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sábado, 12 de agosto de 2023

Los gabinetes secretos de la Nobleza española

4.- El Infierno de la Biblioteca Nacional Francesa
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  Los gabinetes reservados de la nobleza hispánica:

Esta temprana afición de la nobleza por los gabinetes secretos se confirma con la colección que creó el polémico secretario de Felipe II, Antonio Pérez, que en muy poco tiempo fue capaz de acumular una gran fortuna e invertir parte de ella en decorar una sala reservada, de claro carácter erótico, en su residencia urbana cerca de Atocha, donde se podían contemplar joyas de la pintura universal como el 'Adán y Eva' de Tiziano o varios de los famosos 'Amores de Júpiter' de Correggio.

Adán y Eva, de Tiziano.
Museo Nacional del Prado.

Por otro lado, algunos de los nobles enviados por la Corona a los distintos territorios europeos aprovecharon su estancia en el extranjero, lejos de la mirada inquisitorial, para formar sus propias pinacotecas.

Sabemos que el VI conde de Monterrey, embajador en Roma y virrey de Nápoles, o el I Marqués de Leganés, gobernador en Flandes, fueron grandes coleccionista de arte, existiendo entre sus posesiones destacados desnudos femeninos. El susodicho Marqués de Leganés, logró reunir una colección de más de 1000 lienzos, reservando una sala de su palacio de Morata de Tajuña exclusivamente a aquellos cuadros con representaciones de mujeres desnudas.

Contamos además con el excelente trabajo del profesor García Cueto, "La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII", donde se nos desvelan tres pinacotecas nobiliarias en el Madrid del siglo XVII con un alto componente erótico, como fueron la del marqués del Carpio, la del almirante de Castilla y la del marqués de Castel Rodrigo.

Gracias al inventario realizado en su momento a estas colecciones, sabemos que los Almirante de Castilla, tanto padre como hijo, cultivaron un gusto muy desarrollado por las obras de arte, manteniendo una inmensa pinacoteca ordenada en diferentes estancias y habitaciones de manera temática, por lo que sabemos que existieron dos habitaciones destinadas a albergar únicamente obras de desnudos, tanto mitológicos como bíblicos, entre los que destacaban una Diana desnuda, un rapto de Proserpina, una Bacanal, una Betsabé en el baño y alguna que otra Venus.

Pero si hay que destacar dos gabinetes reservados estos son el del Marqués del Carpio y el de Manuel Godoy, ya que ambos parecen tener una clara intencionalidad erótica, es decir, su pasión por las pinturas de desnudos iba mucho más allá de un mero placer coleccionista o de una simple moda pasajera.

Sus gabinetes fueron creados para deleitar los sentidos y cargar esas estancias de un ambiente erótico para desatar la pasión amorosa de sus visitantes.



El palacete del amor del Marqués del Carpio


El marqués del Carpio, más conocido como don Gaspar de Haro y Guzmán fue uno de los más destacados coleccionistas de arte de su tiempo, logrando atesorar más de 3.000 lienzos. A esto hay que sumar una vida personal algo libertina y disipada, salpicada por escándalos de índole sexual.

Por lo que el marqués contaba con todos los ingredientes para formar una de los gabinetes secretos más importantes de todos los tiempos, más aún, si sabemos que la joya de su corona, era nada más y nada menos que la excepcional y trasgresora 'Venus del espejo' de Velázquez.

Venus del espejo, de Diego Velázquez.
National Gallery, Londres.

Además, también sabemos que el marqués acondicionó un pequeño palacete en Huerta de Sora, para instalar allí a sus diferentes amantes y convertir ese espacio en su refugio para sus aventuras extraconyugales, por lo que no dudó en decorarlo con evidentes motivos sensuales, tal y como sugieren las descripciones de varios de sus techos pintados al temple, por lo que algunas de sus estancias tuvieron que ser toda una "exaltación visual del amor".


El gabinete de Manuel Godoy


Aunque, sin duda, el gabinete nobiliario más famoso de todos los tiempos fue el del extremeño Manuel Godoy, válido de Carlos IV, y uno de los personajes más poderosos su época. Quien gracias a su creciente fortuna, su influencia y su desmedido poder fue capaz de atesorar en su colección privada más de 1000 pinturas, repartida entre sus numerosos palacios y mansiones.

Pero si lo traemos a este blog es porque en unos de sus palacetes de Madrid, el conocido como Palacio de Godoy, albergó uno de los mejores gabinetes de desnudos de la historia del arte. 
 
Sabemos que adquirió de manos de la XIII duquesa de Alba dos de los desnudos más controvertidos de su época: 'La Venus del espejo' de Velázquez y 'La escuela del amor' de Correggio.
 
LA MAJA DESNUDA

Pero su fascinación por la pintura de carácter erótico iba mucho más allá, ya que no dudó en encargar uno de los cuadros más polémicos de todos los tiempos a otro genio de la pintura. Estamos hablando de 'La maja desnuda' de Francisco de Goya, un cuadro envuelto en continúas polémicas y debates: ¿quién lo encargó?, ¿quién es la mujer representada? ¿cuándo se pintó?. Nosotros nos sumamos a la teoría de que el lienzo fue un encargo de Godoy a su protegido Francisco de Goya, un cuadro sólo para su disfrute personal, ya que la mujer retratada era su joven amante Pepita Tudó.

Las Majas de Goya.

 

Pero este lienzo va mucho más allá de cualquier representación anterior, ya vimos en anteriores post, cómo aquellos cuadros con desnudos de mujeres habían despertado cierto rechazo por parte de las autoridades oficiales, pero artistas y mecenas escudándose en la representación de temas mitológicos o bíblicos habían podido explorar la sensualidad del cuerpo femenino.

Pero es ahora, la primera vez en la historia del arte, donde se representa una mujer desnuda mostrando el vello púbico, sin más, sin ningún tipo de trasfondo bíblico o mitológico, una mujer, sensual, altiva y desafiando con la mirada al espectador, haciendo de este cuadro una de las obras más eróticas y sensuales de todos los tiempos.

¡Hay que imaginarse el asombro que tuvo que causar dicha representación en su tiempo!


Así pues la existencia de su gabinete privado vendría confirmado por las numerosas visitas que por allí pasaron, como la del grabador Pedro González de Sepúlveda de quién obtenemos la primera referencia sobre la existencia de 'La maja desnuda': "colgaba allí en un «gavinete interior» junto con otras Venus, una desnuda de Goya pero sin divujo ni gracia en el colorido".

Por lo que Godoy, siendo el personaje más poderoso de su tiempo, no tuvo ningún reparo en mostrar abiertamente este comprometido gabinete a amigos y conocidos, decorado con algunas de las más hermosas y sensuales Venus realizadas por pintores de la talla de Velázquez o Tiziano. 

Además todo parece indicar que Godoy se guardaba una sorpresa final para sus visitantes...

Es muy probable que 'La maja vestida' estuviese sobrepuesta sobre 'La maja desnuda', y mediante la activación de algún mecanismo de poleas, la primera maja se deslizase para descubrir a la maja desnuda.


Pero en 1808, tras el desastre de Trafalgar y la invasión de las tropas napoleónicas, estalla el Motín de Aranjuez, produciéndose la caída de Godoy, a quién el pueblo señaló como el gran culpable de la situación del país. Gran parte de sus bienes fueron saqueados, y su pinacoteca fue confiscada tanto por parte del Estado como por tropas napoleónicas.

Como dato curioso, y para poder comprender el peso que ha tenido la Iglesia en nuestro país, apuntar que su pinacoteca, una vez confiscada, fue revisada por la Santa Inquisición (vieja enemiga de Godoy), catalogando muchas de sus obras como obscenas. Su poder era tal, que hicieron comparecer ante sus tribunales al mismísimo Francisco de Goya, todo un pintor real, para interrogarle entre otras cosas por sus majas. Aunque poco más se sabe de este asunto, ya que gracias a la mediación de algún personaje influyente el caso fue sobreseído...

Pero las majas, y otras pinturas indecorosas, fueron enviadas a la real Academia de Bellas Artes de San Fernando, permaneciendo enclaustradas, lejos de miradas indiscretas hasta prácticamente el siglo XX.

Conclusión

Como hemos podido comprobar a lo largo de esa serie de post parece que hubo una cierta tendencia entre la aristocracia cortesana madrileña a crear "gabinetes secretos" o como mínimo a coleccionar obras de artes con una alta carga de erotismo. Seguramente los motivos de cada persona fuesen distintos: desde los más puristas del arte que solo querían coleccionar obras de arte, pasando por aquellos que buscaron en los temas mitológicos dar esplendor y solera a sus casas, hasta los nobles más libertinos que no dudaron en crear auténticas salas de placer visual hedonista, ya fuese para presumir con sus amistades más íntimas, o para dar rienda suelta a sus más hondas pasiones o perversiones.




BIBLIOGRAFÍA


GARCÍA CUETO, D.; La pintura erótica en las colecciones aristocráticas madrileñas de la segunda mitad del siglo XVII, Visiones de pasión y perversidad / coord. por Víctor Manuel Mínguez Cornelles, Inmaculada Rodríguez Moya, 2014, págs. 40-57
GEORGE, B., Las lágrimas de Eros, Barcelona, Tusquets, 1997.EDWARD, L., Sexuality in Western Art, Londres, Thames and Hudson, 1991.
MORÁN, M. y CHECA, F., El coleccionismo en España, Madrid, Cátedra, 1985.
PORTÚS, J. La Sala Reservada del Museo del Prado y el coleccionismo de pintura de desnudo en la Corte española, 1554-1838, Madrid, Museo del Prado, 1998.
VV. AA., El desnudo en el Museo del Prado, Madrid y Barcelona, Fundación Amigos del Museo del Prado y Círculo de Lectores, 1998.


[En Internet]

La colección de arte de Godoy en
https://art-y-cultura.blogspot.co.uk/2015/06/la-coleccion-de-arte-de-godoy-digna-de.html

domingo, 28 de mayo de 2017

Historia de la sexualidad en América

Historia de la Sexualidad en América:
- Mesoamérica:
Capítulo 1.- Religión y Sexualidad en Mesoamérica
Capítulo 2.- Cultos a la fertilidad y cultos al falo.
Capítulo 3.- La moral sexual (próximamente)
Capítulo 4.- La prostitución (en preparación)
- Perú:
Capítulo 1.- La cultura Moche y sus increíbles cerámicas eróticas

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Introducción

Una de las asignaturas pendientes de este blog ha sido todo lo relativo al mundo de la sexualidad y el erotismo en las culturas americanas. Un universo tan fascinante como diverso, y que, por desconocimiento, no nos hemos atrevido a sumergirnos en él de lleno.

Pero antes de iniciar este recorrido me gustaría disculparme de antemano por los posibles errores a la hora de identificar los muy diversos pueblos y culturas que poblaron la América precolombina, ya que mi educación eurocentrista del mundo y su historia pueda hacer que caiga en errores de bulto sobre estas culturas o en algunos de los términos utilizados.

A pesar de todo esto, o precisamente por todo ello, hemos decidido ponernos manos a la obra e iniciar una serie de post donde iremos desengranando la sexualidad y el erotismo de los diferentes pueblos y culturas americanas (aztecas, mayas, toltecas, incas, ...), el impacto de la llegada de los europeos a América y la nueva moral sexual que surgió de la fusión de estos dos mundos.

Debido a la falta de tiempo, iremos construyendo esta historia de la sexualidad en América a salto de mata,  sin aparente orden ni concierto, aunque con el paso del tiempo esperamos que cada artículo ayude a configurar una visión global del concepto de sexualidad, erotismo y belleza en las muy diversas culturas americanas.

Esculturas en barro de Tlatilco en la capital de México.

Un choque de dos mundos

Cuando los españoles llegaron a América no sólo se produjo un encuentro entre dos mundos completamente diferentes, sino también el choque de diversas culturas con visiones muy diferentes de cómo entender la sexualidad de las personas.

Mientras en Europa, la Iglesia Católica había podido imponer su visión negativa de la sexualidad humana, reduciendo su expresión a un fin únicamente reproductor. Para los pueblos indígenas la sexualidad estaba estrechamente vinculada con sus divinidades, siendo una fuerza muy presente en su vida cotidiana, y aunque algunos pueblos mantuvieron estrictas normas sexuales, el placer sexual nunca fue contemplado como algo negativo o pecaminoso.

El placer sexual era considerado un regalo de los dioses, por lo que el sexo no sólo se limitaba a la reproducción sino también abarcaba una concepción de la sexualidad gozosa.



Por todo ello, nos podemos imaginar el tremendo choque cultural que se produjo cuando los españoles contemplaron algunas de las costumbres amerindias: sacrificios humanos, la desnudez de sus gentes, rituales con un alta carga sexual, la liberalidad de algunos pueblos, la poligamia,... incluso algunos aspectos aún muy discutidos entre los propios historiadores como la existencia, o no, de orgías rituales colectivas o la polémica sodomía, práctica bastante habitual entre algunos pueblos americanos.

Pieza del Museo Nacional
de Antropología de México
Escultura con falo
arrancado.
Todo ello sirvió para que muchos cronistas de las Américas justificarán la colonización, al tildar a muchos de estos pueblos como amorales, salvajes o libidinosos, por lo que era necesario enseñarles los valores "civilizados" de la cristiandad. Aunque curiosamente, no faltaron cronistas que elogiaron la moral sexual de algunas de sus culturas, como la de los mexicas, cultura con unos cánones sexuales muy estrictos, donde se inculcaban a sus jóvenes valores como el respeto por la familia, el carácter sagrado del matrimonio, la importancia de la virginidad en sus mujeres o el valor de la continencia sexual de sus jóvenes varones...

Pero no nos engañemos, el abismo entre las dos culturas era enorme, por lo que la polémica sobre la moral sexual de estos pueblos fue una de las principales preocupaciones de los evangelizadores. Especialmente problemático para la evangelización de las élites indígenas fue erradicar costumbres propias de su status social, como la poligamia.

Aunque si por algo destacó la conquista de América no fue precisamente por la libido desenfrenada de los pueblos indígenas sino más bien el desenfreno sexual de los propios conquistadores teniendo a las mujeres indias como principal botín de reparto y dándose casos de abusos y corrupción de costumbres de toda índole.

Pero preferimos dejar este polémico asunto para más adelante, y empezar nuestro recorrido analizando como concebían la sexualidad las diferentes culturas y civilizaciones amerindias. Un camino nada fácil, ya que como siempre, en todo lo relativo al sexo y al erotismo, nos encontramos con un problema muy común, la problemática de las fuentes.


Orgía  en una escultura de Tlatilco,
cultura mesoamericana del valle de México.

El problema de las fuentes y la censura

El primer problema al que nos enfrentamos a la hora de hablar de la sexualidad en época prehispánica es que los conceptos utilizados para describir sus prácticas, como los conceptos de "amor", "erotismo", "homosexualidad", "prostitución", etc. son términos derivados de nuestra visión occidental del mundo, por lo que muchos de ellos guardan poca o nula similitud con la percepción original que podían tener estos grupos indígenas de estos mismos valores.

Otro de los grandes problemas a los que nos enfrentamos es que la mayor parte de las fuentes escritas son indirectas, por lo que aun contando con un buen número de fuentes que recogen sus ritos y ceremonias, incluso fuentes de origen nauac, estas fuentes son post conquista por lo que la interpretación de los hechos que ven (o llegan a sus oídos) están distorsionados al pasar por el filtro de la moral y la censura cristiana, transmitiéndonos una visión parcial e interesada de costumbres y ritos.

Falo de la cultura huasteca.
http://museopalaciodebellasartes.gob.mx
Un claro ejemplo de todo ello nos lo proporciona Bernal Díaz del Castillo que en su relato sobre los pueblos indígenas nos dice sobre los huastecos (cultura desarrollada en el sureste del actual México): "Eran todos sométicos, en especial los que vivían en la costa y tierra caliente. [...] tenían excesos carnales hijos con madres y hermanos con hermanas y tíos con sobrinas, halláronse muchos que tenían este vicio de esta torpedad; pues de borrachos no les sé decir de tantas suciedades que entre ellos pasaban".

Por este mismo motivo cabe sospechar que muchos de los cronistas de las Américas trataron de ocultar buena parte de las prácticas más explícitas o amorales a sus ojos cristianos, aunque es evidente que existieron todo tipos de cultos y ceremonias donde la sexualidad estuvo muy presente, como rituales de masturbación o rituales orgiásticos.

Así, por ejemplo, uno de esos documentos fundamentales para entender la sexualidad en el México prehispánico es el "Canto de las Mujeres de Chalco",  ya que este texto aborda gran cantidad de conceptos relacionados con la sexualidad como pueden ser el placer, el deseo, el erotismo, el embarazo, la potencia viril,... Pero su recopilación y traducción está realizada por españoles, por lo que es probable que la información que les llegase a ellos ya estuviese alterada, por no mencionar, que mucha de la información obtenida podía ser tergiversada, incluso de manera inconsciente al adaptarla al imaginario occidental de esa época.

Esta censura, no sólo se limitó a los primeros cronistas europeos, sino que se ha prolongado durante siglos hasta prácticamente nuestros días, al ocultar al gran público numerosos vestigios de temática sexual. Y no sólo nos referimos a aquellos testimonios más polémicos como pueden ser la homosexualidad o las representaciones explícitas de actos de cópula, sino que incluso afecta a un culto tan extendido e importante como fue el culto fálico.

Muchas de estas representaciones fueron tildadas por los primeros españoles como símbolos satánicos, por lo que muchas de ellas fueron destruidas o aquellas esculturas de carácter itifálico fueron mutiladas.

Códice Borbónico, Lámina 30.

Esta censura se extendió a lo largo de los siglos hasta prácticamente nuestros días. Por un lado, todos estos elementos, a ojos de los ya "modernos" habitantes del país, configuraban una visión "deshonrosa" de las raíces identitarias de sus pueblos, culturas o naciones. Pero lo que es más grave es que esta censura se haya extendido hasta el sector académico, ya que apenas existen estudios generales sobre la sexualidad en las culturas americanas y muchas de estas piezas aún están custodiadas en los grandes almacenes de los museos sin atreverse a exhibirlas públicamente.

Por último nos gustaría reseñar un último factor que hay que tener en cuenta como es la idiosincrasia y particularidades de cada pueblo, por lo que es peligroso caer en grandes generalizaciones, ya que cada cultura mesoamericana tenía sus propias costumbres y prácticas sexuales, habiendo culturas más abiertas o cerradas. Por ejemplo, los mexicas eran mucho más cerrados en cuestiones de sexualidad si los comparamos a otros pueblos cercanos como los huastecos o totonacos, mucho más "liberales" en ciertas costumbres sexuales.


Pues una vez planteadas estas cuestiones preliminares estamos listos para iniciar este viaje  a las Américas...  donde recorreremos de norte a sur el gran continente americano, deteniéndonos en sus grandes culturas para intentar comprender qué concepto de la sexualidad, la belleza o el erotismo tenían, nos adentraremos sin tapujos en sus ritos y cultos más libertinos y expondremos aquellas piezas arqueológicas que aún siguen ocultas en los fondos de muchos museos.

Un viaje apasionante que esperamos recorrer con tu compañía... ¡os esperamos!

Instituto de arte de Chicago cultura moche Perú 100 B.C.- A.D. 500




Bibliografía


 http://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/la-sexualidad-en-la-tradicion-mesoamericana

Alcina Franch, J.; Procreación, amor y sexo entre los mexica.

Baudez, C.F.; Sacrificio y culto fálico en Yucatán, Sociedad española de estudios mayas, Nº19, 2007.

Gamero Esparza, Carlos (2005): La sexualidad en el Perú Pre-colombino: Kamasutra indiano. Vivat Academia. nº 65. Mayo. 2005. Páginas 1-92.

Ortega Domínguez, I.; Culte du Phallus au Mexique: un álbum lleno de secretos.




 Imágenes extraídas de: www.pueblosantiguos.com




sábado, 25 de febrero de 2017

La sala secreta del Museo del Prado

Las 'Salas Secretas' de los Museos:
1.- Gabinete de Objetos Obscenos de Nápoles
2.- British Secretum, el armario 55
3.- Salas secretas y pinacotecas eróticas en la España Moderna
3.1.- La Sala Secreta del Museo del Prado
3.2.- Los gabinetes reservados de los nobles
4.- El Infierno de la Biblioteca Nacional Francesa
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La Sala Secreta del Museo del Prado

Hoy en día cuando paseamos por los pasillos de un museo miramos casi con indiferencia las imágenes de desnudos que se despliegan ante nosotros, sin apenas ser conscientes del efecto turbador que causaron esas mismas imágenes a nuestros antepasados...

Por lo que nunca está de más recordar que la contemplación de un cuerpo desnudo en su totalidad es un fenómeno contemporáneo, ya que ni siquiera en la intimidad del lecho conyugal se solía ver el cuerpo desnudo de la mujer (incluso las más descaradas meretrices solían tapar sus partes más íntimas).

No nos puede sorprender que estas imágenes de desnudos fueran consideradas tan escandalosas que solo los personajes más poderosos se atrevían a custodiarlas en sus colecciones privadas.


Normalmente guardadas en salas reservadas o escondidas tras gruesas cortinas, incluso sabemos que desnudos de grandes artistas fueron pasto de la moral y el fuego de la Inquisición.

'Dánae' de Tiziano, una de las obras más sensuales (y polémicas) de todos los tiempos.

Por ello os invitamos a poneros en la piel de uno de estos poderosos personajes y sentir por un momento la emoción que embriagaría sus sentidos al entrar en una de esas salas reservadas y contemplar la belleza de esos cuerpos desnudos destinados sólo para sus ojos. O el temblor que sacudiría todo su ser cada que vez que descorría la cortina que ocultaba alguno de sus más preciados tesoros.

Unos desnudos que sugerían mucho más que el mero placer estético de un cuerpo desnudo, sino que contendrían todo un simbolismo erótico y sensual que convertía estas obras en auténticas afrentas contra la moral imperante. De ahí que gran parte de ellas hayan pasado la mayor parte de su existencia escondidas en salas reservadas.

Y cómo no podía ser de otra manera nuestro Museo del Prado también albergó una Sala Reservada con más de 70 lienzos de desnudos. Una sala que apenas estuvo vigente 10 años, entre 1827 y 1838, y es que el efecto de concentrar todas estas obras sensuales en una sola habitación despertaba aún más las fantasías eróticas de sus posibles visitantes que el integrarlas entre el resto de colecciones del Museo.

Un viaje de 500 años...


Pero este viaje hay que iniciarlo varios siglos atrás, ya que se puede decir que fue Carlos V quién inició esta colección de obras eróticas.

Cuadros y lienzos que se fueron acumulando en las colecciones reales, adaptándose a los gustos y pasiones de nuestros monarcas, pero también a sus fobias y prohibiciones, sufriendo numerosos episodios de censura y confinamiento en salas reservadas.


Adán y Eva, Alberto Durero (1507).
Óleo sobre tabla. Museo del Prado.
Los dos grandes impulsores de esta colección de desnudos, probablemente la mejor de toda la Europa Moderna, se la debemos a dos reyes fundamentalmente, que aunque de carácter totalmente dispar, sí que compartieron ese gusto por esta pintura "sensual"... Estamos hablando del "prudente y muy católico" rey Felipe II, y sus encargos a Tiziano, y el mucho más libertino Felipe IV quién no dudó en utilizar el pincel del mejor pintor de su tiempo, Velázquez, para satisfacer sus gustos "artísticos"

Pero muy pronto la mojigatería de los reyes Carlos III y Carlos IV provocó que purgasen las colecciones reales de tan "inmorales" pinturas, y aunque algún rey tuvo la tentación de arrojarlas directamente al fuego, por suerte para nosotros, algún asesor le sugirió que era mejor conservarlas, aunque recluidas en una sala, por lo que durante años estos lienzos fueron "escondidos" en una habitación de la Real Academia de Bellas Artes, una sala a la que sólo tendrían acceso artistas de intachable moral y reputación que solicitaban su acceso por motivos artísticos o de estudio anatómico.

Finalmente y tras nuevos vaivenes entre su exposición pública y su reclusión en salas especiales estas grandes obras de arte "censuradas" fueron reubicadas en el Museo del Prado, donde hoy en día las podemos contemplar sin ser conscientes de que más de una vez estuvieron a punto de ser destruidas para siempre por la férrea moral sexual impuesta por la religión en esta España nuestra.


Los inicios de la Colección


Aunque Carlos I ya empieza a coleccionar obras pictóricas de desnudos es su hijo, Felipe II, quien a pesar de la férrea moral católica que trató de implantar en todos los territorios de la Corona no dudó en coleccionar para su disfrute personal toda una serie de pinturas de desnudos, entre las que destaca la que para algunos ha sido una de las obras más escandalosas y polémicas de todos los tiempos...

Estamos hablando de las "Poesías" que Felipe II encargó a Tiziano para decorar su sala privada de descanso en el Alcázar Real, donde destaca sobremanera por su sensualidad y erotismo desenfrenado 'Dánae'.

Dánae, 1551-1553, The Wellington Collection, Apsley House.
La estrecha relación entre el pintor y el rey se ve plasmada en una carta donde Tiziano le informa a Felipe II del envío de una nueva poesía para su camerino personal:

"Y porque la Dánae, que ya mandé a V. M., se veía por la parte de delante, he querido en esta otra poesía variar, y hacerle mostrar la contraria parte, para que resulte el camerino, donde había de estar, más agradable a la vista. Pronto os mandaré la poesía de Perseo y Andrómeda, que tendrá una vista diferente a éstas".

Venus y Adonis (después de la restauración) Tiziano
Óleo sobre lienzo, 186 x 207 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado
Por lo que aunque la historia nos ha transmitido una imagen de un Felipe II religioso y puritano, su afición por el arte, y por estas pinturas repletas de erotismo y pasión, nos hablaría de un hombre de un carácter mucho más humanista y refinado de lo que nos podemos imaginar.

Por contra, nos encontraremos con un buen número de reyes de carácter mucho más puritano, desde su hijo Felipe III que ordenó a su guardajoyas que retirase esas pinturas que ofendían "la modestia y la virtud" de quién las contemplaba, pasando por los primeros Borbones, como Felipe V, que vendió gran parte de estas pinturas, por no hablar de la beatería de Carlos III.


La sala íntima de Felipe IV


El otro rey aficionado al coleccionismo de lienzos eróticos fue Felipe IV, lo cual no nos debe extrañar, ya que si por algo destacó la faceta privada de este monarca fue por su adicción al sexo. Y aunque este rasgo de su personalidad lo analizamos en el post donde explicamos la adicción al sexo de Felipe IV, esta afición desmedida al sexo y al erotismo tuvo su mejor reflejo en el aumento constante de su colección de desnudos.

Y para ello no dudó en utilizar todos los medios a su disposición, desde usar su poderosa influencia para obtener apreciadísimo regalos, como el 'Adán y Eva' de Durero que fue un obsequio de la reina Cristina de Suecia, comprando directamente las obras de arte (envió a Velázquez a Italia para que adquiriese numerosos lienzos), e incluso realizando encargos personales a los mejores artistas del momento como "El juicio de Paris" que encargó a Rubens.

De esta forma Felipe IV reubicó la colección heredada de su abuelo Felipe II en una recóndita sala del Cuarto Bajo de Verano en la zona norte del Alcázar madrileño, curiosamente el lugar «en que S.M. se retira después de comer». La elección de esta sala no fue casual, ya que era una de las habitaciones más íntimas y recónditas de todo el palacio, alejada de miradas furtivas y habladurías indiscretas.

Conocemos la impresionante colección de pinturas que allí se albergaba gracias a la detallada descripción que hizo el erudito romano Casiano dal Pozzo, quien comenta que las poesías de Tiziano se hacían cubrir, por pudor, cuando la reina anunciaba su presencia.

Esta sala íntima debería suponer todo un canto al erotismo, la sensualidad y la voluptuosidad, ya que entre sus paredes destacaban no sólo las "poesías de Tiziano, sino también destacaban 'Adán y Eva', 'Venus con el amor y la música', 'Tarquino y Lucrecia'.


Años después, y debido al incremento constante de la colección pictórica real se trasladaron las pinturas de carácter más sensual a una nueva zona del palacio, conocida como las "bóvedas de Tiziano", donde junto a las numerosas obras de Tiziano se podían contemplar cuadros de Tintoretto, Veronés, Durero, Jordaens, Cambiaso y otro de esos grandes cuadros repletos de erotismo, 'Las tres Gracias' de Rubens.

Venus recreándose en la música, Tiziano. Óleo sobre lienzo (148 x 217 cm.). 1547.
Museo del Prado. Madrid.


Los cuadros condenados al fuego por Carlos III


Pero no todos los reyes iban a compartir esta afición por los cuadros eróticos. Se sabe que Carlos III en 1762 hizo una selección de las pinturas más escandalosas de su colección para, nada más y nada menos, que ¡quemarlas!

Auténticas obras universales de la pintura estuvieron a punto de ser pasto de las llamas, en una hoguera avivada por la mojigatería y la nueva política moral impulsada por el despotismo ilustrado de Carlos III.


Por suerte para nosotros, la intervención del artista Mengs así como del Marqués de Esquilache evitaron tal tragedia y lograron convencer al monarca de conservar estas pinturas no sólo por su valor artístico, sino también, por su interés académico, por lo que finalmente estos lascivos cuadros fueron encerrados en la llamada "Casa de Rebeque", una estancia vinculada al pintor de Cámara de su majestad.

Gracias a esta intervención se salvaron obras cumbres de la pintura universal como Dánae y algunas de las más bellas Venus de Tiziano, grandes obras de Rubens como Andrómeda liberada por Perseo, Las tres Gracias, Diana y Calisto o El juicio de Paris u otras obras únicas como El tocador de Venus, de Franceso Albani; y Hipomenes y Atalanta de Guido Reni.

Aunque el precio a pagar por su salvación fue encerrarlas durante años. Con Carlos III permanecieron ocultas en discretas salas del Palacio, y posteriormente con Carlos IV muchas de ellas fueron enviadas a la Academia de San Fernando (en 1792 y 1796) bajo fines académicos, y aunque la Academia trató de dar cierta visibilidad a estas obras, Carlos IV se negó en redondo, por lo que estas pinturas siguieron encerradas en una sala reservada de acceso restringido.

Francesco Furini. Lot y sus hijas. Óleo sobre lienzo (123 x 120 cm). 1640.
Museo del Prado. Madrid.


Nuevos aires de libertad...


Con la llegada de José Bonaparte al trono se intentó airear las viejas y rancias instituciones españolas, mediante un soplido de modernidad y libertad proveniente de tierras francesas. 


Por lo que se empezaron a cambiar algunos paradigmas relacionados con la moral sexual. De esta forma, durante un breve período de tiempo, estas obras fueron sacadas de su clandestinidad y expuestas públicamente para que sirvieran "de estudio a los discípulos de la Academia, de examen e imitación a los profesores y de complacencia a los amantes de las Bellas Artes".

Es más, el propio José Bonaparte también muy aficionado a la vida disoluta no dudó en quedarse tres de estas grandes obras para su disfrute personal en su residencia de la Casa de Campo.

Aunque el triunfo del Absolutismo y la derrota de los afrancesados supuso de nuevo el confinamiento de estas obras en la Academia de Bellas Artes, hasta que en 1827, a la luz de los nuevos conceptos museográficos y en plena expansión del Museo Real, se decidió trasladar de nuevo estas obras al Museo del Prado.

Nacía la Sala Reservada del Prado, ya que estas obras fueron expuestas en una sala especial situada en el extremo suroriental del piso bajo del Museo especificándose que "es la soberana voluntad de Su Majestad que de ningún modo se coloquen a la vista del pueblo aquellos que por razón de la poca decencia de sus objetos y demás circunstancias que reúnan merezcan ponerse en sitio reservado".

Por lo que el acceso a esta sala estuvo restringido durante muchos años y "que sólo se enseña a las personas portadores de un billete especial (…), pues contiene todas las desnudeces que hubieran podido asustar a las damas” señalaba en 1831 el francés Prosper Mérimée en su crónica de su visita al Museo del Prado

Finalmente esta sala fue desmantelada en 1838, ya que los responsables del museo eran conscientes del efecto provocador que causaba la existencia de esta sala, además de ser una división artística completamente anacrónica.


Y es como bien se señala en la propia página del Museo del Prado "era más un exponente del Antiguo Régimen que del mundo contemporáneo, y no extraña que su existencia coincidiera con los últimos años de la vida de Fernando VII, un monarca absoluto con una mentalidad más cercana a la de sus colegas de siglos pasados que a la de los más destacados gobernantes europeos de su época."

Pero aun así el peso de la censura siguió vigente, ya que la obra más erótica de todas, la 'Dánae' siguió oculta a la vista del público general durante varios años más, exponiéndose en el "gabinete de descanso" del Museo, una sala con unas magníficas vistas al Jardín Botánico y que servía de descanso para cuando acudían las más altas dignidades a visitar el Museo.


Conclusión


La existencia de estos gabinetes privados son un claro reflejo de la moral imperante durante gran parte de la historia de España, ya que desde el Renacimiento fueron muchas las voces que se alzaban contra la presencia de cualquier tipo de desnudo en las obras de arte, por lo que las obras con los desnudos más explícitos y sensuales siempre estuvieron bajo sospecha, recluidas en estancias apartadas y discretas.

Pero a pesar de ello, o precisamente por ese motivo, fueron considerados objetos de lujo y de gran valor económico e incluso político. 


Por eso no nos puede sorprender que estas salas reservadas fuesen de gran importancia para algunos de sus dueños, ya que no sólo eran estancias para recrearse visualmente o estéticamente, sino que eran todo un símbolo de poder y de estatus social.

Perseo liberando a Andrómeda.
1640. Óleo sobre lienzo.
267 x 162 cm.
Aunque este largo camino entre arte, moral y censura siempre tuvo un carácter sinuoso, variando la moral sexual de la sociedad con el transcurrir de los siglos, y ¡ojo! no siempre a mejor...

Uno de mejores ejemplos de esto lo representa el cuadro de 'Perseo liberando a Andrómeda', un lienzo que se expuso sin ningún tipo de reparo durante el siglo XVII en una de las habitaciones de mayor importancia dentro del real Alcázar de Madrid, el Salón de los Espejos, destinado a recibir importantes visitas protocolarias.

Pues en pleno siglo XVIII este cuadro fue apartado de este lugar público por ser considerado demasiado indecente y pasó a engrosar la lista de cuadros censurados, ya que con el paso de los años el trasfondo político de este lienzo, la representación del buen gobierno, se fue diluyendo. Y por contra, fue aumentando la simple visión estética del cuadro, por lo que el desnudo de la mujer tomaba mucho mayor protagonismo.

Otro hecho curioso en este camino de moral y censura es que con la llegada del despotismo ilustrado, aunque pueda parecer contradictorio la moral sexual de nuestros monarcas se volvió mucho más conservadora. Y es que como buen representante del despotismo ilustrado su ideal era ser reflejo para sus súbditos de una moral intachable, por lo que acabaron desterrando cualquier conducta u objeto que pudiese ser tildado de inmoral. A todo ello, seguramente, también contribuyó los siniestros personajes religiosos que siempre rodearon, y lo que es peor, influyeron, a nuestros soberanos, inculcándoles visiones de lo más retrógradas relativas a la sexualidad.




BIBLIOGRAFÍA:

-GEORGE, B.: “Las lágrimas de Eros”. Tusquets. Barcelona, 1977.
-KENNETH, C.: “El desnudo. Un estudio de la forma ideal”. Alianza Ed. Madrid, 1981.
- PORTÚS, J.: “La Sala Reservada del Museo del Prado y el coleccionismo de pintura de desnudo en la Corte española, 1554-1838”. Museo del Prado. Madrid, 1998.
- VV.AA.: “El desnudo en el Museo del Prado”. Fundación de Amigos del Museo del Prado y Círculo de Lectores”. Madrid y Bacelona, 1998.

[En Internet]

https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/sala-reservada/91593a25-dd47-40c5-95b6-6a2f709155d2

http://artetorreherberos.blogspot.com/2011/09/las-obras-secretas-del-museo-del-prado.html LAS OBRAS SECRETAS DEL MUSEO DEL PRADO . ARTE TORREHERBEROS







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domingo, 10 de enero de 2016

Moral sexual romana IV: El desnudo

Moral sexual romana:
- Parte I: Los besos
- Parte II: La virginidad
- Parte III: La infidelidad
- Parte IV: El desnudo

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En este capítulo nos adentraremos en el significado del desnudo físico para los ciudadanos romanos  ¿Qué actitud tenían ante el desnudo? ¿Una mujer se podía mostrar desnuda delante de su marido? ¿Cómo fue evolucionando el concepto de desnudez dentro de la moral romana?

Por cuestión de tiempo y espacio dejaremos aparte el análisis de las representaciones artísticas del desnudo, aunque lógicamente realizaremos algunas menciones específicas que nos ayuden a comprender algunos de los aspectos comentados.

Lo primero que hay que apuntar, que en el caso de la sociedad romana, estamos hablando de una cultura que pervivirá durante más de un milenio, por lo que sus conceptos morales variarán a lo largo del tiempo. Así aunque parezca una obviedad es importante señalar que la mentalidad (y la moralidad) del ciudadano romano variará enormemente a lo largo de todos estos siglos, por lo que hemos decidido hacer una división por períodos, algo genéricos, pero donde pretendemos que queden bien reflejados estos cambios en la moral de los habitantes de la ciudad del Tíber.

Nuestro primer apunte sobre la moral sexual romana relativa a la desnudez nos servirá para romper algún tópico... aunque los romanos no mostrasen ningún tipo de vergüenza ante un cuerpo desnudo, esto no quiere decir que se exhibiesen públicamente.

Además la sociedad romana tuvo unas normas morales muy estrictas en la esfera pública, ya vimos en el post dedicados a los besos, como una muestra de cariño hacia su mujer en un lugar público le costó el puesto a un senador. Pero en cambio, en la esfera privada el ciudadano romano gozó de gran libertad, por lo que pudo dar rienda suelta a los vicios, modas o gustos más atrevidos.

Mural de Pompeya de Venus Anadiomena

En cuanto a las representaciones artísticas, simplemente apuntar que desde tiempos prehistóricos casi todas las sociedades y culturas han proyectado su visión del hombre a través de la representación del cuerpo humano, una visión muy vinculada a su propia cosmovisión del universo y la posición del hombre en él.

Por lo que la creación de las imágenes artísticas, desnudos incluidos, responden a una serie de relaciones de poder, donde las clases gobernantes reflejan su ideología imperante. Es decir, la representación del desnudo en el arte tiene un claro componente ideológico, que puede albergar tanto un componente positivo (representación de héroes o dioses míticos) como negativos (esclavos o guerreros vencidos).

En este caso, también nos gustaría extirpar otro falso tópico, ya que aunque existió cierta permisividad respecto a la representación de desnudos, la mayoría de las veces, éstos no tenían por qué tener una carga erótica, simplemente representan un elemento ornamental más o estaban asociados a una serie de valores.

Como bien señala Luz Neira en su estudio sobre los desnudos en los mosaicos romanos, por regla general, el desnudo femenino exaltará la belleza, la carnalidad y el erotismo; mientras que el desnudo masculino se asocia a ideas como la determinación, la fuerza y el poder.


Parte I: La pudicitia romana: Los valores de la antigua República.

Claudio como Júpiter.
Cubierto por  una toga
El desnudo masculino

Una de las principales diferencias de la cultura romana frente a la griega fue que los latinos conservaron un sentido más estricto del carácter sagrado de la desnudez. Este hecho queda reflejado en la representación de los desnudos masculinos en el arte. Mientras que el arte griego está repleto de ejemplos de esculturas de jóvenes atletas o héroes desnudos, el arte romano mucho más sobrio y pudoroso cubría los cuerpos de sus ciudadanos más ilustres con uno de sus símbolos más representativos... la toga.

Por otro lado, la Roma republicana siempre rechazó la introducción de los juegos atléticos griegos, ya que consideraban que era un culto al cuerpo gratuito, una exhibición innecesaria, que además incitaba a la pederastia. Roma prefería entrenar soldados para la guerra que púgiles para espurias exhibiciones, así Tácito se preguntaba ¿Qué ventaja había en quedarse desnudo para luchar en combates estériles sobre el servicio de las armas?

Este pudor itálico parece provenir de tiempos antiguos, Plutarco nos dice que para los primeros romanos era vergonzoso exponer sus cuerpos a los más jóvenes, este hecho parece quedar demostrado en que desde los etruscos la práctica de ejercicios se realizaba cubriendo genitales y nalgas mediante una especie de calzón, denominado subligaculum.

El calzoncillo romano era una especie de pañal que cubría los genitales
y parte del vientre, siendo sujetado por un cinturón.
Esta prenda utilizada en principio sólo entre las clases populares (esclavos y plebeyos) por motivos prácticos a la hora de trabajar, pronto fue adoptada por soldados y gladiadores, hasta acabar extendiéndose al resto de la sociedad.

Por lo que parece probable que desde muy pronto la representación de la desnudez tuvo connotaciones negativas en la sociedad romana, imágenes asociadas a los guerreros vencidos y a la esclavitud, ya que normalmente los esclavos eran vendidos completamente desnudos.

Este concepto quedó reflejado en la opinión de algunos filósofos y escritores así Quinto Ennio pensaba que "la exposición de cuerpos desnudos de los ciudadanos es el principio de la vergüenza pública", incluso Catón se avergonzaba de bañarse en presencia de su hijo, la misma idea que refleja el escritor Valerio Máximo que dijo que la moral romana prohibía a los hombres de la misma familia bañarse juntos ya que "ha de concederse tanto respeto a los vínculos de sangre y de parentesco como a los mismos dioses inmortales".

El desnudo femenino

Mosaico 'Triunfo de Neptuno'
Museo del Bardo. Túnez.
En cuanto a la consideración del cuerpo desnudo de la mujer, hay que diferenciar entre las distintos tipos de mujeres existentes en la sociedad romana: por un lado, tenemos a las matronas romanas, mujeres cuyo virtud era sagrada y por lo tanto su desnudez siempre estuvo marcado bajo la idea de la "pudicitia". Por otro lado, tenemos a las esclavas o las libertas, cuyo cuerpo no dejaba de ser un objeto propiedad de su amo, por lo que su cuerpo, desnudo o no, no tenía mayor consideración.

Así vemos como una moral estricta protegía la desnudez de la mujer romana, tal era así, que durante este período se mantuvo la prohibición de hacerle el amor a tu mujer a la luz del día (con la única excepción del día posterior a la boda) así como iluminar el acto sexual mediante el uso de candiles o lucernas.

Plutarco defiende esta hecho debido al profundo respeto que un marido dispensa a su esposa, respetando el pudor y no tratándola como a una cortesana.


Parte II: El descubrimiento del cuerpo. Roma conquista el mundo.

Pero todo esto no nos debe hacer olvidar que la presencia de cuerpos desnudos o semidesnudos en la sociedad romana era habitual y aceptada, especialmente a partir del dominio mediterráneo de Roma, que traerá la llegada de las corrientes filosóficas y morales griegas.

El triunfo de Roma trajo consigo un cambio en la moralidad de la sociedad romana, los antiguos romanos se entregan al culto a la belleza, al cuerpo y al erotismo.

Pintura mural.
Villa de los Misterios, Pompeya.
Así durante el primer siglo del Imperio encontraremos  los mejores ejemplos de este cambio de moralidad y esta nueva concepción del cuerpo desnudo. Incluso se puede hablar de una abundancia de imágenes erotizadas, sólo hay que darse un paseo por las calles y casas de Pompeya para descubrir la naturalidad del desnudo y del erotismo en la sociedad romana del siglo I d.C.

Además hay que apuntar que este tipo de imágenes no sólo estaban en lugares públicos como termas o prostíbulos, sino que también las encontramos dentro de las villas, en estancias abiertas a la recepción de visitantes. Tal vez el mejor ejemplo sean los frescos de la Villa de los Misterios que nos hablan por un lado, de la pasión por retratar los cuerpos semidesnudos; y por otro, de la naturalidad con la que estos temas se representaban.

Otro ejemplo lo encontramos en las termas, donde acudían y se entremezclaban gente de toda clase y condición. Este nuevo culto al cuerpo queda muy bien reflejado en algunos de los Epigramas de Marcial que permiten intuir el ambiente reinante en estos baños públicos, cargado de miradas lascivas y deseos eróticos, un ambiente donde incluso se podían mezclar hombres y mujeres (se conoce la existencia de termas mixtas en Roma), y donde aquellos mejores dotados presumirían de su virilidad y donde el flirteo sería la principal diversión dentro de estos baños.

Ten cuidado, curioso
Nos miras fijamente, Filomuso cuando nos bañamos y luego preguntas que por qué tengo unos esclavos imberbes que la tienen como Príapo. Contestaré sin rodeos a tu pregunta: Les dan por culo a los curiosos, Filomuso.
- Marcial XI, 63


Los honores de rigor
Cuantas veces, Flaco, oigas en los baños públicos un aplauso, has de saber que la verga de Marón está presente.
- Marcial IX, 33

Como apunta Jean-Noel Röbert esta abundancia de imágenes mantenía "el fantasma erótico en la mente de los romanos". El descubrimiento del cuerpo fue sin duda una de los ritos amorosos que más anhelaban los romanos, posiblemente porque fue una de sus más interiorizadas prohibiciones de época republicana. Así el gran poeta Ovidio aconsejaba a la mujer no dejar que la luz de la luna entrase por la ventana y donde el poeta Propecio se lamentaba amargamente que su mujer le obligase a "entregarse a sus arrebatos entre tinieblas (ya que) sería profanar a Venus"

El desnudo femenino

A pesar de esta abierta sexualidad de la sociedad romana imperial e incluso con su tolerancia en exhibir la desnudez en público hay un tabú que paradójicamente se mantiene en este época... una mujer honrada nunca debía mostrarse completamente desnuda ante su pareja.

Mosaico. Leda y el Cisne.
La causa de este tabú puede tener diferentes explicaciones, aunque seguramente tenga un poco de cada una de ellas: por un lado, se especula que se deba a un pudor ancestral muy arraigado en la sociedad latina, aunque también es probable que el motivo sea algo más fútil como ocultar a la vista del amante algún 'defecto' físico, también están aquellos que lo achacan a una cuestión de estatus social, ya que es más propio de las meretrices quedarse completamente desnuda ante un hombre. Por último, también podemos apuntar que esa actitud de ver y esconder, no deja de ser un juego para envolver al encuentro de un halo de misterio y sensualidad añadida.

A pesar de lo dicho, es importante señalar que en esta época las mujeres van a lograr emanciparse de la rígida tutela masculina, que irá acompañada de una conquista de su propia sexualidad y donde la desnudez de la mujer se convierte en un avance más para sus libertades.

Esta nueva moralidad de la mujer romana queda muy bien reflejado en este pasaje de Ovidio:

La Siesta

 “He aquí que llega Corina, vestida con una túnica sin ceñir, su cabellera peinada en dos mitades cubriéndole el blanco cuello (…)

Le arranqué la túnica, aunque por lo fina que era apenas suponía estorbo; ella sin embargo luchaba por taparse con la túnica; y luchando como si no quisiera vencer, fue vencida, más sin dolerse de su rendición. Cuando quedó erguida sin vestiduras frente a mis ojos, en ninguna parte de todo su cuerpo encontré defecto alguno; ¡qué hombros!, ¡qué brazos tan hermosos vi y toqué!, ¡cuán a propósito era la forma de sus senos para apretarlos!, ¡qué liso su vientre bajo el terso pecho!, ¡qué anchas y estupendas sus caderas!, ¡qué juvenil su muslo!

¿Para qué contarlo todo minuciosamente?: nada vi que no fuera digno de elogio, y desnuda la estreché contra mi cuerpo. ¿Quién no adivina lo demás? Fatigados luego, estuvimos descansando los dos.
¡Ojalá tenga yo muchos mediodías como éste!”
- Ovidio, Amores, I, 5


Pintura erótica pompeyana.

A pesar de todo ello, la moralidad sobre la desnudez femenina imperaba de tal modo en la sociedad romana que en sus representaciones artísticas son escasos los ejemplos donde encontramos desnudos integrales.

Por regla general, tanto pubis como los senos aparecen tapados, aunque a veces de forma tan sutil y elegante que pasa casi inadvertido, un brazo, un velo o una mano tapan la visión del sexo, otras veces es la perspectiva la que impide la visión de sus partes más íntimas.

Mamillare, el sujetador de las romanas.
Incluso en las atrevidas pinturas eróticas pompeyanas, las prostitutas siempre llevan alguna prenda que impiden ver a la mujer completamente desnuda, ya sea llevando, la faja-sujetador denominada strophium o mamillare o un simple velo que les cubre el sexo.

Como bien señala Alberto Angela en su obra 'Amor y sexo en la antigua Roma' estas representaciones se pueden comparar a nuestras actuales fotos de modelos que aunque la mayoría de las veces aparecen casi desnudas son fotos más elegantes que obscenas, muy alejadas de las fotografías que podemos observar en una revista pornográfica.


Parte III: Estoicismo. Una nueva moral para un Imperio

Pero a partir del siglo II, con la difusión de la nueva moral estoica (Séneca, Plutarco,...) se pondrán en alza una serie de valores como la templanza, el autocontrol, el desprecio de las pasiones, el amor conyugal, la fidelidad e incluso la castidad... donde ya no habrá cabida para las pasiones que habían dominado los siglos anteriores... el placer y el erotismo quedarán relegados como vicios pasados.

El nuevo hombre romano aunque aún no se avergüenza del cuerpo desnudo, sí que impone una nueva concepción del cuerpo desnudo como una peligrosa fuente de corrupción moral, que ponían en peligro la integridad moral de las personas. Así por ejemplo, a partir de Adriano se prohibieron los baños mixtos en las termas, regulando la entrada de hombres y mujeres a través de diferentes horarios.
Mosaico.

No nos extenderemos mucho sobre estos trascendentales cambios, puesto que ya hemos dedicados algunos post sobre este tema. Simplemente apuntar que el hombre romano fue perdiendo algunas costumbres que naturalizaban el concepto de desnudez. La fidelidad a la esposa y la idea del amor romántico, dejaron atrás el concubinato, por lo que el marido se acostumbró a tener sexo con sólo una mujer, su esposa.  A esto hay que sumar ideas como la templanza o el autocontrol que ayudaron a difundir el concepto de la procreación sólo para concebir.

Todo esto hizo que progresivamente la aristocracia romana se autoimpusiese un cierto pudor sobre la desnudez, una vuelta a los valores tradiciones republicanos pero con una gran diferencia, el hombre había dejado de ser un pater familias que gozaba libremente de su sexualidad, ahora había escogido vivir en igualdad con su esposa y entregarse a la idea de amor familiar y la fidelidad.


Parte IV: Cristianismo. El pecado del cuerpo

Los cristianos aprovecharon estas doctrinas paganas (estoicismo, gnósticos) para articular su moral sexual. La Iglesia según se va afianzando en las estructuras del poder regulará y legislará muchos de estos componentes morales, añadiendo algunos conceptos novedosos como los sentimientos de miedo, culpa o pecado, y criminalizando algunas costumbres como la homosexualidad, el adulterio, la prostitución o el divorcio.

Adán y Eva. Catacumba de Priscila.
Así los padres de la Iglesia de los siglos IV y V como Jerónimo, Gregorio, Niseno, Juan Crisóstomo o Agustín de Hipona impondrán una moral basada en dos principios básicos: lo puro y lo impuro, sancionado de manera radical todas aquellas costumbres catalogadas como impuras.

Bajo estas premisas, el cuerpo humano, se convirtió en algo impuro, en comparación con la pureza del alma, por lo que la carnalidad pasó a ser considerada un símbolo de pecado, algo rechazable, ya que era fuente de tentaciones y deleite de los sentidos.

La representación del cuerpo en el arte paleocristiano adquirirá formas más sencillas, menos realistas, más abstractas, buscando transmitir un mensaje pedagógico, huyendo de la transmisión del deleite visual.

Esta nueva moral será difundida y amplificada porsteriormente por los nuevos representantes del Cristianismo, tales como Alberto Magno o Tomás de Aquino.






Bibliografía

Luz Neira. Desnudo y Cultura: "La construcción del cuerpo en los mosaicos romanos" (coordinación y edición). Creaciones Vincent Gabrielle (CVG), Madrid, 2013.

https://elcuerpoylaimagenenlahistoriadelarte.wordpress.com

https://menearte.wordpress.com/2015/02/03/el-desnudo-masculino-en-la-escultura-clasica-muy-diferentes-los-romanos-de-los-griegos/