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domingo, 24 de junio de 2018

Matrimonio, divorcio y adulterio en Bizancio

Estamos en el año 615 d.C.; en la ciudad de Éfeso, Leoncio, un artesano de 25 años trabaja en el taller de un importante alfarero de la ciudad. Sus amigos y compañeros de trabajo le apremian a que busque pronto una esposa y tenga hijos ¿quién sino va a cuidar de él cuando sea anciano? Como es un joven perteneciente a las clases populares, su padre le arregla el matrimonio con la tercera hija de un comerciante de la ciudad. Tras un par de reuniones entre los padres de familia, pronto se cierran los acuerdos matrimoniales y la composición de las dotes respectivas.

Recreación de Bizancio.
Su futura esposa, de nombre Elia, acaba de cumplir los 15 años, la edad ideal para empezar a buscar marido. Los padres conciertan una reunión y los jóvenes se conocen, ambos jóvenes están contentos con la elección de sus padres; él es un joven bastante trabajador y con buena fama en el taller; ella es bastante guapa, tímida y su padre un próspero comerciante heleno. Por lo que en tan sólo unos meses ambos jóvenes se casan en una modesta iglesia de la ciudad por el rito cristiano.

El matrimonio es feliz y pronto llegan los hijos al matrimonio; en total tuvieron hasta 5 hijos, de los cuales, sólo tres lograron sobrevivir hasta la edad adulta. Después del quinto hijo, y tras un parto muy sufrido, Elia decide "vivir como hermano" con su marido, y no arriesgarse a tener más hijos.

Elia se convierte en una eficiente ama de casa, los modestos ingresos de su marido son suficientes para que ella no se vea obligada a trabajar, aunque como se le da bien la costura, consigue unos ingresos extras confeccionando vestidos para sus vecinas. Normalmente sólo sale de casa para ir al mercado o ir a la iglesia a rezar, aunque una vez al mes suele ir al baño de mujeres a disfrutar de un rato de ocio.

A pesar de la fortaleza física de su marido, unas fiebres se llevan a Leoncio en el año 640 d.C., Elia, como cualquier mujer bizantina, tiene el derecho a heredar el dinero y las posesiones de su marido y a administrarlo como a ella le plazca. Aunque por suerte, su primogénito, de nombre Nicéfolo, que cuenta ya con 24 años ha demostrado ser un joven respetuoso y buen trabajador, que se gana la vida en el puerto como estibador. Elia descansa tranquila todas las noches, sabe que cuando ya no pueda valerse por sí misma, sus hijos cuidarán de ella.

Recreación ideal de Bizancio.
Este podría ser el retrato de un matrimonio común de cualquier familia que hubiese vivido en época del Imperio Bizantino. Hemos mencionado algunos de los grandes rasgos que definirán el concepto del matrimonio es esta cultura: el intercambio de dotes económicas, la independencia económica de la mujer, el papel social de la mujer, el componente religioso en el matrimonio, ...

Por lo que a lo largo de este post iremos desgranando algunas de estas características, pero empecemos por un ligero esbozo de quizá el punto más importante: la imagen de la mujer en el mundo bizantino.


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Ser mujer en Bizancio


La sociedad del imperio Bizantino fue eminentemente patriarcal, ya que las mujeres no podían ocupar ningún cargo importante en el conjunto de la sociedad.  Y aunque dedicaremos una entrada aparte sobre la vida la mujer en bizancio, a grandes rasgos se puede decir que el papel de la mujer ideal estaba constituido por cuatro "etapas": La primera es la virgen, una joven que debe permanecer fiel a su padre y familia. La segunda, sería la etapa de esposa, para posteriormente ser madre y finalmente, viuda.

El papel de la mujer estaba enfocado al matrimonio como objetivo final para una mujer de respeto, siendo sus principales ocupaciones el cuidado del hogar y de los hijos.



Aunque en el caso de la sociedad bizantina, encontramos una gran diferencia respecto a otras sociedades de la época, ya que aunque la ley discriminaba a las mujeres, al menos les permitía gozar de un alto grado de independencia económica no visto hasta prácticamente nuestros días.

Mosaico bizantino.

Las mujeres podían heredar las propiedades de sus padres y marido, las mujeres casadas podían gestionar sus dotes e incluso comprar o invertir en propiedades, tiendas o negocios sin necesitar el consentimiento de su marido. Las mujeres, además, también podían gozar de cierta educación cuando eran pequeñas, por lo que no era raro encontrar mujeres que supiesen leer o escribir, y no sólo mujeres de clases altas, cuyo acceso a la educación era mucho más sencilla, a través de turores personales.

Las leyes, en ausencia del marido, convertían a las mujeres en dueñas del hogar, con un control total de las propiedades y los intereses de los hijos.



 

Evolución del concepto de matrimonio


El concepto de matrimonio sufrió una mutación según se iba instalando el cristianismo en el Imperio Bizantino, especialmente entre las clases populares. En el mundo antiguo romano existían varias formas de plasmar un matrimonio, la más sencilla era que ambos cónyuges hiciesen una vida en común, sin ser necesario ningún tipo de rito o celebración oficial. 

Pero según fue ganando peso la Iglesia, el matrimonio fue adquiriendo mayor importancia en la sociedad y por lo tanto en la legislación.  


Roma, Santa Maria in Trastevere.
Mosaico. S.XIII
Este cambio de religión, Bizancio se convirtió al cristianismo en el 380 d.C.; trajo importantes cambios sociales. La principal preocupación de la Iglesia era cómo vivían las parejas bizantinas, por lo que empezaran a surgir numerosas reglamentaciones matrimoniales, tanto desde la legislación religiosa como civil. En sus inicios impidiendo los matrimonios mixtos religiosos, regulando los matrimonios consanguíneos , o la cantidad de matrimonios permitidos para una misma persona, buscando preservar la idea de la santidad del matrimonio cristiano.

Pero hay que tener en cuenta que esta tradición romana laxa del matrimonio se perpetuó durante buena parte de la Edad Media, así por ejemplo, la imposición de sacralizar un matrimonio con la presencia de un sacerdote que lo bendiga no se instauró hasta casi finales del primer milenio.

En conclusión, podemos decir que progresivamente la institución del matrimonio pasó de ser un hecho privado entre dos personas o dos familias a un acto oficial, un sacramento religioso, que se oficializa mediante una celebración religiosa, la escrituración u otras medidas externas como la transferencia de bienes.

Por último, añadir que, a grandes rasgos, y para no aburrir con tecnicismos, se pueden diferenciar dos tipos de matrimonios en el derecho bizantino: el matrimonio escrito y no escrito; y aquel que incluye transferencia de bienes o el que no.

Legislación y matrimonio


Hemos visto como el concepto de matrimonio fue ganando peso paulatinamente en la sociedad romana con la llegada del cristianismo, esto tuvo su reflejo en el mundo del derecho y la legislación.

Por lo que veremos como desde época imperial tardía se pone especial hincapié en legislar sobre aquellas cuestiones más imprescindibles para mantener este nuevo orden social, por lo que las cuestiones matrimoniales ocuparán un lugar preferente en la legislación medieval europea.

Hasta llegar a la situación en la que el matrimonio debía darse dentro de las leyes religiosas y legislativas del Imperio Bizantino, que regulaban de forma bastante específica como debía ser.


Edad del Matrimonio


La edad del matrimonio como en casi cualquier sociedad preindustrial era muy temprana. La legislación bizantina permitía que una niña se prometiera a la edad de 7 años, y aunque posteriormente se retrasó la edad a los 12 años, sabemos que hubo casos de niñas prometidas con tan sólo 5 años. 

La edad mínima para el matrimonio eran los 12 años para las chicas y 14 para los chicos. Por lo que normalmente todas las mujeres estaban casadas antes de cumplir los 18 años. 


Vestidos de mujer. Siglo VI d.C.
El motivo para que las parejas contrajesen matrimonio en edades tan tempranas responde a diversas necesidades: La primera, asegurar la virginidad de la novia, en una sociedad donde el máximo valor de una mujer era su virginidad, cuanto antes se casase menos riesgo a que la perdiese. El segundo gran motivo, era la alta tasa de mortalidad infantil que, sumada a la baja esperanza de vida de las personas, hacía necesario aprovechar al máximo los años más fértiles de una mujer, para que pudiese aportar el mayor número de hijos posibles al matrimonio.

Estos matrimonios a edades tan tempranas podían acarrear numerosos problemas para las mujeres, especialmente si se casaban con hombres ya adultos. Así sabemos, por ejemplo, que la hija de Andrónico II, con tan sólo 5 años se comprometió con el rey de Serbia, y debido a las prematuras relaciones sexuales sufrió lesiones irreversibles que le impidieron engendrar hijos.

Como era habitual el matrimonio no era cosa de amor, normalmente eran las familias las que acordaban el enlace, atendiendo más bien a cuestiones económicas o hacendísticas que a la opinión que pudiesen tener los futuros esponsales. Hay que pensar que era dífícil que una simple niña se opusiese a la opinión de su familia sobre el matrimonio concertado, aunque en caso de negarse siempre podía optar por entregarse a Dios.

¿Matrimonios por amor?


Aunque existe cierta idea general que esto de casarse por amor es un concepto relativamente contemporáneo, hemos visto en nuestro ejemplo como en la mayoría de familias humildes, aunque los matrimonios los organizasen los padres, sí que se tenía en cuenta que existiese cierta compatibilidad entre los futuros esposos, o al menos se podía tener en cuenta su opinión. También si los jóvenes habían crecido juntos en un mismo pueblo o barrio y se conocían y se llevaban bien, era probable que las madres, siempre conocedoras de todo lo que les pasa a sus hijos, intentasen arreglar ese matrimonio a través de sus maridos.

Pero en una sociedad tan patriarcal como la bizantina, donde las mujeres, incluso antes de dar sus primeros signos de madurez sexual, eran estrechamente vigiladas y controladas, es difícil imaginar un matrimonio por amor, como lo conocemos actualmente.


Otro caso distinto eran los matrimonios entre familias ricas y poderosas, donde primaban mucho más  intereses económicos o hacendísticos a la hora de programar el matrimonio de los hijos.

A todo esto, hay que sumar la edad de los futuros esposos, y analizar que capacidad de crítica o de rebeldía podía tener una niña, apenas entrada en la adolescencia, para oponerse a la opinión de sus progenitores.

 


Aunque seguramente la mejor idea sobre el amor en el matrimonio nos los traslada el arzobispo de Constantinopla Juan Crisóstomo, cuando decía que "El amor mutuo y la dedicación de los esposos era una realidad atesorada, un remanente de la existencia paradisíaca original de la primera pareja", es decir, la gente no se casaba por el amor, sino que el amor surgía cuando la gente se casaba.

Para aquellas personas de corazón más romántico decirles que sabemos que, incluso entre las clases sociales más altas, existieron historias de amor románticas, como bien refleja su literatura. Relatos de amor cuyos protagonistas solían ser un hombre común o un caballero torturados de amor al ver que su amada ingresaba en un convento.



Acuerdos Matrimoniales


Durante la ceremonia de los esponsales, y para garantizar el cumplimiento del compromiso, la familia del novio se comprometía con los "arra sponsalicia", un regalo que en caso de romper el compromiso se quedaba la familia de la novia; en el caso contrario, si era la novia la que rompía el compromiso tenía que devolver los arra, más una suma económica equivalente.

Por contra, la familia de la novia era la encargada de aportar un elemento esencial para cerrar el acuerdo matrimonial: la dote. Y aunque el marido tenía derecho a administrar la dote, ésta seguía perteneciendo a la mujer de por vida. Así, si el marido fallecía o si había divorcio la dote volvía a la mujer, o en caso de que muriese la mujer y ésta no hubiese aportado hijos, la dote volvía a la familia de la mujer.

Anillo de boda

En el contrato matrimonial también se le solía exigir al marido una donación para la esposa, denominada "donatio propter nuptias" o "hipóbolon", equivalente a la mitad o a la tercera parte de la dote. En los documentos posteriores al siglo X se menciona otra donación matrimonial por parte del hombre denominada "theóretron". Estas cuotas pasaban a manos de la mujer o de los hijos en casa de fallecimiento del marido. 


Ritual del matrimonio


La celebración del matrimonio implicaba un complejo ritual con numerosos actos simbólicos y ceremonias. Se iniciaba con un baño ritual donde la novia se purificaba, después se dirigía a la novia vestida de blanco, dónde el novio la esperaba. Después del típico sermón, la pareja era bendecida por el sacerdote encargado de conducir la ceremonia y los coronaba con unas coronas matrimoniales. La ceremonia terminaba con el intercambio de anillos y bebiendo la sangre de cristo del mismo cáliz.

Una vez terminada la ceremonia oficial la pareja se dirigía a casa del novio seguida de toda la comitiva nupcial que entonaba canciones nupciales llamadas "epithalamia", de claro carácter jocoso y algo subidas de tono, para animar a los novios a consumar el matrimonio en la habitación, mientras el resto de invitados seguía de celebración.

Mosaico religioso.


Divorcio


A pesar de la libertad absoluta que existió en el derecho romano para la disolución unilateral del matrimonio, bajo el gobierno de los emperadores cristianos, se empezó a cuestionar el divorcio, por el carácter sagrado que adquiría el matrimonio. 


Por lo que, tras numerosas regulaciones, finalmente fue Justiniano el que sentó las bases sobre el derecho al divorcio en el mundo bizantino.

Las causas de divorcio para el varón eran:
- Que la mujer conociese un crimen de alta traición y no lo revelase.
- Que la mujer fuese adúltera
- Intento de asesinato contra el marido.
- Actos moralmente sospechosos contra la voluntad del marido (pasar la noche fuera del hogar, participar en banquetes o baños colectivos con otros hombres, etc)

Las causas de divorcio para la mujer eran:
- La participación del marido en crímenes de alta traición.
- Atentado contra la vida de la mujer.
- Atentado contra el honor de la mujer (ser acusada falsamente de adulterio).
- Relación extraconyugal estable del marido.

Después existían otros motivos como podían ser la impotencia o la esterilidad de alguno de los miembros del matrimonio, la elección de la vida monástica o un cautiverio de larga duración. Pero como vemos el divorcio sólo podía darse por causas muy graves dentro del matrimonio, siendo un estigma social para la mujer divorciada, lo que provocaría que su vida se volviese aún más difícil. Así que la única solución para cualquier mujer que se divorciase era ingresar en un convento.



Adulterio


Se daba por hecho que una mujer debía obedecer siempre a su marido y serle fiel, por lo que el adulterio era un delito bastante grave, especialmente si la infiel era la mujer. 


Mosaico de la emperatriz
Teodora de Bizancio
Aunque en los primeros siglos las penas podían contemplar la muerte de los adúlteros, con el paso de los siglos, se fue suavizando la legislación a penas de mutilación (se les cortaba la nariz), destierro, penas económicas o encierros en conventos. El marido, sólo era sancionado, si cometía adulterio con otra mujer casada. El derecho canónico también contemplaba graves penas para las adúlteras como podía ser la excomunión o penitencias.

Pero si a alguien hay que agraedecer el aumento de los derechos de las mujeres en la cultura bizantina es a la emperatriz Teodora, quién se involucró personales en las reformas legales y espirituales de Justiniano, sobre todo en aquellas que otorgaban mayores derechos a las mujeres, especialmente los de las mujeres de más baja extracción social.

Así entre sus logros podemos destacar la prohibición de la prostitución forzosa, el aumento de derechos para la mujer en los casos de divorcio y en los referentes a sus derechos de propiedad, y fue quien promulgó la prohibición de asesinato sobre las mujeres que habían cometido adulterio.


Bibliografía


Guiglielmo CAVALLO y OTROS: El Hombre bizantino; Alianza Ed. Madrid, 1994.
Alice‑Mary TALBOT: La Mujer en Bizancio Medieval; 153‑184


Women and marriage in Early Byzantium
https://globalconnections.champlain.edu/2015/04/17/women-and-marriage-in-early-byzantium/

Spyros Troianos, EL DIVORCIO EN EL DERECHO BIZANTINO
Y POSBIZANTINO, Ivs Fvgit, 20, 2017, pp. 443-448, Universidad de Atena



sábado, 15 de noviembre de 2014

Pornocracia. La Iglesia bajo el dominio de dos mujeres

Es por todos sabido que acceso al trono papal siempre ha sido motivo de conspiraciones, conjuras, asesinatos incluso guerras, tampoco nos sorprenderá saber que algún escándalo sexual sacudiese el trono de San Pedro cada cierto tiempo.

Aunque lo que vamos a descubrir en este blog es que estos escándalos no fueron casos aislados, el Vaticano estuvo continuamente ocupado por hombres que no pudieron dejar a un lado sus pasiones más humanas: hubo Papas casados, otros fueron abiertamente homosexuales, contamos con numerosos casos de Papas hijos de sacerdotes e incluso de Papas hijos de otros Papas, y como el papado es una institución tan humana como cualquier otra, veremos reflejadas todas las condiciones del ser humano en este trono: fetichistas, pederastas, proxonetas, violadores, sádicos y masoquistas.


Asómate por la mirilla de la historia y descubre los períodos más oscuros de la Iglesia Católica...


LA PORNOCRACIA

El período conocido como Pornocracia es un claro ejemplo de todo esto, el Papado estuvo bajo el poderoso influjo de dos seductoras mujeres, Teodora y Marozia, madre e hija, durante más de 50 años (desde la consagración de Sergio III en el 904 hasta la muerte de Juan XII, nieto de Marozia, en el año 963), pasándose a conocer este período también como el “gobierno romano de las cortesanas”, o como “reinado de las prostitutas”, y donde hasta 12 pontífices estuvieron vinculados directamente a las maniobras y conspiraciones de estas dos damas, de los cuales dos habían sido estrangulados; uno, asfixiado con una almohada; cuatro, destituidos, y de estos cuatro, dos o tres, envenenados.

Ilustración de Milo Manara

Teodora

La historia de la pornocracia comienza con la ambiciosa Teodora, mujer de gran belleza que no dudó en utilizar su inteligencia pero también su cuerpo para aupar a su poderosa familia al trono papal. No contenta con ello, enseñó a sus hijas, Teodora y Marozia, todas sus artes amatorias para continuar y asegurar el linaje familiar. Asesinatos papales, envevenamientos, orgías, tríos, incesto son algunas de las palabras que definen este Saeculum obscurum de la Iglesia Católica.
 
Teodora la Mayor fue la ambiciosa mujer del noble Teofilacto, cónsul y administrador de los Bienes Papales que dirigía desde el Castillo de Sant Angelo los asuntos papales. Las hijas de esta dama son un claro reflejo de su ambición política: Teodora la Joven fue fruto de su relación con su primer marido, Teofilacto; Marozia, nació de su relación con el papa Juan X; y Sergia fue hija de otro papa, Sergio III.

Papa Sergio III
Sergio III, el amante de Teodora y Marozia.

El acceso al pontificado de Sergio III (904-911) fue posible gracias a los tejemanejes de Teodora quién convenció a su marido Teofilacto  y al noble Alberico de Spoleto en apoyar al futuro papa Sergio III; acercando a las familias aristocráticas romanas al poder papal. Además las malas lenguas insinúan que Teodora se valió de sus artes amatorias para afianzar esta alianza, manteniendo relaciones con los tres protagonistas.

Sergio III inicia uno de los períodos más corruptos y oscuros del Vaticano, un período donde los Papas se caracterizaron por su lujuría y sadismo. Sergio III fue conocido como “esclavo de todos los vicios” por sus cardenales, y llegó al poder tras el asesinato de su predecesor. Gobernó Roma como un auténtico señor feudal y fue protagonista de uno de los casos más escabrosos de la Iglesia Católica el segundo juicio al cadáver del papa Formoso.

En el 908  se concertó el matrimonio del duque de Spoleto, de 42 años, con la hija mediana de Teodora, la bella y sensual Marozia, que con sólo 14 años ya era una experta en las artes amatorias y que pronto se convirtió en la nueva amante del Papa, con el que tuvo un hijo, el futuro papa Juan XI.  Cuenta la leyenda que Teodora instruyó a su hija en las artes amatorias mientras ambas compartían lecho con el papa Sergio III.

A la muerte de Sergio III, le sucedieron dos papas impuestos por Teodora y Marozia, sus pontificados fueron bastante efímeros: Anastasio III (911-912) más centrado en su labor religiosa que política y Landón (912), hijo de un noble lombardo, al que se le supone amante de los jovencitos y que pronto cayó asesinado, seguramente en un trama urdida por su sucesor, Juan X (amante de Teodora y supuesto padre de Marozia)

Liutprando de Cremona, en su obra 'Antapodosis'  acusa directamente a Teodora de estar detrás de esta nueva trama: "Teodora, como una perdida, temiendo que le faltarían oportunidades de acostarse con su galán [Juan X], le forzó a abandonar su obispado [de Rávena] y se apropiara —¡oh, crimen monstruoso!— del papado de Roma"


Marozia

Grabado de Marozia.
A pesar de sus conocidos escarceos amorosos con el anterior Papa, Marozia seguía felizmente casada con Alberico I, con quién tuvo un segundo hijo.

El acceso al papado de Juan X coincide con el declive del poder e influencia de Teodora (muerta en 928) y el auge de Marozia y su marido Alberico I quién comandando un ejército conjunto logró expulsar a los musulmanes de suelo italiano en la batalla de Garellano (915).

Las luchas de poder entre el Papa (que resultó ser un papa bastante ambicioso e independiente)  y Alberico I, convirtieron Roma en un hervidero de luchas de poder, conspiraciones, ambiciones y rencillas, sobre todo cuando el emperador nombrado por el Papa, Berengario, fue asesinado a puñaladas mientras escuchaba misa. Alberico I, frustrado ante la negación del papa de nombrarle emperador, intentó deponer al papa, aunque fracasó estrepitosamente, por lo que fue apresado y descuartizado.

La venganza de Marozia.

Marozia que fue obligada a ver el cuerpo de su marido mutilado, urdió una terrible venganza. Lo primero que hizo fue contraer matrimonio con Guido de Toscana, que bajo el influjo de su nueva esposa se dirigió a Roma y obligó a deponer a Juan X, siendo encarcelado en las mazmorras de Sant Angelo y muerto en extrañas circunstancias al poco tiempo.

A pesar de la influencia de Marozia entre la curia romana, no logró su objetivo de colocar en la silla de San Pedro a su hijo bastardo. Aunque casualmente los papas elegidos por la curia fueron cayendo muertos en extrañas circunstancias, León VI (928) murió envenenado y su sucesor Esteban VII pereció en similares circunstancias (930). Finalmente, Marozia consiguió lo que tanto había anhelado, el nombramiento de su hijo como sumo pontífice de Roma, bajo el nombre de Juan XI.

Papa Juan XI, hijo de Marozia.

Juan XI, pasará la historia por ser uno de los peores papas que halla sufrido la Iglesia católica, su lujuría y depravación le valieron ser conocido como "el Tiberio de San Pedro", corriendo todo tipo de historias sórdidas sobre su mandato: el secuestro y violación de una madre y sus dos hijas que vinieron a rendirle sus respetos; el mantenimiento de un prostíbulo masculino para el disfrute de suyo y de sus amigos cortesanos.

El fin de la pornocracia.

Boda de Marozia con
Hugo de Arlés.
Las ansias de poder de Marozia, al igual que su madre, parecen no tener fin, ya que tras la muerte de su segundo marido, Guido de Toscana, decide casarse con hermanastro de éste, Hugo de Arlés, rey de Provenza, consiguiendo para ello la anulación de su vigente matrimonio, con el claro beneplácito del Papa Juan XI.

El nuevo matrimonio se celebra en el 932, provocando que el hijo mayor de Marozia, Alberico II vea peligrar su fortuna y sus aspiraciones políticas, por lo que acusa a su madre de violar las normas de Dios con la complaciencia del propio papa. Por lo que Alberico II toma con su ejército el castillo de Sant Angelo, provocando la huida de Hugo de Arlés y capturando a su madre y a su hermano, el papa Juan XI.  Este hecho marca el fin de la pornocracia, ya que Marozia cayó en desgracia y perdió todo el poder que había mantendido desde la elección como papa de Sergio III.

Alberico II quiso establecer un período de "Papas buenos y honrados" (León VII, Esteban VIII, Marino II y Agapito II), alejados de las intrigas del poder político. Para ello, matuvo a su propia madre, durante más de 20 años, encerrada en los calabozos de Sant Angelo. A pesar de su reclusión algunas fuentes quieren sumar más conspiraciones a la pobre Marozia, ya que narran que Esteban VIII fue ejecutado por Alberico II al ser una descubierta una conspiración urdida por ella.

Muerte de Marozia

Sobre la muerte de Marozia tenemos diferentes versiones, en una de ellas muere a la edad de 63 años, cuando una vez fallecido su marido Alberico II (954), es trasladada de la cárcel a un convento donde muere poco después.

En la otra versión, algo más cruel, sucede en el año 986, Marozia contaba con más de 90 años y sus débiles huesos de anciana seguían languideciendo en la prisión. El papa de por aquel entonces Gregorio V y el emperador Otón III decidieron poner fin a su suplicio, para ello, mandaron a un obispo a exorcizarla y levantarle su pena de excomunión, una vez absuelta de sus pecados fue ahogada con una almohada.


LAS SEMILLAS DE LA PORNOCRACIA

Papa Juan XII, nieto de Marozia

Marozia no fue sólo amante de papas, sino también madre y abuela de papas. Su leyenda negra se acrecentó al hacerla responsable de los excesos cometidos por su nieto, el Papa Juan XII,  a pesar de que durante su pontificado ella siguió recluida en su prisión de Sant Angelo.
Retrato idealizado de Juan XII

Juan XII era hijo de Alberico II de Spoleto y bajo su mandato se cometieron todo tipo de excesos y perversiones, ganándose el apelativo de "el Calígula del papado", bisexual, lascivo, pervertido, voyeaur, las oscuras historias sobre su papado no tienen fin; obligaba a jóvenes nobles a tener sexo delante de la corte, disfrutaba con espectáculos de zoofilia, gastó buena parte del dinero papal en montar un prostíbulo en uno de sus palacios papales y regalando valiosas joyas a sus amantes, también se le acusó de secuestrar a peregrinas para después violarlas, incluso se le acusó de pedofilia e incesto con su propia hermana de 14 años.

El pontificado de Juan XII estuvo amenazado tanto por enemigos internos, como externos, huyó del trono de San Pedro ante el avance del Emperador alemán Otón I siendo juzgado en su ausencia. Pero ante el levantamiento del pueblo romano por la ocupación e imposiciones alemanas fue llamado para volver a ocupar su puesto, tomando terribles represalias contra los prelados que testificaron en su contra: "Luego, el apóstata regresó a Roma, derrocó a León VIII, le cortó la nariz, la lengua y los dedos al cardenal Diácono, despellejó al obispo Otger, decapitó al notario Azzo y a otros sesenta y tres miembros del clero y la nobleza de Roma".

Su muerte, acecida en el año 964, fue un claro reflejo de su vida, murió a manos de un marido celoso que lo encontró en la cama con su mujer, le asestó varias puñaladas pero como no acababa de morirse le asestó con un mazo un golpe definitivo en el cuello.

Conclusión

A pesar de los muchos períodos oscuros por los que ha pasado la Iglesia Católica, nuestras dos protagonistas, Teodora y Marozia, han sido dos de los personajes más vilipendiados en la historia; el sólo nombre de este período, Pornocracia, puede resultar bastante ofensivo.

Y es que, uno de los hechos más dolorosos para una institución tan machista como la Iglesia Católica es que, durante 50 años, dos mujeres dominaron el trono de San Pedro, poniendo y quitando papas a su antojo. Se las ha acusado de rameras, de concubinas, de incesto, de utilizar el sexo como su principal arma para controlar al Papado, cualquier cosa para desmerecer a estas dos poderosas e inteligentes mujeres, que fueron capaces de sobresalir en un mundo dominado por los hombres.

Imagen nocturna del Vaticano.
Un claro ejemplo de este pensamiento lo vemos en el cardenal César Baronio que describe a Marozia y a su madre como «vanagloriosas Mesalinas llenas de lujuria carnal, y de todo tipo de astucias para la maldad con la que gobernaron Roma, y prostituyeron el trono de Pedro para sus predilectos, favoritos y amantes».

Y es que la Iglesia nunca ha perdido la ocasión de culpar a la mujer de sus males en cuanto ha tenido la menor ocasión, mucho mejor que hacer autocrítica; y es que no se puede culpar a estas dos mujeres del comportamiento general de una curia romana totalmente corrupta e inmoral; donde la mayoría de obispos de la ciudad de Roma estaban casados; y donde las fiestas y orgías con prostitutas en el interior de los muros del Vaticano siguió siendo un hecho bastante habitual, pero eso, ya es otra historia...




Listado de Papas de la Pornocracia: León V (903 – 904), Sergio III (904 – 911), Anastasio III (911 – 913), Landón (913 - 914 sólo seis meses), Juan X (914 – 928), León VI (928 - 929 sólo siete meses), Esteban VII (929 – 931), Juan XI (931 – 935), León VII (935 – 939) [...] Juan XII (955-964)



Bibliografía:

Frattini, E.; Los papas y el sexo, Espasa Libros, 2010.

[En Internet]

http://andreumartin.wordpress.com/2013/10/21/pornocracia/

 http://greatmike.blogspot.com.es/2009/03/la-pornocracia.html