de caer bajo la lujuria insaciable de Felipe IV.

Daba igual su condición social, su edad, o si era casada, soltera o viuda, cualquier mujer del reino era apetecible para el capricho del monarca: damas o criadas, religiosa o prostituta, actriz o artesana. Cualquier lugar podía ser ideal para satisfacer su incontrolable ardor: desde el Palacio Real, al burdel, pasando por uno de sus territorios de caza favorito, el corral de las comedias.

El más poderoso soberano de la tierra era preso de una desmesurada pasión sexual. Nadie sabe a ciencia cierta con cuantas mujeres mantuvo relaciones, ni el número de bastardos que dejó en el camino. 


Pero como en una cruel maldición de cuento, el destino quiso que sólo fuese capaz de dejar como único heredero varón al trono de España al enfermizo Carlos II, "el hechizado".

Felipe IV de joven. 1623.
Retrato de Velázquez.
Estas andanzas reales eran por todos sabidos, y sus aventuras sexuales fueron motivo de toda clase de chanzas, bromas, coplillas y sonetos, como el que le dedicó el Duque de Amalfi, que decía:

“Oculta el traje que severo luce,
de amor y gloria devorante fuego,
que de sus noches el placer inquieta
,
y através de su risa se trasluce
que el rey sofoca y tapa el palaciego
el sueño del amante y del poeta".

Y aunque esta imagen de mujeriego nos puede hacer caer en la idea de un rey extrovertido, simpático y abierto, el rey Felipe IV, como todos los Austrias, siempre mantuvo un talante serio y riguroso, casi inamovible, propia de la férrea etiqueta impuesta en la Corte por sus antecesores.

Pero nada mejor para conocer su lujuriosa vida sexual que darnos un paseo por su vida: desde su infancia hasta su muerte...

Infancia

El meapilas Felipe III quiso asegurarse que su prometedor heredero fuese un digno príncipe cristiano por lo que no dudó en confiar su educación a los eclesiásticos de mayor virtud y celo de todo el reino. Nos podemos imaginar la infancia del pobre Felipe IV, criado en la austeridad, el rigor y el ascetismo, entre misas, sermones y oraciones, atrapado en los sobrios y tristes muros del Alcázar de Madrid.

Y aunque no se pueda asegurar, estar sometido a una educación tan beata, rígida y controlada, contribuyó a que cuando las hormonas de la pubertad empezaron a bullir se iniciase una obsesión por el sexo, y como señala Deleito y Piñuelo en su 'El rey se divierte' "con los primeros hervores de la adolescencia, cabalgó sin freno por todos los campos del deleite, al impulso de pasiones desbordadas".



Matrimonio

Retrato de Felipe IV, por Diego Velázquez, 1623.
Pero ya habrá tiempo de hablar de sus vicios, volvamos a la infancia del joven heredero. y a explicar un hecho que seguramente también alimentó la insaciable libido del monarca... ¡¡su matrimonio!!

A pesar de que en estos años, Francia y España, ya estaban a la gresca, el enfrentamiento entre las principales potencias europeas sería inevitable. Felipe III procuró buscar una alianza matrimonial con nuestros odiados vecinos del norte. Por lo que siendo apenas un niño se concertó la boda con una de las hijas del rey francés, Isabel de Borbón, pero el enlace real se tuvo que retrasar varios años, hasta que Felipe IV cumplió los 10 años.

Debido a su corta edad no hubo noche de bodas y trataron que la pareja nunca estuviese a solas, ni siquiera en sus viajes conjuntos, por lo que debían viajar en carruajes separados, todo ello a pesar de las enérgicas protestas del joven rey, que a estas alturas ya debía tener la libido por las nubes.

Y es que el joven rey estaba perdidamente enamorado de su bella esposa desde el mismo momento en que la vio, y por si esto era poco, fue sometido a esta vigilancia conyugal durante cinco años.


Por lo que habrá que esperar al 25 de noviembre de 1620, ¡¡5 años después del matrimonio!!, para que diesen permiso al rey a consumar su matrimonio.


Reinado

Con la muerte de su padre al año siguiente, Felipe IV accede al trono con tan sólo 16 años. Y lógicamente al heredero del imperio más poderosos del orbe mundial no le faltaron amistades que procuraron ganarse su favor satisfaciendo todas sus curiosidades y caprichos.

Felipe IV, cazador.
Velázquez. Museo del Prado.
De esta forma los hombres encargados de su formación política, como Gaspar de Guzmán, el poderoso Conde-Duque de Olivares, prefirieron alentar sus vicios: el sexo; o sus pasiones: la caza o el teatro; para tener ellos vía libre en sus desmesuradas ambiciones políticas.

Además, ante su compulsivo comportamiento sexual prefirieron proporcionarle toda clase de divertimientos fuera de Palacio, ya que las reinas están para concebir herederos a la Corona, no para satisfacer las necesidades sexuales de sus maridos.

Y así comienza uno de los reinados más significativos para la historia de España, parecía que iba a ser el rey que devolviese el honor de los primeros Austrias, pero muy pronto el rey se fue alejando de sus responsabilidades políticas, dejando su gobierno en manos de validos, mientras su majestad y buena parte de la Corte disfrutaban de fastuosas fiestas y saciaba toda clase de placeres en cacerías, espectáculos teatrales y mucho sexo.

  Los rumores sobre la desenfrenada vida del monarca fueron pregonados por todo el reino en coplas anónimas, donde se narraban de forma jocosa las conquistas del rey.


Sus aventuras amatorias eran tan sonadas y conocidas que muchos de sus colaboradores más cercanos se preocuparon del daño que esto hacía a la imagen del rey y a la de la muy católica Corona Hispánica.

Retrato del Conde-duque de Olivares.
Diego de Velázquez. Museo del Prado.

Por lo que no dudaron de culpar a su válido, el Conde-duque de Olivares, de fomentar esas pasiones para sus propios intereses políticos y económicos. Así lo hacía saber Francisco de Quevedo a un amigo suyo en una carta que decía:

 "El conde, sigue condeando y el rey durmiendo, que es su condición. Hay, parece, nuevas odaliiscas en el serrallo y esto entretiene mucho a Su Majestad y alarga la condición de Olivares para pelar la bolsa, en tanto que su amo pela la pava".

Otro testimonio nos lo aporta el prelado Garcerán de Albanell, quién también acusaba al conde-duque de avivar esas pasiones, en esta carta dirigida a su persona:

"Suplícole cuanto me es posible que evite las salidas del rey de noche y mire la mucha parte de culpa que tiene pues las gentes publican que le acompaña en ellas y se las aconseja [...] en realidad, ese gusto, no es bueno, aunque se tome por entretenimiento por las muchas circunstancias que le hacen dañoso y por la libertad que se toman los vasallos para hablar y reconocer algunas cosas que contradicen el decoro de un monarca".


Isabel de Borbón, cornuda pero con compostura

Su esposa, no tardó en enterarse de todos los devaneos amorosos de su marido, y aunque al principio lloraba desconsolada sus continuas infidelidades, pronto aceptó resignada su papel de reina y, con regia compostura se mantuvo al lado de su marido.

Seguramente se mantuvo fiel a su marido, ya que a pesar de sus continuas infidelidades, siempre supo mantener las apariencias, al menos de cara a la galería.

Sus pasiones amorosas nunca fueron muy duraderas y  tampoco tuvo que soportar la presencia de una amante oficial dentro de la corte, como sí ocurría con los reyes de Francia. 


Isabel de Borbón.
Por lo que ninguna de sus numerosas aventuras intentó hacer sombra a la reina, ni buscaron medrar para conseguir ascenso social o excesivas riquezas.

Además, la desbordante pasión amorosa de Felipe IV no excluía a su propia esposa, a la que siempre trató con respeto y cariño, incluso con ardor marital, ya que siempre le quedaban fuerzas para cumplir con sus obligaciones matrimoniales, como muestran los continuos embarazos de Isabel, con la que llegó a tener hasta siete hijos.

Era tal la pasión que sentía por su esposa que el Conde-duque de Olivares se veía en la obligación de buscarle nuevas aventuras a su soberano para aplacar su "devorante fuego" con otras mujeres y dejara en paz a la reina cuando daba signos de estar embarazada. 



Las amantes

Desde muy joven el rey se lanzó a toda clase de correrías nocturnas por las calles de Madrid buscando nuevas conquistas con que satisfacer su lujuria.

Aunque la mayoría de reyes españoles han tenido fama de promiscuos, el carácter insaciable de Felipe IV ha sido catalogado por psiquiatras como síntoma claro de ser un sexoadicto.


No hacía ascos a ninguna mujer, y si alguna mujer le entraba por el ojo, no dudaba en mover cielo y tierra hasta conseguir sus favores, no le importaba su clase ni condición, teniendo relaciones con mujeres de baja condición social, casadas, viudas, nobles, incluso no dudó en tener relaciones con las esposas de sus colaboradores e incluso con ¡¡monjas!!, pero sin duda alguna, sus favoritas, fueron las actrices, ya que el rey siempre fue un gran aficionado al teatro.

“Toda clase de mujeres eran buenas para su erótico deporte: doncellas, casadas y viudas, altas damas, sirvientas de palacio, burguesas, actrices, menestralas y hasta tusonas y cantoneras, como entonces se decía a las que hacían tráfico profesional de su cuerpo. Desde el Alcázar a la mancebía, pasando por el corral de comedias, no había frontera para sus ardores; pero sus preferencias iban más a las mujeres humildes que a las linajudas.”
- El rey se divierte, Deleito y Piñuela, J.


La suerte de estas amantes casi siempre fue la misma: el convento. Y es que una vez que el rey se cansaba de su nueva conquista, estas mujeres eran "invitadas" a ingresar en un convento. Tal era así, que se cuenta la anécdota de una noble a la que Felipe IV estaba cortejando, cuando el rey llamó a la puerta de su alcoba, la dama espantada le espetó: "vaya con Dios; no quiere ser monja".

Los encierros en conventos de sus amantes era una medida para prevenir posibles escándalos reales, y que sus amantes no luciesen embarazos públicamente.


El primer amor extralegal de Felipe IV que se conoce fue la hija del conde de Chirel, dama de gran hermosura, cuando el rey rondaba los 20 años. Al año siguiente nació un niño, el primero de los bastardos reales, al que se llamó Fernando Francisco de Austria, que falleció prematuramente.

Otro dato curioso sobre la vida sexual del soberano nos lo aporta la escritora francesa Madame D'Aulnoy quien nos relata como muchas cortesanas de lujo se quejaban amargamente de la racanería del monarca, que sólo les pagaba 20 escudos por servicio.


El mayor escándalo sexual del rey...

Como podéis imaginar circulan numerosas anécdotas sobre los devaneos amorosos de Felipe IV, siendo la más escandalosa la que tuvo lugar en el convento madrileño de San Plácido, ya que el monarca se encaprichó de una monja de extraordinaria belleza. Los hechos acaecidos durante ese episodio fueron tan sorprendentes que ya le dedicamos un post donde hablamos del escándalo sexual de Felipe IV con una monja.

Una historia propia de una película donde aparece una monja de clausura, el rey de España, el Papa de Roma, servicios secretos e incluso un asesinato...


Un rey molido a palos...

Existe otra divertida anécdota sobre las aventuras amorosas de nuestro particular "Don Juan". Se dice que el rey estaba encaprichado de la duquesa de Alburquerque, hermosa esposa de uno de sus más fieles colaboradores. El duque de Alburquerque, conocedor de la naturaleza libidinosas de su monarca y sabiendo que le había echado el ojo a su mujer, procuró que la duquesa saliese poco de casa y, aún menos, que pisase la Corte. Todo esto no hacía más que incrementar el deseo del rey ante el reto de conseguir una presa difícil.

Y el rey, que listo para asuntos de Estado no era, pero para las lides amarosas era todo un lince, aprovechó una fiesta en Palacio para intentar adquirir su ansiado trofeo.  El rey, que se encontraba jugando a las cartas, fingió que se le había olvidado despechar un asunto urgente, por lo que rogó al duque de Alburquerque que ocupase su sitio en la mesa.

Así que el duque vio como el rey salió raudo y veloz de la sala acompañado de su fiel colaborador, el conde-duque de Olivares. Como pueden imaginar, su destino era la casa del duque de Alburquerque. Éste que sospechaba de las viles intenciones de su monarca también fingió unos terribles dolores y partió como alma que lleva el diablo en dirección a su casa.

Estaban, el rey y su valido, con un pie recién puesto en casa de la duquesa de Alburquerque cuando la llegada repentina del duque les pilló por sorpresa, por lo que corrieron a ocultarse en la oscuridad de las caballerizas. El duque, con bastón en mano, les persiguió a grito: -"Alto al ladrón! Que me vienen a robar mis caballos! Y empezó a darles palos. Cuenta la leyenda que el duque no pidió luces a sus criados para no tener que frenarse a la hora de soltar bastonazos al reconocer a la figura del rey.

Duelo a garrotazos, Fco. de Goya.

El conde-duque de Olivares temiendo por la integridad del monarca decidió confesar y decir que al pobre desdichado al que estaba golpeando era su majestad. El de Alburquerque, con retomada furia, se empleó aún más a fondo con la figura del rey, por la indignidad que suponía que dos vulgares ladronzuelos usaran el nombre de su majestad.

Finalmente, entre el alboroto de los criados de la casa, la guardia de Felipe que venía a su encuentro y el duque de Alburquerque que ya había descargado toda su rabia y furia contra el insolente rey, y no quería verse implicado en asunto más grave, dejó que ambas figuras se escabulleran en la noche.

¡Eso sí! El rey tuvo que guardar varios días reposo por las heridas recibidas.



La Calderona

Felipe IV fue un rey apasionado del teatro, tanto que era por todos sabidos que le gustaba acudir de incógnito a los teatros populares de Madrid, como El Corral de la Cruz o El Corral del Príncipe, para ver con sus propios ojos, no sólo las representaciones que tanto le gustaban, sino también a las jóvenes actrices que actuaban en el teatro.

Corral de las comedias.
Y así surgió, el que sin duda fue el romance más sonado del monarca en su primera juventud.

En una de esas incursiones, el joven rey quedó prendado de la belleza de una popular actriz, de tan sólo 16 años, y de nombre María Inés Calderón, popularmente conocida como "la Calderona".


Era bastante habitual que estas actrices mantuviesen romances con destacados personajes de la sociedad, la misma Calderona mantenía una relación con el duque de Medina de las Torres, pero su belleza no había pasado desapercibida al joven monarca, que con la excusa de felicitarla por su actuación, pidió reunirse en privado con ella.

Alegoría de la vanidad. Supuesto retrato de La Calderona.
Anónimo. Monasterio de las Descalzas Reales. Madrid

Desde aquel mismo momento el monarca quedó prendado de ella. Se convirtió en su amante preferida, y seguramente también, fue el verdadero amor de su vida, a ninguna otra amo tanto como a la Calderona.

Esta relación se convirtió en la comidilla de la capital y muy pronto el sonado romance entre el monarca y la actriz fue motivo de chanzas, coplas y toda clase de comentarios en las tertulias y mentideros de Madrid.


Más aún, cuando la Calderona, obligada por el rey, dejó los escenarios en el auge de su carrera, y se convirtió en la amante oficial del rey.

La Calderona fue protagonista de otro sonado escándalo real, en este caso, con la reina Isabel de Borbón. Por lo que se ve, durante unas festividades realizadas en la Plaza Mayor, el rey había cedido un balcón destacado a su amante. La reina indignada ante tal desaire ordenó desalojarla de allí. Por lo que Felipe IV, cuando se enteró de los hechos, decidió compensar a la Calderona regalándole un balcón en la Plaza Mayor, aunque en un lugar algo más discreto para evitar la ira de la reina. Ese balcón, situado en la esquina a la calle de Boteros, pronto fue denominado como "El balcón de Marizápalos", haciendo honor a una famosa canción que la Calderona había popularizado en el teatro.

Plaza Mayor de Madrid.

De esta relación nació uno de los bastardos reales más importantes de la historia de España , Juan José de Austria, ya que el amor que sentía por su madre, hizo que Felipe IV ordenase educarlo con honores de príncipe, aunque lejos de su madre.

Pero el final de la Calderona, por mucho amor que hubiera existido, no dejó de ser igual que el del resto de sus amantes. Una vez que la pasión remitió, y después de quedar embarazada por dos veces, se le ordenó ingresar en un convento en Guadalajara. Aunque cuenta una leyenda urbana que acostumbrada a su vida de lujos y libertad, pronto huyó de él, y terminó sus días viviendo en la sierra.
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Bastardos Reales:

Era tal su desenfreno amoroso que desconocemos el número exacto de hijos que tuvo fuera de sus dos matrimonios.

Como todos estos asuntos se llevaban en palacio con la máxima discreción, nadie sabe a ciencia cierta cuantos hijos bastardos dejó en su frenética vida amorosa. 


Las cifras que se manejan son muy dispares, los historiadores más rigurosos le atribuyen sólo ocho, aunque un embajador veneciano contemporáneo le contaba 23, y no faltan quienes le atribuyen más de 30 hijos bastardos.

La vida de estos bastardos podía ser muy diversa, según la condición social de la madre, acabarían en una mejor o peor situación. La mayor parte de ellos eran criados en familias de confianza y muchos solían terminar sus días dedicados a la vida religiosa, ocupando puestos de gran prestigio: Así tenemos el ejemplo de Alonso Antonio de San Martín, hijo de Tomasa Alana, dama de la reina, que llegó a obispo de Oviedo y de Cuenca; o el caso de Ana Margarita que ingresó como monja en el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, del que acabó siendo su superiora.

Los investigadores han podido identificar a una decena de estos bastardos y su biografía es el mejor ejemplo de la enfermiza obsesión por el sexo que se gastaba Felipe IV:

- Uno de sus primeros hijos bastardos nació de sus amores con la hija del conde de Chirel. Para poder seducirla no se le ocurrió otra cosa que mandar a su padre a la guerra de Italia y así nació uno de sus primeros hijos bastardos.

 - Otro ejemplo, nos lo proporciona Alonso Henríquez, fruto de los amores del rey Felipe IV con una dama de honor de la reina. Su padre "legal" fue un hombre de confianza de la cámara del rey que fue obligado a casarse a toda prisa con la pobre Constanza. Alonso, como la mayor parte de los bastardos, fue protegido durante toda su vida, y acabó alcanzado el cargo de obispo de Málaga.

- Uno de esos affairs amorosos que mejor representa la libido incontrolable del monarca es el que mantuvo con doña Casilda Manrique, una de las damas de la reina. Lo destacable no es que se liase con una de las damas de la reina, ya que ese era uno de sus "campos de caza" favorito, sino que esta Casilda era la guardadamas mayor, precisamente la mujer encargada de velar por la moral del resto de damas jóvenes que acompañaban a la reina. Y aunque el hijo nacido de esta relación nunca fue oficialmente reconocido, pudo vivir en la Corte con la consideración y el apellido de hijo del rey.

.- Otra de esas anécdotas que nos brindan los numerosos bastardos reales es la que protagoniza Juan Cossío, bastardo real que pasaba por hijo de Francisco Cossío. Este Juan Cossío era un popular predicador agustino que residía en Nápoles. Los napolitanos al verlo por la calle exclamaban "ahí va el hermano del rey" por su extraordinario parecido físico que guardaba con Carlos II, hijo de Felipe IV.

- El único de todos estos bastardos que tuvo reconocimiento oficial por parte de Felipe IV fue Juan José de Austria. Aunque este reconocimiento formal por parte del rey tardó varios años en llegar, pronto se convirtió en uno de los hombres más importantes del reino. Juan José representaba el hijo que Felipe IV hubiese querido para el trono: Buen porte, sano, un hombre de carácter y muy capaz para el arte de la guerra y la política.


La maldición


Resulta curioso que un rey tan prolífico a la hora de tener hijos, tuvo hasta 13 hijos legítimos, sólo fuese capaz de aportar un heredero varón como sucesor, y vaya un heredero... el enfermizo Carlos II.


Pero no nos engañemos esta "maldición" nos revela dos terribles verdades sobre la vida en siglo XVII. Por un lado tenemos, la alta tasa de mortalidad infantil, incluso entre las clases más privilegiadas. Pero por otro, tenemos la enfermedades de transmisión sexual, y es que no nos debe extrañar que en algunas de sus correrías nocturnas en los burdeles de la capital, el monarca contrajese la sífilis y se la transmitiese a sus dos esposas.

Retrato de Carlos II el Hechizado.

Si a la sífilis, le sumas el alto grado de consanguineidad de los Habsburgo, el resultado es la desgraciada historia de abortos y mortalidad infantil de la descendencia legítima del rey.


De su primer matrimonio, con Isabel de Borbón, nacieron siete hijos, de los cuales sólo dos llegaron a adultos:  Una hija, María Teresa de Austria y Borbón que llegó a ser reina consorte del Rey Luis XIV de Francia, y un hijo Baltasar Carlos, que murió fulminantemente a los 17 años por un brote de viruela.

Detalle del Príncipe Baltasar Carlos a caballo de Velázquez fechado en 1635.
Museo del Prado. Madrid.

Este fue quizá el golpe más duro que sufrió el monarca en toda su vida y lo sumió en una profunda depresión. Y es que su muerte llegó en uno de los momentos más difíciles de su reinado, por lo que a los desastres políticos acontecidos durante esa época (Pérdida de Portugal, guerra con numerosas derrotas ante Francia y Flandes, sublevación de Cataluña) se le sumaron numerosas tragedias familiares: fallecimiento de su esposa, muerte de su hermano el Cardenal Infante Fernando, y la pérdida de su único hijo varón.

Todo esto provocó la necesidad urgente de buscar un heredero válido para la Corona, por lo que se cometió el gran error de buscarle matrimonio con la opción más mano que encontraron... la prometida de su difunto hijo, la sobrina del rey, la Archiduquesa Mariana de Austria. Como decimos esto fue un gran error, ya que el grado de consanguineidad entre los futuros esposos era demasiado elevado, incluso para los cánones de la época.

Mariana por Diego Velázquez, 1656.
Aun así, el matrimonio siguió para adelante, y la jovencísima Mariana tuvo hasta cinco nuevos hijos con el monarca, pero de nuevo, sólo dos lograron llegar a la vida adulta: Margarita, esposa del emperador alemán Leopoldo I, que murió con tan sólo 21 años; y el pobre Carlos II "El Hechizado", cuya muerte sin herederos llevó al declive definitivo de la monarquía Hispánica, con la sangrienta guerra de Sucesión, el fin del reinado en nuestras tierras de la casa de Austria, y la instauración de los Borbones en nuestra corona.


Su confidente, la mística monja Sor María de Ágreda


Todos estos golpes, tanto políticos como personales, sufridos en el tramo final de su vida, hicieron que el monarca buscase ayuda divina. Por lo que sabedor de su inmoralidad aprovechó un viaje a Cataluña para encontrarse con una religiosa de prestigiosa fama que intercediese ante el Altísimo en su nombre. El nombre de esta mujer era Sor María de Ágreda, y rápidamente se convirtió en la más fiel y sincera consejera que jamás tuvo el monarca, manteniendo una intensa relación epistolar durante más de 20 años, y en la que no sólo le aconsejó sobre temas espirituales, sino también, y con un acertadísimo sentido de estado, sobre temas políticos.

Retrato de Sor María de Ágreda.


Esta correspondencia es el mejor retrato psicológico que tenemos del rey, y buceando en ella, podemos entender la desazón interna que sufría el rey ante la pérdida continúa de territorios y prestigio de su Reino, y la profunda depresión que cayó ante los dramas familiares que le golpearon.

El monarca achacaba todos estos males a un castigo divino por sus continuos pecados, ya que creía que Dios le había abandonado por su vida libertina. 


No dudó en pedirle consejo a la monja sobre como vencer al demonio que le poseía: "Soy tan frágil –le escribía, desolado– que nunca saldré de los embarazos del pecado".

Y a pesar de las oraciones, consejos y advertencias de Sor María, Felipe fue incapaz de abandonar su conducta libidinosa, provocando que la monja se quejase amargamente que incluso en plena crisis política, con los levantamientos de Portugal, Cataluña e Italia, el rey hubiese instalado en Palacio a una actriz de sospechosa moralidad pública.


Conclusión


Finalmente, Felipe IV falleció en el año de 1665 a la edad de 60 años. Y aunque durante muchos años la historia le retrató como un hombre despreocupado por los asuntos de gobierno y dedicado a una vida de vicios y placeres, dejando su gobierno en manos de los famosos validos; en los últimos años la historiografía ha modificado esta visión del monarca, que aunque es cierto que hasta su muerte fue incapaz de controlar su insaciable apetito sexual, sí que fue un soberano preocupado por su reino y atento a todos los asuntos de Estado.

Último retrato de Felipe IV, donde se aprecia un cansancio notable.
Velázquez. 1656.
National Gallery de Londres.

Lógicamente el declive del imperio español hay que buscarlo en muchos más factores que la vida personal de un monarca. Un vida marcada por su irrefrenable conducta lujuriosa y su mala suerte en lo personal, lo que acarreó, en una persona fervientemente católica como era, un sentimiento de culpa y amargura que le acompañó hasta sus últimos días.

Tal vez, un sentimiento de culpa que sólo era capaz de olvidar cuando iniciaba una nueva conquista amorosa, y es que en el pecado siempre llevó la penitencia.



Bibliografía:

- Deleito y Piñuela, J.;  “La mala vida en la España de Felipe IV”.  Madrid. Alianza. 2005.

- Deleito y Piñiela, J.; "El rey se divierte". Madrid. Alianza. 2006

- Silvela Cantos, R.; “Felipe IV: el rey galán”. Barcelona.  GRM. 2004.

- Álvarez Lobato, P. y Álvarez San Miguel, C.; Felipe IV, el sexo y su época en "Sexualidad, psiquiatría y biografía". Editorial Glosa. 2007.


[En Internet]



Revista Historia y Vida: http://www.lavanguardia.com/historiayvida/la-vida-sexual-del-rey-felipe-iv_11663_102.html

http://www.abc.es/espana/20150210/abci-felipe-adiccion-sexo-201502091748.html

http://xsierrav.blogspot.com.es/2015/10/felipe-iv-adicto-al-sexo-y-sifilitico.html



jueves, 27 de septiembre de 2018

Los roles de los eunucos en Bizancio

Eunucos en Bizancio
Parte II: Los roles de los eunucos en Bizancio.

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Libro 'The perfect servant'
Los eunucos eran considerados esclavos muy exóticos, apreciados por su piel suave, sus voces agudas y sus cuerpos sin pelo, pero eran especialmente valorados al considerarlo sirvientes eficaces, leales y muy seguros. Ya que su incapacidad sexual y de producir herederos les hacía los perfectos cuidadores de los asuntos del hogar o de la corte.

Por lo que aquellos eunucos con las destrezas, habilidades e inteligencia suficientes fueron capaces de acaparar puestos de enorme responsabilidad dentro de la sociedad bizantina.




Sirvientes en hogares ricos


En muchos hogares ricos los eunucos se auparon como las personas de máxima confianza de sus señores, principalmente porque al estar incapacitados para formar familias, su única familia era en realidad la familia de su señor. Además, su formación e inteligencia los convertía en personas muy válidas, ya fuese para administrar las rentas de su señor o como tutores de sus hijos.

Además, su (supuesta) incapacidad sexual les convertía en los mejores guardianes de la virtud de las mujeres de la casa. Por no hablar de su papel como esclavos sexuales tanto masculinos como femeninos.

Ilustración que representa las diferentes capas sociales.


Eunucos cortesanos


Uno de las mayores preocupaciones de todos los emperadores bizantinos era que cualquier otro familiar o militar le intentase arrebatar el trono imperial para fundar su propio linaje imperial. Por todo ello, los eunucos se convirtieron en personas de máxima confianza dentro de los círculos palaciegos, convirtiéndose en muchos casos en sus más cercanos consejeros, ya que su lealtad era a veces mayor que la de los propios familiares del emperador.

Por lo que numerosas funciones de palacio quedaron bajo sus órdenes, siendo de las pocas personas que tenían libre acceso a las estancias privadas de la familia imperial. Así tenemos al "parakoimomenos", que dormía junto a la habitación del emperador, el "protovestiarios", encargado del guardarropa, y después, todo un "ejército" de eunucos encargados del buen funcionamiento del Palacio: comida, bodegas.

Hasta aspectos tan importantes como la educación de los hijos del emperador o su propia seguridad personal quedaba en manos de estos eunucos.



Por otro lado, también era habitual que fuesen los encargados de las cuestiones ceremoniales y de etiqueta, muy importantes dentro de la jerarquizada corte bizantina. Incluso, no era raro que los mismos eunucos facilitasen la transición entre un gobernante y otro, conservando ellos su misma posición.

Los eunucos encargados de los actos de protocolo recibían el nombre de "praipositos" y eran los 
encargados de instruir a la gente sobre cómo vestir, dónde situarse en los actos ceremoniales o cómo  comportarse ante el Emperador; y a la cabeza de todos estos eunucos estaba el "klarissimos", que actuaba como chambelán y portavoz del emperador.

Por último, destacar a aquellos eunucos empleados como funcionarios de alto rango, que realizaban labores muy específicas como mensajeros, mediadores, embajadores o secretarios privados.


Estos eunucos de corte se convirtieron en personajes de enorme poder e influencia, despertando pasiones e envidias a partes iguales.


Ese acercamiento a la figura del soberano les otorgaba gran poder, por lo que no era raro que familias poderosas castrasen a alguno de sus hijos menores con la esperanza que alcanzase un puesto de alto rango en la corte.

Recreación trono de Bizancio
Pero al mismo tiempo eran personajes temidos y envidiados a partes iguales, ya que la suerte de cualquier importante familia dependía de los antojos o los intereses de un eunuco. En su mano estaba, muchas veces, que la causa o petición de cualquier noble llegase a oídos del emperador.

Por lo que era normal que sobre ellos circulasen toda clase de rumores y habladurías, especialmente significativo es el retrato que se tiene de ellos como personas de enorme avaricia, y es que, sin descendencia, su único afán era vivir una vida plena de placeres y riquezas. Los propios historiadores bizantinos denunciaban el poder que acumulaban estos eunucos de palacio, influyendo muchas veces de forma directa en las decisiones que tomaba el emperador, acusándoles de intentar ostentar el poder en la sombra.

Añadir, que la soledad a la que estaban condenados los eunucos hizo que formasen una especie de lobby palaciego, a menudo trabajando (y conspirando)  para su propio provecho, lo que ayudó a incrementar su fama de ambiciosos e intrigantes.


Eunucos y el ejército.


Mosaico con
representación de Narses
Los eunucos también sirvieron en el ejército o como guardia personal del emperador. No parece que existiese ningún tipo de discriminación hacia su persona, ya que muchos de ellos sobresalieron en el campo de batalla, incluso algunos eunucos encabezaron ejércitos y flotas militares.

Uno de los motivos que explican este hecho es que no había riesgo que estos generales se alzasen contra el emperador vigente para intentar usurpar su puesto, ya que al ser eunucos estaban incapacitados para acceder al trono, por lo que se les presuponía una mayor fidelidad a su gobernante.

Entre los eunucos más famosos por sus hazañas militares podemos citar al general Narses, de origen armenio, quién lideró la conquista de la península itálica en tiempos del emperador Justiniano. Pero como decimos, éste no fue un caso aislado, a lo largo de la historia del Imperio Bizantino, podemos encontrar otros comandantes militares castrados.

Otro nombre famoso fue Pedro Focas que destacó por su bravura y arrojo contra los rusos, por lo que rápidamente fue ascendido a jefe de la Guardia Imperial bajo el reinado de Nicéfoto II (936-969) y posteriormente fue nombrado comandante del frente oriental.

Las fuentes también nos relatan como a finales del siglo X, Basilio II encargó a un eunuco de nombre Nicolás la dirección del ataque y asedio a Alepo, ciudad que cayó en manos bizantinas en el 995.

El Imperio bizantino hacia el año 1000. Desde el siglo VII, con la ascensión del Islam, el imperio perdió gran parte de sus territorios viéndose reducido a Anatolia y los Balcanes.

Eunucos y la Iglesia

Para entender la aceptación que tuvieron los eunucos dentro de la Iglesia Bizantina hay que sumergirse un poco en su visión del sexo, y especialmente su condena al placer sexual. Ya que los primeros padres de la Iglesia condenaron el placer sexual, y veían la ausencia de impulsos sexuales un hándicap para alcanzar la perfección espiritual.

Consideraban a los eunucos como seres puros y de alta estima,
casi comparables a los ángeles celestiales.


Por todo ello, la Iglesia bizantina fue muy permisiva con los eunucos, y no tuvo ningún problema en aceptarlos en su seno, no sólo en los escalafones más bajos, como monjes, sino que también les permitió ascender a puestos de gran poder, llegando a tener eunucos que ocuparon el cargo de patriarca de Constantinopla, la más alta dignidad dentro de la Iglesia Bizantina.

Santa Sofía de Constantinopla


Y aunque la Iglesia, casi desde su nacimiento prohibió la práctica de la castración (S.IV d.C), hubo numerosos religiosos que no dudaron en autocastrarse para así apaciguar sus apetencias sexuales, tal y como nos relata San Mateo: "eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos", en contra de los mandamientos de la Iglesia que ordenaba apaciguar la lujuria por otros medios menos drásticos.

Pero era tal el número de clérigos y monjes eunucos que existieron monasterios reservados sólo para ellos, como el erigido por San Sabas, en pleno desierto, camino de Tierra Santa; incluso sabemos la existencia de una secta cristiana, los monjes valesianos (siglo IV d.C) asentado en la zona de transjordania, que en su anhelo de alcanzar la perfección divina buscaban privarse de cualquier tentación de la Naturaleza, por lo que no dudaban es aplicarse la castración, tanto a ellos mismo, como a cualquier incauto peregrino que pillaran in fraganti, para intentar salvar su alma.

Monje eremita.

Esta peculiar sexualidad de los eunucos fue bien aprovechada por la Iglesia, ya que a los sacerdotes y monjes eunucos les solían encomendar funciones dentro de las comunidades religiosas femeninas, como la consagración de la eucaristía de los domingos.

Aunque esa misma peculiaridad sexual hacía que muchos monasterios de monjes prohibiesen el ingreso de eunucos, ya que los consideraban una fuente de tentación sexual para el resto de la comunidad.

Por otro lado, los eunucos empleados en los coros, los famosos "castrati", eran muy apreciados por su tono de voz único y especial, ya que al ser castrados antes de la pubertad conservaban ese rango de voz casi angelical. Por lo que no había coro eclesiástico que se preciase que no contase entre sus filas con algún castrati para deleite de los fieles.

Castrati


Eunucos y el sexo


Y no podemos hablar de eunucos y dejar de hablar de sexo, ya que uno de los mayores atractivos de los eunucos era en ser utilizados como esclavos sexuales. Ya que aquellos eunucos sometidos a la castración antes de llegar a la pubertad mantenían esos rasgos juveniles que tanto atraían a los hombres de la Antigüedad clásica, por lo que para muchos de ellos el sexo implicaba la sodomía, pecado terrible que la Iglesia prohibía, pero su voluntad estaba al servicio de sus amos.

Por otro lado, aunque está muy extendida la creencia que los eunucos eran incapaces sexualmente, muchos de ellos eran activos sexualmente, tanto con hombres como con mujeres. Pero debían andarse con mucho ojo en estos casos, ya que si tenemos en cuenta que la Iglesia sólo permitía tener sexo bajo fines reproductivos, si los eunucos fornicaban sólo podía ser por vicio y placer.

Aunque estos efebos no sólo eran una tentación para sus amos, sino también para otros hombres libres, por ello en muchos monasterios se prohibió la entrada de eunucos, ya que temían que su belleza juvenil desatase la pasión de otros monjes.

Los espadones era un tipo de eunuco muy solicitado.
Y si hablamos de eunucos y el sexo no podemos dejar mencionar a los eunucos denominados "espadones", no por conservar su "espada" en pleno funcionamiento , que también, sino por provenir de la ciudad persa de Spada, donde los eunucos también eran habituales.  Pues como decimos estos eunucos estaban parcialmente castrados, ya que el proceso de castrado no había sido completo, y aunque eran estériles, su miembro viril funcionaba a la perfección.

 Por lo que este tipo de eunucos eran muy apreciados entre las mujeres, ya que les garantizaba una infidelidad libre de sorpresas. Así que no puedo sorprendernos la presencia de algún buen "espadón" dentro del servicio de las mujeres de más alta cuna.

Eunucos como castigo

Aunque aquí hemos hablado de algunos de los aspectos "positivos" de ser eunuco, no nos engañemos, la castración era un terrible castigo no sólo aplicado a esclavos y prisioneros de guerra.  La propia legislación bizantina sancionaba con la castración algunos delitos, que en muchos casos podía suponer casi una sentencia de muerte, debido a la alta tasa de mortalidad de la intervención.

También era muy habitual aplicar la castración en medios cortesanos, especialmente a rebeldes, usurpadores al trono o familiares con demasiadas ansias de poder, ya fuese bajo hechos probados o como medida de precaución. Ya que si una persona no podía engendrar, nunca podría ser emperador, por lo que era un medio bastante eficaz para eliminar a peligrosos enemigos políticos.

Y aunque estas mutilaciones, bastante habituales en el código penal, nos pueden parecer una práctica bárbara, ellos la veían como un mal menor, si lo comparamos con la pena de muerte.




Bibliografía

Herrin, Judith. Bizancio: la vida sorprendente de un imperio medieval . Inglaterra: Penguin Books, 2008.

Herrin, Judith; Bizancio: El Imperio que hizo posible la Europa moderna, Editorial Debate, 2009.
 
Rautman, Marcus; La vida cotidiana en el Imperio Bizantino, Connecticut: Greenwood Press, 2006.

[En Internet]

La cruel historia de ser eunuco, en https://franciscojaviertostado.com/2014/12/01/la-cruel-historia-de-ser-eunuco/

Eunucos de Bizancio. Castración y vileza en el Imperio Romano de Oriente, en http://www.lacasamundo.com/2014/04/el-imperio-bizantino-eunucos-de.html

El tercer género en Bizancio, los eunucos, en http://elocasodebizancio.blogspot.com/2011/02/el-tercer-genero-en-bizancio-los.html

viernes, 1 de junio de 2018

El escándalo sexual de Felipe IV con una monja

Felipe IV podría pasar a la historia bajo las palabras del historiador alemán Pfandle: "Un Hércules para el placer y un impotente para el gobierno", y es que, este monarca no sólo tenía fama de promiscuo, como otros muchos reyes, sino de ser un auténtico adicto al sexo. Por su cama pasaron todo tipo de mujeres, de toda clase y condición, y como buena muestra de ello están los más de 40 hijos bastardos que dejó.

Estábamos preparando una entrada sobre su azarosa vida sexual pero, como podéis imaginar, circulan tantas anécdotas sobre los devaneos amorosos de Felipe IV, y hay historias tan jugosas, que merecen un post aparte; como la que nos trae aquí; quizá, la más escandalosa, la que tuvo lugar en el recién fundado convento madrileño de San Plácido.

Cuentan las crónicas que el convento de San Plácido, situado en el barrio de Malasaña, fue testigo del insaciable apetito sexual de Felipe IV, que protagonizó un escandaloso hecho al intentar conquistar a una monja llamada Margarita de la Cruz.


Según se relata en un manuscrito anónimo el fundador del convento, un tal Jerónimo de Villanueva, protegido del Conde-Duque de Olivares, y buen conocedor de los gustos del monarca, informó a ambos de la presencia de una novicia de extraordinaria belleza de nombre Margarita de la Cruz.

Retrato de Felipe IV, por Diego Velázquez.

El rey, ávido de nuevas conquistas, no dudó en utilizar todos sus recursos para lograr colarse en secreto en el convento, utilizando para ello un pasadizo oculto que conectaba la casa de don Jerónimo con la carbonera del convento, y comprobar con sus propios ojos si eran reales las afirmaciones sobre su belleza. Y en efecto, la hermosura de Margarita era tal que el rey cayó rendidamente enamorado de esta mujer. Por lo que, tras unas primeras visitas de cortesía, el ardor del monarca le hizo solicitar a su nueva conquista sus primeros favores sexuales.

La pobre monja, asustada por el gravísimo pecado que estaba a punto de cometer, confesó los planes de su majestad a la priora Teresa del Valle, que planeó una estrategia para intentar frenar la libido incontrolable de Felipe IV.


Catafalco.
Así, llegado el día donde el monarca esperaba culminar su nueva conquista entró por el monasterio a través de la entrada secreta y cuando accedió a la celda se encontró una puesta en escena perfecta para hacer caer la pasión a cualquier buen cristiano. La monja estaba tendida sobre un improvisado catafalco (sepulcro cubierto con una tela negra) con la habitación repleta de flores e iluminada por cirios para que se viesen bien el crucifijo que sostenía, la falsa muerta, entre sus manos.

Como se pueden imaginar, este falso velatorio cumplió a la perfección su cometido y conmocionó a su muy católica majestad, que creía muerta a su prometedora amante. Pero pronto llegaron a oídos del monarca que todo había sido una treta de la abadesa, por lo que, como buen cazador, esto le espoleó aún más sus ganas de conseguir su ansiado "trofeo" y siguió con insistencia reclamando una visita a solas con Sor Margarita.

El asunto empezó a ser tan escandaloso que la propia Inquisición tuvo que intervenir.


Conde-Duque de Olivares, la persona más poderosa del mundo en su época.

 

Con la Iglesia hemos topado...


Fue el propio confesor personal de Felipe IV, el Inquisidor General Antonio de Sotomayor, quién inició el proceso para frenar definitivamente este sacrilegio. Como las figuras del Rey y de Olivares eran intocables, el proceso se centró contra el menos poderosos de todos los cómplices, el desdichado de Jerónimo de Villanueva, que acabó con sus huesos en la cárcel inquisitorial de Toledo el 30 de agosto de 1644. 

Para comprobar el poder que tenía el Santo Oficio, comentar que a pesar de ser amigo personal del Rey y del todopoderoso Conde-Duque, estuvo en la cárcel durante más de dos años, y sólo gracias a estos contactos pudo conseguir la absolución, pero pagando un alto coste: ya que no podía volver a pisar el convento de San Plácido, ni ponerse en contacto con sus monjas, también le impusieron una multa de 2.000 ducados, y lo peor de todo, tuvo que abandonar la Corte y pasar sus últimos días en la ciudad de Zaragoza.

Con la Iglesia hemos topado.

El asunto estaba siendo tan molesto para la Corona, que dicen las malas lenguas, que el mismísimo Conde-Duque de Olivares se presentó ante el inquisidor general que estaba instruyendo el caso y le espetó que tenía en sus manos dos decretos reales: Uno de los decretos era su renuncia al cargo y un retiro de oro a su ciudad natal con una abundante renta. El otro decreto era una orden de destierro en el plazo de 24 horas. No hace falta añadir que el inquisidor vivió el resto de sus días muy feliz en su Córdoba natal.

¿Por qué acabó una obra de arte del calibre del Cristo crucificado de Velázquez en este sencillo convento?


 A pecado nuevo, penitencia nueva.



Cristo crucificado, de Velázquez.
Aunque existe otra versión más plausible de lo que sucedió después del hecho del falso velatorio, y ahora vendría bien preguntarse ¿cómo es posible que en convento recién fundado tuviese obras de arte como un Niño Jesús de Montañés, un Cristo Yacente de Gregorio Hernández, un cuadro de 'La Anunciación' de Claudio Coello en su altar mayor o el mismísimo Cristo crucificado de Velázquez?

En esta otra versión se cuenta que el monarca se quedó bastante traumatizado al ver a la pobre monja tendida sobre el féretro, ¡¡hasta ese punto tuvo que llegar para escapar de sus insaciables apetitos sexuales!!, por lo que el rey arrastró enormes remordimientos de conciencia durante toda su vida. Recordar que, Felipe IV, fue un ferviente católico, por lo que no tendría que ser fácil vivir consigo mismo y sus continuos arrebatos amorosos.

Eran tan grande la culpa que sentía por todo lo acontecido que, para limpiar su conciencia, realizó importantes regalos a la congregación, el más sonado fue el incunable cuadro de Velázquez.

Pero según un manuscrito anónimo del finales del siglo XVII, titulado 'Relación de todo lo suzedido en el casso del Convento de la Encarnazión Benita' se nos narra que el monarca también incluyó otro regalo. Un fabuloso reloj que en los cuartos tocaba difuntos, en recuerdo del lúgubre episodio que había ocurrido en el interior del convento, y que así siguió sonando hasta la muerte de la pobre Sor María.

Una de espías...


La Anunciación de Claudio Coello
Y por si esta historia fuera poco rocambolesca, aún guarda una sorprendente historia de espías...  El Papa, Urbano VIII, interesado siempre en guardar documentos comprometedores pidió que le enviaran una copia del proceso abierto por la Inquisición. Por lo que el Consejo de la Inquisición envió a su notario, Alfonso de Paredes, a Roma con una valija diplomática con toda la documentación.

Olivares trató de borrar todo rastro de este proceso, y por supuesto, evitar que ese informe llegase a manos del Papa, pero el mensajero ya había partido hacia el Vaticano, por lo que movilizó a toda su red de espionaje y embajadores españoles de Nápoles, Sicilia, Génova y Roma para que atrapasen al molesto mensajero e interceptasen los informes, se cuenta que incluso mandó un retrato robot del tal Alfonso de Paredes.

Los servicios secretos españoles, que por aquel entonces eran los mejores del mundo, lograron prender al mensajero antes que llegase a Roma, y la arquilla sellada fue devuelta a Madrid intacta, vía Nápoles. El Conde-Duque nada más recibir ese peligroso informe lo quemó en la chimenea de la cámara real, en presencia del mismo rey.

Como recomendación final os invitamos a visitar la iglesia y el convento de San Plácido, situadas en el populoso barrio madrileño de Malasaña. 


El convento ha sido restaurado hace pocos años, y en él aún vive una comunidad de monjas, por lo que si solicitáis hora seguramente os puedan hacer una visita guiada por el edificio, y contaros éste, y otros muchos secretos que guarda el convento.

Convento de San Plácido. Madrid.


Bibliografía



Huerta MAC. El convento de San Plácido: Historia, arte y leyenda en el corazón de Madrid. La librería; 2003. 95 p.

Puyol Buil, Carlos (1993). Inquisición y política en el reinado de Felipe IV. Los procesos de Jerónimo de Villanueva y las monjas de San Plácido, 1628-1660. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

https://www.somosmalasana.com/conociendo-san-placido-unos-muros-con-historia-y-leyenda/

 https://bayucablog.wordpress.com/2011/04/15/felipe-iv-el-pasmado/