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domingo, 28 de mayo de 2017

Historia de la sexualidad en América

Historia de la Sexualidad en América:
- Mesoamérica:
Capítulo 1.- Religión y Sexualidad en Mesoamérica
Capítulo 2.- Cultos a la fertilidad y cultos al falo.
Capítulo 3.- La moral sexual (próximamente)
Capítulo 4.- La prostitución (en preparación)
- Perú:
Capítulo 1.- La cultura Moche y sus increíbles cerámicas eróticas

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Introducción

Una de las asignaturas pendientes de este blog ha sido todo lo relativo al mundo de la sexualidad y el erotismo en las culturas americanas. Un universo tan fascinante como diverso, y que, por desconocimiento, no nos hemos atrevido a sumergirnos en él de lleno.

Pero antes de iniciar este recorrido me gustaría disculparme de antemano por los posibles errores a la hora de identificar los muy diversos pueblos y culturas que poblaron la América precolombina, ya que mi educación eurocentrista del mundo y su historia pueda hacer que caiga en errores de bulto sobre estas culturas o en algunos de los términos utilizados.

A pesar de todo esto, o precisamente por todo ello, hemos decidido ponernos manos a la obra e iniciar una serie de post donde iremos desengranando la sexualidad y el erotismo de los diferentes pueblos y culturas americanas (aztecas, mayas, toltecas, incas, ...), el impacto de la llegada de los europeos a América y la nueva moral sexual que surgió de la fusión de estos dos mundos.

Debido a la falta de tiempo, iremos construyendo esta historia de la sexualidad en América a salto de mata,  sin aparente orden ni concierto, aunque con el paso del tiempo esperamos que cada artículo ayude a configurar una visión global del concepto de sexualidad, erotismo y belleza en las muy diversas culturas americanas.

Esculturas en barro de Tlatilco en la capital de México.

Un choque de dos mundos

Cuando los españoles llegaron a América no sólo se produjo un encuentro entre dos mundos completamente diferentes, sino también el choque de diversas culturas con visiones muy diferentes de cómo entender la sexualidad de las personas.

Mientras en Europa, la Iglesia Católica había podido imponer su visión negativa de la sexualidad humana, reduciendo su expresión a un fin únicamente reproductor. Para los pueblos indígenas la sexualidad estaba estrechamente vinculada con sus divinidades, siendo una fuerza muy presente en su vida cotidiana, y aunque algunos pueblos mantuvieron estrictas normas sexuales, el placer sexual nunca fue contemplado como algo negativo o pecaminoso.

El placer sexual era considerado un regalo de los dioses, por lo que el sexo no sólo se limitaba a la reproducción sino también abarcaba una concepción de la sexualidad gozosa.



Por todo ello, nos podemos imaginar el tremendo choque cultural que se produjo cuando los españoles contemplaron algunas de las costumbres amerindias: sacrificios humanos, la desnudez de sus gentes, rituales con un alta carga sexual, la liberalidad de algunos pueblos, la poligamia,... incluso algunos aspectos aún muy discutidos entre los propios historiadores como la existencia, o no, de orgías rituales colectivas o la polémica sodomía, práctica bastante habitual entre algunos pueblos americanos.

Pieza del Museo Nacional
de Antropología de México
Escultura con falo
arrancado.
Todo ello sirvió para que muchos cronistas de las Américas justificarán la colonización, al tildar a muchos de estos pueblos como amorales, salvajes o libidinosos, por lo que era necesario enseñarles los valores "civilizados" de la cristiandad. Aunque curiosamente, no faltaron cronistas que elogiaron la moral sexual de algunas de sus culturas, como la de los mexicas, cultura con unos cánones sexuales muy estrictos, donde se inculcaban a sus jóvenes valores como el respeto por la familia, el carácter sagrado del matrimonio, la importancia de la virginidad en sus mujeres o el valor de la continencia sexual de sus jóvenes varones...

Pero no nos engañemos, el abismo entre las dos culturas era enorme, por lo que la polémica sobre la moral sexual de estos pueblos fue una de las principales preocupaciones de los evangelizadores. Especialmente problemático para la evangelización de las élites indígenas fue erradicar costumbres propias de su status social, como la poligamia.

Aunque si por algo destacó la conquista de América no fue precisamente por la libido desenfrenada de los pueblos indígenas sino más bien el desenfreno sexual de los propios conquistadores teniendo a las mujeres indias como principal botín de reparto y dándose casos de abusos y corrupción de costumbres de toda índole.

Pero preferimos dejar este polémico asunto para más adelante, y empezar nuestro recorrido analizando como concebían la sexualidad las diferentes culturas y civilizaciones amerindias. Un camino nada fácil, ya que como siempre, en todo lo relativo al sexo y al erotismo, nos encontramos con un problema muy común, la problemática de las fuentes.


Orgía  en una escultura de Tlatilco,
cultura mesoamericana del valle de México.

El problema de las fuentes y la censura

El primer problema al que nos enfrentamos a la hora de hablar de la sexualidad en época prehispánica es que los conceptos utilizados para describir sus prácticas, como los conceptos de "amor", "erotismo", "homosexualidad", "prostitución", etc. son términos derivados de nuestra visión occidental del mundo, por lo que muchos de ellos guardan poca o nula similitud con la percepción original que podían tener estos grupos indígenas de estos mismos valores.

Otro de los grandes problemas a los que nos enfrentamos es que la mayor parte de las fuentes escritas son indirectas, por lo que aun contando con un buen número de fuentes que recogen sus ritos y ceremonias, incluso fuentes de origen nauac, estas fuentes son post conquista por lo que la interpretación de los hechos que ven (o llegan a sus oídos) están distorsionados al pasar por el filtro de la moral y la censura cristiana, transmitiéndonos una visión parcial e interesada de costumbres y ritos.

Falo de la cultura huasteca.
http://museopalaciodebellasartes.gob.mx
Un claro ejemplo de todo ello nos lo proporciona Bernal Díaz del Castillo que en su relato sobre los pueblos indígenas nos dice sobre los huastecos (cultura desarrollada en el sureste del actual México): "Eran todos sométicos, en especial los que vivían en la costa y tierra caliente. [...] tenían excesos carnales hijos con madres y hermanos con hermanas y tíos con sobrinas, halláronse muchos que tenían este vicio de esta torpedad; pues de borrachos no les sé decir de tantas suciedades que entre ellos pasaban".

Por este mismo motivo cabe sospechar que muchos de los cronistas de las Américas trataron de ocultar buena parte de las prácticas más explícitas o amorales a sus ojos cristianos, aunque es evidente que existieron todo tipos de cultos y ceremonias donde la sexualidad estuvo muy presente, como rituales de masturbación o rituales orgiásticos.

Así, por ejemplo, uno de esos documentos fundamentales para entender la sexualidad en el México prehispánico es el "Canto de las Mujeres de Chalco",  ya que este texto aborda gran cantidad de conceptos relacionados con la sexualidad como pueden ser el placer, el deseo, el erotismo, el embarazo, la potencia viril,... Pero su recopilación y traducción está realizada por españoles, por lo que es probable que la información que les llegase a ellos ya estuviese alterada, por no mencionar, que mucha de la información obtenida podía ser tergiversada, incluso de manera inconsciente al adaptarla al imaginario occidental de esa época.

Esta censura, no sólo se limitó a los primeros cronistas europeos, sino que se ha prolongado durante siglos hasta prácticamente nuestros días, al ocultar al gran público numerosos vestigios de temática sexual. Y no sólo nos referimos a aquellos testimonios más polémicos como pueden ser la homosexualidad o las representaciones explícitas de actos de cópula, sino que incluso afecta a un culto tan extendido e importante como fue el culto fálico.

Muchas de estas representaciones fueron tildadas por los primeros españoles como símbolos satánicos, por lo que muchas de ellas fueron destruidas o aquellas esculturas de carácter itifálico fueron mutiladas.

Códice Borbónico, Lámina 30.

Esta censura se extendió a lo largo de los siglos hasta prácticamente nuestros días. Por un lado, todos estos elementos, a ojos de los ya "modernos" habitantes del país, configuraban una visión "deshonrosa" de las raíces identitarias de sus pueblos, culturas o naciones. Pero lo que es más grave es que esta censura se haya extendido hasta el sector académico, ya que apenas existen estudios generales sobre la sexualidad en las culturas americanas y muchas de estas piezas aún están custodiadas en los grandes almacenes de los museos sin atreverse a exhibirlas públicamente.

Por último nos gustaría reseñar un último factor que hay que tener en cuenta como es la idiosincrasia y particularidades de cada pueblo, por lo que es peligroso caer en grandes generalizaciones, ya que cada cultura mesoamericana tenía sus propias costumbres y prácticas sexuales, habiendo culturas más abiertas o cerradas. Por ejemplo, los mexicas eran mucho más cerrados en cuestiones de sexualidad si los comparamos a otros pueblos cercanos como los huastecos o totonacos, mucho más "liberales" en ciertas costumbres sexuales.


Pues una vez planteadas estas cuestiones preliminares estamos listos para iniciar este viaje  a las Américas...  donde recorreremos de norte a sur el gran continente americano, deteniéndonos en sus grandes culturas para intentar comprender qué concepto de la sexualidad, la belleza o el erotismo tenían, nos adentraremos sin tapujos en sus ritos y cultos más libertinos y expondremos aquellas piezas arqueológicas que aún siguen ocultas en los fondos de muchos museos.

Un viaje apasionante que esperamos recorrer con tu compañía... ¡os esperamos!

Instituto de arte de Chicago cultura moche Perú 100 B.C.- A.D. 500




Bibliografía


 http://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/la-sexualidad-en-la-tradicion-mesoamericana

Alcina Franch, J.; Procreación, amor y sexo entre los mexica.

Baudez, C.F.; Sacrificio y culto fálico en Yucatán, Sociedad española de estudios mayas, Nº19, 2007.

Gamero Esparza, Carlos (2005): La sexualidad en el Perú Pre-colombino: Kamasutra indiano. Vivat Academia. nº 65. Mayo. 2005. Páginas 1-92.

Ortega Domínguez, I.; Culte du Phallus au Mexique: un álbum lleno de secretos.




 Imágenes extraídas de: www.pueblosantiguos.com




domingo, 18 de diciembre de 2016

El matrimonio en el Antiguo Egipto

Para entender el concepto de matrimonio en el Antiguo Egipto debemos desprendernos de nuestra idea de matrimonio, ya que para los egipcios el matrimonio era un acto privado sin ningún tipo de connotación religiosa o civil detrás de él.

Aunque más bien se puede decir que lo extraño a lo largo de la historia ha sido el concepto sagrado del matrimonio que nos ha transmitido nuestra tradición judeo-cristiana.

Así pues el matrimonio en el Antiguo Egipto era un acto privado, donde no intervenía ningún tipo de autoridad religiosa o civil para refrendar dicho acuerdo. Simplemente bastaba el mutuo acuerdo de la pareja y el acto simbólico de convivir bajo un mismo techo, siendo normalmente la mujer la que se trasladaba a la casa del hombre. Esta concepción se plasma clarísimamente es su lenguaje donde el acto del matrimonio se puede traducir como "fundar una casa" o "entrar en casa de la pareja".

Este concepto laico del matrimonio no significa que no tuviese importancia, ya que el matrimonio era una institución básica en el mundo egipcio, además como en cualquier acto importante en la vida de una persona este matrimonio sería celebrado por ambas familias mediante una fiesta, y conociendo el gusto de los egipcios por la cerveza, podemos afirmar que sería una celebración bastante animada.

También, y como ha sucedido hasta tiempos bien recientes, es bastante probable que fuesen los padres quienes se preocupaban de buscar la pareja adecuada para sus hijos o hijas, atendiendo a motivos económicos, patrimoniales o sociales, pero aquellos padres más comprensivos podían atender también a razones sentimentales.

The Family of Neferherenptah from the Mastaba of Neferherenptah at Giza


Matrimonio por amor

Aunque retrocedamos varios milenios atrás en el tiempo parece evidente que el amor es uno de las fuerzas más poderosas del ser humano, por lo que los egipcios no fueron ajenos a este sentimiento y también nos hablaron del amor, de parejas de enamorados, de jóvenes atrapados en las llamas de la pasión que sólo desean estar el uno con el otro hasta el final de los tiempos...

Los testimonios sobre el amor en el matrimonio son enormemente variados: desde poemas  a canciones amorosas, ya sea escrito en papiro o esculpido en la roca, ya fuese mediante hermosos y sensibles versos, o a través de frías instrucciones:

"Si eres sabio, guarda tu casa, ama a tu mujer sin restricción. Llena su estómago, viste su espalda, esos son los cuidados que hay que proporcionar a su cuerpo, acaríciala, satisface sus deseos durante todo el tiempo de su existencia, se trata de un bien que honra al señor de la casa".
- Máximas de Ptahhotep


Todo esto es fácilmente comprobable visitando cualquier museo que albergue arte egipcio, no será muy difícil encontrar en estas colecciones estatuas o pinturas que muestren signos de amor entre parejas: maridos y mujeres con sus brazos alrededor de su cintura, sujetándose las manos u ofreciéndose mutuamente flores o comida. Por lo que podemos concluir que el amor y el afecto era una parte importante en el matrimonio Egipto.

Meryt, mujer de Sennefer, se presenta ante él con flores de loto.
También sabemos por textos egipcios que una mujer era libre de escoger a su futuro marido, por lo que en cualquier caso, y aun contradiciendo la opinión de su familia siempre se podía negar a aceptar a un cónyuge impuesto. Aunque esto último sólo se daría en casos muy aislados, principalmente porque las mujeres se casaban a edades muy tempranas, por lo que dudamos que se atreviesen a ir en contra de la opinión familiar.

Que mejor forma de terminar este apartado que con este bonito texto inscrito en una estatua, el cual es un claro reflejo de ese amor dentro del matrimonio:

"Deseamos reposar juntos
Dios no puede separarnos.
Tan cierto como vives, no te abandonaré
Antes de que de mí te canses.

No queremos más que estar sentados, cada día, en paz,
Sin que ocurra nada malo.
Juntos hemos ido al País de la Eternidad,
Para que nuestros nombres no sean olvidados.

Cuan bello es el momento
En el que se ve la luz del sol,
Eternamente,
Como Señor de la necrópolis."

Pintura de una tumba donde se muestra el reencuentro de matrimonio en la otra vida.
Los evidentes gestos de afecto nos hablarían de que el matrimonio por amor tenía gran importancia en la cultura egipcia.


Institución básica de la sociedad.

Y aunque este primer acercamiento al concepto de matrimonio egipcio nos pueda parecer que se tratase de un asunto trivial y sin importancia, no hay que engañarse, el matrimonio era de vital importancia en la sociedad egipcia, ya que su principal finalidad era aportar hijos a una sociedad siempre necesitada de excedentes demográficos.

 “Toma esposa cuando seas joven, para que te dé un hijo. Debe engendrar para ti mientras eres joven, el mundo debe ser poblado. El hombre con una gran familia es feliz, se le admira por su descendencia”.

Además los hijos como bien explica Parra Ortiz en su libro 'Vida amorosa en el Antiguo Egipto' "eran básicos en el pensamiento egipcio porque de ellos dependía, no sólo el bienestar de los padres durante la vejez, sino el mantenimiento del culto funerario de los progenitores, sin el cual su existencia eterna quedaba comprometida".

Edad

Como en todas las sociedades antiguas la edad para contraer matrimonio era muy temprana, especialmente en el caso de las mujeres.

La edad adecuada para que un joven contrajese matrimonio estaría entre los 17 y 20 años, una vez que había demostrado que era capaz de mantenerse por sí mismo. Dependiendo de la profesión del joven se casaría a una edad más temprana o tardía, así podemos suponer que un agricultor se casaría mucho antes que un escriba, cuya formación llevaba más años.

En las 'Máximas de Ankhsheshonq' podemos leer: "Toma una mujer cuando tengas veinte años, para que puedas tener un hijo cuando todavía seas joven".

Por contra a las mujeres se les buscaría matrimonio una vez alcanzada la pubertad, a los 14 o 15 años, la mayoría de las veces sin tener muy en cuenta la diferencia de edad, ya que su futuro marido podía ser mucho más mayor que ella.

Senedyem y su esposa, ante una mesa de senet en su tumba de Deir el-Medina (dinastía XIX).


La ceremonia

Uno de los misterios más curiosos sobre la civilización egipcia es la completa ausencia de información sobre el acto de casarse. La mayor parte de información que nos ha llegado sobre las bodas en el Antiguo Egipto son del período ptolemaico, donde sí que se nos habla de su carácter festivo y de su ceremonia, pero apenas sabemos nada sobre la ceremonia del matrimonio durante el Imperio Antiguo, si es que hubo alguna.

Podemos concluir que antes de la boda ambas familias se reunían para acordar los términos del matrimonio. Normalmente este trámite en sus primeros pasos se dejaba en manos de las mujeres de ambas familias, y cuando ellas daban el visto bueno sobre el futuro cónyuge entraban los hombres a negociar un acuerdo matrimonial.

Este tipo de acuerdos giraban en torno a la dote que recibiría la novia, normalmente una suma de dinero y algún que otro regalo lujoso como compensación de la pérdida de la virginidad de la mujer.

Una sirvienta coloca el cabello de su señora.
Tumba de Djeser, dinastía XVIII.
Y aunque hemos dicho que el matrimonio era un acto sencillo, la importancia de este paso en la vida de los cónyuges era celebrado mediante una pequeña fiesta. Y sabiendo el gusto de los egipcios por la cerveza y su preocupación por la belleza podemos suponer que todos lucirían sus mejores galas y se maquillarían con sus cosméticos más caros.

Los testimonios más recientes nos hablan de que el día previo a la boda las mujeres de la familia del novio visitaban a la futura esposa, donde imaginamos que aparte de vestirla y maquillarla con pinturas corporales le darían importantes consejos para la noche de bodas. Los hombres también se reunían en un ambiente festivo donde la música y la cerveza estarían muy presentes.

El día de la boda la novia era conducida a casa del marido, podemos suponer que rodeada de una comitiva y acompañada de música, cantos y algún que otro chascarrillo de carácter obsceno, ya hemos hablado en otros post como era muy habitual en numerosas culturas antiguas la presencia de símbolos fálicos durante los festejos de matrimonio así como cánticos subidos de tonos como elementos propiciatorios de la fertilidad.

Una vez que la novia se trasladaba a casa de su futuro marido se oficializaba el matrimonio mediante la firma de un contrato matrimonial (los primero datan del siglo IX a.C.) donde se registraba la fecha, los nombres de los contrayentes así como el de sus familiares más cercanos, al profesión del marido y el nombre de algún otro testigo. Este documento era firmado en presencia de alguna autoridad religiosa que era el encargado de registrar dicho contrato.

Una vez finalizadas todas estas formalidades y actos simbólicos se iniciaría un banquete que se prolongaría, a buen seguro, hasta altas horas de la madrugada.

Músicas y bailarinas. Tumba de Nakht en Tebas (dinastía XVIII).

Igualdad de la mujer

Uno de los aspectos más llamativos de la cultura egipcia era la posición que ocupaba la mujer en su sociedad, y es que la igualdad entre hombres y mujeres alcanzó cuotas sorprendentes. La mujer tenía total libertad de acción, era dueña de sus propias tierras y dote, podía dirigir negocios de toda clase así como recibir y dar herencias a su libre voluntad.

La ley también contemplaba esta igualdad por lo que las mujeres podían presentarse ante un tribunal ya fuese como querellante, defensora o testigo, por lo que también eran juzgadas con la misma severidad que los hombres.

Un claro reflejo de todo esto son los contratos matrimoniales, y aunque éstos no eran necesarios sí que existen un gran número de ellos, por lo que parece que a partir del siglo IX a.C. fue una práctica cada vez más extendida entre clases acomodadas.

Lógicamente las clases más pobres no firmarían este tipo de acuerdos, primero por que el escaso valor de sus posesiones no requerían de tales acuerdos, y por otro lado, por que la firma de un documento de este tipo suponía un desembolso demasiado elevado para estas clases populares, ya que el coste del papiro y de un escriba sería prohibitivo.

El objetivo de estos contratos prenupciales era establecer los derechos y posesiones de cada miembro de la pareja durante el matrimonio y su reparto en caso de divorcio. Era tal la igualdad entre hombres y mujeres que los cónyuges se unían en régimen de separación de bienes, y por lo tanto, ¡la mujer podía disponer de sus bienes cómo a ella se le antojase sin contar con el permiso del marido!



Divorcio

El enano Seneb y su familia. Dinastía VI.
Museo de El Cairo
A pesar de que el matrimonio se entendía como un contrato para toda la vida, al no estar ungido por imposiciones religiosas, tanto la mujer como el hombre, podían divorciarse simplemente abandonando el hogar familiar. Por lo que podían casarse de nuevo si así lo deseaban.

Aunque bajo esta aparente sencillez se esconden algunos escollos económicos y sociales que dificultaban en realidad este hecho, por lo que realmente el número de divorcios no fue muy numeroso. Como curiosidad apuntar que como en la actualidad se podían firmar contratos de divorcio o ruptura, muy importantes éstos para las mujeres, ya que se aseguraban de no ser acusadas de infidelidad si iniciaban una nueva relación.

Con todo ello, el principal problema de un divorcio era el económico, ya que la justicia egipcia protegía especialmente a la mujer para evitar casos de repudio o de abandono. Por lo que la cuantía a pagar por el hombre era bastante abultada, ya que debía devolver la dote de la mujer más un tercio del total de los bienes gananciales.

Incluso se conocen contratos prematrimoniales aún más onerosos para el marido para evitar estos casos de abandono, ya que la mujer, sino contaba con protección familiar, podía quedar en una situación bastante desamparada.

Los motivos más esgrimidos para el divorcio eran los malos tratos, el adulterio (de la mujer) y la falta de hijos, aunque también se han encontrado documentos donde se aferran a motivos algo más terrenales como la presencia de una suegra malvada o los chismorreos del vecindario.


Matrimonios múltiples, poligamia y concubinato:

Debido a la facilidad con la que un egipcio podía divorciarse, de forma llana y somera, cogiendo sus bártulos e yéndose a otra casa, es muy probable que existiesen personas que se casaran dos y tres veces a lo largo de su vida sin existir un divorcio "oficial" entre ellos.

Por otro lado, si tenemos en cuanta la baja esperanza de vida en el Antiguo Egipto, especialmente entre las mujeres que daban a luz, es fácil comprender la existencia de numerosos monumentos donde se reflejan estos matrimonios múltiples, es decir, esculturas donde aparece el marido sentado con las esposas que tuvo en vida.


Wekhotpe (propietario de la tumba C.1 en Meir) con sus dos esposas, Khnemhotpe y Nebkau (reinado se Sesotris II óIII) Museo de Boston.

Y es que en el antiguo Egipto no había ninguna ley que censurase el concubinato ni la poligamia, y aunque parece claro que la mayoría de los egipcios eran monógamos, un hombre era libre de casarse con cuantas mujeres quisiese, eso sí! siempre que su economía se lo permitiese.

Además normalmente estas segundas mujeres solían ser concubinas o esclavas, por lo que sólo las clases más elevadas podían permitirse el lujo de mantener varias esclavas y acarrear los posibles gastos generados de mantener a más de una familia.

Uno de los testimonios más conocidos sobre poligamia es la de un ladrón de tumbas de Tebas que durante la dinastía XX fue capturado y juzgado. Durante su juicio se hace mención a que tenía cuatro esposas, dos de ellas estaban vivas en el momento del juicio ya que en el papiro se puede leer:

"la ciudadana Herer, esposa del vigilante del tesoro del faraón, Paaemtawemet y la ciudadana Tanefrery, su otra esposa, siendo ésta la segunda.” y también dice: “soy una de sus cuatro esposas, dos murieron, pero otra aún vive”.


Aunque una cosa es la poligamia y otra el concubinato, ya que parece fuera de toda duda que las relaciones sexuales con sirvientas o esclavas de clase inferior fueron bastante frecuentes entre las clases adineradas. Así en numerosas tumbas aparecen mujeres, que no son la esposa oficial, acompañadas de sus hijos, por lo que suponemos que eran los hijos que el señor había tenido con sus concubinas o esclavas.

El hecho de aparecer retratados en estas tumbas nos hablaría que estos niños eran aceptados dentro la familia, ya fuese manteniendo su condición de esclavos o bien siendo adoptados por el matrimonio y pasar a ser considerado hijo legítimo.

Algo similar ocurría con las propias concubinas que a ojos de la burocracia seguían siendo simples esclavas, sólo mediante la comprar de su libertad o su adopción por parte de otro pariente estas mujeres podían alcanzar el rango de esposa y legitimar su matrimonio.

Con todo ello, podemos deducir que aunque la poligamia estaba socialmente permitida fueron muy pocos los hombres que se permitieron tal lujo, a excepción clara de los faraones y sus famosos harenes, aunque ese tema es harina de otro costal.



Bibliografía:

Parra Ortiz, J.M.; La vida amorosa en el Antiguo Egipto, Aldebarán, 2013.

http://amigosdelantiguoegipto.com/?p=687

http://elcajondeherramientas.blogspot.com.es/2013/03/el-matrimonio-en-el-antiguo-egipto-i.html


sábado, 13 de agosto de 2016

Juguetes sexuales y Manuales de amor en el Japón histórico


a) La sexualidad en el Japón histórico:
     - Juguetes eróticos y manuales de amor.

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'Harigatas'
Los símbolos fálicos han sido una constante en todas las religiones y cultos a lo largo y ancho del mundo, aunque según fueron avanzando las grandes religiones monoteístas estas símbolos fueron desapareciendo en casi todas las grandes culturas, asociando este tipo de representaciones como algo pecaminoso, maligno o vergonzoso.

Pero Japón, a pesar del puritanismo extendido por el confucionismo, en aquellas regiones donde la religión sintoísta sigue teniendo gran arraigo continúan estando vigentes ritos relacionados con la naturaleza y la fertilidad, perviviendo fiestas y ritos de culto al sexo, tanto masculino como femenino.

Así, hoy en día, existen santuarios sintoístas que celebran ritos de fertilidad y donde las mujeres portan figuras en forma de pene como ofrendas. Además en algunos festivales rurales se da una curiosa tradición, ya que los feligreses portan "en procesión" un objeto fálico por las calles hasta unirse con la vulva sagrada procedentes de otro santuario.

Todo este contexto nos sirve para entender la naturalidad con la que los japoneses se enfrentaron a la sexualidad, no viéndola como algo pecaminoso y vergonzante, sino como un don más de la naturaleza y por tanto lícito de disfrutar de él.

 Treasure book for Women on the Way of Love, Day and Night (Bido nichiya johoki)c. 1764
Mujer masturbándose en diferentes posturas.

Además varios estudios sobre las celebraciones populares en el período Edo, basados en el análisis de las imágenes shunga, recogen costumbres, ritos y celebraciones donde se atestigua la presencia de elementos fálicos (harigatas), casi siempre relacionados con ritos de fertilidad y fecundidad. Así sabemos la existencia de ritos donde se arrojaba un falo flotante al mar para que fuese arrastrado por la corriente, o la ancestral tradición de realizar una plegaria ante un elemento fálico cuando una mujer iba a contraer matrimonio.

Harigata tallado
en madera.
S.XVIII
Incluso algunas imágenes shunga recogen la tradición de colocar un 'harigata' en el 'tokonama', un habitáculo de la alcoba destinado a albergar objetos de arte o de carácter religioso. Por lo que aparte del uso de los harikata como juguete sexual, o precisamente por su presencia en rituales de la vida doméstica también fue utilizado como elemento humorístico entre los pintores shunga.

Con todo esto, no nos puede extrañar la existencia de diversos juguetes sexuales que permitiesen disfrutar del sexo, aunque su uso seguramente sea mucho anterior al documentado, es a partir del Período Edo donde estos objetos empiezan a ser muy populares, apareciendo en numerosas imágenes shunga.

Y es que en muchas de estas ilustraciones se aprecia la preocupación de dar placer al hacer el amor, con consejos y recomendaciones de todo tipo, por lo que será en el período Edo (1600-1868) cuando proliferen en los barrios del placer ('Mundos Flotantes') los vendedores de libros eróticos, de medicamentos afrodisíacos, así como de juguetes sexuales ('Warai Do-Gu', algo que podríamos traducir como "dispositivos de la risa").



Los juguetes sexuales en el Japón de época Edo.

Entre todos ellos, el más representado es sin duda alguna el harigata, un dildo (o consolador) hecho, principalmente, de cuero, aunque también podían estar realizados en otros muchos materiales como hueso, fibras vegetales, incluso aprovechando el caparazón de una tortuga. Su uso tuvo que estar muy extendido en el período Edo, tanto en los prostíbulos como en los harenes, ya que aparece reflejado en numerosas pinturas shungas. Estos harigata solían ser de gran tamaño y estaban realizados con un exquisito nivel de realismo.

Los harigatas comúnmente se sujetaban con la mano , aunque está documentada la existencia de otros modelos que se fijaban al talón o aquellos destinados a relaciones lésbicas que se ataban a la cintura

Mujer usando  'harigata' con el talón.
Su uso también ha estado relacionado con los harenes que mantenían los grandes shogun, ya que en Japón la poligamia estaba muy extendida; los hombres podían tener hasta 4 o 5 esposas y varias concubinas; por lo que es probable que las mujeres excluidas de las atenciones del shogun se entretuviesen con otros juegos.  También es probable que las meretrices en los prostíbulos jugasen con este tipo de objetos para despertar la libido de sus clientes.


Imagen shunga de mujer con 'harigata'

Hombre estimulando a su compañera mediante un dildo.

Se conoce la existencia de otro modelo de juguete sexual masculino realizado de manera mucho más artesanal, denominado 'higo zuiki', consistente en largas hebras de hilo extraídas del tallo de una planta llamada "oreja de elefante", muy apreciada por sus propiedades afrodisíacas. Cuando se remojaba en agua caliente, su textura cambiaba volviéndose suaves y resbaladizas, y los samuráis las usaban enrollando estas fibras alrededor de su miembro, lo que provocaba una prolongación en la erección al retener la sangre y un mayor estímulo a las mujeres.


Imagen Shunga con hombre utilizando un 'higo zuiki'


Explicación del funcionamiento de un 'higo zuiki'

Juguetes sexuales para el placer de la mujer en el dormitorio

Incluso existen ilustraciones que aconsejan que tipo de juguete sexual es necesario utilizar en cada época del año. Así el Brisith Museum alberga un conjunto de cuatro grabados en madera, realizados en torno a 1820,  titulados "Juguetes sexuales para el placer de la mujer en el dormitorio", donde se representan los juguetes sexuales, tanto para hombres como para mujeres, que pueden ser usados en las distintas estaciones del año para aumentar el placer de las relaciones sexuales.

Estas ilustraciones vienen acompañadas de textos cómicos, que describen los juguetes, y textos de asesoramiento, de carácter pseudo-médico, sobre cómo y cuándo debían de usarse.

El autor de estas ilustraciones fue Eisen un prolífico artista de libros eróticos y libros de almohada ('Makura Bunko'), libros especializados en sexología, donde se ofrecen todo tipo de consejos y explicaciones sobre la sexualidad y el erotismo.

Esta clasificaión en estaciones del año es un claro guiño cómico, ya que las antologías poéticas clásicas también era divididas por estaciones. Además en los textos que acompañan a las ilustraciones se nos aconseja sobre el número de relaciones que debemos tener en cada estación para mantenerse en buena salud. Aunque tradicionalmente existía un dicho de "tres en primavera, seis en verano, uno en otoño, ninguno en invierno", es decir, sexo cada tres días en primavera, cada seis en verano, todos los días de otoño y abstinencia total en invierno; en estos textos parecen que hacen un juego de palabras para terminar aconsejado esas mismas cifras pero !al día!, como claro elemento humorístico, incluso en el invierno, aconsejan un "no del todo".

Y como podemos ver a continuación la versatilidad de juguetes eróticos es sorprendente, es más, se podría decir que casi todos los juguetes eróticos que podemos comprar hoy en día en nuestros sex-shops existían ya en época Edo: dildos, extensores de pene, anillos para el pene, bolas chinas, ... todo esto hace más de !200 años!

Juguetes sexuales para el placer de la mujer en la cama, de Keisai Eisen, 1822.
British Museum.


Primavera: Vemos un par de artículos para los hombres se trata de unos rudimentarios extensores de pene, es decir una especia de casco (kabuto-gata) que se colocaría sobre el glande y una armadura (yoroi-gata) que se colocaría alrededor del pene. Ambos objetos están pensados tanto para aumentar el tamaño del pene como para que el miembro pierda sensibilidad y riego sanguíneo, por lo que le permite al hombre prolongar su erección.

Verano: Muestra un anillo para el pene realizado con unas algas marinas (namako) que se colocarían en torno al glande para aumentar su tamaño y prolongar la erección. También podemos ver las famosas 'bolas chinas'(rin no tama), bolas que se introducen en la vagina y que sirven para el fortalecimiento del suelo pélvico, por lo que la mujer al controlar mejor sus músculos vaginales alcanzará mejores orgasmos y además de otorgar mayor placer al varón al poderle realizar el mítico "abrazo de cleopatra". Y el último juguete para el verano es un pequeño dildo (harigata)

Otoño: Podemos ver un condón de cuero (kawa-gata) que podría hacer la función también de extensor de pene, ya que al reducir la sensibilidad aumentaría el tiempo de relación sexual. También podemos ver un dispositivo denominado "anillo de los celos" (rinki no wa), una dispositivo de castidad para los hombres. Su mecanismo es simple pero efectivo, se coloca alrededor del pene flácido y enmarañado con el vello púbico, por lo que si el hombre sufre una erección delante de otra mujer el artilugio se expande tirando del vello púbico, sufriendo el hombre un dolor insoportable.

Invierno: En estas fechas, como es época de abstinencia sexual (para el hombre), se recomienda a la mujer el uso de un gran consolador.

Imagen shunga con hombre utilizando un extensor de pene.


Un sex-shop en pleno siglo XVII

Muchos de los juguetes aquí mostrados tienen un claro componente artesanal, es decir, eran productos que uno mismo podía realizarlos utilizando para ellos diferentes elementos de la naturaleza como algas u hojas de planta. Pero también hemos visto otras piezas de gran lujo y detallismo, que sólo podían ser construidas por las manos de hábiles artesanos como los dildos o las armaduras para el pene.

Así que si te preguntas ¿cómo podían conseguir uno de estos juguetes? La respuesta es sencilla... en un !sex-shop! Bueno en realidad se trataría de una especie de farmacia o botica. Y es que sabemos que existió un local, denominado Yotsumeya, especializado en la ventas de estos objetos, abierto nada más y nada menos que en el año 1626. Estaba situado cerca del barrio del placer de Yoshiwara en la antigua ciudad de Edo (actual Tokio) y se mantuvo abierto hasta que con la llegada del período Meiji (finales del XIX) una ola de censura y puritanismo invadió Japón al calor de las ideas de modernización y occidentalización que se impulsaron desde esta nueva dinastía.

Y aunque la existencia de este local se mueve entre la neblina de la verdad histórica y la leyenda, parece que su existencia fue cierta ya que se cita en varias actuaciones de "rakugo" (monólogos humorísticos del siglo XVII)

La unión del pene - Utagawa Kuniyoshi - c.1835.
Una mujer enrolla sobre el pene de su marido el juguete sexual "higozuiki".


Lubricantes

No podemos hablar de juguetes eróticos sin mencionar quizá el más fundamental de todos... !un buen lubricante! ya que al hacer las relaciones más cómodas y placenteras se le puede catalogar de "juguete erótico". Y sin duda alguna fue el primer estimulante erótico que tuvo que utilizar el ser humano, ya que se conocen ejemplos de su utilización en casi todas las culturas del mundo.

Lógicamente cada cultura extraería sus propios aceites y lubricantes de la naturaleza existente a su alrededor, así los japoneses parecen que utilizaban como lubricante dos productos básicos: la batata y las algas.

Puré de batata:  Uno de los lubricantes más utilizados en el Japón del período Edo fue una sustancia llamada "tororo-Jiru", que en realidad se trataba de un sustancia resbaladiza extraída del ñame rallado , es decir, una especia de puré de batata, que proporcionaba una lubricación perfecta durante las relaciones sexuales. Además sabemos que también era utilizado para lubricar los condones realizados en cuero o tripas de animal o los famosos dildos.

Aunque si van al Japón y se encuentra un "tororo-Jiru" en la carta de un restaurante no se preocupen es en realidad una sopa muy popular en las islas niponas.

Algas: En su artículo "Usos medicinales de algas marinas" Ryan Drum revela que, de camino de regreso, observó como en los pueblos de China, Corea y Japón hervían algas rojas para producir un líquido espeso y pegajoso llamado carragenano o carragenina. Ese líquido, que ya era utilizado como eficaz remedio para hidratar tejidos, escribe también era utilizado como un lubricante sexual.

Por lo que no nos puede sorprender descubrir que a día de hoy se sigue utilizando en productos de industrias alimentarias, de salud y belleza, incluso el carragenano se utiliza como espesante en algunos lubricantes sexuales disponibles en el mercado y los condones lubricados, ya que se ha investigado que puede prevenir ciertas infecciones genitales.


Manuales de amor

Todas estas ilustraciones solían estar recogidas en una especia de manuales de amor, conocidos en Japón como  'Imágenes de almohada' (makura-e), 'Imágenes de la risa' (warai-e) o el más conocido término de 'Imágenes de primavera' (Shunga).

Réplica de un libro de almohada.
Los distintos nombres con los que se conocen este tipo de publicaciones depende en parte del uso al que estaban destinado, así los libros de almohada tenían una fuerte carga de educación sexual, ya que solían formar parte del ajuar de boda de la novia. Reciben este curioso nombre ya que se solían guardar bajo la almohada para así tenerlo siempre a mano ante los juegos amatorios.

También estaban aquellos de carácter más humorístico que se consumían como fuente de escapismo y estimulación, y hasta simples estampas eróticas, de gran consumo popular, como las antiguas postales eróticas de la España de principios de siglo XX. Aunque al final, unos y otros, fueron utilizados tanto por hombres como por mujeres en muy diferentes ámbitos de la vida.

News from the Bedroom: The Pillow Library vol. 2 de Keisai Eisen, 1823, Honolulu Museum of Art.    


Estos manuales fueron muy apreciados, no sólo por su contenido erótico, sino también por su alto componente artístico, ya que los principales artistas del país colaboraron en este tipo de publicaciones, realizando algunos de sus mejores trabajos precisamente en este campo. Y es que su éxito era tal que los editores siempre ponían a su disposición las técnicas de producción más lujosas.

Por lo que la producción de este tipo de ilustraciones tuvo un claro sentido comercial, ya que durante el período Edo se vivió un increíble auge de la demanda de materiales impresos entre las clases populares que disfrutaban de la lectura de estas obras de manera similar al consumo existente hoy en día de revistas porno, libros de historias eróticas o postales de suvenir. Así sabemos que en los barrios del placer ('Mundos Flotantes') se vendían retratos de las cortesanas más famosas o detallados libros donde se explicaban el funcionamiento de un prostíbulo.

Recopilación de juguetes eróticos de época Edo.


Imágenes y ¡textos! eróticos

Aunque para comprender del todo la naturaleza de estas imágenes vale la pena detenernos un momento en una de ellas, y ver lo explícitos que podían llegar a ser sus textos también:

Fumi No Kiyogaki,  Neat Version of a Love Letter (or Pure Drawings of Female Beauty)
Imagen Shunga con dos mujeres utilizando un 'harigata' y un frasco con lubricante.
 En la imagen vemos a dos mujeres en plena relación sexual, una de ellas lleva un enorme falo atado a su cintura mientras sujeta un pequeño frasco de lubricante. La otra mujer agarra el dildo con su mano para guiarlo durante la penetración. El texto que acompaña a la ilustración viene a decir algo así:
 La mujer que asume el rol "masculino" le dice a su compañera:
- "En vista de que vamos hacerlo de esta manera voy a poner una gran cantidad de crema en él, para que te puedas correr. Sin la crema es demasiado grande y no quiere entrar".
- Ella responde: "Date prisa y ponla. Me quiero correr. Quiero correrme cinco o seis veces sin parar".

Set para la satisfacción sexual de la mujer

Para finalizar este post traemos este kit que, aunque sea de principios del siglo XX, es un ejemplo real del tipo de juguete sexual que hemos visto representados en las ilustraciones shunga. Está catalogado en el British Museum con el bonito nombre de 'Conjunto de implementos de aseo de mujer para su satisfacción sexual' y consiste en un kit de seis consoladores, dos anillos y una bola de metal.

Conjunto de implementos de 'aseo' de mujer para su satisfacción sexual, consistente en: seis consoladores (harikata, kujiri, Kabuto, yoroigata, himenakigata), dos anillos (rin-no-wa, namako-no-wa) y una bola de metal (rin -no-tama). Materiales: cuerno, metal. En caja de madera (tapa desaparecida). Principios siglo XX.
British Museum.
Los dildos están realizados en diferentes materiales: uno en cuerno de búfalo (conocido como ushizo-), otro de caparazón de tortuga (Kamezo) y contamos con otro de madera (mokuzo). El consolador hueco, en el centro de la foto, podría ser rellenado mediante un algodón empapado en agua caliente haciendo la sensación del vibrador más cálida y suave.

Otro tipo de juguete son las fundas para el pene formados por armadura y casco, denominados en este caso 'Do-kyo-s' en honor a un monje del mismo nombre de quien se dice fue amante de la emperatriz Ko-ken (s. VIII) y probablemente el inventor de tal artilugio. En este set hay de dos tipos: en uno  En este juego hay dos tipos: en uno, la armadura y el casco están separados (izquierda); en la otra, forman una sola pieza (derecha).

También hay dos ejemplos de anillos para el pene, conocidos también con el poético nombre de "anillos secretos para hacer llorar a las mujeres '(himenaki-wa).



Conclusión

Toda esta cultura oriental orientada al sexo y el placer, aunque pueda resultar sorprendente para nuestra mentalidad occidental, debe ser comprendida dentro de los parámetros culturales, filosóficos y religiosos que Japón vivíó hasta prácticamente la entrada del siglo XX.

Aunque el confucionismo sembró un semilla de puritanismo en torno a la sexualidad, el sexo seguía siendo considerando una parte natural del ser humano, donde la fuerza milenaria de las tradiciones sintoístas mantenía intactos los ancestrales vínculos entre sexualidad y fertilidad. El sexo, como aspecto positivo de la vida, podía ser explorado, por lo que la búsqueda del placer, tanto masculino como femenino, era considerado un paso más del conocimiento de la naturaleza humana.

  “A collection of sex toys", Keisai Eisen, 1839.
Si a esta concepción abierta de la sexualidad le añadimos un período, el período Edo, donde la diversión, el placer y el hedonismo fue la única válvula de escape de una sociedad asfixiada por el rígido sistema de castas sociales, obtenemos como resultado una explosión cultural en torno a la sexualidad y el placer como pocas veces hemos visto antes en la historia de la humanidad: barrios del placer, proliferación de imágenes eróticos, literatura de carácter erótico... y todo ello con un naturalismo, y belleza que siempre ha fascinado al mundo occidental.

Aunque paradójicamente, cuando Japón rompió su aislamiento, entrando ya en el siglo XX,  una nueva corriente de puritanismo asoló la isla, el occidente europeo no sólo trajo consigo la modernización de Japón, sino también su visión restrictiva de la sexualidad humano, sus ideas de vergüenza, decoro y pecado se instalaron en Japón finiquitando con ello ese mundo abierto y naturista de la sexualidad humana.




Bibliografía:

 https://www.academia.edu/19935873/The_Women_in_Edo_Shunga_Passive_Object_or_Active_Subject

 Shunga: Sex and Pleasure in Japanese

En la intimidad del harén en http://elpais.com/diario/2008/05/18/eps/1211092011_850215.html

Juguetes sexuales en el Japón en http://jugueteseros.blogspot.com.es/2009/07/juguetes-sexuales-en-el-japon-medieval.html

https://chatarreranordica.wordpress.com/tag/juguetes-eroticos/page/2/                 




domingo, 15 de mayo de 2016

La aparición de la monogamia I: Las ETS nos hicieron monógamos

La aparición de la monogamia:

Capítulo I: Las ETS nos hicieron monógamos
Capítulo II: (en preparación)

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Hace tiempo ya publicamos un artículo donde sugeríamos que nuestros ancestros homos, así como las primeras comunidades de humanos, tuvieron que ser polígamas ("El sexo de los primates ¿somos una especia monógama?"). Dato fácilmente atestiguable si observamos a nuestros primates más sociables, ya que nuestros primos evolutivos como chimpancés o bonobos conviven en grupos abiertamente polígamos.

Poco a poco, hemos visto como más y más investigadores se atreven a romper con los discursos convencionales arrastrados por la comunidad científica desde tiempos inmemoriales. Y si hay una obra que siempre recomendamos como símbolo de estas nuevas perspectivas científicas es, sin duda alguna, 'En principio era el sexo', un libro que rompe con numerosos esquemas y planteamientos científicos que siempre hemos asumido como grandes verdades universales, y aunque algunas de sus muchas teorías puedan ser polémicas, el gran acierto de este libro es que al menos hace cuestionarte y replantearte visiones sobre la sexualidad humana que simplemente hemos aceptado porque sí, porque siempre han sido así.

Una de las muchas ilustraciones sobre nuestros antepasados homos que trasladan nuestra
visión monógama de la sexualidad hacia el pasado.

Así hoy, traemos a este blog uno de esos estudios que vendrían a confirmar que es precisamente a partir del Neolítico cuando el ser humano empezó a imponerse relaciones de carácter monógamo ¿por qué? Los científicos Chris T. Bauch y Richard McElreath en su artículo "Disease dynamics and costly punishment can foster socially imposed monogamy", nos aportan varias claves que pueden resumirse en un gran titular:

"Las enfermedades de transmisión sexual nos hicieron monógamos".


Es decir, a partir del Neolítico con la aparición de sociedades más amplias y numerosas, las enfermedades de transmisión sexual (ETS) se hicieron endémicas, perjudicando a aquellos individuos que tuviesen más relaciones y poniendo en peligro uno de los factores claves para la supervivencia de la comunidad... la fertilidad.

Para apoyar esta tesis estos investigadores han aplicado modelos de simulación matemáticos para explorar cómo las interacciones entre el tamaño del grupo, la dinámica de infección de transmisión sexual (ITS) y las normas sociales pueden explicar el tiempo y la aparición de la monogamia impuesta socialmente.


Esta hipótesis no es la primera, ni será la última, que ha intentado explicar el paso de la poligamia a la  monogamia, desde hace años se llevan lanzando explicaciones e hipótesis de todo tipo: desde la elección femenina, a las dinámicas de poder masculinas, pasando por el impacto de la tecnología, la selección cultural del grupo, proporción de cuidados parentales de las crías, la aparición de la propiedad privada, o como este nuevo estudio presenta, el efecto de los patógenos.

Aunque como los mismo autores del estudio reconocen todas ellas pueden tener un fondo de verdad, ya que la evolución, al igual que cualquier otro proceso histórico, es un fenómeno evidentemente multicausal. Por lo que intentaremos a lo largo de distintas entradas presentar algunas de las muchas y muy variadas hipótesis que explican este cambio fundamental en la sexualidad del ser humano


La monogamia, un proceso más dentro de la selección natural

Por lo que este paso, esta imposición social de la monogamia, no tuvo que ser un paso sencillo. Un largo proceso donde la selección natural hizo prevalecer aquellos grupos que mejor se adaptaron al nuevo modelo económico y social que estaba surgiendo con el paso de sociedades cazadoras-recolectoras a agricultoras.

Y es que las ETS tuvieron que suponer una enorme presión para estos grupos humanos, ya que enfermedades como la sífilis, la clámide o la gonorrea pueden provocar tasas muy altas de infertilidad, provocando importantes declives demográficos.

Por lo que bajo ciertas condiciones epidemiológicas los grupos de carácter monógamo aumentarían su población en detrimento de los grupos polígamos que verían como los índices de fertilidad se reducirían.


¿Cómo se explica que estas mismas ETS no afectasen a grupos de cazadores-recolectores?

Los autores del estudio utilizando diversos modelos de simulación matemática han llegado a las siguientes conclusiones:

- Cazadores- recolectores --> Dentro de los grupos integrados por al menos 30 individuos sexualmente maduros las ventajas de la poligamia frente a la monogamia son evidentes, ya que aumentan considerablemente el índice de fertilidad. Y aunque es probable que alguna ETS pueda afectar a un grupo de cazadores-recolectores, al ser poco numerosos la enfermedad suele desaparecer rápidamente. Incluso aceptando que este brote de alguna ETS puede perjudicar la supervivencia de ese grupo, en general, el índice de fertilidad en grupos pequeños es mucho mayor en regímenes de poligamia.

Como bien explica, C. Bauch, uno de los co-autores del estudio: “En las sociedades más pequeñas, las infecciones de transmisión sexual no pueden persistir en el largo plazo, desaparecen debido a sucesos aleatorios, que son también más comunes en grupos pequeños. Por lo tanto, la poligamia no está en desventaja debido a que las infecciones no persisten".

Banda de cazadores-recolectores

- Agricultores --> En grupos más grandes, a partir de 300 individuos, las ETS se hacen endémicas causando la despoblación del grupo. "En las poblaciones más grandes, las infecciones son capaces de persistir, y esto es lo que hace que la poliginia sea menos ventajosa que la monogamia, ya que el nivel promedio de infección es mayor en los grupos poligínicos que en los grupos monógamas” argumenta el científico de la Universidad de Waterloo (Canadá)

Cuando estos casos ocurren, si existe alguna 'facción' de tendencia monógama en el grupo, verán como su comportamiento sexual tiene una recompensa social, ya que a la larga su grupo se irá incrementado, produciéndose una dominación eventual del grupo y un cambio definitivo en las costumbres sexuales.



La imposición social de la monogamia

Con el nacimiento de la agricultura y la consiguiente sedentarización del ser humano se produce un aumento significativo de la población. En estas circunstancias hemos explicado como los grupos de tendencias monógamas a la larga se irían imponiendo sobre el resto, y aunque este paso, pueda parecer natural y lógico, las muchas y reiteradas advertencias (y castigos) que se recogen tanto en los primeros textos religiosos como jurídicos sobre los peligros de la promiscuidad nos indicarían que la imposición de este tipo de norma fue necesaria para salvaguardar la fertilidad de estas primeras sociedades.

Por lo que esta interacción entre las dinámicas sociales y naturales son claves para entender no sólo la aparición de la monogamia, sino también todo un conjunto de normas sociales vinculadas con la sexualidad humana que hasta el día de hoy las hemos aceptados como universales.




Bibliografía

 Barash D. y Lipton J.E.; El mito de la monogamia: La fidelidad y la infidelidad en los animales y en las personas, Siglo XXI, 2003

 Chris T. Bauch y Richard McElreath. “Disease dynamics and costly punishment can foster socially imposed monogamy”, Nature Communitacions DOI: 10.1038/ncomms11219.

[En Internet]

http://elpais.com/elpais/2016/04/12/ciencia/1460464009_412113.html

lunes, 5 de octubre de 2015

Orgías en la Historia: La prehistoria

Orgías en la Historia:
- Introducción: Orgías en la Prehistoria
- Egipto
- Grecia
- Roma
- Edad Contemporánea (en preparación)

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Introducción

Con esta entrada abrimos una serie de post monográficos dedicados al mundo de las orgías a lo largo de la historia, una serie nacida gracias a una pequeña colaboración en el programa de radio 'Contigo adentro' de la Cadena Ser que me impulsó a indagar en este fenómeno tan poco estudiado, incluso en aquellos libros especializados en el sexo en el mundo antiguo.

Y es que el estudio del sexo colectivo en la historia está repleto tanto de mitos y exageraciones por un lado, como de tapujos y medias verdades por el otro, dificultando el desentrañamiento de la 'verdad histórica' a los pocos investigadores que se han atrevido a abordar esta temática.

Por lo que antes de profundizar en el mundo de las orgías nos gustaría pararnos a reflexionar sobre una serie de conceptos que influyen en nuestra visión de la sexualidad en el pasado. La primera reflexión es en torno a la construcción de la historia, y es que solemos proyectar nuestra mentalidad, ideas, creencias o ideologías hacia el pasado, muchas veces de manera inconsciente, buscando justificar nuestros comportamientos para legitimar en cierta medida nuestros propia escala de valores sexuales; ya sea para justificar las morales más restrictivas, culpando, por ejemplo, de la caída del imperio romano a la corrupción ética y moral de sus habitantes; o en el otro extremo, buscando legitimar valores sexuales más promiscuos y abiertos en un pasado remoto donde la humanidad vivía sin los tapujos morales impuestos por el cristianismo.

Precisamente, esa moral cristiana se configurará enfrentándose a la antigua moral sexual pagana, transmitiéndonos una idea de esta sexualidad antigua como libertina, perversa, inmoral o pecaminosa, por lo que no nos puede sorprender que el concepto de orgía sea un arma muy utilizada a lo largo de la historia para deslegitimar a individuos o grupos sociales rivales. Paradójicamente las primeras comunidades cristianas fueron acusadas de organizar orgias en la oscuridad de sus catacumbas.

Sacerdotisa de Baco, John Collier (1885-89)
Esta idea de libertinaje ofrecida por los autores cristianos se ha visto ampliamente popularizada gracias a toda clase de obras contemporáneas: desde libros, como ' Yo, Claudio', a películas como 'Calígula', pasando por series de televisión como 'Espartaco'. Todas estas obras han contribuido a difundir un sinfín de mitos e ideas equivocadas sobre la sexualidad en el mundo antiguo.

Un problema añadido a la hora de afrontar este tipo de investigaciones es la complejidad  de aplicar nuestras estructuras mentales, e incluso nuestro lenguaje a conceptos morales de la antigüedad, ya que por ejemplo, en el mundo antiguo, sexo, magia y religión estaban estrechamente vinculados.

Tal es así que incluso la propia palabra orgía no empezó a adquirir nuestro actual significado hasta finales de la Edad Media. Una palabra de origen griego y cuyo significado aproximado sería 'ritual', siendo utilizada para referirse a ciertos cultos donde sus oficiantes alcanzaban estados de frenesí religioso durante su celebración. Los romanos también la utilizaron para referirse a los rituales de cultos mistéricos, incluso en el latín medieval se empleó la palabra orgía para hablar de los misterios de la fe cristianos.

Por otro lado, hablar de orgías en sociedades abiertamente polígamas y esclavistas, donde un hombre, según su nivel de riqueza, podía disfrutar de una o varias concubinas o esclavas, viene añadir más confusión al concepto de orgía, ya que ¿si un amo decide hacer uso de varios de sus esclavos para satisfacer sus apetitos sexuales sería considerado como una orgía?¿cuántas personas son necesarias para que una actividad sea considerada una orgía? y ¿qué tipo de relaciones debe haber para que una actividad de sexo grupal sea considerada una orgía? Todas estas preguntas añaden más interrogantes a nuestra investigación.

Por último, no podemos dejar de mencionar el último gran escollo a la hora de afrontar cualquier investigación sobre el mundo del sexo en la antigüedad y es la destrucción sistemática de aquellos objetos considerados por culturas posteriores como censurables o inmorales, una práctica que ha cubierto de sombras gran parte de nuestras posibilidades de conocer aquellas expresiones sexualmente más explícitas que se hayan podido producir.


De manera general podemos afirmar que existen dos tipos de orgías: las vinculadas con rituales mágicos producidas dentro de las sociedades más antiguas, bajo la consideración de ceremonias agrarias, por su estrecha relación con ritos de fertilidad y regeneración; y por otro lado, las relacionadas con el puro placer hedonista que se darían a partir del Imperio Romano, y donde su carácter mágico se iría difuminando con el paso del tiempo.

Es decir, los primeros rituales orgiásticos, que podían incluir (o no) prácticas de sexo grupal, estarían estrechamente vinculados a rituales y fiestas relacionadas con los ciclos de la naturaleza, ya que estos tipos de ritos harían fluir la energía sagrada de la vida, propiciando los poderes reproductivos de la tierra, los animales y los mismos seres humanos, por lo que también se realizarían en determinados momentos de crisis.

Otros autores han querido buscar un significado metafísico más profundo a este tipo de rituales orgiásticos, considerándolos como una forma de expresar la vida de la comunidad en su conjunto, ya que los seres humanos pierden su individualidad en la orgía, fusionándose en un único sentimiento: salvaje, caótico, primario, volviendo a las raíces espirituales de una comunidad..

Una vez superado los preliminares estamos listos para inicar este orgiástico viaje a lo largo del tiempo, un viaje que nos llevará a conocer las costumbres sexuales más atrevidas de numerosas culturas: Nos internaremos en los misterioros templos de Egipto para conocer los ritos de fertilidad realizados por las más bellas sacerdotisas; nos adentraremos en los bosques más oscuros y tenebrosos para participar en un auténtico ritual dionisíaco; participaremos en una de las famosas bacanales romanas, comiendo y bebiendo hasta altas horas de la madrugada; espiaremos dentro de los pasillos vaticanos para descubrir orgías papales: y finalizaremos este viaje en alguno de los salones más secretos de las nobles y lujosas villas de la Francia revolucionaria.

Pero si hay que buscar los orígenes de prácticas de sexo colectivo primero tendremos que viajar hasta los tiempos más remotos, incluso antes de la existencia del género homo...


¿Orgías prehistóricas?

Si entendemos por orgías como actividades sexuales que se desarrollan en grupo, probablemente sus orígenes se pueden remontar a nuestros ancestros sapiens; ya vimos como el polémico libro 'Al principio era sexo' lanzaba la sugerente idea que el éxito evolutivo de nuestro especie estaba basado en relaciones multi-macho, multi-hembra, rompiendo con algunas de nuestras "verdades universales" más asentadas, como la monogamia o la familia monoparental. No es que nuestros ancestros sapiens montasen orgías, tal como las conocemos hoy en día, pero sí, que el sexo en grupo podía ser algo mucho más habitual de lo que imaginamos.

Podemos seguir el rastro de posibles orgías prehistóricas en los famosos falos prehistóricos, cualquiera que busque esta dos palabras en google se sorprenderá al ver los realísticos falos  realizados hace 30.000 años. Entre las múltiples teorías sobre su funcionalidad no faltan expertos que defienden un uso sexual de ellos, ya sea como nuestros actuales dildos (o consoladores), o en rituales de fertilidad o de iniciación sexual, donde podrían darse prácticas de desvirgación. Por lo que si aceptamos esta interpretación es probable que existiesen ciertos ritos orgiásticos grupales, relacionados con los ciclos de la naturaleza, donde seguramente, la mujer fuese su gran protagonista.

Falos prehistóricos

Y es que para estas sociedades prehistóricas la mujer sería el vínculo más estrecho con la Tierra, pues ambas son generadoras de vida, por lo que a través de estos rituales orgiásticos se invocaría a las fuerzas mágicas regenerativas de la naturaleza, transmitiéndose la fuerza germinadora de la mujer a la Naturaleza.



Os esperamos en el siguiente capítulo... el caluroso, sensual y enigmático Egipto!!