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sábado, 7 de noviembre de 2015

Mitos eróticos en la Antigua Roma: Gladiadores, aurigas y actrices

La cultura romana no deja de sorprendernos por su mezcla de lo arcaico y lo moderno, donde convivían la brutalidad más primitiva con la sofisticación más elevada. A todo ello, hay que sumar que la sociedad romana presenta algunos rasgos de gran modernidad, los cuales hasta bien entrada la edad contemporánea no volveremos a ver... como pueden ser su sentido del espectáculo o la importancia de la publicidad.

En esta entrada vamos a detenernos en uno de esos fenómenos más propio del siglo XX que de la Antigüedad... los mitos eróticos.

Auténticas estrellas del teatro o del deporte que cautivaron el corazón de romanos y romanas, que con un sólo gesto despertaban los sueños eróticos más ardientes de sus fans, convirtiéndose en los personajes más deseados de la sociedad romana.

Y aunque desconocemos si también tenían su habitación llena de posters con el retrato de su mito más deseado, sí que podemos asegurar que existió todo tipo de 'merchandising' alrededor de estas estrellas, especialmente aquellas vinculadas con el mundo del "deporte". Desde mosaicos conmemorativos, pasando por lámparas de aceite con la efigie del deportista, estatuillas, y todo tipo de inscripciones donde se expresaba la mayor de las admiraciones por alguno de estos mitos eróticos...

Mosaico conmemorativo de un auriga.
Museo Nacional de Arte Romano. Mérida.

Señoras, señores... pasen y conozcan a los mayores mitos eróticos de la sociedad romana...


Mitos Eróticos Femeninos

Como en la actualidad, algunos de las mayores mitos eróticos de los romanos provenían del mundo del espectáculo. Recordar, por ejemplo, que en los espectáculos teatrales de mimo o farsa se representaban historias ligeras de corta duración, donde se mezclaban humor y erotismo en un espectáculo lleno de música, cantos y danzas; acompañados de chascarrillos y obscenidades y donde no faltaban mujeres ligeras de ropa que solían acabar el show con un striptease (nudatio mimarum).

Esclava de la serie 'Espartaco'
Por lo que muchas de estas actrices se convirtieron en auténticos mitos eróticos de su época, sobre todo aquellas que destacaban por su belleza pero también por su ingenio, capaces de replicar las chanzas del público. Aunque los autores latinos suelen retratar este tipo de mujeres por su capacidad de jugar con los sentimientos de sus amantes, pasando de la frialdad absoluta a la más ardiente pasión, todo con tal de conseguir sus ambiciosos objetivos.

Y esto, a pesar de que estas mujeres pertenecían a la más baja condición social consideradas 'infames' al igual que las prostitutas'. Aunque la línea divisoria que separa ambas profesiones no estaba nada clara, ya que todas las actrices tenían algo de meretriz, y todas las prostitutas mucho de actriz.

Esta condición de 'infames' les privaba de cualquier protección jurídica, estando siempre expuestas a episodios de violencia como asaltos o violaciones. Pero si el azar (y la belleza) las acompañaba y si sabían jugar bien sus cartas, este tipo de mujer podía convertirse en auténticas femmes fatale, cazadoras de fortunas, capaces de desplumar fortunas enteras a enamoradizos incautos o situarse bajo la protección de poderosos personajes públicos.

El caso más famoso tal vez sea el de la actriz Volummia Citáride a la que podíamos comparar con una prostituta de lujo, ya que gracias a los tejemanejes de su amo, se fue introduciendo en los más altos círculos de poder romanos, ofreciendo servicios teatrales en fiestas particulares celebradas en las casas de los más altos dignatarios.

Así esta famosa actriz, conocida por su gran belleza y su astucia, logró encadenar una serie de amantes entre lo más granado de la sociedad romana, desde Bruto, el asesino de César, pasando por el mismísimo Marco Antonio o el poeta Cornelio Galo que dedicó a Lycoris o Licóride, nombre poético de Cytheris) algunos de sus más célebres poemas recogidos en su obra 'Amores'.

Cleopatra, el mito erótico por excelencia

Cleopatra, Elisabeth Taylor
Aunque si hablamos del mayor mito erótico femenino de la cultura romana no podemos dejar de hablar de Cleopatra, ya que su mitificación no es cosa de época posteriores. Sus propios contemporáneos la consideraron toda una leyenda erótica, y no tanto por su belleza física, sino por otro tipo de encantos. Plutarco decía de ella:

"Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje; Platón reconoce cuatro tipos de halagos, pero ella tenía mil."

Y es que pocas figuras en la historia han representado tan bien el erotismo y el poder de seducción como esta mujer, que gracias a su cultura, ingenio y poderoso atractivo personal fue capaz de seducir a los dos hombres más poderosos de la República romana.


Mitos eróticos masculinos

Pero las 'castas' matronas romanas también tuvieron a sus mitos eróticos, especialmente entre aquellos 'deportistas' que destacaban en la arena, ya fuesen aurigas, gladiadores o incluso actores.

Aunque estos hombres, debido a su profesión considerada 'infame', se movían entre la adoración más exaltada y el más absoluto desprecio, así el propio Tertuliano se preguntaba:

“¿Por qué los promotores y organizadores de los espectáculos al mismo tiempo ensalzan a los aurigas, actores, luchadores y gladiadores, hombres que levantan pasiones y a los que otros hombres les entregan su alma y las mujeres sus cuerpos, y a la vez los denigran y menosprecian por culpa de entregarse ellos mismos a las mismas cosas que critican?” 
-De Spectaculis XXII

Tal vez esta reflexión de Tertuliano esté muy relacionada con lo que le pasa a nuestras actuales estrellas, donde la relación amor-odio, depende del éxito o del fracaso de su última actuación o por la aparición de una nueva estrella que viene a eclipsar a la anterior.


Los Gladiadores

Andy Whitfield, actor de
la serie 'Espartaco'

Aunque parece claro que los que más pasiones levantaban entre las mujeres romanas fueron los gladiadores, estos hombres conjugaban todo lo que una mujer romana podía desear: fama, cuerpos bien formados, vigorosos músculos y sobretodo, el riesgo y la emoción al aventurarse en una relación amorosa tan peligrosa como excitante.

Era tal esta atracción que las grandes matronas romanas no dudaban en pagar grandes cantidades de dinero para poder pasar unas horas con uno de estos peligrosos amantes, sin importarles ni siquiera su baja condición social.

Este hecho lo atestiguan los numerosos relatos existentes en la literatura latina, como el caso recogido por Dion Casio, que narra como la mujer de Marco Aurelio, Faustina la Menor, le encantaba frecuentar la escuela de gladiadores; o el propio Juvenal que en sus 'Sátiras' (6,103-106) critica la pasión de Eppia, la mujer de un senador, por el gladiador Sergiolus, viejo y con notables heridas y deformidades, pero "es del hierro de lo que se enamoran" indica el autor latino.

"Más ¿cuál la juventud, cuál la hermosura
de que Hipia se prendó? ¿qué la movía
a ser de infame gladiador esposa?
Pues Sergiolo era viejo, carecía
de un brazo y aguardaba próximo ya el retiro;
era horrorosa su faz; [...]
Más era gladiador, y eso los hace unos Jacintos.
Hierro, hierro sólo es lo que a tales hembras satisface."


Los propios gladiadores se jactaban de sus conquistas femeninas como demuestran algunos graffitis conservados en Pompeya:

- "Celadio, anhelo y rompecorazones entre las doncellas" (Celadius, suspirium e decum puellarum)
- "Crescens el Retiarius -pescador- de las jóvenes en la noche. Crescens señor y médico de las niñas".
- "Celadus, el Tracio, tres victorias, tres coronas. Las niñas laten por ti."

Estaban tan íntimamente relacionados el mundo de los gladiadores con el sexo, que muy pronto se empezó a utilizar vocabulario del mundo de la arena con un doble sentido, así la palabra 'gladius' acabó siendo sinónimo de falo.

Mosaico de gladiadores.

Incluso se ha especulado que el hallazgo de una matrona romana cargada de joyas sepultada bajo la lava en la escuela de gladiadores de Pompeya pudiese deberse a una visita desesperada a su amante.

La fascinación que despertaban los gladiadores era tan alta que incluso se desarrolló todo un fetichismo alrededor suyo, vendiéndose su sudor como afrodisíaco en los puestos situados en el exterior del circo. Tal vez la mejor explicación a este fenómeno se debe a esa extraña fascinación que tenían los romanos por el sexo y la muerte.

De nuevo Juvenal, criticando la libertad que gozan las mujeres de su época, nos dice:

"Para asistir al circo Olgunia alquila
trajes, cortejo, amigas, la litera,
La nodriza y la rubia mensajera.
Y en tanto, su caudal gasta tranquila
con joven gladiador, ni se detiene
en dar su último vaso, ni le asusta
la ruina de su hogar.
"
                                                                      - Juvenal, Sátiras, VI


Los Aurigas

Aunque sin duda alguna, los auténticos ídolos del pueblo eran los aurigas, tal vez su fama como mitos sexuales era menor que la de los gladiadores, pero su popularidad era mucho mayor. El nombre de los principales aurigas eran conocidos por todo el Imperio y sus hazañas corrían de boca en boca.

Además a esto había que sumar, sus riquezas, un factor nada desdeñable para atraer la mirada y la atención de numerosas mujeres. Se sabe que el auriga lusitano Diocles, ganador de más de 1000 carreras, acumuló una inmensa fortuna, convirtiéndose en uno de los ciudadanos romanos más ricos de su época.

Ya vimos en la introducción como los aurigas más famosos levantaron tantas pasiones, que alrededor suyo se levantaba todo un merchadising de productos relacionados con ellos: esculturas, mosaicos, inscripciones, poemas,...

Nuestro ejemplo más cercano lo encontramos en Mérida, donde se conservaba un extraordinario mosaico donde se exhorta a la victoria a dos aurigas de nombre Marciano y Paulo, que tuvieron levantar pasiones en toda Hispania durante el Bajo Imperio.

Actores

Incluso los actores y bailarines también fueron objeto de deseo de algunas damas romanas, a pesar de compartir la baja consideración social de sus compañeras. Aunque como ya vimos en este post dedicado a la prostitución masculina en el mundo romano, estos hombres también ejercerían como prostitutos o gigolós.

Mosaico con actores y músicos.
Casa del Poeta Trágico, Pompeya. Museo Arqueológico de Nápoles.






Bibliografía

Angela, A.; Amor y sexo en la Antigua Roma, La esfera de los libros, 2015.

Garrido Moreno, J.; El anfiteatrouna oscura imagen de la antigua Roma, Berceo, Nº 149, 2005, págs. 153-178.

Jiménez Sánchez, J.A.; Ídolos de la Antigüedad Tardía: algunos aspectos sobre los aurigas en Occidente (siglos IV-VI), en: Lúdica, 4, 1998, pp. 20-33.

Montero Herrero, S.; Magia y adulterio en la Roma antigua, Religión y magia en la antigüedad: [seminario celebrado en] Valencia del 16 al 18 de abril de 1997, 1999, págs. 167-182.

Perea y Ébenes, S.; Extranjeras en Roma y en cualquier lugar: mujeres mimas y pantomimas, el teatro de la calle y la fiesta de Flora.

Varone, A.; Erotica Pompeiana: Love Inscriptions on the Walls of Pompeii, Studia Archaeologica 116, Italia, 2002.



miércoles, 7 de mayo de 2014

La prostitución en la cultura romana

Índice de Capítulos:

 I.- La prostitución en la cultura romana.

II.- La prostitutas en el Derecho Romano.

III.- Viaje a un prostíbulo del siglo I.

IV.- La prostitución masculina en la Antigüedad clásica.

Fuentes:
Pintura mural romana.
Para conocer y aproximarnos a la realidad histórica del ambiente y desarrollo de la prostitución en la cultura romana tenemos la suerte de contar con diferentes fuentes y puntos de vista muy diversos. La mayor parte de la información proviene de textos históricos y literarios, aunque se limita a la propia Roma. Otro tipo de fuente, abundante y de gran interés, es la legislación romana que regula la prostitución. También contamos con información epigráfica, de especial interés por ofrecernos una visión del pueblo llano, son los graffiti y los textos pintados en murales pictóricos de Pompeya. El último tipo de fuente que nos aporta información sobre el mundo de la prostitución son algunos papiros procedentes de Egipto.

El sexo en la sociedad romana:
La civilización romana contemplaba la prostitución como algo habitual y cotidiano. El sexo por placer, el sexo social, estaba reglado y permitido, incluso difundido y aceptado como una necesidad en el seno de la comunidad. La sociedad romana toleraba unas conductas y éticas bastante promiscua y liberal, donde las relaciones extramatrimoniales  eran totalmente normales. La única exigencia era mantenerse dentro de los límites de la normativa legal y social. La edad media en la que un hombre debía iniciarse en el sexo era a los 17 años, y si no disponía de una esclava a su alcance se iba a un prostíbulo.

Así Horacio en una de sus sátiras nos habla de las bondades de la prostitución para el bienestar de la sociedad ¿El cuerpo de una princesa es acaso más hermoso, más deseable, que el de una cortesana? ¿Por qué arriesgarse a recibir un terrible castigo atacando a matronas cuyos encantos están siempre ocultos por un traje largo?...Resulta más satisfactorio y menos peligroso para el patrimonio y para el honor ir a buscar fortuna en los callejones donde una belleza poco huraña ofrece a todo el que llega sus encantos”

La búsqueda de placer era  primordial y se imponía sobre todo lo demás. Esta forma de vida, caracterizada por dejarse llevar por las pasiones y los placeres, era de clara influencia griega, por lo que numerosos autores  utilizaron términos despectivos, como  graeculus , para referirse a este modo de vida a la griega. La mayoría de los datos proceden de la época imperial, momento donde Augusto impulsó un nuevo cambio de moralidad ante la falta de interés por el matrimonio de los jóvenes romanos.

Un claro ejemplo de esta moralidad la encontramos en una anécdota de Catón el Viejo que vio salir al hijo de un amigo suyo de un prostíbulo, éste avergonzado retiró la mirada, aunque Catón le espetó “lo que haces está bien, así cuando el deseo te hinche las venas no abusarás de las mujeres decentes”. Pero al día siguientes volvió a cruzarse con el joven que salía otra vez del prostíbulo y esta vez le recriminó diciéndole “Muchacho, te dije que estaba bien que visitaras ese lugar, no que vivieras en él”.

Por otro lado, como bien nos señala Plauto, la prostitución era entendida como un bien para apagar la fogosidad de la juventud, por eso estaba mal visto que los viejos recurriesen a este tipo de servicios.
 “Será preciso que a tu edad te abstuvieras de esta clase de desorden... Como cada estación, cada edad tiene sus ocupaciones. Si se permite a los viejos perseguir a las muchachas… ¡donde irá el Estado! ¡Son los jóvenes los que deben entregarse a los placeres!”.



Como decíamos la prostitución era vista como necesaria para la sociedad, ya que permitía a los jóvenes desfogarse, evitando que molestasen a las mujeres casadas y de vida íntegra. Incluso autores como Catón el Viejo o San Agustín vieron en la prostitución como necesaria para el bienestar de la sociedad.  Así Catón el Viejo decía: “los jóvenes dominados por la lujuria vayan a los burdeles en lugar de molestar a las esposas de otros hombres”. La prostitución estaba tan enraizada que formaba parte del listado de oficios que se registraban ante los ediles, por lo que a mediados del siglo I d.C. se empezó a cobrar una tasa de impuestos por ejercer.  

Con la consolidación del cristianismo como religión oficial en Roma se fue prohibiendo la homosexualidad y la práctica de la prostitución masculina y femenina, ya que para el cristianismo la única razón para el sexo es la procreación, cualquier otro tipo de sexualidad era vista como algo negativo  y punible.

Imagen del cómic Murena.


Legislación y prostitución: (para ampliar el tema pulsa aquí)
La legislación romana se centró en defender la integridad de la mujer libre, a ella se prohíbe ejercer la prostitución, reservada a esclavas y libertas. En el caso de que una mujer libre de familia de orden ecuestre o patricia practicase esa actividad, perdería gran parte de sus derechos como ciudadana libre. Y es que los cambios de las normativas, nos indican que cada vez más mujeres de la alta sociedad se inscribían como prostitutas ante los ediles de la ciudad. Estas mujeres perdían sus símbolos de rango, como el vestido, la stola, por una toga femenina o amiculum, más propia de siervas y rameras. 

También debía cambiar su peinado de trenzas recogido en un moño, por peinados propios de plebeyas y libertas, es decir, cabellos cortos y sin cintas, o largos y sueltos o anudados al cuello. Además tenían prohibido el uso del velo, así como llevar calzado, aunque existen testimonios de uso de calzados con el grabado en su huella de “sequere me”, sígueme. Otras prohibiciones en tiempo de Domiciano fueron la prohibición del uso de literas y el derecho de recibir herencias y legados. Es decir, a lo largo del tiempo van surgiendo numerosos textos legales que van limitando los derechos sociales y políticos de las prostitutas.

En resumen, y como veremos en el siguiente post, la categoría jurídica de las prostitutas era de las más bajas, junto la de los gladiadores o actores. Las leyes dejaban bastante desamparadas a las prostitutas, ya que no podían votar, ni casarse, ni recibir herencias ni donaciones, ni testar, y lo que es peor en caso de sufrir algún abuso tampoco podían reclamar por robo o violación.

Vestimenta:
Afrodita ajustándose strophion.
Museo del Louvre.
La mujer romana solía ir vestida con una stola blanca, su uso les estaba vetado  a prostitutas y adúlteras, que estaban obligadas a vestir en la vía pública una túnica corta y de color pardusco, para diferenciarlas de la sobria matrona romana. Aunque dentro de los prostíbulos, las meretrices podían llevar todo tipo de vestidos lujosos que indicasen su refinamiento y su posible precio.

Señalar que el uso de esta vestimenta diferenciado en la vía pública también suponía un peligro para las prostitutas, ya que al ser mujeres sin derechos, se podía abusar de ellas sin temor a ninguna represalia, por lo que su uso se tuvo que limitar a la propia Roma y no al resto de ciudades de provincia.

Así con el paso del tiempo, las meretrices fueron vistiendo trajes cada vez más lujosos y sensuales, con colores de todo tipo, por lo que las mujeres romanas, cansadas de su aburrido estilo de vestir, copiaron e imitaron la forma de vestir de las prostitutas.

Las prostitutas se dejaban una banda pectoral (strophion), normalmente de color rojo o verde, incluso cuando se desnudaban completamente, para mantener los pechos turgentes y elevados.  En cuanto a su cabello, solían tenerlo teñido de rubio o llevaban exageradas pelucas. También se distinguían por su abundante maquillaje, afeites y coloretes, ojos agrandados con carboncillo, pezones de purpurina dorada y la superficie genital pintada de rojo bermellón, muchas de ellas depiladas. Para el mal aliento solían masticar pastillas de mirto y lentisco.

Un ejemplo del excesivo maquillaje y postizos que podían llevar una prostituta nos lo ofrece Marcial (IX, 37): “Aunque sin salir de tu casa, Gala, te hagas engalanar en plena Subura y te hagan los cabellos que te faltan; aunque por la noche te quites los dientes como te quitas el vestido de seda transparente, aunque te acuestes disimulada debajo de mil cremas y no duerma contigo tu propio rostro, me provocas con las cejas que sacas por la mañana de una caja y no tienes ningún respeto por tu coño ya canoso. Me prometes, a pesar de todo, mil maravillas. Pero mo polla se hace la sorda, y aunque sea tuerta, te ve, sin embargo, perfectamente. “

Lugares
Imagen cómic "Las Águilas de Roma".
En las ciudades existían numerosos lugares donde se ejercía la prostitución, por un lado estaban los barrios más marginales donde la prostitución se ejercía al aire libre en rincones cubiertos por soportales o arcadas como circos, teatros o termas, conocidos como fornices. 
También estaban los locales con licencia municipal empleados como burdeles, los conocido como lupanaria o prostibulum, éstos eran fácilmente identificables ya que solían tener un falo de piedra pintado de rojo bermellón sobre la puerta. También se ejercía la prostitución en lugares como hosterías y bares  (tabernae cauponae) donde habilitaban la trastienda (cellae meretriciae o meritorium) para este tipo de servicios. También se conocen pequeños cuchitriles adosados al exterior de algún edificio, conocidos como pergolae. La prostitución también se ejercía en otro lugares extraurbanos como cementerios, arboledas . Los ciudadanos más pudientes, para evitar entremezclarse con la plebe, utilizaban su propia domus para estos fines, incluso utilizando sus propios esclavos.

Las licencias municipales permitían dos tipos de locales según quién los regentase:
      - Casas propiedad de un proxoneta (leno o lena) . Eran los prostíbulos de mayor lujo, donde el propietario tenía un secretario (villicus puellarum)  que se encargaba del funcionamiento del prostíbulo, ya que éste era también un oficio despreciable (tampoco tenía derechos civiles), por lo que hacía las tareas de testaferro seguramente de algún señor más importante. Y es que el negocio de la prostitución era un negocio muy rentable.
      - Locales donde el proxoneta  simplemente se encargaba del alquiler de las habitaciones, de atender a los clientes y vigilar el local.

Muchos de estos locales tenían graffitis en sus paredes que anunciaban sus servicios:
“Eutique, griega, dos ases. De deliciosas habilidades”.
“Esperanza, de deliciosas habilidades. Nueve ases”.
“Soy tuya por dos ases de bronce”
“Pitane saluda a la clientela. Tres ases de bronce”
“Yo, Ilide, puedo contentar a tres hombres simultáneamente. Uno con mi boca, otro con el coño y el tercero por el culo”

Habitación de una prostíbulo de Pompeya.


Los prostíbulos en Roma y Pompeya:
No nos vamos a extender en este apartado, ya que tenemos un post donde se explica con detalle como eran los prostíbulos romanos.  Sólo decir que los burdeles de Roma se han descrito como lugares sucios, de escasa ventilación, llenos de malos olores y caracterizados por la falta de higiene y la acumulación de hollín y gases de las numerosas lámparas.

Por otro lado, estaban los locales más lujosos, perfectamente preparados y con todo lujos de detalles, donde trabajaban una gran variedad de personas: los scrupelae, encargados de recibir en la entrada a los clientes, los bacarii que rellenaban las jarras o también denominados aquarioli, si servían comida y bebidas. También podían contar con los servicios de las ornatrices, esclavas encargadas del embellecimiento de las prostitutas

En el siglo I d.c. el censo de Roma de prostituas era de 32.000, a las que hay que sumar todas aquellas que no se hubiesen dado de alto ante los ediles. Otro dato que nos indica la proliferación de este oficio es que en el siglo IV d.C en la ciudad de Roma estaban registrados oficialmente más de 50 locales de prostitución.
En la ciudad de Pompeya destaca el alto número de casas privadas que disponen de cubicula eróticas, estancias reservadas para satisfacer sus deseos sexuales con esclavas o prostitutas de alta clase.


Tipos de prostitutas:
Existía un amplio abanico de tipos de prostitutas, pasando por todo el espectro social: aunque normalmente la ejercían esclavas y libertas, también se conocen casos de mujeres libres que ejercían la prostitución voluntariamente.
Incluso desde muy pequeñas su destino podía ser la prostitución, ya que las hijas de esclavas o las niñas abandonadas podían ser recogidas para utilizarlas en un futuro con ese fin. Otros factores que podían llevar a la prostitución eran la pobreza, principal factor desde los inicios de los tiempos. También existen casos de mujeres libres condenadas por adulterio que ejercieron la prostitución  al estar incluidas por la ley en la categoría de probosae. Destacar también los casos de mujeres que se iniciaron a la prostitución “por vicio” como los famosos casos de Mesalina (esposa de Claudio) o Julia (hija de Augusto). 

 Tipos de prostitutas según su nomenclatura:
     Delicatae: Prostitutas de alto standing. Intentaban imitar el estilo de las meretrices griegas, utilizaban nombres exóticos, y decían ser expertas en otras artes: danza, literatura, música. Aunque los textos nos dicen que el refinamiento y elegancia de estas damas era más fachada que realidad. Solían trabajar por cuenta propia y sólo de noche y se solían alquilar por horas, por noche, incluso por temporadas.
      Prosedae: Putas callejeras, que esperaban a sus clientes sentadas en una silla.
      Lupae: Denominadas lobas, ya que atraían a sus clientes con un aullido de lobo. Éstas se situaban en parques y jardines  por la noche.
     Bustuariae: Eran las que ejercían la prostitución junto a los monumentos fúnebres en los cementerios. Su nombre proviene de Bustum que es donde se incinera un cadáver.
     Diobolaiae: Denominadas así por su bajo precio, dos óbolos, por lo que seguramente serían mujeres de bastante edad.
     Blitidae:  Las que ejercían la prostitución en las tabernae, recibían este nombre del blitum, una popular bebida.
     Forarie: Las que se situaban a las afueras de la ciudad o en sus entradas.
     Vaga puella o circulatrix: Se denominaban así a las que ejercían la prostitución buscando clientes deambulando por la calle.
     Tibicinae: Chicas flautitas que podían ejercer también la prostitución.
     Fornicariae: Denominadas así a las que ejercían la prostitución bajo las arcadas (fornices) de los grandes edificios abovedados.
     Cularae: Las que practican el sexo anal.
     Fellatrices: Las que practican sexo oral, que solían ser las de mayor edad.
     Putae: Proveniente de puteus, pozo. Eran las que trabajaban en torno a cuarteles, arsenales, escuela de gladiadores, etc.

Otros nombres genéricos eran:
    Paelex o pellex: que significaba concubina.
    Meretrix: Que deriva de merere, la que merece el dinero.
    Prostibilis o prostituere: Que significa exhibirse para la venta.
    Scortum: Que significa pellejo.

El precio:
El precio de los meretrices romanas eran tan variado como el tipo de prostitutas existentes: ya hemos visto que las más baratas recibían su nombre de su precio: diobolaiae, dos óbolos  y las quadrantariae, un quadrans, que eran precios muy miserables. Las fuentes literarias y los graffiti pompeyanos nos hablan de unos precios medios entre 2 y 16 ases.

Plauto nos describe de manera muy gráfica a las más desgraciadas entre todas las prostitutas, las que sus ganancias son dos paupérrimos óbolos: “¿Quieres mezclarte con estas miserables prostitutas que esperan al cliente, estas amantes de los mozos de panadería, estos desechos que sólo sirven para criados cubiertos de harina, estas desgraciadas famélicas, empapadas de perfume barato, placeres repulsivos que huelen a burdel y cerrado solo para el esclavo? Lo único que saben es permanecer en sus taburetes durante horas, a las que un hombre libre no toca ni lleva a su casa ¡Cuantas pieles viejas! Los esclavos más hediondos las comprar por dos óbolos”

6 óbolos= 1 denario=16 ases / 1 cuadrans= un cuarto de as.
Recordar que el pago de media jornada de un trabajador era de alrededor de 2 ases, por lo que ganaban mucho más dinero que cualquier otra mujer en otra ocupación.

Lógicamente ser prostituta no era un negocio muy rentable, los mayores beneficiarios eran los dueños de los prostíbulos, tabernas y locales donde se ejerciese la prostitución, así como los proxonetas (leno). Además después tenían que asumir una serie de gastos fijos:, el alquiler, maquillaje, vestimenta e incluso los impuestos estatales, mencionar el vectigal ex capturis, gravamen diario que solía costar el precio de un servicio.

Hablando de monedas, es necesario recordar la existencia de las famosas spintriae, las monedas romanas del sexo, que ya vimos en un post anterior.

Spintriae.


Leno:
El leno era un proxoneta, la figura del "chulo" de hoy en día, que se encargaba de la seguridad de las prostitutas pero también las explotaban y se quedaba con la mayor parte de sus ganancias. Los lenos estaban socialmente muy mal vistos, también eran personajes sin derechos. Por todo ello, el leno tenía que ser una persona bastante violenta , peligrosa y sin escrúpulos,  ya que siempre estaba lidiando con camorristas y borrachos, ya que es él el que negocia el precio con los clientes, pudiéndoles negar el paso si no tenían dinero.


Además solían reclutar nuevas prostitutas recogiendo niñas abandonas haciéndolas criar para después meterlas a putas, o comprando directamente a nuevas esclavas.
Plauto los describió así: “la casta de los lenos no vale más que las moscas, mosquitos, piojos y pulgas; son odiosos malhechores, dañinos e inútiles” El leno no puede tener orgullo porque “cuando uno se mete en este oficio tiene que tragarse sin rechistar todos los insultos de los jovencitos”

Fiestas:
Flora en la "Primavera" de Boticelli.
Recogiendo la tradición griega de las aphrodisiae, las prostitutas contaban con algunas festividades cada año, celebrando culto a la diosa Venus para que les propiciase éxito y seguridad. Entre ellas destacan la de la Venus Ericina, diosa del amor pasional, cuyo culto se celebraba el 23 de Abril. Dos días después, los hombres prostitutos también celebraban su festividad.
Otra fiesta donde las meretrices tenían gran presencia era en los juegos florares, dedicados a Flora, (28 Abril al 3 de Mayo), donde se realizaban espectáculos nocturnos donde las prostitutas desnudas excitaban a los espectadores con danzas y bailes, mientras publicitaban sus servicios.

Bibliografía:

Eslava Galan, J., La Vida amorosa en Roma, Temas de Hoy, 1996.

Herreros González, C., Las meretrices romanas: mujeres libres sin derechos, Iberia: Revista de la Antigüedad, Nº 4, 2001 , págs. 111-118.

Poveda Navarro, A.M., Negotium sexual: la prostitución en la cultura romana, Sexo y erotismo: Roma en Hispania, [catálogo de la exposición] / coord. por Antonio Manuel Poveda Navarro, Francisco José Navarro Suárez; Ana María Vázquez Hoys (col.), José Miguel Noguera Celdrán (col.), 2009, págs. 97-117.

Robert, J.N., Los placeres en Roma, Madrid, Editorial Edaf, 1992.

Robert, J.N.,  Eros romano: sexo y moral en la antigua Roma, Complutense, 1999.
Violaine Vayoneke, La prostitución en Grecia y Roma, Editorial Edaf, 1991.


sábado, 22 de marzo de 2014

Diccionario Sexual Latino


En la lengua española contamos con un amplio repertorio para referirnos a cualquier término relacionado con el sexo, cualquiera es capaz de utilizar más de cinco palabras diferentes, para referirnos al pene o al acto sexual; como veremos a continuación los romanos no se quedaban atrás, la cultura latina despliega un lenguaje bastante prolífico, en cuanto a su lenguaje sexual, lleno de palabras groseras, impúdicas y obscenas,pero también alcanzando grandes dotes de originalidad e ironía.

Las Fuentes:

Príapo.
Una de las principales fuentes de este tipo de lenguaje proviene de los poetas satíricos, sobretodo las obras de Catulo y Marcial, este último nacido en Bilbilis, la actual Calatayud. Otra fuente esencial pra conocer el lenguaje utilizado en torno al sexo son los Priapeos (Carmina priapea), unos elegantes poemas de carácter erótico-jocoso que tienen como protagonista al dios Príapo, también son una fuente esencial para conocer el lenguaje utilizado en torno al sexo.

Otro autor que nos aporta numerosas groserías latinas es Cicerón que en sus "Cartas a mis amigos" (Epistulae ad Familiares) confirma la condición de profanas y obcenas de muchas palabras. Por otro lado, los textos medicinales y naturales también nos aporta vocabulario técnico sobre algunas palabras relacionadas con el sexo.

Y finalmente, mencionar los grafitos pompeyanos, que son el mejor ejemplo de este lenguaje coloquial y obsceno que utilizaban en la antigua Roma, ya que son expresiones espontáneas que nos señalan la afición de los romanos por plasmar en las muros de su ciudad, multitud de anécdotas de su vida cotidiana. Las que nos interesan a nosotros en esta entrada son las de carácter obsceno, los anuncios de prostitutas, las anécdotas sexuales de algunos sus ciudadanos, las bromas, insultos y declaraciones de amor que van desde el lenguaje más burdo y simple hasta textos de gran agudeza mental e ingenio.

Breve Diccionario Sexual Latino

Mentula: Polla
Verpa: Picha (si está descapullada)
Mentula languida: Picha floja
Mentula rigida: Polla dura
Culus, Clunis:Culo
Cunnus: Coño
Landica, Crista: Clítoris
Coleus: Cojón
Muccus: Semen
Tesiculus: Testículo
Futuo: Follar
Emucare, Frui, Eiaculari: Correrse
Fello: Felación
Basiare, Dare Basia: Besar
Cunnum linguere: Lamer el coñoAnum linguere: Annilingus
Capite demisso: Bajar al pilón
Pedes tollere: Abrise de patas
Coxim : Poner el trasero
Frico, sollicito, masturbor: Masturbarse
Irrumatio: Meterla en la boca
Petere Summan: Buscar la boca
Prurire, Crissare, Perpruriscere,
Sollicitare
: Estar cachondo
Moechari: Cometer adulterio
Tractare: Masturbar

















 Vamos a detenernos en algunas de ella:

CUNNUS: El coño

Los romanos utilizaron un gran cantidad de metáforas para referirse a la vulva de la mujer: Desde Oppidilum (la ciudadela) para Petronio, porque está bien escondido; pasando por metáforas más agrícolas como "sulcus" (surco), labrado por el "vomer", que es la reja del arado. Aunque la palabra más corriente, y vulgar, para referirse a la vulva, vendría ser nuestro coño de toda la vida, el "cunnus", palabra que no sólo reflejara en innumerables graffitis pompeyanos, sino recogida en la plumas de los más altos autores romanos como Cicerón, Catulo o Marcial.

Por otro lado, se consideraba lo natural tener pelo, ya que el rasurado del cunnus era más propio de prostitutas, respecto a esta postura tenemos a un poeta callejero pompeyano que nos dejó en un graffiti está categórica frase:"Un coño peludo se besa mejor que un coño afeitado".

EXSORBERE Y EXPATRARE: Correrse, para una mujer o para un hombre.
 
Para los romanos, el placer sexual se consideraba algo normal y natural, por lo que tuvieron diferentes palabras para denominar el orgasmo femenino y masculino. 
 
Para ellas, utilizaron "exsorbere", culminar; y para ello, "expatrare", eyacular. Aunque no nos engañemos la sociedad romana era muy machista, por lo que el placer del hombre romano, era todo lo que articulaba la cultura sexual, por eso fue tan polémico "El arte de amar" de Ovidio, ya que entre otras cosas, osó equiparar el placer femenino con el masculino.

Aunque hablando de orgasmos y placer no podemos dejar de referenciar la historia de Tiresias, un hombre que intervino en una discusión entre Zeus y Hera sobre quién disfrutaba más en el sexo, si hombres o mujeres. Y es que el truhan de Zeus justificaba sus deslices e infidelidades argumentando que la mujer disfrutaba más que el hombre. Para salir de dudas decidieron preguntarle al sabio de Tiresias, un hombre que por diversas maldiciones había sido covertido en mujer, para posteriormente recuperar su versión masculina. ¿Quién mejor que él que había disfrutado de los placeres siendo de los dos sexos para zanjar esta discusión?
 
Cuando Hera y Zeus le preguntaron sobre cuál de los dos sexos obtenía mayor goce, Tiresias no dudó: «La mujer experimenta nueve veces más placer que el hombre».

Hera, ofendida por haber descubierto su secreto, lo castigó dejándolo ciego. Cuando Zeus se enteró de ello, quiso compensar el maleficio y otorgó a Tiresias una larga vida y el don de la profecía a través de la clarividencia.

 FELLARE: Hacer una felación.

La práctica de la felación, aunque era bastante apreciada para los hombres, muchos otros lo consideraban una perversión, especialmente si la practicaba una mujer, o un hombre, honrado.  Por ello, Catulo cargaba contra Lesbia por practicar felaciones a todo hombre que se cruzase en su camino. Marcial no podía dejar escapar su machismo recalcitrante y decía que lo mejor de las felaciones es que obligabas a la mujer a estar callada.

IRRUMARE:  Obligar a una felación

Esta expresión era uno de los insultos más extendidos, ya que una de las mayores deshonores que un hombre podía sufrir era éste, "ser follado por la boca", es decir, si en la felación la boca es la parte activa del sexo oral, en la irrumación, es el pene la parte activa. Por lo que este término se utilizaba como injuria habitual,

LANDICA: El clítoris

Aunque existen varios términos para referirse al clítoris, uno de los más populares fue el de "landica", que literalmente significa "botón". Otro término muy utilizado fue el de "crista", cresta.

NATES: Culo

El culo de los hombres se suelen denominar "puga", palabra de origen griego. Aunque para las mujeres se suelen utilizar dos conceptos diferentes. "Clunes" se emplea para un trasero redondeado y "Nates" un trasero más pequeño o con una connotación más erótica.

Así Juvenal para referirse a las exóticas y sensuales bailarinas gaditanas clamaba:

"Forsitan expectes ut Gaditana canoro
incipiant prurire choro plausuque probatae
ad terram tremulo descendant clune puellae"

 "Tal vez deberías esperar a las cantantes gaditanas
que empiecen su picante bailes y palmadas,
y las nalgas de las muchachas desciendan temblando hasta el suelo"


 
A continuación ofrecemos algunos de los ejemplos más significativos donde podemos observar el amplio lenguaje en torno a la sexualidad que utilizaba el pueblo romano:


 I.- Priapeo: Un pequeño poema recogido en el priapeo
Qui sum ligneus, ut vides, Priapus
et falx lignea, ligneusque penis,
Prendam te tamen et tenebo prensum Totamque hanc sine fraude,
quantacumque est,

Tormento citharaque tensiorem
Ad costam tibi septimam recondam.
Aunque como ves yo, Príapo,
soy de madera, igual que de madera
son mi hoz y mi pene,
te tomaré y teniéndote así te la meteré,
toda entera, por muy grande que sea,
más tensa que una cítara,

hasta la séptima costilla.










II.- Graffitis pompeyanos
  • Cosmo, hijo de Equicia, gran invertido y mamón, es un pierniabierto.
  • Satir, no te dediques a chupar coños fuera de casa. Hazlo dentro.
  • El que eructa a polla ¿qué crees que ha cenado?
  • ¿Estás fláccido, nabo mío? La jodienda desploma a cualquiera.
  • Llorad, chicas. Mi pene ha renunciado a vosotras. Ahora perfora el trasero de los hombres. Adiós, maravillosa feminidad.
  • Veneria le ha lamido la méntula a Maximo toda la vendimia, dejando sus agujeros vacíos y sólo su boca llena
  • Harpocras folló aquí estupendamente con Drauca por un denario.
  • Aquella muchacha, a quien le he escrito una sola vez y me ha leído, ésa me pertenece con todo derecho: pero la que dice su precio, esa no es mía, sino de todos.

TIBERI LINGE ME
Tiberio, chupámela

III.- Poema de Catulo conocido como Carmen 16; fue escrito en endecasílabos y como respuesta a las críticas de Furio y Aurelio que consideraban su poesía muy blanda, propia de una mujer.

Pedicabo ego vos et irrumabo,
Aureli pathice et cinaede Furi,
qui me ex versiculis meis putastis,
quod sunt molliculi, parum pudicum.
Nam castum esse decet pium poetam
ipsum, versiculos nihil necesse est;
qui tum denique habent salem ac leporem,
si sunt molliculi ac parum pudici,
et quod pruriat incitare possunt,
non dico pueris, sed his pilosis
qui duros nequeunt movere lumbos.
Vos, quod milia multa basiorum
legistis, male me marem putatis?
Pedicabo ego vos et irrumabo.
Os daré por el culo y me la chuparéis,
maricón de Aurelius y Furius el sodomita,
que me considerásteis poco decente
por mis versos, porque son delicados.
Pues es conveniente que casto lo sea
el buen poeta en persona,
pero en nada deben serlo sus versos,
que sólo tienen sal y gracia si son poco decentes y delicados
y pueden excitar los deseos no digo ya de los muchachos,
sino de esos velludos que ni siquiera pueden
mover sus duros lomos.
Vosotros, que habéis leído muchos miles de besos,
¿me considerais un maricón?
Os daré por el culo y me la chuparéis.