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miércoles, 19 de julio de 2023

Historia de los azotes II: Cuando los doctores recetaban latigazos

 Historias de los Azotes:
- Historia de los Azotes I: Los azotes en la historia
- Historia de los Azotes II: Los usos médicos de los azotes
- Historia de los Azotes III: El vicio inglés

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Como hemos podido ver en esta historia de los azotes, el uso de los azotes y la flagelación no sólo tuvo un uso punitivo o de castigo que derivó en muchos casos en parafilias sexuales de carácter sadomasoquista, sino también en algunos casos un componente ritual, casi orgiástico, y en muchos casos también tuvo un uso médico...

Una idea, la de la flagelación para curar determinados males, que pervivió largo tiempo, extendiéndose durante el nacimiento de la medicina moderna.

Ya que, en pleno Siglo de las Luces, aparecerán diversos tratados médicos, de distinguidos y reputados doctores, describiendo como los azotes podían curar diversas enfermedades del cuerpo y la mente, entre ellos, mejorar la virilidad sexual.

Incluso algunos de los manuales clásicos de medicina que estuvieron en nuestras universidades en el siglo pasado tenían pasajes dedicados al uso del látigo o la fusta como elemento curativo para determinadas dolencias, como el "Tratado de Terapéutica y de Farmacología" del catedrático Eduard Soulier.

 

 MEIBOMIUS (1590-1655) Y EL "DE USU FLAGRORUM"

Uno de estos primeros tratados fue el "Tractatus de usu flagrorum in re medica & veneria, et lumborum renumque officio" publicado en 1629  por el médico y profesor de medicina alemán Johann Heinrich Meibom. En este tratado se hablaba de los efectos médicos y erógenos de la flagelación, describiendo como los azotes mejoraban la virilidad sexual. 

Y es que en siglo XVII se creía que los riñones desempeñaban un papel fundamental en la función sexual, por lo que azotar zonas cercanas a los riñones aumentaba el flujo de sangre en los riñones y éstos a la vez producían más esperma.

 

Frontispicio de la edición de 1718 de
Tratado sobre el uso de la flagelación en asuntos venéreos

 

Como buen científico acompañó toda esta teoría con innumerables ejemplos sacados de textos bíblicos, científicos e incluso literarios, especialmente extraídos de textos clásicos:

De esta forma, tomando de referencia a los romanos y su famoso festival de la fertilidad de las Lupercales también escribía sobre el beneficio para la concepción y la fertilidad que los azotes podían producir en las mujeres, ya que la circulación sanguínea se incrementaba en la zona donde se recibían los golpes, por lo que la sangre fluía hacía el útero aumento el deseo sexual y facilitando la concepción.

Los discípulos de Asclepíades, el famoso médico de la época de Augusto, ya escribieron que la mejor manera de devolver a los maníacos el sentido común era una buena sesión de latigazos.  Séneca afirmaba que la flagelación curaba las fiebres cuartanas, al dividir, por medio del calor, los humores acres, espesos y negros que las causaban; Galeno fue testigo de cómo los comerciantes de esclavos, antes de sacarlos al mercado, les propinaban azotes, para hacerlos parecer más sanos y sonrosados. Celio Aureliano, médico romano del siglo V, aseguraba que algunos males del amor sólo podían curarse a base de flagelaciones.

Lupercalia, por Andrea Camassei (ca. 1635).
Madrid, Museo del Prado.
 
Vemos como esta tradición de los azotes siguió vigente muchos siglos después. Así tenemos a Valescus de Taranta (1382-1417) que en su obra "Philonium" aconsejaba fustigar las nalgas con varas espinosas de un arbusto para curar el mal de amor de los hombres.

Un dato curioso que recoge Meibom es el testimonio de su colega de profesión Tomasso Campanella que le explicó el caso del príncipe de Venosa, que afectado por problemas de estreñimiento encontró la solución en ser fustigado por un criado de confianza antes de ir al servicio. 

Muy interesante es el apunte que hace Meibom al reflexionar sobre las ventajas de la flagelación en determinadas personas ya que pretendía "entender a esas personas que no pueden disfrutar de los placeres del amor si no son aguijoneadas con el látigo", es decir, 

Aquí nos habla, no de personas que acuden a la flagelación para aumentar la libido o el vigor sexual, sino de un primer testimonio claro de sadomasoquismo, personas que sólo se excitaban cuando eran azotadas.

Otro caso claro de tendencias sadomasoquistas lo recoge de la obra de Giovanni Pico de la Mirándola (1463-1494) "Adversus astrologiam divinatricem" donde explica: “conozco un hombre, que vive en este tiempo, cuya sexualidad no tiene parangón. No puede tener relaciones con una mujer, por violento que sea su deseo, si antes no ha sido fustigado [...] Este desgraciado reclama tal servicio, con las más lastimeras súplicas, a la mujer, vestida, con la que quiere acostarse, ofreciéndole él mismo las fustas que desde la noche anterior ha tenido metidas en vinagre, pidiéndole de rodillas el favor insigne de que le haga trizas la piel.".

 

FLAGELLUM SALUTIS

El otro gran tratado sobre los beneficios de los azotes es el "Flagellum Salutis" (El látigo de la curación) escrito por el reputado médico alemán Christian Franz Paullini (1643-1712), y publicado por primera vez en 1698.

En este tratado se habla de las propiedades curativas de los azotes para múltiples males y trastornos como la melancolía, la parálisis, el dolor de muelas, el sonambulismo, la sordera, el hipo, la rabia, y, ¡cómo no! la ninfomanía.

Portada del "Flagellum Salutis" de 1698

 

Paullini también dedicó un capítulo a estudiar la relación entre la flagelación y la excitación sexual, siguiendo la teoría de Meibom, venía a explicar como el aumento del flujo sanguíneo en los riñones por los azotes hacía que la sangre se calentase, fluyendo hacía los testículos provocando una mejor erección y una importante excitación sexual, tanto en hombres como en mujeres.

Estas teorías tuvieron bastante predicamento por toda Europa, por lo que se generalizó la idea que las personas con dificultades sexuales o muy frías, podían mediante azotes, despertar su libido e incrementar su excitación sexual.


SIGLO XVIII: LIBERTINOS FRANCESES Y SU AFICIÓN A LOS AZOTES

Estas ideas sobre los beneficios médicos de la fustigación se mantuvieron a lo largo del siglo XVIII, especialmente de manos de dos autores: el médico y militar francés Francois Doppet y el médico Mercier, que se dedicaron a copiar los trabajos anteriormente mencionados o a ampliarlos con sus filias personales.

Y hablamos de filias personales porque Mercier más que médico era un libertino... ya que ha sido más conocido por sus novelas eróticas como "Manual del tocador" o "Ensayos eróticos sobre las señoritas de Atenas" (1787) que por su labor de médico.

El médico y militar francés François Amédée Doppet publicó "Afrodisíacos externos o la trata de los azotes y sus efectos sobre la física del amor" (1788), un trabajo médico-filosófico que venía a confirmar los postulados anteriores sobre la eficacia de la flagelación a la hora de curar ciertos males como la impotencia y la baja libido sexual, y por esos mismos efectos, se debía eliminar los castigos corporales que implicasen azotes en las zonas de nalgas y muslos, así como las flagelaciones de carácter religiosas, ya que los límites entre la excitación sexual y el éxtasis místico podía quedar bastante difusos.

Portada del libro de Amédée Doppet
 

La influencia de la obra de Meibom siguió vigente en textos de diversa índole: desde los escritos periodísticos de Charles Virmaitre, autor que se sumergió en el ambiente nocturno y sórdido del Paris de los cabarets de finales del siglo XIX, escribiendo sobre prostitución, sexo, ocio nocturno, ... y un libro con el curioso título de "Los flagelantes y flagelados de París", donde a lo largo de sus cuatrocientas páginas describe con detalle cientos de conductas relacionadas con la esclavitud sexual consentida y solicitada.

Los flagelantes de París,
de Charles Virmaitre

Pero irremediablemente, con la modernización de la psicología y la medicina, la flagelación fue perdiendo su componente médico y "deslizándose, insensiblemente, hacia los terrenos de la degeneración sexual y la perversión". 

Una brecha que terminó por romperse con la exitosa publicación en 1870 de "La Venus de las pieles" de Leopold Von Sacher-Masoch, obra que nos relata, la excitación de un hombre poderoso al ser sometido, esclavizado y humillado por una mujer.

Tal fue la influencia de esta "Venus de las pieles, que el término Masoquista fue puesto en honor a su autor por el psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, que en su libro "Psychopatia Sexualis" (1886)  describió los azotes como una forma de perversión sexual y a los que no se les podía encontrar ningún método terapéutico.

Así, las terapias de azotes pasaron de ser recomendadas por reputados médicos en los siglos XVII y XVIII como formas de estimular el apetito sexual y la fecundidad, a ser consideradas a finales del XIX como perversiones sexuales que había que erradicar. 

Aunque ambas teorías coincidían en el componente erótico y excitante que podían albergar, como veremos en el siguiente capítulo de nuestra historia de los azotes: el vicio inglés.


 

Bibliografía:

 
Rojo Vega, A.; Moralistas, médicos y látigos,  Revista española de investigaciones quirúrgicas, ISSN 1139-8264, Vol. 16, Nº. 1, 2013, págs. 43-50

 Mengal, Paul; Melancolia erotica e histeria, Eidos: Revista de Filosofía de la Universidad del Norte, núm. 1, agosto, 2003, pp. 110-127, Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia

 Una terapia a latigazos en https://anikaentrelibros.com/blogs/alvaro-bermejo/2015/6/19/una-terapia-a-latigazos/


sábado, 13 de agosto de 2016

Juguetes sexuales y Manuales de amor en el Japón histórico


a) La sexualidad en el Japón histórico:
     - Juguetes eróticos y manuales de amor.

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'Harigatas'
Los símbolos fálicos han sido una constante en todas las religiones y cultos a lo largo y ancho del mundo, aunque según fueron avanzando las grandes religiones monoteístas estas símbolos fueron desapareciendo en casi todas las grandes culturas, asociando este tipo de representaciones como algo pecaminoso, maligno o vergonzoso.

Pero Japón, a pesar del puritanismo extendido por el confucionismo, en aquellas regiones donde la religión sintoísta sigue teniendo gran arraigo continúan estando vigentes ritos relacionados con la naturaleza y la fertilidad, perviviendo fiestas y ritos de culto al sexo, tanto masculino como femenino.

Así, hoy en día, existen santuarios sintoístas que celebran ritos de fertilidad y donde las mujeres portan figuras en forma de pene como ofrendas. Además en algunos festivales rurales se da una curiosa tradición, ya que los feligreses portan "en procesión" un objeto fálico por las calles hasta unirse con la vulva sagrada procedentes de otro santuario.

Todo este contexto nos sirve para entender la naturalidad con la que los japoneses se enfrentaron a la sexualidad, no viéndola como algo pecaminoso y vergonzante, sino como un don más de la naturaleza y por tanto lícito de disfrutar de él.

 Treasure book for Women on the Way of Love, Day and Night (Bido nichiya johoki)c. 1764
Mujer masturbándose en diferentes posturas.

Además varios estudios sobre las celebraciones populares en el período Edo, basados en el análisis de las imágenes shunga, recogen costumbres, ritos y celebraciones donde se atestigua la presencia de elementos fálicos (harigatas), casi siempre relacionados con ritos de fertilidad y fecundidad. Así sabemos la existencia de ritos donde se arrojaba un falo flotante al mar para que fuese arrastrado por la corriente, o la ancestral tradición de realizar una plegaria ante un elemento fálico cuando una mujer iba a contraer matrimonio.

Harigata tallado
en madera.
S.XVIII
Incluso algunas imágenes shunga recogen la tradición de colocar un 'harigata' en el 'tokonama', un habitáculo de la alcoba destinado a albergar objetos de arte o de carácter religioso. Por lo que aparte del uso de los harikata como juguete sexual, o precisamente por su presencia en rituales de la vida doméstica también fue utilizado como elemento humorístico entre los pintores shunga.

Con todo esto, no nos puede extrañar la existencia de diversos juguetes sexuales que permitiesen disfrutar del sexo, aunque su uso seguramente sea mucho anterior al documentado, es a partir del Período Edo donde estos objetos empiezan a ser muy populares, apareciendo en numerosas imágenes shunga.

Y es que en muchas de estas ilustraciones se aprecia la preocupación de dar placer al hacer el amor, con consejos y recomendaciones de todo tipo, por lo que será en el período Edo (1600-1868) cuando proliferen en los barrios del placer ('Mundos Flotantes') los vendedores de libros eróticos, de medicamentos afrodisíacos, así como de juguetes sexuales ('Warai Do-Gu', algo que podríamos traducir como "dispositivos de la risa").



Los juguetes sexuales en el Japón de época Edo.

Entre todos ellos, el más representado es sin duda alguna el harigata, un dildo (o consolador) hecho, principalmente, de cuero, aunque también podían estar realizados en otros muchos materiales como hueso, fibras vegetales, incluso aprovechando el caparazón de una tortuga. Su uso tuvo que estar muy extendido en el período Edo, tanto en los prostíbulos como en los harenes, ya que aparece reflejado en numerosas pinturas shungas. Estos harigata solían ser de gran tamaño y estaban realizados con un exquisito nivel de realismo.

Los harigatas comúnmente se sujetaban con la mano , aunque está documentada la existencia de otros modelos que se fijaban al talón o aquellos destinados a relaciones lésbicas que se ataban a la cintura

Mujer usando  'harigata' con el talón.
Su uso también ha estado relacionado con los harenes que mantenían los grandes shogun, ya que en Japón la poligamia estaba muy extendida; los hombres podían tener hasta 4 o 5 esposas y varias concubinas; por lo que es probable que las mujeres excluidas de las atenciones del shogun se entretuviesen con otros juegos.  También es probable que las meretrices en los prostíbulos jugasen con este tipo de objetos para despertar la libido de sus clientes.


Imagen shunga de mujer con 'harigata'

Hombre estimulando a su compañera mediante un dildo.

Se conoce la existencia de otro modelo de juguete sexual masculino realizado de manera mucho más artesanal, denominado 'higo zuiki', consistente en largas hebras de hilo extraídas del tallo de una planta llamada "oreja de elefante", muy apreciada por sus propiedades afrodisíacas. Cuando se remojaba en agua caliente, su textura cambiaba volviéndose suaves y resbaladizas, y los samuráis las usaban enrollando estas fibras alrededor de su miembro, lo que provocaba una prolongación en la erección al retener la sangre y un mayor estímulo a las mujeres.


Imagen Shunga con hombre utilizando un 'higo zuiki'


Explicación del funcionamiento de un 'higo zuiki'

Juguetes sexuales para el placer de la mujer en el dormitorio

Incluso existen ilustraciones que aconsejan que tipo de juguete sexual es necesario utilizar en cada época del año. Así el Brisith Museum alberga un conjunto de cuatro grabados en madera, realizados en torno a 1820,  titulados "Juguetes sexuales para el placer de la mujer en el dormitorio", donde se representan los juguetes sexuales, tanto para hombres como para mujeres, que pueden ser usados en las distintas estaciones del año para aumentar el placer de las relaciones sexuales.

Estas ilustraciones vienen acompañadas de textos cómicos, que describen los juguetes, y textos de asesoramiento, de carácter pseudo-médico, sobre cómo y cuándo debían de usarse.

El autor de estas ilustraciones fue Eisen un prolífico artista de libros eróticos y libros de almohada ('Makura Bunko'), libros especializados en sexología, donde se ofrecen todo tipo de consejos y explicaciones sobre la sexualidad y el erotismo.

Esta clasificaión en estaciones del año es un claro guiño cómico, ya que las antologías poéticas clásicas también era divididas por estaciones. Además en los textos que acompañan a las ilustraciones se nos aconseja sobre el número de relaciones que debemos tener en cada estación para mantenerse en buena salud. Aunque tradicionalmente existía un dicho de "tres en primavera, seis en verano, uno en otoño, ninguno en invierno", es decir, sexo cada tres días en primavera, cada seis en verano, todos los días de otoño y abstinencia total en invierno; en estos textos parecen que hacen un juego de palabras para terminar aconsejado esas mismas cifras pero !al día!, como claro elemento humorístico, incluso en el invierno, aconsejan un "no del todo".

Y como podemos ver a continuación la versatilidad de juguetes eróticos es sorprendente, es más, se podría decir que casi todos los juguetes eróticos que podemos comprar hoy en día en nuestros sex-shops existían ya en época Edo: dildos, extensores de pene, anillos para el pene, bolas chinas, ... todo esto hace más de !200 años!

Juguetes sexuales para el placer de la mujer en la cama, de Keisai Eisen, 1822.
British Museum.


Primavera: Vemos un par de artículos para los hombres se trata de unos rudimentarios extensores de pene, es decir una especia de casco (kabuto-gata) que se colocaría sobre el glande y una armadura (yoroi-gata) que se colocaría alrededor del pene. Ambos objetos están pensados tanto para aumentar el tamaño del pene como para que el miembro pierda sensibilidad y riego sanguíneo, por lo que le permite al hombre prolongar su erección.

Verano: Muestra un anillo para el pene realizado con unas algas marinas (namako) que se colocarían en torno al glande para aumentar su tamaño y prolongar la erección. También podemos ver las famosas 'bolas chinas'(rin no tama), bolas que se introducen en la vagina y que sirven para el fortalecimiento del suelo pélvico, por lo que la mujer al controlar mejor sus músculos vaginales alcanzará mejores orgasmos y además de otorgar mayor placer al varón al poderle realizar el mítico "abrazo de cleopatra". Y el último juguete para el verano es un pequeño dildo (harigata)

Otoño: Podemos ver un condón de cuero (kawa-gata) que podría hacer la función también de extensor de pene, ya que al reducir la sensibilidad aumentaría el tiempo de relación sexual. También podemos ver un dispositivo denominado "anillo de los celos" (rinki no wa), una dispositivo de castidad para los hombres. Su mecanismo es simple pero efectivo, se coloca alrededor del pene flácido y enmarañado con el vello púbico, por lo que si el hombre sufre una erección delante de otra mujer el artilugio se expande tirando del vello púbico, sufriendo el hombre un dolor insoportable.

Invierno: En estas fechas, como es época de abstinencia sexual (para el hombre), se recomienda a la mujer el uso de un gran consolador.

Imagen shunga con hombre utilizando un extensor de pene.


Un sex-shop en pleno siglo XVII

Muchos de los juguetes aquí mostrados tienen un claro componente artesanal, es decir, eran productos que uno mismo podía realizarlos utilizando para ellos diferentes elementos de la naturaleza como algas u hojas de planta. Pero también hemos visto otras piezas de gran lujo y detallismo, que sólo podían ser construidas por las manos de hábiles artesanos como los dildos o las armaduras para el pene.

Así que si te preguntas ¿cómo podían conseguir uno de estos juguetes? La respuesta es sencilla... en un !sex-shop! Bueno en realidad se trataría de una especie de farmacia o botica. Y es que sabemos que existió un local, denominado Yotsumeya, especializado en la ventas de estos objetos, abierto nada más y nada menos que en el año 1626. Estaba situado cerca del barrio del placer de Yoshiwara en la antigua ciudad de Edo (actual Tokio) y se mantuvo abierto hasta que con la llegada del período Meiji (finales del XIX) una ola de censura y puritanismo invadió Japón al calor de las ideas de modernización y occidentalización que se impulsaron desde esta nueva dinastía.

Y aunque la existencia de este local se mueve entre la neblina de la verdad histórica y la leyenda, parece que su existencia fue cierta ya que se cita en varias actuaciones de "rakugo" (monólogos humorísticos del siglo XVII)

La unión del pene - Utagawa Kuniyoshi - c.1835.
Una mujer enrolla sobre el pene de su marido el juguete sexual "higozuiki".


Lubricantes

No podemos hablar de juguetes eróticos sin mencionar quizá el más fundamental de todos... !un buen lubricante! ya que al hacer las relaciones más cómodas y placenteras se le puede catalogar de "juguete erótico". Y sin duda alguna fue el primer estimulante erótico que tuvo que utilizar el ser humano, ya que se conocen ejemplos de su utilización en casi todas las culturas del mundo.

Lógicamente cada cultura extraería sus propios aceites y lubricantes de la naturaleza existente a su alrededor, así los japoneses parecen que utilizaban como lubricante dos productos básicos: la batata y las algas.

Puré de batata:  Uno de los lubricantes más utilizados en el Japón del período Edo fue una sustancia llamada "tororo-Jiru", que en realidad se trataba de un sustancia resbaladiza extraída del ñame rallado , es decir, una especia de puré de batata, que proporcionaba una lubricación perfecta durante las relaciones sexuales. Además sabemos que también era utilizado para lubricar los condones realizados en cuero o tripas de animal o los famosos dildos.

Aunque si van al Japón y se encuentra un "tororo-Jiru" en la carta de un restaurante no se preocupen es en realidad una sopa muy popular en las islas niponas.

Algas: En su artículo "Usos medicinales de algas marinas" Ryan Drum revela que, de camino de regreso, observó como en los pueblos de China, Corea y Japón hervían algas rojas para producir un líquido espeso y pegajoso llamado carragenano o carragenina. Ese líquido, que ya era utilizado como eficaz remedio para hidratar tejidos, escribe también era utilizado como un lubricante sexual.

Por lo que no nos puede sorprender descubrir que a día de hoy se sigue utilizando en productos de industrias alimentarias, de salud y belleza, incluso el carragenano se utiliza como espesante en algunos lubricantes sexuales disponibles en el mercado y los condones lubricados, ya que se ha investigado que puede prevenir ciertas infecciones genitales.


Manuales de amor

Todas estas ilustraciones solían estar recogidas en una especia de manuales de amor, conocidos en Japón como  'Imágenes de almohada' (makura-e), 'Imágenes de la risa' (warai-e) o el más conocido término de 'Imágenes de primavera' (Shunga).

Réplica de un libro de almohada.
Los distintos nombres con los que se conocen este tipo de publicaciones depende en parte del uso al que estaban destinado, así los libros de almohada tenían una fuerte carga de educación sexual, ya que solían formar parte del ajuar de boda de la novia. Reciben este curioso nombre ya que se solían guardar bajo la almohada para así tenerlo siempre a mano ante los juegos amatorios.

También estaban aquellos de carácter más humorístico que se consumían como fuente de escapismo y estimulación, y hasta simples estampas eróticas, de gran consumo popular, como las antiguas postales eróticas de la España de principios de siglo XX. Aunque al final, unos y otros, fueron utilizados tanto por hombres como por mujeres en muy diferentes ámbitos de la vida.

News from the Bedroom: The Pillow Library vol. 2 de Keisai Eisen, 1823, Honolulu Museum of Art.    


Estos manuales fueron muy apreciados, no sólo por su contenido erótico, sino también por su alto componente artístico, ya que los principales artistas del país colaboraron en este tipo de publicaciones, realizando algunos de sus mejores trabajos precisamente en este campo. Y es que su éxito era tal que los editores siempre ponían a su disposición las técnicas de producción más lujosas.

Por lo que la producción de este tipo de ilustraciones tuvo un claro sentido comercial, ya que durante el período Edo se vivió un increíble auge de la demanda de materiales impresos entre las clases populares que disfrutaban de la lectura de estas obras de manera similar al consumo existente hoy en día de revistas porno, libros de historias eróticas o postales de suvenir. Así sabemos que en los barrios del placer ('Mundos Flotantes') se vendían retratos de las cortesanas más famosas o detallados libros donde se explicaban el funcionamiento de un prostíbulo.

Recopilación de juguetes eróticos de época Edo.


Imágenes y ¡textos! eróticos

Aunque para comprender del todo la naturaleza de estas imágenes vale la pena detenernos un momento en una de ellas, y ver lo explícitos que podían llegar a ser sus textos también:

Fumi No Kiyogaki,  Neat Version of a Love Letter (or Pure Drawings of Female Beauty)
Imagen Shunga con dos mujeres utilizando un 'harigata' y un frasco con lubricante.
 En la imagen vemos a dos mujeres en plena relación sexual, una de ellas lleva un enorme falo atado a su cintura mientras sujeta un pequeño frasco de lubricante. La otra mujer agarra el dildo con su mano para guiarlo durante la penetración. El texto que acompaña a la ilustración viene a decir algo así:
 La mujer que asume el rol "masculino" le dice a su compañera:
- "En vista de que vamos hacerlo de esta manera voy a poner una gran cantidad de crema en él, para que te puedas correr. Sin la crema es demasiado grande y no quiere entrar".
- Ella responde: "Date prisa y ponla. Me quiero correr. Quiero correrme cinco o seis veces sin parar".

Set para la satisfacción sexual de la mujer

Para finalizar este post traemos este kit que, aunque sea de principios del siglo XX, es un ejemplo real del tipo de juguete sexual que hemos visto representados en las ilustraciones shunga. Está catalogado en el British Museum con el bonito nombre de 'Conjunto de implementos de aseo de mujer para su satisfacción sexual' y consiste en un kit de seis consoladores, dos anillos y una bola de metal.

Conjunto de implementos de 'aseo' de mujer para su satisfacción sexual, consistente en: seis consoladores (harikata, kujiri, Kabuto, yoroigata, himenakigata), dos anillos (rin-no-wa, namako-no-wa) y una bola de metal (rin -no-tama). Materiales: cuerno, metal. En caja de madera (tapa desaparecida). Principios siglo XX.
British Museum.
Los dildos están realizados en diferentes materiales: uno en cuerno de búfalo (conocido como ushizo-), otro de caparazón de tortuga (Kamezo) y contamos con otro de madera (mokuzo). El consolador hueco, en el centro de la foto, podría ser rellenado mediante un algodón empapado en agua caliente haciendo la sensación del vibrador más cálida y suave.

Otro tipo de juguete son las fundas para el pene formados por armadura y casco, denominados en este caso 'Do-kyo-s' en honor a un monje del mismo nombre de quien se dice fue amante de la emperatriz Ko-ken (s. VIII) y probablemente el inventor de tal artilugio. En este set hay de dos tipos: en uno  En este juego hay dos tipos: en uno, la armadura y el casco están separados (izquierda); en la otra, forman una sola pieza (derecha).

También hay dos ejemplos de anillos para el pene, conocidos también con el poético nombre de "anillos secretos para hacer llorar a las mujeres '(himenaki-wa).



Conclusión

Toda esta cultura oriental orientada al sexo y el placer, aunque pueda resultar sorprendente para nuestra mentalidad occidental, debe ser comprendida dentro de los parámetros culturales, filosóficos y religiosos que Japón vivíó hasta prácticamente la entrada del siglo XX.

Aunque el confucionismo sembró un semilla de puritanismo en torno a la sexualidad, el sexo seguía siendo considerando una parte natural del ser humano, donde la fuerza milenaria de las tradiciones sintoístas mantenía intactos los ancestrales vínculos entre sexualidad y fertilidad. El sexo, como aspecto positivo de la vida, podía ser explorado, por lo que la búsqueda del placer, tanto masculino como femenino, era considerado un paso más del conocimiento de la naturaleza humana.

  “A collection of sex toys", Keisai Eisen, 1839.
Si a esta concepción abierta de la sexualidad le añadimos un período, el período Edo, donde la diversión, el placer y el hedonismo fue la única válvula de escape de una sociedad asfixiada por el rígido sistema de castas sociales, obtenemos como resultado una explosión cultural en torno a la sexualidad y el placer como pocas veces hemos visto antes en la historia de la humanidad: barrios del placer, proliferación de imágenes eróticos, literatura de carácter erótico... y todo ello con un naturalismo, y belleza que siempre ha fascinado al mundo occidental.

Aunque paradójicamente, cuando Japón rompió su aislamiento, entrando ya en el siglo XX,  una nueva corriente de puritanismo asoló la isla, el occidente europeo no sólo trajo consigo la modernización de Japón, sino también su visión restrictiva de la sexualidad humano, sus ideas de vergüenza, decoro y pecado se instalaron en Japón finiquitando con ello ese mundo abierto y naturista de la sexualidad humana.




Bibliografía:

 https://www.academia.edu/19935873/The_Women_in_Edo_Shunga_Passive_Object_or_Active_Subject

 Shunga: Sex and Pleasure in Japanese

En la intimidad del harén en http://elpais.com/diario/2008/05/18/eps/1211092011_850215.html

Juguetes sexuales en el Japón en http://jugueteseros.blogspot.com.es/2009/07/juguetes-sexuales-en-el-japon-medieval.html

https://chatarreranordica.wordpress.com/tag/juguetes-eroticos/page/2/