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miércoles, 19 de julio de 2023

Historia de los azotes II: Cuando los doctores recetaban latigazos

 Historias de los Azotes:
- Historia de los Azotes I: Los azotes en la historia
- Historia de los Azotes II: Los usos médicos de los azotes
- Historia de los Azotes III: El vicio inglés

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Como hemos podido ver en esta historia de los azotes, el uso de los azotes y la flagelación no sólo tuvo un uso punitivo o de castigo que derivó en muchos casos en parafilias sexuales de carácter sadomasoquista, sino también en algunos casos un componente ritual, casi orgiástico, y en muchos casos también tuvo un uso médico...

Una idea, la de la flagelación para curar determinados males, que pervivió largo tiempo, extendiéndose durante el nacimiento de la medicina moderna.

Ya que, en pleno Siglo de las Luces, aparecerán diversos tratados médicos, de distinguidos y reputados doctores, describiendo como los azotes podían curar diversas enfermedades del cuerpo y la mente, entre ellos, mejorar la virilidad sexual.

Incluso algunos de los manuales clásicos de medicina que estuvieron en nuestras universidades en el siglo pasado tenían pasajes dedicados al uso del látigo o la fusta como elemento curativo para determinadas dolencias, como el "Tratado de Terapéutica y de Farmacología" del catedrático Eduard Soulier.

 

 MEIBOMIUS (1590-1655) Y EL "DE USU FLAGRORUM"

Uno de estos primeros tratados fue el "Tractatus de usu flagrorum in re medica & veneria, et lumborum renumque officio" publicado en 1629  por el médico y profesor de medicina alemán Johann Heinrich Meibom. En este tratado se hablaba de los efectos médicos y erógenos de la flagelación, describiendo como los azotes mejoraban la virilidad sexual. 

Y es que en siglo XVII se creía que los riñones desempeñaban un papel fundamental en la función sexual, por lo que azotar zonas cercanas a los riñones aumentaba el flujo de sangre en los riñones y éstos a la vez producían más esperma.

 

Frontispicio de la edición de 1718 de
Tratado sobre el uso de la flagelación en asuntos venéreos

 

Como buen científico acompañó toda esta teoría con innumerables ejemplos sacados de textos bíblicos, científicos e incluso literarios, especialmente extraídos de textos clásicos:

De esta forma, tomando de referencia a los romanos y su famoso festival de la fertilidad de las Lupercales también escribía sobre el beneficio para la concepción y la fertilidad que los azotes podían producir en las mujeres, ya que la circulación sanguínea se incrementaba en la zona donde se recibían los golpes, por lo que la sangre fluía hacía el útero aumento el deseo sexual y facilitando la concepción.

Los discípulos de Asclepíades, el famoso médico de la época de Augusto, ya escribieron que la mejor manera de devolver a los maníacos el sentido común era una buena sesión de latigazos.  Séneca afirmaba que la flagelación curaba las fiebres cuartanas, al dividir, por medio del calor, los humores acres, espesos y negros que las causaban; Galeno fue testigo de cómo los comerciantes de esclavos, antes de sacarlos al mercado, les propinaban azotes, para hacerlos parecer más sanos y sonrosados. Celio Aureliano, médico romano del siglo V, aseguraba que algunos males del amor sólo podían curarse a base de flagelaciones.

Lupercalia, por Andrea Camassei (ca. 1635).
Madrid, Museo del Prado.
 
Vemos como esta tradición de los azotes siguió vigente muchos siglos después. Así tenemos a Valescus de Taranta (1382-1417) que en su obra "Philonium" aconsejaba fustigar las nalgas con varas espinosas de un arbusto para curar el mal de amor de los hombres.

Un dato curioso que recoge Meibom es el testimonio de su colega de profesión Tomasso Campanella que le explicó el caso del príncipe de Venosa, que afectado por problemas de estreñimiento encontró la solución en ser fustigado por un criado de confianza antes de ir al servicio. 

Muy interesante es el apunte que hace Meibom al reflexionar sobre las ventajas de la flagelación en determinadas personas ya que pretendía "entender a esas personas que no pueden disfrutar de los placeres del amor si no son aguijoneadas con el látigo", es decir, 

Aquí nos habla, no de personas que acuden a la flagelación para aumentar la libido o el vigor sexual, sino de un primer testimonio claro de sadomasoquismo, personas que sólo se excitaban cuando eran azotadas.

Otro caso claro de tendencias sadomasoquistas lo recoge de la obra de Giovanni Pico de la Mirándola (1463-1494) "Adversus astrologiam divinatricem" donde explica: “conozco un hombre, que vive en este tiempo, cuya sexualidad no tiene parangón. No puede tener relaciones con una mujer, por violento que sea su deseo, si antes no ha sido fustigado [...] Este desgraciado reclama tal servicio, con las más lastimeras súplicas, a la mujer, vestida, con la que quiere acostarse, ofreciéndole él mismo las fustas que desde la noche anterior ha tenido metidas en vinagre, pidiéndole de rodillas el favor insigne de que le haga trizas la piel.".

 

FLAGELLUM SALUTIS

El otro gran tratado sobre los beneficios de los azotes es el "Flagellum Salutis" (El látigo de la curación) escrito por el reputado médico alemán Christian Franz Paullini (1643-1712), y publicado por primera vez en 1698.

En este tratado se habla de las propiedades curativas de los azotes para múltiples males y trastornos como la melancolía, la parálisis, el dolor de muelas, el sonambulismo, la sordera, el hipo, la rabia, y, ¡cómo no! la ninfomanía.

Portada del "Flagellum Salutis" de 1698

 

Paullini también dedicó un capítulo a estudiar la relación entre la flagelación y la excitación sexual, siguiendo la teoría de Meibom, venía a explicar como el aumento del flujo sanguíneo en los riñones por los azotes hacía que la sangre se calentase, fluyendo hacía los testículos provocando una mejor erección y una importante excitación sexual, tanto en hombres como en mujeres.

Estas teorías tuvieron bastante predicamento por toda Europa, por lo que se generalizó la idea que las personas con dificultades sexuales o muy frías, podían mediante azotes, despertar su libido e incrementar su excitación sexual.


SIGLO XVIII: LIBERTINOS FRANCESES Y SU AFICIÓN A LOS AZOTES

Estas ideas sobre los beneficios médicos de la fustigación se mantuvieron a lo largo del siglo XVIII, especialmente de manos de dos autores: el médico y militar francés Francois Doppet y el médico Mercier, que se dedicaron a copiar los trabajos anteriormente mencionados o a ampliarlos con sus filias personales.

Y hablamos de filias personales porque Mercier más que médico era un libertino... ya que ha sido más conocido por sus novelas eróticas como "Manual del tocador" o "Ensayos eróticos sobre las señoritas de Atenas" (1787) que por su labor de médico.

El médico y militar francés François Amédée Doppet publicó "Afrodisíacos externos o la trata de los azotes y sus efectos sobre la física del amor" (1788), un trabajo médico-filosófico que venía a confirmar los postulados anteriores sobre la eficacia de la flagelación a la hora de curar ciertos males como la impotencia y la baja libido sexual, y por esos mismos efectos, se debía eliminar los castigos corporales que implicasen azotes en las zonas de nalgas y muslos, así como las flagelaciones de carácter religiosas, ya que los límites entre la excitación sexual y el éxtasis místico podía quedar bastante difusos.

Portada del libro de Amédée Doppet
 

La influencia de la obra de Meibom siguió vigente en textos de diversa índole: desde los escritos periodísticos de Charles Virmaitre, autor que se sumergió en el ambiente nocturno y sórdido del Paris de los cabarets de finales del siglo XIX, escribiendo sobre prostitución, sexo, ocio nocturno, ... y un libro con el curioso título de "Los flagelantes y flagelados de París", donde a lo largo de sus cuatrocientas páginas describe con detalle cientos de conductas relacionadas con la esclavitud sexual consentida y solicitada.

Los flagelantes de París,
de Charles Virmaitre

Pero irremediablemente, con la modernización de la psicología y la medicina, la flagelación fue perdiendo su componente médico y "deslizándose, insensiblemente, hacia los terrenos de la degeneración sexual y la perversión". 

Una brecha que terminó por romperse con la exitosa publicación en 1870 de "La Venus de las pieles" de Leopold Von Sacher-Masoch, obra que nos relata, la excitación de un hombre poderoso al ser sometido, esclavizado y humillado por una mujer.

Tal fue la influencia de esta "Venus de las pieles, que el término Masoquista fue puesto en honor a su autor por el psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, que en su libro "Psychopatia Sexualis" (1886)  describió los azotes como una forma de perversión sexual y a los que no se les podía encontrar ningún método terapéutico.

Así, las terapias de azotes pasaron de ser recomendadas por reputados médicos en los siglos XVII y XVIII como formas de estimular el apetito sexual y la fecundidad, a ser consideradas a finales del XIX como perversiones sexuales que había que erradicar. 

Aunque ambas teorías coincidían en el componente erótico y excitante que podían albergar, como veremos en el siguiente capítulo de nuestra historia de los azotes: el vicio inglés.


 

Bibliografía:

 
Rojo Vega, A.; Moralistas, médicos y látigos,  Revista española de investigaciones quirúrgicas, ISSN 1139-8264, Vol. 16, Nº. 1, 2013, págs. 43-50

 Mengal, Paul; Melancolia erotica e histeria, Eidos: Revista de Filosofía de la Universidad del Norte, núm. 1, agosto, 2003, pp. 110-127, Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia

 Una terapia a latigazos en https://anikaentrelibros.com/blogs/alvaro-bermejo/2015/6/19/una-terapia-a-latigazos/


lunes, 23 de marzo de 2020

Juguetes sexuales en la Antigua Roma: Olisbos y dildos

¿Os imagináis a una romana entrando en una tienda y comprando un juguete erótico? ¿os podéis creer que el vendedor le diese a elegir entre distintos modelos? con diferentes medidas, materiales o accesorios como correas?

¡Pues todo esto ocurrió en las calles de Roma! Y aunque nos puede parecer increíble, sabemos que en la Antigüedad los falos artificiales tuvieron una amplia difusión, como bien atestiguan las numerosas cerámicas griegas que nos muestran a mujeres "jugando" con grandes falos. Y ¡no! estas imágenes no son fruto de la calenturienta imaginación de los artesanos griegos, como algunos arqueólogos quisieron justificar en su momento.

Hetaira con olisbos.
Cerámica encontrada en una urna funeraria egipcia, de entre 600 a 300 a.C.
Copa de Epicteto, Museo Ermitage, San Petesburgo.


Otros investigadores quisieron ver un significado simbólico a la presencia de estos dildos, ya que muchos de ellos eran utilizados en ritos de fertilidad utilizándolos como objetos simbólicos. El hallazgo de un molde de arcilla en forma de pene en Alemania se relaciona con la producción en serie de objetos fálicos de gran tamaño para su uso ritual.

También tendría un significado ritual la imagen de esta copa ática, donde se ve a una mujer, una sacerdotisa de Dionisio, realizando una danza ritual ante el propio dios, donde destaca el falo que porta la mujer. Aunque se pueden buscar todo tipo de explicaciones sobre la presencia de este falo (travestismo, hermafroditismo, ...)  y la importancia de los elementos de travestismo en los rituales dionisíacos, como símbolo de subversión. Podemos interpretarlo como la opción más sencilla, una mujer portando una prenda fálica. Una prenda fálica que como veremos no sólo se utilizó en ritos dionisíacos o de fertilidad, sino también para el placer de mujeres y, seguramente, hombres también.


Copa ática. Finales s. V a.C.
Museo Arqueológico de Corinto.

No hay que descartar que este tipo de falos artificiales también tuviesen un uso "médico", ya fuese como remedio para curar la "hysteria" de las mujeres o para curar otros males, cómo nos relata Petronio en un muy divertido pasaje del "Satiricón", donde el personaje Encolpio al estar decaído e impotente recurre a los servicios de una alcahueta. Ésta para ayudarle a recobrar su vigor le quiere aplicar un curioso remedio... ¡¡ser penetrado con un dildo y azotado con ramas de ortiga!! Como podéis imaginar, el pobre Encolpio huye aterrado ante tal proposición:

"Oenotea saca un falo de cuero y, después de frotarlo con una mezcla de aceite, pimienta molida y semilla de ortigas trituradas, me lo introduce suavemente por el ano"

 - Satiricón, 138.



Como vemos, muchos historiadores quisieron buscar todo tipo de interpretaciones a la presencia de este tipo de falos artificiales, pero si nos acercamos a las fuentes literarias clásicas, descubriremos con asombro como numerosos autores clásicos, desde Aristófanes, Calímaco o la mismísima Safo, no sólo hacen mención a ellos, sino que nos hablan abiertamente de que eran utilizados para el placer sexual de las mujeres.

Bueno su mismo nombre ya nos invita a descubrir para qué eran utilizados, ya que el término "dildo" procede de vocablo latino "dilectum o dilectio" que vendría a significar placer, deleite. Los griegos fueron algo más pragmáticos a la hora de llamarlos, ya que en casi todas las fuentes antiguas se les suele describir como "olisbos", que en griego significaba introducir.

Cerámica griega.


Como no podía ser de otra manera, en la famosísima y pícara obra clásica de "Lisístrata" ya hacen referencia a estos juguetes eróticos, y es que, ante la ausencia de los hombres, al marcharse éstos a la guerra, las mujeres se quejan amargamente de estar "desatendidas", ¡¡y lo que es peor!!, no pueden ni siquiera "consolarse" con alguno de estos juguetes sexuales, ya que parece ser que se fabricaban en Mileto, y esta ciudad había abandonado su alianza con Atenas.

"Y ni siquiera de los amantes (de los consoladores) ha quedado ni una chispa, pues desde que los milesios nos traicionaron, no he visto ni un solo consolador de cuero de ocho dedos (15 cms.)de  largo que nos sirviera de alivio «cueril». Así que, si yo encontrara la manera, ¿querríais poner fin a la guerra con mi ayuda?"
- Lisístrata, Aristófenes

Este texto es muy interesante ya que podemos sacar varias conclusiones. La primera que, aunque conocidos por las mujeres, estos dildos no serían fáciles de conseguir, ya que no se fabricaban en todas las ciudades, sino en las más libertinas y lujosas ciudades de Asia Menor, como Mileto.

Mujer con dildo en cerámica de Grecia Antigua (490 a.C.).


Por otro lado, nos ofrece una descripción bastante detallada de cómo eran estos juguetes, ya que nos hablan tanto de su tamaño, unos 15 cms., como del material en el que estaban fabricados, en cuero.


Sofrón de Siracusa también ofrece una descripción bastante detallada de estos dildos en una de sus obras de teatro, donde los denomina "baubon" y nos los describe como "tan largos, redondos, rollos de carne dulce, golosina de las mujeres viudas".

Pero estos juguetes no sólo lo utilizaban las mujeres para cuando los hombres estaban ausentes, la poetisa Safo también nos sugirió su uso en prácticas lésbicas... Es una pena que no se haya conservado el poema completo, ya que el pergamino original está muy deteriorado, aunque en el él se puede leer la palabra "olisbo" y la frase "en un suave lecho satisface tu deseo"


Del Pintor de Nicóstenes, c. 525-510 a. C. Museum of Fine Arts, Boston.


UN DIÁLOGO MUY PICANTE: ¿DÓNDE HAS COMPRADO TU JUGUETE?


Aunque si estas referencias os pueden parecer algo breves o fruto de una mala interpretación os dejamos esta conversación donde dos matronas griegas hablan abiertamente sobre estos dildos, sobre su forma, usos o dónde comprarlos. Todo un diálogo gracias a la pluma de Herodas (s. III a.C.), un autor griego que en sus poemas denominados "mimiambos" nos describe la vida cotidiana de su ciudad de forma humorística.


Cerámica griega con falo artificial
y cuerdas
METRO: Te ruego que no me engañes, querida Koritto, ¿quién ha sido el que te ha cosido el baubon escarlata?
KORITTO: Y tú, Metro, ¿dónde lo has visto?
METRO: Lo tenía Nosis, la hija de Eurina, el otro día. ¡Oh, un bonito regalo!
KORITTO: ¿Nosis? ¿y de dónde lo había cogido?
METRO: Me dejarás en mal lugar si te lo digo.
KORITTO: Te lo juro por estos dos ojos, querida Metro: por boca de Koritto nadie escuchará lo que digas tú.
METRO: Eubule se lo dio y le suplicó que no dijera ni una palabra a nadie.
KORITTO: ¡¡Mujeres!! Un día de estos esa mujer me va a matar. Yo me apiadé de ella, porque no hacía más que suplicarme, y se lo di [el baubon], ¡antes de servirme yo misma de él! Y ella como si fuera cosa de escaso valor, lo agarra a toda prisa y se lo da incluso a quien no debe. Pues me despido de una amiga como esa... ¡aunque tuviera mil, no le daría ni uno, ni siquiera si fuera rugoso!
METRO: No dejes que la mosca se te suba tan rápido a la nariz... Pero para volver a lo que te he recordado para puntualizar, ¿quién lo ha cosido? Si me quieres, dímelo. ¿Por qué me miras y sonríes? ¿Qué son esas maneras delicadas? Parece como si no me conocieras, como si nos hubiéramos encontrado por primera vez. Te lo suplico, Koritto, no vuelvas a engañarme... dime quién lo ha cosido.
KORITTO: Oh, ¿por qué me suplicas? Lo ha cosido Kerdón
METRO: ¿Qué Kerdón?
KORITTO: El Kerdón que yo digo es uno que viene de Quíos [...] calvo y bajito. Trabaja en su casa, vendiendo bajo cuerda, como bien sabrás. Su trabajos, sin embargo, ¡menudos trabajos son! Vino a verme y traía dos, Metro, y yo, tengo que admitirlo ya que estamos solas, cuando los vi mis ojos se abrieron como platos por el deseo: ¡los hombres no los tienen tan erectos! Y además no sabes lo suaves que son... ¡tienen la suavidad del sueño! Y las cintas son de lana, no cuerdas de cuero.

- Las amigas en coloquio (o Las mujeres comprometidas), Mimo VI,

Aunque no nos creamos que todos los autores clásicos vieron con ese tono jocoso la presencia de estos objetos. Luciano arremete contra ellos de forma vehemente al quejarse de su uso por parte de dos mujeres:

"Que se sometan al artificio de lascivos instrumentos, misteriosa monstruosidad estéril, y se acueste mujer con mujer como si fuera un hombre" 
- Amores, Luciano.



CONCLUSIÓN

Fauno autosodomizándose.
Detalle del sepulcro de una bacanal. S. II d.C.
Tanto los detallados dibujos de las cerámicas griegas como las fuentes escritas nos permiten hacernos una idea bastante detallada de cómo eran estos dildos de la Antigüedad, y no sólo eso, sino que también podemos extraer la conclusión de que tenían un uso mucho más cotidiano, pragmático y placentero de lo que muchos investigadores han querido admitir.

Por todo lo explicado aquí podemos deducir que estos dildos estaban fabricados en cuero, aunque también habría modelos realizados en piedra o algún tipo de resina. ¿quién los fabricaba? Al estar realizados en cuero, seguramente sus fabricantes fuesen habilidosos artesanos del cuero o zapateros, que harían estos pedidos especiales bajo demanda. Aunque al principio los secretos para su fabricación sólo se conocerían en determinadas ciudades de Asia Menor, ciudades muy ricas y prósperas y muy libertinas. Su indudable éxito entre las mujeres provocó que artesanos de otras ciudades empezasen a fabricarlos también, ampliando la gama y el tipo de dildos disponibles.

Y es que si nos fijamos en textos e imágenes podemos ver toda clase de dildos: dildos simples, con testículos añadidos, un dildo con arnés y unas cuerdas para sujetarlo a la cintura , y de todo tipo de tamaños.

Por último, para comprobar que en la Antigüedad ya se utilizaban muchos de los productos que se venden hoy en día en sexshops, podemos volver a repasar las andanzas del pobre Encolpio en el Satiricón, donde nos cuenta como untaron el juguete en aceite, tal como si fuese un lubricante, y para despertarle la virilidad utilizaron plantas como la ortiga o la pimienta, productos naturales vasodilatadores que forman parte de los ingredientes de muchas cremas potenciadores de la erección de hoy en día.



Bibliografía

Angela, Alberto: Amor y sexo en la Antigua Roma,  La esfera de los libros, 2015.

Calame, Claude. Eros en la Antigua Grecia. Editorial Akal, España, 1992.

https://educomunicacion.es/arte_erotico/grecia_antigua_arte_erotico.htm

http://webpersonal.uma.es/de/JFMARTOS/BEGL3.htm#tema38

martes, 13 de agosto de 2019

Muerte por sexo: Personajes históricos que murieron por sus excesos sexuales

El sexo es vida, es alegría, es placer, es diversión... pero algunas veces también el sexo significa muerte. Por ello, en la entrada de hoy vamos a ver algunas muertes de personajes históricos relacionadas con el sexo, ya sea por un exceso de sexo, un marido celoso, o por algún bochornoso accidente.
 

Una mamada de muerte

Empezamos con una de esas muertes que te convierte en escarnio para la historia, y es que no hay nada más denigrante, que morir con los pantalones y los calzoncillos bajados, y esto es lo que le pasó al presidente de Francia (1895-1899) Félix Faure, que murió de apoplejía mientras le estaban realizando una felación en su despacho presidencial.

Su amante, la señorita Marguerite Steinheil, salió despavorida del despacho, con los pelos revueltos y gritando que el presidente se estaba muriendo. Os podéis imaginar la escena cuando entraron su secretario y demás personal de Palacio: el desdichado Félix Faure tirado en un sofá, con el miembro aún erecto por fuera del pantalón, convulsionando en sus últimos segundos de vida, la señorita Steinheil sollozando y colocándose los ropajes contemplando toda la escena en pleno ataque de histeria, y un personal de Palacio que poco pudo hacer ante la rápida muerte del presidente.

Ilustración de un periódico de la época donde se recrea la muerte de Félix Faure


Como podrán intuir, la causa de su muerte fue motivo de burlas y chanzas entre sus adversarios políticos. La señora Steinheil fue apodada "La Pompadour de la III República", por el juego de palabras existente en francés entre 'pompa fúnebre' y el verbo 'pompier' que se podría traducir como 'mamada'.

Incluso George Clemenceu, que años después alcanzaría también la presidencia de la República declaró sobre Félix Faure: "Deseó ser como César, pero terminó como Pompeyo".

Fernando de Aragón, muerte por viagra

Quizá la muerte más relevante para nuestra historia relacionada con el sexo sea la que protagonizó Fernando de Aragón, es decir, el mismísimo marido de Isabel "La Católica". Y aunque no murió en pleno actual sexual, su muerte se vincula al abuso que hizo de un potente afrodisíaco que le provocó una hemorragia cerebral.

Casado de segundas nupcias con una fogosa y joven mujer, Germana de Foix, Fernando intentó cumplir con sus deberes maritales, pero la cosa no debía funcionar tan bien como cuando era joven, por lo que decidió recurrir a un brebaje afrodisíaco preparado con cantárida, un insecto de un llamativo color verde, del que se extrae un producto vasodilatador, muy parecido a la actual viagra, pero también muy peligroso para la salud.

Lytta Vesicatoria, insecto conocido como cantárida o mosca española.

Por lo que Fernando no soportó la alta dosis que le estaban preparando y fue agravándose la enfermedad hasta que falleció a la edad de 63 años, en la localidad extremeña de Madrigalejo, cuando iba de camino al Monasterio de Guadalupe.

El propio cronista del Reino de Aragón, Jerónimo Zurita, no dudó en escribir que el Rey sufrió una grave enfermedad producida por un "feo potaje que la Reina le hizo dar para habilitarle", agravándose el estado de salud del monarca, con cada vez más frecuentes desmayos, y "mal de corazón".

Y decimos que esta muerte cambió el curso de nuestra historia porque de haber tenido un hijo con Germana de Foix, los reinos de Castilla y Aragón se hubiesen desvinculado y nuestra historia, y nuestro país, seguramente fuesen muy diferentes.

Papa Juan XII, "el fornicario"

Pero no sólo de reyes y presidentes se nutre esta entrada, los Papas también tienen un hueco en esta sección de muertes por sexo. Y sí, nos estamos refiriendo a los Papas de Roma, de los cuáles muchos pasaron a la historia por sus hazañas en el terreno sexual más que por sus logros espirituales.

Ya hablamos en este blog de la lujuria excesiva de muchos de ellos, pero quizá el que se lleva la palma es Juan XII, que pasó a la historia como "el fornicario", poco más se puede añadir después de recibir este apodo.

Juan XII es considerado uno de los peores papas que ha dado la historia, y con la dura competencia que ha tenido, ya nos da una idea de la catadura moral de este personaje. Un hombre apasionado de los juegos de azar y que no dudó en satisfacer sus más bajas pasiones, convirtiendo la residencia papal en poco más que un lupanar, con la continua presencia de prostitutas, eunucos y camorristas de toda condición y pelaje.

Su fama de mujeriego y sátiro hizo que se difundiese la advertencia entre las mujeres de no acudir a la Iglesia de San Juan Laureano, cercana al Palacio de Letrán, donde estableció su residencia pontificia, ya que corrían el riesgo de ser violadas por el mismísimo Papa. Sus propios coetáneos le definieron como "un calígula cristiano" o que "le gusta tener una colección de mujeres".

Por ello, no nos puede sorprender la noticia de su muerte, ya que la noche del 14 de mayo del año 964, Juan XII fue asesinado de un martillazo en la cabeza por un marido celoso que lo encontró en la cama con su mujer. Una muerte que hizo honor al estilo de vida que llevó.

Otros Papas demasiado terrenales...

Aunque Juan XII no es el único Papa muerto en circunstancias de este estilo, otros Papas como León VII, Juan VII o Paulo II, también murieron con ataques al corazón mientras practicaban sexo.  Quizá el caso más relevante de éstos, por su proximidad histórica sea el de Paulo II (1464-1471), coetáneo de los Reyes Católicos, y de cuya muerte se dice que sobrevino mientras estaba siendo sodomizado por un paje.

Aunque dicho así, con la palabra SODOMÍA de por medio, parece que estuviese cometiendo un pecado mortal. Simplemente, Paulo II era homosexual, ya que algunos comportamientos del pontífice fomentaron esas murmuraciones en su época, ya que era muy presumido y le gustaba vestir suntuosamente, haciéndose llamar el "Formoso", el hermoso, ya que se consideraba muy bello.

Muertes en la cama

Atila, ¡¡vaya noche de bodas!!

No son los únicos personajes históricos muertos en la cama. Tenemos unos cuantos ejemplos de hombres que al menos murieron felices y la muerte les sorprendió en pleno acto sexual.

Del que corren más rumores es de Atila (395-453 d.C.), el rey de los hunos, ya que nunca quedará claro si fue envenenado o fue por los excesos cometidos en su noche de bodas. No es que le pillases de nuevas, pero sí mayor, era su duodécima esposa y Atila contaba con más de 50 años. Y podemos imaginar que la celebración de una boda al estilo huno podría acabar con cualquiera: alcohol a raudales, banquete pantagruélico, rondas de vasos a un trago, ... y una joven y bellísima esposa goda llamada Ildico esperando con temor la noche de bodas.

Muerte de Atila
 Todo parece indicar, que extasiado por el vino y cansado por el sexo, Atila se durmió y sufrió una hemorragia mortal mientras dormía, ahogándose en su propia sangre. Que paradoja del destino que este rey que combatió en tantas batallas encontrase la muerte en un combate mucho más placentero.

Demasiada marcha para el cuerpo


Pero este tipo de muertes no sólo le ocurren a guerreros poderosos y salvajes, sino dos de los personajes más influyentes y poderosos de EE.UU tuvieron una muerte similar: un presidente como Franklin D. Roosevelt, y el poderoso magnate Nelson Rockefeller.

Aunque en ambos casos sorprende que no fallecieran en el lecho conyugal junto a sus esposas, sino en las camas con sus secretarias, por lo que cuidado si ya has pasado los 50 y quieres satisfacer a tu amante con la pasión amorosa de un chaval de 20... por que seguramente tu corazón diga: hasta aquí hemos llegado.

Roosevelt murió, un 12 de abril de 1945, en los brazos de su amante, Lucy Mercer, quien había sido secretaria de su esposa. Rockefeller también murió de un infarto mientras yacía con su secretaria Megan Marshak, un 26 de enero de 1979 en su casa de Maine.

Carta de amor de Roosevelt a Lucy Rutherfurd.


Asfixia erótica

En este recorrido de muertes sexuales en la historia no podemos dejar de reseñar algunas relacionadas con prácticas sexuales no convencionales como la asfixia erótica.  Y aunque a todos nos suenan algunos casos recientes de celebrities muertas a causa de esta peligrosa práctica sexual, nosotros vamos a remontarnos al primer caso documentado de muerte por asfixia erótica de un personaje público.

Para ello hay que viajar al Londres de 1791, donde el compositor checo Frantisek Kotzwara protagonizó la primera muerte documentada por asfixia erótica, y aunque el registro judicial del caso fue destruido para evitar un escándalo público, la sórdida historia de este caso merece la pena aparecer aquí.

La noche del 2 de septiembre Kotwara deambuló por Vine Street en el distrito de Westminster buscando los servicios de una prostituta que hiciese trabajos especiales. Finalmente dio con una meretriz llamada Susannah Hill quién accedió a irse con él a su apartamento y hacer ese trabajo especial después de cenar.

Según el informe policial, aparecido muchos años después, Kotzwara le pidió a la prostituta que le atase los testículos, ante la negativa de ésta, Kotzwara se decantó por la autoasfixia erótica, así que ató un extremo de la cuerda alrededor del picaporte de la puerta, y con el otro extremo se rodeó el cuello, iniciando las relaciones sexuales con la sorprendida prostituta.

Aunque algo tuvo que salir mal, porque Susannah Hill fue apresada poco días después acusada del asesinato del compositor, cuyo cuerpo se encontró a los dos días con la cuerda atada al cuello. Durante el juicio, la acusada fue absuelta ya que el jurado creyó su testimonio sobre las extrañas filias sexuales del músico checo.





sábado, 16 de enero de 2016

Historia de los Azotes y el Spanking

Historias de los Azotes:
- Historia de los azotes I: Los azotes en la historia
- Historia de los azotes II: Los usos médicos de los azotes
- Historia de los azotes III: El vicio inglés

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La entrada de esta semana está realizada en colaboración con el blog de la Tienda erótica Pussycat Boutique Erótica, ya que nos pidió ayuda para investigar sobre los orígenes de una modalidad sexual bastante curiosa... el spanking, también conocido como disciplina inglesa.

¿Pero qué es el Spanking?

Es una parafilia sexual basada en una flagelación de carácter erótico, un acto sexual de gran componente fetichista que consiste en dar azotes en el culo, ya sea mediante la mano o cualquier otro instrumento, como una fusta o una pala. Aunque muchas veces se le ha vinculado al mundo del BDSM, puede disfrutarse de manera independiente, ya que la práctica de azotar las nalgas de tu pareja en una relación sexual, no se puede considerar un comportamiento extraño, ya que un cachete en el culo puede ser bastante estimulante y erótico.

Una historia del azote y la nalgada.

Por motivos de tiempo y espacio nos centraremos en realizar un breve repaso a la historia del azote o la nalgada, dejando esbozadas algunas líneas de investigación que nos permitirán en el futuro realizar una investigación más exhaustiva sobre la historia de las flagelaciones en general, que nos lleven a hablar del sadomasoquismo, la dominación o la sumisión en la historia.

Investigar sobre sus orígenes y su recorrido histórico no ha sido una labor sencilla ya que, al ser una modalidad sexual tan concreta, apenas hemos encontrado testimonios directos, por lo que haremos un breve repaso a la historia de los azotainas y las nalgadas hasta llegar a la Francia del siglo XVIII, cuando gracias al testimonio de los libertinos franceses nos encontramos las primeras fuentes que nos hablan directamente del placer obtenido en recibir este tipo de "castigos" en las posaderas.

Venus y Cupido, de Hans Zatzka.
A pesar de ello, y como veremos a continuación, podemos suponer que obtener placer de recibir azotes en el culo se ha podido dar desde tiempos inmemoriales. Incluso, no nos debería extrañar que con el alto grado de sofisticación que alcanzaron los burdeles en la Roma Antigua existiese alguno especializado en sadomasoquismo.

Y aunque no tengamos ningún testimonio de la existencia de ese tipo de burdeles, algunos investigadores han querido interpretar bajo ese prisma una serie de epigramas recogidos en el Libro V de la 'Antología Palatina'. En uno de estos epigramas de carácter votivo se puede leer como tres prostitutas ofrecen a la diosa Venus unos exvotos representativos de sus habilidades eróticas. Estos exvotos serían una fusta, unas bridas y unas espuelas. Y aunque la mayoría de los autores defienden que son simples metáforas relacionadas con la acción de "cabalgar" al amante, otros han querido preguntarse si realmente no serían objetos utilizados en algún tipo de sesión sadomasoquista.

"Lisídice, a ti, Cipris, dedica esta espuela ecuestre,
aguijón de oro de su bello pie, con el que a tantos
corceles domó bajo su monta; pero jamás sus muslos
se ensangrentaron, pues liviano era su meneo
y hasta la meta llegaba sin falta de picar con espuela
Así en la puerta central te cuelga el arreo de oro
."

Pero aunque no exista ningún testimonio directo sobre el placer obtenido al ser azotado en las nalgas antes del siglo XVIII, sí que hemos encontrado numerosos ejemplos de nalgadas a lo largo de toda la historia de la humanidad...


Azotes y Educación

Siguiendo algunas tesis sobre la sexualidad humana podemos afirmar que la sexualidad está muy ligada a la conducta observada en la infancia, por lo que algunos casos de condicionamiento entre violencia y excitación sexual se han podido desarrollar por factores acaecidos durante la infancia.

Por lo que a pesar de la ausencia de testimonios directos imaginamos que los orígenes de esta parafilia se remontan al mismo origen del hombre... y de su educación. Y es que parece evidente que hay una estrecha relación entre culo y azote, ¿a quién no le han pegado sus padres algún cachete en el culo? Es más, si hay una parte de nuestro cuerpo diseñada para ser azotada ese parece ser nuestro trasero, ya que no alberga ningún órgano vital y viene protegido por una abundante grasa corporal, que hace que, aunque la azotaina nos pique, no nos duela por mucho tiempo.

De esta forma podemos asegurar que las azotainas han formado parte de la educación del ser humano desde tiempos muy remotos, ya en la misma Biblia se aconseja en varios pasajes azotar a los hijos con una vara para educarlos correctamente:  Así en Proverbios podemos leer: "El que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia" (13:24), y unos versículos más adelante vuelve a decir: "No escatimes la disciplina del niño; aunque lo castigues con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol" (23:13-14).

Con todo ello, podemos deducir que la inmensa mayoría de culturas de la humanidad han permitido y aprobado el uso de la violencia en la educación de los hijos. Uno de los primeros testimonios gráficos de una azotaina lo encontramos en el Antiguo Egipto, en el interior de la Mastaba de Akhet-hetep-her donde podemos ver la imagen de un adulto azotando a un joven en las nalgas con una especie de objeto plano.

Adulto pegando a un niño. Mastaba de Akhet-hetep-her. Reino Antiguo.
Ilustración extraída del libro 'Vida amorosa en el Antiguo Egipto'

Pero si queremos encontrar los mejores ejemplos de azotainas en el mundo antiguo vinculados con el mundo de la educación tenemos que viajar a la Antigua Roma. Y es que su sistema educativo, ya desde la escuela primaria, estaba regido bajo una férrea disciplina, donde los castigos corporales estaban bien vistos, ya que se seguía la máxima de que "la letra con sangre entra".

Por eso no nos debe extrañar los numerosos relatos donde diversos autores latinos aluden a la severidad de los maestros, y al uso frecuente que hacían de la férula (pequeña vara de madera) para 'corregir' los errores de sus alumnos, tanto por las faltas cometidas en clase como por las gamberradas realizadas fuera de la escuela. Incluso contamos con varias representaciones artísticas de estas nalgadas, tanto en pinturas murales como en objetos de arte mueble.

Reproducción de un fresco pompeyano en un grabado del siglo XIX.
Maestro castigando a un alumno con azotes en posición catomus (sobre los hombros) en una clase en el foro. 

Pero aunque el método de disciplina más habitual y aceptado en las scholae fuese el castigo físico, ya fuese con la scutica, la ferula o las virgae, hubo algunos intelectuales como Séneca, Juvenal o Quintiliano que se opusieron a estos métodos. Unos, por considerar el recibir azotes una pena más propia de esclavos que de ciudadanos libres, otros como Quintiliano por considerar que era un método cruel y poco efectivo, advirtiendo de las terribles secuelas que podía acarrear.

"A esto añade que por dolor o por miedo ocurre con frecuencia a los vapuleados muchas cosas feas de mencionar y que luego serán cosa de avergonzamiento: esta vergüenza quebranta y abate el ánimo, y ordena huir de la misma luz del día y el hastío"   [Quint. I, 3, 16.]

Una advertencia que, según como se lea, puede advertir sobre los peligros de la excitación sexual bajo este tipo de práctica.


Espejo de bronce. Roma. Siglo I. Probablemente de Asia Menor.
Representación de un castigo escolar mediante azote en las nalgas.

A pesar de las recomendaciones de algunos pedagogos latinos, los azotes en la educación siguieron siendo cosa habitual durante todo el Medievo, así numerosos autores renacentistas como Erasmo o Roger Ascham nos trasladaron una visión muy negativa de la educación durante la Edad Media, denunciando sus altas dosis de brutalidad y violencia.

No nos podemos resistir a incluir el magnífico grabado del artista alemán Hans Holbein, el joven, que ilustra esta visión negativa del medievo, a través de una azotaina en el culo de niño. Una visión, seguramente bastante exagerada, como contraposición a las nuevas formas de educación que estaban surgiendo en la Europa Renacentista de la mano de humanistas como Erasmo o Luis Vives.

Grabado de Hans Holbein, el joven, para Elogio de la locura (1511), de Erasmo de Rotterdam


La magia de los azotes.

Aparte de su función punitiva, los azotes también tuvieron desde tiempos muy temprano un componente mágico o ritual. Especialmente famosos fueron los ritos de fertilidad y purificación del mundo antiguo, donde las mujeres estériles eran azotadas por sacerdotes. Entre todos estos ritos podemos destacar la Fiesta romana de las Lupercales, donde unos adolescentes vestidos con simples pieles de animales corrían por la ciudad azotando con tiras de cuero a todo aquel que encontrasen a su paso, sobre todo a las mujeres. Y es que las Lupercales era una fiesta de purificación colectiva, donde se usa la flagelación como símbolo para transmitir las energía fecundadora y la virilidad del macho cabrío, personificado en los jóvenes Lupercos, como portadores de una vitalidad relacionada con la naturaleza salvaje.

Representación de la festividad romana de las Lupercales.

Aunque si queremos rescatar uno de los testimonios iconográficos más evidentes de la relación entre sexo y fustigamiento tenemos que viajar al mundo etrusco, donde existen varios ejemplos muy explícitos en diferentes soportes, y cuyo ejemplo más extraordinario es la llamada Tumba de los Fustigamientos, una rica tumba del siglo V a.C., donde una mujer es penetrada por un hombre al mismo tiempo que es azotada con una vara.

Detalle de la Tumba de los Fustigamientos.

Este carácter mágico de la flagelación vendría confirmado en algunos textos de Juvenal o Petronio que nos relatan como los azotes eran recomendados como tratamiento para curar la impotencia... Así en el 'Satiricón' (Capítulo 131) de Petronio nos relata como el joven Encolpio, aquejado de impotencia recurre a los servicios de una sacerdotisa, cuya solución es flagelarlo con ramas de ortiga.

La vinculación entre azotes y sexualidad siguió vigente hasta bien entrada la Edad Moderna, ya que alrededor del 1600 el médico alemán Meibom escribió un tratado denominado "Del uso de la vara en la cosa venérea y en el oficio de los lomos y de la riñonada", donde se sigue manteniendo vigente la idea que aplicar azotes en las nalgas, transmite calor a las zonas productoras de semen, aumentando la fertilidad y la virilidad.


Azotes cristianos.

Ya vimos al principio como en algunos pasajes de la Biblia se recomendaba azotar a los hijos, por lo que no nos puede extrañar que tanto los azotes como las flagelaciones hayan tenido un importante peso a lo largo de la historia de la Iglesia Católica. Más aún, si tenemos en cuenta el gran componente sadomasoquista que, en el fondo, albergan casi todas las religiones monoteístas.

Por lo que algunos expertos no han dudado en equiparar ciertos ritos de flagelación con la búsqueda no sólo de un éxtasis espiritual sino también carnal. Y es que la flagelación en las nalgas o muslos provoca la acumulación de sangre en zonas cercanas a los órganos sexuales, pudiendo provocar erecciones e incluso orgasmos.

Adam Johann Braun (1748-1827)
Por otro lado, es conocida la afición que tomaron muchos confesores por aplicar ellos personalmente el castigo de la flagelación sobre sus feligresas, a las que hacían descubrir sus vestiduras para después azotarlas por sus pecados cometidos. Este tipo de penitencias despertaban tantas sospechas entre el clero romano, que muy pronto se prohibió a los sacerdotes castigar personalmente a los penitentes.

Por todo ello, no nos puede extrañar que la Inquisición pusiese especial ahínco en perseguir a los curas que, al imponer la flagelación como penitencia, la aplicaban ellos personalmente u obligaban a una mujer a que los azotase. Como si el Santo Oficio ya intuyese una especial asociación entre la flagelación religiosa y ciertas sensaciones sexuales 'pervertidas'.

De esta forma , y por motivos similares, el Papa Clemente VI, en el siglo XIV, prohibió los grupos y las procesiones de flagelantes, ya que estas procesiones podían terminar en arrebatos místicos creando un ambiente de fuerte erotismo. Aunque lo que de verdad preocupaba al Papa era que estos grupos empezaban a cuestionar el papel de la Iglesia como única intermediaria para la salvación de las almas.

Una procesión de flagelantes, de Francisco Goya y Lucientes (1812–1819)

Pero a pesar de estas prohibiciones algunos elementos de tintes sadomasoquistas han seguido estando muy vigentes hasta prácticamente la actualidad, sólo hay que ver las automortificaciones realizadas por los miembros del Opus Dei con el cilicio, o la larga y extendida tradición de la azotaina y la nalgada en numerosas escuelas religiosas. Una forma de educación donde algunos investigadores advierten ciertos tintes sádicos y de autosatisfacción sexual a través de juegos de sumisión y dominación.

Ilustración del cómic
'Los infortunios de Janice'

Los Libertinos franceses

Pero habrá que esperar a los llamados 'libertinos franceses' provenientes de los ambientes Ilustrados de la Francia prerrevolucionaria para encontrar los primeros testimonios literarios que nos hablen abiertamente del placer obtenido al recibir unos azotes, y es que estos hombres no dudaron en plasmar con su pluma algunas vivencias personales con gran componente sexual.

Entre todos estos testimonios destacar el de filósofo ilustrado Rousseau, quién nos relata en primera persona el placer obtenido al ser azotado cuando era pequeño por su cuidadora y cómo ese hecho marcó para siempre sus gustos sexuales:

"¿Quién creería que este castigo de chiquillo, recibido a la edad de ocho años, por mano de una
mujer de treinta, fue lo que decidió mis inclinaciones, gustos y pasiones por todos los días de
mi vida y precisamente en sentido contrario del que podría naturalmente imaginarse? Mientras
por una parte se despertaron mis sentidos, tomaron tal giro mis deseos que se limitaron a lo
que había experimentado."
- Confesiones I, Rousseau.

Así corría el año de 1723, el joven Rousseau vivía en Bossey, una pequeña localidad a los pies de los Alpes, acogido en la casa de un pastor calvinista y donde su hija hacía las funciones de madre:

"El cariño, propio de una madre, que la señorita Lambercier nos profesaba, la revestía de la autoridad de tal, y algunas veces usaba de ella imponiéndonos castigos merecidos. Durante mucho tiempo se concretó a la amenaza, pareciéndome espantosa la prometida pena, nueva enteramente para mí; pero desde que la sufrí me pareció mucho menos terrible de lo imaginado. Y lo más particular es que aquel castigo aun me aficionó más a lo que me lo había impuesto, de modo que fue necesaria mi natural dulzura y toda la verdad del afecto que le profesaba para que no tratara de conocer la repetición del mismo, mereciéndolo, porque encontré una mezcla de sensualismo en el deber y en la vergüenza del castigo, que me hacía desear recibirlo otra vez de la misma mano. Es verdad que había en ello cierta precocidad instintiva de sexo y, por lo tanto, el mismo tratamiento practicado por su hermano no me habría parecido tan gustoso."
- Confesiones I, Rousseau.

Poco años después, con el estallido de la Revolución Francesa, se dieron numerosos espectáculos públicos de azotamientos y flagelaciones, donde la gente acudía para “regodearse e incluso para hacer el obsceno inventario de todos los culos acumulados".


El vicio inglés

Pero sin duda alguna, si hay un país y una época donde la práctica del spanking ha alcanzado mayor extensión ese ha sido la Inglaterra victoriana. Tal es así, que incluso sus liberales vecinos franceses no dudaron en tildar esta práctica como "el vicio inglés".

Fue una práctica, la del azote o la nalgada, tan recurrente en todas las capas de la casta y puritana sociedad victoriana, que convirtieron al Reino Unido en el país por antonomasia del spanking y la flagelación. Como bien resume Ian Gibson en su obra "El vicio inglés":

"A mi juicio, ninguna discusión sobre la sexualidad británica es posible sin tener en cuenta el sistema de azotes que, originándose en las public schools, se extendió a todas partes. Impotentes sin recurrir a los azotes, real o imaginariamente, las innumerables víctimas del sistema no sólo se vieron abocadas a una vida de deseos avergonzados e inconfesables, que hacía difícil, si no imposible, una relación matrimonial satisfactoria, sino que su condición dio origen a un auténtico océano de pornografía en la cual se recreaban ad-infinitum las añoradas escenas juveniles y sus ramificaciones".
Por todo ello, hemos decidido dividir nuestra breve historia de los azotes en dos partes y dedicarle un capítulo en exclusiva al conocido como 'vicio inglés'.

Así que no seáis malos y os esperamos en el próximo capítulo....



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Bibliografía

Gibson, Ian; El vicio Inglés, Editorial Planeta, 1980.

Jiménez Salcedo, J.R.; Las "Cartas" de Cabarrús (1808) y la tradición reglamentarista europea en materia de prostitución, Anales de filología francesa, Nº. 16, 2008 (Ejemplar dedicado a: 1808), págs. 129-140

Luc Hennig, J.; Breve historia del culo, Principal de los Libros, 2010.

Montgomery Hyde, H.; Historia de la Pornografía, Editorial Pleyade, 1969.

Moro Ipola, M.; Quintiliano de Calahorra: didáctica y estrategias educativas en la antigua Roma, Foro de Educación, Nº. 9, 2007, págs. 125-132

Ruben Solís, K.; La cultura de Eros: Antologia Ilustrada Del Libertinaje, Robinbook, 2008

La imagen literario del Eros en la Antalogía Palatina:
https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero23/im_eros.html


Sobre la flagelación:

http://www.mercaba.org/FICHAS/Enciclopedia/F/flagelacion.htm

http://www.angelfire.com/ex/ecstagony/info/artinst/birch.htm


http://www.spurcitia.com/tag/en-roma/
http://alfonsodelavega.com/?p=15230
http://bdewm.blogspot.com.es/2013/05/arte-bdsm-bdsm-art-gaston-noury.html
http://ramirofeijoo.com/gabinete-de-curiosidades/?p=178